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8/8/24

El sur fué usado como "una punta de lanza de la pedagogía del terror que ejecutó el fascismo"... Así lo rubrican al menos 49.737 víctimas en 900 fosas comunes. Los asesinatos de "rojos", violaciones a mujeres y saqueo a los vencidos fueron una constante en la tierra de la muerte promovida por el genocida Gonzalo Queipo de Llano... "La represión se desarrolla en toda la provincia sevillana" con zonas convertidas en "un matadero"

 "Aunque no te conocí, sé que hubieras sido el mejor abuelo". Una mano temblorosa firma el mensaje en una suerte de libro de memorias expuesto en la jornada de puertas abiertas de la excavación arqueológica en el cementerio de Espartinas (Sevilla). Los trabajos ya han recuperado cuatro víctimas del franquismo de unos 40 ejecutados en el pueblo. Apenas un apunte de los 1.000 muertos que los golpistas anotaron en el ensangrentado cuaderno de una comarca sin guerra, el Aljarafe.

"La represión se desarrolla en toda la provincia" con zonas convertidas en "un matadero" como "el camino de la antigua venta del río Pudio" cercano al municipio espartinero, cuenta a Público el historiador José María García Márquez. El autor registra más de 13.000 víctimas en Sevilla y "990 y tantos casos documentados hasta ahora" en suelo aljarafeño. El sur usado como "una punta de lanza de la pedagogía del terror que ejecutó el fascismo". Las cifras de la matanza fundacional de la dictadura de Francisco Franco indican que en la región andaluza hay más civiles asesinados –sin juicio ni sentencia– que en Argentina y Chile juntas. Así lo rubrican el Mapa de Fosas oficial y el proyecto Cartografía de la Desaparición Forzada en Andalucía: al menos 49.737 víctimas en 900 fosas comunes. Los asesinatos de "rojos", violaciones a mujeres y saqueo a los vencidos fueron una constante en la tierra de la muerte promovida por el genocida Gonzalo Queipo de Llano.

Signos de muerte violenta

Si no hay "violencia izquierdista en ninguno de los 30 pueblos del Aljarafe", ni guerra en Sevilla, "parece mentira que se pueda asesinar a 1.000 personas", cuestiona García Márquez. "Pero tiene una clara explicación", avanza el historiador: los golpistas "van a desmontar no solo los movimientos sindicales y políticos del Frente Popular, sino también las instituciones de la República" y aplican una cacería "minuciosa y sistemática".

"El Aljarafe tiene un intercambio" de víctimas, con personas acarreadas en camiones de un pueblo a otro, matadas a tiros en las tapias y caminos y cadáveres sepultados en terruños vecinos. La matanza "muy selectiva" baña la mayoría de municipios "con excepción de Bollullos de la Mitación o Coria del Río, donde sí fue más masiva porque los movimientos sindicales eran más fuertes", manifiesta. El terror, arma de guerra fascista, como muestra "que mataron a la mayoría de los alcaldes" de la zona y en localidades como Espartinas y otras, con pocos habitantes, "bastaba con matar a diez o quince porque así se eliminaba todo".

De aquellos crímenes contra la humanidad perpetrados por los golpistas también da fe el cementerio de San Fernando. "En los tres cuerpos que estamos excavando ahora vemos presencia de fracturas en cráneo, brazos, piernas... y hemos localizado balística", explica la arqueóloga Elena Vera. "Hay evidencias claras de muerte violenta", subraya. El Ayuntamiento realiza los trabajos actuales a través de una ayuda del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática del Gobierno de España y una fase inicial de localización sufragada por la Junta de Andalucía.

Según el Ministerio de Justicia, existen más de 2.500 fosas en España y más de 120.000 víctimas

"Verdad, justicia y reparación, hoy estamos más cerca", en palabras de la alcaldesa de Espartinas, Cristina Los Arcos (PSOE), durante la jornada de puertas abiertas que ha contado con la presencia de representantes públicos de la comarca, además de familiares de víctimas y asociaciones de Memoria Histórica. "Se sabía que estaban estas fosas y no se había hecho nada para darles luz, vamos a seguir trabajando para que los familiares tengan un sitio donde poner unas flores y se conozca toda la verdad", ha continuado.

"Y terminaremos con el enterramiento digno de las personas que encontremos aquí y que dieron su vida por la democracia", sostiene el concejal de Memoria Democrática, José María Calado (IU), ante el avance en la intervención. "A los familiares nos hemos dirigido para recoger datos, ellos son los verdaderos protagonistas, y vamos a organizar una jornada de toma de muestras de ADN que concuerden, o no, con los cadáveres que saquemos de aquí", prosigue.

"La Memoria es sinónimo de convivencia y de paz. Tenemos que construir futuro en torno a la Memoria", según el diputado del Área de Cultura y Ciudadanía de la Diputación de Sevilla, Casimiro Fernández. "Proyectos como este son importantes", ha reiterado, "más en un momento donde vemos cómo se derogan leyes o se abandona y deja morir este trabajo que tanto ha costado". El ente provincial "está trabajando desde el pasado año en la creación de una Oficina de Memoria Democrática", afirma.

Buscan a las familias

Espartinas busca también a las familias de las víctimas. Desde el arranque de los trabajos en la tierra del camposanto espartinero ya han aparecido descendientes de varios de los desaparecidos. Pero todavía quedan, según el Consistorio. Las muestras genéticas, llegado el momento, tendrán la opción de confirmar la identidad de algunos de los esqueletos recuperados con los análisis de la Universidad de Granada.

El valor de la tarea de búsqueda tiene, no pocas veces, elementos sorprendentes. Es el caso de Antonio Racero Reinoso, de Huévar del Aljarafe y cuya fecha de asesinato señala el 3 de agosto de 1936. Sus restos óseos constaban como enterrados en otra fosa común abierta hace años e inhumados luego de forma colectiva y digna en su localidad natal. O eso es lo que pensaba su familia. Ahora el trabajo en Espartinas cambia el relato.

"Mi abuelo decían que estaba en Sanlúcar la Mayor, que los sacaron y están enterrados todos juntos, y vengo a enterarme de que no, que posiblemente está aquí", señala Josefa Racero en conversación con este periódico a pocos metros de las fosas donde continúa trabajando el equipo arqueológico. "Ayer pasé un día muy malo, pero al menos mi padre murió creyendo que su padre estaba ya enterrado dignamente", lamenta.

"Mi abuela, María Martínez, tenía 31 años cuando fusilaron al marido y mi padre, Manuel, se quedó con dos años y meses", narra Antonio, también nieto de Racero. La familia espera que este giro de guion en la historia los reúna de manera póstuma: "Si diéramos con mi abuelo, querríamos enterrarlo con ellos, juntos", afirma.

La memoria, al cabo, como herencia. "Antes, cuando en las familias no se hablaba es porque no querían que supieras para que no te fueran a hacer nada", entiende Antonio. "Y él unos meses antes de fusilarlo se alistó al partido, no sé si socialista o comunista", amplía. "Además la historia de que los republicanos querían quemar las iglesias es incierta", defiende su hermana Josefa. "En mi pueblo hay una devoción muy grande a la virgen y mi abuelo era de ella, y siempre decía que nadie la tocaba", dice. Antonio Racero tenía fervor por la Virgen de la Sangre."                        (Juan Miguel Baquero , Público, 13/07/24)

24/11/22

El jefe franquista que huyó a la República por las atrocidades de Queipo de Llano: «Salí horrorizado de sus crímenes... «Mi salida de la España rebelde no fue motivada por cuestiones ideológicas, sino por un problema de conciencia. Salí horrorizado ante los crímenes que allí se cometían. Es algo de lo que no puede darse siquiera una idea quien no haya vivido en territorio rebelde. Aterra hacer cálculos. Hasta el momento que me embarqué, los fusilados ascendían a la espantosa cifra de 150.000 solo en Andalucía y Badajoz. Lo más monstruoso es que los jefes falangistas que tienen a su cargo la represión son bendecidos por el clero. Van a misa por la mañana, comulgan con gran unción y salen de la iglesia para continuar su obra macabra... Han fusilado desde sacerdotes ejemplares, hasta anarquistas platónicos, médicos, catedráticos, maestros, industriales, obreros, etc. El móvil es uno solo: el terror. El terror, como única arma para lograr el triunfo»

 "(...) «Van a misa por la mañana»

Así explicaba los motivos de su deserción en una entrevista concedida al ABC Republicano, en diciembre de 1938: «Mi salida de la España rebelde no fue motivada por cuestiones ideológicas, sino por un problema de conciencia. Salí horrorizado ante los crímenes que allí se cometían. Es algo de lo que no puede darse siquiera una idea quien no haya vivido en territorio rebelde. Aterra hacer cálculos. Hasta el momento que me embarqué, los fusilados ascendían a la espantosa cifra de 150.000 solo en Andalucía y Badajoz. Lo más monstruoso es que los jefes falangistas que tienen a su cargo la represión son bendecidos por el clero. Van a misa por la mañana, comulgan con gran unción y salen de la iglesia para continuar su obra macabra».

Aunque pueda parecerlo, Bahamonde no era un diputado socialista ni un líder comunista, sino un franquista convencido que había solicitado voluntariamente su cargo al lado de Queipo. Una posición que había tomado convencido de que tenía que acabar con los crímenes de la República contra la Iglesia, pero del que poco después renegó al ver, según contaba, «cómo se asesina fríamente a los hombres que se atreven a tener ideas patrióticas, sin importar si son de derechas, católicas o monárquicas».

Bahamonde había nacido en Madrid en 1894 o 1896. No está muy claro. Los datos que existen de él son los que él mismo reveló en su entrevista con ABC y en dos libros que publicó. El primero, 'Un año con Queipo. Diario de un nacionalista' (Ediciones Españolas, 1938), lo publicó al salir de España, aunque antes de que acabara la Guerra Civil. En él cargaba contra la violencia ejercida por Queipo de Llano en Sevilla, bajo cuyas órdenes había estado hasta enero de 1938, y fue reeditado por la editorial Espuela de Plata en 2005. El segundo, una obra colectiva editada en el exilio, en 1940, cuyo título era 'México es así'.

A parte de esto, las anotaciones que figuran en el Centro Documental de la Memoria Histórica y el Archivo General de la Administración son meramente anecdóticas. Según indica Moisés Domínguez, en los archivos militares de Ávila, Segovia y Guadalajara tampoco aparece citado. Las diversas investigaciones realizadas por este historiador en varias instituciones, archivos locales y otros registros resultaron igualmente infructuosas. Tan solo encontró algún dato suelto en archivos o hemerotecas extranjeros.

Huida de España

En la entrevista de ABC, realizada en La Habana, Bahamonde reconocía que había huido a la capital de Cuba después de que Queipo de Llano le ordenara viajar a Berlín con una misión. El barco en el que había embarcado en Lisboa hizo escala en Rotterdam, desde donde se escapó «para contar al mundo los horrores que había presenciado». En sus explicaciones, sin embargo, advertía: «Quiero que diga usted que sigo siendo un burgués y que mis ideas son muy moderadas. He sido siempre católico y lo sigo siendo, a pesar de que mi fe ha sufrido pruebas terribles por los crímenes que he visto cometer en nombre de la religión [...]. A un hombre de conciencia le resulta imposible justificar las matanzas organizadas por gentes que practican el asesinato invocando a Dios».

En su libro, Bahamondes analizaba el papel de Falange y el del clero, contaba como se había producido la rebelión en Andalucía y cómo los franquistas, a los que en un principio había tomado como camaradas, utilizaban la «difamación» como si de un arma más se tratara. El capítulo siete se iniciaba así: «En el territorio sometido al mando del 'libertador' de Andalucía no rigen para nada las infinitas disposiciones dictadas por Franco y su camarilla para apoderarse de los bienes ajenos. Don Gonzalo de Sevilla ha incautado de todos los bienes pertenecientes a personas que han sido fusiladas [...]. Miseria que nadie se atreve a remediar, por temor a ser tildado de marxista. Falange, con su auxilio social, da un rancho a sus víctimas, obligando a los niños a vestir la camisa azul de los asesinos de sus padres».

El capítulo más crítico de todos los que incluye en su libro es el que hace referencia a 'La represión', en el que detalla: «La crueldad de esta guerra no tiene precedentes en la Historia. Las víctimas hechas en la retaguardia superan en mucho a los muertos en los campos de lucha. Han sido inmoladas miles de víctimas de todas clases, de todas las profesiones y de todas las edades. Queipo tuvo que dar una orden para que no se fusilara a menores de 15 años. Al principio, miles de personas fueron asesinadas donde se las encontraba, muchas a las puertas de sus propias casas. Han fusilado desde sacerdotes ejemplares, hasta anarquistas platónicos, médicos, catedráticos, maestros, industriales, obreros, etc. El móvil es uno solo: el terror. El terror, como única arma para lograr el triunfo».

«Un escrito de guerra»

En la introducción de la reedición de 'Un año con Queipo', el historiador Alfonso Lazo opina que el libro de Bahamonde no debe ser tomado como un trabajo de investigación, a pesar de la exactitud de los datos que aporta, sino como una obra de propaganda a favor del bando republicano: «Un escrito de guerra puro y duro, donde todos los criminales están a un lado y las víctimas al otro, pero también un documento verídico de la atroz matanza que estaba teniendo lugar en los territorios controlados por Queipo. Un documento que, aún así, debe ser puesto en paralelo con otros documentos de testigos presenciales donde se recogen las otras atrocidades, es decir, los crímenes, no menores, cometidos en el bando republicano».

Queipo de Llano justificó su represión por el hecho de que contaba con muy poca gente para sublevarse en Sevilla y, a medida que iba ocupando pueblos de Sevilla y Andalucía, no podía permitirse el lujo de dejar vivos a potenciales enemigos que pudieran atacarle después. Esa excusa, sin embargo, podía ser válida en las primeras semanas de la Guerra Civil, cuando arremetía contra los republicanos en su incendiarias amenazas por radio, pero no después, cuando el bando franquista contó la ayuda de la Alemania Nazi y la Italia de Mussolini en forma de aviones, tanques, submarinos y soldados bien formados."                    (Israel Viana, ABC, 05/11/22)

22/9/22

El mando franquista que cargó contra las «matanzas» de Queipo de Llano: «El terror es su única arma»... Antonio Bahamonde estuvo a las órdenes del jefe del golpe de Estado en Sevilla hasta enero de 1938, fecha en la que decidió huir durante una misión a la Alemania nazi, «para contar al mundo los horrores que había presenciado... La crueldad de esta guerra no tiene precedentes en la Historia. Las víctimas hechas en la retaguardia superan en mucho a los muertos en los campos de lucha. Han sido inmoladas miles de víctimas de todas clases, de todas las profesiones y de todas las edades. Queipo tuvo que dar una orden para que no se fusilara a menores de 15 años"

 "«Mi salida de la España rebelde no fue motivada por cuestiones ideológicas, sino por un problema de conciencia. Salí horrorizado ante los crímenes que allí se cometían. Es algo de lo que no puede darse siquiera una idea quien no haya vivido en territorio rebelde. Aterra hacer cálculos. Hasta el momento que me embarqué, los fusilados ascendían a la espantosa cifra de 150.000 solo en Andalucía y Badajoz. Lo más monstruoso es que los jefes falangistas que tienen a su cargo la represión son bendecidos por el clero. Van a misa por la mañana, comulgan con gran unción y salen de la iglesia para continuar su obra macabra».

Aunque no lo parezca, quien así se expresaba en una entrevista recogida por el ABC Republicano, en diciembre de 1938, no era un guerrillero anarquista, un diputado socialista o un líder comunista.

Al contrario, quien hablaba era un antiguo delegado de Propaganda del gobierno franquista, en Sevilla, a las órdenes de Gonzalo Queipo de Llano durante la Guerra Civil. Un cargo que había solicitado él mismo, convencido de que tenía que apoyar el golpe de Estado para acabar con los crímenes de la República contra la Iglesia, pero del que luego renegó al ver, desde su posición privilegiada, «cómo se asesina fríamente a los hombres que se atreven a tener ideas patrióticas, sin importar si son de derechas, católicas o monárquicas», contaba.

Bahamonde había nacido en Madrid, en 1894 o 1896. No está muy claro. Lo cierto es que nuestro protagonista fue un personaje casi anónimo, totalmente enigmático, del que no hay muchos datos, salvo lo que contó en esa entrevista de ABC y en dos libros. El primero, ‘Un año con Queipo. Diario de un nacionalista’ (Ediciones Españolas, 1938), lo publicó al salir de España antes de que acabara la Guerra Civil, en el que carga contra la violencia ejercida por el jefe del golpe militar en Sevilla, bajo cuyas órdenes había estado hasta enero de 1938. Fue reeditado por la editorial Espuela de Plata en 2005. El segundo, una obra colectiva editada en el exilio, en 1940, se titulada ‘México es así’.

Según indica Moisés Domínguez, después de eso no volvió a dejar rastro ni en las librerías ni en la vida social española o mexicana. Las anotaciones que figuran en el Centro Documental de la Memoria Histórica y el Archivo General de la Administración son meramente anecdóticas. Lo mismo ocurre en los archivos militares de Ávila, Segovia y Guadalajara, donde no aparece. Las pesquisas realizadas por este historiador en diversas instituciones, archivos locales y otros registros españoles fueron también infructuosas. Solo encontró algún dato en algunos archivos o hemerotecas extranjeros.

Huida de España

En la entrevista de 1938 realizada en La Habana, este diario contó que se encontraba en la capital cubana después de que Queipo de Llano le hubiera ordenado viajar a Berlín con una misión. El barco en el que había embarcado en Lisboa hizo escala en Rotterdam, donde decidió huir hacia México, pasando por Cuba, «para contar al mundo los horrores que había presenciado», a pesar de que dejaba bien claro que no simpatizaba con los republicanos: «Quiero que diga usted que sigo siendo un burgués y que mis ideas son muy moderadas. He sido siempre católico y lo sigo siendo, a pesar de que mi fe ha sufrido pruebas terribles por los crímenes que he visto cometer en nombre de la religión [...]. A un hombre de conciencia le resulta imposible justificar las matanzas organizadas por gentes que practican el asesinato invocando a Dios».

A pesar de que Bahamonde cifraba en 150.000 los muertos en la Región Militar Sur por la represión de Queipo de Llano, lo cierto es que los cálculos más recientes realizados por nueve universidades andaluzas hablan de 45.500 ejecutados. Al general se le atribuyen 14.000 civiles solo en Sevilla, de los cuales 3.000 habrían sido asesinados en el primer trimestre de la contienda. También participó en la llamada ‘Desbandá’, la matanza de otras 5.000 que huían de Málaga a Almería en febrero de 1937. Y famosos fueron violentos discursos desde Radio Sevilla para aterrorizar a los republicanos: «Por cada hombre de orden que caiga mataré a diez extremistas. Y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán: les sacaré de debajo de la tierra y, si están muertos, los volveré matar».

En su libro, Bahamondes analizaba el papel de Falange y el del clero, contaba como se había producido la rebelión en Andalucía y cómo los franquistas, a los que en un principio había tomado como camaradas, utilizaban la «difamación» como si de un arma más se tratara. El capítulo siete, titulado ‘Infamia, pillaje, multas, requisas y aportaciones voluntarias’, comenzaba con la siguiente denuncia:

Queipo, el 'libertador'

«En el territorio sometido al mando del ‘libertador’ de Andalucía no rigen para nada las infinitas disposiciones dictadas por Franco y su camarilla para apoderarse de los bienes ajenos. Hoy día, Don Gonzalo de Sevilla dispone libremente de todos los bienes que radican en su feudo. Antes, este poder era compartido con Falange, que obraba por cuenta propia.

Se han incautado de todos los bienes, aun de los más modestos, pertenecientes a personas que han sido fusiladas, llegando hasta la requisa de humildes ajuares. Las familias de las víctimas tienen que añadir, al dolor de haber perdido a su deudo, el de ser arrojadas de sus viviendas y condenadas a la más absoluta miseria. Miseria que nadie se atreve a remediar, por temor a ser tildado de marxista. Falange, con su auxilio social, da un rancho a sus víctimas, obligando a los niños a vestir la camisa azul de los asesinos de sus padres. A eso le llaman ellos mantener a los hijos de los marxistas.

Además de los bienes de los fusilados y de las personas pertenecientes o simpatizantes, muchas veces hipotéticos, de los partidos de izquierda, Falange se ha incautado, requisado y demás zarandajas con que encubren su verdadero nombre, el robo, de gran cantidad de inmuebles, coches y toda clase de objetos, aun de los más absurdos, sin olvidar el efectivo metálico, que es lo que más les interesaba».

La represión

El capítulo más crítico de todos cuantos incluye en su libro Antonio Bahamonde, es el que hace referencia a ‘La represión’, en el que asegura: «La crueldad de esta guerra no tiene precedentes en la Historia. Las víctimas hechas en la retaguardia superan en mucho a los muertos en los campos de lucha. Han sido inmoladas miles de víctimas de todas clases, de todas las profesiones y de todas las edades. Queipo tuvo que dar una orden para que no se fusilara a menores de 15 años. Al principio, miles de personas fueron asesinadas donde se las encontraba; muchas a las puertas de sus propias casas. Han fusilado desde sacerdotes ejemplares, hasta anarquistas platónicos, médicos, catedráticos, maestros, industriales, obreros, etc.

El móvil es uno solo: el terror. El terror, como única arma para lograr el triunfo. Saben muy bien que solo a fuerza de terror y de torrentes de sangre conseguirán dominar al pueblo. El terror y solo el terror en su grado máximo hacen posible esa ficción de normalidad que quieren hacer creer que se disfruta en la zona nacional. En el territorio sometido impera el orden; es el orden que impera en los cementerios».

Cuando terminó la guerra, Queipo de Llano justificó su represión por el hecho de que, según decía, contaba con tan poca gente para dar el golpe en Sevilla, que a medida que iba ocupando pueblos de Sevilla y Andalucía, no podía permitirse el lujo de dejar vivos a potenciales enemigos que pudieran atacarle después. Una excusa que podría ser válida en las primeras semanas de la guerra, pero no luego, puesto que el bando franquista contó pronto con un Ejército bien formado y con la ayuda de la Alemania Nazi y la Italia de Mussolini en forma de aviones, tanques, submarinos y soldados bien formados.

El historiador Alfonso Lazo subraya en la introducción de la reedición de ‘Un año con Queipo’ que el libro de Bahamonde no debe ser tomado como un trabajo de investigación, a pesar de la exactitud de los datos que aporta, sino como una obra de propaganda a favor del bando republicano. «Un escrito de guerra puro y duro, donde todos los criminales están a un lado y las víctimas al otro, pero también un documento verídico de la atroz matanza que estaba teniendo lugar en los territorios controlados por Queipo. Un documento que, aún así, debe ser puesto en paralelo con otros documentos memorialistas de testigos presenciales donde se recogen las otras atrocidades, es decir, los crímenes, no menores, cometidos en el bando republicano», argumenta."                    (Iasrael Viana ABC, 16/09/22)


4/7/22

Los indigentes "matados" de hambre en un campo de exterminio de la Sevilla de Queipo... Las autoridades sevillanas alientan el secuestro a "mendigos reincidentes"... La orden es clara: retirarlos de las calles como labor de "limpieza". Y sus verdugos completan la tarea dejándolos morir de hambre y enfermedad... "No los metieron en una cámara de gas, pero si les dejas de dar de comer y los abandonas, se acaban muriendo igual, por eso podemos llamarle campo de exterminio"

 "Los matan de hambre. Y los hacen desaparecer. Hasta hoy, en gran parte. La intervención arqueológica en La Algaba (Sevilla) ha recuperado los restos óseos de 59 personas a los que el franquismo apresó por "mendigos" y encerró en el campo de concentración de Las Arenas. La falta de alimento y enfermedades diversas acabaron con la vida de 144 detenidos entre octubre de 1941 y agosto del año 42 en ese centro de exterminio para indigentes.

Los presos consumidos, como un saco de piel apenas sostenido por un puñado de huesos. Los ojos anclados al terror. Y un hambre canina. La imagen evoca a los campos nazis. Al Holocausto. Pero ocurre en un pueblo sevillano, cuando España es la villa de Franco y la Andalucía de Queipo supera las postreras cifras del terrorismo de Estado en Argentina y Chile, juntas, con al menos 45.566 asesinados y 708 fosas comunes, según los datos oficiales.

En el espacio de muerte que significa Las Arenas pierde la vida casi la mitad de la población reclusa. Pero en la fosa del antiguo cementerio local no están todos los cuerpos: solo 59 de 144. El Ayuntamiento de La Algaba trabaja en la hipótesis de que exista otro enterramiento colectivo. O que haya sido expoliado. Y en el análisis genético como tanteo para poner nombre a los huesos del listado de víctimas que aportan los historiadores María Victoria Fernández Luceño y José María García Márquez.

La exhumación ha sido realizada por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que también trabaja en la fosa de Pico Reja, donde un pionero análisis químico certifica que allí están los mineros que querían parar el golpe fascista. La actividad ha sido reclamada desde entidades sociales como Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA-CGT.A), Nuestra Memoria y Asociación Comarcal Pro Memoria Democrática Vega Media del Guadalquivir y ejecutada con financiación de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP).

"Limpieza" de las calles

"Hay por ahí más cuerpos que no sabemos si alguna vez serán encontrados", lamenta la concejala de Memoria Democrática del Ayuntamiento de La Algaba, Eva María de la Bastida. El rescate de una parte de las víctimas de Las Arenas deja "una sensación agridulce", sostiene. “Feliz porque todos los cuerpos que están en esa fosa van a descansar donde deben, con la dignidad que merecen, pero hay esa tristeza por no poder encontrarlos a todos", en palabras de la edil.

"Se cierra una etapa" que continúa con la búsqueda "junto a asociaciones, revisando archivos y buscando testimonios orales" con el objetivo de comprobar si existe "otra fosa en el pueblo". Incluso "hablando con personas mayores", dice. Y "a la espera de la Junta de Andalucía realice las pruebas de ADN tanto a los restos como a los familiares", según el Consistorio algabeño.

La "sorpresa mayúscula" enlaza "con la fuerza que da la esperanza manifestada por los familiares", por lo que resulta "ineludible la necesidad de encontrar una segunda fosa común" con las más de 80 personas que faltan, informa el colectivo memorialista de la Vega Media.

El proyecto completaría, de este modo, la "vergonzante lista" de quienes "fueron llevados al citado campo por sus ideas de izquierdas o, simplemente, por ser pobres que ejercían la mendicidad en las calles de Sevilla después de la Guerra Civil, y fueron empleadas como mano de obra esclava en la construcción del Canal del Viar, en otras obras y en faenas agrícolas", mantienen.

Secuestro a "mendigos reincidentes"

En la primera fase de la excavación –mayo de 2021–, el trabajo de campo culmina con 18 exhumaciones y 42 sujetos localizados. La cifra aumenta hasta el total de 59 personas rescatadas por el equipo de Aranzadi, tras la tarea recién finalizada. La fosa común asoma como un espacio ordenado en el que los criminales adaptan los cuerpos a la apertura planificada del terreno.

Entre los huesos hay restos de cal. La muerte, en casos, obedece a enfermedades contagiosas. Hay evidencia de enterramientos en una suerte de cajones de madera que, a modo de infra ataúd, facilitan el transporte de los cuerpos. Alguno de estos contenedores a dos y hasta tres víctimas. No aparecen calzados ni restos de vestimenta. La tierra revela una práctica ausencia de objetos personales: apenas un anillo de latón, un botón de nácar, una prótesis ocular.

Las autoridades sevillanas alientan el secuestro a "mendigos reincidentes". La detención de indigentes, de personas sin hogar, de quienes trasiegan en la más absoluta exclusión social. La orden es clara: retirarlos de las calles como labor de "limpieza". Y sus verdugos completan la tarea dejando morir de hambre y enfermedad a 144 personas.

El campo de concentración de Las Arenas está en el cortijo de Las Torres, en término de Guillena, justo donde en plena guerra civil ya funciona otro centro de reclusión para presos políticos. Tras la reconstrucción, el recinto empieza a funcionar el 7 de octubre del 41 bajo la dirección de Baltasar Pons Ramírez de Verger. Ese mes ya hay ocho muertos, que inauguran la fosa común en el antiguo cementerio de La Algaba.

Campo de exterminio

La represión fascista construye por todo el país una red con más de 300 campos de concentración, como certifica la investigación del periodista Carlos Hernández. Son una fábrica de secuestro, humillación y tortura a presos políticos. Y de mano de obra gratuita, de esclavos del franquismo. Es el uso de los vencidos como botín de guerra.

La provincia de Sevilla suma en torno a 20 de estos centros, muchos dependientes del Servicio de Colonias Penitenciarias Militarizadas. Desde Los Merinales y La Corchuela (Dos Hermanas) a El Colector en Heliópolis y Los Remedios en la capital... O para trabajos forzados en el cortijo de Gambogaz (Camas), El Puntal (Isla Mayor), Las Turquillas (Osuna), La Azucarera y Casavacas (La Rinconada) o El Arenoso (Los Palacios), entre otros.

La particularidad de Las Arenas recae en la tarea de barrido social a través de la desaparición de una parte significativa de sus reclusos. El Ayuntamiento de Sevilla proyecta un espacio de "reinserción" convertido pronto en "un verdadero campo de exterminio", relata Fernández Luceño en el libro Miseria y represión en Sevilla (1939-1950).

Todos los presos son varones, con edades entre los 17 y 65 años. La mayoría son de Sevilla, con reos del resto de Andalucía o de Badajoz, Barcelona, Huesca, Las Palmas, Madrid, Pontevedra… e incluso de Argelia y Portugal. Están encerrados en un perímetro de 200 metros de alambrada bajo una fuerte custodia militar. Pero no hay soporte médico o sanitario alguno. Y los cautivos sufren insalubridad, hacinamiento, hambre, frío y malaventura.

Unas condiciones inhumanas que evocan a los campos nazis y propician un alto índice de mortandad. La documentación oficial especifica la causa de las defunciones: desde fallo de las vías respiratorias como neumonía, bronquitis crónica o tuberculosis pulmonar a enfermedades infectocontagiosas de carácter epidémico, como tifus exantemático y paludismo.

O muertes por problemas cardiovasculares, del aparato digestivo, renales… o por septicemia, meningitis, atresia y sífilis. El campo de concentración de Las Arenas queda declarado en 1942 como "zona siniestrada" y los presos vivos quedan reubicados en el albergue de la ciudad de Sevilla, como apunta el informe de la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

"Matados" de hambre

Los 144 confinados fueron "matados de hambre y miseria", en palabras de Cecilio Gordillo, de Todos (...) los Nombres_. "No los metieron en una cámara de gas, pero si les dejas de dar de comer y los abandonas, se acaban muriendo igual, por eso podemos llamarle campo de exterminio", explica en el documental Pico Reja.

El listado de los muertos en Las Arenas "parte de los trabajos de investigación de María Victoria Fernández Luceño en los expedientes de la prisión de Ranilla y de José María García Márquez en los Registros Civiles", expone. Los nombres fueron remitidos a los pueblos de procedencia de las víctimas. "Y la inmensa mayoría de los Ayuntamientos de donde eran naturales esos presos no han hecho ni una sola gestión ante los responsables directos de que esto siga existiendo", denuncia.

"La mayoría de las muertes fueron debidas a las condiciones en que estaban los presos, hambre y enfermedades, según las notas del Registro Civil", explica. Toda una geografía del terror, apunta, "en ese campo de exterminio promovido por el gobernador civil de Sevilla con el apoyo, imprescindible, del Ayuntamiento de Sevilla".

En la tierra algabeña solo están 59 víctimas, aunque el depósito estaba cuantificado en 144. Por eso continúan en la búsqueda de otra posible fosa común. E intensificarán el rastreo de descendientes, "hasta el momento se han encontrado unos 25 familiares a los que se ha incluido en una base de datos para cuando se puedan realizar las correspondientes pruebas de ADN", informa la Asociación Comarcal Pro Memoria Democrática.

Encontrar todos los cuerpos es "una parte del camino", apunta Eva de la Bastida. Y la ocultación de los crímenes del franquismo provoca su ignorancia. "En la población hay poco nivel de conocimiento de la fosa y del campo de exterminio, queremos que La Algaba tenga conciencia de su historia", señala. Y subraya la edil: "No perdemos la esperanza". Más en tiempos, dice, "en que el pensamiento fascista está volviendo a rebrotar y puede ser porque enterramos tanto esa parte de la historia creyendo que iba a herir y lo que ha hecho es pudrir"."                   (Juan Miguel Baquero , Público, 01/07/22)

4/5/22

Queipo de Llano usó esclavos del franquismo para trabajar su finca

 "Un documento del Banco de España, desconocido hasta ahora, demuestra el apoyo financiero concedido al general Gonzalo Queipo de Llano para los “gastos de explotación” de la finca Gambogaz, unas tierras a orillas del río Guadalquivir, a las puertas de Sevilla, adquiridas por el militar en plena Guerra Civil en España (diciembre de 1937) y en cuyo cortijo trabajaron esclavos del franquismo. 

Según la leyenda, de la que no hay constancia documental, la ciudad regaló a Queipo la finca por “salvarla” del “dominio rojo”. Lo que sí consta a partir de ahora es que el último responsable de unas 50.000 muertes al mando de los golpistas en Andalucía recibió del Banco de España 100.000 pesetas un mes después de comprarla, en enero de 1938, para emprender una empresa de “carácter benéfico-patriótico”.

La “contribución” vino por parte de la sucursal del Banco de España en Cádiz, tal y como ha podido comprobar elDiario.es Andalucía, y se dirigía a “la instalación de un patronato de carácter social-agrícola” en Gambogaz “bajo la protección” del general, en concreto para su empleo en el “asentamiento de campesinos necesitados y mutilados de guerra”. El documento, descubierto en el Archivo de Banco de España por el historiador José Villa durante sus indagaciones acerca de la compraventa de Gambogaz, recoge que el dinero tendría un fin de “carácter benéfico-patriótico”. Estamos hablando del germen de la todavía Fundación ProInfancia Gonzalo Queipo de Llano, y fue legalizada varios años después de aquella contribución económica, en 1943.

El propio José Villa pone de relieve en su libro 'Andalucía en la Segunda República', recientemente presentado en Camas (Sevilla), que “cuando se habla de la obra social que Queipo decía que iba a realizar a favor de los 'obreros campesinos' en Gambogaz choca frontalmente con la evidencia” de que “en aquel cortijo hubo cuando menos 30 presos políticos trabajando las tierras”, como atestigua el documento que ya publicó este periódico a raíz de las averiguaciones de otro historiador, en este caso José María García Márquez, y que también Villa recoge en su publicación sobre el Frente Popular (febrero-julio 1936).

El apoyo financiero a Queipo de Llano para explotar la finca “era una especulación que ahora ha quedado demostrada”, comenta Villa a elDiario.es Andalucía acerca del “primer documento de una institución pública” en el que se reconoce el apoyo financiero del Banco de España y que ha sido hallado con posterioridad a la edición de su libro. En el documento, que da cuenta de la comisión de sucursales reunida el 10 de enero de 1938, se detalla que el dinero se destinaría a “aperos, material, semillas y gastos de explotación”. A raíz del golpe militar, la institución del Banco de España quedó dividida en dos, cabe recordarlo. El Banco de España de la zona golpista tuvo su sede en la sucursal de Burgos, de donde procede el documento hallado por el historiador.

Contribuciones desde las sucursales de Cádiz y Granada

A Villa le llama la atención que tanto esa referencia específica a la instalación de un patronato en Gambogaz como otra relativa a una aportación de 1.000 pesetas, también del Banco de España, para un homenaje a Queipo de Llano por su cumpleaños, provengan de los directores de las sucursales de ciudades como Cádiz (la citada “contribución” de 100.000 pesetas) y Granada, en el caso del 'regalo' de cumpleaños, y no de Sevilla, lugar desde donde el general arengaba a la violación de las mujeres “rojas”: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos lo que significa ser hombres de verdad, y de paso también a sus mujeres. Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar, por mucho que berreen y pataleen”.

Hasta ahora, la investigación de la Plataforma Gambogaz había concluido que Queipo creó una fundación como puente y usó dinero del Banco de España para ser propietario del lugar 'en diferido', sin que haya aún respuesta clara sobre la procedencia del capital y sin que se haya encontrado documento alguno que acredite “la hipoteca de Gambogaz”, recuerda el historiador, sin una prueba de cargo que permita hacer público el cortijo de Queipo de Llano y de la que anda detrás el Ayuntamiento de Camas. Según las averiguaciones de Villa, “no hay referencia” de ello en el Archivo del Banco de España entre 1937 y 1940 pero sí de otras hipotecas de familias ligadas al franquismo y al conservadurismo en Sevilla. “Pero ninguna suscripción para Queipo de Llano”, añade. Formalmente no fue ni una incautación ni un expolio, pese a que se sabe, por ejemplo, que a los trabajadores del Ayuntamiento y de la Diputación de Sevilla les retuvieron cantidades de su nómina “para la finca que se compró Queipo” en un codiciado rincón con alta productividad agrícola, como recoge el propio Villa en su libro.

La única suscripción pública relacionada con Queipo de Llano de la que, hasta ahora, había constancia era para construir la basílica de la Macarena, una causa para la que el propio general puso dinero y lugar donde siguen sus restos tras su muerte, precisamente en Gambogaz, en 1951.

Queipo, como ya informó este periódico, con el dinero que sobró de Gambogaz compró unas 150 hectáreas en las marismas del río Guadalquivir. Años después, la familia del golpista denunció a los colonos –lo son desde la década de los 40 del siglo pasado– para subir el alquiler en un litigio abierto por la heredera de aquella fundación para la que el Banco de España aportó 100.000 pesetas, tal y como se ha desvelado ahora. Esto es, la fundación heredera de aquella operación está sin actividad para atender a la “infancia desvalida” mientras pide más alquiler por tierras regaladas al “salvar” Sevilla del “dominio rojo”, un 'regalo' a través del entonces alcalde de la ciudad, el franquista Ramón de Carranza.

2.250 pesetas al mes para el general

“El importe que Queipo pagó por Gambogaz fue de 1.300.000 pesetas”, sostuvo ya el grupo de trabajo de la Plataforma Gambogaz a este periódico. Un precio que consideran “sensiblemente barato teniendo en cuenta que el valor de la hectárea en la época oscilaba en torno a las 2.900 pesetas” y que la finca, ubicada “a las puertas de Sevilla”, contaba además “con amplias construcciones habitacionales y de uso agrícola y regado por el Guadalquivir”. En conjunto suma “unos valores obvios superiores a los precios medios de las tierras de la comarca”, aseguran.

“El general compró la finca el 24 de diciembre de 1937 ante el notario Fulgencio Echaíde Aguinaga”, según la documentación consultada. El golpista adquirió “el 85,93 por ciento de Gambogaz, que tenía una extensión de 480 hectáreas y 90 áreas”. El resto del cortijo (14,07 por ciento) “permaneció bajo la propiedad, en régimen de proindiviso, de los nueve hijos del matrimonio formado por José Vázquez Rodríguez –heredero del propietario original, Ignacio Vázquez Gutiérrez– y María de la Lastra Rodríguez de Tejada”.

¿Y cómo ahorró tanto dinero el militar golpista? “Queipo de Llano no era en esos momentos un hombre con gran patrimonio ni tenía posibilidades de ahorrar con su sueldo de general”, que los investigadores sitúan “en torno a las 2.250 pesetas mensuales”. Con un salario así, necesitaría más de 48 años guardando el sueldo íntegro para alcanzar esa “abultada cantidad”.             (Javier Ramajo  , eldiario.es, 1 de mayo de 2022)

16/4/21

Sobre la represión franquista... la perfecta relación entre el crimen y el reparto de una inmensa fortuna entre militares y falangistas. El objetivo: el botín. Se robó a los vivos y a los muertos. El jefe de la gestora amenazó con vengar la huida de un izquierdista asesinando a sus tres hijas. Un familiar quiso librarlas ofreciéndose a pagarle una cantidad que resultó tal alta que decidió denunciar el hecho a Queipo, ante lo cual el otro acabó con la vida de los cuatro. José María Gil Robles compró armas en Portugal con el dinero de los saqueos para dárselas a los fascistas de Badajoz

Falangistas de Montijo (Badajoz).  Archivo municipal de Montijo

"Los expedientes constituyen una lección práctica de historia con múltiples derivaciones. Los casos estudiados han sido divididos en ocho bloques: represión, conflictos internos, irracionalidad del terror, violencia contra la mujer, denuncias, marcha hacia el frente, saqueos y lucha por la vida. Los robos, saqueos y extorsiones, propiciados por la situación, ocuparon un lugar primordial. 

Estas últimas se disfrazaron en muchas ocasiones de «multas» y «donativos» que se vieron obligados a pagar los dudosos o no afectos e incluso gente de derechas. Una y otra vez se muestra la indefensión total en que quedaron los vencidos y la impunidad absoluta en que se movieron moros, legionarios, falangistas y militares. 

Solo en un caso, el de un falangista que violó a una anciana, se produjo una condena dura, lo cual se entiende si tenemos en cuenta que muchos de los que engrosaron las milicias de Falange eran vulgares delincuentes comunes recién salidos de prisión y carentes de agarre alguno. 

También fueron frecuentes las denuncias anónimas y las venganzas. Los límites eran tan difusos que no solo estuvo en juego la vida de los vencidos y sus bienes, sino la de cualquiera que se encontrase en el camino de los golpistas por muy de orden que fuera. Nadie podía estar seguro y de ello son buena muestra casos como los de Eduardo Cerro, Cano Gascón o el padre de Ezquer Gabaldón.

La impunidad era absoluta.

La documentación militar nos permite asomarnos a situaciones que de otra forma solo podríamos imaginar, como la toma de San Vicente de Alcántara, contada excepcionalmente por las propias autoridades republicanas, o los saqueos que siguieron a la ocupación de pueblos como Hornachos o en la propia capital de provincia. Moros y legionarios tenían permiso para robar lo que se les antojara durante varias horas y para vender lo robado antes de la marcha. Todo valía: los relojes de los muertos, lo sacado de los comercios asaltados y hasta los ajuares de las casas saqueadas y las máquinas de coser.

 La obsesión de unos y otros era el botín. Uno de los casos más flagrantes en este sentido es la actuación del falangista Agustín Carande Uribe en Ronda. Los dos procesos a que se vio sometido, de los que salió triunfante con la complicidad de los militares, representan la perfecta relación entre el crimen y el reparto de una inmensa fortuna entre militares y falangistas.

 Crimen, dinero y alcohol era la mezcla habitual. El último elemento fue el lubricante que mantuvo el engranaje represivo. El objetivo: el botín. Se robó a los vivos y a los muertos. Los expedientes de confiscación de bienes, que de nuevo reunirán a militares, jerarcas falangistas y juristas, no dejaron escape posible: había que sacar dinero de donde fuera. Con motivo o sin motivo. Nadie podía controlar que, en medio, el dinero se desviara en beneficio de algunos.

 Todos fueron testigos de los enriquecimientos súbitos y de cómo cereal, ganado, ropa, objetos de adorno, muebles o vehículos acaban en poder de cierta gente, que incluso hacían ostentación de ellos. Estas historias pudrieron la vida local, no ya entre vencedores y vencidos, totalmente hundidos, sino entre los sectores supuestamente favorables al golpe. 

La lucha entre clanes adquirió a veces carácter violento y exigió la intervención de los militares, que asistían al espectáculo convencidos de su misión providencial en un país que no tenía remedio. Mucha gente nunca se perdonó haber aconsejado a los suyos que no huyeran en el convencimiento de que nada malo habían hecho. Los criterios de los militares golpistas fueron variando según las circunstancias. 

Así, hubo gente asesinada en 1936 que tras la guerra solo habría pasado por la cárcel un tiempo e incluso hubieran salido libres de condena. La razón es simple: al principio necesitaban matar más para imponerse por el terror; a partir de 1939 hasta se podían permitir el lujo de dejar rojos con vida. Esto, además de hacerles parecer «justos» y tranquilizar la conciencia, ofrecía otra ventaja, ya que, llegado el momento, cuando el nazi-fascismo inició el declive, interesó haber salvado a alguno por lo que pudiera pasar. 

La vida de los de abajo no valía nada. Lo muestra bien un caso de Azuaga. El jefe de la gestora amenazó con vengar la huida de un izquierdista asesinando a sus tres hijas. Un familiar quiso librarlas ofreciéndose a pagarle una cantidad que resultó tal alta que decidió denunciar el hecho a Queipo, ante lo cual el otro acabó con la vida de los cuatro. 

El mismo valor tuvo la vida de varios huidos de Valverde de Leganés que, creyendo en los bandos que aseguraban que nada les ocurriría si se entregaban por no haber cometido delito alguno, cayeron víctimas de la llamada «ley de fugas», una fórmula rutinaria cuya finalidad no era otra que ocultar el crimen. Todo valía en la «lucha contra el marxismo». 

Casos excepcionales de los que quedó huella accidentalmente. En todo momento existió el firme propósito de ocultar todo lo relacionado con la represión. Lo vemos en los numerosos casos de personas cuya defunción nunca fue inscrita en el Registro Civil, en los documentos secuestrados por los represores, como en el caso de Fregenal, o en Don Álvaro, donde una familia desapareció sin dejar huella, empezando por el hijo de 14 años.

 

Fue entonces el gran momento de ascenso de mediocres, malvados o simplemente de aquellos que en modo alguno estaban preparados para llevar adelante las tareas que les fueron encomendadas, personas a las que las circunstancias confirieron un enorme poder sobre los demás. Me refiero a individuos como Rodrigo González Ortín, el encargado de fijar la memoria de «la revolución en Extremadura» cuyo pasado turbio todos ignoraban; Gustavo Hervella Urdaniz, el hijo del notario de Montijo; el comandante Blanco, el jefe militar de Almendralejo que veía rojos por todas partes; el jefe provincial de Falange Arcadio Carrasco, capaz de matar a un hombre de un disparo en la cabeza en la mitad de una plaza llena de gente porque allí «olía a rojo»; su segundo Agustín Carande Uribe, sinónimo del terror fascista; Victoriano Aguilar Salguero, jefe de milicias falangista implicado en hechos graves; el violento jefe local Conrado Calvo Borreguero, el fascista Guillermo Jorge Pinto denunciando rojos, o el nazi Ernest Moerl, instructor de milicias falangistas en Mérida y criminal confeso. Y, en general, todos los militares que formaron parte de la maquinaria represiva, tanto de Sevilla como de Badajoz. Del estilo de Carrasco es buena muestra la entrevista que le hizo Antonio Meca en el Hoy de 3 de noviembre de 1936:

—¡Pero sea discreto! (Carrasco).

—Ataré esta entrevista con todo cariño (periodista).

Y Carrasco añade:

—Además, usted me inspira absoluta confianza; pero si dijera algo con mala intención, ya sabe: ¡le fusilaremos!

Me lo dice muy cortésmente, muy finamente, pero… con cara de hacerlo.

La documentación permite acceder a lugares y situaciones que solo vieron víctimas y victimarios, como la checa azul instalada en el Casino de Mérida, en cuya biblioteca se conservaban sortijas, carteras, documentos, fotografías y otros muchos objetos de los desgraciados que pasaron por allí para ser interrogados y maltratados antes de ser conducidos al muro del cementerio; o el saqueo de la casa que Gloria Mira Agudo, farmacéutica de 49 años asesinada en Mérida, tenía en Carmonita, o la pantomima judicial montada en Torremejía, con un tribunal formado por falangistas de Mérida presididos por un guardia civil que acabó en cuestión de horas con la vida de veintiséis vecinos. 

Eran los «consejos de guerra» sobre el terreno de los que apenas nos ha llegado documentación y que anteceden a la puesta en marcha de la mecánica judicial militar en febrero de 1937. Para la historia queda la imagen de José María Gil Robles comprando armas en Portugal con el dinero de los saqueos para proporcionárselas a los fascistas de Badajoz tras la ocupación de la ciudad. Todo ello con el visto bueno de Yagüe.

 Hubo acontecimientos que desquiciaron la vida a mucha gente, incluso a los que tenían el poder. A la altura de octubre de 1936 todos estaban convencidos de que la caída de Madrid era cuestión de días. La propaganda en este sentido era general. El mismo Antonio Bahamonde ya contó alguna historia surrealista, como la de aquella delegación carlista que salió de Sevilla en olor de multitudes con la idea de marchar en procesión y celebrar misa en la Puerta del Sol cuando la ciudad fuese ocupada y que acabó como el rosario de la aurora tras deambular de un lado para otro en las cercanías de la capital. También el Requeté de Badajoz construyó un altar para celebrar otra misa en Madrid, cuya foto puede verse en el Hoy de 4 de noviembre de 1936.

 Lo cierto es que el triunfo final que ya parecía seguro se frustró el 7 de noviembre, dando lugar a una nueva situación y a una larga guerra que no parecía tener fin y de la que todos acabaron hartos. Esto acarreó importantes cambios en la vida local, que se llenó de suscripciones para todo, de un sinfín de concentraciones patrióticas cada vez que lo ordenaba el mando y de diferentes quintas que fueron obligadas a sumarse a la lucha. 

Las suscripciones están en la base de numerosos conflictos locales que dieron lugar a la apertura de diligencias y causas, y la llamada a filas envenenó la vida local al permitir que unos se libraran, los que podían permitírselo, y otros, los que no tenían agarres, los obreros y los propios hijos de los que habían sido eliminados, tuvieran que partir. Los sospechosos de izquierdismo iban a la Legión. 

Algunos sumarios posteriores a 1939, como los de Muñoz Murillo (Azuaga) o Franco Noriega (Feria), permiten intuir, como se ha dicho antes, que, llegado un momento, los propios militares consideraron oportuno mostrar que la justicia franquista también podía ser «justa», entendiendo por tal que, utilizando la misma mecánica que antes llevó a la tumba a miles de personas, ahora podían ser magnánimos. 

Así, hombres como los citados, a los que solo unos años antes hubieran aplicado de inmediato el bando de guerra por tratarse simplemente de personas de izquierdas sin otro cargo que haber defendido la República, ahora solo eran condenados a muchos años de prisión que finalmente, dada la ingente población penal y el lamentable estado de las prisiones, quedaban reducidos a tres o cuatro.

 El panorama que se nos ofrece muestra la base sobre la que se edificó la dictadura. Un mundo de violencia y terror en el que una parte de la sociedad se impuso totalmente a la otra y que en ocasiones desbordó las previsiones incluso de aquellos que se unieron a la sublevación. Lo que la gente veía era a los falangistas que dominaban y regían sus vidas, pero los que realmente dirigían todo aquello eran los militares y la Guardia Civil, que eran los que con la sublevación habían conservado y protegido los privilegios de la oligarquía. 

Las historias que se cuentan, que dan comienzo cuando aún se estaba eliminando gente con los bandos de guerra, concluyen con el propio final de la guerra civil. A partir de entonces serán los procedimientos sumarísimos de urgencia los que mantendrán a plena máquina el ciclo represivo abierto en 1936. Coincidiendo con el principio del fin del nazismo en Europa en 1942-1943 se abre una nueva etapa. A partir de entonces ya nada sería igual. 

En España se percibe el cambio de signo en el menor número de consejos de guerra y en la disminución de sentencias de muerte, que van reduciéndose hasta desaparecer en 1944. Pero el descanso fue breve, ya que a finales de esa misma década y en los primeros años de la siguiente la lucha contra la guerrilla y sus apoyos activaría de nuevo la maquinaria judicial militar.

El final de Hitler y Mussolini debió de helar la sangre a más de uno. Los informes, filtrados por los británicos y que circularon por medios falangistas, sobre la persecución de los fascistas y el asalto a las casas de los dirigentes constituían un aviso de lo que podía pasar con el desenlace de la guerra mundial. Finalmente todos respiraron tranquilos: nadie tendría que rendir cuentas por lo que se venía haciendo desde 1936."                                     (Francisco Espinosa es historiador. CTXT, 03/04/21)

9/12/19

La fosa donde enterraban a menores y embarazadas: la feroz represión de Queipo en Écija

"Cuenta la arqueóloga Carmen Romero Paredes cómo “las unidades militares desplegadas por Queipo se iban expandiendo por las distintos pueblos de la provincia de Sevilla”. Y cómo el primer pueblo en caer después de la capital andaluza fue Écija, el mismo 18 de julio. 

Sin piedad, aplicando el bando de guerra, la represión más feroz en Écija se llevaría por delante a más de quinientos vecinos al formar parte de una maniquea limpieza de inocentes. Una huella que quedó para siempre en este pueblo. “Aquella eliminación directa con ejecuciones inmediatas” en el primer verano de la guerra civil no fue olvidada por ningún vecino.

La historiadora de la Universidad de Córdoba Carmen Jiménez Aguilera cuenta a Público cómo “el mismo día 18 se lee el bando de guerra en la plaza del Salón y allí mismo muere el primer ecijano”. Su nombre, José Pérez Jiménez, alias El Hormiguita. Jornalero de profesión. “Solo en el primer momento de la lectura, este hombre respondió con un viva la república, a lo que los militares respondieron con un tiro certero y directo que acabó con su vida”. 

Esa fue la carta de presentación de los golpistas en Écija nada más sublevarse. Juan Tamarit Martell, alcalde republicano también se personaría frente a la guarnición golpista en la noche del 18 de julio. Un mes después, su cuerpo se encuentra cosido a balazos frente a las tapias del cementerio, el 13 de agosto de 1936.

Pero la represión no solo se extendía por la corporación local y los políticos, sino que acompañó durante toda la dictadura a los familiares de estos. La hermana de Juan Tamarit Martell sufrió en plena posguerra un consejo de guerra, por denuncia de un vecino de Écija al que insultó en un autobús por haber asesinado a su hermano. Carmen destaca a Público que, al ser su marido falangista, el juez militar le impuso un arresto domiciliario por un breve tiempo y finalmente fue absuelta.

Pero, ¿cómo continuaría esa represión bien entrada la guerra para los vecinos ecijanos? Carmen Jiménez apunta a Público que hay muchas anécdotas e historias sin dar a conocer que muestran la extrema vigilancia a la que eran sometidos cada uno de los vecinos, ya casi acabada la guerra. Como la de María Rejano, una joven vecina que una tarde de febrero de 1939 fue al cine a ver una película y la Guardia Civil se dio cuenta de que no levantó el brazo cuando se proyectaba la imagen del Generalísimo y sonaba el himno nacional en el cine Cervantes. 

“Su vacilación a la hora de levantar el brazo, pues no sabemos si es que no lo levantó o no lo hizo con suficiente vehemencia, fue reflejado en un informe del cuerpo de investigación”. La joven recibió una multa de 15 pesetas, una importante fortuna para la época, “teniendo en cuenta que un kilo de pan podía costar en aquellos años de la posguerra entre los 50 y 90 céntimos”.

Desde el verano de 1936 hasta febrero de 1937 fueron fusiladas en Écija más de 200 personas. Jiménez destaca a Público que “esta cifra sigue creciendo, pues hay muchas víctimas de la represión franquista en Écija de las que no hay ningún registro documental”. Matar a más de 200 personas, que sepamos a día de hoy, “son muchas, demasiadas personas”. Y es que, tal y como destaca Jiménez Aguilera, “el golpe en Écija nació matando y sólo hubo un bando, el vencedor”.

En la cifra global de represaliados se puede hablar de 500 ecijanos como víctimas de la represión ejercida por el franquismo. “En este conteo tenemos incluidos fusilados, represaliados económicos (incautación de bienes y tribunal de responsabilidades políticas), los que sufrieron la cárcel o aquellos que fueron juzgados por tribunales militares”. Muchos de los ecijanos que fueron condenados por consejos de guerra serían juzgados una vez terminada la guerra civil. Otros huyeron y después de tres años volvieron y serían encarcelados.

El conocimiento de aquel horror y la primera exhumación en 1982

La voluntad de los familias ecijanas fue lo que permitió conocer los cuerpos y la atrocidad de aquella represión. “Doscientas familias ecijanas tenían un familiar en esa fosa. Son los primeros pasos de nuestra democracia, hay lugares en los que se estaba haciendo también, y ellos pensaron que porqué no”, apunta la investigadora.

Se recogió dinero, los trabajos se hicieron por suscripción popular, cada uno aportó lo que pudo. En la mayoría de los casos fueron los familiares los que donaron el dinero.
A pesar de las escasas técnicas arqueológicas de la época, se pudo crear un mausoleo donde recogieron y depositaron de forma artesanal los restos de todos los fusilados. Un proyecto donde fueron contabilizados, según los registros de la época, 635 cuerpos.

Treinta y siete años después de aquella exhumación, se ha pedido financiación al Ministerio de Justicia para realizar un “estudio antropológico de los huesos y análisis de ADN, es decir, una identificación de los mismos”. A día de hoy, todavía no han dado comienzo, e, igualmente, tampoco se ha realizado recogida de muestras de ADN a ningún familiar, a la espera de que se ejecuten los plazos para el inicio del proyecto en 2020.
Menores fusilados y hermanos con tan solo 14 y 16 años

Jiménez Aguilera señala que existen casos sangrantes y documentados dentro de aquella fosa de Écija, como dos hermanos menores en el momento de su fusilamiento. “Un familiar nos contó, en este caso una mujer, como sus dos hermanos de 16 y 14 años fueron fusilados. Ella era una niña de apenas 7 u 8 años. Unos falangistas vinieron a por el hermano mayor y el otro más chico se empeñó en acompañarlo. Ella también se fue detrás de ellos y vio cómo los ataban; intentó continuar hasta el cementerio como pudo”.

También está la historia de los médicos Carlos Ballesteros y Juan Jiménez García, y el hijo de este, practicante, Juan Jiménez Tovar, que fueron detenidos juntos y fusilados posteriormente pocos días después del golpe. El hijo fue el único que quedó vivo tras el fusilamiento y murió aquella noche desangrado mientras llamaba a su madre. La ejecución fue perpetrada por el jefe de Falange del municipio sevillano.

Hay muchos ejemplos de ensañamiento con otros menores. Jiménez señala el caso del cantinero de la Casa del Pueblo, detenido y fusilado poco después. Su hijo mayor, miembro del Partido Comunista fue detenido, pero no fusilado, a cambio de salvarle la vida. “Con sorna, le dicen que va a enterrar él a sus compañeros. Lo ponen a cavar en la fosa, a presenciar los fusilamientos y a enterrar, como le dijeron, a sus compañeros”. Su otro hermano, de apenas 14 años, quedaría traumatizado de por vida. “Aunque sabía leer y escribir, nunca más volvió a firmar un documento”. La hermana de este, Encarna, contaba a Carmen cómo “temblaba al ver a la Guardia Civil y sólo acertaba a firmar con el sello y el dedo”.

Sobre los fusilamientos a mujeres jóvenes, destaca que “muchos testimonios cuentan que hubo un fusilamiento sólo de mujeres, todas ellas muy jóvenes, incluso puede que algunas de ellas no fuesen más que unas niñas”. Las fuentes orales apunta cómo las mataron y las dejaron expuestas varios días a las puertas de un convento, el de Santa Inés, todas ellas con un escapulario sobre la boca.

En cuanto a las mujeres embarazadas, hay testimonios que afirman que de los cuerpos exhumados en 1982 en la fosa había mujeres embarazadas y algunos niños pequeños. “No hay ningún rastro documental de esto, no tenemos información, no hay un documento que lo corrobore. Con el trabajo que se va a realizar y la identificación de los restos, podremos confirmar o desmentir este dato en esta investigación que será definitiva”, concluye la historiadora."                 (María Serrano, Público, 06/12/19)

14/6/19

"Niño ¿tu padre es de derechas o de izquierdas?"... "los mineros están equivocados y lo van a pagar. ¡Aquí no va a quedar ni uno!". Iban por cada calle de Nerva gritando "¿Dónde están los comunistas?, ¿Dónde se esconden los republicanos?" amenazando con matarlos a todos y disparando al aire... El acta del ayuntamiento contabiliza "como consecuencia de los últimos sucesos" (haciendo referencia a los fusilamientos), a doscientas cuarenta y seis viudas pobres, con quinientos setenta niños huérfanos de padre. Se documentaban un total bastante superior a dos mil personas, sin recursos para su subsistencia"...

"En la noche del 25 de agosto de 1936, el Comité provisional del ayuntamiento republicano de Nerva firmaba su redención ante las tropas militares. El historiador onubense Miguel Ángel Collado cuenta a Público como "el alcalde José Rodríguez González, huyó del pueblo junto a otras 200 personas. Eran alrededor de las dos de la madrugada del 26 de agosto".

Con la llegada de los enviados de Queipo de Llano a la Cuenca Minera de Riotinto se inició la huida de muchos de los habitantes de Nerva, hasta dejar un pueblo minero lleno de viudas, huérfanos y mujeres víctimas del terror que se avecinaba en pocas horas. Collado prosigue que la intención del alcalde "era solo que se dejara de derramar sangre" Pero Queipo de Llano no tenía esos planes para la cuenca minera de Río Tinto que dejó más de 1.500 desaparecidos, en aquellos primeros meses de guerra.

Andrés Fernández es el arqueólogo encargado de iniciar la exhumación de la fosa de Nerva, conocida como la fosa de los mineros. Este municipio de la Cuenca Minera mermó drásticamente su población en 1940. "Las evidencias de los cuerpos de la fosa (de los que se encuentran contabilizados 221 víctimas) están bastante en superficie". A menos de 20 centímetros ya hay restos. Y la cifra que se baraja puede ir incrementándose. 

Fernández que ya exhumaría en 2009 la fosa más grande (por número de víctimas en Málaga capital) con 2.800 cuerpos, sabe que en Nerva se encuentra la fosa con mayor número de víctimas en un entorno rural, fuera de las capitales de provincia. "Conocemos los nombres y apellidos de estos 221 víctimas pero podría haber más de 500" en las cuatro fosas que se reparten en el cementerio del municipio.

"Los mineros están equivocados y lo van a pagar"

El recuerdo de aquella entrada de cientos de falangistas, organizados en columnas resultó dantesca para muchos de los vecinos de Nerva. Collado recoge varios testimonios orales en su tesis La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto publicada en la Universidad de Huelva. "El día 26 de agosto, que era cuando entraron estos señores, veíamos a los tíos bajar por los cerros; se veían bajar abajo con unos cruces… con unos crucifijos así de grandes. Nada más entrar en Nerva y a la media hora había camiones para el cementerio".

Matías Romero Marín, recuerda los registros en cada una de las viviendas "¿Tú no has visto las películas? Lo mismo que en las películas corriendo en esta casa, ahora a otra, saboteando las casas viendo si alguien pasaba para matarlo… todas esas cosas… ".

Miguel Ángel Collado relata las conversaciones de aquellos huérfanos con los falangistas establecidos en Nerva, creando entre los vecinos un verdadero clima de miedo. "Niño ¿tu padre es de derechas o de izquierdas?" No entendía de eso, pero le espeté inocentemente sin saber, "mi padre es minero-agricultor y trabaja para La Compañía (…) luego le solté "mi tío Benito y mi primo Antonio están en la cárcel". Los soldados replicarían en voz alta, "los mineros están equivocados y lo van a pagar. ¡Aquí no va a quedar ni uno!". Iban por cada calle de Nerva gritando "¿Dónde están los comunistas?, ¿Dónde se esconden los republicanos?" amenazando con matarlos a todos y disparando al aire.

Inmediatamente después de quedar constituida el primer ayuntamiento de la Nerva "reconquistada", se vivió uno de los momentos más macabros que se recuerda de aquellos días. Collado cuenta a Público como "mientras la cárcel se volvía a llenar", uno de aquellos falangistas dio con un músico local y le instó a "presentarse con todos los intérpretes que consiguiese encontrar bajo amenaza de fusilamiento". Fueron obligados a festejar, a tocar partituras patrióticas ante el recuerdo imborrable de tantos familiares huidos o asesinados aquellos mismos días.

La tierra ácida dificultará la identificación de los restos

La desaparecida Dirección General de Memoria Democrática del gobierno andaluz no ha pospuesto el acuerdo de intervención en la fosa de Nerva, con fondos de la Diputación de Huelva y el ayuntamiento del municipio minero. El 2 de agosto de 2018 se firmaría el acuerdo con el entonces consejero de Memoria Democrática, Manuel Jiménez Barrios, y el presidente de la Diputación, Ignacio Caraballo.

El arqueólogo Fernández ya está al pie de la fosa y desvela que las actuaciones se podrán alargar hasta "después de verano". Los trabajos de delimitación se han concretado cuatro fosas dentro del cementerio de Nerva. "Tres se ubican en la zona izquierda del camposanto. La primera está en la zona derecha donde podrían albergarse entre 30 y 50 cuerpos".

La tierra roja de la cuenca, y su fuerte acidez podrían evidenciar restos muy deteriorados para unas futuras pruebas de ADN. "Ya nos ha ocurrido en otros municipios cercanos en Zalamea la Real o el Madroño, donde están descompuestos por la geología de la cuenca minera que hacer aún más difícil la identificación.

Las actuaciones de indagación, localización y delimitación se desarrollarán en una superficie de cien metros cuadrados, donde las fosas se presentan con una media de dos metros de anchura y con longitudes diversas que van desde los cuatro a los veinte metros.

"A mi tío lo mataron por error y este años hemos conocido que está en la fosa de Nerva"

Los familiares se van poco a poco personando y dando señas del paradero de los suyos, como le ha ocurrido desde Barcelona a Flor Calzada. Hasta el pasado año, no logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón Herrada Domínguez, donde se evidencia su enterramiento "en el centenario de Nerva". Su madre Antonia estuvo toda la vida pensando que su hermano había desaparecido, sin dejar rastro.

Ramón es el único tío que Flor tiene enterrado en la fosa de Nerva, del único que no conserva fotografías. "Era el más mayor de todos y lo quitaron de en medio por error". Con esa frialdad lo comunicó a su familia uno de aquellos falangistas. Y así lo testimonia Flor no solo a Público, también en el acta notarial que le entregaron tras prestar declaración en la querella argentina en el año 2013. "En los primeros días de las entrada de las tropas nacionales, mi tío Ramón fue sacado de su casa y nunca más se supo de él". Tenía tan solo 41 años y no pertenecía a ningún partido político. "Lo confundieron con mi tío Enrique" que estaba escondida en la casa de su madre esperando y había sido un militar afiliado a la CNT "Dijeron, este es un Herrada y se llevaron por equivocación al hermano mayor".

El hermano de Ramón, Enrique Herrada Domínguez también fue fusilado. Según cuenta Flor "fue detenido el 28 de agosto de 1938". Acusado de "rebelión saqueo y asesinato" fue condenado a muerte y fusilado el 17 de abril de 1939 en el cementerio de la soledad de Huelva capital.

Flor nunca dejó atrás el fuerte legado que su madre le había dejado. Y se presentó a la petición de la querella argentina para tomar declaración sobre su historia familiar. "Lo más duro para mi madre fue ver como cada noche iban a buscar a mi tío Enrique, que estuvo meses escondido bajo la amenaza diaria de aquellos falangistas". Día y noche. "Mi madre me hablaba siempre de cómo Enrique decidió salir de la casa, donde estaba escondido en el tejado para no poner en peligro a los suyos".

Flor logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón en 2018 . Ya había encontrado el nombre de su tío en un registro, elaborado por el historiador Francisco Espinosa. "Gracias a las peticiones hechas con la diputación pude tener este documento". En el reza como Ramón Herrada fue registrado el 29 de noviembre de 1939. Su fallecimiento se produciría pocas semanas después de la entrada de los militares, el 20 de septiembre de 1936. "Se testimonia que la profesión de Ramón es jornalero pero mi tío era trabajador de la mina, como tantos otros" La certificación habla de que, tras su muerte, había dejado dos hijos, Modesta de 15 años y Ramón de 10, además de su viuda.

La realidad de aquellas mujeres sin recursos y huérfanos fue tan evidente que incluso las autoridades locales de la Nerva franquista pidieron ayuda para su supervivencia el 14 de febrero de 1937. El acta del ayuntamiento contabiliza "como consecuencia de los últimos sucesos" (haciendo referencia a los fusilamientos), a doscientas cuarenta y seis viudas pobres, con quinientos setenta niños huérfanos de padre. Se documentaban un total bastante superior a "dos mil personas", sin recursos para su subsistencia.

Flor recuerda a sus primas, las hijas de Ramón, aquellas huérfanas que tuvieron que salir adelante apenas con lo puesto y como su madre hizo todo lo posible para no perder el contacto con aquellas sobrinas. "Ojala mi tío Ramón esté en esa fosa. Se lo debemos a mi madre, a todas las víctimas y a la memoria", concluye Flor a Público. "Solo espera que ni los partidos de ultraderecha en Andalucía ni la paralización de los últimos gobiernos de izquierda entorpezcan más las actuaciones en fosas comunes de la represión franquista. "Ya basta de frenar la recuperación de los nuestros. Esto es por dignidad", finaliza."                 (María Serrano, Público, 26/05/19)