18/10/26

Soy una de las víctimas de esta guerra, una de sus testigos y una de las personas que han pagado un precio que no terminará cuando termine la guerra... No necesitaba que una película me contara cómo fueron bombardeados edificios residenciales con gente aún en su interior... He sobrevivido a los horrores de Gaza. He visto la película NAZA para comprender cómo los soldados israelíes conviven con ello... ¿Sienten alguna vez remordimiento de verdad? ¿Entienden lo que han hecho? ¿Se avergüenzan cuando hablan de ello? Y si algún día me encontrara con uno de ellos, ¿se atrevería a mirarme a los ojos?... el ejército israelí nos ordenó evacuar... los proyectiles impactaban contra las paredes de nuestra casa; comenzaron a caer en la calle delante de nosotros mientras mi madre y yo intentábamos correr... Cada pocos metros, las balas impactaban contra una pared frente a nosotros, y comprendimos que no podíamos seguir avanzando en esa dirección. Las balas que nos disparaban nos indicaban adónde se nos permitía ir... Recuerdo aquel día con total claridad, cuando uno de los soldados de la película dijo que no había pasado un solo día sin que muriera alguien... Habló de una «línea imaginaria» acordada. Cualquiera que la cruzara sería asesinado... El cineasta Yuval Abraham le preguntó cómo se suponía que la gente debía saber dónde estaba esa línea. Él respondió que tenían que «aprenderlo por las malas», a través de la sangre... Por primera vez, comprendí lo que nos sucedió aquel día desde la otra perspectiva... Corríamos por las calles, tratando de salvar nuestras vidas, mientras que en algún lugar había personas que creían que dispararnos era una forma perfectamente aceptable de enseñarnos dónde se nos permitía estar... Para él, se trataba de una línea de seguridad imaginaria. Para nosotros, era la diferencia entre vivir y morir, entre dar un paso más y no volver a dar ninguno jamás... Luego vino la historia del niño...Un niño fue asesinado porque no sabía que unos hombres armados habían trazado una línea imaginaria y habían decidido que cualquiera que la cruzara merecía morir... He estado pensando en ese niño desde que vi la película... ¿Estaba buscando a sus padres? ¿Se había perdido? Pensé en los juicios de Núremberg y en las palabras que el mundo escuchó tras los crímenes de los nazis: «Solo seguíamos órdenes». Uno de los soldados dijo que una vez había visitado Polonia y se había preguntado cómo la sociedad alemana lograba seguir viviendo después de lo que había hecho. Más tarde, dijo, descubrió lo sencillo que podía resultar. Una persona podía bombardear un lugar y, esa misma noche, volver a preocuparse por una cita personal... Uno de los participantes dijo que los soldados hablaban de lo bien que se lo pasaban cada vez que se producía una escalada; era «divertido, realmente divertido»... Eran personas de Tel Aviv, personas que pertenecían a la izquierda moderada. No dejaba de pensar en ello... A veces imaginamos que las personas capaces de tales actos deben de haber sido extremistas desde el principio. Pero, ¿y si se trata de personas corrientes? ¿Cómo puede alguien ser amable con sus amigos, cariñoso con su familia y creer en los derechos humanos, y sin embargo aceptar que se pueda matar a un niño por cruzar una línea que ni siquiera podía ver? Hace tres años, en un solo día, perdí a 42 miembros de mi familia. No sé qué hizo después la persona que bombardeó su casa (Ezzideen Shehab)

"El testimonio de los responsables arroja luz sobre lo que ocurría al otro lado, mientras luchábamos desesperadamente por seguir con vida

Hace poco vi NAZA.

No fui a ver la película para informarme de lo que ocurrió en Gaza. Yo soy de allí. Soy una de las víctimas de esta guerra, una de sus testigos y una de las personas que han pagado un precio que no terminará cuando termine la guerra.

No necesitaba que una película me contara cómo fueron arrasados barrios enteros, cómo fueron bombardeados edificios residenciales con gente aún en su interior, o cómo las familias se vieron obligadas a abandonar sus hogares sin saber adónde debían ir.

Tampoco necesitaba que nadie me hablara de la hambruna; la viví dos veces, con toda su humillación, hasta el más mínimo detalle. Ni de las personas hambrientas que fueron asesinadas mientras intentaban llegar a lo que, de forma tan absurda, se denominaba «centros de distribución de alimentos».

Todo esto lo sé. Estuve allí.

Fui a ver la película con otra pregunta en mente: ¿cómo es posible que personas que han heredado el recuerdo del Holocausto encuentren tantas formas de justificar la comisión de atrocidades contra otro pueblo? ¿Cómo puede alguien que ha heredado el recuerdo de haber sido víctima llegar a defender las acciones de quienes infligen sufrimiento?

¿Sienten alguna vez remordimiento de verdad? ¿Entienden lo que han hecho? ¿Se avergüenzan cuando hablan de ello? Y si algún día me encontrara con uno de ellos, ¿se atrevería a mirarme a los ojos?

¿Cómo duermen por las noches? ¿Cómo consigue una persona acallar su conciencia de forma tan absoluta? Para mí, esta es la razón por la que la película es importante.

Vida y muerte

El mundo lleva mucho tiempo escuchando los testimonios palestinos. Yo mismo he pasado gran parte de esta guerra contando a la gente lo que presencié. Pero esta vez estamos escuchando a personas que formaban parte del propio sistema militar. Hablan de sus decisiones, de sus acciones y de la forma en que consideraban nuestras vidas y nuestras muertes.

Por eso no estoy de acuerdo con quienes critican la película por dar más espacio a las voces israelíes que a las palestinas.

No necesito que un soldado israelí me diga que lo que viví fue real. Sé que fue real. Yo estaba allí.

Pero quiero oír cómo explica lo que hizo. Quiero comprender cómo se lo justifica a sí mismo.

El testimonio del agresor no cobra más importancia que el de la víctima, pero puede revelar algo que la víctima nunca habría podido ver: lo que ocurría al otro lado mientras intentábamos seguir con vida.

Desde que me fui de Gaza, he estado intentando vivir con los recuerdos que me traje conmigo.

Intento llevar una vida normal. Intento aprender a dormir sin volver a encontrarme allí; a sentarme entre la gente sin ver los rostros de quienes ya no están, ni los lugares que ya no existen.

Pero mientras veía la película, me di cuenta de lo equivocada que había estado al creer que marcharme de Gaza también significaría poder dejar atrás esos recuerdos.

La línea imaginaria

En diciembre de 2023, el ejército israelí nos ordenó evacuar la zona en la que nos encontrábamos.

No se trataba simplemente de un mensaje o una advertencia. Los proyectiles impactaban contra las paredes de nuestra casa; comenzaron a caer en la calle delante de nosotros mientras mi madre y yo intentábamos correr.

Sabíamos que teníamos que marcharnos. Lo que no sabíamos era adónde podíamos ir.

El ejército parecía estar por todas partes. No había ningún camino seguro, ni nadie que nos indicara qué dirección tomar.

Empezamos a correr. Cada pocos metros, las balas impactaban contra una pared frente a nosotras, y comprendimos que no podíamos seguir avanzando en esa dirección. Las balas que nos disparaban nos indicaban adónde se nos permitía ir.

Nadie nos explicó nada. No había señales, ni líneas trazadas en el suelo. Teníamos que entenderlo rápidamente, porque un solo error podría habernos costado la vida.

Recuerdo aquel día con total claridad, cuando uno de los soldados de la película dijo que no había pasado un solo día sin que muriera alguien.

Habló de una «línea imaginaria» acordada. Cualquiera que la cruzara sería asesinado.

El cineasta Yuval Abraham le preguntó cómo se suponía que la gente debía saber dónde estaba esa línea. Él respondió que tenían que «aprenderlo por las malas», a través de la sangre.

«A través de la sangre». Esas palabras se me quedaron grabadas, porque ese era exactamente el lenguaje que nos habían utilizado a nosotros.

Por primera vez, comprendí lo que nos sucedió aquel día desde la otra perspectiva.

Corríamos por las calles, tratando de salvar nuestras vidas, mientras que en algún lugar había personas que creían que dispararnos era una forma perfectamente aceptable de enseñarnos dónde se nos permitía estar.
Para él, se trataba de una línea de seguridad imaginaria. Para nosotros, era la diferencia entre vivir y morir, entre dar un paso más y no volver a dar ninguno jamás.

El mismo soldado habló entonces de 140 personas que fueron asesinadas. Dijo que todas eran civiles.

El cineasta le volvió a preguntar, casi como si no pudiera creer lo que había oído: ¿ninguno de ellos llevaba un arma?

No, respondió el soldado. Ninguno de ellos iba armado.

Ciento cuarenta seres humanos. No dejaba de pensar en todas las veces que oímos, tras un bombardeo, que el ejército había atacado una «amenaza», un «sospechoso» o una «zona operativa».

¿Cuántas personas pueden desaparecer tras palabras como esas?

¿Cuántas vidas pueden reducirse a la nada?

Los niños de Gaza

Luego vino la historia del niño.

El soldado dijo que habían visto a un niño a través de sus cámaras, entrando en la zona prohibida. No sabían por qué había ido allí.

No estaba haciendo nada. Simplemente estaba allí… y por eso le dispararon.

Un niño fue asesinado porque no sabía que unos hombres armados habían trazado una línea imaginaria y habían decidido que cualquiera que la cruzara merecía morir. No lo mataron por algo que hubiera hecho; lo mataron por algo que desconocía.

He estado pensando en ese niño desde que vi la película.

¿Estaba buscando a sus padres? ¿Se había perdido? ¿Intentaba encontrar su hogar? ¿Sabía siquiera que alguien lo estaba observando, que en algún lugar una persona podía acabar con su vida con solo pulsar un botón?

Nadie lo sabe. Pero yo conozco a los niños de Gaza. Sé cómo caminan entre las ruinas de las casas, cómo salen en busca de agua, de comida o de alguien a quien han perdido.

Y cuando pienso en un niño al que matan simplemente porque se encontraba en el lugar equivocado, no encuentro otra palabra para describirlo que «barbarie».

A continuación, el cineasta le preguntó por los cadáveres de los civiles que habían perdido la vida en aquellas zonas; los cadáveres de personas que no sabían dónde terminaban las calles por las que se les permitía caminar.

El soldado guardó silencio durante un momento. Luego dijo que los perros se los habían comido.

Explicó que él mismo no había podido presenciarlo, pero que otros que estaban con él habían visto a los perros devorando los cadáveres.

El cineasta le preguntó si podría haber dicho algo. El soldado respondió que no era su función. Su responsabilidad era puramente técnica. No se suponía que expresara una opinión moral.

Imagínese eso: saber que se está matando a personas, que se están dejando sus cadáveres para que los devoren los perros, y creer que oponerse a algo así queda fuera de sus responsabilidades profesionales.

«Cumplir órdenes»

No podía dejar de pensar en su respuesta. ¿Desde cuándo necesita una persona el permiso de su superior para tener conciencia?

Pensé en los juicios de Núremberg y en las palabras que el mundo escuchó tras los crímenes de los nazis: «Solo seguíamos órdenes».

Una persona observa. Otra elige el objetivo. Una tercera da permiso. Una cuarta pulsa el botón. Y, al final, alguien muere.

Después, ellos se van a casa, quizá creyendo que no hizo más que la pequeña parte que se le pidió que hiciera. Pero la persona sigue muerta.

No puedo evitar preguntarme: ¿quién, entonces, es responsable de su muerte? Esperaba encontrar algo más en sus testimonios. Quería saber qué les había pasado por dentro después.

¿Pensaban en las personas a las que habían matado? ¿Les volvían a venir a la mente esos rostros? ¿Llevaban esos recuerdos a su vida cotidiana? ¿Había cambiado algo en ellos?

Uno de los soldados dijo que una vez había visitado Polonia y se había preguntado cómo la sociedad alemana lograba seguir viviendo después de lo que había hecho.

Más tarde, dijo, descubrió lo sencillo que podía resultar. Una persona podía bombardear un lugar y, esa misma noche, volver a preocuparse por una cita personal.

Otro dijo algo que no creo que olvide jamás: «Derribé el edificio y, esa noche, salí a tomar unas cervezas con mis amigos».

No sé cómo expresar con palabras lo que sentí al oírle decir eso.

El día en que mi familia quedó destrozada

Todavía no he aprendido a pasar ni una sola noche sin volver a revivir la guerra. Y allí estaba él, hablando de derribar un edificio de viviendas y, a continuación, salir a pasar una velada normal con sus amigos.

Como si nada hubiera pasado. Como si nadie hubiera estado allí.

De repente, me vino a la mente una pregunta de la que no podía deshacerme: ¿podría haber sido el edificio del que hablaba la casa de mi familia? ¿La casa que fue bombardeada el 12 de octubre de 2023, cuando murieron 42 miembros de mi familia?
¿Podría ser que, mientras buscábamos a nuestros seres queridos bajo los escombros, mientras llorábamos por aquellos a quienes habíamos perdido, la persona que los mató estuviera sentada en algún lugar, tomando cerveza con sus amigos?

No sé quién bombardeó la casa de mi familia. No sé qué hizo después. Pero la idea de que eso pudiera haber sido posible me revolvió el estómago.

¿Pensó, aunque fuera por un instante, en lo que había dejado atrás? ¿Se imaginó alguna vez a las familias pasando el resto de sus vidas tratando de vivir con lo que él había hecho en unos pocos minutos?

Mi abuela estaba en aquella casa. También estaban mis tíos de ambas ramas de la familia, sus hijos e hijas, y sus nietos.

Eran personas a las que conocía. Personas a las que quería. Personas con las que había pasado años de mi vida.

Aún recuerdo sus voces y sus rostros. Recuerdo las pequeñas cosas, los momentos cotidianos que compartimos, los detalles que quizá no signifiquen nada para nadie más, pero que yo no puedo olvidar.

Para la persona que bombardeó la casa, quizá no fuera más que otro edificio derribado: otra misión completada con éxito.

Pero para mí, una parte de mi vida terminó con esa casa.

Han pasado tres años y, aún así, sigo volviendo a aquel día. Sigo intentando aprender a vivir con su ausencia.

Disfrutar matando

Pero lo que me enfureció más que la capacidad de estos soldados para volver a la vida cotidiana fue otra cosa.

Algunos de ellos no hablaban de matar como algo a lo que se habían visto obligados. Hablaban de ello como algo que podían disfrutar.

Uno de los participantes dijo que los soldados hablaban de lo bien que se lo pasaban cada vez que se producía una escalada; era «divertido, realmente divertido».

Me quedé reflexionando sobre esas palabras durante mucho tiempo.

He visto suficiente muerte durante mi trabajo en los hospitales de Gaza. He visto morir a niños ante mis ojos. He visto desaparecer a familias y a personas a las que intentamos salvar con todas nuestras fuerzas, pero no pudimos.

He visto más sufrimiento del que jamás pensé que una persona pudiera ver. Pero nunca he entendido cómo alguien puede encontrar placer en ello.

Matar a otro ser humano ya es de por sí terrible. ¿Pero disfrutar matándolo? Esa es una crueldad que no puedo comprender.

Lo que me inquietó aún más fue oír a uno de los participantes decir que muchos de los que habían cometido esos actos no eran miembros de la extrema derecha. Eran personas de Tel Aviv, personas que pertenecían a la izquierda moderada. No dejaba de pensar en ello.

A veces imaginamos que las personas capaces de tales actos deben de haber sido extremistas desde el principio. Pero, ¿y si se trata de personas corrientes?

Gente con la que podríamos encontrarnos en la universidad o en una cafetería. Gente que podría sentarse frente a nosotros y hablar de paz, de justicia, de derechos humanos.

¿Cómo puede alguien ser amable con sus amigos, cariñoso con su familia y creer en los derechos humanos, y sin embargo aceptar que se pueda matar a un niño por cruzar una línea que ni siquiera podía ver?

¿Qué le ocurre a la conciencia de una persona cuando la humanidad de otra persona se convierte en algo que simplemente puede dejar de lado?

Todavía en Gaza

Salí de la proyección con una ira que no había sentido en mucho tiempo.

No fui para informarme de lo que había ocurrido en Gaza. Yo estuve allí. Ya había visto suficiente.

Fui porque quería comprender cómo las personas que cometieron esos actos podían seguir conviviendo consigo mismas. ¿Cómo podían justificar el asesinato? ¿Cómo podían convencerse a sí mismas de que lo que estaban haciendo era normal? ¿Y cómo era posible que algunos de ellos incluso encontraran placer en ello?

Salí del cine, pero no pude volver a mi vida. Caminé por las calles de Madrid durante más de cinco horas.

Cinco horas enteras. No sabía dónde estaba ni adónde iba. Apenas me fijaba en las calles que me rodeaban. Podía mirar al frente y, aun así, no ver realmente lo que había allí.

Simplemente seguía caminando. Pero no veía Madrid. Veía Gaza.

Veía diciembre de 2023, cuando corría con mi madre bajo el fuego de las armas, sin saber adónde podíamos ir.

Veía los días de hambruna, cuando no podíamos encontrar ni siquiera una sola barra de pan que compartir.

Veía los hospitales y a los niños a los que no pude salvar. Y una y otra vez, me encontraba volviendo al día en que bombardearon la casa de mi familia; a las personas que perdí aquel día.

Salí del cine, pero en realidad no dejé atrás la película. Y tal vez, en alguna parte de mí, nunca he abandonado Gaza del todo.

Todo lo que no puedo olvidar

Desde que partí de Gaza, he estado intentando aprender a vivir de nuevo. Estoy intentando aceptar que ahora puedo salir a la calle sin temer que caiga un proyectil, comprar comida sin arriesgar mi vida y volver a casa sabiendo que seguirá en pie donde la dejé.

Son cosas tan cotidianas… y, sin embargo, sigo aprendiendo a creer en ellos.

Pero tras esas cinco horas caminando por Madrid, comprendí algo que había estado intentando no admitir desde que llegué a Europa.

Me fui de Gaza solo con mi cuerpo. No sé si alguna vez seré capaz de superar todo lo que ocurrió. Y ni siquiera estoy segura de querer dejarlo todo atrás.

¿Cómo podría olvidar a las personas a las que quería? ¿Cómo podría llegar a aceptar jamás que sus vidas terminaran de esa manera?

Fui al cine porque quería escuchar cómo recordaban lo que nos habían hecho. Y salí pensando en todo lo que no puedo olvidar

A veces siento que, si consigo pasar un día entero sin recordarlos, habré perdido algo más de ellos; como si olvidar, aunque fuera solo por un día, fuera otro tipo de pérdida. Y a veces, lo único que deseo es dormir sin ver a ellos. No sé cómo conciliar estos dos sentimientos. Viven conmigo cada día.

Hace tres años, en un solo día, perdí a 42 miembros de mi familia. No sé qué hizo después la persona que bombardeó su casa.

No sé si salió a tomar unas cervezas con sus amigos, si regresó con su mujer y sus hijos, o si durmió plácidamente aquella noche.

No lo sé. Pero sé que no he dormido plácidamente desde aquel día.

Y sé que, aunque sobreviví, aunque me fui de Gaza, sigo llevando esa casa conmigo, junto con todos los que estaban en su interior.

Fui al cine porque quería escuchar cómo recordaban lo que nos habían hecho.

Y salí pensando en todo lo que no puedo olvidar." 

(Ezzideen Shehab , Middle East Eye, 16/10/26, traducción Salvador L. Arnal)

 

"‘NAZA’ y la banalidad del mal.

«NAZA» no es un juego de palabras construido con «Gaza» y una ideología tremendamente popular en estos días que corren. NAZA es el acrónimo de «nezek agavi», que significa «daños colaterales» en hebreo. También es el título de una de las grandes películas del año, un documental que fue recibido con 25 minutos de aplausos en el pasado Festival de Venecia y que ganó, entre otros, el premio especial del jurado.

Narra el proceso de sistematización tecnológica a través del cual el gobierno de Netanyahu se ha propuesto limpiar Gaza de palestinos. Lo cuentan los propios perpetradores, concretamente 24 oficiales y soldados del servicio de inteligencia, hoy arrepentidos, que se dedicaron a derribar uno tras otro todos los edificios de la Franja desde la pantalla de sus ordenadores. El arma predilecta para esta masacre era el programa Lavender, un software de inteligencia artificial que geolocalizaba los móviles de supuestos miembros de Hamás y hacía un cálculo de los posibles daños colaterales. Lo hacía con extremada precisión: señalaba el bloque, la planta, el apartamento y las personas que había dentro. Esto último casi nunca importaba: el bombardeo se llevaba todo por delante.

«Decíamos 15 NAZA. Nunca decíamos 15 personas muertas. Y mucho menos 15 mujeres y niños muertos», explica uno de los entrevistados por Yuval Abraham, director del documental junto a Rachel Szor. Tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, una consigna corrió como la pólvora entre las Fuerzas de Defensa de Israel: «No hay inocentes en Gaza». Se levantó la veda.

La cifra de las víctimas civiles afectadas por este método no pueden saberse, pero uno de los oficiales que hablan con Abraham se arriesga a hacer una media aproximada: 20 por cada supuesto miembro de Hamás.

–Pero hay miles de personas en Hamás… Eso equivale a matar a todos los palestinos de Gaza –replica el director.

–Así es –confirma el entrevistado.

Los integrantes de esta unidad de inteligencia tenían, además, un acceso total a los móviles de todas las familias gazatíes asesinadas. Después de los ataques podían oír incluso si había supervivientes y lo que decían. Uno de ellos narra la fuerte impresión que le causaron los alaridos de una madre pidiendo ayuda cuando vio arder el cuerpo de uno de sus hijos pequeños, todavía vivo tras la explosión.

El documental ha levantado una extraordinaria polémica en Israel. Netanyahu ha abierto una caza de brujas para localizar a los militares que han participado en él (lógicamente de incógnito) acusándolos de «delitos graves contra la seguridad de Israel». Y su persecución se extiende más allá de las fronteras de su país: por razones de seguridad, Yuval Abraham y Rachel Szor, ambos israelíes, se han visto obligados a vivir en el extranjero, en una ubicación desconocida. Algo muy parecido a lo que les ocurrió, por motivos no muy diferentes, a Salman Rushdie o a Roberto Saviano. Pero en este caso el «paradero desconocido» de Abraham es una mera convención. Israel no le ha quitado el ojo de encima desde el estreno de su anterior documental, el imprescindible No Other Land, ganador del Oscar en 2025.

Por qué ‘NAZA’ irrita al sionismo

Aunque NAZA expone minuciosamente los métodos de aniquilación empleados por Israel en Gaza –lo que sin duda supone una incómoda brecha informativa–, no ha sido eso lo que más ha molestado a los fanáticos del sionismo. Ha sido ese particular ruido de fondo que atraviesa toda la película, ese subtexto que emerge en cada una de las intervenciones. «Es como una fábrica», dice literalmente uno de los entrevistados sobre la forma de matar gazatíes. «Yo solo soy un técnico», dice otro, evitando hacer una interpretación moral de sus acciones.

El hecho de que uno de los productores de la película sea el judío británico Jonathan Glazer no parece casualidad. Glazer es el director de La zona de interés, en la que mostraba la frialdad de los jerarcas nazis a la hora de planificar y ejecutar la masacre de los judíos a escala industrial. La familia protagonista disfrutaba en su película de una preciosa casa de campo al lado de Auschwitz y vivía ajena al horror de las cámaras de gas. Sus componentes habían llegado al grado último de deshumanización.

En su célebre ensayo Eichmann en Jerusalén (1963), Hannah Arendt relataba el juicio al responsable de la solución final y lo retrataba como un funcionario gris. No dibujó a un monstruo, simplemente a alguien que hacía su trabajo. Uno de los militares entrevistados en NAZA cuenta que visitó Polonia cuando era estudiante y que entonces le parecía inconcebible tanta maldad. «Pero ahora la comprendo», confiesa. «Ahora comprendo cómo alguien puede matar por la mañana y volver a casa por la tarde y ponerse a estudiar psicología clínica como si no hubiera pasado nada». Horriblemente arrepentido, añade: «Los nazis eran malvados, ¿pero qué soy yo?».

Otro de los testimonios recopilados por Abraham resuelve la polémica léxica que ha rodeado desde sus inicios la ofensiva militar israelí contra Gaza: el soldado en cuestión se considera partícipe de un «genocidio». No lo dice Naciones Unidas, tampoco una revista europea de corte progresista; lo dice, literalmente, quien apretaba una tecla de su ordenador y mataba a familias enteras en el acto. «Es como un videojuego», dice otro de los soldados.

NAZA se estrenó en España el pasado 9 de octubre y aún aguanta en la cartelera. Además, podrá verse en línea –gratuitamente y en todo el mundo– a finales de noviembre en la web del diario The Guardian, que también es una de las productoras del filme. La fecha ha sido cuidadosamente elegida para no interferir en las elecciones del 27 de octubre en Israel, una precaución que parece excesiva. Todo el mundo ha podido ver a niños gazatíes destripados sin piedad y eso no ha hecho que el apoyo electoral a las opciones que fomentan el odio ultranacionalista haya disminuido. Al contrario, hoy gozan de una salud de hierro. Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo, se ha hecho fotos, sonriente, con los tanques isralíes que han participado en las matanzas de Gaza y del Líbano. ¿Semejante inmoralidad ha mermado el número de sus posibles votantes? Parece que no. Estos votantes han visto la sangre de los inocentes y las risas de los verdugos y sus cómplices, y lo aprueban todo. Plenamente conscientes.

En un inserto del documental en el que Netanyahu se presenta como un teórico político, se ve al primer ministro israelí –muy joven, durante la presentación de un libro– respondiendo a la pregunta: «¿Qué es el terrorismo?». Su contestación es breve y contundente: «Es matar a civiles e inocentes con objetivos políticos». En los oídos del público todavía resuena la pregunta del soldado: «¿Qué soy yo?». Y otra que, viendo cómo se extiende por el mundo el populismo supremacista, es inevitable que se haga un espectador de 2026: ¿qué somos nosotros? ¿En qué se han convertido nuestras sociedades? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?"

(Manuel Ligero , La Marea, 19/10/26)  

 

" La normalidad del mal: reflexiones sobre el documental «NAZA»

 La descripción que hizo Hannah Arendt de Eichmann como representante de «La banalidad del mal» —subtítulo de su libro Eichmann en Jerusalén— conmocionó a mucha gente. Posteriormente fue objeto de críticas tras el descubrimiento de las declaraciones antisemitas de su protagonista, desconocidas durante su juicio. La nueva película NAZA, que documenta los mecanismos internos del genocidio de Gaza, vuelve a poner de relieve el concepto de la banalidad del mal. Solo que esta vez contamos con los testimonios de dos docenas de perpetradores que, a diferencia de Eichmann, no se enfrentan a un tribunal, sino que comparten su experiencia, en su mayoría, de forma informal y relajada; algunos con orgullo por lo logrado, otros con remordimiento. Parecen hombres y mujeres normales de clase media que realizan concienzudamente su exigente trabajo de alta tecnología. Estos israelíes encarnan algo diferente a los nazis, que intentaban ocultar sus crímenes a su propio pueblo, temiendo que este no los apoyara. La nueva película trata sobre la normalidad del mal en una sociedad que ha aceptado en gran medida el genocidio que tiene lugar a menos de cuarenta millas al sur de Tel Aviv.

 Los veinticuatro autores entrevistados en la película pertenecen a unidades de inteligencia de élite que aprovechan el poder de la inteligencia artificial y la vigilancia total para destruir Gaza. No son «enemigos de los árabes», señala uno de los entrevistados. Sin embargo, cree que ha matado a más mujeres y niños que el más acérrimo enemigo de los árabes. Por muy abominables que sean los pogromos que se están produciendo en Cisjordania contra los palestinos a manos de grupos de autodefensa formados por colonos sionistas ilegales —bajo la mirada complaciente y la ayuda ocasional de las Fuerzas de Defensa de Israel—, la magnitud del asesinato en masa de civiles en Gaza es incomparablemente mayor.

Los autores proceden de las clases privilegiadas de la lujosa y resplandeciente Tel Aviv, que sirve de telón de fondo visual a toda la película. Entre los leitmotivs de los testimonios se encuentran la disposición a obedecer órdenes y el placer de superar difíciles retos técnicos (technodélice, tal y como lo definió el difunto Jean-Jacques Salomon). «Fue divertido (kef)», admitió uno de los autores.

 NAZA es un acrónimo hebreo que significa «daños colaterales». La asociación con «nazi» no es casual; uno de los autores compara su experiencia con la de los nazis que llevaron a cabo un asesinato en masa industrializado —aunque menos sofisticado— a principios de la década de 1940. Cuando, como muchos jóvenes israelíes (y judíos de otros lugares), le llevaron a visitar los campos de exterminio nazis, se preguntaba cómo esos nazis podían volver a la vida normal después de matar a miles de personas al día. Ahora, admite, lo sabe. Se reunía con amigos tras un día matando sobre todo a mujeres y niños y disfrutaba de su noche de fiesta.

En un principio, ni los nazis ni los sionistas tenían la intención de cometer un genocidio. En sus fantasías nacionalistas exclusivistas, los nacionalsocialistas alemanes querían expulsar a los indeseables para hacer grande de nuevo a la Alemania «purificada» y ampliada y, en el caso de los sionistas socialistas en el poder en 1948 y 1967 —cuando tuvieron lugar expulsiones masivas—, convertir Palestina en un «Estado judío». Ambos sentían ansia de tierras: los nazis querían tierras fértiles en Europa del Este «limpias» de la mayoría de los eslavos y de todos los judíos, mientras que tanto críticos como figuras políticas han descrito la estrategia territorial de Israel como la búsqueda de «el máximo de territorio con el mínimo de árabes».

 Desde principios del siglo XX, los pioneros sionistas hicieron especial hincapié en forjar al intrépido y valiente «nuevo hombre hebreo», que había roto con el papel de víctima del pasado. En su elogio fúnebre a Theodor Herzl en 1904, Vladimir Jabotinsky —quien fundó y dio forma a la corriente ahora dominante del sionismo— definió así a esta nueva criatura:

   " Nuestro punto de partida es tomar al típico judío de hoy y imaginar su opuesto diametral… dado que el judío es feo, enfermizo y carece de decoro, dotaremos a la imagen ideal del hebreo de belleza masculina. El judío es pisoteado y se asusta con facilidad y, por lo tanto, el hebreo debe ser orgulloso e independiente."

 No fue hasta más tarde, ante la resistencia avivada por el movimiento de colonos, cuando los israelíes asumieron el papel de víctimas inocentes, obligadas a defenderse. Las visitas a los campos de exterminio nazis son componentes esenciales de las herramientas didácticas utilizadas para forjar combatientes implacables. No es de extrañar que la mayoría de ellos calificaran el ataque contra el sur de Israel en octubre de 2023 como «la mayor masacre de judíos desde el Holocausto». Se perdió por completo la distinción entre los civiles judíos indefensos perseguidos por los nazis y el poderoso Estado judío que había expulsado y confinado a los palestinos en un campo de concentración al aire libre en Gaza. Al referirse a la violencia que desatan, los israelíes suelen utilizar la expresión «ein brera» («no hay otra opción»), que preserva su autoimagen y justifica los excesos. Así es como el genocidio se ha extendido desde Europa hasta Asia Occidental.

Los protagonistas de la película explican cómo utilizan tecnología sofisticada para vigilar todas las comunicaciones telefónicas de los palestinos. Una de las frases que la inteligencia artificial extrae de millones de conversaciones es «¿Cuándo vuelve papá a casa?». Así es como se toma la decisión de destruir la casa del sospechoso junto con su mujer y sus hijos. Detrás de sus pantallas de ordenador, quienes determinan esos objetivos pueden oír más tarde los llantos de esos niños heridos que, unos minutos antes, esperaban a sus padres.

 Israel, muchos de cuyos políticos defienden y aplican abiertamente políticas fascistas, se enorgullece con razón de ser líder mundial en innovación tecnológica, una «nación de start-ups». Su ventaja cualitativa sobre sus vecinos, garantizada por la legislación estadounidense, implica una estrecha cooperación con el complejo militar-industrial-digital de EE. UU. La legislación que se va a aprobar integrará formalmente al ejército israelí en dicho complejo. A diferencia de Ucrania, que sirve principalmente como campo de pruebas para Palantir y otros facilitadores occidentales de la guerra de alta tecnología, los científicos e ingenieros israelíes contribuyen activamente al desarrollo de nuevos sistemas como «Lavender», que se utilizan ampliamente contra los palestinos. Todo esto ocurre dentro del ecosistema más amplio del apoyo financiero, material y estratégico de EE. UU. No solo Washington, Berlín y Londres, sino incluso Belgrado mantienen el cordón umbilical —o, mejor dicho, el cordón de la muerte— de municiones, material y servicios en la nube hacia Israel. Estos le permiten no solo oprimir y matar a los palestinos, sino también atacar a otros países, haciendo, como admitió con franqueza el canciller alemán Merz, «el trabajo sucio por todos nosotros». No cabe duda de que Merz y sus homólogos occidentales eran conscientes desde el principio de los métodos que la nueva película saca a la luz.

 Además, la experiencia israelí en materia de vigilancia y control de la población tiene una gran demanda en todo el mundo. Esto augura peligros para la privacidad y la democracia en otros lugares. Las herramientas de vigilancia total pueden resultar tentadoras para los gobernantes preocupados por posibles disturbios sociales e incluso revoluciones contra la creciente —y sin precedentes— polarización económica. Se han observado brotes de fascismo en buena parte del Occidente político. Las actividades del ICE dirigidas contra los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos pueden ser solo el principio. La necesidad de las clases dominantes de proteger sus privilegios fomenta la connivencia con Israel y contribuye así a la impunidad de este país.

Del mismo modo, la infiltración en Hezbolá de buscapersonas con explosivos ocultos, que provocó el asesinato y la mutilación de miles de personas en el Líbano y Siria en 2024, muestra lo vulnerable que puede llegar a ser cualquiera al utilizar dispositivos civiles aparentemente inofensivos. (NAZA no menciona este espantoso episodio, que es el tema de otro documental reciente.) Los responsables israelíes se han jactado de que, para ellos, el escenario es el mundo entero y ellos son los protagonistas. De forma ominosa y orgullosa, el primer ministro Netanyahu afirmó que todo el mundo lleva un pedazo de Israel en el bolsillo.

 El genocidio nazi contra judíos, eslavos y muchos otros grupos conmocionó a los europeos principalmente porque las víctimas eran compatriotas suyos. Sus genocidios en África y América no habían provocado una repulsa comparable. Otra causa importante de esa conmoción es la organización racional del genocidio nazi. Los israelíes en Gaza utilizaron tecnología punta, incluida la inteligencia artificial, para elevar el nivel de organización a cotas sin precedentes. Los especialistas y francotiradores de las FDI admiten sentirse como dioses capaces de matar a personas prácticamente a su antojo. Los medios de comunicación israelíes informaron de casos de depresión cuando los soldados regresaban a la vida civil. Para algunos, la causa fue la pérdida de la sensación de omnipotencia. Sentían que ya no eran dioses, sino simples don nadie perdidos entre la multitud. Otros veteranos de las FDI sufren depresión ante el oprobio mundial, que ellos, convencidos de su condición de víctimas inocentes, no pueden comprender y atribuyen al antisemitismo.

 Uno de los israelíes entrevistados en la película formaba parte del ala política, que tenía que utilizar los medios electrónicos para difamar, desacreditar y socavar a los críticos de Israel. (Tras el estreno de «NAZA» en los cines, los israelíes produjeron rápidamente una falsificación con el título engañoso «Naza: La verdadera historia. Película completa», en un intento por desviar la atención de los espectadores de la original, que, a diferencia de la falsificación, no está disponible en línea por el momento). Esta operación contribuye a la adopción de medidas represivas incluso contra el apoyo político —por no hablar del material— a los palestinos en varios países europeos y en Estados Unidos. Las críticas a Israel se criminalizan como antisemitismo. Agentes israelíes en estos países facilitan datos sobre personas objetivo —probablemente recopilados por los servicios de inteligencia israelíes— a la policía, a las empresas y a las universidades, que actúan de inmediato para intimidar, detener, deportar, despedir y expulsar a los críticos. Aunque Israel socava las libertades fundamentales de expresión y de reunión en la mayoría de los países occidentales, está perdiendo la batalla por la opinión pública.

 Ante el creciente descontento público en Europa y en Estados Unidos, Netanyahu promete convertir a Israel en una «super-Esparta»: una sociedad fuertemente militarizada y autosuficiente, capaz de valerse por sí misma en medio de un creciente aislamiento internacional. Los políticos y expertos militares israelíes llevan tiempo llegando a la conclusión de que la definición oficial de Israel como «Estado judío y democrático» está marcada por la tensión entre ambos conceptos. Los valores democráticos liberales —aparentemente apreciados por las democracias occidentales— deben ceder ante la supremacía judía. En consecuencia, la paz no es más que una opción política temporal para Israel. Parafraseando a von Clausewitz, la política es la continuación de la guerra por otros medios.

Los Estados son inanimados, pero están dirigidos por individuos. Aunque el abanico psicológico y político entre los israelíes es amplio, la película NAZA ilustra el notable éxito de la creación del «Nuevo Hombre Hebreo», liberado de las restricciones morales de la tradición judía y de la humanidad en general.

 Una de las obras más famosas de Francisco de Goya se titula «El sueño de la razón produce monstruos». Suele interpretarse como «cuando la razón se duerme, aparecen los monstruos». Pero la palabra española «sueño» también significa «sueño» o «fantasía». El Estado sionista encarna la frase «Wenn ihr wollt, ist es kein Märchen» («Si lo queréis, no es un cuento de hadas»), escrita por Herzl, el fundador del sionismo político, hace más de un siglo. (Guarda un parecido sorprendente con el título de la obra maestra cinematográfica nazi *Triumph des Willens*, o *El triunfo de la voluntad*). El proyecto que parecía una fantasía y un cuento de hadas se hizo realidad gracias al uso racional de los recursos políticos, financieros y humanos. Las acciones de Israel demuestran que la racionalidad instrumental —un rasgo característico de la modernidad— también puede generar monstruos. Además, esos monstruos están convencidos de que son normales, al igual que la mayoría de los israelíes que los rodean. Esto convierte a Israel en un grave peligro para la región, para el mundo y, por supuesto, para sí mismo."

(  , Informed Comment, 19/10/26, traducción DEEPL) 

29/7/26

Slavoj Žižek: Cuando matar humanos se convierte en un safari... los francotiradores en las colinas que rodean Sarajevo, ocupadas por las fuerzas serbias, disparaban a residentes al azar en las calles más abajo... era un negocio: decenas de extranjeros ricos (en su mayoría de Estados Unidos, el Reino Unido e Italia, aunque también algunos de Rusia) pagaban altas tarifas por la oportunidad de disparar contra los residentes del Sarajevo sitiado... Los precios estaban fijados: por ejemplo, matar a un niño pequeño costaba más que matar a un adulto... las fuerzas de paz de la OTAN en Bosnia, estaban al tanto de este safari; entonces, ¿por qué no lo hicieron público o simplemente bombardearon el lugar de los francotiradores? La matanza misma está organizada como espectáculo. Sin embargo, con todo el horror que revela, hay algo perversamente honesto en esto: ¿acaso los altos directivos corporativos no están involucrados en un safari similar? Sus decisiones pueden arruinar muchas vidas, miles pueden perder sus empleos, y podemos imaginarnos a algunos de ellos observando a las familias arruinadas de un tipo al que despidieron o a quien de otra manera le arruinaron la vida

"Hay una forma de perversión en funcionamiento hoy que nos permite evitar la vergüenza: nos excluimos de la realidad social (una realidad regulada por alguna autoridad simbólica, lo que Lacan llamaba el “gran Otro”) e intervenimos en ella desde una distancia segura, de modo que nuestros actos no quedan expuestos a la mirada del gran Otro que nos avergüenza. Un caso ejemplar de semejante perversión lo ofrece Sarajevo Safari (Miran Zupanic, Eslovenia, 2022), un documental sobre el que posiblemente sea el evento patológico más bizarro ocurrido durante el sitio de Sarajevo entre 1992 y 1996. Cuando este documental fue publicado, funcionarios de la República Srpska y asociaciones de veteranos de guerra negaron tajantemente todas las acusaciones, calificándolas de “propaganda” y “mentiras atroces” dirigidas contra el pueblo serbio. Últimamente, con un retraso de 4 años, las investigaciones criminales finalmente están descubriendo hechos, especialmente en Italia, y pronto habrá individuos procesados.

Es bien sabido que los francotiradores en las colinas que rodean Sarajevo, ocupadas por las fuerzas serbias, disparaban a residentes al azar en las calles más abajo. También era bien sabido que se invitaba a aliados serbios seleccionados (en su mayoría rusos) a disparar un par de tiros sobre Sarajevo, pero esto se consideraba un honor, una muestra de aprecio especial, no un negocio. Ahora nos enteramos del verdadero negocio: decenas de extranjeros ricos (en su mayoría de Estados Unidos, el Reino Unido e Italia, aunque también algunos de Rusia) pagaban altas tarifas por la oportunidad de disparar contra los residentes del Sarajevo sitiado. El viaje era organizado por el Ejército de la República Srpska: los clientes eran transportados desde Belgrado hasta Pale (la capital de la Bosnia serbia, en las montañas cercanas a Sarajevo) y luego llevados a un lugar seguro con vista sobre Sarajevo, en el valle. Los precios estaban fijados: por ejemplo, matar a un niño pequeño costaba más que matar a un adulto.

Nos enteramos por el documental de que no solo el alto mando del Ejército de la República Srpska, sino también las fuerzas de paz de la OTAN en Bosnia, estaban al tanto de este safari; entonces, ¿por qué no lo hicieron público o simplemente bombardearon el lugar de los francotiradores? Pero lo que resulta de especial interés aquí es la forma de subjetividad de un “cazador” de safari: las víctimas no eran personalizadas, permanecían anónimas, un muro simbólico separaba al cazador del blanco; no obstante, no se trataba de un videojuego, las víctimas eran parte de la realidad, y la conciencia de este hecho explica la emoción perversa de semejante “caza”. Para ser más precisos, no era la víctima quien aquí se desrealizaba, era el “cazador” mismo quien se excluía de la realidad ordinaria y se percibía a sí mismo ubicado en algún lugar seguro por encima de la realidad. Así es como la realidad misma se convirtió en parte de un espectáculo en el que el cazador puede fingir que no está personalmente involucrado.

Por esta razón, Sarajevo Safari va posiblemente incluso un paso más allá que otro documental, The Act of Killing (dirigido por Joshua Oppenheimer y Christine Cynn, Final Cut Film Production, Copenhague, 2012). La película –filmada en Medan, Indonesia, en 2007– reconstruye la historia de Anwar Congo y sus amigos, quienes hoy son políticos respetados, pero fueron gánsteres y líderes de escuadrones de la muerte que jugaron un papel clave en la matanza de 1966 de cerca de 2,5 millones de presuntos simpatizantes comunistas, en su mayoría de etnia china. Tras su victoria, sus terribles actos no fueron relegados al estatus de “secreto vergonzoso”, el crimen fundacional cuyas huellas hay que borrar; por el contrario, se jactan abiertamente de los detalles de sus masacres (la manera de estrangular a una víctima con un alambre, la manera de cortar una garganta, cómo violar a una mujer de la manera más placentera…). En octubre de 2007, la televisión estatal indonesia produjo un programa de entrevistas que celebraba a Anwar y a sus amigos; en medio del programa, después de que Anwar dice que sus matanzas se inspiraron en películas de gánsteres, la conductora, radiante, se dirige a las cámaras y dice: “¡Increíble! ¡Démosle un aplauso a Anwar Congo!” Cuando le pregunta a Anwar si teme la venganza de los familiares de las víctimas, Anwar responde: “No pueden. Cuando levantan la cabeza, los eliminamos.” Su lugarteniente agrega: “¡Los exterminaremos a todos!”, y el público estalla en vítores exultantes… hay que verlo para creer que es posible.

The Act of Killing da cuenta de (y reactúa para la cámara) algo que ya sucedió, mientras que en Sarajevo Safari la matanza misma está organizada como espectáculo. Sin embargo, con todo el horror que revela, hay algo perversamente honesto en esto: ¿acaso los altos directivos corporativos no están involucrados en un safari similar? Sus decisiones pueden arruinar muchas vidas, miles pueden perder sus empleos, y podemos imaginarnos a algunos de ellos observando a las familias arruinadas de un tipo al que despidieron o a quien de otra manera le arruinaron la vida. Y –nuestro último ejemplo de la misma locura– ¿acaso Dmitri Medvédev, expresidente ruso que hoy se desempeña como vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia, no se apoyó en una lógica similar cuando dijo recientemente que “la alianza militar de la OTAN liderada por Estados Unidos tendría demasiado miedo de un ‘apocalipsis nuclear’ como para entrar directamente en el conflicto en respuesta [al uso ruso de armas nucleares tácticas]”: “Creo que la OTAN no intervendrá directamente en el conflicto ni siquiera en esa situación. Después de todo, la seguridad de Washington, Londres, Bruselas es mucho más importante para la Alianza del Atlántico Norte que el destino de una Ucrania moribunda que nadie necesita. […] El suministro de armamento moderno es solo un negocio para los países occidentales. Los demagogos de ultramar y europeos no van a perecer en un apocalipsis nuclear. Por lo tanto, tragarán el uso de cualquier arma en el conflicto actual.”

¿Somos conscientes de lo que implican estas frases? Medvédev está dispuesto a arriesgar las vidas de miles de millones por un pequeño pedazo de tierra –miles de millones en América Latina, África y Asia que NO están involucrados en el conflicto ucraniano. Ya en agosto de 2022, Medvédev había dicho que una propuesta de castigar a Rusia por crímenes de guerra en Ucrania amenazaba la existencia de la humanidad, dado el arsenal nuclear de Moscú. De nuevo, ¿desde dónde habla Medvédev cuando habla así, cuál es su posición subjetiva? No se incluye a sí mismo entre quienes perecerán, como si de algún modo fuera a sobrevivir a la catástrofe nuclear global –como si la humanidad fuera Sarajevo en un valle y él estuviera a una distancia segura, en una colina por encima de ella. Por supuesto que sabe que se verá afectado por el fin de la humanidad, pero habla como si no lo supiera." 

(Slavoj Žižek , Perfil, 12/07/26) 

11/3/26

El safari genocida o safaris humanos en Israel... El jefe del servicio penitenciario de Israel invitó hace poco a un grupo de colonos a a un safari. Es que lo denominó así para ver a detenidos palestinos humillados, tirados en el suelo, esposados, torturados. Un safari organizado por las autoridades israelitas para que los colonos vayan a ver a los palestinos torturados... Parece mentira que un pueblo que sufrió el holocausto, que ha tenido encima de su historia cientos de años de persecución,de injusticia, de calamidad, de tortura, de ostracismo, de persecución, de violencia, de odio, que ha visto sufrir tanto a tantas generaciones, sea capaz de convertirse en un pueblo genocida, en un estado genocida. A mí me faltan las palabras (Juan Torres López)

 "(...) Otro asunto que parecería ficción, pero desgraciadamente es realidad. Eso que se denomina safari genocida o safaris humanos en Israel. El jefe del servicio penitenciario de Israel invitó hace poco a un grupo de colonos a a un safari. Es que lo denominó así para ver a detenidos palestinos humillados, tirados en el suelo, esposados, torturados.

Un safari organizado por las autoridades israelitas para que los colonos vayan a ver a los palestinos torturados, encerrados,encarcelados injustamente.

Parece mentira que un pueblo que sufrió el holocausto, que ha tenido encima de su historia cientos de años de persecución,de injusticia, de calamidad, de tortura, de ostracismo, de persecución, de violencia, de odio, que ha visto sufrir tanto a tantas generaciones, sea capaz de convertirse en un pueblo genocida, en un estado genocida. A mí me faltan las palabras. Yo no puedo entender que haya tanta inhumanidad, tanto odio, tanta animalidad que estemos hasta generando, como efectivamente decía Sanabil, un nuevo tipo de actividad económica. esto que llaman el tanaturismo. Turismo genocida.

No solo se contentan como con cometer un genocidio, sino que encima lo enseñan y lo ponen en el escaparate. (...)"

(Juan Torres López, blog, 10/03/26) 

23/1/26

La Banalidad del Mal en nuestro tiempo: Jared Kushner ha presentado este jueves ―con tono entusiasta de oportunidad de inversión― la “nueva Gaza” que aspira a levantar sobre los escombros de la actual. Se trata de una especie de Dubái o de Singapur con numerosos rascacielos turísticos frente a la costa, un “nodo de transportes” con puerto y aeropuerto, y “una economía de libre mercado”... y ha explicado que el plan comenzaría con la construcción de más de 100.000 unidades residenciales en la “nueva Rafah” (la destrozada ciudad del sur) y acabaría por la capital, Ciudad de Gaza. “En Oriente Próximo se han construido ciudades así, para dos o tres millones de personas, en tres años, así es que muy factible”... mientras siguen los bombardeos de Israel y las muertes de niños palestinos por hipotermia (Antonio Pita)

 "Entre los bandazos sobre Groenlandia y los autoelogios de todo tipo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, uno de sus principales asesores para Oriente Próximo (su yerno Jared Kushner) ha presentado este jueves ―con tono entusiasta de oportunidad de inversión― la “nueva Gaza” que aspira a levantar sobre los escombros de la actual. Se trata de una especie de Dubái o de Singapur con numerosos rascacielos turísticos frente a la costa, un “nodo de transportes” con puerto y aeropuerto, y “una economía de libre mercado” con el “mismo enfoque” que el que Trump aplica en su país. “No hay plan B”, ha dicho al mostrar las diapositivas del “plan maestro”.

La presentación, opacada por todos los otros frentes que ocupan este año el Foro Mundial, dibuja el futuro de una Franja donde la vida apenas ha cambiado para sus más de dos millones de habitantes desde la firma del alto el fuego el pasado octubre: el ejército israelí bombardea a diario y ha matado en las últimas 48 horas a 16 palestinos, tres de ellos periodistas en medio de una cobertura. Los servicios de rescate han anunciado además este jueves la muerte por hipotermia de una bebé de tres meses, mientras las autoridades militares israelíes impiden la entrada de las cantidades acordadas de ayuda, incluidas caravanas y tiendas de campaña.

Kushner —que ya al principio de la invasión israelí mencionó en una entrevista el futuro valor inmobiliario de la destrozada costa de Gaza— ha explicado que el plan comenzaría con la construcción de más de 100.000 unidades residenciales en la “nueva Rafah” (la destrozada ciudad del sur) y acabaría por la capital, Ciudad de Gaza. “En Oriente Próximo se han construido ciudades así, para dos o tres millones de personas, en tres años, así es que muy factible”, ha señalado. “Gaza puede ser un nodo, un destino turístico, tener mucha industria y ser realmente un lugar donde la gente prospere y cree empleo”.

La próxima fase, ha añadido, es la desmilitarización de Hamás que recoge el alto el fuego. No era así en el plan inicial, pero EE UU e Israel la han acabado convirtiendo en condición sine qua non para avanzar en las demás. “Estamos comprometidos a asegurar que Gaza esté desmilitarizada, adecuadamente gobernada y bellamente reconstruida”, ha dicho Trump, que prometió trabajar en coordinación con la ONU. “Será un gran plan”, ha agregado el presidente.

El asesor estadounidense ha limitado la reconstrucción a las zonas donde el desarme sea completo, lo que supondrá comenzar en la parte de la Franja controlada por las tropas israelíes, donde apenas viven unos miles de los más de dos millones de gazatíes. Kushner ha señalado que pretenden promover la entrega de las armas con ofertas de amnistía o garantías de salida segura de Gaza.

En la víspera, el presidente de EE UU amenazó a Hamás con “su final” si rechaza desarmarse por completo. El movimiento islamista acepta ceder el poder al comité tecnocrático recientemente nombrado y está abierto a entregar las armas ofensivas, pero lo condiciona a una retirada completa de las tropas israelíes y rehúsa disolverse mientras dure la ocupación.

La segunda fase incluye el despliegue de una fuerza militar multinacional, pero ha venido desapareciendo de los discursos, por falta de candidatos. El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha señalado este jueves en Davos (él ha acudido porque no está buscado por la justicia internacional): “Está claro que nadie quiere entrar en Gaza y combatir, salvo nuestro ejército, nuestros hijos e hijas”.

De momento, el paso de Rafah, que une Gaza y Egipto, reabrirá la próxima semana en ambas direcciones, un compromiso postergado por Israel. Han coincidido en anunciarlo este jueves Ali Shaath, el jefe del comité tecnocrático palestino que administrará el día a día de Gaza, y Nikolay Mladenov, el enviado para la Franja de la llamada Junta de Paz que Trump ha presentado justo antes en Davos para, según sostiene, contribuir a la resolución de conflictos en el mundo.

Mladenov ha mencionado “un acuerdo sobre los preparativos para la reapertura del cruce” mientras se “coordina la logística para la implementación”. Aunque las autoridades militares israelíes (quienes controlan el paso) no lo han confirmado, el perfil y el foro hacen pensar que difiere de anteriores anuncios similares que acabaron en papel mojado. Este domingo, de hecho, en la reunión del Consejo de Ministros, Netanyahu tiene previsto debatir la búsqueda del último cadáver de rehén en Gaza y la reapertura del cruce.

El líder estadounidense ha inaugurado su Junta rodeado por una veintena de líderes, entre los cuales no figuraba ningún representante de las democracias más avanzadas, que observan con recelo una iniciativa que parece minar las prerrogativas de la ONU, y que están incómodos con la política exterior estadounidense. De los países de la UE participaron Hungría y Bulgaria. Entre los asistentes figuraban el presidente de Argentina, Javier Milei, y los líderes de países como Azerbaiyán, Armenia, Kazajistán, Pakistán, Indonesia o Paraguay. “Me gustan todas estas personas”, ha dicho el mandatario estadounidense. “Son grandes líderes”.

Faltaba Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. Integrará la Junta, pero pesa sobre él desde 2024 una orden de arresto emitida por el Tribunal Penal Internacional como presunto responsable de crímenes de guerra y contra la humanidad en Gaza en la invasión iniciada en octubre de 2023, a raíz del ataque de Hamás, que ha dejado más de 71.500 muertos y la Franja convertida en un manto de ruinas. Lo recordaba su silla vacía, al frente en el medio.

“Está acabando”

Trump aprovechó el acto para su habitual recordatorio de su historial como solucionador de conflictos, con particular detenimiento sobre el de Gaza. “Está acabando. Tenemos pequeños fuegos, que apagaremos. Eran gigantescos, ahora son pequeños”, ha declarado. “Hemos mantenido el alto el fuego, entregado niveles récord de ayuda humanitaria. Se oían historias terribles de desnutrición. Ya no”.

El mes pasado, la Clasificación Integrada de Fases, la principal herramienta de análisis de la seguridad alimentaria y en la que participan organizaciones de la ONU, retiró la consideración de hambruna que había hecho en agosto para medio millón de gazatíes, porque el incremento en la entrada de alimentos ha mejorado los niveles nutricionales, pero advirtió de que la situación sigue siendo “crítica”, con 1,6 millones de personas (el 77% de la población) aún en situación de inseguridad alimentaria aguda.

Gaza está ahora mismo dividida en un 42% del territorio controlado por el movimiento islamista y donde vive prácticamente toda la población y el 58% restante: casi desierto y en manos del ejército israelí, que sigue demoliendo edificios, pese al alto el fuego, y al que impide acercarse. “Al principio, barajamos la idea de construir una zona libre y luego una zona de Hamás”, admitió Kushner, antes de explicar que el plan maestro de EE UU abarca finalmente toda la Franja.

Estas dos partes están separadas por la Línea Amarilla. Es en teoría una divisoria temporal, hasta que concluyese la primera fase, pero Trump anunció este mes la transición a la segunda sin pedir una nueva retirada israelí. Netanyahu ha asegurado que sus tropas se quedarán para siempre en una “amplia zona” de la Franja." 

(Antonio Pita , Andrea Rizzi , El País, 22/01/26)

20/12/25

Escándalo en Italia: grandes empresarios pagaron para ir de dafari humano a la guerra de Bosnia... pagaban sumas elevadas para unirse a las milicias serbobosnias y disparar contra la población civil como si se tratara de un safari de fin de semana... “Son cientos, gente respetable, con reputación, empresarios, que pagaban para matar civiles indefensos y luego volvían a su vida normal”... Pagaban sumas equivalentes a 80.000-100.000 euros actuales por “paquetes” que incluían transporte (incluso con la extinta aerolínea serbia Aviogenex), armas y guías. Existía un “tarifario del horror”: los niños costaban más (hasta 100.000 euros), seguidos de hombres armados, mujeres y ancianos (estos últimos, “gratis”). Usaban rifles de caza y ropa civil, no uniformes militares, lo que los hacía reconocibles para testigos... “Es la indiferencia del mal”... un sadismo pagado como ocio (Víctor Siles)

 "En los últimos días, Italia se ha visto sacudida por un escándalo que remueve las cenizas de uno de los capítulos más oscuros del siglo XX: la guerra de Bosnia (1992-1996). La Fiscalía de Milán ha abierto una investigación por homicidio voluntario agravado por motivos abyectos y crueldad, tras la denuncia presentada por el escritor y periodista Ezio Gavazzeni. Según las acusaciones, durante el asedio de Sarajevo —el más largo de la historia moderna, con más de 11.000 civiles muertos, entre ellos 1.601 niños— grupos de empresarios adinerados, incluidos italianos, pagaban sumas elevadas para unirse a las milicias serbobosnias y disparar contra la población civil como si se tratara de un safari de fin de semana.

El origen de la investigación: la denuncia de Ezio Gavazzeni

Ezio Gavazzeni, autor de libros sobre mafia y terrorismo, presentó en enero de 2025 un expediente de 17 páginas a la Procuraduría de Milán, asistido por los abogados Nicola Brigida y Guido Salvini (exmagistrado). El documento incluye testimonios, correos electrónicos y referencias a documentos de inteligencia bosnia. Gavazzeni se interesó en el tema tras leer artículos de los años 90 sobre “cecchini turistici” y, especialmente, tras ver en 2023 el documental Sarajevo Safari del esloveno Miran Zupanič, que recopila testimonios anónimos sobre extranjeros que pagaban por disparar a civiles.

“Son cientos”, afirma Gavazzeni, refiriéndose a los posibles implicados. “Gente respetable, con reputación, empresarios, que pagaban para matar civiles indefensos y luego volvían a su vida normal”. El periodista ha entregado al fiscal Alessandro Gobbis credenciales para acceder a la versión reservada del documental, destinada a magistrados.

Los ‘safaris humanos’: cómo funcionaban

Entre 1993 y 1995, en el pico del asedio, ricos aficionados a las armas —muchos vinculados a la extrema derecha y a la caza mayor— viajaban desde Italia (principalmente del norte: Milán, Turín, Trieste) hasta los Balcanes. Se reunían en Trieste, punto de partida hacia Belgrado, y desde allí eran trasladados a las colinas alrededor de Sarajevo controladas por las fuerzas serbobosnias de Radovan Karadžić.

Pagaban sumas equivalentes a 80.000-100.000 euros actuales por “paquetes” que incluían transporte (incluso con la extinta aerolínea serbia Aviogenex), armas y guías. Existía un “tarifario del horror”: los niños costaban más (hasta 100.000 euros), seguidos de hombres armados, mujeres y ancianos (estos últimos, “gratis”). Usaban rifles de caza y ropa civil, no uniformes militares, lo que los hacía reconocibles para testigos.

Una fuente clave es Edin Subašić, exagente de inteligencia bosnia, quien en correos de 2024 relata que en 1993 interrogó a un voluntario serbio capturado que confesó haber acompañado a cinco extranjeros, al menos tres italianos (uno de Milán, propietario de una clínica estética; otro de Turín y uno de Trieste). Los servicios bosnios alertaron al SISMI (antiguo servicio secreto militar italiano), que en 1994 respondió: “Hemos descubierto que el safari parte de Trieste. Lo hemos interrumpido”.

Perfil de los implicados: empresarios y ‘amantes de la adrenalina’

No eran mercenarios ni combatientes ideológicos, sino “cazadores apasionados que, tras probar todos los safaris legales, buscaban la cabeza humana como trofeo”, según Subašić. Psicópatas, exmilitares o simples ricos aburridos, muchos usaban la cobertura de viajes de caza en Hungría, Croacia o Serbia. Detrás de la organización estaría Jovica Stanišić, exjefe de seguridad serbia condenado por crímenes de guerra.

La exalcaldesa de Sarajevo, Benjamina Karić, ha enviado un informe a Milán calificándolos como “ricos extranjeros amantes de empresas inhumanas” y se ha ofrecido a testificar.

Rumores antiguos que ahora son investigación

El fenómeno no es nuevo: en 1995, el Corriere della Sera publicó “Vacanze in Bosnia, tiro all’uomo compreso”. En 2007, durante el juicio a Ratko Mladić en La Haya, un bombero estadounidense voluntario en Sarajevo describió “tiradores turísticos” con ropa y armas de caza. En Italia se habló en el Tribunal de los Pueblos de Trento y en libros como I bastardi di Sarajevo de Luca Leone.
La Fiscalía milanesa ha solicitado actos del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y prepara interrogatorios.

Un horror que no prescribe

Treinta años después, este escándalo revela una faceta monstruosa de la guerra: no solo el genocidio sistemático, sino un sadismo pagado como ocio. “Es la indiferencia del mal”, dice Gavazzeni.  Italia, por primera vez, investiga a sus propios “cazadores de hombres”. La verdad, aunque tardía, podría romper el silencio sobre uno de los crímenes más aberrantes del conflicto balcánico." 

(Víctor Siles, Periodismo Alternativo, 12/11/25) 

24/9/25

Omer Bartov, el mayor experto judío en Holocausto: “Los israelíes están hoy más preocupados por perder Eurovisión que por el genocidio en Gaza”

 "«Crecí en un hogar sionista. Serví en el ejército israelí. Creo, y sigo creyendo, en el derecho de Israel a existir. Pero la forma en que se ha convertido Israel; el sionismo que ahora dice tener; el régimen que ha creado; el racismo; la intolerancia; la violencia; el odio… son cosas que no puedo apoyar». Omer Bartov habla sin medias tintas, reconociendo incluso el «proceso absolutamente desgarrador» que le ha llevado a él, uno de los mayores expertos en Holocausto del mundo, a sostener sin género de dudas que Israel está cometiendo un genocidio en la Franja de Gaza.

«Es doloroso y horrible solo ver cómo está sucediendo esto, y no importa de dónde seas. Me resulta difícil seguir viendo estas imágenes. Pero como israelí, es difícil en más niveles de los que puedo expresar con palabras», admite Bartov en una extensa entrevista con El Independiente la semana en la que en España el debate a vueltas con el término «genocidio» ha centrado la escena política y la Comisión de Investigación de la ONU lo ha establecido como verdad. Bartov (Ein HaHoresh, Israel, 1954) estudió en la Universidad de Tel Aviv y es doctor por el St. Antony’s College de Oxford. Actualmente ejerce de profesor en la estadounidense Universidad Brown, donde ocupa el cargo de decano de los estudios de Holocausto y genocidio.

Pregunta.- Esta semana se han producido dos acontecimientos: la Comisión de Investigación de la ONU ha señalado que Israel está cometiendo genocidio en Gaza y, al mismo tiempo, Israel ha iniciado la invasión terrestre para ocupar Ciudad de Gaza…
Respuesta.- El documento de la Comisión de Investigación de la ONU es muy importante y debería tener repercusión, tanto en el Secretario General como, potencialmente en el futuro, en el Tribunal Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional, porque es la primera vez que la Comisión de la ONU hace una declaración de este tipo. Han trabajado en ella durante dos años. Por lo tanto, tiene carácter internacional. También es interesante que incluya el cuarto de los cinco tipos diferentes de acciones que podrían considerarse genocidas. En la Convención sobre el Genocidio de 1948, se incluyó la sección 4, que se refiere a la prevención de los nacimientos de un grupo étnico, lo cual es un hallazgo muy importante, en mi opinión [documenta el ataque y destrucción  de una clínica de fertilidad y de los 4.000 embriones y 1.000 muestras de esperma y huevos sin fertilizar que almacenaba]. Sin embargo, resulta obvio que no tiene ningún efecto inmediato, ya que Israel ha emprendido esta operación. No la detiene Estados Unidos, que podría impedirla en cualquier momento, ni la detienen los aliados europeos de Israel, que expresan su preocupación y demás, pero en realidad no hacen nada. Por lo tanto, en el futuro inmediato, no va a tener ningún efecto. Puede que tenga algún impacto intimidatorio sobre algunas personas en Israel, posiblemente miembros del ejército, y hemos visto indicios de ello. En primer lugar, el jefe del Estado Mayor está claramente descontento con esta operación y ha declarado públicamente que no cree que deba llevarse a cabo. Lo está haciendo bajo coacción.

En segundo lugar, su asesor jurídico principal, que es general, ha dicho que esta operación no puede llevarse a cabo porque no se han tomado las medidas suficientes para las personas que están siendo evacuadas de Gaza en cuanto al lugar al que irán. Dice que se trata de una operación que viola el derecho internacional. Ahora bien, podría haber hablado de la idea de infringir el derecho internacional desde hace dos años, y no lo ha hecho. Pero el hecho de que lo haga ahora es un indicativo de que en algunos círculos de Israel existe la preocupación de que eventualmente tengan que enfrentarse a la justicia y, por lo tanto, están tratando de cubrirse las espaldas emitiendo este tipo de declaraciones, ya sea el jefe del Estado Mayor o su asesor jurídico. Pero, en el futuro inmediato, esto no tiene ningún efecto, y el horror en Gaza continúa.

P.- La respuesta del Gobierno israelí fue la habitual: declarar “falso” el informe y acusar a sus autores de antisemitismo…
R.- Es básicamente basura. Siempre dicen lo mismo. No responden al contenido de ninguna de estas investigaciones. Y el informe de la Comisión de la ONU, aunque se basa en sus propias investigaciones, es similar al informe publicado por B’Tselem o Médicos por los Derechos Humanos en Israel y muchos otros. Hay un consenso de la mayoría de los estudiosos del genocidio en el mundo y de la mayoría de los expertos en derecho internacional de que lo que Israel está haciendo es genocidio. Así que descartarlo simplemente diciendo que todo es antisemita significa, en primer lugar, que al Gobierno israelí no le importa nada de esto. Y en segundo lugar, yo diría que sabe que, por ahora, puede actuar con impunidad. Y no importa lo que digan todas estas organizaciones, lo único que importa, en realidad, es una decisión de Estados Unidos, ya sea directamente por parte de Estados Unidos, es decir, que simplemente diga que hay que parar. Obviamente, si no se detiene, entonces no se obtendrán armas ni una decisión de la ONU de no vetar las resoluciones del Consejo de Seguridad. Y una resolución del Consejo de Seguridad sin el veto estadounidense impondría sanciones y un embargo militar a Israel. Eso es lo único que le preocupa a este Gobierno.Y mientras eso no ocurra, seguirá diciendo que es antisemita sin entrar en detalles.

P.- ¿Se puede prever una respuesta en esta línea de EEUU?
R.- Estamos en una situación muy curiosa en la que detener el genocidio en Gaza depende del presidente Trump. Quiere presentarse como alguien que trae la paz al mundo, mientras que en realidad está avivando cada vez más la violencia y el odio en los propios Estados Unidos y es aliado de los elementos más derechistas y ultraderechistas de todo el mundo. Así que es irónico. Pero la realidad es que, sin una decisión de Estados Unidos, y en este caso, directamente del presidente Trump, porque ahora mismo no hay nadie más en la administración estadounidense que haga o diga nada que no se ajuste a lo que Trump quiere que suceda, no pasará nada. Y no sabemos qué hará Trump. Parece que estaba algo molesto, por decirlo suavemente, por el ataque israelí a Qatar por diversas razones. Entre ellas, su propio compromiso con Qatar. Pero aún así ha dado luz verde a Israel. Al menos en Israel hay informes que indican que, en parte, las Fuerzas de Defensa de Israel no quieren actuar rápidamente en Gaza. Están ralentizando las cosas intencionadamente. Netanyahu está presionando para que actúen con rapidez, pero las Fuerzas de Defensa de Israel no se están moviendo con rapidez. Hay muchas razones para ello.

Es probable que Trump se impaciente, simplemente porque esto no lleva a ninguna parte y le está costando mucho dinero y reputación. Lo único que no quiere hacer es apoyar a un perdedor. Las Fuerzas de Defensa de Israel no están ganando. Solo están destrozando y matando a mucha gente, pero no están ganando. No es probable que ganen porque esto no es algo que se pueda ganar. Solo se puede matar y destruir más y más, pero al final no hay victoria. Pero cuándo tomará esa decisión es una incógnita. Y no sé si él lo sabe. Esta es la situación en la que nos encontramos ahora mismo. Sea lo que sea lo que decida España, no va a suponer ninguna diferencia para Israel. Tiene un efecto. Sin duda tiene un efecto, porque España se encuentra en un cruce de caminos en el Mediterráneo y puede complicarle un poco las cosas a Israel, pero no es algo que vaya a tener un efecto inmediato. Lo mismo ocurre con el reconocimiento del Estado palestino. Es algo importante porque, en última instancia, necesitamos una solución política y no hay otra solución política, pero no tendrá ningún efecto inmediato.

P.- ¿Hacia dónde se dirige Israel?
R.- Si se permite que esto continúe así, se convertirá en un estado de apartheid total, no solo apartheid en Cisjordania y asedio de Gaza, sino apartheid completo. Lo que quede de Gaza se creará siguiendo un modelo similar al que tenemos en Cisjordania. Mientras tanto, las tácticas de Gaza se están importando a Cisjordania, por lo que esta se está volviendo cada vez más violenta. Cada vez hay más limpieza étnica y violencia, y se utilizan más tanques y aviones en Cisjordania. Esto tendrá un efecto creciente en la población palestina que es ciudadana israelí. Ya hay una intimidación creciente. Y, en última instancia, lo que está ocurriendo ahora mismo es una represión creciente de cualquier oposición entre los ciudadanos judíos de Israel. Así que se convertirá en un Estado de apartheid, un Estado autoritario. La probabilidad de que las próximas elecciones sean plenamente democráticas está disminuyendo, si es que llegan a celebrarse, porque Netanyahu puede encontrar la manera de posponerlas, pero también puede prohibir los llamados partidos no sionistas, es decir, los partidos árabes, que representan el 20 % del electorado. Como resultado de ello, Israel se convertirá, y de hecho ya se está convirtiendo, en un Estado paria. Se trata de un proceso lento, pero está ocurriendo ante nuestros ojos.

En este momento, los israelíes están más preocupados por participar en Eurovisión que por cualquier otra cosa, pero eso es solo un indicio de lo que vendrá en el futuro. Y, como tal, si nada cambia, no creo que eso sea sostenible para el Estado de Israel. Por lo tanto, Israel no puede vivir como un Estado de apartheid durante más de una o dos décadas. La otra alternativa es una presión masiva sobre Israel por parte de sus aliados, porque lo que tenemos que entender es que Israel está recibiendo impunidad de los mismos Estados que dicen ser defensores del derecho internacional y los derechos humanos. Eso es lo que hace que, en muchos sentidos, el genocidio en Gaza sea único. Desde 1945, ha habido muchos genocidios, pero no fueron llevados a cabo por aliados de Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos o Francia. En este caso, cuenta con su apoyo. Son cómplices. No solo no están haciendo nada, sino que lo están apoyando. Lo están facilitando. Pero creo que si Israel se convierte en lo que podría llegar a ser, se distanciarán de él. Y sin esos aliados, se convertirá en un Estado marginal con una vida muy corta. Si actúan, incluso en interés del propio Israel, pueden salvarlo de eso y, obviamente, también salvar a los palestinos de todo a lo que están siendo sometidos.

Pero no veo que esto vaya a suceder. Los líderes europeos me parecen en gran medida ineficaces, paralizados. Hacen algunas declaraciones, pero nunca les dan continuidad. Tienen miedo de sus propios ciudadanos. Y Estados Unidos, no hace falta que se lo diga, se encuentra ahora en medio de su propio golpe judicial. Lo extraordinario de todo esto es que tanto Israel como Estados Unidos están mirando al pequeño país de Hungría como modelo de lo que quieren ser. Y ese es un modelo muy malo para ellos y un precedente muy malo para una Europa en la que la extrema derecha está creciendo a pasos agigantados.

P.- Y, entretanto, la sociedad israelí parece vivir en una burbuja…
R.- Sí. Es evidente que la población israelí vive en una burbuja. Y ha elegido hacerlo. Esto no es la Rusia soviética. Los israelíes pueden acceder a otros medios de comunicación para saber lo que ocurre en Gaza y cómo Israel se está aislando cada vez más en el mundo, pero eligen no hacerlo. Ven su propia televisión, que es totalmente cómplice del Gobierno, no porque se vea obligada a ello, sino porque así lo elige. Así que hay una enorme autocensura. Y la única forma de romper esta burbuja es mediante una terapia de choque importante para Israel. El 7 de octubre no fue esa terapia de choque. El 7 de octubre solo liberó las peores fuerzas de Israel. Permitió que el Gobierno más ultraderechista de la historia de Israel aprovechara la oportunidad para llevar a cabo lo que siempre había querido hacer, que es la limpieza étnica de los palestinos, para quedarse con la tierra de otras personas. Lo que Israel necesita es una terapia de choque que perjudique a los israelíes hasta tal punto que ya no puedan vivir en esa burbuja. Eso aún no ha sucedido. Yo diría que los elementos de extrema derecha en Israel probablemente cuentan con el apoyo de alrededor del 30 % de la población.

La mayoría de la población no está de acuerdo con ellos. La mayoría de la población querría destituir a este Gobierno porque lo considera corrupto, tanto moral como financieramente, y porque está llevando a cabo una guerra que la mayoría de los israelíes saben ahora que no es una guerra, sino solo un ejercicio político en el que, entre otras cosas, también están muriendo soldados israelíes. Pero eso no significa que la mayoría de los israelíes sepan lo que quieren. Saben que quieren que la guerra termine. No les importaría que, una vez terminada la guerra y regresados los pocos rehenes vivos, se les dijera que Gaza ha sido étnicamente limpiada. Así que no hay ninguna oposición que ofrezca una visión diferente. La mayoría de los israelíes son indiferentes al destino de los palestinos, están llenos de un sentimiento de venganza y sed de sangre, y no se les ofrece ninguna otra visión de futuro. Y eso también se aplica a los palestinos, por supuesto. No hay ningún líder con visión entre los israelíes, y Israel es el actor poderoso aquí, pero tampoco entre los palestinos. Y la única manera de permitir que estos elementos que existen pero que no pueden salir a la superficie emerjan es a través de una gran presión en Israel, una gran presión económica, una presión militar.

Una cosa extraña de lo que está sucediendo es que, a diferencia de la guerra en Ucrania, que en realidad no es fácil de detener porque Rusia no depende de Occidente, lo que está haciendo Israel se puede detener en una semana. Y ya se podría haber detenido en noviembre de 2023. Así que lo que falta es la voluntad de detenerlo. Y si no se para, se está condenando a los palestinos, pero también se está condenando a Israel a un lugar de marginalidad, criminalidad, aislamiento y eventual implosión por el simple hecho de no actuar. Y, por supuesto, aparte de todo esto, también se está destruyendo el imperio del derecho internacional. Se está destruyendo de forma diferente al hecho de que Sudán esté inmerso en una hambruna y un genocidio, o que China tenga sus propias políticas brutales contra los uigures, porque esos países, una vez más, no forman parte de la llamada coalición de países que apoyan el derecho internacional. Por lo tanto, esto está destrozando todo el imperio del derecho internacional, con consecuencias impredecibles para el futuro.

P.- ¿En qué debería consistir esa terapia de choque?
R.- España es un buen ejemplo, porque tomó la decisión de no mirar al pasado, lo que puede tener todo tipo de consecuencias. Personalmente, no estoy seguro de que sea lo correcto, viendo lo que ocurre en otros países. Para muchas naciones, la única forma de empezar a aceptar los errores del pasado es cambiar la propia sociedad. La UE es el socio comercial más importante de Israel. Si la prosperidad israelí, que era bastante exitosa en los años anteriores a 2023, comienza a erosionarse, si los israelíes sienten que no pueden ir a ningún lado, que no tienen dinero, que no pueden permitirse una vivienda, que no pueden permitirse la comida, entonces responderán. Si eso provoca un cambio de gobierno, ese gobierno tendría que, si la presión continúa, enfrentarse a las verdaderas raíces de lo que está sucediendo. La raíz es una sola: la ocupación. Esa es la raíz de todo lo que está sucediendo hoy en Israel, y siempre ha sido la raíz desde 1967 y, de hecho, desde 1948.

Si se inicia un proceso para reconocer que esa es la raíz del problema, tarde o temprano habrá que mirar atrás y reconocer los errores del pasado. Y eso es lo que Oslo no hizo. Oslo se negó a hacerlo. Y eso fue parte del problema con Oslo. Eso no significa que se pueda revertir el mal. No se puede revertir la Nakba, pero se puede abordar. Obviamente, no se puede devolver la vida a las decenas de miles de personas que han muerto en Gaza, pero se puede abordar la situación en Gaza. Israel podría haberlo hecho ya en octubre de 2023. Podría haber dicho a la población palestina: «Hamás es malo para vosotros y malo para nosotros. Queremos destruir Hamás y queremos ayudaros a construir una sociedad diferente». Pero no lo hizo porque no quiere hacerlo, no este Gobierno. Una vez que se pone en marcha un proceso de lo que se podría llamar verdad y reconciliación, que se basa en una visión de futuro, parte de ese proceso consiste en afrontar el pasado.

Eso es lo que ocurrió en Alemania. Eso es lo que acabó ocurriendo en Francia. Eso es lo que acabó ocurriendo en Polonia. Lleva mucho tiempo, pero tiene que producirse un proceso político diferente, y ese proceso aún no ha comenzado. De hecho, no hay ningún indicio de ello, ni siquiera se imagina. Hay algunos grupos pequeños que están hablando de ello, como una tierra para todos, que creo que es el mejor plan que hay en el mercado en este momento. Pero por ahora, sin un cambio en las condiciones materiales en las que vive la gente, no va a despegar. Hay que trabajar en ello porque, una vez que eso ocurra, una vez que la gente diga: «Vale, no podemos aguantar más. Necesitamos algo más. Esto no funciona. Nuestros hijos no tendrán futuro». Unas 100.000 personas se han ido de Israel, y muchas de ellas son personas del sector de la alta tecnología, profesionales, médicos, abogados, ingenieros, personas, y no necesariamente por razones políticas, sino porque no quieren esa sociedad. También se está volviendo cada vez más religiosa, cada vez más intolerante. No quieren que sus hijos crezcan en ella. Cuando más gente lo entienda, las cosas cambiarán. Pero mientras no lo hagan, es fácil intimidarlos, decirles que hay otro Holocausto a la vuelta de la esquina. Y que todos los miembros de Hamás son nazis. Los palestinos, todos ellos, ninguno está al margen. Y utilizar este genocidio, la retórica, para continuar con la violencia e intentar implementar lo que quieren hacer estas personas de extrema derecha: quedarse con la tierra en la que viven otras personas.

P.- Establece que se podría hablar de genocidio en Gaza desde mayo de 2024. ¿Cuáles son los elementos que le hacen defender esa etiqueta?
R.- El principal detonante para mí fue cuando las Fuerzas de Defensa de Israel entraron en Rafah, donde se encontraba entonces la mitad de la población de Gaza, la mayoría de ellos desplazados de otros lugares, de otras ciudades y pueblos, que fueron destruidos tan pronto como los abandonaron. Cuando las FDI quisieron entrar a Rafah, trasladaron a un millón de personas a Al Mawasi sin ninguna infraestructura humanitaria. Y luego destruyeron Rafah. En agosto, estaba destruida. Así que, en ese momento, llegué a la conclusión de que lo que las FDI intentaron hacer no era cumplir los objetivos oficiales de la guerra, que eran destruir Hamás y liberar a los rehenes, lo que a primera vista parecía razonable, sino más bien llevar a cabo las declaraciones que habían hecho Netanyahu, Gallant y otros, lo que básicamente consistía en hacer que la Franja de Gaza fuera totalmente inhabitable para su población. Es decir, llevar a cabo una limpieza étnica. Y como la gente no tiene adónde ir, no puede abandonar el lugar, ya que cualquier rincón de la Franja de Gaza al que vayan es atacado, el resultado de eso es genocida.

A veces se retrasaba debido a los altos el fuego que se imponían a Israel, pero se trataba de un intento constante de empujar a la población hacia la esquina suroeste de la Franja de Gaza. Así que un lugar que era uno de los más densamente poblados del mundo, ahora la población se ve reducida al 20 % de eso. Y eso es lo que está ocurriendo ahora con Ciudad de Gaza. Para mí, en mayo de 2024 estaba claro que se trataba de un genocidio o una limpieza étnica, si se quiere. Era un genocidio como resultado de la campaña israelí para expulsar a la población de Gaza. Por lo tanto, está debilitando a la población, matando a un gran número de personas e intentando destruir, de forma sistemática, no solo sus viviendas, sino todo lo que haría posible que ese grupo se reconstituyera si alguna vez tuviera la oportunidad de hacerlo. Es decir, escuelas, universidades, mezquitas, archivos, museos, todo. Y eso es sistemático. Desde entonces, se ha alcanzado un consenso entre los estudiosos del genocidio, los expertos en derecho internacional y las ONG, en el sentido de que se trata efectivamente de una operación de genocidio. Y en ese sentido, el informe de la Comisión de las Naciones Unidas es concluyente.

P.- Y, a pesar de ello, la mayoría de los políticos y gobernantes occidentales se niegan a acuñar el término “genocidio” a pesar de que está siendo retransmitido al minuto…
R.- Todos los países que son signatarios de la Convención sobre el Genocidio, incluidos Israel y Estados Unidos, que es una convención sobre la prevención y el castigo del delito de genocidio. Lo que significa que, a diferencia de lo que dijo, no tenemos que esperar a que los historiadores juzguen o incluso a que el Tribunal Internacional de Justicia juzgue. Si eres signatario de la Convención sobre el Genocidio como jefe de Estado, tienes que actuar para prevenirlo cuando crees que va a ocurrir, para detenerlo cuando está ocurriendo y para castigar a quienes lo han llevado a cabo. Así que, si reconoces que lo que está haciendo Israel es genocidio, tienes que actuar, tienes que hacer algo. Lo que estamos viendo ahora es en parte similar a lo que vimos en 1994 con el genocidio de Ruanda, cuando Estados Unidos se negó a reconocerlo como genocidio, aunque era claramente un genocidio. Todo el mundo sabía que era pero pensaba que, si lo decía, se vería obligado a actuar, y no quería actuar.

En parte, tiene también que ver con algo muy diferente. Tiene que ver con el legado histórico y con el extraordinario escándalo de que el país que se creó a raíz del Holocausto, y que se creó el mismo año en que la ONU adoptó la Convención sobre el Genocidio, ahora esté involucrado en un genocidio, lo cual parece imposible de aceptar. Y para los países que, con el tiempo, asumieron gradualmente la responsabilidad de lo que les sucedió a los judíos en el Holocausto, hablar ahora del Estado de los judíos llevando a cabo un genocidio parece, en mi opinión, un paso muy difícil de dar para muchos políticos, a pesar del gran cambio en la opinión pública. Y lo último que diré es que creo que en muchos países europeos y en Estados Unidos, hay mucha xenofobia e islamofobia. Por eso, cuando el canciller Merz dice que Israel está haciendo el trabajo sucio por nosotros, es decir, que los judíos están haciendo el trabajo sucio por nosotros es una buena declaración antisemita. Lo que quería decir es que, en su opinión, los israelíes están luchando contra los musulmanes, contra los árabes, contra todas aquellas personas que tampoco queremos en Europa. Por eso creo que parte de lo que se ve en Europa, sin duda entre las élites políticas, es este sentimiento de que nos sentimos incómodos con ello porque se supone que debemos proteger los derechos humanos. Pero, por otro lado, están luchando contra el fundamentalismo. Están luchando contra todos esos elementos terroristas que también existen en nuestros países. Y nos gusta lo que están haciendo. Así que, si se juntan esas tres cosas, creo que se empieza a explicar por qué Israel disfruta de esta impunidad.

P.- Alemania es uno de los países de la UE que, con su pasado, ha bloqueado las sanciones contra Israel. ¿Cómo usa Israel la memoria del Holocausto?
R.- Israel está utilizando el Holocausto y las acusaciones de antisemitismo en Alemania y en otros lugares, no solo en Alemania, por supuesto. La IHRA, con su terrible definición de antisemitismo, se está adoptando cada vez más en Estados Unidos, incluidas la Universidad de Columbia y la Universidad de Harvard. Así que Israel está haciendo un muy buen trabajo en ese sentido, silenciando el discurso mediante referencias al Holocausto y acusaciones de antisemitismo, que en general son totalmente falsas. En Alemania, esto tiene una resonancia especial, por supuesto. Ningún alemán que se precie -político, académico, intelectual o personalidad de los medios de comunicación- querría que le llamaran antisemita. Les da mucho miedo. Eso no significa que no haya cambios en Alemania.

P.- ¿Está Israel su crédito histórico?
R.- Sí. Ha agotado el crédito del que disfrutó durante décadas al utilizar el Holocausto como carta blanca para actuar de formas que, de otro modo, serían claramente indefendibles. No se puede justificar el genocidio hablando del genocidio. No se puede hacer eso. No se puede decir que hubo un genocidio contra nosotros y podemos cometer genocidio contra otros. E Israel lo ha hecho ahora. La destrucción de Gaza está transformando rápidamente la sociedad israelí, la política israelí, el sistema judicial. Israel ya no podrá seguir afirmando que es la única democracia en Oriente Medio. Se convertirá en un Estado que ya no tendrá ninguna autoridad moral frente a sus aliados y partidarios más cercanos. Y sí, se está quedando sin ella. Por supuesto, hay personas en Israel que son conscientes de ello y que hablan de ello, pero ahora mismo no tienen ningún poder.

P.- ¿Es posible comparar el Holocausto con el genocidio que se está produciendo ahora mismo en Gaza?
R.- No. Es caer en los argumentos esgrimidos por Israel. Después del 7 de octubre, inmediatamente el Hasbará israelí [un término utilizado para describir los esfuerzos de relaciones públicas y propaganda llevados a cabo por el Estado de Israel para promover una imagen positiva del país] dijo: “Esta es la mayor matanza de judíos desde el Holocausto”. Y entonces se llamó nazis a Hamás, y todavía lo siguen haciendo. Y así, la idea general era que ellos querían hacernos un Holocausto y, por lo tanto, nosotros podíamos hacerles lo que quisiéramos, porque eran nazis. Y ahora dar la vuelta a la tortilla y decir: «No, en realidad son los israelíes los que están cometiendo un Holocausto contra los palestinos». Creo que cuando se comparan cosas con el Holocausto, siempre se sale perdiendo. El Holocausto fue, de hecho, el genocidio más grande y extremo de la era moderna. Y no hace falta decir que algo se parece al Holocausto para decir que es un genocidio. Hubo muchos, muchos genocidios antes y después del Holocausto. Cada uno tenía sus propias características. Este es uno de ellos. No hay campos de exterminio en Gaza. No hay fosas comunes en Gaza, pero sí hay un genocidio en Gaza. Y lo que hay que preguntarse es si lo que está ocurriendo en Gaza se parece o se ajusta a la definición de genocidio de la Convención sobre el Genocidio, no al Holocausto. Yo dejaría fuera el Holocausto. Está en la mente de todos. Contamina la mente de la gente, pero no es una buena analogía.

P.- El debate público de esta semana en España ha girado en torno a la calificación de genocidio en Gaza. La mayoría de los ministros españoles comenzaron esta semana a utilizar la designación de genocidio, incluido el presidente del Gobierno. Por otro, el principal partido de la oposición, el PP, se negó a hablar de genocidio. Su líder optó por tirdarlo de “masacre”…
R.- Esto no es sorprendente. No hace falta que te diga que en España, Portugal, Alemania, Italia y Francia hay mucho sentimiento antiinmigrante y antimusulmán. Y como muchos elementos de la derecha, conservadores y, por supuesto, de la extrema derecha ven a Israel como un país que lucha contra esas personas que no queremos en nuestros propios países. Hay un cierto apoyo a lo que está haciendo Israel. Y por eso es difícil no condenarlo y expresar preocupación. Pero una vez que lo llamas genocidio, eso significa, en primer lugar, tienes que tomar medidas. Y en segundo lugar, es el crimen de los crímenes. Creo que es más comprensible que comience en los círculos de izquierda y liberales. Netanyahu ha descubierto que él y las personas de su entorno pueden trabajar bien con elementos de la política europea y estadounidense cuyas propias predilecciones son en realidad antisemitas porque son intolerantes, porque son antimusulmanes, antiinmigrantes y antijudíos. Es parte del mismo paquete, pero comparten una ideología etnonacionalista.Y por eso se lleva bien con gente como Orbán, Le Pen o Meloni. Así que esta tendencia concreta en la política israelí se ha fortalecido, la de trabajar con gente intolerante como nosotros. Quieren un Estado etnonacional.

P.- Es un experto en el Holocausto, y al mismo tiempo ha crecido en Israel. ¿Qué tan doloroso es para usted reconocer que Israel está cometiendo un genocidio?
R.- Es doloroso y horrible solo ver cómo está sucediendo esto, y no importa de dónde seas. Me resulta difícil seguir viendo estas imágenes. Pero como israelí, es difícil en más niveles de los que puedo expresar con palabras. Crecí en un hogar sionista. Serví en el ejército israelí. Creo, y sigo creyendo, en el derecho de Israel a existir. Me veía a mí mismo, y en cierto modo sigo viéndome, como sionista, lo que significa que los judíos tienen derecho a la autodeterminación como cualquier otro grupo nacional. Pero la forma en que se ha convertido Israel, el sionismo que ahora dice tener, el régimen que ha creado, el racismo en Israel, la intolerancia en Israel, la violencia, el odio, son cosas que no puedo apoyar, ideológica y políticamente. Y, personalmente, tomé la decisión de que ahora no puedo ir allí. Tengo familia en Israel, tengo amigos en Israel. Y sé que los sentimientos de mis amigos son tales que prefiero no ir y hablar con ellos. Ese lugar se ha alejado de mí, y yo me he alejado de él. Solo rezo para que eso cambie, porque hay gente muy diferente en Israel. Son personas muy creativas, muy buenas, muy admirables, y tengo el privilegio de conocer a algunas de ellas. Pero hay una ola oscura que se ha apoderado de ese país, y me resulta muy doloroso verlo. Y pienso en mi padre, que fue sionista toda su vida. Nació en Palestina. Luchó en varias guerras, incluida la Segunda Guerra Mundial. Falleció en 2016 y describió a Netanyahu como el destructor del sionismo. Y me alegro de que ya no esté vivo para ver lo que le ha pasado a ese país. Pero para mí, que ahora tengo 71 años, ver lo que ha pasado es desgarrador. Es absolutamente desgarrador.

P.- ¿Es Israel un sueño convertido en pesadilla?
R.- Sí, en cierto modo, se ha convertido en una pesadilla. Ese sueño parte de la psique israelí. Hay mucha gente a la que le gustaría despertarse mañana y que le dijeran que los palestinos han desaparecido, y no harían preguntas. Así que ese sueño sigue ahí. Pero, por supuesto, es un sueño genocida. Es la esencia misma del genocidio. Es querer que todo un pueblo desaparezca, y no solo matarlo o eliminarlo, sino también olvidar que alguna vez existió, encubrirlo todo, escribir una historia que lo excluya. De eso se trata el genocidio. Por cierto, eso es lo que los nazis intentaron hacer con los judíos. Fallaron. Pero eso es lo que querían hacer, no solo matar a los judíos, sino también borrar el recuerdo de que alguna vez fueron judíos y de que los mataron. Y ese es un sueño que, por supuesto, es una pesadilla.

P.- Y, aún así, ¿guarda algún resquicio de esperanza?
R.- En el caso de Israel, tengo que mantenerme optimista. Si no se ejerce una presión masiva sobre Israel, este país va camino de convertirse en un estado autoritario y de apartheid, y como tal, no durará mucho tiempo. Y tal vez pase por un proceso similar al de Sudáfrica en unos años, solo que creo que será mucho más sangriento. Sigo esperando que se ejerza presión y que esto cambie. En cuanto al estado de derecho de la comunidad internacional, hay que seguir siendo optimista y hay que luchar por él, porque si desaparece, hay que pensar: ¿cuál es la alternativa? Y la alternativa es la política de las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y China. Entonces nos encaminamos hacia un futuro muy oscuro. Hay mucha gente en el mundo que entiende cuáles fueron las raíces de la creación de este sistema, que es defectuoso, precario y que no funciona muy bien. Pero la alternativa es mucho peor. Si se pierde la esperanza en cualquiera de los dos casos, tanto en el de Israel como en el de la comunidad internacional, se está facilitando el trabajo a aquellos que quieren destruirlo. Y no quiero unirme a ese grupo. Por eso prefiero intentar pensar en alternativas."

(Francisco Carrión, Other News, 23/09/25)