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10/10/22

‘Mi objetivo era sobrevivir’: muchos ucranianos son acusados de colaborar con el ejército ruso... la retirada rusa ha dividido a las comunidades que buscan determinar quién colaboró ​​y quién no... “Ahora, la gente me ve en la calle y me señala con el dedo diciendo: ‘¡Él es!’”... “la gente está hablando de quién fue colaboracionista, quién trabajó para el enemigo”. Y añadió: “Ahora todo el mundo dice: ‘Eres un enemigo del pueblo’”

 "Los funcionarios rusos se acercaron a Ina Mandryka con una propuesta sencilla: si aceptaba abrir su escuela en una ciudad de un territorio ocupado y enseñaba en ruso, sería ascendida de subdirectora a directora.

Para Mandryka, fue una elección fácil. “Me negué”, contestó. “Enseñar el plan de estudios ruso es un crimen”. La escuela, con sus aulas adornadas con coloridas imágenes de jirafas y osos, permaneció cerrada.

Iryna Overedna, maestra de segundo grado en la ciudad de Izium, tomó una decisión diferente. “La maestra que hay en mí pensó: ‘Los niños deberían estar en la escuela’”, dijo Overedna. Además, explicó que necesitaba un salario para alimentar a su familia. Viajó a Kursk, en el suroeste de Rusia, para estudiar el nuevo plan de estudios.

Cuando las tropas ucranianas obligaron al ejército ruso a retirarse caóticamente en el noreste de Ucrania este mes, recuperaron pueblos y aldeas que habían estado bajo ocupación durante más de cinco meses. Al hacerlo, heredaron un dilema legal y ético que involucra algunos temas complicados: ¿Quiénes había colaborado con los rusos cuando tenían el control de los pueblos?

En muchos lugares, los rusos abandonaron tanques y sus propios muertos de la guerra, pero también dejaron las pruebas de posibles crímenes de guerra con fosas comunes y salas de tortura. Para miles de ucranianos, la ocupación se convirtió en un episodio sombrío de colaboración en tiempos de guerra, una acción punible bajo la ley ucraniana.

Pero la situación de muchas actividades no es necesariamente clara, porque están entrelazadas con la vida cotidiana. Las autoridades ucranianas, por ejemplo, no ven a los médicos, bomberos y empleados de empresas de servicios públicos como traidores porque sus trabajos se consideran esenciales para el funcionamiento de una ciudad. Pero los policías, los empleados del gobierno municipal y regional y algunos profesores que aceptaron trabajar bajo el plan de estudios educativo ruso se clasifican como colaboradores.

Los maestros plantean un dilema especial

Los funcionarios ucranianos han sido muy críticos con los maestros dispuestos a seguir la orientación rusa. Dicen que en una guerra destinada a anular la identidad y el idioma ucranianos, aceptar educar a los niños con un plan de estudios que niega la existencia de Ucrania como Estado es un crimen grave.

Hay una gran furia dentro del gobierno ucraniano contra los maestros que trabajaron con las autoridades rusas. Serhiy Horbachov, un funcionario del sistema educativo, dijo que los maestros que colaboraron deberían perder sus credenciales, como mínimo. “A estas personas no se les puede permitir trabajar con niños ucranianos”, dijo en una entrevista. “Será una historia muy difícil y dolorosa”.

Unas 1200 escuelas permanecen en los territorios ocupados. En su contraofensiva, el ejército ucraniano tomó el control de un área que incluía unos 65 planteles. Aproximadamente la mitad abrió el 1 de septiembre para enseñar el plan de estudios ruso, con unos 200 maestros, según dicen los fiscales ucranianos, pero cerraron las instalaciones en cuestión de días cuando el ejército recuperó esas zonas.

No todos serán arrestados, dijo en una entrevista Volodymyr Lymar, fiscal adjunto de la región de Járkov. Se evaluará a los maestros según el papel activo que desempeñaron en la preparación o promoción de la propaganda rusa para los niños, dijo, y se les impondrá el castigo correspondiente. “Para los maestros es un tema difícil”, dijo.

Izium, una ciudad de elegantes edificios de ladrillo del siglo XIX ubicados en acantilados con vista al río Siversky Donets, ahora está casi en ruinas. Cuando los soldados ucranianos la recuperaron, los residentes los recibieron con albóndigas caseras y abrazos. Incluso días después, muchos se sintieron tan aliviados por el final de la ocupación que lloraron describiendo la liberación de la ciudad.

Pero se enojaron por cómo ahora están siendo juzgados por las concesiones que hicieron para sobrevivir a la ocupación, e incluso por pequeños actos de cooperación con el ejército ruso. Su situación es una muestra de un problema más generalizado para los ucranianos a medida que liberan territorio: la división y la desconfianza que surge de las acusaciones de colaboración.

Algunos civiles en el norte de Ucrania ya han huido a través de la frontera a la ciudad rusa de Bélgorod, diciendo que temen represalias por parte de las autoridades ucranianas por trabajar en las administraciones de la ciudad. Otros dicen que las campañas agresivas en las redes sociales los han convertido en objetivos para sus conciudadanos.

Según los residentes de Izium, pocas semanas después de la invasión rusa en febrero, su adormecida ciudad provincial se había transformado en un mundo de horrores: los cuerpos yacían sin recoger en las aceras, los edificios estaban en ruinas y los soldados rusos patrullaban las calles. La gente se confinó en los sótanos para protegerse de los bombardeos.

Pronto, los residentes se vieron obligados a tomar decisiones incómodas.

“Cada persona eligió su destino”, dijo Oksana Hrizodub, una maestra de literatura rusa que se negó a enseñar para los rusos pero dijo que no juzga a quienes lo hacen. “Para las personas que estaban atrapadas aquí, es un asunto personal”, dijo.

La mayoría de los maestros huyeron del territorio antes de la ocupación o se negaron a enseñar el plan de estudios ruso, quedándose en casa sin un salario y sobreviviendo con vegetales en conserva de sus jardines o con la ayuda de los vecinos.

“Estaban presionando a algunos, pero no a todos” para que enseñáramos, dijo Svitlana Sydorova, profesora de biología, geografía y química en la ciudad de Balakliya que se negó a aceptar el programa ruso. “Algunos aceptaron colaborar por su propia voluntad. La policía debería resolverlo investigando cada caso individualmente”.

Otros se escondieron para escapar de las amenazas y presiones de los rusos. Iryna Shapovalova, profesora de inglés, dijo que durante la ocupación se quedó mayormente en casa y evitó llamar la atención. “Tuve suerte”, dijo. “Me escondía junto con mis hijos”.

Overedna, la maestra de segundo grado que accedió a regresar al trabajo, describió lo que caracterizó como pequeños pasos hacia la cooperación con los rusos. Los compromisos morales fueron menores al principio, dijo.

Primero, participó en junio en un proyecto respaldado por Rusia para limpiar los escombros de un centro comunitario, llamado Casa de la Cultura, para que los estudiantes de secundaria pudieran usarlo para un baile de graduación.

Ella y otros recibieron a cambio una “ración de trabajo”, un obsequio de comida, pero dijeron que no lo hicieron tanto por la ración como para darles a los adolescentes una pequeña sensación de normalidad y una celebración.

En el verano, la autoridad de ocupación rusa se puso en contacto con los maestros que habían limpiado la Casa de la Cultura para solicitarles que abrieran las escuelas en el otoño. Antes tendrían que viajar a Kursk para estudiar el plan de estudios. Decidió ir y reanudar la enseñanza.

“¿Y si la ocupación dura años?”, dijo Overedna sobre su justificación. “¿Los niños no deberían ir a la escuela?”.

Ella dijo que no veía el plan de estudios ruso para segundo grado como particularmente politizado. Sí, estaba en ruso en vez de ucraniano y se le indicó que enseñara a dos poetas rusos, Kornéi Chukovski y Mikhail Prishvin. Por lo demás, “fue solo una conferencia de maestros”, como muchas otras a las que asistió a lo largo de los años.

“Mi objetivo era sobrevivir”, dijo. “Para sobrevivir al invierno tenía que comer. Para poder comer, tenía que trabajar. Y, para trabajar, tenía que ir a la conferencia”.

No solo fueron los maestros quienes se comprometieron con el ejército ruso realizando acciones grandes y pequeñas. Serhiy Saltivskyi recibió una “ración de trabajo” que incluía paquetes adicionales de pasta y latas de carne de res por transportar los cuerpos en su camioneta de carga

Al principio, los residentes enterraron a los muertos por bombardeos o por disparos de soldados rusos en tumbas poco profundas en patios y parques. Pero cuando llegó el clima cálido, los rusos pidieron que los cuerpos fueran trasladados a un bosque de pinos en las afueras de la ciudad, un sitio que ahora tiene más de 400 tumbas y que está siendo investigado por crímenes de guerra.

Saltivskyi defendió su papel en esos entierros, diciendo que no había hecho nada malo. “No se puede convertir el pueblo en un cementerio”, dijo. “Había mujeres y niños, y fue difícil, pero ¿quién más lo iba a hacer?”.

La “ración de trabajo” lo ayudó a sobrevivir, pero tuvo un costo después de la liberación. Es una señal de cómo la retirada rusa ha dividido a las comunidades que buscan determinar quién colaboró ​​y quién no.

“Ahora, la gente me ve en la calle y me señala con el dedo diciendo: ‘¡Él es!’”, dijo Saltivskyi.

Yelena Yevmenova, superintendente de un bloque de apartamentos en Izium, entregó una lista de todos los residentes del edificio a los rusos a cambio de ayuda humanitaria. Ella dijo que no se arrepiente, la gente necesitaba sobrevivir, dijo. “Que ahora nos acusen de comer carne enlatada rusa”, afirmó.

Overedna dijo que, en realidad, no instruía a los niños ucranianos en el plan de estudios ruso; la ofensiva ucraniana comenzó antes de que abriera su escuela.

Y no considera que su disposición a enseñar sea un delito. “Enseñar es mi vocación”, dijo en una entrevista en su apartamento, un espacio oscuro y desordenado lleno de cajas de productos enlatados. No hay electricidad y para preparar las comidas cocina en una fogata en el patio.

A pesar de las dificultades, dice que anhela volver a la normalidad del año escolar. “No puedo imaginarme sin estar en un salón de clases”.

También dijo que “la gente está hablando de quién fue colaboracionista, quién trabajó para el enemigo”.

Y añadió: “Ahora todo el mundo dice: ‘Eres un enemigo del pueblo’”."               (Andrew E. Kramer y

4/3/19

La judía que ayudó a la Gestapo en el Holocausto

"Takis Würger, escritor y periodista del semanario alemán Der Spiegel, es el autor del último superventas que ha generado una agria polémica en el mercado literario germano. Se titula Stella, nombre de la principal protagonista de la novela. Stella Goldschlag fue una judía alemana que estuvo al servicio del III Reich para denunciar y capturar a judíos alemanes que fueron enviados a los campos de exterminio. 

A Stella se la ha considerado destacada dentro del grupo de "informadores judíos de la Gestapo", la policía política nazi. Se estima que entregó a unos 300 judíos alemanes. Los nazis hicieron de Stella una colaboradora a base de, entre otras cosas, palizas, torturas, amenazas de muerte y coacciones. En último término, sus padres fueron apresados por los nazis y aseguraron a Stella que, a cambio de su colaboración, no terminarían en Auschwitz. Una promesa que no cumplieron. Sus padres fueron enviados a morir en aquel campo de exterminio en febrero de 1944. Antes, acabaron con igual destino su primer marido, el músico judío Manfred Kübler, y sus suegros. 

Pese a la muerte de sus padres, Stella siguió trabajando para el III Reich. Acabada la Segunda Guerra Mundial, tuvo que enfrentarse a tres procesos judiciales. En uno de ellos, un tribunal militar soviético la condenó en 1946 a diez años de cárcel y trabajos forzados. Después, se convertiría al cristianismo y al antisemitismo. En 1994, con 72 años, se quitó la vida. Saltó por la ventana de su apartamento de Friburgo (suroeste alemán). 

Se ha dicho que la suya es una de las historias "más grotescas" de la Alemania nazi. Esa historia es, precisamente, la que ha servido a Würger para escribir su novela. En realidad, la vida de Stella ya quedó relatada en los años noventa a cargo del periodista alemán Peter Wyden, un judío berlinés que fue en su día compañero de instituto.

Wyden y su familia tuvieron suerte suficiente como para poder gozar de un visado que les llevó a Estados Unidos antes de que comenzara el Holocausto. El periodista acabaría entrevistando y narrando la historia de su ex compañera de instituto en el libro Stella (Ed. Simon & Schuster, 1992). Tras ello, Wyden escribiría: "Me sentí sucio por sus palabras (…). 

Haber compartido la misma clase con Stella se convirtió en algo embarazoso, como haber tenido una cena alegre con un violador".
Takis Würger reconoce en ese volumen una "fantástica fuente" de información e inspiración para su Stella. Otra cosa es que su libro genere opiniones tan favorables como la que él expresa por el trabajo de Wyden. Desde que apareció su novela el pasado mes de enero, buena parte de la critica literaria se ha lanzado contra Würger. Su libro puede estar entre los que mejor se venden estos días en las librerías alemanas. Pero en su caso el éxito comercial está muy peleado con la crítica. 

Entre otras cosas, los críticos no perdonan a Würger recurrir al personaje que traslada la historia al lector. Se trata de Friedrich, un joven suizo que elige en 1942 Berlín como destino para viajar y vivir. Ese personaje es quien conduce el relato. Él se enamorará de Stella y hará amistades entre los SS de Berlín. La fortuna de la familia del joven permite a Friedrich vivir despreocupadamente pese a las estrecheces impuestas por de la Segunda Guerra Mundial.

"Yo no quería que mi amigo Tristan estuviera en las SS. No quería que Kristin [otro nombre que se atribuye a Stella, ndlr.] trabajara para un ministerio. Yo quería que los tres siguiéramos bailando", se lee a través del narrador del libro. En vista de la relación que desarrollan esos tres protagonistas de Stella, hay quien acusa a Würger de haber querido montar en pleno contexto de la Segunda Guerra Mundial y uno de los peores regímenes políticos que ha conocido Europa una relación de personajes a lo Jules, Jim y Catherine en la película Jules et Jim de François Truffaut.

 

"Una abominación, un ultraje, un insulto"


Jan Süselbeck, profesor de estudios alemanes en la Universidad de Calgary, en Canadá, escribía en el semanario Die Zeit una demoledora crítica según la cual Würger había escrito "una abominación" con "estilo de literatura infantil". En las páginas del Süddeutsche Zeitung, un artículo sobre Stella del critico literario Fabian Wolff llevaba por título: "Un ultraje, un insulto y una ofensa real". 
Julika Griem, directora del Instituto para Humanidades de Essen (oeste), llegaba a decir en la radio pública Deutschlandfunk que el volumen de Würger era "deprimentemente malo".

Se le reprocha también haber caído en una representación kitsch del nazismo. No en vano, la edición dominical del Frankfurter Allgemeine Zeitung se preguntaba hace unos días a cuenta de Stella: "¿Qué es esta historia nazi para tontos?"

El libro aspira, según su editor, a "contar lo incontable". Eso, cuando a estas alturas se cumplen casi tres décadas de la aparición del volumen de Wyden. A su publicación en 1992 siguió la publicación de numerosos reportajes sobre Stella Goldschlag en prensa, además de un documental y hasta un espectáculo musical con el nombre de la famosa colaboradora judía del nazismo. 

En base también a la grandilocuente promesa del último libro sobre Stella, el diario izquierdista berlinés Tageszeitung se refería al de Würger como "un timo literario" en un artículo del autor Carsten Otte. Él lamentaba que el ruido generado por el libro haya desencadenado un debate que anime aún más las ventas de la novela. "Este libro tan flojo en tantos aspectos no ofrece una base adecuada para algo así", asegura. Pero esa, ni ninguna otra crítica, ha impedido que Stella siga entre los libros superventas de Alemania."                  (Aldo Mas, eldiario.es, 25/02/19)

25/10/18

Caso Khashoggi: Se trata de un asesinato premeditado. sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron. Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que habia descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

"El 7 de diciembre del 1977, el escritor secular y progresista de Arabia Saudí, Nasir As-Said, es secuestrado en plena calle de Beirut y trasladado a la embajada de este país, desde donde desaparece para siempre. Había huido de Arabia en 1956 por defender el nacionalismo árabe y colocar el lema de “un parlamento libre y democrático para Arabia saudí” en el centro de sus demandas. 

Su asesinato fue organizado por la Casa Saud y la CIA. Jamal Khashoggi ni de lejos se parecía a As-Saíd, aunque su trágico final se parece más al guion de una película hollywoodiense de gánsteres, con morbo, intriga e incluso una historia de amor.

En el asesinato del periodista árabe existen tres niveles de “intereses”: nacionales, regionales e internacionales, y justamente la presencia de demasiados actores en el escenario está dificultando la ocultación de lo sucedido y poder zanjarlo con un “Pacto entre los varones de la Mafia” involucrados, impidiendo que ruede la propia cabeza del principal autor intelectual del crimen el Príncipe heredero Mohammad Bin Salman (MBS).

Según The Washington Post, la inteligencia estadounidense había interceptado la conversación de los funcionarios saudíes que discutían el plan para atrapar al periodista, y aunque el diario no revela los detalles, levanta la sospecha sobre la inacción de la  CIA y el hecho de que no le avisaran a la víctima, ni mucho menos prestarle protección.

Al contrario de Bin Laden, el agente de la CIA, cuya supuesta muerte peliculera fue anunciada por Barak Obama sin presentar pruebas de su asesinato (¡no hubo ni cuerpo!), en la muerte de Jamal Khashoggi, Donald Trump -que hace de portavoz de la Casa Saud-, se ha visto obligado a confirmar la muerte trágico del hombre, bajo las presiones de Turquía, aun sin tener su cadáver.

Se trata de un asesinato premeditado: en septiembre el periodista, residente en EEUU, acudía a la embajada de su país en Washington para arreglar sus papeles y poder contraer matrimonio con la estudiante universitaria turca Hatice Cengizel. Pero, los funcionarios le recomiendan,
“incomprensiblemente”, que fuera a Turquía a gestionarlo, lo cual muestra la complicidad de la embajada, que es bajo el mando de nadie menos que el príncipe Khaled el hermano de MBS. Y es lo que hace el novio.

El 31 de septiembre, acude al consulado de Arabia en Estambul y aquí le citan para que regrese el día 2 de octubre y recoger sus documentos, tiempo suficiente para la llegada del Escuadrón de la Muerte desde Arabia Saudí.

¿Quién le traicionó?

Ya temía por su vida, cuando en 2017 Khashoggi rechazó la invitación de los Saud para volver al país y trabajar como asesor de los medios de comunicación de la corte real. Sin embargo, bajó la guardia, posiblemente porque, tanto sus contactos en Riad como (un sector de) los servicios de inteligencia estadounidenses y turco le habían asegurado que estaría a salvo en Turquía. Y los tres le traicionaron o le fallaron.

 Cabe recordar que años atrás, concretamente en 1968, la misma CIA iba a secuestrar al periodista griego Elias Demetracopoulos, refugiado en EEUU, por órdenes de Richard Nixon y Henry Kissinger ya que habia descubierto unos documentos que revelaban la ayuda de 549.000 dólares de la dictadura militar griega a la campaña electoral de Nixon. El plan era conducirle hasta la embajada griega en Washington para matarlo.

¿Quién era Khashoggi?

Empezó su carrera periodística sobre 1980, cooperando con la CIA y la Casa Saud en promocionar en la prensa la “Yihad” anticomunista dirigido por su compatriota Bin Laden en Afganistán y la región, para después resaltar los crímenes de Al Qaeda con dos objetivos: justificar la farsa de EEUU en su “Guerra contra el terror”, y quitar la etiqueta de “fundamentalista y bárbaro” al régimen saudí presentándole “moderado”.

 Así, se convirtió en el asesor de prensa del jefe de Mukhabarat, Servicios de Inteligencia de Arabia, el príncipe Turki al Faisal, primo de MBS, e hijo de Faisal quien fue rey de Arabia hasta su asesinato en 1975 por un sobrino (¡lo cual muestra las amenazas que acechan al propio MBS, desde dentro!).

Su colaboración fue premiada por el Príncipe Kalid Al Faisal, el dueño del diario de Al-Watan (La Patria), y hermano de Turki Al-Faysal. Pero, quienes le dieron el puesto del director en el rotativo. Su paso por los medios de propaganda del régimen era breve, y eso a pesar de que seguía encubriendo los crímenes de la mafia gobernante.

 Los Saud que siguen el lema de “O estás conmigo o contra mí”,  son incapaz de soportar ni concejos amistosos de los periodistas de estas publicaciones. Khashoggi nunca dejó de ser leal a Washington y a las dictaduras de la región apoyando las agresiones militares de EEUU y sus socios europeos, turco y árabes a las repúblicas semi seculares de Irak, Libia y Siria, que han causado la muerte y dolor a decenas de millones de personas.

Khashoggi nunca escribió sobre la situación de los trabajadores, mujeres o de los presos políticos que reciben decenas de latigazos en su cuerpo hasta que su piel sea arrancada (como ha sucedido al joven Ali al-Nimr, condenado a muerte en 2014 por su participación en las protestas de la Primavera Árabe de 2012), ni mencionó nunca los gravísimos abusos, incluidos físicos y sexuales, que sufren muchos de los 9 millones de personas migrantes en el país.

En 2017, al menos 146 personas fueron ejecutadas en Arabia Saudí, y la mayoría decapitadas, al puro estilo del “Estado Islámico”, por acusaciones como el ateísmo, blasfemia, homosexualidad, brujería o criticar al poder.

¿Por qué MBS va a por él?

Khashoggi se hace “desertor” (que nunca opositor, si siquiera crítico) cuando el rey Salman bin Abdulaziz​ organiza  un golpe de estado para nombrar heredero a su hijo, al joven Mohammad, destituyendo al verdadero heredero, Mohamed bin Nayefel de 59 años. A pesar de que el periodista no deja de respaldar al que iba ser el futuro rey ilegitimo de Arabia y sus falsos intentos de reforma,  

MBS planea eliminarlo, por:
  1. Cuestionar, aunque nunca de forma directa, la legitimidad del Príncipe Heredero.
  2. Simpatizar con la poderosa organización rival del wahabismo la Hermandad Musulmana (HM) que gobierna en Qatar y Turquía. Lo que agrava este “pecado” es que la HM no es la enemiga apóstata chii, sino una alternativa sunnita viable a la versión más intransigente del Islam impuesta en Arabia. El periódico saudí de Okaz (nombre de un zoco en la antigua Arabia), semanas antes del asesinato, desveló su encuentro con el Emir de Qatar Tamim Bin Hamad en el Hotel Four Seasons en Nueva York
  3. Poseer información privilegiada de lo que sucedía en el hermético seno del poder, además de conocer al detalle los trapos sucios de la monarquía.
  4. Ser Khashoggi un saudí “patriota”: no le podían acusar de ser “agente del occidente”.
  5. Perjudicar a la Casa Real desde EEUU, el centro del imperio, y donde MBS había invertido miles de millones de dólares para comprarse prestigio.
  6. Distanciarse de la postura proisrailí de la Casa Real sobre palestina en general y su renuncia a Jerusalén Oriental como el futuro capital de estado palestino, en particular. El asesinato del periodista también hace feliz a Isael.
Pedagogía del terror

Los detalles de su terrible muerte (filtrados en capítulo por el régimen de Erdogan, para su propio beneficio), ha sido un aleccionamiento: podrían haberle puesto una bomba en su coche y pegarle un tiro (cosas que la prensa “amiga” podría tachar de “ajuste de cuentas” por droga, amor o lo que fuese, y los gobiernos amigos se lo hubieran agradecido). Nadie se ha escandalizado con el asesinato de la periodista maltesa Daphne Caruana Galizia, o al esloveno Jan Kuciak.

Pero, descuartizar viva a una persona encima en un consulado, y para más inri en un país no amigo como Turquía, ha sido la obra de un carnicero estúpido, imposible de soportar para el mundo incluso con los acostumbrados con los estándares saudíes.

MBS, así echa a perder la ingente inversión en los medios de comunicación occindentales que hizo para que le presentaran como reformador y el hombre que iba a currar la incurable esclerosis de una teocracia que siempre es medieval: consiguió que la prensa en vez de hablar de sus crímenes en Yemen hablara del levantamiento de la prohibición de conducir a las mujeres, mientras que por la puerta atrás seguía deteniendo a las activistas feministas.

Ahora, no sólo ha asestado un duro golpe a sus aliados que pusieron la alfombra roja al  “reformador MBS”, sino que acaba con el espejismo de la capacidad de reformar una teocracia sanguinaria.

Matar al periodista ha sido el suicidio de un arrogante y desesperado heredero, y la consecuencia de la impunidad que le han regalado las potencias mundiales a este país y a Israel: ¡Arabia sigue siendo miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y del Comité para el Empoderamiento de las Mujeres y la Igualdad de Género! El año pasado los Saud organizaron su particular “noche de cristales rotos” , cuando el rey Salman citó a 11 príncipes y 38 ex ministros en el Hotel Ritz-Carlton de Riad, para allí encerrarlos, torturarlos, y no soltarlos antes de desvalijar sus cuentas billonarias.

El Príncipe de las Tinieblas Saudí, también secuestró al primer ministro libanés, Saad Hariri, y ni la ONU le reprochó. Nadie ha querido a los saudíes lo suficiente para salvarlos de sí mismos.

Sin apoyo en el interior de la Casa real, y ahora tampoco en exterior, MBS puede marcharse, sumiendo en una mayor incertidumbre a su país y a la región. Lo único seguro es que esta crisis no terminará en una república ni siquiera en una “república “ islámica para Arabia.

Entre las pocas alternativas que le quedan a la Casa Saud están:
  • Apartar al heredero, y cerrar la crisis. Salman ha confundido la importancia estratégica de Arabia para EEUU con la importancia de un MBS que es absolutamente  prescindible. La soga ya está en el cuello del “Trump Saudí”. Es más, si no se va por las buenas, la CIA tiene medios y suficiente experiencia para hacerlo por las malas.
  • Provocar algún incidente grave a nivel internacional para que los titulares de la prensa se desviasen del “caso de MBS” .
Empieza, de todas formas, una nueva ronda de juego árabe de tronos.

Y por último, a pesar de las afirmaciones de los dieres occidentales, Arabia Saudi carece del poder real para chantajear al mundo: es una simple y llana colonia de EEUU."                (Nazanín Armanian, Público, 23/10/18)

22/10/08

Los comisarios políticos, los porteros, en los regímenes totalitarios


"El manoseo al que sometían a sus intelectuales los regímenes del bloque soviético era igual en Praga que en Berlín Oriental, como probaron ampliamente los archivos de la Stasi. El autor de La insoportable levedad del ser tampoco sería distinto a muchos otros escritores y artistas que sobrevivieron como pudieron en los años de plomo.

La militancia de Kundera en el Partido Comunista checoslovaco era conocida, aunque se atribuyera a las complejas circunstancias de la posguerra; pero no que hubiera actuado como comisario político. Esto es lo que mantiene Petr Tresnak, que junto con Adam Hradilek firma el artículo de la revista Respekt que reconstruye la historia de aquella traición entre estudiantes de la residencia universitaria Kolonka, de Praga. "Kundera era entonces un estalinista convencido. Tenía un cierto prestigio en la universidad y escribió hasta tres libros con loas a Stalin y poemas ensalzando el comunismo", asegura. "En el documento de la policía que recoge la denuncia figura su nombre y dirección; no tiene sentido que fuera otra persona, porque cualquiera hubiera podido hacerlo de forma anónima".

Kundera, que vive en Francia desde que se exiliara, en 1975, negó ayer de nuevo lo publicado en Respekt. "Estoy extremadamente sorprendido por las informaciones difundidas por la revista checa Respekt y divulgadas por la prensa internacional. Rechazo de la manera más firme estas acusaciones, que son puras mentiras", señala su nota.

Tresnak, sin embargo, en una entrevista telefónica con este periódico, no tiene dudas. Por un lado está el informe de la policía número 624 / 1950, procedente de los archivos del Ministerio del Interior de la antigua Checoslovaquia, que localizó Hradilek, que dice que Kundera se presentó para informar sobre la cita que aquella noche tenía la estudiante Iva Militka con el desertor Miroslav Dvorácek. Tienen, además, el testimonio de Militka, que les ha permitido reconstruir lo sucedido. (...)

El otro personaje clave, el novio y posterior marido de Militka, Miroslav Dlask, que figura en la denuncia como la persona que le proporciona a Kundera la información sobre la presencia de Dvorácek en la ciudad universitaria, murió hace tiempo. "Kundera y Dlask eran amigos y posiblemente debieron discutir sobre el asunto", opina Tresnak, "se podría especular que fuera Dlask el denunciante, pero no tiene sentido que en la ficha de la policía figure el nombre y la dirección de Kundera".

Hradilek y Tresnak intentaron varias veces ponerse en contacto con Kundera, sin que éste aceptara nunca hablar con ellos. En Praga, señala Tresnak, las opiniones sobre el asunto están muy divididas. "Kundera era un comunista convencido, lo que era algo muy normal para muchos jóvenes de aquella época", explica. Kundera, añade, disfrutó un buen tiempo de los privilegios que el régimen concedía a los intelectuales afectos. Después abandonó por completo sus convicciones estalinistas y tuvo un papel importante en la agitación cultural y política durante la década de 1960, en torno a la Primavera de Praga." (El País, ed. Galicia, 15/10/2008, p. 8)

"Dlask y Militka acabaron casándose sin volver a hablar del asunto. Hasta que 60 años después, en su lecho de muerte, Dlask le contó a su esposa que en la tarde de aquel 14 de marzo había hablado del espía que iba a pasar la noche con ella a quien entonces presidía la residencia de estudiantes, el también estudiante Milan Kundera. Militka comunicó la revelación a dos jóvenes historiadores, uno de los cuales era familiar suyo, quienes decidieron investigar lo ocurrido. (...)

¿Cómo puede basarse una acusación de tan graves consecuencias en un único documento más que dudoso y usando tantas expresiones inseguras? Dudoso porque en la Checoslovaquia de los años cincuenta era práctica cotidiana por parte de la policía perpetrar denuncias, ya que cualquier agente que recibía una era condecorado con facilidad. No olvidemos que denunciar al "enemigo del pueblo" era muy bien visto por las autoridades, no en vano la ley declaraba culpables no sólo a los delincuentes sino a cualquiera que conociera un delito y no lo denunciase.Tanto la prensa checa como internacional se apresuraron a recoger el artículo y difundir la culpabilidad de Kundera.

Pero el caso daría un inesperado vuelco cuando otro testigo, el prestigioso crítico literario checo Z. Pesat, declaró tres días después de la publicación del artículo que aquel fatídico día, Dlask le había contado que él mismo denunció en la comisaría a Dvoracek. El testimonio de Pesat apenas mereció una breve columna en alguno de los medios internacionales.

De todas esas versiones se desprende que la realidad bien pudiera haber sido ésta: preocupado por la presencia de un espía -un hombre- en la habitación de su novia, Dlask fue a la comisaría y puso la denuncia en nombre del presidente de la residencia, Milan Kundera. Es por eso que la denuncia no está firmada, porque no fue Kundera quien la puso.

Lo que ocurrió ese día es incierto. Lo cierto en cambio es que la calumnia ha caído sobre el escritor y su integridad ética ha sido puesta en cuestión. La culpa de todo ello es la falta de rigor de los dos historiadores tan prestos en llegar a conclusiones. El Instituto para el Estudio de los Totalitarismos, al cual pertenecen, se fundó para estudiar el funcionamiento interno de los totalitarismos. Sin embargo, hasta ahora sólo se ha dedicado a buscar revelaciones escandalosas sobre personas que luego se demostró eran inocentes." (MONIKA ZGUSTOVA: Kundera y sus inquisidores. El País, ed. Galicia, Opinión, 21/10/2008, p. 29)

"En este documento se basa la acusación a Kundera. Han sido muchas las voces que se han alzado contra su validez. En un primer momento se dijo que no era fiable porque no llevaba la firma de Kundera. Desde el USTRCR, aclaran que sólo los interrogatorios exigían una firma. Los informes de la policía, no. "Los procedimientos de la policía eran bastante estrictos en la época, y son los mismos hoy, aquí, y en España", explica Ripka. "Kundera fue a ver a la policía. El documento está autentificado por el Archivo de las Fuerzas de Seguridad". (...)

Milan Kundera no hace más declaraciones, informa a este periódico su representante Jiri Srstka. Fue bastante tajante cuando emergieron las acusaciones. "Puras mentiras", dijo. El traductor de sus primeros libros en España, Fernando de Valenzuela, lamenta que se conceda el beneficio de la duda a la policía checa. "Esto es un montaje y una infamia", declara. La escritora Lenka Prochazkova, en su luminoso apartamento frente al río Moldava, asegura que se trata de una campaña contra uno de los iconos de la Primavera de Praga por parte de una derecha, la que puso en marcha el USTRCR, con deseos de revancha. Hasta el ex presidente Václav Havel ha salido en su defensa. (...)

Las familias de Iva Militka y Dvoracek se enemistaron. Nunca perdonaron a Militka por irse de la lengua, siempre la culparon de la suerte de su hijo. Militka ha cargado durante toda su vida con el peso de la culpa, siempre se reprochó haber contado ese encuentro a su marido. En numerosas ocasiones le preguntó si había sido él quien informó a la policía. Dlask siempre calló. Hasta 1992. Entonces, dice Militka, le contó la implicación de Kundera. "Me sentí feliz y aliviada", reconoce. Aunque eso no exculpaba a su marido. "Si informó fue para protegerme", declara. "En aquel momento, dar información al Estado no era malo". (...)

Poco después de morir el abuelo Dlask, la familia le pidió a Militka que escribiera unas memorias. "Tenía mucho tiempo libre", dice Matej, que es informático y a sus 32 años tiene tres hijos.

Matej abre las memorias de la abuela, encuadernadas en canutillo, con portada amarilla y fecha de 2002. En ellas Militka escribió: "Doy las gracias a todos, a Miroslav y a las tres estudiantes, pero este horrible sentimiento de haber sido parte de un acto miserable nunca me abandonó, y escribo con gran tristeza. Tal vez si hubiera tenido más sentido común y le hubiera rechazado todo habría sido distinto".

Matej cierra las memorias de la abuela. "Descubrimos que Dvoracek era el héroe de esta historia. Si todos se hubieran comportado como él, si no hubieran dicho nada, nada de esto hubiera ocurrido". (El País, ed. Galicia, Cultura, 26/10/2008, p. 32)

"Conociéndose bien las posibilidades de una manipulación mafiosa de los archivos policiales -la fabricación de informes y documentos destinados a desacreditar a los opositores e intelectuales rebeldes es una práctica común a todos los regímenes totalitarios del mundo-, sorprenden dos cosas. Primera: la aceptación inmediata y acrítica por los medios informativos de las acusaciones vertidas contra un escritor molesto tanto para el régimen estalinista que reinó en Praga de 1948 a 1989 como para los sectores nacionalistas y reaccionarios, más pro-Bush que el propio Aznar, que marchan viento en popa en la actual República Checa. (...)

Los sembradores de sospecha que, a partir de documentos fácilmente manipulables, de admisiones tardías de hechos reales que se remontan a la adolescencia del atacado o de simples cotilleos de aficionados a la chismografía, intentan desmontar de sus inventadas estatuas a quienes admiramos por su valor artístico e independencia de todos los poderes fácticos, se frotan las manos desde su presunta altura moral: ¡vean ustedes, son como los demás! (ellos no, dada su insignificancia, nadie les pedirá cuentas y alcanzarán al revés con sus patrañas una fama ilusoria y efímera).

La carta del historiador literario checo Zdenek Pesat del 15 de octubre -y el excelente artículo de Monika Zgustova que leo mientras corrijo estas líneas- ponen las cosas en su lugar. Estudiante de Filosofía y cuadro del partido comunista en la universidad praguense, Pesat recibió la visita, dice, de Miroslav Dlak, en la que éste le informó de que su amiga y luego esposa Iva albergaba en su domicilio a un ex compañero de estudios desertor y supuesto espía y que, a fin de protegerla, había denunciado a Dvorácek a la Stasi." (El País, ed. Galicia, Opinión, 26/10/2008, p. 21)