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8/10/18

Soldados israelíes revelan lo que ocurre a diario en los territorios ocupados




"Desde 2004, y a pesar de los obstáculos del Gobierno, la ONG israelí ‘Breaking the silence’ recoge los testimonios de soldados y exsoldados sobre su actuación en los territorios ocupados."
(Breaking the silence , Kaos en la red)

24/6/13

¿Por qué los soldados del ejército israelí no "rompen el silencio"?

"Cuando los soldados israelíes admiten sus abusos pasados ​​con los palestinos, como hicieron de nuevo esta semana, los defensores de la ocupación a menudo preguntan: ¿Por qué no denunció esto al ejército en ese momento? Un ejemplo personal de por qué es una pregunta capciosa. 

Yo tenía 37 años, tres años y medio de inmigrante en Israel, reclutado por el ejército israelí para un mes de entrenamiento básico, y me encontré volcando un camión de la basura en el borde del huerto de una mujer palestina. Nos gritaba a mí y al otro recluta que hacía el trabajo en árabe y el conductor del ejército sentado en el camión le contestaba en árabe también a gritos. 

Le pregunté al otro recluta, un nuevo inmigrante de Marruecos, qué decía el conductor, aunque muy bien podía imaginar lo que estaba diciendo la mujer, y me tradujo: "Cállate y vuelve a tu casa, vieja puta". 

Esto fue en 1989 y formó parte de una limpieza en nuestra base militar cerca de Ramallah antes de la visita de un general. Al otro recluta y a mí nos enviaron con el camión para recoger los desechos grandes, los residuos voluminosos de la base que no caben en los cubos de basura y tirarla en otro sitio.

 El conductor nos llevó a la casa de esta mujer y nos dijo que arrojásemos la basura allí mismo, en el borde de la huerta, y así lo hicimos, sin hacer preguntas.

 A lo lejos, unos muchachos palestinos empezaron a gritar "manyak" y a lanzar piedras en nuestra dirección, ninguno estaba lo bastante cerca como para golpearnos, cautelosamente se quedaron bastante lejos-.

 Me sentí avergonzado, sabía que estábamos haciendo algo mal, y el otro soldado también lo sabía, pero vaciamos todo el cargamento de basura en el huerto de aquella mujer. No le dijimos una sola palabra al conductor malhumorado, y cuando regresamos a la base tampoco dijimos nada a nuestro comandante. 

Entonces mis ideas políticas no eran tan de izquierdas como ahora, pero estaban cerca; debería haber votado por Shulamit Aloni y el partido Ratz de Yossi Sarid, debería haber tomado parte en cada manifestación de Peace Now en el inicio de la primera intifada, yo estaba totalmente en contra de la ocupación. Pero al mismo tiempo sentía profundamente que era mi deber para con Israel y para mí mismo servir en el ejército como los demás. 

Lo intenté todo lo que pude en aquel mes de entrenamiento básico. Y la idea de informar a los oficiales del vertido de basura en el huerto de la mujer era algo que no estaba listo para sostener. No quería ser un "alborotador". No quería "delatar" a otro soldado. No quería protestar contra el ejército, quería ser parte de eso. 

Traigo esto a colación en relación con un comentario del suplemento de fin de semana del periódico Yedioth Ahronoth del columnista Yoaz Hendel, que sirvió brevemente como director de Relaciones Públicas de Bibi Netanyahu.

 Explica su "problema personal" con Breaking the Silence, que la semana pasada publicó más testimonios de soldados del ejército de cómo ellos y sus compañeros habían abusado rutinariamente de palestinos. El problema de Hendel es que los soldados no informaron de los abusos del ejército de inmediato, mientras estaban en servicio:
Cuando ocurren violaciones, se espera que el soldado o el comandante tomen medidas para evitar los abusos de los que informan. Esta es su responsabilidad personal y nacional ...El ejército israelí no puede tolerar el abuso de los inocentes ni el silencio de los soldados cuando ocurren las violaciones... Todo lo que se requiere de un soldado con el fin de corregir la situación es informar de las [violaciones] en el sistema a los oficiales al mando, [o] a la Fiscalía Militar.
Este es un ataque común a los soldados que pasan años antes de que puedan reconocer públicamente las cosas terribles que vieron e hicieron a los palestinos: "¿Por qué no informan de inmediato al ejército?" 

Como si Hendel y compañía no lo supieran. Un soldado de 20 años que sirve en Cisjordania no se va volver contra sí mismo, sus compañeros o sus jefes a causa de actos de crueldad o brutalidad que se cometen contra los palestinos. Es prácticamente impensable. Rompiendo el Silencio, Hanna Deutsch dijo a Yedioth lo que era el deber de la ocupación según un oficial de 21 años de edad de la Brigada Nachshon:
El orgullo de la unidad allí es muy fuerte y es difícil plantear la más mínima crítica. Todos estamos íntimamente adoctrinados, sin límites, y no pensar y mantener la boca cerrada. Una vez le pregunté a mi jefe si podía dar un poco de agua a unos pocos presos palestinos que estaban sentados atados al sol. Me lanzó una mirada de desprecio y nunca volví a atreverme a abrir la boca. Me volví indiferentes al sufrimiento de la gente, e incluso si hubiera querido decir algo, no lo hice. Por instinto me quedé callado.
Por supuesto que guardó silencio. Todos lo hacen. También yo que no era un joven recluta maleable, tenía 37 años, manifestante de izquierda, no me atreví a abrir la boca sobre el pequeño acto de humillación que me hicieron llevar a cabo contra la mujer palestina. 

Los soldados de servicio no rompen el silencio. Cuando son jóvenes, tienen por lo general demasiado lavado el cerebro para darse cuenta de que incluso están haciendo algo malo a los palestinos que están bajo su control. Es sólo cuando se hacen mayores y están fuera de ese entorno que sostiene el ejército como un culto, cuando probablemente son capaces de enfrentarse a la verdad acerca de las cosas que vieron e hicieron, y encontrar el valor para hacerla pública. 

Cuando Hendel, los voceros del ejército y otros tratan de socavar el testimonio estos soldados diciendo que debería haber informado al ejército en "tiempo real", están tratando de callarlos ahora como el ejército lo hizo entonces. Los defensores de la ocupación pretenden no saber esto, pero su pretensión es transparente."      (Larry Derfner972mag, Rebelión, 21/06/2013)

23/2/11

Los pilotos libios explicaron que desertaron despuésde que recibieran la orden de bombardear a los manifestantes


"Dos coroneles de la Fuerza Aérea libia huyeron ayer de su país en sendos Mirage F-1 y aterrizaron en el aeropuerto de Malta. Los pilotos, que despegaron de una base cerca de Trípoli, explicaron a las sorprendidas autoridades maltesas que desertaron después de que recibieran la orden de bombardear a los manifestantes. En la foto, uno de los militares junto a su avión." (El País, 22/02/2011, p. 6)

"Un avión libio se estrella después de que sus pilotos rechazasen bombardear Bengasi.

La tripulación optó por saltar en paracaídas antes de atacar la segunda ciudad del país, controlada por los participantes en las revueltas contra el régimen de Gadafi. (...)

Según el diario, que cita a un coronel del Ejército en la base militar de Bnina, el avión era un Sukhoi 22 de construcción rusa y se estrelló al oeste de la localidad de Jedebia, a cerca de 160 kilómetros al suroeste de Bengasi.

El piloto y el copiloto, identificados como Abdelslam Atya y Ali Omar Gadafi, rechazaron bombardear la segunda ciudad libia y otra localidad de la zona, por lo que decidieron saltar en paracaídas, indicó Quryna, cuya redacción central se encuentra en Bengasi.

Esta información fue recogida también por la cadena Al Yazira, que citó al general del Ejército y jefe militar de la región de Tobruk, Suleiman Mahmud. El general dijo que uno de los pilotos que se lanzó en paracaídas era un coronel." (Público, 23/02/2011)

"... 17 pilotos de la Fuerza Aérea de Libia han sido ejecutados este medodía en Trípoli tras negarse a bombardear barrios en poder de los rebeldes de la ciudad de Zawia (Zauia), a 44 kilómetros de la capital, según fuentes libias relacionadas con el Ejército." (El País, 23/02/2011)

22/10/10

El odio en la guerra civil de los Balcanes

"Lo que más impresionó al entonces coronel Francisco Javier Zorzo, cuando llegó a Bosnia-Herzegovina en el otoño de 1992, fue la visión de cientos de esqueletos de edificios desmochados. Le explicaron cómo: se abría la espita del gas y se arrojaba una cerilla. Era la forma más barata de destruirlos. Sus dueños habían huido y los vecinos, en vez de ocupar las casas, preferían borrarlas del mapa. Para que nunca pudieran regresar. Para que no quedase huella de su paso por esa tierra.

Ni siquiera en la Guerra Civil española se alcanzó el nivel de odio genocida que encontró en los Balcanes el primer contingente español con bandera de Naciones Unidas. No era una guerra étnica -pues serbios, croatas y bosnios son todos eslavos- ni religiosa -ya que muchos musulmanes no pensaban que lo eran hasta que los mataron por serlo-; era un choque feroz de nacionalismos envenenados por las luchas de poder y el miedo. (...)

En la primavera de 1993, musulmanes y croatas, hasta entonces aliados, rompieron hostilidades y los soldados españoles se vieron de pronto en plena línea de fuego. Pasaron de escoltar convoyes con ayuda humanitaria a interponerse entre dos bandos impacientes por matarse.

El 25 de abril, el teniente coronel José Luis Monterde se topó en la carretera con 230 croatas que huían de una aldea recién tomada por los musulmanes. Intentaba convencerles de que le franqueasen el paso cuando se vio rodeado. Más de un centenar de milicianos con fusiles, ametralladoras y lanzagranadas frente a 35 cascos azules españoles. El jefe de los perseguidores encañonó a Monterde y le conminó a entregarle a los croatas en cinco minutos. "Son nuestros prisioneros.

Esto no va con vosotros", le dijo, mientras le apuntaba a la cabeza. Entre los que huían había soldados, pero también ancianos, mujeres y niños. Pasaron los cinco minutos. Y luego otros cinco. Y 10 más. Así hasta siete horas. Tiempo suficiente para que llegasen delegados de la ONU y se hicieran cargo de los civiles. La paciencia y la sangre fría se impusieron en una guerra de nervios." (El País, España, 18/10/2010, p. 12)

6/10/09

El soldado que disparaba con los ojos cerrados

"Pero tan revelador como el testimonio de los que han preservado el recuerdo es el silencio de los que nunca quisieron hablar. Lo más común es que quien sobrevive al espanto no cuente nada sobre él. En aquellas tertulias campesinas mi abuelo paterno, un hombre siempre muy callado, muy pocas veces despegaba los labios. Había pasado los tres años de la guerra yendo de un frente a otro como soldado de infantería. Lo único que le oí contar era que siempre disparaba con los ojos cerrados." (Antonio Muños Molina: La cara de la guerra. (El País, Babelia, 12/09/2009, p. 7)

3/9/09

Republicanos españoles y desertores alemanes, el mismo destino

"Pregunta. ¿Usted estuvo preso con otras víctimas militares de la justicia nazi?

Respuesta. Sí. En 1944 estuve en Torgau-Fort Zinna, una fortaleza y cárcel de la Wehrmacht en el norte de Sajonia. Allí murieron varios miles de soldados por las penosas condiciones del arresto. Fusilaron, ahorcaron o guillotinaron a más de 1.300.

P. ¿Por qué desertó usted?

R. Uno siempre tiende a glorificar las cosas, pero me acuerdo de dos motivos. Hitler siempre reivindicaba “espacio vital para el pueblo alemán”. Y yo me preguntaba, ¿qué significa esto para la gente que vive allí? ¿Expulsarán a todos o harán cosas peores? (...)

P. A pesar de esa experiencia, ¿decidieron huir otra vez?

R. Sí. La cárcel de Burdeos había sido un monasterio con celdas para monjes con voto de silencio, así que cada una tenía un hueco en la parte de arriba de la puerta, para sacar los orinales. Conseguí salir por ese hueco, estaba muy delgado.

Había también unos 90 presos españoles, hombres y chicos, algunos de 10 años. Varios hablaban alemán, así que acordamos con ellos asaltar a los guardias.

Alguien nos traicionó un día antes de la fecha que pensábamos hacerlo. Nos ataron y trasladaron a Kurt y a mí a otro ala, sin posibilidad de huida. Ejecutaron a todos los españoles, también a los niños." (Ludwig Baumann. Desertor de la Wehrmacht: “No queríamos matar a nadie”. El País, ed. Galicia, Internacional, 26/07/2009, p. 7 )

2/9/09

'Desertores' de conciencia, 26 soldados israelíes explican los abusos cometidos en la guerra de Gaza

"Nos dijeron que debíamos arrasar la mayor parte posible de nuestra zona". "Mi comandante me dijo, medio sonriente, medio serio, que esas demoliciones podrían añadirse a su lista de crímenes de guerra". "Si alguna vez nos hablaron de inocentes, fue para decirnos que no había inocentes". Es el turno de los soldados israelíes. Un grupo de 26 militares que participaron en la guerra de Gaza el invierno pasado ha relatado a la ONG Breaking the Silence (Rompiendo el silencio) las atrocidades perpetradas por el Ejército israelí en una campaña diseñada para no sufrir bajas. (...)

"Es el ataque más duro que ha infligido el Estado de Israel a una zona urbana densamente poblada por civiles", asegura el abogado Michael Sfard. La descripción de los soldados explica por qué varias zonas de Gaza parecían devastadas por un terremoto. (...)

La lucha entre militares y milicianos fue la excepción en una campaña en la que soldados disparaban contra depósitos de agua por aburrimiento; en la que se lanzaron bombas de fósforo sobre civiles y en las que muchos militares se dieron al pillaje y al vandalismo.

Un suboficial admite que se empleó con profusión la denominada "entrada mojada": el allanamiento de una casa a tiro limpio. En ocasiones lanzando proyectiles antitanque. Después inspeccionaban el interior. La destrucción, deliberada según los testimonios, fue planificada. "Antes de la guerra, durante el entrenamiento, nos dimos cuenta de que esta vez no se trataba de una operación, sino de una guerra en la que te quitas los guantes... Las consideraciones a las que estábamos acostumbrados sobre reglas de combate y los esfuerzos por no dañar a inocentes no se escucharon esta vez. Al contrario... La idea era abrir fuego y no entrar en repercusiones. Si hay un vehículo en el camino, se aplasta; si hay un edificio, se bombardea. Éste es el espíritu que se transmitió", relata Amir, un sargento reservista.

Sin excluir de ese espíritu el componente religioso. "Se repartieron pasquines con el sello del Ejército y su rabinato que contenían material político: los palestinos eran los filisteos, alienígenas en una tierra que debemos retomar... La guerra entre la luz y la oscuridad era la preparación para la redención", narra otro militar. Se disparó a personas, a sabiendas desarmadas, sin efectuar tiros de disuasión, como reclamó algún soldado. El sargento Amir relata: "Si nos hablaron de inocentes fue para decirnos que no habría inocentes. Todos eran enemigos". (...)

Mientras, el presidente, Simón Peres, y líderes políticos repetían hasta la saciedad que Hamás utilizaba escudos humanos en sus operaciones. Resulta patente, a tenor de las confesiones, que el Ejército israelí sí los empleó. "Johnnies". Así llamaban los uniformados a los palestinos que fueron forzados, encañonados, a entrar en casas sospechosas de albergar a milicianos. Algún Johnny entró más de una vez para buscar la rendición de hombres armados. Si no se entregaban, se derribaba la casa sobre ellos. Otras veces obligaban a los palestinos a taladrar paredes con martillos mecánicos para eludir el riesgo de que los soldados se toparan con trampas explosivas. (...)

¿Qué te preocupa de esta operación?, se pregunta a un soldado: "¡Cómo se comportaban mis compañeros! Es inconcebible... Todo ese odio, disfrutar matando". El Ejército lamentó ayer que la ONG difundiera un informe con testimonios anónimos. Al menos uno, el del sargento Amir, es a cara descubierta." (El País, ed. Galicia, Internacional, 16/07/2009, p. 6)

3/7/09

Militares israelíes rompen su silencio para denunciar el maltrato que sufren los palestinos



"Tomamos el colegio y detuvimos a cualquier persona entre los 17 y los 50 años. Todos vinieron maniatados y con los ojos vendados. Cuando pedían ir al servicio, los soldados los llevaban y los golpeaban sin ninguna razón que justificara esas palizas. Muchos fueron detenidos para recabar información para los servicios de seguridad, no porque hubieran hecho algo. En general, a la gente se la mantuvo sentada durante 10 horas al sol. Se les daba agua de vez en cuando. Los soldados pasan 10 horas de pie, aburridos, así que golpean a la gente. Tal vez es su única satisfacción".

Sucedió en Hares, un pueblo del norte de la Cisjordania ocupada en marzo pasado.

El diálogo entre el soldado que prestó este testimonio y un activista de Breaking the Silence, una combativa ONG israelí, prosigue:

-Hay soldados que piensan que las esposas de nailon son para inmovilizar y para impedir que la sangre llegue a los dedos. Se ponen azules.

-¿Cuánto tiempo pasaron así?

-Siete horas. Al final, tras quejas y lloros, el comandante ordenó que aflojaran las esposas.

-¿Participó el batallón entero?

-Sí.

-¿Comenzó la operación de día?

-Por la noche. Trajeron al conserje del colegio a las tres de la madrugada y abrió las clases.

-¿Con qué criterio detuvieron a la gente?

-A partir de los 17 años. Pero había chicos de 14 años. Eran unos 150. La mayoría, en pijama.

-¿Viste otros incidentes?

-Muchos reservistas participaron y celebraron las humillaciones, insultos, tirones de pelo, patadas y bofetadas. Era la norma. Lo que sucedió en los servicios, lo que llamamos el baile de los demonios, fue lo más extremo.

Un grupo de judíos, varios de ellos ex suboficiales y fervientes creyentes, pelean a brazo partido para dar a conocer lo que tantos en Israel saben, pero que muy pocos osan contar. (...)

Es el caso de otro uniformado. D., cabo de 19 años de la Brigada Kfir, la más implicada en los desmanes en Cisjordania. D. no aguantó más después de la redada en Hares, el 26 de marzo. Describió a sus superiores el comportamiento de muchos compañeros y se negó a prestar ciertos servicios en Cisjordania. Fue condenado a 30 días de prisión. "La opinión común entre los soldados del batallón Haruv", acusa D., "es que los árabes son animales salvajes que deben ser destruidos". (...)

Las operaciones de la Brigada Kfir -en la que sirven cientos de jóvenes de la extrema derecha nacionalista y religiosa- son constantes en Cisjordania. A veces acompañan a los colonos en sus asaltos a pueblos palestinos. Muchos soldados son a su vez colonos de esta brigada que dispone de información precisa recabada de chivatos palestinos -son legión- y mediante operaciones destinadas a conocer hasta el último rincón de un pueblo. Lo llaman mapeo.

Habla un sargento de la brigada: "Entramos en una casa. Reunimos a la familia en una habitación y ordenamos a un guardia que los encañone... Se fotografía todo, se inspecciona lo que hay en la vivienda y se pasa la información a los servicios de seguridad. Pero lo que conmociona es que los hay que roban". Con frecuencia se cae en la violencia gratuita.

"Yo", agrega el sargento, "no lo he hecho, pero mis amigos sí me hablan del vandalismo". Y de destrozos del mobiliario de viviendas con madres y niños presentes, de humillaciones a minusválidos. "Cuando me alisté estaba muy motivado. Entrené, y ya prestando servicio vi a la gente comportarse como animales... Como si fueran dioses", explica, muy pesimista sobre las posibilidades de cambiar la situación. "Para los soldados, árabe es sinónimo de terrorista. Así es como han sido educados".

Los soldados disfrutan de una posición de superioridad abrumadora. Armados hasta los dientes frente a una temerosa población local que desea pasar el trámite en el control militar de turno lo antes posible, aunque las dilaciones deliberadas son habituales. Lo explica el citado sargento: "Cuando tienes un arma y pides algo a un palestino le estás forzando. Tiene miedo. El árabe puede decirnos: 'Sí, toma, no hay problema'. Sabe que puedes perseguirle si dice una palabra fuera de lugar".

"Recuerdo", dice el suboficial, "mi primera vez en un control militar. Vino un grupo de reservistas para enseñarnos. Uno de ellos vio un taxi repleto de gente. Salieron [los palestinos] del taxi y comenzaron a pedirles las identificaciones y a buscar en las bolsas. Uno encontró una camiseta original del Real Madrid, y me preguntó si la quería. Si hubiera querido me la habría quedado". (El País, Domingo, 28/06/2009, p. 9)

13/11/08

Soldados que no se brutalizan

""No todos los soldados de estas guerras fueron verdugos", continúa Bourke, "ni obtuvieron placer matando. Algunos resistieron, y me habría gustado escribir más acerca de esos resistentes en Sed de sangre. Quizá escriba otro libro sobre ellos. En situaciones de guerra, es cierto, muchas veces se trata de elegir entre el enemigo y tú. Dispara él o le disparas tú. Y en esos casos, todos reaccionamos, me parece, igual.

Pero otras veces se mata a sabiendas a inocentes o a desarmados. Soldados que pudiendo haber dicho no a la atrocidad, dijeron sí. Es por eso muy digno de resaltar el gran valor de quienes, en la guerra de Vietnam, por ejemplo, desviaban sus armas para disparar contra las cabras o los cerdos, no contra los habitantes de la aldea.

Y decían no en medio de un impulso general de sangre y venganza, sabiendo sin duda que con ese gesto podían ganarse la ira de sus propios compañeros de armas. Algo muy peligroso cuando se está en el lugar más solitario que hay en la Tierra, un campo de batalla, donde sólo los tuyos pueden ayudarte. Pero esos resistentes fueron una pequeña minoría". (Joanna Bourke: "Ha vuelto la matanza al descubierto. El País Semanal, 21/09/2008, p. 30)