"¿Puede haber poesía después de Auschwitz?"(Adorno).............. "¡Es un deber vivir después de Auschwitz!"(Imre Kertéz).............
22/11/19
Recordé unas confusas imágenes de la segunda mitad de los cuarenta, cuando mi padre se dirigía hacia el armario grande de mi habitación para esconderse. Luego supe que era porque la policía había llamado a la puerta.
15/10/19
Edurne Portela: «La reconciliación y el perdón no siempre son éticos para la víctima»
30/6/17
Adios a las armas, adios a la guerra, bienvenida la paz
30/4/14
Desde que tenía 4 años, en el colegio, nos enseñaban a odiar a los tutsis. Nos decían que no nos querían, que eran nuestros enemigos
4/11/13
Por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió diez mil. La Iglesia fue parte esencial de ese régimen, y cómplice de ese horror
3/10/13
“Encontré a los hombres que mataron a mi hijo y me dijeron que ni siquiera sabían a quién estaban matando”
27/4/11
"Hay una parte del pueblo que sufrió más, y sobre todo están sus familiares, que no encuentran consuelo con algunas cosas que pasaron en Uruguay"
Es conocido que Mujica, ex dirigente tupamaro, que fue brutalmente torturado y que pasó casi 15 años preso, no ha querido impulsar personalmente esa iniciativa y que intenta mantener su presidencia al margen de la polémica.
No es el único exguerrillero que no quería que se derogara la ley de amnistía. (...)
Pregunta. Uruguay ha venido soslayando el problema de si juzgar o no a los militares, al contrario de lo que decidió Argentina.
Respuesta. No creo que sea así. En Uruguay hubo dos plebiscitos sobre el tema. De hecho, no creo que ningún otro país se haya tomado tanto trabajo para resolver esa cuestión. Lo que sucede es que, en los dos plebiscitos, el voto fue contrario a la derogación de la Ley de Caducidad. Lo cual no es equivalente a que la gente haya avalado lo que ocurrió en la dictadura. (...)Insisto en que eso no quiere decir que se avalaran las decisiones de la dictadura ni nada por el estilo. Eso sería injusto con la sensibilidad de mi pueblo. Pero creo que una parte de la ciudadanía estaba harta de la discusión.
P. ¿Qué ha pasado ahora para que su partido vote en contra de lo decidido en los dos referendos?
R. Hay una parte del pueblo que sufrió más, y sobre todo están sus familiares, que no encuentran consuelo con algunas cosas que pasaron en Uruguay y que no se han ventilado desde el punto de vista jurídico.
Uruguay no se diferencia en eso de cualquier otro país. Me he enterado de que en España andan removiendo cementerios. Hay heridas viejas que desgraciadamente permanecen en alguna gente que integra nuestras sociedades. No les pasa a todos, pero hay gente que tiene ese reclamo.
P. Existe además una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que falló en febrero que el Estado uruguayo debía modificar esa ley, en una demanda relacionada con el caso Gelman, la nieta del poeta, desaparecida en 1976 y recuperada en 2000.
R. En efecto, estamos condenados desde el punto de vista internacional por mantener esa ley. No es un problema sencillo. Hay caras valiosas desde los dos puntos de vista. Es un dilema entre las decisiones que tomó nuestro pueblo y la decisión del Parlamento, que aparece como enmendando el resultado de los plebiscitos.
¿Por qué lo hace? A una parte del Parlamento le parece que lo tiene que hacer.
P. Parece que usted, como presidente, quiere mantenerse al margen de este tema.
R. El Ejecutivo rehuyó meterse en esta discusión, porque somos presidentes de la nación. De los que nos votaron y de los que no nos votaron. Dijimos desde el primer momento que queríamos construir, en todo lo que se pudiera, unidad nacional. (...)P. Ha habido mucho nerviosismo entre los militares retirados que afirman que mantuvieron conversaciones con usted en los años noventa para dejar solucionado este asunto.
R. A lo largo de estos años hemos conversado muchas veces con los militares y tendremos que seguir conversando otras tantas. Yo le doy mucha importancia al factor militar. No son el motor de la historia, pero suelen ser la puerta que se abre y que se cierra. Una democracia republicana debe cultivar la fidelidad de sus fuerzas armadas.
Nunca se va a tener la fidelidad de aquellos a los que uno desprecia. Esta es la paradoja. Esta herida que traemos del pasado hace que, subjetivamente, mucha gente de este país esté inculpando a los militares de hoy por los que lo eran ayer. Y esto es un error que cometemos para con el futuro.
P. Si todo hubiera dependido de una decisión estrictamente suya, ¿qué habría pasado?
R. Como persona, no soy adicto a vivir mirando para atrás, porque la vida siempre es porvenir y todos los días amanece. Pero esa es mi manera de ser. No se la puedo imponer a mis conciudadanos." (El País, Domingo, 17/04/2011, p. 8/9)
25/2/11
"La esencia del gran misterio de África: la extraordinaria capacidad de bondad que existe al lado de toda esa miseria y esa violencia"
Tenía 17 años y llevaba 18 meses en la cárcel de adultos. Había varios adolescentes más presos, todos ellos los últimos monos a la hora de recibir agua y jabón -artículos de lujo para todos los reclusos y una ración de arroz. La tarea que consumió a Steven al final de su vida era rascarse las heridas de la sarna.
Prácticamente todos en la prisión tienen sarna, una enfermedad de la piel contagiosa que florece en las celdas abarrotadas de hombres que yacen, de noche, como merluzas en un pesquero.
Pero nadie estaba peor que Steven, una enciclopedia de infecciones y enfermedades ante las que su cuerpo, privado de vitaminas, ofrecía escasa resistencia.(...)
El que llamó la atención en esta segunda visita a Fernando fue Abdul Sesay: la misma mirada enferma y vacía; la sarna extendida por todo el cuerpo. Dijo que tenía 16 años, pero parecía que tenía 12.
Él también procedía del campo, y sus padres también habían muerto, su padre en la guerra y su madre de enfermedad. Había vivido solo en las calles de Freetown, la capital, desde los 9 años. (...)
Sacó un tubo de crema y los presos se colocaron para que les pusiera un poco en sus manos. En cuanto la tenían, se bajaban el pantalón corto y se apresuraban a aplicársela en la entrepierna, para calmar el picor. A algunos les dio también una pequeña píldora roja, un antídoto contra la sarna. La escena se repitió en todos los rincones de la cárcel a los que fuimos. "¡Fernando! ¡Fernando!", y él se disponía a hacer de Florence Nightingale.
Estábamos entre los miserables de los miserables de la tierra, algunos de ellos criminales peligrosos, en un país que durante los años noventa había sido testigo de los actos más brutales de crueldad humana, sin parangón en ningún otro país excepto Ruanda.
Sin embargo, en vez de sentir que estaba bajo peligro, lo que percibí en todo momento fue curiosidad y buena voluntad. Los presos venían, uno tras otro, a darme la mano, presentarse y preguntarme mi nombre. Nuestro guardia, que iba sin armas, parecía completamente relajado. (...)
"Podríamos aprender mucho de ellos. De su bondad". El oficial formó parte de una gran fuerza que Tony Blair envió a Sierra Leona para poner fin a la guerra civil. Uno de los pocos casos de "política exterior ética" en la historia, y salió bien.
El comentario del oficial, que deja patente su desesperación por la pobreza, el caos y la corrupción omnipresentes, pone de relieve la esencia del gran misterio de África: la extraordinaria capacidad de bondad que existe al lado de toda esa miseria y esa violencia. Y esa bondad se expresa, sobre todo, en la capacidad de perdón que tiene la gente.
El salvajismo también es una constante en el resto de la especie, por ejemplo en Europa durante el siglo XX. Pero los africanos son los únicos que parecen capaces de superar rencores, perdonar y olvidar.
Mientras en los Balcanes, donde todavía recuerdan con amargura batallas libradas en el siglo XIV, o en el País Vasco, o en Irlanda del Norte el revanchismo pugna sin cesar con la necesidad de reconciliación, en África están los ejemplos de Ruanda, donde hutus y tutsis viven en paz tras un genocidio en el que murieron casi un millón de personas, y Sudáfrica, donde la población negra perdonó a los blancos después de haber sufrido siglos de indignidades racistas que rozaban la esclavitud.
Una de las explicaciones es que la pobreza obliga a los africanos a ser prácticos. Si lo que está en juego es la supervivencia, uno no puede permitirse el lujo de recrearse en los viejos agravios.
Pero otra razón, más profunda, y en cierto modo relacionada con la primera, me la dio un preso insólito en Pademba Road. (...)
Él confirmó que la sensación de seguridad que me había dado la prisión no estaba equivocada. "Nueve guardias sin armas, 1.300 presos y prácticamente ningún problema, prácticamente ningún peligro. ¡África es asombrosa!".
Sobre todo porque, como dijo, hay muchos motivos para el resentimiento. Muchos de los presos, me contó, estaban en la cárcel por razones injustas, bien por delitos que no habían cometido, bien porque les habían otorgado condenas desmesuradas, bien porque pasaban mucho tiempo tras las rejas en espera de juicio.
"Lo que pasa", explicó Simon Hayman-Goldsmith, para darme su respuesta al enigma africano del perdón, "es que la gente, aquí, vive absolutamente en el presente. Olvidan el pasado, así que olvidan lo que sucedió. Y el futuro también tiene poco significado. Viven aquí y ahora, y nada más". (...)
La religión es un fenómeno que está desvaneciéndose, o volviéndose mecánico para algunos de los que todavía practican, en los países ricos europeos, pero posee un valor diferente para la gente que no tiene nada; en el caso de estos africanos, los alejaba de la implacable crudeza de su vida en la cárcel y les infundía, aunque fuera de forma provisional, un sentimiento de dignidad, triunfo y esperanza.
Algo muy parecido habría latido en los corazones de los fieles que adoraban a Alá en la minimezquita que hay dentro de Pademba Road. Y la misma tolerancia también. Cuando le pregunté a un guardia sobre las posibles tensiones entre presos musulmanes y cristianos, me respondió con una mirada francamente perpleja. (...)
"A las personas vulnerables las atropellan", dijo. Y la corrupción está presente en todo el sistema. Afortunadamente, el Gobierno está alarmado por el problema y quiere crear, básicamente con dinero británico, un sistema creíble y eficaz de defensores de oficio.
El motivo de su alarma es que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, establecida tras la guerra con ayuda de la ONU, llegó a la conclusión de que la mejor manera de evitar que se repitiera la pesadilla que había sufrido el país cuando un ex cabo del ejército llamado Foday Sankoh se levantó en armas contra el Gobierno era combatir la idea generalizada de que en Sierra Leona no existe justicia para los pobres.
Sankoh, que dirigía un grupo rebelde lleno de niños soldados al que dio el grandilocuente nombre de Frente Unido Revolucionario, había pasado siete años en Pademba Road por su presunto papel en un motín del ejército mucho antes de convertirse, a finales de los noventa, en el criminal de guerra más famoso del mundo.
Según la abogada, la Comisión de la Verdad concluyó que el resentimiento que Sankoh sentía por la injusticia que consideraba que se había cometido con él y con otros líderes del FUR (con nombres como Rambo, Superman y Coronel Salvaje) había sido el motor que le había llevado a desencadenar aquel baño de sangre.
El hecho de que, en el caso de Sankoh, el grito exigiendo reformas hubiera dado paso enseguida a la codicia y la obsesión por adquirir diamantes (una situación dramatizada en el film de Leonardo DiCaprio Diamante de sangre, situado en Sierra Leona) no negaba la necesidad de acabar de raíz con la injusticia endémica.
"El Gobierno comprende", dijo la abogada, "que si no tenemos un sistema de justicia como es debido, tarde o temprano nos encontraremos con otra rebelión, otro Sankoh". (...)
"Fecha de llegada a la prisión de Pademba: 5 de febrero de 2010. Condena: tres años. Crimen cometido: rompí el cristal de un coche... Mi madre y mi padre están vivos, pero no vivo con ellos porque no tienen con qué mantenerme, así que eso me hizo salir a la calle con mis amigos. Dormíamos en el gueto y dormíamos en el suelo. Cuando me despierto por la mañana voy con mis amigos a empujar una carretilla.
A veces mis amigos no me dan dinero, solo me dan comida para que coma... Cuando llegué a Pademba Road me sentí mal. Somos siete en la celda. Cuando me despierto por la mañana tengo frío, dolor, dolores malariales. La comida no es buena. Cuando termino de comer no tengo agua para beber ni para bañarme.
Yo iba a la escuela. Dejé de ir porque mis padres no tienen dinero... Cuando salga de esta prisión me gustaría ir a la escuela. Cuando termine mi educación me gustaría ser mejor persona en el futuro... Si tengo el dinero, me gustaría casarme...
Y cuando esté libre de la prisión me gustaría volver con mis padres y les pediré que me vuelvan a llevar a la escuela. Si se lo ruego y me aceptan, no les dejaré solos. Lo juro por Dios". (John Carlin: El infierno en la tierra. El País Semanal, 09/01/2011, p. 34 ss.)
10/12/10
"Tarde o temprano encontraremos una solución"... a la guerra de Palestina
Barnea perdió a su hijo menor Noam, soldado, en acto de servicio en Líbano, en 1999. Allami, a su abuela Naima cuando una bomba del Ejército israelí cayó sobre su casa. Seiscientas familias pertenecen al Círculo, demasiadas vidas rotas, que han decidido unir sus duelos y compartir su dolor para lograr lo que no han conseguido años de guerras y de negociaciones políticas.
"Afortunadamente, no cualquiera reúne las credenciales apropiadas para formar parte de nuestra organización", afirma irónicamente Aaron Barnea, encargado de las relaciones internacionales. Y es que el precio que hay que pagar para pertenecer al CPFF es demasiado alto: es necesario haber perdido a un miembro de su familia en el conflicto que mata a palestinos e israelíes desde hace más de medio siglo.
La joven lo apunta todo en un cuaderno infantil con un bolígrafo rosa: "Estoy aprendiendo español", dice con una amplia sonrisa. Cuenta que se dejó convencer por su padre para ingresar en el CPFF. "Creo que cometí un error, tenemos demasiado trabajo".
Renococe que no siempre resulta fácil que sus vecinos y amigos entiendan su labor, "aunque sí me respetan". Con sus compañeros de universidad (estudia Literatura Inglesa) el entendimiento es mejor.
Aaron Barnea se confiesa optimista: "Tarde o temprano encontraremos una solución". Habla con admiración de los palestinos miembros del CPFF. "Hay una gran diferencia entre los israelíes y los palestinos que integramos el Círculo. Los israelíes somos, mayoritariamente, padres que hemos perdido a nuestros hijos soldados. Somos casi todos militantes por la paz y estamos familiarizados con este tipo de organizaciones. Los palestinos, no.
Ellos, en la mayoría hermanos y hermanas de fallecidos, han tenido que dar un salto mortal para formar parte de la organización. Barnea se siente orgulloso de la labor del CPFF en las escuelas: "Tenemos que dar a los chicos la visión del otro lado, dar a conocer al otro, humanizarlo".
Y mientras la joven alaba la merluza, Aaron "bromea" con sus principios religiosos: "Pues con vino está mucho mejor, tú te lo pierdes. A propósito, ¿queda vino?", pregunta con una sonrisa traviesa.
Diálogo, reconciliación y paz se repiten con insistencia. "Esta organización busca la esperanza". Y justifica, desde su dolor, por qué defiende la reconciliación en lugar de la venganza. "El sufrimiento por la pérdida de los nuestros no es patrimonio de ninguna de las partes. Es totalmente necesario entender al otro", afirma Barnea. Suheir no puede evitar expresar su admiración: "Aaron, eres un hombre sabio". (A. BARNEA Y S. ALLAMI: "Tarde o temprano encontraremos una solución". El País, 04/12/2010, última)
19/11/10
El abandono de las armas
En primer lugar, se encuentran aquellos cuya salida obedeció sobre todo a la percepción de cambios políticos y sociales.
En segundo lugar, quienes abandonaron a raíz de desacuerdos con el funcionamiento interno o con las prácticas operativas de la banda armada a la cual pertenecían.
En tercer y último lugar, entre cuantos fueron terroristas de pasamontañas y txapela hay individuos cuya renuncia se explica fundamentalmente como resultado de alteraciones sustanciales en sus respectivos órdenes personales de preferencias.
En general, el abandono basado en la percepción de transformaciones estructurales implica revertir el marco ideológico y las motivaciones de racionalidad instrumental presentes en la decisión de unirse a ETA.
La salida que deriva de un malestar con la organización terrorista supone una quiebra de, entre otros, los incentivos selectivos y las motivaciones identitarias que favorecieron en su día el reclutamiento.
Renunciar por razones personales presupone una disolución de las emociones y los estímulos afectivos que incidieron al ingreso o simplemente un momento diferente del ciclo vital.
Estos tres tipos de motivos para dejar atrás la militancia terrorista pueden combinarse de modo variable según individuos concretos, aun cuando en distintos periodos de tiempo predomine uno de ellos sobre los otros dos.
Así, hasta aproximadamente mediados los años ochenta del pasado siglo, la opción individual de abandonar la militancia en ETA estuvo sobre todo relacionada con la percepción de los procesos de democratización y descentralización territorial que culminaron con la aprobación del Estatuto de Autonomía para el País Vasco y las primeras elecciones al Parlamento de Vitoria, aunque también con sucesos como el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
Entre quienes por entonces dejaron la organización terrorista, en su mayoría pero no exclusivamente integrantes de la facción denominada político militar, son recurrentes las alusiones a que "habían cambiado objetivamente las condiciones", a que "continuar con la lucha armada sería contraproducente" o a que se veía una "sociedad contraria".
Desde mediada la década de los ochenta, lo habitual entre quienes han puesto fin voluntariamente a su pertenencia a ETA es que, antes de tomar la decisión del abandono, estuviesen muy descontentos con la banda armada. Unas veces, debido al funcionamiento interno o al liderazgo.En este sentido, los militantes que se han disociado a partir de esos años suelen referirse a "los derroteros que estaba cogiendo la organización", a que se preguntaban "¿a quién tenemos al mando?" e incluso a que empezaban a "tener miedo a la organización". Otras veces, el malestar con ETA obedecía a un desacuerdo con sus pautas de victimación. No son pocos, por ejemplo, los antiguos pistoleros que se cuestionaron el compromiso militante tras "circunstancias como fue lo de Yoyes, el tema Hipercor o el tema Zaragoza".
Empero, siempre hay una pequeña pero sin lugar a dudas significativa proporción de militantes etarras que deciden abandonar su implicación en actividades de terrorismo principalmente como resultado de alteraciones en su orden personal de preferencias.
Puede tratarse de que, como indica uno de ellos: "Me estaba cuestionando mi vida"; de que, en palabras de otro, se interrogaba a sí mismo por "cuándo podría ser una persona normal", o simplemente, según dos más, de estar "cansada" o de "que ya tienes otra edad".
También hay quien se planteó "no poder seguir así por la vida, haciendo daño a la gente que tengo al lado" o quien ha reflexionado sobre su militancia en ETA tras haber sido padre. En algún caso, la decisión de dejar la organización terrorista vino precedida de una "conversión" religiosa." (El País, opinión, 16/11/2010, p. 29)
22/10/10
El odio en la guerra civil de los Balcanes
Ni siquiera en la Guerra Civil española se alcanzó el nivel de odio genocida que encontró en los Balcanes el primer contingente español con bandera de Naciones Unidas. No era una guerra étnica -pues serbios, croatas y bosnios son todos eslavos- ni religiosa -ya que muchos musulmanes no pensaban que lo eran hasta que los mataron por serlo-; era un choque feroz de nacionalismos envenenados por las luchas de poder y el miedo. (...)
En la primavera de 1993, musulmanes y croatas, hasta entonces aliados, rompieron hostilidades y los soldados españoles se vieron de pronto en plena línea de fuego. Pasaron de escoltar convoyes con ayuda humanitaria a interponerse entre dos bandos impacientes por matarse.
El 25 de abril, el teniente coronel José Luis Monterde se topó en la carretera con 230 croatas que huían de una aldea recién tomada por los musulmanes. Intentaba convencerles de que le franqueasen el paso cuando se vio rodeado. Más de un centenar de milicianos con fusiles, ametralladoras y lanzagranadas frente a 35 cascos azules españoles. El jefe de los perseguidores encañonó a Monterde y le conminó a entregarle a los croatas en cinco minutos. "Son nuestros prisioneros.
Esto no va con vosotros", le dijo, mientras le apuntaba a la cabeza. Entre los que huían había soldados, pero también ancianos, mujeres y niños. Pasaron los cinco minutos. Y luego otros cinco. Y 10 más. Así hasta siete horas. Tiempo suficiente para que llegasen delegados de la ONU y se hicieran cargo de los civiles. La paciencia y la sangre fría se impusieron en una guerra de nervios." (El País, España, 18/10/2010, p. 12)
24/3/10
Verdad, justicia y amor... pero... "¿Cómo amar a los enemigos? Ése es el drama"
Allí se infiltró Alfredo Astiz, uno de los 19 militares que desde diciembre afrontan el juicio por los crímenes de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), centro clandestino de tortura. Astiz entregó en 1977 a los 12 del Grupo de la Santa Cruz. El documental (puede verse en peliculasantacruz.blogspot.com) recuerda el episodio y cómo esta iglesia continúa comprometida en "bajar de la cruz a los pobres", según dice Hughes citando un libro del teólogo Jon Sobrino. (...)
Hace dos semanas Saracini, el único que pide postre, acompañó al juicio de la ESMA a la sobrina de una de las monjas francesas, también religiosa. "Estaba a 10 metros de Astiz", se pone serio. "¿Lo saludaste?", rompe el hielo Hughes. Saracini dice que está ante un trípode: "Verdad, justicia y amor. La verdad nos hace libres. La justicia demuestra que la impunidad no será eterna. Después está el drama de cómo hago para amar a los enemigos". Y Hughes aclara: "Esto no es lo mismo que amnistía. No hay que soltarlos. Si fuera posible, humanizarlos y que les duela por una vez el camino recorrido para rehacerse interiormente". (BERNARDO HUGHES Y CARLOS SARACINI: "¿Cómo amar a los enemigos? Ése es el drama". El País, ed. Galicia, última, /03/2010)
26/1/09
Mandela y el rugby afrikáner
Por eso no fue demasiado sorprendente que un hombre negro, aparentemente borracho, se acercara a él esa tarde, le insultara y le dijera que se fuera, que aquélla era una ceremonia en la que él no pintaba nada. "Pero lo que me impresionó no fue la actitud amenazante de aquel tipo", recordó Du Plessis. "Fue el hecho de que otro negro se apresuró a amonestarle. Entonces se unieron otros, enfadados porque me hubiera tratado así, y se lo llevaron".
Era gente pobre que hablaba en xhosa, la lengua de Mandela, pero Du Plessis comprendió que tenían la sutileza política suficiente para saber que, a cuantos más blancos pudiera convencerse de participar en las celebraciones de la liberación de Mandela, mejor para todos. (...)
El gran acto de generosidad de Mandela fue llevar el torneo de la Copa del Mundo de rugby a Suráfrica, emocionando a los afrikáners que no habían podido ver rugby de primer nivel a causa del boicoteo internacional a los Springboks en la década de los ochenta. La genialidad de Du Plessis fue convencer a los Boks para que aprendieran un himno de resistencia negra que para muchos blancos surafricanos era una expresión amenazante de la vasta marea negra que podía alzarse y devorarlos.
En los partidos de los Springboks, la muchedumbre afrikáner siempre entonaba como un grito de guerra el himno Die Stem (la llamada), cuya letra celebra los triunfos de los bóers cuando avanzaron en sus carretas hacia el norte en la Gran Marcha de mediados del siglo XIX, durante la que fueron apropiándose de las tierras de los negros por el camino.
La respuesta negra era el Nkosi Sikelele iAfrika (Dios bendiga a África), la sentida expresión de un pueblo que había sufrido durante largos años y anhelaba la libertad. En los años del apartheid, a menudo provocaba la intervención violenta de la policía cuando se cantaba con tono desafiante.
Mandela contradijo al comité ejecutivo de su Congreso Nacional Africano (CNA) cuando éste quiso reemplazar el Die Stem por el Nkosi Sikelele como himno nacional, en un momento en el que había gran tensión política y existían temores de un golpe de extremistas blancos. Mandela expuso su punto de vista. "Esta canción que despacháis con tanta facilidad contiene las emociones de muchas personas a las que todavía no representáis. De un plumazo, decidiríais destruir la única base de lo que estamos construyendo: la reconciliación". (...)
Mandela y él tenían una misma misión imposible: convencer a los negros de que ejecutaran un vuelco histórico y apoyaran a los Boks. Mandela estaba realizando la labor que le correspondía dentro del CNA, transmitiendo el mensaje a su gente de que "ellos" eran ya "nosotros". Du Plessis sabía que las consecuencias podían ser terribles si, antes de cada partido de la Copa del Mundo, la gente veía a los Springboks cantando la letra de Die Stem en afrikáans y en inglés con entusiasmo, pero no la del Nkosi Sikelele. (...)Por suerte, Du Plessis tenía una amiga que podía ayudar, una vecina suya en Ciudad del Cabo llamada Anne Munnik. Era una mujer blanca de treinta y tantos años, esbelta, atractiva y vivaz, de habla inglesa, que se ganaba la vida enseñando xhosa. Se quedó estupefacta cuando Du Plessis le sugirió que diera una clase a los Boks para enseñarles a cantar el Nkosi Sikelele. (...)
(...) Hennie le Roux, uno de los miembros más solemnes del grupo, se dedicó con gran aplicación a las lecciones de Anne Munnik. Era tan poco político como los demás, pero tenía ya muy clara la necesidad nacional de aprender el Nkosi Sikelele. Lo había comprendido, como otros Springboks, a su llegada al hotel de Ciudad de El Cabo unos días antes, cuando el personal, en su mayoría negro, salió a recibirles en el vestíbulo. "Nos recibieron cantando, bailando y celebrando, felices de vernos, muy acogedores. Fue algo que no habíamos visto nunca en nuestras carreras, unos negros ahí delante, saludándonos con tanto entusiasmo como el que nos mostraban las muchedumbres de aficionados blancos más enloquecidos. Fue un gran momento para todos nosotros".
James Small lo decía de forma más directa. "Nos miramos entre nosotros y pensamos: ¡Joder, aquí está pasando algo!" Para Le Roux, ése fue el momento en el que comprendió que tenía que poner algo de su parte. "Si ellos estaban tan dispuestos a estar a nuestro lado, lo menos que podíamos hacer nosotros era un esfuerzo para aprender su canto". (...)
El equipo cantó el Nkosi Sikelele en el partido inaugural contra Australia, y en cada partido mientras iban camino hacia la final. Pero cuando llegaron a la final contra Nueva Zelanda, Pienaar, el capitán de los Springboks, se quedó mudo. "No pude cantar el himno", reconoció. "No me atreví". Había querido desesperadamente estar a la altura de la ocasión, ser un ejemplo, no decepcionar a Mandela. Había visualizado la escena una y otra vez en su cabeza. Sin embargo, cuando llegó el momento, cuando los dos equipos se pusieron en fila a un lado del campo, antes del partido, y la banda tocó los primeros compases del Nkosi Sikelele, no fue capaz de abrir la boca. (...) Dos horas después probó el sabor de la victoria. Ante el júbilo de toda una nación, los Springboks ganaron el partido y se coronaron campeones del mundo." (El País, Domingo, 18/01/2009, p. 16/7)