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11/8/22

El carcelero de Puig Antich: “Haber conocido a Salvador marcó mi vida”... Jesús Irurre ordena sus memorias de los 42 años que trabajó como funcionario de prisiones, donde llegó a colar una cámara para retratar las torturas

 "Jesús Irurre tiene una pelota de baloncesto en casa. “Se me sigue dando bastante bien”, afirma. Ahora la usa sobre todo con su nieta, en el parque que hay justo debajo de su casa. Fue también ante una canasta, pero en una pista bien distinta, donde habló por primera vez con Salvador. Era noviembre del 73. Él, carcelero, había llegado pocas semanas antes a Barcelona. Tenía 23 años y dos hijos. Puig Antich hacía meses que estaba en la Modelo. Lo habían condenado a muerte por matar a un policía y pasaba 23 horas al día en aislamiento. “Menudo bicho”, pensó Jesús.

La pista era de cemento gris, las paredes de piedra y había rejas en el techo. Puig Antich intentaba encestar. Irurre lo miraba apoyado en una pared. Hasta que la pelota le cayó en los pies. Salvador había fallado. Lo intentó él. Dice que no recuerda si anotó o no. El caso es que sin saber muy bien cómo, acabaron jugando juntos al baloncesto.

El juego dio paso a las palabras. Salvador le habló de su familia y de su hermano médico que vivía en Estados Unidos. Jesús se abrió a compartir preocupaciones. “Mi hijo no lee bien. Confunde palabras”. Se llama dislexia, le dijo Salvador. “Tenemos que corregirlo. Estamos intentando también que deje de ser zurdo”. Estaban sentados, ambos, en la cama. Puig Antich le dijo que no había que corregir eso. Le contó sitios dónde se trabajaba la dislexia con técnicas adecuadas y le aseguró que el niño podría seguir estudiando. “Eran otros tiempos”, dice Irurre, “pero afortunadamente le hicimos caso. Mi hijo continúa siendo zurdo. Es arquitecto. Le ha ido bien”.

 Jesús empezó a prestarle por las noches un pequeño transistor. Y Salvador le hablaba de la música que le gustaba. “Sobre todo cantautores. Me descubrió por ejemplo a Patxi Andión, al que luego he seguido toda mi vida”. Y le descubrió también algo fundamental. Algo que cambió la vida de Jesús para siempre: los libros. “Tenía muchos, creo que uno de ellos era El miedo a la libertad de Erich Fromm”.

Se lo compró tras la muerte de Salvador. Tras la dramática madrugada del 2 de marzo del 74. “Lo tendré grabado en mi mente toda la vida. La celda 443. Su temple y fortaleza. Los gritos de las hermanas. Su “quina putada, això és una putada” cuando vio el garrote vil. El silencio sepulcral de la mañana siguiente”. Suspira, bebe agua y continúa. “Empecé a gritar: ‘¡Franco hijo de puta asesino, Franco hijo de puta!’. Dos compañeros me metieron en un cuarto. ‘¿Te has vuelto loco?’ me decían. Lograron tranquilizarme. A los pocos días le dije a mi mujer que lo dejaba. Tenía la sensación de estar participando en un juego macabro”.

Pero en vez de abandonar el trabajo recordó una conversación con Puig Antich. “Hay una librería que se llama Leteradura. Tienen textos políticos, libros prohibidos por el régimen…”. Así que caminó hacía el número 80 del paseo de Gràcia y comenzó a leer. “Primero a Fromm, luego libros sobre sindicatos. Leía sobre la CNT, sobre el anarquismo. Me transformó para siempre”.

Empezó a sondear a los compañeros. “Los que no parecían muy franquistas”, añade. Y les habló de la posibilidad de organizarse. Recorrió todas las prisiones de España para intentar sumar adeptos. Y crearon una coordinadora nacional de manera clandestina que más tarde se convertiría en el primer sindicato de funcionarios de prisiones. Irurre fue su primer secretario general. Se sumó también a las reuniones que grupos de abogados penalistas hacían para empujar a favor de la reforma penitenciaria. Y escondió una cámara que le facilitó el periodista Xavier Vinader para fotografiar las torturas en la cárcel.

 “Ahora ya lo puedo contar, no me pasará nada”. Un aparato diminuto que captó lo que ocurría dentro de las cuatro paredes de una habitación conocida como El Palomar. “Una celda cerrada y acolchada donde no se oían gritos, donde el preso no podía dar cabezazos contra la pared y donde se les hundía la cara en cubos de agua”. Esas fotografías se publicaron en Primera plana. Causaron revuelo.

 Él sigue guardando esa portada. Me la enseña en su piso de Valencia, ciudad a la que se mudó tras jubilarse en 2012. “Tenía 42 años cotizados. Ya estaba cansado”. Tras la Modelo había pasado por Málaga e Ibiza. Decidieron con su mujer mudarse a Burjassot, donde vive uno de los hijos. Y los más importante, dos nietas. “Es con lo que más disfruto ahora”.

Conserva muchos recortes de prensa: fugas de presos, motines, huelgas de hambre. La vida de Jesús da para un libro. De hecho él ha empezado a ordenar los recuerdos. Y dice que quiere hacer un relato sobre su vida, y a la vez, sobre las prisiones de España. “Y soy consciente de que lo que marcó mi vida fue la galería número 5 de la Modelo, y haber conocido a Salvador. Porque tenía una imagen de los anarquistas que él cambió, porque me animó a leer libros. Y porque yo, que vivía sin ideología, sin cuestionarme el régimen, me di cuenta de que todo tenía un sentido político”.                (Carla turró, El País, 09/08/22)

18/12/17

“Hay una parte de la población amplísima que acepta la tortura, e incluso la pide”

"La narración más sorprendente y admirable sobre la tortura que he leído es un libro llamado Intxaurrondo. Lo escribió Ion Arretxe (Rentería, 1964) y lo publicó Manuel Blanco Chivite (San Sebastián, 1945) en El Garaje Ediciones. Chivite dice que lo último que hizo en su editorial fue descubrir “el enorme talento” de Arretxe. 

A Ion lo torturaron durante días en el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo. A Manuel Blanco Chivite, en “los despachos” de la Brigada Político Social franquista. Esta conversación podría haber sido con Arretxe, pero Arretxe murió en marzo de este año.

Cuando leí Intxaurrondo pensé que nunca había leído algo semejante sobre la tortura, esa forma de enfrentar violencia y dolor con inteligencia.

Él solía decir que había tardado 30 años en poder escribirlo. No en contarlo, porque en realidad, él contó lo que le había sucedido en Intxaurrondo en cuanto salió de la cárcel. Lo hizo inmediatamente: en el mismo hotel donde se hospedó para esperar a que su hermana llegara a recogerle, encontró a dos chicas desconocidas. Él les preguntó si se hospedaban en el hotel, le respondieron que sí, y resultó que eran de Bilbao. ¿Os puedo contar una cosa que me ha pasado?, les preguntó. Y les contó las torturas.

Y luego necesitó 30 años más para poder contarlo de otra manera.

Luego lo contó muchas veces, incluso al juez, que no le hizo ni puto caso. Pero tardó 30 años en escribirlo. Necesitó ese distanciamiento para, digamos, superar el trauma, o los elementos de rabia, viscerales… Para alcanzar la obra de arte, la estética.

¿Una forma de superación?

Él decía: “Yo ahora veo a aquella gente [a los torturadores] como cuando se mira el espejo retrovisor en un coche que avanza hacia delante, ahí los veo, cada vez más pequeños, atrás y pequeños”.

Ese distanciamiento le permite jugar con el elemento del humor, que haya humor. En la situación más dramática hay humor, como el momento en el que se inventa un comando o un zulo solo para que le den un pitillo.

El humor está en la escena en sí, y no digamos ya en la prosa, pero en lo que sucedió. Él se va inventando sobre la marcha porque quiere evitar el dolor… se inventa un zulo, un comando, se inventa no sé qué armas… y ellos poco a poco se van dando cuenta hasta que le dicen “coge esa pistola” y no sabe coger el arma, porque ni siquiera había hecho la mili.

Sí, humor, pero las torturas que describe son siniestras.

Para empezar, le meten en un saco y lo envuelven con cinta de precinto como una momia y le dejan fuera del saco la cabeza y las manos. Rasgan el envoltorio para sacar las manos porque al introducirlo en el río para ahogarlo, la coloración de las uñas da información sobre si está a punto de morir o no. Para controlar el terror y la muerte. El hombre es como una momia con las manos a los costados sueltas. Entonces lo introducen en un río, así, durante la noche, que es como probablemente murió Mikel Zabalza esa misma noche. Lo que hay en él es una superioridad humana, insisto, humana.

Esa superioridad humana frente al torturador la muestra sin mostrarla.

La expone, está ahí, solo eso, no hace panfleto, no hace política, por así decirlo. No hace más que narrar, y lo que se percibe es la superioridad humana de un hombre que está ahí sometido a esa tortura y en un momento dado se inventa lo que sea. Y ese invento tiene un aire de retranca.

Leyendo a Ion desaparece la suposición de inteligencia en el torturador, queda solo la obediencia animal.

Es la obediencia debida. Si uno lee los protocolos de la tortura de la Inquisición, son exactamente los mismos que los de la Brigada Político Social franquista. Y los mismos que la tortura en la actualidad, en este Estado monárquico. Consiste en lo siguiente: Nos obligas a hacerlo. Cuéntanos lo que nos tienes que contar y ya está, pero no nos obligues… Nos vas a obligar a hacer esto. Nos vas a obligar a hacer esto. En los protocolos de la Inquisición era lo mismo. Se decía: y si insiste el interrogado en no contar la verdad, y se produce derramamiento de sangre, la responsabilidad de este derramamiento o muerte será del interrogado.

Ha dicho “en la actualidad”.

Lo terrible es que, en los últimos 20 años, en este mundo en el que vivimos, la tortura no solo no ha disminuido, sino que ha aumentado.

¿Por qué no hablamos de ello?

Porque hay una parte de la población amplísima que la acepta, e incluso que la pide. No contra ellos, sino contra quienes considera sus enemigos.

¿De verdad cree que la piden?

Lo creo de verdad porque lo he oído pronunciar en voz alta. Pero no en público, cuidado… Y porque se vota insistentemente a partidos que ejercen la tortura.

¿En qué ámbito lo ha oído?

Pues hasta en un bar de menú del día, vamos. Y también lo he oído en algún gabinete de prensa de algún partido que tiene diputados. Es más, Intxaurrondo no se ha reprobado socialmente. En el campo del periodismo, los periodistas de determinados medios, los que podríamos llamar periodistas policía, que hay muchos, están perfectamente al cabo de la calle de las torturas que se han hecho en este país, desde la Brigada Político Social hasta Intxaurrondo o en los años 80 o 90 o 2000. Lo saben perfectamente.

¿Y por qué lo callan?

Lo ocultan porque lo aprueban y lo callan porque lo aprueban. Quien calla la existencia de la tortura no lo hace porque cree que no existe, sino porque conscientemente la oculta. No hay nadie, nadie en España, ninguna persona con un oficio o profesión pública de información que no sepa que en España se ha torturado y que se siguen dando casos de tortura hoy en día. Y aquellos que lo niegan lo hacen por ocultamiento, un deseo consciente de ocultamiento y en muchísimos casos por sus propias relaciones de interés con los gabinetes de prensa de los cuerpos y fuerzas del Estado… del Estado, un nombre perfecto, no de la sociedad.

¿Por qué los grupos políticos no insisten en que salga a la luz?

Porque la sociedad está a favor de la tortura.

¿A favor o no quiere verla?

A favor, Cristina, a favor… Y no quiere verla porque está a favor. Es una relación hipócrita como otra cualquiera, como la señora que sabe que el marido viola a la hija y no quiere verlo.

Entiendo, se refiere a algo comparable a la violencia machista. De alguna forma hasta ahora no se ha permitido que se vea.

Es cierto que no se ha permitido. En el caso de la tortura, quienes no lo han permitido son la primera línea que la aprueba y la ejerce. En sus ámbitos gubernamentales la ejerce. Luego está el sector de “el ciudadano que vota”, que piensa que los aparatos armados del Estado tienen que cumplir unas funciones y ahí está la educación del cine, las series, la literatura, donde dicho cumplimiento les exige determinadas actividades moralmente reprobables pero necesarias para nuestra seguridad. Ahora mismo mientras hablamos se están produciendo muertes bajo tortura en Siria, en Irán, en Paquistán, en Marruecos, en Afganistán, Israel… y en todos estos países se están produciendo desapariciones bajo tortura.

Permítame que vuelva a la comparación con la “institucionalización” de los millones de mujeres torturadas en hogares y burdeles. Se escapa al delito/castigo.

Se escapa del vaso. El vaso esencial donde radica la tortura es en los aparatos del Estado. Además, hoy son tan numerosos… y de ahí se expande a la sociedad. Hay una hipocresía de no aceptación de la violencia.

Y una herencia…

La tortura forma parte de la cultura de la represión en España. Hay que tener en cuenta que la dictadura fue económica. Los militares solo se pusieron en marcha cuando los March, los Urquijo, etc., soltaron el dinerito.

Y manteniendo eso intacto se mantiene una forma de violencia constante contra una gran parte de la población.

En el franquismo, desde fines de los 50 se produce una reconversión general de la economía y se desplaza de la España agrícola a las grandes ciudades entre 6 y 8 millones personas. Hay que ver cuántos de ellos, en lugar de irse al andamio o a Alemania, deciden meterse en la Guardia Civil o en la Brigada Político Social […]. Estoy hablando del perfil humano del torturador. Es un tipo repugnante. En el mejor de los casos, un psicópata. En el mejor de los casos… Se trata de un castigo en términos de poder social. Placa y pistola: la placa es impunidad y la pistola poder. Es un acceso al poder por la vía rápida.

¿Cabe la posibilidad de que la tortura no deje mella?

Sí que dejaron mella en Ion. Lo que ocurre es que fue capaz de sanar. Me recuerda a algo que decía Virginia Woolf, que el gran escritor se desprende de las mellas, de la visceralidad, de lo inmediato para profundizar en lo que quiere decir. Para hacer universal su discurso. Para hacer arte, en definitiva. Es interesante en Intxaurrondo lo que tarda Arretxe en estar en disposición de escribir algo tan estremecedor y al mismo tiempo tan humano y profundo. Es porque el tiempo le ha dado sabiduría, distancia, y es importante, muy importante, la inteligencia.

A usted le torturaron hace 42 años.

Sí, pasé por los despachos de la Brigada Político Social, y no, no lo pasé muy bien. Pero uno no puede vivir toda la vida en la tortura. De la misma forma que si una ha salido de un campo de concentración no puede instalarse toda la vida ahí.

Entonces la grandeza de Ion es que es capaz de sublimarlo y hacer arte con ello.

No es una escritura terapéutica si no artística. Cuando sale y se lo cuenta a esas dos desconocidas ya inicia, de forma espontánea, una cura por su cuenta. En el caso de Ion como en el de muchos más, hay una opción por la vida.

E imagino que un ejercicio individual, íntimo.

Sí. Es un ejercicio individual, tiene un componente social, pero es un ejercicio fundamentalmente individual. Por ejemplo, yo hice mía la idea de Ion del retrovisor, de ver cómo esas personas se van haciendo cada vez más pequeñas, quedan atrás y uno avanza."               (Entrevista a Manuel Blanco Chivite, La Marea, 12/12/17)

10/12/14

Rajaron sus genitales y derramaron líquidos calientes en el pene mientras se lo cortaban y lo amenazaban con electrocutarlo, violarlo y matarlo...

"(...) En realidad, lo que se desclasificó ayer (texto íntegro aquí) es sólo un aperitivo del original y con muchos nombres, datos y lugares tachados por razones de seguridad. (...)


El informe no sólo documenta la extrema crueldad de los métodos de la CIA, sino también su incompetencia, su falta de trasparencia y la deslealtad de sus dirigentes. Es decir, los interrogatorios fueron “brutales” pero además resultaron erráticos, chapuceros e inservibles, ya que no se consiguió información relevante a pesar del salvaje martirio de los prisioneros. 

Y parece que tanto la magnitud del programa de torturas como la escasez de resultados obtenidos, se habrían ocultado sistemáticamente ante el Congreso y ante el presidente, George W. Bush, quien en cualquier caso aparece retratado como alguien a quien no le interesaba demasiado saber lo que estaba pasando. Incluso habría solicitado no ser informado sobre dónde se encontraban las cárceles secretas por si se le escapaba algún detalle en alguna conversación.

En una de las escenas más inquietantes, fechada en 2003, se documenta cómo altos funcionarios de la CIA se ponen nerviosos y exigen una confirmación por escrito a su interlocutor en la Casa Blanca (en ese momento Condoleezza Rice, asesora de Seguridad Nacional) después de que Bush hiciese una apasionada condena de la tortura en el marco de una ceremonia de Naciones Unidas.

 Tenían razones para extrañarse. Mientras su presidente hablaba de "acabar con los abusos en el mundo", ellos estaban ordenando cosas como estas:

1. Algunos prisioneros fueron sometidos a “hidratación y alimentación rectal”. Por ejemplo Majid Khan, cuyo almuerzo fue triturado e introducido en su ano. La “papilla” contenía hummus (puré de garbanzos), pasta, nueces y pasas. También se les sometía a “exámenes anales” que se llevaban a cabo “con excesiva fuerza”. Algunos presentaron lesiones: Mustafa Al-Hawsawi padeció hemorroides crónica, fisuras anales y otros problemas.

2. Las amenazas, incluidas las de muerte, eran frecuentes durante los interrogatorios, y las intimidaciones se extendían a veces a sus familiares. Al menos tres detenidos fueron presionados bajo amenaza de matar a sus hijos y cortar el cuello o violar a sus madres. Y en al menos dos ocasiones se llegó a simular una ejecución.

3. Los presuntos yihadistas eran sometidos con frecuencia a baños helados y duchas frías. Uno de ellos permaneció “horas tiritando”, desnudo en una celda, después de un baño de agua helada de más de 20 minutos que le cortó la respiración. 

Un tal Abu Hudhaifa pasó 66 horas sin dormir, sometido también a duchas frías, hasta que la CIA descubrió que “no era la persona que creían”. No fue un caso aislado. Al menos 26 de los 119 detenidos que recoge el informe fueron retenidos por error.

4. Las mayores atrocidades no las cometieron agentes de la CIA, sino el personal “subcontratado” en las fuerzas de seguridad de otros países, como Tailandia o Egipto. El reporte describe, por ejemplo, una escena en Marruecos, en 2002, en la que a uno de los detenidos le “rompieron los huesos a golpes”. 

“Rajaron sus genitales y derramaron líquidos calientes en el pene mientras se lo cortaban y lo amenazaban con electrocutarlo, violarlo y matarlo”, dice el informe.

5. Muchos de los prisioneros estaban inmovilizados durante semanas y se les ponían pañales para que se hiciesen sus necesidades encima. El informe describe que Bush “expresó incomodidad” ante la imagen de un detenido “encandenado al techo, envuelto en un pañal, y obligado a hacerse sus necesidades dentro”.

6. Aún más comunes en las páginas del informe son las descripciones de maltratos físicos, vejaciones, privación del sueño (uno de los detenidos pasó 180 horas -una semana entera- sin poder dormir un solo minuto), así como tormentos sensoriales mediante la exposición constante a ruidos atronadores o especialmente molestos. También se les privaba a propósito de higiene, ropa, comida, agua, iluminación, etcétera.

7. Los agentes utilizaban cajas de diferentes dimensiones, donde introducían durante largos intervalos de tiempo a los detenidos. “Abu Zubaydah pasó un total de 266 horas en la caja grande (del tamaño de un ataúd) y 29 horas en la caja pequeña. Los interrogadores de la CIA le dijeron que la única manera de abandonar el centro de detención era en la caja con forma de ataúd”.

 Otros prisioneros fueron obligados a quedarse largos periodos de tiempo en pie a pesar de tener complicaciones médicas graves, como rodillas y pies rotos. Los interrogadores forzaban posturas especialmente dolorosas o incómodas y dejaban a los detenidos así durante semanas.

5. Muchos de los prisioneros estaban inmovilizados durante semanas y se les ponían pañales para que se hiciesen sus necesidades encima. El informe describe que Bush “expresó incomodidad” ante la imagen de un detenido “encandenado al techo, envuelto en un pañal, y obligado a hacerse sus necesidades dentro”.

6. Aún más comunes en las páginas del informe son las descripciones de maltratos físicos, vejaciones, privación del sueño (uno de los detenidos pasó 180 horas -una semana entera- sin poder dormir un solo minuto), así como tormentos sensoriales mediante la exposición constante a ruidos atronadores o especialmente molestos. También se les privaba a propósito de higiene, ropa, comida, agua, iluminación, etcétera.

7. Los agentes utilizaban cajas de diferentes dimensiones, donde introducían durante largos intervalos de tiempo a los detenidos. “Abu Zubaydah pasó un total de 266 horas en la caja grande (del tamaño de un ataúd) y 29 horas en la caja pequeña. Los interrogadores de la CIA le dijeron que la única manera de abandonar el centro de detención era en la caja con forma de ataúd”. 

Otros prisioneros fueron obligados a quedarse largos periodos de tiempo en pie a pesar de tener complicaciones médicas graves, como rodillas y pies rotos. Los interrogadores forzaban posturas especialmente dolorosas o incómodas y dejaban a los detenidos así durante semanas.”       (

7/4/14

Empecé a oír los gritos de dolor y desesperación de mi hermano. Aquello fue mucho peor que el sufrimiento de mis propias torturas

"(...) "Fue Muñecas, él personalmente, quien me agarró para hacerme la bañera, el que me interrogó y el que me golpeó. Dirigía el grupo y actuaba", denuncia Josu Arrizabalaga, de 69 años, que explica que el método de la bañera consiste en envolver el cuerpo del interrogado en una manta, atarlo de manos y meterlo dentro de una bañera con el "agua más negra que te puedas imaginar" hasta que el interrogado esté al borde del desmayo. 

Aquel día era el domingo de ramos de la Semana Santa de 1976. Josu y su hermano Mikel habían sido detenidos y pasarían tres días en las dependencias de la Guardia Civil para después salir sin cargos.

"Me sacaron de la bañera y me dejaron tirado en el suelo hasta que recobré el sentido. Cuando pude ponerme de pie me ataron a una viga colgado de las esposas. Entonces empezaron a golpearme en el vientre y a interrogarme a base de preguntas de todo género. 

Me tuvieron colgado de las esposas desnudo durante una hora y media aproximadamente. A consecuencia de eso no sentí las muñecas durante casi un año", prosigue Josu.

 Pero lo más doloroso para este hombre, según reconoce, no fueron los golpes que recibió. En la habitación de al lado estaba su hermano pequeño, Mikel, quien había sido detenido junto a él.

 "Me dejaron sentado en una silla, esposado. Hasta entonces no tenía noticias de mi hermano. En ese momento es cuando empecé a oír los gritos de dolor y desesperación de Mikel. Aquello fue mucho peor que el sufrimiento de mis propias torturas. Fue verdaderamente desgarrador e insoportable", relata.

 Esa no era la primera vez que Josu veía a Muñecas. En 1976 este hombre tenía 31 años. Ocho antes, en 1968, fue cuando vio al capitán por primera vez. Josu fue a comisaría junto a su padre a visitar a su hermano Andoni, fallecido en 1984, que en aquel momento se encontraba detenido. Muñecas permitió la visita.

 "Cuando vimos a mi hermano no parecía un ser humano. Estaba irreconocible. Creo que nos permitió verlo a propósito para que sufriéramos". Por eso, cuando Muñecas se encontró a Josu detenido años más tarde, le espetó: "Si dices algo te haré lo mismo que a Andoni".

 Uno de los casos más conocidos de presuntas torturas de Jesús Muñecas fue el caso de Amparo Arangoa, fallecida años atrás por una enfermedad. Las fotografías de las consecuencias de su tortura recorrieron entonces medio mundo. 

Era el año 1976 y Muñecas ya era capitán en Tolosa, su superior era entonces el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián, Antonio Tejero, con quien tiempo después volvió a coincidir para dar el golpe de Estado del 23-F.

La Guardia Civil detuvo a Amparo en abril de 1976 en su lugar de trabajo. Era vicepresidenta del sindicato del Papel y Artes Gráficas y vocal del Consejo de Trabajadores de Navarra. 

En apenas ocho horas en la comisaria, la familia vio a Amparo con la cara destrozada, mechones de pelo colgando y amoratada completamente de cintura para abajo. Los agentes, contó entonces Amparo, la habían golpeado, dado patadas y tirado contra la pared y el suelo.

 El parte médico de Amparo Arangoa indicaba que presentaba "hematomas por todo el cuerpo, de gran profundidad en la región glútea, con posible bloqueo intestinal y renal y choque traumático".  (...)

Elisabete Nosellas y su pareja Jokin Sarasola también sufrieron las presuntas torturas de Muñecas. Era el año 1976 y Elisabete tenía 16 años; Jokin, 19. Era el 6 de octubre y Elisabete regresaba a casa tras una tarde en el cine con el hombre con el que entonces estaba comenzando una relación y que después sería su marido. En la puerta de casa le esperaba la Guardia Civil. Ella era la responsable de formar las juventudes de la Organización Revolución de Trabajadores.
 
"Nos detuvieron ocho días con sus ocho noches. Me torturaron física y psicológicamente. Y, ojo, hoy se sigue torturando en las comisarías. Me hicieron la bañera. Pensaba que no iba a salir de allí.

 Muñecas era el que estaba al mando de aquello y nos hicieron verdaderas barbaridades sabiendo que éramos inocentes. ¡Yo sólo tenía 16 años!", denuncia esta mujer, que en la actualidad tiene 44 y se dedica "al mundo de la cultura".

"La tortura psicológica era casi más dura que la física. Nos llevaban al monte y nos ponían la pistola en la cabeza y nos decían: 'Te puedo matar ahora y nadie se daría cuenta'. Y era verdad. También recuerdo que a mi novio lo sacaron a la calle desnudo en la noche y mientras le pegaban me hacían mirarlo y que él viera como yo miraba", continua esta mujer, que también denuncia que fue "drogada" en comisaria para que "largara".

"Me acuerdo de pensar acerca del odio que se veía en sus ojos hacia nosotros. No lo podía entender. Finalmente, terminé reconociendo todo lo que me decían para poder salir de allí", afirma. Elisabete reconoce que desde entonces ha tratado de mantener enterrado lo que ocurrió, aunque ahora, tras ser contactada por una asociación memorialista, ha decidido desenterrar el pasado.(...)"             (Público, 03/04/2014)

26/9/13

'Billy el Niño' era un animal, un salvaje que disfrutaba pegando"

 Billy El Niño, en 1981. / EFE

"Olía mucho a alcohol. Era bajito, feo, con los ojos saltones. Tenía 28 años, solo dos más que yo. Y disfrutaba torturando. Se le notaba porque en medio de la furia, al pegarte bofetadas y patadas, tenía un gesto de placer, de satisfacción”.

Así es como Felisa Echegoyen recuerda al exinspector José Antonio González Pacheco, alías Billy El Niño, uno de los cuatro cargos franquistas a los que la juez argentina María Servini de Cubría ha ordenado detener para interrogarlos en Buenos Aires. (...)

José María Galante, de la asociación La Comuna, también lo recuerda muy bien. “Le encantaba el mote que le habían puesto. Una vez, me tenía esposado al radiador en un despacho de la DGS, llegó, me dio un culatazo y me dijo: ‘Has tenido el honor de que te pegue un culatazo Billy El Niño”.

“Era muy peligroso porque no tenía muchas luces y sí una impunidad absoluta. Era bastante alfeñique, poca cosa. Se ponía delante de ti a hacer gestos de kárate, te daba una patada y te decía: ‘Eres un gran saco de golpes’. No era un funcionario que torturaba, era un torturador compulsivo, disfrutaba haciéndolo: ‘Te puedo destruir”. (...)"                        (El País, 19/09/2013)


" Público ha contactado con algunas de estas personas y ha recopilado sus testimonios. 

La emoción aún marca sus palabras cuando recuerdas los interrogatorios sufridos con Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, como interrogador y con la aparición esporádica de Celso Galván, escolta de Franco. El nombre de Billy el Niño aparece hasta en 16 querellas. Estos son algunos de sus víctimas.

Luis Pérez: "Me sacó por la ventana sujetándome por los pies"

 Luis Pérez... A pesar del paso del tiempo recuerda a la perfección a Billy el Niño. "Era un animal. Un salvaje, que disfrutaba pegando. Era un hombre muy corpulento cuyo gesto siempre mostraba desprecio. Me pegó hasta la saciedad", relata a Público Pérez.

 Luis fue detenido el 23 de abril de 1967 y fue llevado a la Dirección General de Seguridad, donde permaneció 72 horas, esposado y sin apenas comer. Allí conoció a Billy el Niño. "Billy pasaba por al lado de mi celda cada equis tiempo y me decía: 'Hombre, qué de tiempo sin vernos' y me daba una nueva paliza. Así durante todo el tiempo", recuerda Pérez.

No obstante, la peor experiencia que vivió con Billy el Niño la tuvo en la misma ventana desde donde lanzaron a Julián Grimau. Billy el Niño lo agarró por los pies y sacó todo el cuerpo de Luis por la ventana. "Te vamos a dejar caer como hicimos con Julián", le decía el torturador, según relata Luis, que califica a Billy el Niño como un hombre de una "brutalidad extraordinaria".

María Rumín: "Me partió la cara a puñetazos"

María Rumín tenía 17 años cuando fue detenida por la policía franquista. Militaba en la Enseñanza Media de las Juventudes Comunistas. (...)
 María estuvo tres días detenida en la comisaría de la Puerta del Sol. Nadie avisó a su familia y nadie dio información sobre su paradero durante esos tres días. "Todavía se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo aquellos días. Sólo de oír el nombre de Billy el Niño se me ponen los pelos de punta", asegura.

A pesar de ser menor de edad, María asegura que fue abofeteada y pateada durante los interrogatorios para forzar que delatara a sus compañeros. "Billy el Niño me partió la cara a puñetazos", relata. "Cuantas más preguntas me hacían y más silencio guardaba yo, más puñetazos me daban. Recuerdo su cara. Parecía que disfrutaba con aquello. Tenía como una cara de gusto", asegura.

A los tres días de estar detenida en la Dirección General de Seguridad, María fue liberada. Al entregarle sus pertenencias descubrió que le habían robado hasta el poco dinero que llevaba en la cartera. "Ni siquiera podía denunciar. ¿A quién iba a ir? ¿Al Estado que consentía las torturas?, sentencia María.

Felisa 'Kutxi' Echerroyen Echegoyen: "La primera noche fue terrible"

 Felisa fue detenida el 8 de octubre de 1974. Tenía 26 años. Estaba en su casa cuando cinco policías, entre ellos Billy el Niño irrumpieron a golpes. "Me cogieron de los pelos y me llevaron hasta la ventana. Me pusieron de espaldas a ella y comenzaron a interrogarme y a golpearme. Pensé que me iban a lanzar", relata a Público. 

Presa del pánico, Felisa comenzó a gritar pidiendo auxilio. Billy el Niño cogió un pañuelo y se lo metió en la boca a golpes.Registraron toda su casa en busca de una máquina multicopista. Sin embargo, en su casa no había nada salvo los restos de haber estado quemando toda la propaganda que poseía.(...)

 "La primera noche fue terrible. La pasé entre golpes, palizas y careos con otros detenidos. Negué conocer a todos ellos, menos a uno. Era mi marido", relata María, que señala que el segundo día cayó presa del pánico y sufrió un ataque de nervios que la dejó completamente rígida. 

 "Los policías se asustaron porque no me movía y me llevaron al médico. Gracias a eso, el segundo y el tercer día no me pegaron. Se ocuparon de mí los policías que hacían de 'buenos'", recuerda.

El tercer día los policías le pasaron su declaración para que la firmara. La leyó, vio que todo estaba en orden y firmó justo tras el punto final de la declaración. "Si dejaba solo un pequeño espacio en blanco sabía que la falsearían cuando me fuera", explica. "Mira la niña. Parecía tonta pero sabe donde tiene que firmar", le espetaron los policías.

 Felisa fue condenada a prisión, pero sólo estuvo tres meses en la cárcel porque fue beneficiada de la amnistía aplicada a los presos por la proclamación del rey Juan Carlos.

José María 'Chato' Galante: "Intentaron ahogarme para que 'cantara'"

 Chato fue detenido en el año 1969 cuando formaba parte de los comités de acción de la Universidad Politécnica de Madrid. Era su segunda detención y fue llevado hasta la Dirección General de Seguridad. Allí apareció Celso Galván, escolta del propio Franco y más tarde del rey Juan Carlos y, según los testimonios, un torturador de primera.

"Celso no estaba inscrito a ninguno de los grupos de la Brigada Político y Social, pero estaba allí casi siempre. Según los testimonios, es el autor del disparo que mató al estudiante Enrique Ruano", señala Galante, que asegura que su paso por comisaría no fue más que lo habitual durante aquella época.

 "Intentaron ahogarme para que cantara y después me obligaron a hacer el pato. ¿En qué consistía? En caminar de puntillas cuando tenías los tobillos esposados desde atrás. Era muy duro caminar así y yo no podía, por lo que me atizaban el doble", sentencia Chato."           (Público, 19/09/2013)


"En una resolución considerada histórica por las víctimas del franquismo, la juez argentina María Servini de Cubría decidió este miércoles la imputación y la solicitud de la orden internacional de detención de cuatro acusados por torturas del régimen: el exguardia civil Jesús Muñecas Aguilar, el exescolta de Franco y de la Casa Real Celso Galván Abascal, el excomisario José Ignacio Giralte González y el exinspector José Antonio González Pacheco, alías Billy El Niño. (...)

No es de esperar que España los detenga ni que los envíe a Argentina. (...)

Pero la orden de detención dictada por Servini puede dificultar que los cuatro imputados salgan de España porque corren el riesgo de que en otros países Interpol los detenga.

Galván tiene 78 años y tiene domicilio en Madrid. Ha sido imputado por las torturas infligidas contra José María Galante Serrano en 1969, cuando fue detenido sin proceso ni multa gubernativa alguna por supuestas actividades “subversivas”, y contra Acacio Puig Mediavilla, arrestado en los calabozos de la Dirección General de Seguridad en 1973. 

Muñecas, de 74 años y residente en Madrid, está imputado por torturas contra Andoni Arrizabalada Basterrechea en 1968. “Esto es lo que ocurre cuando no quieren colaborar”, dijo Muñecas en aquel entonces, según un testigo que vio a Arrizabalada en el cuartel de la Guardia Civil de Zarautzen, ensangrentado e irreconocible, con el rostro y los brazos llenos de moratones, con un imagen que no parecía humana.

Giralte, de 72 años y con domicilio en Tres Cantos, está acusado por los tormentos contra Galante y contra Alfredo Rodríguez Bonilla, en su detención en 1975. “(Giralte y Jesús González Reglero) me decían que bajara la cara, cada vez que lo hacía me golpeaban, por la espalda recibí golpes incluidos los que me propinaban con las propias cadenas con las que fui detenido y patadas en la entrepierna”, atestiguó Rodríguez Bonilla. “Según me iban golpeando, me decían: “Di que tu madre es una puta, di que tu padre es maricón’”, relató el denunciante. 

Billy El Niño, de 66 años y residente en Madrid, está imputado por torturas contra 13 víctimas. Los querellantes han recordado su frialdad al propinar palizas, sus azotes con la porra y sus explicaciones de que lo hacía porque no le gustaban sus caras."           (El País, 18/09/2013)

1/3/13

'El submarino', 'la bañera'... la tortura con agua

"A veces, el mundo puede ser visualizado como algo muy simple, en blanco y negro. Permítanme darles un ejemplo. Imaginen que los iraníes secuestran a un ciudadano estadounidense en un tercer país.
(Si prefieren, pueden reemplazar a los iraníes por militantes de Al Qaeda o por norcoreanos o chinos.) 

Lo acusan de ser un terrorista. Lo encierran en una cárcel sin presentar cargos en su contra, sin juicio ni sentencia diciendo que creen que posee información crucial (quizás incluso del tipo "bomba de tiempo" -y los iraníes tienen alguna experiencia genuina con bombas de tiempo).

 En las semanas posteriores, lo torturan con el "submarino" (le sumergen la cabeza en el agua) una y otra vez. Lo desnudan, le colocan un collar y una correa de perro. Le ponen una capucha, le tiran perros encima. Le echan agua helada y lo dejan desnudo en las noches frías. Lo cuelgan por los brazos del techo en la postura "strappado". 

Estoy seguro de que no tengo que continuar con más detalles. ¿Hay alguna duda sobre lo que nosotros (o nuestros líderes) diríamos o pensaríamos de los responsables de esto? 

Los llamaríamos bárbaros. Diríamos que han pasado los límites de la civilización. Torturadores. Monstruos. La personificación del Mal. Nadie en el gobierno de EE.UU., al leer el reporte de inteligencia de la CIA sobre el trato dispensado a ese estadounidense se preguntaría:

 "¿Esto es tortura?" Nadie en Washington tendría la urgencia de calificar como "técnicas perfeccionadas de interrogación" a lo que le hicieron al detenido. Si en una audiencia de confirmación en el Senado, le preguntaran a un candidato a director de la CIA si los actos de los iraníes fueron, de hecho, un método de "tortura", y este respondiera que no es un experto en el tema, ni un abogado ni un experto legal y por lo tanto no podría catalogarla como tal, no sería confirmado en el cargo. 

Y probablemente no tendría ningún cargo en Washington por el resto de su vida. Si le preguntaran si cree que los iraníes que cometieron esos actos y sus superiores que les dieron las órdenes deben ser enjuiciados en EE.UU. o en una Corte Internacional, el presidente jamás diría que en este momento es mejor "mirar hacia delante, no hacia atrás", ni tampoco el departamento de justicia les daría luz verde. 

¿Entiendes lo que quiero decir? Cuando el mal es el mal, todo queda muy claro. Solo es cuando, como dice Nick Turse, autor del libro Kill Anything that Moves: The Real American War in Vietnam, los brutales actos en cuestión son cometidos por estadounidenses, siguiendo órdenes de sus superiores, que las cosas se vuelven complejas, con matices, abiertas a interpretaciones, comprensibles en términos humanos y explicables en el contexto de que existe una "bomba de tiempo" (aunque esta sea imaginaria).  (Introducción de Tom Engelhardt)

Trata de mantener la calma -aunque empieces a sentir una opresión en el pecho y que el corazón te late alocadamente. Trata de no caer en pánico cuando sientas que el agua te entra por la nariz y la boca, mientras tratas de contraer la garganta y calmar la respiración y mantener algo de aire en los pulmones y luchar contra la creciente sensación de ahogo. 

Trata de no pensar en la muerte, porque no hay nada que puedas hacer, porque estás atado, porque alguien te echa agua en la cara y te ahoga lenta y deliberadamente. Estás en sus manos. Te sientes en agonía. 

En resumen, eres la víctima de "tortura con agua". O del "submarino". O del "tratamiento de ahogo". O de la "asfixia húmeda". O de cualquier otro sobrenombre dado a esta forma de brutalidad que hoy se la llama con el eufemismo de "waterboarding" (sumergimiento en agua). 

Esta práctica se volvió ampliamente conocida en EE.UU. tras saberse que la CIA la había estado usando contra presuntos terroristas después del 11 de septiembre. Recientemente, resurgió el debate con las representaciones cinematográficas de la técnica en el premiado film Zero Dark Thirty (La noche más oscura) y las menciones en las audiencias de confirmación en el Senado del nuevo director de la CIA John Brennan. 

La tortura con agua, sin embargo, tiene una historia sorprendentemente larga, que se remonta al siglo XIV. Ha sido usada de manera constante por las fuerzas armadas de EE.UU. desde principios del siglo XX, cuando fue empleada por contra los luchadores filipinos que luchaban por la independencia de su país. Los militares estadounidenses continuarían usando este método brutal en las décadas siguientes, y durante las guerras en Asia también habría víctimas.(...)
 
El acceso a documentos, que habían sido mantenidos secretos durante mucho tiempo, ayudó a llenar los huecos. "Mantuve al sospechoso en el suelo, le coloqué un trapo sobre la cara, y luego eché agua sobre el trapo, forzando el agua en su boca", explicó el sargento David Carmon en su testimonio ante investigadores por delitos cometidos por el ejército, en diciembre de 1970.

 Según la sinopsis de la investigación, el sargento admitió haber usado tanto tortura con electricidad como con agua al interrogar a detenidos, que murieron poco después. Según los resúmenes de los testimonios de testigos oculares entre los miembros de la unidad de Carmon, el prisionero identificado como Nguyen Cong fue "golpeado y pateado", perdió el conocimiento y sufrió convulsiones. 

Un doctor que examinó a Nguyen, sin embargo, declaró que el prisionero no presentaba ninguna anomalía. Carmon y otro miembro del equipo de inteligencia militar luego "golpearon a los vietnamitas y les echaron agua en la cara con un bidón de cinco galones de agua", según un resumen de su declaración. Un informe oficial de mayo de 1971 dice que Nguyen Cong se desmayó y "fue llevado hasta su jaula de reclusión, donde lo encontraron muerto más tarde". 

Años después, Carmon me dijo por e-mail que el abuso de prisioneros en Vietnam era generalizado y estimulado por los superiores. "Nada estaba prohibido, nada estaba más allá de los límites fuera de herir gravemente a un prisionero".(...)

 En la II Guerra Mundial, militares japoneses usaron la tortura con agua contra presos de EE.UU. "Me sometieron a lo que ellos llamaban la 'cura de agua'", declaró el teniente Chase Nielsen después de la guerra. Cuando le preguntaron sobre esa experiencia, respondió: "Sentía que me estaba ahogando, en el límite entre la vida y la muerte". 

La misma tortura fue sufrida por los pilotos estadounidenses capturados durante la Guerra de Corea. Uno de ellos hizo la siguiente descripción: "Me doblaban la cabeza hacia atrás, me ponían una toalla en la cara y echaban agua sobre la toalla. No podía respirar... Cuando me desmayaba, me sacudían y comenzaban de nuevo". 

Por los delitos cometidos contra los prisioneros, incluyendo la tortura con agua, algunos oficiales japoneses fueron condenados y sentenciados a cumplir largas condenas, mientras que otros les aplicaron la pena de muerte. 

La respuesta legal a los torturadores estadounidenses en Vietnam fue muy diferente. Mientras que investigaban los alegatos contra el sargento Carmon, por ejemplo, los agentes del ejército descubrieron que en la unidad del sargento existía un patrón de conducta "cruel y de maltrato" contra los prisioneros en el periodo de marzo de 1968 a octubre de 1969.

 Según un informe oficial, los agentes determinaron que la evidencia respaldaba cargos formales contra 22 interrogadores, muchos de ellos implicados en el uso de tortura con agua, tortura con electricidad, golpes y otras formas de maltrato. Pero no les presentaron cargos, ni les hicieron corte marcial ni les dieron ningún castigo ni a Carmon ni a nadie, según los registros.(...)

 En 1901, un oficial estadounidense fue sentenciado a 10 años de trabajo forzado por torturar con agua a un prisionero filipino. Hacia fines de la década de 1940, esta práctica de varios siglos era tan repudiada que a aquellos hallados culpables de usarla les daban una larga condena o, incluso, la pena de muerte.

 Hacia fines de la década de 1960, todavía era percibida como un castigo cruel e inusual, incluso cuando los torturadores estadounidenses de vietnamitas y de presos estadounidenses no fueron sometidos a juicio. En el siglo XXI, cuando la tortura con agua pasó de las duchas de las prisiones del sudeste asiático a la Casa Blanca, se transformó en una "técnica perfeccionada de interrogación". Hoy, el funcionario elegido por el presidente para dirigir la CIA, se niega a rotular al submarino como "tortura". 

¿Qué dice sobre una sociedad cuando los códigos morales y éticos del tratamiento de presos va en retroceso? ¿Qué se supone que debemos pensar de los líderes que autorizan, promueven o protegen prácticas brutales y de los ciudadanos que los respaldan y permiten que esto suceda? ¿Qué significa cuando la tortura que, por definición, es cruel, se vuelve usual?"         (Nick Turse, TomDispatch, Rebelión, 01/03/2013)

8/5/11

"El tuerto Zubaydah sufrió 83 simulaciones de ahogamiento hasta que vomitó su "vasta información sobre personal de Al Qaeda"

"La tortura a los detenidos para descubrir al jefe de Al Qaeda ha sido reconocida por Leon Panetta, de 72 años, el director de la CIA que ha dirigido la caza y liquidación del emir saudí.

Además, los servicios antiterroristas norteamericanos han practicado el secuestro y desaparición de jefes de esta organización como Setmarian, el sirio nacionalizado español, de 52 años, casado con una madrileña y padre de cuatro hijos, que alcanzó el número cuatro de la organización (...)

Las autoridades de EE UU han declinado facilitar datos sobre el paradero de Setmarian pese a las gestiones de su esposa, Helena Moreno, residente en Doha (Catar), del Gobierno español y de diversas organizaciones de derechos humanos que han denunciado su prolongada desaparición, que todavía continúa.

En 2009, el FBI contestó a una comisión rogatoria del juez Baltasar Garzón con una lacónica y ambigua respuesta: "No está en territorio de EE UU". Este servicio retiró la recompensa que ofrecía por el jefe de Al Qaeda y borró su nombre de la lista de los terroristas más buscados pocos días después de su detención. (...)

Durante años, Setmarian ha sido interrogado en agujeros negros de la CIA por si pudiera facilitar pistas sobre el paradero de Bin Laden, de Ayman al Zawahiri y del mulá Mohamed Omar, con los que colaboró durante años en Afganistán.

La última pista del terrorista sirio condujo hasta un barco prisión del Ejército norteamericano en su base naval y aérea de Diego García, isla británica en el océano Índico donde han permanecido presos yihadistas calificados de alto valor informativo para ellos, según testimonios de varios exagentes de la CIA.

"Este barco está haciendo algunas cosas buenas que no puedo revelar", afirmó tras el 11-S el vicealmirante norteamericano David Brewer sobre su criatura preferida, el buque de asalto anfibio USNS Stockham.

Semanas después, en las celdas de Guantánamo, el ruso Rustam Akhmiarov y el británico Moazzam Begg recibieron confidencias de compañeros en las que les hablaron de otro limbo más oscuro, de un limbo en el mar, de cárceles flotantes peores que la base en la isla de Cuba.

Y les detallaron en qué consistían "las buenas acciones" de las que habló el vicealmirante Brewer: torturas interminables a presos hacinados en las bodegas de varios barcos norteamericanos.

Begg, expreso británico, explica ahora las diferencias entre Guantánamo y una cárcel flotante: "El aislamiento es absoluto. Es el limbo de los limbos. No hay abogados ni miembros de la Cruz Roja que puedan visitarte o identificarte".

Exactamente lo que le ha ocurrido al pelirrojo Mustafá Setmarian, al que nadie ha visto desde su detención en Quetta, un feudo de Al Qaeda en Pakistán. (...)

Igual suerte corrió Abu Zubaydah, un palestino de 40 años, detenido en 2002 en Faisalabad y reaparecido en 2006 en Guantánamo después de cuatro años engullido por los agujeros negros.

El tuerto Zubaydah sufrió 83 simulaciones de ahogamiento hasta que vomitó su "vasta información sobre personal de Al Qaeda, operaciones, planes, finanzas y terroristas", tal como lo valora su ficha personal, fechada en 2008, que le atribuye, al igual que a KSM, alto riesgo y valor de inteligencia.

Leon Panetta, director de la CIA, ha sugerido que la tortura a presos como Setmarian, KSM o Zubaydah ha servido para capturar a Bin Laden. "Las técnicas de interrogación coercitiva fueron empleadas contra algunos de estos detenidos. No sabemos si podríamos haber obtenido la misma información a través de otros métodos".

¿Se han incluido en esas técnicas el ahogamiento simulado?, le han preguntado a Panetta, y su respuesta fue tan escueta como rotunda: "Correcto". La duda radica en si es verdad que la pista se obtuvo mediante esas torturas o es un argumento para justificar el horror de Guantánamo." (El País, 08/05/2011)

2/5/11

Se ajustició al terrorista Bin Laden... en cambio, el crimen de guerra en Irak, que mató a 300.000 personas por órdenes de Bush, sigue impune

"Podríamos preguntarnos cómo reaccionaríamos si unos comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran, y lanzaran su cuerpo al Atlántico.

Sin lugar a dudas sus crímenes excedieron en mucho los de Bin Laden, y no es un “sospechoso” sino indiscutiblemente el que “tomó las decisiones”, quien dio las órdenes de cometer el “supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, destrucción de gran parte del país, el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región.

Hay más que decir sobre [el terrorista que hizo volar el avión cubano, Orlando] Bosch, quien acaba de morir pacíficamente en Florida, incluida la referencia a la “doctrina Bush” de que las sociedades que albergan a los terroristas son tan culpables como los propios terroristas y hay que tratarlas de la manera correspondiente.

Parece que nadie se dio cuenta de que Bush estaba llamado a la invasión y destrucción de EE.UU. y al asesinato de su criminal presidente." (Jaque al Neoliberalismo, 09/05/2011)


"Ahora, para centrarme en el problema fundamental planteado por EL PAÍS, qué aspectos morales y legales tiene la muerte de Bin Laden, quiero dejar una cosa clara:

me opongo por completo a todas las formas de tortura, incluido el waterboarding (ahogamiento simulado), que me parece una salvajada.

La cuestión del waterboarding la plantearon el lunes varios miembros aguafiestas del Gobierno de Bush -Rumsfeld y Cheney-, que ahora quieren arrogarse el mérito de haber encontrado a Bin Laden gracias, según dicen, a los éxitos conseguidos con el empleo legítimo de dicha técnica.

Pero los "métodos reforzados" como el ahogamiento simulado fueron declarados ilegales hace años, y no me parece posible que unas pizcas de información recibidas tal vez en 2002, como presumen Rumsfeld y Cheney, hubieran esperado a 2011 para mostrar alguna utilidad.

Todavía no conocemos la verdadera secuencia de acontecimientos, que se desarrolló durante un periodo de casi 10 años, y desde luego no se explica por qué, si el equipo de Bush estaba en posesión de un dato tan valioso, anuló de pronto la orden de busca y captura de Bin Laden, con el argumento de que ya no era un objetivo importante.

¿Fue legal matar a Bin Laden? Según las leyes, es legítimo disparar al jefe de tus enemigos, y Bin Laden era el líder de Al Qaeda y había ordenado personalmente los atentados del 11-S.

El hecho de que el ataque contra Bin Laden se llevara a cabo con un número mínimo de soldados de las fuerzas especiales de la Marina en helicópteros y casi sin bajas es asombroso.

Comparémoslo con la destrucción causada por las bombas en numerosos países, entre ellos Libia e Irak: desde luego, a Obama le habría costado mucho menos ordenar el bombardeo de la mansión de Bin Laden que la arriesgada operación de las fuerzas especiales, pero las pérdidas de vidas humanas habrían sido enormes.

Y en cuanto a la incursión sin anunciar en Pakistán, ni las personas ni los Gobiernos tienen la obligación de ser masoquistas." (BARBARA PROBST SOLOMON: Es legítimo disparar al jefe de tus enemigos. El País,08/05/2011 )


"Tanto los portavoces del poder ejecutivo como los del judicial buscaron justificar la actuación de los soldados calificándola como "acto de guerra".

Lo más significativo de este intento desesperado de sobreseer un comportamiento que, de acuerdo con la nueva versión, no puede serlo no es que disparar contra unos enemigos sin armas difícilmente encaje en la noción de "acto de guerra";

lo más significativo es que muestra la repugnancia que, por fortuna, por inmensa fortuna, sigue experimentando el actual Gobierno de Estados Unidos a hablar de asesinato selectivo o de ejecución extrajudicial, por más que sea eso, eso exactamente, lo que llevó a cabo.

Se dirá, no sin razón, que es una exhibición de hipocresía. Por vía de comparación se podría observar, sin embargo, cómo el vicio volvió a rendir tributo a la virtud:

el presidente del Comité de Asuntos Exteriores y de Defensa del Parlamento israelí, Shaul Mofaz, aseguró que Estados Unidos había recurrido a la misma estrategia que emplea su país contra los terroristas y, a continuación, llamó a incrementar los asesinatos selectivos de palestinos, según recogía el Jerusalem Post.

No es eso lo que se proponen los dirigentes norteamericanos.

Calificando de acto de guerra la muerte de Bin Laden, y anunciando el fin de Al Qaeda -algo que, a todas luces, resulta cuando menos prematuro-, Obama parecía estar transmitiendo un mensaje subterráneo diferente del expreso.

Lo que para la Casa Blanca se habría acabado después del asalto al escondite de Abbottabad no es el yihadismo, que podría seguir golpeando mientras exista un solo fanático y un único kilogramo de dinamita, sino la guerra contra el terror como estrategia para combatirlo.

El debate sobre la tortura como medio para obtener información que permita dar caza a los terroristas, reabierto en Estados Unidos por Dick Cheney tras la captura y muerte de Bin Laden, es, en realidad, teórico, o, más bien, retrospectivamente exculpatorio: Guantánamo continúa en funcionamiento, no por voluntad, sino por incapacidad de Obama para cerrarlo, pero desde su llegada a la Casa Blanca cesaron las torturas a los detenidos.

Cheney y, con él, los partidarios de la estrategia de la guerra contra el terror desean que se les reconozca la parte que supuestamente les correspondería en la captura de Bin Laden. No solo para reivindicar la paternidad del éxito, sino para lavar en él los execrables abusos cometidos. (...)

El Gobierno de Estados Unidos tal vez podría haber hecho frente a los riesgos para la seguridad que generaría un Bin Laden vivo y entre rejas, lo mismo que lo hizo mientras estuvo en libertad. Lo que no estaba en condiciones de resolver eran los problemas jurídicos que suscitaba.

¿Qué debería hacer con Bin Laden vivo, recluirlo en Guantánamo como jefe de los "combatientes enemigos" y privarse, así, de someterlo a cualquier género de juicio, justo o injusto, como sucede con el resto de los internos?

¿O debería haberlo entregado a los tribunales de Estados Unidos, incurriendo en la contradicción de ofrecer un juicio justo al máximo jefe de los "combatientes enemigos" mientras se le sigue negando a estos por el derecho que adquirirían a perseguir penalmente a sus captores, desde los presidentes Bush y Obama hasta el último de los carceleros de Guantánamo?" (JOSÉ MARÍA RIDAO. Nadie llora a Osama, El País, domingo,08/05/2011, 12/3)


"A pesar de lo confuso y a veces contradictorio de las informaciones dadas por los norteamericanos sobre este asunto, el jefe de la CIA y el portavoz de la Casa Blanca reconocían que el objetivo de la operación era eliminar al terrorista, nunca capturarlo para juzgarlo por sus crímenes de acuerdo con las leyes. (...)

Se ha llegado a decir que la pista que llevó hasta Bin Laden la proporcionó un preso de Guantánamo torturado por el método de la bañera, o ahogamientos simulados. Ya perdonarán que dude de que alguien capturado en 2001 conozca 10 años después el paradero del tipo más buscado del mundo, y que las torturas aplicadas ahora hayan sido más efectivas que las de entonces. (...)

Sin embargo, desde el punto de vista de la legalidad y el Estado de derecho, la muerte de Bin Laden ha sido un asesinato, una ejecución extrajudicial. Es evidente que el comando que efectuó la operación pudo haber capturado al terrorista, que estaba desarmado, para juzgarlo en Estados Unidos, pero esa opción no estaba en el programa. (...)

¿Se imaginan al presidente del Gobierno español ordenando a los Geos una operación para eliminar, por ejemplo, en Marruecos, a Daoud Ouhnane, uno de los huidos del 11-M cuyas huellas acreditan que fue uno de los que transportó las bombas a los trenes de cercanías de Madrid? ¿O al fiscal del Estado en el momento de declarar legal la operación y de reconocer que la información se obtuvo mediante torturas a un preso?

¿O algo menos grave, como el secuestro en Francia del etarra Antonio Troitiño para que acabe de cumplir condena o el de Josu Ternera para ser juzgado por el atentado de la casa cuartel de Zaragoza? Aunque en algún caso puede que exista la tentación, es evidente que en España se impone el cumplimiento de la ley.

Eso mismo que no ocurrió con la operación de Bin Laden, en la que en ningún momento se trató de hacer justicia sino de escenificar una venganza, de aplicar el derecho del amo. Porque solo los amos del mundo se pueden permitir el lujo de vengarse, de saltarse la ley a la torera, aunque sea para asesinar al mayor terrorista del milenio." (JOSÉ YOLDI: El derecho del amo y el alipori. El País, 09/05/2011, p. 19)


El presidente Barack Obama, junto al vicepresidente Joe Biden (primero por la izquierda) y la secretaria de Estado estadounidense (segunda por la derecha), recibe un nuevo dato de la misión que tenía por objetivo acabar con Bin Laden (El País, 02/05/2011)

"La primera foto que la Casa Blanca difundió universalmente a raíz de la operación contra Bin Laden orientó de manera muy profesional nuestra mirada.

Se trataba de una instantánea del fotógrafo oficial de la institución, Pete Souza, donde veíamos al presidente Obama, el vicepresidente Biden y a la secretaria de Estado Hillary Clinton mirando con bien distinta gestualidad los monitores donde seguían vía satélite la operación de asalto.

Una ley del cine dice que siempre es más largo e importante el plano del personaje que mira, que el inserto de lo que está mirando.

Gracias a ello, desde ese momento, la opinión pública mundial se ha hecho muchas más preguntas sobre la responsabilidad del poder, lo complicado de tomar una decisión y hasta lo acertado o desacertado de la estrategia.

En resumen, el presidente Obama ha sido mucho más protagonista de la noticia que el propio Bin Laden. Porque el que mira, y no lo que mira, vuelve a ser el protagonista de una mirada.

El problema es que los medios de comunicación y sus consumidores no se conforman con la estrategia narrativa. Quieren también su dosis de morbo y curiosidad satisfecha, porque somos los que miramos los que exigimos nuestro protagonismo.

Por eso la Casa Blanca no quiere mostrar las fotos de Bin Laden muerto, pese a la demanda mundial. Hasta ahora, la ola interna de popularidad ha beneficiado a sus intereses. No quiere variar el foco ni humanizar al terrorista, porque sabe, sabemos, que la muerte lo humaniza todo."(DAVID TRUEBA: Los que miran. El País, 06/05/2011, p. 61)


"La secretaria de Estado, Hillary Clinton, pareció presenciar algo espantoso durante el visionado de la operación.

Las cámaras la retrataron cubriéndose la boca mientras sus ojos parecían saltar. En una rueda de prensa posterior en Roma lo justificó diciendo que había tapado un estornudo de tipo alérgico. " (BORIS IZAGUIRRE: La catarsis del más allá. El País, 07/05/2011, p. 51)


"A ver cómo les explicas, por ejemplo, cuándo la presunción de inocencia está vigente y cuándo no.

O cuándo el GAL es legítimo y cuándo hay que perseguir a sus autores. También la doctrina acerca de los criminales de guerra resulta muy ambigua.

Hay criminales de guerra como Bush que no son criminales de guerra, de modo que si un comando de soldados iraquíes entrara en su casa y asesinara a su mujer, a sus hijos y a él mismo, la acción no sería calificada de un acto de justicia. No se habría "hecho justicia", como en el caso de Bin Laden.

Cuando Felipe González declaró que había dudado si acabar o no de un bombazo con la cúpula de ETA, lo pusieron a parir los mismos que han celebrado el linchamiento de Bin Laden, porque el terrorismo de Estado de los GAL sí fue, durante un tiempo al menos, terrorismo de Estado." (JUAN JOSÉ MILLÁS: Pedro y Nopedro. El País, 06/05/2011., última)


"Es imposible exagerar el impacto de la destrucción de las Torres Gemelas en la psique estadounidense.

El hecho en sí fue gravísimo. Por el número de muertos, por la caída de unos edificios simbólicos, porque ni Nueva York ni el resto del país, ajeno hasta entonces a masivos ataques exteriores, habían vivido jamás una jornada de tal pánico y tal asombro.

Pero hubo algo más. Si Osama bin Laden asumió para el colectivo la condición de monstruo cruel y elusivo, los estadounidenses se pusieron en la piel del capitán Ahab: no existía otro fin que la venganza. No importaban los medios, no importaban las consecuencias. Era una cuestión moral y absoluta, sin posibilidad de matices. (...)

Fue asombroso vivir de cerca la metamorfosis de una nación que hasta el 11 de septiembre de 2001, a las 9 de la mañana, preservaba con celo determinados valores como la equidad judicial o el libre debate porque constituían la esencia de su sistema de convivencia.

Aquello se esfumó en un momento. Incluso en sus momentos más oscuros, fueran la guerra de Vietnam, la caza de brujas de los 50, la organización de golpes de Estado en otros países o la misma resistencia interna contra los derechos civiles de los negros, una parte de la sociedad estadounidense había mantenido la capacidad crítica hacia el poder y había sosegado las explosiones de furor colectivo.

Hasta entonces, el relato de la historia nacional había permanecido en el ámbito de la razón.

Con Osama bin Laden, el relato estadounidense adoptó una mística tenebrosa. No había excepciones, ni en la gran prensa liberal ni en las organizaciones progresistas ni en los hogares más sosegados. Un presidente anodino que llegó a la Casa Blanca por una carambola judicial, George W. Bush, se sintió capaz de hacer cosas impensables.

Y las hizo, con el aplauso popular. Desde las leyes de seguridad nacional hasta la creación de Guantánamo, desde las invasiones de Afganistán e Irak (que no tenía nada que ver con Bin Laden, pero tenía mucho que ver con el furor de una nación) hasta la conversión de los aeropuertos en humillantes centros de interrogatorio y registro, todo valió en la "lucha contra el terrorismo", un concepto tan vago y tan cargado de potencia semántica como "la caza de la ballena blanca".

Los viejos valores de los derechos y las libertades individuales fueron arrojados a la hoguera en nombre del fin supremo: la venganza contra el monstruo inefable e invisible.

Viví los primeros años de la ballena blanca, los más intensos, en una calle de Washington. Todas las casas de la calle plantaron un mástil en el jardín e izaron la bandera de las barras y las estrellas. Yo fui el único en no hacerlo, por no ser de banderas y porque consideré que mi empleo de corresponsal desaconsejaba ese tipo de expresiones.

En la noche de Halloween posterior a los atentados, los niños evitaron pasar con el "treat or trick" por mi casa. Era la casa de un extranjero, un sospechoso, un enemigo potencial, un tipo que no se abrazaba a la bandera del bien.

El país más hospitalario del planeta adoptaba el ceño sombrío de un capitán ballenero sumido en una obsesión de venganza.

Recuerdo el miedo en las comunidades musulmanas de Nueva York y Nueva Jersey, que un gran amigo mío, Ricardo Ortega, se empeñaba en frecuentar en búsqueda de pistas. " (El País, 02/05/2011)


"El poco cristiano mensaje de Merkel.

“Me alegro de que hayan conseguido matar a Osama bin Laden”. Esta declaración pública, pronunciada poco después del anuncio de la ejecución del jefe de Al Qaeda por un comando estadounidense y que no casa demasiado bien con el principio del amor al prójimo, pone a Angela Merkel en un apuro.

“La canciller provoca el rechazo de los cristianos”, titula Berliner Zeitung, que informa que Merkel, que también es presidenta del Partido Demócrata Cristiano (CDU), ha recibido fuertes críticas por parte de las iglesias y de su base, según las cuales “no cabe alegrarse de la matanza intencionada de una persona”.

“La liquidación de Osama bin Laden muestra hasta qué punto los instintos más bajos y arcaicos del hombre superan la cultura cristiana”, certifica el diario en su editorial. “En efecto, las muestras de alegría [en Nueva York] eran un ritual de deslastre psicológico.

Pero no se ha hecho justicia, se ha sacrificado a un hombre por instinto de venganza”, comenta el diario, y subraya la repulsa con que Occidente habría condenado las demostraciones de alegría en Pakistán tras un posible atentado contra el antiguo presidente estadounidense George W. Bush. " (Presseurop, 04/05/2011)


"Un ciudadano escucha en las noticias que un cuerpo especializado del Ejército americano ha acabado con la vida del terrorista más buscado del mundo y se siente impelido a salir a la calle, a Times Square, a la Casa Blanca o a la Zona Cero y convierte esa noticia en un espectáculo.

Ese individuo usa el plural al dirigirse a una cámara y decir, "lo hemos vencido, al fin hemos acabado con él, ese día tenía que llegar, lo hemos derrotado". Es ese plural el que ofende a las personas serenas, que no entienden la muerte, sea de quien sea, como celebración.

Es el plural que aparecía en las primeras páginas de los periódicos gratuitos en el metro de Nueva York ayer martes: "Al fin lo hemos golpeado"; es el plural bíblico que utiliza sin miramientos el Washington Post, poniendo en boca de todos los ciudadanos americanos la siguiente frase: "Púdrete en el infierno".

Es el plural que divide al mundo en dos planetas, Oriente y Occidente; el plural que separa a los seres humanos en buenos y en malos; el plural que tras el 11 de septiembre trazó un eje, el del mal, que sembró el rencor y la desconfianza; aquel plural decisivo para sustentar lo que fuera un continuo estado de emergencia, "la guerra contra el terror", y una excusa perfecta para defender invasiones contra todo derecho.

Es un plural que marca una línea entre nosotros y ellos." (El País, 04/05/2011, última)

Comentario:

Ben Laden fue vencido por los jóvenes revolucionarios árabes, por la ola democratizadora en esos pueblos.

La movilización de la gente para exigir sus derechos tuvo que ser su mayor amargura... que el afán de venganza fuese olvidado por el afán de igualdad y de libertad entre todos los árabes.

Ésa fue su derrota. No su localización y muerte.

Crimen de Estado. La Casa Blanca protegió a grupos anticastristas cubanos que planeaban atentados terroristas en Cuba (contra aviones, contra Fidel Castro).

Algunos de los agentes cubanos que lucharon contra estos terroristas dentro de EE. UU. fueron condenados a cadena perpetua por los tribunales americanos.

Lucharon para impedir que se atentase contra aviones civiles. Por parte de ciudadanos americanos. Por eso se les encarceló.

Las autoridades francesas permitían que los etarras torturase y matasen a ciudadanos españoles dentro de Francia, por la simple sospecha de que fuesen soplones de la policía. Además...

La policía francesa dejaba que los asesinos etarras matasen en España y se refugiasen en Francia, de la misma manera que los talibanes protegieron a Ben Laden.

Así que Felipe González montó los GAL para atacar en suelo francés a los terroristas. Cómo hizo Obama, para atacar a Osama en Afganistán, en Pakistán.

Localizada la cúpula de ETA, se le pide permiso para volarla. No lo da. Los deja vivos. Siguieron matando.

No hizo como Obama, quién mató a la cúpula de Al Qaeda, a Osama Ben Laden.