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11/3/10

Miguel Hernández no necesita que se repare su honor. Jamás lo perdió. Lo perdieron quienes le encarcelaron y condenaron

"Lo que la memoria de Miguel Hernández no necesita, lo que sus palabras no precisan, es un certificado, un documento oficial expedido por el gobierno democrático de la nación en el que se repare moralmente el nombre del poeta. Miguel Hernández no necesita que se repare su honor. Jamás lo perdió. Lo perdieron quienes le encarcelaron y condenaron a 30 años, quienes permitieron que muriera en la cárcel, falto de alimentación y de atención médica. Son sus carceleros y quienes representan lo que ellos defendieron quienes deberían intentar reparar su honor, el suyo propio.

Si a la muerte de Franco, sus herederos hubieran seguido gobernando el país quizás hubiera estado justificado que esos poderes públicos intentaran reparar su acción y pedir perdón a la familia de Miguel Hernández. Pero las cosas no han sido así y comienza a ser extraordinariamente irritante que desde un sector del propio Gobierno democrático se aliente esa extraña confusión. Este país no está gobernado ni representado por los herederos del franquismo ni por quienes provocaron la guerra civil. No es cierto, en absoluto, que se haya corrido un velo y que la Transición se haya basado en aquella herencia. La Transición se encarnó en la Constitución de 1978 y esa Constitución no recoge los valores del franquismo sino, claramente, los de la II República, derrotada en la guerra. Seguro que tiene defectos, como cualquier texto jurídico, y que puede ser reformada y mejorada, pero representó un formidable trabajo de dignidad y de memoria y es realmente mezquino que no se reconozca así.

A muchos nos produce perplejidad y desasosiego que el Gobierno no sea consciente de lo peligroso de esa falta de claridad y de ese desorden. Es desolador que permita que se considere al sistema democrático nacido en 1978 heredero o representante de quienes le quitaron la palabra y la vida a Miguel Hernández y no, precisamente, de los valores que ese poeta, quizás más que ningún otro, representó y defendió. La democracia española no tiene que pedirle perdón a Miguel Hernández, ni mucho menos restituirle una fama o un honor que nunca fueron manchados. Conmemorar los cien años de su nacimiento no tiene nada que ver con emitir documentos que parecen certificados de penales a la inversa, sino mucho más probablemente con conseguir que no se reduzca el presupuesto para las escuelas infantiles públicas." (SOLEDAD GALLEGO-DÍAZ OPINIÓN: Una confusión peligrosa. El País, Domingo, 28/02/2010, p. 19 )

24/11/08

El odio a la revuelta de los pobres

"los llamados "hechos de Pando". El informe incluirá una lista de personas implicadas, "todas ellas bien conocidas en Cobija, la capital de Pando", y una serie de recomendaciones para que los asesinatos no queden en la impunidad. (...)

Según recogerá el informe, lo que pasó en Cobija se encuadra dentro de los enfrentamientos entre el presidente Morales y los grupos opositores autonomistas. Los contrarios al presidente ocuparon oficinas del Gobierno y el Instituto de Reforma Agraria, donde están depositados los títulos de propiedad de las tierras. Desde Filadelfia, una localidad cercana, con alcaldía del partido de Morales, se organizó una columna de unos mil campesinos que iban a asistir a una asamblea en la capital, y previsiblemente, asediar a los ocupantes.

"Sectores cívicos prefecturales [civiles próximos al prefecto de la zona, equivalente a un gobernador, Leopoldo Fernández], se organizaron para impedir que los campesinos llegaran a la ciudad. Se cavaron zanjas con excavadoras propiedad del Estado, con varios metros de profundidad. La columna fue atacada por civiles armados", explica Mattarollo. En su huida, muchos campesinos se tiraron al río y existen vídeos donde se aprecian las dificultades de muchos de ellos para mantenerse a flote.

La comisión ha identificado 26 muertos y algo más de 40 heridos por arma de fuego, pero no descarta que en realidad haya habido más víctimas. Entre los muertos identificados figuran tres muchachos que fueron claramente ajusticiados y cuyos cadáveres fueron además mutilados. (...)

"La única forma de saber exactamente el número de muertos y posibles desaparecidos sería establecer un censo o investigar denuncias precisas, pero eso es prácticamente imposible. En Pando ha cundido el miedo entre los campesinos. Es una gente tan desposeída que la mera idea de presentar una denuncia les resulta irreal", comenta el experto argentino.

El informe dejará establecida la absoluta pasividad de las fuerzas del orden, que contemplaron lo que ocurría sin intervenir. Mattarollo hace hincapié en un hecho especialmente brutal: algunos de los heridos fueron bajados de las ambulancias que los trasladaban al hospital para ser maltratados y golpeados." (Soledad Gallego-días: La matanza de Pando. (El País, ed. Galicia, Internacional, 21/11/2008, p. 9)