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8/4/24

Don Teodoro Inglott, dueño de media Tafira, abusaba de las muchachas que trabajábamos en la casa por cuatro perras... íntimo amigo de Eufemiano, el tabaquero jefe de falange, que era dueño de Las Meleginas, La Angostura, La Calzada... Los dos eran unos violadores, los dos abusaban de todas las muchachas que acababan en sus manos, uno en sus fincas, el otro en sus fábricas y en los centros de tortura. Yo fui una de las que estuvo a la fuerza con Don Teo, me hizo dos hijas. Era el derecho de pernada de la época... No te podías marchar de allí porque lo pagabas con tu vida o la de tus familiares. Te podían acusar si querían de comunista y desaparecerte en cualquier sima, llevarse a tus hermanos y meterles cuatro tiros en la nuca antes de tirarlos a un pozo. No puedo contarte más... Todavía tantos años después me restriego la piel con el estropajo como si tuviera metida en la carne la raña y la peste de aquel criminal... Testimonio de Fefita Troya Robaina, criada en varias haciendas de miembros del régimen franquista en la zona centro de la isla de Gran Canaria, vecina del barrio de San Roque, Las Palmas GC

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Se intercambiaban criadas menores de edad. 

«(…) Apaga la grabadora. Lo que voy a contar me hace daño, prefiero que lo escribas, porque solo saber que mi voz se va a quedar ahí atrapada cuando muera ya el cuerpo se me descompone. 

Don Teodoro Inglott abusaba de algunas de las muchachas que trabajábamos en la casa por cuatro perras, todas chicas del pueblo, hijas de familias muy pobres a las que los amos daban una salida como había sido siempre. 

Pero después del golpe de estado del 18 de julio la cosa se puso más dura. Era una especie de barra libre, hasta se intercambiaban las criadas, muchas de ellas menores. 

Don Teo, como le llamábamos, era dueño de media Tafira, íntimo amigo de Eufemiano, el tabaquero jefe de falange, que era dueño de Las Meleginas, La Angostura, La Calzada y de la zona del Dragonal Bajo y Alto. 

Los dos eran unos violadores, los dos abusaban de todas las muchachas que acababan en sus manos, uno en sus fincas, el otro en sus fábricas y en los centros de tortura. Yo fui una de las que estuvo a la fuerza con Don Teo, me hizo dos hijas. 

Era el derecho de pernada de la época, lo que no te casabas con nadie, solo pasabas día sí y día también por las manos de aquel asqueroso que hedía a mierda. No te podías marchar de allí porque lo pagabas con tu vida o la de tus familiares. 

Te podían acusar si querían de comunista y desaparecerte en cualquier sima, llevarse a tus hermanos y meterles cuatro tiros en la nuca antes de tirarlos a un pozo. No puedo contarte más, ni quiero darte más detalles, pero todo lo que puedo decirte es sucio y feo, ni un momento de placer tuve, solo dolor y humillación. 

Todavía tantos años después me restriego la piel con el estropajo como si tuviera metida en la carne la raña y la peste de aquel criminal…». 

Testimonio de Fefita Troya Robaina, criada en varias haciendas de miembros del régimen franquista en la zona centro de la isla de Gran Canaria, vecina del barrio de San Roque, Las Palmas GC.

11:23 p. m. · 5 abr. 2024 302,4 mil Reproducciones

30/5/23

Melchor Miralles: “Otras personas acudían al estudio de Kote Cabezudo y abusaban de esas chicas en fiestas de alto voltaje sexual”

 "El veterano fotógrafo donostiarra Kote Cabezudo fue condenado el pasado marzo por la Audiencia de Gipuzkoa a 28 años y 2 meses de prisión, de los que podría cumplir un máximo de 20 años, tras probarse diez delitos: uno de violación, otro de abusos sexuales, seis de pornografía infantil (elaboración y difusión) y dos de estafa. Kote Cabezudo cometió estos delitos durante 30 años, y las víctimas eran sus modelos, menores de edad. No sólo abusaba de ellas, sino que les hacía fotografías desnudas que luego subía a la red. 

El periodista de investigación Melchor Miralles, que ha tratado en profundidad esta trama de abusos sexuales, es coproductor ejecutivo del documental “En el nombre de ellas”, un homenaje a las víctimas que se estrena hoy en Netflix, tras ser paralizado por Disney+, sin conocerse los motivos. Crónica Libre entrevista a Miralles para entender las claves de uno de los casos de abusos sexuales más oscuros de la historia negra de nuestro país.

La Fiscalía pedía 250 años de prisión, la acusación particular (que representaba a 14 de las 17 víctimas) exigía 2.627 años de cárcel y la sentencia condena a Kote Cabezudo por 10 delitos y le absuelve de otros 217. Llevas años siguiendo el caso, ¿Cómo valoras esta sentencia?

He leído el sumario, asistí al juicio. He visionado el mismo material probatorio fotográfico y videográfico que tuvo a su alcance el Tribunal y me costó leer los 340 folios de la sentencia, que me parece el último navajazo judicial en el alma ya destrozada de las víctimas. El Tribunal establece que no hubo ningún engaño por parte de Kote Cabezudo respecto al destino de las fotografías que tomaba de sus víctimas, cuando hay un acerbo probatorio que acredita hasta la saciedad que ninguna de esas mujeres acudió al estudio de Kote Cabezudo con la intención de acabar expuesta en webs pornográficas de pago propiedad del violador."               (Mónica Nión, Crónica Libre, 27/05/23)

19/4/23

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, acusado de acoso sexual por cinco investigadoras

 "Un artículo divulgado esta semana en el libro Sexual Misconduct in Academia: Informing an Ethics of Care in the University (mala conducta sexual en la academia: sobre una ética del cuidado en la universidad Routledge, 2023) ha puesto en el punto de mira a uno de los grandes sociólogos portugueses, Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, 82 años), señalado como acosador sexual por varias investigadoras del Centro de Estudios Sociales, dirigido por el profesor hasta 2019.

La renuncia de Boaventura de Sousa a continuar al frente del centro que había fundado en Coimbra en 1978 coincidió con la aparición de pintadas en el edificio académico que aludían a los casos de acoso: Fuera Boaventura. Todas sabemos. Y este hecho sirve para arrancar el artículo que ha desatado la tormenta en Portugal, titulado The walls spoke when no one else would (las paredes hablaron cuando no lo hacía nadie más) y redactado por las antiguas investigadoras del Centro de Estudios Sociales Lieselotte Viaene, Catarina Laranjeiro y Miye Nadya, que no concretan los nombres de los profesores implicados en situaciones de acoso, pero que dan pistas suficientes para saber que se refieren a la institución portuguesa y al que fue su ilustre director.

La difusión del artículo ha provocado la salida a la luz de nuevos testimonios, como el de la diputada estatal brasileña de Minas Gerais, Bella Gonçalves, que relató a la agencia Lusa su caso. En agosto de 2013 comenzó su doctorado en Poscolonialismos y Ciudadanía Global en el CES con Boaventura de Sousa Santos como orientador, que la citó en su casa para hablar del trabajo. “Me ofreció bebida, que rechacé. Después comentó que estar cerca de él me daría muchas ventajas en el medio académico. Luego se sentó a mi lado, agarró mi pierna y sugirió que podría profundizar la relación. En ese momento recogí mis cosas y salí muy abrumada de allí”, explicó la actual diputada. Tras lo ocurrido, comentó el caso con otros profesores. “El tono general era que se trataba de alguien intocable y que cualquier denuncia podría poner en riesgo mi doctorado”, recordó. También la activista argentina mapuche Moira Millán asegura que fue acosada por el catedrático de Sociología portugués durante su paso por Coimbra en 2010. En un vídeo publicado el año pasado cuenta que el sociólogo la invitó a su apartamento y se abalanzó sobre ella. Asegura que la convencieron para no denunciar lo ocurrido con el argumento de que sus palabras se estrellarían frente al prestigio académico del pensador.

 La publicación del artículo ha desatado una cascada de solidaridad hacia las denunciantes. Unas 250 personalidades del mundo académico y cultural han firmado el manifiesto Todas sabemos en apoyo de las autoras del artículo. “El acoso sexual y moral, el extractivismo intelectual (la práctica de plagiar o reproducir el trabajo de otros sin citar, presentándolo como suyo), así como otras formas de violencia son estructurales y estructurantes de un sistema académico fundado en marcadas jerarquías profesionales y divisiones de clase, género y raza”, señalan en el texto.

El Centro de Estudios Sociales, que está vinculado a la Universidad de Coimbra aunque tiene autonomía jurídica, anunció el viernes que suspendía de todos sus cargos a Boaventura de Sousa Santos, que permanecía como director emérito, y a Bruno Sena Martins, el otro profesor aludido en el artículo, mientras se investigan las denuncias por parte de una comisión independiente que el centro va a crear. Poco después el sociólogo emitía un comunicado donde informaba de su decisión de apartarse de la institución de forma voluntaria. Por su parte, el Consejo Latinoamericano de Ciencias sociales suspendió las actividades previstas con el pensador portugués.

En su primera respuesta, el científico respondió al artículo con un comunicado en el que descalifica las acusaciones como “un acto miserable de venganza institucional y personal”. Además, anuncia la presentación de una querella contra las tres antiguas investigadoras. La antropóloga Lieselotte Viaene es profesora del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid. Su paso por el centro de la Universidad de Coimbra fue entre septiembre de 2016 y agosto de 2018. Catarina Laranjeira pertenece en la actualidad al Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad Nova de Lisboa, mientras que Miye Nadya es profesora de la Universidad de Nebraska, en Estados Unidos.

Boaventura de Sousa Santos se doctoró en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale. Desde el Centro de Estudios Sociales que fundó se labró una trayectoria de nivel internacional muy respetada científicamente que, además, traspasó los muros académicos y le convirtió en uno de esos pensadores que llenaban auditorios interesados en sus investigaciones sobre movimientos sociales. Su compromiso intelectual se afianzó tras una estancia en una favela de Río de Janeiro en 1970, que despertó su interés por los países del sur. Fue uno de los pensadores de cabecera del movimiento antiglobalización, estructurado en los Foros sociales de Portoalegre, en Brasil, y uno de los oráculos del pensamiento político de izquierdas. Es autor de unos 40 ensayos. Uno de sus últimos libros traducidos en España es El futuro comienza ahora: de la pandemia a la utopía (Editorial Txalaparta, 2021), donde considera la crisis del coronavirus como una oportunidad para cambiar hacia otro modelo de civilización."                (Tereixa Constenla , El País, 15/04/23)

18/10/22

Dos escándalos sexuales sacuden a la empresa pública de limpieza de Gijón: “¿Dónde va la cosa más sexy?”

 "A principios de año, un trabajador de Emulsa, la empresa municipal de limpieza de Gijón, presentó una denuncia en la empresa por los abusos laborales de un superior. Se quejaba de asuntos relacionados con la carga de trabajo y los malos modos del capataz. La compañía pública abrió una investigación en la que interrogó a varios empleados. En esas reuniones con sus compañeros encontraron algo más. 

En una de ellas, el entrevistado comentó que eso no era lo peor, que había visto a compañeras llorar por el acoso de ese capataz. Poco a poco se fueron uniendo más voces a ese relato, todos los testimonios fueron moldeando de forma precisa el retrato de este jefe que tocaba innecesariamente, entraba en el vestuario, tomaba fotos y soltaba comentarios fuera de tono a sus subordinadas más vulnerables, las contratadas temporales que necesitaban su aval para ganar puntos para optar a ser indefinidas.

El escandalo ha sacudido Gijón esta semana porque además se suma a otro en el mismo periodo de tiempo. Una circular enviada desde el consistorio a todos los colegios e institutos de la ciudad alertaba a los directores de los centros de la detención de un empleado de la misma empresa por supuesta corrupción de menores. 

El auto judicial establece una distancia mínima de 200 metros de cualquier sitio en el que haya niños. Aunque ambos casos no están relacionados, para muchos sí que evidencian la necesidad de cambiar las cosas en una empresa 100% pública en la que algunas voces consultadas denuncian que existe un “pacto de silencio” en esta compañía que da trabajo a más de 700 personas.

 Olmo Ron es el concejal de Mantenimiento y Obras Públicas y presidente de Emulsa. “Todos los sabían y nadie denunció...”, se lamenta. Habla del caso del capataz de 60 años despedido por las acusaciones de abuso continuado. La investigación sobre su trato a las empleadas describe 20 años de piropos indeseados, manoseos habituales y palabras obscenas, de trabajadoras afectadas psicológicamente y de compañeros que callaban o le reían las gracias. “¿Dónde va la cosa más sexy?”, refleja el informe elaborado por una comisión que le dijo a una empleada. Los encargados de la investigación han sido dos empleados de Emulsa, dos técnicos de prevención de riesgos laborales y dos delegados del Ayuntamiento. “Determinan de forma unánime que hay acoso y dan total credibilidad a los declarantes que son o testigos directos de lo sucedido o las propias afectadas”, asegura el concejal. De las pesquisas se deduce que la actitud del jefe era vox populi en la plantilla. “Duele especialmente porque esta empresa fue pionera en aprobar su plan de igualdad, pero si solo se hace en el papel y no en la realidad, no sirve de nada”, reconoce Ron.

 Para Ron, lo que refleja en realidad este caso es un modo de gestionar una empresa anclado en el pasado, de esos de los de limpiar los trapos sucios en casa: “Se evidencian unas relaciones entre mandos que se protegen unos a otros por intentar salvaguardar la imagen de la empresa o que buscan arreglarlo a su modo sin utilizar los protocolos establecidos”. El informe refleja que uno de los superiores del capataz y el encargado de servicio quedó para hablar del tema con ellos en una cafetería alejada de la sede en la que todos trabajaban. El Ayuntamiento ha propuesto el cese del gerente de la empresa, Alfredo Baragaño, pero el consejo de Administración compuesto por representantes municipales, de asociaciones ciudadanas y sindicatos votó en contra este viernes. El 14 de octubre, el capataz acusado de abusos firmó su carta de despido.

La investigación también deja claro que algunas de las mujeres trataron de pedir ayuda y no se les hizo caso. Por ahora, ninguna de las víctimas ha dado el paso de denunciar. El asunto ha quedado ya en manos de la Fiscalía. “Lo que estamos viendo es uno de los problemas que las mujeres tienen cuando sufren violencia: la dificultad de denunciar. Incluso cuando el entorno inmediato se entera, no se las ayuda ni se las apoya para que vayan adelante”, apuntó la alcaldesa, Ana González, antes de entrar este lunes a una reunión con las representantes de las asociaciones feministas de la ciudad para tratar este asunto. “Este señor evaluaba a las trabajadoras temporales, lo cual es terrible. Era alguien con poder real, con un poder muy importante. Imagínate ser una trabajadora y que te toque un tipejo así”, añadió.

 Charo Blanco y María José Cuervo son dirigentes en la Federación de Asociaciones de Vecinos de Gijón. Esta agrupación tiene un asiento en el Consejo de Administración de Emulsa. “¿Dónde estaban los compañeros, los sindicatos, donde estaban los mandos intermedios, los cargos políticos?”, se pregunta Cuervo. Manuel Cañete, el presidente de esta federación, se indigna: “¿Pero cómo puede ser que el 80% de la nota de un trabajador eventual de cara a un contrato indefinido la marque su capataz? ¿Estamos en el medievo?”. Su representante en el consejo de Emulsa votó no al cese del gerente y justifican su decisión: “Es que no queremos que esto se quede con ese cese, queremos que se investigue a todos, a los que supieron y no actuaron, a los que miraron para otro lado, a los que intentaron taparlo”.

Al terremoto que ha supuesto este caso en la ciudad, se ha sumado en la misma semana el del supuesto pedófilo barrendero del que se advirtió a los centros educativos de la ciudad. En la circular que se envió a los directores, la concejalía de Educación añadió el auto del juez en el que se relataba parte de la investigación policial, con los datos personales del acusado y de su madre, con la que vive. Se trata de un empleado de Emulsa desde hace dos décadas, según se puede comprobar en sus redes sociales. El detenido ya estuvo investigado en el pasado por delitos sexuales contra menores, por lo que ya le constaba una orden de alejamiento contra un adolescente.

 Este hombre faltó al trabajo dos días, y era imposible dar con él. Cuando regresó el lunes explicó lo sucedido: la policía le había detenido y había requisado sus dispositivos electrónicos. Fuentes sindicales indican que entonces, después de muchos años cubriendo con su escoba y su carro el mismo barrio, sus superiores le trasladaron a otro alejado. Estas mismas fuentes apuntan que la investigación policial influyó en el cambio de destino. Ahora que el caso ha salido a la luz pública después del comunicado municipal, el trabajador ha sido suspendido de su puesto al menos hasta la celebración del juicio. El auto al que ha tenido acceso este periódico especifica que la policía localizó en una nube de Google Photos a nombre del detenido en la que aparecía numeroso material pedófilo almacenado entre marzo y julio de 2022 y que el acercamiento a algunos de sus víctimas se produjo en las horas de recreo de los escolares. Por eso, el Ministerio Fiscal exige que esté alejado de centros educativos. “Su presencia cerca de menores constituye un riesgo para todos ellos”, recalca el escrito.

Dos escándalos en la misma semana que pueden ser la punta del iceberg de algo que se lleva fraguando años. Un silencio generalizado que ahora ha estallado por partida doble."                 (Patricia Peiró , David Expósito , El País, 18/10/22)

5/10/22

Un informe revela el acoso sexual sistemático a las futbolistas de EE UU... se ha producido durante años, en todo tipo de equipos, desde la Liga de elite -de diez equipos- hasta las competiciones juveniles. Y nadie en posiciones de poder tomó ninguna medida para detenerlos

 "En abril de 2021, Christy Holly, el director deportivo del Racing Louisville, de la Liga de fútbol femenino estadounidense, convocó a su jugadora Erin Simon, para ver el vídeo de uno de los partidos. En privado. Ella ya se temía lo que iba a ocurrir; se vistió con varias capas de ropa apretada, para que al entrenador le fuera más difícil hurgar dentro de ellas. Era un partido en el que la deportista había fallado varios pases. Cuando empezaron a ver las jugadas, él le dijo que la tocaría “cada vez que pierdas el balón”. Y lo hizo. Ella intentó escabullirse como pudo, “intentando mantener la paz y que a Holly no le entrara un ataque de furia”.

Toqueteos. Mensajes telefónicos sexualmente explícitos. En algunos casos, relaciones sexuales completas. Comentarios abusivos. Insultos procaces. Insultos sobre el aspecto físico. Insultos sobre la capacidad intelectual, sobre la capacidad parental, sobre lo que fuera. Gritos. Broncas incesantes.

Así ha sido, durante años, el mundo del fútbol femenino estadounidense. Un mundo plagado de abusos “sistémicos”, donde los escándalos eran un secreto a voces pero los entrenadores culpables simplemente cambiaban de trabajo -en ocasiones, en términos muy elogiosos- para volver a empezar su cadena de malas prácticas sin que nadie les hiciera rendir cuentas. El mundo que se describe en un extenso informe, de más de 300 páginas, publicado este lunes y elaborado por la ex “número dos” del Departamento de Justicia estadounidense Sally Yates y la firma de abogados King and Spalding por encargo de las autoridades deportivas, después de que el año pasado varias jugadoras rompieran el silencio, comenzaran a denunciar abusos y se negaran a salir al terreno de juego hasta que no se abriera una investigación sobre esos comportamientos.

Los comportamientos inapropiados, concluye el informe, se han producido durante años, en todo tipo de equipos, desde la Liga de elite -de diez equipos- hasta las competiciones juveniles. Y nadie en posiciones de poder tomó ninguna medida para detenerlos.

 “Nuestra investigación revela una liga en la que el abuso y el comportamiento inapropiado -abusos verbales y emocionales, así como conducta sexual inadecuada- se han convertido en algo sistémico, que abarca múltiples equipos, entrenadores, y víctimas”, denuncia el documento, en un lenguaje tan contundente como claro. “El abuso en la liga femenina está enraizado en una cultura más profunda en el fútbol femenino, que comienza en las competiciones juveniles, que normaliza el abuso verbal en los entrenamientos y borra las fronteras entre entrenadores y jugadoras”.

Aunque los casos salpican a más entrenadores, el informe, cuyos responsables entrevistaron a más de doscientas personas para su elaboración, utiliza como ejemplos tres casos en los que las denuncias son especialmente abundantes y los incidentes, particularmente graves. Además de Holly, menciona a Paul Riley, cesado el año pasado por el equipo North Carolina Coraje por “conducta inapropiada muy grave”, y Rory Dames, que además de entrenar a diversos onces a lo largo de su carrera también fue presidente y propietario de un club de fútbol juvenil en Chicago. Los tres instauraron en sus clubes y ambiente en el que se habían desdibujado las barreras entre la relación personal y la profesional; las jugadoras, tras años de abusos, habían interiorizado que los insultos, los gritos y las alusiones sexuales eran lo normal. O que, si no lo eran, debían tratarlo como si lo fueran para no quedarse fuera de las convocatorias en los partidos.

Ese abuso verbal, precisa el informe, era algo más que “entrenamiento duro”, como lo describían sus autores. Y las jugadoras que lo denunciaban no son “florecitas delicadas; están entre las mejores deportistas del mundo”, incluidas veteranas del Mundial y de los Juegos Olímpicos, apunta el informe. “Escuchamos denuncia tras denuncia de broncas degradantes y sin descanso; una manipulación que no trataba de mejorar el rendimiento deportivo, sino que iba de poder y de venganza contra quienes quisieron ponerlo en evidencia. Y aún más problemáticas fueron las historias de conducta inapropiada en el terreno sexual”.

 Los equipos, los directivos de la Liga, y la propia federación de fútbol estadounidense, más preocupados por la posibilidad de que los entrenadores acusados pudieran demandarles, o por la situación económica de este deporte femenino -menos que boyante-, evitaron reaccionar ante las denuncias. No se produjo ninguna investigación. En diversas ocasiones, los entrenadores fueron cesados, pero nunca se hizo público por qué. En algunos casos, la marcha se justificó como una decisión del cesado. Los directivos de los equipos anunciaron la salida en términos elogiosos hacia el director deportivo.

Y, a su vez, los siguientes equipos que los contrataron nunca trataron de verificar la auténtica razón de la salida. Nadie hizo ningún esfuerzo por implantar medidas que evitaran la repetición de ese tipo de incidentes, o que los cortaran de raíz. No existían protocolos de comportamiento en caso de denuncia. Las jugadoras que se atrevieron a enviar acusaciones a las entidades superiores de sus clubes vieron cómo sus llamamientos caían en saco roto.

Hasta que saltaron las protestas públicas el año pasado. Dos medios, The Athletic y The Washington Post, publicaron reportajes sobre la situación. Las denuncias ya salpicaban al menos a la mitad de los entrenadores de la Liga femenina.

El informe recomienda, entre otras cosas, hacer pública una lista de los individuos castigados por las autoridades futbolísticas, e investigar la idoneidad de los entrenadores antes de concederles la licencia para ejercer. También sugiere contratar funcionarios que se encarguen de la seguridad de las jugadoras, y enfatiza la necesidad de establecer normas claras sobre el comportamiento profesional.

En un comunicado, la presidenta de la federación de fútbol femenino, Cindy Parlow Cone, ella misma antigua jugadora de la selección nacional, calificó las denuncias del informe como “profundamente preocupantes y dolorosas”. Su entidad, subraya, aplicará de inmediato algunas de las recomendaciones del informe. La federación, declara, está “totalmente comprometida a hacer lo que esté en su mano para garantizar que todas las jugadoras, a todos los niveles, cuentan con un lugar seguro y lleno de respeto para aprender, crecer y competir”.               (Macarena Vidal Liy , El País, 03/10/22)

9/8/22

Viola a una jornalera en Murcia y la amenaza con despedirla si lo cuenta... y se libra de la cárcel por 6.000 euros, las costas y un curso de educación sexual

 "El 14 de mayo de 2019, en la localidad murciana de Archena, Celso había quedado sobre las nueve menos cuarto de la noche con Covadonga, una jornalera paraguaya contratada por una ETT para la empresa en la que Celso era encargado. Él, murciano, tenía entonces 64 años y era su jefe. Era temporada de recogida de albaricoque. Llegó a por ella en una furgoneta blanca, una Ford Tourneo con el logotipo de Agarcampo en un lateral, y condujo hacia una finca que se conoce como Los Chatos de Yéchar. Cuando llegaron, Covadonga le preguntó qué hacían allí y la respuesta de Celso fue: “Cállate, si no quieres problemas conmigo, haz lo que yo te pida”.

No pidió nada. La obligó a realizarle una felación, la violó y después la amenazó con dejarles sin trabajo, a ella y a sus “paisanos”, si contaba lo que había ocurrido. Aun así, ella denunció, y él pasó medio año en la cárcel, entre mayo y noviembre de aquel año. Sin embargo, el fallo judicial por aquel delito, firmado en la Audiencia Provincial de Murcia el 3 de mayo de este año, es el pago de las costas procesales —que el condenado entregó a la víctima antes del juicio, además de 6.000 euros en concepto de indemnización por daños—, la prohibición de acercarse a la víctima, cinco años de libertad vigilada en los que el condenado se compromete a no delinquir y cumplir con un programa de educación sexual.

¿Por qué? Porque hubo conformidad entre las partes, según se explica en la sentencia, que da nombres ficticios tanto a agresor como a víctima. Es decir, que Celso reconoció el delito y las penas que tanto la Fiscalía como la acusación particular pidieron; como también ha ocurrido en el caso de la violación de dos policías a una mujer en Estepona (Málaga). Un proceso que dejó “alucinada” a la portavoz adjunta de Juezas y Jueces para la Democracia, Isabel Tobeña, que explica que aunque a veces sea “incomprensible”, estos acuerdos se producen. También afirma que la Fiscalía no solo puede, sino que “tiene el deber” de seguir con dicho proceso en estos casos, aunque la víctima se retire del proceso penal, como recoge el propio Código Penal.

El artículo 191 establece que “para proceder por los delitos de agresiones, acoso o abusos sexuales, será precisa denuncia de la persona agraviada, de su representante legal o querella del Ministerio Fiscal”, y, como incide Tobeña, también ese artículo fija que “en los delitos de violencia sexual el perdón del ofendido o del representante legal no extingue la acción penal ni la responsabilidad de esa clase”.

Sin embargo, las conformidades se dan “por distintos motivos”, apunta la jueza. Entre otros, “en función de las características” del proceso: “Por ejemplo, si creen que no tienen suficiente prueba sin la víctima, deciden no continuar”.

Como ha ocurrido en este caso, en el que Celso queda libre por ser “delincuente primario, carecer de antecedentes penales anteriores al ilícito enjuiciado, no venir obligado a satisfacer responsabilidad civil alguna y no exceder de dos años de prisión la pena que se pretende suspender”. A pesar de los hechos probados.

En ese relato se lee cómo se dieron el número de teléfono aquella misma mañana, la del 14 de mayo de 2019. Cómo cuando llegaron a aquella finca, ella verbalizó su deseo de marcharse, cómo él la agarró de los brazos, la empujó y la metió en la parte de atrás de la furgoneta.

También cómo ella intentó escapar varias veces y él le pegó todas esas veces para que no pudiese hacerlo: en la cara, sujetándola del pelo. Cómo le quitó la ropa y la penetró “vaginalmente —sin protección alguna— hasta culminar el acto en el interior de su vagina al tiempo que le decía: “Eres una puta, si has quedado conmigo y te has subido al coche ya sabías lo que iba a ocurrir”.

Y también cómo después la “agarró fuertemente” del pelo “y empujó su cara contra su miembro hasta introducirlo en la boca” de ella, “obligándola a realizarle una felación”. Cuando terminó, le dijo: “Vístete y no digas nada que nadie te va a creer. Si dices algo de esto, tanto tú como tus paisanos vais a perder el trabajo”.

En aquel primer momento ella presentó denuncia y fue al hospital: tenía heridas en los muslos, los brazos, el hombro izquierdo, el labio, el glúteo derecho y en la espalda. Él pasó medio año en prisión. Pero al inicio de las sesiones judiciales, “tras reconocer el acusado todos los hechos objeto de acusación, la fiscal modificó su escrito de acusación en el sentido de calificar los hechos como constitutivos de un delito de agresión sexual” con “las atenuantes de reparación del daño [por los 6.000 euros entregados a la víctima antes del juicio además de las costas procesales] y la de confesión tardía”.

La fiscal solicitó para el acusado la pena “de dos años de prisión, accesoria, y prohibición de aproximarse a Dª Covadonga a menos de 500 metros de su domicilio, lugar de trabajo o cualquiera otro que ella frecuente, y de comunicarse con la misma en cualquier forma y medio de comunicación, informático, telemático, contacto escrito, verbal o visual por tiempo de siete años; y, por último, la medida de libertad vigilada por plazo de cinco años consistente en las citadas prohibiciones de aproximación y comunicación”.

Cuando la acusación particular “se adhirió íntegramente a la calificación fiscal y precisó haber recibido con anterioridad al juicio la totalidad de la responsabilidad civil que reclamaba, ascendente a 6.000 euros, y las costas procesales”, no se “consideró necesaria la continuación del juicio, por lo que se declaró visto para sentencia por estricta conformidad de las partes”. Y así, un delito de violación se salda con unos cuantos miles de euros y un curso de educación sexual."                 (Isabel Valdés, El País, 03/08/22)

 

29/3/22

Jimmy Savile: el depredador sexual al que protegieron todas las instituciones británicas

 "El día en que la cadena de televisión británica ITV emitió el documental Savile: Portrait of a Predator (Savile, el Depredador), en octubre de 2021, muchos telespectadores comentaron en las redes sociales que habían apagado sus pantallas a los 10 minutos, incapaces de soportar el asco y la rabia que les producía el personaje y su turbia historia. 

Se cumplían 10 años de la muerte del excéntrico presentador del programa musical Top of The Pops de la BBC. Poco quedaba por contar. La sociedad del Reino Unido conoció a conciencia, apenas unos años después de su fallecimiento, todos los abusos sexuales que cometió a lo largo de los años, valeciéndose de su popularidad y de su cercanía con el poder. En 2013, un estudio de la Polícia metropolitana de Londres y de la institución de defensa de la infancia NSPCC revisó las 500 denuncias las casi 500 denuncias por violación y acoso registradas en pocos meses por 13 departamentos de policía de todo el país y concluyó que el presentador había cometido un mínimo de 214 delitos contra la libertad sexual, de los que habían sido víctimas directas más de 70 mujeres y niñas, una de ellas de tan solo ocho años.

La repugnancia que provoca Savile es la que siente la sociedad británica cuando se mira en el espejo de una época que no le gusta en absoluto. “En mi opinión, era un psicópata altamente funcional, y después de haber tratado con cientos de agresores sexuales, [Savile] era sin duda uno de los más prolíficos y peligrosos con los que me he enfrentado”, cuenta al inicio del documental —que este domingo estrena en España el canal Crimen + Investigación (22.15)— Gary Pankhurst, uno de los responsables de la llamada Operation Yewtree (Operación Tejo Negro), la investigación policial que sacó a la luz todas las fechorías de Savile.

 El sinvergüenza buscavidas que pinchaba discos en las pistas de baile de Manchester y Leeds en los años cincuenta, amigo de la mafia local y rey de la noche, consiguió seducir a una BBC que sabía que debía dar el salto a la música pop, a una nueva cultura juvenil que estaba revolucionando el país y no sabían cómo incorporar a su programación. Savile fue la solución, al frente del programa música Top of the Pops. Durante años, el extravagante presentador, con su pelo amarillo canario y su indumentaria estrafalaria, siempre rodeado en pantalla de adolescentes, cautivó a los británicos. La audiencia media del programa era de 15 millones de telespectadores.

Tan impune se sentía Savile, que utilizaba camerinos y salas privadas para flirtear, engatusar y abusar de menores de 15, 14 y hasta 13 años, que incluso se permitía realizar sus aproximaciones en vivo y en directo. El documental recoge el momento en que el presentador manosea por debajo a Silvya Edwards, una de las jovencitas que le acompaña en plató en una de las presentaciones. “No me quitaba las manos de encima, eran como dos rocas inamovibles”, recuerda la mujer, muchos años después, al ver a esa joven que se retuerce con una sonrisa forzada mientras intenta alejarse del depredador. “Logró normalizar un comportamiento anormal hasta el punto de que ya no pareciese un problema, de que no importase. También eso formaba parte de la contaminación del entorno”, asegura el oficial Pankhurst.

 Cuando Savile sobrepasó la cuarentena, y su presencia en un programa musical resultaba ya extraña e incoherente, convenció a la BBC para que le diera nuevos programas en buenas franjas horarias, como Jimmy´ll Fix It (Jimmy lo Arreglará) o Jimmy´s Travels (Los Viajes de Jimmy). La fama y honorabilidad le permitieron despistar a toda la sociedad británica e imponer un velo de oscuridad a sus múltiples abusos sexuales.

Se implicó durante años en tareas de voluntariado en el Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés). Y también allí dejó un reguero de víctimas. “Metió directamente su mano bajo mi falda y comenzó a manosearme, me quedé horrorizada y paralizada, sin poder gritar. Se limitó a mirarme directamente a los ojos y sonreír”. Quien cuenta esto se llama Pauline (un nombre ficticio, para ocultar su identidad). Cuando conoció a Savile era paciente del centro hospitalario Stoke Mandeville Hospital, especializado en lesiones medulares. Estaba paralizada de cintura para abajo. Se desplazaba en silla de ruedas.

 Savile se granjeó la amistad de Carlos de Inglaterra, y era capaz de entrar, sin aviso previo, al Palacio de Kensington para saludar a Diana de Gales. Tenía buena relaciones con la primera ministra, Margaret Thatcher, y consiguió, casi al final de sus días, recibir la Orden del Imperio Británico: Sir Jimmy Savile, fue conocido desde entonces. Una auditoría independiente encabezada por Janet Smith, exabogada y exmagistrada del Alto Tribunal de Justicia, concluyó en febrero de 2016 que “la cultura corporativa de la BBC había permitido a Savile pasar desapercibido, y se habían desaprovechado múltiples oportunidades de detener su conducta”. La corporación, concluía el informe, estaba más preocupada por proteger su reputación que por defender a jóvenes vulnerables e indefensas que sufrieron abusos de manos del depredador sexual.

Cuando falleció Savile, en 2011, decenas de miles de británicos lloraron su muerte. Apenas un año después, cuando las primeras investigaciones periodísticas revelaron la sordidez e impunidad de un monstruo sexual, la conmoción ciudadana fue especialmente honda. Se derribó la lápida-monumento que conmemoraba al personaje y hoy, cuenta el documental, está enterrado en una tumba sin nombre, para evitar su profanación. Savile, el Depredador sigue siendo un relato necesario, a pesar de que ya todo esté contado. Y no hay forma de evitar que, cada vez que surja el recuerdo del monstruo que fue Savile, a la mayoría de los británicos se les haga un incómodo nudo en el estómago."            (Rafa de Miguel, El País, 26/02/22)

12/1/22

Jeffrey Epstein pagó 500.000 dólares a la demandante del príncipe Andrés tras un acuerdo de confidencialidad

 "Este lunes se ha hecho público el acuerdo de confidencialidad al que llegó Jeffrey Epstein con Virginia Giuffre en 2009, por el que le pagó 500.000 dólares para que esta no demandara ni al millonario ni a nadie vinculado con él.

A pesar del acuerdo, Giuffre sigue adelante con su demanda contra el príncipe Andrés de Inglaterra, con quien Epstein y su novia Ghislaine Maxwell la obligaron a tener sexo a los 17 años, tal y como ella asegura y el miembro de la familia real británica niega.

Epstein se suicidó en 2019 en una celda en Nueva York cuando esperaba su juicio, mientras que Maxwell fue condenada la semana pasada por reclutar y traficar niñas para que fueran abusadas por el difunto financiero.

El financiero dirigió durante más de una década una trama pedófila con la que reclutó a docenas de niñas para explotarlas sexualmente. Entre sus amistades estaban los expresidentes Bill Clinton y Donald Trump, el poderoso abogado Alan Dershowitz y el duque de York, entre otros.

Indemnización de daños y perjuicios por abuso sexual

La demandante, que ahora tiene 38 años, pide una indemnización de daños y perjuicios por abuso sexual y presentó acusaciones contra el duque de York el 9 de agosto en un tribunal de Nueva York. “Exijo al príncipe Andrés que responda por lo que me hizo”, dijo. Y añadió: “Los poderosos y los ricos no están exentos de que se les considere responsables de sus acciones”.

 Este 4 de enero se celebra la primera vista donde el juzgado decidirá si el juicio procede o no, sin embargo, los abogados del tercer hijo de Isabel II dicen que Giuffre no puede demandarlo ya que acordó con Jeffrey Epstein poner fin a todas las acciones legales contra él y cualquier persona relacionada con él que pudiera ser calificado como un «potencial acusado».

Pero el equipo legal de Giuffre dice que los términos del acuerdo del estado de Florida son irrelevantes en su caso contra el príncipe, en el que se alega abuso sexual por parte del duque en Nueva York, Londres y las Islas Vírgenes de EE.UU.

«Además de ser continuamente explotada para satisfacer todos los caprichos sexuales del acusado (Epstein), (Giuffre) también debía ser explotada sexualmente por los varones adultos amigos del acusado, incluidos miembros de la realeza, políticos, académicos, empresarios y/o otros profesionales y conocidos», señala la demanda.

Sin embargo, en el documento firmado por Giuffre esta acuerda «liberar, absolver y descartar para siempre» a Epstein y a «cualquier otra persona o entidad que pudiera haber sido incluida como potencial acusado». Además determina que libera de toda culpa a “potenciales sospechosos” de tomar acciones legas en EE UU, incluyendo las reclamaciones por daños y perjuicios que datan «desde el principio del mundo».

«Se acuerda además que este acuerdo de conciliación representa una resolución final de una reclamación en disputa y tiene como objetivo evitar litigios. Este acuerdo de conciliación no se interpretará como una admisión de responsabilidad o culpa por parte de ninguna de las partes”, dice el texto. «Las partes confirman y reconocen además que este acuerdo de conciliación se firma sin ningún tipo de coacción o influencia indebida, y que ambas partes han tenido oportunidad plena y completa de discutir los términos del acuerdo de conciliación con sus propios abogados».

Quizás el texto evite el juicio del duque, aunque no lo exonera de la culpa. De todos modos, se debe esperar a la audiencia de este 4 de enero cuando las partes legales expondrán sus versiones y un juzgado decidirá si la demanda por daños y perjuicios continúa su curso o no.

El duque de York intentó limpiar su nombre

En una entrevista con la BBC a finales de 2019, el duque intentó limpiar su nombre tras el suicidio en prisión de su amigo asegurando que estaba dispuesto a colaborar con la investigación, algo que no ha hecho hasta la fecha."                      (Luna Izquierdo, Contrainformación, 04/01/22)



"La defensa del príncipe Andrés alega que un pacto entre Epstein y su supuesta víctima le blinda contra un juicio.
 
 La Justicia de Estados Unidos ha hecho público este lunes un acuerdo confidencial firmado en 2009 según el cual el fallecido magnate Jeffrey Epstein pagó 500.000 dólares a Virginia Giuffre para que abandonara sus acusaciones por supuestos abusos sexuales cuando ella era menor.

Los abogados defensores del príncipe Andrés de Inglaterra esperan que este documento sirva para desestimar el caso contra él. El pacto extrajudicial, que hasta ahora permanecía bajo secreto, establece que se desestimará cualquier acción legal por parte de Giuffre contra Epstein y contra otros "potenciales acusados" en la presunta trama de tráfico sexual de menores por la que el multimillonario fue investigado y que investiga un juzgado de Nueva York. 

 Esa cláusula, aunque no menciona a Andrés, podría blindar al príncipe, acusado por Giuffre en un tribunal de Nueva York de haber mantenido relaciones sexuales con ella cuando aún era menor en una de las mansiones de Epstein. Eso es lo que espera la defensa del hijo de Isabel II de Inglaterra, que ha insistido en la publicación del acuerdo y que defiende que este libera al príncipe "de cualquier responsabilidad en potencia", según dijo el pasado septiembre durante una vista el abogado Andrew Brettler.

El príncipe Andrés, quien ha negado incluso conocer a Virginia Giuffre —pese a que una fotografía profusamente difundida en los medios lo muestra agarrándola por la cintura— ha tratado de anular el juicio en su contra en varias ocasiones, recientemente por defectos de forma.

Este martes está prevista una audiencia oral para escuchar una solicitud de la defensa para que el caso sea desestimado.

Giuffre sostiene que fue víctima de tráfico sexual

Giuffre, de 38 años, sostiene que fue víctima de tráfico sexual cometido por el financiero Jeffrey Epstein y su mano derecha, Ghislaine Maxwell, y que a raíz de ello sufrió abusos por parte del príncipe Andrés cuando tenía 17 años en Londres, Nueva York y en una isla privada de Epstein en el Caribe.

La mujer —actualmente residente en Australia— interpuso una demanda por la vía civil contra el príncipe británico en agosto pasado en Nueva York, acogiéndose a la Ley de Víctimas Infantiles.

La vista prevista para el martes será la primera desde que Maxwell fuera declarada culpable de tráfico sexual la semana pasada en un juicio estrechamente relacionado al de Giuffre, aunque por la vía penal."            (eldiario.es, 03/01/22)

El acuerdo rubricado por Giuffre y Epstein establece también que sus términos "no constituirán admisión de responsabilidad o culpabilidad por ninguna parte" y que sus términos "no serán usados o desvelados en ningún tribunal o arbitrio u otro procedimiento legal salvo para imponer lo estipulado en este acuerdo", aunque está por ver la validez que el juez de Nueva York concede a ese texto.

 

 

 

 

3/1/22

Ghislaine Maxwell fue declarada culpable de tráfico sexual

 "Ghislaine Maxwell, hija de un magnate de los medios de comunicación británico y expareja del empresario financiero Jeffrey Epstein, fue condenada el miércoles por conspirar durante más de una década con él para reclutar, preparar y abusar sexualmente de niñas menores de edad.

 Un jurado federal en Manhattan determinó que Maxwell, de 60 años, es culpable de tráfico sexual y otros cuatro cargos que fueron formulados en su contra, pero fue absuelta del cargo de tentar a un menor a viajar a través de las fronteras estatales para participar en un acto sexual ilegal.

El juicio ha sido considerado como el ajuste de cuentas de los tribunales contra Epstein, quien nunca llegó a juicio porque fue encontrado muerto en una cárcel de Manhattan en agosto de 2019.

El veredicto fue emitido a última hora de la tarde del quinto día de deliberaciones del jurado. Después de que el jurado envió una nota diciendo que había tomado una decisión, Maxwell, vestida con un atuendo de color oscuro y una mascarilla del mismo tono, fue conducida a la sala del tribunal y se sentó en la mesa de la defensa. La mujer vertió agua de una botella de plástico en un vaso desechable y tomó un sorbo.

Los miembros del jurado entraron en la sala a las 5:04 p. m. “Presidenta del jurado, ¿han llegado a un veredicto?”, preguntó la jueza Alison J. Nathan. “Lo hemos hecho”, dijo la representante del jurado.

Luego, el jueza leyó el veredicto en voz alta: culpable de cinco de los seis cargos. Durante el veredicto, Maxwell se mantuvo quieta, después se tocó la cara, volvió a echar agua en el vaso y tomó otro sorbo. Se inclinó para hablar con uno de sus abogados, quien le dio una palmada en la espalda.

Después de que los miembros del jurado salieron de la sala del tribunal, Maxwell se levantó, miró brevemente a sus hermanos —quienes estaban sentados en la primera fila de la sala del tribunal— y abandonó la sala con rapidez, sin hablar con sus abogados.

Aunque se esperaba que el proceso judicial durara unas seis semanas, el juicio de Maxwell avanzó rápidamente cuando el gobierno redujo su lista de testigos y presentó un caso durante 10 días que se centró en cuatro mujeres que testificaron que habían sido abusadas por Epstein cuando eran adolescentes.

Dos de las mujeres testificaron que Epstein comenzó a participar en actos sexuales con ellas cuando solo tenían 14 años: una de ellas dijo que Maxwell a veces estaba presente en los encuentros y la otra dijo que la acusada abusó sexualmente de ella al tocarle los senos.

Las mujeres describieron a Maxwell, una exsocialité, como una especie de mentora y hermana mayor —una personalidad elegante y sofisticada, según uno de los testimonios— que las llevaba de compras y al cine en lo que los fiscales dijeron que era una táctica para generar confianza. Luego jugó un papel clave en la normalización de los masajes sexualizados con Epstein que, en algunos casos, culminaron en años de abuso sexual.

“La señora Maxwell era una depredadora sofisticada que sabía lo que estaba haciendo”, le dijo la fiscala Alison Moe al jurado durante los alegatos finales la semana pasada. “Ella manipuló a sus víctimas y las preparó para el abuso sexual”.

En gran parte, el veredicto fue un rechazo a la defensa de Maxwell que se centró en un argumento de que el caso del gobierno se basaba en pruebas endebles, la animadversión de los fiscales hacia Epstein y los relatos inconsistentes de mujeres que estaban motivadas por el dinero para acusar a Maxwell.

 A lo largo del juicio, los abogados de Maxwell buscaron plantear dudas sobre el testimonio de las víctimas, enfatizar el distanciamiento entre ella y Epstein y criticar cómo se llevó a cabo la investigación.

“El gobierno quieren que especulen, una y otra vez”, le dijo Laura Menninger, una abogada de Maxwell, al jurado durante los alegatos finales. Dijo que su clienta estaba siendo juzgada por su relación con Epstein. “Quizás ese fue el mayor error de su vida, pero no fue un crimen”, dijo.

Epstein, de 66 años, fue encontrado ahorcado en una celda en agosto de 2019, mientras esperaba ser enjuiciado por cargos de tráfico sexual, y el médico forense de la ciudad de Nueva York dictaminó que se había suicidado.

A pesar de su fallecimiento, su figura tuvo un gran protagonismo en el juicio de Maxwell. Su nombre apareció repetidamente en testimonios y exposiciones, y sus abogados pasaron gran parte del juicio tratando de distanciar a su clienta de Epstein, quien también fue su novio y ahora es visto como uno de los peores delincuentes sexuales en la historia moderna de Estados Unidos.

 Los cargos incluían tráfico sexual de menores, incitar a una persona menor de edad a viajar para participar en actos sexuales ilegales y transportar a una persona menor de edad por las fronteras estatales con el mismo propósito. También fue acusada de conspiración para cometer esos delitos. El cargo principal de tráfico sexual de menores conlleva una sentencia máxima de 40 años, según dicen los fiscales.

Las víctimas de Maxwell incluyen a dos mujeres que testificaron usando pseudónimos: “Jane”, una actriz de telenovelas y “Kate”, una modelo, actriz y cantante británica de una familia adinerada. Una tercera acusadora, Carolyn, solo usó su primer nombre y se describió a sí misma como alguien que abandonó la secundaria, se había vuelto adicta a las drogas y fue abusada sexualmente por su abuelo a la edad de cuarto años. La cuarta acusadora, Annie Farmer, quien tiene un doctorado en psicología educativa y trabaja como terapeuta educativa, testificó con su nombre real.

Aunque las víctimas tenían antecedentes contrastantes, sus relatos sobre cómo fueron atraídas al mundo espeluznante de Epstein compartían un hilo conductor: Maxwell.

 Jane testificó cómo Maxwell, “una mujer alta y delgada” con un “lindo y pequeño yorkie”, se le acercó junto con Epstein. En ese momento, Jane solo tenía 14 años y estaba comiendo helado con unos amigos en un campamento artístico de verano en Michigan. Después de ese encuentro casual fue invitada a la casa de Epstein en Palm Beach, lo que, según los fiscales, fue el inicio de varios años de abusos sexuales.

Carolyn testificó que, cuando también tenía 14 años, un amigo de su novio le preguntó si quería ganar dinero dándole masajes a un hombre que resultó ser Epstein. Maxwell se reunió con ella y su amigo en la puerta de la casa de Epstein en Palm Beach. Carolyn le dijo al jurado que, durante varios años, visitó la casa dos o tres veces por semana para realizar masajes sexualizados en citas coordinadas por Maxwell, a quien dijo que siempre veía cuando entraba a la casa por la puerta de la cocina.

Otros dos testigos, Larry Visoski y David Rodgers, expilotos que habían volado los aviones de Epstein, testificaron que Maxwell tenía una autoridad única entre sus empleados. Ella era su “número 2”, le dijeron los hombres al jurado.

 “Este caso trata sobre Ghislaine Maxwell, sobre los delitos que cometió”, dijo la fiscala Maurene Comey durante su alegato. “Se trata de las niñas que contactó, las acciones que cometió para colaborar con el abuso de esas niñas. Se trata de su propia participación en esos abusos”, señaló Comey."                           

(Benjamin WeiserRebecca Davis O’Brien y

14/12/21

Caso '18 Lovas': la explotación sexual de mujeres vulnerables y menores de edad cerca al magnate turístico de Canarias

 "Los hechos que relata el juez Rafael Passaro, titular del Juzgado de Instrucción 2 de Las Palmas de Gran Canaria, en su reciente auto de procesamiento en relación al caso '18 Lovas' son repulsivos. Imputa presuntos delitos de prostitución de menores, agresión sexual y trato degradante a seis hombres que habrían utilizado a mujeres vulnerables, entre ellas, al menos doce menores de edad, para fiestas sexuales en yates y mansiones bajo la apariencia de eventos organizados por una supuesta agencia de modelos, de nombre 18 Lovas.

La trama de prostitución se habría desarrollado en la isla de Gran Canaria, entre 2015 y 2016, según el auto judicial, y salpica de lleno al magnate del turismo en Canarias, Eustasio López, presidente del Grupo Lopesan; uno de los hombres más ricos del archipiélago canario. López está acusado de dos presuntos delitos de prostitución de menores, penado con entre uno y cuatro años de prisión; su letrado ha anunciado que recurrirá el auto de procesamiento por no estar de acuerdo con los hechos que se le imputan.

Los otros cinco encausados son Agustín Alemán Barreto, propietario de la falsa agencia de modelos, alias Yino; el empresario Eugenio Hernández León, conocido en la trama como Felipe; Emilio Cabrera; Domingo Hernández; y el empresario italiano Antonio D´ascenzo, apodado Toni el italiano. Todos ellos están obligados a depositar una fianza por valor total de 1.263.900 euros.

 El juez considera que todos ellos se aprovecharon de la "vulnerabilidad" al menos doce chicas menores de edad, de 16 y 17 años, "tanto por su minoría de edad como por la situación de falta de solidez familiar". Varias de las jóvenes procedían de centros de menores de Gran Canarias, tuteladas por el Servicio de Atención a la Familia del Gobierno canario, que está personado en la causa. El juez señala que los procesados " actuaron con conocimiento de que eran menores o al menos con indiferencia ante esa posibilidad". 

La falsa agencia '18 Lovas' ofertaba trabajo de 'gogós', animadoras y azafatas de eventos. El auto indica que Agustín Alemán, Yino, captaba a las jóvenes, de 23 años como máximo, en situación de vulnerabilidad. Desde el principio, las coacciones y la violencia eran la tónica imperante. El presunto proxeneta hacía fotografías a las chicas desnudas para poder coaccionarlas. Además mantenía relaciones sexuales con ellas. Yino está acusado de 24 presuntos delitos de prostitución de menores, dos delitos de agresión sexual y otros dos de trato degradante. 

Fiesta en el chalé

Desde que comenzó la investigación, en noviembre de 2016, el juez ha podido cuantificar en más de treinta los encuentros organizados por el presunto líder de la trama con empresarios canarios para prostituir a las víctimas. El hotelero Eustasio López, al que apodaban 'el millonario', está acusado de haber participado ese mismo año en una fiesta sexual con dos menores de edad. Los hechos presuntamente ocurrieron en un chalé en Ayagaures, al sur de Gran Canaria, a donde habían acudido tanto el dueño del grupo Lopesan como el empresario Eugenio Hernández León, según el juez, para "satisfacer sus deseos sexuales", con "pleno conocimiento de que la víctima 1 y la víctima 17 eran menores de edad o, al menos, actuando con total indiferencia ante la posibilidad de que lo fueran", actuando "con total desprecio por la indemnidad sexual de dichas menores". 

La operación para desmantelar la red de prostitución arrancó a raíz de la noticia del embarazo de una menor de edad relacionada con la agencia 18 Lovas. La esposa del empresario responsable del embarazo llevó el caso a la Policía, que meses después procedió a detener a seis hombres relacionados con la trama. La investigación fue armando la operativa de la que se valía el cabecilla, Yino, a través de su plataforma de trabajo para las muchachas, que acabaron prostituidas. En su auto, el juez relata vejaciones a las que sometieron a las jóvenes, como malos tratos para "conseguir un estímulo sexual".

La fortuna 87 de España

Eustasio López González, grancanario de 68 años, fundador junto con sus hermanos en 1972 del grupo hotelero y constructor Hijos de Francisco López Sánchez, Lopesan, está considerado como la fortuna número 87 de España, con un patrimonio de 300 millones de euros, según la revista Forbes. Ha recibido la Medalla de Oro al Mérito Turístico y la Medalla de Oro de Canarias, además de haber sido nombrado hijo predilecto de Gran Canaria. También posee la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco de Tierra y Aire y la Cruz distintivo blanco Mérito de la Guardia Civil.

En 2014 fue nombrado patrono de la Fundación Mujeres por África, presidida por la exvicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega. La web de la fundación ya no muestra el nombre de Eustasio López entre sus patronos. El Grupo Lopesan aparece vinculado al PP como donante del partido en 2011."                 (Ana María Pascual, Público, 10/12/21)

12/4/21

Papúa Occidental: Violar a las mujeres para expoliar la tierra

 "Papúa Occidental* suele describirse como un lugar “remoto”, adjetivo práctico que expresa dos significados: un lugar inmaculado para unas vacaciones exóticas y demasiado lejano para que a alguien le importe un bledo.

El diario indonesio Jakarta Post da como primera razón para visitar este lugar maravilloso el poder “bucear con amigables tiburones ballena”. En el número 8 de su lista de motivos cita quedarse embobado observando a los indígenas amistosos, incluyendo a “algunos que no han sido nunca contactados” (para los aspirantes a gran explorador). Es exótico pero seguro, al menos si hacemos caso al motivo número 9: “nadar entre miles de medusas sin tentáculos urticantes”. Desgraciadamente el ejército indonesio no es tan inocuo como las gelatinosas criaturas marinas. Para confirmar esta afirmación basta con leer el informe de la Escuela de Derecho de Yale titulado “Las violaciones de derechos humanos de Indonesia en Papúa Occidental: Aplicación de la ley sobre genocidio a la historia del control indonesio”. Ese genocidio continúa en nuestros días, principalmente porque la “comunidad internacional” y sus medios de comunicación son tan poco firmes como las medusas. El Guardian, por ejemplo, culpa solapadamente a los papúes de su sufrimiento porque “llevan decenios promoviendo la secesión [de Indonesia]”.

El hecho de que los lugares remotos dicten sus propias normas, o al menos que las dicten los hombres fuertes que los dirigen, tiene un gran atractivo para personas como Elon Musk, a quienes gusta hacer su voluntad sin tener que dar cuentas de ello. Y para un régimen como el indonesio es muy útil contar con un famoso multimillonario con un proyecto extravagante para poner algo del brillo que concede la celebridad a su barbarie militarizada, o para desviar la atención de la misma. El pasado diciembre, el presidente indonesio Joko Widodo ofreció a Musk parte de la isla Biak (con una población de más de 140.000 habitantes) para que juegue con su proyecto SpaceX (y acabe con los terrenos de caza tradicionales que serán destrozados en el proceso de lanzamiento de 12.000 satélites, si finalmente consigue que funcionen los lanzamientos).

Pero ¿cómo consiguió Indonesia las tierras de Papúa Occidental para regalarlas tan despreocupadamente? Para explicarlo en pocas palabras, porque la fraudulenta “Acta de Libre Elección” de 1969, reconocida por la ONU, otorgó a Indonesia (a su ejército, para ser más precisos) un acceso descontrolado a los inmensos recursos naturales de Papúa Occidental. Y, como una parte considerable del presupuesto militar procede de su control de las industrias extractivas, estos hombres se dedican a profanar y a violar la tierra y, naturalmente, a sus pobladores. Se calcula que al menos medio millón de papúes occidentales ha sido asesinados, pero no a causa de las pretensiones “secesionistas” de la población (léase derecho a la autodeterminación) sino del proceso de acaparamiento de tierras y de enriquecimiento de los militares para mantener su poder. En el lado receptor, los papúes se basan en sus cada vez más escasas tierras para la supervivencia económica, social y cultural.

Un aspecto poco conocido del genocidio que tiene lugar en Papúa Occidental es que gran parte de la violencia general que está expulsando a la población de sus tierras es violencia sexualizada. Lo cual encaja en el modelo general (por tanto no remoto) de las violaciones de guerra. Un pene es un arma de guerra biológica fácilmente transportable, por lo que en las últimas décadas se han registrado violaciones sistemáticas en las guerras de los Balcanes, Bangladés, Ruanda, Uganda, Myanmar, Timor Occidental, Congo, Sierra Leona,  Liberia, Kosovo, Darfur, Papúa Occidental y otros lugares. Es una estrategia que socava la dignidad y la moral de la población víctima al destruir, a largo plazo, el tejido básico de la sociedad. Es también un instrumento sádico de tortura cuando se obliga a los hombres a presenciar la violación de sus mujeres y de sus hijas, un modo de burlarse de su masculinidad por ser incapaces de proteger a sus mujeres.

Conseguir información sobre lo que sucede en Papúa Occidental es muy complicado pues hablamos de un territorio vedado a periodistas e investigadores independientes. Si consiguen entrar en el país, todos sus movimientos son vigilados por funcionarios, y la gente teme por sus vidas si hablan con extraños. No obstante, tras denodados esfuerzos, la Relatora Especial de la ONU sobre la Violencia contra la Mujer consiguió hacerse una idea de lo que allí ocurría y concluir en 1999 que las fuerzas de seguridad indonesias utilizaban “la violación como instrumento de tortura e intimidación”. Más recientemente, al menos un estudio ha documentado “un sadismo sexual ferozmente creativo (contra los genitales de hombres y mujeres, y habitualmente con público forzado a contemplarlo)”. ¿Qué es el sadismo sexual creativo? Por poner un ejemplo, un informante “presenció cómo cortaban el pene a una serie de hombres en su aldea. Otro informante fue testigo de cómo cortaban la vagina a una mujer y obligaban a su marido a comérsela”. Este terror aparentemente aleatorio se convierte en terror absoluto, pues cualquier mujer puede ser una víctima, por lo que los pueblos indígenas huyen de sus tierras. Luego, los militares las reclaman, creando catástrofes sociales y medioambientales con todo ello.

Pero el terror no es realmente aleatorio. Es deliberado. La relación entre las industrias extractivas y la violencia sexual es evidente en los informes de violaciones sistemáticas de mujeres en los alrededores de Grasberg, donde se localiza la mayor mina de oro del mundo y la segunda mayor de cobre (de la tristemente célebre sociedad minera Freeport-McMoRan), que durante 30 años ha estado arrojando millones de toneladas de desechos de metales pesados al sistema fluvial del Ajkwa, que han destruido las tierras bajas y los bosques de manglar antes de contaminar el mar de Arafura. La policía y el ejército utilizan la violación para torturar a las mujeres cuando las interrogan sobre el paradero de sus maridos, sospechosos de ser miembros o simpatizantes del Movimiento Papúa Libre. Un testigo describe el horror que permanece en la memoria de las personas y aterroriza a poblaciones enteras durante generaciones:

“Una muchacha de doce años de la etnia amungme fue víctima de violencia sexual continuada. […] Una patrulla llegó hasta la casa donde vivía con un hermano mayor y sus padres. Cuando los soldados vieron a la víctima la invitaron a ir a su base. Como se negó a hacerlo, uno de ellos la violó delante de sus padres y luego otros soldados siguieron haciéndolo por turnos. A resultas de la violación, la muchacha quedó embarazada y dio a luz a un bebé. Posteriormente, cuando se produjo un reemplazo de tropas en la aldea, la misma muchacha volvió a ser violada, y todo esto continuó durante cinco reemplazos. Al final, la víctima parió cinco hijos”.

Si el pene se convierte en un arma en Papúa Occidental, lo mismo ocurre con los cuerpos de las mujeres. Según la oenegé Survival International, los índices de infección por VIH en la “remota” Papúa Occidental son 15 veces superiores a la media nacional, e incluso mayores en los alrededores de la mina Grasberg. “Algunos papúes creen que el ejército lleva deliberadamente prostitutas infectadas con el virus a las áreas tribales. Se sabe de soldados que ofrecen alcohol y trabajadoras sexuales a los jefes tribales para tener acceso a sus tierras y a sus recursos”.

Por lo general el régimen indonesio se las arregla para encubrir sus atrocidades, pero puede deducirse el modo en que esta violencia sexual sistemática actúa en Papúa Occidental a partir de otros casos. En Bosnia-Herzegovina, por ejemplo, las violaciones de guerra a mujeres musulmanas y croatas fueron una política oficial, violaciones controladas. “Son violaciones hasta la muerte, violaciones como forma de masacre, violaciones para matar y para que las víctimas deseen estar muertas. Es la violación como instrumento para provocar el exilio forzado, la violación para obligarte a abandonar tu hogar y que no desees regresar jamás. Es también una violación para otros la contemplen y la escuchen: la violación como espectáculo. Es la violación de la xenofobia liberada por la misoginia y desencadenada por orden oficial”. Se trataba, además, de violar con planes de futuro: fecundar a muchachas y mujeres musulmanas y croatas para construir supuestamente el Estado serbio con bebés “serbios” que se “infiltren” en el grupo de la madre. Los bebés también se convierten en víctimas cuando son rechazados o estigmatizados por el pueblo natal. En este crimen de procreación forzada, se utiliza a los hijos para envenenar a las comunidades al recordar a todos su terrible origen.

La violación a esta escala socava el sistema de valores de todo un grupo. Las víctimas, que han sufrido agresiones a causa de su identidad, sienten repugnancia por ello y no quieren vivir con ese estigma. En el contexto colonial, la violación se convierte en genocida cuando ataca a las mujeres indígenas por ser indígenas. En su estudio de la violencia sexual, Andrea Smith escribe que “todas las indígenas supervivientes a las que he orientado me has dicho en un momento u otro que desearían no ser indígenas”. La violación ha sido utilizada de forma generalizada para instilar un sistema patriarcal en las culturas indígenas. “Con el fin de colonizar a pueblos cuya sociedad no era jerárquica, los colonizadores deben en primer lugar naturalizar la jerarquía institucionalizando el patriarcado. La violencia de género patriarcal es el proceso mediante el cual los colonizadores inscriben la jerarquía y la dominación en los cuerpos de los colonizados”. Los hombres atacan al “sexo débil”, pero en cierto modo saben que deben destruir el poder de las mujeres en la comunidad. Al escribir sobre Darfur, Sarah Clark Miller observa: “La abominable eficacia de la violación genocida corrompe el papel de las mujeres como cuidadoras de las relaciones, transmisoras de las prácticas culturales y sustentadoras de significado, al utilizar estas funciones habitualmente integradoras contra la comunidad”.

Si se unen los fragmentos de información disponibles puede observase que estos son los efectos que la violación sistemática está teniendo en Papúa Occidental. Un estudio descubrió que cuatro de cada diez mujeres habían sufrido violencia por parte del Estado indonesio. Y, dado que ningún tipo de violencia se produce en solitario, no es accidental que la violencia sexual ocurra en regiones con industrias extractivas “estratégicas”, como la minería, la agroindustria de la palma de aceite o la pesca. La violencia sexual y la violencia contra la Tierra están íntimamente relacionadas.

En el campeonato del Antropoceno, Indonesia ha conseguido, mediante métodos brutales, dos primeros puestos: tener la mayor mina de oro del mundo y la mayor producción de aceite de palma del mundo. Otro probable primer puesto sería el de la “utilización de los métodos más brutales”. Impertérrita ante los avisos de la crisis climática, Indonesia continúa con sus megaproyectos, entre los que se encuentra la construcción de una carretera de más de 4.300 kilómetros a través de Papúa, una red vial que causaría daños irreparables en regiones montañosas cubiertas de espesa selva, incluyendo el Parque Nacional Lorenz, Patrimonio de la Humanidad, en busca de mayor acceso a minerales, combustibles fósiles, madera y tierra para inmensas plantaciones de palma de aceite. Esto supone, claro está, pérdida de biodiversidad, pérdida y fragmentación forestal y emisiones de gas de efecto invernadero. Una hectárea de bosque húmedo puede producir 6.000 toneladas métricas de dióxido de carbono cuando se convierte en una plantación. Los incendios de turberas en Indonesia provocan gran parte de la neblina irrespirable que ha asfixiado gran parte del sudeste asiático en los últimos años, hasta el punto de que se estima que estos fuegos han podido causar hasta 100.000 muertes prematuras, solo en 2015.

Las mujeres son violadas en Papúa Occidental para que los militares puedan mantener el poder expoliando y profanando la tierra y todo el planeta. Hace ya mucho tiempo el antropólogo Franz Boas (despojado de su doctorado en Kiev por los nazis, que también quemaron sus libros) insistía en que, dentro de la indiscutible unidad de la humanidad, no existía jerarquía alguna de “razas” (un concepto que él aborrecía), lenguas o culturas, sino una multitud de pueblos; que ninguna cultura puede pretender su superioridad natural. El término “remoto” encubre muchas cosas y sirve para crear un “nosotros” superior y un “ellos” explotable. Mientras tanto Occidente, en su superioridad, se llena la boca hablando de derechos humanos universales a la vez que ignora alegremente la extinción de modos de vida mucho más compatibles con la coexistencia en este planeta. El Banco Mundial considera que las grandes infraestructuras son un “burdo instrumento” de progreso. En Papúa Occidental, el burdo instrumento de la violación representa el tipo más perverso de progreso. Y a nadie le importa un bledo (excepto a los violadores).

* También denominada Nueva Guinea Occidental (Irian Jaya hasta 2001) es la mitad occidental de la isla de Nueva Guinea e islas adyacentes en Oceanía. Fue incorporada al Estado de Indonesia en 1969, en una decisión controvertida que sigue siendo motivo de conflictos. La mitad oriental de la isla es parte del Estado independiente de Papúa Nueva Guinea. (N. del T.)"

Daniel Raventós es profesor de economía de la Universidad de Barcelona y miembro del comité de redacción de la revista Sin Permiso. Presidente de la Red Renta Básica y miembro del consejo científico de ATTAC. Su último libro es La renta básica, ¿por qué y para qué? (Catarata, 2021). Julie Wark es miembro del consejo editorial de la revista Sin Permiso, socióloga, antropóloga y especialista en sudeste asiático: Como autora ha publicado, entre otros Indonesia: Law, Propaganda and Terror (Zed Press, 1983), Rebelión, 09/04/21; Fuente: https://www.counterpunch.org/2021/03/21/west-papua-rape-the-women-to-rape-the-land/)

1/6/20

¿Qué dijo la supermodelo Karen Mulder en aquel plató de televisión para que se destruyesen las grabaciones? Afirma que tanto ella como otras modelos han sufrido explotación sexual sistemática por parte de su agencia –la prestigiosa Elite–, y extiende sus acusaciones a todo tipo de personalidades de la sociedad francesa, políticos, policías, empresarios...

"31 de octubre de 2001. La famosa modelo Karen Mulder acude como invitada a un programa de la cadena de televisión France 2 llamado Tout le Monde en Parle (Todo el mundo está hablando de esto). 

Durante la entrevista, relata que ha sido violada de forma continuada desde que tenía dos años hasta el anterior mes de abril. Afirma que tanto ella como otras modelos han sufrido explotación sexual sistemática por parte de su agencia –la prestigiosa Elite–, y extiende sus acusaciones a todo tipo de personalidades de la sociedad francesa, políticos, policías, empresarios, incluido el príncipe Alberto de Mónaco, con el que se la había relacionado en el pasado, y al que acusa de haberla violado.

Asegura que la han obligado a consumir drogas, que ejecutivos la hipnotizaron para abusar de ella y que la coaccionaron para mantener relaciones sexuales a cambio de conseguir mejores contratos. “Después de cinco minutos me di cuenta de que estaba enferma”, declararía el presentador, Thierry Ardisson, al diario Libération. “Detuve la entrevista y decidimos no emitirla, incluso si eso significa ser acusados de censura. Hubiera sido una superexclusiva. Quizás había algunas cosas verdaderas en su testimonio, pero era obvio que no estaba en su estado normal. Cuando se fue, me dijo: “Tú también eres parte del complot”.

Karen no se encontraba allí por casualidad ni el tema de los abusos surgió por sorpresa. El objetivo del programa era debatir un polémico documental de la BBC rodado dos años atrás en el que se denunciaba la explotación sexual que sufrían modelos muy jóvenes, muchas adolescentes, por parte de figuras prominentes de la agencia Elite. Mulder era un testimonio de peso que conocía de primera mano el mundo de la moda en general y el funcionamiento de Elite en particular por una condición de la que muy pocas personas en la tierra podían presumir: haber sido una supermodelo.

Nacida en Holanda el 1 de junio de 1970, siendo apenas una adolescente Karen fue finalista del prestigioso concurso de belleza Elite Model Look. Fichó por la agencia y comenzó a trabajar para ellos con gran éxito: antes de cumplir los 18 ya estaba desfilando para las grandes marcas de la industria, de Versace a Yves Saint Laurent. Apodada “la rubia con clase”, protagonizó portadas de diferentes cabeceras internacionales de Vogue o Elle y logró dos hitos que marcaban la diferencia entre las modelos de primera clase y las del montón: salir en el número de bañadores de Sports Illustrated y desfilar como uno de los ángeles de Victoria’s secret.

El auge de su carrera había coincidido un momento muy concreto que supuso la aparición del fenómeno de las supermodelos. A principios de los noventa, la industria de la moda se puso de moda, nunca mejor dicho; las anteriores casi anónimas maniquíes se habían aupado hasta convertirse en celebridades globales, famosas al nivel de actores o cantantes, y con ellas, su estilo de vida, identificado como lujoso, glamouroso y divertido, había pasado a ser un objeto de deseo para miles de personas por todo el planeta. Karen había formado parte del exclusivísimo grupo de las más buscadas, solicitadas y mejor pagadas junto a Naomi Campbell, Cindy Crawford, Christy Turlington, Linda Evangelista, Stephanie Seymour o Claudia Schiffer. Decidió dejar de forma voluntaria dejar de desfilar en pasarelas en el 1997 y de forma sorpresiva, abandonó del todo la profesión en año 2000.

Durante esa época, las sombras de una profesión en la que se juntaban grandes cantidades de dinero con mujeres muy jóvenes, a menudo menores de edad, que se ganaban la vida con su aspecto físico habían ido encendiendo algunas alarmas, y el documental de la BBC que se debatía aquella noche en la televisión francesa era muestra de ello. Grabado en 1999, el documental afirmaba, sin ambages, que modelos adolescentes eran explotadas sexualmente por ejecutivos de Elite. Dos trabajadores de la empresa fueron despedidos, pero tras varias demandas de la agencia por difamación, la cadena tuvo que admitir que podía haber tergiversado las declaraciones de algunos de los empresarios grabados y que habían presionado a alguno de ellos para obtener el tipo de material que buscaban.

Entre desmentidos, acusaciones cruzadas y discusiones sobre periodismo de investigación sospechoso en un tema morboso de por sí, había sin duda mucho que debatir con Karen Mulder en Tout le Monde en Parle, pero el resultado excedió las expectativas. Además de no emitir jamás el fragmento en el que la antigua modelo lanzaba sus potentes acusaciones, la cinta fue destruida. Sin embargo, el programa se grababa con público en directo, y aunque se les conminó a guardar silencio sobre lo que habían presenciado, pronto comenzaron a circular rumores por Internet y llegaron correos electrónicos a las redacciones donde se explicaba lo ocurrido.

Tres días después de la conversación abortada, un periodista consiguió entrevistar de nuevo a Mulder. A él le repitió todo lo que había dicho en el programa, empezando con que una persona de su entorno familiar había abusado sexualmente de ella cuando tenía dos años, y que en su familia había varios pedófilos que la emplearon como esclava sexual. Aseguraba que al poco de llegar a París dos fotógrafos la habían violado y tras su denuncia, fueron despedidos, y repetía sus argumentos contra Elite dando todo tipo de detalles escabrosos. Medios como Paris Match declinaron comprar la entrevista, pero la revista VSD aceptó y las palabras de la modelo vieron la luz la primera semana de enero de 2002. Así fue como el escándalo se hizo masivo.

Durante la charla con el periodista, Mulder daba nombres tanto de los familiares como de los ejecutivos a los que acusaba, pero la revista no los reproducía para evitar cualquier tipo de conflicto legal, aunque según algunos las fotografías que ilustraban el reportaje dejaban poco lugar a las especulaciones. Había frases estremecedoras, pero a la vez todo era tan extremo que algunos lectores entendieron que se trataba de obvios delirios de alguien con una enfermedad mental.

 “Todos los que me traicionaron eran gente a la que quería mucho. Luego me di cuenta de hasta dónde llegaba la conspiración. Estaba metida gente del gobierno y de la policía, que utilizaban a chicas de Elite”, aseguraba Karen Mulder, además de mencionar que habían usado “trucos hipnóticos” y “sistemas de rociadores” contra ella.

 “Han tratado de secuestrarme y envenenarme”, decía en un momento. “Todas las personas que mi familia frecuentaba eran pedófilas”, denunciaba en otro. “Ahora me doy cuenta de que hay toda una trama a mi alrededor, es enorme. Se trata de personas en el gobierno y en la policía que usan chicas de agencias de modelos, incluso las más conocidas... Yo era un juguete que todos querían tener”. 

Clamar que todo era una conspiración en su contra sonaba a argumento de persona paranoica, algo que parecía confirmarse porque horas después de entrevistarse con el periodista, Mulder fue ingresada en un hospital psiquiátrico a petición de su hermana Saskia, también modelo de Elite, con el permiso de sus padres.

Cuando el número de VSD vio la luz, todo esto se había hecho público y había estallado el “caso Karen Mulder”. Muchos criticaron a la revista, acusándola de aprovecharse del frágil estado mental de una persona para vender más ejemplares con declaraciones escandalosas sin sentido. El director de VSD aseguraba que Mulder estaba consciente y cuerda y sabía muy bien lo que decía. En torno a esta diatriba se desarrollaría toda la polémica posterior: ¿estaba Karen Mulder desequilibrada por todo lo que le había sucedido o estaba desequilibrada a secas y se lo había inventado todo?

No todo eran testimonios en televisión o revistas. La modelo también acudió a la brigada antiproxenetismo de la policía francesa, donde realizó una declaración formal repitiendo lo mismo que había contado ante los medios. Pero la investigación judicial no llegó a ninguna conclusión. El caso de Karen Mulder, con las posibles implicaciones de turbios tejemanejes en la industria de la moda que pudiese tener, quedó empañado para convertirse en otra caída libre de personaje que se derrumba por fases ante los ojos del público.

Para empezar, estuvo cinco meses ingresada y sedada en el hospital Montsouris. En un giro sorpresivo de los acontecimientos, las facturas del centro las pagó Gerald Marie, ex marido de Linda Evangelista y también el ex presidente de Elite que habían figurado en el reportaje de la BBC por ofrecer dinero a una modelo quinceañera a cambio de sexo. Algunos medios apuntaban a que era uno de los hombres a los que Karen había acusado de violación. El padre de Mulder manifestó que la culpa de todo se debía al consumo de cocaína de su hija y a la presión que había experimentado en su vida profesional.

Cuando salió del psiquiátrico, Karen se retractó de todo lo expuesto –excepto de los abusos sufridos de niña– y recuperó la carrera musical que había iniciado en el 97, al retirarse de las pasarelas, sacando el tema I am what I am. Su éxito como canción veraniega fue mediano, y la promoción incluyó de nuevo una visita al plató de Tout le Monde en Parle en la que solo se mencionó de pasada lo sucedido menos de un año atrás. 

En diciembre de 2002 la historia tomaba un cariz todavía más trágico: Mulder fue encontrada en coma en su apartamento de París tras ingerir una sobredosis de barbitúricos. Fue su expareja, Jean-Yves Le Fur, el que dio la voz de alarma. Éste había saltado a la fama a principios de los noventa como primer novio formal de la princesa Estefanía de Mónaco hasta que se publicó que era un “sinvergüenza y un cazadotes sin estudios” que había estado en prisión por estafa.

Los siguientes años de la modelo permanecieron casi en el anonimato. Tuvo una hija, Anna, de paternidad nunca revelada al público y volvió a subir a las pasarelas de forma ocasional, pero la siguiente ocasión en la que volvió a copar titulares fue por otro motivo triste: agredir a su cirujana plástica en 2009. Desde entonces, se la ha fotografiado en Saint Tropez o Saint Barth, en imágenes que se vendieron con el gancho “Karen Mulder irreconocible”, aunque teniendo en cuenta el tiempo que ha pasado desde sus años como supermodelo y su lozano aspecto general, sería discutible la aseveración de que ha cambiado tanto.

Apenas se recuerda lo que ocurrió hace casi veinte años, y si se menciona, es como un ejemplo de derrumbe emocional o de trastorno mental asociado al siempre exigente y conflictivo mundo de la moda. Pero lo cierto es que en su discurso tal vez inconexo y fácilmente ridiculizable había unas cuantas verdades incómodas. 

La explotación que algunos personajes de la industria ejercían de forma sistemática sobre mujeres jóvenes y muchas veces inexpertas siempre ua había sido denunciado décadas antes del movimiento #MeToo. En 1988, en el segmento American Girls in Paris del programa estadounidense 60 minutos, varias maniquíes, algunas menores, denunciaban haber sido drogadas y violadas por empresarios como Claude Haddad y Jean-Luc Brunel, al frente de prestigiosas agencias.

Aparecía también la sempiterna acusación de ser coaccionadas para mantener sexo con hombres ricos y mayores a cambio de trabajar con marcas más prestigiosas. Y, sin entrar en el proceloso asunto del abuso de modelos en general (véase lo que ocurrió con el documental de la BBC), los apartados más concretos de su discurso concordaban de lleno con los de otras mujeres que habían estado en su misma situación. 

La joven sueca Ebba Karlsson atestiguó que Gerald Marie había abusado de ella durante un casting en París, y la también famosa modelo Carré Otis aseguró en su biografía que cuando tenía 17 años había sido violada por el mismo Marie, entonces prometido de Linda Evangelista.

Puede esgrimirse que todo esto no son acusaciones investigadas y probadas por la justicia, sino testimonios de algo delictivo que sucedió años atrás, pero si algo ha ocurrido en los últimos años gracias a casos como el de Harvey Weinstein o Jeffrey Epstein es que las dinámicas de poder profundamente desiguales que se dan en ciertas ambientes provocan que las víctimas de abusos hayan estado del todo desprotegidas.

 El hecho mismo de denunciar era conflictivo porque tenían mucho más que perder si hablaban que si guardaban silencio. Resulta difícil discernir qué había de fidedigno en las declaraciones de Karen Mulder y qué era fruto de una grave crisis de ansiedad, pero la sospecha de que lo que se tildó como delirios de una desequilibrada escondía algo mucho más siniestro y perverso permanece hoy con más fuerza que nunca."                   (Raquel Piñeiro, El País, 01/06/20)