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22/11/19

Recordé unas confusas imágenes de la segunda mitad de los cuarenta, cuando mi padre se dirigía hacia el armario grande de mi habitación para esconderse. Luego supe que era porque la policía había llamado a la puerta.

"Al asistir a la proyección de La trinchera infinita, recordé unas confusas imágenes de la segunda mitad de los cuarenta, cuando mi padre se dirigía hacia el armario grande de mi habitación para esconderse. Luego supe que era porque la policía había llamado a la puerta. Al día siguiente fue mi madre a la DGS, y comprobó que habían ido efectivamente en busca de alguien acusado de haber sido rojo durante la guerra civil. 

La película recuerda oportunamente que la prescripción de los supuestos delitos cometidos en el curso de la "guerra de Liberación" solo llegó el 1 de abril de 1969, treinta años después de finalizar la por fin denominada "lucha entre hermanos". La tortura y ejecución ilegal de Julián Grimau en 1963 demostraba que el peligro no desaparecía para quienes podían ser acusados de "crímenes". Proseguir la infravida como topo tenía entonces justificación.

La vocación represiva de la dictadura, y a título personal de Franco, fue tal que hasta cierto punto convirtió la tragedia del exilio republicano en un triste privilegio. Una vez pasados los malos tragos de los campos de concentración y de la ocupación nazi de Francia, muchos exiliados soportaron una vida de frustración y penuria, pero sin encontrarse en la condición de conejos a punto de ser cazados que caracterizó a los supervivientes del Frente Popular en la Zona Centro.

Recuperamos aquí los recuerdos familiares. Mi padre lo tenía claro en 1939, habiendo sido oficial del Ejército Popular y miembro del Comité de la UGT que socializó la Bolsa de Madrid. Así que aprovechó que su hermano Eusebio formaba parte de las tropas de Franco que entraron en Madrid, para realizar con él un rocambolesco y casi suicida viaje en tren a su pueblo natal, Azkoitia, Antonio con uniforme franquista y Eusebio con su documentación. 

Una vez allí, pasó tres años como topo anómalo, de noche encerrado en la casa paterna del barrio de San Martín, entonces junto al monte, y del alba al crepúsculo en montañero hambriento. Y como el Izarraitz no es el Himalaya, debió pensar finalmente que Madrid ofrecía menos riesgos de ser detenido, y regresó. Siempre con miedo y sin ser readmitido en su empleo de 1936 hasta la muerte de Franco. Vida rota. Una historia menor entre muchas tristes o trágicas.

Con el espíritu conciliador propio del retorno, Manuel Tuñón de Lara declaró que todos habían perdido la guerra. No fue así. Unos la ganaron y obtuvieron sosiego y beneficios, a veces venganzas, lo cual explica la airada reacción de la derecha a la Ley de Memoria Histórica, y otros la perdieron, y con ella la vida, o por lo menos buena parte de la misma.
No es algo irrelevante. 

Hasta represiones famosas del siglo XX, como la de Pinochet en Chile, resultan minúsculas en comparación con la de su admirado Franco. La excepcional duración de la caza del rojo en buena parte de la dictadura constituye un dato esencial para explicar la naturaleza del levantamiento militar en julio de 1936; no se trataba de la habitual aplicación con dureza del vae victis, sino de un programa sistemático de aniquilamiento, al que solo le faltó la informatización para sacar fruto de los dos millones ochocientas mil fichas reunidas al efecto en el Archivo de Salamanca.

La definición de genocidio por el inventor del concepto, Raphaël Lemkin, parte de la existencia de acciones coordinadas para destruir la vida de grupos nacionales, lo cual comprende a sus miembros, y una vez aniquilados los mismos, en los órdenes étnico, religioso, cultural y social, verse sustituidos en todos ellos por el grupo exterminador. Trátese de armenios y judíos, los dos grupos-víctima en quien piensa Lemkin de partida, conviene recordar que ambos formaban parte de Estados y sociedades determinados, el Imperio Otomano y el Reich alemán, por lo cual es lícito extender la calificación a los colectivos singularizados que tanto en la Rusia revolucionaria como en España, fueron objeto de planes de aniquilamiento puestos en práctica. Definida por Franco desde 1935 como "operación quirúrgica" , esa extirpación tenía por objeto y víctima necesaria la Antiespaña, es decir, todas las agrupaciones políticas, intelectuales, laicas que encarnaba la Segunda República.

El levantamiento de julio del 36 no tuvo así como primera finalidad una guerra civil, sino un proyecto de exterminio, ideado y preparado de modo conspirativo, para acabar desde el primer día con medio país. Por eso mismo, la eliminación total como objetivo fue más allá del 1 de abril, con los consejos de guerra y la ley de Responsabilidades Políticas de marzo del 39. 

Querían solo vencer, sino destruir totalmente e imponer sin excepciones la concepción nacionalcatólica y corporativo-militar de España. Liquidar las culpas, para todo español de catorce años en adelante (sic) y consumar "la reconstrucción española". Franco fue mucho más que un dictador especialmente cruel, practicante como sus colaboradores golpistas, de la barbarie represiva que aprendieron en África. Sin conocer el término, fue un perfecto genocida.

De ahí el alcance del viraje propuesto en 1956 por el PCE hacia la "reconciliación nacional", algo que últimamente viene siendo cuestionado bajo distintos pretextos, desde falta de originalidad a ser asumido por otras organizaciones aun sin ese nombre. La originalidad está fuera de dudas: Manuel Azcárate contaba que cuando la idea fue presentada en Moscú, los soviéticos no entendieron una sola palabra. Además, el Partido Comunista fue el mal absoluto para el franquismo y también quien había tratado sin éxito de sostener una resistencia.

El gran viraje surgió al constatar que nada podía hacerse mirando a la guerra civil, y que en cambio experiencias como la del movimiento universitario de febrero del 56, impulsado por Jorge Semprún, probaban que la segunda generación podía integrarse en la oposición al régimen: "por una solución democrática", Aun cuando el PCE siguiera preso del estalinismo y soñase en vano con derribar al franquismo mediante una huelga nacional pacífica, la iniciativa de la reconciliación nacional avanzó hasta constituir un denominador común de la oposición. El tránsito a la democracia, apoyado en la Ley de Amnistía -ellos seguían teniendo las armas-, fue su resultado.

Hoy nadie duda de que ese consenso democrático debe ser recuperado. No es que masas franquistas invadieran las calles contra la exhumación —la cual, según la BBC stirs fury in a divided Spain—, pero sí que la intensidad de la división entre derecha e izquierda, cuyas referencias simbólicas arrancan de la guerra civil, dificulta un entendimiento democrático. Impide afrontar desde un consenso el problema catalán.

La fórmula para la reconciliación fue precisada por Ian Gibson: "Se puede olvidar cuando se conoce la verdad" : lo cual requiere, no equidistancia, sino ponderación. La caracterización de genocidio marca eficazmente la separación entre el exterminio dictado y materializado contra la Antiespaña por Franco y la "guerra entre hermanos", en cuyo nombre el honor de los muertos republicanos constituye una exigencia imprescindible. Ello requiere también asumir que, no por la República, pero si en el bando republicano, fueron cometidos reiteradamente actos de barbarie y crímenes contra la humanidad. Paracuellos existió. Dejar todas las cosas claras es la única garantía del reencuentro."                  (Antonio Elorza, El País, 20/11/19)

15/10/19

Edurne Portela: «La reconciliación y el perdón no siempre son éticos para la víctima»

 "La escritora debuta en la novela con Mejor la ausencia (Galaxia Gutenberg), la crónica de una época y una reflexión sobre las consecuencias de la violencia cotidiana.

Hace unos meses Edurne Portela (Santurce, 1974) participó junto al también escritor José Ovejero en el rodaje de un documental titulado Vida y ficción que inquiría a varios escritores españoles por los motivos de su dedicación a la escritura. Cuestionada sobre esto, la autora se retrotrae a su época de docente en Estados Unidos para recordar que «para mí la escritura desde siempre ha sido una forma de conocimiento. Si tenía que interpretar cualquier tema tenía que hacerlo a través de la escritura, y al escribir descubría un montón de cosas a través de la reflexión«. 

Pero fue con su anterior obra, el ensayo El eco de los disparos cuando advirtió que «había otro tipo de escritura que también me ayudaba a entender, todo lo que en ese libro había también de memoria, los relatos autobiográficos que incluí, me abrían la puerta a seguir indagando, pero lejos de la rigidez del ensayo académico». 

Y desde ahí ha dado el salto a la novela con la publicación de Mejor la ausencia (Galaxia Gutenberg), la crónica de una época y una reflexión sobre las consecuencias de la violencia cotidiana narrada desde los ojos de Amaia, una niña que se convierte en mujer en un pueblo de la margen izquierda del Nervión durante los años 80 y 90, donde todo es heroína, paro, detritus medioambiental, pelotas de goma y consignas asesinas, y donde la violencia no es sólo un problema personal.

Pregunta.- ¿Por qué el salto del ensayo a la novela, que aporta frente al ensayo esa exploración humana a la hora de comprender?  
Respuesta.- A mí lo que me ha aportado es la entrada a todo un mundo intuido de afectos, de intento de comprensión del mundo, del dolor propio y ajeno; al que a través del ensayo es imposible acceder. La ficción te da una forma de elaboración imaginativa con claves sobre cuestiones íntimas del comportamiento humano que no da el ensayo. La novela te puede ayudar a entrar en sintonía con ese mundo que se intenta reflejar, conecta con zonas de la intimidad o con momentos clave del lector; pero a la vez también conecta con la parte intelectual porque despierta una avidez de conocimiento. Es muy completa en ese sentido.

P.- ¿Cuánto es realidad y ficción, cuánto hay de Edurne en Amaia y en la novela?  
R.- Es una novela muy dura, así que me alegro de decir que casi nada. Lo que son los hechos que se narran, el sustrato biográfico de los personajes es pura ficción. Yo no he tenido esta vida y menos mal. Pero sí es cierto que todos los escritores dejamos algo de nosotros mismos no solo en un personaje, sino en todos, porque son seres que nacen de tu imaginación y experiencia. Entonces algunas cosas sí, muchas situaciones, pero esta no es mi vida. Aunque toda la cuestión del contexto social, sí son cosas que he vivido.
P.- Amaia vive desde la infancia rodeada de violencia de diversos grados, ¿cómo le afecta eso, en qué es distinta?

 R.- Hay que tener en cuenta que la novela está construida desde la voz de Amaia, desde sus vivencias infantiles y adolescentes, y en su relato queda patente cómo puede afectar todo eso. De niña tiene mucha ternura y sensibilidad, es muy curiosa y lista, y según va creciendo vemos cómo esa violencia que sufre dentro y fuera de la familia la va endureciendo y la transforma en una persona que necesita desarrollar una serie de estrategias buenas, malas o tremendas, para asentarse y afirmarse como un ser que sobrevive a todas esas experiencias. Su evolución está muy marcada por su contexto, podría haber sido otra Amaia.

P.- Toca superficialmente, en el sentido de que es desde los ojos de una niña, temas como la droga o el terrorismo, que allí eran el pan de cada día.  
R.- Todo está visto desde los ojos de Amaia, y en esas edades asistimos a su perplejidad de no entender lo que está pasando pero intuir que en muchos casos son cosas terribles. En realidad la novela solamente da pinceladas de esos mundos porque es lo que ella es capaz de ver y de procesar, sea en pensamiento o en diálogo. Es una novela con muchos silencios, muchas elipsis, no quiere explicar nada, que en muchos casos se da por sobreentendido pero está ahí.

P.- La novela muestra también la imposibilidad de mantener una asepsia total frente a muchos de estos temas, ¿aunque sea levemente hay que ir posicionándose?  
R.- Todos los personajes de la novela se mueven frente a este plano inclinado de una violencia brutal, y cada uno elabora unas estrategias diferentes. Porque claro, hay una violencia de la que puedes mantenerte más o menos distante, la violencia de ETA y su entorno, pero hay otras de las que no se puede escapar, que de alguna manera hay que asumir, enfrentar o huir de ellas, como la que está dentro de la familia.

P.- Apunta el tema de la huida, que llevan a cabo varios personajes, ¿es finalmente la única salida?  
R.- En el caso de Amaia hay una ida y un regreso, pero hay otros que sí, que se van y no vuelven. Su huída está interpretada desde su punto de vista, no podemos olvidar que siempre es su visión, muy diferente de la de otros personajes. El lector se puede preguntar hasta qué punto su subjetividad es real o está afectada por lo que ha sufrido. El mundo que ella ve es tan asfixiante que hay un momento en su vida cuya única solución es escapar. Ha llegado a un punto de no retorno, a un límite que ya no puede afrontar. Pero es cierto que, en general, hay una fuerza centrípeta, y son personajes profundamente humanos e incapaces de afrontar muchas veces las responsabilidades y ese mundo tan hostil para ellos.

P.- ¿Qué opina del fenómeno Patria? ¿A raíz de ese libro ya está normalizado hablar de ciertos temas difíciles en el País Vasco?

R.- Yo diferenciaría entre normalizado y posible. Normalizado no está, porque todavía hay muchas heridas abiertas y mucho trabajo por hacer en términos de asunción de responsabilidades y de duelo colectivo. La normalización llegará cuando hayamos hecho un trabajo hacia la convivencia, que debe hacerse dentro y fuera de Euskadi, está toda la cuestión de los presos, un tema difícil pero que sigue ahí. Todavía hay que reconocer muchas cosas, por ejemplo si hablas del GAL o de la tortura ya te llaman proetarra, cuando esto ha sido una violación del Estado de Derecho. Y hay un montón de crímenes de ETA que no se han resuelto todavía y cuyas víctimas siguen pidiendo investigación. Todavía estamos en un berenjenal considerable y creo que individualmente y como sociedad necesitamos hacer mucha autocrítica.

Por otro lado está la cuestión de qué se puede hacer ahora. Claro que se puede hacer mucho más que hace unos años, porque ya no hay una amenaza directa, no hay guardaespaldas. Ahora es mucho más fácil hablar de ello y además creo que tenemos otra conciencia que nos impulsa a mirar hacia dentro y hacia el pasado y asumir que es necesario afrontarlo. Patria se va a quedar ahí como un hito insuperable, pero creo que su éxito radica en que hay una necesidad de hablar de estos temas por parte de mucha gente que hemos alcanzado una madurez intelectual o creativa. Diferentes generaciones con una visión distinta. Bienvenidas todas.

P.- Sin embargo a la vez defiende que la literatura no debería ser un mecanismo de lucha contra el terrorismo, ¿por qué?  
R.- No, porque no concibo la literatura así. En El eco de los disparos ya defiendo que la literatura puede contribuir a crear un poso de empatía, de reconocimiento, puede crear una sociedad mucho más autocrítica y responsable de su participación en la historia. Aunque creo que estoy siendo muy ingenua, pienso que la novela, el cine o el arte pueden contribuir a cambiar el imaginario colectivo, pero lo que no pueden es acabar con una banda terrorista.

P.- Dentro del contexto que comenta de otro clima social, ¿todavía existen tabúes en el País Vasco? ¿Cuándo dejará de haberlos?  
R.- Hay un hecho que a mí me pareció un paso importantísimo en esto de la convivencia que fue el reconocimiento público que hizo el alcalde de Rentería Julen Mendoza (del partido EH Bildu) sobre las víctimas de ETA, en el que les pidió perdón por si en algún momento él o el ayuntamiento no habían apoyado lo suficiente o habían ahondado en su dolor. Me pareció un acto muy importante, porque nadie se espera esto en un pueblo como Rentería, con una historia tan sangrienta. Si en todos los pueblos del País Vasco hiciéramos esto se adelantaría muchísimo y se derribarían este tipo de tabúes que en algunos casos sí perviven. Pero que yo sepa, en otros pueblos están haciendo homenajes a los etarras, y ahí está el problema.

 P.- En el caso de Euskadi se habla, en cierto sentido, de perdonar y olvidar para seguir hacia delante, pero vemos que Amaia, no es muy capaz de ninguna de las dos cosas, ¿ocurre así en la sociedad vasca?  
R.- La novela no solo habla del conflicto vasco claro, habla también de la violencia del padre en el seno de la familia. Hay reconciliaciones y perdones que no son deseables y hay otros que sí se dan en la novela. Algunas de las violencias que ha vivido Amaia no sé si se pueden perdonar. No siempre la reconciliación ni el perdón son éticos ni sanos para la víctima. Es cierto que hay que potenciar la reconciliación, pero antes hay que cumplir unos requisitos."                   

30/6/17

Adios a las armas, adios a la guerra, bienvenida la paz

"Sabemos que portamos una verdad, una bandera justa y legítima, y que nuestro cumplimiento nos llena de autoridad para exigir de la contraparte . Sentimos que Colombia nos acompañará.

Señor Presidente Juan Manuel Santos

Señoras y señores representantes de la Comunidad Internacional

Gobierno y pueblos del mundo

Colombianas y colombianos:

El dia de hoy, 27 de Junio, en esta Zona Veredal que los guerrilleros bautizaron Mariana Páez, en homenaje a la heroica camarada caída en combate en febrero de 2009, simbolo de la lucha de la mujer colombiana por un futuro mejor para su país, nos congregamos para realizar el acto solemne con el que culmina la Dejación de Armas  de las FARC-EP.

Este día no termina la existencia de las FARC.En realidad a lo que ponemos fin es a nuestro alzamiento armado de 53 años, pues seguiremo existiendo como un movimiento de carácter legal y demócratico, que desarrollara su accionar ideológico, político, organizativo y propagandistico por las vias exclusivamente legales sin armas y pacificamente.

El acto que nos congrega es producto de un acuerdo bilateral, en el que ambas partes, Estado y guerrilla, asumimos el compromiso de no utilizar nunca más las armas en la política, esta es la apertura de una nueva era hacia una democracia liberal en el que el Estado se ha comprometido a no utilizar las armas para perseguir a opositores o al pensamiento crítico.

En lo que hace a nosotros, cumplimos la dejación de armas de conformidad con lo pactado. Quedan ellas en manos de las Nacione Unidas para la construcción de los monumentos previstos. Honramos así nuestra palabra y esperamos con todos ustedes que el Estado cumpla con la suya. Apartir de hoy debe cesar toda persecusión política en Colombia.

Aspiramos a que la Reforma Rural Integral, pactada en el primer punto del Acuerdo Final, sea implementada con celeridad, pues entendemos la necesidad estratégica del desarrollo del campo colombiano. Sin perder nunca de vista que el conflicto armado en gran medida obedeció al despojo y a la violencia sufrida por nuestros campesinos, historia que debe llegar a su fin.

En la Mesa de Conversaciones de La Habana quedó definido que la inmensa deuda económica, social, política y cultural que el Estado tiene con ellos será saldada  de manera completa. No nos opusimos por principio a que los grandes empresarios del agro puedan adelantar sus proyectos, solo exigimos que el desarrollo de estos no arrolle ni impida el auge de la economía campesina.

Así tambien esperamos que la democracia colombiana abra generosa sus brazos atodas las fuerzas, organizaciones y movimientos excluidos centenariamente de las garantías políticas. De eso se ocupó con rigurosidad el segundo punto del Acuerdo Final. Las Circunscripciones Especiales pactadas para las zonas de conflicto no pueden por ello ser objeto de la menor objecion.

Como no pueden serlo los derechos y garantias asegurados en el mismo punto para las organizaciones políticas y sociales, incluido el partido o movimiento político nacido de la transformacion de nuestra insurgencia en fuerza política legal. La guerra interna nació del cierre de las vías legales, la paz significa que la participación política estará abierta a todos.

Del mismo modo, el Acuerdo Final se ocupó del problema de las drogas ilícitas, sobre la base de Un Programa Nacional de Sustitucion de Cultivos de Uso Ilícito, Planes integrales de sustitución y desarrollo alternativo, de atención inmediata y desarrollo de proyectos productivos, una estrategia de política criminal contra los carteles del narcotráfico, redes de apoyo y lavado de activos.

Si a ello añadimos la estrategia integral de lucha contra la corrupción el control sobre la producción, importacion y comercialización de insumos, entre otras importantes medidas, todo ello viene a significar el relevo definitivo de la vieja política de guerra contra los campesinos productores, de erradicaciones forzadas y de tratamiento militar al problema.

Está firmado igualmente un Acuerdo de Víctimas, que se resume en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición: Comision para el Esclarecimiento de la verdad, la Unidad Especial para la búsqueda de personas desaparecidas en el contexto del conflicto, la Jurisdicción Especial para La Paz, las Garantias de No Repetición y las Medidas de Reparación Integral.

Las FARC, con la seriedad que nos caracteriza, seguimos adelante en el cumplimiento del tercer punto del Acuerdo Final, el del Fin del Conflicto. Y lo hacemos con la mayor buena fe. Como pueden comprobarlo todos. El Mecanismo de Monitoreo y Verificación del Cese al Fuego y de Hostilidades acredita que no le faltamos a Colombia. Hoy dejamos las armas.

El Estado nos ofrece a cambio, la construcción de un Pacto Político Nacional, la comisión nacional de Garantias de Seguridad, la Unidad Especial de Investigación para el desmantelamiento de organizciones criminales y sucesoras del paramilitarismo, el Sistema Integral de Seguridad para el ejercicio de la política, medidas de prevención y lucha contra la corrupción.

A lo que hay que agregar las garantias de seguridad para líderes y lideresas de organizaciones y movimientos sociales y defensores y defensoras de derechos humanos. Sea este el momento para expresar nuestra preocupación por la negligencia estatal en la honra de su palabra. Los asesinatos de dirigentes populares no se detienen, mientras crece la amenaza paramilitar en todo el país. 

La muerte aleve alcanza ya a guerrilleros y milicianos indultados o amnistiados y son ya varios los casos en que familiares de estos han sido asesinados. Aún no arrancan los mecanismos previstos en los Acuerdos en este campo, trabas de orden burocrático, administrativo, judicial y hasta político lo impiden. La actuacion estatal debe ser inmediata, nada justifica su demora.

Resulta lamentable que buena parte de los guerrilleros, milicianos, simpatizantes o acusados de pertenecer a nuestras filas, permanezcan en prision a seis meses de expedida una ley de amnistía e indulto que les garantizaab su libertad en diez días. Ellos y sus familiares adelantan o preparan acciones de protesta ante el incumplimiento. Nada de eso debia ser necesario.

Hay importantes retrasos en materia de reformas constitucionales y legales que desarrollan distintos puntos de los Acuerdos, con los riesgos originados en campañas electorales próximas. El proceso de creacion de la JEP se relentiza de modo inquietante, sometido a ataques despediados de enemigos de la paz que buscan enturbierlo, viciarlo, impedirlo o parcializrlo.

No se ven los mecanismos de investigación y combate a las bandas criminales y paramilitares. Una amplia y eficiente misión de la ONU se encargó de verificar el cumplimiento nuestro del Cese el Fuego y de la Dejación de Armas, pero cuando se tramita una segunda misión para verificar el cumplimiento estatal de los Acuerdos el clima oficial se enrarece de modo suspicaz.

El estado de la infraestructura de esta Zona Veredal es el mejor testimonio del ritmo con que se desarrolla el cumplimiento por el gobierno nacional de lo acordado conjuntamente. La reincorporación económica, social  y familiar de los guerrilleros farianos requiere medidas urgentes quemarchan muy lentamente frente a realidades inminentes. Muchas cosas deben hacerse ya.

Los acuerdos son sagrados, se firman para cumplirlos. Hoy damos constancia expresa de cómo las FARC satisfacemos nuestras obligaciones. Lo hemos dicho muchas veces, los acuerdos de paz no son para las FARC, son para todo el pueblo colombiano. Compete a este, con el respaldo de la comunidad internacional que tanto se esmeró por su firma, velar por su estricto cumplimiento.

En adelante nuestra lucha se encaminará a exigir la implementación práctica de todo lo acordado. Lo haremos de modo pacífico y civilizado, pero sin cejar un solo instante en nuestro empeño. Sabemos que portamos una verdad, una bandera justa y legítima, y que nuestro cumplimiento nos llena de autoridad para exigir de la contraparte . Sentimos que Colombia nos acompañará.

Y que contaremos con la legitimidad suficiente para solicitar la solidaridad Internacional. Contraraiamente a quienes no esperan de estos acuerdos sino el cese del fuego guerrillero, nosotros, al lado de la gente honesta de nuestra patria y el planeta, sabemos que ellos irán mucho más alla, serñan la llave para un país distinto, decente, democrático, en progreso y justo.

Caminaremos por calles y plazas de Colombia llevando nuestro mensaje de concordia y reconciliación. Las trágicas experiencias del pasadono podrán repetirse, porque nuestra patria ha aprendido se su dolor, porque los colombianos y colombianas no permitiran que se los estafe de nuevo.

Adios a las armas, adios a la guerra, bienvenida la paz."         

30/4/14

Desde que tenía 4 años, en el colegio, nos enseñaban a odiar a los tutsis. Nos decían que no nos querían, que eran nuestros enemigos

"Era un día normal de mayo de 1994 en Kigali. Los cadáveres se amontonaban con una terrorífica naturalidad, y la muerte se había normalizado de tal manera que formaba ya parte del paisaje cotidiano en la capital de Ruanda. 

Valerie Bemeriki, una de las presentadoras estrella de la Radio Television Libre Des Mille Collines, tenía por aquel entonces 38 años, y fue personalmente a felicitar a un grupo de jóvenes que habían masacrado a toda una familia tutsi. "Vuestro trabajo es un ejemplo para la juventud", les dijo. 

"Era necesario matar a esta gente y lo hicisteis". Solamente tenía una queja. El padre de la familia había sido asesinado de un tiro en la cabeza. "Deberíais haberle cortado en pedazos".

Hoy, 20 años después, una señora bajita de mal aspecto camina con dificultad por el patio de la prisión central de Kigali, apoyada en un bastón. Calza unas zapatillas deportivas y viste un uniforme naranja, el mismo color que llevará todos los días de su vida hasta que la muerte le libere de la cadena perpetua.

 Valerie Bemeriki pasa las horas encerrada en este lugar desde 1999, año en que fue detenida en el sur de Kivu, en la República Democrática del Congo, y trasladada a Ruanda bajo acusaciones de planificación de genocidio, incitación a la violencia y complicidad en varios asesinatos.

 Bemeriki se escondía en el país vecino desde julio de 1994, cuando se vio obligada a huir de Ruanda después de que Paul Kagame y las tropas del Frente Patriótico Ruandés ocuparan el país y pusieran fin al genocidio. Hasta el momento de su detención, Bemeriki estaba incluida en la lista 100 personas más buscadas que el Gobierno elaboró tras el genocidio ruandés.

A pesar de su gesto agrio y de una infección labial que le dibuja si cabe un aspecto más desagradable, es complicado imaginársela alentando a sus oyentes a coger los machetes. No queda rastro de esa líder mediática que interrumpía los espacios radiofónicos de música moderna de la emisora RTLM para animar a los radioyentes a salir a matar a sus vecinos. 

No hay señal de esa presentadora que leía en antena listados con nombres y apellidos de 'inyenzi' –'cucarachas', en ruandés– para condenar a cientos de seres humanos a una muerte segura. Que desvelaba direcciones de las víctimas y los lugares donde se escondían.

"¿Realmente estabas de acuerdo con los mensajes que dabas a tu audiencia?", preguntamos. Valerie Bemeriki responde rápido, como si fuera una respuesta aprendida que ha tenido que responder en mil ocasiones. "Desde que tenía 4 años, en el colegio, nos enseñaban a odiar a los tutsis. Nos decían que no nos querían, que eran nuestros enemigos y que cuando recuperaran el control del país nos exterminarían", recuerda. 

"Años después, como presentadora de radio, creía firmemente que estaba haciendo mi trabajo, que tenía que defenderme a mí misma, a mis familiares, a todos los hutus y a mi país".

 Insistimos en su responsabilidad, en si la educación y el entorno de aquella época justifican actos criminales tan bárbaros. "Se planteaba como una cuestión de asesinar o ser asesinado", dice. "Instalar el odio en nosotros llevó muchísimos años a través de las instituciones, la escuela, las canciones. Cuando naces y creces en ese entorno, es difícil distinguir entre el bien y el mal". (...)

Con el nacimiento en 1993 de la RTLM, una emisora financiada por familiares del presidente Juvénal Habyarimana y controlada por la facción hutu más extremista del partido en el poder, se inauguró la más eficaz de las armas de propaganda del régimen en su propósito de inyectar el odio étnico en la población.

 Por aquel entonces existían ya varios medios impresos como Kangura que incitaban al odio hacia los tutsis, pero el alto grado de analfabetismo y la facilidad de acceso a los transistores colocó a la RTLM como referencia mediática y fuente de inspiración violenta para la población.

"La radio fue creada con el objetivo de implementar la idea del genocidio", comenta Bemeriki. "Todas nuestras intervenciones en antena eran discursos de odio en los que decíamos que los tutsis no era ruandeses, que eran nuestros enemigos y que no deberíamos vivir junto a ellos".

A principios de los 90, uno de cada trece ruandeses tenía un receptor de radio. La Radio Television Libre Des Mille Collines ofrecía un modelo radiofónico occidental, música actual y diálogos informales. Su estilo pronto enganchó a los jóvenes que posteriormente formarían las 'interahamwe' -'aquellos que luchan juntos'-, milicias radicales hutus que protagonizaron algunos de los capítulos más sangrientos del genocidio.
 
"Su aspecto es horrible con ese pelo espeso y barbas llenas de pulgas. Se parecen a los animales. En realidad, son animales. Las cucarachas tutsis son asesinos sedientos de sangre. Diseccionan a sus víctimas, extrayendo sus órganos vitales. Son bestias feroces. Pido que os levantéis y que luchéis usando todo lo que encontréis. Coged palos, garrotes y machetes, y evitad la destrucción de nuestro país".

Con afirmaciones como éstas, la semilla del odio se había mutado para el 6 de abril de 1994 en una peligrosa bacteria inoculada en la mayoría de la población, de mayoría hutu. Esa noche, Valerie Bemeriki hacía guardia en la emisora. El país vivía una tensa calma, pero nada hacía presagiar la magnitud de la que se avecinaba. 

A las 8.20 de la noche, cuando el presidente hutu Juvénal Habyarimana volvía junto con el presidente de Burundi, Cyprien Ntaryamira, de firmar los acuerdos de paz de Arusha, el avión presidencial fue derribado por dos misiles en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de Kigali.

 "Cuando me llegó aquella noche la información de lo que había pasado, pensé que nosotros [el resto de los hutus] seríamos los siguientes en morir y que teníamos que defendernos del enemigo que había matado a nuestro presidente".

La maquinaria mediática ya había hecho un buen trabajo previo meses atrás. Ahora sólo quedaba pasar a la acción y guiar toda la furia asesina. "Utilizábamos nuestra influencia y la capacidad de llegar a la audiencia para orientar a las masas hacia los lugares donde se escondían los tutsis", reconoce la ex presentadora. "Hacíamos llamamientos continuos a las milicias callejeras y a los soldaros del Gobierno para que mataran a todos los tutsis".

A pesar de diversas investigaciones, todavía hoy no se sabe si fueron hutus radicales o rebeldes tutsis los responsables de aquello, pero fue la señal para llevar a cabo la mayor atrocidad de la historia reciente: el exterminio de alrededor de un millón de personas a machetazos y en tan solo 100 días.  

20 años después de que el país quedase totalmente destrozado, Ruanda es un espejismo para el visitante, un ejemplo de reconstrucción en tiempo récord y un caso sin precedentes en el continente negro. Los coches respetan las normas de circulación, los autobuses salen puntuales, las carreteras se conservan en buenas condiciones y miles de empleados se afanan por mantener limpias todas las calles. 

Los parques de la capital, Kigali, no tienen nada que envidiar a los parques de cualquier capital europea, la población es respetuosa y apenas hay robos o crímenes. Todo ello, junto con el espectacular desarrollo económico del país, hace que Ruanda sea según el informe 'Doing Business 2014' el segundo mejor país para hacer negocios en África y esté incluso por encima de España. (...)

Existen leyes que prohiben hablar de las masacres que se cometieron hacia los hutus tras el genocidio, y cualquiera que contradiga al presidente corre el riesgo de ser asesinado, como le pasó al ex jefe de inteligencia exterior, Patrick Karegeya, cuyo cadáver apareció a principios de año estrangulado en Sudáfrica, donde vivía exiliado. Gran parte de la oposición política está refugiada en Bélgica, Finlandia o Sudáfrica, y la minoría tutsi controla los puestos de mayor responsabilidad en el Gobierno, el Ejército y la empresa privada.

El miedo a la dictadura de Kagame mantiene una falsa apariencia de reconciliación, y mensajes oficiales del Gobierno como 'no somos tutsis y hutus, somos sólo ruandeses", "perdonamos y creemos en la reconciliación" o "gracias al liderazgo de nuestro presidente hemos llegado hasta aquí" son repetidos hasta la saciedad delante de un micrófono por supervivientes, asesinos, miembros de organizaciones civiles y políticos.

En este punto, Valerie Bemeriki no es una excepción. Cuando la detuvieron, se consideró a sí misma una prisionera de guerra y seguía manteniendo sus ideas de odio étnico. "Pensé que me iban a torturar hasta morir, que me iban a cortar los dedos, las orejas y que me arrancarían los ojos", dice.

 Tiempo después, fue juzgada, pidió perdón por sus actos y se libró de la pena de muerte a cambio de la cadena perpetua. "Acepté mi responsabilidad, tomé la decisión de cambiar, y ahora considero a los tutsis como a mis hermanos. Tenemos que luchar por la unidad y la reconciliación, y construir nuestro país sólo como ruandeses".            (Jon Cuesta  ,El diario.es, en Rebelión, 29/04/2014)

4/11/13

Por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió diez mil. La Iglesia fue parte esencial de ese régimen, y cómplice de ese horror

"(...) Por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió diez mil. Como resultado de una represión sistemática del Estado fascista, miles y miles de españoles republicanos, defensores de un gobierno democráticamente elegido, fueron asesinados, torturados y/o exiliados, con muchos de los muertos republicanos (114.000), todavía en paradero desconocido.

Se tiene que asumir que el Papa Francisco sabe que una asociación que apoyó aquel golpe militar y la dictadura que le siguió fue precisamente la Iglesia católica. La evidencia de que ello fue así es enorme.

 Las declaraciones de las máximas autoridades eclesiásticas pidiendo la rebelión del Ejército y de los creyentes frente a un gobierno democráticamente elegido y su apoyo a la represión (que llegó a llamar Cruzada) son por todos conocidas. En realidad, la Iglesia fue más allá de colaborar con aquel régimen. La Iglesia no fue colaboradora, sino parte esencial del régimen. 

Era parte del Estado dictatorial. Y se benefició enormemente (en sus intereses terrenales y empresariales), resultado de esta identificación con el Estado dictatorial. La evidencia conocida muestra también que, como parte de aquel Estado, la Iglesia intervino directamente en la represión de los perdedores de aquel conflicto, formando parte de los tribunales que daban órdenes de fusilamiento y encarcelamiento. 

Es más, hay también evidencia de que entre los supuestos mártires homenajeados en Tarragona, había gran número de individuos que dirigieron directamente tal represión (ver el artículo “Beatos y Cínicos”, de José Mª García Márquez, en Público, 14.10.13) (...)

Estos hechos están ahí para que lo puedan ver todos los que quieran verlo. Pero la Iglesia Católica y el Vaticano, dirigidos ahora por el Papa Francisco, no quieren verlo y/o están mintiendo deliberadamente. 

Y no hago esta acusación sin conocimiento de causa. El Cardenal Amato, representante del Papa Francisco en el evento, mintió en varias ocasiones en su discurso, utilizando un lenguaje de Cruzado, idéntico al existente, todavía hoy, en la cúpula de la Iglesia Católica, y que es idéntico al que utilizaron los golpistas para justificar su acción militar frente a un gobierno democráticamente elegido.

 Es sorprendente que este discurso (de que aquel conflicto era un conflicto entre Jesús y su Iglesia por un lado, y una “ideología diabólica anticristo”, por otro) se esté todavía pronunciando, y lo que es todavía más vergonzoso es que dicho discurso se presente como una “llamada a la reconciliación”.

¿Reconciliación con quién? ¿Con los familiares de los asesinados republicanos que todavía no saben dónde están sus muertos, asesinatos en los que colaboró y/o participó la Iglesia y que ahora, en el periodo post-dictatorial, esta institución se ha opuesto a la Ley de la Memoria Histórica, dificultando tanto el hallazgo como el reconocimiento y homenaje a esos “mártires” de la democracia? 

La incoherencia y/o hipocresía que la Iglesia puede llegar a alcanzar es extraordinaria. Y lo que es igualmente vergonzoso es que también hablaron de reconciliación los ministros del gobierno del PP, que han vaciado la Ley de Memoria Histórica y han hecho todo lo posible para que no se pueda encontrar a los desaparecidos. 

 En realidad, es imposible que el Papa no conozca tales hechos. De ahí que las mentiras de sus representantes y su silencio sean una enorme ofensa e indignidad a toda persona con sensibilidad democrática. La verdad existe y es fácil de comprobar.

 La Iglesia, en defensa de sus intereses materiales, y como empresa humana, defendió sus intereses y privilegios (la Iglesia era una de las mayores propietarias de la tierra en España, oponiéndose a muerte a la reforma agraria que afectó su propiedad) y se opuso al gobierno republicano porque estaban perdiendo privilegios empresariales. 

Es ahí donde radica su oposición a la República. La represión republicana poco tuvo que ver con las creencias religiosas (pues otras religiones pudieron ejercer su culto sin ningún obstáculo), sino que se debió al comportamiento de tal empresa –la Iglesia- en oposición y en defensa de sus beneficios materiales.

El representante del Papa Francisco estaba mintiendo cuando alababa la Cruzada, presentando sus mártires como inocentes, pues es imposible que no conociera la verdad. Decir que la Iglesia no intervino en el golpe militar y que no fue un eje fundamental de la dictadura, es una falsedad y una mentira, y la Iglesia lo sabe. 

De ahí que es imperdonable que, una vez más, el Papa Francisco mantuviera su silencio, un silencio doblemente culpable, pues es un silencio, no solo frente a un régimen de enorme brutalidad, sino frente a un régimen apoyado inmensamente por la Iglesia. Mantener un silencio ante esta situación es ser cómplice de aquellos horrores.
 
Pero además de cómplice, el Papa expresa una enorme incoherencia que, por desgracia, resta credibilidad a su postura en defensa de los pobres. La brutal represión en España fue precisamente frente a un gobierno, el gobierno del Frente Popular (que tuvo católicos entre sus miembros), que se caracterizó por su lucha en contra de la pobreza, lucha que le tuvo que enfrentar a los intereses materiales de la Iglesia. De nuevo la evidencia de ello es abrumadora.

Una última observación. Es de un enorme cinismo que las autoridades del Estado español y de la Generalitat, hoy gobernados por las derechas (que han diluido el compromiso que el Estado había adquirido en encontrar a los desparecidos republicanos), presenten también el acto de beatificación como un acto de reconciliación."  

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 17 de octubre de 2013, y en catalán en el diario digital EL TRIANGLE, 28 de octubre de 2013, en vnavarro.org, 17/10/2013)

3/10/13

“Encontré a los hombres que mataron a mi hijo y me dijeron que ni siquiera sabían a quién estaban matando”

"Encontré a los hombres que mataron a mi hijo y me dijeron que ni siquiera sabían a quién estaban matando”. El jeque Ahmad Badreddin Hassoun, el Gran Muftí de Siria, está sentado en una silla de respaldo recto, con un inmaculado turbante blanco sobre una cara angosta, inteligente y muy atormentada.

 Su hijo Sania era un estudiante de segundo año de la Universidad de Alepo a quien mataron a tiros cuando subía a su coche. “Fui a ver a los dos hombres en el tribunal y dijeron que solo les habían dado el número de la patente del coche, que no sabían a quién habían matado hasta que volvieron a su casa y vieron las noticias en la televisión”. 

Le pregunté por su reacción ante la confesión de los hombres y el Gran Muftí se cubrió los ojos con las manos y lloró. “Tenía solo 21 años, mi hijo más joven. Era el 10 de octubre del año pasado. Trato de olvidar que está muerto. De hecho siento como si Sania siguiera vivo. 

Ese día debía comprometerse con su futura esposa. Ella estudiaba medicina y él estaba en el departamento de política y economía. ‘Sania’ en árabe significa ‘la cumbre’. Los dos hombres dijeron que en total participaron 15 en la planificación de la muerte de mi hijo. 

Dijeron que les habían dicho que era un hombre muy importante. Les dije: ‘os perdono’ y pedí al juez que los perdonara. Pero dijo que eran culpables de otros 10 crímenes y que debían ser juzgados”. 

El jeque Hassoun alza un dedo. “Ese mismo día recibí un mensaje por SMS. Decía: ‘No necesitamos su perdón’. Entonces oí en uno de los canales de noticias que el líder de la banda había dicho que ‘primero habrá que juzgar al Muftí. 

Entonces que nos perdone’. De modo que le envié un mensaje: ‘Nunca he matado a nadie y no tengo la intención de matar pero me considero un puente de reconciliación. Un Muftí debe ser un padre para todos. ¿Por qué entonces queréis matarme?’ 

“Todos los hombres involucrados eran sirios, del campo de Alepo. Dijeron que habían recibido la orden desde Turquía y Arabia Saudí, que a cada uno le pagaron 50.000 libras sirias. Eso demuestra que el asesinato de mi hijo no tuvo fue por doctrinas o creencias. Los dos hombres tenían solo 18 o 19 años”. 

De modo que a cada uno le pagaron el equivalente a 350 libras esterlinas; la vida de Sania tenía un valor total de 700 libras esterlinas. “Tenía cinco hijos”, dijo el Muftí. “Ahora tengo cuatro”. 

El jeque Hassoun está, se podría decir, aprobado por el gobierno –oró junto a Bacher el-Asad en una mezquita en Damasco después de un aviso de bomba– y su familia, por no hablar de él mismo, era un objetivo obvio de los rebeldes sirios. 

Pero su valor y su mensaje de reconciliación no pueden tener la culpa. En cualquier nueva Siria que se alce de los escombros el jeque Hussein debe estar presente, incluso si su presidente se ha ido.  (...)

Y es verdad que el Muftí es un hombre secular, incluso fue parlamentario en la Asamblea por Alepo. “Estoy dispuesto a ir a cualquier parte del mundo a decir que la guerra no es un hecho sagrado”, dice. “Y los que combaten en nombre de Jesús, Muhammad o Moisés mienten. Los profetas vienen para dar vida, no muerte.” 

“Hay una historia de construcción de iglesias y mezquitas, pero construyamos seres humanos. Terminemos con el lenguaje de la matanza. Si hubiéramos gastado todos los fondos de la guerra para hacer la paz, ahora existiría un paraíso. Es mi mensaje para mi Siria”. 

No cabe duda de que es un hombre peligroso."                (Robert Fisk, Znet/The Independent, Rebelión, 26/09/2013)

27/4/11

"Hay una parte del pueblo que sufrió más, y sobre todo están sus familiares, que no encuentran consuelo con algunas cosas que pasaron en Uruguay"

"El Senado, gracias al voto de su grupo, el Frente Amplio, va a dejar sin efecto la Ley de Caducidad, vigente desde 1986, que ha permitido hasta el momento no juzgar a los militares acusados de cometer atroces delitos durante la dictadura de 1973 a 1985.

Es conocido que Mujica, ex dirigente tupamaro, que fue brutalmente torturado y que pasó casi 15 años preso, no ha querido impulsar personalmente esa iniciativa y que intenta mantener su presidencia al margen de la polémica.

No es el único exguerrillero que no quería que se derogara la ley de amnistía. (...)

Pregunta. Uruguay ha venido soslayando el problema de si juzgar o no a los militares, al contrario de lo que decidió Argentina.

Respuesta. No creo que sea así. En Uruguay hubo dos plebiscitos sobre el tema. De hecho, no creo que ningún otro país se haya tomado tanto trabajo para resolver esa cuestión. Lo que sucede es que, en los dos plebiscitos, el voto fue contrario a la derogación de la Ley de Caducidad. Lo cual no es equivalente a que la gente haya avalado lo que ocurrió en la dictadura. (...)

Insisto en que eso no quiere decir que se avalaran las decisiones de la dictadura ni nada por el estilo. Eso sería injusto con la sensibilidad de mi pueblo. Pero creo que una parte de la ciudadanía estaba harta de la discusión.

P. ¿Qué ha pasado ahora para que su partido vote en contra de lo decidido en los dos referendos?

R. Hay una parte del pueblo que sufrió más, y sobre todo están sus familiares, que no encuentran consuelo con algunas cosas que pasaron en Uruguay y que no se han ventilado desde el punto de vista jurídico.

Uruguay no se diferencia en eso de cualquier otro país. Me he enterado de que en España andan removiendo cementerios. Hay heridas viejas que desgraciadamente permanecen en alguna gente que integra nuestras sociedades. No les pasa a todos, pero hay gente que tiene ese reclamo.

P. Existe además una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que falló en febrero que el Estado uruguayo debía modificar esa ley, en una demanda relacionada con el caso Gelman, la nieta del poeta, desaparecida en 1976 y recuperada en 2000.

R. En efecto, estamos condenados desde el punto de vista internacional por mantener esa ley. No es un problema sencillo. Hay caras valiosas desde los dos puntos de vista. Es un dilema entre las decisiones que tomó nuestro pueblo y la decisión del Parlamento, que aparece como enmendando el resultado de los plebiscitos.

¿Por qué lo hace? A una parte del Parlamento le parece que lo tiene que hacer.

P. Parece que usted, como presidente, quiere mantenerse al margen de este tema.

R. El Ejecutivo rehuyó meterse en esta discusión, porque somos presidentes de la nación. De los que nos votaron y de los que no nos votaron. Dijimos desde el primer momento que queríamos construir, en todo lo que se pudiera, unidad nacional. (...)

P. Ha habido mucho nerviosismo entre los militares retirados que afirman que mantuvieron conversaciones con usted en los años noventa para dejar solucionado este asunto.

R. A lo largo de estos años hemos conversado muchas veces con los militares y tendremos que seguir conversando otras tantas. Yo le doy mucha importancia al factor militar. No son el motor de la historia, pero suelen ser la puerta que se abre y que se cierra. Una democracia republicana debe cultivar la fidelidad de sus fuerzas armadas.

Nunca se va a tener la fidelidad de aquellos a los que uno desprecia. Esta es la paradoja. Esta herida que traemos del pasado hace que, subjetivamente, mucha gente de este país esté inculpando a los militares de hoy por los que lo eran ayer. Y esto es un error que cometemos para con el futuro.

P. Si todo hubiera dependido de una decisión estrictamente suya, ¿qué habría pasado?

R. Como persona, no soy adicto a vivir mirando para atrás, porque la vida siempre es porvenir y todos los días amanece. Pero esa es mi manera de ser. No se la puedo imponer a mis conciudadanos." (El País, Domingo, 17/04/2011, p. 8/9)

25/2/11

"La esencia del gran misterio de África: la extraordinaria capacidad de bondad que existe al lado de toda esa miseria y esa violencia"

"Mi amigo Fernando Moleres, un fotógrafo español, le conoció en la principal cárcel de Freetown, la capital de Sierra Leona, en febrero de este año. Un tribunal había condenado a Steven a tres años por robar dos ovejas.

Tenía 17 años y llevaba 18 meses en la cárcel de adultos. Había varios adolescentes más presos, todos ellos los últimos monos a la hora de recibir agua y jabón -artículos de lujo para todos los reclusos y una ración de arroz. La tarea que consumió a Steven al final de su vida era rascarse las heridas de la sarna.

Prácticamente todos en la prisión tienen sarna, una enfermedad de la piel contagiosa que florece en las celdas abarrotadas de hombres que yacen, de noche, como merluzas en un pesquero.

Pero nadie estaba peor que Steven, una enciclopedia de infecciones y enfermedades ante las que su cuerpo, privado de vitaminas, ofrecía escasa resistencia.(...)

El que llamó la atención en esta segunda visita a Fernando fue Abdul Sesay: la misma mirada enferma y vacía; la sarna extendida por todo el cuerpo. Dijo que tenía 16 años, pero parecía que tenía 12.

Él también procedía del campo, y sus padres también habían muerto, su padre en la guerra y su madre de enfermedad. Había vivido solo en las calles de Freetown, la capital, desde los 9 años. (...)

Sacó un tubo de crema y los presos se colocaron para que les pusiera un poco en sus manos. En cuanto la tenían, se bajaban el pantalón corto y se apresuraban a aplicársela en la entrepierna, para calmar el picor. A algunos les dio también una pequeña píldora roja, un antídoto contra la sarna. La escena se repitió en todos los rincones de la cárcel a los que fuimos. "¡Fernando! ¡Fernando!", y él se disponía a hacer de Florence Nightingale.

Estábamos entre los miserables de los miserables de la tierra, algunos de ellos criminales peligrosos, en un país que durante los años noventa había sido testigo de los actos más brutales de crueldad humana, sin parangón en ningún otro país excepto Ruanda.

Sin embargo, en vez de sentir que estaba bajo peligro, lo que percibí en todo momento fue curiosidad y buena voluntad. Los presos venían, uno tras otro, a darme la mano, presentarse y preguntarme mi nombre. Nuestro guardia, que iba sin armas, parecía completamente relajado. (...)

"Podríamos aprender mucho de ellos. De su bondad". El oficial formó parte de una gran fuerza que Tony Blair envió a Sierra Leona para poner fin a la guerra civil. Uno de los pocos casos de "política exterior ética" en la historia, y salió bien.

El comentario del oficial, que deja patente su desesperación por la pobreza, el caos y la corrupción omnipresentes, pone de relieve la esencia del gran misterio de África: la extraordinaria capacidad de bondad que existe al lado de toda esa miseria y esa violencia. Y esa bondad se expresa, sobre todo, en la capacidad de perdón que tiene la gente.

El salvajismo también es una constante en el resto de la especie, por ejemplo en Europa durante el siglo XX. Pero los africanos son los únicos que parecen capaces de superar rencores, perdonar y olvidar.

Mientras en los Balcanes, donde todavía recuerdan con amargura batallas libradas en el siglo XIV, o en el País Vasco, o en Irlanda del Norte el revanchismo pugna sin cesar con la necesidad de reconciliación, en África están los ejemplos de Ruanda, donde hutus y tutsis viven en paz tras un genocidio en el que murieron casi un millón de personas, y Sudáfrica, donde la población negra perdonó a los blancos después de haber sufrido siglos de indignidades racistas que rozaban la esclavitud.

Una de las explicaciones es que la pobreza obliga a los africanos a ser prácticos. Si lo que está en juego es la supervivencia, uno no puede permitirse el lujo de recrearse en los viejos agravios.

Pero otra razón, más profunda, y en cierto modo relacionada con la primera, me la dio un preso insólito en Pademba Road. (...)

Él confirmó que la sensación de seguridad que me había dado la prisión no estaba equivocada. "Nueve guardias sin armas, 1.300 presos y prácticamente ningún problema, prácticamente ningún peligro. ¡África es asombrosa!".

Sobre todo porque, como dijo, hay muchos motivos para el resentimiento. Muchos de los presos, me contó, estaban en la cárcel por razones injustas, bien por delitos que no habían cometido, bien porque les habían otorgado condenas desmesuradas, bien porque pasaban mucho tiempo tras las rejas en espera de juicio.

"Lo que pasa", explicó Simon Hayman-Goldsmith, para darme su respuesta al enigma africano del perdón, "es que la gente, aquí, vive absolutamente en el presente. Olvidan el pasado, así que olvidan lo que sucedió. Y el futuro también tiene poco significado. Viven aquí y ahora, y nada más". (...)

La religión es un fenómeno que está desvaneciéndose, o volviéndose mecánico para algunos de los que todavía practican, en los países ricos europeos, pero posee un valor diferente para la gente que no tiene nada; en el caso de estos africanos, los alejaba de la implacable crudeza de su vida en la cárcel y les infundía, aunque fuera de forma provisional, un sentimiento de dignidad, triunfo y esperanza.

Algo muy parecido habría latido en los corazones de los fieles que adoraban a Alá en la minimezquita que hay dentro de Pademba Road. Y la misma tolerancia también. Cuando le pregunté a un guardia sobre las posibles tensiones entre presos musulmanes y cristianos, me respondió con una mirada francamente perpleja. (...)

"En Sierra Leona, si uno no tiene dinero, no puede obtener justicia", dijo. También destacó que si uno tiene dinero, puede conseguir que vaya a la cárcel una persona que piense que le ha hecho algo malo, aunque solo tenga una sospecha.

"A las personas vulnerables las atropellan", dijo. Y la corrupción está presente en todo el sistema. Afortunadamente, el Gobierno está alarmado por el problema y quiere crear, básicamente con dinero británico, un sistema creíble y eficaz de defensores de oficio.

El motivo de su alarma es que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, establecida tras la guerra con ayuda de la ONU, llegó a la conclusión de que la mejor manera de evitar que se repitiera la pesadilla que había sufrido el país cuando un ex cabo del ejército llamado Foday Sankoh se levantó en armas contra el Gobierno era combatir la idea generalizada de que en Sierra Leona no existe justicia para los pobres.

Sankoh, que dirigía un grupo rebelde lleno de niños soldados al que dio el grandilocuente nombre de Frente Unido Revolucionario, había pasado siete años en Pademba Road por su presunto papel en un motín del ejército mucho antes de convertirse, a finales de los noventa, en el criminal de guerra más famoso del mundo.

Según la abogada, la Comisión de la Verdad concluyó que el resentimiento que Sankoh sentía por la injusticia que consideraba que se había cometido con él y con otros líderes del FUR (con nombres como Rambo, Superman y Coronel Salvaje) había sido el motor que le había llevado a desencadenar aquel baño de sangre.

El hecho de que, en el caso de Sankoh, el grito exigiendo reformas hubiera dado paso enseguida a la codicia y la obsesión por adquirir diamantes (una situación dramatizada en el film de Leonardo DiCaprio Diamante de sangre, situado en Sierra Leona) no negaba la necesidad de acabar de raíz con la injusticia endémica.

"El Gobierno comprende", dijo la abogada, "que si no tenemos un sistema de justicia como es debido, tarde o temprano nos encontraremos con otra rebelión, otro Sankoh". (...)

"Fecha de llegada a la prisión de Pademba: 5 de febrero de 2010. Condena: tres años. Crimen cometido: rompí el cristal de un coche... Mi madre y mi padre están vivos, pero no vivo con ellos porque no tienen con qué mantenerme, así que eso me hizo salir a la calle con mis amigos. Dormíamos en el gueto y dormíamos en el suelo. Cuando me despierto por la mañana voy con mis amigos a empujar una carretilla.

A veces mis amigos no me dan dinero, solo me dan comida para que coma... Cuando llegué a Pademba Road me sentí mal. Somos siete en la celda. Cuando me despierto por la mañana tengo frío, dolor, dolores malariales. La comida no es buena. Cuando termino de comer no tengo agua para beber ni para bañarme.

Yo iba a la escuela. Dejé de ir porque mis padres no tienen dinero... Cuando salga de esta prisión me gustaría ir a la escuela. Cuando termine mi educación me gustaría ser mejor persona en el futuro... Si tengo el dinero, me gustaría casarme...

Y cuando esté libre de la prisión me gustaría volver con mis padres y les pediré que me vuelvan a llevar a la escuela. Si se lo ruego y me aceptan, no les dejaré solos. Lo juro por Dios". (John Carlin: El infierno en la tierra. El País Semanal, 09/01/2011, p. 34 ss.)

10/12/10

"Tarde o temprano encontraremos una solución"... a la guerra de Palestina

"Ella no come cerdo y él es capaz de explicar el origen de la palabra "hígado" según Ortega y Gasset. Son una pareja de viaje atípica: Suheir Allami, de 24 años, palestina de Hebrón, musulmana, y Aaron Barnea, de 69 años, israelí, judío, militante de izquierdas. Ambos son miembros del Círculo de Padres-Foro de Familias (CPFF), colectivo a favor de la paz en Oriente Próximo. (...)

Barnea perdió a su hijo menor Noam, soldado, en acto de servicio en Líbano, en 1999. Allami, a su abuela Naima cuando una bomba del Ejército israelí cayó sobre su casa. Seiscientas familias pertenecen al Círculo, demasiadas vidas rotas, que han decidido unir sus duelos y compartir su dolor para lograr lo que no han conseguido años de guerras y de negociaciones políticas.

"Afortunadamente, no cualquiera reúne las credenciales apropiadas para formar parte de nuestra organización", afirma irónicamente Aaron Barnea, encargado de las relaciones internacionales. Y es que el precio que hay que pagar para pertenecer al CPFF es demasiado alto: es necesario haber perdido a un miembro de su familia en el conflicto que mata a palestinos e israelíes desde hace más de medio siglo.

La joven lo apunta todo en un cuaderno infantil con un bolígrafo rosa: "Estoy aprendiendo español", dice con una amplia sonrisa. Cuenta que se dejó convencer por su padre para ingresar en el CPFF. "Creo que cometí un error, tenemos demasiado trabajo".

Renococe que no siempre resulta fácil que sus vecinos y amigos entiendan su labor, "aunque sí me respetan". Con sus compañeros de universidad (estudia Literatura Inglesa) el entendimiento es mejor.

Aaron Barnea se confiesa optimista: "Tarde o temprano encontraremos una solución". Habla con admiración de los palestinos miembros del CPFF. "Hay una gran diferencia entre los israelíes y los palestinos que integramos el Círculo. Los israelíes somos, mayoritariamente, padres que hemos perdido a nuestros hijos soldados. Somos casi todos militantes por la paz y estamos familiarizados con este tipo de organizaciones. Los palestinos, no.

Ellos, en la mayoría hermanos y hermanas de fallecidos, han tenido que dar un salto mortal para formar parte de la organización. Barnea se siente orgulloso de la labor del CPFF en las escuelas: "Tenemos que dar a los chicos la visión del otro lado, dar a conocer al otro, humanizarlo".

Y mientras la joven alaba la merluza, Aaron "bromea" con sus principios religiosos: "Pues con vino está mucho mejor, tú te lo pierdes. A propósito, ¿queda vino?", pregunta con una sonrisa traviesa.

Diálogo, reconciliación y paz se repiten con insistencia. "Esta organización busca la esperanza". Y justifica, desde su dolor, por qué defiende la reconciliación en lugar de la venganza. "El sufrimiento por la pérdida de los nuestros no es patrimonio de ninguna de las partes. Es totalmente necesario entender al otro", afirma Barnea. Suheir no puede evitar expresar su admiración: "Aaron, eres un hombre sabio". (A. BARNEA Y S. ALLAMI: "Tarde o temprano encontraremos una solución". El País, 04/12/2010, última)

19/11/10

El abandono de las armas

"Pero, ¿qué lleva a los etarras a renunciar a la militancia terrorista? ¿Cuáles son los motivos que les conducen al abandono de ETA? Un estudio empírico que he podido realizar, basado en entrevistas con más de 50 antiguos militantes que dejaron de serlo entre inicios de los setenta y finales de los noventa, permite discernir tres tipos.

En primer lugar, se encuentran aquellos cuya salida obedeció sobre todo a la percepción de cambios políticos y sociales.

En segundo lugar, quienes abandonaron a raíz de desacuerdos con el funcionamiento interno o con las prácticas operativas de la banda armada a la cual pertenecían.

En tercer y último lugar, entre cuantos fueron terroristas de pasamontañas y txapela hay individuos cuya renuncia se explica fundamentalmente como resultado de alteraciones sustanciales en sus respectivos órdenes personales de preferencias.

En general, el abandono basado en la percepción de transformaciones estructurales implica revertir el marco ideológico y las motivaciones de racionalidad instrumental presentes en la decisión de unirse a ETA.

La salida que deriva de un malestar con la organización terrorista supone una quiebra de, entre otros, los incentivos selectivos y las motivaciones identitarias que favorecieron en su día el reclutamiento.

Renunciar por razones personales presupone una disolución de las emociones y los estímulos afectivos que incidieron al ingreso o simplemente un momento diferente del ciclo vital.

Estos tres tipos de motivos para dejar atrás la militancia terrorista pueden combinarse de modo variable según individuos concretos, aun cuando en distintos periodos de tiempo predomine uno de ellos sobre los otros dos.

Así, hasta aproximadamente mediados los años ochenta del pasado siglo, la opción individual de abandonar la militancia en ETA estuvo sobre todo relacionada con la percepción de los procesos de democratización y descentralización territorial que culminaron con la aprobación del Estatuto de Autonomía para el País Vasco y las primeras elecciones al Parlamento de Vitoria, aunque también con sucesos como el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Entre quienes por entonces dejaron la organización terrorista, en su mayoría pero no exclusivamente integrantes de la facción denominada político militar, son recurrentes las alusiones a que "habían cambiado objetivamente las condiciones", a que "continuar con la lucha armada sería contraproducente" o a que se veía una "sociedad contraria".

Desde mediada la década de los ochenta, lo habitual entre quienes han puesto fin voluntariamente a su pertenencia a ETA es que, antes de tomar la decisión del abandono, estuviesen muy descontentos con la banda armada. Unas veces, debido al funcionamiento interno o al liderazgo.

En este sentido, los militantes que se han disociado a partir de esos años suelen referirse a "los derroteros que estaba cogiendo la organización", a que se preguntaban "¿a quién tenemos al mando?" e incluso a que empezaban a "tener miedo a la organización". Otras veces, el malestar con ETA obedecía a un desacuerdo con sus pautas de victimación. No son pocos, por ejemplo, los antiguos pistoleros que se cuestionaron el compromiso militante tras "circunstancias como fue lo de Yoyes, el tema Hipercor o el tema Zaragoza".

Empero, siempre hay una pequeña pero sin lugar a dudas significativa proporción de militantes etarras que deciden abandonar su implicación en actividades de terrorismo principalmente como resultado de alteraciones en su orden personal de preferencias.

Puede tratarse de que, como indica uno de ellos: "Me estaba cuestionando mi vida"; de que, en palabras de otro, se interrogaba a sí mismo por "cuándo podría ser una persona normal", o simplemente, según dos más, de estar "cansada" o de "que ya tienes otra edad".

También hay quien se planteó "no poder seguir así por la vida, haciendo daño a la gente que tengo al lado" o quien ha reflexionado sobre su militancia en ETA tras haber sido padre. En algún caso, la decisión de dejar la organización terrorista vino precedida de una "conversión" religiosa." (El País, opinión, 16/11/2010, p. 29)

22/10/10

El odio en la guerra civil de los Balcanes

"Lo que más impresionó al entonces coronel Francisco Javier Zorzo, cuando llegó a Bosnia-Herzegovina en el otoño de 1992, fue la visión de cientos de esqueletos de edificios desmochados. Le explicaron cómo: se abría la espita del gas y se arrojaba una cerilla. Era la forma más barata de destruirlos. Sus dueños habían huido y los vecinos, en vez de ocupar las casas, preferían borrarlas del mapa. Para que nunca pudieran regresar. Para que no quedase huella de su paso por esa tierra.

Ni siquiera en la Guerra Civil española se alcanzó el nivel de odio genocida que encontró en los Balcanes el primer contingente español con bandera de Naciones Unidas. No era una guerra étnica -pues serbios, croatas y bosnios son todos eslavos- ni religiosa -ya que muchos musulmanes no pensaban que lo eran hasta que los mataron por serlo-; era un choque feroz de nacionalismos envenenados por las luchas de poder y el miedo. (...)

En la primavera de 1993, musulmanes y croatas, hasta entonces aliados, rompieron hostilidades y los soldados españoles se vieron de pronto en plena línea de fuego. Pasaron de escoltar convoyes con ayuda humanitaria a interponerse entre dos bandos impacientes por matarse.

El 25 de abril, el teniente coronel José Luis Monterde se topó en la carretera con 230 croatas que huían de una aldea recién tomada por los musulmanes. Intentaba convencerles de que le franqueasen el paso cuando se vio rodeado. Más de un centenar de milicianos con fusiles, ametralladoras y lanzagranadas frente a 35 cascos azules españoles. El jefe de los perseguidores encañonó a Monterde y le conminó a entregarle a los croatas en cinco minutos. "Son nuestros prisioneros.

Esto no va con vosotros", le dijo, mientras le apuntaba a la cabeza. Entre los que huían había soldados, pero también ancianos, mujeres y niños. Pasaron los cinco minutos. Y luego otros cinco. Y 10 más. Así hasta siete horas. Tiempo suficiente para que llegasen delegados de la ONU y se hicieran cargo de los civiles. La paciencia y la sangre fría se impusieron en una guerra de nervios." (El País, España, 18/10/2010, p. 12)

24/3/10

Verdad, justicia y amor... pero... "¿Cómo amar a los enemigos? Ése es el drama"

"Estos dos curas pasionistas protagonizan La Santa Cruz, refugio de resistencia, documental en el que los directores María Cabrejas y Fernando Nogueiras relatan la historia de este templo donde se reunían en la última dictadura militar de Argentina (1976-1983) tres de las primeras Madres de Plaza de Mayo, dos monjas francesas y otros siete militantes de los derechos humanos.

Allí se infiltró Alfredo Astiz, uno de los 19 militares que desde diciembre afrontan el juicio por los crímenes de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), centro clandestino de tortura. Astiz entregó en 1977 a los 12 del Grupo de la Santa Cruz. El documental (puede verse en peliculasantacruz.blogspot.com) recuerda el episodio y cómo esta iglesia continúa comprometida en "bajar de la cruz a los pobres", según dice Hughes citando un libro del teólogo Jon Sobrino. (...)

Hace dos semanas Saracini, el único que pide postre, acompañó al juicio de la ESMA a la sobrina de una de las monjas francesas, también religiosa. "Estaba a 10 metros de Astiz", se pone serio. "¿Lo saludaste?", rompe el hielo Hughes. Saracini dice que está ante un trípode: "Verdad, justicia y amor. La verdad nos hace libres. La justicia demuestra que la impunidad no será eterna. Después está el drama de cómo hago para amar a los enemigos". Y Hughes aclara: "Esto no es lo mismo que amnistía. No hay que soltarlos. Si fuera posible, humanizarlos y que les duela por una vez el camino recorrido para rehacerse interiormente". (BERNARDO HUGHES Y CARLOS SARACINI: "¿Cómo amar a los enemigos? Ése es el drama". El País, ed. Galicia, última, /03/2010)

26/1/09

Mandela y el rugby afrikáner

"El día en que Nelson Mandela fue liberado, tras 27 años de cárcel, Morné du Plessis dudó si ir a la Grand Parade, la plaza abierta de Ciudad del Cabo en la que el preso más famoso del mundo debía pronunciar su primer discurso como hombre libre. Finalmente decidió que sí, iría. (...)

Por eso no fue demasiado sorprendente que un hombre negro, aparentemente borracho, se acercara a él esa tarde, le insultara y le dijera que se fuera, que aquélla era una ceremonia en la que él no pintaba nada. "Pero lo que me impresionó no fue la actitud amenazante de aquel tipo", recordó Du Plessis. "Fue el hecho de que otro negro se apresuró a amonestarle. Entonces se unieron otros, enfadados porque me hubiera tratado así, y se lo llevaron".

Era gente pobre que hablaba en xhosa, la lengua de Mandela, pero Du Plessis comprendió que tenían la sutileza política suficiente para saber que, a cuantos más blancos pudiera convencerse de participar en las celebraciones de la liberación de Mandela, mejor para todos. (...)

El gran acto de generosidad de Mandela fue llevar el torneo de la Copa del Mundo de rugby a Suráfrica, emocionando a los afrikáners que no habían podido ver rugby de primer nivel a causa del boicoteo internacional a los Springboks en la década de los ochenta. La genialidad de Du Plessis fue convencer a los Boks para que aprendieran un himno de resistencia negra que para muchos blancos surafricanos era una expresión amenazante de la vasta marea negra que podía alzarse y devorarlos.

En los partidos de los Springboks, la muchedumbre afrikáner siempre entonaba como un grito de guerra el himno Die Stem (la llamada), cuya letra celebra los triunfos de los bóers cuando avanzaron en sus carretas hacia el norte en la Gran Marcha de mediados del siglo XIX, durante la que fueron apropiándose de las tierras de los negros por el camino.

La respuesta negra era el Nkosi Sikelele iAfrika (Dios bendiga a África), la sentida expresión de un pueblo que había sufrido durante largos años y anhelaba la libertad. En los años del apartheid, a menudo provocaba la intervención violenta de la policía cuando se cantaba con tono desafiante.

Mandela contradijo al comité ejecutivo de su Congreso Nacional Africano (CNA) cuando éste quiso reemplazar el Die Stem por el Nkosi Sikelele como himno nacional, en un momento en el que había gran tensión política y existían temores de un golpe de extremistas blancos. Mandela expuso su punto de vista. "Esta canción que despacháis con tanta facilidad contiene las emociones de muchas personas a las que todavía no representáis. De un plumazo, decidiríais destruir la única base de lo que estamos construyendo: la reconciliación". (...)

Mandela y él tenían una misma misión imposible: convencer a los negros de que ejecutaran un vuelco histórico y apoyaran a los Boks. Mandela estaba realizando la labor que le correspondía dentro del CNA, transmitiendo el mensaje a su gente de que "ellos" eran ya "nosotros". Du Plessis sabía que las consecuencias podían ser terribles si, antes de cada partido de la Copa del Mundo, la gente veía a los Springboks cantando la letra de Die Stem en afrikáans y en inglés con entusiasmo, pero no la del Nkosi Sikelele. (...)

Por suerte, Du Plessis tenía una amiga que podía ayudar, una vecina suya en Ciudad del Cabo llamada Anne Munnik. Era una mujer blanca de treinta y tantos años, esbelta, atractiva y vivaz, de habla inglesa, que se ganaba la vida enseñando xhosa. Se quedó estupefacta cuando Du Plessis le sugirió que diera una clase a los Boks para enseñarles a cantar el Nkosi Sikelele. (...)

(...) Hennie le Roux, uno de los miembros más solemnes del grupo, se dedicó con gran aplicación a las lecciones de Anne Munnik. Era tan poco político como los demás, pero tenía ya muy clara la necesidad nacional de aprender el Nkosi Sikelele. Lo había comprendido, como otros Springboks, a su llegada al hotel de Ciudad de El Cabo unos días antes, cuando el personal, en su mayoría negro, salió a recibirles en el vestíbulo. "Nos recibieron cantando, bailando y celebrando, felices de vernos, muy acogedores. Fue algo que no habíamos visto nunca en nuestras carreras, unos negros ahí delante, saludándonos con tanto entusiasmo como el que nos mostraban las muchedumbres de aficionados blancos más enloquecidos. Fue un gran momento para todos nosotros".

James Small lo decía de forma más directa. "Nos miramos entre nosotros y pensamos: ¡Joder, aquí está pasando algo!" Para Le Roux, ése fue el momento en el que comprendió que tenía que poner algo de su parte. "Si ellos estaban tan dispuestos a estar a nuestro lado, lo menos que podíamos hacer nosotros era un esfuerzo para aprender su canto". (...)

El equipo cantó el Nkosi Sikelele en el partido inaugural contra Australia, y en cada partido mientras iban camino hacia la final. Pero cuando llegaron a la final contra Nueva Zelanda, Pienaar, el capitán de los Springboks, se quedó mudo. "No pude cantar el himno", reconoció. "No me atreví". Había querido desesperadamente estar a la altura de la ocasión, ser un ejemplo, no decepcionar a Mandela. Había visualizado la escena una y otra vez en su cabeza. Sin embargo, cuando llegó el momento, cuando los dos equipos se pusieron en fila a un lado del campo, antes del partido, y la banda tocó los primeros compases del Nkosi Sikelele, no fue capaz de abrir la boca. (...) Dos horas después probó el sabor de la victoria. Ante el júbilo de toda una nación, los Springboks ganaron el partido y se coronaron campeones del mundo." (El País, Domingo, 18/01/2009, p. 16/7)