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11/5/21

El terrible experimento nazi que forzó a los gitanos a beber agua de mar

 "El nazismo llevó a cabo terribles experimentos con prisioneros en sus campos de concentración. El doctor Hans Eppinger Jr. buscó una fórmula para que los pilotos de la Luftwaffe cuyos aviones habían sido derribados en el océano pudiesen sobrevivir. Para ello, no dudó en usar como cobayas a decenas de gitanos, a quienes obligó entre julio y septiembre de 1944 a beber agua de mar, provocándoles graves secuelas.

El alto oficial alemán de la SS Arthur Nebe seleccionó a unos cuantos prisioneros del campo de concentración de Buchenwald, en el que habían encerrado a unos siete mil romaníes. Desde allí fueron trasladados al de Dachau, donde bajo engaños les dijeron que integrarían una brigada de limpieza encargada de retirar escombros tras unos bombardeos. Sin embargo, fueron víctimas de crueles prácticas, como relató el Josef Laubinger el 27 de junio de 1947 durante el Juicio de los médicos.

Fue el primero de los doce celebrados por crímenes de guerra y contra la humanidad en Núremberg tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ante el tribunal, declaró que formó parte de un grupo de cuarenta gitanos que, a su vez, fue dividido en tres subgrupos. Todos fueron privados de alimentos y al primero le dieron de beber agua de mar; al segundo, agua de mar tratada químicamente, "que tenía un color amarillo oscuro y era mucho peor que el agua de mar pura"; y al tercero, "agua de mar preparada que parecía agua potable real".

 El experimento no sirvió de nada, pero provocó el sufrimiento de las víctimas. De hecho, su objetivo era comprobar si sufrirían síntomas físicos graves o si morirían en un período de seis a doce días. La deshidratación hizo que algunos llegasen a lamer el suelo recién fregado. "Tuve terribles episodios de sed, me sentí muy mal, perdí mucho peso y tuve fiebre. Me sentí tan débil que ya no podía soportarlo", relataba Laubinger, quien recordaba que un checoslovaco le comentó al médico de la Luftwaffe que no podía seguir bebiendo.

"El médico lo ató entonces a una cama y lo obligó violentamente a tragar el agua por medio de una bomba de estómago", rememoraba el prisionero, quien aseguraba que a la mayoría de ellos les realizaron punciones en el hígado y en la médula espinal. "Yo mismo sufrí una punción en el hígado y sé por mi propia experiencia que estos pinchazos fueron terriblemente dolorosos. Incluso hoy, cuando cambia el clima, siento un gran dolor".

Hans Eppinger se suicidó un mes antes de testificar en el juicio, en cuyo banquillo se sentaron veinte médicos de campos de concentración, dos oficiales administrativos y un abogado. Wilhelm Beiglböck, internista declarado culpable de llevar a cabo las pruebas para convertir el agua salada en potable, fue condenado a una pena de quince años de cárcel, conmutada luego a diez, por lo que salió en libertad en 1951 y siguió ejerciendo su profesión.

 El diseñador de los experimentos, Hermann Becker-Freyseng, a veinte, que se quedaron en la mitad. Otros dos recibieron unas condenas similares, cuatro fueron absueltos, cinco merecieron cadena perpetua y siete, la pena capital. Gustav Steinbauer, abogado de Beiglböck, alegó que los testigos eran individuos "asociales" y sin credibilidad alguna para que el tribunal no admitiese las declaraciones de buena parte de ellos.

"Las condenas impuestas fueron irrisorias, aunque cuando las víctimas son gitanas suelen ser siempre mínimas. De hecho, en los juicios de Núremberg nadie representó el martirio de los roma, que fue descartado desde el principio porque se consideró que la persecución había sido más social que racial. En el fondo, los jueces y fiscales ingleses y estadounidenses también tenían prejuicios contra ellos", critica Nicolás Jiménez, coautor junto a Silvia Agüero de Resistencias gitanas (Libros.com).

La obra, con la que pretenden desmontar los estereotipos construidos en torno a su cultura, aborda la brutalidad a la que fueron sometidos. "Si no los consideras humanos, como pensaban los nazis, puedes hacer con ellos cualquier cosa", razona Jiménez, convencido de que "el genocidio antigitano durante el Tercer Reich —conocido como Samudaripen— no es más que un episodio de un largo proceso de deshumanización".

 Durante el juicio, hubo cuatro gitanos entre los 84 testigos. Karl Höllenreiner llegó a darle una bofetada al médico Wilhelm Beiglböck. Josef Laubinger declaró que fue sometido a otros dos experimentos relacionados con la malaria y la hipotermia. El boxeador Jakob Bamberger no vio reconocidos los daños causados en sus riñones, pues alegaron que habían sido provocados a causa de una lesión deportiva, y recibió una pensión mínima.

Respecto a la inadmisión de muchos testimonios, Nicolás Jiménez recuerda que los romas estaban clasificados como antisociales no solo en Alemania, sino también en otros países. "Y se nos sigue considerando así, pues la palabra de un gitano hoy tampoco tiene valor". Falta por citar el nombre del cuarto, Ernst Mettbach, testigo de la defensa. "A saber a qué presiones se vio sometido. Es un tema complejo, porque hay miedos atávicos y a veces uno puede pensar que se va a salvar si se hace amigo de su enemigo", deduce Jiménez.

El autor de Resistencias gitanas —donde destaca el aporte de su pueblo al acervo cultural— se queda con la bofetada de Karl Höllenreiner, como "acto inconmensurable de justicia", y con la trayectoria de Jakob Bamberger, activista por los derechos civiles que en 1980 participó en una huelga de hambre en Dachau para denunciar el Samudaripen y el uso de fichas raciales del régimen nazi. Los descendientes del boxeador, quien perdió a su madre y a dos hermanos en los campos de concentración, siguen peleando fuera de la lona."                 (Henrique Mariño, Público, 19/12/20)

19/2/20

La odisea de Witold Pilecki, el soldado polaco que fue a Auschwitz por voluntad propia

"Polaco. 4859". Con esos distintivos fotografiaban en el campo de concentración de Auschwitz a Witold Pilecki en su primeros días allí. Nadie sabía que Pilecki no era un prisionero cualquiera. Era un espía.

Junto al oficial polaco Jan Wlodarkiewicz, Pilecki formó tras la invasión de Hitler de 1939 el Ejército Secreto Polaco (TAP). Esta fue una de las primeras formas de resistencia que se enfrentaron a la ocupación del III Reich en suelo polaco. Juntos, Wlodarkiewicz y Pilecki, organizaron una operación que requería un coraje extremo. El objetivo era infiltrarse en el campo de exterminio de Auschwitz. Pilecki lo logró. Trató de alertar al mundo sobre lo que ocurría allí. Pero sus esfuerzos fueron vanos. De hecho, su historia no se dio a conocer al mundo hasta bien entrado este siglo.

Estos días marcados de ceremonias y actos conmemorativos por el 75º aniversario de la liberación de Auschwitz coinciden con la apertura en Berlín de la exposición El voluntario: Witold Pilecki y la infiltración de Auschwitz. En ella se cuenta la historia de este militar polaco que estuvo durante años olvidado.

Es precisamente un instituto que lleva su apellido, el Instituto Pilecki, cuya oficina berlinesa abría sus puertas a finales del año pasado, el encargado de contar la extraordinaria historia de este resistente. La muestra no sería una realidad sin la implicación del periodista y ex reportero de guerra británico Jack Fairweather. Él es autor del libro El Voluntario: la verdadera historia de resistencia del héroe que se infiltró en Auschwitz (Ed. Custom House, 2019).

El volumen de Fairweather, gestado a partir de una visita a Auschwitz en 2011, ha servido para dar a conocer más allá de Polonia la figura de Pilecki. En Berlín, este héroe de la resistencia polaca es el protagonista de una exposición situada frente a la emblemática Puerta de Brandeburgo. La muestra está al servicio "de un conocimiento más profundo de la visión polaca" de los totalitarismos del siglo XX, según los términos de Rolf Brockschmidt, periodista cultural del diario berlinés Der Tagesspiegel.

La idea de infiltrarse en Auschwitz surgió poco después de que Wlodarkiewicz tuviera conocimiento de que las tropas alemanas iban a realizar arrestos de hombres polacos en edad de tomar las armas en 1940. El 19 de septiembre de 1940, Pilecki se dejó arrestar en una redada nazi bajo el nombre Tomasz Serafinski. Tres días más tarde, estaba en Auschwitz. Nunca hubiera podido imaginar lo que allí le esperaba.

Mucho de su trabajo consistió en recabar información sobre las prácticas de maltratos, torturas, asesinatos y genocidio para luego tratar de darla a conocer al mundo libre. Pilecki "fue afortunado por sobrevivir" nada más llegar a Auschwitz, según se cuenta en la muestra berlinesa. En Auschwitz, como funesto centro industrial para la muerte que era, se podía perder la vida por cualquier motivo. Allí los había "que perdían hasta el deseo de vivir". Se esfumaba el instinto de supervivencia. Este instinto y algo que iba más allá de la valentía nunca abandonaron a Pilecki.

En Auschwitz, "un sistema diseñado en favor de poner a los fuertes sobre los débiles, compartir un trozo de pan con un prisionero que moría de hambre ya era algo de significado revolucionario", explican en la exposición. Gestos así hicieron ver a Pilecki que se podía resistir incluso en el "centro del mayor crimen nazi", según ha definido Fairweather el tristemente célebre campo de exterminio.

Operaciones de resistencia

Junto a otros, Pilecki pudo organizar operaciones de la resistencia en Auschwitz que facilitaron el acceso a provisiones y alimentos procedentes del exterior del campo. A menudo contaban con la complicidad de los detenidos del campo de concentración que eran utilizados como personal por las temibles Schutzstaffel (abreviado como SS).

La primera célula de Pilecki en Auschwitz se formó en septiembre de 1940, poco después de haberse dejado fotografiar de frente y de perfil con los distintivos "Polaco. 4859". Su primer reclutado fue el también prisionero Wladyslaw Dering, un ginecólogo al que las SS destinaron a trabajar en "el hospital" del campo. Era un supuesto centro médico "sin medicinas". "Las SS solo aparentaban dar un cuidado a los prisioneros", se lee en las explicaciones de la muestra.

En uno de los espacios secretos del "hospital", Dering logró instalar para la "resistencia" una radio con la que mantener informados a los prisioneros de lo que pasaba fuera del campo y seguir, por ejemplo, la evolución de la II Guerra Mundial. Tratando de alterar el curso de la guerra contra el III Reich, Pilecki y compañía lograron dar cuenta de las actividades genocidas de los nazis al Gobierno polaco en el exilio a partir de 1941.

En 1942, cuatro presos polacos de la resistencia escaparon de Auschwitz vestidos como miembros de las SS en un vehículo nazi robado. Uno de ellos llevaba un detallado informe sobre lo que estaba ocurriendo allí, incluidas las operaciones de exterminio de los judíos en las cámaras de gas. Ese documento pedía, como anteriores mensajes de Pilecki, un ataque urgente de los aliados sobre Auschwitz.

Pero ese ataque nunca se produjo. Así, el 26 de abril de 1943, tras semanas de preparación, Pilecki y otros dos prisioneros polacos lograron escapar tras integrarse en el grupo de trabajo nocturno en la panadería de Auschwitz. Tras encontrar refugio fuera del campo, Pilecki siguió escribiendo informes sobre el campo de exterminio.
Informes sobre Auschwitz desatendidos

En la muestra berlinesa se expone la primera página que escribió tras su fuga. También hay objetos procedentes del Museo Memorial de Auschwitz-Birkenau. Por ejemplo, puede verse en Berlín el número y triángulo rojo atribuido al preso polaco Konstanty Jagiello, otro integrante de la resistencia organizada por Pilecki. También hay expuestas listas de prisioneros, cuencos, cucharas y zapatos en su día utilizados por las víctimas del III Reich en Auschwitz.

Los informes sobre Auschwitz de Pilecki fueron mayormente ignorados. Si llegaron a altas instancias gubernamentales polacas o aliadas, se toparon con incredulidad o con otras prioridades que marcaba el curso de la guerra. "Hubo un choque de dos lógicas: la de Pilecki, guiada por su moral y que llamaba a la destrucción de Auschwitz; y la de los aliados, centrada en otros objetivos militares y políticos", ha explicado el sociólogo Mateusz Falkowski, uno de los responsables del Instituto Pilecki en Berlín.

Los testimonios de Pilecki en forma de mensajes, informes y otros textos aparecieron publicados, en polaco, en el año 2000. Al inglés fueron traducidos en 2012. Esas traducciones fueron la base para los trabajos de investigación de Jack Fairweather, hoy corresponsable de la exposición. Con esta, existe la "esperanza de que se escuche por fin" a Pilecki, según el biógrafo del "voluntario de Auschwitz"."                 (Aldo Mass, eldiario.es, 15/02/20)

8/5/17

"Perded la esperanza. Solo saldréis de aquí por la chimenea del crematorio"

"Más de 9.300 españoles estuvieron presos en campos de concentración nazis. Casi todos lo estuvieron en Mauthausen, aunque también hubo españoles en Gusen, Dachau, Buchenwald, Ravensbrück y hasta Auschwitz.

 De esos 9.328, fallecieron 5.519 presos. Fueron españoles que lucharon por la libertad de España y de Europa y que sufrieron en primera persona la barbarie nazi. Sin embargo,aquellos republicanos fueron los únicos prisioneros de los campos de concentración para los que la libertad no fue completa. 

"Los soviéticos se iban a Rusia, los franceses a Francia y los españoles nos quedamos allí, solos. Nadie nos quería, así que nos quedamos un mes en Mauthausen", relató el preso Jose Alcubierre.

El sufrimiento de estos republicanos cayó en el olvido de la historia y mucho más en un Estado, como el español, enfermo de amnesia. Para recuperar su historia y honrar su memoria, el periodista Carlos Hernández publicó en 2015 la obra Los últimos españoles de Mauthausen (Ediciones B). Sin embargo, Hernández sabía que este esfuerzo no era suficiente para dar a conocer la historia de estos luchadores.

Así, el periodista creó un perfil en Twitter del deportado 4443 del campo de Mauthausen, de nombre Antonio Hernández, y comenzó a retransmitir en primera persona el horror de los campos nazis. La cuenta de Twitter rápidamente se convirtió en eso que hoy día llaman viral y la historia de Hernández comenzó a llegar a más gente. La historia del tío abuelo del periodista y de sus compañeros de campo de concentración por fin llegaba al gran público. Primer objetivo cumplido.

Ahora, cuando se cumplen dos años de la publicación de Los últimos de Mauthausen, Hernández publica Deportado 4443. Sus tuits ilustrados (Ediciones B), una obra que recoge el relato realizado a través de la cuenta de Twitter Deportado 4443 junto a las ilustraciones de Ioannes Ensis.

 "Todo lo que se muestra en estas páginas se basa en el testimonio de los poco supervivientes y en las pruebas documentales existentes", señala Carlos Hernández, que anuncia que la obra será presentada públicamente el próximo 3 de mayo. 

A través de las imágenes y del texto el lector puede seguir casi minuto a minuto la realidad de los españoles que estuvieron presos en los campos de concentración. Desde la llegada a los mismos, las primeras muertes, los trabajos forzados, la brutalidad de los guardias de la SS o, incluso, los escasos minutos de diversión como el partido de fútbol que los presos españoles ganaron a los polacos por 7 goles a 4. 

"Perded la esperanza. Solo saldréis de aquí por la chimenea del crematorio", decían los agentes de la SS a los presos republicanos. Sin embargo, se equivocaban. La obra también recoge la ilusión que conquistó los campos de concentración con la llegada de los soldados americanos. 

Los españoles esperaban impacientes la orden de liberar España. Sin embargo, esa orden nunca llegó. Es más, todos los presos regresaron a sus países de origen... menos los españoles. A los españoles les habían robado tres años y medio de su vida... pero también su país. 

Así lo contó el propio Antonio Hernández bien entrada la década de los 80: "No quiso quedarme [en España]. No reconocía aquella España gris, pobre, asustada y domesticada por el látigo de los vencedores. 

 Una España que sigue dándonos la espalda ahora que ha regresado la democracia. Francia nos considera héroes pero nuestra patria nos mantiene en el olvido. (...) Pero quién sabe... Quizás algún día España conozca la verdad". 

No cabe duda de que después del excelente trabajo del periodista Carlos Hernández, el objetivo último del deportado 4443 está hoy más cerca que ayer. Cada vez son más los españoles que saben que tienen una cuenta pendiente con aquellos republicanos que sacrificaron su vida por la libertad de España... y de Europa. "                (Alejandro Torrús, Público, 27/04/17)

5/5/17

La fabricación del arma secreta de Hitler, un infierno para los deportados

"En los túneles de Dora, en la antigua RDA, casi 9.000 miembros de la resistencia francesa vivieron un calvario fabricando un arma secreta de Hitler, el cohete V2.
Un "infierno" que los historiadores quieren plasmar en una enciclopedia para que no caiga en el olvido.

Antes de 2020, el Centro de Historia y de Memoria de la Coupole, en el norte de Francia, contará la vida de estos combatientes, de los que 4.500 murieron en la fábrica de 'Mittelbau-Dora'. Es un índice de mortalidad bastante superior al de otros campos de concentración.
El objetivo de los nazis era disparar el V2 desde un inmenso búnker con dirección a Londres, ciudad a la que se supone debía llegar en cinco minutos.

Los bombardeos contra el búnker, el desembarco de los Aliados en 1944 en Normandía y la falta de tiempo para terminar las obras lo impidieron.
Los mandos alemanes de entonces renunciaron a construir plataformas de lanzamiento fortificadas y optaron por usar batallones de disparo móviles. Más de 3.000 V2 fueron lanzados hasta el final de la guerra, de los cuales la mitad contra el Reino Unido.

"Pero ¿cómo se puede querer destruir un país?", se pregunta Georges Jouanin. A sus 94 años, su memoria sigue intacta: "En Dora, viví un infierno. Dormíamos en armazones de cama infestados de piojos y trabajábamos 18 horas diarias para perforar la roca. Veíamos morir a nuestros compañeros. Trabajos forzados..."

A Jouanin lo deportaron a Buchenwald en diciembre de 1943, tras ser detenido por la Gestapo en París. Dos meses después lo trasladaron al Kommando de Dora.
Allí, en dos túneles de 2 km de largo, los nazis emprendieron a marchas forzadas la creación de una fábrica subterránea, oculta para la aviación aliada. Tomaba el relevo de la de Peenemünde, en el mar Báltico, que había sido bombardeada.

Una tortura

Más de un tercio de los 60.000 internados -en su mayoría rusos- murieron por las condiciones de trabajo, relata Laurent Thiery, un historiador encargado, junto con una veintena de colegas, de "poner cara" a estos desaparecidos.

Cada uno tendrá su reseña biográfica, con su trayectoria profesional, familiar, política, militante y sobre las condiciones de su deportación y de su muerte. Se hará gracias a información facilitada por familiares y por asociaciones.

La familia de Jean Gineston ha contribuido al proyecto. Este cristiano resistente es un superviviente de Dora-Ellrich y del campo de concentración de Bergen-Belsen. Cuando fue repatriado en 1945 pesaba 38 kilos.
Tras su muerte en 2009, su hija Marie-Christine encontró documentación en su oficina y, junto con su hermana, decidió entregársela a La Coupole.

La obra no se limitará a ser un diccionario, sino que incluirá documentos de expertos sobre varias temáticas de investigación.

En el monumento conmemorativo de Dora, este trabajo de búsqueda suscita "un interés tremendo", explica su responsable Regina Heubaum, porque será "una fuente excepcional, sobre todo para las familias de franceses que, 72 años después, vienen aquí regularmente en busca de información sobre sus parientes".                (Renaud Lavergne , AFP )

16/3/17

Johann Trollmann, el boxeador gitano que desquició a los nazis. Tras ser esterilizado, se vio obligado a divorciarse de su mujer y separarse de su familia con el fin de salvar sus vidas. Terminó siendo torturado y enviado a un campo de concentración...




Johann Trollmann  

"Boxeador afeminado cuyo estilo nada tiene que ver con el boxeo ario de verdad”. Así tildaban las autoridades nacionalsocialistas al púgil Johann Trollmann en su periódico oficial, el Völkischen Beobachter.

 Cabe decir que ese mismo estilo de boxear —impuro para algunos— marcó época y fue bautizado como el “baile de Trollmann”, una suerte de coreografía improvisada a base de fintas y movimientos cortos que poco o nada tenían que ver con la ortodoxia de la época, a saber; un estilo hierático atrincherado en mandobles como panes.


Gitano, pobre de necesidad y tan sobrado de talento como de orgullo, la vida del joven Rukeli —apodo que significa “árbol joven” en alusión a su figura esmirriada— bordeó lo tragicómico si no fuera porque el prefijo terminó por imponerse. 

Su historia la cuenta Dario Fo en El campeón prohibido (Siruela), legado póstumo del gran dramaturgo italiano en el que novela la vida de este luchador que osó mofarse del arquetipo ario ante la plana mayor de un nazismo que cogía carrerilla.


Ocurrió en 1933, Trollmann acababa de tumbar al ídolo germano Adolf Witt, notable bigardo y campeón de los pesos pesados al que hizo besar la lona en repetidas ocasiones pese a la diferencia de peso y tamaño existente.

 La victoria parecía asegurada pero el jurado tuvo a bien detener la pelea sin motivo aparente. La parroquia entró en cólera y ante la presión —volaron sillas, poca broma— no tuvieron más remedio que otorgarle el triunfo al bueno de Rukeli. La emoción contenida quebró al campeón y no pudo —o no quiso— contener el llanto. Tremendo delito.


Una semana después las autoridades nazis le retirarían la victoria definitivamente alegando que un boxeador no podía llorar sobre el ring, “mal boxeo y pobre comportamiento” —decía el veredicto. La razón era otra, ¿un cíngaro danzarín campeón de boxeo en plena efervescencia nazi? ¿Estamos locos?

 La oportunidad para resarcirse no tardaría en llegar pero lo haría en forma de regalo envenenado. La Asociación Alemana de Boxeo le conminó a una nueva pelea, esta vez contra Gustav Eder, boxeador que años más tarde se convertiría en campeón de Europa y —lo que es más importante— Rukeli debía olvidarse de esos “movimientos poco decorosos y luchar como un alemán”.

Un órdago al nazismo


Ed. Siruela


“Tengo que aprender a boxear como un alemán, como un ario nada menos. Tengo que quedarme quieto como un don Tancredo en el centro del ring y renunciar a mi estilo. Cuando es precisamente mi estilo lo que me permite ganar”, se lamenta el púgil de la mano de Fo. Lejos de amilanarse, decidió comparecer ante Eder con el rostro enharinado y el pelo teñido de rubio.

 Cuentan las crónicas que se mantuvo en el centro ring, impávido, recibiendo de lo lindo hasta caer rendido al quinto asalto.

Aquello fue el fin de su carrera. Tras ser esterilizado, se vio obligado a divorciarse de su mujer y separarse de su familia con el fin de salvar sus vidas. Terminó siendo torturado y enviado a un campo de concentración, lugar en el que su inquebrantable dignidad volvió a jugarle una mala pasada. Obligado a combatir para el regocijo del personal, tuvo que enfrentarse con uno de los kapos que, humillado tras la derrota, le asesinó brutalmente con un palo."                  (Juan Losa, Público, 15/03/17)

18/1/17

El Siglo de los Campos de Concentración... de exterminio...

  Mapa de Europa. Campos de concentración nazis. (Fuente: Wikipedia)

"¿Por qué definir un siglo como el Siglo de los Campos?", se pregunta sorprendido el escritor José María Mendiluce en el prólogo a la edición española del libro Los campos de la Muerte. Cien años de deportación y exterminio. 

Joël Kotek y Pierre Rigoulot (Salvat, 2001 ), en lugar de calificarlo con algún matíz más positivo, como el siglo de la aviación, de la medicina, la televisión, etc. Basta con investigar un poco para darse cuenta de que el Siglo XX fue el siglo del horror, de la deportación y de los campos. 

 Desde su comienzo y hasta su final, millones de personas han sido torturadas, internadas a la fuerza entre alambradas, masacradas, aniquiladas, borradas de la faz de la tierra. A veces, por motivos religiosos, otras, por motivos políticos, y en muchas ocasiones, tan solo porque estaban allí en ese momento.

 Las guerras del Siglo XX se han visto reforzadas por una inmensa sed de venganza y un odio sin parangón en la historia. El conflicto se ha extendido más allá del campo de batalla. La guerra ha seguido en los campos de concentración. 

No se han respetado ni las leyes ni los derechos de las personas. Sobre los supervivientes ha recaído el odio y la venganza, y muchos de ellos han servido de "terapia", para descargar sobre su persona la arrogancia, la prepotencia, la sensación de superioridad y el "rol" de señores; pero también para verter en ellos la impotencia, la frustración y la pérdida de todo, incluida la humanidad.

Los campos de concentración nacionalsocialistas (somos conscientes de la existencia de los gulag soviéticos o de los campos construidos en la antigua Yugoslavia durante la "guerra de los balcanes", por citar solo algunos), sobre los que nos vamos a centrar, han sido catalogados atendiendo a su naturaleza o fines (exterminio, reeducación, trabajo, internamiento, etc). Intentaremos, de manera breve, acercar al lector las características que los hacen diferentes, pero al mismo tiempo tan iguales. 
Kotek y Rigoulot, nos proporcionan una sencilla definición de lo que puede denominarse como campo de concentración.
 Se trata de "un terreno rápida y sumariamente equipado, por lo general cerrado a cal y canto en el que se hacinan, en condiciones precarias y poco respetuosas con los derechos elementales, individuos o categorías de individuos, supuestamente peligrosos o nocivos". 
 Los campos de concentración se convierten en lugares, casi siempre improvisados, en los que se pretende reubicar a un grupo determinado de personas, de una índole política, social o religiosa determinada. En muchas ocasiones, estas instalaciones de carácter temporal, eran construidas o acondicionadas por los propios detenidos.
En este punto se hace necesario diferenciar la prisión del campo de concentración. La diferencia fundamental radica en el marco legal. En la prisión son internadas aquellas personas que han recibido un juicio según las leyes, debiendo acatar una resolución tomada por un tribunal.

 Los detenidos en un campo de concentración forman parte de los sospechosos, de las personas que entran a formar parte de un perfil calificado como nocivo para la sociedad y que no tienen por qué haber cometido ningún crimen, sino que son sospechosos de poder llegar a cometerlo, según el régimen o gobierno imperante.

 Los campos de concentración constituyen un medio extraoficial de reprimir y aniquilar a hombres y mujeres no afines a una causa social o gubernamental. Dentro de sus límites no existe la justicia, solo verdugos y víctimas.

 En la Alemania nazi, tras el incendio del Reichstag, el 28 de febrero de 1933, más de 12.000 personas fueron arrestadas de manera arbitraria. Fue entonces cuando se promulgó el decreto Schutz von Volk und Staat (para proteger al pueblo y al Estado), que permitía arrestar e internar tras las alambradas a toda persona susceptible de oponerse al régimen, sin tener que juzgarla. Este confinamiento, va destinado a personas en principio "inocentes", por lo que se califica de "preventivo". En el campo de Dachau, inaugurado en 1933 puede leerse Schutzhaftlager (campo de prisión preventiva).

Campos de concentración de Estado:

A partir de 1933, se implantó el sistema de concentración propiamente dicho en la Alemania nazi, el de los llamados "campos de concentración del Estado" (Staattlinche Konzentrationslager), designados oficialmente por las siglas K.L (y familiarmente, K.Z). La Gestapo se encargaba de seleccionar a las víctimas que debían ser encarceladas y las que debían ser liberadas, mientras que las S.S, se encargaban de la custodia y la administración de los campos.

Campos de concentración: Funciones.

1.- Aislar de manera preventiva a un individuo o grupo de personas considerados sospechosos o incluso nocivos para el país. Se trata de personas que no han recibido un juicio y que por lo tanto se consideran no culpables.

2.- Castigar y corregir a través de un programa educativo, a los adversarios ideológicos.

3.- Controlar a la población social a través del terror.

4.- Beneficiarse de una mano de obra esclava.

5.- Reestructurar la sociedad. Los campos de concentración filtrarían y seleccionarían a una masa social destinada al trabajo y a la servidumbre, que estaría dominada por un reducido grupo de individuos.

6.- Eliminar concienzudamente los elementos considerados racial o socialmente perjudiciales.

Clases de campos de concentración:

1.- Campos de internamiento. Su función es la de aislar temporalmente a individuos sospechosos o peligrosos. Durante los conflictos llegan a albergar a los compatriotas de los enemigos (sean o no afines a los ideales de estos últimos). Estos campos no suelen hacer uso de los trabajos forzados, ya que su fu finalidad es prevenir y no producir.

2.- Campos de concentración. Estos campos reunían todas las características que hacían terribles estos lugares de confinamiento: Pretendían reeducar, explotar a los internados mediante el trabajo y finalmente aniquilarlos. Sometidos al terror y a un sistema represivo brutal, para los internados se crea un mundo aparte, en el que el tiempo transcurre de modo especial, entre tormentos y sufrimiento.

3.- Campos de exterminio. Creados para administrar una muerte inmediata a sus "huéspedes", estos centros, paradójicamente, rompen con la propia denominación de "campo de concentración". Su única función es la de exterminar, nunca la de alojar, a las victimas que pasan por sus dependencias.

Los grandes campos y sus comandos."              (Biblioteca de la deportación)        

13/6/16

Nosotros éramos infrahombres y por eso podían hacer lo que quisieran con nuestras vidas

"(...) ¿Conocieron casos de violencia entre presos? En caso de que así fuese, ¿cuáles fueron las causas? ¿Fueron los nazis quienes los motivaron? Muchas gracias por darnos la oportunidad de conocer su historia.

ALCUBIERRE: En los campos, había presos que eran ayudantes de los SS. Les llamábamos “los cabos”. Eran muy malos y muy criminales. Ellos nos pegaban y mataban a diestro y siniestro. Ese fue el caso más grave. Luego, después de la liberación, los más sanguinarios pagaron por lo que hicieron.


  •  Si hubieras podido encontrarte con Hitler ¿qué le habrías dicho?. Daniel

    SIEGFRIED: Si hubiera tenido una posibilidad de dialogar con ese hombre, le habría preguntado el porqué de tanto odio hacia los judíos. Le habría preguntado qué tienen de malo los judíos. Yo no me siento judío, en el sentido religioso. Solamente sé que soy judío porque nací en el seno de una familia judía. No sé en qué he molestado a un señor como este.

  • Hay muy poca informacion y reiteracion de los estados en lo que pasó en los campos nazis y muchos nazis y organizaciones de extrema derecha ¿Por qué? FBM
    ALCUBIERRE ¡No hay que olvidar! (levanta la voz) Es muy importante que se conozca la historia. Yo, en Francia, iba a los liceos a contar mi experiencia a los estudiantes. Y te escuchaban con un respeto enorme. Es importante que esto se haga en todas partes. Así los neonazis lo tendrán más difícil para engañar a la gente.

  • Estimados J. Alcubierre y S. Meir, Como pudieron recobrar el afecto por la vida y la humanidad despues del holocausto? Estan de acuerdo con la frase de Primo Levi: 'Existe Auschwitz, no existe Dios'? Gracias por sus respuestas. Un saludo, Gabriel

    SIEGFRIED Yo recobré el afecto por la vida por el afecto de una persona. Era Saturnino Navazo, un prisionero español de Mauthausen que cuidó de mí en el campo y al que yo elegí como padre después de la liberación. Saturnino hizo que yo diera un sentido nuevo a todas las cosas terribles que había aprendido en los campos. Me dio esperanzas para seguir.

  • Cuando la miseria, la tortura y la muerte sistemáticas y arbitrarias se convierten en algo cotidiano, normal, supongo que la supervivencia, el miedo, el silencio, la irrealidad de la nada invaden tu cabeza. ¿Cuando y como empezaron a tener esperanza? Fernando-E. Salas Herrera
    ALCUBIERRE Yo no pensé nunca en que iba a morir. Siempre quise vivir. Cuando veía morir a los compañeros… Era muy duro. Pero yo me decía, “tengo que salir de aquí”

  • ¿Sabían ustedes como se justificaban en sus conciencias las tropas alemanas ante las masacres que estaban llevando a cabo? ¿Había distintos relatos? Fernando-E. Salas Herrera
    ALCUBIERRE: Es que no nos consideraban hombres, decían que no éramos como ellos. Nosotros éramos infrahombres y por eso podían hacer lo que quisieran con nuestras vidas

  • Cómo le afecto el holocausto y como salvaron su vida? De que manera los castigaban? A da Rosario Cosme
    SIEGFRIED: cambió mi vida para siempre. Y cambió mi forma de ver las cosas. Yo empecé a odiar la religión. Mi padre era muy religioso, judío, y nos decía que Dios nos protegería y no nos pasaría nada. Cuando llegué a Auschwitz y vi lo que vi... dije ¿dónde está Dios?

  • ¿Cuales eran las formas de resistencia y organización de los prisioneros? Fernando-E. Salas Herrera
    ALCUBIERRE: hacíamos lo que podíamos. El que robaba una patata, la compartía con sus compañeros. Los zapateros te arreglaban, cuando podían, los zapatos. Y así todo. Yo, una vez, di un reloj que había conseguido. Con él la organización sobornó a un enfermero del Campo Ruso y así salvamos la vida de uno o dos compañeros.

  • Buenas, ¿Se sienten olvidados por la sociedad? Gracias Rubén García
    ALCUBIERRE: en Francia hay muchos actos de homenaje a los deportados. Siempre nos invitan y nos tratan bien. En España, nada. Nadie de los de arriba se ha preocupado por nosotros.
  • (...)"               (J. Alcubierre y S. Meir, supervivientes de Auschwitz, Público)

    9/6/16

    'No digáis que estáis enfermas porque os llevan a la cámara de gas'

     
     Mercedes Núñez Targa

    "(...) Hace un año llegó a mis manos la copia escaneada de una carta de Mercedes Núñez Targa fechada en Vigo el 14 de diciembre de 1982.(...)

    A lo largo de seis páginas Mercedes narra los episodios vividos desde que es detenida por los nazis en Carcassonne en mayo de 1944 hasta la liberación del campo de Ravensbrück en abril de 1945.

    El periódico Faro de Vigo publica hoy la historia de esta carta.

    Vigo, 14 de diciembre de 1982

    Querido amigo:

    Apenas convaleciente de una gripe feroz que me ha dejado bastante mal, le ruego que me excuse si lo que le escriba carece de rigor y de soltura, porque como se dice, el horno no está para bollos; pero no quiero demorar la respuesta, no sea que vuelva la gripe y me deje definitivamente fuera de combate...

    Detenida en Carcassonne por participación en la lucha contra el ocupante nazi, pasé de allí al Fort Romainville (París) y al campo de Sarrebruck, donde permanecimos ocho días, siempre encerradas y con sopas de ortigas como único menú.

    De Sarrebruck fuimos transportadas al campo de Ravensbrück. Nos llevaron durante cinco días en vagones de ganado precintados y con el único ventanuco recubierto de alambra de espino. En mi vagón, 53 mujeres. Nos habían dado un bocadillo, que fue lo único que comimos durante los cinco días. 

    En un ángulo un enorme barril para orines y excrementos, que permaneció así durante los cinco días hasta desbordarse. Para beber, habíamos conseguido (sistema D) una botella de 1/2 l. que una compañera pasaba en cada estación por entre los alambres de espino pidiendo agua en alemán, procedimiento por el que pudimos obtener un mínimo de bebida, equitativamente repartida,  que nos permitió llegar vivas.


    En Fürstenberg sobre el Oder (la estación próxima a Ravenbrück) nos esperaban SS y perros, que bajo la amenaza de los látigos y las dentelladas nos condujeron hasta el campo de Ravenbrück.

    Allí no nos permitieron comer ni acostarnos. Eran las cinco de la tarde (junio 1944) y durante 12 horas tuvimos que permanecer en posición de firmes, guardadas por SS y kapos. A las cinco de la mañana nos introdujeron por grupos en unas duchas y allí nos dejaron, tal como vinimos al mundo. Nos arrebataron absolutamente todo, incluso pañuelos, sostenes, paños higiénicos. A las que tenían bellas cabelleras se las cortaron (hacían tejidos con ellas) y a algunas les obligaron a soportar examen íntimo.

    40 días permanecimos hacinadas en una barraca, sin salir más que a las extenuantes formaciones (appel) donde había que formar impecables líneas rectas y el mover la cabeza, una mano, un pie, etc. o cuchichear lo más mínimo representaba recibir gran cantidad de salvajes latigazos. Las órdenes nos eran dadas por altavoz y en alemán y cuando no las entendías, garrotazo. Aprendimos alemán a una cadencia rapidísima!

    Las antiguas del campos nos advirtieron: no digáis que estáis enfermas. Enfermedad = cámara de gas.

    En esos 40 días hicieron la selección: a un lado las "útiles", jóvenes y sanas que podríamos trabajar. Al otro, las inútiles que había que eliminar. Exámenes pseudomédicos determinaron -nosotras totalmente desnudas- quienes eran las enfermas, las que tenían defectos físicos, las ancianas, las embarazadas. Todas ellas fueron destinadas al exterminio.

    Las otras tuvimos que marchar a un Kommando situado en las inmediaciones de Leipzig. (HASAG, complejo metalúrgico). Quisiera aclarar un error que generalmente se comete. No pasamos a ser algo así como obreras libres. Seguíamos bajo el régimen del campo de concentración con todo su horror y demás se nos obligaba a trabajar en esa fábrica de armamento, 12 horas por día, siempre de pié, comiendo una sopa por día y una pequeña rebanada de un pan que tenía de todo menos harina. 

    Los magnates de la industria alemana habían decidido así aprovechar hasta el fin nuestra mísera fuerza de trabajo y habían hecho estudios científicos según los cuales en las condiciones que nos eran impuestas teníamos una esperanza de vida de 9 meses. la enfermedad, un accidente era el "transport", es decir una expedición que terminaba en el crematorio, pasando por la cámara de gas.  (...)


    Éramos allí 6000 mujeres de Ravensbrück, más 1000 deportado hombres que estaban en campo aparte. Otros cuantos miles de prisioneros de guerra, que estaban en un stalag y un pequeño puñado de obreros alemanes especialistas (técnicos, rectificadores, etc.) más, evidentemente, los jefes nazis de la fábrica y los SS que paseaban por allí anotando cuanto hacíamos las presas para luego, en el campo, imponernos salvajes castigos.

    Todo ese horario inhumano, no nos eximía del "appel", las grandes formaciones diarias en posición de firmes, no menos de dos horas diarias, pero casi siempre más, puesto que la más mínima falta era sancionada colectivamente, con largos suplementos de appel, bajo el frío, la lluvia, nevando, etc.

    Nuestra actitud consistió siempre en rechazar la condición de víctimas y considerarnos combatientes. Hubo entre las presas la más estrecha solidaridad. A pesar del hambre se renunciaba a una pequeña porción de comida para ayudar a las que se encontraban peor. 

    La fábrica HASAG producía obuses. Considerábamos, pues, el sabotaje como un deber primordial y la verdad es que los obuses y máquinas quedaban inutilizados con gozosa frecuencia.

    Puesto que los castigos (palizas, etc.) jamás nos los imponían en la fábrica sino más tarde en el campo, decidimos arriesgarnos a una acción de cara a reivindicar nuestra condición de presas políticas frente a los obreros alemanes, a quienes habían dicho que éramos ladronas, prostitutas, etc., a las que reeducaban por el trabajo y con las que no debían hablar en absoluto, cosa tampoco fácil a causa del idioma.

    La ocasión nos la dieron los propios nazis. A fin de hacer creer a los obreros alemanes que éramos gente libre, pretendieron pagarnos en la fábrica, no con marcos, claro, sino con unos bonos de cantina. 

    Al saberlo ocurrió algo extraordinario: 6000 presas, de todas las nacionalidades de Europa, hablando idiomas distintos, de diferentes ideologías, conseguimos ponernos de acuerdo, rechazaríamos el bono, proclamando nuestra condición de presas políticas: "No somos obreras libres, somos presas políticas, no queremos dinero de Hitler", fue más o menos, la frasecita que, en principio, había que decir en alemán como pudiéramos.

    En realidad creo que se dijeron, en medio de la emoción, las cosas más distintas. No le podría decir a Ud. si yo lo dije en alemán, en catalán o en castellano o si dije siquiera algo. lo esencial es que todas, absolutamente todas, las 6000 mujeres rechazábamos el bono y que los obreros alemanes entendieron perfectamente el sentido de la acción y, es más, que mereció su general simpatía.

     Perdiendo el control, los SS aquella vez repartieron a granel bofetadas y latigazos entre las "obreras libres", lo que motivó una protesta de los obreros al director, diciendo que algunas "obreras" habían sido apaleadas en plena fábrica.

    La cosa fue un éxito tan masivo que no hubo siquiera represalias. Evidentemente, no podían ahorcarnos a todas y cerrar la fábrica.


    El campo del Kommando Hasag fue abandonado por los nazis el 13 de abril de 1945, ante el avance de las tropas, por un lado americanas, por el otro soviéticas, que coparon la ciudad de Leipzig. Obligaron a evacuar a todas las prisioneras la noche del 13, excepto aquellas que por su desastroso estado físico no podían andar -entre las que me encontraba- a las que tenían la intención de destruir (volar el campo) pero que ante la premura de la huida dejaron con vida, muy a pesar suyo.

    Agregaré que en el campo central de Ravenbrück mi número de matrícula era, por ejemplo, el 53.225 (en junio de 1944) lo que da idea del volumen de la deportación femenina. Y que en el Kommando de Hasag, éramos 8 españolas, que permanecimos, entrañablemente unidas.  (...)"           (Búscame en el ciclo de la vida, 15/05/16)