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21/9/24

La Iglesia Católica y el exterminio de los judíos... Pío XII, luego también la Curia vaticana, estuvieron puntualmente informados de la exterminación sistemática de los judíos... Pío XII nunca lo condenó explícita y claramente, pese a la insistencia de muchos, católicos comprendidos... Ochenta años después, a no pocos, entre los que me cuento, nos cuesta entender el silencio de Pío XII. Y el argumento del mal menor no me satisface, máxime cuando lo mantuvo una vez la guerra concluida. Tampoco me basta saber que recibió infinidad de agradecimientos por parte de muchos judíos. Pero me hace pensar en tantos silencios ante el franquismo y ante ETA (Javier Elzo)

 "Desde que tengo uso de razón, luego siendo todavía un adolescente, una cuestión me ha estado rondando en la cabeza: cómo explicar que un país que ha generado personajes como Beethoven, Bruckner, Kant, Hegel, etcétera haya sido capaz de crear ese monstruo anti-judío que se concretó en última instancia en la Shoah, en el exterminio de los judíos.

Recuerdo que tuve ocasión de abordar esta cuestión, con alguna insistencia, con dos amigos ya fallecidos que habían estudiado en Alemania. Estoy hablando de Paco Garmendia y de Joseba Arregui. Venían a decirme que era consecuencia del trato que recibieron los alemanes al finalizar la I Guerra Mundial. Lo que también explica, al menos parcialmente, que Hitler llegara al poder con la fuerza de los votos.

El 2 de marzo de 2020 el Papa Francisco ordenó abrir los Archivos Vaticanos en lo referente, entre otros temas, al pontificado de Pío XII. Era algo que estaban esperando ansiosamente los historiadores. Este verano he abordado el tema desde la perspectiva del comportamiento de la Iglesia en aquellos tiempos en relación al nazismo y, más concretamente, en relación a los judíos. Y he leído mucho sobre este tema. Señalo aquí dos excelentes libros que analizan los comportamientos de la jerarquía católica en la II Guerra Mundial, publicados uno este mismo año y otro en 2023, luego ya consultados los Archivos Vaticanos tras su reciente apertura.

El primero de ellos es de Nina Walbousquet, 'Les âmes tièdes. Le Vatican face a la Shoah' ('Las almas tibias. El Vaticano frente a la Shoah'. La Decouverte. 468 páginas). Incluye una excelente bibliografía y una lista de nombres citados. La autora es una historiadora que ha pasado tres años en Roma estudiando los Archivos Vaticanos. Nos da un texto magnífico, muy ponderado, en el que se encuentran más datos que opiniones, lo cual se agradece mucho. Andrea Riccardi ('La guerra del silencio. Pio XII, el nazismo y los judíos'. Editorial San Pablo, 2024, 492 páginas, traducido del original italiano) nos entrega otro gran libro que complementa al anterior. Riccardi es historiador y creador de la Comunidad Sant' Egidio. Reside en Roma y se ha pateado los largos pasillos del Archivo Vaticano. Ya había escrito anteriormente varios textos sobre el tema. Ahora estoy leyendo 'L'hiver le plus longue. 1943-1944' ('El invierno más largo'. Desclée 2017). Se lee con congoja, casi como si fuera una novela coral, cuyo protagonismo es el de los judíos romanos.

Si Walbousquet pone el acento en las víctimas de la Shoah -el segundo capítulo de su libro se centra en Brasil, lugar al que muchos escapaban del horror nazi-, Riccardi lo hace en los entresijos del Vaticano en sus tomas de decisiones -algunas, muy relevantes-, que explican no pocas de ellas.

De forma, necesariamente breve, subrayaría esto: Pío XII, luego también la Curia vaticana, estuvieron puntualmente informados de la exterminación sistemática de los judíos, la Shoah. Sin embargo, Pío XII nunca lo condenó explícita y claramente, pese a la insistencia de muchos, católicos comprendidos. Aunque hay que añadir, inmediatamente, que actuó con determinación, energía y constancia en su ayuda. En vías diplomáticas y físicas, particularmente en Roma. No solo Pío XII y la Curia romana -nombró a Tardini y a Montini, futuro Papa Pablo VI-, sino también el propio pueblo romano y, subrayo por el tenor de estas líneas, parroquias, conventos y demás centros religiosos (católicos y protestantes). En el caso de los católicos, valiéndose de la territorialidad vaticana de esos centros, respetada por los nazis alemanes en general, con alguna excepción, como la invasión de la inmensa basílica de San Pablo Extramuros.

Los judíos como primeras víctimas son señaladas ya desde comienzos de 1942, como apunta un sacerdote -Pirro Scavizzi, que viajó a Polonia- en la primera de sus cuatro cartas a Pío XII, en fecha coincidente con la conferencia de Wannsee, donde se aprobó la exterminación de los judíos. Luego, antes de Wannsee, ya había comenzado la caza al judío (antes ya a los polacos).

Hay que añadir que la Iglesia se preocupó en primer lugar por ella misma, por las consecuencias que se podrían derivar de su condena al nazismo si lo condenaba expresamente. Riccardi señala que Pío XII quedó muy impresionado por las consecuencias que sufrió Holanda cuando sus obispos condenaron, con pelos y señales, las atrocidades nazis en su país. Tenía ya escrito un texto de dos páginas que quemó al saber lo sucedido en Holanda.

Ochenta años después, a no pocos, entre los que me cuento, nos cuesta entender el silencio de Pío XII. Y el argumento del mal menor no me satisface, máxime cuando lo mantuvo una vez la guerra concluida. Tampoco me basta saber que recibió infinidad de agradecimientos por parte de muchos judíos. Pero me hace pensar en tantos silencios ante el franquismo y ante ETA. Un tema quizá para otra ocasión."

( Javier Elzo, Catedrático Emérito de Sociología de la Universidad de Deusto​.Este artículo, publicado originalmente en El Correo)

17/9/23

Pio XII conoció desde 1942 la realidad del Holocausto nazi... Una carta desvela que Pacelli fue informado de la existencia de crematorios donde “morían cada día hasta 6.000 hombres, principalmente polacos y judíos”

 "Pío XII supo de la existencia del Holocausto nazi, al menos, desde diciembre de 1942, según una carta inédita hallada en los Archivos Vaticanos y cuyo contenido ha dado a conocer Il Corriere della Sera. La misiva, fechada el 14 de diciembre de 1942, informaba al Papa Pacelli de la existencia de crematorios de las SS en el lager de Belzec, en plena Polonia ocupada, en cuyo “alto horno”, se confirma, “morían cada día hasta 6.000 hombres, principalmente polacos y judíos”.

La carta fue enviada por el jesuita alemán Lothar Köring, encargado de asuntos alemanes en la Compañía de Jesús, al secretario personal de Pío XII, Robert Leiber, y fue descubierta por el archivero vaticano Giovanni Coco después de que, en 2020, la Santa Sede decidiera abrir a los estudiosos los archivos del pontificado del pontífice que vivió la II Guerra Mundial (1939-1958) y cuya actitud respecto al Holocausto fue puesta en cuestión por las autoridades judías.

Para Coco, la carta “representa la única prueba de una correspondencia que debía alimentarse y prolongarse en el tiempo”, y supone un prueba fundamental que demostraría que la Santa Sede conocía los crímenes ordenados por Hitler al mismo tiempo en que se llevaba a cabo el Holocausto. Hasta el momento, la tesis oficial sostenía que el Vaticano únicamente conocía la existencia de campos de concentración, pero no de la 'solución final'.

Las investigaciones de Coco verán la luz el próximo 18 de septiembre en una publicación editada por el Archivo Apostólico Vaticano, y podrían tener una importancia clave en el proceso de beatificación de Pío XII, iniciado en 1967 y que tiene como punto clave la apertura de los archivos de su pontificado, que se produjo el 2 de marzo de 2020, y que permitirá conocer el comportamiento del Pontífice frente al Tercer Reich. A su vez, del 9 al 11 de octubre la Universidad Gregoriana organiza un congreso internacional, bajo el lema 'Nuevos documentos del pontificado de Pío XII y su significado para las relaciones judeo-cristianas'.

Con todo, la duda persiste: ¿Guardó Pío XII silencio pese a conocer las atrocidades nazis para evitar más muertes, no fue consciente de las mismas hasta que ya era tarde o, simplemente, no quiso actuar? Tras la lectura de la carta cobra otro sentido el mensaje que Pacelli ofreció en la Nochebuena de 1942, en la que se refirió a “cientos de miles de personas que, sin culpa alguna, a veces sólo por razón de nacionalidad o linaje, están destinadas a la muerte o a una progresiva decadencia”.

¿Escribió este discurso después de leer la carga de Köning? Seguramente, nunca lo sabremos, pero la exclusiva de Il Corriere abre la puerta a preguntarse por qué la Santa Sede nunca formuló una condena explícita del Tercer Reich, ni Pío XII señaló a los judíos como víctimas del exterminio."                  (Jesús Bastante , eldiario.es, 16/09/23)

4/12/18

El conde de Vallellano y su implicación en el Holocausto

"El Conde de Vallellano, Fernando Suárez de Tangil, Grande de España, fue nombrado Presidente de la Asamblea Suprema franquista de la Cruz Roja por Franco, desde Burgos, en septiembre de 1936 (1).

Nada más ganar la guerra, los franquistas promulgaron una normativa antisemita de paso de fronteras, el 11 de mayo de 1939, desde el departamento Nacional de Políticas y Tratados, que dirigía el Conde de Casa Rojas, del Ministerio de Exteriores, siendo su ministro el teniente general Francisco Gómez- Jordana, Conde de Jordana, y en donde participaba también el ministerio de Gobernación, dirigido por el antisemita Ramón Serrano Suñer (2).

Un día después, el 12 de mayo de 1939, el Conde de Vallellano, nombra a Juan Manuel Agrela, Conde de la Granja, “Delegado de la Cruz Roja con plenos poderes para todas las acciones de repatriación de los civiles y militares residentes en los Campos de concentración o Centros de refugiados en Francia…” (3)

Juan Manuel Agrela, Conde de Agrela, abriría dos oficinas de la Cruz Roja, una en Irún y otra en Hendaya, para el trámite de canje de prisioneros.

Además, fue nombrado, el 27 de junio de 1939, Vicecónsul honorario en Hendaya, por el Cónsul, Fausto Navarro, con el visto bueno del Ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Gómez- Jordana, y el embajador en Paris, José Félix de Lequerica.

La firma de Fausto Navarro aparece en el visado de mi abuela Rosa, (sello del Consulado de Hendaya), judía polaca a la que se le aplicó la normativa antisemita de paso de fronteras de 11 de mayo de 1939, que pudo sortear al tener el aval franquista del Marqués de Ibarra. Con ella, pasó mi madre, Ruth, y gracias a esto se salvaron del Holocausto, y yo estoy aquí para contarlo, aunque a muchos les moleste (4).

 En ese momento, era Vicecónsul en Hendaya el conde de la Granja, que, a la vez, compaginaba su puesto con el de delegado de la Cruz Roja, bajo la autoridad de su Presidente y amigo, el Conde de Vallellano (5).

 Éste fue cesado en enero de 1941, mientras que el Conde de la Granja pasó a ser, a partir de noviembre de ese mismo año, jefe del Gabinete de Información Internacional de la oficina central de la Cruz Roja (6).

La vida siguió para ellos llena de premios, medallas y reconocimientos; para eso habían ganado la guerra.

Pero, ¿cuántos judíos no pudieron pasar la frontera por esa normativa antisemita que estuvo vigente hasta al menos 1942, y acabaron exterminados? Nadie se ha molestado en estudiarlo.
La normativa, sigue sin estar anulada al día de hoy, a pesar de mis protestas, ya que en los demás países europeos hace años fueron anuladas las leyes antisemitas.

¡¡¡Eso sí es una infamia!!!!

Madrid, 30 de noviembre del 2018"                (Cristina Calandre Hoenigsfeld, Crónica Popular, 01/12/18)

16/7/15

El 'contable' de Auschwitz... el burócrata es culpable

 
Oskar Groening, en el proceso en Luneburgo (Alemania), el 14 de julio. / Christian Charisius

"Oskar Gröning pagará al final de su vida por los crímenes que cometió cuando era un veinteañero. El tribunal de Luneburgo ha condenado a este antiguo oficial de las SS a cuatro años de cárcel por cooperar en la muerte de al menos 300.000 internos de Auschwitz. 

Gröning no participó directamente en la muerte de ningún prisionero, pero ahora se le considera responsable de colaborar entre 1942 y 1944 en la maquinaria criminal del campo de concentración y de exterminio nazi. El caso Gröning ha generado en Alemania un profundo debate sobre los límites de la responsabilidad. 

El ministro de Justicia, el socialdemócrata Heiko Maas, dijo que este proceso contribuye a aliviar el “gran fracaso” del sistema judicial alemán, que solo llevó a los tribunales a medio centenar de los 6.500 miembros de las SS en Auschwitz que sobrevivieron a la guerra.

La sentencia no asegura que Gröning, cuyo débil estado de salud obligó a suspender el juicio algunos días, vaya a cumplir la sentencia. Ahora hay que determinar si su salud le permite ingresar en la cárcel. 

Pero el fallo supone una clara señal cuatro años después de que la Justicia alemana estableciera un precedente. Entonces halló culpable en la muerte de 29.000 judíos al ucranio John Demjanjuk, que había trabajado en el campo de Sobibor y del que tampoco quedó demostrado que hubiera participado directamente en los asesinatos.

Gröning, que en Auschwitz se ocupó de registrar las pertenencias de los internos recién llegados, había reconocido su culpabilidad al inicio del juicio. “No tengo ninguna duda de que soy moralmente responsable de lo que hice. Muestro mi arrepentimiento y humildad ante las víctimas”, declaró el anciano. 

 
Oskar Gröning, en su juventud con uniforme de las SS. / AP

Este es el primer proceso contra un responsable de los crímenes nacionalsocialistas en el que el acusado ha pedido públicamente perdón a sus víctimas. Hace diez años, en una entrevista con la revista Der Spiegel, que le bautizó como el contable de Auschwitz, se describía a sí mismo tan solo como "una pieza más del engranaje". "Me siento culpable hacia el pueblo judío por haber formado parte de un grupo que cometió esos crímenes. Pero yo no los hice", añadía entonces.

Los demandantes mostraron su satisfacción por el fallo. “Nos llena de satisfacción comprobar que se puede perseguir penalmente a los responsables de la matanza”, aseguró en un comunicado Thomas Walter, abogado de varios de los 70 demandantes. La fiscalía, que destacó el “número casi inimaginable de víctimas” que contribuyó a matar Gröning, había pedido una pena de tres años y medio. Los defensores reclamaban su absolución."          (   , El País, Berlín 15 JUL 2015)

"(...)  “El exterminio industrial de millones de personas requirió que cada pieza del engranaje cumpliera su función.

 No es la misma responsabilidad que la de los líderes del Holocausto, pero sí se puede juzgar a todos los que participaron como cómplices”, explica a este periódico el abogado de medio centenar de demandantes, Thomas Walther. (...)

“Yo no tengo el derecho de perdonar a Gröning. Tendría que pedir disculpas a mi padre, a mi madre y a mi hermana pequeña, no a mí”, aseguró durante un receso del juicio Eugene Lebovitz, ciudadano estadounidense-israelí nacido en la antigua Checoslovaquia que perdió a toda su familia en Auschwitz. 

“El discurso de arrepentimiento de Gröning no tiene un efecto jurídico en el proceso. Y las víctimas no disponen de un mandato de sus seres queridos ya desaparecidos para aceptar sus disculpas”, abunda el abogado Walther en Luneburgo, la ciudad en la que justo ahora hace 70 años se suicidó el jefe de las SS, Heinrich Himmler. (...)  "                 (   , El País, Luneburgo 3 MAY 2015)

21/1/15

Cuando estuvo convencido de que Hitler sería derrotado en la guerra, Franco realizó gestiones para salvar a pequeños grupos de judíos

"No. Franco no hizo nada para evitar el holocausto judío. (...)

La obra Los últimos españoles de Mauthausen (Ediciones B), que publica el periodista Carlos Hernández de Miguel, (...) recoge estos telegramas entre el Gobierno franquista y sus embajadores en los que queda negro sobre blanco que Franco conocía la magnitud del genocidio judío que llevaba a cabo Hitler y que no movió ni un dedo para evitarlo.

"Es una absoluta falsedad que el régimen de Franco tratara de salvar a los judíos de una muerte segura en los campos nazis. Ni tan siquiera puede ser considerado como un cómplice pasivo. Fue cómplice activo y necesario y, por tanto, coatuor de la deportación de los judíos. 

Cuando alguien tiene la capacidad de salvar a otro ser humano de una muerte segura y no lo hace se convierte en cómplice", denuncia el autor de la obra Carlos Hernández en conversación telefónica con Público.

 Es más, la primera muestra de interés del dictador hacia el drama que estaban viviendo los judíos en Europa fue cuando el embajador francés le informó que Alemania estaba incautando los bienes y las cuentas de los judíos españoles. Entonces sí. Franco ordenó que fueran las embajadas españolas las que administraran el dinero y los bienes de los judíos españoles.

Fue en diciembre de 1040. La Embajada española en París anunció la expropiación de las posesiones de los judíos a través de un telegrama: "Autoridades Departamento Seine et Oise han comenzado a incautarse bienes de los sefarditas y están bloqueando sus cuentas en los bancos. También en París se proponen desde 1 de enero nombrar administradores judiciales para bienes de los judíos. Urge por tanto resolver este asunto y espero instrucciones"·.

Días después el embajador escribió: "Amplío mi telegrama anterior. Autoridades Departamento Sarthe han empezado hoy a nombrar administradores judiciales para bienes de los judíos españoles con tienda abierta y según parece por orden de autoridades de ocupación". 

En este caso, el Gobierno de Franco sí puso mucho empeño en que sus legaciones pelearan con las autoridades alemanas para hacerse cargo de la administración de los bienes de "sus judíos". La petición fue aceptada sin mayores problemas por el régimen nazi.

Esta diligencia del Gobierno franquista contrasta con la actitud del mismo cuando Hitler consultó a Franco qué hacer el 20 de agosto de 1940 qué hacer con "los 2.000 rojos españoles" que estaban internados en Angoulême. Franco no contestó. Por eso, el día 28 Alemania insistió ampliando la consulta a los "100.000 rojos españoles" que estaban en los campos de concentración franceses. Aún así, las autoridades españolas tampoco contestaron. 

Franco ignoró el ofrecimiento de las autoridades alemanas para rescatar a los prisioneros "rojos" españoles. En septiembre, Serrano Suñer se desplazó hasta Alemania para reunirse con Heinrich Himmler. Ese mismo día Alemania emitió la orden de trasladar a todos los "rojos españoles a campos de concentración".

De la misma manera que con los "rojos", Franco mostró una total indiferencia por la suerte de los 4.500 judíos de nacionalidad española que había en países ocupados por el nazismo y, más aún, por los 175.000 de origen sefardí, descendientes de los judíos expulsados de España, que conservaban sus tradiciones, su cultura y hablaban en una lengua muy similar al castellano antiguo.

De hecho, en enero de 1943 el Gobierno nazi aprobó un decreto por el que permitía a sus aliados repatriar a sus judíos. Estados Unidos, la URSS y Gran Bretaña ya habían denunciado públicamente que Hitler planeaba el exterminio de todos los judíos europeos. Franco volvió a ignorar las peticiones alemanas, a pesar de la insistencia de los nazis. Finalmente, Franco mostró su total desinterés respecto a los judíos españoles enviando interlocutores a Alemania de cuarto de cuarto nivel que demostraron su ignorancia y su falta de interés por la suerte de los judíos.

Sólo a última hora, a mediados de 1944, cuando estuvo convencido de que Hitler sería derrotado en la guerra, Franco realizó gestiones para salvar a pequeños grupos de judíos y dio la orden a sus embajadores para tratar de repatriar a aquellos judíos de "indudable nacionalidad española". El historiador alemán, Bernd Rother, lo describe así: "España solo a regañadientes y de una manera dubitativa protegió a los judíos y limitó la protección a los judíos españoles".

 Prueba de ello, son los mensajes que intercambiaban el ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Gómez-Jordana, y sus diplomáticos. En diciembre de 1943 el cónsul general de España en Francia informa a Jordana: "De acuerdo con telegrama VE, intervengo tan solo a favor liberación sefarditas indiscutible nacionalidad española aceptando fin lograr la condición ser repatriados. Respecto los de incompleta documentación me atengo estrictamente instrucciones VE. Ha quedado demarcada totalmente diferencia entre los que están condición ser breve plazo repatriados (pocos casos) y aquellos cuya eventual repatriación puede ser objeto estudio".

 Sin embargo, ya era tarde para muchos judíos españoles y para aquellos que alegaban ser descendientes de españoles. La respuesta de Franco llegaba nueve meses fuera del plazo dado por Alemania para reclamar a los judíos. El retraso en la respuesta de Franco se cobraría un número muy alto de vidas que no pudieron escapar del holocausto nazi. 

Dos de estas familias fueron la de Mayo y Abastado, quienes tras una larga detención fueron deportados a Alemania ya que Franco no se pronunciaba sobre su destino. Cuando llegó la orden, era tarde. Así escribía el cónsul español en París, Alfonso Fiscowich, al ministro Gómez-Jordana:

"Familias Mayo y Abastado después de larga detención han sido deportadas Alemania. La primera había sido autorizada entrar España por telegrama VE nº 3252 habiendo este Consulado realizado con el mayor interés reiteradas gestiones por desgracia infructuosas. La segunda no había cumplido todos los requisitos exigidos para considerar su nacionalidad como indiscutible no entrando por lo tanto en la categoría de repatriados. Ambas han sufrido ....... consecuencias señaladas en mi telegrama nº 44 y despacho 798". Era el 10 de marzo de 1944. Había pasado casi un año desde que expiró el ultimátum alemán.

 Frente a la indiferencia de Franco, hubo diplomáticos españoles que se jugaron el puesto, y la vida, en salvar a los judíos de una muerte segura. La historiografía franquista ha utilizado las hazañas de estos diplomáticos para tratar de limpiar su imagen. Sin embargo, los hechos contradicen esta revisión de la historia. Prueba de ello, es el caso de Eduardo Propper, quien expidió, en 1940, miles de visados de tránsito para judíos que deseaban huir de la Francia ocupada fue destituido e incluido en la lista negra por Serrano Suñer.

Algo similar le ocurrió a Miguel Ángel de Muguio, encargado de negocios de la Embajada de España en Budapest, que informó continuamente a Madrid sobre la discriminación, las amenazas y los crímenes que se perpetraban contra la comunidad judía de Hungría y que ante el silencio de su Gobierno emprendió por su cuenta y riesgo una serie de actuaciones encaminadas a proteger a diferentes grupos de adultos y especialmente de niños judíos. Su actuación indignó a las autoridades húngaras que protestaron formalmente ante el Ejecutivo español. Franco le cesó fulminantemente.

"Diplomáticos como Ángel Sanz trabajaron para evitar la muerte de judíos. Pero no fue gracias a sus jefes sino a pesar de lo que mandaban sus jefes y Franco. La actitud del régimen fue la de la indiferencia. No tuvo ni un gesto de humanidad. 

Afortunadamente, un grupo de diplomáticos se salvo estas órdenes y actuó por su cuenta y riesgo a favor de los judíos", sentencia el autor de la obra Hernández de Miguel, que señala que el único objetivo de la obra que acaba de publicar es "poner la Historia donde estaba: en la verdad y no en la manipulación franquista".     (...)"            (Público, 20/01/2015)

14/4/11

"Fue muy sencillo para los nazis matar a los judíos. Fueron abandonados por todos... La estrategia de guerra era la derrota de Alemania"

"Yo informé de lo que vi". Lo decía, con rostro grave, el hombre que intentó detener el Holocausto, el polaco Jan Karski, en una de las escenas de la devastadora película Shoah, de Claude Lanzmann.

"Dios me ha permitido ver y decir lo que he visto, me ha permitido dar testimonio", decía. Él fue testigo del horror, de la caza al judío, pero no fue escuchado. (...)

En el verano de 1942, el delegado del Gobierno de Varsovia decidió enviarlo a Londres en calidad de "emisario político de la resistencia civil". Había nacido Jan Karski. Antes de partir, el Gobierno le pidió que se reuniera con otros ciudadanos polacos, los judíos.

Fue testigo de la "gran acción" contra el gueto de Varsovia y la verdad inconfesable sobre los campos de exterminio.

Siempre recordó cómo, vestido con un traje andrajoso, se adentró un día en la ciudad de la muerte, el gueto de Varsovia, donde los nazis habían confinado a miles de judíos. "No era un cementerio porque los cuerpos se movían, aunque aparte de la piel, los ojos, la voz, no existía nada de humano en esas palpitantes figuras.

Por todas partes había hambre, miseria, la atroz pestilencia de cuerpos en descomposición, los lastimeros gemidos de los niños agonizantes, los gritos desesperados de un pueblo que mantenía una espantosa y desigual lucha por la vida". Un infierno creado por el hombre. Los líderes judíos lo dejaron claro:

"Los alemanes no intentan esclavizarnos como hacen con otros pueblos, estamos sistemáticamente exterminados. Esa es la diferencia... Creen que exageramos, que somos unos histéricos, pero millones de judíos están condenados al exterminio. Toda la responsabilidad gravita sobre las potencias aliadas".

Aquel era el mensaje que debía transmitir al mundo: "La victoria de los aliados en un año, en dos, en tres, no nos servirá de nada porque ya no existiremos". Un grito desesperado.

No lo había visto todo. Días después, Karski viajó hasta Izbica, una pequeña ciudad cercana a Varsovia. Vestido con el uniforme de los guardias ucranios que custodiaban el campo de exterminio de Belzec, recorrió los barracones y presenció la llegada de cientos de deportados.

Olió la carne quemada y vio cómo hombres uniformados metían a presión a los judíos en coches abarrotados que descargaban su carga humana en cámaras de gas. "Recuerde esto, recuérdelo siempre", musitaba a su oído el guía.

Karski tenía una misión. Como testigo del horror debía tratar de movilizar ayudas. Llevaba pruebas en un microfilme escondido en una llave. A principios de febrero de 1943, Karski se entrevistó con Anthony Eden, ministro de Exteriores británico, con miembros del Partido Conservador, del Laborista. No consiguió llegar hasta Churchill. (...)

También se presentó ante la comisión de crímenes de guerra de las Naciones Unidas. "Ante ellos relaté cuanto había visto en el gueto de Varsovia y en el campo de exterminio de Belzec. Pronto me di cuenta de que no comprendían ni el exterminio ni a la Resistencia polaca".

Años después, Karski diría sobre "la solución final": "Fue muy sencillo para los nazis matar a los judíos. Fueron abandonados por todos. Ahora muchos Gobiernos y la Iglesia dicen: 'Intentamos ayudarlos'. Pero nadie hizo nada. La estrategia de guerra era la derrota de Alemania, el aplastamiento militar del Tercer Reich".

El gobierno polaco decidió abrir una nueva vía y enviar a Karski a Estados Unidos, donde denunció los crímenes ante la Administración estadounidense -el juez del Tribunal Supremo Felix Frankfurter-, la Iglesia -el cardenal Cicognani, el arzobispo Spelman-. La respuesta fue el escepticismo.

El 28 de julio de 1943 se entrevistó con Roosevelt durante una hora. "El corazón me latió con rapidez cuando entré en la Casa Blanca", escribió. "Iba a reunirme con el hombre más poderoso, en la nación más poderosa del mundo... Estaba sorprendentemente bien informado sobre Polonia.

Me pidió que le confirmase las historias que se contaban sobre las prácticas alemanas contra los judíos". Al finalizar el encuentro, cuando Karski le preguntó qué mensaje debía transmitir a su pueblo, el presidente respondió: "Dígales que vamos a ganar esta guerra y que en la Casa Blanca tienen a un amigo". (...)

Karski escribió acerca de sus intentos de parar el Holocausto."Cuanto más tiempo pasa desde que me encuentro fuera de los horrores del país y cuanto más alejado estoy del frente, más experimento el horror de la tragedia de los judíos". (...)

Karski, acusó: "Churchill fue más culpable, pero Roosevelt, más perjudicial". No volvió a Polonia. (...)

Karski, el hombre que gritaba "vi cosas horribles", murió en Washington en 2000, a los 86 años." (El País Semanal, 27/02/2011, p. 20 ss.)