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2/6/22

“Asturias fue una escuela de represión policial”... la Brigada Político Social recibió formación de la Gestapo... y de la CIA reciben cursos de formación sobre tortura, de la Escuela de las Américas, y manuales de tortura psicológica

 "Si para Balzac, en el siglo XIX, la novela podía aspirar a sustituir al registro civil, la historia de las peores décadas del siglo XX se escribió sin embargo en los archivos de las policías políticas: la Ojrama zarista, luego la KGB soviética, la Gestapo de los nazis, la Securitate de la Rumanía de Ceaucescu, la CIA en los años de la Guerra Fría…y también la Brigada Político Social (BPS) del franquismo, que Manuel Vázquez Montalbán definió como “la guardia pretoriana del régimen”. 

El historiador avilesino y colaborador ocasional de Nortes, Pablo Alcántara, ilustra así lo que significó ese cuerpo policial para la dictadura: “En los últimos años del franquismo hay cierta ruptura con el régimen entre los militares, jueces o abogados, que tradicionalmente habían apoyado el franquismo, pero en la BPS no hay ninguna ruptura o crítica”.

Hablamos con Tata a propósito de su libro “La Secreta de Franco. La Brigada Político Social durante la dictadura” (Editorial Espasa) en una cafetería a muy pocos metros de la antigua Dirección General de Seguridad, hoy edificio de la presidencia de la Comunidad de Madrid, donde tuvieron lugar algunas de las peores sesiones de tortura por parte de los agentes de la BPS. Una cafetería frecuentada en su día por policías de la Brigada, y donde en 1974 ETA puso una bomba que le costó la vida a trece personas. (...)

¿No hubo ningún tipo de depuración en la policía durante la Transición?

Se heredó todo el aparato represor. A medida que la Transición se iba modulando la represión fue decreciendo, pero gente como Roberto Conesa o como Claudio Ramos Tejedor, que fue jefe de la BPS en Asturias, mantuvieron altos cargos. Mantuvieron sus puestos, condecoraciones, altas pensiones y jubilaciones jugosas. No hubo ningún tipo de depuración en la BPS, y apenas hubo críticas. Solo Gregorio Morán y algún periodista más se atrevió a alzar la voz preguntando qué hacía toda esta gente de la policía política de la dictadura en un régimen supuestamente democrático. Ni el gobierno de UCD ni los del PSOE hicieron nada por cambiar eso y, con la excusa de la lucha antiterrorista contra ETA, se mantuvo a esa gente en sus puestos. Las pocas voces que lo criticaron fueron encarceladas o multadas por ello.

Roberto Conesa es uno de los protagonistas de su libro y uno de los policías más importantes durante toda la dictadura franquista

Conesa me sirve para hacer un balance de lo que fue la actuación de la BPS contra guerrilleros, estudiantes, obreros…Conesa estuvo en la detención de las Trece Rosas, al poco de acabar la Guerra Civil, y estuvo en el 79 participando en un supuesto caso de espionaje a políticos del PSOE y del PCE. Martín Villa dijo que Conesa era un fiel servidor suyo, casi un amigo, y que lo iba a defender a muerte. Barrionuevo lo mismo: dijo que nanai, que esa gente le servía en la lucha contra ETA.

La Ley de Amnistía, aprobada para liberar a los presos políticos de la dictadura, sirvió también para decretar la impunidad de los policías torturadores

La lucha por la amnistía era una lucha histórica del movimiento antifranquista, pero la utilizaron para meter por debajo la impunidad de los crímenes del franquismo. En las sesiones de Cortes del Congreso, cuando se aprobó la Ley de Amnistía, de izquierda a derecha hablaban de no abrir heridas y tal; pero no hacían referencia al segundo artículo, que es fundamental para entender que no se han juzgado los crímenes del franquismo. De eso no se hablaba en esa época, sino de que la amnistía era un paso importante. La verdad es que la mayoría de los presos políticos salieron antes de la ley de amnistía con indultos o amnistías laborales. La Ley de Amnistía fue un intento de reparación, pero por debajo metieron la ley del punto final. Y el PSOE ha dicho que la Ley de Amnistía no se toca, porque sigue viviendo en ese mito de la transición modélica, maravillosa y pacífica. Hasta que no se supere eso…

¿Qué caracteriza a la Brigada Político Social como policía política y no como policía a secas?

Primero por su ideologización: es una policía al servicio del propio régimen. En el año 42 se promulga una ley por la que los miembros de la BPS tenían que estar de acuerdo con los principios del movimiento nacional.

Esa ley en la que se reconoce, explícitamente, que el régimen es un “estado totalitario” y su policía una “policía política”

Sí. De hecho, en los últimos años del franquismo hay cierta ruptura con el régimen entre los militares, jueces o abogados, que tradicionalmente habían apoyado el franquismo, pero en la BPS no hay ninguna ruptura o crítica. La otra característica de la policía política es el uso de la tortura y de la infiltración para meterse en la vida social. Los boletines de investigación social hablan de dónde vivían, lo que hacían, su vida diaria, su pareja, dónde se reunían, de qué hablaban…Tenían un control total de la vida social de la oposición antifranquista. Muchas veces, el mismo Jorge Semprún, se transmite la imagen de que era una policía cutre y chusca, pero yo no creo que fuera tan así. Creo que la BPS era una policía que analizaba muy en frío todo lo que pasaba, y que no era una policía que actuaba a lo loco. Creo que al final, en los 60-70, fue ineficaz sobre todo con el tema de ETA, y se vieron desbordados con los cambios sociales. También es que en esa época la oposición antifranquista se preparó para hacer frente a la represión, y muchos ya sabían quién era el chivato, quién el infiltrado…y a la BPS le resultó más difícil vigilar a la oposición.

Cuenta que los agentes de la BPS recibían una prima superior por detener a un sindicalista que a un narcotraficante o a un proxeneta

Sí, eso lo define totalmente. Para el régimen franquista era más importante detener a quien hacía huelgas o se manifestaba que a gente que se dedicaba a la pornografía o la prostitución. Para la dictadura lo más importante era mantener el orden político.

Dice también que la BPS recibió formación de la Gestapo y de la CIA

La Gestapo tiene mucho que ver en el nacimiento de la BPS. En el año 38 hay un pacto entre las policías alemana y española para detener a gente que ha luchado en las Brigadas Internacionales, a los exiliados republicanos en Francia…Había una cooperación económica y política. En el año 40 es cuando viene Himmler a España y se entrevista con las autoridades policiales y, al año siguiente, surge la ley de policías y se crea la BPS y otras leyes de orden público. La Gestapo entrena a gente de la BPS en técnicas de tortura y represión. Es una cosa que hay que estudiar mucho más.

Y con la CIA, ya en el contexto de la guerra fría, España pasa de ser una dictadura enemiga a ser un aliado contra el comunismo. Diferentes miembros de la BPS viajan para recibir cursos de formación. En aquel momento surge la tortura de la Escuela de las Américas, y es un contexto en el que aparecen diferentes manuales de tortura psicológica.

Hay una cosa que remarca en el libro, y es que no hay que pensar que los policías de la BPS eran simplemente unos individuos sádicos y brutales que disfrutan con la violencia, sino que existe todo un sistema organizado, con una estructura muy bien definida y un ecosistema ideológico muy claro, para que esos individuos se comporten de ese modo.

Había muchos miembros de la BPS que torturaban y golpeaban, pero otros muchos se dedicaban a una labor más intelectual, a escribir libros y propaganda. Eran individuos normales. De hecho, Eduardo Común Colomer, uno de los miembros de la BPS, fue periodista antes que policía. Era gente normal y corriente que se metió a la BPS como una forma de luchar contra el enemigo subversivo. Se habla mucho de la tortura, pero antes de la tortura hay un proceso de análisis y de propaganda en el que la BPS juega un papel fundamental. Hay editoriales, fundaciones, revistas y, en fin, un aparato ideológico muy importante para entrenar en la lucha contra la subversión y acabar con la oposición antifranquista.

Dice que la BPS tenía una “política de seguridad basada en la sobredimensión de amenazas internas: barrios conflictivos, grupos subversivos…” ¿Existía cierta paranoia con un supuesto enemigo interno, una antiespaña que conspira para infectar el cuerpo nacional, y es labor de la BPS extirpar ese germen de la sociedad? Hay, por ejemplo, referencias bastante recurrentes a la masonería

Se crean dos tipos de boletines: los antimarxistas, que duran hasta el 45 y son más ideológicos, y luego los boletines informativos, más puramente policiales. El propio Comín Colomer habla mucho de la antiespaña. Otro personaje interesante es el policía Mauricio Carlavilla, que decía que en toda la historia de España lo progresista estaba representado por homosexuales, masónicos, antiespañoles…Colomer dice también que, desde sus inicios, la masonería ha sido la culpable de todos los destrozos de la historia de España.

¿Tenían los detenidos algún tipo de derecho judicial: presunción de inocencia, presencia de un abogado…?

A partir de los años 50 hay un intento de reglar el procedimiento, sobre todo por la condena al régimen por parte de Europa. Hay un intento de crear una especie de legislación civil sobre detenidos, pero se la saltaban a la torera. En el año 59 se aprueba la Ley de Orden Público, con la que se supone que los detenidos solo podían estar tres días detenidos en comisaría y luego tenían que ir al juzgado o para casa. Pero con los estados de excepción, que se aprobaron doce entre el 62 y el final del franquismo, la policía podía hacer lo que le diera la gana: ir a tu casa de madrugada sin orden judicial, tenerte en calabozos durante semanas sin asistencia médica o sin tener una acusación en firme. Era muy frecuente decir que iban a detener a tu mujer, a tus hijos o a tu madre, y algunas veces los detenían. Y era solo por meter presión, una forma de chantaje psicológico.  

¿La represión de la revolución de Asturias en 1934 sirvió, en cierto modo, como escuela para los policías de la BPS?

Es verdad que algunos de estos policías participaron en la represión de 1934, pero más en Cataluña que en Asturias. No he encontrado nada que lo confirme, pero estoy segurísimo de que hubo policías que participaron en la represión del 34 en Asturias. En el libro aparecen policías que actuaron en la dictadura de Primo de Rivera y en la República, y que estaban especializados en detener a gente del movimiento obrero y anarquistas. Estoy seguro que tiene mucho que ver, porque Cataluña y Asturias fueron una escuela de represión policial.

Sí que es verdad que en el franquismo hay una ruptura respecto a la policía anterior, con una depuración de sus elementos republicanos. Pero hay antecedentes. Muchos de los policías que estaban en zonas republicanas actuaron como quintacolumnistas, y muchos habían participado en la represión durante la República. De hecho, algunos fueron recompensados por ello y eso les sirvió luego como un signo de fidelidad al régimen franquista.

Hábleme de Claudio Ramos

¡Puff! Es un personaje muy interesante. Precisamente quiero pedirle ahora al Ministerio del Interior su expediente, porque acaban de cumplirse 25 años de su muerte. Ramos tuvo mucho que ver con la represión al movimiento guerrillero y al movimiento obrero en Asturias. Muchas personas a las que entrevisté para el libro-Vicente Gutiérrez Solís, Anita Sirgo-le recuerdan como uno de los principales torturadores. Luego, como muchos otros jefes, se lavó las manos.

Él se dedicó a infiltrar a gente en movimientos clandestinos, a detener y a torturar. Fue uno de los principales represores del franquismo. En los años 70, cuando ETA empieza a matar, lo mandan a Bilbao y a San Sebastián. Y allí no mandaban a cualquiera. Claudio Ramos empieza en el año 46 y en los años 60 era uno de los principales jefes de la BPS en Asturias. Estuvo en las principales operaciones contra la oposición antifranquista en Asturias y participó en la represión y en las torturas. El hombre iba a las cuencas a reprimir a la gente, allí lo recuerdan perfectamente. Luego se libró de todo y vivió muy bien con una jubilación de oro.

Cuenta que la ocasión en la que más cerca se estuvo de sentar en el banquillo a miembros de la BPS, el propio Claudio Ramos incluido, fue a raíz de unas manifestaciones contra la guerra de Vietnam en Oviedo

Sí, hubo dos manifestaciones contra Vietnam, en el año 68. Yo entrevisté a una de las que participó en aquello, que ahora vive en Australia, y me contó cómo pusieron una denuncia contra el gobierno civil y llegó a haber una acusación. Claudio Ramos y otros policías tuvieron que ir a testificar. Tras la manifestación, algunos estudiantes se escondieron en el edificio histórico y a la salida les detuvieron. En comisaría hubo torturas y, unos días después, en una asamblea de estudiantes, contaron lo que había pasado. Los estudiantes fueron a recoger firmas, sobre todo de catedráticos como Gustavo Bueno o Alarcos, y vieron que la cosa estaba cogiendo repercusión.

Tiene mucho que ver con el asalto a la comisaría de Mieres del año 65, que es algo muy interesante y muy poco conocido en Asturias, ¡si hasta salió en el New York Times! Yo no he encontrado ningún episodio parecido durante el franquismo. En Asturias, el movimiento obrero y estudiantil perdieron el miedo a enfrentarse a la policía y esta ve peligrar el statu quo. Utilizaron sus cabezas de turco intentando lavarse la cara. Luego el tribunal les absolvió y no les pasó nada."               (Bernardo Álvarez

8/10/21

Vera Valdez, 85 años: “A veces aún siento el frío de la sala donde me torturaron”

 "Su primer desnudo, en los sesenta, le costó el divorcio. El último lo hizo con 72 años cumplidos. Miró de frente a los mejores fotógrafos del mundo (Helmut Newton, Richard Avedon...) y a un grupo de hombres a los que habían encargado torturarla. Fue la consentida de Coco Chanel, la primera supermodelo brasileña, la amante de un expresidente francés, la interna de un psiquiátrico. Acaba de presentar en el festival de San Sebastián La abuela, que se estrena en cines el 29 de octubre. “Vera nos ha fascinado”, afirma el director, Paco Plaza. A sus 85 años está rodando un corto, un largometraje y una serie. La actriz no piensa en jubilarse después de una vida de película.

Pregunta. De todo lo que ha visto y padecido ¿qué la hizo más feliz y cuándo sufrió más?

Respuesta. Me vuelve loca el teatro, trabajar con público. Lo que más me ha hecho sufrir ha sido la tortura. Y ahora, como creo que cualquiera que quiera a Brasil, estoy triste por culpa de Bolsonaro. Mucha gente murió porque él decía que la covid era una gripecita. No le importamos, no le gustamos. Está arruinando al pueblo.

P. ¿Cómo terminó una modelo en un centro de torturas?

R. Brasil era entonces una dictadura. En mi familia, intelectuales de izquierda, casi todos habían sido arrestados o se habían exiliado. Un día, viniendo de París, me pillaron en el aeropuerto de Río con una papelina de cocaína en el bolso. Al ver a qué familia pertenecía me llevaron a un sitio y me pegaron. Luego me torturaron los militares, querían que revelara nombres de opositores. Me aplicaron descargas eléctricas, me metieron en una sala enorme, como un congelador, llena de espejos. Yo estaba desnuda y muerta de frío. Me pegaban entre varios, nunca eran los mismos. También me dejaban suspendida sobre un agujero en el que decían que había serpientes... Estuve un mes allí y luego cerca de un año en un psiquiátrico [logró salir gracias, entre otros, a la ayuda de Bertolucci]. Tenía mucho miedo, hasta que me dije: “Lo peor que te puede pasar es morir”. Luego bloqueé el miedo, pero a veces aún puedo sentir aquel frío.

Tenía 16 años y abortar era delito. Tuve que hacerlo en secreto

P. Antes de eso se había convertido en el ojito derecho de Coco Chanel. ¿Cómo se conocieron?

R. La primera vez que un señor me preguntó si era modelo yo no sabía qué era eso. Tuve que preguntárselo a mi madre, que cogió una revista y me dijo: “Esto”. Ahí vivíamos en Burdeos. Luego fuimos a París. Una amiga me presentó a la modista Elsa Schiaparelli y empecé a trabajar. Fuimos a Londres a presentar una colección. Estaban las princesas Margaret e Isabel, fue impresionante. Me hice muy amiga de la modelo Suzy Parker, que un día me dijo: “Te voy a presentar a una mujer fantástica”. Era mademoiselle. Me la presentó y empecé a trabajar para ella. Chanel me quiso como una madre. Cenábamos siempre juntas y el resto de modelos tenía celos. Me reñía porque salía por las noches y siempre llegaba tarde. Me echó tres o cuatro veces, pero siempre volvía. Creo que le gustaba porque era muy libre, como ella.

P. Las ventajas son obvias, ¿pero la belleza le arrebató algo? ¿Inocencia, por ejemplo?

R. Mientras trabajaba de modelo no podía quedarme embarazada y en aquel momento el aborto era un delito. Tuve que hacerlo en secreto. Me metieron en un coche, tumbada en la parte de atrás y me llevaron lejos, no sé dónde. Yo entonces no quería ser madre [luego tuvo dos hijas], no quería casarme y pensé que no sería buena para aquella criatura. Tenía 16 años, pero sigo pensando en ello.

La cirugía estética quita expresividad. Me dan pena esas actrices

P. La abuela es una película de terror en la que el demonio es la vejez. ¿Es más duro envejecer para alguien que ha sido tan bello?

R. Para mí es más psicológica que de terror. Y yo nunca me he visto bella. Chic, elegante, sí, pero eso no envejece.

P. ¿Qué piensa cuando ve a actrices deformadas por la cirugía estética para no envejecer?

R. Las arrugas son lo que has vivido. Yo solo me operé aquí [señala una papada inexistente]. Pierdes la expresividad como actriz. Las miro y me da mucha pena."                 (Natalia Junquera, El País, 05/10/21)

6/5/16

"Torturamos la gente de la manera correcta, siguiendo los procedimientos adecuados, y utilizamos las técnicas aprobadas"

"(...) El libro de Eric Fair, Consecuence,  proporciona ahora una perspectiva franca y escalofriante, que es a la vez una confesión de agonía por su propia complicidad como interrogador en Abu Ghraib y una condena del sistema que hizo posible y trató de justificar la tortura .

Mr. Fair, que trabajaba para CACI, un contratista privado que proporciona servicios de interrogación en prisión, participó en o fue testigo de abusos físicos, privación del sueño y el uso de lo que llama "la silla palestina" (un artilugio monstruoso que obliga al prisionero a asumir una "posición de estrés" insoportable). Vió hombres desnudos esposados ​​a sillas, despojados de su dignidad y sus ropas. 

Él y sus colegas "llenar los formularios y usaron palabras como "exposición, ''sonido", "luz ","frío'',  “alimentos” y “aislamiento"- palabras comunes que se convirtieron en formas abreviadas de los métodos para infligir miedo y dolor. Fair cuenta como arranca una silla de debajo de un niño y empuja a un anciano, de cabeza, contra una pared.

De las fotos de las torturas de Abu Ghraib difundidas por "60 Minutes" en abril de 2004, Fair escribe: "Algunas de las actividades en las fotografías me son familiares. Otras no lo son. Pero no me impresionan. Ni a cualquier otra persona que sirviese en Abu Ghraib. En cambio, nos impresionó el comportamiento de los hombres que estaban detrás de los micrófonos y que dicen cosas como 'manzanas podridas' y 'casa de animales' en su turno de noche”.

En 2007, Fair dice, confesó todo a un abogado del Departamento de Justicia y a dos agentes del Comando de Investigación Criminal del Ejército, proporcionando imágenes, cartas, nombres, relatos de primera mano, lugares y técnicas empleadas. No fue procesado. "Torturamos la gente de la manera correcta", escribe, "siguiendo los procedimientos adecuados, y utilizamos las técnicas aprobadas".

Mr. Fair, sin embargo, se vió cada vez más atormentado por la culpa. Comenzó a tener pesadillas. Pesadillas en las que "alguien que conozco comienza a encogerse" llega a ser tan pequeño "que se desliza a través de mis dedos y desaparece en el suelo". Pesadillas en las que "hay un gran charco de sangre en el suelo", que se mueve como si está vivo, rozando sus pies.

Su matrimonio comienza a desmoronarse. Bebe cada vez más a pesar de una afección cardíaca que amenaza su salud. Cuando su mejor amigo de Irak, Fernando Ibabao, es asesinado por un suicida en Bagdad, Fair piensa que tal vez él también merece morir allí. Vuelve a Irak para otro turno - esta vez, en un trabajo con la Agencia Nacional de Seguridad.

Mr. Fair relata todo esto con una prosa entrecortada, sin dramatismo. Nos cuenta el importante papel que jugó la iglesia en su infancia en Bethlehem, Pen silvania. Nos habla de sus sueños de convertirse en agente de policía, o tal vez pastor evangelista. Y nos relata los extraños giros del destino que lo llevaron a Irak como interrogador.

Al venir de "una larga línea de presbiterianos que valoraban su fe e iban a la guerra," Mr. Fair se alistó en el ejército en 1995, tropezó con uno de sus programas de idiomas y se convirtió en un intérprete de árabe. El diagnóstico de una enfermedad del corazón en 2002 implicó que no podía continuar su carrera posmilitar como oficial de policía o volver a alistarse en el ejército cuando la invasión de Irak comenzó a principios de 2003. El trabajo de CACI, que no exigía ningún examen médico, fue la vía que le permitió no perderse guerra.

Mr. Fair dibuja un retrato alarmante de CACI como una empresa "desorganizada y poco profesional" en su despliegue de civiles, por no hablar de "peligrosa e irresponsable": "como ex soldados y marines, ninguno de nosotros se sentía cómodo con la falta de planificación, la falta de el apoyo y la falta de suministros adecuados ", escribe. "No había armas, ni ningún equipo de comunicaciones o mapas y nada para los primeros auxilios. Todos esperábamos que algo iría mal muy pronto".

Las cosas eran caóticas en Abu Ghraib, donde Fair es asignado a un equipo encargado de interrogar a personas cercanas a Saddam Hussein. Escribe que "nunca fue del todo claro cómo el Ejército determinaba quién de nosotros tenía la debida autorización de seguridad", y la escasez de interrogadores implicaba que " miles de detenidos nunca serían procesados".

A los detenidos " no se les daba ninguna información sobre su situación", observa, "y no tenían manera de saber cuándo o si volverían  a ver a sus familias. Algunos de ellos eran culpables; otros no. Todos estaban encarcelados en condiciones intolerable". Los agentes de inteligencia militares decían que la Cruz Roja estimaba que un 70 a 90 por ciento de los prisioneros habían sido detenido por error.

Algunas de las descripciones de Fair de Abu Ghraib y de las instalaciones de la Agencia Nacional de Seguridad en Camp Victory recuerdan episodios  absurdos de "Catch-22" y de "Animal Farm", pero aquí el sentido del absurdo desprende  verdadero horror e injusticia. 

Fair escribe que él y sus colegas eran alentados por los supervisores  a ser "creativos", que a menudo les costaba entender lo que los detenidos estaban diciendo porque no entendían su dialecto, y que aprendieron a justificar "el uso de diferentes formas de tortura llamándolas ‘mejoras técnicas’ y a rellenar la documentación apropiada".

Mr. Fair dice que él y el Sr. Ibabao a menudo pensaban en dimitir, pero no "querían que se les viera como el tipo de gente que no está hecha para hacer su parte" en la guerra. En casa, se dará cuenta de que tiene que ganarse su billete de vuelta para convertirse de nuevo en un ser humano: no cree que nunca se redimirá, pero cree que está "obligado a intentarlo".

Comienza a escribir sobre lo que hizo y lo que presenció - en primer lugar, con artículos en el The Washington Post y el The New York Times, y ahora, con este libro profundamente inquietante. Todavía le persiguen voces: "la voz del general de la cómoda cabina de seguimiento de los interrogatorios, los gritos desde la sala donde tenían lugar estos, los sollozos de la silla palestina y el sonido de la cabeza del anciano al chocar contra la pared".

"Es casi imposible hacerlas callar", escribe. "Como sé que debe ser"."              (Michiko Kakutani

28/4/15

"Torturaban a los niños delante de nosotros"

"Se llama Brahim Sabbar, es saharaui y fue víctima de la brutalidad policial marroquí durante una década, desde su detención en 1981 hasta ser liberado en 1991. Relata para andalucesdiario.es su tenebrosa experiencia, después de que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz haya decidido procesar a once altos cargos, militares y policías marroquíes por delitos de genocidio en el Sahara  (...)

¿Cuándo fue detenido?

El 14 de agosto de 1981, justo dos años después de la ocupación de esta ciudad, los marroquíes celebraban ese día su invasión y nosotros, todos esos grupos clandestinos, nos manifestamos exigiendo la liberación de detenidos y secuestrados. Esta noche hubo más de 70 desaparecidos, la mayoría jóvenes. Yo fui uno de ellos. 

Me vendaron los ojos y me pegaron hasta perder la conciencia para que no supiera al lugar al que me llevaban. Tras aproximadamente una hora en coche llegamos a un cuartel que yo conocía perfectamente. Era el cuartel del grupo 14 de intervención móvil y urgente (CIM).

¿Cuántos años estuvo desparecido?

Desde ese día, el 14 de agosto de 1981 hasta el 22 de agosto de 1991. Una década entera.

¿En qué clase de prisión estuvo encarcelado?

En el cuartel al que me llevaron el primer día estuve el primer año y medio, hasta el 18 de febrero de 1983. Del grupo de los 70 detenidos la noche del 14 de agosto de 1981, sólo quedábamos 8 detenidos, el resto habían sido liberados en distintos momentos. A los 8 que quedábamos nos taparon los ojos y nos llevaron al aeropuerto militar, y en avión fuimos traslados a Agadir. 

De madrugada nos llevaron a los 8 en un Renault, junto con 4 policías vestidos como civiles. Nos transportaban como a animales. Al mediodía, tras haber sido trasladados a un camión, llegamos a un lugar que no conocíamos y donde pasamos los ocho años y medio siguientes. 

Más tarde nos enteramos que estábamos en Kalaat Maguna. Más de 270 presos saharauis había allí, mujeres de 14 a 70 años y hombres de 16 hasta 90 años, de ciudades del Sáhara Occidental y del sur de Marruecos.

¿Cómo recuerda aquellas escenas con la policía marroquí?

Es difícil describir situaciones como ésas. Cuando la policía marroquí te tortura día tras día deseas la muerte para que termine un sufrimiento tan brutal. Durante el primer año y medio que estuvimos en el cuartel usaron todos los métodos conocidos de tortura. Todo este tiempo nos mantuvieron con los ojos vendados continuamente, de día y de noche. Los tres meses primeros las torturas fueron diarias y continuas. 

 Nos golpeaban con porras, cables eléctricos, nos mantenían horas colgados por los brazos, choques eléctricos por todo el cuerpo (zonas especialmente sensibles como los genitales), la prohibición de dormir durante días, amenazas de violación, torturaban a los menores delante de nosotros (a veces nos retiraban las vendas de los ojos para que lo viéramos) y también al contrario, nos torturaban delante de niños, desnudos nosotros. Lo más duro era oír cómo torturaban a las mujeres y a los niños. (...)

¿Cómo era la vida en aquel secuestro? Descríbanos un día de aquellos.

Podían levantarte a medianoche echándote un cubo de agua y así comenzaba el sufrimiento de aquel día, o bien te obligaban a pasar días completos sin dormir. Al comenzar el día, te llevaban a salas de interrogatorios y volvía a iniciarse todo. Insultos continuos, todo el que pasaba a tu lado te golpeaba, ojos vendados y de pie cara a la pared, quemaduras con cigarrillos…..eran días de tortura continua, no se puede contar otra cosa de aquellos días. 

En 1987 cambió un poco la situación, comenzaron a dejarnos salir al patio y podíamos hablar entre nosotros y con otros grupos. Llenábamos nuestro tiempo con pequeños juegos, teatro, poesía, enseñábamos a leer y a escribir a los analfabetos, escribíamos con agujas en trozos de sacos de cemento y con jabón en la ropa negra, siempre con códigos secretos. 

¿Cuándo se produce la liberación?

En 1990 Amnistía Internacional en coordinación con AFAPREDESA (asociación de familias de desaparecidos, que se encontraba en los campamentos) en su informe anual contó que existía una prisión secreta al este de Marruecos, en Kalaat Maguna, donde podrían encontrarse cientos de saharauis desaparecidos. 

Exigió la liberación inmediata de todos ellos, aunque Marruecos seguía negando la existencia de presos políticos. Ya desde 1989 había un acuerdo de paz en la ONU entre Marruecos y el Polisario. Un punto de este acuerdo era la liberación por ambas partes de todos los presos políticos. 

El informe de Amnistía Internacional forzó nuestra liberación. El alto el fuego fue firmado el 6 de septiembre de 1991 pero Marruecos nos fue liberando unos meses antes. Yo fui liberado el día 22 de agosto de 1991. Me llevaron a Dajla con mi grupo de los 8. Me exigieron no contar nada bajo amenazas de volver a ser torturado o desaparecido nuevamente.    (...)"         (María Serrano / Público, 28 abr 2015)

27/11/14

Un obrero obligado a beber ácido en una casa cuartel en 1973

"Ha pasado toda una vida tratando de esquivar la censura para que la historia de su hermano Cipriano, un obrero antifranquista torturado hasta la muerte en la casa cuartel de Reus, Tarragona, en 1973 fuera pública.

 Incluso uno de los cauces que trató de abrir fue en el programa radiofónico Encarna de Noche (1978-1983) de Radio Miramar. "Llamé tres o cuatro veces y cuando les decían quién era y lo que quería contar me colgaban el teléfono", revela Antonio Martos, de 73 años. 

"La prensa y las autoridades civiles lo sabían, pero hacían como si no se enteraran", lamenta. Ahora agradece el interés sobre el caso de su hermano, que ha sido investigado de forma exhaustiva e incluido en la querella contra el franquismo que sigue su curso en Argentina (...)

Cipriano Martos, natural de Loja, Granada, tenía 30 años y trabajaba como encofrador cuando fue detenido por la Guardia Civil el 25 de agosto de 1973. Fue trasladado a la casa cuartel de la localidad para ser interrogado por una acción de reparto de propaganda con mensajes contra la dictadura. 

Le sometieron a torturas, pero no delató al resto de compañeros y el segundo día de reclusión en la casa cuartel fue obligado a ingerir el conocido como ‘cóctel de la verdad': un líquido definido en algunos documentos de la investigación como "cáustico ácido" y "ácido corrosivo".

El veneno le abrasó por dentro y fue trasladado al hospital del municipio, ingresado en la sala de beneficencia y atendido por diferentes médicos. Según la investigación que acompaña a la querella, dos días después del ingreso, y a pesar de sus dificultades para comunicarse, el juez le tomó declaración. Cipriano falleció a las dos semanas, el 17 de septiembre, y el certificado de defunción que se aporta en la querella alude a una "hemorragia interna". 

 En todo ese tiempo, su madre y su hermano, que se habían trasladado desde Granada, no pudieron ver a Cipriano. "Llamaron a mi familia diciendo que estaba muy malo, y mi madre y mi hermano vinieron a Reus. Recuerdo hablar con mi madre por teléfono y ella decirme que no fuera al hospital porque ya estaba todo hecho, que ellos no habían podido hacer nada y que yo tampoco lo iba a hacer", relata Antonio a Público con la voz entrecortada. 

"Se tuvieron que volver a Granada sin saber qué había pasado", lamenta. La madre de Antonio y Cipriano suplicó llorando a la Guardia Civil que la dejaran pasar a ver a su hijo. "Se arrastraba como podía escalera arriba, a gatas, y la tiraban de un puntapiés para abajo", detalla Antonio, que residía entonces en Sabadell. "Ella murió con toda la pena del mundo por no haberse hecho justicia", deplora.

 Para mayor escarnio de la familia, el cuerpo de Cipriano fue enterrado en beneficencia, arrojado a la fosa común del cementerio de Reus sin la presencia de sus seres queridos y en total secretismo. "Fue una manera de silenciar su caso. La forma en que se les negó ver a Cipriano fue cruel y violenta, con el fin de intimidarlos y asustarlos para que no removieran el asunto", apunta María José Bernete, la investigadora (...)"      (Público, 27/11/2014)

10/4/14

"El secreto es tratar de que no te tiren, porque si caes no te levantas"

"(...) El primero en intervenir fue José María 'Chato' Galante. Querellado en Argentina contra Billy el Niño, este hombre relató al público asistente las torturas que sufrió durante la segunda de sus cuatro detenciones como miembro de la lucha estudiantil contra el franquismo.

 Tenía entonces 22 años y corría el mes de febrero de 197. España estaba en estado de excepción. "Estaba en mi casa intentando hacerme la cena cuando llamaron a la puerta. Miré por la mirilla y era la vecina. Abrí un poco la puerta y alguien golpeó la puerta y yo caí aturdido. Cuando consigue ver qué pasaba era Billy el Niño con su pistola dándome golpes por todas partes", comenzó el relato Galante.

Tras su detención, Galante fue trasladado a la Dirección General de Seguridad (DGS), en la Puerta del Sol, donde fue recibido con un "rodeo" de "palos, porras y puños americanos".

 "El secreto es tratar de que no te tiren, porque si caes no te levantas", relata este hombre, que permaneció 14 días interno en la DGS sin que su familia ni su abogado supieran donde estaba. A partir de este momento, Galante ha comenzado a relatar las diversas torturas y malos tratos sufridos en comisaría destacando que lo más difícil era luchar contra el miedo y no delatar a nadie.
 
"A lo que más miedo tenía era a delatar a alguien. Pensaba que si hacía eso no podría vivir con ello toda la vida. La fórmula que tenía era pensar que la gente a la que quería estaba conmigo presente en ese cuarto y no los podía defraudar.

 Pero este pensamiento perdía eficacia con el tiempo. Cuando descubrías que estabas desnudo, colgado, que te estaban pegando en glúteos, testículos y planta de los pies (...), que estabas meando sangre.... Ya no había teatro que valiera", prosigue Galante ante un auditorio mudo.

Cuando los interrogatorios de diez horas diarias terminaban Galante no era trasladado al calabozo sino que quedaba encadenado a un radiador donde todo el mundo que pasaba podía pegarle o "apagar un cigarrillo" en su espalda. "Recuerdo en esta situación a González Pacheco.

 Recuerdo cómo entró a la sala y se quitó sus gafas de aviador yankee y comenzar a gritar y a hacer posturas de karate y a decirme: 'Estas manos son armas y con ellas voy a destruirte'", concluyó Galante, que señaló que cuando salió de la DGS lo primero que preguntó fue en qué mes estaba: "Habían pasado sólo 14 días. Yo pensaba que eran dos meses".

 "A lo que más miedo tenía era a delatar a alguien. Pensaba que si hacía eso no podría vivir con ello toda la vida. La fórmula que tenía era pensar que la gente a la que quería estaba conmigo presente en ese cuarto y no los podía defraudar. Pero este pensamiento perdía eficacia con el tiempo.

 Cuando descubrías que estabas desnudo, colgado, que te estaban pegando en glúteos, testículos y planta de los pies (...), que estabas meando sangre.... Ya no había teatro que valiera", prosigue Galante ante un auditorio mudo.

Cuando los interrogatorios de diez horas diarias terminaban Galante no era trasladado al calabozo sino que quedaba encadenado a un radiador donde todo el mundo que pasaba podía pegarle o "apagar un cigarrillo" en su espalda. "Recuerdo en esta situación a González Pacheco.

Recuerdo cómo entró a la sala y se quitó sus gafas de aviador yankee y comenzar a gritar y a hacer posturas de karate y a decirme: 'Estas manos son armas y con ellas voy a destruirte'", concluyó Galante, que señaló que cuando salió de la DGS lo primero que preguntó fue en qué mes estaba: "Habían pasado sólo 14 días. Yo pensaba que eran dos meses". (...)"             (Público, 10/04/2014)

31/3/14

Logró que le dejaran poseer un orinal del que no se separaba y que se convirtió, increíblemente, en el símbolo de una victoria moral sobre sus secuestradores

 El presidente de Uruguay, José Mujica, en su casa de Rincón del Cerro. “Se ha dicho de ella que es una casa modesta. Falso. Es pobre”, afirma el autor del texto. / Jordi Socías

"(...) José Mujica Cordano, el dueño de la perra tullida, contaba 80 años de los que 15 había estado preso por su pertenencia al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Tenía en su curriculum de guerrillero dos fugas y en su cuerpo seis heridas de bala. Detenido por última vez en 1972, no volvería a ver la luz hasta 1985. 

Entró, pues, con 37 años y salió con 50. Durante ese tiempo, conoció en las cárceles de la dictadura vejaciones sin límite. Desnudo, con las manos y los pies atados a una especie de somier o parrilla, le habían aplicado la picana hasta abrasarle los genitales y la lengua. La picana, siendo uno de los instrumentos preferidos de los militares, no era el único, ni el más sofisticado.

 Alcanzó asimismo justa fama el consistente en obligar a caminar al preso por una cornisa situada en un sexto piso, por ejemplo, con una capucha en la cabeza, haciéndole sentir el vacío bajo sus pies. Estaba la “bañera” también, el ahogamiento con paños empapados de agua, las simples palizas y, en fin, el hambre, el aislamiento, los perros… Cada cárcel tenía su especialidad.

Según relata Walter Pernas en Comandante Facundo,el ahora presidente de Uruguay, que había perdido los dientes en el trascurso de las palizas que le atizaban de forma habitual, llegó a comerse el papel higiénico y el jabón, además de las moscas que acudían a su celda (con frecuencia un simple agujero) atraídas por el olor a mierda que despedía el preso.

 Había chupado, con sus encías desnudas, en busca de un poco de calcio, los huesos que le arrojaban sus carceleros después de que los perros los hubieran limpiado. Bebió su propia orina, durmió durante años sobre suelos de cemento, expuesto a fríos intolerables y a calores asfixiantes. 

Había pasado semanas o meses sin ver la luz, años sin hablar con nadie que no fueran las ratas o los insectos que convivían con él o le hacían visitas. Perdió la noción del espacio y del tiempo, deliró, adelgazó hasta ser capaz de contar cada uno de los huesos de su esqueleto. Se cagaba y se meaba encima porque, fruto de los golpes, las balas y la deficiente alimentación, sufría problemas renales y digestivos. 

Cuenta el aludido Walter Pernas que no podía caminar erguido, como un hombre, y que en los momentos de mayor deterioro físico y psíquico los militares llevaban a sus hijos a la cárcel para que vieran a la bestia y la insultaran. Viajó, en fin, varias veces hasta el borde mismo de la muerte de donde regresaba alucinado, con los ojos hundidos y sin masa muscular sobre la que sostenerse. 

Lo llevaban y lo traían de una prisión a otra, de un agujero a otro, como un saco de mercancía inmunda, arrojándolo sin contemplaciones sobre la caja del camión militar y sacándolo de ella a patadas.

 Conocedores de su diarrea crónica y de sus problemas urinarios, los carceleros desoían sus súplicas para que lo condujeran al retrete. Fruto de su constancia, y de la de su madre, logró, al cabo de los años, que le dejaran poseer un orinal del que no se separaba y que se convirtió increíblemente, con el paso del tiempo, en el símbolo de una victoria moral sobre sus secuestradores. 

Abandonó la cárcel abrazado a él, convertido ya en una maceta de flores. Apenas llevaba cuatro días libre, cuando pronunció un discurso político en el que resultaba imposible encontrar un vestigio de resentimiento. La naturaleza, suele decir, nos ha puesto los ojos delante para que miremos al frente. (...)"          ( , El País Semanal, 24 MAR 2014)

27/3/14

Este policía, condecorado, está acusado de haberle disparado "a bocajarro" y haberle tirado por la ventana

"(...) Jesús González Reglero. Actualmente desempeña el cargo de comisario jefe de la Comisaría de Leganés (...)

La querella dice lo siguiente: "El Inspector que daba las órdenes ¿Sainz?, mandó que me quitaran las esposas y que me situara a cierta distancia de la pared (calculo que a unos 60 centímetros) y con las piernas abiertas, los brazos apoyados sobre la misma y la cabeza hacia abajo.

Una vez situado en esa posición me golpeó en un costado que me derribo, porque realmente era una persona fuerte. Me volvieron a levantar y me obligaron a ponerme en la misma posición, a partir de ese momento a cada lado se puso un policía (José Ignacio Giralte González y Jesús González Reglero), y me decían que bajara la cara, cada vez que lo hacía me golpeaban en la misma, por la espalda recibí golpes incluidos los que me propinaban con las propias cadenas con las que fui detenido y patadas en la entrepierna", reza un extracto de la querella. (...)

Jesús Martínez Torres. El 23 de noviembre de 2013 Jesús Martínez fue nombrado comisario de honor del Cuerpo Nacional de Policía. (...)

Los abogados pedirán su imputación y extradición por la declaración efectuada por el querellante José Aznar Cortijo, que señala que fue interrogado "a base de golpes" por varios policías siendo uno de ellos Jesús Martínez Torres: 
"Al llegar a Comisaría comenzaron las torturas que el querellante recuerda como ejecutadas por bestias inhumanas: comenzaron por tirarle de una parte a otra de una sala grande de unos 15 metros de largo por 10 de ancho, lo cogían por las piernas y le tiraban para arriba y para abajo por el suelo mientras le daban golpes al pasar, y cuando les parecía bien le levantaban del suelo agarrándole de los pelos y le daban golpes en la cara y en el estómago.

Por la tarde comenzaron con el "quirófano," que consistía en que lo tiraban boca arriba en un escalón con la cabeza hacia afuera y le daban golpes en la cara cuando caía hacia abajo por el cansancio, y le volvían a levantar sujeto por el pelo, le agarraban por el pelo y piernas y le tiraban de un lado a otro de la sala.

Los días siguientes, una forma de tortura era no dejarle dormir, así que cada poco rato le subían y bajaban a la celda, y después le ponían de cara a la pared sujeto con las esposas a un radiador y le dejaban de pie hasta que perdía el sentido por lipotimias, sueño, falta de hidratación y cansancio". (...)

Atilano del Valle Oter. Este policía, condecorado con la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo en diciembre de 1975 está acusado por Miguel Jiménez Hinojosa de haberle disparado "a bocajarro" y haberle tirado por la ventana causándole una "conmoción cerebral con posible fractura de la base del cráneo, fractura de pelvis, rotura hepática, contusiones y heridas varias de pronóstico muy grave".  (...)"            (Público, 27/03/2014)

1/3/13

'El submarino', 'la bañera'... la tortura con agua

"A veces, el mundo puede ser visualizado como algo muy simple, en blanco y negro. Permítanme darles un ejemplo. Imaginen que los iraníes secuestran a un ciudadano estadounidense en un tercer país.
(Si prefieren, pueden reemplazar a los iraníes por militantes de Al Qaeda o por norcoreanos o chinos.) 

Lo acusan de ser un terrorista. Lo encierran en una cárcel sin presentar cargos en su contra, sin juicio ni sentencia diciendo que creen que posee información crucial (quizás incluso del tipo "bomba de tiempo" -y los iraníes tienen alguna experiencia genuina con bombas de tiempo).

 En las semanas posteriores, lo torturan con el "submarino" (le sumergen la cabeza en el agua) una y otra vez. Lo desnudan, le colocan un collar y una correa de perro. Le ponen una capucha, le tiran perros encima. Le echan agua helada y lo dejan desnudo en las noches frías. Lo cuelgan por los brazos del techo en la postura "strappado". 

Estoy seguro de que no tengo que continuar con más detalles. ¿Hay alguna duda sobre lo que nosotros (o nuestros líderes) diríamos o pensaríamos de los responsables de esto? 

Los llamaríamos bárbaros. Diríamos que han pasado los límites de la civilización. Torturadores. Monstruos. La personificación del Mal. Nadie en el gobierno de EE.UU., al leer el reporte de inteligencia de la CIA sobre el trato dispensado a ese estadounidense se preguntaría:

 "¿Esto es tortura?" Nadie en Washington tendría la urgencia de calificar como "técnicas perfeccionadas de interrogación" a lo que le hicieron al detenido. Si en una audiencia de confirmación en el Senado, le preguntaran a un candidato a director de la CIA si los actos de los iraníes fueron, de hecho, un método de "tortura", y este respondiera que no es un experto en el tema, ni un abogado ni un experto legal y por lo tanto no podría catalogarla como tal, no sería confirmado en el cargo. 

Y probablemente no tendría ningún cargo en Washington por el resto de su vida. Si le preguntaran si cree que los iraníes que cometieron esos actos y sus superiores que les dieron las órdenes deben ser enjuiciados en EE.UU. o en una Corte Internacional, el presidente jamás diría que en este momento es mejor "mirar hacia delante, no hacia atrás", ni tampoco el departamento de justicia les daría luz verde. 

¿Entiendes lo que quiero decir? Cuando el mal es el mal, todo queda muy claro. Solo es cuando, como dice Nick Turse, autor del libro Kill Anything that Moves: The Real American War in Vietnam, los brutales actos en cuestión son cometidos por estadounidenses, siguiendo órdenes de sus superiores, que las cosas se vuelven complejas, con matices, abiertas a interpretaciones, comprensibles en términos humanos y explicables en el contexto de que existe una "bomba de tiempo" (aunque esta sea imaginaria).  (Introducción de Tom Engelhardt)

Trata de mantener la calma -aunque empieces a sentir una opresión en el pecho y que el corazón te late alocadamente. Trata de no caer en pánico cuando sientas que el agua te entra por la nariz y la boca, mientras tratas de contraer la garganta y calmar la respiración y mantener algo de aire en los pulmones y luchar contra la creciente sensación de ahogo. 

Trata de no pensar en la muerte, porque no hay nada que puedas hacer, porque estás atado, porque alguien te echa agua en la cara y te ahoga lenta y deliberadamente. Estás en sus manos. Te sientes en agonía. 

En resumen, eres la víctima de "tortura con agua". O del "submarino". O del "tratamiento de ahogo". O de la "asfixia húmeda". O de cualquier otro sobrenombre dado a esta forma de brutalidad que hoy se la llama con el eufemismo de "waterboarding" (sumergimiento en agua). 

Esta práctica se volvió ampliamente conocida en EE.UU. tras saberse que la CIA la había estado usando contra presuntos terroristas después del 11 de septiembre. Recientemente, resurgió el debate con las representaciones cinematográficas de la técnica en el premiado film Zero Dark Thirty (La noche más oscura) y las menciones en las audiencias de confirmación en el Senado del nuevo director de la CIA John Brennan. 

La tortura con agua, sin embargo, tiene una historia sorprendentemente larga, que se remonta al siglo XIV. Ha sido usada de manera constante por las fuerzas armadas de EE.UU. desde principios del siglo XX, cuando fue empleada por contra los luchadores filipinos que luchaban por la independencia de su país. Los militares estadounidenses continuarían usando este método brutal en las décadas siguientes, y durante las guerras en Asia también habría víctimas.(...)
 
El acceso a documentos, que habían sido mantenidos secretos durante mucho tiempo, ayudó a llenar los huecos. "Mantuve al sospechoso en el suelo, le coloqué un trapo sobre la cara, y luego eché agua sobre el trapo, forzando el agua en su boca", explicó el sargento David Carmon en su testimonio ante investigadores por delitos cometidos por el ejército, en diciembre de 1970.

 Según la sinopsis de la investigación, el sargento admitió haber usado tanto tortura con electricidad como con agua al interrogar a detenidos, que murieron poco después. Según los resúmenes de los testimonios de testigos oculares entre los miembros de la unidad de Carmon, el prisionero identificado como Nguyen Cong fue "golpeado y pateado", perdió el conocimiento y sufrió convulsiones. 

Un doctor que examinó a Nguyen, sin embargo, declaró que el prisionero no presentaba ninguna anomalía. Carmon y otro miembro del equipo de inteligencia militar luego "golpearon a los vietnamitas y les echaron agua en la cara con un bidón de cinco galones de agua", según un resumen de su declaración. Un informe oficial de mayo de 1971 dice que Nguyen Cong se desmayó y "fue llevado hasta su jaula de reclusión, donde lo encontraron muerto más tarde". 

Años después, Carmon me dijo por e-mail que el abuso de prisioneros en Vietnam era generalizado y estimulado por los superiores. "Nada estaba prohibido, nada estaba más allá de los límites fuera de herir gravemente a un prisionero".(...)

 En la II Guerra Mundial, militares japoneses usaron la tortura con agua contra presos de EE.UU. "Me sometieron a lo que ellos llamaban la 'cura de agua'", declaró el teniente Chase Nielsen después de la guerra. Cuando le preguntaron sobre esa experiencia, respondió: "Sentía que me estaba ahogando, en el límite entre la vida y la muerte". 

La misma tortura fue sufrida por los pilotos estadounidenses capturados durante la Guerra de Corea. Uno de ellos hizo la siguiente descripción: "Me doblaban la cabeza hacia atrás, me ponían una toalla en la cara y echaban agua sobre la toalla. No podía respirar... Cuando me desmayaba, me sacudían y comenzaban de nuevo". 

Por los delitos cometidos contra los prisioneros, incluyendo la tortura con agua, algunos oficiales japoneses fueron condenados y sentenciados a cumplir largas condenas, mientras que otros les aplicaron la pena de muerte. 

La respuesta legal a los torturadores estadounidenses en Vietnam fue muy diferente. Mientras que investigaban los alegatos contra el sargento Carmon, por ejemplo, los agentes del ejército descubrieron que en la unidad del sargento existía un patrón de conducta "cruel y de maltrato" contra los prisioneros en el periodo de marzo de 1968 a octubre de 1969.

 Según un informe oficial, los agentes determinaron que la evidencia respaldaba cargos formales contra 22 interrogadores, muchos de ellos implicados en el uso de tortura con agua, tortura con electricidad, golpes y otras formas de maltrato. Pero no les presentaron cargos, ni les hicieron corte marcial ni les dieron ningún castigo ni a Carmon ni a nadie, según los registros.(...)

 En 1901, un oficial estadounidense fue sentenciado a 10 años de trabajo forzado por torturar con agua a un prisionero filipino. Hacia fines de la década de 1940, esta práctica de varios siglos era tan repudiada que a aquellos hallados culpables de usarla les daban una larga condena o, incluso, la pena de muerte.

 Hacia fines de la década de 1960, todavía era percibida como un castigo cruel e inusual, incluso cuando los torturadores estadounidenses de vietnamitas y de presos estadounidenses no fueron sometidos a juicio. En el siglo XXI, cuando la tortura con agua pasó de las duchas de las prisiones del sudeste asiático a la Casa Blanca, se transformó en una "técnica perfeccionada de interrogación". Hoy, el funcionario elegido por el presidente para dirigir la CIA, se niega a rotular al submarino como "tortura". 

¿Qué dice sobre una sociedad cuando los códigos morales y éticos del tratamiento de presos va en retroceso? ¿Qué se supone que debemos pensar de los líderes que autorizan, promueven o protegen prácticas brutales y de los ciudadanos que los respaldan y permiten que esto suceda? ¿Qué significa cuando la tortura que, por definición, es cruel, se vuelve usual?"         (Nick Turse, TomDispatch, Rebelión, 01/03/2013)

25/4/12

Fue obligado a beber el contenido de un cóctel molotov... Abrasado por dentro, no pudo sobrevivir

"Cipriano Martos fue detenido por la Guardia Civil en Reus (Tarragona) en una caída del FRAP en esta provincia. Una caída que iba a ser más trágica que las demás. Fue detenido el 30 de agosto (de 1973) y sometido a torturas desde el primer momento.

 Fue obligado a beber el contenido de un cóctel molotov, a resultas de lo cual fue conducido a un hospital para que le hiciesen un lavado de estómago.

Aún sin recuperarse, fue conducido de nuevo a las dependencias de la Guardia Civil donde continuaron las “sesiones” y, por segunda vez, le fue administrada a golpes la misma “bebida”.

Abrasado por dentro, no pudo sobrevivir. Murió el 17 de septiembre.

Ni sus padres, ni sus hermanos, ni su abogado pudieron ver el cadáver, que fue enterrado en secreto en el cementerio de Reus."            (Cipriano Martos in Memoriam, 22/07/2009)

5/3/10

El monstruo de Grbavica admite que mató "a más de cien moros"

"Veselin Vlaholic era sinónimo de terror en 1992 en el barrio de Grbavica de Sarajevo. Por eso se ganó por méritos propios el sobrenombre de El monstruo de Grbavica. "Yo maté a más de 100 moros y quemé sus cadáveres. ¿Por qué? Porque ellos mataron a mi mujer y a mis hijos. Y les digo una cosa: no me arrepiento", confesó el pasado lunes a los agentes que le detuvieron en Altea (Alicante).

Tampoco tuvo el menor reparo en confiar que, al mando de un grupo conocido como Los Ángeles Blancos, había violado a numerosas mujeres musulmanas durante la espantosa guerra de los Balcanes. (...)

El suyo era uno de los nombres que más odio suscita aún en Bosnia, sobre todo entre las mujeres que sufrieron múltiples violaciones. Por eso, muchas de ellas han contactado con la Embajada de España en Sarajevo para agradecer su captura, igual que ha hecho un representante del Gobierno de Bosnia y Herzegovina. "Mucha gente ha hecho fiesta y ha celebrado su captura", dice un funcionario de la legación diplomática. (...)

El peligroso ex miliciano es un tipo frío y sin escrúpulos. "No me arrepiento de nada de lo que hice. ¿Por qué me iba a arrepentir? Aquello era la guerra... y en las guerras pasan esas cosas", comentó a los policías" (El País, ed. Galicia, España, 04/03/2010, p. 22)

"El pasado de Vlahovic está empapado en sangre. "Yo trabajaba en un casino de Sarajevo y el propio Radovan Karadzic me pidió que me encargase del barrio de Grbavica", ha comentado a los policías que le detuvieron. Karadzic, detenido en Belgrado en 2008, se declaró en 1992 presidente y jefe militar de la llamada República Serbia de Bosnia y Herzegovina y puso en marcha una terrorífica operación de limpieza étnica para exterminar a la población que no fuera serbia.

Radomir Neskovic, miembro del nacionalista Partido Democrático Serbio (SDS), tiene declarado ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) que Vlahovic era "un monstruo armado, un tipo patológico". "Queríamos librar a Grbavica de ese hombre, pero él siempre regresaba para hacer más males", tiene declarado Neskovic.

"Le gustaba conducir coches y matar musulmanes. Además, le gustaba golpearles delante de otros para demostrar sus habilidades y técnicas como boxeador. Torturaba y mataba musulmanes, pero cada vez de una forma diferente. Le gustaba experimentar", explica Bozidar Debelonogic, un antiguo soldado serbobosnio, en su libro Balija.

Campeón de boxeo júnior de la ex Yugoslavia, impuso un régimen de terror al mando de un grupo de desalmados conocidos como los ángeles blancos, que se dedicaban a asesinar a hombres, mujeres y niños. "Violábamos a mujeres. Les hacíamos con una navaja la cruz ortodoxa en los pechos y les echábamos sal para que no cicatrizase la herida", ha explicado tras su arresto. Además, montaron prostíbulos con prisioneras bosnias y croatas, muchas de las cuales acabaron suicidándose, como la estudiante Magdalena Kresic, que se arrojó por un balcón del lupanar.

Los relatos de alguna de ellas son trágicos y escalofriantes -"fui violada durante noches enteras"- y sirvieron de fuente de inspiración de la película Grbavica, de Jasmila Zbanic, premiada con el Oso de Oro en Berlín en 2006." (El País, Domingo, 07/03/2010, p. 10/1)


27/10/09

La violación es la mejor tortura para conseguir la impunidad de los verdugos



"Volvieron a simular que me ejecutaban y protesté; les pregunté por qué lo hacían y entonces fue cuando... me violaron", relata Ibrahim Sharifi, uno de los miles de detenidos en las protestas que siguieron a las últimas elecciones iraníes. Sus palabras respaldan la denuncia del dirigente opositor Mehdi Karrubí, a quien los ultraconservadores quieren juzgar por libelo. "Cuando te pegan, te ofenden, simulan ejecutarte y tú resistes, utilizan ese método como último recurso para humillarte y destruirte", explica Sharifi, la única víctima que ha aceptado hablar en público de su caso. (...)

Hasta el 23 de junio. Ese mismo día, 11 después de los comicios, le detuvieron cerca de su casa, en Shahrak Naft, una ciudad dormitorio del noroeste de Teherán. "No me notificaron el motivo. Pero delante de los otros detenidos decían: 'A éste lo vamos a ejecutar'. Creo que intentaban intimidarnos" (...)

"El trato era brutal para todos. Nos pegaban. Simulaban ejecuciones. Nos hacían pasar hambre", recuerda antes de hacer un alto y tomar aire para poder relatar lo que en la conservadora sociedad iraní se considera innombrable, tabú. Fue un castigo por rebelarse contra el enésimo simulacro de ejecución. "Empecé a protestar, les pregunté por qué lo estaban haciendo y fue a raíz de eso cuando... me llevaron a otra habitación y me violaron".

Varias veces durante la conversación Sharifi sustituye el verbo violar por "me hicieron eso, usted ya sabe". "Eso" fue atarle las manos y los pies a unos grilletes que había en la pared, bajarle la ropa interior y sodomizarle.

Para entonces, el joven ya estaba vomitando sangre como resultado de las patadas que le habían propinado en el vientre. Se desmayó. Llamaron a un médico y cuando empezaba a recuperar el conocimiento pudo oír que sus torturadores se preguntaban: "¿Se muere o lo rematamos?". "El médico les dijo que no lo hicieran porque eso les causaría un problema, como con los otros dos anteriores, y les propuso que me dejaran en la calle porque pensaba que no sobreviviría. Entonces me sacaron de la cárcel y me abandonaron en la cuneta de una autopista", rememora. (...)

En contra de lo previsto por el médico del penal, Sharifi no murió. Alguien lo encontró, lo llevó a un hospital, lo atendieron y volvió a casa. Incluso presentó una denuncia por insultos y agresiones ante un tribunal de Teherán. Pero no dijo nada de la violación. Ni siquiera a su familia, a la que describe como religiosa y partidaria del sistema (su padre es un general retirado de la policía). Era demasiado doloroso. Trataba de borrarlo. "Incluso pensé en suicidarme", admite. (...)

"Hizo salir a todos y cuando nos quedamos a solas me dijo que había oído hablar de violaciones y me preguntó si a mí me había pasado"."Me resultó difícil contestar, pero al final empecé a llorar y le confesé lo ocurrido", recuerda Sharifi como si aquello le hubiera quitado un peso de encima. Aceptó volver para que grabaran su declaración en vídeo, e incluso se reunió con un representante del fiscal general (...)

"Un día, al salir de la oficina de Karrubí, se me acercó un tipo que se presentó como conocido de mi padre. Subí a su coche y en cuanto estuvimos en una zona menos concurrida me advirtió: 'Si hablas con cualquier miembro de la comisión parlamentaria, tu familia perderá la vida en un accidente de tráfico, y sabes que podemos hacerlo".

Sharifi asegura que no temía por sí mismo puesto que había acudido ante el juez dispuesto a todo, pero aquello era demasiado. Decidió poner tierra de por medio y buscó refugio en Turquía, como muchos otros iraníes. (...)

"Durante los últimos 20 años, el sistema ha logrado muy buenos resultados con las violaciones porque así arruinaban moralmente a sus opositores, ya que sabían que no iban a denunciarlas", concluye." (El País, ed. Galicia, Internacional, 16/10/2009, p. 2)

15/5/09

Psiquiatría del horror. El doctor Sehwail ayuda desde hace veinte años a palestinos víctimas de la ocupación o la tortura

"Los ojos vendados. Una oscura celda que parece una tumba. La palestina Sawson Dawod permaneció dos años encerrada en una cárcel israelí cuando tenía 14. Sus recuerdos están hechos de golpes, grilletes y botas de soldados.

Su historia no es única. El doctor Mahmud Sehwail, fundador y director del Centro de Tratamiento y Rehabilitación para Víctimas de la Tortura (TRC) de Ramallah, se enfrenta cada año a miles de casos como el de Sawson. "Más del 40% de los hombres palestinos ha sido detenido al menos una vez, y el 70% de los niños presencia violencia o la padece. El daño psicológico sufrido por la población palestina es muy grande. Es una población traumatizada en masa", explica Sehwail, que mantiene en pie el centro desde 1997 a pesar de las dificultades económicas a las que se enfrenta.

Sawson, la chica palestina, continúa con su relato: "Me insultaron y golpearon. Tras una huelga de hambre, un enfermero que tenía que atenderme también me golpeó. Me interrogaron esposada, con grilletes en los pies y los ojos vendados. Había varios interrogadores, y el interrogatorio se alargó durante horas. Permanecí 20 días incomunicada, sin abogado, sin derecho a llamadas y sin atención médica, en una húmeda y oscura celda. Nadie podía oír mis gritos". Todavía no sabe cuáles eran los cargos que había contra ella. Lo único que había hecho, según cuenta, es echar a correr al oír disparos en un control militar en Hebrón. "En la cárcel conocí a personas que habían sufrido abusos sexuales y veía cómo mujeres embarazadas daban a luz esposadas. Algunas murieron en el parto". (...)

Según explica un profesor de historia de la Universidad de Belén, "hay unos 11.000 palestinos en cárceles israelíes; no se conocen los nombres de muchos ni sus causas, pero sabemos que no pocos han sufrido el sabaj (colgar al interrogado, desnudo, con los brazos a la espalda o sobre la cabeza)". (...)

"Yo he conocido a las familias de suicidas", dice Mahmud Sehwail, "y en muchos casos no hay motivo religioso ni político. La frustración y la desesperación son las verdaderas causas del suicidio. Hace unos años me invitaron a un programa de radio. Un hombre llamó diciendo que sus hijos presenciaron cómo un soldado israelí mató a su madre. El hombre pidió ayuda psicológica. Un mes más tarde supimos que aquel hombre se había volado a sí mismo en Israel, matando a varias personas. No pudo manejar sus problemas".

El doctor Sehwail no es optimista; reclama ayuda internacional. "La ocupación, el empobrecimiento de los palestinos, las humillaciones y la violencia deben terminar, y hay que derribar el muro que nos ha encerrado en una cárcel. Sin esto no habrá paz jamás. Y creo que conseguir la paz no es una responsabilidad local, es una responsabilidad internacional". Hace suyas las palabras de Gandhi: "Me opongo a la violencia porque cuando parece causar el bien se trata sólo de algo temporal, el mal que causa es permanente". (El País, Domingo, 01/02/2009, p. 10)

El librillo de los torturadores... norteamericanos

"¿cómo explicarse la facilidad con la que han aceptado la tortura y la han aplicado a sus prisioneros unas personas que actúan en nombre del Gobierno estadounidense? (...)

Lo más sorprendente es descubrir la existencia de una normativa increíblemente meticulosa, formulada en los manuales de la CIA y retomada, a su manera, por los responsables jurídicos del Gobierno de George W. Bush. Hasta ahora era posible imaginar que tales prácticas eran una muestra de lo que se suele denominar "atropellos", infracciones involuntarias de las normas provocadas por la urgencia del momento. Por el contrario, lo que se percibe en los documentos recién conocidos es que se trata de unos procedimientos pautados hasta en sus menores detalles, al milímetro, perfectamente cronometrados.

Así, las formas de tortura son 10, número que posteriormente será elevado a 13. Se dividen en tres categorías, cada una de ellas con diversos grados de intensidad: preparatorias (desnudez, manipulación de la alimentación, privación del sueño), correctivas (los golpes) y coercitivas (duchas de agua fría, encierro en cajas, suplicio de la bañera).

En el caso de las bofetadas, el interrogador, según estos manuales, debe golpear con los dedos separados, en un punto equidistante entre el extremo de la barbilla y la parte inferior del lóbulo de la oreja.

La ducha de agua fría aplicada al prisionero desnudo puede durar 20 minutos si el agua está a cinco grados, 40 minutos si está a 10 grados, y hasta 60 minutos si está a 15 grados.

La privación del sueño no debe ser superior a 180 horas, pero tras un reposo de ocho horas, se puede recomenzar.

La inmersión en la bañera puede durar hasta 12 segundos, durante un periodo que no debe exceder las dos horas diarias, y ello durante 30 días seguidos (un preso particularmente resistente pasó por este suplicio 183 veces en marzo de 2003).

El encierro en una caja de dimensiones muy reducidas no debe ser superior a dos horas, pero si la caja permite que el prisionero esté de pie, se puede prolongar hasta ocho horas seguidas, 16 por día. Si se introduce un insecto en el interior, no se le debe decir al prisionero que la picadura será dolorosa o incluso mortal.

Y así sucesivamente durante páginas y páginas.

Nos enteramos también por estos documentos de cómo se forma a los torturadores. La mayoría de esas torturas está copiada del programa que siguen los soldados americanos que se preparan para enfrentarse a situaciones extremas (lo que permite a los responsables concluir que se trata de pruebas absolutamente soportables). Y lo que todavía es más importante, se elige a los torturadores entre aquellos que han tenido "una larga experiencia escolar" en este tipo de pruebas extremas; dicho en otras palabras, los propios torturadores han sido torturados en una primera fase de su formación. Tras la cual, un cursillo intensivo de cuatro semanas basta para prepararlos para su nuevo trabajo. (...)

Tal como se define legalmente, la tortura implica la intención de producir un gran sufrimiento. Se sugerirá, por consiguiente, a los torturadores que nieguen la presencia de esa intención. De tal modo que no se abofetea al preso para producirle dolor, sino para sorprenderlo y humillarlo. En cuanto al objetivo de encerrarlo en una caja de reducidas dimensiones no es provocar un desorden sensorial, sino producirle cierta sensación de incomodidad.

El verdugo debe insistir siempre en su "buena fe", en sus "convicciones sinceras" y en lo razonable de sus premisas. Se han de utilizar sistemáticamente eufemismos: "Técnicas reforzadas", en lugar de tortura; "experto en interrogatorios", en lugar de torturador.

También se evitará dejar huellas físicas, y, por esta razón, se preferirá la destrucción mental a los daños físicos; asimismo, se destruirán inmediatamente las posibles grabaciones o tomas visuales de las sesiones.

Otros colectivos colaboran en la práctica de la tortura: el contagio se extiende allende el limitado círculo de los torturadores. Aparte de los juristas que se encargan de dar legitimidad a sus actividades, en los documentos se menciona sistemáticamente a los psicólogos, a los psiquiatras y a los médicos (obligatoriamente presentes en todas las sesiones), además de a las mujeres (los torturadores son hombres, pero la humillación es aún mayor, más grave, cuando hay mujeres presentes) y a los profesores de universidad que proveen justificaciones morales, legales o filosóficas.

¿A quién debemos considerar hoy responsable de esta perversión de la ley y de los principios morales más elementales? (...)

Si se quiere comprender por qué estos valientes estadounidenses aceptaron tan fácilmente convertirse en torturadores, de nada vale intentar encontrar argumentos en el odio o en un miedo ancestral a los musulmanes o a los árabes. No. La situación es mucho más grave.

Lo que nos enseñan los documentos estadounidenses que acaban de hacerse públicos es que, siempre y cuando forme parte de un colectivo y esté respaldado por él, cualquier hombre que obedezca a los nobles principios dictados por el "sentido del deber", por la necesaria "defensa de la patria", o que se deje arrastrar por un temor elemental por la vida y el bienestar de los suyos, puede convertirse en torturador." (TZVETAN TODOROV: Los torturadores voluntarios de Bush. El País, ed. Galicia, Opinión, 14/05/2009, p. 31 )