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10/5/22

Frank R. James, el ‘profeta de la fatalidad’ que cumplió su amenaza en el metro de Nueva York

 "El tribunal federal de Brooklyn (Nueva York) ha decretado este jueves prisión incondicional sin fianza para Frank R. James, el afroamericano de 62 años detenido como presunto autor del tiroteo que el martes causó 23 heridos, diez de ellos por arma de fuego, en un vagón del metro de la ciudad. Para justificar su decisión, el tribunal subrayó que la presencia de James en las calles supondría una amenaza “seria y activa” para la seguridad ciudadana. Será procesado por ataque terrorista contra el sistema de transporte público y, si es declarado culpable, puede ser condenado a cadena perpetua.

Qué llevó al neoyorquino James, un hombre con un nutrido historial de antecedentes policiales, a disparar indiscriminadamente con una pistola Glock de nueve milímetros a los pasajeros, es algo que solo podrá determinar la investigación, incluida la valoración psiquiátrica que ha solicitado la defensa. Un ser a la deriva, como tantos otros —la cara b del sueño americano, la pesadilla—, en cuya biografía se entremezclan la comisión de variados delitos (hurto, robo, acoso sexual) y los desórdenes de conducta.

Fichado desde hace décadas, generaron más inquietud que sus antecedentes los vídeos que había publicado en los últimos años en YouTube, donde su página continuó visible hasta 24 horas después del ataque, cuando fue cerrada por “violar las directrices” de uso. El contenido de los vídeos era perturbador: desquiciadas arengas políticas, a veces agresivas, muchas de ellas dirigidas contra el alcalde de Nueva York, Eric Adams; delirios de persecución y mensajes en los que se presentaba como un ser “lleno de odio y rabia” víctima de “terribles tratamientos psiquiátricos”. Además de arrebatos de homofobia, misoginia y racismo -contra negros e hispanos, también contra los blancos-, James denunciaba la vida de los vagabundos en el metro, una triste realidad que Adams pretende erradicar, no sin polémica, y manifestaba su deseo de agarrar un arma y disparar al azar, contra quien fuese. Especialmente chocante era su rabia contra los afroamericanos —como él— víctimas de la violencia, a quienes acusaba de merecerlo.

Su hermana, Catherine, manifestó a The New York Times su “sorpresa” al verle acaparar titulares. “Nunca pensé que podría hacer algo así”, apuntó la mujer, tras precisar que llevaba tiempo sin saber de él. James fue los últimos años un agujero negro personal y social, que acabó saliendo a la superficie como una erupción de ira. Eso que el cine modula hasta convertir en arte (Un día de furia, por ejemplo), pero que en la vida real regurgita el sumidero de la violencia. Su existencia, errabunda, le llevó de ciudad en ciudad, sin oficio conocido, aunque se presentaba como conductor, dando tumbos por apartamentos cuyos vecinos le recuerdan como un hombre brusco, distante y propenso a perder los estribos; a menudo pendenciero.

En el atiborrado vagón del metro que bien pudo convertirse en escenario de una masacre —la mayoría de los heridos han recibido el alta, y no se teme por la vida del resto—, la policía encontró restos de la existencia desordenada de James. Un arsenal heterodoxo (balas, bombas de humo, petardos y bengalas y un hacha), además de la pistola Glock 17, que el presunto agresor había comprado legalmente en Ohio en 2011, según la policía. También las llaves de una furgoneta U-Haul —una popular empresa de alquiler de vehículos para portes asequibles— y una tarjeta de crédito a su nombre, lo que ha hecho preguntarse a algunos si el propio James no fue dejando esas huellas para ser encontrado, como si deseara acelerar el final de su escapada. Informaciones no confirmadas apuntan que el sospechoso alertó de su presencia en el lugar donde fue detenido, una calle del East Village, mediante una llamada telefónica a la policía.

Del arma que mandó a diez personas al hospital, qué decir: pese a los intentos de la Administración de Joe Biden por restringir la circulación de las mismas, y la opinión mayoritaria de la población en pro de un mayor control, la Glock 17 de nueve milímetros tenía los papeles en regla y era legal a todos los efectos, gracias a la Segunda Enmienda de la Constitución. En su apartamento de Filadelfia, la policía encontró también un cargador de un fusil semiautomático, mucho más letal que la pistola usada, y en la furgoneta alquilada y luego abandonada, un tanque de propano.

Biden afronta las críticas de los republicanos y el poderoso lobby armamentístico, que encarna la Asociación Nacional del Rifle (RNA, en sus siglas inglesas), al intentar poner coto a la proliferación de armas de fuego en las calles, un fenómeno que la Casa Blanca tilda de epidemia. También intenta frenar esta sangría el alcalde Adams, que tras la buena noticia de la detención de James, debió pronunciarse sobre el rosario de tiroteos —una docena larga— que había sacudido la ciudad en las últimas 36 horas. “Nadie está seguro”, dijo un policía de servicio en Brooklyn al diario New York Post sobre otro incidente, sin relación con el ataque del metro. Un buen resumen.

Siguen también los cabos sueltos; las preguntas y las cábalas. Muchas ciudades de EE UU disponen de sistemas de videovigilancia en el metro más eficaces que el de Nueva York, pese a que la Gran Manzana es el escaparate global del país. En la estación de la calle 36 de Brooklyn no transmitían, aunque habían sido revisadas solo dos días antes del tiroteo por trabajadores de la autoridad de transporte urbano de Nueva York (MTA, en sus siglas inglesas), a instancias de la policía, que se quejó de no recibir imágenes de la estación. Las cámaras funcionaban, informaron fuentes sindicales del suburbano, pero fallaba el envío de imágenes por fibra óptica. Otra prueba de disfuncionalidad, en las que el maltratado metro neoyorquino, e incluso la ciudad, abundan.

En los vídeos que colgaba en YouTube, James se calificaba de “profeta de la fatalidad”. “Va a haber sangre, mucha sangre”, advertía en sus delirios, advirtiendo que el tamaño de la población debía reducirse. “Da igual que sean blancos o negros”. En uno, publicado el 23 de marzo, alertaba de futuras guerras interraciales, la posibilidad de una tercera Guerra Mundial y el racismo que vivió mientras daba tumbos por todo el país. “Vivimos tiempos muy peligrosos, diría yo, tiempos muy inciertos”. En eso sí fue profético, piensan hoy no pocos neoyorquinos cuando se aventuran por las escaleras y los andenes del metro."                       (María Antonia Sánchez-Vallejo , El País, 15/04/22)

7/6/21

Sabemos que Estados Unidos está superando la pandemia de COVID-19 cuando el ritmo de los tiroteos masivos en el país vuelve a la “normalidad”. El vínculo letal entre los tiroteos masivos y la violencia de género está claro

 "Sabemos que Estados Unidos está superando la pandemia de COVID-19 cuando el ritmo de los tiroteos masivos en el país vuelve a la “normalidad”. Hasta el 2 de junio se han registrado 244 tiroteos masivos en Estados Unidos en 2021. 

Esa cifra representa entre uno y dos tiroteos por día. No se sabe cuándo ni dónde ocurrirá la próxima masacre, pero sí se tiene la certeza de que ocurrirá. Y luego otra, y otra. Como resultado de esta gran cantidad de situaciones en las que ocurren tiroteos masivos en Estados Unidos, el país tiene ahora datos y estadísticas relacionados con estos crímenes, que muestran una correlación entre los tiroteos masivos y la violencia intrafamiliar. La mayoría de los hombres que perpetran los tiroteos masivos (los hombres cometen al menos el 97% de esos incidentes) también tienen antecedentes de violencia en el hogar. 

Esta información, junto con la implementación de medidas sensatas y de aplicación efectiva para controlar la posesión de armas de fuego podrían ayudar a detener la epidemia de tiroteos masivos que azota a la sociedad estadounidense y salvar muchas vidas de mujeres que están en riesgo de sufrir violencia a manos de sus parejas.

Era la madrugada del 26 de mayo y los trabajadores de la instalación de trenes ligeros de la Autoridad de Transporte del Valle de Santa Clara, en la ciudad de San José, en California, preparaban los trenes que debían entrar en funcionamiento en la mañana. El empleado Samuel Cassidy, de 57 años, llegó a la instalación ferroviaria. Una hora después comenzó a disparar desenfrenadamente y mató a nueve de sus compañeros de trabajo antes de quitarse la vida. 

Cassidy llevaba consigo tres pistolas y unos 32 cargadores, algunos de ellos prohibidos en el estado de California. Las autoridades registraron su casa y encontraron allí otra decena de armas. Las pistolas que usó el tirador para perpetrar la matanza estaban todas correctamente registradas y habían sido compradas de manera legal.

Cecilia Nelms, la exesposa de Cassidy, le dijo al periódico The New York Times que él le había repetido varias veces que quería matar a sus compañeros de trabajo. “Ojalá pudiera matarlos”, decía. Nelms y Cassidy se divorciaron en 2004, después de diez años de matrimonio. Durante ese tiempo, Cassidy se volvió cada vez más propenso a tener arrebatos de ira incontrolable hacia su esposa. En 2009, Samuel Cassidy solicitó una orden de restricción contra una ex novia. En su comparecencia ante el tribunal, la ex novia de Cassidy se defendió de las acusaciones en su contra y detalló las ocasiones en las que él la había violado y otras en las que había intentado hacerlo. La mujer también describió episodios de cambios de humor y violentos estallidos de rabia relacionados con el consumo de alcohol de Cassidy.

Julia Weber, directora de implementación de la organización Giffords Law Center y experta en políticas sobre violencia doméstica, dijo a Democracy Now!: “El vínculo que existe entre la violencia con armas de fuego y la violencia intrafamiliar es particularmente letal. […] Más de un millón de mujeres en Estados Unidos son sobrevivientes de ataques con armas de fuego perpetrados por sus parejas masculinas. Al menos unas 600 mujeres al año son asesinadas por sus parejas como resultado de la violencia con armas de fuego. Eso significa que muere una mujer por ese motivo cada 14 horas, más o menos”.

La Giffords Law Center es una organización cuyo objetivo es prevenir la violencia con armas de fuego. Fue cofundada por la excongresista Gabby Giffords, quien recibió un disparo en la cabeza en la ciudad de Tucson, en el estado de Arizona, mientras se reunía con electores en el estacionamiento de un centro comercial el 8 de enero de 2011. Giffords pudo sobrevivir, pero sufrió lesiones cerebrales que aún continúa tratando de superar. Ese día, el atacante mató a seis personas e hirió a otras doce.

Julia Weber describió algunas de las acciones que ayudarían a evitar que los perpetradores de violencia intrafamiliar cometan actos de violencia masiva: “Debemos quitarles las armas a las personas a las que se les ha prohibido poseer armas. Debemos asegurarnos de que se verifiquen los antecedentes de todos los compradores de armas del país, de manera que cada vez que una persona que tiene prohibido adquirir armas o municiones efectivamente no pueda hacerlo. También debemos hacer un trabajo mucho mejor para abordar la misoginia y la violencia de género desde el principio; debemos ser conscientes de que el prejuicio de género puede generar un daño real”.

Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Indianápolis concluyó que “los maltratadores de género masculino que matan a sus parejas con armas de fuego tienen muchas más probabilidades de quitarles la vida a otras personas también”. La investigación también compendia algunos hallazgos anteriores que muestran que “la presencia de un arma de fuego en el hogar aumenta hasta cinco veces el riesgo de muerte en situaciones de violencia de género”.

En 2020, el medio Bloomberg News publicó un estudio que analizó 749 tiroteos masivos y que concluyó que el 60% de esos tiroteos fueron perpetrados durante un acto de violencia intrafamiliar o por un hombre con antecedentes de violencia doméstica. Bloomberg News también descubrió que los tiroteos cometidos por personas que ejercen violencia de género provocan un mayor número de muertes.

La pandemia de COVID-19 obligó a que una infinidad de mujeres quedaran atrapadas en sus casas a merced de sus abusadores, lo que provocó un aumento de las llamadas a las líneas telefónicas que atienden a las víctimas de violencia doméstica. La pandemia también generó un aumento en la compra de armas. El grupo de investigación Small Arms Analytics informó que solo en 2020 se vendieron más de 26 millones de armas en Estados Unidos, un país que ya contaba con más de 300 millones de armas.

Para acabar con los tiroteos masivos es necesario dar dos pasos fundamentales: el primero, negar a los hombres que golpean y abusan de las mujeres en el hogar la libertad que disfrutan actualmente para comprar y poseer armas; el segundo, tomar en serio la violencia contra las mujeres, fortaleciendo las leyes y las instituciones que las protegen de sus abusadores."             (Amy Goodman y Denis Moynihan, Democracy now, 04/06/21)

15/12/10

El homicida de cuatro personas en Olot acababa de ser despedido


"Un albañil armado con una escopeta de caza ha matado esta mañana a tiros a cuatro personas, los propietarios de la empresa constructora para la que trabajaba y dos empleados de una sucursal bancaria de Olot (Girona). Pere Puig Puntí, de 57 años, se ha entregado a una patrulla de la policía local al salir del banco donde ha cometido dos de los asesinatos.

El hombre pasaba estrecheces económicos y la constructora le había comunicado su intención de prescindir de él, después de 20 años como albañil. La empresa le debía, además, algunas mensualidades y, según algunas fuentes, le entregó un cheque para cobrar una indemnización que resultó no tener fondos." (El País, 15/10/2010)

Secuestro y muerte en una escuela por un puesto de trabajo



"Un hombre armado ataca una escuela porque su esposa había sido despedida" (El País, 15/12/2010)