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18/5/21

La larga sombra de la Guerra Civil española

 "En España, los muertos están más vivos que los muertos de cualquier otro país en el mundo.

Federico García Lorca, 1933

En este artículo partimos de la economía para reflexionar sobre las posibles consecuencias de la Guerra Civil Española—a sabiendas de que es un tema complicado y todavía doloroso en la memoria de muchos españoles. Sin duda sigue estando muy presente en la agenda política española, como demuestran las noticias sobre la exhumación de Franco o el nuevo proyecto de ley sobre Memoria Histórica. Para esta entrada nos basamos en un documento de trabajo reciente (disponible aquí o aquí), donde justamente estudiamos la memoria colectiva, como mecanismo de transmisión de los efectos culturales y políticos que encontramos a largo plazo.

Quizás no valga la pena ahondar sobre la historia de la guerra, para una audiencia española y especialista, cuando se han escrito tantos volúmenes sobre la misma (Thomas, 1961; Preston, 1986, 1990, 1996, 2011; Beevor, 1989, entre muchos otros). Simplemente la ubicamos temporalmente, de 1936 a 1939, como un enfrentamiento entre el bando sublevado (o Nacional) y el bando Republicano. Recordemos que, frente al triunfo del Frente Popular en el contexto de la Segunda República, un grupo de militares sublevados montaron un golpe de estado el 18 de Julio, que, aunque se esperaba fuese rápido y certero, terminó dividiendo el país en una guerra extensa y atroz. 

Como resultado de ella, se estima que alrededor de 600.000 personas murieron, de una población base de 23,6 millones de habitantes en 1930. La represión contra la población civil fue particularmente severa, cobrando casi 200.000 víctimas: 140.000 por parte del “terror blanco” de los Nacionales y 50. 000 del “terror rojo” Republicano (Preston 2011, Prada Rodríguez 2010,  Ledesma Vera 2010).

En las ciencias sociales, el estudio sobre las guerras civiles empezó con el trabajo de Fearon y Laitin (2003) en ciencia política y relaciones internacionales. En Economía, Blattman y Miguel (2010) resumieron el estado de la literatura hasta el momento, mientras que Ray y Esteban (2017) analizaron nuevamente la evidencia, enfocándose hacia la relación entre conflicto y desarrollo. Muchos estudios, resumidos en Bauer et al. (2016), concluyen que el conflicto podría conllevar a mayor cooperación y participación política.

 A estos grandes resúmenes, les han seguido una serie de trabajos, examinando el impacto del conflicto a largo plazo. Se podría hablar de dos olas, una primera, que encontró efectos nulos y en ciertos casos positivos en sitios como Japón, Alemania y Vietnam (Davis y Wenstein, 2002; Brakman et al., 2014; Miguel y Roland, 2011) y una segunda, cuestionando algunos de estos resultados iniciales, integrada por (Dell y Querubín, 2017; Fontana et al., 2017, Chioveli et al., 2017). Contribuimos a esta última literatura examinando empíricamente el impacto cultural y político de la Guerra Civil Española.

Para medir los efectos de la guerra en la confianza y las preferencias políticas de los españoles 80 años después de la finalización del conflicto, utilizamos datos de diferentes fuentes. Para cuantificar la intensidad del conflicto, utilizamos los datos de fosas comunes publicados por el Ministerio de Justicia. Para medir la confianza, recurrimos a datos de encuestas llevadas a cabo por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) durante los años 1998-2015. Por último, medimos la ideología política a través de los resultados electorales a nivel de municipio para la mayor parte de las elecciones democráticas (1977-2016).

Analizar la relación entre conflicto y otra variable de interés puede ser problemático si, por ejemplo, las variables están correlacionadas con un tercer factor que no podemos medir. Para sortear este problema, aplicamos dos estrategias diferentes. En primer lugar, para analizar la confianza, explotamos la desviación de las tropas franquistas en el avance hacia Madrid, respecto al plan inicial de ataque del General Mola. En concreto, utilizamos la variación en las fosas comunes que proviene de la distancia hasta la carretera  que tomaron las tropas franquistas en su avance hacia Madrid, controlando por el plan inicial de Mola y restringiendo los datos a aquellos partidos donde existe una carretera principal.

En términos de resultados, encontramos que el tipo de victimización importa cuando se trata de la relación entre conflicto y confianza a largo plazo. Primero, encontramos resultados cercanos a cero y no estadísticamente significativos cuando utilizamos como medida de conflicto todas las fosas comunes, que comprenden víctimas tanto civiles como militares. Sin embargo, estos mismos resultados se tornan negativos y significativos cuando nos centramos en las fosas comunes exhumadas. Las fosas comunes que el Ministerio de Justicia categoriza como “exhumadas” han sido exhumadas en las últimas décadas (el 81% después del 2000) y, en la mayoría de los casos, se trata de muertes por fusilamiento (63,13%) ocurridas durante los primeros meses de la guerra (el 64% son de 1936). Todos estos hechos apuntan a la represión contra la población civil ejercida durante la primera parte de la contienda.

Si nos fijamos en las dos magnitudes que correlacionamos (número de cadáveres exhumados por población de 1930 y confianza en las instituciones del Estado en la actualidad) se demuestra que un incremento de 1 en la desviación standard de la primera magnitud (lo que vendría a suponer la duplicación en el número de cadáveres exhumados) está correlacionado con un descenso del 0,37 en la desviación standard de la confianza en las instituciones actuales, que estuvieron relacionadas con el conflicto (ejército y Guardia Civil).

No obstante, no hallamos ninguna relación estadísticamente significativa entre el conflicto y la confianza en el Parlamento Nacional, el Tribunal Constitucional, o el Defensor del Pueblo, instituciones relacionadas con el periodo democrático posterior a la dictadura franquista. Interpretamos estos resultados como evidencia de que el canal de transmisión está más asociado con la Guerra Civil como tal y no refleja patrones más generales. Adicionalmente, encontramos que la exhumación en sí no genera mayor o menor confianza, sino que es el conflicto el que está ejerciendo el impacto negativo en la confianza. Para esto nos centramos en áreas que tuvieron exhumaciones en la época moderna, comparando las medidas de confianza antes y después de una exhumación. Empíricamente no hemos hallado que la apertura o exhumación de una fosa común genere cambios en la confianza en dicha área.

¿Cuál es el mecanismo que destruyó la confianza? Por motivos políticos, personales o simplemente para proteger la vida y evitar represalias, muchas personas denunciaron a sus vecinos o a otros miembros de su comunidad a las autoridades. Nuestra hipótesis es que eso erosionó la confianza y sigue teniendo efecto hoy en día. Aunque en un contexto distinto, nuestro mecanismo es similar al expuesto en la literatura económica por Nunn y Watchekon (2011) para el comercio de esclavos, o por Lichter et al. (2020) en la Alemania del Este por la Stasi.

Procedemos al análisis examinando los posibles efectos políticos que pudo haber tenido la guerra. Nos centramos aquí en la región de Aragón, donde el frente estuvo estable durante casi dos años, desde julio del 1936 hasta la primavera del 1938. Nuestra medida de conflicto sigue siendo las fosas comunes de la represión civil. Los datos sobre fosas comunes de Aragón tienen la gran ventaja de que podemos identificar quién es el responsable de la violencia, ya sea el bando Nacional o el Republicano.

Aplicando un análisis de regresión discontinua, es decir comparando resultados inmediatamente a un lado o el otro de la línea de combate, observamos primero que en el bando ocupado por los Nacionales hay evidencia de más represión causada por ese mismo bando. Lo mismo sucede con el lado ocupado por el bando Republicano y la represión causada por los republicanos. Luego confirmamos que no hay ninguna discontinuidad para un gran número de medidas geográficas y climáticas, como es estándar en este tipo de análisis. Por ejemplo, no detectamos saltos para altitud, uso del suelo, distancia a las capitales provinciales, carreteras o vías férreas.

Para entender el impacto de la guerra en la ideología política, utilizamos resultados electorales a nivel de municipio del periodo 1977-2016, como mencionamos anteriormente. Clasificamos los partidos políticos según su ideología—de derechas o de izquierdas—y encontramos que más personas votan por partidos de derecha en el área que fue inicialmente ocupada por los Nacionales, y por partidos de izquierda en el área que ocuparon los soldados Republicanos. La diferencia es significativa y del orden del 10%, y los efectos están concentrados en partidos moderados. Estos resultados surgen tanto al analizar elecciones al Congreso como elecciones municipales.  Cuando analizamos partidos con ideología extrema, populista o regionalista no encontramos diferencias significativas. Tampoco encontramos diferencias marcadas en participación ni para los referéndums de 1986 y 2005, sobre permanecer en la OTAN y sobre la aprobación de la Constitución Europea.

Utilizando datos municipales para las elecciones de 1936, recopilados por Balcells (2011), no se hallan diferencias significativas entre votos por la izquierda y la derecha. De igual modo, tampoco encontramos diferencias para los afiliados a la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) en 1936. ¿Qué es lo que está causando entonces la diferente ideología política? A nuestro entender, la ocupación a ambos lados del frente de Aragón supuso una combinación de represión, propaganda y convivencia con las tropas. Confiamos que investigaciones futuras puedan examinar con más detalle la importancia relativa de estos factores.

Nos gustaría terminar examinando, aunque sea de manera más general, los mecanismos por los que los efectos culturales y políticos de la Guerra Civil se han perpetuado y transmitido durante tres generaciones. Nuestro punto de mira se centra  en la memoria colectiva sobre la guerra y nos servimos para este objetivo de diferentes fuentes de datos. En primer lugar, utilizamos una encuesta que elaboró el CIS en el año 2008 sobre la Guerra Civil y el Franquismo. Observamos que los individuos que viven en zonas donde hubo más represión tienen un compromiso político menor y una memoria distinta sobre la guerra. En segundo lugar, utilizamos información sobre calles con nombres franquistas (generosamente compartida por Daniel Oto-Peralías), y encontramos más calles con nombres franquistas cerca de las áreas más afectadas por el conflicto. Como placebo, no encontramos el mismo patrón para calles con nombres religiosos. En tercer lugar, datos sobre el NO-DO, compilados por Aguilar (1996), muestran el alto contenido sobre la guerra presentado en estos noticieros, proyectados obligatoriamente en todos los cines españoles durante el régimen franquista.

En general, encontramos que la Guerra Civil tuvo efectos palpables a largo plazo. Entendemos que este artículo es un primer esbozo de respuesta sobre el impacto de uno de los conflictos más importantes del siglo XX, e invitamos al lector a consultarlo para mayor detalle. Nos quedan, como seguramente a los lectores, muchas preguntas pendientes que esperamos poder desarrollar en una agenda de investigación más amplia sobre la guerra. De igual manera, sabemos que otros investigadores contribuirán a estudiar los aspectos demográficos y económicos, por nombrar solamente un par, de una guerra que sin duda marcó la historia de España. Finalmente, esta es solamente una simple invitación al debate.

Fuente: Versión para este blog del artículo publicado en Nada es Gratis, 9 de octubre de 2020

13/3/20

En Alemania no hubo desnazificación... en Baviera el 81% de los jueces tenían un pasado nazi... en 1948 en Renania del Norte-Westfalia el 56% de los altos funcionarios de la policía procedían del partido nazi (NSDAP) y de las SS... al final de los años 50 todos los nazis condenados por tribunales de guerra se encontraron en libertad sin terminar condena

"Resistente antinazi, ex preso, exiliado en Dinamarca y luego en Suecia, donde editó la revista “Sozialistische Tribüne” con Willy Brandt, Fritz Bauer fue un jurista suabo nacido en Stuttgart, que fue detenido por la Gestapo en 1933 por ser miembro del SPD y expulsado de la judicatura por su origen judío. En 1949 regresó a la judicatura dispuesto a participar en la reconstrucción, física y moral, del país.

El primero de ellos es por haber sido iniciador del “Proceso Remer” de marzo de 1952, contra el General nazi Otto Ernst Remer, por difamación y calumnia contra los conspiradores de la “Operación Valkiria” que intentaron matar a Hitler el 20 de julio de 1944. Remer los tachaba de “traidores a la patria” y el gobierno federal parecía estar de acuerdo con ello, pues negaba la pensión de viudedad a la esposa de Claus von Stauffenberg, el principal conspirador. 

Remer fue condenado a tres meses, que eludió huyendo a España, donde murió en Marbella en 1997 tras un largo historial de negacionismo del Holocausto. Pero la resistencia fue rehabilitada. Desde entonces ya no se pudo tachar de “traidores” a sus protagonistas.


El segundo, es por el caso Adolf Eichmann. Fritz Bauer recibió en 1957 una carta de un antiguo compañero de campo de concentración residente en Buenos Aires revelándole que el jefe del departamento responsable de la deportación y aniquilación de los judíos, vivía en Buenos Aires. Su hija, explicaba el amigo, había conocido a un hijo de Eichmann, que vivía con otro apellido, y le habían chocado los fuertes juicios antisemitas del chico.

 El paradero de Eichmann, que había escapado de Alemania ayudado por el Vaticano, era conocido por los servicios secretos alemanes y norteamericanos. Bauer sabía que poner el caso en manos de la justicia alemana significaba perderlo, porque los jueces alemanes advertirían a Eichmann, y éste desaparecería. Así que se lo comunicó directamente al Mosad, que secuestró felizmente a Eichmann en Buenos Aires en 1960 (no había tratado de extradición entre ambos países), y se lo llevó a Israel, donde fue debidamente juzgado y ejecutado.


El tercer y principal motivo por el que Bauer entra en la historia es en su calidad de promotor, en 1958, de los Procesos de Auschwitz: seis juicios celebrados entre 1963 y 1968, contra 27 matarifes responsables directos del campo de exterminio, oficiales de las SS y la Gestapo. Aquello fue una proeza.

No hubo desnazificación

En Alemania Occidental, en términos generales, no hubo desnazificación. Los juicios aliados en Alemania contra los nazis fueron poca cosa y el nuevo Estado alemán los protegió y amnistió. El tribunal interaliado de Núremberg que se proponía llevar a juicio a cinco mil personas, no juzgó más que a 210. En diversos juicios, norteamericanos, británicos y franceses condenaron a 5000 personas, de las que apenas 700 lo fueron a la pena capital. Más del 90% de los miembros de las SS ni siquiera llegaron a ser juzgados.

“No sólo no hubo desnazificación, sino que hubo una renazificación, no en el sentido de que los ex nazis estuvieran otra vez en su puesto para construir un nuevo Auschwitz, sino en el de que ayudaron a levantar esta Alemania conservadora, democrática y capitalista”, me explicó el Catedrático Ossip K. Flechtheim, en los años ochenta.

Flechtheim, un compañero de Bauer, también de origen judío, que fue fiscal en varios de los procesos de Núremberg y falleció en 1998, no conocía, “ni un solo caso” de juristas de la administración nazi que fuese juzgado y castigado ante los tribunales. Incluso la mayor parte de los veinticinco miembros de la comisión de asesores del Consejo Constituyente (Parlamentarisches Rat) que redactó la constitución alemana de 1949, habían estado en activo durante el nazismo.

Los intentos de la administración aliada de ocupación por depurar la justicia, la administración pública y la policía chocaron con enormes dificultades. Se intentaba evitar un modelo de policía, alejado de las tradiciones absolutistas que desembocaron en la Gestapo. En julio de 1945 los aliados emitieron unas directrices en materia de depuración de funcionarios y de limitación del nefasto poder legislativo que la tradición prusiana ponía en manos de la policía, prohibiendo los decretos policiales y potenciando una organización descentralizada, de tipo anglosajón, y desmilitarizada de la futura policía.

 El mismo año, el Cuartel General aliado consideraba que, “con los vigentes criterios de desnazificación, el 75% de los funcionario rasos y el 90% de los oficiales de la policía no serían aptos para el servicio”. Hans Christoph Seebohm, que tres años después sería Ministro de Transportes con el Canciller Konrad Adenauer, expresaba en 1946 la mentalidad imperante al exigir públicamente “respeto” a la cruz gamada, símbolo por el que habían muerto, “tantos soldados alemanes”.

A medida que los aliados transferían competencias a la administración alemana, los propósitos democratizadores chocaban con una acción obstruccionista y restauradora. Los aliados descubrieron, por ejemplo, que en la primera mitad de 1948 sólo ocho de los diez mil registros domiciliarios practicados por la policía en once ciudades con administración alemana de Württemberg-Baden (un Land del suroeste así llamado desde 1945 hasta 1952, que no coincide del todo con los límites del actual Baden-Württemberg), contaban con el correspondiente permiso judicial. 

El Ministro del Interior responsable, el socialdemócrata Fritz Ulrich, consideraba esta práctica, “una vieja y buena tradición”. Ese tipo de irregularidades era generalizado en todo el país, y un documento oficial norteamericano de la época consideraba la “necesidad de fortalecer la resistencia civil de los alemanes contra las prácticas contrarias a la ley”, explica el sociólogo e historiador Falco Werkentin.

Cuando en febrero de 1951 se creó una “Guardia Federal de Protección de Fronteras”, que en realidad era una tropa militarizada dirigida a la intervención interior, el Bundesgrenzschutz, se constató que el 62% de sus oficiales eran ex militares de la Wehrmacht y sólo el 7% ex funcionarios de policías. Otro 31% lo componían ex policías que habían sido transferidos a la Wehrmacht durante el nazismo. 

Los manuales de instrucción anti-insurgente de ese cuerpo tomaban como inspiración las experiencias en ese sentido del periodo 1918-1943, incluida la represión de la “lucha contra el bandidaje” durante la Segunda Guerra Mundial, lo que se refería al combate contra la resistencia, y operaciones como el aplastamiento de la insurrección de Varsovia y otras masacres del frente ruso.

Purga anticomunista

A medida en que se fue entrando en una dinámica de guerra fría, los aliados fueron abandonando escrúpulos y perspectivas reformadoras en beneficio de un frente anticomunista

que valoraba más la seguridad y firmeza anticomunista de un ex nazi que el peligro potencial que éste pudiera representar para un orden democrático. 

Es así como en lugar de desnazificación, la administración alemana procedió a una limpieza de comunistas. En enero de 1948, una investigación realizada en Baviera contabilizó un 2,9% de miembros del Partido Comunista Alemán (KPD) y un 5,2% de simpatizantes en la policía municipal. En la policía regional las cifras eran 0,26% y 0,9%, respectivamente. El mismo año, el Ministro del Interior socialdemócrata de Renania del Norte-Westfalia informó que el 56% de los altos funcionarios de su policía procedían del partido nazi (NSDAP) y de las SS.

La campaña contra los comunistas se mantuvo pese a que la influencia comunista iba descendiendo claramente en Alemania Occidental. A partir de 1953, el KPD ya nunca superó el 5% de los votos en las elecciones, pero los comunistas y sus simpatizantes siguieron siendo objeto preferente de la policía y la justicia, con cerca de 100.000 sumarios, fiscales y policiales, abiertos entre 1951 y 1961.


La judicatura ofrecía un panorama similar; en Baviera el 81% de los jueces tenían un pasado nazi, mientras que en Württemberg-Baden, el 50%. “En Hesse”, me explicó Flechtheim, “los norteamericanos nombraron a un conocido mío para que buscara jueces sin antecedentes nazis. Consiguió reunir a una cuarentena, a los que situó en los puestos más altos. Luego, la administración de justicia pasó a manos alemanas y después de un año, de aquellos cuarenta sólo dos permanecían en su puesto: los demás habían sido relegados a puestos de poca monta, en el registro de propiedad y similares”.

 En 1949, las directrices de la Alta Comisión Aliada insisten todavía, en un tono que ya parece de desesperación, en que, “la organización de la policía no se centralice de tal forma que suponga una amenaza a la forma democrática de gobierno”. Pronto se vería que ese propósito, así como en general el de reformar la burocracia de Estado de la Alemania ocupada, fracasó, en parte debido a las dificultades de una política desbordada por las urgencias y prioridades de la reconstrucción de un país que estaba literalmente en ruinas, en parte por las resistencias del objeto de esa reforma, y en parte también por la consideración, expresada en una publicación del Departamento de Estado norteamericano de 1947, de que una enérgica desnazificación habría tenido, “consecuencias revolucionarias para la vida política y económica del país”.

Francotirador y humanista


Los procesos de Francfort que Bauer inició, fueron una pequeña excepción en ese contexto restaurador. Condenar a algunos de aquellos 27 monstruos, aunque fuera a penas leves por prescripción, tuvo una gran importancia. Para hacerse una idea del ambiente, en los procesos los acusados fueron saludados militarmente por algunos de los policías cuando pasaban delante de ellos en la misma sala de la Audiencia de Francfort, y Bauer, que era el fiscal, recibió amenazas e insultos durante aquellos juicios.


En el contexto de la Alemania de Adenauer, Bauer era un democratizador genuino, un hombre que no estaba interesado en la venganza sino en la justicia y el arrepentimiento –era un adversario de la pena de muerte- y que creía fervientemente en la redención de Alemania, asunto en el que cifraba todas sus esperanzas en la juventud. El movimiento de 1968, que en Alemania fue más profundo que en Francia y derribó culturalmente gran parte de aquella herencia, le dio la razón en lo que tuvo de ajuste de cuentas generacional con los nazis y la cultura que había hecho posible el nazismo. Bauer fue un precursor.


En 1962 su ensayo, “Sobre las raíces de la acción nazi” debía ser distribuido en las escuelas de Renania-Westfalia, pero el Ministro de Cultura del Land, Eduard Orth, lo prohibió. Emplazado para una discusión pública con Bauer, Orth declinó acudir, pero envió en su lugar a una joven promesa de su partido. Se llamaba Helmuth Kohl y en el debate con Bauer, el joven Kohl defendió la idea de que aun era “demasiado pronto para hacer un juicio moral sobre el nazismo”.


Una muerte oscura


El jurista distinguía tres sujetos en el origen del nazismo; “primero, los nazis que propugnaban ideas y actitudes nazis, una minoría importante. Segundo, la gente autoritaria y cruel educada en el militarismo prusiano y en la tradición de Lutero. Tercero, la gran masa de obedientes, conformistas y oportunistas”, decía. Unos y otros, coincidían en que el humanismo, la compasión y la solidaridad, son síntomas de flojera e ingenuidad mental, una idea que ahora la nueva derecha hace suya con el concepto “buenismo”, explica Ilona Ziok, la directora que le ha dedicado a Bauer un largo documental.

 Con ese discurso y actitud, Bauer fundó, en 1961, la “Humanistische Unión”, la organización de derechos humanos más influyente de la moderna Alemania cuyo objetivo era, “la liberación de las ataduras de la obediencia automática al Estado”, que llevaron a Alemania a tan funestos resultados.

El Fiscal de Hesse trabajaba a contracorriente. Quien marcaba la línea era Eduard Dreher, el encargado de la reforma del código penal en el Ministerio de Justicia a partir de 1954. Fue Dreher quien impuso la prescripción para los crímenes de “complicidad con asesinato” que liberó de toda responsabilidad a los nazis y tuvo el efecto de una amnistía. Las medidas de gracia de los años cincuenta tuvieron por resultado que a final de aquella década todos los nazis condenados por tribunales de guerra se encontrasen en libertad sin terminar condena.

 Nada más lógico si se recuerda el pasado de Dreher, que en 1943 había sido fiscal especial en Innsbruck, encargado de revisar sentencias a cadena perpetua para convertirlas en pena capital, lo que envió a centenares de “delincuentes políticos” a la muerte. Bauer, al contrario, fue el reformador del derecho penal y de la legislación penitenciaria alemana y el luchador por una valoración apropiada del Holocausto. “Por todo eso fue visto como adversario y enemigo”, afirma Ziok, que dice haber encontrado “muchas dificultades” para financiar su película, dos veces rechazada por el Ministerio de Cultura.


Fritz Bauer murió a finales de junio de 1968. Encontraron su cuerpo en la bañera de su casa, en lo que se dijo pudo ser suicidio o accidente. Que un hombre tan tenaz y voluntarioso cometiera suicidio, es poco creíble. “Mucha gente cree que fue asesinado, pocos creen que fue suicidio o accidente”, dice Ziok. No hubo autopsia. “Toda la documentación sobre su muerte desapareció en el incendio de un archivo jurídico de Francfort”, explica la directora.


Gracias, sobre todo, a las presiones de abajo del movimiento de 1968, Alemania emprendió un considerable examen de conciencia sobre su pasado nazi, que hoy continúa. La ventaja de Alemania respecto a Japón, país que aun hoy honra como patriotas a sus criminales de guerra, es enorme y manifiesta. Al mismo tiempo, Alemania y Japón tienen en común el haber prácticamente anulado la gran ventaja moral que extrajeron de su condición de derrotados en la Segunda Guerra Mundial, al legalizar hoy la utilización de sus fuerzas armadas fuera de sus fronteras, que sus respectivas constituciones complicaban."                 (Rafael Poch, blog, 05/04/20)

10/1/11

La autoedición de la memoria histórica

"Desde pequeña mi madre me prohibía hablar de mi padre fusilado. Me parecía injusto y desde niña iba siempre apuntando todo en un cuaderno", explica Julia Merino, de 77 años. Su libro Yo, una niña de la guerra, que va por la segunda "reimpresión" ha sido leído por 1.800 personas.

Merino recorre el sufrimiento de una mujer que en 1936 perdió a su padre fusilado. "Lo que quiero es que la gente se entere de lo que pasó. He ido a 30 pueblos de Valladolid y allí donde voy los viejecitos me cuentan: aquí murió mengano, aquí el otro..", describe una autora que llegó a enviar su libro al mismísimo rey de España.

"Quería documentar lo sucedido en mi comarca, Aranda (Burgos)", resume José María Rojas, autor de Semilla de libertad (En medio de abril). Cuando empezó a investigar, Rojas no sabía que su tío abuelo había sido fusilado por reclamar el pago de unas horas extras. Su intención era dar a conocer la verdad de la represión.

Comenzó hablando con los ancianos y después se centró en los archivos. "La gente me pedía que publicase el listado que elaboré", explica. Tras hacer cuentas, este trabajador de almacén se lanzó a la autoedición. Los años de vacaciones sacrificadas están compensados: "Ayudas a la gente a saber la verdad".

"Soy consciente de que estas páginas quizás sólo interesen a unos pocos; pero a veces, esos pocos, son más que suficientes". Así comienza Antonio Nieves Ferreiro sus memorias, tituladas Una lucha incansable, editadas casi de manera artesanal por Galaxia. Pero quizás se equivoque.

¿Acaso no es interesante la vida de un hombre que sobrevivió a la revolución de Asturias de 1934 y pasó los años de la Guerra Civil escondido como un topo en territorio enemigo? Un espíritu de supervivencia que aún no se ha apagado. A los 97 años, Nieves Ferreiro sigue siendo el orgulloso luchador que un día apodaron el Paul Newman de Escairón.

Edmon Gimeno (Caseres, 1923) mantiene la mirada del joven que cayó con apenas 20 años en manos de la Gestapo en la Francia colaboracionista de Vichy en la Segunda Guerra Mundial, después del duro exilio familiar. "Golpes y más golpes, culatazos, patadas, insultos... ¡Qué locura, qué brutalidad!", escribe Gimeno en sus recuerdos del primer día de su deportación al campo nazi de Buchenwald.

Gracias a la asociación de deportados Amical de Mauthausen, Edmon Gimenos puede mostrar orgulloso su supervivencia del holocausto nazi en su libro Buchenwald, Dora, Bergen-Belsen. Vivencias de un deportado. " (Público, 10/01/2011)

"Quiero que dentro de mil años todo el mundo sepa quiénes fueron los asesinos de mi padre en Uncastillo (Zaragoza)"


Las familias de La Barranca se reunieron en los setenta en la enorme fosa riojana para evitar unas obras, como cuenta Jesús Vicente Aguirre en Aquí nunca pasó nada'

"Quiero que dentro de mil años todo el mundo sepa quiénes fueron los asesinos de mi padre en Uncastillo (Zaragoza)". Ese es el motivo por el que Jesús Pueyo, de 93 años, escribió en 2004 Del infierno al paraíso.

En una pequeña imprenta de un amigo de Irún, lanzó unos pocos ejemplares para enviarlos al rey, al presidente del Gobierno y demás autoridades pidiendo ayuda para encontrar a su padre, desaparecido desde aquel día de agosto de 1936 cuando, con 13 años, fue a buscarlo al campo "porque le llamaba la Guardia Civil".

"Los falangistas mataron a siete familiares", recuerda vía telefónica desde su casa de Hendaya (Francia).

Desde 1978 no ha parado de buscar la verdad con los valores que le enseñó su padre. "En los pocos años que gocé de la dicha de tenerlo a mi lado, me inculcó su nobleza y valentía con la que defendió su derecho a poseer un pedazo de tierra para trabajarlo, sin saber que esa reivindicación le costaría la vida.

Su recuerdo ha sido la brújula que me ha guiado durante toda mi vida", dice en la cuarta página de su libro, imprescindible para conocer de primera mano la represión en Uncastillo. (...)

"A la memoria de los mártires por la República y la libertad. A sus viudas, hijos y demás familiares, por el miedo y el hambre padecidos". Así dedica el jubilado Antonio Ontañón, de 77 años, Rescatados del Olvido, editado por él mismo con 13.000 euros que todavía paga "a plazos".

Este ex empleado del Banco Bilbao decidió dedicar su jubilación a investigar las muertes del cementerio de Ciriego, en Santander. "No tengo ningún familiar fusilado allí. Aunque para mí es como si todos los que están enterrados allí fueran mis padres, porque murieron por sus ideas republicanas, que son las mías", explica.

Ontañón recorrió los juzgados de toda Cantabria para poner nombre a cada una de las 850 personas asesinadas entre 1937 y 1948 en las tapias de Ciriego, que yacen en las zanjas del cementerio.(...)

"Investigando descubrí que cada día mataban a 16 personas porque era la capacidad del camión", recuerda. Una de las mayores recompensas que Ontañón ha recibido por el libro fue la carta de respuesta que José Saramago le envió desde Lanzarote, fechada el 1 de julio de 2003:

"Gracias por el estremecedor libro que me enviaste. La justicia siempre llega tarde y esta ha tardado demasiado. Personas como tú hacen creer todavía en la posibilidad de un mundo justo". (...)

"Siempre me ha interesado la Guerra Civil, aunque mi familia era de derechas. En 2002, tras visitar a 600 familias y después de cinco años de trabajo, me decidí a publicar el libro de la represión en La Rioja Aquí nunca pasó nadae_SDRq, explica el funcionario municipal y cantautor Jesús Vicente Aguirre que, en la década de los setenta, formó parte del conocido grupo folk Carmen, Jesús e Iñaki, que compuso La Barranca en homenaje a las 400 víctimas del fascismo enterradas en aquella dehesa riojana. (...)

Aquí nunca pasó nada recoge investigaciones de historiadores locales junto con la experiencia de campo de Aguirre. En el capítulo de La Barranca recoge los testimonios de los centenares de viudas que "cada 2 de noviembre, día de los Difuntos, y después el 1 de noviembre, día de Todos los Santos", se reunieron desde 1976 para proteger la tierra donde estaban sus familiares de las inminentes obras de un aparcamiento.

"Mi madre me dijo que debíamos contarlo siempre. Mientras te reluzca el brillo en los ojos tienes que venir aquí todos los años'. Y aquí estaré hasta que ya no vea", explica en el libro Jacoba Escalona Díez, nieta de una de las víctimas, que, como las madres y abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, simboliza la resistencia contra el olvido." (Público, 10/01/2011)

27/12/10

"Cada día no me dejo de repetir que soy una privilegiada y que estoy obligada a ser feliz"



"Treinta años ha tardado Thúy en escribir esta historia que te agarra desde sus primeras letras y te hace sentir el dolor que debieron padecer esos miles de personas que huyeron de un país en el que la muerte te la encontrabas a la vuelta de la esquina por un régimen comunista feroz. Con el oro que poseía, la familia logró embarcase rumbo a un campo de refugiados en Malasia.

"El paraíso y el infierno se habían entrelazado en el vientre de nuestro barco. El paraíso prometía un vuelco en nuestra vida. El infierno exponía nuestros miedos: miedo a los piratas, miedo a morir de hambre, miedo a intoxicarnos con las galletas empapadas en aceite de motor, miedo a carecer de agua...".

¿Se supera una situación cómo esa? "Quizá sea el paso del tiempo el que me haga sentir que no es algo traumático para mí. He tenido la suerte de vivir, de salir de aquella situación y no quedarme tirada en el mar. Mire hasta qué punto llega el instinto de supervivencia. Cuando era niña vivía con decenas de criados en Vietnam en un lugar fantástico en el que todo se me daba hecho.

Comía pescado y me ponía a morir porque era alérgica y además asmática. Llegué al campo de refugiados de Malasia y lo primero que me dieron los voluntarios de la Cruz Roja fue una lata de sardinas. La devoré y aquí estoy. Y tampoco he vuelto a tener un ataque de asma.

Somos capaces de soportar todo por seguir viviendo".Thúy entiende su vida como un viaje de aprendizaje, como un camino que debía recorrer para llegar al menos hasta el lugar en el que se encuentra ahora. (...)

Kim Thúy no tuvo valor para volver a la casa de sus antepasados, de los que conserva unos boles azules y blancos cubiertos con una anilla de plata en los que comía su abuelo y en los que sus niños toman helado. (...)

¿Qué papel ha jugado su madre en la historia de su vida? "Y sigue jugando. A veces me pregunta ¿sabrás algún día lo que quieres? Desde niños nos preparó para la aventura que finalmente nos llevaría a Canadá.

Después de una primera infancia de opulencia, con la llegada de los comunistas nos enseñó a fregar suelos y a comportarnos como criados para pasar desapercibidos. Ya cuando llegamos a Montreal fue todo bastante más complicado porque yo solo sabía hablar vietnamita y me encontré con un país que hablaba inglés y francés. (...)

A Kim Thúy siempre le había gustado escribir y, en libretas, iba anotando las historias que le contaban su padre y su madre. "Estaba obligada a recordar lo que nos ocurrió porque es la historia de muchos de los que lograron sobrevivir y un homenaje a los que quedaron sumergidos en las aguas. Cada día no me dejo de repetir que soy una privilegiada y que estoy obligada a ser feliz". (El País, Babelia, 09/10/2010, p. 9)

15/12/10

Memoria histórica y verdad histórica deben ser conceptos intercambiables

"Esta es sin duda la razón por la que me invitaron a visitar varios lugares vinculados a la historia reciente de Argentina. Así pues, estuve en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada), un cuartel que, durante los años de la última dictadura militar (1976-1983), fue transformado en centro de detención y tortura. (...)

En el Catálogo institucional del parque de la Memoria, publicado hace algunos meses, se puede leer: "Indudablemente, hoy la Argentina es un país ejemplar en relación con la búsqueda de la Memoria, Verdad y Justicia". Pese a la emoción experimentada ante las huellas de la violencia pasada, no consigo suscribir esta afirmación.

En ninguno de los dos lugares que visité vi el menor signo que remitiese al contexto en el cual, en 1976, se instauró la dictadura, ni a lo que la precedió y la siguió. Ahora bien, como todos sabemos, el periodo 1973-1976 fue el de las tensiones extremas que condujeron al país al borde de la guerra civil.

Los Montoneros y otros grupos de extrema izquierda organizaban asesinatos de personalidades políticas y militares, que a veces incluían a toda su familia, tomaban rehenes con el fin de obtener un rescate, volaban edificios públicos y atracaban bancos. Tras la instauración de la dictadura, obedeciendo a sus dirigentes, a menudo refugiados en el extranjero, esos mismos grupúsculos pasaron a la clandestinidad y continuaron la lucha armada. Tampoco se puede silenciar la ideología que inspiraba a esta guerrilla de extrema izquierda y al régimen que tanto anhelaba.

En cuanto a la Justicia, si entendemos por tal un juicio que no se limita a los tribunales, sino que atañe a nuestras vidas, sigue siendo imperfecta: el juicio equitativo es aquel que tiene en cuenta el contexto en el que se produce un acontecimiento, sus antecedentes y sus consecuencias.

En este caso, la represión ejercida por la dictadura se nos presenta aislada del resto.La cuestión que me preocupa no tiene que ver con la evaluación de las dos ideologías que se enfrentaron y siguen teniendo sus partidarios; es la de la comprensión histórica. Pues una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. (...)

La Historia nos ayuda a salir de la ilusión maniquea en la que a menudo nos encierra la memoria: la división de la humanidad en dos compartimentos estancos, buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables. Si no conseguimos acceder a la Historia, ¿cómo podría verse coronado por el éxito el llamamiento al "¡Nunca más!"?

Cuando uno atribuye todos los errores a los otros y se cree irreprochable, está preparando el retorno de la violencia, revestida de un vocabulario nuevo, adaptada a unas circunstancias inéditas. Comprender al enemigo quiere decir también descubrir en qué nos parecemos a él. No hay que olvidar que la inmensa mayoría de los crímenes colectivos fueron cometidos en nombre del bien, la justicia y la felicidad para todos. Las causas nobles no disculpan los actos innobles." (TZVETAN TODOROV: Un viaje a Argentina. El País, opinión, 07/12/2010, p. 33)

26/3/10

La represión en Valencia

"Aparte del móvil personal y familiar, a Empar le impulsa en sus investigaciones el hecho de conocer que a Valencia, capital de la República durante la guerra, los franquistas le hicieron pagar muy caro que fuese la última ciudad republicana en caer, ejerciendo, tras su entrada el 30 de marzo de 1939, una represión terrible e indiscriminada que afectó a los sectores más indefensos de la población republicana que había sobrevivido a la guerra. (...)

Ella, desde siempre, había escuchado historias terribles sobre la verdadera magnitud de la represión que el franquismo había desatado en Valencia tras la guerra. Aquellas historias siempre hablaban de matanzas indiscriminadas, incluso de niños y de niñas por parte de los falangistas, la Guardia Civil y el ejército franquista, de ejecuciones extrajudiciales, torturas, de personas detenidas de las que nunca se había vuelto a saber, de violaciones en masa de mujeres…del hambre terrible y de enfermedades no asistidas que habían provocado la muerte de muchísimas personas Que habían convertido Valencia en una inmensa prisión, en la que fueron habilitadas como lugares de detención los conventos, las iglesias, el hospital, el manicomio, la plaza de toros, las cocheras de los ferrocarriles….a las que había que sumar las cárceles ya existentes, aparte de los campos de concentración creados en casi todas las poblaciones.

Según aquellos testimonios e historias escuchadas, miles de personas pudieron ser asesinadas o muerto por las miserables condiciones de vida impuestas por el franquismo. Pero los muertos no se volatilizaban en el aire, así que en algún sitio tenían que estar escondido, así que en 2.001 se decide a buscar en solitario a todas aquellas personas supuestamente desaparecidas de las que no se había vuelto a saber.

Tras recorrer durante tres años los montes de los alrededores de Valencia buscando a las víctimas (inicialmente pensó que habían sido escondidas en una montaña), descubre durante 2005 y 2006, seis inmensas fosas comunes de la época franquista en el cementerio general de Valencia, a las que los diferentes gobiernos municipales, tanto del franquismo como de la democracia, habían condenado al silencio y a la clandestinidad más absoluta, así como los Libros de Registro de Enterramientos en las que constan las personas que a ellas fueron tiradas.

Ante la magnitud del descubrimiento decide limitar, para no perderse y que todo acabar a en nada, la investigación en el tiempo y documenta desde el día 1 de abril de 1.939 al 31 de diciembre de 1.945. Los trabajos ponen de manifiesto que las fosas tienen una superficie total de 41.020 m2 y consigue documentar con nombre y apellidos, edad, fecha de enterramiento, causa de muerte y lugar de procedencia (entre otros datos), a 23.600 personas." (Empar Salvador Villanova, Kaosenlared.net, 20/07/2009)

30/10/09

"Hemos construido la historia sobre el sufrimiento"

"Frente a las pretensiones del pensamiento europeo de poseer las llaves de la universalidad, aclara: "Ésa es la herida de Europa. La universalidad es fundamental porque sólo podemos hablar de moral si lo que es bueno para mí lo es también para ti. Pero Europa no ha sabido dar contenido a eso.

Ha desarrollado conceptos de universalidad que al final eran ideologías imperiales del tipo 'somos la punta de lanza del progreso. Y el pueblo que quiera entrar en la historia que nos siga. El que no, se quedará en la prehistoria'. La forma de ser universalista sin ser imperialista es tener en cuenta la memoria. Desde la memoria podemos crear una justicia que no sea un sistema cerrado sino una respuesta incesante a la injusticia".

"AUSCHWITZ Lo impensable y que da que pensar

"Cuando sucede lo impensable aparece lo que da que pensar", dice Reyes Mate. Y lo impensable es el Holocausto, un tema en el que es todo un referente internacional. ¿La filosofía ha aprendido la lección de Auschwitz? "No. Seguimos leyendo a Kant como si nada hubiera ocurrido. Si queremos impedir de nuevo una catástrofe no basta con estudiar las causas. ¿El odio a los judíos? El odio no da para matar a seis millones.

Auschwitz fue el laboratorio del mal, pero lo que pone en evidencia es un mecanismo que todavía funciona: la facilidad con que avanzamos pisoteando al otro. Hemos construido la historia sobre el sufrimiento y no le hemos dado importancia". (Reyes Mate: Las deudas pendientes de la memoria. El País, ed. Galicia, Cultura, 21/10/2009, p. 45)

7/10/09

Abrir las fosas cura, porque trae el final del duelo

""Se vive una tremenda tensión previa, pero después, aparece la paz, el alivio y algo casi más importante: no he presenciado ninguna reacción rencorosa, de revancha, sencillamente, todos quieren enterrar con dignidad a sus muertos" (...)

"Estos procesos, bien llevados, cierran heridas. Son terapéuticos. No hay signos de odio, ni de rabia, ni deseos de venganza" (...)

"Sobre todo, en aquellos lugares con fuertes raíces religiosas, principalmente cristianas, donde la muerte cuenta con un fuerte ritual, he observado esas reacciones. Aunque el miedo a remover las cosas es algo profundo". (...)

"Con el respeto absoluto a las víctimas por encima de cualquier cosa. Los procesos de recuperación de la memoria y de justicia transacional son algo nuevo, que se está construyendo, pero tratan ni más ni menos que de devolverles la dignidad a todos los que sufrieron represión, de repararlos" (...)

Antes del alivio, como dice Heyner, hay que negociar con el miedo. Antes del desahogo y de la liberación, los familiares de las víctimas han experimentado hasta sus últimas consecuencias la culpa, la injusticia, la impunidad de los asesinos. No es fácil reaccionar contra eso. Sus muertos no son muertos. Son una especie de fantasmas que en cualquier momento pueden reaparecer, como le ocurrió a Esther Montoto.

Fue un caso que impresionó a Emilio Silva, uno de los líderes de este proceso, responsable de la Asociación para la Recuperación de la Memoria. "Aquella mujer se presentó en Aranda de Duero cuando anunciamos que abriríamos allí una fosa en la que supuestamente estaba su padre. Cuando le pregunté cómo es que había venido desde Estados Unidos, me dijo: 'Cada vez que escuchaba el timbre de la puerta de mi casa me sobrecogía y pensaba: es él. Me ha encontrado". (...)

"Las fosas son secretos públicos. En los pueblos, la gente sabe a quién se mató, cómo y dónde están enterrados. Haciéndolo cómo lo hacían, acudiendo a las casas, sacándolos a la fuerza y disparándolos en lugares cercanos, donde se oían las ejecuciones, fomentaban el miedo. Así quedaban en un limbo. Eran cuasi desaparecidos. Fueron expulsados de la comunidad de los vivos, pero también de la de los muertos".

Resulta todo un drama para las generaciones posteriores. Muchos han vivido en la ignorancia y quienes experimentaron el trauma, callan. "Por eso, los antropólogos también ayudamos a crear un lenguaje para que acepten lo que pasó", asegura Ferrándiz. La técnica es montar una mesa cerca del enterramiento, mostrarse dispuesto a escuchar cada historia y registrarla documentalmente. Muchas se cuentan por primera vez. Es difícil dar el paso del silencio a la palabra. "Muchas veces, es difícil encontrar las expresiones correctas", afirma Ferrándiz." (El País, ed. Galicia, 03/10/2009, p. 34/5)

3/9/09

La investigación histórica de la memoria

"Cuentan que se la llevaron, la violaron, la torturaron, le cortaron los pechos y la mataron". Según la tradición oral, esto le ocurrió a una víctima de la represión franquista en la comarca de O Morrazo. Los historiadores encargados de recopilar testimonios de represaliados por el franquismo han de desenmascarar a diario mitos como éste, a veces fuertemente arraigados en una comunidad. Es el trabajo de Andrés Domínguez Almansa, del equipo de investigación de las tres universidades gallegas, que lleva tres años embarcado en el proyecto As vítimas, os nomes e as voces, una base de datos con 14.000 registros de víctimas de la Guerra Civil y la represión franquista, y el lugar donde perdieron la vida.

"Lo que en realidad ocurrió", cuenta Domínguez, "es bastante más sencillo, aunque no menos dramático". Dos mujeres fueron trasladadas en un coche, de noche -"como siempre"- a un camino. Bajaron del coche y a una de ellas le pegaron un tiro. Murió. Con la otra hubo menos puntería. El coche arrancó dejándola tirada, inconsciente, entre unas rocas. Al amanecer, entre la neblina, la mujer levantó la vista y distinguió a un pescador. Ella le pidió ayuda y él bajó la cabeza presa del pánico. Titubeó, cuenta Domínguez, al señalarle el camino de vuelta. Se deshizo en disculpas. Su familia había sido también represaliada. Aquella mujer enfiló el camino a casa y contó su historia. No hubo mito.

La verdadera epopeya ocurrió en pleno siglo XX, cuando la historia de esta mujer fue reconstruida. El equipo de la Universidade habló con la hija de aquella superviviente, que relató los hechos tal y como los contó su madre al regresar. Casualmente, en la misma comarca pero en distinta localidad, otra entrevista cerró el círculo. "Un hombre nos contó que su primo, una madrugada de pesca, se encontró con una mujer en camisón, con un tiro que le pidió socorro y que jamás olvidará que no pudo ayudarla". Cerrar el círculo, y obtener un testimonio contrastado, que se complete entre sí por voces que jamás se han conocido, es un éxito del que los historiadores se sienten profundamente orgullosos. Reconstruyen la historia, su objetivo, y le ponen al lado el nombre de sus protagonistas." (El País, ed. Galicia, Galicia, 30/07/2009, p. 8)

14/5/09

El trabajo esclavo del franquismo era muy rentable

"Yo quitaría los símbolos franquistas y religiosos, pondría una buena explicación sobre lo que fue Franco y las condiciones en que allí trabajamos, como esclavos, y pondría allí un archivo no sólo de la Guerra Civil y del franquismo, también de la historia de España. No quitaría los escudos, los dejaría acompañados de una buena explicación, con letras muy grandes".

(...) En Guadarrama hace 10 meses de frío y uno de calor. Un frío que endurecía aún más las condiciones de trabajo. "El aire de Guadarrama es muy sutil, mata a un hombre y no apaga un candil", explica Tario citando un ripio que leyó no se acuerda dónde. "Cuando llegué a Cuelgamuros estaba todo nevado. Hacía un frío insoportable. Los presos dormíamos amontonados en los barracones para tratar de evitar un frío helador", recuerda.

Tario arremete contra el abad del Valle de los Caídos, "que dice muchas mentiras y barbaridades" como "que teníamos dos pesetas de paga al día. Lo cierto es que nos daban 50 céntimos por día, que los pagaban al final de la semana, y que el Estado se quedaba con una 1,5 pesetas al día, en concepto, decían, de manutención. Fuera, en la calle, el jornal era de 13 o 14 pesetas diarias. La diferencia entre lo que se cobraba en Cuelgamuros y lo que cobraban los obreros que no estaban allí iba para un fondo que servía para pagar las obras de Cuelgamuros. Nos mintieron, porque decían que esa diferencia iba a una cartilla que nos entregarían al salir de la cárcel, pero lo cierto es que la diferencia entre lo que nos pagaban y las 13 o 14 pesetas diarias que cobraba un trabajador de fuera iba para construir Cuelgamuros".

(...) Sostiene Tario: "Es falso que en los 19 años que duraron las obras murieran sólo 14 trabajadores, como dicen las cifras oficiales. Yo he hablado con gente que trabajó en el agujero (en la cripta) y me han dicho que cada día había una docena de heridos, que el trabajo era durísimo y que se hacía en unas condiciones lamentables; por supuesto, sin ninguna seguridad. Catorce muertos en 19 años, ¡no se lo creen ni ellos!"

No quiere ni pensar este ex preso superviviente del Valle de los Caídos en las penalidades que tuvieron que pasar los otros presos que construyeron la abrumadora cruz -de 150 metros de alto y con brazos de 46 metros de ancho, con una anchura en su interior que permitiría el paso en paralelo de dos coches-; trabajando a esas alturas, en medio del frío y con unas condiciones de trabajo que despreciaban la seguridad de los trabajadores, concepto que no existía en el régimen de Franco, y menos aún, para los presos republicanos." (José Maria Calleja: Llamadle Cuelgamuros. El País, Domingo, 03/05/2009, p. 16/7)

30/3/09

Memoria histórica en Galicia

"Cre que o labor dos intelectuais marxistas en Galiza queda esvaída polo propio labor de recuperación que se fai, máis centrado nas figuras do galeguismo?

(Xesús Alonso Montero) Si, é o que se está facendo dende as institucións que goberna o BNG. Aquí séguese dicindo que o gran mártir do 36 é Alexandre Bóveda. Sería eu un necio se lle quitase importancia, pero Bóveda é un de tantos fusilados que houbo. Houbo máis fusilados anarquistas, comunistas e socialistas ca galeguistas. Pero vendo as publicacións que fixo a Consellaría de Cultura ou da Universidade parece que aquí non houbo máis ca nacionalistas galegos." (Vieiros, 29/03/2009)

29/12/08

El revisionismo del franquismo, y su realidad histórica, la de una represión sin fin,

"El Franquismo contenía, según afirmaban los autores revisionistas, elementos suficientes para su autotransformación en democracia. Esta argumentación que, explicita o implícitamente suscribió la casi totalidad del establishment académico español de finales de los años setenta y primeros años ochenta, tuvo su apoteosis en la publicación por la Editorial Sistema del PSOE de un volumen coordinado por tres prestigiosos politólogos, Félix Tezanos, Ramón Cotarelo y Andrés de Blas, que con sus 957 páginas se convirtió en la versión canónica de lo que su título anunciaba: La Transición democrática española. En ella las omisiones y la censura de los disconformes son tan absolutas y significativas como la defensa de las afirmaciones de los participantes que adoptan sus puntos de vista.

La argumentación básica del revisionismo se basa en pretender que excesos y tropelías, con asesinatos incluidos, se cometieron en los dos bandos y que lo mejor es cubrir ese pasado con un tupido velo. Pero por mucho que se insista, el número mucho mayor de asesinados en el bando franquista que en el republicano y, sobre todo, la personalidad de sus autores y las modalidades de su práctica los hacen muy distintos. En el lado republicano fueron obra de individuos exaltados de tendencia radical, que la ausencia de fuerzas de seguridad hacía imposible controlar y que en diversas ocasiones atentaron incluso contra personalidades republicanas. A mi mismo padre, que era un conocido militante laico y republicano, aunque empresario y responsable patronal, vinieron a buscarle para darle el paseo a nuestra casa de Carcaixent el 20 y el 21 de julio de 1936. Afortunadamente estaba en Finlandia por razones de su negocio y pudo salvar la vida, pero su gran amigo Justo Martínez Amutio, líder de los socialistas valencianos, le aconsejó que no volviera hasta que no se controlara la situación.

En cualquier caso, el desgobierno en la zona republicana, y los crímenes que lo acompañaron, aconteció sólo los primeros meses de la guerra y fue disminuyendo hasta desaparecer casi totalmente.

En el lado franquista, en cambio, los fusilamientos persistieron durante largo tiempo y estuvieron siempre acompañados por el ignominioso espectáculo de la llamada justicia militar.

Disponemos ya de numerosos testimonios en los archivos históricos de la Guerra Civil que nos relatan los bochornosos ejercicios jurídicos que fueron los juicios sumarísimos en los que se condenaba a muerte a honorables y pacíficos ciudadanos por la sola razón de sus convicciones republicanas. El Diario de la guerra civil, editado por el Archivo Histórico de la Universidad de Alicante, del profesor y diputado Eliseo Gómez Serrano, él mismo condenado a muerte y ejecutado sin más causa que su adhesión a la República, nos aporta numerosos ejemplos de la brutalidad de la represión franquista, en la que lo más repugnante es su pretendida asepsia formal. Por ejemplo uno de los mas ilustres valencianos, el gran profesor Joan Peset, rector de la Universidad de Valencia, condenado a muerte en 1940 y fusilado 15 meses después, cuya sentencia fundamenta su muerte en "adhesión a la rebelión" y "haber dado conferencias de sabor marxista".

La responsabilidad de los uniformados magistrados que ordenaron fríamente el fusilamiento del Rector Peset y la de los individuos primarios y exaltados que quisieron matar a mi padre movidos por su furiosa revancha social, no tenía el mismo status ni era de igual condición. Por mucho que se empeñen los revisionistas y los que quieren equipararlos en base a los indultos genéricos y que llevan a confusión. Todos igualmente culpables e igualmente inocentes puesto que igualmente indultados.

Por lo demás, la dictadura del olvido tiene como objetivo principal el ocultamiento del trasvase del poder social de la España de Franco -antes lo llamábamos las clases dominantes- a la España democrática. Ahí estaban -aunque tal vez debiera decir, como hijo de José Vidal Cogollos y de Amparo Beneyto Belda en el contexto franquista valenciano, ahí estábamos- personas, familias, empresas, y ahí seguimos estando, donde siempre, en el poder y en el privilegio. A esos efectos la intransitividad de la Transición fue perfecta. Negarlo es negar nuestras vidas. Reconozcámoslo pues, sin evasivas, e intentemos reparar, en lo que quepa, las iniquidades de una situación, de la que hemos sido, somos, tan beneficiarios." (JOSÉ VIDAL-BENEYTO: Los codiciados frutos del olvido. El País, ed. Galicia, Opinión, 20/12/2008, p. 31 )

9/12/08

Contra los comisarios del olvido

"El poeta Juan Gelman reclama que se esclarezcan y se juzguen los crímenes de las dictaduras en un foro internacional sobre memoria histórica. (...)

con un alegato contra "los comisarios del olvido".

"Soy padre de un hijo de 20 años, secuestrado, torturado, asesinado en 1976". "Soy suegro de su esposa, secuestrada cuando tenía 19 años, trasladada de Buenos Aires a Montevideo encinta de ocho meses y medio y asesinada por la dictadura militar uruguaya dos meses después de dar a luz". "Soy abuelo de una nieta de la que me robaron sus primeros 23 años de vida". Con la voz de quien ha sido malherido una y otra vez, esa que parece siempre a punto de romperse, confesó que, a pesar del tiempo transcurrido desde las desapariciones y de haber recuperado los restos de su hijo, sigue sin tocar el final del duelo. No llegará mientras no encuentre a los que faltan. Ni se sepa toda la verdad sobre lo ocurrido. Ni lo ocurrido se siente ante la justicia. "El infierno no termina cuando se cierran las puertas del campo de concentración y las luces se apagan: hace un cuarto de siglo que cesó el infierno en la Argentina y centenares de miles de personas viven esa segunda parte del infierno que crepita en la memoria", proclamó.

Afirmaba Adolfo Bioy Casares, al que citó el poeta, que en su país el olvido corre más ligero que la historia. "Pero no sólo en la Argentina. Desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores de olvido", lamentó Gelman. Entre esos guardianes del olvido en Argentina, el poeta aludió a los militares que mantienen un pacto de silencio, a los policías que facilitan la huida de represores o queman archivos, a la jerarquía de la Iglesia católica que custodia "muy prolijos archivos" que ayudarían a rescatar restos de desaparecidos, a representantes judiciales que "encajonan procesos" y a sectores que, por acción u omisión, "fueron cómplices de la matanza y callan lo que saben".

Baste el ejemplo de España para comprobar las dificultades por desempolvar las páginas más atroces de la historia en cada país. " (El País, ed. Galicia, Cultura, 29/11/2008, p. 46)

5/12/08

La memoria histórica del franquismo

"¿Por qué, entonces, han vuelto a convertirse la Guerra Civil y la dictadura posterior en objeto de enconadas disputas en la conciencia pública española? El principal factor, en estos momentos, es la enorme diferencia de trato recibido por el recuerdo público de los muchos miles de víctimas de asesinatos según fueran personas partidarias del alzamiento militar o de la defensa de la república. Las víctimas de los paseos llevados a cabo por incontrolados anarquistas o agentes estalinistas recibieron honras fúnebres siempre que fue posible recuperar sus cuerpos y, en cualquier caso, durante toda la Guerra Civil y la dictadura de Franco, fueron objeto colectivo del homenaje de la Iglesia y el Estado. Las víctimas, mucho más numerosas, de las incursiones falangistas en las prisiones y los juicios en tribunales de guerra sin un mínimo de defensa legal, seguidos de enterramientos de masas en tumbas anónimas, sólo podían ser recordadas en asustado silencio por sus familiares y amigos. Mientras Franco vivía, cualquier homenaje a su memoria era imposible; en los primeros 20 o 30 años de la Monarquía constitucional, la mayoría de la gente permaneció callada porque no había seguridad de cuánto iba a durar la libertad recién adquirida o porque aceptaba de mejor o peor grado la idea de que era mejor olvidarse del pasado, no "remover las brasas" de una guerra que, al fin y al cabo, había terminado hacía más de 50 años. (...)

Sin embargo, lo que ocurre en España, una parte importante del problema, es que la sociedad española en su conjunto no ha juzgado la dictadura de Franco como régimen criminal, en el mismo sentido en el que Alemania condenó el régimen nazi, Suráfrica condenó el apartheid y Estados Unidos condenó la esclavitud y el siglo de segregación que siguió al fin de la esclavitud. Existe una parte pequeña pero sustancial de la población española que opina que la palabra República no fue más que un sinónimo de incompetencia y desorden, que recuerda la violencia laboral, las amenazas contra la Iglesia y la burguesía y las promesas de uno u otro tipo de revolución colectivista en la primavera de 1936. Para esa minoría sustancial, el alzamiento militar fue un esfuerzo justificado, un pronunciamiento tradicional español como método para restablecer el orden público. Esas personas, aunque reconocen la extrema crueldad del régimen de Franco, consideran que la izquierda revolucionaria fue más responsable de la Guerra Civil y sus terribles consecuencias que el alzamiento del 18 de julio. (...)

Existe un viejo dicho que siempre ha tenido un gran significado para mí como historiador: la verdad os hará libres. En realidad, me parece una frase demasiado categórica. Pero sí estoy convencido de que la voluntad de reconocer la verdad, por desagradable que sea, es un requisito indispensable para superar los recuerdos amargos que pueden transmitirse mientras no haya un relato claro, cualitativo y cuantitativo, de los crímenes cometidos por los militares rebeldes, la Falange, los "incontrolados", los agentes estalinistas y la escoria criminal que, en cualquier sociedad, se aprovecha de los odios de clase y la desintegración del orden público." (GABRIEL JACKSON: ¿Se puede dar por cerrada la Guerra Civil?. El País, ed. Galicia, Opinión, 30/11/2008, p. 37/8)