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16/11/12

“No podíamos ir a bañarnos a las piscinas públicas hasta que el agua estaba sucia, y no se nos permitía comprar en los barrios para blancos”

"El primer día de clase en su nueva escuela, un niño se acercó a Sylvia Mendez y le dijo: “Tú eres mexicana, no puedes estar aquí”. Pero aquel niño no tenía razón. Tras dos años de lucha en los tribunales, los padres de Mendez —nacida en Estados Unidos de padre mexicano y madre puertorriqueña— habían conseguido que su hija de 10 años pudiera asistir a una escuela de blancos.

 Hoy el caso Mendez vs. Westminter (1946) se considera un hito en la larga lucha contra las leyes de segregación.

Era una época en la que “había escuelas solo para los mexicanos”. “No podíamos ir a bañarnos a las piscinas públicas hasta que el agua estaba sucia, y no se nos permitía comprar en los barrios para blancos”, recuerda Mendez a sus 76 años en un hotel de la capital mexicana.

 Ha viajado al país de su padre para recoger el Premio por la Igualdad y la No Discriminación que otorga el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) de México. El caso de Mendez y su familia no es tan conocido como el de Brown contra el Comité de Educación (1954), que supuso el fin de la segregación en todas las escuelas del país, pero es un pedazo de la historia que su protagonista quiere salvar del olvido.

 “En California, más de dos tercios de los niños son de origen latino. Tienen que saber lo que costó que pudieran estudiar para que no lo abandonen”, asegura."        (El País, 03/11/2012)

21/12/10

"He sufrido más por ser indígena que por mujer"

" La misma forma con la que se enfrentó en su época de universitaria al veto en los bares y restaurantes, hasta que los indígenas pensaron que lo más eficaz sería exhibir los libros a todas horas y en todos los lugares para vencer las reticencias de los "blancos mestizos", como ella los define.

Todavía hoy, tras bajar del estrado de una conferencia se le niegan los asientos vacíos, "algo que no le pasará nunca a una rubia con minifalda", apostilla." (NINA PACARI: "He sufrido más por ser indígena que por mujer". El País, 17/12/2010, última)

“Los árabes están invadiendo Bat Yam, comprando y alquilando apartamentos a los judíos, quedándose con las chicas de Bat Yam y llevándolas a la ruina"

"La manifestación prevista para esta tarde en Jaffa, por ejemplo, forma parte de la realidad y las respuestas. Uno de los organizadores, Bentzi Gufstein, dice que “la gente de la zona está harta de que tantos árabes salgan con chicas judías”.

El texto de uno de los carteles con los que se convoca la protesta: “¡Yo no permitiré que liguen con mi hermana! ¿Qué harías si un árabe ligara con tu hermana? ¡Acabemos con eso! Recientemente hemos comprobado un grave fenómeno: centenares de chicas de Bat Yam [una localidad cercana a Tel-Aviv-Jaffa] y del centro salen con árabes, están integrándose entre nosotros, su confianza sube. ¡Acabemos con eso! Reduzcamos su confianza”.

El texto de otro cartel: “Los árabes están invadiendo Bat Yam, comprando y alquilando apartamentos a los judíos, quedándose con las chicas de Bat Yam y llevándolas a la ruina. Unas 15.000 chicas judías han sido llevadas ya a los poblados [árabes]. ¡Vamos, judíos, venzamos!”.

Esto enlaza con la campaña lanzada hace unos días por medio centenar de rabinos que trabajan en ayuntamientos israelíes. Los rabinos en cuestión condenan al ostracismo a los judíos que vendan o alquilen pisos a árabes. Los “árabes” a los que se refieren son, conviene recordarlo, ciudadanos israelíes palestinos y gozan, en teoría, de los mismos derechos que los ciudadanos judíos.

“Los vecinos y parientes del vendedor o arrendador”, dicen los rabinos, “deben advertirle personalmente y después pueden hacer público el asunto, distanciarse de él [el vendedor o arrendador], cortar con él relaciones comerciales y demás”.

Manifestaciones y campañas están relacionadas con un asunto esencial: la preservación de Israel como Estado judío. También están relacionadas con el odio. Como a veces hace falta explicitar lo obvio, hagámoslo: judíos y árabes se odian. Cuando a los rabinos y los manifestantes se les hace notar que su actitud es profundamente racista, responden que el mismo racismo existe en el otro bando: la amenaza de muerte al palestino que vende su casa a un judío, etcétera. (...)

La realidad, decíamos, contiene todas las respuestas. Pero hay que elegir. La respuesta puede estar en las chicas judías que salen con chicos palestinos. O puede estar en la gente que quiere acabar con eso." (El País, Blog de Enric González, 'Adolescencia', 20/12/2010)

18/7/10

La discriminación de los 'sin papeles'... italianos

"Porque Sinatra no sólo respaldó a Nixon y Reagan. La voz más popular de América, el hombre que engatusó a varias generaciones con sus baladas románticas, también militó en favor de negros y comunistas. Un aspecto olvidado que el ensayista británico Martin Smith recupera en Frank Sinatra. El pasado rojo de la voz (editado por El Viejo Topo).

"Actualmente, muchos recuerdan a Sinatra como un artista que se posicionó a favor de Ronald Reagan, a quien le encantaba pasearse con gángsteres y que utilizó a todos los que le rodeaban. Me temo que fue todas esas cosas y otras peores, y esa es una faceta que no debe ignorarse", dice Smith antes de aclarar qué le llevó a escribir el libro: "Hubo también otro Frank Sinatra, un Frank radical, que quedó enterrado por la arena del tiempo. En su momento de mayor popularidad, en los años cuarenta, a Sinatra le tildaban de rojo. Utilizó su arte para desafiar el statu quo".

Para entender los motivos que llevaron a Sinatra a convertirse en un activista político, Martin Smith viaja hasta su infancia, en Hoboken (Nueva Jersey). Los abuelos y los padres de Sinatra llegaron allí a finales del siglo XIX desde Sicilia. Hoboken era una ciudad dividida en grupos étnicos, aunque los italianos, "hacinados en casuchas de madera", habían sido los últimos en llegar. Sinatra lo recordaba así: "A menudo me llamaban wop [siglas de without papers, sin papeles], y bandas de otros barrios me perseguían y me daban palizas.

Nunca olvidaré cómo me dolía cuando los niños me llamaban dago [insulto racista] cuando era pequeño. Es una cicatriz que me duró mucho tiempo y que jamás he olvidado del todo".

Smith sostiene que estos ataques "tuvieron un profundo efecto en Sinatra y le convirtieron en un antirracista comprometido". "Cuando era joven, la gente solía preguntarme por qué mandaba dinero a la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color. Les decía: pues porque nosotros también hemos pasado por eso", confesaría el cantante años después.

A mediados de los años cuarenta, Sinatra vendía diez millones de discos al año. "En medio de este éxito, tomó la decisión de implicarse en la lucha contra el racismo. Fue una de las primeras estrellas que declaró abiertamente su filiación política", explica Smith.

En 1945, Sinatra intentó desactivar las huelgas en las escuelas que se oponían a la integración racial. El 1 de noviembre, irrumpió en la Froebel High School de Gary (Indiana) en medio de un ambiente hostil. Sinatra se presentó en el auditorio de la escuela ante más de 5.000 padres, profesores y alumnos soliviantados.

Un testigo lo describió con estas palabras: "Frank salió al escenario y se quedó inmóvil en el centro mientras todos aquellos tipos duros, trabajadores del acero, y sus hijos lo abucheaban. Cruzó los brazos y se les quedó mirando durante dos minutos enteros, hasta que se hizo un silencio sepulcral.

Por fin, descruzó los brazos, avanzó hasta el micrófono y dijo Podría cargarme a cualquier hijo de puta de este antro'. Se hizo un caos tremendo y los críos empezaron a aclamarle. Pensaron que era de los suyos".

Sinatra sacó ese día lo mejor de sí mismo: "Os lo pido por favor, volved a la escuela. Esto no es bueno, chicos. Creedme, sé de lo que hablo cuando hablo de intolerancia racial. Cuando tenía 11 años me llamaban sucio Guinea' en Nueva Jersey. Tenéis que volver para no tener que avergonzaros de vuestra asociación de estudiantes, de vuestra ciudad, de vuestro país".

Sinatra no pudo frenar el paro, pero "ninguna otra estrella discográfica del momento puso nunca su reputación en juego de esta forma. Muchos afirman que no fue más que un buen liberal a la antigua. Pero yo creo que sus ideas y sus actos fueron mucho más allá. Ningún artista mainstream se afirmó nunca de este modo. Estuvo dispuesto a trabajar con la izquierda comunista y utilizó su talento para desafiar al sistema haciendo una contribución única a la lucha contra el racismo", dice Smith." (Público, 18/07/2010)

7/4/09

Vuelta a la segregación en los autobuses

"Una nueva vuelta de tuerca en aras de la seguridad y la calma. Desde el lunes, los inmigrantes y los ciudadanos de Foggia (Puglia) que usan la línea urbana 24 viajarán en autobuses diferentes. Uno para negros, y otro para blancos. Lo ha decidido el jefe de policía, que depende del Ministerio del Interior, y a la empresa local de autobuses y al alcalde, de centro-izquierda, les ha parecido una medida muy razonable." (El País, ed. Galicia, Internacional, 04/04/2009, p. 7)

9/1/09

Obama, político... mestizo

"No siempre tuvo las cosas tan claras. Tras una infancia variopinta y sin complejos en Indonesia y en el alegre limbo de Hawai ("era demasiado joven", escribe en su autobiografía, "para saber que necesitaba una raza"), se sumergió en el drama afroamericano a través de los guetos de Chicago. Al no tener alternativa social a ser clasificado como negro, se puso a estudiar a personas de su raza en Chicago que no eran inmigrantes, o hijos de inmigrantes, como él. Lo que aprendió no le llenó de felicidad. Todos delataban, en mayor o menor medida, la carga de angustia histórica que arrastran los descendientes afroamericanos de los esclavos, una carga que los distingue (con la excepción de los indios americanos) del resto de la población de Estados Unidos, país que se define por el optimismo del inmigrante, con su energía y ganas de forjarse una vida mejor; no importa que su país de origen sea Inglaterra, Polonia, México, Egipto o Kenia. Los afroamericanos no inmigrantes, como por ejemplo la esposa de Obama, Michelle Robinson, pertenecen al único grupo que no vino a Estados Unidos de manera voluntaria.

"Ha sido como transitar por la vida con una cadena y una bola de hierro atados al tobillo", explicó Jim Coleman, que tiene menos motivos que la mayoría de personas la raza negra para sentirse agraviado. Coleman es profesor de derecho en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte. Se identifica con Obama, con quien comparte ciertas ventajas en la vida, como por ejemplo ir becado a un buen colegio cuando era niño y después estudiar en Harvard. "Pero por bien que te haya ido, como negro en este país no has podido entender las relaciones sociales sin mirarlas a través del eterno prisma de la raza", dijo Coleman. "Por eso incluso gente como yo, que hemos triunfado, nos hemos sentido como transgresores, como gente que nunca acabó del todo de pertenecer -o de ser admitidos- a este país". Si Coleman antes se sentía, o se imaginaba que los blancos le veían, como un ciudadano de segunda clase, el triunfo electoral de Obama ha representado para él, como para millones de afroamericanos, un salto a primera. "Es, ni más ni menos, una liberación. Esa angustia ancestral, esa cadena que arrastrábamos: adiós. ¡Fuera! Sentimos el país como nuestro también, por fin. Ya no estamos afuera mirando para adentro, porque dentro de la Casa Blanca vivirá una familia negra, igual que las nuestras. Obama nos ha hecho sentir, de la noche a la mañana, que somos americanos al cien por cien. Tendremos problemas como país, claro, pero la gran y mágica diferencia es que ahora los enfrentaremos todos juntos".

Sentimientos muy parecidos se han oído desde la victoria de Obama el 4 de noviembre de infinidad de personas negras, de todas las edades y toda la gama social. Esa liberación mental que han experimentado los descendientes de los esclavos, sumado a un más sutil fenómeno de casi equivalente importancia, la oportunidad implícita que han aceptado los blancos para pedir perdón a sus compatriotas negros por los pecados de sus padres, representan ya una hazaña histórica. Aunque no lograra nada más Obama durante su presidencia, eso ya tendrá una repercusión duradera. Pero el demócrata quiere que se le mida por mucho más. La promesa de "cambio" fue su eslogan electoral. (...)

No hay nada más delicado en Estados Unidos que el asunto de la raza, pero lo que logró Obama aquel día fue colocarse por encima del debate, resumirlo y reconducirlo. Sin asumir nunca una postura defensiva, sin negar la ofensa histórica contra los negros, o que su "rabia" fuera legítima, reconoció también que algunos blancos podrían tener motivos para sentirse resentidos al ver cómo a veces la política de "acción afirmativa" daba a compañeros de trabajo negros, o a jóvenes estudiantes negros, ventajas negadas a los blancos por el color de su piel. "Declarar que los resentimientos de americanos blancos son racistas, sin reconocer que tienen su origen en preocupaciones legítimas, esto también amplía la brecha racial y obstaculiza el camino al entendimiento mutuo".

Tras presentar el argumento, se postuló a sí mismo como emblema hecho carne del noble objetivo, contenido en el prólogo a la primera Constitución de Estados Unidos, escrito hace 221 años, de crear "una unión más perfecta". "No puedo repudiar al reverendo Wright del mismo modo que no puedo repudiar a la comunidad negra, del mismo modo que no puedo repudiar a mi abuela blanca, que ayudó a criarme, que hizo un sacrificio tras otro por mí, que me quiere más que nada en el mundo, pero que una vez me confesó el miedo que sentía al cruzarse con hombres negros en la calle... Estas personas forman parte de mí. Y forman parte de Estados Unidos, este país que yo amo".

Fue quizá aquel el momento en el que salvó su candidatura y ganó las elecciones presidenciales. Despejó las dudas que podría albergar todavía la mayoría del electorado acerca de sus credenciales como patriota, surgidas de su condición de negro de padre africano, y convenció a todos -blancos, negros y de toda condición racial- de que hablaba por ellos y de que les entendía. Recondujo el debate en el sentido de que señaló no a los blancos y a los negros como el enemigo que hay que vencer, sino a la cultura corporativa "de avaricia a corto plazo" y a "las políticas económicas que favorecen a pocos a expensas de muchos". (John Carlin: Universal Obama. El País, 28/12/2008, p. 2/7)

10/12/08

"He tenido miedo toda mi vida"



"Los niños blancos, por supuesto, se burlaban de mí en el colegio porque llevaba ropa de pobre.

P. ¿Qué marginación sufrían?

R. No podíamos hacer casi nada porque nos veían como personas de segunda categoría. No podíamos andar por la misma acera que los blancos. Si veías un blanco, inmediatamente tenías que saltar de la acera. Tampoco podíamos compartir los servicios públicos. Había baños para los blancos, muy limpios, y para los negros, muy sucios. No había igualdad en ningún sentido.

P. ¿Era el deporte una evasión?

R. Era la única forma de divertirse en el colegio: correr, jugar al béisbol... Y se convirtió en parte de mi vida. Yo no crecí, ni mucho menos, aspirando a ser un atleta olímpico. Más adelante lo utilicé, a partir de los 15 años, para hacernos oír. Mis padres me dijeron: 'Mientras ganes carreras, no tienes que trabajar los sábados'. Era fantástico para mí. Empecé a ganar y me saltaba el trabajo. Claro que no teníamos dinero ni para zapatos. Nos los daban. Había una organización benéfica que nos daba ropa y zapatillas. No tenía ni chándal, sólo un pantalón corto y una camiseta. (...)

P. Allí unió el deporte y la lucha contra la segregación racial.

R. Vi tantas injusticias que no podía quedarme sin hacer nada. Aquel gesto del 68 no lo hice por moda, sino por cambiar algo. Los atletas afroamericanos organizamos el OPHR [Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos]. Nuestra idea era boicotear los Juegos, pero no fue así y decidimos que cada uno organizara su protesta como quisiera. A mí me llegó el turno en los 200 metros. La carrera fue increíble. Me reservé para la última recta, pero no tenía ni idea de lo que podía pasar en la ceremonia, cómo me iba a sentir en el podio, qué haría... No lo supe hasta el último momento, hasta que John Carlos [bronce] me lo contó en el túnel de salida.

P. Su mujer había comprado ya unos guantes negros.

R. Sí, algo estaba previsto, aunque no sabíamos muy bien qué. Fue un gesto de un impacto mundial. No era sólo el grito de dos negros por el color de su piel, sino que lo hicimos por los derechos de la humanidad.

P. Convencieron al australiano Peter Norman [plata] para llevar la pegatina del OPHR.

R. Sí, pero yo no quería que un hombre blanco la llevara. El Proyecto era para todas las personas del mundo, negras o blancas, y yo no quería que nadie tuviera problemas por eso. La idea de que Norman la llevara fue de John Carlos y él también quiso llevarla sobre el escudo del comité australiano. Yo conocía la historia de Australia sobre cómo habían tratado a los aborígenes. Sabía que eso podía ser un problema para él porque se interpretaba que estaba de parte de los negros de Estados Unidos. Y eso fue lo que sucedió. Como a nosotros, le echaron de la Villa Olímpica, abusaron de él en su país, le apartaron socialmente.

P. ¿Tuvo miedo cuando cerró su puño y lo alzó?

R. He tenido miedo toda mi vida. No es una cosa que se preparase en dos o tres años. Los jóvenes afroamericanos, incluso hoy, son dianas en Estados Unidos, así de sencillo. (...)


P. ¿Cómo le cambió la vida después del gesto?

R. Todo cambió para siempre. Recibimos amenazas de muerte, cartas, llamadas... Después de los Juegos Olímpicos, todos mis amigos desaparecieron. Tenían miedo de perder sus amistades blancas y sus puestos de trabajo. Yo tenía 11 récords del mundo, más que cualquier persona en el mundo, y el único trabajo que encontré fue lavando coches en un aparcamiento. Y me echaron porque mi jefe dijo que no quería que nadie trabajara conmigo. No quería que alguien que defendía la igualdad de derechos estuviera en su plantilla.

P. ¿Nadie le ayudó?

R. Todo el mundo tenía mucho miedo. A mis hermanos les echaron del colegio. A otros, en el equipo de fútbol de la universidad, les prohibieron competir por lo que yo hice.

P. Ha llamado estúpidos a los miembros del COI. ¿Nadie le ha pedido perdón?

R. No, nunca. En privado me dicen: 'Estuvo muy mal lo que te hicieron, fue una pena...'. Mentiras. Destruyeron mi vida, la de John, la de Norman... La esposa de John se suicidó, yo me divorcié... Todo, por pedir que las personas seamos iguales. Todo eso lo consintió el COI y el comité estadounidense no hizo nada por pararlo.

P. ¿Todavía ve racismo en el deporte?

R. Siempre que exista al hombre existirá el racismo. Tenemos un presidente negro y hemos caminado mucho, pero eso no quiere decir que todo lo negativo se haya eliminado." (TOMMIE SMITH Ex atleta y símbolo del 'black power': "He tenido miedo toda mi vida". El País, ed. Galicia, Última, 04/12/2008)