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18/3/24

Ángel Viñas: "Franco robó lo suyo, una fortuna de 388 millones de euros en 1940... una fortuna comparable, aunque a escala mucho más modesta, al de su secreto modelo: un tal Adolf Hitler"

 "(...) Y, volviendo al dicho brasileño, ¿Franco robó?

Hombre, Franco robó lo suyo, pero sobre todo permitió que la élite del régimen robase todo lo que pudo. En 1940, Franco tenía una fortuna equivalente a unos 388 millones de euros. No está mal…

[Ángel Viñas alude en La forja de un historiador a los orígenes de la fortuna de Franco, entre ellos la venta de seiscientas toneladas de café donadas por el dictador Getúlio Vargas al pueblo español. La procedencia del dinero y sus inversiones —en una "propiedad rústica en los alrededores de Madrid", por ejemplo— ya figuraban en el último capítulo de su libro La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco (Crítica), titulado Franco se hace millonario en la guerra y en la posguerra de la represión.

En La forja de un historiador, redondea al alza la cifra que ofrece en esta entrevista y en La otra cara del Caudillo, unos 34 millones de pesetas de la época. "Naturalmente, el comportamiento financiero de Franco en aquella época fundacional —que alcanzó una fortuna en 1940 equivalente a unos cuatrocientos millones de euros, utilizando los coeficientes de conversión popularizados por el profesor y banquero José Ángel Sánchez Asiaín— era comparable, aunque a escala mucho más modesta, al de su secreto modelo: un tal Adolf Hitler", escribe Ángel Viñas] (...)"                 (Henrique Mariño, Público, 13/03/24)

19/5/23

Miles de personas se quedaron sin nada en el País Vasco. Les robaron su finca, casa, lugar de trabajo, terrenos, bienes muebles, ahorros… Maria Puy, una mujer de Trintxerpe, nos contó cómo les arrebataron su casa... cuando regresaron las encontraron todas selladas. Y se quedaron sin hogar, en la calle, sin nada”... desde hace muchos años hay una convivencia entre los que sufrieron esos robos y los que cometieron los robos. Y ha habido miedo a hablar de eso

 "Mucho se ha escrito e investigado sobre la represión física durante la guerra de 1936 y durante el franquismo. Fusilados, torturados, exiliados… El sufrimiento humano era terrible en aquellos años y, quizás por eso, ha quedado atrás el enorme despojo económico realizado por los golpistas.

En pocos años, miles de personas se quedaron sin nada en el País Vasco. Les robaron su finca, casa, lugar de trabajo, terrenos, bienes muebles, ahorros… Muchos tuvieron que ir a la guerra o al exilio, muchos otros fueron encarcelados. Ese castigo no fue suficiente y las autoridades franquistas también impusieron sanciones económicas a su antojo en aquellos años.

De una forma u otra, hablamos con tres expertos que han investigado esta realidad para entender mejor lo sucedido: Javier Buces Cabello, jefe del Departamento de Memoria Histórica del Departamento de Antropología de la Asociación de Ciencias Aranzadi; Cesar Layana Ilundain, con el responsable de documentación del Instituto de la Memoria de Navarra, y Borja Sarrionandia-Ibarra Fernandez “II. República y Guerra Civil Deustun» con el autor del libro.

Los tres expertos coinciden en el momento de dividir el tema en dos momentos o grupos. Por un lado, podrían estar los robos ocurridos antes o en los primeros días después de que cada pueblo cayera en manos de los franquistas. Se puede decir que estos sucedieron de manera muy improvisada y es muy difícil para los historiadores medir la dimensión de estos robos. Los testimonios son la principal fuente de información, si no la única, y el tema es muy delicado, porque estos robos muchas veces ocurrieron entre conocidos de mucho tiempo.

Por otro lado, puede haber bienes confiscados oficialmente por el franquismo y multas impuestas, y sí, eso está precisamente documentado en los archivos. El proceso de regulación de la represión económica se inició a través del Decreto 108 del 13 de septiembre de 1936, que creó el Comité Provincial de Confiscación de Bienes (OKBP). Y la publicación de la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de febrero de 1939 dejó claro que el fin de la guerra no implicaría ninguna política de amnistía para integrar a los vencidos al nuevo sistema político. Fue una mejora de la estructura legal que se inició con el Decreto 108 y el Decreto Legislativo del 10 de enero de 1937, que no modificó los principios esenciales.

Estas comisiones hacían un expediente de cada persona u organización, para “investigar” si coincidía o no con los postulados de los rebeldes de 1934, y de acuerdo al resultado de esta “investigación” se decidía si era o no sancionada, y el alcance del castigo. Patriotas, socialistas, anarquistas y otros republicanos fueron castigados, por supuesto, pero también muchas otras personas sin una clara implicación política, para sembrar el miedo. Estos castigos están documentados de pueblo en pueblo.

Diferentes realidades

Sin embargo, cada país tiene sus propias peculiaridades. En Navarra, por ejemplo, aún no existía una burguesía destacada vinculada a la industria y los castigos eran económicamente más leves que en otros lugares. “En el caso de Navarra, en este despojo económico cabe mencionar especialmente las multas y el menaje. Las multas económicas fueron mayores en Bizkaia y Gipuzkoa, porque la burguesía tenía más poder en las zonas industriales”, comenta César Layana, autor del libro “Expolio y castigo”.

De cualquier manera, Layana destacó la gravedad de la situación: “En la mayoría de los casos, eran personas pobres. Entonces, mirando el valor total de los bienes, tal vez el robo no fue grande, pero también se debe tener en cuenta que esa pobre gente lo perdió todo. Puede que no haya sido mucho, pero lo era todo para ellos». Como ejemplo, se puede mencionar que a algunas personas les confiscaron sus máquinas de coser o sus gallinas de granja.

Tal y como recoge Layana en su libro, en Navarra se abrieron por responsabilidad política 1.086 personas, un total de 824 expedientes, y se condenó a 864 personas, más del 80%. Además del decomiso de bienes, las mayores multas se impusieron a Mariano Anso y Manuel Irujo, dos navarros que ocuparon el cargo de ministro en los gobiernos de la República durante la guerra: multas de veinte millones de pesetas. Además, se impusieron dos sanciones de un millón de pesetas, otras 24 multas de más de 100.000 pesetas y 97 multas de más de 10.000 pesetas.

Sin embargo, en términos de bienes decomisados ​​y multas económicas, Bizkaia recibió las sanciones más altas. Los recibidos por el empresario Ramón de la Sota son los que más se han mencionado, pero muchas otras personas también quedaron en una situación similar.

“En Deustu, por ejemplo, se volvieron contra la burguesía, más que nada porque entre los ricos también había nacionalistas. En su caso las multas fueron bastante elevadas y llamativas. También golpearon con especial dureza a quienes trabajaban en el Gobierno Vasco. Destaqué la multa impuesta a Eliodoro de la Torre en mi trabajo, por ejemplo, pero lo mismo les pasó a otros miembros del Gobierno Vasco. Fueron multados con veinte millones de pesetas por hora; hoy serían más de 8 millones de euros”, explica Borja Sarrionandia-Ibarra, haciendo una comparativa.

Aunque las familias más ricas recibieron las multas más altas, muchos trabajadores de clase baja, que en gran parte vivían de la renta, se quedaron sin nada de la noche a la mañana. “Algunas personas lograron recuperar sus casas, pero muchos las perdieron para siempre, incluso en algunos casos tenían la propiedad. El ejemplo más claro es lo ocurrido en el barrio Buenavista. Buenavista era un barrio pequeño, era una cooperativa de vivienda. La mayoría de la gente allí era del partido socialista, con posiciones de clase media, y el 63% de los vecinos de ese barrio perdieron sus casas”, recordó Sarrionandia-Ibarra.

Javi Buces mencionó otros ejemplos de Gipuzkoa, muy similares: “A los trabajadores de la empresa Brunet en Urnieta les quitaron la casa. Eran casas de empresa y todo el mundo estaba fuera. Llegaba gente nueva a trabajar y entraba en esas casas. Por supuesto, los antecesores no eran los dueños de las casas; eran trabajadores que vivían allí. Fueron expulsados ​​o tuvieron que ir a la guerra, y llegó gente nueva para reemplazarlos. En Donostia, por ejemplo, hace poco hicimos una conferencia en el palacio de Miramar y Maria Puy, una mujer de Trintxerpe, nos contó cómo les arrebataron su casa. Vivían en casas de algunos obreros; por supuesto, la mayoría de las personas que vivían en esas casas eran anarquistas o socialistas, y cuando regresaron las encontraron todas selladas. Y se quedaron sin hogar, en la calle, sin nada”.

No se ordenaron devoluciones

Hay una parte de este tema que es particularmente importante y no ha sido debidamente investigada: la de la restitución de estos bienes decomisados. Los grandes partidos políticos, sindicatos y organizaciones similares de alguna manera lograron devolver lo robado, pero en el caso de los particulares todo es diferente. Las familias conocidas o los empresarios pueden haber tenido más facilidades para reclamar sus propiedades, pero era poco probable que las personas pobres recuperaran algo.

Borja Sarrionandia-Ibarra citó algunos ejemplos de Deusto: “Algunas personas recuperaron sus casas, pero otras no. Es el caso de Aurora Arnaiz Amigo, por ejemplo. Era socialista, jefa de la organización Juventudes Socialistas, hacía mítines… Era una mujer muy significativa. Tuvo que exiliarse y se convirtió en la primera mujer profesora de derecho en México. Aurora vivía en Deustu, en Buenavista, ya sus padres les quitaron la casa y nunca les devolvieron. Según me contó otro testigo, cuando llegó a la casa había un guardia civil viviendo allí y les dijo claramente: ‘Fuera de aquí o os denuncio'».

Es claro que nunca se ha llevado a cabo ningún proceso general serio para devolver esos bienes y cantidades económicas sustraídos. Seguramente, porque es un asunto delicado. «El asunto es muy complejo. Una cosa es realizar una exhumación donde la persona ya está muerta. Restaurar su dignidad, completar su historia… Hay un mínimo consenso en Euskadi para hacerlo. Pero lo que tienen es otra cosa”, dice Buces.

“De hecho, al final, ¿quién hizo esos robos? Bueno, muchas veces son familias conocidas, todos los conocían. Hoy, quizás, es diferente, porque toda esa gente ya está muerta, pero desde hace muchos años hay una convivencia entre los que sufrieron esos robos y los que cometieron los robos. Y ha habido miedo a hablar de eso”, coincide Borja Sarrionandia-Ibarra.

No habría ningún problema para que los historiadores investigaran, pero ¿estaría preparado el público? Esta es la reflexión de Javi Buces: “Creo que investigar no es muy difícil. Estoy a favor de tal investigación, porque es necesaria: la represión franquista debe investigarse en todos los ámbitos. Hay documentación para una investigación, pero es un tema delicado. Alemania se menciona a menudo, pero necesitamos profundizar un poco más en la cultura democrática. ¿Estamos dispuestos a aceptar que la tienda, finca o bar que heredamos nos la robó nuestro abuelo? Sin dudar de que es un derecho conocer toda la verdad, ¿qué ‘consecuencias sociales’ tendrá, en nuestras relaciones sociales, conocer el origen de este negocio? Tienes que estar preparado para abordar un tema así».

Miren y Marixel López-Mendizábal: «Recordamos que la familia siempre estaba con abogados, en los juzgados»

El tolosano Ixaka López-Mendizábal fue uno de los vascos que sufrió la brutal represión económica de los franquistas. Aunque mucha gente le conocerá por el libro de texto «Xabiertxo», dejó su huella en muchos ámbitos. Suele presentarse en los libros de historia como escritor, agente cultural, vascoparlante y político nacionalista, pero también fue abogado y también es destacable su aportación como editor. Esquí, montaña, viajes… todo lo hizo en su momento. Miembro del Eusko Alderdi Jeltzal, fue también presidente de la Asamblea de Euzkadi Buru en 1935. Empujado al exilio por la guerra, fue primero a Donibane Lohizu y luego a Argentina. Pasó casi 30 años en Buenos Aires y regresó al País Vasco en 1966.

Los nietos de Miren y Marixel conocieron a su abuelo en los últimos años, cuando ya había vuelto al País Vasco y había perdido la vista. “Vivíamos con él, yo tenía 14 años cuando murió y Marixel 11 – cuenta Miren. Tenemos recuerdos: lo recuerdo tocando el piano todos los días, cómo nos contaba historias… Y lo cuidábamos. El padre se fue a trabajar, la madre y la tía también trabajaban en la tienda o hacían tareas domésticas, y las sacábamos. Caminábamos aquí, en Zerkausia, agarrándolo del brazo, porque no podía ver. Ayúdame al baño, a afeitarme…»

No parecía contarles demasiadas historias de la guerra o del exilio, pero gracias a lo que escucharon de uno y otro, así como a lo que les contó el padre de Xabier, ambos tienen una idea bastante clara de sus vivencias. .

“Contó algunas anécdotas, pero todas cosas buenas. No contó las malas experiencias ni las que había sufrido. No sabemos exactamente cómo la abuela (Andone Olano) salió de aquí con sus tres hijos para ir al otro lado, a Donibane Lohizu. Sí, se iban de noche, pero poco más”, aseguran, aunque han completado el puzzle con lo que después escucharon de su padre.

guardar papeles

De hecho, en esa fuga repentina, se esforzaron especialmente por salvar papeles y documentos, que luego fueron de gran utilidad para recuperar los bienes sustraídos. «El abuelo tuvo que irse de inmediato en 1936 y la abuela se fue a Donibane Lohizu unos días después. Pero por ese camino, primero fueron a Urkizu, a la finca de una mujer que tenía una criada. Allí dejaron algunas cosas, gracias a las cuales luego fueron recuperadas. No fue un caso aislado, bastantes personas hacían eso: guardaban cosas en otras casas y las recuperaban cuando volvían.

Cuando los franquistas entraron en Tolosa, por ejemplo, es bien sabido que sacaron los fondos de la biblioteca de López-Mendizábal y los quemaron en la plaza del pueblo, delante de todo el pueblo. “Fue el 11 de agosto, también hay fotos”, recordó Miren, pero agregó que este lamentable hecho también dejó situaciones emocionales: “Llevaron los libros a la plaza y les prendieron fuego. Pero no todos fueron quemados. Y por la noche, algunas personas fueron allí, a recoger los libros restantes, y los guardaron en casa. Y entonces, venían a nuestro padre en la imprenta: ‘Xabier, esto lo teníamos guardado’. Y nos los devolvieron».

Los robos no terminaron ahí. «Papá solía decirnos: ‘Hay una zapatería en la parte trasera del reloj de nuestra casa’. Por supuesto, no sabemos cómo llegó allí ese relojero, no le dirás nada. También desapareció el traje de guerra carlista de nuestro bisabuelo, con espada y todo. También teníamos cuatro figuras femeninas de bronce, dos de las cuales están en la entrada de la Asociación del Casino de Toulouse desde hace muchos años…».

Cuando volvió al País Vasco, la primera tarea fue restaurar la casa, y eso tampoco fue fácil. “La planta baja que antes albergaba la imprenta la ocupó un señor y se instaló una tienda de abarrotes, con un depósito y todo detrás. Y al lado, otro hombre instaló una tienda de lana para su esposa. Cuando nuestra familia regresó a Toulouse se dieron cuenta de que así era. El de la tienda de abarrotes también ocupaba el cuarto piso y allí vivía con su familia. Y la gente de la tienda de lana vivía en el tercer piso. En el primero estaba la ONCE, la asociación de ciegos. Y también había alguien en el quinto piso. Sólo el segundo estaba libre y por eso entramos allí.’

Procesos largos

Arrancaron largos procesos judiciales: “Recuerdo que mi padre siempre estaba con abogados, siempre en los juzgados. Prueba del garaje, de la casa… Al principio vivíamos todos juntos en la misma casa: las dos tías, el abuelo, los padres y nosotros dos. Éramos niños y no nos decían muchas cosas, pero todos hablando allí a la hora de comer, siempre pillábamos algo. En un momento se recuperó el garaje, así como el jardín en la ladera de Izaskun… En la finca, por ejemplo, nadie entraba, es raro. Creo que estaba alquilado cuando mi abuelo tuvo que marcharse.

En estos procesos de recuperación de los bienes, parece que tuvo gran importancia el hecho de que los papeles se mantuvieran en ese momento. “Nuestro abuelo no se llevó mucha ropa cuando se fue, pero sí todos los papeles que pudo. Escrituras, documentos y demás, sí. Y ahí dudamos si esos papeles se los llevaron todos a Buenos Aires o los dejaron escondidos en Donibane Lohizu. De hecho, cuando nuestro padre volvió por primera vez en 1955, fue allí primero».

Seguramente, el ejemplo más claro de estos largos procesos lo podemos encontrar en el edificio que ha sido la sede de EAJ durante varios años. “25 personas de diversas ideologías, incluido nuestro abuelo, crearon una especie de casa cultural, llamada ‘Inmobiliaria Ureta’. Tenían un teatro abajo, representaban obras escritas por Antonio Labaien, la gente iba a verlos… Bailes vascos, mi padre aprendió a silbar y silbar allí, hacían tertulias… Y en una de ellas los miembros de la EAJ estaban estacionados. Pero durante la guerra se decomisó todo el edificio, y el Ministerio de Educación y Deportes lo tomó y montó allí una escuela profesional”, comienza el relato Miren López-Mendizábal.

“Luego sacaron la escuela de allí, porque no estaba debidamente adaptada -continuó-. Y luego la EAJ la ocupó y se convirtió en cuartel. Pero cuando vino la división, unos apoyaron a la EA, incluida nuestra familia, y otros, a la EAJ. Batzokia fue entregada a EAJ, pero nuestro padre mantuvo el libro de accionistas. Cabe mencionar que este libro fue traído a escondidas del Norte por nuestro padre: le quitó la tapa dura al libro y puso los papeles en la parte de atrás de su cuerpo amarrados con el celo. Y uno a uno fue buscando a los accionistas que crearon ‘Immobiliaria Ureta’, los dueños originales.’

«¡Cuántos años estuvo nuestro padre en ese trabajo buscando gente! Cuando murió en 2004, asumí la presidencia y, finalmente, en 2010, recibimos una advertencia de su sucesor que decía: ‘Sí, es tuyo, te lo devolvemos’. EAJ tuvo que irse y se enfadaron. Y ahora, en lugar de los 25 accionistas iniciales, somos más de 200. Al principio no todos pertenecían a la EAJ, y tampoco ahora. Saque las cuentas de cuándo fueron confiscados, cuándo fueron devueltos, y entre cuántos juicios, cuántos recursos, cuántos trámites…”, agregó.

Robo tras robo, el franquismo no consiguió destruir el legado de Jose Manuel Ostolaza

Entre las personas cuyos bienes fueron decomisados, uno de los casos más llamativos fue el del empresario debarra José Manuel Ostolaza. Le llamaremos ‘Debarra’, aunque nació en Valladolid en 1875, porque allí fueron su padre Ascencio y su madre Segunda Zabala huyendo de la guerra carlista. La familia llegó a Deba cuando él era muy joven.

La vida de José Manuel parece el guión de una película. Desde muy joven trabajó en la navegación comercial, tuvo que transportar tropas durante la guerra de Cuba, se encontraba en una situación económica precaria en Cuba… Pero finalmente llegó a México, donde, no sin dificultad, montó una fábrica de sombreros de paja toquilla que tendría un próspero futuro funcionando

La idea fue un gran éxito y, junto a su hermano Francisco, logró hacer una fortuna en Estados Unidos. “Entérate: se jubiló con 42 años y volvió a Deba”, dijo Alex Turrillas, secretario de la Asociación Cultural Deba.

Inspirándose en sus experiencias de vida, José Manuel construyó una escuela comercial en Deba en 1928, creyendo que era la mejor manera para que la juventud local tuviera un futuro mejor. La denominó EBEFO (Escuela Biblioteca Emigrante Fundación Ostolaza), la construyó en el solar de la finca de la familia «Barberokua», en el centro de Deba, y le dio un carácter secular.

El carácter laico despertó el enfado de la iglesia desde un principio, y esta elección se pagó muy cara unos años después, cuando los franquistas tomaron el poder. Para entender la importancia de la apuesta que estaba haciendo Ostolaza, basta mirar la foto histórica a continuación: Niceto Alcalá Zamora II de España. El Presidente de la República, Manuel Azaña, que fue también Presidente del Consejo de Ministros, y el jefe del Ejército, Gonzalo Queipo de Llano, visitando el colegio EBEFO de Deba en 1932. El propio Pio Baroja también fue un defensor de la obra de Ostolaza.

Con el estallido de la guerra, sin embargo, tuvo que dejarlo todo y exiliarse a México, junto a la bibliotecaria Pepita Arriola. Sus bienes fueron confiscados y la lista no es aleatoria: “El inmueble que alberga la Fundación Ostolaza, valorado en 70.000 pesetas; la mitad de la casa de Amillaga, valorada en 55.000 pesetas; tres cuentas corrientes con un saldo de 16.000 pesetas…»

José Manuel no volvió a oprimir al País Vasco y murió en México en 1954. Como no tuvo hijos, sus bienes quedaron en manos de su hermano Francisco. Aunque no hemos encontrado muchos detalles del proceso, pudo recuperar el edificio de la Fundación Ostolaza sin mayor problema, y ​​como tampoco tenía herederos, dejó la gestión del mismo a la Fundación Ostolaza.

La labor de la Fundación Ostolaza fue continuada por la Asociación Cultural Deba desde 1960, y hoy en día organizan multitud de iniciativas a lo largo del año. “Somos una asociación privada, pero se puede decir que hacemos una obra completamente pública; Somos la casa cultural de Deba, al fin y al cabo. En tres años hemos pasado de unos 80 socios a más de 200”, destaca Turrillas, recordando otros casos con un final más triste: “El hotel que acababa de construir se lo robaron al empresario Silverio Urqui y nunca se lo devolvieron. Eso también hay que mencionarlo».

«Había diferentes formas de robo dependiendo de la época»

Jon Unanue López (Donostia, 1964) ha realizado un gran trabajo de investigación sobre los hechos del regreso de la guerra de 1936 en Urnieta. Recibió varios testimonios, empezando por el padre Justo, y publicó algunos de ellos en la revista Aiurri. No ha investigado específicamente la represión económica como tal, pero este tipo de represión también fue prominente en la Urnieta de 1936-1939 que Unanue dibuja con gran detalle.

“Primero hay que averiguar cómo era el ambiente en los días previos al levantamiento de Urnieta. Urnieta era un pueblo muy conservador. En el ayuntamiento dominaban dos grupos: los realistas o monárquicos, el voto de derecha, aquí el voto tradicional, y por otro lado Eusko Alderdi Jeltzalea, que era el partido mayoritario en ese momento y que estaba en clara fase de crecimiento, habiéndose fortalecido mucho durante la República. Es cierto que había algunos elementos de izquierda en el pueblo, digamos ‘progresistas’, una minoría pero se estaban moviendo. Fue un movimiento que vino en gran parte de Oria, creado en torno a Brunet y estas empresas. Aunque en su momento pareció raro, al Ayuntamiento le sirvió como referencia de lo que estaba pasando”, describió Unanue la situación antes del estallido de la guerra.

“A medida que avanzaba la selección, la gente empezó a preocuparse, porque escuchaban qué tipo de barbarie estaban haciendo en Navarra. Para entonces, algunas personas decidieron celebrar; nuestros abuelos, por ejemplo. Nuestro abuelo era de origen nacionalista, pero nunca fue militante. Sin embargo, después de ver lo que vio, decidió irse. La abuela se quedó en casa con seis o siete niños. Y como nuestro abuelo, muchos otros”, prosiguió.

«Las primeras detenciones se produjeron en ese ambiente tenso. En la mayoría de los casos se trataba de niños o jóvenes del pueblo; Lo sé porque mi tío también era así. La pandilla salió a la calle, aunque la abuela no los dejó, y cuando escucharon que una casa estaba vacía, entraron allí y agarraron algo. En el caso de su tío, se había llevado una bicicleta y cuando volvió el dueño, fue a pedirla. ¡Qué vergüenza pasó nuestra abuela!”.

«Ocurrió otro tipo de robo después, cuando entraron los nacionales. Esas fueron las capturas ganadoras. Habían tomado el control del ayuntamiento y sus familias aprovecharon la situación para apoderarse de las propiedades de los que se habían fugado. No eran niños. Y se ‘limpiaron’ las casas: ropa, alfombras, muebles… En Mikaele, por ejemplo, en la casa de Bartolomé Lasarte y Antonia Barkaiztegi, fue lo que pasó, también les confiscaron sus bienes. Por supuesto, Urnieta era un pueblo muy pequeño en ese entonces y la gente sabía que la ropa que usaba era de otra persona. Cuando la gente comenzó a regresar, se dieron cuenta de que su propiedad era propiedad de otra persona. En algunos casos, uno de ellos fue a devolver el objeto robado por su cuenta, avergonzado de lo que había hecho o consciente de la situación».

“Y otra cosa es cuándo se emitió la ley de decomiso. La excusa era que había que sufragar los gastos de guerra. Allí se puso en marcha un procedimiento muy claro, que tenían que hacer todos los municipios. Primero, había que hacer una lista para averiguar qué personas se habían ido y llamar a esas personas para que rindieran cuentas. Si no explicaban, se decidió que debían responder con su propiedad. Así que fueron a las casas e hicieron un inventario de todo. Las listas están en el archivo.

Los Unanue lo saben muy bien, porque también le enviaron una carta a la abuela, en la que decían que si el abuelo no se presentaba en Urnieta, le confiscarían sus bienes. De una forma u otra, la abuela logró informar al abuelo -que estaba en el Norte- de la situación, y éste recurrió a dos tías que eran monjas en un orfanato militar en Pamplona en busca de ayuda. Se decía que uno de los dos estaba a cargo. Gracias a la influencia de estas tías, el gobernador militar de Navarra envió una carta al gobernador de Gipuzkoa, en la que le preguntaba qué tenían contra él, y luego extendía la pregunta al Ayuntamiento de Urnieta.

“Mirando los documentos encontré la respuesta que dio el Ayuntamiento. La respuesta dice que todo el mundo lo consideraba un patriota, pero no un ‘separatista-marxista’, se limitaba a votar y que volver a las urnas sería ‘desagradable’, pero no pide castigo. Así volvió el abuelo a su casa y al final no perdió ninguna propiedad.’

Desafortunadamente, no todos los casos tuvieron ese final."                  (  Asier Aiesta , Periodismo Alternativo, 16/05/23)

10/5/23

El gran saqueo franquista

 "“Restituir es reparar y desagraviar”. Con esta afirmación ha arrancado el congreso “Arte y restitución: la reparación moral tras el conflicto”, en el Caixaforum de Madrid. La frase es de la abogada Marta Suárez-Mansilla, coordinadora junto con Laura Sánchez Gaona del evento que ha reunido a expertos internacionales y nacionales sobre la reparación del expolio de obras de arte. El contexto ha partido de la dominación nazi y analizado el saqueo franquista.

 Sánchez Gaona ha dado las gracias a la reforma de la Ley de la Memoria Democrática por hacer una referencia directa a la reparación de las víctimas del expolio del patrimonio. Y también ha agradecido a países como Francia y Reino Unido las referencias de los marcos legales que han creado. “Queremos hablar de reparación moral para resarcir a las víctimas entre todos, no solo el patrimonio”, añade Laura Gaona.

El abogado José Luis de Castro, participante en la defensa de la familia Cassirer contra el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza por el cuadro de Camille Pissarro, se pregunta si se puede aplicar los mismos términos al expolio nazi que a las incautaciones ilegítimas del franquismo. Después de la II Guerra Mundial el convenio internacional declaró nula toda transacción entre agentes nazis y población ocupada. No había que demostrar que aquellas transacciones fueron objeto de expolio. Se daba por probado.

Los países aliados han considerado siempre que no es necesario acreditar la coacción porque el consentimiento es ilícito. “Ese carácter ilícito de la transacción determina que tampoco es lícita la transacción a terceros, incluso a compradores de buena fe”, ha asegurado José Luis de Castro. “Procede una reparación de las víctimas y no es necesario demostrar la venta ilícita porque los vendedores actuaron bajo coacción”, concluye el abogado. En todo caso fueron “actos de expolio” y no cabe la usucapio. “Estos aspectos no son todavía tan claros en España”, ha dicho. 

Una forma de reparación moral es la devolución de las obras expoliadas. Así se dice en los convenios internacionales y en distintas sentencias internacionales. En España esta idea se encuentra en la Ley de Memoria Histórica y en la Ley de Memoria Democrática. Son leyes que configuran nuevas leyes de reparación moral, como las declaraciones solemnes a favor de las víctimas. La Abogacía General del Estado, en junio de 2022, se mostró favorable a esta postura: el hecho de la posesión de las obras de arte durante años no comporta en ningún caso validación para adquirir la posesión. Porque se considera una posesión ilícita. Por eso concluyó con la devolución de las obras a los herederos. “Devolvieron las obras porque la incautación fue ilegítima y no da lugar a posesión”, ha explicado el abogado. 

El historiador Arturo Colorado, responsable del inventario de obras confiscadas durante el franquismo por el Museo del Prado, ha analizado el caso español desde la perspectiva histórica. Ha explicado la dificultad esencial del caso español para ejecutar la reparación: muchas de las obras no conservan el origen de la procedencia o el nombre de los propietarios. En la posguerra, para el especialista, hubo una “diáspora”. Hay miles de obras que nadie ha reclamado nunca y se ha preguntado por qué el franquismo no devolvió las obras y su conclusión es que “no tuvieron ningún interés”. “Tenían una prisa enorme por quitarse de encima el muerto”, sostuvo Colorado, que asegura que el Museo del Prado está abierto a las devoluciones de las propiedades ilícitas que conserva.

La especialista en derecho del arte Corinne Hershkovitz ha desvelado las actuaciones de las instituciones francesas y las obras expoliadas por los nazis. Desde octubre de 1940 el Museo del Louvre reservó varias habitaciones destinadas a la muestra de las miles de obras expoliadas por los nazis. Desde agosto de 1944 la República francesa confirmó la devolución de las obras de arte. Fue una política de reparación inmediata y la restitución de los bienes patrimoniales ha continuado hasta nuestros días. En los primeros días se devolvieron hasta 60.000 bienes incautados por los nazis, gracias a la creación en noviembre de 1944 una comisión de devolución de las obras de arte. La comisión incautó cerca de 2.000 piezas y fueron entregadas a los museos públicos. 

En los años noventa las víctimas se enfrentaron a la negativa de la restitución. Tras largas batallas en los tribunales por las restituciones de los bienes, la Administracion francesa cambió su postura ante los casos de expolio, aunque las víctimas deben acudir a los tribunales para recuperar las obras de sus antepasados.

En agosto de 2022 el consejo de misemos públicos del Reino Unido publicó una guía para gestionar los casos de restitución. “Aconseja que los museos actúen de forma proactiva para la restitución”, ha explicado la abogada Andrea Martín. El consejo británico plantea una serie de actuaciones y equipará la evaluación ética a la jurídica. Algo insólito en las reclamaciones de bienes. Las observaciones se dirigen a museos ingleses, pero se pueden implantar en otros museos internacionales. Till Vere-Hodge ha añadido que llevar a la práctica estas recomendaciones no son tan sencillas. “En la práctica la reparación moral es menos natural”, ha dicho el experto inglés. Ha puesto el caso de la devolución de los bronces de Benin como ejemplo de reclamación frustrada, a pesar de lo que dice esta guía. “Unas lecciones que no hemos aprendido es que los museos ni siquiera ha querido escuchar a los descendientes de los esclavos”, ha asegurado. “No siempre es fácil aplicar la guía a las reclamaciones del expolio nazi, así que siempre necesitaremos analizar caso por caso”, según Till Vere-Hodge. 

Sela del Pozo, de la subdirección General de Museos Estatales en el Ministerio de Cultura, ha explicado el portal web que ha publicado la cartera de Miquel Iceta hace unas semanas. Sobre la falta de un inventario de obras expoliadas depositadas en los 16 museos estatales no ha avanzado nada. 

 Conoce la metodología del franquismo para despojar de bienes artísticos a sus propietarios antes de la Guerra Civil y cómo acabaron en manos de afines al régimen, nobleza o la Iglesia.

 (Peio H. Riaño  , eldiario.es, 9 de mayo de 2023)

2/5/23

Sánchez-Albornoz tendrá que solicitar a Paradores los cuadros que el franquismo robó a su padre

 "Finalmente no se tramitará “de oficio”. El historiador Nicolás Sánchez-Albornoz deberá tomar la iniciativa si quiere recuperar los dos cuadros que un comando franquista expolió a su padre después de la Guerra Civil y que entregó al Parador de Almagro (Ciudad Real), donde actualmente están colgados. El Gobierno abre la puerta por primera vez a que estas dos obras se devuelvan al historiador en virtud de la nueva Ley de Memoria Democrática, pero delega esa responsabilidad en Turespaña, propietaria de Paradores, que actuaría únicamente si así lo solicitara su legítimo propietario.

Los dos cuadros están atribuidos al pintor barroco Felipe Diricksen (San Lorenzo de El Escorial, 1590-Madrid, 1679). Los protagonistas son una dama y un caballero, fechados en los años cuarenta del siglo XVII, con el arte del retrato revolucionado tras la llegada de Velázquez a la corte de Felipe IV, en Madrid. Una de las pinturas de Diricksen decora una pared de uno de los pasillos del antiguo convento franciscano transformado en hotel y la otra preside uno de los salones que se alquilan. Estos dos lienzos de casi dos metros de altura los recuerda el historiador adornando el despacho de su padre, Claudio Sánchez-Albornoz (1893-1984), también historiador y presidente de la Segunda República en el exilio.

La respuesta del Ejecutivo de Pedro Sánchez a este expolio proviene de las preguntas parlamentarias realizadas por el senador de Compromís Carles Mulet en referencia a la información adelantada a finales de año por elDiario.es. Mulet recuerda que el historiador desconocía hasta hace poco la ubicación de estos dos cuadros y pregunta al Gobierno sobre las medidas que adoptará para “retornar a sus legítimos propietarios todos los bienes incautados por el franquismo”.

El Gobierno responde que Paradores de Turismo no tiene constancia de que se haya interpuesto ninguna reclamación administrativa en la que se solicite restituir las dos piezas de la colección artística, siendo “el titular de dichas obras” el Instituto de Turismo de España (Turespaña).

“Las medidas que adopta Paradores de Turismo de España con respecto a la restitución de bienes incautados por el franquismo son aquellas que dicta la Ley, facilitando la información disponible para la realización de los informes técnicos y jurídicos pertinentes para que se puedan resolver las posibles reclamaciones administrativas”, añade.

Pero ante esta infructuosa respuesta por escrito del Gobierno, el senador de Compromís insistió al Ejecutivo. Preguntó si Turespaña había realizado algún trámite al respecto o si la Administración General del Estado conoce la reclamación de la familia. En este caso, el Gobierno da un paso más allá al afirmar que los cuadros “podrían identificarse” con los dos pertenecientes a Claudio Sánchez-Albornoz que se encuentran ubicados en el Parador de Almagro.   

A este respecto esgrime que el el artículo 31 de la Ley de Memoria Democrática dedicado a las reparaciones, recoge el asunto de las incautaciones de bienes y sanciones económicas y el derecho al resarcimiento de los bienes incautados. Precisamente, ahí se establece que será la Administración General del Estado la que realizará las acciones necesarias de investigación de las incautaciones producidas por razones políticas.

En manos de la familia

Pero a renglón seguido, argumenta que los posibles interesados tendrían que dirigirse oficialmente a Turespaña explicando su interés y acreditando la propiedad de los cuadros por parte de su padre, la incautación de los mismos y su condición de heredero de todos los bienes de su ascendiente. Es decir, lo deja en manos de la familia.

El senador Carles Mulet, quien dedica buena parte de su actividad parlamentaria a rastrear, identificar y hacer cumplir la nueva legislación en cuanto a vestigios franquistas y bienes incautados, ha lamentado “la falta de iniciativa y empatía” del Gobierno a la hora de devolver estos bienes robados. “Como siempre, ha de ser la persona afectada quien en solitario inicie esa batalla, porque el interés del Gobierno es cero. Por lo menos en esta segunda respuesta ya abren alguna puerta, pero la inactividad deja mucho que desear”.

Explica a elDiarioclm.es que el hecho de que sean las propias familias o, en otros casos, los ayuntamientos o asociaciones, quienes inicien las peticiones, provoca que se lleven a cabo procesos “sin garantías”. “Al no actuar de oficio, denota una falta total de compromiso con determinadas cuestiones relacionadas con la memoria democrática”, subraya Mulet, poniendo como ejemplo el hecho de que hoy se realice la exhumación de Primo de Rivera, como otro “golpe de efecto”, pero en otros casos haya que ir “pueblo por pueblo” identificando vestigios del franquismo o bienes saquedados.

Por su parte, fuentes de Turespaña, gestora de Paradores, explica a este medio que ni este organismo ni en la Secretaría de Estado de Turismo consta petición alguna de los interesados sobre este tema. “Por este motivo, Turespaña no puede entrar a valorar ni pronunciarse sobre un tema del que no tenemos información ni petición al respecto”, añaden.

No hay ley castellanomanchega que lo agilice

Además, en el caso de los cuadros colgados en el Parador de Almagro, tampoco existe una ley castellanomanchega de memoria que garantice su devolución a la familia, como sí hay en otras comunidades autónomas, “incluso más avanzadas que la ley estatal”. Esto supone una labor de rastreo y peticiones a los ayuntamientos que no siempre realizan, mientras el Gobierno sigue preparando el catálogo de símbolos y vestigios con el objetivo de acelerar el proceso, pero para el que la normativa no establece ningún plazo.  

La vida del padre de Sánchez-Albornoz ha sido objeto de adaptaciones cinematográficas, porque tras regresar del exilio en 1940 con sus hermanas a España fue condenado a trabajos forzados en Cuelgamuros, acusado de participar en la Fundación Universitaria Escolar (FUE). Su fuga del Valle de los Caídos fue reconstruida por Fernando Colomo en Los años bárbaros (1998). Luego llegó la democracia, el final del exilio y la falta de información. No sabían dónde estaban sus bienes robados.

Estos dos cuadros no son la única polémica relacionada con la memoria democrática en Almagro. También a iniciativa del senador Carles Mulet, el Ayuntamiento de esta localidad inició los trámites para quitar el gran escudo franquista que aparece en una composición cerámica que se realizó para conmemorar el Corral de Comedias como monumento histórico-artístico en 1955."                            (Alicia Avilés, eldiario.es, 25/04/23)

22/2/23

Una exposición bajo el título de 'Incautados' muestre las obras de las que se apropió el franquismo mediante amenazas o violencia y explica el modus operandi del proceso de represión -patrimonio- que llevaron a cabo las instituciones franquistas... "fueron en la mayoría de los casos operaciones de saqueo y botines de guerra obtenidos a punta de pistola"... "Muchas familias republicanas tenían bienes patrimoniales importantes y salieron en muchos casos escopetadas para salvar la vida dejando atrás muchas cosas. Algunas han llegado a estos museos, pero sabemos que otras se han quedado en el patrimonio de la familia del dictador, que allí donde iba arrasaba con todo el patrimonio... La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica propone al Museo del Prado hacer una exposición con la obra incautada por la dictadura franquista... "Se podría aprovechar para relatar la gran operación de saqueo que fue el franquismo"

 "Joaquín Sorolla, Gutiérrez de la Vega, Brueghel el joven, Federico de Madrazo y Kuntz, Pedro Atanasio Bocanegra. Pintores de diferentes épocas con una conexión inesperada: el Museo del Prado conserva en sus fondos obras de todos ellos (y otros muchos) que fueron incautadas durante la Guerra Civil y el franquismo. De hecho, la pinacoteca investiga actualmente la procedencia original de 62 obras de arte de esos fondos, de las que 25 piezas -23 pinturas, un reloj y un frutero- provenían de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional, creada en 1939.

Esta Comisaría General fue heredera del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, creado por un decreto firmado por el dictador Francisco Franco, del 22 de abril de 1938, destinado a "reorganizar el servicio de recuperación del Patrimonio artístico nacional y también de las obras de arte de propiedad de particulares sometidas a los azares de la guerra", tal y como puede leerse en el BOE. 

Cabeza de mujer con mantilla blanca, de Joaquín Sorolla, es una de esas 25 obras que ya se sabe a ciencia cierta que fueron incautadas durante la Guerra Civil y el franquismo (el resto se sigue investigando). Se trata de un óleo sobre lienzo fechado hacia 1882, con 48 centímetros de alto y 33 de ancho. Adscrita al Museo de Arte Moderno, procedente de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional en 1943, actualmente está en depósito en el Museo del Ampurdán de Figueras.

Otro cuadro en esta situación es Paisaje nevado, atribuido a Jan Brueghel, El Joven. Un óleo sobre tabla de 45 por 76 centímetros fechado después de 1625, que representa la vida de una aldea durante un día frío de invierno, y que no se encuentra actualmente expuesto, si bien está adscrito al Museo del Prado, procedente de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional en 1941.

José Gutiérrez de la Vega tiene un total de cuatro obras de su autoría que fueron incautadas durante el franquismo. A saber: Alegoría del Antiguo Testamento (óleo sobre lienzo, hacia 1844), El canónigo José Olcina y Macía, caballero de Montesa (óleo sobre lienzo, 1845-1848), Dama con abanico (óleo sobre lienzo, hacia 1845) y Alegoría del Nuevo Testamento (óleo sobre lienzo, también hacia 1844).

Desde la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional llegaron también hasta el Prado a lo largo de los lustros otras obras de Federico Madrazo y Kuntz (Retrato de caballero, 1855), Eugenio Lucas Velázquez (Encadenada, 1850), Joost de Momper II (Paso de un río, siglos XVI-XVII), Pedro Ruiz González (Cristo en el Pretorio, 1673), Rodrigo de Osona y Francisco de Osona (La natividad, 1490; y Adoración de los Reyes Magos, 1490), François Boucher (Amorcillos jugando con un pichón, siglo XVIII; Amorcillos vendimiando, siglo XVIII), Adriaen Isenbrandt (Cristo varón de dolores, 1525-1550), Pedro Atanasio Bocanegra (La Virgen con santos y ángeles, siglo XVII; La Virgen con santos, siglo XVII), Giuseppe Bonito (Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, 1759) y Manuel de Castro (La huida de Egipto, 1697).

También figuran un frutero y un reloj procedentes de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional, así como dos óleos anónimos del siglo XVII. En lo referente a las pinturas, 17 fueron entregadas al Museo del Prado por la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional entre 1940 y 1942; cinco pinturas entregadas al Museo de Arte Moderno, procedentes de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional (1942). Además, otra pintura, la mencionada de Sorolla, fue entregada al Museo de Arte Moderno, procedente de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional (1943), pero quedó en el Museo de Arte Contemporáneo y pasó al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, desde donde se adscribió al Museo del Prado en 2016 por reordenación de colecciones. 

Junto a estas, el Prado tiene además once pinturas (depositadas entre 1936 y 1939) por la Junta Delegada de Incautación del Tesoro Artístico y otras 26 pinturas, en general muy deterioradas, depositadas en fechas desconocida por esa misma junta. Algunas obras cuentan con algún dato alusivo a la procedencia anterior a su incautación, aunque en la mayoría de los casos se desconoce quién era el propietario individual, bien por falta de información de los propios herederos o por el exilio de las familias, entre otras circunstancias.

EXPOSICIÓN

Es esto último, precisamente, lo que lleva a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a proponer al Museo una exposición con la obra incautada por la dictadura franquista. "Se podría aprovechar para relatar la gran operación de saqueo que fue el franquismo", destaca a infoLibre el presidente de la ARMH, Emilio Silva, quien apunta que de un tiempo a esta parte se han publicado noticias sobre devoluciones de patrimonio a sus legítimos dueños, por lo que la investigación puesta en marcha por el Prado "posiblemente es la punta de un iceberg donde hay muchísimas más cosas".

"Hacer esta exposición es una gran oportunidad para explicar toda esa operación del franquismo por controlar el patrimonio y lo que pasó o no pasó con él. Nos parece una acción reparadora simbólicamente, y que puede ayudar incluso a que aparezcan sus legítimos dueños. El Prado está investigando 62 obras, pero en la Biblioteca Nacional hay cientos. Hay 25 obras que ya se saben y luego las que se sospechan, porque si te pones a rascar puede aparecer de todo. Aunque tampoco vemos al Gobierno con intención de devolver a sus legítimos propietarios estas obras", explica Silva.

Así las cosas, la ARMH propone a la pinacoteca que mientras se lleva a cabo la investigación sobre patrimonio incautado que forma parte de sus fondos, se organice una exposición que, bajo el título de Incautados, muestre las obras de las que se apropió el franquismo mediante amenazas o violencia y se explique el modus operandi del proceso de represión -patrimonio- que llevaron a cabo las instituciones franquistas, y la historia de los distintos organismos que se encargaron de recuperar "las obras de arte sometidas a los azares de la guerra", como se decía en el BOE antes citado.

Y es que esos azares de la guerra , tal y como indica Silva, "fueron en la mayoría de los casos operaciones de saqueo y botines de guerra obtenidos a punta de pistola". "Muchas familias republicanas tenían bienes patrimoniales importantes ysalieron en muchos casos escopetadas para salvar la vida dejando atrás muchas cosas. Algunas han llegado a estos museos, pero sabemos que otras se han quedado en el patrimonio de la familia del dictador, por ejemplo, que allí donde iba arrasaba con todo el patrimonio. Pero aquí no se ha hecho una gran investigación sobre qué pasaba con ese patrimonio, que es otra cosa que debería hacer el Gobierno", destaca. 

El Museo de Bellas Artes de Bilbao expone desde el mes de septiembre pasado dos cuadros que fueron incautados por el franquismo al empresario vasco Ramón de la Sota y Llano durante la Guerra Civil y que acaba de restituir a sus herederos el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, después de ser localizados en 2018. Las obras son Retrato de joven caballero, de Cornelis van der Voort, y Retrato de María Cristina de Borbón, de Luis de la Cruz y Ríos. Un caso particular que puede animar a otras familias a tratar de localizar obras que perdieron durante el expolio del franquismo, como ha hecho recientemente el historiador Nicolás Sánchez-Albornoz reclamando "dos cuadros colgados en el Parador de Almagro que le habían sido confiscados a su familia", tal y como apunta Silva.

Una vez presentada su propuesta por registro oficial, el Prado tiene por ley treinta días de plazo para responder a la ARMH, que, más allá de este particular, insta al Gobierno a "revisar todos los sitios donde haya patrimonio cultural", no solo museos, sino también ministerios, edificios públicos o, efectivamente, paradores. "Tienen que rascar hasta el final porque, una vez que se pongan, es evidente que ahí va a caer de todo. Se quemó mucha documentación en los setenta, pero ese Patronato creado en 1938 tenía que tener un archivo y un catálogo. El Estado tiene que buscarlo y sacarlo a la luz. Que se haga una exposición que es interesante en sí misma, pero además puede ayudar a que se conozca esa historia y a que sus legítimos dueños aparezcan y recuperen el patrimonio que les robaron a punta de pistola", termina Emilio Silva.

Mientras tanto, el Prado sigue investigando con un equipo de investigación ad hoc con el catedrático y experto en patrimonio y Guerra Civil, Arturo Colorado, para ampliar el estudio de estos casos y analizar otras posibles incautaciones. El objetivo es aclarar cualquier duda que pudiera existir sobre los antecedentes y el contexto previos a que se produjera su entrada en las colecciones del Prado y, "llegado el caso y cumpliendo todos los requisitos legales, proceder a su devolución a sus legítimos dueños". Las conclusiones de este estudio se publicarán en las próximas semanas, según han confirmado a infoLibre desde el Museo."                   (David Gallardo, InfoLibre, 10/01/23)

14/12/22

Los cuadros que el franquismo robó y la Iglesia se quedó para decorar sus parroquias... Los primeros años de la posguerra los responsables de custodiar el patrimonio entregaron a los religiosos más de 2.000 bienes de represaliados, en una cadena sistematizada de expolio

“Enteradas de que reparten algunos objetos de los que no se sabe el dueño y habiéndolo perdido todo porque nos lo quitaron los rojos”… Esa fue la fórmula. Las cartas que llegaron al comisario general del Patrimonio Artístico Nacional, entre 1939 y 1945, repetían la misma justificación, una tras otra. Casi como una consigna. 

Este consenso en las reclamaciones de las religiosas dio como resultado la retirada de más de 2.000 bienes que habían sido almacenados por la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico y por los expolios que el franquismo realizó a las familias republicanas represaliadas. Eran objetos “necesarios” para su actividad religiosa como copas de cristal, espejos, bandejas de plata, cubertería, cuadros y hasta un mantón de Manila verde con flores bordadas en sedas de colores y ancho fleco.(...)"                 (eldiario.es)

5/12/22

Los bienes incautados por el franquismo a los “contrarios a la causa nacional” que acabaron en el Museo de Santa Cruz en Toledo

 "Convento, hospital y casi, casi prisión. El edificio que alberga hoy el toledano Museo de Santa Cruz cuenta una larguísima y convulsa historia entre sus paredes. Y su cercanía al Alcázar de Toledo lo convirtió también en frente de guerra durante los inicios de la Guerra Civil, que destrozó parte de sus instalaciones y también su colección. Y para recuperar este centro cultural en la ciudad, el franquismo realizó incautaciones de bienes para poder volver a poner en marcha el icónico centro toledano que reside en el antiguo Hospital de Santa Cruz.

Entre los bienes incautados se encuentra un grabado firmado por Marc Chagall. “Uno de los pocos que hay en España”, explica el experto Francisco García Martín que acaba de presentar su libro 'Un siglo del Museo Provincial de Toledo (1841-1942)' en el que recorre la agitada historia del centro y, entre otros, su reconstrucción tras la Guerra Civil. Este Chagall, una pieza que ahora mismo está desaparecida, pertenecía a José Khan, un judío afincado en Toledo que había sido traductor y cónsul republicano en Salónica (Grecia). De origen alemán, se afincó en la ciudad durante diez años y falleció en Argentina.

No fue el único judío al que afectaron las incautaciones del franquismo para llevar obras al museo. Francisco García relata cómo existen actas de incautación de Thomas Malonyay, profesor de instituto, pintor y también activista y protector del Tesoro Artístico. En la colección requisada se incluyen esculturas del siglo XV y del siglo XVI. Francisco García trabaja actualmente en la recopilación completa de todos los bienes incautados que yacen en el museo, pero lamenta que por “la falta de personal” del museo todavía no ha podido acceder a la documentación.

“Este museo, instalado en el Hospital de Santa Cruz, sufrió mucho durante el dominio marxista”, relataba el Servicio de Defensa del Patrimonio Histórico Español el 12 de junio de 1939. Lamentaban igualmente la desaparición de obras, y cuadros “mutilados” o “rayados a punta de cuchillo”, por ejemplo con las iniciales de la CNT. “Hay varios trozos de tela pintados, que no se puede saber lo que representaban”, lamentaban desde el Gobierno franquista.

Tras acabar la batalla del Alcázar, se creó en Toledo un “germen de administración militar”, que incluyó una Comisión Gestora Municipal de Toledo y también una Junta Provincial administradora de Bienes de Ausentes. Fue por estas disposiciones militares que se permitió la incautación de inmuebles y objetos de personas “desafectas” al régimen. Es este el caso inequívoco de Malonyay y de Khan. De hecho, la Comisión habla de objetos “procedentes del domicilio del rojo Tomás Malonyay que se hayan embargados en virtud de sumario seguido contra dicho individuo”, según consta en documentos de la comisión provincial de incautación de bienes de Toledo en 1938.

“Considerado como contrario a la causa nacional”

La administración franquista hacía referencia también, relata García en su trabajo, a la falta de personal que había llevado a un “estado de desorganización” a los servicios del museo. Debido a esta situación, se hace cargo del mismo el Guarda Jurado de los Monumentos Nacionales, Segundo Rodríguez y López. El autor explica cómo en un cuestionario pedido en 1938 por el Jefe Nacional de los Servicios de Archivos, Bibliotecas y Propiedad intelectual sobre colecciones privadas existentes en la provincia, se llega a la de Tomás Malonyay.

“... Poseía una pequeña colección, parte de ello ha ingresado ya en el Museo Arqueológico, (cueros labrados y pintados, un tríptico y un retrato copia de uno de Goya [...] Me informan de que aún deben quedar cosas en incautación”, explica la dirección en funciones del museo. Algunos de estos bienes llegan a salir también de Toledo en dirección a Ceuta, por reclamo de un General Jefe Superior de las Fuerzas Militares. En marzo de 1939, Nicolás Lucena escribe al Comisario de Recuperación artística “un cuadro al óleo con los retratos de mi abuelo y dos niños, uno de ellos mi madre, que en 1936 fue entregado a ésa para su restauración a un pintor húngaro residente en Toledo, cuyo nombre no recuerdo, se encuentra entre las obras recuperadas por esa Comisaría”.

El Gobierno Civil en Toledo se refería de esta manera también a Malonyay: “era de ideas muy extremistas y siempre hablaba mal de los nazis alemanes, particularmente de Hitler”. Además, lo señalaban como “principal consejero” del traslado de obras de los conventos de la ciudad al Ayuntamiento “durante el dominio rojo en esta capital”. “Habiéndose encontrado algunas obras de arte en su casa, en particular cerámica y mosaicos, estando considerado como contrario a la Causa Nacional”, rematan, según cita Francisco García en su artículo 'Un toledano de adopción: Tomás Malonyay'. 

 ¿Cómo desaparece el cuadro de Chagall hasta ahora? García reflexiona: “Pues tú imagínate, Luis Villanueva, que era el encargado de la Junta de Defensa Artística de Franco veía estos cuadros medio surrealistas o abstractos...”, explica. De todos modos, también resalta que fue este mismo personaje el que se negó a usar el museo como prisión, aunque fueron presos republicanos los que trabajaron en la reconstrucción y reacondicionamiento del mismo. “Ya era un monumento nacional en esos momentos y por eso se negó a este uso”, explica Francisco García.

El autor también destaca la figura de Francisco Borja San Román, director del museo durante la época franquista que murió pidiendo más recursos para el museo. “Actualmente estamos igual, el museo está paralizado por la falta de recursos”, reflexiona Francisco García. Además, lamenta que le “falta espacio” al estar “estrangulado” por la presencia de la colección Roberto Polo (CORPO) en otra ala del edificio. “Es uno de los mejores fondos museísticos de España, pero está estrangulado. ¿Cómo se concibe una generación de toledanos que no han podido visitar el arte contemporáneo de Toledo? Nos tenemos que ir a Madrid a ver a Amalia Avia. Dejar a CORPO la obra de Alberto Sánchez, que sea gestionada por una entidad público-privada... ¡Hombre!”, lamenta el experto toledano, al referirse a la obra del escultor toledano que tendrá también su espacio en el antiguo Convento de Santa Fe, sede de la Colección Polo."                                     (Francisca Bravo, eldiario.es, 02/12/22)

15/10/21

Manoli y las mujeres a las que Franco no consiguió doblegar... "La familia Espinosa de los Monteros fue la que detuvo a mi madre, la llevó a la comisaría. Reprimió y además se quedó con los negocios"... A mí entre los 9 y los 15 años me detuvieron 11 veces. Detenciones que no están reflejadas en ningún sitio. Pero me llevaron a la Dirección General de Seguridad o a la comisaría, incluso a la de San Blas o a la de Ventas, 11 veces... tuve la mala suerte de encontrar al torturador de mi madre 30 años después. Él quería hacer daño a la mujer que había resistido, y hacerlo a través de mí... "El abuso fue permanente. Muchos niños fueron robados, fueron violados, fueron abusados, por supuesto. Lo mío no fue un hecho aislado"... "La lucha antifranquista fue dura, fue terrible, pero no fue triste"... En la cárcel se reían. Se ayudaban. Y criaban a sus hijos. También fuera, cuando las soltaron sin dejar nunca de atosigarlas

 

 María Salvo, la primera por la derecha de la primera fila

 "La historia de la resistencia antifranquista es la historia de una lucha en femenino. Las mujeres fueron fundamentales, tanto en las conquistas logradas por la Segunda República como en la Guerra Civil y, tras la derrota de las fuerzas democráticas, en la clandestinidad. Pese a que el relato, como suele ocurrir, se ha escrito en masculino. 

Y a que cuando se ha hablado de las mujeres ha sido casi siempre en diminutivo. Memoria del frío (Hoja de lata, 2021) es también una historia protagonizada por esos diminutivos. Y cuenta, entre otras cosas, cómo las mujeres fueron las que después de aquel 1 de abril de 1939 se echaron todo a la espalda: los cuidados, la insurgencia, la crianza, las lágrimas. 

 "Era muy difícil para las mujeres, que fueron resistentes, conformarse con convertirse de repente en sujetos tan alejados de cualquier posibilidad de decisión. No puedo tomar una decisión administrativa, sino que dependo de mi padre, mi hermano o mi marido. No puedo sacarme el carné de conducir, acceder a la universidad y tengo que dedicarme a la costura y al cuidado. Al cuidado no legitimado, al cuidado que no tiene ningún valor". Así lo resume el autor del libro, Miguel Ángel Martínez del Arco, en una conversación con elDiario.es.

 Sabe de lo que habla porque durante décadas escuchó cada día a esas mujeres que dieron la batalla contra el franquismo sin más ayuda que su determinación, su imaginación y la torpeza machista del enemigo, que nunca concibió que ellas, el "sexo débil", fueran más que las amantes de los maquis. Miguel Ángel, de hecho, nació en una cárcel franquista. Su madre, Manoli del Arco, fue la presa política que más años pasó en las cárceles del régimen. Entre confinamiento y confinamiento, ella y su compañero decidieron tener un hijo. Pese a todo.

 "Los niños no tienen una capacidad de elección. A ti te toca", rememora el autor. Quien quiera intuir cualquier atisbo de reproche o crítica a la elección de sus padres se equivocará, y mucho. Pese a todo, Miguel Ángel defiende la elección de sus progenitores: "Toda militancia, y más entonces, implica una renuncia. Ellos eligieron; para mí eso es la militancia".

La pelea de ellas

En las mujeres de la resistencia franquista pesó mucho su militancia comunista. Pero tanto, o más, su militancia republicana, que les llevó en ocasiones a pelear "contra el régimen y contra sus compañeros" por ganar, primero, y mantener, después, su espacio de igual a igual.

Memoria del frío es la recreación de la apasionante vida de Manoli del Arco. Un libro a medio camino entre la novela, la biografía y la autobiografía. A ratos ficcionado, a ratos histórico, tiene como hilo conductor los extractos de las innumerables cartas que ella y su compañero, Ángel Martínez, se intercambiaron durante dos décadas de internamiento carcelario. La novela es también un thriller en el que Manoli hace de correo para llevar una linotipia desde Santander a Madrid, donde la espera un control policial tras un chivatazo y del que le salva un engreído falangista. Y que cuenta cómo los comunistas financiaron la resistencia antifranquista vendiendo a los prebostes de la dictadura plumas Parker de estraperlo que llegaban entre la mercancía que descargaban barcos estadounidenses en los puertos del norte de España.

Si Manoli no fuera una mujer comunista española que terminó su guardia en la lucha por la democracia retirada en un modesto piso del barrio de San Blas, en Madrid, además de este libro protagonizaría una miniserie de las que triunfan en las plataformas de pago.

Porque pese a la historia, pese a las torturas, las derrotas, el expolio, la fatiga, la cárcel, las traiciones, las purgas ordenadas por una dirección que, desde París o desde Moscú, no sabían nada de lo que pasaba al sur Pirineos, Memoria del frío no es un libro triste, ni muestra una realidad triste. Incluso aunque algunos nombres de entonces sigan resonando hoy con fuerza. "La familia Espinosa de los Monteros fue la que detuvo a mi madre, la llevó a la comisaría. Reprimió y además se quedó con los negocios", apunta Martínez del Arco, que insiste: "No solamente había una represión ideológica, fue también un acaparamiento". 

 "Sobrevivieron", sentencia el autor: "Fue brutal, pero al final, estaba viva y había logrado despistar a ese régimen, pese a todo. Fue una historia dura, pero no una historia triste". En la cárcel se reían. Se ayudaban. Y criaban a sus hijos. También fuera, cuando las soltaron sin dejar nunca de atosigarlas. Porque, pese a todo, siguieron en la lucha contra la dictadura desde una "militancia de la alegría", dice su hijo. Incluso cuando llegó la Transición y pensaron, "hemos vuelto a perder".

"Hay un momento de acumulación de fuerzas del 74 hasta el 77... pero esto no fue Portugal", lamenta Miguel Ángel Martínez del Arco. "Hubo verdugos y víctimas, que son los vencedores y los vencidos. Los verdugos seguían ocupando el poder. Ni el Poder Judicial, ni por supuesto los aparatos represivos, fueron limpiados. A día de hoy yo sigo sin tener acceso a los archivos del Ministerio del Interior", lamenta.

El secreto

El acceso a esa documentación podría ayudar a arrojar algo de luz sobre lo que ocurrió muy pocos años antes de que muriera Franco, cuando el autor apenas tenía 10 años. Un secreto que decidió guardarse, quizá en su primer acto de militancia consciente. Si algo sabía hacer el hijo de un matrimonio de comunistas en la España de los 70 era callar. Y lo hizo durante décadas: "Hay una cierta leyenda urbana. Claro que la represión en el año 74 no es igual que en el año 41, pero la represión fue salvaje hasta el final. Para generar terror entre los sectores organizados. Pero hay un elemento de odio. Y yo tuve la mala suerte de encontrar al torturador de mi madre 30 años después. Él quería hacer daño a la mujer que había resistido, y hacerlo a través de mí".

¿Por qué el silencio? El autor reflexiona y responde: "Mis padres hubieran asumido una culpabilidad terrible. Era un dolor insoportable para ellos. A mí entre los 9 y los 15 años me detuvieron 11 veces. Detenciones que no están reflejadas en ningún sitio. Pero me llevaron a la Dirección General de Seguridad o a la comisaría, incluso a la de San Blas o a la de Ventas, 11 veces. Pero al mismo tiempo supe que tenía que callar y de las pocas cosas que llegué a decir, me arrepiento de muchas".

 Y sigue: "El abuso fue permanente. Muchos niños fueron robados, fueron violados, fueron abusados, por supuesto. Lo mío no fue un hecho aislado". Esa parte de la Historia de España sigue en la penumbra: "Nadie quiere saber. Está en los archivos de la Policía, pero no nos lo dejan ver. El Ministerio del Interior tiene el relato detallado de la tortura, y a mí me gustaría saber lo que pone, siquiera si está en un registro que yo estaba en ese momento, que yo fui. O que ella me está esperando, o que fue detenido mi padre". El secreto ya no lo es. Pero sigue sin haber un atisbo de duda sobre sus padres: "A mí el torturador me dijo, 'vete a contarles lo que ha pasado'. Yo se lo agradezco en el alma porque fue la vacuna para no hacerlo".                    (Aitor Riveiro, eldiario.es, 12/10/21)