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18/6/20

Los crímenes de la Bélgica colonial en el Congo

"El historiador belga Éric Toussaint hace un repaso de la dominación del Congo por parte del Rey Leopoldo II, tras ser retirada una de sus estatuas en Amberes en el contexto de las protestas globales Black Lives Matters. 


Gracias a las movilizaciones Black Lives Matters que tuvieron lugar a escala internacional contra el racismo en general, y la negrofobia en particular, cada vez más personas buscan la verdad sobre el pasado tenebroso de las potencias coloniales y la continuidad neocolonial en los tiempos presentes. Se están retirando algunas estatuas de personajes emblemáticos del colonialismo europeo o que fueron objeto de denuncias. 

Y pasa lo mismo con estatuas de personajes que en Estados Unidos simbolizan la esclavitud y el racismo. El CADTM se congratula de todas las iniciativas y todas las acciones que tienen por fin denunciar los crímenes coloniales, que buscan establecer la verdad sobre las atrocidades pasadas, que ponen en evidencia los instrumentos del neocolonialismo y todas las formas de resistencia desde el pasado hasta hoy.


PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA COLONIZACIÓN DEL CONGO


A fines del siglo XVIII (1776), o sea más de un siglo antes que el comienzo de la colonización leopoldina del Congo, las 13 colonias británicas de América del Norte, y después de una guerra de independencia, se liberaron de la corona británica. Gran Bretaña, en otra parte del planeta, reforzaba su influencia, imponiendo la colonización de Asia del Sur, India en un sentido amplio, desde fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Por su parte, los holandeses reforzaban su dominación sobre Indonesia.

 Aquellos que luchaban por la liberación, por la supresión de las colonias, no eran solo descendientes de europeos —recientemente inmigrados— como los que obtuvieron la independencia de las 13 colonias británicas de América del Norte para fundar en forma conjunta, en 1776, los Estados Unidos de América. Un pueblo extremadamente valiente, un pueblo negro descendiente directo de africanos, el pueblo de Haití, conquistó también su independencia en 1804 contra la dominación francesa. Durante los siguientes veinte años, se libraron las guerras de independencia en América latina. Fueron dirigidas por personas como Simón Bolívar que derrotó, en muchas batallas, a las tropas españolas que dominaban una parte de América latina.


Menciono esto porque, a fines del siglo XVIII y hasta comienzos del siglo XIX, mientras muchas naciones conquistaban su independencia en todo el continente americano, el África subsahariana no estaba todavía totalmente colonizada por los europeos. Eso no le impidió sufrir los efectos de la colonización de los otros continentes por medio del comercio triangular y la trata de negros. Varias decenas de millones de africanos fueron reducidos a la esclavitud y transportados a la fuerza hacia las Américas, entre los siglos XVII y mediados del siglo XIX.


Fue en los últimos 25 años del siglo xix que la África subsahariana cayó completamente bajo el yugo colonial de los países europeos: Gran Bretaña, Francia, Portugal, Alemania, Bélgica… principalmente.


Leopoldo II, segundo rey de los belgas, buscaba dar a su país una colonia


Primero, Leopoldo II pensaba colonizar una parte de Argentina, luego se dirigió a Filipinas y pidió precio a los españoles. Pero este era muy elevado y no lo podía pagar. Y, finalmente, le echó el ojo a la inmensa cuenca del río Congo. Para lograrlo, utilizará la astucia con el fin de no entrar en conflicto con las grandes potencias europeas que ya estaban allí. Estas importantes potencias coloniales tenían los medios para reducir a la nada las ambiciones coloniales de Bélgica, que llegaba tarde para reclamar su parte del pastel.


Antes de ser rey, Leopoldo II había recorrido una parte importante del mundo colonial: Ceilán, India, Birmania, Indonesia. Y, durante sus viajes, quedó admirado ante los métodos de los holandeses en Java, Indonesia. Java era para él el modelo a seguir y es el que aplicará durante su colonización en el Congo. El modelo javanés se basaba en la mano de obra forzada.


En el siglo xix, los argumentos utilizados por los europeos para colonizar África y Asia eran, principalmente, los siguientes: Cristianizar a los paganos; aportar a todo el mundo los beneficios del libre comercio (y eso sigue siendo muy actual…) y en el caso del África subsahariana, acabar con la trata de esclavos realizada por los árabes. Y, a partir de 1865, cuando Leopoldo II accedió al trono, comenzó a emprender numerosas iniciativas para dotar de una colonia a Bélgica.


Por ejemplo, en 1876, organizó en el palacio real una conferencia geográfica internacional. Según este rey, el objetivo era —en forma coherente con el pretexto que se utilizaba en esa época—: “Abrir a la civilización la única parte de nuestro globo donde todavía no ha penetrado, traspasar las tinieblas que envuelven a poblaciones enteras, es, oso decir, una cruzada digna de este siglo de progreso. (…) Me ha parecido que Bélgica, un Estado central y neutro, sería un terreno bien elegido para esta reunión. (…) ¿Tengo necesidad de decirles que convidándolos a Bruselas, no estoy guiado por visiones egoístas? No, Señores, si Bélgica es pequeña, es feliz y está satisfecha de su suerte; no tengo otra ambición que servirla bien”. 

Y explica que con esa sociedad internacional de geografía, donde había convocado a una serie de grandes exploradores, se trataría de construir rutas, que se abrirían, sucesivamente, hacia el interior, y puestos hospitalarios, científicos y pacificadores que constituirían otros tantos medios para abolir la esclavitud, establecer la concordia entre los jefes, procurar árbitros justos, desinteresados. Ese era el discurso oficial. Muy poco tiempo después, contrata al explorador Stanley quien acababa de atravesar África de este a oeste siguiendo el río Congo hasta su desembocadura. 


LA CONFERENCIA DE BERLÍN DE 1885 Y LA CREACIÓN DEL ESTADO INDEPENDIENTE DEL CONGO


En 1885, después de múltiples maniobras diplomáticas, Leopoldo II obtuvo en Berlín la autorización de crear un Estado Libre en el Congo. El canciller Bismarck dijo en la clausura de la conferencia de Berlín, en febrero de 1885: “El nuevo Estado del Congo está destinado a ser uno de los más importantes ejecutantes de la obra que pensamos llevar a cabo, y expreso mis mejores deseos para su desarrollo rápido y para la realización de los nobles propósitos de su ilustre creador”.


Paralelamente a sus discursos en las grandes conferencias, Leopoldo II mantiene otro tipo de propósitos: los documentos que envía a las personas en las que delegó la tarea de valorizar el Estado Libre del Congo, o las declaraciones que hace a la prensa. Por ejemplo, el 11 de diciembre de 1906, aparece una entrevista en el diario de Nueva York Publisher’s Press donde dijo: “Cuando uno trata una raza compuesta de caníbales desde hace miles de años, es necesario utilizar los métodos que mejor sacudirán su pereza y hacerles comprender el aspecto sano del trabajo”.

Desde el momento en que, en 1885, Leopoldo II pudo crear desde cero el Estado Libre del Congo, que era su Estado personal, dictó un primer decreto fundamental: todas las tierras consideradas vacantes (terra nullius) serán propiedad del Estado. Así que Leopoldo II se apropió de las tierras, aunque el objetivo del Estado Libre del Congo era permitir a los jefes congoleños entenderse y defenderse con respecto a los árabes que los reducían a la esclavitud. 

En realidad, el rey acordó una serie de tratados, vía Stanley, con una serie de jefes tribales del Congo, por los cuales estos jefes tribales transferían la propiedad de la tierra de sus aldeas o de sus dominios al jefe del Estado Libre del Congo, Leopoldo II. Las otras tierras, un inmenso territorio, fueron declaradas vacantes (terra nullius) y se convirtieron también en propiedad del Estado Libre del Congo.


EL MODELO DE JAVA APLICADO POR LA BÉLGICA DE LEOPOLDO II EN EL CONGO


Fue entonces que Leopoldo II comenzó a aplicar el modelo de explotación holandesa de Java: una explotación sistemática de la población, que había logrado dominar especialmente por la creación de la Fuerza pública, exigiendo a esa población que recolectara látex (caucho natural), colmillos de elefantes y que proveyese los alimentos necesarios para los colonos. El rey se otorgó un monopolio sobre casi todas las actividades y riquezas del Congo. 

Su modelo implicaba la recolección máxima de las riquezas naturales del Congo por medios que no tienen nada que ver con métodos directamente modernos de producción industrial. Se trataba de obligar a la población congoleña a recolectar el látex y aportar obligatoriamente una determinada cantidad por cabeza y a cazar para aportar enormes cantidades de colmillos de elefantes. Leopoldo II mantenía una fuerza colonial dotada de un ejército compuesto, principalmente, por congoleños y comandado exclusivamente por belgas, para imponer el respeto al orden colonial y el respeto a las obligaciones de rendimiento en el trabajo. 

El rey utilizará, sistemáticamente, métodos de una absoluta brutalidad. Por cabeza de habitante se debía aportar una cantidad determinada de caucho. Para obligar a los jefes de aldea y a los hombres a salir a recolectarlo, encarcelaban a las mujeres en campos de concentración en los que eran, regularmente, sometidas a maltratos sexuales por parte de los colonos o de los congoleños de la Fuerza pública. Si no se obtenían los resultados y las cantidades obligatorias, los mataban como ejemplo, o se los mutilaba. Fotos de la época muestran a personas víctimas de esas mutilaciones, que tenían un significado totalmente preciso. Los soldados de la Fuerza pública debían dar prueba de que habían utilizado cada cartucho de manera correcta: servía para matar un congoleño.

La visión política de Leopoldo II, rey de los belgas y representante de los intereses de Bélgica, correspondía, por lo tanto, a un modelo de colonización extremadamente brutal. Por otro lado, este rey decía a propósito del modelo de colonización que “sostener que todo lo que el blanco hará producir en el país debe ser consumido únicamente en África y en beneficio de los negros es una verdadera herejía, una injusticia y un error que, si se pudiera traducir en hechos, detendría en seco la marcha de la civilización en el Congo. El Estado, que sin el concurso activo de los blancos no hubiera podido convertirse en un Estado, debe ser útil a las dos razas y dar a cada una su justa parte”. Manifiestamente, la parte correspondiente a los congoleños era el trabajo forzado, el látigo y las manos cortadas.


Sobre la explotación salvaje del caucho, daré solamente algunas cifras: la explotación del caucho comienza en 1893 y está ligada a la necesidad de neumáticos de la naciente industria del automóvil y del desarrollo de la bicicleta. Se produjeron 33.000 kilos de caucho en 1895, se recolectaron 50.000 kilos en 1896, 278.000 kilos en 1897, 508.000 kilos en 1898… 

Estas cosechas absolutamente enormes aportaron, por lo tanto, unos beneficios extraordinarios a las sociedades privadas que Leopoldo II había creado, y de las cuales era el accionista principal, para gestionar los asuntos del Estado Libre del Congo. El precio del kilo de caucho en la desembocadura del río Congo era 60 veces inferior a su precio de venta en Bélgica. Y eso nos recuerda cuestiones muy actuales como los diamantes y el coltán “recolectados” ahora. 


LA CAMPAÑA INTERNACIONAL CONTRA LOS CRÍMENES DE LEOPOLDO II


Esa política finalmente generó una inmensa campaña internacional contra los crímenes perpetrados por el régimen leopoldino. Fueron los pastores negros de Estados Unidos los que se rebelaron contra ese estado de cosas, y luego el famoso Morel. Este trabajaba para una sociedad británica en Liverpool, que le hacía viajar regularmente a Amberes. Donde hizo la constatación siguiente: mientras que Leopoldo II pretendía que Bélgica hacía intercambios comerciales con el Estado Libre del Congo, los barcos transportaban desde el Congo colmillos de elefantes y miles de kilos de caucho, y repartían esencialmente con armas y alimentos para la fuerza colonial. 

Morel pensó que se trataba de un comercio muy raro, de un intercambio muy curioso. Los belgas de la época que apoyaban a Leopoldo II no reconocieron nunca esa realidad. Ellos afirmaban que Morel representaba los intereses del imperialismo británico y solamente criticaba a los belgas para ocupar su lugar. Paul Janson, cuyo nombre lleva el principal auditorio de la Universidad libre de Bruselas, dijo: “Jamás criticaré la obra de Leopoldo II [era diputado en la cámara] ya que aquellos que lo critican, especialmente los británicos, solo lo hacen por la política de sal de ahí que me meto yo”.


Sin embargo, las críticas iban creciendo, con libros como el de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas y un libro demasiado desconocido de Arthur Conan Doyle (el escritor que inventó a Sherlock Holmes) The crime of the Congo. Una campaña internacional contra la explotación del Congo se tradujo en manifestaciones en Estados Unidos y en Gran Bretaña y terminó por producir efectos. Leopoldo II se vio obligado a constituir una comisión investigadora internacional en 1904 que se desplazó al Congo para recoger testimonios. Estos eran irrefutables. Se pueden encontrar en forma de manuscritos en los archivos del Estado belga.

Hoy, se tiene un deber de memoria en relación a los crímenes contra la humanidad cometidos en el Congo


Durante los últimos veinte años, se dieron muchas conferencias y se publicaron libros para denunciar el tipo de Estado que Leopoldo II, rey de los belgas, había instaurado en el Congo. Y, actualmente, se añade una amplia literatura seria a los documentos de la época.

Nos hemos enterado, por ejemplo, que la parte del presupuesto que el Estado Libre del Congo destinaba a los gastos militares oscilaba, de acuerdo al año, entre el 38 % y el 49 % de los gastos totales. Eso habla de la importancia del látigo, de los fusiles modernos para instaurar una dictadura utilizando sistemáticamente el arma de la brutalidad y de los asesinatos…


Podemos considerar, sin correr el riego de errar, que el rey de los belgas y el Estado Libre del Congo, que dirigía con el consentimiento del Gobierno y del Parlamento belga de la época, fueron responsables de «crímenes de lesa humanidad» cometidos de manera deliberada. Esos crímenes no constituían simples atropellos, eran el resultado directo de un tipo de explotación a la que el pueblo congoleño estaba sometido. 

Algunos autores, y no los menores, hablaron de genocidio. Propongo que no se abra un debate que se focalice sobre esa cuestión porque es difícil establecer exactamente datos numéricos. Algunos autores serios estiman que la población congoleña en 1885 alcanzaba los veinte millones y que en el momento en que Leopoldo II debió transmitir su Congo a Bélgica en 1908, para formar el Congo belga, quedaban diez millones de congoleños. Son cálculos de autores serios pero difíciles de probar ya que no había censo de la población.

El rey de los belgas y el Estado Libre del Congo fueron responsables de «crímenes de lesa humanidad» cometidos de manera deliberada


Si en lugar de millones de víctimas, el número fuera de decenas de miles o de centenas de miles de víctimas inocentes de la actividad colonial, continuaría siendo un crimen de lesa humanidad, y es fundamental restablecer la verdad histórica. Los ciudadanos, y especialmente los jóvenes, que entran en el vestíbulo del Ayuntamiento de Lieja, o que van de la «rue du Trône» hacia la plaza Royal de Bruselas, pasan por una placa que elogia la obra colonial o ante una estatua ecuestre de Leopoldo II. 

La gente pasa delante de la estatua de Leopoldo II erigida en Ostende, en frente del mar, y ven un Leopoldo II majestuoso y más abajo un grupo de congoleños agradecidos, que tienden sus agradecidas hacia él, con un único comentario: el rol civilizador de Leopoldo II al liberar a los congoleños de la trata de esclavos… Es urgente restablecer la verdad histórica y dejar de mentir a nuestro hijos, de mentir a la ciudadanía belga, dejar de insultar la memoria de las víctimas, de los descendientes de las víctimas y de los descendientes de los congoleños que sufrieron en carne propia, en su dignidad, una dominación absolutamente terrible.

Este deber de memoria también se tiene que hacer en otros lados. Se debe evitar un debate del tipo “no hacéis otra cosa que criticar a Bélgica pero os calláis sobre lo que pasó en otros lados”. Comencé mi exposición situando el contexto: Gran Bretaña dominó brutalmente Asia del Sur; los Países Bajos dominaron con extrema violencia la población de Indonesia; antes de eso, se habían exterminado las tres cuartas partes de la población de lo que llamaban, en esa época, las Américas. Y durante el siglo XVI se exterminó casi el 100 % de la población del Caribe. Por lo tanto, el Estado belga no tuvo, en absoluto, el monopolio de la brutalidad, pero en Bélgica, como ciudadanos belgas, con nuestros amigos congoleños, con la gente de diferentes países que viven en Bélgica, es fundamental hacer un deber de memoria y restablecer la verdad histórica."                        (Éric Toussaint, El Salto, 16/06/20)

24/6/13

¿Por qué los soldados del ejército israelí no "rompen el silencio"?

"Cuando los soldados israelíes admiten sus abusos pasados ​​con los palestinos, como hicieron de nuevo esta semana, los defensores de la ocupación a menudo preguntan: ¿Por qué no denunció esto al ejército en ese momento? Un ejemplo personal de por qué es una pregunta capciosa. 

Yo tenía 37 años, tres años y medio de inmigrante en Israel, reclutado por el ejército israelí para un mes de entrenamiento básico, y me encontré volcando un camión de la basura en el borde del huerto de una mujer palestina. Nos gritaba a mí y al otro recluta que hacía el trabajo en árabe y el conductor del ejército sentado en el camión le contestaba en árabe también a gritos. 

Le pregunté al otro recluta, un nuevo inmigrante de Marruecos, qué decía el conductor, aunque muy bien podía imaginar lo que estaba diciendo la mujer, y me tradujo: "Cállate y vuelve a tu casa, vieja puta". 

Esto fue en 1989 y formó parte de una limpieza en nuestra base militar cerca de Ramallah antes de la visita de un general. Al otro recluta y a mí nos enviaron con el camión para recoger los desechos grandes, los residuos voluminosos de la base que no caben en los cubos de basura y tirarla en otro sitio.

 El conductor nos llevó a la casa de esta mujer y nos dijo que arrojásemos la basura allí mismo, en el borde de la huerta, y así lo hicimos, sin hacer preguntas.

 A lo lejos, unos muchachos palestinos empezaron a gritar "manyak" y a lanzar piedras en nuestra dirección, ninguno estaba lo bastante cerca como para golpearnos, cautelosamente se quedaron bastante lejos-.

 Me sentí avergonzado, sabía que estábamos haciendo algo mal, y el otro soldado también lo sabía, pero vaciamos todo el cargamento de basura en el huerto de aquella mujer. No le dijimos una sola palabra al conductor malhumorado, y cuando regresamos a la base tampoco dijimos nada a nuestro comandante. 

Entonces mis ideas políticas no eran tan de izquierdas como ahora, pero estaban cerca; debería haber votado por Shulamit Aloni y el partido Ratz de Yossi Sarid, debería haber tomado parte en cada manifestación de Peace Now en el inicio de la primera intifada, yo estaba totalmente en contra de la ocupación. Pero al mismo tiempo sentía profundamente que era mi deber para con Israel y para mí mismo servir en el ejército como los demás. 

Lo intenté todo lo que pude en aquel mes de entrenamiento básico. Y la idea de informar a los oficiales del vertido de basura en el huerto de la mujer era algo que no estaba listo para sostener. No quería ser un "alborotador". No quería "delatar" a otro soldado. No quería protestar contra el ejército, quería ser parte de eso. 

Traigo esto a colación en relación con un comentario del suplemento de fin de semana del periódico Yedioth Ahronoth del columnista Yoaz Hendel, que sirvió brevemente como director de Relaciones Públicas de Bibi Netanyahu.

 Explica su "problema personal" con Breaking the Silence, que la semana pasada publicó más testimonios de soldados del ejército de cómo ellos y sus compañeros habían abusado rutinariamente de palestinos. El problema de Hendel es que los soldados no informaron de los abusos del ejército de inmediato, mientras estaban en servicio:
Cuando ocurren violaciones, se espera que el soldado o el comandante tomen medidas para evitar los abusos de los que informan. Esta es su responsabilidad personal y nacional ...El ejército israelí no puede tolerar el abuso de los inocentes ni el silencio de los soldados cuando ocurren las violaciones... Todo lo que se requiere de un soldado con el fin de corregir la situación es informar de las [violaciones] en el sistema a los oficiales al mando, [o] a la Fiscalía Militar.
Este es un ataque común a los soldados que pasan años antes de que puedan reconocer públicamente las cosas terribles que vieron e hicieron a los palestinos: "¿Por qué no informan de inmediato al ejército?" 

Como si Hendel y compañía no lo supieran. Un soldado de 20 años que sirve en Cisjordania no se va volver contra sí mismo, sus compañeros o sus jefes a causa de actos de crueldad o brutalidad que se cometen contra los palestinos. Es prácticamente impensable. Rompiendo el Silencio, Hanna Deutsch dijo a Yedioth lo que era el deber de la ocupación según un oficial de 21 años de edad de la Brigada Nachshon:
El orgullo de la unidad allí es muy fuerte y es difícil plantear la más mínima crítica. Todos estamos íntimamente adoctrinados, sin límites, y no pensar y mantener la boca cerrada. Una vez le pregunté a mi jefe si podía dar un poco de agua a unos pocos presos palestinos que estaban sentados atados al sol. Me lanzó una mirada de desprecio y nunca volví a atreverme a abrir la boca. Me volví indiferentes al sufrimiento de la gente, e incluso si hubiera querido decir algo, no lo hice. Por instinto me quedé callado.
Por supuesto que guardó silencio. Todos lo hacen. También yo que no era un joven recluta maleable, tenía 37 años, manifestante de izquierda, no me atreví a abrir la boca sobre el pequeño acto de humillación que me hicieron llevar a cabo contra la mujer palestina. 

Los soldados de servicio no rompen el silencio. Cuando son jóvenes, tienen por lo general demasiado lavado el cerebro para darse cuenta de que incluso están haciendo algo malo a los palestinos que están bajo su control. Es sólo cuando se hacen mayores y están fuera de ese entorno que sostiene el ejército como un culto, cuando probablemente son capaces de enfrentarse a la verdad acerca de las cosas que vieron e hicieron, y encontrar el valor para hacerla pública. 

Cuando Hendel, los voceros del ejército y otros tratan de socavar el testimonio estos soldados diciendo que debería haber informado al ejército en "tiempo real", están tratando de callarlos ahora como el ejército lo hizo entonces. Los defensores de la ocupación pretenden no saber esto, pero su pretensión es transparente."      (Larry Derfner972mag, Rebelión, 21/06/2013)

4/12/09

La masacre de Gaza




"To shoot an elephant (Disparar a un elefante), se estrena hoy en Madrid en el Pequeño Cine Estudio. Arce siente la obligación de mostrar parte de lo que pudo contemplar: "Mi retina vio 1.000 horas, mi cámara grabó 65 y yo le puedo mostrar al público sólo dos". (...)

"El día que empezó la guerra estaba entrevistando a dos adolescentes cerca de la frontera y de repente empezaron a pasar F-16 sobre nuestras cabezas", relata. "En la película se ve cómo ellos, acostumbrados a estas situaciones, se sorprenden y dicen que no es normal tanto ruido. Al poco empezaron a caer bombas y en menos de cinco minutos el mundo se volvió al revés". En ese momento Arce fue consciente de que, exceptuando al corresponsal de Al Jazeera, no había ningún otro periodista internacional que pudiera contar desde dentro lo que estaba pasando. "Tenía dos opciones: o volver a casa, o quedarme y grabarlo todo. Ni lo dudé. Decidí quedarme".

To shoot an elephant muestra escenas muy duras: una niña moribunda trasladada al hospital en un carro tirado por un mulo, el bombardeo de los hospitales o el disparo deliberado a un camillero que trataba de recoger a un herido que yacía en medio de una calle. El cineasta acompañó durante la mayor parte del tiempo a los enfermeros de la Media Luna Roja. "Durante esos días, fueron asesinados 16 de ellos y cuatro de las ambulancias en las que nos movíamos fueron destruidas por misiles".

"Fueron días agotadores. En caliente uno no se acuerda de dormir, de comer o de ir al baño. A veces echaba una cabezada si quedaba una cama libre en el hospital. A la media hora venía alguien que te despertaba y te decía: '¿seguimos?'. Y seguías".

El documental también muestra los pocos momentos de calma. En una escena uno de los enfermeros pregunta: "¿Por qué nos grabas tanto?". Días después murió víctima de un misil israelí. Arce le ha dedicado la película. (...)

Sin embargo, reconoce que se siente frustrado. "Creía que acumulaba pruebas para denunciar un comportamiento criminal y que cambiaría algo". (El País, 04/12/2009)

21/1/09

Causas políticas de la guerra en Palestina, en Gaza

"Se ha dicho que la intervención tenía un cariz electoralista encubierto, sobre todo para el Partido Laborista y el Kadima de Olmert (que ya es de Livni). No ha parecido muy encubierto, a tenor de los hechos y de las encuestas, que han trastocado el mapa de intención de voto (...)

Pero es obvio que la guerra de Gaza ha coincidido con el proceso electoral no por casualidad. Sin embargo, no era algo que sólo supieran los israelíes; también lo sabían en Teherán y en Hamás.Sabían del gran beneficio a futuro que tendrían para Hamás las consecuencias de una provocación que, tras el fin de la tregua, supusiera políticas de extrema dureza orientadas a garantizar seguridad y firmeza, tanto en los partidos de la derecha como de la izquierda. Por eso la tregua se interrumpió precisamente cuando era oportuno para todos. Sabían en Hamás y en Hezbolá que ése sería el mejor momento para provocar a Israel y poner de nuevo centenares de muertos sobre la mesa -la munición más rentable de Hamás (...)

Hamás, como era de esperar, ha logrado lo que se proponía: primero, un lavado de imagen que lo hace pasar por un partido víctima que ayuda al pueblo palestino (cuya pobreza no sólo no ha evitado sino que además necesita, como partido-vampiro); segundo, un alto grado de identificación con todo el pueblo palestino (no hay que olvidar su estrategia de asimilación de la causa palestina con el islamismo, la imposición de la sharía como ley, o el golpe de Estado que se cobró la vida de centenares de palestinos de Al Fatah, así como la expulsión de este partido de la franja), y, tercero, un apoyo incondicional de un tipo de políticos e intelectuales europeos que emplean un lenguaje sospechosamente virulento en cuanto oyen la palabra judío. (...)

Y en esta diabólica perspectiva de las cosas es en la que Israel comete un error histórico, al no ser capaz de trascender el fango del medio plazo, no abordar el futuro, no dar un salto cualitativo en la espiral a la que le somete Hamás.
(...)

Pero en todo esto Israel es quien más ha perdido. Ha perdido muchísimo de su valía moral, de su compasión, de su imagen internacional, apareciendo como un país de carniceros. (...)

Habrá que ver si Israel ha perdido también posibilidades de futuro, su exiguo capital. Sin embargo, a Hamás no le ha ido muy mal con su política de muerte y de terror, el único lenguaje que entiende. Ha triunfado la ceremonia de la confusión. Si bien me temo que eso justamente es lo que ha pretendido siempre Hamás: mezclarlo todo, confundir a todo el mundo, martirizar a toda su población con el instrumento de la poderosa y terrible venganza israelí, culpable también." (ADOLFO GARCÍA ORTEGA: Hamás gana, Israel pierde. El País, ed. Galicia, Opinión, 20/01/2009, p. 27 )

19/1/09

Por qué Israel se siente amenazado... y va a responder con peores expediciones de castigo en Palestina

"Muchos israelíes tienen la sensación de que el mundo (y la historia) se les viene encima en un Estado nacido hace apenas 60 años (...)

Éste es el resultado de dos problemas generales y de cuatro causas concretas. Los problemas generales son sencillos. En primer lugar... el mundo árabe, y más ampliamente el islámico, nunca ha aceptado realmente la legitimidad de Israel y continúa oponiéndose a su existencia. (...)

En segundo lugar, el apoyo de la opinión pública occidental (y, por ende, en la mayoría de las democracias, de sus Gobiernos) a Israel es cada vez menor, pues se mira con recelo el tratamiento que éste da a sus vecinos palestinos. La memoria del Holocausto está cada vez más difuminada y resulta poco útil. (...)

Al este, Irán avanza frenéticamente en su proyecto nuclear... Al norte, la organización fundamentalista del Líbano, Hezbolá, que también ha jurado destruir Israel y sigue el ejemplo de Irán, ha conseguido rearmarse... Al sur, Israel se enfrenta al movimiento islamista de Hamás, que controla la Franja de Gaza y cuyos principios fundacionales contemplan la destrucción de Israel...

La cuarta amenaza inmediata para la existencia de Israel es de carácter interno, y no es otra que la planteada por la minoría árabe que vive en el país. En las dos décadas pasadas, los 1,3 millones de ciudadanos árabes de Israel se han radicalizado. Muchos de ellos han reconocido abiertamente una identidad palestina y han hecho suyos los objetivos nacionales palestinos. Sus portavoces afirman que su lealtad está con su gente, más que con su Estado, Israel. (...)

Si la tendencia actual persiste, los árabes constituirán la mayoría de los ciudadanos israelíes en 2040 o 2050... Las fricciones entre los árabes israelíes y los judíos israelíes se alzan ya como un factor político contundente... La mayor parte de los judíos ven en la minoría árabe a una potencial quinta columna.

El elemento común a todas estas amenazas concretas es la falta de convencionalismo. (...)

la amenaza nuclear de Irán, el ascenso de organizaciones tales como Hamás y Hezbolá que operan más allá de sus fronteras y desde el interior de densas poblaciones civiles, y la creciente insatisfacción de los árabes israelíes con el Estado y su identificación con el enemigo, ofrecen un panorama completamente distinto. Y éstos son desafíos que los líderes y la población de Israel, vinculados a las normas de conducta democráticas y liberales de Occidente, encuentran especialmente difíciles de llevar.

La sensación que vive Israel de que el mundo se les viene encima desencadenó una reacción violenta a finales del año 2008. Dadas las nuevas realidades, no sería sorprendente que a ello le siguieran explosiones más agresivas." (BENNY MORRIS: Por qué Israel se siente amenazado. El País, ed. Galicia, opinión, 17/01/2009, p. 25)

12/1/09

Destrucción sistematica

"En las televisiones árabes se difunden imágenes que atestiguan esa ferocidad y que en Occidente se prefiere omitir. Son desgarradoras. Niños y ancianos sacados de los maleteros de coches sin piernas, amasijos de carne quemada.

Lo acaecido estos días en el barrio de Zeitun, en el este de Gaza, eleva aún más el listón de la brutalidad. Los soldados impidieron durante días el acceso de ambulancias a una vivienda donde a varios niños les faltaba poco para morir de inanición. "El equipo de rescate halló a cuatro pequeños junto a los cadáveres de sus madres. Estaban demasiado débiles para ponerse en pie. Había 12 cuerpos tirados en colchones", explicó Pierre Wettach, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja en Israel y los territorios palestinos. Wettach calificó de "inaceptable" el incumplimiento por parte de Israel de las leyes humanitarias y explicó: "A sabiendas de la situación, los militares no asistieron a los heridos y tampoco nos facilitaron hacerlo a nosotros o a la Media Luna Roja palestina". El Ejército israelí y el Gobierno hacen oídos sordos. (...)

"Los alcantarillados y desagües, el puerto de pescadores, torres de telefonía móvil, clínicas móviles, cientos y cientos de edificios, calles, carreteras, puentes, lo están destrozando todo", relataba desde Gaza un vecino del campo de refugiados de Yabalia. Después de dejar Gaza asolada y de asestar a Hamás un golpe de calibre aún incierto, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, aseguró que la operación continuará porque "no se han logrado todavía los objetivos". En los cementerios no queda espacio." (El País, ed. Galicia, 09/01/2009, p. 2/3)

3/3/08

Amenazan con el Holocausto ¡Miseria!

“Israel usa el término holocausto para amenazar a los palestinos. El viceministro de Defensa advierte contra el disparo de cohetes.

resulta sorprendente que el viceministro de Defensa, el ex general Matan Vilnai, empleara ayer el vocablo shoah para advertir de lo que aguarda a los palestinos si continúa el lanzamiento de cohetes sobre los pueblos y ciudades cercanos a Gaza. "A medida que más Kassam disparen y más lejos alcancen", afirmó Vilnai, "los palestinos provocarán sobre ellos una mayor shoah, porque utilizaremos todo nuestro poder para defendernos". "Usó esa palabra en el sentido de desastre, no de genocidio", precisó uno de sus portavoces.” (El País. Ed. Galicia, Internacional, 01/03/2008, p. 6)

19/2/08

Sin compasión, los judíos

“Es cierto que nuestro miedo por desaparecer del mapa nos ha acompañado casi constantemente; ha sido como una nube siempre flotando encima de nosotros, pero quizás precisamente por eso, por ser algo tan amenazante, hemos sido incapaces de enfrentarnos a él de verdad, de forma concreta y sensata, y por eso tampoco se han dado los pasos necesarios para superar ese miedo, y no me refiero sólo a medios militares (con los que también hemos fallado), sino a un cambio profundo y amplio en la conciencia de quien está obligado a evitar de verdad un peligro existencial para Israel. (…)

Hoy en día, Israel es un país insoportablemente turbio. Se respira una atmósfera empañada, y esto no es algo que empezara ni con Ehud Olmert ni con la última guerra, si bien Olmert con su conducta ha contribuido bastante a ello. (…)

Actualmente, tenemos la ocasión de ver cómo está actuando en este país un gen destructor, bien conocido por nosotros, capaz de llevarnos a una guerra fratricida. Es como si tras más de 100 años de incesantes luchas políticas, de guerras y de infinitas operaciones militares de castigo, la sospecha y la hostilidad con que nos hemos acostumbrado a mirar a nuestros enemigos se hubieran convertido en nuestra forma casi automática de pensar y comportarse con el resto, con todo aquel diferente de nosotros, aunque, por así decirlo, sea "uno de los nuestros".

Carecemos de compasión. No nos compadecemos de nosotros mismos y mucho menos de los demás. No existe el compromiso recíproco que precisa la frágil situación en que nos hallamos.” (DAVID GROSSMAN: El miedo de Israel a desaparecer del mapa. El País, ed. Galicia, Opinión, 17/02/2008, p. 33)