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29/6/21

La justicia internacional confirma la cadena perpetua por genocidio para Mladic, el ‘carnicero de los Balcanes’. El exgeneral serbobosnio fue condenado por la matanza de 8.000 musulmanes bosnios en Srebrenica en 1995

 "Ratko Mladic, de 78 años, el exgeneral serbobosnio conocido como el carnicero de los Balcanes y condenado a cadena perpetua por el genocidio de Srebrenica, perpetrado en 1995 por sus tropas en esa ciudad bosnia, ha visto confirmada su sentencia por la justicia internacional este martes. 

Concluye así la ruta judicial seguida contra los responsables directos de la peor atrocidad cometida en Europa desde la II Guerra Mundial, puesto que Radovan Karadzic, jefe político de Mladic, cumple ya la misma pena en una cárcel británica. 

Ambos fueron el ideólogo y brazo militar ejecutor, respectivamente, de la muerte de unos 8.000 hombres y adolescentes bosniacos (bosnios de religión musulmana) en el curso de una ejecución masiva de la que se cumplen 26 años este mes de julio.

“Los actos de Mladic fueron decisivos para la comisión de los crímenes: sin él no podrían haberse perpetrado”, puesto que controlaba a las tropas y también a las unidades de policía en los días del genocidio, según consta en el fallo, emitido por el organismo que ha tomado la decisión (un mecanismo judicial residual encargado de los flecos de los juicios de los Balcanes desde el cierre, en 2017, del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, TPIY).

 Mladic fue condenado ya en 2017 a cadena perpetua y apeló. Este martes, los jueces han rechazado todos sus argumentos, y él los ha escuchado desde la sala de vistas con atención y ha mirado a la cámara cuando se ha confirmado la sentencia. Luego ha movido la cabeza en un gesto de decepción. No está claro dónde cumplirá la pena, porque la cárcel donde se encuentra ahora en La Haya, sede del mecanismo residual y antes del TPIY, solo se utiliza hasta que concluyen los procesos. Serge Brammertz, fiscal jefe de ambas instancias, espera que la sentencia demuestre que “la justicia puede retrasarse, en especial la justicia internacional, pero eso no significa que sea denegada”, según ha dicho. Confiaba en que los jueces de apelación mantuvieran la pena de cadena perpetua porque “es preciso que se le haga justicia a las víctimas”.

 Munira Subasic, una de las madres de Srebrenica y que perdió a su marido y un hijo, ha dicho que “este es un día histórico, pero no solo para nosotras: allí donde iba mató a todos solo porque no eran serbios”.

El caso de Mladic incluye el cerco al que sometió a Sarajevo, capital de Bosnia Herzegovina entre 1992 y 1996. Fue el más largo de una ciudad (43 meses) en la historia de las guerras modernas y las tropas serbobosnias mataron allí (con ayuda de sus francotiradores) a cerca de 14.000 personas. El fallo de apelación lo califica de “campaña destinada a aterrorizar a la población”, y añade que Mladic “no ha demostrado que Sarajevo fuera un objetivo militar legítimo”.

Los abogados de Mladic apoyaron la apelación en el hecho de que el exgeneral “no puede ser considerado responsable de los crímenes cometidos por sus subordinados, porque él no ordenó la limpieza étnica”.

Desde hace casi tres décadas, las familias de los muertos de Srebrenica entierran todos los años alguno de sus restos. Después del genocidio, los cadáveres fueron metidos en fosas comunes, que después se abrieron para desperdigarlos por otros lugares para ocultar la matanza. El fiscal también apeló, porque la primera sentencia no apreció genocidio, sino crímenes de guerra y contra la humanidad, en varios municipios de Bosnia donde también hubo muertos, pero el tribunal lo ha rechazado porque no considera hubiera ahí un genocidio.

Idenfidad falsa

Mladic fue arrestado en mayo de 2011 en la localidad de Lazarevo, a unos 80 kilómetros de Belgrado, la capital de Serbia. Se encontraba en casa de unos familiares y se hacía llamar Milorad Komadic. Acababa de sufrir un derrame cerebral y no podía mover bien la parte izquierda del cuerpo, y aunque se recuperó con el tiempo, pidió la anulación del proceso por motivos de salud. El exmilitar, respetado por sus tropas y con fama de buen estratega en el Ejército serbobosnio, estuvo huido durante una década, pero los primeros años después del genocidio se exhibía sin problemas en su país y gozaba de protección. A medida que pasó el tiempo, y en especial debido a la negativa de la UE de estudiar la solicitud de posible adhesión de Serbia si su Gobierno no lo entregaba antes, su situación cambió. Tuvo que esconderse y acabó en el domicilio de unos parientes. Allí, le detuvo un grupo de agentes especiales serbios, que llevaba dos semanas vigilando la granja donde se ocultaba.

Los Países Bajos fue uno de los que se mantuvo más firme a la hora de frenar la ruta comunitaria serbia dado su propio trauma vital. Los casos azules holandeses protegían a los civiles cuando entraron las tropas de Mladic en 1995. Superados en número, sin apoyo externo y abrumados por la situación, presenciaron la separación de los hombres de las mujeres, niños pequeños y ancianos. Fue el paso previo a genocidio, puesto que los varones adultos y adolescentes ya no regresaron. En 2002, el Gobierno holandés dimitió después de que el informe que había encargado sobre Srebrenica señalara su responsabilidad moral -que no la culpa- de lo ocurrido. El grupo de veteranos que representa al Dutchbat III, el batallón de los cascos azules destacado en la población bosnia, señala que entre un 20% y un 30% de sus miembros padece estrés postraumático. En otros destacamentos similares le ocurre a un 6% de los militares. En febrero de este año, el Ejecutivo asignó la cifra simbólica de 5.000 euros para cada uno de ellos.

1/6/21

Macron admite en Ruanda la “responsabilidad abrumadora” de Francia en el genocidio

 "El presidente francés, Emmanuel Macron, abrió el jueves un nuevo capítulo en la compleja relación de Francia con Ruanda al reconocer la “responsabilidad abrumadora” de su país en el genocidio de 1994. 

En un discurso en Kigali, la capital ruandesa, Macron rechazó toda culpa y complicidad francesa en el asesinato de más de 800.000 ruandeses de etnia tutsi a manos del régimen hutu, pero admitió que París, aunque de forma involuntaria, tuvo un papel en el “engranaje que condujo a lo peor”. El anfitrión, Paul Kagame, aplaudió sus palabras.

 Macron no presentó excusas ni pidió perdón de forma explícita como hizo hace 21 años la antigua potencia colonial, Bélgica, pero en cambio indicó que Francia tiene “una deuda” hacia las víctimas y que son estas las que tienen “el don” del perdón. El presidente ruandés, Kagame, describió después en una rueda de prensa el discurso de su homólogo como un acto “de inmenso coraje” con “más valor que unas excusas”.

“Al estar hoy [por el jueves] aquí con humildad y respeto a vuestro lado, vengo a reconocer nuestras responsabilidades”, dijo el presidente de la República en el discurso de 14 minutos en el Memorial Gisozi. Allí están inhumados los restos de 250.000 víctimas del genocidio perpetrado hace 27 años por un régimen que había contado con el apoyo político y militar de Francia. Desde entonces, el papel de París y la resistencia francesa a asumir sus responsabilidades han envenenado la relación entre París y Kigali.

Macron pronunció un discurso denso que refleja su idea de la política de la memoria para un país que, como dice en una entrevista recién publicada por la revista Zadig, necesita “una mirada desacomplejada y lúcida” sobre el pasado con sus luces y sombras. Es uno de los ejes de su acción al frente de Francia, en la estela de su predecesor Jacques Chirac, que en 1995 fue el primer presidente en admitir la responsabilidad de Francia en la deportación y el exterminio de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. “En la vida de una nación”, dijo Chirac, “hay momentos que hieren la memoria y la idea que uno se hace de su país”.

Macron recoge este espíritu. En los últimos meses, se han publicado sendos informes de historiadores: uno, sobre la guerra de Argelia entre 1954 y 1962, que todavía marca y divide a Francia; y el otro, sobre Ruanda, donde el país, según su presidente, “tiene un deber: el de mirar a la historia a la cara y reconocer la parte de sufrimiento que infligió al pueblo ruandés al hacer prevalecer el silencio durante demasiado tiempo en el examen de la verdad”.

La derecha y la extrema derecha francesas suelen acusar a Macron de caer en la autoflagelación. En el caso de Ruanda, se añade la incomodidad de los antiguos colaboradores del socialista François Mitterrand, presidente entre 1981 y 1995 y responsable último de los errores de Francia en Ruanda, según el informe encargado por Macron y publicado en marzo bajo la dirección del historiador Vincent Duclert.

“Solo los que atravesaron la noche pueden, quizá, perdonar, conceder el don, en este caso, de perdonarnos”, dijo Macron. “Lo recuerdo, lo recuerdo, lo recuerdo”, añadió en la principal lengua ruandesa, el kinyarwanda.

Francia ve el discurso como la etapa final en la normalización de la relación con Ruanda, que debería culminar con el nombramiento de un embajador francés, ausente desde 2015. Uno de los momentos más complicados llegó en 2006, con la ruptura de las relaciones tras la imputación de nueve altos cargos próximos a Kagame por el juez francés Jean-Louis Bruguière, que los acusó de estar detrás del atentado contra el avión en el que murió en 1994 el presidente ruandés Juvénal Habyarimana. El atentado marcó el inicio del genocidio de los tutsis.

Francia y Ruanda retomaron la relación en 2009. Al año siguiente, el presidente Nicolas Sarkozy admitió en Kigali “errores políticos” y “una forma de ofuscación” de Francia en Ruanda. Pero fue Macron, en el cargo desde 2017, quien fijó la plena normalización como prioridad. Apoyó a la ruandesa Louise Mushikiwabo para presidir la Organización Internacional de la Francofonía. Y cultivó como aliado en África a Kagame, que ha liderado con mano de hierro su país durante estas décadas y ganó las últimas elecciones con un 98,8% de votos. La oposición lamentó, en vísperas de la visita de Macron, que este “callase ante el reino autoritario y las violaciones de los derechos humanos”, informó la agencia France Presse.

El caso judicial contra los colaboradores de Kagame quedó sobreseído en julio de 2020, poco después de la detención en las afueras de París, donde vivía escondido, de Félicien Kabuga, considerado uno de los principales responsables del genocidio.

“Reconocer este pasado, que es nuestra responsabilidad, es un gesto sin contrapartidas”, dijo Macron. “Es exigencia hacia nosotros mismos y para nosotros mismos, deuda hacia las víctimas después de tantos silencios pasados, don a los vivos de quienes todavía podemos, si lo aceptan, calmar el dolor”.

17/2/10

¿Una catástrofe lingüística?

"La colisión entre dos trenes que ha causado 18 víctimas mortales el 15 de febrero a las afueras de Bruselas reaviva las diferencias entre las dos comunidades lingüísticas principales del país: los francófonos y los neerlandófonos. El diario Le Soir lamenta esta situación.

Es un drama nacional. Uno de esos momentos en los que las rencillas comunitarias se dejan a un lado para dar paso a un dolor común. El caso Dutroux, la muerte del rey Balduino, el asesinato de Joe Van Holsbeeck, las catástrofes de Lieja o de Ghislenghien fueron sucesos tan graves que constituyeron momentos inusuales de unión colectiva.

El mundo político se da cuenta rápidamente de la magnitud del suceso. El primer ministro Yves Leterme, ante las dantescas circunstancias, interrumpe su viaje oficial a los Balcanes. El rey Alberto II acorta sus vacaciones de carnaval en el sur de Francia. El gobierno federal moviliza a tres ministros. Y se multiplican los comunicados de condolencia de los distintos partidos políticos. Pero la unanimidad no es del todo perfecta.

"Una reacción marca la "nota discordante". Kris Peeters, ministro-presidente de Flandes, emite un comunicado de prensa poco después del accidente. "Se trata de un día negro para Flandes", señala. Desde California, donde dirige una misión económica, se alegra por la rapidez de la intervención de los servicios de emergencias. En su visita al lugar de la catástrofe, el ministro-presidente valón y francófono Rudy Demotte declara que su homólogo del norte acaba de telefonearle "unos instantes antes", añadiendo de nuevo que se trataba de "una tragedia para Flandes". "Le he replicado de inmediato que también es una tragedia para Valonia y que Bélgica también está consternada", precisa Demotte. "Los viajeros que se encontraban en estos trenes procedían de todo el país, y aunque es cierto que en este primer día de vacaciones había menos gente, también muchas personas aprovechan las vacaciones para desplazarse...". (...)

¿Es este accidente de las dos comunidades un "símbolo" de nuestro país? Inevitablemente, el origen de los trenes y de los pasajeros nos hace pensar en ello. Al igual que el lugar de la catástrofe, un nudo de comunicación cercano a la frontera lingüística. La colaboración entre los servicios de emergencia y las instalaciones hospitalarias unió las fuerzas de las tres Regiones [Flandes, la Región Valona y Bruselas-Capital]. Y la posibilidad de una causa "lingüística" de la catástrofe, reminiscencia del drama de Pécrot, cuando un maquinista flamenco no logró entender al jefe de estación francófono, no se sostiene. Por lo tanto, es una catástrofe belga. Pero la reacción de Kris Peeters demuestra que el comunitario siempre se hace notar." (Presseurop, 02/16/ 2010, citando a Le Soir)