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17/8/22

Argentina juzga por primera vez torturas en un centro eclesiástico durante la dictadura

 "El 18 de abril de 1978, el exsacerdote argentino Santiago Mac Guire pasó a buscar a su hijo Lucas, de cinco años, por el jardín de infantes y lo subió a la bicicleta. Cuando estaban a pocas cuadras de casa, en la ciudad de Rosario, un automóvil les cortó el paso y los tiró al suelo. Salieron de él cuatro o cinco militares de civil que se lanzaron sobre Mac Guire, lo encapucharon y se lo llevaron tumbado en el suelo del coche, mientras dejaban al niño abandonado en mitad de la calle.

Lucas tiene hoy 49 años y se prepara para declarar como testigo en el juicio por crímenes de lesa humanidad que comenzó el pasado lunes en Rosario. El caso de su padre es uno de los 116 englobados en la causa Guerrieri IV -por Pascual Guerrieri, ex responsable de inteligencia del Ejército- por el que están acusados 17 exmilitares y policías. Sin embargo, se trata de un caso singular por la acusación inédita que lo acompaña: la querella sostiene que Mac Guire fue secuestrado y torturado junto a otros dos detenidos en la casa salesiana Ceferino Namuncurá, a las afueras de Rosario. De confirmarse, sería la primera vez que se prueba que una dependencia eclesiástica funcionó como centro clandestino de detención durante la última dictadura argentina (1976-1983).

 “Escuchaba ruidos de aviones, así que sabía que estaba más o menos cerca del aeropuerto, que queda en la zona de Funes. Cuando lo mandan a buscar para legalizarlo [pasarlo de un centro de detención clandestino a uno legal] lo llevan dos soldados y cuando él les pregunta que dónde estaban le dicen que vienen del Ceferino Namuncurá. Ahí entiende que es el retiro espiritual de los salesianos donde había ido muchas veces y establece la relación”, cuenta Lucas por teléfono.

Mac Guire no puede prestar testimonio porque falleció en 2001, pero había declarado en 1984 ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), el organismo creado por Ricardo Alfonsin tras el regreso de Argentina a la democracia con el objetivo de investigar los crímenes perpetrados por el terrorismo de Estado entre 1976 y 1983. Su hijo se basa en ese testimonio para responder, que forma parte también del expediente judicial.

Lucas era muy pequeño para acordarse con precisión del día en el que golpearon y secuestraron a su padre frente a él, pero conserva la sensación de frío y de vacío de los primeros minutos, cuando todo el mundo se había escondido en sus casas por miedo. “Primero apareció el kioskero y después una mujer con una nenita que iba a mi escuela. Se acercó a mí, que lloraba descontrolado, y me llevó a mi casa”, reconstruye.

Como las demás familias de desaparecidos durante la dictadura, la esposa de Mac Guire, María Magdalena Carey, comenzó a buscarlo por todos lados. Una de las puertas que golpeó fue la del Obispado de Rosario. Se presentó a pedir ayuda junto a sus cuatro hijos y no se fue hasta que la recibieron. Aunque Mac Guire, quien fue un destacado sacerdote tercermundista hasta que colgó los hábitos en 1972, su familia cree que sus lazos con la Iglesia fueron esenciales para salvarle la vida.

“A los 15 días aproximadamente llaman a mi madre desde el Obispado para decirle que vaya al Batallón 121 porque mi padre ha aparecido ahí. Cuando llega se encuentra a una persona irreconocible por la cantidad de lesiones y golpes y su delgadez”, cuenta Lucas. En su testimonio ante la Conadep, Mac Guire relató que cuando fue trasladado a ese batallón lo recibió [Eugenio] Zitelli, el capellán de la policía rosarina, “tomando café y fumando un cigarrillo con [el comandante de Gendarmería Adolfo] Kusidonchi”.

 

Kusidonchi fue condenado en 2018 a 22 años de cárcel por delitos de lesa humanidad, pero Zitelli murió antes de ser juzgado. “Zitelli estuvo procesado por hechos de privación, de aplicación de tormentos y por integrar la asociación ilícita del aparato represor estatal en Rosario, pero no fue condenado porque falleció pocos días antes del inicio del juicio en el que estaba procesado”, afirma la abogada querellante Gabriela Durruty. “El caso de Mac Guire vuelve a poner en agenda el tema de la corresponsabilidad de la Iglesia con la dictadura”, continúa Durruty.

Según la querella, Mac Guire estuvo detenido en la casa salesiana Ceferino Namuncurá junto a Roberto Pistacchia -secuestrado el mismo día que él y también sobreviviente- y Eduardo Garat, que permanece desaparecido. El terreno donde se encontraba fue vendido en 1979 a la Fuerza Aérea, una operación que recuerda a la que se realizó ese mismo año en el delta del Tigre en la conocida como quinta El Silencio. Esa propiedad de la iglesia fue vendida a los militares y albergó poco después a algunos detenidos de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) para burlar la inspección que iban a realizar los delegados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos durante su visita a Argentina.

Lucas lamenta que el juicio haya tardado tanto en llegar y que sólo haya una audiencia semanal en el Tribunal Oral Federal 1, lo que alargará aún más el proceso. “Por un lado es una sensación liberadora [el inicio del juicio], pero por otro lado hay bastantes matices, porque muchos acusados murieron, o por enfermedad o vejez no estuvieron en la sala”, critica.

Amigos y activistas de derechos humanos acompañaron el lunes a los familiares a las puertas del tribunal. Todos esperan condenas ejemplares, pero recuerdan que, además, cada nuevo juicio supone una nueva oportunidad para recordar los crímenes perpetrados y que no vuelvan a repetirse. Desde que Argentina reanudó los juicios por delitos de lesa humanidad en 2006, más de mil personas han sido condenadas."                   (Marc Centenera, El País, 03/08/22)

12/3/18

Unas 2000 mujeres y niñas habían sido ejecutadas por activismo político, por tener un panfleto en su bolso, o ser familiar de un perseguido

"Pasan diez años de la muerte en arresto domiciliario de la que fue la última líder del movimiento feminista de Irán, y la primera mujer iraní condenada a muerte por la “propaganda comunista” en 1953. Maryam Firuz (1913-2008), una de las personas más que más ha marcado la historia contemporánea de Irán, era hija de un príncipe de la dinastía de Qayar, que pasó al bando contrario defendiendo hasta la muerte la justicia social y la igualdad, recibiendo el apodo de “La Princesa Roja”.

Maryam fue una mujer rebelde y avanzada para su tiempo: se graduó en la escuela francesa Jean d’Arc, y diez años después de un matrimonio de conveniencia con un aristócrata, se divorció con dos hijas para unirse al movimiento marxista iraní “el único que defiende los derechos de la mujer” había dicho.

Su matrimonio con el arquitecto y dirigente del Partido comunista de Tudeh, Nureddin Kianuri, le dio la oportunidad de organizar el movimiento por la igualdad en el marco de la Organización Democrática de la Mujer Iraní (ODMI,1943) que se convirtió en el movimiento feminista más poderoso de Oriente Próximo, ocupando las calles y las instituciones para forzar a la monarquía despótica de Pahlavi a realizar algunas reformas modernizadoras.
Poco duró el clima anti fascista de la posguerra. El supuesto atentado contra el Sha del 4 de febrero de 1949 fue un pretexto para prohibir a los partidos y sindicatos de izquierda, y la detención de dirigentes y miles de sus afiliados. Kianuri y otros 11 compañeros, ayudados por la organización militar del Tudeh y bajo la coordinación de Maryam, hicieron una huida de película de la cárcel y se exiliaron a la Unión Soviética.

El asalto a las fuerzas progresistas iraníes continuó: La CIA y el MI6 realizaron en 1953 un golpe de estado contra el gobierno de Doctor Moahammad Mosadeq (primo de Maryam), quien nacionalizó la industria petrolífera iraní. Miles de marxistas fueron ejecutados. Firuz, después de varios años de vivir en clandestinidad, abandonó el país rumbo a la República Democrática de Alemania.

Los años de exilio y de prisión

Durante los 25 años lejos de su patria, Firuz, doctora en la lengua francesa, trabajó dando clases de idiomas por su dominio al persa, inglés, árabe, francés, ruso y alemán, sin dejar de luchar por un Irán libre. Con la Revolución del 1979 regresó con entusiasmo y esperanza al país, al igual que otros exiliados iraníes.

En menos de tres años, la revista mensual “Yahan-e zanan” (Mundo de la mujer) de la ODMI fue la publicación feminista más vendida y distribuida de Irán, hasta que en el junio del 1983, Firuz (junto con su hija y su nieta de 11 años), y otros diez mil militantes y dirigentes de la ODMI, del Tudeh, los sindicatos obreros, y sus filiales fueron arrestados acusados de espionaje para la URSS (¡ahora se les detiene a los críticos “por espionaje para Israel!”), y “entrar en guerra contra Dios”, o sea, contra el totalitarismo religioso-capitalista de la República Islámica (RI). Cientos de ellos fueron ejecutados después de brutales torturas. La doctora Firuz, ya anciana, fue condenada junto con otras 116 compañeras a la pena capital.

La presión internacional, incluida las gestiones de su compañera de exilio, Dolores Ibárruri, la Pasionaria, consiguió reducir esta sentencia a la cadena perpetua. Sobrevivió durante 7 años en una celda de aislamiento, sufriendo torturas medievales más brutales como “Ta’zir” (latigazos por todo el cuerpo) y golpes a su cabeza, que arrancaron su piel y la dejaron sorda.

Hasta entonces, unas 2000 mujeres y niñas habían sido ejecutadas por activismo político, por tener un panfleto en su bolso, o ser familiar de un perseguido. Los muros de aquellas mazmorras no olvidarán los gritos desgarradores de Nafiseh Ashraf de 10 años, Maryam Asadi de 11, Afsaneh Farabi de 12, y otras 6 niñas menores de 13 años fusiladas, y decenas de mujeres embarazadas.

Las religiones semíticas consideran adultas a las niñas de 7 o 8 años y responsables de sus actos: una edad en la que se les pone el velo, se les puede casar y también ajusticiar.

La historia de la ODMI está llena de glorias y logros pero también de importantes errores, como menospreciar la lucha contra el velo y la Ley de Familia en favor de una inexistente lucha antiimperialista de la RI. 

Se equivocaron los que creían que matando a las voces feministas acabarían con las demandas de las mujeres. Su invento, el Feminismo Islámico, fabricado en los años 90 para disfrazar la misoginia fundamentalita, fue un fracaso y depositado en la papelera de la historia.

Los torturadores, que tienen la misma ideología de quienes hablan del feminismo “blanco-colonial”, le llamaban “la madame de las prostitutas”, en referencia a las feministas que dejaron su piel y su vida por una vida digna para todos los ciudadanos.
La doctora Firzu fue puesta bajo arresto domiciliario en 1994 hasta su muerte en 2008. La censura impide que millones de jóvenes iraníes conozcan a esta imprescindible luchadora. Es un atentado contra la memoria histórica: no hay ninguna biblioteca, ni calle, ni un monumento, que lleve su nombre, aunque ella sigue viva en el “Movimiento de cada una de las chicas de la calle de la Revolución”.             (Nazaním Armaniam, Público, 09/03/18)

5/2/15

Quemado vivo...


 




"EL HECHO es que el piloto jordano Moaz al Kasasbeh fue encerrado en una jaula y quemado vivo por sus secuestradores islamistas. Su asesinato fue filmado y semanas después la grabación se distribuyó a través de diversas páginas web.

 La inmensa mayoría de los medios de comunicación se ha negado a exhibir el vídeo. Dicen que por no colaborar con la propaganda de los asesinos. Es extraño que un periódico tenga en su poder la descripción de un hecho relevante y se niegue a publicarla. 

Me pregunto, en la ida y venida de un soliloquio difícil, hasta qué punto es moralmente lícito no compartir una micra simbólica del dolor de Moaz; y también me pregunto a quién deja de verdad solo y abandonado esta negativa: si a sus asesinos o a él.

Pero sobre todo me pregunto por qué los periódicos hablan, ¡alardean!, de negarse a colaborar con los terroristas cuando en realidad lo que pretenden es proteger la sensibilidad de sus buenos y pequeños burgueses, y yo el primero. 

El asesinato del piloto está en todos los medios del mundo. Y con todos los detalles. Si hubiera propaganda en el terror está cumplida. Pero es que no solo cumplida: muy vitaminada. Del material que los productores islámicos han puesto al alcance de todos los periódicos éstos han elegido los momentos más estéticos y cinematográficos. 

Especialmente virulenta y desmoralizadora es la fotografía que muestra a Moaz en la jaula, observando absorto el zigzag de fuego que va a consumirle en pocos minutos. Es esta opción por el tráiler pasteurizado y no por la película íntegra, por el encuadre y no por la deformación de la sangre, lo que facilita que cualquier desfile de moda sea capaz de utilizar mañana el atrezo IS.

Un periódico puede negarse a publicar el vídeo del asesinato. Puede reducir la información a una columna en páginas interiores, como lo haría con toda seguridad de no existir las pruebas gráficas. Hay razones, aunque discutibles, para hacerlo. 

¿Pero cómo justificar esa elección del ángulo limpio y bonito de un asesinato? ¿Cómo escamotear la evidencia de que el ingenioso reptil de fuego que avanza dejará en la jaula el bulto negro de lo que fue un hombre? ¿Un Auschwitz con trenecillos que llegan y las lomas de cadáveres fuera del encuadre?

Lo que hace la propaganda."           

4/2/14

Una turba, una decena de hombres, se turna para dar palos a tres, cuatro víctimas

"(...) Ya no retumba la artillería pesada y no se cuentan los muertos por centenares. En muchos barrios reina una calma incierta. Pero los hospitales siguen recibiendo heridos por bala o por machete a diario, en una rutina violenta en la que se enfrentan ya vecinos contra vecinos, enemigos no por apoyar a uno u otro grupo armado, si no por ser musulmán o cristiano. 

Las imágenes son horrendas: una turba, una decena de hombres, se turna para dar palos a tres, cuatro víctimas que, aturdidas en el suelo ensangrentado, apenas claman por sus vidas. El vídeo se grabó el 27 de diciembre en el barrio PK5 (a cinco kilómetros del centro), una zona de mercado cuyas tiendas son de musulmanes.

La ira del gentío, causada porque poco antes habían llevado el cadáver de un musulmán, linchado en otro barrio por cristianos. Hora de vengarse. Quince días después fue en el centro de la ciudad y filmado ante las cámaras de la prensa internacional, que la turba, esta vez cristiana, se cebaba con dos musulmanes, a quienes acabaron prendiendo fuego.

 Un toma y daca visceral que no cesa y que la renuncia de Djotodia y el nombramiento de una nueva presidenta, Catherine Samba- Panza, no ha hecho amainar y que ha sembrado el miedo en las comunidades: Bangui ostenta medio millón de desplazados. (...)

La mayoría de los cristianos, refugiados en centros religiosos o en campos de desplazados como el del aeropuerto (protegido por los franceses) donde se hacinan más de 100.000 personas. Los musulmanes se reagrupan en sus barrios y muchos, por miles, han iniciado el camino del exilio y dejan Bangui y la RCA.

"Hay mucho odio, demasiado. Yo me voy a Chad, pero mi madre y mis hermanos se fueron hace unos días a Mauritania, de donde era mi padre, ya fallecido. Nunca han estado en Mauritania, ni yo en Chad. Los mensajes de odio, que han llegado incluso por la radio internacional, diciendo que iban a matar a los musulmanes, nos han traumatizado.

 Es posible que yo vuelva, porque Chad está cerca, pero el resto de mi familia no volverá. Tienen demasiado miedo", explica Ousman desde PK5. "Es desolador dejar mi país, soy centroafricano, pero me expulsan". (...)

El vídeo de la matanza en PK5 llega de la mano de un joven, Serge, refugiado en el campo del recinto religioso de Don Bosco. Serge lo muestra en su teléfono móvil. Es posible que así muriera su hermano. "Llevábamos ya unas semanas en Don Bosco, y nos estábamos quedando sin dinero.

 Mi hermano dijo que iría a PK5 a buscar trabajo. Era el 27 de diciembre. No lo veo en el vídeo. Pero es posible que muriera allí. La Cruz Roja dijo que los cuerpos recogidos ese día estaban muy maltrechos para ser reconocidos". Serge, estudiante de informática, cuenta que fue un amigo musulmán el que le pasó el vídeo. (...)

El miedo y la venganza, caras de la misma moneda, se extienden más allá de Bangui. Durante meses, casi un año, los hombres de la Séléka, desorganizados y mal pagados, han abusado de la población civil, mayoritariamente cristiana, de la RCA.

La incapacidad de Djotodia de controlarlos, de atajar sus atrocidades, y de evitar la consecuente formación de grupos de autodefensa, le llevó a su propia dimisión, presionado por la comunidad internacional.

Los musulmanes, tradicionalmente marginados, más prominentes en el norte (donde se formó Séléka), considerados "extranjeros" en discurso público imperante hasta la actualidad, ahora son acusados sin excepción de apoyar a Séléka y las barbaridades cometidas por sus hombres.

Hay miedo entre los cristianos que viven en la ruta hacia el norte a emprender por los ex-Séléka en su vuelta a casa. Hay miedo entre las poblaciones musulmanas a ser atacados por sus vecinos o por los Antibalaka en las carreteras, en su camino hacia el exilio.

Si en Bouca, población del Noreste, ya no hay musulmanes, antes numerosos en la ciudad de 15.000 personas, en la vecina Batangafo, de acuerdo con Médicos Sin Fronteras (MSF), 3.000 cristianos se refugian por la noche en el recinto del hospital ante persistentes rumores de ataques. (...)"               (El País, 03/02/2014)

3/6/11

"... por las heridas que sus carceleros le habían infligido: tuvo que pasar 13 veces por el quirófano, tal fue la gravedad de las torturas"

"La muerte de Siamak Pourzand (1931-2011) tiene el sabor amargo de la derrota. Harto de luchar contra los abusos del poder, de sobrevivir a décadas de persecución, años de cárcel y un sinfín de torturas, que le llevaron 13 veces al quirófano, el periodista iraní se rindió a los 80 años:

una victoria de la abyección del régimen sobre una víctima inerme. Pourzand acabó con su vida el pasado 29 de abril. Un final tristemente liberador para quien había hecho de ella un acto de resistencia. (...)

Pero en 1999 los estudiantes se alzaron contra el poder, y Pourzand retransmitió esa protesta a radios de todo el mundo. Fue el principio del fin. Un año más tarde, su esposa fue encarcelada por delitos "contra la seguridad del Estado".

En prisión se le detectó un cáncer y la presión internacional logró que se le permitiera abandonar Irán para recibir tratamiento en el extranjero, junto a una de las hijas del matrimonio; la otra, también abogada, vivía ya en Canadá.

A Mehrangiz no la dejaron volver nunca a Irán, y Siamak Pourzand emprendió la última década de su vida solo. En noviembre de 2001, bajo el Gobierno de Mohamed Jatamí, fue encarcelado y torturado durante 13 meses. En una de esas confesiones televisivas forzadas, tan ejemplarizantes, Pourzand afirmó ser un espía y servir de enlace entre EE UU y los reformistas iraníes. (...)

En 2002 un tribunal le condenó a 11 años de prisión y Pourzand ingresó en la tenebrosa cárcel de Evin. Un año después le trasladaron a un hospital por las heridas que sus carceleros le habían infligido: tuvo que pasar 13 veces por el quirófano, tal fue la gravedad de las torturas.

Una campaña liderada por Amnistía Internacional consiguió que se le conmutara la pena de cárcel por el arresto domiciliario, sometido a vigilancia, con el teléfono intervenido, cada día más disminuido físicamente.

Durante ese tiempo, su esposa, hoy profesora de la Universidad de Harvard, hizo todo lo humanamente posible para sacarle de Irán. Pero Siamak se negó, confiando en un final razonable y razonado, de reconciliación nacional. Ni siquiera esa esperanza fue capaz de anclarle a la vida." (El País, 02/06/2011, p. 50)

19/11/09

El odio... en estado puro...

"¿Y qué enseñan en la yeshiva de Yitzhar los rabinos Yitzhak Shapira y Yosef Elitzur? Que en determinados supuestos, y la laxitud produce vértigo, se puede matar a niños gentiles. Para estos rabinos, paladines del sionismo religioso, el árabe, el cristiano -todo gentil- es un ser inferior, a menudo peligroso, y siempre alguien digno de desconfianza.

¿En que circunstancias se puede matar a bebés? "Porque su presencia puede promover los asesinatos. Existe una razón para dañar a los niños si está claro que crecerán para hacernos daño... Está permitido dañar a los hijos de un líder para presionarle con el fin de que no actúe malvadamente... Hemos visto en la Halaja [ley religiosa judía] que incluso existe causa para matar a los bebes de gentiles que no violan las siete leyes otorgadas por Dios a Noé por la futura amenaza que causarán si son criados por gente malvada como sus padres", han escrito Shapira y Elitzur en su libro La Torá del Rey: leyes sobre la vida y la muerte entre los judíos y las naciones". (El País, 19/11/2009)

11/6/08

Las torturas de las monjas católicas

“Encarceladas en el franquismo bajo el "azote de la fe".Una historiadora investiga la vida en las cárceles gestionadas por monjas.

Con las monjas gobernando las cárceles, las autoridades franquistas cumplían dos objetivos: por un lado, efectuar una labor adoctrinadora y, por otro, darle utilidad a estos recintos en un tiempo en el que el número de cárceles se quedaba pequeño y donde la mano de obra era gratuita. Las monjas, por su parte, utilizaban a la población reclusa, que en el caso de Saturrarán, pasó de 700 a 1.700 residentes, para trabajar sus huertos y plantaciones. A cambio, las alimentaban con "pan duro y legumbres con gusanos".

Cuenta Victoria Martínez que en las cartas de estas gallegas existen referencias constantes al trato duro y a la férrea disciplina de las religiosas que, en su afán por cumplir con esa labor transformadora, utilizaban la incomunicación como herramienta habitual. La Pantera Blanca llevaba a cabo ese aislamiento en las celdas situadas junto al canal y que constantemente se inundaban hasta el punto de que "hubo quien casi llegó a ahogarse". (El País, ed. Galicia, Galicia, 08/12/2007, pp. 7)

21/5/08

Te denuncia tu socio

En las garras de Al Qaeda. Un informático iraquí pasó ocho días secuestrado en las mazmorras de una célula 'yihadista'. Sufrió torturas e intentaron matarle. (…)

"Demuéstranos que eres suní o te matamos". (…)

Tampoco pararon al día siguiente. Las mismas preguntas. Le dijeron que un amigo con el que trabajaba le había denunciado. Fue entonces cuando S. entendió que había sido su socio. Ambos regentaban una compañía informática, y su negativa a pagarle su participación cuando tuvo que huir de Irak terminó de confirmarle esa sospecha. "Al día siguiente vinieron para matarme; me ataron, me encapucharon, me obligaron a arrodillarme y me pusieron una pistola en la sien. Entonces, el verdugo apretó el gatillo varias veces, pero la pistola falló. Llamaron al jeque y le explicaron lo sucedido. Abú Husam les dijo que repitieran las comprobaciones porque a lo mejor yo era un buen musulmán y lo sucedido era un signo de su error. Me reconocieron que se equivocaban en un 20% de las ocasiones.

Habían pasado seis días desde que S. llegó a ese centro de detención clandestino y aún le quedaban 48 horas de horror hasta que sus captores le liberaran a cambio de 100.000 dólares, que su familia reunió a toda prisa. Hubo tiempo para una nueva ejecución fallida, y para que llamaran a un matarife que debía degollarle, a lo que se negó aduciendo que estaba cansado. Tal vez sólo fuera parte de las torturas, pero él llegó a verse muerto y ahora tiene la sensación de vivir una prórroga. (…)

En ningún momento notó tensión entre sus captores. "Todos se mostraban felices; les han lavado el cerebro y están convencidos de que matar es un mandato de Dios. El que mata a 25 alcanza el grado de jeque; con más se llega a emir, y finalmente, a emir de emires. Eso es lo que era Al Zarqaui, uno de los dirigentes más sanguinarios de la insurgencia iraquí, a pesar de ser jordano.” (El País, Domingo, 11/05/2008, p. 8)