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26/10/22

Los ángeles caídos de Franco que ‘combatieron’ el gen rojo... el fanatismo de los psiquiatras al servicio de la dictadura

 "No solo vencieron con las armas. La represión franquista se valió de determinados científicos e intelectuales que se alinearon con el bando rebelde a la República para demonizar al enemigo y justificar su aniquilación.

 Son los ángeles caídos, personajes como el psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera, el inventor del gen rojo, que convirtió a los brigadistas internacionales en «degenerados y alcohólicos» y a las mujeres republicanas en «bestias salvajes», que sustentaron con sus teorías eugenésicas la represión sobre determinados grupos, como los homosexuales, y el robo de bebés con la aquiescencia de la iglesia católica.

 Sobre esta represión y las consecuencias que tuvo en la sociedad española, y particularmente en el atraso de la psiquiatría, versa el documental Los ángeles caídos. El fanatismo de los psiquiatras de Franco, dirigido por la periodista valenciana Rosa Brines y producido por el leonés Félix Vidal, que se proyecta este miércoles en El Albéitar (20.30 horas) dentro del ciclo de cine documental del XI Encuentro Internacional de Investigadores del Franquismo. 

El psiquiatra Cándido Polo, impulsor de la renovación del antiguo régimen asilar y la implantación del modelo de psiquiatría comunitaria en Valencia y pionero en el estudio de la asistencia psiquiátrica a las brigadas internacionales, es uno de los asesores del documental que presentará en León. Polo resalta que no fue solo Vallejo-Nágera, aunque «su cercanía a Franco le permitió estar al mando de la psiquiatría y experimentar con algunos grupos para buscar la corroboración de que el gen rojo contenía todas las maldades» como una forma de justificar la alteración del orden constitucional.

 Otros psiquiatras como Marco Merenciano, uno de los tres delatores del rector Peset Aleixandre, considerado uno de los científicos más brillantes de la época, o López-Ibor, en la segunda generación, dieron cobertura a la que fue una de las armas más poderosas del franquismo.

Los brigadistas recluidos en San Pedro de Cardeña, en Burgos, y las mujeres de la cárcel de Málaga fueron los grupos concretos sobre los que el conocido como el Mengele español aplicó sus teorías, pero las consecuencias se extendieron más allá. «Se instauró una psiquiatría retrógrada sobre las bases del nacional catolicismo que repercutió en la formación de las sucesivas generaciones y produjo un atraso científico irreparable en nuestra especialidad, creando profesionales deformados más que formados», subraya Polo.

 Una visión que sustentó la persecución de los homosexuales hasta los años 70 en España y la trama de los bebés robados, que acabó convirtiéndose en un enorme negocio hasta los años 80. «Los bebés robados son consecuencia de esa fabricación moral del enemigo, con la que no sólo se exterminaba a los padres, sino que robaba a los hijos bajo la teoría farisaica y maniquea  de que los entregaban a buenas manos», explica.

El documental aborda en varios bloques las diferentes áreas en las que intervinieron los ángeles caídos, «con la connivencia impune entre franquismo e iglesia que exculpaba a médicos y religiosas, mientras la justicia demoraba las causas». Como investigador de lo que se hizo con los brigadistas internacionales, el psiquiatra sostiene que fue una guerra «que no tiene justificación alguna» y detrás de la cual se esconde «una mentalidad inquisitorial».

Esta afirmación la sustenta en que Vallejo-Nágera llegó a pedir la creación de un Cuerpo Nacional de Inquisidores «donde se pudiera llevar a cabo la cruzada y buscar una auténtica eugenesia para exterminar y eliminar al enemigo». Una mentalidad que replicaba en sus prácticas «aquella frase de Franco, que dijo que si era necesario había que fusilar a la mitad de España»

La victoria de Franco y sus afines supuso, según Cándido Polo, «una impunidad que se prolongó durante décadas para estar limpiando el país». La generación siguiente a Nágera la representa López-Ibor, que «sin estilo castrense ni cuartelero, modernizó aspectos formales desde la alianza con la iglesia». De esta forma, «hasta que no desaparece la figura de Franco, no desaparece el anclaje y ha costado décadas renovar la especialidad y perseguir a los delincuentes» que participaron en la trama de los bebés robados.

 Para Cándido Polo, obras como Los ángeles caídos son esenciales en el proceso de reparación en el que ha tomado parte al rescatar el trato psiquiátrico que se dio a los brigadistas, como una forma de reivindicar la memoria de esas 40.000 hombres y mujeres que acudieron en auxilio de la República. «No eran degenerados ni alcohólicos. Eran idealistas que venían a luchar porque sabían lo que pasó después, pues la Guerra Civil fue la antesala de la II Guerra Mundial». El psiquiatra recuerda las palabras de Eistein, «nada sospechoso de retrasado ni pervertido: En tiempo de barbarie hay que ponerse del lado del pueblo español». 

Los ángeles caídos son la segunda obra documental de Rosa Brines y Félix Vidal, después de La amarga derrota de la República,  que acaban de crear la productora Docline Producciones para seguir con el rescate de la memoria democrática."             (Ana Gaitero, Diario de León, 24/10/22)

19/2/19

El experimento de Franco con 50 mujeres en Málaga: en busca del «gen rojo»... Los resultados fueron utilizados posteriormente por Vallejo-Nájera para reclamar «una Inquisición modernizada» que permitiera «higienizar nuestra raza»


  Antonio Vallejo-Nájera

 "Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra del régimen, analizó en 1939 a medio centenar de reclusas mediante encuestas sobre sexo y religión destinadas a demostrar «la perversión» de la izquierda.

Era mayo de 1939. El bando franquista acababa de declarar su victoria en la Guerra Civil, que daría paso a más de treinta años de dictadura. El nuevo régimen necesitaba coser la herida por la que sangraba España, fracturada en dos, y utilizó la pseudociencia como hilo. El médico Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los servicios psiquiátricos militares, había planteado una disparatada tesis basada en la creencia de que existía un «gen rojo» que conducía a la perversión moral, sexual e ideológica. 

 Franco había creado meses antes un gabinete de investigaciones psicológicas para buscar una explicación biológica al comunismo, en sintonía con las teorías nazis sobre la superioridad de la raza aria. El ideal franquista descansaba en el militarismo y el nacionalcatolicismo, un espíritu amenazado por la inferioridad mental que, según Vallejo-Nájera, arrastraba el marxismo.

Para tratar de demostrar sus hipótesis, el psiquiatra palentino se rodeó de criminólogos y asesores alemanes y sometió a prisioneros de guerra republicanos, y también a voluntarios procedentes de las Brigadas Internacionales, a pruebas macabras que los llevaron al borde del colapso. Estaba convencido de que «la perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales». 

A través de mediciones antropomórficas y encuestas, con preguntas sobre sexualidad o religión, la dictadura intentaba justificar su represión. La investigación concluyó que los ‘rojos’ mostraban un «carácter degenerativo» marcado por su tendencia al alcoholismo, el libertinaje y la promiscuidad, además de una inteligencia inferior a la media.

El régimen franquista detectó una laguna en su propio estudio, manipulado hasta la caricatura: no habían estudiado a ninguna mujer. Para remediarlo, Vallejo-Nájera contactó con el director de la clínica psiquiátrica de la prisión de mujeres de Málaga, Eduardo Martínez. Juntos analizaron a cincuenta reclusas, aunque renunciaron a las evaluaciones físicas al considerar que los contornos femeninos resultaban «impuros». 

Los resultados, que incluían detalles sobre la vida sexual de las presas, como la edad en que perdieron la virginidad, a lo que se referían como «desfloración», desvelaron que predominaban las reacciones temperamentales y primarias, algo que les permitió afirmar que las mujeres republicanas tenían «muchos puntos en común» con animales y niños. También localizaron comportamientos esquizoides, debilidad mental e introversión.

Los perturbados psiquiatras del franquismo defendían que las mujeres participaban en política para satisfacer sus apetencias sexuales. El argumentario servía para señalar la necesidad de que la religión católica impusiera sus estrictas normas, por entonces canalizadas por la tenebrosa Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera con el objetivo de promulgar la sumisión ante los deseos masculinos: 

«Cuando tu marido regrese del trabajo, ofrécete a quitarle los zapatos. Minimiza cualquier ruido. Si tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ella. Si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que esté dormido. Si siente la necesidad de dormir, que así sea. Si sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo en cuenta que su satisfacción es más importante que la tuya».

A la represión franquista, en el caso de las mujeres, se sumaba la misoginia del régimen. La discriminación que sufrían era doble. Pero el lado más tétrico de las investigaciones psiquiátricas ordenadas por Franco en Málaga estaba aún por conocerse; los estudios, cuyas hipótesis se dieron por comprobadas pese a la falta de rigor y la inconsistencia de todo el proceso, escondían un plan para justificar «la segregación de estos sujetos desde la infancia» al entender que esta separación «podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible». 

En otras palabras: al dar por válida la existencia de un «gen rojo» causante de psicopatías y criminalidad, la dictadura creía poder justificar el secuestro de niños republicanos. Se estima que el número de menores robados por el franquismo durante la contienda y en la posguerra, uno de los episodios más crueles y desconocidos de la historia reciente de España, ascendió a 30.000.

Una investigación de las profesoras Encarnación Barranquero, Matilde Eiroa y Paloma Navarro sobre la prisión de mujeres de Málaga revela que los hijos de reclusas, a menudo encarceladas por delitos tan ambiguos como «rebelión» o «atentados contra la moral pública», permanecían con sus madres, en caso de no poder quedarse con otro familiar, hasta que cumplían tres o seis años, en función de la legislación vigente.

 Entonces pasaban a ser tutelados por las instituciones estatales y religiosas. La presencia de los menores en las cárceles no consta en los expedientes, algo que ha dificultado los estudios posteriores, aunque de los testimonios recogidos se desprende que la mayoría de niños eran dados en adopción o emprendían carrera como seminaristas, siempre con el objetivo de pulverizar cualquier relación con el pasado.

Los servicios psiquiátricos dirigidos por Vallejo-Nájera y Martínez retrataron a las reclusas de la prisión de Málaga en informes detallados. De las cincuenta mujeres analizadas, más de la mitad habían sido condenadas a muerte, aunque las penas fueran finalmente conmutadas. Otra de las conclusiones dejaba al descubierto la paupérrima consideración que el sistema tenía de las mujeres, a quienes reducía a su papel de madres: «A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella». 

Los resultados fueron utilizados posteriormente por Vallejo-Nájera para reclamar «una Inquisición modernizada» que permitiera «higienizar nuestra raza». Murió en 1960 tras publicar cerca de treinta libros, aunque su obra, en un histórico ajuste de cuentas, ha quedado por suerte enterrada bajo polvo y olvido."              (Alberto gómez, Sur, 03/02/19)

1/12/14

"Ni son bellas ni rebasan el nivel intelectual de cualquier modistilla francesa"

"(...) Las autoridades golpistas encontraron una base científica en la que apoyarse, las teorías eugenésicas desarrolladas en la Inglaterra del siglo XIX por Francis Galton y continuadas en la Alemania nazi. En España, fue el doctor Vallejo Nájera el encargado de establecer la "incapacidad"  de hombres y mujeres de izquierda. 

En el campo de concentración de San Pedro de Cardeña (Burgos), con prisioneros masculinos de distintas nacionalidades que pertenecían a las Brigadas Internacionales, las Investigaciones psicológicas en marxistas femeninos delincuentes se llevaron a cabo en la prisión de mujeres de Málaga. 

El historiador catalán Ricard Vinyes Ribas, en su trabajo Construyendo a Caín. Diagnosis y terapia del disidente: las investigaciones psiquiátricas militares de Antonio Vallejo Nájera con presos y presas políticos, recoge alguna de las conclusiones de dichos textos: 
"Recuérdese, para comprender la activísima participación del sexo femenino en la revolución marxista, su característica labilidad psíquica, la debilidad del equilibrio mental, la menor resistencia a las influencias ambientales (...) cuando desaparecen los frenos que contienen socialmente a la mujer (...) entonces despiértase en el sexo femenino el  instinto de crueldad y rebasa todas las posibilidades imaginadas, precisamente por faltarles las inhibiciones inteligentes y lógicas..." 

 En este contexto es fácil imaginar el tono que adquirieron las noticias relacionadas con las figuras femeninas arriba reseñadas.

Como dirigente del Partido Comunista español, Dolores Ibárruri Gómez se convirtió en objetivo importante de la prensa franquista. En los periódicos, su figura fue utilizada como símbolo de todo aquello que el régimen quería reprimir en su doctrina femenina. 

Las palabras recogidas del diario La Vanguardia Española (15/10/1960) no dejan lugar a dudas: "Dolores Ibárruri, La Pasionaria, es una de las figuras más tristes y de más envenenada historia, con abundar tanto éstas en el mundo comunista. Su nombre suena en los oídos españoles con acentos particularmente hirientes. Toda su actividad política fue un frenesí vengativo y rencoroso...".

Un trato similar recibió Federica Montseny Mañé, dirigente anarquista y primera mujer en ocupar un cargo ministerial en España. En su caso, el agravio se inició ya con sus padres. De nuevo ABC de Sevilla (9/09/1937) se hacía vocero del gobierno: "Me trae a la memoria el recuerdo de Federico Urales y su mujer, Soledad Gustavo... 

¡Qué excelente pareja de farsantes para llevar a un concurso o exhibir en una feria!... ¿habrá nacido allí Federica Montseny, la ex ministra de Sanidad del Gobierno de Valencia...? No lo sé, ni sabía tampoco que Soledad Gustavo hubiese nunca dado a luz otros engendros que los de su monstruosa imaginación"

Margarita Nelken Mansberger, nacida en Madrid y de ascendencia judía, fue la figura femenina republicana que, con diferencia, recibió el trato más degradante en los diarios del momento. Su condición de mujer de ideología liberal unida a su origen la convirtieron en víctima propiciatoria de unos medios que no vacilaron en acusarla de los peores delitos. 

Así fue descrita en La Vanguardia Española (01/11/1949): "En la vida pública no hay más que hombres con faldas, cualquiera que sea su sexo. Y Doña Margarita Nelken, diputado, agitador comunista, agente a sueldo de Moscú, es un hombre público. Pocos habrán ejercido en estos últimos tiempos influencia más nefasta.

 En la galería de monstruos de nuestra historia contemporánea, tiene un puesto señalado por su propio derecho... serpiente con faldas, vagabunda sin patria y sin Dios... que envenenaba e inducía al asesinato a sus secuaces rurales y que hubiera traficado en drogas tóxicas o en carne humana..."

Éstos son sólo tres ejemplos representativos de lo que supuso para las mujeres españolas el triunfo de los golpistas en la Guerra Civil. Durante la 2ª República una serie de reformas sociales dejaron entrever un esperanzador futuro para un país inmerso en un atraso secular. 

Pero los nuevos gobernantes marcaron un antes y un después de la contienda fratricida y los medios de comunicación se convirtieron en medios de persuasión, en elementos indispensables para un poder que pronto recurrió al castigo y a la humillación de aquellos que defendieron la libertad: los perdedores. Socialistas, anarquistas, republicanos... no importaba la ideología, el nuevo régimen no hizo diferencias. Todos eran uno y hubo una definición para todos: comunistas. 

El  modelo de mujer diseñado por el franquismo se concretó en una figura femenina cuyas principales labores consistían en ejercer de madre abnegada, esposa sumisa y devota cristiana. Un modelo que los medios se prestaron a divulgar y para ello no dudaron en recurrir a un discurso alejado del periodismo y próximo a la difamación. En ABC de Sevilla (20/11/1934) se podía leer: 
 "...Como toda España las conoce, eso nos dispensa de designarlas por sus nombres. Aunque parezcan animadas y aún enardecidas por una noble fiebre idealista, no son más que aventureras de la política (...) es difícil que inspiren el menor interés porque ni son bellas, ni rebasan intelectualmente el nivel de cualquier modistilla francesa (...) Su feminismo empieza y acaba en la ropa. La más ilustre de todas ellas hubiera sido feliz con un marido que no fuese un fantoche y que la hubiese revelado las angustias y los placeres de la maternidad".          (Eloína Calvete,  Público, 01/12/2014)

8/10/14

La ciencia franquista buscó sin éxito el ‘gen rojo’ en 50 reclusas de Málaga

"En mayo de 1939 el afamado psiquiatra franquista Antonio Vallejo Nájera se trasladaría hasta la prisión provincial de Málaga para someter a un importante experimento racial a 50 presas republicanas, elegidas de entre todo el grupo de edades.

 Sus investigaciones en la cárcel le permitieron degradar hasta sus últimas consecuencias la figura de aquella mujer republicana, que tachaba en sus estudios como un “ser degenerado, lleno de ferocidad y de rasgos criminales”. Publicaría años más tarde en la Revista Española de Medicina y Cirugía el prestigioso artículo recordando la temible influencia del “gen rojo” y la necesidad de extirparlo de entre los vencidos.

Nada se conoce de la identidad de aquellas mujeres que estuvieron expuestas durante largos días a los humillantes test psicológicos a que fueron sometidas. Con papel y pluma, el psiquiatra redactaría en un amplio informe caracterizando a sus víctimas. 

Aquellas “mujeres marxistas” eran cincuenta: 33 condenadas a muerte, 10 a reclusión perpetua y las 7 restantes tenían penas de entre 10 y 15 años. Ningún archivo pone nombres y apellidos a estas presas malagueñas, aunque se conoce como el temido psiquiatra las consideraba peligrosas por diferentes niveles de grupos, considerando “las más degeneradas” a las que eran marxistas y catalanas.

La crudeza de sus documentos despierta escalofríos al relatar la terrible humillación a la que fueron sometidas estas republicanas. Entre las conclusiones Nájera apuntaría que “la mujer roja y la mujer en general tenía rasgos físicos de extraordinaria inferioridad con respecto al hombre”.

 Además señala como otro de los puntos más importantes que “el marxismo y la revolución unidos a la mujer debían ser tratados médicamente, no políticamente”. Para este médico era una cuestión de absoluta obviedad pensar que eran “débiles mentales y analfabetas”.

“Este psiquiatra creía que existía el gen rojo, creía que las mujeres tenían un virus que era necesario extirpar y que ser de izquierdas tenía una inconfundible relación con la perversión humana”, apunta Esperanza Bosch, autora del estudio La psicología de las mujeres republicanas  según el Dr. Antonio Vallejo Nájera.

 Ante esta creencia y el éxito absoluto de las teorías de Nájera en la posguerra, las mujeres republicanas comenzaron a sufrir la verdadera degeneración por parte de la dictadura franquista. Bosch apunta que “a estas mujeres les quitaron a sus hijos para destruir sus mentes y anular sus voluntades”. Tampoco se sabe a ciencia cierta si los niños de aquellas mujeres sobrevivieron en medio de los experimentos, siendo finalmente exterminados para eliminar cualquier posibilidad de “intoxicación” de aquel gen.

Tal y como se ocurrió en la Alemania nazi posterior, el franquismo presentó estudios a través de personalidades reconocidas de la época, como el de este psiquiatra, que crearon un patrón de exterminio que justificaría las políticas contra la llamada ‘Anti- España’, llena de “masones, comunistas, librepensadores anarquistas y republicanos”.

Además Nájera, nombrado jefe de los servicios psiquiátricos de Franco, se encontraba fuertemente influenciado por las doctrinas alemanas de higiene racial que luego se llevarían hasta sus extremos más pavorosos en los campos de exterminio de la Segunda Guerra Mundial. Aquellas cincuenta presas fueron el primer material de estudio."                 (María Serrano / Público,  3 oct 2014)

28/12/10

En Málaga existían 350 menores separados de sus padres republicanos en 1943 en los centros del Patronato de la Merced

"Antonio Vallejo-Nágera era el jefe de los servicios psiquiátricos militares y director del gabinete de investigaciones psicológicas de los campos de concentración de Franco. Imbuido de las teorías raciales de Hitler, quería estudiar, con el beneplácito del caudillo, los fundamentos biológicos del marxismo.

El profesor de la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes, junto a Montse Armengou y Ricard Belis, publicó hace años el libro ´Los niños perdidos del franquismo´. En uno de sus trabajos anteriores, ´Irredentas, las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas´, narra las peripecias del psiquiatra del régimen que, para experimentar con sus teorías, vino hasta la cárcel de mujeres de Málaga e investigó a 50 de ellas, 30 condenadas a muerte.

Vallejo pensaba que factores externos a la persona destruían la hispanidad y detectó en esas presas, en plena guerra, complejos de inferioridad y resentimiento. Así formuló la teoría de la eugenesia social, ya probada con éxito en la Alemania nazi.

Este pensamiento abogaba por apartar a los tarados de la sociedad -republicanos y comunistas-. "En todo resentido existe un marxista auténtico", llegó a decir.

Bajo el auspicio de este marco teórico, los hijos eran separados de sus madres para ser educados bajo el paraguas de Falange y sólo podían darles el pecho una hora al día. Más adelante, propició que miles de pequeños huérfanos fueran recluidos en centros del Auxilio Social, hospicios y colegios vinculados a la Iglesia para su reeducación.

Y, anticipando en decenas de años lo que ocurrió en Argentina, muchos de ellos fueron entregados a familias adeptas al Régimen.

A estos chicos se les conoce como ´los niños perdidos del franquismo´, un segmento social sin memoria ni identidad que puede ser calificado como ´la generación robada´ -denominación que se da a los niños aborígenes australianos separados de sus padres para ser reeducados-.

El investigador y ex presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga, Francisco Espinosa, afirma, basándose en el libro ´Los niños perdidos del franquismo´, que en Málaga, a finales de 1943, había 350 niños y niñas internados en los centros especiales del Patronato de la Merced.

"Sus padres habían perdido la tutela y fue el propio Estado el que publicó la lista de centros", señala.

Sólo en la provincia había 13 colegios de este tipo. En España son 10.575 niños los que vivían en los centros de la Merced a comienzos de la posguerra, según las investigaciones de Vinyes. (...)

Emilio Silva, periodista e investigador, ha editado recientemente el libro ´Las fosas de Franco´ (Temas de hoy), junto a Santiago Macías. Este destacado experto recuerda que en toda España pueden ser, como mínimo, unos 30.000 niños los separados de sus familias y señala que, incluso, "se creó una arquitectura teórica para justificar esto".

"Muchos niños eran llevados a los centros de Auxilio Social -dependientes de la Sección Femenina de Falange- y recibían asistencia con el objetivo de apartar de ellos el gen marxista. También eran llevados a centros de vagos y maleantes o a hogares dependientes de la Iglesia católica, según las edades.

Yo conozco casos en los que arrebataron niños a familias protestantes", explica Emilio Silva." (La Guerra Civil española, 'La generación robada', 02/02/2009)

14/5/09

El robo de niños en la España franquista

"Se estima que desde el inicio de la Guerra Civil y hasta los años cincuenta, los sublevados de 1936 robaron a los republicanos alrededor de 30.000 niños, algunos para meterlos en seminarios u hospicios; otros para ser dados en adopción a ciudadanos afectos al régimen. En ocasiones, los niños habían sido separados de sus padres cuando tenían edad suficiente como para recordarlos, incluidos los encerrados junto a sus madres en las cárceles franquistas, donde les dejaban residir hasta los seis años.

Pero en otras, nunca iban a conocer su origen los recién nacidos que les sustraían a las mujeres ingresadas en lugares como la Prisión de Madres Lactantes de Madrid y a las que, en muchos casos, fusilaban al poco de dar a luz. ¿Dónde fueron esos bebés? ¿Quién se los quedó? Resulta inquietante pensar en sus vidas falseadas y deducir que aún hoy habrá personas en nuestro país que no sean quienes suponen ser ni pertenezcan a las familias que consideran suyas. Han permanecido siete décadas ocultos y tampoco ahora hay demasiado interés en rescatarles del olvido.

Esa historia siniestra comienza incluso antes de la guerra y en teorías tan disparatadas como las del psiquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, cuya tesis era que el marxismo es una enfermedad mental propia de personas intelectualmente débiles y moralmente despreciables. Siguiendo las doctrinas de la eugenesia y convencido de que la tara del socialismo se transmitía a quienes rodeasen al afectado, el estrambótico médico promovía el tratamiento con electrochoques a esos rojos de una especie humana inferior, su aislamiento en granjas y quitarles a sus hijos para evitar el contagio.

Esto último tuvo una expresión macabra, pero que hizo fortuna: hay que separar el grano de la paja. Para poner en práctica sus teorías, Vallejo Nájera no tuvo más que esperar a que otro loco se hiciera con el país, y la sintonía entre ambos fue tan extraordinaria, que en cuanto empezó la guerra Franco lo nombró psiquiatra en jefe de su ejército, le dio permiso para que iniciase sus investigaciones con los prisioneros y firmó las leyes que hacían falta para que sus desvaríos se hiciesen realidad.

Esas leyes, publicadas en el Boletín Oficial del Estado en 1940 y 1941, otorgaban automáticamente al nuevo Estado la tutela de los niños internados en los hospicios del Auxilio Social, la institución caritativa que había fundado la viuda del líder falangista Onésimo Redondo, y le autorizaba a cambiarles los apellidos. Era una autopista hacia la impunidad, pues daba a los rebeldes carta blanca para secuestrar a los hijos de los republicanos, darlos nuevo nombre y hacerlos desaparecer de sus vidas.

Nadie puede saber con exactitud cuántos fueron, entre otras cosas porque no existía ni registro de los nacimientos en los penales ni censo de la población infantil que acogían, aunque la escasa documentación no destruida -como tantas otras pruebas- en los últimos años de la dictadura muestra que decenas de miles fueron reeducados, y una buena cantidad de ellos, entregados a los seguidores del Alzamiento. En algunas circulares internas de Auxilio Social, sus responsables expresaban preocupación por el destino de estos niños, ya que les habían informado de que a muchos no se los llevaban para educarlos como a hijos, sino como criados. (...)

Tampoco se han querido hacer cosas tan simples como un registro de ADN con los afectados por la trama del robo de niños, o tomar declaración a personajes como Trinidad Gallego, una comadrona de casi cien años que prestó sus servicios en la cárcel de Ventas, testigo de numerosas sustracciones de recién nacidos. Después de estar encerrada años por sus ideas, de pasar hambre y de tener que soportar, tras ser liberada, los abusos sexuales de un médico que la amenazaba tras cada violación con devolverla a la cárcel si lo denunciaba, Trinidad no ha tenido la satisfacción de que algún juzgado recoja su testimonio." (El País Semanal, 03/05/2009, p. 48/55)