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13/1/22

"Un acuerdo de paz con el ELN y el desmantelamiento pacífico del narcotráfico es posible en Colombia"

 "Fue guerrillero del M19 y años después, como uno de los senadores más críticos con el Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), puso al descubierto los vínculos de políticos conservadores con el paramilitarismo. Fue elegido alcalde de Bogotá en 2012, le destituyeron cuando intentó poner en marcha un proyecto de recogida de residuos y reciclaje, le boicotearon los poderosos empresarios que tenían el control del sector de las basuras en la capital, pero la justicia le dio la razón y le restituyeron sus derechos políticos en 2014. Ahora es el favorito a ganar las elecciones presidenciales de mayo próximo y podría liderar, con el Pacto Histórico, el primer gobierno progresista de la historia de Colombia.

Gustavo Petro (Ciénaga de Oro, 1960) inició esta semana en España su campaña y lo hizo arropado por el exilio colombiano. En un acto multitudinario, en la sede madrileña del sindicato UGT, desfilaron madres de hijos asesinados, lideresas que han abandonado su país por amenazas, jóvenes que formaron la primera línea de lucha durante las protestas del pasado año en Cali (y que sabían que si seguían en su país iban a matarles), mujeres y hombres escapados de la pobreza y la persecución. Más de cinco millones de colombianos viven en el exterior, varios cientos llegaron a Madrid, muchos desde otras ciudades europeas y españolas, y una buena parte no pudo entrar al evento por las restricciones de aforo por la covid, pero no les importó. Le recibieron en la calle al grito: "Petro presidente". Allí le acompañaron políticos de los tres partidos que forman el Gobierno de España (PSOE, Izquierda Unida y Unidas Podemos). Antes había sido recibido por el presidente Pedro Sánchez, la vicepresidenta Yolanda Díaz, Felipe González y empresarios y banqueros con inversiones e intereses en Colombia.

Justo antes de partir a Bogotá, en una entrevista exclusiva con Público, Gustavo Petro afirmó que el proyecto uribista ha llegado a su fin, que ahora comienza la verdadera transición hacia la paz y la democracia en Colombia, y habló de sus prioridades: crisis climática, cambio de la matriz energética, de su ánimo para negociar con los grupos armados y de poner fin al narcotráfico; también lamentó las heridas de la guerra y anunció la transición hacia la democracia real.

Muchas zancadillas en un país donde siempre el poder ha estado en manos de conservadores y oligarquías. ¿Ha llegado el momento de que, por primera vez, la izquierda gobierne en Colombia?

Yo no divido la política entre derecha e izquierda, es difícil aplicar esos conceptos europeos en América Latina, la divido entre política de la vida y política de la muerte, y a Colombia la ha gobernado durante dos siglos, con muy breves interrupciones, una política de la muerte, una política de la exclusión social, por eso tenemos uno de los países más desiguales del mundo y una violencia casi perpetua. En esa medida, mi gobierno, al ganar las elecciones, sería el primero progresista de la historia republicana del país. 

¿Y qué cambiará en Colombia?

Se disminuirá la desigualdad, habrá más justicia social y se construirá la paz. Si logramos una sociedad que permita derechos fundamentales, ese sería el verdadero acuerdo de paz, el pacto de la ciudadanía, no de los grupos armados. Un pacto no se puede establecer bajo la base de la exclusión, de la injusticia, un pacto se establece a través de la inclusión y la equidad.

¿Qué es el Pacto Histórico?

El Pacto Histórico es una coalición de fuerzas políticas y sociales, no solo de organizaciones que provienen de la izquierda, también liberales, de centro, de movimientos sociales, indígenas, feministas, ambientalistas. Si ganamos las elecciones, seremos también una forma de gobernar, vamos a gobernar a partir de la concertación y el diálogo, es la única manera de construir una paz grande de camino a unas reformas fundamentales, no para mantener un estatus quo. Un pacto que busque reformas en el terreno de la educación, la salud, los derechos en el terreno productivo.

¿Los acuerdos de paz con las FARC y el estallido social de 2021 han ayudado a unir a las fuerzas progresistas en Colombia?

Ha sido la crisis y el mal gobierno de (Iván) Duque lo que ha hundido completamente algo que era antes valorado: el proyecto uribista. Este proyecto es una especie de franquismo a la colombiana pero con elementos nuevos como la ideología neoliberal que mantiene esa herencia violenta, excluyente y antidemocrática. Ese proyecto hoy está en mínimos históricos de aceptación popular y se plasma en las políticas contra la pandemia. Si miras a Estados Unidos, Europa o el Sudeste Asiático, afectados por el mismo virus, allí se estableció una política socialdemócrata que ha permitido que no aumente la pobreza y que el empleo se mantuviera en niveles en los que se pudiera actuar. En Colombia se aplicó el neoliberalismo, se profundizó el modelo de antes del virus y produjo un crecimiento rápido y sustancial del hambre y de la pobreza. Las estadísticas oficiales muestran saltos de 20 puntos en niveles de pobreza, el hambre se convirtió en algo cotidiano, de ahí el aumento de la delincuencia que es consecuencia del hambre. La élite política y económica de Colombia se equivocó, cuando aumentaba el hambre, el gobierno propuso una reforma tributaria que elevaba el impuesto a la comida y estalló la movilización social que terminó siendo confrontada con asesinatos por el aparato público armado. En vez de proceder a un diálogo, el gobierno de Duque mató a los jóvenes.

La izquierda siempre ha sido perseguida y aniquilada en Colombia. ¿Teme por su vida?

No voy a mentir, sí hay riesgos y son altos en la medida que nos acercamos al poder, a gobernar; no hay más que mirar los trinos (tuits) de Uribe mientras yo desarrollaba mi agenda en España para darse cuenta cómo ascendía la histeria y la sinrazón. Es el desespero y el miedo que tiene que ver con una especie de culpabilidad por parte de la elite colombiana porque es promotora de grandes procesos de corrupción y de la quiebra de los derechos humanos, hasta el punto que podemos hablar de genocidio. Les aterroriza la posibilidad de un gobierno transparente, luchan por todas las vías -en Colombia se llama combinar todas las formas de lucha- para impedirlo y eso eleva el riesgo. De hecho la violencia está ascendiendo, el homicidio, la masacre, motivada por el narcotráfico pero también por la propia violencia política y el discurso estatal del odio; y esos son indicadores de riesgo. Lo cierto es que el país ha sido incapaz de resolver la conflictividad propia de toda sociedad con instrumentos pacíficos y ha recurrido permanentemente a la guerra, esa historia nos acompaña desde hace siglos y es el momento de frenarlo. Yo le llamo cambiar de era, es pasar de una era de violencia a una era de paz.

El precio es alto, decenas de integrantes de Colombia Humana, guerrilleros desmovilizados y líderes comunitarios han sido asesinados en los últimos años. ¿Merece la pena?

Sí, siempre merece la pena porque Colombia necesita la paz. El Pacto Histórico ha transformado la enorme burbuja de dolor en una enorme burbuja de esperanza, y estamos ante la posibilidad de construir una sociedad en paz, justa y democrática en el corto plazo.

Lo primero es ganar el 13 de marzo las primarias del Pacto Histórico, su principal rival es Francia Márquez, una mujer afrodescendiente. ¿Si usted lo consigue, Márquez será candidata a vicepresidenta?

Hay varios aspirantes a ser candidatos presidenciales del Pacto Histórico, entre ellos, dos mujeres muy valiosas: una que viene de la afrodescendencia; otra es indígena. La ciudadanía escogerá la candidatura oficial del gran cambio en Colombia y todas las fuerzas participarán del gobierno si ganamos las elecciones. Es una nueva forma de hacer política.

¿Y Francia Márquez?

La candidatura que quede segunda tiene opción preferencial, el acuerdo es que la vicepresidencia no sea un cargo simbólico. Si es Francia Márquez se abre esa posición a un mundo completamente excluido en Colombia, el de las negritudes. Hoy quienes gobiernan son los herederos de los esclavistas. En Colombia una mujer tiene siete veces más posibilidades de morir si es pobre y negra, en el caso de los niños afrodescendientes menores de un año se dispara hasta diez veces. Esta es una de las estadísticas de la política de la muerte más tristes y deprimentes. Si Francia se convierte en fórmula presidencial, porque podría ser al revés [sonríe], será la encargada de una enorme lucha contra la exclusión en términos de mujer, racismo, regiones y pobreza.

Ha habido algunas disputas en la elaboración de las listas al Congreso para las legislativas del 13 de marzo. ¿Cómo evitar una ruptura de la izquierda por desacuerdos internos?

Ha sido un proceso difícil, complejísimo, porque la tradición en Colombia es hacer campañas individuales (listas abiertas). Logré, y espero no equivocarme, que las agrupaciones del Pacto Histórico acordaran una lista cerrada, donde el orden determina quien entra al Congreso, quisimos así intercalar los géneros, que la mitad de curules sean mujeres, en el voto abierto eso no es posible. Es una conquista histórica, por eso se volvió más complejo el proceso. Le agregamos la ‘cremallera’, además del género decidimos que cada cinco renglones se incluyera en la lista un representante étnico para garantizar la diversidad. La bancada progresista será muy femenina y diversa. Obviamente quedaron heridas, individualidades que se sintieron excluidas, pero marcaremos un hito en la nueva política.

Si llega a la Presidencia, ¿cómo va a sacar adelante el programa del Pacto Histórico, teniendo en cuenta que cuando fue alcalde de Bogotá le destituyeron sin razones jurídicas ni constitucionales?

Yo planteé el reciclaje, ¡algo tan subversivo! [ríe con ironía], y por eso me destituyeron; simplemente porque los grandes operadores eran unos empresarios privados poderosos que terminaban su contrato con la Alcaldía. Yo no les quité el contrato, simplemente terminaba; y había una orden de la Corte Constitucional de incluir en el sistema a miles de recicladores que andaban con sus hijos durante las madrugadas en las calles, sobreviviendo, recogiendo residuos que dejaba la gente, y había que incluirles en el modelo de aseo, darles una remuneración y potenciar el reciclaje. El resultado fue que 65.000 niños dejaron de trabajar y esos empresarios, que se creyeron tenían un derecho perpetuo, sabotearon el proceso y yo terminé destituido. Gracias a la justicia internacional, y a la nacional de diversas maneras, logré restablecer mis derechos políticos porque a la postre lo que querían era inhabilitarme para, precisamente, no poder competir en las elecciones, ni disputar el poder.

¿Esta experiencia le servirá si llega a la Presidencia? Hay antecedentes en países vecinos, el mejor ejemplo es Brasil con la destitución de Dilma Roussef y el encarcelamiento de Lula da Silva.

He hablado con Felipe Gonzalez, aquí en Madrid, porque fue protagonista de un proceso en el que una sociedad pasa del fascismo a una democracia moderna, de cómo una fuerza policial y militar creada y criada en concepciones fascistas puede convertirse en una fuerza pública y aceptar el control civil. Esto es importante para Colombia, porque estamos en una transición democrática. Mi gobierno de cuatro años será de transiciones, de una economía extractivista basada en el petróleo y el carbón, hacia una economía productiva, agraria y agroindustrial. En el siglo XXI, esto significa una transición de la ignorancia al conocimiento, del autoritarismo a la democracia, desde la violencia a la paz, de una sociedad del machismo a una sociedad femenina. Pero harán falta varios gobiernos, con presidencias diferentes, parecido a lo que inició Chile. En cuatro años sí podremos hacer al menos la transición hacia la democracia, y no será fácil. Implica un gran cambio en el Congreso, si el ciudadano vota progresista a la Presidencia y corrupción al Congreso, lo de Brasil podría volver a ocurrir. También hay que modernizar la fuerza pública, ponerla en la escala del honor militar y policial que corresponde en el respeto a la ciudadanía y los derechos humanos.

La crisis climática es una de sus banderas políticas. ¿Cuál es su propuesta para atajar la explotación de recursos naturales y el uso de energías sucias?

"Una Colombia progresista no puede sustentarse en la exportación de petróleo, carbón y cocaína, eso lo vamos a cambiar"

Yo lo introduje en la Alcaldía de Bogotá cuando la expresión ‘cambio climático’ no se usaba en la prensa colombiana, aun sin comprender a fondo la discusión mundial que empezaba a librarse. Este es uno de los ejes ahora de Colombia Humana. Colombia depende desde hace 30 años de exportar carbón y petróleo, el otro sector de la exportación es la cocaína, y no son mundos separados, interactúan entre sí, se mueven como una gran masa de liquidez que hizo creer a la sociedad la ilusión de que se hizo rica. Esas burbujas han explotado y parte de la crisis actual tiene que ver con eso. No es sostenible que un país políticamente, éticamente y económicamente se sustente sobre el petróleo, el carbón y la cocaína. La transición consiste en salir de ahí hacia una economía agraria, agroindustrial, democratizar la producción e iniciar el balbuceante proceso de industrialización.

Pero sin reforma agraria y con la oposición de los empresarios y latifundistas será difícil. ¿Ve posible un acuerdo con esos sectores?

El narcotráfico hizo de la tierra fértil, cerca de 20 millones de hectáreas, su caja de ahorros, se apropió de ella, la compró en efectivo o la tomó de forma violenta, de ahí el desalojo de cinco millones de campesinos y pequeños y medianos empresarios, de ahí la destrucción del mundo agrario, hundido en la violencia y donde han proliferado ejércitos privados del narcotráfico y paramilitares. El narcotráfico está ligado a la destrucción de la economía productiva tanto rural como urbana. Una ciudad como Medellín permitió a un Pablo Escobar porque se destruyó su industria textilera. El narcotráfico creció en la medida que se profundizó el neoliberalismo con mucha ayuda de gobiernos extranjeros que no vieron esta evolución dañina. Hoy dependemos del petróleo, el carbón y la cocaína, y mi gobierno tiene que liberar a Colombia de ello. Dejaremos de firmar contratos de exploración petrolera desde el próximo 7 de agosto si ganamos las elecciones, eso nos da un margen de 12 años porque tenemos reservas para hacer la transición, para que la demanda interna de combustible sea reemplazada por energías limpias. En el corto plazo se puede sustituir petróleo, carbón y cocaína por turismo, tenemos la posibilidad de pasar de 4 a 15 millones de turistas al año, pero eso no se logra si no hay paz. Una serie de variables (acabar con la violencia, la paz, democratizar el país, aumentar la producción) permite las sinergias y eso es lo que nos va a permitir reducir el narcotráfico y desligarnos de una economía fósil.

Las fuerzas reaccionarias califican este discurso de castrochavista.

No tanto Castro, pero sí el proyecto de Chávez -parecido a proyectos del socialismo árabe- se sustentó en el petróleo. En cierta forma, el progresismo latinoamericano resultó afectado por el elevado precio de las reservas fósiles a causa de la demanda china desde la crisis de 2008. Un progresismo realmente sostenible y constructivo no puede afianzarse en los fósiles. Yo propongo lo contrario a lo que se hizo en Venezuela.

¿Cómo va a controlar a las bandas del narcotráfico, a la guerrilla del ELN, a las disidencias de las FARC?

Tengo un reto ambicioso y la realidad es que hay miles de hombres armados bajo diferentes agrupaciones todas ligadas al narcotráfico. Proponemos un desarme para lo que queda de la vieja insurgencia, un diálogo político rápido, y ahí incluyo al ELN (Ejército de Liberación Nacional) y a las disidencias de las FARC, que se forjaron porque Duque saboteó el acuerdo de paz, y ese acuerdo debe cumplirse. El ELN puede dejar las armas en el corto plazo en medio de un proceso de profundización democrática. Pero las agrupaciones más ligadas al narcotráfico son más complejas, ahí no hablamos de un diálogo político, ahí tenemos que hablar de un diálogo judicial. Quiero plantear una opción: el desmantelamiento pacifico del narcotráfico, pero no soy ingenuo, sé de lo que estamos hablando, es un negocio que mueve miles de millones de dólares, y hoy se quedan más en México que en Colombia porque los cárteles mexicanos dominan más el escenario. A Colombia entran unos 15.000 millones de dólares, hoy por hoy es el mayor producto de exportación dada la caída del precio del petróleo. Esto es lo que deja el uribismo en Colombia después de 20 años. La base por la cual el narcotráfico se mantiene y crece es porque tiene poder político, y eso es control sobre la población, sobre tres grandes masas: campesinos-productores de hoja de coca, consumidores en general urbanos, del mundo y de Colombia, y la economía popular que no tiene crédito, también muy urbana, y acude al crédito usurero que la mafia entrega para lavar dólares. Si le quitas esas masas de población, le quitas poder al narcotráfico. Y hay políticas específicas que pueden lograr la democratización del crédito, incluida la banca pública. De eso he hablado en Madrid, de tú a tú, con banqueros muy poderosos españoles que operan en Colombia. El objetivo es democratizar el crédito, regular el consumo de estupefacientes, que es una experiencia mundial exitosa y que quita al consumidor del contacto directo con la mafia, y la reforma agraria para que el campesino tenga opciones distintas al cultivo de coca. Así le quitamos poder al narcotráfico y se puede abrir una vía de desmantelamiento pacifico a través de un sometimiento colectivo a la justicia. No digo que inmediatamente pero se podrían iniciar los procesos.

¿Colombia está preparada para vivir en paz?

En un anhelo, no hay mujer que no quiera vivir en paz, que no quiera que sus hijos no sean materia prima de una guerra, que sus amores acaben muertos en una esquina. Si sumamos todos los casos, eso implica una sociedad que está preparada para la paz."                  (Esther Rebollo, Público, 12/01/22)

30/8/21

Con las autodefensas no violentas de Cisjordania. Grupos de jóvenes palestinos documentan al sur de Hebrón las demoliciones del Ejército y los ataques de los colonos israelíes en una resistencia pacífica de nuevo cuño que se proyecta en las redes sociales... cuando ha habido 40 muertos por disparos de militares israelíes en tres meses

 "En la desolación de bancales yermos de las colinas del sur de Hebrón (Cisjordania) un grupo de jóvenes palestinos se ha organizado como red de autodefensa no violenta ante la rutina de las demoliciones de sus casas y de los ataques de colonos de los asentamientos judíos, que a menudo se encuentran amparados por el Ejército.

 “Por primera vez vamos a contar nuestra propia historia, sin intermediarios”, explicaba el miércoles en un fluido inglés Basil al Adraa, de 25 años, ante un grupo de corresponsales extranjeros. Frente a la icónica imagen del joven cubierto con la kufiya, el tradicional pañuelo palestino, agitando la honda a punto de apedrear a las tropas, una nueva generación de activistas esgrime teléfonos inteligentes para documentar hechos que, sostienen, violan los derechos de su pueblo.

Graduado en Derecho y con vocación de periodista, Al Adraa, habla desde su aldea de Tuwani, en pleno limbo palestino del Área C: el 60% de Cisjordania que quedó bajo administración exclusiva de Israel en los Acuerdos de Oslo. Tuwani se halla entre el asentamiento de Maon y la colonia salvaje (no reconocida por el Gobierno) de Havat Maon. “En 2003, los palestinos ya no pudimos usar la carretera que los enlaza, y los colonos vallaron tierras palestinas colindantes para explotarlas ahora”, precisa uno de los informes de la asociación que agrupa a los jóvenes.

“Aquí, al sur de Hebrón, se observa la ocupación con toda su crudeza”, explicaba más tarde Al Adraa desde el promontorio donde se divisa un desértico paisaje jalonado de polvorientas aldeas palestinas y asentamientos israelíes que surgen como un oasis. “Queremos que el mundo tome conciencia de nuestra situación, que la repercusión internacional sirva para presionar a Israel para que acate el derecho internacional”, resume la vía no violenta y de resistencia popular que han elegido como estrategia frente a la ocupación. “Esto no es como Ramala o Hebrón, aquí estamos bajo el control directo del Ejército. Luego publicamos la información en las redes sociales”.

—¿Cómo actúan cuando se produce un ataque de colonos protegido por los soldados?

—No podemos contar con las fuerzas de seguridad, que están de su parte, pero no nos enfrentamos a ellos cuando queman nuestros campos o apedrean nuestras casas. Grabamos vídeos, tomamos fotos. Documentamos los hechos con una forma de resistencia. No nos quedamos en silencio.

Este es un ejemplo de uno de los informes elaborados por este activista palestino, del que se han hecho eco ONG pacifistas israelíes, y que han llegado a la prensa hebrea y a los medios internacionales basados en Jerusalén y Tel Aviv. “Hechos del 14 de mayo en Al Rayhiyya, colinas del sur de Hebrón. Decenas de colonos acompañados de solados irrumpieron en la aldea sobre las 14.00. Empezaron a incendiar campos y árboles y causaron daños en propiedades. Cuando intentaba apagar el fuego en sus tierras Ismail Tubassi, de 27 años, recibió un disparo que le desfiguró el rostro. Ingresó cadáver en el hospital. A pesar de las pruebas presentadas (fotos y vídeos), la policía israelí no ha abierto una investigación”.

Desde el otro lado de la barrera, un soldado israelí identificado con el número 1.186 en una recopilación de testimonios recabados por Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio) recientemente publicados, describe así su experiencia militar en 2014 en la provincia de Nablus, al norte de Cisjordania: “Teníamos muchos roces con los colonos porque no nos dejábamos utilizar por ellos. No paraban de enviarnos mensajes de texto, a veces con información falsa. ‘Un grupo de palestinos está pegando a un judío en una alberca’, decía uno de ellos. Cuando llegamos allí vimos a un chico palestino que quería bañarse mientras los colonos se lo impedían”. De su recuerdo del servicio militar obligatorio le queda constancia de una realidad asumida en el Ejército: “Como soldados, nos poníamos automáticamente del lado del judío. Lo veíamos como un ciudadano con derechos. Echar a los colonos nunca era una opción”.

 La árida aldea beduina de Um al Jair, un poblado de chabolas de hojalata en las colinas del sur de Hebrón, choca sin solución de continuidad con las casas de tejas rojas con arbolado del asentamiento de Carmel (450 habitantes), del que solo le separa una valla alambrada. Los pastores palestinos compraron sus tierras en 1948, recién llegados desde la desértica zona de Adar, al noreste del Negev, tras ser expulsados por el recién creado Estado de Israel. Los colonos judíos fundaron el moshav (granja cooperativa) en 1982 sobre terrenos expropiados a los beduinos. Um al Jair apenas cuenta con un centenar de vecinos que no pueden construir ni un corral, so pena de demolición por las tropas israelíes. La Oficina de Asuntos Civiles del Ejército les deniega sistemáticamente la licencia por razones de seguridad.

A las puertas de Um al Jair se extiende el distrito de Masafer Yata, más de un millar de habitantes de una docena de aldeas fueron desplazados por la fuerza en 1999 para permitir la construcción de un campo de maniobras militar. El Tribunal Supremo israelí suspendió el desahucio colectivo y permitió su regreso provisional, aunque desde entonces los beduinos viven en un limbo legal, en medio de constantes demoliciones de sus construcciones, muchas de las cuales han sido erigidas gracias a la cooperación internacional. “Declarar un sector como zona de tiro o recinto militar es un pretexto habitual para expulsar a la población palestina de una parte de Cisjordania”, sostiene la ONG pacifista israelí B’Tselem. “El paso siguiente es ceder más adelante parte del territorio a organizaciones de colonos para que construyan asentamientos”.

Awad Hathalin, es un profesor de inglés, de 27 años, y activista por los derechos humanos. En el centro comunitario de su aldea de Um al Jair revelaba cuáles son sus sueños para Palestina. “Queremos justicia y paz. Aquí sabemos bien lo que es no tener paz, lo hemos sufrido. Pero mi sueño verdadero era visitar Jerusalén. Lo intenté 18 veces y solo lo logré cuando acompañaba a un grupo de estadounidenses”, desgranaba en el corazón de Tierra Santa ante un grupo de periodistas de varios países su parábola sobre la dureza de la ocupación, de los puestos de control, bajo la amenaza de las demoliciones y los ataques de colonos en las colinas del sur de Hebrón. Su sueño ahora es poder ir a la playa, como la que conoció en Jaffa, junto a Tel Aviv. “Creo que no habrá paz hasta que todos podamos ir a la playa”.

40 muertos por disparos de militares en tres meses

El jefe del Estado Mayor del Ejército de Israel, general Aviv Kochavi, intenta poner freno al elevado número de muertes de palestinos por disparos de los soldados que se ha registrado en los últimos tres meses. Durante la escalada bélica en la franja de Gaza registrada entre el 10 y el 21 de mayo se contabilizaron en Cisjordania 27 víctimas mortales en los disturbios contra la operación militar israelí en el enclave costero. Y desde entonces se han sumando otras 13 muertes, entre ellas las de menores de edad. Frente a este abultado balance letal, en 2020 la ONU registró 20 casos de palestinos abatidos por las fuerzas de seguridad israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este.

“Apoyaremos a las tropas cuando actúen conforme a las órdenes, pero no aceptaremos excepciones ni imprudencias”, advirtió el jueves el general Kochavi en un acto castrense del que ha informado el diario Haaretz. “Muchas veces no está claro quién es enemigo y quién es inocente [en un entorno como Cisjordania]”, puntualizó. “Pero nuestra misión es lidiar con ese dilema (...) y defender a muestras fuerzas sin causar daño a inocentes”.

El 28 de julio perdió la vida el niño de 12 años Mohamed al Alami cuando el vehículo en el que viajaba con su familia cerca de Hebrón recibió el impacto de 13 balas disparadas por una patrulla militar. En los disturbios que rodearon su funeral murió tiroteado por las tropas un palestino de 20 años.

La mayor parte de los incidentes con muertos por disparos de soldados se han producido en las protestas de la localidad de Beita (norte de Cisjordania) contra la construcción del cercano asentamiento salvaje de Evyatar, donde un grupo de colonos se instaló en mayo sin autorización de las fuerzas de seguridad tras la muerte de un israelí en un ataque palestino."              (Juan Carlos Sanz, El País, 14/08/21)

6/6/18

Al menos ocho muertos en un ataque suicida contra clérigos islámicos pacifistas en Kabul

"Al menos ocho personas han muerto en un atentado suicida perpetrado en Kabul junto al lugar en el que se celebraba un encuentro de 2.000 clérigos islámicos para condenar el terrorismo y para hacer un llamamiento a favor de la paz. 

El atentado se ha producido sobre las 11.30, hora local (7.00 GMT), en el distrito policial número cinco, en el oeste de la capital afgana, ha dicho el portavoz de la Policía de Kabul, Hashmat Stanekzai.

La explosión se ha registrado en la entrada de la carpa en la que se celebraba la reunión de clérigos musulmanes para aprobar una fatua (edicto religioso) contra los ataques suicidas, según ha contado la Policía. Según la agencia de noticias Reuters, la explosión ha sido causada por un terrorista suicida y habría acabado con la vida de al menos ocho personas.

"Hacia las 11.30 (7.00 GMT) hubo un ataque suicida contra el distrito PD5 donde una reunión de ulemas acababa de terminar. El ataque se produjo en el exterior cuando los participantes estaban saliendo del lugar", ha precisado Stanikzai a la cadena de televisión Tolo News.

El atentado ha sido perpetrado minutos después de que los clérigos emitieran una fatua en la que resaltaron que "la guerra en cualquiera de sus formas es ilegal según la sharia (ley islámica) y las leyes islámicas, y no es más que derramar la sangre de los musulmanes".     

"Los ataques suicidas, los ataques con bomba, la división, la insurgencia, los distintos tipos de corrupción, el robo, el secuestro y cualquier tipo de violencia son considerados grandes pecados en el Islam y van contra el orden de Dios", dijeron.

En su edicto, los clérigos apuntaron que la matanza de musulmanes es 'haram' (prohibida) e "ilegítima", al tiempo que reclamaron a los talibán que acepten la oferta de paz "incondicional" formulada por el Gobierno afgano."        
   (El País, 04/06/18)

18/5/18

Más de 50 palestinos fueron abatidos a tiros y cerca de 2.000 resultaban heridos. “Un gran día para Israel” tuiteó Trump en medio de la masacre

"La idea habría partido de un periodista y activista palestino llamado Ahmed Abu Artima, 34 años, que sólo ha salido de Gaza en dos ocasiones para visitar a su madre en Egipto.

 ¿Qué pasaría -se preguntaba ingenuamente en un post de Facebook- si miles de los habitantes de la Franja, en su mayoría refugiados, y sus descendientes se acercaran desarmados a la verja que les separa de Israel e intentaran cruzarla en cumplimiento de la  resolución 194 de Naciones Unidas, aquella que establecía el libre acceso a Jerusalén, su desmilitarización y el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares previos a la guerra árabe-israelí de 1948? Pues que serían acribillados a balazos.

Nacía así la llamada Gran Marcha del retorno, concebida como una protesta pacífica y hasta lúdica, con carpas levantadas junto a la frontera donde se bailaría el dabke, se disputarían partidos de fútbol y hasta se celebrarían bodas como manera de denunciar la crisis humanitaria que vive Gaza por el bloqueo que padece desde hace más de diez años y exigir el derecho a regresar del exilio de cinco millones de refugiados palestinos.

Apoyada por Hamás, que es siempre la excusa de Israel para transformar cualquier acción en un ataque terrorista camuflado, las movilizaciones semanales habían dejado desde marzo cerca de cien muertos hasta este lunes, en el que el Estado hebreo conmemoraba el 70 aniversario de su creación, los palestinos los 70 años de su catástrofe (nakba) y el emperador del tupé decidía saltarse la legalidad internacional y abrir en Jerusalén la nueva embajada de EEUU como tarta de cumpleaños. Mientras la bella Melania declaraba inaugurada la pantanosa legación, más de 50 palestinos fueron abatidos a tiros y cerca de 2.000 resultaban heridos. “Un gran día para Israel” tuiteó Trump en medio la masacre.

Denunciar este baño de sangre, estos crímenes sin sentido y esta desproporción irracional en el uso de la fuerza convierte a quien lo hace en un antisemita, según las normas de la propaganda de Israel. 

Antisemitas son quienes creen inmoral mantener un muro de 700 kilómetros que consagra el apartheid o los que piensan que Gaza es una cárcel en la que viven casi dos millones de personas en condiciones infrahumanas, con menos de cinco horas de electricidad al día y apenas agua potable por la contaminación de sus pozos. Gaza, tales son las previsiones de las agencias de Naciones Unidas presentes en la zona, será inhabitable a partir de 2020.

Los palestinos han cometido y siguen cometiendo múltiples errores y han sido víctimas de su propio cainismo pero siguen integrando la parte más débil de un conflicto eternizado que ha dejado de figurar en la primera página de la agenda internacional salvo cuando la sangre lo empapa todo. 

En los últimos años la estrategia de Israel se ha mantenido invariable: no negocia nada con quienes califica de terroristas o debilita a sus interlocutores para imponer su política de hechos consumados.

Consciente de que el Gran Israel es imposible y que ha de aceptar la presencia palestina, su plan pasa por jibarizarla y separar físicamente a la comunidad árabe de la judía porque, como confesaba en su día el exprimer ministro Ehud Olmert, “si llega el día en el que la solución de los dos Estados fracasa y afrontamos una lucha al estilo sudafricano por la igualdad del derecho al voto, el Estado de Israel estará acabado”. La única bomba eficaz de los palestinos es la demográfica.

Y eso es justamente la que activistas como Abu Artima pretenden detonar con sus movilizaciones. “No creo –explicaba en The Guardian– en la liberación (de la tierra de Israel). 

Creo en terminar con el apartheid y que vivamos todos en un estado democrático. Quiero vivir con israelíes”. Su protesta es mucho más peligrosa y demoledora que los cohetes caseros de Hamás. De ahí la brutalidad de una respuesta que hoy mismo puede volver a escribirse en una marcha prevista con ancianos, mujeres y niños en primera línea de fuego."             (Juan Carlos Escudier ,  Público, 15/05/18)

25/5/17

Los jóvenes judíos norteamericanos que luchan contra la ocupación israelí

"La noche del pasado 20 de mayo, soldados israelíes destruyeron el Campo de la Libertad Summud, en las colinas del sur de Hebrón, erigido por cerca de 300 activistas palestinos, israelíes y judíos norteamericanos unos días antes. 

Se trataba de una acción simbólica para denunciar la ocupación de los territorios palestinos, donde hasta 1998 se encontraba Sarura, un antiguo pueblo palestino despoblado tras varios años de acoso por parte de los colonos y soldados israelíes. Durante el desalojo del campamento los soldados agredieron a varios  activistas, pero no hubo detenciones. 

Desde la cuenta de Twitter de la organización norteamericana IfNotNow relataban al minuto lo que iba sucediendo: “si nos agreden así siendo judíos, imaginad lo que le pasa cada día a los palestinos. La ocupación no es mi judaísmo”, explicaban pasada la medianoche.

Las acciones de este colectivo norteamericano formado por jóvenes judíos contrarios a la ocupación ha hecho saltar las alarmas de los defensores a ultranza de las políticas israelíes. Y ya van dos veces en dos meses que están dando mucho que hablar. IfNotNow congregó el pasado 25 de marzo a cerca de un millar de jóvenes judíos ante el edificio donde se celebraba la conferencia anual del poderoso lobby pro-israelí AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Entre Estados Unidos e Israel) en Washington. 

Tras una pancarta con el lema “Los judíos no serán libres mientras que los palestinos no lo sean también. Abajo el AIPAC, abajo la ocupación” y el hashtag #JewishResistance (resistencia judía), los jóvenes cantaban, bailaban y se encadenaban a las puertas del Walter E. Washington Convention Center.  Otros manifestantes incluso lograron entrar y desplegar una pancarta ante los asistentes al congreso pro-israelí más importante del mundo.

IfNotNow lleva desde 2014 alzando su voz para demostrar que ser judío no implica apoyar las políticas de los sucesivos gobiernos israelíes. Fue durante la Operación Margen Protector (el eufemismo que usó el gobierno israelí para referirse al ataque contra Gaza que se saldó con más de 2.300 palestinos muertos, entre ellos medio millar de niños), cuando jóvenes judíos de los Estados Unidos empezaron a coordinarse para dar una respuesta conjunta ante la masacre y exigir el final de la ocupación sistemática de los territorios palestinos. 

Los líderes de las comunidades judías norteamericanas, que siempre han apoyado incondicionalmente las políticas de Israel, ven ahora cuestionado su papel. Ellos son el centro de las críticas de los jóvenes de IfNotNow, tal y como avanzan en la portada de su página web: “Hoy en día, la comunidad judía se enfrenta a una elección.

 ¿Vamos a dejar nuestra tradición en manos de líderes fuera de contacto, o pelearemos por una comunidad judía vibrante y liberada que apoye la libertad y la dignidad de todos los israelíes y palestinos?”

Tamara y  Sarah son dos jóvenes judías norteamericanas residentes en Nueva York. Nos citamos en una cafetería de Manhattan, cerca de la New York University (NYU), en un barrio plagado de restaurantes y cafeterías repletas de jóvenes donde residen y hacen su vida miles de estudiantes de todo el mundo. No quieren fotografiarse ni hablar en nombre de la organización, tan solo explicar porqué se unieron a IfNotNow.

“Crecimos en una comunidad donde estamos siempre alerta, a la defensiva. Fui a Israel muchas veces, crecí en un contexto muy sionista. En la universidad empecé a tener conversaciones con gente que opinaba diferente sobre Israel, empecé a leer a mucha gente también de Israel que es muy crítica con su gobierno. Volví a Israel y vi que lo que pasaba, que todo lo que no me creía, era real. No puedo seguir callada. Esto no puede seguir así.” 

La ocupación de las tierras palestinas es el eje central de las campañas de IfNotNow. Las activistas no se sienten representadas por los portavoces de las comunidades judías en su país: “Nuestros líderes no pueden hablar por nosotros, especialmente por los jóvenes. Ellos afirman que la seguridad de los judíos pasa por la ocupación. 

Nosotros pensamos justo lo contrario. Estamos tratando de preguntar a la cara de toda la comunidad judía de EEUU de qué lado están: de la ocupación o de la libertad y dignidad de todas las personas. Hay que hablarlo. También porqué todas las instituciones están apoyando la ocupación. Pero primero debemos preguntar a los miembros de nuestra comunidad. La ocupación es nuestra causa central. Es nuestra estrategia poner este tema sobre la mesa. 

Estamos hablando de la vida cotidiana de las personas, y cada día que pasa es un día más de opresión. Podríamos discutir de muchas cosas sobre el conflicto, pero ahora hay que empezar por esto. Hay que parar la ocupación. Los líderes deben afrontar estos temas, es lo que tratamos de visibilizar. Es un movimiento para cambiar corazones y mentes.”

Esa era la intención de su espectacular acción en Washington dos meses atrás: “AIPAC trata de decir que todos los judíos debemos aprobar las políticas de Israel, de quien también depende nuestra seguridad en EEUU. 

Tratan de hablar en nombre de todos los judíos. Por eso fuimos a protestar, porque no nos representan”. Ambas activistas habían participado en la protesta, pero no se conocían hasta el día de esta entrevista. Una de ellas se encadenó a las puertas del edificio. La otra permanecía en el exterior junto con los otros cientos de manifestantes. 

 Hasta ahora no habían entablado conversación. Se sienten orgullosas de ser judías. Reivindican su identidad y se sienten con el deber de actuar ante las injusticias, tal y como su fe les ha enseñado. Antes de la protesta contra AIPAC rezaron. Durante la protesta, cantaron varias canciones judías.

 Los discursos racistas de Trump han reforzado sus razones: “Islamofobia, racismo y antisemitismo están totalmente conectados”, afirman. Por eso organizaron en noviembre de 2016 el “Jewish Day of Resistance” (Día judío de la resistencia) contra las políticas del nuevo presidente, y que consistió en distintas acciones de protesta en más de 30 ciudades estadounidenses al mismo tiempo. 

Muchas de estas protestas señalaron a un importante asesor de Trump, Stephen Bannon, ex director de la web ultraderechista Breitbart News, famosa también por sus habituales ‘fake news’ (noticias falsas) y considerado ideólogo de la ‘Alt-Right’ norteamericana, es decir, la autoproclamada ‘derecha alternativa’, que es como se hace llamar la ultraderecha estadounidense. Bannon fue nombrado miembro del Consejo de Seguridad Nacional por el Presidente a finales de enero y cesado a principios de abril.

 “En Washington, igual que en Europa, muchos antiguos antisemitas como Bannon, que escribieron contra los judíos hace años, hoy apoyan abiertamente a Israel y han cambiado su target. Ahora el enemigo es el Islam. A lo largo de los años los judíos hemos estado en todas las luchas por los derechos civiles. Ahora también debemos estar”, concluyen las activistas de IfNotNow mientras nos despedimos a las puertas de la cafetería justo cuando bajan las persianas."               (La Marea, 24/05/17)

6/8/13

“Un atentado de ETA es para siempre, viene para quedarse... y se queda”

" (...) P. Oiga, ¿duele todavía?

R. ¿El qué, el atentado?

P. Una bomba explotando en su coche y llevándole la pierna.

R. Dolor físico ya no tengo, pero un atentado de ETA es para siempre. No se supera nunca del todo. Se queda contigo y tiene un impacto brutal e inverbalizable. Otra cosa es cómo gestiones el impacto de una bomba de ETA. Y ahí todos mis respetos para todos: no creo que nadie lo haya hecho bien o mal. 

No hay un manual de la buena y de la mala víctima, en contra de lo que algunos pretenden. Yo no quiero olvidar que un 19 de febrero de 2002 me pasó eso, y me pasó para siempre. Vino para quedarse. Pero mucho tiempo después he sido feliz otra vez.

P. ¿Por qué nunca ningún familiar de una víctima se llevó por delante a algún miembro o simpatizante de ETA?

R. Buena pregunta. Y se mueve en el campo de la sicología… No lo sé. En mi caso no le dediqué ni un microsegundo al “ojo por ojo, diente por diente” (...).           (Entrevista a Eduardo Madina, El País, 06/08/2013)

30/11/12

"Un día se colocó un retén de paras [paramilitares] en una vía de acceso a la comunidad; allí paraba un autobús y según bajaban los pasajeros comprobaban si estaban en la lista; si así era, los mataban allí, delante de todos"

"Los campesinos que plantaron cara al Gobierno de Colombia. Hostigados por el ejército, guerrilla y paramilitares, un grupo de trabajadores del campo lleva 15 años resistiendo de forma pacífica en una zona de fuego cruzado

La denuncia pública ha logrado que muchos ojos se posen en el grupo de campesinos que respondió con un ‘no' a las FARC, a los paramilitares y al Ejército colombiano hace 15 años.

Cerca de 1.200 trabajadores del campo de la zona de Urabá, al noreste del país, se declararon neutrales en el conflicto que enfrenta el país latinoamericano desde hace medio siglo.

 La comunidad de paz de San José de Apartadó -como resolvieron llamarse- harta del asedio que sufría por ubicarse en una zona de fuego cruzado y geográficamente clave para el tránsito de drogas y armamento decidió no ceder ante los chantajes de uno y otro lado. 

 Adoptaron la estrategia de resistencia pacífica y acordaron normas de convivencia y requisitos para formar parte de este espacio humanitario al margen de las acciones armadas. 

En marzo de 1997, cientos de campesinos desplazados se negaron a abandonar la región y decidieron volver a sus tierras. Firmaron una declaración en la que se comprometieron a no permitir la presencia de actores armados en el asentamiento y asumieron el rol de "alternativa civil no violenta al conflicto". El precio de aquella decisión lo siguen pagando hoy en día.

"No se cómo se llegará a un acuerdo de paz con el país inundado de paramilitares", titubea Javier Giraldo, sacerdote jesuita miembro de la comunidad de paz, en relación a las conversaciones entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia [FARC]. "La violencia sigue siendo una realidad cotidiana en el país", añade.

Sobre el proceso de paz que se abre con las negociaciones en La Habana, teme que se termine cerrando con la impunidad total de militares y paramilitares, e incide en el "cruce de expectativas" por el que atraviesa Colombia.

Giraldo trabaja desde hace 25 años coordinando el banco de datos del Centro de Investigación y Educación Popular, donde, en este tiempo, ha registrado más de 180.000 víctimas del conflicto armado en todo el país. "La mayor parte pertenece a la sociedad civil, a movimientos de base, indígenas, campesinos y fuerzas políticas alternativas pero no combatientes", señala.

 Un ejemplo del hostigamiento que padece la ciudadanía se encuentra en San José de Apartadó, donde la cifra de asesinatos desde 1997, año en que se constituyó la pequeña comunidad de paz, asciende a 240.

"Éramos 1.200 cuando empezó todo", lamenta Giraldo en su visita por Madrid antes de emprender rumbo a la Corte Penal Internacional para aportar nuevas pruebas y lograr que el tribunal internacional decida abrir este caso.

Hasta La Haya lleva los listados actualizados de víctimas, las cartas cruzadas con el Gobierno colombiano y los 26 derechos de petición ejercidos por el religioso. Ante estas peticiones, en las que Giraldo relata con precisión al Ejecutivo de Juan Manuel Santos cada ataque que sufre la comunidad, solo ha recibido indiferencia.

 "Siempre me responden con un párrafo donde Presidencia me remite a otras instituciones que nunca han contestado nada concreto, sino que dan evasivas o niegan la situación", lamenta en conversaciones con este medio en el Ateneo madrileño donde ofreció una charla la semana pasada.
 
Las denuncias que Giraldo ha puesto en conocimiento del Gobierno no han producido sanciones ni investigaciones penales, pero sí han desplegado otros efectos . "En varias ocasiones, testigos que se presentaron ante la fiscalía o el juzgado fueron asesinados o amenazados", asegura el sacerdote.

El último ataque que sufrió la comunidad de paz tuvo lugar hace escasas semanas. En un simulacro en el que, según asegura Giraldo, no estaba la guerrilla, "dispararon contra las casas dejando un muerto".

 "Esos días hubo una presencia masiva de paramilitares, lo que obligó a desplazarse hacia las veredas". Ese es el mecanismo que los miembros de la comunidad utilizan para sobrevivir: marcharse a las zonas contiguas - a las veredas- y esperar que los paramilitares abandonen y puedan regresar al asentamiento sin correr peligro.

 Se trata de los movimientos internos que hacen estos campesinos pertenecientes a un país que cuenta con más de cinco millones de desplazados como consecuencia del conflicto.

La premisa que el colectivo de campesinos escucha con más frecuencia a los militares y paramilitares que recorren la región es la del "exterminio" por considerarles "la piedra en el zapato de los planes del Gobierno y las empresas". "Si no fuera por el apoyo internacional, ya nos habrían eliminado", subraya Giraldo.

Las ayudas que San José de Apartadó recibe desde fuera de Colombia tienen que ver, entre otras, con el asesoramiento jurídico, necesario para que los campesinos puedan conservar sus tierras. 

La Ley de víctimas y restitución de tierras del Ejecutivo de Santos permite que las fincas devueltas a los campesinos puedan ser negociadas entre éstos y empresas. De este modo, las posibles alianzas dejan al campesino en una posición de debilidad frente a las compañías que quieran comprarlas. Además, "no se han legalizado las tierras, se venden sin pasar por las agencias del Estado, dándose títulos testimoniales", indica Giraldo.
 
Las medidas reparadoras del Gobierno colombiano no convencen a una comunidad que lleva cincos lustros de asedio. En los primeros meses de su creación, San José sufrió cerca de 80 asesinatos. Los paramilitares manejaban listados de sospechosos que mataban en el mismo lugar donde los localizaban.

 "Un día se colocó un retén de paras [paramilitares] en una vía de acceso a la comunidad; allí paraba un autobús y según bajaban los pasajeros comprobaban si estaban en la lista; si así era, los mataban allí, delante de todos", relata Giraldo.

La esencia colectiva de la comunidad de paz constituye sus cimientos ante los múltiples asesinatos. De esta forma, cuando alguien es asesinado "el grupo asume su labor". Organizar la resistencia ha sido una de las claves de la supervivencia. Cuando comenzaron a comercializar los cultivos, entre 2001 y 2004, llegó el cerco de hambre. 

"Cuatro conductores que nos llevaban alimentos fueron asesinados para que nadie quisiera hacer esa tarea".Después masacraron los cuatro comercios del pueblo y cerraron todos los negocios de la carretera. Pero también salieron adelante. Comenzaron a comprar semillas en Medellín, a más de 300 kilómetros, y cultivar arroz, maíz, frijol y caña de azúcar.

 La comunidad de paz sigue buscando fuera de su país la justicia y la reparación que dentro le niegan, algo que Giraldo ha comprobado en persona. A lo largo de su vehemente trayectoria en la defensa de los derechos humanos, el sacerdote ha afrontado más de un proceso judicial.

En 2009, se declaró objetor de conciencia para no colaborar en una investigación contra él por haber denunciado las supuestas torturas de unos militares contra varios campesinos. El Ejército le denunció por calumnias y el fiscal que llevó el caso le aseguró que estaba sometido a grandes presiones "desde arriba" para condenarlo.
 
"El fiscal dejó sobreseído el caso pero, por presiones, lo reabrió y dictó una orden de búsqueda y captura contra mí", relata el religioso. El coronel que fue a buscarle le confesó que no podía acatar la orden de llevarle detenido.

 "Llamamos al fiscal para que nos explicara qué podíamos hacer, y lo resolvió diciendo que hiciera un escrito ratificando mi objeción". Así procedió Giraldo que, a partir de entonces, fue declarado reo ausente, le asignaron abogado de oficio y a los dos años se archivó su expediente. 

 "Curiosamente, me exoneraron la misma semana en que cambió el fiscal general del Estado, el mismo que presionó al otro fiscal para que reabriera mi caso".

Con todo, Javier Giraldo no se rinde y ahora espera abrir alguna puerta en la justicia internacional. Los delitos contra San José de Apartadó fueron denunciados en 2006 ante la Corte Penal Internacional por la propia comunidad de paz bajo la calificación de crímenes de lesa humanidad.

"Fuimos a la Corte Penal a recabar justicia y, aunque aún no han tomado ninguna decisión importante, seguiremos insistiendo", anuncia."       (Público, 27/11/2012)

8/11/11

"Instó a las mujeres a no mantener relaciones sexuales y logró poner fin a la segunda guerra civil de Libe en 2003"

" Las dos mujeres liberianas que han recibido el Nobel de la Paz han sido claves para el fin de la guerra civil en el país. Su influencia se ha extendido a otros movimientos de mujeres en varios países africanos.

Ellen Johnson-Sirleaf, de 72 años, fue la primera mujer en alcanzar la presidencia en un país africano. Heredó una Liberia destrozada por una guerra civil larga y especialmente cruel que destruyó la economía, el tejido social y el futuro de una generación de jóvenes (más de 20.000 guerrilleros desmovilizados) a los que el conflicto les robó la infancia y la educación.

El trabajo de Johnson-Sirleaf ha sido impulsar la reconciliación, sentar las bases de un país en paz, recuperar la autoridad de los ancianos, de la ley y dejar atrás personajes tan siniestros como Charles Taylor, exguerrillero y expresidente liberiano juzgado en La Haya por sus crímenes en la vecina Sierra Leona.

No ha habido milagros, pero en estos años su país ha recuperado la autoestima, el orgullo de ser liberiano, el derecho a un futuro mejor.

Johnson tiene una mirada firme y directa, capaz de imponerse sin elevar la voz. La imagen de una mujer al mando en África fue muy importante para millones de mujeres de ese continente que son el sostén de sus familias. Y más ahora con el premio Nobel de la Paz. Han pasado los años, llegaron los problemas, las crisis, los fracasos y los errores, pero su imagen de mamá África sigue intacta.

La lucha de Leymah Gbowee, de 39 años, comenzó con un sueño. En 2002, tras 13 años de una sangrienta guerra civil que se había cobrado más de 150.000 vidas, Gbowee soñó que encabezaba una reunión en una iglesia y que comenzaría a pelear por la paz en Liberia. Se despertó y lo hizo.

La trabajadora social y entonces madre de tres hijos (ahora tiene seis) reunió a un grupo de mujeres en un mercado y, acompañada por otra mujer, la musulmana Asatu Bah-Kenneth -Gbowee es cristiana- comenzó el Movimiento de Mujeres por la Paz en Liberia. Al principio eran decenas, al final eran miles.

Gbowee es conocida por organizar la llamada huelga de sexo, un movimiento pacifista que instó a las mujeres a no mantener relaciones sexuales y logró poner fin a la segunda guerra civil de Libe en 2003. Tras meses de presión, las mujeres consiguieron una reunión con Taylor y le obligaron a prometer que establecería un diálogo de paz con los grupos rebeldes en Ghana. Sus acciones trajeron la paz a su país y facilitaron el camino para la elección la primera presidenta africana, Ellen Johnson-Sirleaf."               (El País, 08/10/2011, p. 5)

22/2/11

"Me fui del Ejército de EE UU, no pude representarlo más"



"El mismo día que Estados Unidos anunció la invasión de Irak, en 2003, Ann Wright (Oklahoma 1947) escribió una carta a su jefe, un señor llamado Colin Powell que por aquel entonces era secretario de Estado. Dimitía.

Adiós a su puesto como embajadora adjunta de Exteriores, a sus 13 años como militar en activo y a los 16 en la reserva, a su rango de coronela y a tres lustros de trabajo diplomático para cuidar las relaciones con países como Sierra Leona, Mongolia, Somalia, Nicaragua o Afganistán. (...)

Dice que ha pasado por Roma y Madrid para hablar de la nueva flotilla en la que piensa embarcarse rumbo a Gaza en primavera. Unos 10 barcos -dos saldrán de España- para "socorrer" a una población "que vive en un campo de concentración", opina (www.rumboagaza.org).

Y de Barajas, a Afganistán. A decir a su Gobierno que no apoya lo que hace allí. En el mismo Kabul donde hace nueve años ella misma ayudó a abrir una legación estadounidense.

Habla. Cuenta, con conocimiento de causa, que "las guerras se hacen por dinero y no por seguridad mundial", que sabe que la controlan los servicios secretos americanos e israelíes, que ojalá "desapareciesen las armas del planeta"...

Como exdiplomática, Wikileaks le parece un tremendo error del Departamento de Estado; como pacifista, un justo golpe para los países que ocultan sus "actos criminales"; como antigua miembro de la Administración, que una filtración siempre arrastra un interés político escondido. "Así que habrá que andarse con cuidado", advierte.

Opina que la población en Occidente pocas veces se preocupa por el resto del planeta. Por eso piensa que el activismo tiene más trabajo que nunca, y asegura que por muchas veces que la arresten, "jamás" piensa quedarse callada." (El País, 21/02/2011, última)