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25/6/19

La actriz Mira Sorvino hace público que fue violada. "Os puedo decir que en situaciones de violación sientes vergüenza", "Sientes que de alguna manera, fue culpa tuya, que deberías haber sido más lista. Que deberías haberte protegido mejor..."




"La actriz Mira Sorvino, una de las caras visibles del movimiento #MeToo y víctima del acoso de Harvey Weinstein, ha hecho público que sufrió una violación. La ganadora de un Oscar, que vio cómo su prometedora carrera se resentía tras rechazar al todopoderoso productor, ha contado por primera vez que fue violada durante una cita, en un intento de que se cambien los plazos de prescripción para los delitos sexuales en el estado de Nueva York.




"El #MeToo ha sido maravilloso, pero también ha sido muy traumático para mí a nivel personal porque he tenido que revisitar mi pasado y mis demonios de una forma que no había explorado realmente", ha relatado, en una conferencia de prensa este miércoles acompañada por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo. "No había resuelto realmente los traumas del pasado. No había buscado realmente la ayuda que necesitaba. Así que este último año y medio ha sido un periodo muy interesante y duro y maravilloso para mí".

"No solo fui víctima de acoso sexual y agresión a manos de Weinstein (...) sino que también soy una víctima de abuso sexual y también soy superviviente de una violación durante una cita", ha admitido la actriz, con la voz entrecortada en varios momentos por la emoción. "No quiero entrar en detalles, pero nunca había dicho esta última parte en público porque a veces es imposible compartir este tipo de cosas, y lo estoy haciendo aquí para intentar ayudar porque hay todas estas supervivientes ahí afuera que ahora necesitan justicia, que necesitan sentir que pueden tomarse el tiempo que necesitan para salir del trauma, de la vergüenza", ha continuado.

"Os puedo decir que en situaciones de violación en segundo grado, como fue la mía, sientes vergüenza", ha asegurado Sorvino. En Nueva York se califica penalmente como violación en segundo grado la que se produce cuando la víctima no puede prestar su consentimiento por su edad, su capacidad mental o por encontrarse en estado de embriaguez.

 "Sientes que de alguna manera, fue culpa tuya, que deberías haber sido más lista. Que deberías haberte protegido mejor. Que no deberías haberte tomado esa bebida. Quién sabe lo que había en ella, pero de alguna forma tú te metiste sola en esa situación".

Con este testimonio, la actriz se suma a las peticiones para cambiar el plazo de prescripción en la ley estatal, actualmente de cinco años, y facilitar así que las víctimas puedan denunciar. "Por favor", ha pedido a los legisladores que hagan justicia, "porque la mayoría de violadores volverán a violar". Según la actriz, el plazo de prescripción en Nueva York es "de los más cortos del país", lo que en un estado "liberal y progresista", es una vergüenza.

 "Estáis acortando el tiempo durante el cual una persona podría finalmente tener la valentía de dar un paso y nombrar a su atacante, e intentar lograr justicia", ha dicho. "Es de extrema importancia para todas las víctimas pasadas, para las supervivientes presentes y para las posibles víctimas futuras. Vamos a prevenirlo, vamos a parar el protocolo de intervención y empezar a cambiar el entorno ahora y decir que el tiempo de los abusos sexuales, de las agresiones sexuales, del acoso y de la violación se ha acabado", ha concluido.

En 2017, el director de cine Peter Jackson reveló en una entrevista que, en 1998, Weinstein le presionó para que no contratara a Mira Sorvino y Ashley Judd para su proyecto de El Señor de los Anillos. Judd y Sorvino, dos de las decenas de actrices que acusaron al productor de abusos sexuales, estaban en el listado que Jackson presentó a los hermanos Harvey y Bob Weinstein cuando la compañía de este, Miramax, iba a producir las películas.

 "Recuerdo que Miramax nos dijo que era una pesadilla trabajar con ellas y que debíamos evitarlas a todo costa", aseguró Jackson. "Ahora sospecho que nos dieron información falsa sobre estas dos talentosas mujeres, y como resultado directo, sus nombres fueron eliminados de nuestra lista de casting", lamenta el realizador.

Tras conocer estas declaraciones, Sorvino dijo sobre el parón en su carrera: “Pudo haber otros factores, pero definitivamente sentí que me aislaban y que mi rechazo a Harvey tenía algo que ver con eso”, dijo, hablando de su propia carrera. El acoso se produjo en 1995, en el pico de su popularidad, cuando acababa de rodar Poderosa Afrodita de la mano de Weinstein y de Woody Allen, y por la que ganaría un Oscar como Mejor actriz de reparto."                   (El País, 13/06/19)

31/1/13

La memoria de la barbarie nazi... en Alemania

"Doce años transcurrieron desde la llegada de Adolf Hitler al poder y la liberación del campo de exterminio de Auschwitz por el ejército soviético. Doce años que determinaron y marcaron a Alemania como nación, con un lastre de infamia sin parangón en la historia europea, tan sobrada de barbaridades. 

Aquellos doce años siguen ahí, como advertencia universal, como complejo nacional y también como deber de pública contrición.

La prueba de todo ello fue la lúgubre celebración que las autoridades alemanas dedicaron ayer al 80.º aniversario de la llegada de Hitler al poder, un 30 de enero de 1933. Acto solemne en el Bundestag y discurso de la canciller Merkel inaugurando una exposición dedicada al evento. 

Trajes negros, semblantes cabizbajos y una gran emoción al escuchar en la cámara la plegaria, casi un llanto, cantada en hebreo rememorando las catedrales del holocausto judío: Birkenau, Treblinka, Majdanek, Babi Yar...

"El camino hacia Auschwitz comenzó con la destrucción de la democracia", dijo el presidente del Bundestag, Norbert Lammert. Aquella democracia de la república de Weimar, identificada con la pérdida de la Primera Guerra Mundial, la paz humillante, la inestabilidad económica y el caos social, que, como explica el historiador Robert Gelletely en su obra sobre el consenso nacional del nazismo, "no gustaba a casi ningún alemán".

"Hitler reflejó el carácter esencialmente provinciano, estrecho y violento del nacionalismo alemán", explica el periodista griego Dimitris Konstantakopulos, autor del diagnóstico más sombrío del actual proceso europeo liderado por una Alemania crecida por su reunificación y por fin plenamente emancipada de las tutelas posbélicas impuestas a su soberanía.

La actual política alemana en Europa vuelve a conducir al desastre, dice Konstantakopulos y, como en 1945, se cerrará con una "derrota geopolítica, moral y estratégica" para Alemania. Una Alemania, explica este autor, que sobrestima su fuerza y que llevará a todos, fuera de Alemania, a la misma conclusión: "no han cambiado, continúan siendo los mismos, no se puede confiar en ellos", dice. 

 Ajustada o no, su diatriba no hace sino ilustrar el lastre y la sombra que aquellos doce años proyectan: ochenta años después no hay país más fácil de demonizar. 

Y sin embargo este país, en el que los exnazis continuaron mandando mucho después de la guerra, mantiene su pública actitud de culpa, pese al paso de las generaciones, como si el mismo concepto de culpa colectiva no fuera un absurdo jurídico y moral traspasado a los hijos y nietos de quienes cooperaron o consintieron el horror.

La "ruptura de la civilización" que representó el nazismo y sus exterminios -el judío, el gitano, el de homosexuales, izquierdistas y prisioneros soviéticos-, es una "advertencia permanente", dijo Angela Merkel al inaugurar la exposición Topografía del terror.

 La muestra es uno de los muchos recordatorios de aquel periodo que jalonan el centro de Berlín y que la ciudad ha convertido en un interesante atractivo histórico, demostrando con ello una inequívoca voluntad.

 Merkel dijo advertencia porque el ascenso de Hitler fue posible "por el apoyo de la élite alemana y el consentimiento de la mayoría". Una mayoría que demostró "indiferencia en el mejor de los casos" ante la falta de libertades.

Ochenta años después de su llegada al poder, el nombre de Hitler es una especie de antídoto contra aquel tipo concreto de barbarie porque su memoria introduce de alguna manera anticuerpos en la conciencia universal."        (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 31/01/2013)

23/2/11

"El miedo, sí, también la sensación de abandono, y la curiosidad, pero el miedo sobre todo: el denominador común de todas las guerras"

"No he querido ver la guerra de frente, sino mostrar cómo sigue existiendo después, cómo un pequeño suceso puede hacer resurgir todos los traumas". (...)

Mauvignier recrea la contienda con toda su violencia y sus atrocidades: destrucción de pueblos, asesinato de civiles, guerrilleros del FLN torturados (uno metido desnudo en lejía, otro lanzado al mar desde un helicóptero), la sonrisa cabila -el degüello tradicional de soldados franceses por los fells argelinos con un tajo de oreja a oreja-... También están en el libro la tragedia de los harkis, el terror de las guardias nocturnas, las omnipresentes moscas, el hastío, el sinsentido y la tosquedad de la vida militar. (...)

Como a muchos de su generación, a Mauvignier le sorprendía el silencio de los que combatieron allí, "padres, tíos y vecinos" que no hablaban de lo que habían vivido pero al tiempo querían que se supiera". ¿Como los excombatientes estadounidenses de Vietnam? "En ese sentido sí, pero la de Argelia tuvo elementos muy distintos.

La ocupación alemana de Francia estaba muy cerca aún y estos chicos, estos quintos, se veían a menudo a sí mismos, para su perplejidad y su pesar, como los nazis".

En la novela, un soldado compara, precisamente, la represalia que acaban de perpetrar sobre un mechta, un villorrio argelino, con la destrucción de Orador-sur-Glane por las Waffen-SS.

"Sí, eso lo ves en muchos testimonios, una culpabilidad muy compleja. Y hay otro punto que hace la guerra de Argelia diferente de la de Vietnam: los soldados no perciben el territorio como otro país, susceptible de ser bombardeado, sino como una parte de Francia". (...)

La de Argelia (1954-1962) es la guerra olvidada del siglo XX: ¿quién recuerda hoy a Salan, a Massu, a Aussaresses, a los terribles bérets verds heliotransportados del RIMA o el napalm?, ¿quién se acuerda del Je vous ai compris de De Gaulle a su retorno al poder en 1958? Más de dos millones de jóvenes franceses sirvieron en Argelia entonces.

Murieron en combate 15.583. "Era una guerra vergonzosa y perdida de antemano, el fin de una época. Hasta los años ochenta o noventa no se la consideraba siquiera como guerra". La guerre sans nom del documental y el libro (Les Éditions du Seuil, 1992) de Rotman y Tavernier...

"Exacto. Un ejército poderoso frente a una guerrilla, no era épico y era posible trazar incómodas similitudes con la II Guerra Mundial...".

Mauvignier ha optado por el distanciamiento, por "no tomar partido, intentar comprender". Documentándose, descubrió con sorpresa "qué vivo está aún todo". Los excombatientes, dice el escritor, han reaccionado a la novela con emoción, "felices de contemplar que su historia interesa a alguien de la generación de sus hijos y que he tratado de entenderlos".

En algunos casos, a través del libro se han acercado padres e hijos que no habían podido jamás hablar del tema. Para el propio Mauvignier ha sido tarde: su padre, que fue reemplazo en Argelia, se suicidó cuando él era aún un adolescente y sin haber hablado con su hijo de aquella experiencia.

"A mi madre sí le explicó algunas cosas terribles: había visto a militares franceses matar a mujeres argelinas embarazadas y eso le traumatizó toda la vida".

Los fellagas argelinos no se quedaron cortos tampoco en su crueldad. En Hombres aparece el caso de un médico del ejército francés al que le despellejan minuciosamente un brazo.

"Había una parte de guerra psicológica en esas mutilaciones y otras atrocidades de los guerrilleros, destinadas a horrorizar a los bisoños soldados franceses y confirmar su temor ancestral al moro; era un recurso muy efectivo y el FNL jugaba con él". (...)

"Igual que en Francia es un tema tabú, por vergonzante, en Argelia lo es por miedo a que se cambie la mirada sobre los que son considerados los grandes héroes del país, de manera parecida a como los franceses preservamos la memoria de la Resistencia".

La imagen icónica para muchos de la guerra de Argelia es, paradójicamente, de un filme: la del béret rouge, el paracaidista, torturando con un soplete a un miembro del FLN (La batalla de Argel, 1965, de Gillo Pontercorvo), el oprobio de la para-torture, también mostrada en Le petit soldat (1960) de Godard, que fue prohibida en Francia.

En el corazón podrido de aquella guerra está la gégène, el equivalente francés de la picana.

Mauvignier no elude el tema en ningún momento pero puntualiza: "El problema de la tortura en Argelia es que es tan terrible que puede oscurecer otros aspectos de aquel conflicto; hubo muchas otras cosas en la vida del soldado, y yo he querido mostrarlas también". (El País, 22/02/2011, p. 38)

16/6/10

"Las balas no le querían, nadie se atrevía a matarlo". Javier Bardem interpreta a un chico asesinado por robar calcetines y garbanzos

"Las balas no le querían", decían en el pueblo, Fontanosas (Ciudad Real). Al parecer, ninguno de los miembros de aquel pelotón de fusilamiento se atrevía a matar al joven que tenían enfrente, Francisco Escribano, con otras seis personas. Uno de los asesinos escribió 63 años más tarde, en abril de 2004, una carta anónima al alcalde del pueblo para confesar el horrible crimen y señalar el lugar donde había enterrado los cuerpos, "por si permite proceder a la exhumación de los cadáveres por parte de las respectivas familias".

Es uno de los pocos arrepentidos, y el único que hizo algo con su sentimiento de culpa. En la carta explicaba que, mientras prestaba el servicio militar en un regimiento de caballería de Alcalá de Henares, su unidad fue destinada a la "persecución de huidos en la sierra" hasta que el 1 de julio cometió "un acto execrable". Se refería a la ejecución de siete personas, "entre ellas un menor de 15 años" al que no querían las balas, Francisco Escribano.

La fosa se abrió en febrero de 2006. El informe forense confirmó la versión extendida por el pueblo. Aquella noche de julio de 1941 ningún miembro del pelotón se atrevía a matarlo. Y la torpeza de los asesinos provocó que el primer tiro le entrara por la mejilla y que tuviera que ser rematado con un arma corta.

No tenía 15 años sino 18. Era el hermano de José Escribano, cabrero como él, que ayer, en los cines Princesa de Madrid, ciudad que no visitaba desde hacía 50 años, vio cómo un actor con un Oscar, Javier Bardem, le devolvía la voz al hombre que había visto por última vez cuando tenía siete años: "Me llamo Francisco Escribano. Soy cabrero y tengo 18 años. Me acusan de haber robado para los del monte dos sacos de garbanzos, una manta, unas tijeras, seis calcetines, seis pañuelos y diez pesetas. Por ese crimen me fusilan el 1 de julio de 1941. En esa misma tapia y por el mismo delito, mueren conmigo mi padre, dos de mis tíos, y un primo mío".

Es decir, el padre, los tíos y el primo de José, que ayer, a sus 77 años, lamentaba haber tenido entonces ya siete, y no algunos menos. Sigue recordándolo todo." (El País, ed. Galicia, España, 15/06/2010, p. 14)

24/9/09

La vergüenza del testigo

"Arquitecta de 54 años, Eva ha viajado a Madrid a recoger por Stieg el V Premio del Observatorio de la violencia de género por su labor en la erradicación del problema. Lo que nos lleva a la primera pregunta: ¿De dónde cree que nació su interés por el tema? Y el desayuno arranca con una revelación sorprendente:

"A los 14 años, estando de camping, Stieg fue testigo de la violación de una chica por parte de sus amigos. Días más tarde se la cruzó por la calle y se acercó a pedirle perdón por no haberlo evitado, pero ella le rechazó. Siempre se sintió culpable. Le marcó y quizá por eso...". (Eva Gabrielsson: "Stieg presención una violación y siempre se sintió culpable". El País, ed. Galicia, Última, 22/09/2009)