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8/4/24

Don Teodoro Inglott, dueño de media Tafira, abusaba de las muchachas que trabajábamos en la casa por cuatro perras... íntimo amigo de Eufemiano, el tabaquero jefe de falange, que era dueño de Las Meleginas, La Angostura, La Calzada... Los dos eran unos violadores, los dos abusaban de todas las muchachas que acababan en sus manos, uno en sus fincas, el otro en sus fábricas y en los centros de tortura. Yo fui una de las que estuvo a la fuerza con Don Teo, me hizo dos hijas. Era el derecho de pernada de la época... No te podías marchar de allí porque lo pagabas con tu vida o la de tus familiares. Te podían acusar si querían de comunista y desaparecerte en cualquier sima, llevarse a tus hermanos y meterles cuatro tiros en la nuca antes de tirarlos a un pozo. No puedo contarte más... Todavía tantos años después me restriego la piel con el estropajo como si tuviera metida en la carne la raña y la peste de aquel criminal... Testimonio de Fefita Troya Robaina, criada en varias haciendas de miembros del régimen franquista en la zona centro de la isla de Gran Canaria, vecina del barrio de San Roque, Las Palmas GC

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Se intercambiaban criadas menores de edad. 

«(…) Apaga la grabadora. Lo que voy a contar me hace daño, prefiero que lo escribas, porque solo saber que mi voz se va a quedar ahí atrapada cuando muera ya el cuerpo se me descompone. 

Don Teodoro Inglott abusaba de algunas de las muchachas que trabajábamos en la casa por cuatro perras, todas chicas del pueblo, hijas de familias muy pobres a las que los amos daban una salida como había sido siempre. 

Pero después del golpe de estado del 18 de julio la cosa se puso más dura. Era una especie de barra libre, hasta se intercambiaban las criadas, muchas de ellas menores. 

Don Teo, como le llamábamos, era dueño de media Tafira, íntimo amigo de Eufemiano, el tabaquero jefe de falange, que era dueño de Las Meleginas, La Angostura, La Calzada y de la zona del Dragonal Bajo y Alto. 

Los dos eran unos violadores, los dos abusaban de todas las muchachas que acababan en sus manos, uno en sus fincas, el otro en sus fábricas y en los centros de tortura. Yo fui una de las que estuvo a la fuerza con Don Teo, me hizo dos hijas. 

Era el derecho de pernada de la época, lo que no te casabas con nadie, solo pasabas día sí y día también por las manos de aquel asqueroso que hedía a mierda. No te podías marchar de allí porque lo pagabas con tu vida o la de tus familiares. 

Te podían acusar si querían de comunista y desaparecerte en cualquier sima, llevarse a tus hermanos y meterles cuatro tiros en la nuca antes de tirarlos a un pozo. No puedo contarte más, ni quiero darte más detalles, pero todo lo que puedo decirte es sucio y feo, ni un momento de placer tuve, solo dolor y humillación. 

Todavía tantos años después me restriego la piel con el estropajo como si tuviera metida en la carne la raña y la peste de aquel criminal…». 

Testimonio de Fefita Troya Robaina, criada en varias haciendas de miembros del régimen franquista en la zona centro de la isla de Gran Canaria, vecina del barrio de San Roque, Las Palmas GC.

11:23 p. m. · 5 abr. 2024 302,4 mil Reproducciones

6/9/22

En Tenerife no hay cadáveres en las cunetas porque están en el fondo marino... los metían con las manos atadas en sacos con piedras y los tiraban por la borda al mar. Hay identificadas unas 2.500 víctimas del franquismo en Canarias, con nombres y apellidos. Pero hay muchos desaparecidos más

 "Conocer el pasado es clave para entender el presente. Pero a veces ese pasado es peliagudo, terrible y fue sepultado para no levantar ampollas. Jorge Fonte (Santa Cruz de Tenerife, 1967) lo tenía muy claro cuando comenzó la escritura de 'El hijo del apotalado' (editorial Milenio), que desembarcó hace unas semanas en las librerías de todo el país.

(...) Jorge Fonte reconoce que hubo un detalle que le llamó la atención tras leer muchos libros sobre la Guerra Civil y la postguerra. «Todos los libros daban el nombre y los apellidos de las víctimas, pero no el de los falangistas que los perseguían. Yo me centro en El Hierro y me parecía importante decir quién persigue a quién, quién denunciaba, quién iba por la noche a casa del alcalde y lo llevaba preso. Me centré en los huidos y el caso del alcalde de Firgas», rememora.

Identificar a los falangistas herreños

Para saber qué herreño formó parte de la Falange acudió a los archivos de la Delegación del Gobierno. «Ya sabía de la pertenencia de Pastor Fonte y quería saber quiénes fueron los demás. Me puse a investigar en esos archivos. Hay documentación que se ha perdido y otra que imagino que ayudaron a que se perdiera. Pero el que es ratón de bibliotecas sabe buscar. En aquella época, el barco llegaba dos veces a la semana a la isla. Para viajar había que solicitar un permiso en la Delegación del Gobierno y esos permisos sí que se conservan. Al principio, en los primeros años del llamado alzamiento, todos los falangistas estaban henchidos de orgullo y por eso en esos permisos junto a sus nombres aparecía que eran parte de ese partido. Empecé a apuntar los nombres y así identifiqué a todos los que ejercían como falangistas en la isla desde 1936 en adelante».

Saber los nombres fue capital para narrar un hecho histórico como el falso fusilamiento en El Pinar. «Los libros de historia te dicen que un grupo de falangistas llegó al Pinar, pero yo sé quién era falangista, en El Hierro, en noviembre de 1937. Tengo un documento oficial que me dice quién lo era. Allí no sucedía como en Gran Canaria o en Tenerife, donde la Falange podía tener miles de miembros. En El Hierro era diez. Hay que reivindicar tanto el nombre de las víctimas como de los que participaron. No se trata de un acto de venganza, sino de justicia. Si nombro a Pastor Fonte, también tengo que citar a los demás que estaban con él en el partido. Por honor, honestidad y respeto a la historia y a las víctimas», defiende.

«No culpo a las personas, culpo al sistema, al franquismo y a la ideología fascista que fomentó y permitió una serie de conductas que no deberían existir», añade.

Los apotalados

¿Qué es un apotalado? Eso mismo se preguntó Jorge Fonte cuando investigada para una novela que acabó por colocar este canarismo en su título. «Todo nace de una anécdota que me contaron. En El Hierro no hubo víctimas mortales. Es la única isla del archipiélago que en su geografía no cuenta con víctimas de la Guerra Civil. Murieron herreños durante la contienda y después, pero no en la isla. Lo que sí que hubo, y está documentando en el libro de Cabrera, fue más de 200 personas que fueron denunciadas y trasladadas a la prisión de Fyffes, en Tenerife, y algunas a Gando, en Gran Canaria. Y algunos acabaron apotalados. En Tenerife no hay cadáveres en las cunetas porque están en el fondo marino, sobre todo en el tramo de la costa entre Valleseco y San Andrés, donde cerca de la costa hay un precipicio marino de más de 2.000 metros», explica Fonte.

«Hablando con los hijos de alguna de las víctimas, uno me dijo que su abuelo murió apotalado. Fue la primera vez que escuchaba esa palabra. Le pedí que me lo contara y me explicó que los metían con las manos atadas en sacos con piedras y los tiraban por la borda al mar. Hay identificadas unas 2.500 víctimas del franquismo en Canarias, con nombres y apellidos. Pero hay muchos desaparecidos más. Algunos consiguieron emigrar a Venezuela, pero otros muchos acabaron en el fondo del mar», señala con pesar. 

(...)  Una biznieta me ha facilitado muchos datos y está tan sorprendida como indignada al conocer la historia, ya que no sabía nada sobre lo que hizo su bisabuelo. En la familia se decía que estuvo en política, pero no se hablaba de nada más», apunta el escritor"                 (Victoriano Súarez Lamo, Canarias7, 04/09/22)

18/8/22

Cuando la Guardia Mora entró en el pueblo comenzó a degollar a todos los hombres y niños, a las mujeres y a las niñas nos encerraron en la casa del cura... Afuera se escuchaban los gritos de nuestros padres, hermanos, maridos e hijos, lo veíamos por una pequeña ventana, en fila los iban asesinando entre las risas de los mandos del ejército español y los jefes falangistas... El sacerdote también contemplaba los crímenes con gesto sonriente... preparados para sacarnos a la plaza y comenzar la violación múltiple... Les pedimos, les rogamos por las niñas, pero fue inútil, ellas fueron las primeras en pasar por aquellas bestias y su deseo criminal, varias murieron desangradas, con las entrañas desgarradas

"«(…) Cuando la Guardia Mora entró en el pueblo comenzó a degollar a todos los hombres y niños, a las mujeres y a las niñas nos encerraron en la casa del cura, eramos unas treinta, nos custodiaba un hombre negro con tatuajes de la Legión en los brazos, apenas hablaba castellano, con una especie de machete doblado nos arrinconó y cuando Matilde Pozas intentó dialogar para que le diera agua a su niña le arrancó la mano izquierda de un machetazo. 
 
Afuera se escuchaban los gritos de nuestros padres, hermanos, maridos e hijos, lo veíamos por una pequeña ventana, en fila los iban asesinando entre las risas de los mandos del ejército español y los jefes falangistas, que disfrutaban del «espectáculo» sentados junto a la escalera de la pequeña plaza de toros. 
 
La sangre corría por las cuestas de Alfareque, era como un manantial de agua roja, olía a carne destrozada, las cabezas rodaban hasta el riachuelo que estaba detrás de la casa del cura. El sacerdote también contemplaba los crímenes con gesto sonriente, jamás lo entendí, ya que días antes daba la comunión a muchos de los asesinados. Más tarde los moros saquearon la bodega de la cooperativa agrícola de la CNT, sacaron las barricas de vino tinto a la calle, entre gritos de ¡Alá es grande! saciaban su sed de sangre, preparados para sacarnos a la plaza y comenzar la violación múltiple. 
 
Yo tenía solo diecinueve años, nunca había estado con un hombre más allá de unos besos furtivos en el cine de los viernes noche. Les pedimos, les rogamos por las niñas, pero fue inútil, ellas fueron las primeras en pasar por aquellas bestias y su deseo criminal, varias murieron desangradas, con las entrañas desgarradas. 
 
Jamás había visto algo tan terrible, cada noche tengo el mismo sueño, como si para siempre me hubiera quedado atrapada en aquellos tres días terribles, eternos, innombrables, que solo te he contado a ti con tanto detalle, tal vez me sirva para borrar tanto dolor, aunque jamás pueda perdonar a los criminales…»

Fragmento de la entrevista a Lucía Alcaide Quiroz en La Laguna, isla de Tenerife en mayo de 1979, unos meses antes de fallecer esta gran mujer nacida en una aldea de Sanlúcar de Barrameda."

(Texto que será publicado en el próximo libro de Francisco González Tejera "Oráculo del olvido", que completará la trilogía "Crónica del genocidio fascista isleño", junto a "Tormenta en la memoria" y Semilla de memoria". tercerainformación.es, 07/05/19)

16/12/19

Los disparos del pelotón se escuchaban en todo el Puerto de Las Palmas, cientos de camaradas eran asesinados sin que se moviera una mosca, entre el silencio de un pueblo desarmado, asustado y triste...

" Carlos Mortes Rufino, salió aliviado pero a la vez muy triste del Cuartel de Ingenieros de La Isleta, lo habían dejado marchar libre de todo cargo, pero a cinco de sus compañeros los habían condenado a muerte, sabía que ni siquiera se podría incorporar a su puesto de funcionario del municipio de San Lorenzo, que estaría de por vida estigmatizado por rojo y comunista, la piernas le temblaban cuando bajaba la calle Faro y vio pasar varios camiones cargados de fusilados dejando un reguero de sangre. 

Los disparos del pelotón se escuchaban en todo el Puerto de Las Palmas, cientos de camaradas eran asesinados sin que se moviera una mosca, entre el silencio de un pueblo desarmado, asustado y triste. 

Llegando a la calle Albareda lo esperaba sus esposa Soledad Doreste Alonso, la pobre estaba muy triste, no sabía quien le había dejado la nota en la puerta, pensó que podía ser una encerrona de los asesinos fascistas de Tamaraceite, pero acudió caminando desde el pueblo bajando por Las Perreras y los riscos de Guanarteme hasta el lugar donde le dijeron que esperara. Se dieron un abrazo tan fuerte que no se podían separar, fue Carlos quien le dijo al oído que tuviera cuidado, que lo soltara, porque podían llamar la atención de una ciudad repleta de espías del nuevo régimen. 

Andaron juntos de la mano, Carlos cojeaba por las brutales torturas que sufrió junto a sus compañeros desde que lo detuvieron la noche del 29 de julio del 37, no pararon de caminar mirando de vez en cuando hacia atrás, nadie los seguía, parecía que se alumbraba una vida nueva si lograban salir en barco hacia Venezuela en las próximas semanas. 

Esa noche se acostaron pronto después de cenar leche de cabra con gofio, la cabrita la tenían en la azotea de la casa de La Montañeta, era una miembro más de la familia desde se que la regalaron siendo una baifilla a Carlos para que se la comieran por Navidad. Ninguno de los dos se atrevió a matarla, era como una hija juguetona que saltaba y se divertía entre las piernas de la pareja. 

Cuando todavía no eran las tres de la madrugada se escuchó el estruendo, alguien tocaba puerta, Carlos abrió los ojos y le dijo en voz muy baja a Sole: 

-Vienen a por mi, se fuerte amor mio, no hagas ni digas nada- 

La muchacha se quedó aterrada, inmóvil en posición fetal, mientras su marido se levantaba y se ponía los pantalones. Lo vio cojeando abrir la puerta y como dos hombres con gabardina negra y sombrero le apuntaban con sus pistolas. Se lo llevaron y dejaron la puerta abierta haciéndose un silencio aterrador, solo ladraban algunos perros que barruntaban muerte. 

Soledad salió y vio como el coche partía hacia el norte, se veía la cabecita de Carlos en el sillón de atrás con uno de los esbirros al lado, el humo del vehículo se mezclaba con la niebla que parecía brotar de la tierra tras la leve tormenta veraniega. 

Nunca más se supo del comerciante catalán, nadie ocupó su puesto en un Ayuntamiento desolado y con su alcalde comunista condenado a muerte, era imposible no extrañarlo, imposible olvidar su labor de apoyo a las familias más humildes, como se volcaba para ayudar a quienes no tenían nada. 

Sole guardó su legado en una pequeña cajita de madera, jamás nadie lo reconoció, sigue perdido en las listas de los miles de asesinados en Canarias, los malditos, los que jamás recibirán su digno homenaje para la historia." (Viajando entre la tormenta, 12/12/19)

26/4/19

El empresario tabaquero llegaba temprano al barrio de Las Meleguinas, un día más con su coche deportivo. Todos sabían a lo que venía. Nadie decía nada. Se limitaban a observar desde lejos cuando tocaba en la puerta de Ana María Morales, la mujer de Sinfo Santana, el joven asesinado por la Brigada del Amanecer nueve años antes

"(*) El empresario tabaquero llegaba temprano al barrio de Las Meleguinas, un día más con su coche deportivo. Todos sabían a lo que venía. Ya era habitual su presencia. Nadie decía nada. 

Se limitaban a observar desde lejos cuando tocaba en la puerta de Ana María Morales, la mujer de Sinfo Santana, el joven asesinado por la Brigada del Amanecer nueve años antes, cuando se lo llevaron sin que hubiera salido el sol, directo a la Sima de Jinámar, para arrojarlo vivo a ese abismo volcánico con el camión repleto de hombres con la manos atadas, todos vecinos de la zona centro de la isla de Tamarán.

Su militancia anarquista en la CNT lo condenó nada más estallar el golpe de estado. No tuvo tiempo de evadirse. La noche siguiente al alzamiento fascista lo vinieron a buscar. En el grupo de facciosos estaban dos de los hijos del conde, un sobrino de la marquesa, un grupo de empresarios, entre ellos el conocido y millonario tabaquero. 
No le podían perdonar su activa acción sindical, la convocatoria de varias huelgas, su constante presencia en las fincas de los terratenientes, en cada empresa y latifundio. Por eso era tan odiado y jamás le iban a perdonar su activismo, su compromiso en la lucha por la clase trabajadora canaria.
El poderoso tabaquero accedió a la vivienda de Ana María. Sin decir nada se fue directo a la cama bajándose los pantalones, mientras la mujer asqueada, como siempre con ganas de vomitar tuvo que desnudarse, acceder a los caprichos sexuales de aquel psicópata miembro de Falange, con cientos de asesinatos en su siniestro currículum.
La relación era fría, la mujer se limitaba a callar, a no hacer nada, solo abrirse de piernas, ni siquiera sentía, era una especie de muñeca en manos de aquel criminal, responsable directo del asesinato de su marido, de todo tipo de aberraciones, torturas, pederastia, violaciones de mujeres con algún vinculo con la legítima y derrocada República y sus víctimas.
Todo comenzó semanas después de la muerte de Sinfo, cuando se presentó en la finca de tomateros donde ella trabajaba para agarrarla por el brazo, sacarla del invernadero y decirle que tuviera cuidado, que podía mandar a detener y asesinar a sus dos hermanos gemelos, que sabía que todos habían tenido relación con el sindicato anarquista.
Ella no pudo más que acatar aquellas amenazas, no reaccionar, guardar silencio, hasta el día que se presentó en su casa pidiéndole que le preparara un buche de café, tomando asiento en la cocina obligando a la muchacha a entablar una conversación con alguien que odiaba a muerte. Al rato la abrazó, la besó en la boca y cuando intentó resistirse la golpeó en la cara, violándola entre golpes en la misma mesa del humilde comedor de forma salvaje.
Luego, según pasaron los meses, se hizo habitual la presencia del empresario en su casa. El barrio entero lo sabía. La gente la miraba mal. Casi nadie le hablaba cuando iba a comprar a la tienda de aceite y vinagre del puente de La Angostura. La llamaban la “puta del amo” y las burlas eran generalizadas a la salida de la misa en Santa Brígida. 
Los hombres salían de los bares a su paso con los vasos de ron en la mano, ebrios de odio, para hacerle bromas sexuales, mientras ella agachaba la cabeza con su niña de la mano, huyendo como de un temporal de humillación, avanzando entre un terremoto de miradas lascivas, insultos y risas, que su niña por su corta edad no entendía, solo captaba que se reían de su madre.  
 Aquella tarde tomo la guagua hasta San Mateo, allí dejó a Noemí, su adorada hija, en casa de la tía Laura. Le comentó que tenía que estar varios días en una zafra del tomate en el sur, que por favor se la cuidarán hasta que volviera. (...)
(*) Relato publicado en el libro "Tormenta en la memoria" de Francisco González Tejera."                 (Viajando entre la tormenta, 11/04/19)

12/4/19

En todo el pueblo de Tamaraceite se sabía que estaban sacando a muchos hombres de sus casas para asesinarlos.... Todavía recuerdo como yo con 11 años metía la cabeza bajo la almohada de paja tratando de no escucharlos, pero los gritos, los insultos, los golpes en las puertas humildes de aquellos criminales inundaban todo, no había lugar donde esconderse de su odio...

""(...) En todo el pueblo de Tamaraceite se sabía que estaban sacando a muchos hombres de sus casas para asesinarlos. De noche los perros ladraban y se oían las pisadas de las botas de los falangistas que iban casa por casa, se llevaron más de treinta y no los vimos más,... Todavía recuerdo como yo con 11 años metía la cabeza bajo la almohada de paja tratando de no escucharlos, pero los gritos, los insultos, los golpes en las puertas humildes de aquellos criminales inundaban todo, no había lugar donde esconderse de su odio.

Jamás pudieron aceptar que los comunistas ganaran en San Lorenzo, que su alcalde Juan Machado, encabezara un Ayuntamiento con mayoría del Frente Popular. Por eso vinieron a matar, por eso los terratenientes agrícolas hicieron listas negras junto a los curas y otros fascistas, listas con nombres y apellidos, direcciones, lugares de trabajo, novias, amistades, aficiones de cada una de las personas que iban a torturar salvajemente para después tirarlas al mar, a un pozo, a una sima volcánica o meterles un tiro en la cabeza después de hacerles todo tipo de aberraciones.
En casa sabíamos que podían volver en cualquier momento después de matar a mi hermano Braulio en su cuna, a tu abuelo ya lo habían condenado a muerte y lo iban a fusilar en marzo del 37, el miedo que pasamos todavía lo tenemos metido en el tuétano, en lo más profundo de nuestros corazones, es un miedo que se hereda, por eso nos cuesta tanto hablar, contar todo lo que pasó, por eso quiero que esto lo publiques en tus libros cuando yo muera, no por cobardía, sino porque no quiero que sigan haciendo daño a nuestra familia..."
Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García el 15 de diciembre de 1995."    (Viajando entre la tormenta, 15/012/18)

7/3/19

Lázaro con un gesto de la cabeza hizo que siete Cabos de Vara le rodearan... Entonces empezaron a pegarle como si fueran salvajes, Manuel no gritaba, no se quejaba, solo recibía cada golpe en todo su cuerpo como si ya supiera que de allí no escapaba... De Manuel solo se veía la sangre y los ojos fijos en el fascista... se murió de píe, no se movía, los falangistas pararon de golpearlo, se miraban unos a otros asombrados, no entendían que aquel hombre pudiera aguantar el dolor con tanta valentía

"(...) Al periodista de Lanzarote lo estaba esperando el teniente Lázaro, que era uno de los jefes del campo de concentración de La Isleta. Lo traían en un camión de los terratenientes ingleses desde el muelle de Las Palmas junto a otros hombres detenidos de las islas de Fuerteventura y Lanzarote. 
Desde que llegó vimos que Manuel Fernández destacaba por su altura, era un cachorro de hombre, musculoso y fuerte, traía una boina y una camisa blanca manchada de sangre por los golpes y la tortura desde que lo detuvieron en Arrecife el día anterior. El teniente fascista esperaba con las manos atrás golpeándose la rodilla con una vara que siempre llevaba a todas partes para darnos leña a los presos.

Eran las siete de la mañana y ordenó los Cabos de Vara que sacaran a todos los presos al exterior de los barracones, que se parara de forma inmediata toda actividad, incluso a quienes picábamos piedra en los trabajos forzados nos obligaron a sentarnos junto al barracón número 4, algunos en el suelo otros de pie, parecía que nos iban a sacar una foto, todos nos mirábamos extrañados pero el teniente alzó la voz y nos mandó guardar silencio.

El camión paró a unos cien metros de nosotros bajando a patadas y culatazos a doce hombres, en su mayoría muy jóvenes, con la excepción de Justo Guadalupe el maestro de Teguise, que tendría unos cincuenta años y se le veía muy debilitado por el maltrato y el largo viaje desde la isla vecina. Lázaro se acercó lentamente y los detenidos estaban formados, parecían medios muertos, muy pálidos y con las cabezas gachas, solo Manuel Fernández el periodista lo miraba a la cara al teniente. El fascista dijo casi gritando:

- ¡A este hijo de puta me lo ponen aparte que lo conocemos muy bien!

Entonces dos falangistas y un Cabo de Vara cogieron a Manuel por los brazos a la fuerza y lo pusieron en medio del campo de instrucción, junto a la bandera española con yugos y flechas, llevaba las manos atadas a la espalda y se le veían las venas rojas por lo apretado de las sogas de pitera en sus muñecas. 
Lázaro con un gesto de la cabeza hizo que siete Cabos de Vara le rodearan con los palos, uno de ellos llevaba una pinga de buey.
Entonces empezaron a pegarle como si fueran salvajes, Manuel no gritaba, no se quejaba, solo recibía cada golpe en todo su cuerpo como si ya supiera que de allí no escapaba, Lázaro gritaba:

- !Como aguanta el cabrón¡

- Ahora escribe con tu puta sangre mal nacido bastardo, escribe sobre nuestro general Mola, escribe maricón, atrévete a insultar a los héroes de nuestra patria con tus asquerosos artículos.

De Manuel solo se veía la sangre y los ojos fijos en el fascista, chorreaba de rojo, la ropa era roja, todo era rojo, hasta que cerró los ojos, estaba muerto, se murió de píe, no se movía, los falangistas pararon de golpearlo, se miraban unos a otros asombrados, no entendían que aquel hombre pudiera aguantar el dolor con tanta valentía..."


Extracto de la entrevista a mi abuelo Juan Tejera Pérez el 5 de mayo de 1976."       (Viajando entre la tormenta, 11/12/18)

19/12/18

Los falangistas salieron de la habitación y enfilaron hacia Las Casas de Abajo en El Puente, donde les oímos decir que iban a llevarse a varios hombres más...

"Lola y el taller de costura.
"(...) Aquella tarde los falangistas llegaron a la casa de Lolita Jaimez en Tamaraceite durante las clases de costura, su jefe Penichet quería que le bordara el yugo y las flechas en una bandera azul muy grande. Todas las niñas nos asustamos mucho porque llegaron borrachos, gritando, armados con fusiles y pistolas al cinto.
En la entrada se quedaron dos esbirros que custodiaban a Suso, hijo pequeño de Agustinita Rodríguez, que lo traían con las manos amarradas a la espalda con hilo de pitera. El muchacho al que conocíamos de toda la vida, muy famoso en el pueblo por lo buen futbolista que era, venía con una enorne brecha en la cabeza bañado en sangre, no se quejaba y eso le jodia a los falangistas que indignados no dejaban de pegarle culatazos con los mauser y patadas.
Lolita, mi maestra de costura, se levantó y le dijo al fascista que ella no iba a coser ninguna bandera de Falange, que bastante dolor sentía ya con el asesinato de su sobrino Carlitos que llevaba desaparecido dos meses, desde el domingo 19 de julio del 36. 
 El Falange Penichet se le encaró gritándole y le levantó una mano para pegarle. Lolita le dijo que era un cobarde y que si querían llevarsela detenida ella no tenía ningún miedo, las niñas todas llorabamos desaladas, en un instante el fascista se dio la vuelta cagandose en Dios, salieron de la habitación y enfilaron hacia Las Casas de Abajo en El Puente, donde les oímos decir que iban a llevarse a varios hombres más.
Lolita nos abrazó a todas y nos dio una tácita de leche de la cabra Matilde..."
Extracto de la entrevista a mi madre Lola Tejera el 5 de julio de 1997."          (Viajando entre la tormenta, 07/12/18)

11/12/18

Dos de sus tres hijos fueron llevados a la Casa del Niño, un centro para niños de la posguerra. Dolores, ante el miedo de que sus hijos fuesen vendidos o les ocurriese algo peor, iba todas las semanas y les regalaba a las monjas telas hechas por ella con punto de cruz...

"Han trascurrido 82 años pero ese libro sigue sin tener un final. No al menos el que se merece. El paso del tiempo viene acompasado por el desprecio de muchos. Demasiados. Cada vez son menos los protagonistas de aquella historia, y llegará una mañana en la que ya no quede nadie. Relatos de terceros, libros y documentos tendrán la difícil tarea de evitar la absoluta desmemoria de los horrores e injusticias que se perpetraron a partir de aquel 18 de julio de 1936.

Lola Tejera, al igual que la II República, tiene 87 años. Natural de Tamaraceite (Gran Canaria), es la mayor de cuatro hermanos que ya nos están. Su edad se antoja como su mayor baza. Tiene mente e ideas tan frescas como los peores recuerdos que habitan en su interior. Ahora siente que es el momento de no guardarse ninguno de estas crueldades. 

Porque Lola representa en Canarias a las miles de mujeres que sufrieron la represión fascista y todo lo que conllevó después. Su padre, Juan Tejera Pérez, apodado “el comunista”, fue condenado a pena de muerte tras un consejo de guerra que consiguió conmutar a cambio de 12 años encarcelado. 

Como a tantos otros, le privaron de su libertad por no pensar como los criminales falangistas. Lola tuvo que ver cómo su madre Frasquita sacaba adelante a sus hijos sin ningún recurso y siendo señalada por los vecinos. Por roja. Por tener a un rojo en la cárcel. Se las tuvo que ingeniar para no ver a sus pequeños sufrir ante la ausencia de su padre. Cada mes, se llevaba a uno de ellos para que pudieran verlo. A lo lejos. “Papá está en el coche”, decían inocentemente.

 Pero estaba tras las alambradas del campo de concentración de La Isleta. Cuando finalmente salió de prisión, lo hizo arrastrando una tuberculosis. “Lo querían mandar al sanatorio, pero mi madre no quiso. Se acabó curando gracias a la estreptomicina y a que ella le traía huevos y leche”, narra su hija orgullosa.

Lola creció, pero su futuro seguiría ligado a fantasmas del pasado. Se casó con Diego González, hijo de Francisco González Santana, uno de los “cinco fusilados de San Lorenzo”. Así fueron apodados el alcalde comunista Juan Santana Vega y el resto de miembros del consistorio del extinto barrio, asesinados el 29 de marzo de 1937 a las 16:00 tras un consejo de guerra sumarísimo. González Santana tenía 41 años. Jornalero de profesión, pertenecer a la Federación Obrera de Canarias fue su penitencia. 

Su cuerpo, tras ser ejecutado, fue lanzado a una fosa común del cementerio de Vegueta, en la capital grancanaria. Allí permanece aún, junto al alcalde. “El sepulturero, cuando le tocó enterrarlos, se la jugó y los enterró juntos, colocando una lámina de mármol encima para ubicarlos”, relata su nieto Paco González. 

Él ha sido la voz en Canarias de todas aquellas personas que ya no pueden hacerlo, y en concreto de su padre Diego. A sus 92 años, una demencia comienza a llevarse sus buenos recuerdos. También los malos. Una noche, los falangistas entraron a su casa en busca de su progenitor Francisco González, escondido entonces en una cueva. Se fueron sin él, pero no sin antes sacar de la cuna a su hijo Braulio de tan solo cuatro meses. Las Brigadas del Amanecer lo estamparon contra la pared. Al día siguiente, la familia fue caminando hasta el cementerio, donde lo enterraron sin ninguna ayuda. Era época navideña.

 

Humillarlas hasta deshumanizarlas


Sin marido y sin su pequeño de cuatro meses. A Dolores la habían matado sin necesidad de ninguna bala. Trabajar sin poder cotizar y no poder comer porque significaba enfrentarse a una auténtica humillación. 

Con cartilla de racionamiento en mano, era mandada al final de la cola cuando llegaba su turno, teniendo que alimentarse de las limosnas de los pocos que aún no la señalaban por ser la viuda de un rojo. Por si fuese poco dolor, dos de sus tres hijos fueron llevados a la Casa del Niño, un centro para niños de la posguerra. Dolores, ante el miedo de que sus hijos fuesen vendidos o les ocurriese algo peor, iba todas las semanas y les regalaba a las monjas telas hechas por ella con punto de cruz.

Otra de las mujeres de la familia que quedó marcada para siempre fue Rosa García López, prima-hermana de Lola. Era un paseo matutino de los tantos que hacía para comprar cada mañana cuando un grupo de falangistas la secuestraron. Al día siguiente, la ropa rota, la cabeza rapada y signos de haber sido violada fue lo que quedó de aquel día. La deshumanizaron “hasta el punto de no querer contar nada de aquello”, relatan sus descendientes.

 

Justicia entre interminables tiras y aflojas


Lola se sienta cada tarde al lado de Diego. Le coge de la mano y no le suelta. Transmite coraje y amor por partes iguales. Sabe el sufrimiento que hay detrás de esos ojos perdidos. Nunca perdió la esperanza de que llegase el día de la exhumación, aunque confía en que no sea demasiado tarde para él, como sí lo fue el indulto que, cuenta la familia, “llegó al ayuntamiento un día después de ser fusilados”. Un asesinato que, en 2010, le reclamaban. 2000 pesetas, exactamente. Ahora, entre interminables tiras y aflojas, un rayo de luz ha acabado por colarse entre las persianas de sus hogares. 
El momento de recuperar los restos llegará gracias a una inversión de 30.000 mil euros por parte del consistorio y el Cabildo, impulsor del proyecto.
Sima de Jinámar, un cono volcánico de 80 metros de profundidad al que se arrojó, vivos y muertos, a cientos de personas que pensaban diferente

Será presumiblemente antes de verano, donde se esperan rescatar más de 80 cuerpos, de los que 30 corresponderían a militares que resistieron el inicio del golpe en Marruecos. Pero no será el único enclave en el que se se hará memoria. También está previsto para finales de año recuperar todos los cuerpos que yacen en uno de los mayores símbolos de la violencia franquista en Canarias. Se trata de la Sima de Jinámar, un cono volcánico de 80 metros de profundidad al que se arrojó, vivos y muertos, a cientos de personas que pensaban diferente. 

Unos actos de reparación que se tornan proezas, cuando deberían ser la norma. Sin embargo, un año más -desde que Rajoy gobierna-, los Presupuestos Generales del Estado no destinarán ni un solo euro de su partida a la ley de Memoria Histórica, condenando nuevamente el derecho a cicatrizar de tantas personas. A eso hay que sumarle el rechazo del PSOE, PP y Ciudadanos a una posible reforma de la Ley de Amnistía de 1977 que permitiese juzgar los crímenes franquistas de torturadores que hoy pasean por Madrid, como es el caso de Billy El Niño.

Hombres fusilados, mujeres denigradas y recuerdos imborrables para una historia inacabada que solo tendrá su final en el momento en el que no quede bajo tierra ni un solo hueso sin exhumar. Las muertes producidas en esos 40 años de represión se siguen aferrando a una guerra en la que uno de los bandos solo hizo por defenderse. No obstante, en Canarias no hubo siquiera confrontación bélica con la que poder justificarse de algún modo. 

Las islas, usadas como territorio de retaguardia del ejército sublevado durante la Guerra Civil, fueron vestigios durante el golpe de Estado de una cruenta represión política sobre los militantes o simpatizantes de los partidos y sindicatos de obreros y republicanos. Aunque muchos datan en más de 5000 las muertes durante estos años, no existe un estudio profundo que lo verifique, dada la dificultad documental.

 El historiador Aarón León estima en 1.032 las personas ejecutadas tras sentencias de consejos de guerra y víctimas de "desapariciones" extrajudiciales. Unas cifras que hoy, más de 80 años después, siguen en el olvido como parte una amnesia colectiva."                  (Eduardo Robaina, Público, 01/05/18)

13/11/18

El bebé parecía un muñequito, la cabecita destrozada por el brutal golpe contra la pared del falangista, aquel hombre gordo vestido de azul que lo sacó de su cuna para asesinarlo. En el cementerio el sepulturero se abrazó a mi madre jugándose la vida... no pudo contenerse al ver nuestra cara de dolor y la inmensa soledad en el entierro del angelito...

"(...) El entierro de Braulio era pequeñito, solo íbamos mi madre, mi tía Rosa García, mis hermanos Paco y el pequeñín Lorenzo, nadie más se acercó a nuestra casa por miedo a que lo relacionaran con una familia republicana, caminamos desde Tamaraceite a San Lorenzo por el Camino Viejo, Lola García, mi madre, con la cajita de tomates con el bebé de cuatro meses dentro, era desolador, llovía mucho aquel 26 de diciembre del 36, ni siquiera el cura del pueblo vino a decir uno de sus rezos de difuntos, nadie nos miraba cuando empezamos a caminar desde la Carretera General hacia el cementerio, lo único que se escuchaban eran los llantos de mi madre y mi tía, el bebé parecía un muñequito, iba calladito, parecía sereno, tenía una pequeña sonrisita, la cabecita destrozada por el brutal golpe contra la pared del falangista, aquel hombre gordo vestido de azul que lo sacó de su cuna para asesinarlo.

En el cementerio el sepulturero se abrazó a mi madre jugándose la vida, había estado en la Federación Obrera con mi padre, pero no pudo contenerse al ver nuestra cara de dolor y la inmensa soledad en el entierro del angelito..."


Entrevista a mi padre Diego González García el 7 de agosto de 1998."                 (Viajando entre la tormenta, 30/10/18)

12/11/18

Uno de los guardias del tricornio quiso abusar de mi madre, ni siquiera respetaron el luto, gracias a Dios que en ese momento llegaba un sargento que los paró entre insultos y gritos, porque ya se ponían en fila unos veinte hombres para violarla, como solían hacer siempre con las mujeres de los republicanos asesinados...

"(...) La noticia del fusilamiento de tu abuelo Pancho llegó a Tamaraceite dos días después de la ejecución del 29 de marzo del 37, enseguida mi madre corrió hacia Las Palmas y yo la acompañé, ese día no fui al colegio porque seguía con esa tos que no se me quitaba desde la noche del asesinato de mi hermano el bebé Braulio. 

Caminamos por senderos sin casas, entre tabaibas, palmeras y cardones, solo vimos algunos controles de la Guardia Civil y los falangistas que nos pararon varias veces, pero en la zona de la Casa de la Palma, cerca de donde hoy está el estadio de Gran Canaria, uno de los guardias del tricornio, muy alto y con acento peninsular, quiso abusar de mi madre, le rompió parte del vestido a la altura del pecho y la empujó tirándola al suelo, ni siquiera respetaron el luto, entre las risas de una brigadilla borracha que llevaba en las manos botellas de ron de caña, gracias a Dios que en ese momento llegaba un sargento que los paró entre insultos y gritos, porque ya se ponían en fila junto a una garita de palma unos veinte hombres para violarla, como solían hacer siempre con las mujeres de los republicanos asesinados.

Llegamos al cementerio de Las Palmas a mediodía y estaba rodeado de militares y guardias de asalto con los máuser cargados apuntando a la gente, no nos dejaron llegar a la fosa, porque no cesaban de entrar camiones repletos de hombres acribillados a balazos, dejando desde La Isleta a Vegueta un reguero de sangre que atemorizaba a quienes se atrevían a levantar la vista y mirar la caravana de la muerte, yo me subí a un monticulo de tierra y pude ver montañas de cuerpos con la cara muy blanca, las cabezas rotas por el tiro de gracia, hombres de todas las edades, sobre todo muy jóvenes, de menos de treinta años, que eran conducidos a la fosa, donde varios curas les echaban agua bendita cantando y rezando sus letanías en alta voz, mientras afuera cientos de mujeres con sus niños de la mano lloraban y daban alaridos de dolor..."

Extracto de la entrevista a mi padre Diego González García el 18 de junio de 1998."             (Viajando entre la tormenta, 30/10/18)

23/7/18

El jefe falangista Penichet arrodilló a la pobre Adela con las manos atadas a la espalda y le rompió el vestido rojo dejando sus pechos al aire, le dio una violenta patada en la cara y quedó tirada entre un charco de sangre, mientras el cojo Acosta, Paco Bravo, los guardias Pernía y Juan Santos, reían a carcajadas...

"Adela Tejera era una mujer muy bella, morena, con la piel negra y brillante, un hermoso pelo enredado que se confundía entre las banderas rojas, recorría las calles de Tamaraceite lanzando consignas contra el fascismo, por el comunismo, por la liberación de la clase trabajadora.

Su amado Juan Torres se quedaba en casa, aunque respaldaba las ideas libertarias de la mujer de su vida, cuidaba de los chiquillos, mientras ella encabezaba los mítines junto a otras dirigentes obreras, como Rosa García y otras mujeres que solo de nombrarlas estremecen el alma.

En los almacenes de tomates de Los Betancores en Los Giles, en las plataneras del antiguo Valle de Atamarazayt, donde su voz sonaba más fuerte que el resto, alzaba el puño y gritaba por la emancipación de las mujeres, por el voto femenino, por la República, por la libertad, por la democracia, por los derechos negados a un pueblo canario esclavizado por una oligarquía corrupta y criminal.

Por eso la mañana del domingo 19 de julio del 36 no tuvo miedo y salió a la Carretera General de Tamaraceite con su bandera roja, se unió a la partida de mujeres y hombres heroicos que pedían por la justicia social, contra el fascismo, contra un golpe de estado que ya recorría cada rincón del territorio archipielágico como una mancha negra, oscura, siniestra, casi rojiza de sangre obrera masacrada por aquellas bestias vestidas de azul, por sotanas asesinas, por militares genocidas que encabezaron un holocausto que se llevó por delante las vidas de más de 5.000 canarios.

A la valiente Adela la detuvieron frente al Ayuntamiento de San Lorenzo, cuando llegaron los camiones repletos de falanges esa mañana de domingo de julio subiendo desde Las Palmas, pegando tiros al aire, medio borrachos, sedientos de sangre, dispuestos a cometer la mayor matanza de la historia de Canarias después del genocidio indígena de lo que luego llamaron “Conquista”,(...)

El jefe falangista Penichet arrodilló a la pobre Adela con las manos atadas a la espalda y le rompió el vestido rojo dejando sus pechos al aire, le dio una violenta patada en la cara y quedó tirada entre un charco de sangre, mientras el cojo Acosta, Paco Bravo, los guardias Pernía y Juan Santos, reían a carcajadas apurando los últimos tragos de una botella de ron del charco.

-¿Nos las follamos a todas estas putas rojas juntas en el salón de plenos del alcalde comunista?- Dijo en tono burlón el moro Ahmed, el resto siguieron golpeando a las mujeres y hombres detenidos, puestos en fila contra la pared con las pingas de buey y las varas de acebuche, un grupo amplio, como de setenta mujeres y hombres, todos vecinos de Tamaraceite, con las ropas manchadas de sangre.

Adela fue condenada a muerte en consejo de guerra, luego a los pocos meses le conmutaron la pena por cadena perpetua, estuvo cuatro años en la prisión de Barranco Seco entre chinches y comida basura, Pepe su hijo de seis años iba a verla los sábados en los hombros de su padre, Adela lo miraba con sus ojos brillantes con mucho amor, el pelo rapado, una especie de fardo como vestido con un número en la espalda, los brazos y las piernas repletos de moretones.

Ahora Pepe con 87 años, los mismos que tiene la República no la puede olvidar, sigue con su sonrisa, la misma de Adela, recorriendo las calles del pueblo (...)"             (Viajando entre la tormenta, 28, 05/18)

16/10/17

Matías fue fusilado el 29 de Marzo de 1937 por sus compañeros de regimiento. Los soldados de guardia lloraban y Matías les tranquilizó...

"Matías nació en Antigua, (Fuerteventura) en 1912, nieto del ilustre majorero Matías López Hernández, fundador de Gran Tarajal. Su madre, Dolores murió en 1922, y su padre contrajo segundas nupcias con Carmen Delgado Expósito. 

Matías estudió en Gran Canaria, demostrando sus habilidades artísticas, escultura, pintura, artesanía. Hizo el servicio militar en el Regimiento de Ingeniería. Con el triunfo del Frente Popular, fue secretario de la Federación de Obreros, y trabajó como contable en el Ayuntamiento de San Lorenzo, donde gobernaba el partido de izquierdas. También daba clases de pintura.

A raíz de la rebelión fascista de 1936, Matías López fue encarcelado. En esas fechas ocurrió la terrible represión franquista en San Lorenzo, siendo detenidos 21 miembros de la corporación municipal. En Enero de 1937 Matías fue juzgado en consejo de guerra acusado de rebelión, de huir y de tenencia de armas y explosivos. 

En el proceso fueron condenados a muerte Matías López y los 5 de San Lorenzo. Matias alegó: “Señores del Consejo yo les ruego que tomen en cuenta mi conducta militar y civil, pues nunca se me ha arrestado ni se me ha llamado la atención, siempre he cumplido con mi deber”.

 Inmaculada Pérez, autora de la obra ‘Muero como quien soy. Matías López Morales‘ ha constatado que murió por su ideología, que las acusaciones eran infundadas, y recupera para su recuerdo “la fuerte personalidad de Matías, un intelectual autodidacta, una persona formal para su edad, un demócrata que murió con honor y gritando a la libertad”.

En Enero de 1937 su madrastra Carmen viajó a la comandancia militar de Santa Cruz de Tenerife para pedir clemencia de rodillas al General Dolla La Hoz: “ayer me condenaron un hijo a muerte y no tiene causa ninguna para eso”, quien le contestó “señora no puedo hacer nada porque esa condena hace tiempo que la tiene el generalísimo en Burgos”. 

Bajando las escaleras, le pegó la boca a la oreja de Carmen “…nos tomamos unas cervecitas, bajo ese árbol, nos damos un paseíto y yo le doy la vida de su hijo”, a lo que Carmen respondió “a ese precio no compro la vida de mi hijo yo”. 

Unas monjas que se enteraron del motivo de la visita de Carmen al general, le dijeron “Si lo han condenado es porque es un malhechor y tiene causa para eso”. Carmen visitó a Matías, llevándole ropas, comida, tabaco, un ajedrez.. Juan, tío de Matías también le visitó constatando su entereza: ”no te preocupes de nada, los que me van a matar son los que tienen que temblar”.

Matías y los 5 reos de San Lorenzo fueron trasladados al campo de tiro. Los soldados de guardia lloraban y Matías les tranquilizó. Un teniente le ofreció una botella de coñac “tómate un buche para que te serenes”. Matías le contestó: “¿más sereno me quiere? Usted es el que no lo está, yo no bebo nunca, y hoy menos lo haré. Estoy escribiendo a mi padre varias cosas, y hablando con mi madre que es un ser extraordinario y ha venido a acompañarme hasta el último momento en que me van a asesinar”. 

Un cura le dijo “muchacho, confiésate que es el último momento de tu vida”. Él miro de arriba abajo, y le dijo “No señor, mi vida no se sabe lo que podría durar, Dios me la dio y él es quien podía quitármela, usted viene aquí a apadrinar el crimen. Su puesto está ante un jefe a decir que no sea un criminal despiadado dando órdenes de matar a hombres que no han cometido ningún delito y siempre han cumplido con su deber de ciudadanos trabajadores y honrados, muchos de ellos padres de familias, dejando huérfanos niños y mujeres sin amparo y sin consuelo de nadie”. El cura dio media vuelta y no volvió.

Matías fue fusilado el 29 de Marzo de 1937 por sus compañeros de regimiento. Carmen le limpió la cara embarrada de sangre y tierra, pues el oficial que le dio el tiro de gracia, estaba temblando y se lo dio en el ojo en lugar de en la sien. Carmen le decía “¡ay mi hijo, como te acribillaron las balas asesinas”. 

Después cubrió su cara con un paño rojo como Matías le había pedido, ya que “me matarán por rojo”. Se acercó el cura a decir un responso, y Carmen le dijo “Haga usted el favor de retirarse”. Ese día fueron igualmente asesinados los 5 de San Lorenzo. Los amigos de Matías, camaradas del Partido Comunista de Canarias, reunieron el dinero necesario para comprar el féretro y el nicho."              (Documentalismo memorialista y republicano, 28/09/17)

6/10/17

El mismo miedo atávico que ella había sentido toda su vida desde la noche del horror, cuando vio partir a sus seres queridos bajo los culatazos y patadas de los fascistas

"(...) La abuela siempre hablaba en susurros a Lucía, la madre de Noe, jamás levantaba la voz por miedo a que alguien la escuchara, quizá las fuerzas del mal, las que se llevaron a media familia aquella madrugada de agosto del 37, a los cuatro hijos, a su esposo, dejando el pueblo vacío, casi sin hombres, hasta al maestro Don José Moreno le ataron las manos a la espalda, todos detenidos por los falangistas, introducidos entre golpes en los camiones del transporte de plátanos a un lugar desconocido del que jamás volvieron. (...)


Esa noche parecía haber más brujas que nunca, más risas que nunca, parecía la fiesta de los difuntos, cuando salían los Ranchos de Ánimas cantando casa por casa, un guineo ininteligible, el paseo final, el mismo que le dieron a toda aquella buena gente de la que la chiquilla escuchaba hablar a su abuela.

La viejita percibía su miedo y venía a su cama, la abrazaba y le cantaba al oído:

-San Silvestre del monte mayor, guarda mi casa y todo mi alrededor, de brujas, hechiceros y el hombre malhechor-

Noelia se tranquilizaba con la dulce de voz:

-No hay brujas mi niña, esta noche no, hoy no vinieron, son las buenas almas de los desaparecidos que vienen de paseo al pueblito, quieren recordar cuando estaban vivos y enamoraban a las muchachas, bailaban en las taifas, miraban las estrellas que siempre aparecen sobre la cumbre de la isla-

Las dos se quedaban acurrucadas y la anciana notaba que el corazón de Noelia recuperaba su latido apaciguado, le cantaba un arrorró para que se durmiera en paz, para que desapareciera el mismo miedo atávico que ella había sentido toda su vida desde la noche del horror, cuando vio partir a sus seres queridos, sus hijos, su adorado Marido Juan del Pino, los gritos de dolor ante los culatazos y patadas de los fascistas, el llanto de los niños que asustados jamás habían visto algo tan terrible, la turbación de la paz en un rincón de Gran Canaria que olía a flores de lavanda y a pan caliente, donde solo el viento levantaba la voz entre la rutina de animales nobles y cultivos.

Noe se volvió a despertar:

-¿Qué es abuelita, qué es, quiénes hablan en el callejón?- dijo entre sollozos.

Montserrat la abrazó más fuerte:

-Tranquila mi niña, ya nada podrá hacernos daños, ya lo hicieron todo junto, son las almas mi amor, las almas que añoran la paz de la flores-"                (Viajando entre la tormenta, 30/09/17)

23/5/17

En esta comisaría, las torturas iban desde la ingesta purgante cristales de sal, exomita o sulfato de magnesio, con el fin de sonsacarles información, hasta colgarles de los pies, electricidad, apalearles hasta casi la muerte...

"Canarias está impregnada de escenarios donde la represión Franquista dejó huella para siempre. Sin embargo, muchos de estos lugares, con el paso de los años se han ido transformando y han caído en el olvido las historias que allí se vivieron. Es el caso de la antigua comisaría de la calle Luis Antúnez (en Las Alcaravaneras), donde está ahora el colegio de La Salle. 

 Asociaciones de la memoria histórica recuerdan que este edificio fue en el pasado “un punto de detención y torturas”, por lo que piden que en él se coloque una placa en la que se conmemore a las víctimas.

El portavoz de la Plataforma de Fusilados de San Lorenzo, Francisco González, que ha publicado dos libros relacionados con el franquismo en Canarias (basados en relatos y testimonios de familiares de víctimas de la represión) señala que este homenaje servirá para que “la historia nunca se vuelva a repetir”. Explica que en esta comisaría, como ya han testificado otros historiadores, se llevaron a l os 27 de Agaete, hombres de los que nunca se conoció su paradero.

González, como también relata en su último libro, recuerda que al Valle de Agaete se le empezó a conocer como El Valle de las Viudas, ya que después de que en la madrugada del 4 de abril de 1937 fueran sacados de sus casas e introducidos en unas guaguas, no se supo nunca nada más de ellos. Las mujeres de estos jornaleros y comerciantes iniciaron su búsqueda por toda la Isla.

 Y es que, cuando fueron a preguntar por ellos a la comisaría de la calle Antúnez, les dijeron que habían sido puestos en libertad. Sin embargo, “Lo más seguro que es los hayan arrojado por la Sima de Jinámar, según cuentan algunos testimonios recogidos”, señala.

“Una de las víctimas es César Expósito, de sólo 34 años, carnicero de profesión y que pertenecía a la Sociedad de Oficios Varios de Agaete, su hija de ocho años vio cómo se llevaban a su padre”, relata González. No obstante, menciona otros nombres como Antonio Álamo Godoy, José Álamo Sosa, Antonio Dámaso Álamo, Gregorio Dámaso Álamo, Jose Diepa Jiménez… entre otros. Todos jornaleros humildes, pero faltan otras personas que también fueron conducidas a este lugar a la fuerza para extraerles información.

El portavoz de la Plataforma de Familiares de Fusilados de San Lorenzo explica que, en esta comisaría, las torturas iban desde la ingesta purgante cristales de sal, exomita o sulfato de magnesio, con el fin de sonsacarles información, hasta otras más fuertes. “Colgarles de los pies, electricidad, apalearles hasta casi la muerte..." son otras de las técnicas que cuenta.

También menciona la historia de Agustín Cabrera, presidente de la Fereracion Obrera, "que fue ahorcado en esta comisaría, llamada de Investigación y Vigilancia en ese entonces".

Los interrogatorios podían durar días. "Allí llevaron también a muchas mujeres a fin de que dieran información". Cuenta que a cada persona que entraba se le asignaba un número y a muchos de ellos luego los llevaban a "la Sima de Jinámar, a la Marfea, a los Pozos de Tenoya y Arucas… sitios de exterminio", "había incluso quien moría durante las torturas".

La Plataforma de Familiares Fusilados de San Lorenzo y el Foro Canario Víctimas del Franquismo comenzarán a recoger firmas en los próximos días en change.org, además de distintas campañas por redes sociales y movilizaciones, a fin de que se ponga una placa en este edifio y se recuerde lo que ocurrió.

Esta no es la única lucha que abandera González por la Memoria Histórica, también es nieto de un sindicalista asesinado por las fuerzas franquistas y que está enterrado en la fosa común de Vegueta y lucha para que esta se exhume, por lo que integra también un comité popular por esta causa. A su vez, promueve la exhumación de la Sima de Jinámar, una causa con la que se ha comprometido el Cabildo de Gran Canaria, pues un arqueólogo bajará a examinar su estado y estudiar la posibilidad.

No obstante, asegura que estos no son los únicos puntos donde se llevaron a cabo “crímenes franquistas”, también hubo otros puntos de tortura en Arucas, Tamaraceite… y en el local del Círculo de Arenales, una casa antigua de la calle León y Castillo. Se trataba de un circulo de los obreros pero convertido en un lugar de detención y tortura. “Ahí llevaron a mucha gente de La Isleta y ahí fueron torturados y asesinados después por lo que más adelante pediremos que se conmemore este lugar también”, afirma."                   (eldiario.es, 20/05/17)

21/4/17

Agaete tiene un barrio "de las viudas" porque mataron a todos los hombres. Si tenían hijos menores de cinco años se los quitaban e iban a la Casa del Niño o a la Casa Cuna...dónde hubo venta de niños

"El Diario - Canarias Ahora / Miles de personas fueron fusiladas o desaparecidas en Canarias por el franquismo. Meses antes del golpe de estado se elaboraron unas "listas negras" donde se recogía qué personas iban a ser víctimas de esta "brutal" represión que sorprendió a las Islas sin armas para defenderse y, que por sus características geográficas, las convirtió en "un laberinto sin salida". 

Así explica estos años el  portavoz de la Plataforma de Familiares de Fusilados de San Lorenzo, Francisco González Tejera, en su nuevo libro Semilla de memoria, 122 relatos sobre la represión franquista en Canarias. Se trata de su segunda investigación sobre este tema (la primera fue presentada como prueba  en la querella argentina ) que se nutre de las historias contadas por sus abuelos y familiares desde niño y que poco a poco fue complementando con entrevistas a personas que han sido víctimas del franquismo. 

Nieto del sindicalista de mismo nombre que fue fusilado junto al alcalde del entonces municipio de San Lorenzo, Juan Santana, lucha también por la exhumación de la fosa común de Las Palmas,  donde se encuentra enterrado su abuelo. Además, aboga porque se exhumen otros puntos de Gran Canaria que también son símbolos de la represión, como por ejemplo, la Sima de Jinámar (un tubo volcánico por donde tiraban muchas veces vivas a los represaliados).

 Celebra que haya lugares de Canarias como el pozo del Llanos de las Brujas (en Arucas)  que se ha abierto y donde se han recuperado a 24 víctimas y también defiende que se busquen a más desaparecidos en el pozo de Tenoya , pero cree que hay que ir más allá y seguir luchando por la dignificación de la memoria de las víctimas. 

Parece que hay cierto desconocimiento en la sociedad canaria sobre qué ocurrió tras el golpe de estado franquista. Este libro y el anterior acercan un poco más a las atrocidades que se vivieron. ¿Es este su propósito?

Sí. El objetivo del libro es que se convierta en un instrumento de recuperación de memoria. Es un instrumento de lucha puesto al servicio de todas las personas que defienden la dignificación de las víctimas del franquismo. Defiende la exhumación y la localización de sus restos, ya que Canarias está impregnada de lugares con restos humanos de personas asesinadas, incluso hay lugares que la gente ni se imagina. Este libro lo he escrito para ponerlo al servicio de esa lucha y como instrumento de dignificación y educativo.

¿Considera que la represión del Franquismo en Canarias debería tratarse más en las aulas?

Sí. En Canarias y en el resto del estado español hay un vacío educativo en esos años y da la impresión de que hubo una guerra y no un golpe de estado fascista frente a una democracia legítima. Se explica como una guerra donde dos bandos de enfrentaron y después en los libros de texto la historia aparece, de repente, en los años 60 y pico con la Ley de Amnistía, cuando en todos esos años hubo una masacre y sólo en Canarias miles de personas fueron detenidas, secuestradas, torturadas, desparecidas o asesinadas.

¿Cuántas personas estima que fueron asesinadas en el Archipiélago?

Miles de personas, es muy difícil saber una cifra exacta. En las islas occidentales hay estudios que hablan de más de 2.000 desaparecidos. Hay que diferenciar entre personas fusiladas, que fueron unas 800, pues hay documentos que lo certifican, y después hay personas como las de Arucas o los 14 de Tamarecite  que fueron sacados de sus casas y no se sabe de ellos. 

Otros fueron sacados de campos de concentración como el de Fyffes, en Tenerife, o los de Gando, La Isleta o Las Torres, en Gran Canaria. Se los llevaban de madrugada y no se sabe dónde están. Es muy difícil cifrar los desaparecidos. Cuando ibas a buscar a un familiar desaparecido, por ejemplo, te ibas al campo de concentración a verlo y te decían que lo habían soltado hacía una semana y no entendían por qué no había acudido a su casa. 

Por eso, a mí me llama la atención que haya historiadores oficialistas que limitan el genocidio en Canarias a la cifras de fusilados, pero aquí hubo miles de personas asesinadas.

Se ha contado la historia de los vencedores, pero no la de los vencidos?

Claro, hay historiadores que hacen el juego y el sistema educativo omite esa parte de la historia y hacen el juego a esa Ley del silencio que existe con el genocidio en Canarias porque están al servicio de intereses de personas que no quieren que esto se sepa, de familiares directos de los asesinos que hoy día son diputados, alcaldes, jueces? y que no quieren que se sepa lo que pasó.

Tenemos que destapar lo que sucedió para que no vuelva a ocurrir nunca más

Llama la atención que el libro está lleno de nombres que siguen ocupando relevancia en la sociedad?

Sí. De hecho, en el primer libro doy nombres y datos, pero nadie me ha interpuesto una querella porque saben que es verdad. Yo, evidentemente, no quiero que nadie me denuncie. Se dan datos evidentes como el conde, Eufemiano Fuentes, su mano derecha" enterrados estos últimos en panteones a todo lujo a pocos metros de la fosa común de Las Palmas, lo que resulta paradójico. 

Hay un ocultismo premeditado para que no se sepa lo que pasó en Canarias y hay una frase de Primo Levi que dice que"ocultar el silencio es un crimen? y tenemos que destapar lo que sucedió para que no vuelva a suceder nunca más.

¿Cómo explicarías en qué se caracterizó la represión franquista en Canarias o qué la diferencia del resto del país?

Canarias era un laberinto sin salida, muy pocas personas perseguidas lograron escapar. Había una oligarquía muy vengativa que hizo las listas negras. En los años veinte o treinta Canarias era de las regiones más organizadas a nivel municipal, la gente estaba harta de la esclavitud y de que la pisotearan. 

Existía el derecho de pernada económica, la gente trabajaba de sol a sol cobrando una porquería y se organizaron sindicalmente. Hubo huelgas previas en las fincas del conde, en la tabaquera y la oligarquía cuando hizo las listas negras con la Falange y la Iglesia Católica no perdonó nunca a esta gente. 

Muchas de esas personas fueron asesinadas como venganza por defender una idea, otros eran líderes sindicales o líderes obreros y otros por ser maestros o educadores que enseñaban una educación distinta a la católica y que era una educación liberadora, que pretendía que se aprendiera de verdad y no estar sometidos a una ideología dominante.

"La imagen del camión con los cuerpos de represaliados dejando sangre por las calles de Las Palmas era una exhibición de terror?

Otra de las características es la brutalidad, el morbo. En el libro se recogen historias que son bastante fuertes y están tratadas con la mayor ternura y amor posible, pero hay cosas que inevitablemente hay que decir. Lo que se sabe de Auschwitz también se conoce por testigos presenciales. La brutalidad es una característica.

 Llevar a las personas a la Sima de Jinámar y tirarlos vivos desde ahí, eso es estremecedor o llevarlos a la Marfea y tirarlos vivos con sacos en la cabeza atados de pies y manos. La Comisaría Luis Antúnez era un centro de detención ilegal donde se practicaban torturas bestiales y eso no está recogido. 

Torturas como colgarte por las piernas, violaciones bestiales a mujeres, a menores? había un componente sádico y psicópata en la actuación. Imagino que en otros puntos del estado también, el general Mola, por ejemplo, o Sanjurjo, pidieron que a cualquier pueblo al que llegaran y que fuera republicano mataran a los hombres y luego violaran a las mujeres, eso lo decían tíos de misa diaria.

Consistía en sembrar el terror. En Tamarecite y San Lorenzo, por ejemplo, mataron a los cinco, entre ellos al alcalde y a mi abuelo el sindicalista y luego desaparecieron a una veintena de hombres, y eso lo hacían para que nadie se sublevara. La imagen del camión que salía del campo de concentración de La Isleta con los cuerpos dentro para enterrarlos en la fosa común de Vegueta bajando por la calle Faro, Juan Rejón, Triana? dejando un reguero de sangre por la calle era una exhibición del terror.

"La forma de organización los campos de concentración en Canarias era la misma que los nazis montaron en los años cuarenta"

Hay un relato en el libro de una niña que se abraza a su padre (a quien se llevan tras haberlo torturado) y que no entiende cómo personas de su mismo pueblo a las que había visto de siempre se convertían ahora en verdugos y le hacían esto. ¿Cómo se explica?

En aquella época todo el mundo se conocía, Las Palmas de Gran Canaria tenía 60.000 habitantes y ahora hay casi 300.000. Gente con la que tú convivías habitualmente, que te la encontrabas en una taifa, en un baile, en misa? después venían a buscar a tu padre y se lo llevaban para siempre. Había un trabajo político organizando al fascismo (yo al franquismo lo califico como fascismo aunque ahora el PP diga en su defensa a la Fundación Francisco Franco que fue una dictablanda).

 Sin embargo, Franco era pupilo de Hitler, era un fascista igual y la metodología que se utilizó en Canarias es la metodología fascista. De hecho, Guernica lo bombardearon los alemanes igual que otros pueblos del estado español. El fascismo utiliza las mismas técnicas en cualquier sitio. Los militares argentinos, antes del golpe de estado de Argentina o Chile, tuvieron formación de los militares españoles en técnicas de tortura, eso está demostrado. 

El coronel Martínez Inglés, que escribe contra el Borbón, la monarquía y tal? habla de que estuvo torturando gente en Argentina y Chile y España hizo de apoyo. Los nazis ayudaron a los españoles en la guerra y la forma de organización los campos de concentración en Canarias era la misma que los nazis montaron en los años cuarenta.

Pero muy pocos saben que hubo campos de concentración en Canarias?

Casi nadie lo sabe. Mucha gente va a Gando, sale el avión y piensa: "qué bonita la isla", pero ese lugar se convirtió en un campo de exterminio donde fueron asesinadas cientos de personas que eran sacadas por las brigadas del amanecer para ser desaparecidos. Ahí estuvo mi abuelo antes de que se lo llevaran a ser fusilado al campo de tiro de La Isleta.

"Después de matar a tu seres queridos, te quitaban el trabajo y tus propiedades"

Llama mucho la atención la figura de las viudas y los hijos de los represaliados. ¿Cómo era la vida de estas mujeres después de haber perdido a su marido?

Las grandes olvidadas son las viudas y los hijos de los asesinados. Agaete tiene un barrio"de las viudas? porque mataron a todos los hombres. Te pongo el ejemplo de mi abuela, ella tuvo que salir a la calle a mendigar con sus tres hijos porque le mataron a su marido y a su hijo Braulio con cuatro meses. A las viudas nadie les daba trabajo por el estigma que tenían o les daban pero en condiciones casi de esclavitud, con acoso sexual y abusos.

 Si tenías hijos menores de cinco años te los quitaban e iban a la Casa del Niño o a la Casa Cuna, en Tenerife, donde hubo venta y robo de niños. Les quitaban a los niños porque eran hijos de rojos y para adoctrinarlos. A mi abuela además le quitaron una casa, las propiedades se las quedaban los falangistas. Después de matar a tu seres queridos, te quitaban el trabajo y tus propiedades.

En estas condiciones, era muy difícil salir adelante?

Casi imposible y esa herida queda en los hijos y en los nietos. Para que eso se sane hace falta mucha reparación y mucha justicia.

El hecho de que participe tan activamente en esta lucha? ¿viene de ahí?

Claro, haber vivido desde niño con una familia que sufrió todo eso, lo llevas de alguna forma en los genes. Esto no es fácil, aquí no ganas, lo que haces es perder salud y es una lucha titánica en la que hacen falta varias vidas para conseguir los objetivos porque hay muchos obstáculos, pero es necesaria. Por ello, publiqué este libro y el anterior, para utilizarlo como instrumento de todo el que quiera luchar por la memoria de las personas asesinadas.

La Sima de Jinámar, los pozos de Tenoya y Arucas, la fosa común de Las Palmas? son símbolos de la represión  y que explica en el libro. ¿Puede recordar qué representan estos lugares para las víctimas del franquismo?

Meses antes del golpe de estado ya había listas negras donde estaba planificado dónde iban a tirar a la gente y ellos sabían que los iban a llevar a la Sima de Jinámar, a los pozos de Arucas, de Tenoya, de Guayadeque, la fosa común de Pasito Blanco, los pozos del barranco de Tamaraceite, simas volcánicas de la montaña de Gáldar? ellos ya sabían a dónde iban a llevar a cada persona, normalmente ellos tenían listas negras con la zona de cada uno (Arucas, Agaete, Gáldar?) y el lugar donde los llevarían.

 ¿Por qué Auzwih es un símbolo? Porque son lugares de exterminio y hoy en día son lugares de memoria, educativos, de memoria a las personas asesinadas para que no se vuelva a repetir nunca más. En Canarias, desgraciadamente, no tenemos eso, lo que tenemos es ocultación premeditada del genocidio. (...)"                  ( Con Información de El Diario - Canarias Ahora, en entorno inteligente, 13/04/17)

30/3/17

El “Cabo de vara” le rompió la clavícula a Juan Tejera, que no se quejó, para no darle el gusto a los fascistas de verlo humillado...

"El “Cabo de vara” le rompió la clavícula a Juan Tejera, que no se quejó, para no darle el gusto a los fascistas de verlo humillado, se quedó en el suelo arrodillado aguantando el inmenso dolor. Sabía que esa madrugada se habían llevado a nueve camaradas para arrojarlos a la Sima de Jinámar, era consciente de que en cualquier momento le podía tocar. 

Se arrastró como pudo hasta la exigua litera de madera del barracón del campo de exterminio de Gando (Gran Canaria), donde dormían cada noche siete hombres destrozados, piel y hueso.

No dejaba de pensar en su amada Frasquita, en posición fetal sintió por unos instantes la calidez y la ternura del interior de las entrañas de su madre.

Los “Cabos de Vara” eran presos que por una ración más de la pestilente comida o por obtener ciertos privilegios, le hacían el trabajo sucio a los fascistas, eran mucho más crueles que los propios falangistas y militares, daban más fuerte con los palos de madera y las pingas de buey, eran brutales para demostrar a sus verdugos que podían ser buenos carniceros sobre sus propios compañeros.

Juan llevaba cinco años en el campo viendo todo tipo de atrocidades, torturas y crímenes, hombres que eran asesinados a golpes en el patio interior en presencia de todos los presos, el maltrato constante por parte de aquellos seres demoniacos, que no tenían suficiente con hacerlos trabajar de sol a sol abriendo ridículas zanjas que luego volvían a cerrar y abrir, en un proceso interminable para el dolor ilimitado y la humillación de quienes sobrevivían entre piojos, chinches y enfermedades mortales como el tifus, que cada semana se llevaba la vida de decenas de compañeros y amigos.

De madrugada llegaban las “Brigadas del amanecer” para llevarse a más reos a los pozos y simas de la isla, sobre todo a la Marfea, donde eran arrojados vivos dentro de sacos atados de pies manos, la mayoría de las veces con piedras dentro para que se hundieran irremisiblemente en el mar.

Después de un día agotador de trabajo esclavo llegaban al barracón y recogían la exigua ración de agua apestosa con algún trozo de verdura, caminaban como zombis por el antiguo lazareto reconvertido en campo de concentración.

No había colchón en las literas, solo algo de paja sobre la dura madera y en el espacio de uno se acomodaban siete, se colocaban de tal forma que pudieran caber en el minúsculo recinto, unos con las piernas hacia arriba, otros con las cabezas en el otro sentido, cada uno sabía cómo colocarse desde el día que asesinaron a golpes al joven sindicalista de la CNT, Pedro “El barbero”, desde que fueron siete el espacio de Perico quedó libre, pero en una especie de ritual sin nombre lo respetaban, parecía que su alma, o lo que fuera, estaba presente en el abrazo nocturno para evitar el frío congelante de aquel marzo de 1940."                  (Viajando entre la tormenta, 19/03/17)

19/1/17

El perro era consciente que la habían dejado allí para que muriera, su instinto le hizo ir a la cocina y llevarle un poco de pan que había en la mesa, pero la niña no sabía comer sola...

"El perro bardino se quedó junto a la vereda de los ciruelos cuando se llevaban a Juan Beltrán, las manos atadas a la espalda con la soga de pitera, rodeado por los falanges y guardias civiles, el animal no entendía que trataran así a quien lo había rescatado cuando el hijo del cacique inglés mataba a sus hermanos, a su madre, a su viejo padre con la pequeña pistola de mango de oro.

Ojos brillantes, nobles, atigrado como su ancestral raza autóctona, la que trajo atravesando el mar el noble pueblo canarii (1) desde la costa africana, desconcertado no sabía que hacer después de la patada que le dio el gordo requeté. 
El can no se atrevió a seguirlos porque en la habitación estaba postrada en su lecho la niña Aurora, la habían dejado sola, no podía valerse, ni siquiera caminar, sus quince años eran como si tuviera dos, era casi una bebé recién nacida, todavía lloraba porque uno de los falangistas, Fernando de Armas, vecino de San Mateo, le hizo tocamientos mientras sus compañeros de centuria golpeaban a su padre en el patio interior de la humilde vivienda de Cueva Grande.

Vio como metían a Juan en la camioneta, donde también estaban cinco hombres más ensangrentados, sentados en el suelo con la cabeza gacha, eran vecinos de la zona cumbrera de Gran Canaria, amigos de su dueño, agricultores humildes, honrados, que en los años previos al golpe de estado del 36 pertenecían a la Federación Obrera y a la CNT.

Desde que el vehículo partió una inmensa soledad inundó aquel paraje perdido entre los pinos, el perro entró en la vivienda y subió sus patas a la cama de la niña, le lamió primero sus manitas, luego la mejilla, la chiquilla dejó de llorar al instante, esbozó una tímida sonrisa, le encantaba que Atila jugará con ella desde que su padre lo trajo en aquella cestita de mimbre, tan pequeño que hubo que criarlo con un biberón de cristal, leche y gofio era su alimento hasta que empezó a comer las sobras de la comida familiar.

El animal era consciente que la habían dejado allí para que muriera, su instinto le hizo ir a la cocina y llevarle un poco de pan que había en la mesa, pero la niña no sabía comer sola, solo se lo puso junto a la almohada y se quedó mirando con ojos de curiosidad y tristeza.

Así pasaron las horas, los días, la niña se fue muriendo lentamente de inanición, no se quejaba, se entretenía acariciando las orejas de Atila, el le hacía carantoñas, le ponía la pata en su pecho, no dejó de cuidarla hasta que dejó de respirar con los ojos abiertos, en la boca una especie de sonrisa, así la encontró días después María Luisa, la hija de Antonio Jiménez, el pastor de cabras de las Lagunetas.

El perro había desaparecido, al lado de la almohada varios trozos de pan duro, un pájaro muerto, la mitad de un conejo, dos tomates verdes.

Nadie más lo vio, Atila se perdió según decían varias ancianas de la zona rumbo a las cumbres más altas, más allá de los Llanos de la Pez, durante varios años se escucharon aullidos en las noches de luna llena, la brigadilla de guardias de asalto, en su mayoría peninsulares, llegaron a pensar que en esa zona de la isla deambulaban manadas de lobos, pero solo era un noble perro sin fronteras, perdido en los inmensos bosques milenarios, invadido de nostalgia y amor por quienes lo quisieron sin pedirle nada, escondido hasta la muerte en la guarida de las nieves.

(1) Tribu bereber del norte de África"              (Viajando entre la tormenta, 25/11/21/16)