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22/3/11

"Agredirme y acosarme se ha convertido aquí en el deporte nacional. Hace cinco años lo hacía un grupo de menores, ahora han tomado el relevo otros"


Paca Blanco, ante el complejo turístico Marina Isla de Valdecañas, en El Gordo (Cáceres)

"Lo que para muchos es un sueño a punto de hacerse realidad: disfrutar del macrocomplejo turístico Marina Isla de Valdecañas, en Cáceres, para Paca Blanco, coordinadora de Ecologistas en Acción en la comarca de Campo Arañuelo, es un infierno.

Hace cinco años que sufre acoso y agresiones por haber denunciado la ilegalidad del complejo, construido en un paraje protegido, que pertenece a la red natura 2000, y que ha sido declarado por la UE como Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) y Lugar de Interés Comunitario (LIC).

Muchos de los vecinos de El Gordo, municipio en el que se levanta el complejo, ven en las denuncias de Blanco una amenaza a los intereses económicos del pueblo, de 300 habitantes.

Marina Isla de Valdecañas se encuentra a 160 kilómetros de Madrid, de donde procederán muchos de sus clientes, algunos de ellos, según Blanco, famosos del papel cuché, y contará con dos hoteles de 4 y 5 estrellas; casi 200 villas de lujo; un campo de golf y un puerto deportivo.

El entorno de esta urbanización también es de lujo, está ubicada en una isla del Embalse de Valdecañas, enmarcada a por las Sierras de Gredos y de Las Villuercas.

Ecologistas en Acción lleva peleando en los tribunales desde 2007, cuando la Junta de Extremadura, entonces presidida por Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aprobó un decreto para poder construir en la Isla de Valdecañas, como Proyecto de Interés Regional (PIR).

Ahora el Tribunal Superior de Justicia ha dado la razón a los ecologistas por considerar que la urbanización no cuenta con las condiciones necesarias para ser un PIR, y por lo tanto ordena su derribo. La Junta recurrirá al Supremo.

El miércoles, día en que se conoció la sentencia, Blanco puso un fax a la Subdelegación del Gobierno en Cáceres pidiendo protección. Tenía miedo de que las agresiones que, presuntamente, viene sufriendo estos últimos cinco años pudieran acabar con una desgracia. Relata con aplomo que han tirado a su vivienda cócteles molotov.

"Uno de ellos estuvo a punto de impactar contra una bombona de butano", cuenta. Le han roto varias veces los cristales de sus ventanas, han lanzado contra su casa huevos, incendiado su buzón y provocado daños en su coche por valor de más de 2.000 euros.

Asegura que con ella no van a poder, pero también reconoce que no quiere poner en peligro a su familia y, en concreto, a su nieto de seis años que vive con ella. Así, ha puesto su casa en venta, quiere irse del pueblo.

"Agredirme y acosarme se ha convertido aquí en el deporte nacional. Hace cinco años lo hacía un grupo de menores, ahora han tomado el relevo otros. Lo hacen por lo que oyen en sus casas", dice.

Los jóvenes a quienes ha denunciado solo se han disculpado por el incidente del buzón, el único del que existen pruebas. Lo han hecho a petición del alcalde, que no quiso hacer declaraciones a este periódico.

Blanco, de 62 años y 20 como ecologista, está acostumbrada a vivir con miedo. "Una vez en Navalmoral de la Mata (a 25 km de la Central Nuclear de Almaraz) me quemaron el coche por llevar una pegatina contra las centrales nucleares", relata.

Que no despierta simpatías en el pueblo es algo palpable. El propietario del Bar Las Cigüeñas, Teodoro Gutiérrez, lo confirmaba. "Esa mujer está empeñada en que por allí pasan aves, y por allí no pasa nada.

Ha puesto el grito en el cielo, quizás demasiado alto, y en esas condiciones no puede tener a nadie del pueblo de su lado; el complejo beneficia a los bares, las tiendas y da trabajo". Gutiérrez sabe que se ha construido en zona protegida. "No pasa nada, no hace ningún daño", dice.

A pesar de los sustos y sinsabores, Blanco está satisfecha con el fallo de los tribunales. Sabe que no se va a derribar el macrocomplejo pero espera que se condene a los implicados en la iniciativa, por la que se recalificó 1,3 millones de metros cuadrados no urbanizables de especial protección." (El País, 19/03/2011, p. 50)

23/2/11

Los pilotos libios explicaron que desertaron despuésde que recibieran la orden de bombardear a los manifestantes


"Dos coroneles de la Fuerza Aérea libia huyeron ayer de su país en sendos Mirage F-1 y aterrizaron en el aeropuerto de Malta. Los pilotos, que despegaron de una base cerca de Trípoli, explicaron a las sorprendidas autoridades maltesas que desertaron después de que recibieran la orden de bombardear a los manifestantes. En la foto, uno de los militares junto a su avión." (El País, 22/02/2011, p. 6)

"Un avión libio se estrella después de que sus pilotos rechazasen bombardear Bengasi.

La tripulación optó por saltar en paracaídas antes de atacar la segunda ciudad del país, controlada por los participantes en las revueltas contra el régimen de Gadafi. (...)

Según el diario, que cita a un coronel del Ejército en la base militar de Bnina, el avión era un Sukhoi 22 de construcción rusa y se estrelló al oeste de la localidad de Jedebia, a cerca de 160 kilómetros al suroeste de Bengasi.

El piloto y el copiloto, identificados como Abdelslam Atya y Ali Omar Gadafi, rechazaron bombardear la segunda ciudad libia y otra localidad de la zona, por lo que decidieron saltar en paracaídas, indicó Quryna, cuya redacción central se encuentra en Bengasi.

Esta información fue recogida también por la cadena Al Yazira, que citó al general del Ejército y jefe militar de la región de Tobruk, Suleiman Mahmud. El general dijo que uno de los pilotos que se lanzó en paracaídas era un coronel." (Público, 23/02/2011)

"... 17 pilotos de la Fuerza Aérea de Libia han sido ejecutados este medodía en Trípoli tras negarse a bombardear barrios en poder de los rebeldes de la ciudad de Zawia (Zauia), a 44 kilómetros de la capital, según fuentes libias relacionadas con el Ejército." (El País, 23/02/2011)

22/10/10

El odio en la guerra civil de los Balcanes

"Lo que más impresionó al entonces coronel Francisco Javier Zorzo, cuando llegó a Bosnia-Herzegovina en el otoño de 1992, fue la visión de cientos de esqueletos de edificios desmochados. Le explicaron cómo: se abría la espita del gas y se arrojaba una cerilla. Era la forma más barata de destruirlos. Sus dueños habían huido y los vecinos, en vez de ocupar las casas, preferían borrarlas del mapa. Para que nunca pudieran regresar. Para que no quedase huella de su paso por esa tierra.

Ni siquiera en la Guerra Civil española se alcanzó el nivel de odio genocida que encontró en los Balcanes el primer contingente español con bandera de Naciones Unidas. No era una guerra étnica -pues serbios, croatas y bosnios son todos eslavos- ni religiosa -ya que muchos musulmanes no pensaban que lo eran hasta que los mataron por serlo-; era un choque feroz de nacionalismos envenenados por las luchas de poder y el miedo. (...)

En la primavera de 1993, musulmanes y croatas, hasta entonces aliados, rompieron hostilidades y los soldados españoles se vieron de pronto en plena línea de fuego. Pasaron de escoltar convoyes con ayuda humanitaria a interponerse entre dos bandos impacientes por matarse.

El 25 de abril, el teniente coronel José Luis Monterde se topó en la carretera con 230 croatas que huían de una aldea recién tomada por los musulmanes. Intentaba convencerles de que le franqueasen el paso cuando se vio rodeado. Más de un centenar de milicianos con fusiles, ametralladoras y lanzagranadas frente a 35 cascos azules españoles. El jefe de los perseguidores encañonó a Monterde y le conminó a entregarle a los croatas en cinco minutos. "Son nuestros prisioneros.

Esto no va con vosotros", le dijo, mientras le apuntaba a la cabeza. Entre los que huían había soldados, pero también ancianos, mujeres y niños. Pasaron los cinco minutos. Y luego otros cinco. Y 10 más. Así hasta siete horas. Tiempo suficiente para que llegasen delegados de la ONU y se hicieran cargo de los civiles. La paciencia y la sangre fría se impusieron en una guerra de nervios." (El País, España, 18/10/2010, p. 12)

1/10/10

NEDIM SENER "Aquellos a quienes acusé investigarán mi muerte"

"Sener, periodista de investigación, acaba de volver de Viena donde ha sido galardonado con el Premio de Héroe de la Libertad de Prensa. Su libro sobre el asesinato de su amigo, el periodista turco-armenio Hrant Dink, en enero del 2007, le ha reportado el reconocimiento del Instituto Internacional de la Prensa, pero también le ha granjeado enemistades.

"En la investigación denuncié con nombres y apellidos a políticos, jueces y policías que estaban detrás del crimen y a los que nadie investigaba. Ahora van a por mí". Sabe de lo que habla: insultar a las fuerzas del orden está penado en Turquía con la cárcel. Hasta 12 años en su caso.

El periodista iba para profesor de Economía. Pero la necesidad de encontrar un trabajo rápido le condujo al periodismo económico. "Siempre pensé que iba a ser un trabajo temporal", dice riéndose. Luego llegó el asesinato del intelectual turco Urgu Mumcu en 1993. Hubo manifestaciones en todo el país reclamando una investigación que nunca llegó. "Yo tenía 27 años y estaba allí protestando. Algo en mí cambió ese día".

Después, asesinaron a Ahmet Taner Kislali, después a Musa Anter. Hasta 20 periodistas muertos desde 1992. El último, en diciembre del año pasado. "Somos los únicos que buscamos la justicia en este país. Por eso nos tienen miedo. Por eso también, solemos morir".

Ser Héroe de la Libertad de Prensa es un discutible honor en Turquía: los dos periodistas que lo han obtenido antes de Sener murieron asesinados. "Tengo miedo a engrosar esa lista. Los oficiales de policía a los que inculpé en mi libro siguen en puestos muy poderosos. Si me asesinan, serían ellos los encargados de la investigación", explica. (...)

"No me voy a cansar de denunciar, aunque me cueste la vida". Da la sensación de que ha aceptado la muerte como inevitable. Aun así confiesa que le cuesta dormir por las noches y que siente ansiedad cuando camina por Estambul. "En Viena, cuando fui a recoger el premio, me sentí seguro, pero no abandonaría Turquía pasara lo que pasara. Solo sé hacer periodismo y solo puedo hacerlo aquí".

Como la mayoría de los del gremio tiene el teléfono pinchado y sus correos electrónicos son leídos con lupa. "Hablar de libertad de expresión es un lujo en Turquía. Ellos saben todo de ti y si cruzas la raya hay consecuencias", apostilla.

Llega el té humeante y lo bebe de un sorbo. Debe volver a su despacho, le aguardan más entrevistas. Al despedirse suelta otra frase lapidaria. "Este es un país donde los criminales tienen mucho poder. Pero si consigo resolver el asesinato de Dink, quizás seamos capaces de poner luz a los otros crímenes". (NEDIM SENER: "Aquellos a quienes acusé investigarán mi muerte". El País, última, 30/09/2010)

23/1/09

El héroe que salvó a una mujer no tiene ni para pagar el alquiler

"Wilson Rivera, el ecuatoriano que el martes evitó un crimen machista en plena calle, es objeto de toda suerte de elogios y homenajes. La Generalitat catalana le propuso ayer para la medalla de bronce al mérito policial, con distintivo azul. Pero el hombre, que tiene 37 años y vive en un barrio de Barcelona con gran presencia de latinoamericanos, tiene preocupaciones más prosaicas. Trabaja, pero "poco" (la crisis del ladrillo no perdona), las pasa canutas para pagar el alquiler y, de hecho, piensa en volver a su país después de seis años en España. (...)

Pero el hombre, convertido en héroe contra su voluntad, se empeña en restar importancia a su actuación. Rivera conducía su coche, observó la brutal escena y no lo pensó dos veces. "Saqué una barra de plomo, de las que utilizo para trabajar, y se la arrojé a la cabeza", precisa.

El suceso ocurrió junto al monumento de la Sagrada Familia. A esa hora (las nueve de la mañana) había ya "bastante gente" en la calle. Ante la extremada violencia del agresor, la mayoría de transeúntes huyó a la carrera, o se refugió detrás de algún coche. Rivera no entiende tal actitud. Y menos aún la de "dos guardias que estaban controlando unos aparcamientos y no hicieron nada", rememora.

Antes de que Rivera entrara en escena, un hombre trataba ya de controlar al agresor. "Pero no acababa de decidirse. Le dije que me dejara la barra que llevaba en la mano", relató. Una tercera persona, que también será condecorada con la medalla al mérito policial, se enfrentó al individuo con lo que tenía más a mano: una carpeta de folios que le arrojó. El agresor los hizo trizas y los aprovechó para lavarse las manos ensangrentadas que aún sujetaban un cuchillo de cocina, según fuentes policiales." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 22/01/2009, p. 37)

25/1/08

Exilio español en campos de concentración franceses

“Un total de 597 niños, la mayoría hijos de republicanos españoles, nacieron en una maternidad de la localidad francesa de Elna entre 1939 y 1944. Una joven maestra suiza, Elisabeth Eidenbenz, creó allí una isla de humanidad en medio de una Europa en guerra. (...)

Eidenbenz habilitó para recibirlos (grandes ventanales, vista a los Pirineos, jardín frondoso, balaustradas, escalinatas…) con la ayuda de comadronas suizas, de mujeres embarazadas, de recién paridas que se afanaban en las tareas de mantenimiento. Tienen en común el haber sobrevivido cuando –meses después de la Guerra Civil– la mortalidad de los recién nacidos en los campos franceses superaba el 90%; cuando sus padres, hacinados, hambrientos, derrotados física y moralmente, esperaban aún tiempos mejores internados en condiciones precarias en Argelers, Ribesaltes, El Barcarés, St. Cebrià…

“Estábamos en un campo de concentración en la playa de Argelers, rodeados de alambrada y arena. Era febrero de 1939, hacía un frío horrible y soplaba una tramontana que no nos dejaba caminar, y menos en la arena. Había que sujetarse unos a otros para mantenerse en pie…”, recuerda María García, que parió en la maternidad a su hijo Felipe Sáez el 24 de marzo de 1940 y se quedó allí ayudando durante dos años. “Me veía capaz de pasar hambre, sed, frío y todas las vejaciones que vinieran, pero que muriese mi bebé… Me encontraba en el séptimo mes de embarazo cuando se me acercó una señora suiza y me dijo que me iba a llevar a un lugar a tenerlo…”.

“En el campo había una madre que no tenía leche, y el niño lloraba de hambre día y noche. Cuando se agotaba de tanto llorar, se dormía, y ella le protegía con su cuerpo. Las mantas estaban todas mojadas de aquellos días tan duros de febrero. Cuando salía el sol, la madre enterraba al bebé en la arena para que ésta le sirviera de abrigo. Pero al cabo de unos días, el niño murió de hambre y frío. Yo estaba embarazada, y sólo de pensar que mi hijo nacería en aquel infierno, me desesperaba… Hasta que un día me encontré a la señorita Elisabeth; mejor dicho, ella me encontró a mí. Y me propuso ir a parir en una maternidad situada en Elna, en el Rosselló. El día que nació mi hijo en la sala de partos de la maternidad no pude reprimir las lágrimas. Todos pensaban que lloraba de emoción, sólo yo sabía que lo hacía por el niño enterrado en la arena de Argelers”, cuenta Mercè Doménech..” (La cuna del exilio. EL PAIS SEMANAL - 09-10-2005)