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27/9/19

La Venecia africana se desangra... La violencia yihadista en el Sahel, que asoló el norte de Malí en 2012, deriva en un terrible conflicto entre etnias que golpea con fuerza la ciudad de Mopti

"Frente a la imponente mezquita de barro, el sanador tradicional Yaya Konaté promete cura para la diarrea y la impotencia, la fiebre amarilla y la infección de orina. En las calles aledañas, Amadou Ouedraogo vende figurillas dogón de madera a 45 euros la pieza. “Antes podía sacar hasta 150 por cada una”, dice con amargura. El problema es que hoy apenas tiene a quién ofrecer su mercadería. 

La ciudad de Mopti (Malí), otrora conocida como la Venecia africana, el imán que atraía a cientos de turistas cada año que ansiaban navegar por el río Níger hasta Tombuctú o asomarse a los acantilados del país dogón, se ha convertido en el epicentro de un sangriento conflicto para el que ni siquiera el curandero Konaté ha encontrado remedio.

El lánguido presente de Mopti (unos 114.000 habitantes), donde los guías turísticos de antaño venden ahora cebollas y piezas de coche para sobrevivir y los recepcionistas de hoteles de lujo toman el té para matar el tiempo, contrasta con el ajetreo de su ciudad hermana de Sevaré, situada a tan solo 13 kilómetros y auténtica capital en guerra de la región.

 Los blindados de Naciones Unidas y del Ejército maliense levantan el polvo de sus calles en periódicas patrullas mientras en solares y descampados miles de desplazados que han huido del interior de la región se enfrentan a la incertidumbre de no saber cuándo regresarán a sus tierras para poder cuidar de su ganado.

En el huerto de Saremá, cedido por una familia para acoger a los 120 habitantes de una aldea dogón, el agricultor Mamadou Mienta, de 60 años, recita su letanía. “Fue a las tres y media de la madrugada cuando los peul se abalanzaron sobre nuestro pueblo. Las balas caían como la lluvia. Mataron a mi hermano”, asegura. 

A escasos cinco kilómetros, en el campo abierto de Banguetabá, hoy convertido en campo de desplazados, el pastor peul Bala Diakayaté cuenta una historia parecida, pero con los protagonistas invertidos: “Los dogones aparecieron de repente y pegaron fuego a nuestras casas, les daba igual si había gente dentro o no. Murieron muchos”, explica. Más de 900 escuelas han tenido que cerrar sus puertas con la consiguiente desprotección para decenas de miles de niños, alerta Unicef; el comercio y la actividad agrícola y pastoral se han resentido. La vida, en fin, sigue, pero a trompicones.

La guerra que vive el Sahel arrancó en 2012 con la ocupación yihadista del norte de Malí, pero en la actualidad ha derivado en un conflicto intercomunitario de una violencia atroz que se ha extendido al centro y ha saltado también a Burkina Faso y Níger. Según los datos del Proyecto Armed Conflict Location & Event Data (Acled, por sus siglas en inglés), solo en la primera mitad de 2019 fueron asesinadas 2.745 personas en estos tres países, una de cada tres (900) en la región de Mopti. 

La espiral de ataques ha sido incesante, un goteo que llegó a su paroxismo este año. El pasado 23 de marzo, una milicia dogón penetró en el pueblo peul de Ogossagou y dejó tras de sí un reguero de 160 cadáveres, entre los que había ancianos, mujeres y niños. Dos meses y medio más tarde, un grupo armado devolvió el golpe y asesinó a 95 personas de la aldea dogón de Sobane-Kou.

Abdoulaye Yoro Dicko se presenta con énfasis. “Yo soy peul, mi padre es peul y mi madre también”, asegura con orgullo. Vicepresidente de Tabital Pullaku, la asociación que representa a esta comunidad, recita una historia de agravios y hostigamiento constante hacia los miembros de su etnia para explicar lo que pasa en la actualidad.

 “Esto no es de ahora, la persecución de nuestra gente se remonta a muy atrás. En 1992 nos atacaron los tuaregs y robaron nuestro ganado, acudimos al Estado, pero [no conseguimos] nada. Y en Mopti se ha desarrollado la agricultura en detrimento de las tierras de pasto. ¿Qué podíamos hacer? Por sobrevivir te vas a unir al diablo si es necesario”, comenta.

Cuando Yoro Dicko menta al maligno se está refiriendo, claro está, a los yihadistas. En 2012, cuando el Estado desapareció del norte de Malí y los radicales se hicieron con el control, muchas comunidades peul se alinearon con los nuevos señores. Por miedo, por supervivencia o porque las nuevas ideas alteraban el orden establecido y devolvían a los pastores el acceso a tierras por las que transitaban desde los tiempos de Sekou Amadou, su histórico líder del siglo XIX.

 “Hoy quien ordena la actividad económica, los intercambios comerciales y las relaciones entre unos y otros en Mopti es Amadou Kouffa”, asegura un experto investigador en referencia al perseguido predicador yihadista que ha puesto patas arriba toda la región.

Venganza

Pero en 2013 el Estado hizo un amago de regresar de la mano de la operación militar Serval liderada por Francia. Y en enero de ese mismo año los primeros cuerpos de ciudadanos peul, vinculados o no con el yihadismo, comenzaron a aparecer en el fondo de pozos y enterrados en medio del campo con un tiro en la cabeza. Era la hora de la venganza. Quienes se habían unido a los yihadistas regresaron a sus pueblos y escondieron las armas, pero hasta allí les persiguieron. El Ejército, incapaz de ganar esta guerra, alentó el nacimiento de grupos paramilitares. Y las comunidades que sufrieron con la ocupación o la amenaza radical, como los dogones o los bambaras, se armaron también y se echaron al monte.

Hamidou Djimdé es miembro del ala política de Dana Ambassagou (que se traduce como "los cazadores que se confían a Dios"), la milicia dogón más activa y conocida, a la que se considera responsable de algunas de las peores masacres de peul en Mopti. “Cuando vinieron los barbudos en 2012 les dijimos que no reconocíamos su islam, pero muchos peul se les unieron y consiguieron armas. 

Desde entonces se dedican al pillaje. Empezaron a atacarnos y en 2015 la situación era ya insostenible. Los jefes dogones pidieron ayuda a los cazadores y los peul mataron a varios de los nuestros”, rememora. En ausencia de seguridad y con el Ejército acantonado en sus bases, todos empezaron a aplicar su propia justicia. Hasta hoy.

En medio de la refriega, algunas voces llaman a la cordura. Dos palabras se repiten como un mantra estos días de septiembre: cansancio y diálogo. “Todos estamos cansados, vemos que esto no conduce a nada sino a más muertes”, asegura Baboucar Guindó, un joven dogón residente en Bamako. “El problema es que nunca nos hemos sentado a hablar de lo que está ocurriendo”, dice el peul Bala Diakayaté en Mopti.

El nuevo primer ministro maliense, Boubou Cissé, parece dispuesto a que este diálogo sea posible, pero solo será eficaz si en torno a la mesa están quienes cometen los crímenes, claman los actores de este conflicto. Mientras, el G5 del Sahel (formado por Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger), reunido de urgencia la pasada semana en Burkina Faso, pide más fondos para el Ejército transfronterizo, que ha mostrado hasta ahora una enorme incapacidad para solucionar nada.

¿Aceptará la comunidad internacional que se dialogue con terroristas? Esa es la pregunta que resuena en Mopti, donde el vendedor de collares Boucacar se asoma al río Níger y maldice entre dientes: “Los turistas han huido por miedo, solo Dios sabe cuándo regresarán. Lo primero, que llegue la paz”.              (José Naranjo, El País, Malí, 24/09/19)

27/6/19

Una luchadora contra la ‘tecnología de sangre’. La periodista y abogada Caddy Adzuba trabaja para erradicar las atrocidades que cometen en el Congo los traficantes de coltán. “Para llegar al coltán se viola a las mujeres, se mata a los hombres y se usa a los niños como esclavos”... “Vuestro placer es nuestra desgracia”

"Siendo solo una adolescente, Caddy Adzuba se propuso ser la voz de una paradoja espeluznante. Esa que trepana la historia de su país, República Democrática del Congo, un territorio bendecido por la naturaleza con un subsuelo riquísimo en minerales básicos para la industria tecnológica y en cuya superficie los humanos perpetran atrocidades difíciles de imaginar.

 “Los refugiados que salen de allí no tienen palabras para explicar el horror y uno de mis trabajos es hacerlo yo por ellos. El otro es aportarles esperanza”, expone esta periodista y abogada de 37 años que en 2014 fue distinguida con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Adzuba nunca ha conocido la paz en la patria que la vio nacer. No se cansa de repetir que el origen de la guerra que asola al país africano desde 1996 está en las manos de casi todos los hombres y mujeres del planeta. El Congo es el principal productor de coltán, una mezcla de columbita y tantalita que resulta fundamental para fabricar los teléfonos móviles, los ordenadores, las tabletas y hasta los vehículos eléctricos.

Pese a años de denuncias, buena parte de ese mineral llega a las multinacionales tecnológicas tras ser extraído por grupos armados dispuestos a todo. “Para llegar al coltán se viola a las mujeres, se mata a los hombres y se usa a los niños como esclavos”, resumió Adzuba la pasada semana en A Coruña, donde participó en el encuentro Acampa por la Paz y el Derecho al Refugio. “Vuestro placer es nuestra desgracia”, añadió.

Cuando Adzuba detalla con voz firme el horror añadido que sufren las mujeres congoleñas por el hecho de serlo, el auditorio contiene el aliento. Los criminales del coltán, denuncia, introducen en sus vaginas “granadas que explotan”, cuchillos y “botellas de plástico quemadas” y a las embarazadas “les rajan la barriga”. “Cuando ellas piden que las maten, que no quieren sufrir más, les contestan que no tendrán ese privilegio. Eso las convierte en refugiadas”, añade.

Lo que ocurre en el Congo, admite Adzuba, “sobrepasa todo entendimiento”. En esta guerra económica, explica, la mujer es un “campo de batalla” para el contrabando de minerales porque es el “corazón de toda la economía informal”, de la agricultura, del comercio, de la educación. El feminicidio es para estas bandas un camino hacia el coltán. “Es una planificación para exterminar a las mujeres, es lo mismo que hacían los nazis”, afirma.

Adzuba lleva diez años trabajando como locutora en Radio Okapi, la emisora de Naciones Unidas en la República Democrática del Congo que informa sobre el complicado proceso de pacificación del país, y es una activa integrante de la Asociación de Mujeres de Medios de Comunicación del Este del Congo. Este último colectivo nació en 2002 como consecuencia de una rebelión de periodistas que se percataron de que en sus medios estaban relegadas a informar solo de asuntos considerados “propios de mujeres” —que no incluían problemas espinosos como la violencia sexual— e incluso tareas como servir café en la redacción.

Pese a las amenazas de muerte, Adzuba y sus compañeras de lucha han sentado ante los micrófonos a los niños que fueron reclutados como soldados en los peores años de la guerra. Han creado un sistema de alerta temprana a las autoridades para proteger a las mujeres. Han dado voz a las congoleñas que pese a todos los atrancos se han convertido en líderes de sus comunidades y a los hombres que se esfuerzan para que triunfe la igualdad de género. 

Ella predica y ejerce el “periodismo de paz”, ese que no solo aporta datos sobre la realidad sino que también profundiza en las causas y busca soluciones. Después de años de trabajo, estas iniciativas han logrado mejorar la situación de las mujeres en su país, apunta.

Son muchas las congoleñas que se han asociado y se han lanzado al mundo de la política o de la empresa. Pero todo va demasiado lento: “La lucha ha avanzado pero el respeto a los derechos humanos se ha quedado estancado. 

Hace tres o cuatro años tuvimos esperanzas en la participación de las mujeres en la política, pero en este momento solo hay un 10% que están tomando decisiones en este campo”. Combatir la violencia sexual es especialmente difícil, recalca, porque “a la víctima se le pide que sea también una actora del cambio”.

Los avances contra la tecnología de sangre, la que se fabrica con minerales extraídos por grupos que matan, violan y esclavizan, son “tímidos”. Adzuba llama a las multinacionales a controlar el origen de los materiales que compran y a darle la espalda a las empresas que financian a grupos armados.
Reclama la implicación de la comunidad internacional y alaba el trabajo de las organizaciones civiles que luchan día a día por garantizar la trazabilidad de los minerales. 

Esos esfuerzos, asegura, “empiezan a dar frutos en algunas regiones”, aunque “el problema sigue porque es una guerra económica” en la que las grandes multinacionales gozan de “impunidad”. Nuevamente esa paradoja espeluznante: “Hoy por hoy los congoleños no sienten la ventaja y el privilegio que supone para ellos contar con las explotaciones mineras, pero con el tiempo tengo la esperanza de que se darán cuenta de la riqueza que tienen y lograrán controlarla”.                    (Sonia Vizoso, El País, 24/06/19)

22/3/19

Caddy Adzuba: “Las multinacionales que explotan el coltán en Congo ilegalmente arman a quienes violan a las mujeres... vienen aquí quienes fabrican móviles porque sin coltán no hay teléfonos inteligentes, eso está probado”

"República Democrática del Congo, el país de Caddy Adzuba (Bukavu, 1981), está en guerra desde 1996. Desde los 15 años, que esta periodista y jurista ha convivido con un conflicto armado que se ha cobrado miles de víctimas y que tiene su más tremenda expresión en la violencia sexual que sufren diariamente las mujeres.

Adzuba está en España invitada por la Coordinadora de ONGD. De la mano de esta institución participó ayer 20 de marzo en una mesa sobre mujeres y periodismo en África que tuvo lugar en La Casa Encendida, en Madrid. Un día antes, conversaba con El Salto.

Adzuba sabe de qué habla, y está acostumbrada a dirigirse a foros internacionales en los que la observan con la admiración con la que se mira a una superviviente. Su labor como periodista ha sido premiada en varias ocasiones. Es integrante de Radio Okapi, emisora creada por la MONUSCO (Misión de Naciones Unidas en la RDC) para contribuir en el proceso de paz.

 También es presidenta de la Asociación de Mujeres en los Medios, da charlas y conferencias donde describe el horror de lo que vio en los primeros años de la guerra, y recuerda a quien la escuche el vínculo que une la explotación de minerales como el coltán por parte de occidente con la violencia que vive el pueblo congoleño, y especialmente sus mujeres.
Se evoca el conflicto civil del Congo como uno de los casos paradigmáticos en los que se ha usado la violencia sexual de manera masiva contra las mujeres. ¿Cuáles son las razones para que esta forma de violencia se haya normalizado en el país? ¿Cómo se explica que tantos hombres puedan acabar asaltando sexualmente a mujeres?
Es una violencia que se da en un marco de guerra. Como en muchos otros países del mundo, incluida España, está la violencia basada en el género, el machismo que hace que la mujer sea acosada, que la mujer sea violada. Junto a esto la guerra nos ha traído otra forma de violencia sexual en la que el cuerpo de la mujer ha sido utilizado como arma de guerra, como campo de batalla. Se ha utilizado a la mujer para hacer la guerra, se ha utilizado a la mujer con objetivo de guerra, pero también para tener control sobre toda la comunidad. 

Es una estrategia de guerra que ha llevado a este tipo de formas de violencia masiva hacia las mujeres. Se ha enrolado a los niños en ejércitos, las niñas han sido reducidas a esclavas sexuales, eso claramente ha perturbado no sólo la situación social de toda la República Democrática del Congo sino que esa violencia ha trastornado la vida nacional y la política del país.

¿Cuáles son los efectos de toda esa violencia sobre las mujeres, pero también sobre los hombres?
Los efectos son muy vastos, terribles, la base social ha sido totalmente destruida, la mujer ha sido reducida a una situación de pobreza sin precedentes. Ha sido deshonrada, reducida a su expresión más simple, ha sido deshumanizada. También los hombres han sufrido violencia sexual, hay un porcentaje de hombres que han sido igualmente víctimas, pero incluso, —no como víctimas directas de violencia sexual— podemos decir que los hombres también han sufrido la violencia sexual de sus mujeres, son hombres traumatizados, hijos traumatizados, toda la comunidad ha quedado así. 

 Las consecuencias se manifiestan también en el interior, en el plano de la salud física y mental, en todos los planos. Sobre todo en el caso de las mujeres, la mujer es anulada físicamente, necesita asistencia médica para sanar su cuerpo, apoyo psicológico para restablecerse, asistencia jurídica para poder reclamar sus derechos. Pero también necesita asistencia económica para conquistar su autonomía y no quedarse enclaustrada.

Todo eso hace que hoy vivamos en una situación de confusión social, una situación donde ya no comprendemos la mentalidad de unos u otros, que se relaciona también con problemas psiquiátricos que estamos viendo en nuestro país, en nuestras ciudades, en los territorios que se han visto verdaderamente muy afectados por el conflicto. Las consecuencias son realmente nefastas y afectan a todos los sectores de la vida pública, sea a la economía, a la salud, a la política, la seguridad del país.

Usted ha estado trabajando estos años con mujeres que han pasado por todo tipo de violencia. ¿Qué ha aprendido de ellas, de sus relatos?
Escuchando estas mujeres expresarse, contar sus historias, he entendido que el hombre es un lobo para el hombre, todo lo que nos pasa no cae del cielo, somos los humanos que nos destruimos entre nosotros y nos odiamos entre nosotros, yo he entendido que los intereses egoístas pueden destruir este mundo.

 La gente no sabe mirar al otro, le da lo mismo las consecuencias exactas que esto implica, prima el interés privado y no piensa en el otro. Una se pregunta qué mundo es este en el que las personas no pueden cohabitar, la gente no puede amarse, comprender las diferencias, y actuar y sacar lo mejor de cada uno para construir un mundo, un país mejor. Esta es una comprensión del mundo que yo no tenía antes, y que tuve después de escucharlas.

Pero también me han dado lecciones de grandeza, las mujeres congoleñas que han sobrevivido a esta violencia sexual, yo no sé de dónde sacan la fuerza, de dónde reponen las energía para superar este tipo de daño, son daños terribles, enormes, sobre el cuerpo humano, que el cuerpo humano no puede soportar 

Leyendo los relatos, las descripciones de las violaciones, es difícil entender cómo se vuelve de algo así. 

 Doy un ejemplo banal, un día estaba hablando con un colega, un amigo que conocí en Francia —un blanco— comparábamos la resiliencia de la mujer negra y la resiliencia de la mujer blanca en relación con cómo podemos soportar el dolor, los problemas. Doy este ejemplo porque hay muchos suicidios relacionados con la depresión en Occidente, problemas ligados con la vida en Occidente, las dificultades económicas. La gente llega a suicidarse por eso, y yo no conseguía entenderlo. “Se ha suicidado porque ha perdido su trabajo, después se quedó sin dinero, ya no tiene nada, se ha deprimido, se siente solo y se ha suicidado”. 

 Eso es demasiado pequeño en relación con lo que nosotras vivimos allí, en relación con la violencia sexual que vivimos. Yo invito a toda esa gente que se deprime a venir al Congo, ver cómo las mujeres luchan por sobrevivir. No puedes saltar de un puente porque has perdido tu trabajo. 

Hay que venir al Congo para saber qué es el sufrimiento, estas mujeres consiguen sobrevivir, superar sus problemas. Te van a decir, tengo que pelear, tengo que vivir.Yo no quiero minimizar los problemas, los problemas de quien decide suicidarse seguramente serán graves, pero hay grados. Yo misma he aprendido de estas mujeres a intentar ver más allá de nuestro sufrimiento, más allá de nuestra situación de víctimas. 

Esas mujeres han conseguido cambiar su vida, han pasado de ser víctimas a convertirse en mujeres líderes. Una mujer completamente destruida hace 10 o 20 años que solo quería morir, llega poco a poco a reconstruirse, a renacer de sus cenizas y convertirse en otra persona, viviendo con sus heridas. Se transforma en una mujer que dice: es verdad, fui violada. Y qué. No vais a arrebatarme mi vida, no me vais a robar la valentía, y yo voy a trabajar por mi país, voy a luchar para que esto no le ocurra a nadie más. Es eso lo que yo he aprendido de este trabajo, la belleza de la fuerza interior.  

Pero más allá de la fuerza individual, entiendo que es en el estar juntas, donde se construye también esa salida. Usted pertenece a varios espacios colectivos, ¿qué potencial tienen? ¿cómo se sostienen en el tiempo? Leí en una entrevista que temía por la continuidad de Radio Okapi.

Estos espacios no pueden desaparecer, las asociaciones de mujeres, el trabajo que hacen las mujeres congoleñas de base es trabajo que permite la continuidad, preservar los logros de todos los proyectos que se han desarrollado hasta ahora. Respecto a Radio Okapi, a partir de ahí va a sobrevivir. Radio Okapi forma parte de un proyecto de la Misión de Naciones Unidas en Congo, la MONUSCO y es una misión que desaparecerá algún día, sería una pena ver que la radio también desaparece, porque es realmente una estructura que ha ayudado y que ha participado en el paz, y que da muchos espacios a las mujeres. 

Trabaja en esta dinámica de igualdad de genero, lucha contra la violencia sexual, a través de sus emisiones y programas. Hay que trabajar sobre la perennización de radio Okapi, hay que poner muchas cosas en marcha para que esa radio pueda sobrevivir. Es un espacio que va a desarrollar estrategias para que la radio no muera tras la salida de la misión de Naciones Unidas en el Congo. No sé, no soy empleada de radio Okapi, yo solo soy periodista en un programa: creo que los líderes deben de estar pensando sobre eso.

¿Y en vuestra radio?
En el caso de nuestra radio, hemos conseguido montar una estructura por parte de las propias mujeres para prevenir eventualmente tener que cerrar cuando acaben los apoyos. Antes yo había creado espacios en radios temáticas, especialmente radios de mujeres, como Radio Mama, en el seno de la Asociación de Mujeres en los Medios. Se está intentando encontrar fondos para ver, cómo vivir, cómo sobrevivir y cómo conseguir implantarse en todo el país, pues no estamos aún en todas partes, solamente en algunas ciudades del Este.

 Realizamos acciones de perennización para que podamos algún día ampliar esta dinámica que ha comenzado y aporta sus frutos, así como los espacios de cambio compuestos por mujeres que se han creado, que están ahí.

Las mujeres se organizan en sinergia para intentar quedarse juntas, para ejercer apoyo mutuo, hablar de la situación y ver cómo se solucionan los problemas. Sobre cómo ayudarse, porque sin la fuerza de las unas y las otras, sin trabajar codo a codo, no podríamos llegar a los resultados a los que hemos llegado.

 Es un conjunto, es un trabajo de conjunto que se hace en el terreno y que va a continuar siempre, porque somos conscientes de nuestra situación, somos conscientes de que la unión hace la fuerza, las mujeres no tiene los medios pero tienen la fuerza, la capacidad de unirse, de trabajar juntas, de romper el silencio para que las cosas se muevan. Se mueve poco, pero con el tiempo esto va dar resultados.

¿Cómo se combate la violencia sexual?
Hay varias respuestas. En lo que se refiere a la violencia sexual basada en el género, la violencia machista, hay que poner en marcha bases sólidas de educación, yo pienso en la masculinidad positiva. Desde el principio, el niño debe de aprender que está aquí para proteger a las mujeres y a las niñas. Debemos tener hombres que hayan sido educados, formados, para respetar los derechos de las mujeres. Si no es el caso, siempre vamos a hablar de la misma cosa año tras año.

Hay que mirar a los hombres que son machistas, los que golpean a las mujeres, los que llegan incluso a matarlas en la sociedad española, una sociedad desarrollada, una sociedad democrática, una sociedad que tiene instituciones fuertes, pero en la que con todo sigue habiendo hombres que pegan a las mujeres, que continúan ejerciendo violencia sobre las mujeres, o sobre sus compañeras. Hay que hacer que puedan entender su pasado. 

Hay que trabajar con los hombres, no solo con las mujeres, hay que poner los hombres en esta máquina, en el proceso de cambio, hay que empujarles para que comprendan, ¿cómo se han criado? ¿qué les decían de las mujeres?, ¿qué saben de las mujeres?¿cuál es el lugar que la daban a las mujeres? Hay que entender todo eso para resolver el problema.

Hay que educar desde la base, desde la primaria, hay que introducir estos aspectos en la educación, porque si se habla de la sexualidad en la primaria, también hay que hablar del respeto de género, y del respeto de la paridad entre hombres y mujeres.

¿Y en el marco de la guerra?
En mi país se han usado las violencias sexuales como arma de guerra en situación de conflicto. Es necesario detenerlo, lucha contra la impunidad para poner fin a la violencia sexual, hay que trabajar por el fin de la guerra, por el proceso de paz. Además a parte de eso, hay que intentar reforzar la resiliencia, pero también trabajar con las mujeres para que puedan recuperarse, volver a su lugar. Indemnizar estas mujeres supervivientes, víctimas, que han perdido todo y promover su autonomía igualmente,

Pero también un aspecto político que no debemos olvidar para luchar contra la violencia sexual es la participación de las mujeres en los lugares de toma de decisión, la mujer tiene que participar, para tener leyes sólidas, para ejercer un acompañamiento sólido a esas leyes, porque cuando la mujer participa hay cosas que no puede dejar pasar.

En todo caso lo que es más importante es el fin de la guerra.

Usted no se cansa de recordar la responsabilidad de Occidente en la situación del país.
Está probado que esta guerra tiene sus orígenes en la explotación de minerales en el Congo, es decir, en una cuestión económica. ¿Y quién explota esos minerales? Occidente, es occidente quien los utiliza para fabricar móviles, coches, y así. Detrás del conflicto del Congo, están quienes necesitan coltán, ellos son quienes arman a los grupos armados. 

Según las investigaciones que han hecho expertos de Naciones Unidos, expertos de organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, han encontrado un vínculo entre la explotación de materiales y la guerra del Congo.

 Habría que hacer presión sobre las empresas y multinacionales para que rastreen los minerales del Congo, para que no sean minerales de sangre, sino extraídos desde el respeto a la ley, el respeto al pueblo congoleño, el respeto al territorio del que viene. Si Europa y Occidente necesitan nuestros minerales, necesitan respetar de dónde vienen, deben extraerlos respetando a los congoleños, dialogando con nosotros. Esto va a contribuir a acabar con la guerra, a dejar de financiar los grupos armados y trabajar con la población local porque la riqueza tiene que ser compartida con los congoleños.

¿Hay un movimiento de la sociedad civil contra la extracción ilícita de minerales del Congo y todo lo que conlleva?
De hecho, la sociedad civil no está contra la extracción de minerales en el Congo, porque estos minerales son un recurso económico para nuestro país que debería enriquecer a la población congoleña, darnos empleos. Eso es legítimo, pero hay un problema, las multinacionales que explotan el mineral en Congo, lo hacen ilegalmente, no respetan nada, de hecho, arman a los grupos, a los rebeldes, a quienes no hacen otra cosa que robar, saquear, matar, masacrar y violar a las mujeres.

Hay una dicotomía porque se toman los recursos del Congo, pero no se quiere construir país, no se quiere pagar el precio por la extracción, las tasas. Las empresas que se instalan en un país deben respetar las normas, hay normas societales que hay que respetar porque estamos destruyendo el entorno, hay que pagar un precio, hay que recuperar el medio ambiente, reconstruirlo, hay que trabajar con la población local que tiene sus derechos. Evidentemente eso cuesta dinero, estas empresas multinacionales no quieren pagar esto, por eso prefieren trabajar en la ilegalidad.

Las organizaciones civiles quieren que esto se haga en el respeto del derecho, del hombre, de la legalidad, del código minero congoleño, del respeto de las normas internacionales. La sociedad civil también quiere que los congoleños puedan beneficiarse de su riqueza, no podemos seguir siendo ricos en el subsuelo y vivir como mendigos, somos muy pobres. No es lógico, estamos hablando de nuestros minerales, minerales que están enriqueciendo otros países.

Tenemos el coltán, vienen aquí quienes fabrican móviles porque sin coltán no hay teléfonos inteligentes, eso está probado. Imagina que tienes la posibilidad de comprar aquí un teléfono por 200 euros, pero cuando nos llega a nosotros el mismo teléfono, a nosotros, que hemos puesto el coltán, te cuesta 500 euros. Hace falta realmente apelar a la sociedad civil occidental, llamo a la sociedad civil española a estar atenta y reflexionar sobre esta situación porque no se puede seguir así.

 Esta desigualdad a través del mundo, esta injusticia es la que hace que la inmigración no se pueda parar. En África la gente piensa que es en Europa que está la vida, que si Europa viene a robar nuestros minerales, entonces nosotros buscaremos también la buena vida allí. Es necesaria la igualdad. El equilibrio a través del sistema mundial para que las cosas puedan estar en su sitio, y para que cada cual pueda vivir en su país en paz y ser libre de hacer lo que pueda."                   (Enttrevista a Caddy Adzuba , Sarah Babiker  , El Salto, 21/03/19)

5/12/18

Niños soldado: un engranaje imprescindible de la maquinaria de hacer dinero

"La dinámica cambiante de los conflictos y la intensificación de los enfrentamientos armados son responsables directos del aumento en el reclutamiento de niñas y niños para ser usados como soldados en todos los conflictos que tiene lugar en este mismo instante. 

 Sobre todo en África, que es el continente que acoge el mayor número: República Centroafricana, República Democrática del Congo, Somalia, Sudán del Sur, Sahel, Nigeria, Níger, Camerún, Chad, Libia… Pero también en otras partes del mundo: República Árabe Siria, Yemen, Irak, Myanmar, Afganistán…

A pesar de todos los esfuerzos que Unicef y otras organizaciones internacionales realizan, el número de niñas y niños soldados no disminuye. Desde hace años, se habla de unos 300.000, una cifra que no se mueve; al revés, da la impresión de que cada vez son más.

Hasta no hace mucho, en África la mayoría de los menores eran secuestrados por los grupos armados que luego debían utilizar la violencia y la manipulación para convertirlos en soldados. Hoy, son muchos los que se unen voluntariamente a las facciones que toman parte en los combates, sobre todo en los conflictos de larga duración. Huyen de la pobreza, del hambre, de la falta de oportunidades educativas o laborales. 

Muchos han crecido en medio a la violencia y no conocen otra forma de vida, por lo que es normal que terminen empuñando un arma. Es dudoso, cuando no existen otras alternativas para estos menores, que podamos hablar de alistamiento voluntario. Si no deja de ser la única opción, salida, que tienen delante, ¿cómo pueden optar por algo distinto, por la paz?

¿Y las niñas?

Como mínimo, el 40% de estos menores soldados son niñas y chicas adolescentes que, al igual que los niños, empuñan armas, participan en acciones bélicas, se ocupan de labores domesticas y viven reproduciendo un patrón de comportamiento competitivo y agresivo. Pero, además, en la mayoría de los casos, también son utilizadas como esclavas sexuales. 

Y, a pesar de todo ello, son invisibles. Se sigue asociando menor soldado con varón que participa en combate y cuesta ver a las niñas.

Esto es responsable de que no se diseñen programas específicos que den respuesta a sus necesidades. De hecho, son pocas las que llegan a los centros de rehabilitación de menores soldados, muchas mueren a consecuencia de los abusos sexuales, otras se quedan como esposas de los excombatientes ante el temor a ser repudiadas por sus familias. La gran mayoría suele sufrir rechazo por haber mantenido relaciones sexuales, aunque hayan sido forzadas, e incluso tenido hijos, fuera del matrimonio a la hora de su reinserción en la sociedad. Esto empuja a muchas de ellas a la prostitución como único modo de ganarse la vida una vez fuera del grupo armado.

Recordemos que se utilizan niñas y niños como soldados porque existen conflictos violentos que se prolongan en el tiempo. La mayoría de los medios de comunicación intentan vender las guerras africanas como disputas religiosas o étnicas, pero eso es mentira, todas responden a razones económicas o de control geoestratégico.

Detrás de cada guerra suele haber una materia prima o intereses políticos y comerciales de una parte de Occidente (o China): fueron los diamantes de sangre de Sierra Leona, lo es el coltan de la República Democrática del Congo, el petróleo de Sudán del Sur, el uranio, el oro y los diamantes de la República Centroafricana… No olvidemos que son empresas occidentales, en su mayoría, las que explotan, transforman y comercializan esos minerales de sangre.

 Evidentemente, los recursos naturales no son la única causa de estos conflictos, pero sí que desempeñan un papel fundamental y financian a los grupos armados que toman parte en ellos, por eso, estos se prolongan en el tiempo.

También es de rigor tener presente el comercio de armas, tanto el legal como el ilegal, que mueve tanto dinero. Las armas que se utilizan en estos conflictos son fabricadas, en su mayoría, en el norte. España es uno de los principales exportadores de municiones y armamento ligero a África o a tantas otras partes del mundo.

 Armas y municiones españolas se emplean en muchos de los conflictos que están en curso actualmente y donde combaten menores soldados. Las modernas cada día son más ligeras, fruto de los avances tecnológicos quizás, pero la realidad es que cada vez niñas y niños más jóvenes pueden utilizarlas.

Todos estos datos hacen sospechar que las empresas que se benefician del bajo coste de los minerales de sangre, el tráfico de armas y el silencio y complicidad de los Gobiernos forman un cóctel que mueve muchos millones a los que nadie está dispuesto a renunciar. Y que para que todo eso funcione es imprescindible el uso de miles de niñas y niños como soldados porque son más baratos, obedecen mejor, no se paran ante la barbarie de la guerra y llegan a ser más crueles que los adultos…

Por eso, me atrevo a pensar que los principales señores de la guerra no se ocultan en las selvas más profundas e impenetrables del planeta, sino que se sientan en los consejos de administración de grandes empresas o dirigen Gobiernos y dictan políticas. Y que como para ellos los negocios y los beneficios que les reportan son más importantes que las personas, no hacen nada para terminar con el uso de niñas y niños como soldados.

Hay buenas noticias

La buena noticia es que si a estos menores se les da una oportunidad, dejan la violencia y optan por la paz, se reinsertan en la sociedad. Lo demostramos en Sierra Leona, donde se llevó a cabo el primer proyecto de rehabilitación y reinserción de menores soldados.

 A St. Michael, el centro que me tocó dirigir, llegaban niños y niñas que habían sido secuestrados, manipulados a fuerza de violencia y ritos mágicos, instruidos en el manejo de las armas y las técnicas de guerra, que habían sido obligados incluso a matar a sus propios padres, a los que se suministraba drogas a la hora de entrar en combate, que habían cometido todo tipo de crímenes. Habían sido convertidos en auténticas máquinas de matar.

En aquella ocasión demostramos que con tiempo y dedicación estos jóvenes regresan al colegio o aprenden un oficio y son capaces de reincorporarse a la sociedad y vivir vidas normales, eso sí, con sus miedos, con los recuerdos de la violencia experimentada y del mal que les obligaron a infligir, que les acompañarán por el resto de su existencia. Este programa se ha replicado con éxito en muchas otras partes de África: Liberia, norte de Uganda

Pero los tiempos cambian y, ahora, los menores soldados ya no están de moda como lo estuvieron en el pasado. Ya no hay tanto dinero para invertir en su rehabilitación. Los donantes prefieren apostar por otras realidades que, en este momento, les dan más visibilidad. Y eso tiene consecuencias muy graves para las niñas y los niños que consiguen abandonar los grupos armados.

 Solo pueden estar en los centros de rehabilitación unas pocas semanas antes de ser devueltos a sus familias. Sin tiempo para dejar atrás la violencia, ni ser conscientes de la experiencia vivida, son depositados en campos de desplazados o en aldeas semidestruidas donde la falta de escuelas o de oportunidades laborales, unidas a la pobreza y desolación de sus hogares, les hacen añorar la seguridad y el poder que les daban las armas que durante tanto tiempo portaron. 

Al final, muchos de ellos deciden volver al grupo armado, al menos allí comen todos los días. Esto pasa en Sudán del Sur, en la República Centroafricana o en República Democrática del Congo, por ejemplo.

¿Qué hacer entonces? A veces me inunda el desánimo y pienso que la realidad es así, que como las niñas y los niños soldados son un eslabón imprescindible en el engranaje ideado para que muchas personas se enriquezcan y que sin ellos los beneficios no serían altos, por lo que la lucha es vacua y sin futuro. 

Pero luego me paro y pienso que no, que no podemos dejarnos llevar por el pesimismo y que hay que continuar con la denuncia hasta que todos los sepan, hasta que se les caiga la cara de vergüenza a los respetables políticos y modélicos hombres de negocios y de una vez para siempre se impliquen y pongan fin a esta lacra. Porque solo ellos tienen el poder de cambiar las cosas. A nosotros, mientras, nos queda seguir con la denuncia, con la prevención del alistamiento y con la creación de oportunidades para que los que fueron reclutados tengan una segunda oportunidad de vivir en paz."                     (Chema Caballero, El País, 20/11/18)

25/9/17

El genocidio de los rohingya está causado por la diplomacia de las grandes compañías petroleras

"(...) Las llamadas “operaciones de limpieza” han matado a cientos de rohingya en los últimos meses, obligando a unas 250.000 personas asustadas, llorosas y hambrientas a escapar para salvar sus vidas de cualquier forma posible. Cientos más han perecido en el mar , o han sido perseguidos y asesinados en las selvas.
Las historias de asesinato y el caos recuerdan a la limpieza étnica de la población palestina durante la Nakba de 1948. No debería ser ninguna sorpresa que Israel sea uno de los  mayores proveedores de armas  a los militares birmanos.
A pesar del embargo de armas a Birmania decretado por muchos países, el ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, insiste en que su país no tiene intenciones de detener sus envíos de armas al despreciable régimen de Rangún, que está utilizando activamente estas armas contra sus propias minorías, no sólo contra los musulmanes en el estado de Rakhine occidental sino también contra los cristianos en el norte. (...)
Casi una cuarta parte de la población rohingya ya ha sido expulsada de sus hogares desde octubre del año pasado. El resto podría serlo en un futuro próximo, con lo que el crimen colectivo sería casi irreversible.
Aung San Suu Kyi ni siquiera tuvo el valor moral de decir unas palabras de simpatía a las víctimas. En su lugar, sólo pudo hacer pública una  declaración sin compromisos : “tenemos que cuidar de todo el mundo que se encuentra en nuestro país”. Mientras tanto, su portavoz y otros voceros han puesto en marcha una campaña de difamación contra los rohingya, acusándolos de quemar sus propios pueblos, fabricar sus propias historias de violaciones, mientras se refieren a los rohingya que se atreven a resistir como ' yihadistas ', con la esperanza de vincular el genocidio en curso con la campaña occidental dirigido a vilipendiar a los musulmanes de todo el mundo.
Pero informes bien documentados nos dan más de una visión de la realidad desgarradora experimentada por los rohingya. Un reciente  informe de la ONU  recoge el relato de una mujer, cuyo marido había sido asesinado por los soldados en lo que la ONU describe como “generalizados y sistemáticos” ataques con “muy probable comisión de delitos contra la humanidad ”.
“Cinco de ellos se quitaron la ropa y me violaron”, dijo la  mujer afligida . “Mi hijo de ocho meses de edad, estaba llorando de hambre cuando entraron en mi casa porque quería que le diese el pecho, y lo mataron con un cuchillo para que se callara”.
Los refugiados que han llegado a Bangladesh huyendo tras un viaje de pesadilla hablan de la  muerte de niños, la violación de mujeres y la quema de aldeas. Algunos de estos relatos se han verificado mediante imágenes satelitales  proporcionadas por Human Rights Watch, que muestran aldeas arrasadas en todo el estado.
Ciertamente, el horrible destino de los rohingya no es completamente nuevo. Pero lo que hace que sea especialmente apremiante es que Occidente está ahora totalmente del lado del mismo gobierno que está llevando a cabo estos actos atroces.
Y hay una razón para ello: petroleo.
Informando desde Ramree Island,  Hereward Holland  escribió sobre la 'caza del tesoro escondido de Myanmar (Birmania).'
Enormes depósitos de petróleo que han permanecido sin explotar debido a décadas de boicot occidental de la junta militar están ahora disponibles al mejor postor. Es un gran festín petrolero, y todos están invitados. Shell, ENI, Total, Chevron y muchas otras compañías están invirtiendo grandes sumas para explotar los recursos naturales del país, mientras que los chinos - que dominan la economía de Birmania desde hace muchos años - están siendo desplazados lentamente.
De hecho, la rivalidad por la riqueza no explotada de Birmania está en su mayor apogeo desde hace décadas. Es esta riqueza - y la necesidad de debilitar la condición de superpotencia de China en Asia - lo que ha llevado a Occidente a apoyar a Aung San Suu Kyi como líder de un país que nunca ha cambiado de manera fundamental, sino que sólo ha cambiado de nombre para allanar el camino de retorno de las grandes petroleras.
Los rohingya están pagando el precio.
No se deje engañar por la propaganda oficial de Birmania. Los rohingya no son extranjeros, intrusos o inmigrantes en Birmania.
Su  reino de Arakan  se remonta al siglo octavo. En los siglos posteriores, los habitantes de ese reino conocieron el Islam gracias a comerciantes árabes y, con el tiempo, se convirtieron en una región de mayoría musulmana. Arakan es hoy en día el estado de Rakhine de Myanmar, donde la mayor parte de los aproximadamente 1,2 millones de rohingya del país todavía viven.
La falsa idea de que los rohingya son extranjeros se originó en 1784 cuando el rey birmano conquistó Arakan y obligó a cientos de miles de personas a huir. Muchos de los que fueron obligados a abandonar sus hogares y escapar a Bengala, finalmente volvieron.
Los ataques contra los rohingya, y los constantes intentos de expulsarlos de Rakhine, se han repetido en varios períodos de la historia, por ejemplo: después de la derrota de las fuerzas británicas estacionadas en Birmania en 1942 a manos del ejercito japonés; en 1948; tras el golpe militar de 1962; como resultado de la llamada 'Operación Rey Dragón' en 1977, cuando la junta militar expulsó a la fuerza a más de 200.000 rohingya de sus casas a Bangladesh, y así sucesivamente.
En 1982, el gobierno militar aprobó la  Ley de ciudadanía  que ha despojado de su ciudadanía a la mayoría de los rohingya, declarándoles ilegales en su propio país.
La guerra contra los rohingya comenzó de nuevo en 2012. Cada uno de los episodio, desde entonces, ha seguido un guión típico: 'conflictos entre comunidades' entre nacionales budistas y rohingyas, que a menudo conducen a decenas de miles de este último grupo perseguido a huir a la bahía de Bengala, a las selvas y, los que sobreviven, a  los campos de refugiados.
En medio del silencio internacional, sólo algunas personalidades respetadas como el Papa Francisco han mostrado su apoyo a los rohingya en una oración conmovedora en febrero pasado.  (...)
Los países árabes y musulmanes han permanecido en gran medida callados, a pesar de  las protestas públicas  exigiendo poner fin al genocidio.
Informando desde Sittwe, la capital de Rakhine, el veterano periodista británico, Peter Oborne,  describe  lo que ha visto en un artículo publicado por el Daily Mail el 4 de septiembre:
“Hace sólo cinco años, se estimaba que unas 50.000 personas de la población de la ciudad de alrededor de 180.000 habitantes eran miembros de la etnia rohingya, musulmanes locales. Hoy en día, hay menos de 3.000. Y no son libres de caminar por las calles. Están hacinados en un pequeño gueto rodeado de alambre de púas. Guardias armados impiden la entrada de los visitantes. Y no permiten que los musulmanes rohingya puedan salir“.
Con el acceso a la realidad a través de sus muchos emisarios sobre el terreno, los gobiernos occidentales, que saben lo que ocurre en el terreno directamente gracias a sus diplomáticos,  conocen perfectamente estos hechos indiscutibles, pero no han hecho nada de todos modos.
Cuando las empresas de Estados Unidos, Europa y Japón hacían fila para explotar los tesoros de Birmania, todo lo que necesitaban era un  gesto de aprobación  por parte del gobierno de Estados Unidos. La Administración de Barack Obama elogió la ‘apertura' birmana, incluso antes de las elecciones de 2015, que llevaron a Aung San Suu Kyi y su Liga Nacional para la Democracia al poder. Después de esa fecha, Birmania se ha convertido en otra 'historia de éxito' estadounidense, sin tener en cuenta, por supuesto, el hecho de que tiene lugar un genocidio en ese país desde hace años.
Es probable que la violencia en Birmania crezca y se extienda a otros países de la ASEAN, simplemente porque los dos principales grupos étnicos y religiosos en estos países están dominados y casi divididos en mitades iguales entre budistas y musulmanes.
El regreso triunfal de los EEUU y de Occidente para explotar la riqueza de Birmania y la rivalidad entre Estados Unidos y China es probable que complique aún más la situación, si la ASEAN no rompe su atroz silencio  y presiona con una estrategia decidida a Birmania para poner fin al genocidio de los rohingya.  (...)"                      (Ramzy Baroud  , Counterpunch, en Sin Permiso, 16/09/2017)

16/5/13

La compañía platanera Chiquita Brands (antigua United Fruit) pagó las matanzas de campesinos colombianos

"Según informaciónes procedentes del centro de investigación National Security Archive (NSA), que hoy recoge el diario El Espectador de Colombia, la compañía platanera Chiquita Brands intenta bloquear la difusión de archivos oficiales estadounidenses que demostrarían su vinculación al paramilitarismo en la región del Urabá colombiano durante décadas. 

El intento de bloqueo informativo se produce en un momento en el que la multinacional afronta nueve procesos en Estados Unidos y un macroproceso en Colombia.

Los documentos que hoy trata de ocultar fueron aportados por la propia bananera en 2007, cuando después de reconocer su apoyo al paramilitarismo colombiano llegó a un acuerdo con el Departamento de Justicia de Estados Unidos a cambio de una multa y de aportar información que hasta ahora ha permanecido reservada.

 Según el portavoz del Nacional Security Archive, vinculado a la Universidad George Washington, Michael Evans , lo que se trata de ocultar "es probablemente el conjunto más grande de información que se haya reunido sobre vínculos corporativos con el terrorismo".

"Fue una investigación extensa que involucró a varias agencias federales y resultó en la primera y, hasta ahora, única condena contra una compañía estadounidense gigante por financiar a un grupo terrorista", explica. Como informó en su día Público, desde el pasado año se puso en marcha un proceso a partir de las confesiones de los mayores jefes del paramilitarismo en el marco de la llamada Ley de Justicia y paz, por el que se comprometieron a aportar la verdad sobre las masacres que provocaron a cambio de impunidad penal.

El capo Raúl Emilio Hasbún, compañero de fechorías de Salvatore Mancuso, detalló los pagos millonarios realizados por la Chiquita Brands para financiar el desplazamiento a sangre y fuego de los campesionos en tierras que iba a ocupar la multinacional, con la complicidad de los sucesivos gobiernos de Colombia, incluido el de Álvaro Uribe y la correspondiente eliminación de líderes locales y sindicalistas. 

La situación recuerda a la que García Márquez rememora en Cien Años de Soledad, cuando, en 1928 , el ejército, al servicio de la United Fruit, hoy Chiquita Brands Inc. , acalló la protesta de los trabajadores bananeros en la estación de Ciénaga. El silencio y la humillación de entonces, cuando la madre de García Márquez le mostró el lugar de la masacre diciéndolo escuetamente "mira, ahí fue donde se acabó el mundo", hoy es una rebelión de 127 familias colombianas, personadas como víctimas en un proceso.

Según el experto estadounidense en Derecho Internacional Ferry Colling Swort "es el caso más grande terrorismo en la historia reciente, con tres veces más víctimas de las que produjo el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York"

 En vísperas del incio de los procesos en Estados Unidos y en Colombia, la United Fruit, hoy Chiquita Brands. trata de ocultar unas pruebas que podrían conducir incluso la extradición de sus actuales directivos para someterlos ante los tribunales colombianos bajo la acusación de "concierto para delinquir agravado".       (Público, 16/01/2013)

13/4/12

Una de las grandes causas del conflicto colombiano es la excesiva concentración de la tierra cultivable en pocas manos (0,03 por ciento de los propietarios tienen más del 95 por ciento de la tierra), concentración que consolidaron los paramilitares por la vía de una contrarreforma agraria que emprendieron a sangre y fuego para apoderarse de 5 millones de hectáreas de las mejores tierras del país

"—Por lo general, los medios masivos de comunicación se ocupan del enfrentamiento armado en Colombia cuando media el morbo y la espectacularidad. Sin embargo, poco o nada se habla del trasfondo de un conflicto que parece eternizarse. ¿Cuáles son sus principales causas?

—Prefiero hablar de múltiples conflictos, de dinámicas violentas de carácter crónico y persistente. Para dar dos ejemplos, en el sur del país las comunidades y la movilidad social están fuertemente reguladas por la producción de coca y la necesidad de mantener los corredores para sacarla.

En la zona del Catatumbo (nordeste del país), los conflictos por las regalías petroleras se suman al comercio y tráfico de grandes volúmenes de droga en el marco de una frontera –con Venezuela– muy porosa y conflictiva.

 Los departamentos de Nariño, Cauca y Chocó se han convertido en el epicentro del conflicto, con durísimos efectos para la población civil, debido al intenso combate entre guerrillas, bandas criminales y paramilitares por el control de corredores del narcotráfico, yacimientos mineros, explotación ilegal de las reservas forestales, entre otros. 

Los efectos son incalculables. El desplazamiento forzado, el hambre y el desabastecimiento de alimentos y de atención médica en las zonas afectadas, así como el reclutamiento de niños por parte de estos grupos armados, van en franco aumento.

Si tuviéramos que hablar de las grandes causas del conflicto podemos distinguir, entre otras, la excesiva concentración de la tierra cultivable en pocas manos (0,03 por ciento de los propietarios tienen más del 95 por ciento de la tierra), concentración que consolidaron los paramilitares por la vía de una contrarreforma agraria que emprendieron a sangre y fuego para apoderarse de 5 millones de hectáreas de las mejores tierras del país. 

Tendríamos que hablar también del narcotráfico y de la pobreza extrema, que se expresa especialmente en el hambre y las elevadas tasas de malnutrición, que afectan a más del 46 por ciento de la población, condición que ha pasado de ser consecuencia a convertirse en uno de los móviles del conflicto.

La marginalidad y la exclusión son dos factores que asocian las distintas dinámicas regionales y hacen del colombiano un caso persistente y crónico. Mientras no se desconcentre la tierra y se trabaje sistemáticamente en la promoción del desarrollo, será imposible avanzar."      (Sin Permiso, 25/03/2012, 'Colombia: la tierra, clave del conflicto colombiano. Entrevista Natalia Springer')

5/10/11

“Ya te han mentido en el censo para que te devuelvan la tierra; nosotros tenemos un censo distinto para irles matando uno a uno”

"Para los hombres es más arriesgado dar la cara en la lucha por la tierra. Eso pensó un día Liria Rosa García, campesina de Curvaradó, un retazo de selva húmeda cerca de la frontera de Colombia con Panamá, en la zona de Urabá.

Y se echó sobre los hombros la tarea de pelear por un territorio ancestral de comunidades negras del que huyó en 1997 cuando los paramilitares, con la complicidad del Ejército, entraron a adueñarse de todo.

En Curvaradó, como en la vecina cuenca del Jiguamiandó, empresarios y particulares estuvieron detrás del desalojo de 23 comunidades negras de sus propias tierras. Cuando el territorio quedó vacío, sembraron palma africana y agrandaron fincas ganaderas y bananeras. Para legitimar el despojo se valieron de miles de artimañas. (...)

Se trata del mayor robo de tierras documentado hasta ahora: la mitad de las casi 100.000 hectáreas de los dos consejos comunitarios fueron invadidas. En la actualidad, la Fiscalía investiga por ello a varios empresarios.

Liria Rosa, cansada de mendigar trabajo en los pueblos, lideró en 2007 el primer retorno a su tierra. Encontraron que la finca de sus vecinos, que antes era de 400 hectáreas, tenía ahora 5.000 más. “Desde ese día me paré firme”, cuenta. Entonces, ella y otras mujeres que habían conseguido recuperar una parte de sus tierras empezaron a ser objeto de una cadena de amenazas e intentos de desalojo.

Aún hoy se turna, con otras mujeres, para espantar el ganado enviado al anochecer para destrozar lo que han sembrado. “También fumigan nuestros cultivos para que no produzcan, pero no nos damos por vencidas", asegura. (...)

Liria Rosa exige que el Gobierno cumpla y les entregue los títulos definitivos que acreditan a estas mujeres como propietarias. Sueña con vivir libre en su tierra, dedicada a lo que ama: sembrar arroz, maíz, cuidar gallinas. (...)

Pero reclamar la tierra es una misión de alto riesgo. La lista de los que han sido asesinados es larga: 66 en los últimos nueve años. Figuran varias mujeres. Yolanda Izquierdo es una de ellas. La asesinaron en 2007 en el departamento de Córdoba, cuna de los paramilitares. Liria Rosa está en la lista de los amenazados: “Me han perseguido para golpearme; me han gritado: te vamos a acabar", cuenta.

En los últimos días el grito amenazante es distinto: “Ya te han mentido en el censo para que te devuelvan la tierra; nosotros tenemos un censo distinto para irles matando uno a uno”.

El proceso de recuperación de las tierras dio un gran paso adelante hace dos años. Los ladrones de la tierra recurrieron una orden de devolución, dictada por las autoridades para repoblar la zona, y la Corte Constitucional frenó la devolución. Pero también pidió un censo de los que fueron expulsados de sus tierras en 1997. Parte de ese censo ya está hecho. (...)

Liria Rosa siente que no hay garantías para continuar. Grupos de los nuevos paramilitares están rondando la zona, están sembrado coca y nadie hace nada a pesar de que la zona está fuertemente controlada por el Ejército. Y contiene las lágrimas cuando recuerda a los que han muerto estos años intentado recuperar su tierra, entre ellos el padre de cinco de sus ocho hijos y un yerno.

"Las mujeres están jugando un papel clave en este proceso de restitución", asegura Ana Teresa Bernal, de la Comisión Nacional de Reparación. Y tiene una explicación: a los hombres los mataron. Nombra a varias líderes.

Una de ellas es Carmen Palencia que, tras soportar el asesinato de su marido, dos desplazamientos y un atentado que la dejó en coma dos meses, lidera desde su asociación Tierra y Vida la devolución de 150.000 hectáreas en otro retazo de la región bananera de Urabá, en el Caribe, donde en los años noventa se implantó, a punta de terror, el modelo paramilitar."                 (El País, 02/10/2011, p. 6)

4/4/11

"En Moaña... se constituíu un tribunal paralelo con patronal e armadores que decidía sobre a vida e a morte"

(traductor gallego-español)

"P. No caso de José Fernández, comandante Sotomayor, fundador do PSOE na Pobra e logo no PCE, cita a armadores apelidados "B.". Prevención?

R. Aínda hoxe, o persoal que quere escribir está ameazado se dá nomes. Pero no limiar de Jesús Pérez Besada á reedición de Yo robé el Santa María, as memorias de José Fernández, está escrito "J. B.". Alí todo o mundo sabe quen é.

Outros armadores de Bouzas adicábanse a ir a San Simón a sinalar traballadores. Que a patronal das Rías Baixas se implicou nas represalias é unha verdade histórica.

P. Como a presenza en Marín do nazi Bruno Schweitzer, adestrador de falanxistas.

R. Era do Partido Nazi, pero sabemos pouco del. O tal Bruno tamén xoga un papel esencial na represión no Morrazo. Está escrito en Nacidas, as memorias do mariñeiro Luís Pérez Álvarez, como no local da Seara, hoxe local dos vellos, a sede da CNT en Moaña que el construíra, se constituíu un tribunal paralelo con patronal e armadores que decidía sobre a vida e a morte. Contou coa presenza de Bastarreche, xefe da base naval de Marín.

Aí hai unha conxunción entre militares, patronal e falanxistas que é case paradigma. Estamos falando de Moaña, na altura o principal porto sardiñeiro de Galicia.

Os principais cadros sindicais daquela flotiña mariñeira foron asasinados, fondeados na ría e non apareceron máis: José Paz Pena, os irmáns Cancelas ou Cándido Giráldez." (DIONÍSIO PEREIRA: "Aínda queda franquismo dabondo e determínanos politicamente". El País, Galicia, 01/04/2011)

7/3/11

'Diamantes de sangre'

"En las minas freelance del Congo, Angola y Sierra Leona, los sueldos fijos son inexistentes. La comida, en el mejor de los casos, es gratis, pero los ingresos dependen exclusivamente del éxito de cada individuo en la tarea paciente e ingrata de buscar diamantes. Bucean por ellos en los ríos, cavan hondos agujeros en la tierra.

Muchos mueren, pero como la alternativa en muchos casos es morir de hambre, el riesgo parece valer la pena. Las imágenes de mineros casi desnudos, embarrados, desviviéndose por encontrar una piedra dura y brillante entre los millones que escudriñan, o que “lavan”, como ellos dicen, son infernales; las imágenes de la relativa riqueza de los compradores locales de diamantes, con sus trajes y sus coches de lujo, atrozmente ofensivas.

Que sólo es la versión en miniatura de la atroz discrepancia entre la calidad de vida de los mineros y los compradores de diamantes en Occidente, entre África y los países ricos en general.

Echar toda la culpa de los males africanos a los antiguos poderes coloniales es un reflejo anticuado y simplista. La culpa se comparte con los poderosos africanos. Se vio con especial claridad durante la era de los llamados diamantes de sangre (el nombre de una película de Hollywood sobre el tema), que tuvo su auge a finales de los años noventa y hoy parece haber desaparecido.

El término se refería a la práctica de movimientos rebeldes de financiar sus guerras, especialmente en Sierra Leona y Liberia, a través de la venta de diamantes extraídos, en condiciones de semiesclavitud, en los territorios bajo su control.

La participación hasta hace poco de ejércitos de varios países –Angola, Ruanda, Zimbabue– en la guerra del Congo se debió en buena medida a la abundancia de riqueza mineral de este país, que incluye diamantes, especialmente en la zona del sur de Mbuji-Mayi. Hoy la guerra se ha extendido a zonas donde no hay diamantes. (...)

La mala noticia es que existen todavía áreas grises de abuso no cubiertas por el término diamantes de sangre o por los monitores del grupo Kimberley. En vez de grupos armados dedicados a derrocar gobiernos, hay gobiernos o mafias locales culpables del mismo grado de explotación y violencia.

El caso más notorio en este preciso momento es el de Zimbabue, cuyo presidente, Robert Mugabe, no deja de expresar su desdén por la opinión internacional, manifestada en este caso por la agencia de derechos humanos Human Rights Watch y observadores del Proceso de Kimberley. (...)

El ejército de Mugabe mató a más de 200 personas durante la violenta captura de los campos de diamantes de Marange a finales del año pasado, según Human Rights Watch. Hoy, niños y adultos son sometidos a trabajos forzosos y a torturas, golpes e incluso violaciones en caso de no cooperar con los militares.

El dinero de la venta de los diamantes acaba en los bolsillos de los propios oficiales del ejército y de altos funcionarios del Gobierno de Mugabe. Contrabandistas transportan los diamantes a clientes occidentales o árabes en el vecino Mozambique. (...)

El caso de Zimbabue es el más descarado que se conoce en este momento, pero sólo es la expresión más burda de un fenómeno de descontrol total, en el mejor de los casos, o explotación y mafiosismo, en el peor, que se ve a lo largo del continente, como demuestran las fotos de Kadir van Lohuizen.

La ironía es que los afortunados hoy son los que trabajan para De Beers, empresa fundada por el magnate más voraz producido por el imperialismo británico en el siglo XIX, Cecil Rhodes. " (John Carlin: El diamante pierde brillo, El País Semanal, 21/02/2010, p. 64 ss.)

4/1/11

Las causas de la guerra...

"¿Dio Estados Unidos luz verde a la invasión iraquí de Kuwait en el verano de 1990? (...)

Aunque aparece la frase en la que se apoyó aquella interpretación ("no tomamos partido ante estos asuntos árabes"), se refiere a la delimitación de la frontera y no al enfrentamiento por el precio del petróleo que inflamó el conflicto entre Bagdad y Kuwait.

El resumen que Glaspie hace de la audiencia transmite una gran preocupación de Washington por la tensión regional, y refleja a un Sadam desesperado ante la ruina económica en que ha quedado su país tras la guerra con Irán (1980-1988) y que se siente traicionado por sus vecinos (documento 372). (...)

"Irak, subraya el presidente, se encuentra en graves dificultades financieras, con deudas de 40.000 millones de dólares", escribe Glaspie. No es solo cuestión de dinero. Sadam defiende que su país, "cuya victoria en la guerra contra Irán supuso una diferencia histórica para el mundo árabe y Occidente, necesita un plan Marshall".

Sin embargo, se queja a la embajadora: "Ustedes quieren que baje el precio del petróleo". Y ahí radica la esencia del problema, tal como reveló el propio líder iraquí dos meses antes durante la cumbre árabe de la que fue anfitrión. (...)

Sus principales acreedores, Arabia Saudí y Kuwait, se niegan a perdonarle la deuda. Además, Bagdad acusa a Kuwait de estar extrayendo más crudo del pactado en la OPEC, lo que presiona a la baja el precio del petróleo y daña la economía iraquí. El dirigente iraquí se siente traicionado.

"Irak, que ha tenido cientos de miles de víctimas, está sufriendo, y Kuwait se comporta [de forma] 'mezquina y egoísta", se queja el presidente, que además sospecha que el Gobierno de EE UU está utilizando a Kuwait y Emiratos Árabes Unidos (EAU) como "puntas de lanza" porque le interesa un combustible barato.

"Quienes fuerzan los precios del petróleo a la baja están entablando una guerra económica e Irak no puede aceptar semejante violación a su dignidad y prosperidad", advierte Sadam. "Igual que Irak no amenazará a otros, tampoco aceptará ninguna amenaza en su contra", añade dando a entender que se cree víctima de un complot.

Al concluir la guerra entre Irán e Irak, Sadam espera reconocimiento por haber contenido la expansión iraní. Sin embargo, se encuentra con que ahora es su régimen el que provoca recelos entre los árabes. (...)

"¿Cómo podemos hacerles entender [a Kuwait y EAU] cuánto estamos sufriendo?", se pregunta Sadam. "Créame, lo he intentado todo: hemos despachado enviados, escrito mensajes y pedido [al rey saudí] Fahd que organice una cumbre cuatripartita", trata de convencer a la embajadora. El presidente le recuerda que los iraquíes saben lo que es la guerra y no quieren volver a sufrirla.

"No nos empujen a ella, no la conviertan en la única opción con la que podamos proteger nuestra dignidad", casi implora tras haber dejado claro que "Irak sabe que el Gobierno de EE UU puede enviar aviones y cohetes, y dañarle gravemente". (...)

La embajadora asegura en el telegrama haber dejado claro que EE UU nunca podrá "aceptar el arreglo de los conflictos más que por medios pacíficos". La famosa frase fuera de contexto que parece dar luz verde a la invasión solo aparece en una nota final. Sadam menciona el acuerdo de 1961 por el que Irak y Kuwait establecieron "una línea de patrulla" para su frontera pendiente de delimitar.

Los kuwaitíes acusan a los iraquíes de haberse adentrado 20 kilómetros más allá. Glaspie, que recuerda que 20 años antes ha estado destinada en el emirato, señala: "Entonces, como ahora, no tomamos partido en estos asuntos árabes". (El País, 02/01/2011, p. 6)