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10/5/22

Frank R. James, el ‘profeta de la fatalidad’ que cumplió su amenaza en el metro de Nueva York

 "El tribunal federal de Brooklyn (Nueva York) ha decretado este jueves prisión incondicional sin fianza para Frank R. James, el afroamericano de 62 años detenido como presunto autor del tiroteo que el martes causó 23 heridos, diez de ellos por arma de fuego, en un vagón del metro de la ciudad. Para justificar su decisión, el tribunal subrayó que la presencia de James en las calles supondría una amenaza “seria y activa” para la seguridad ciudadana. Será procesado por ataque terrorista contra el sistema de transporte público y, si es declarado culpable, puede ser condenado a cadena perpetua.

Qué llevó al neoyorquino James, un hombre con un nutrido historial de antecedentes policiales, a disparar indiscriminadamente con una pistola Glock de nueve milímetros a los pasajeros, es algo que solo podrá determinar la investigación, incluida la valoración psiquiátrica que ha solicitado la defensa. Un ser a la deriva, como tantos otros —la cara b del sueño americano, la pesadilla—, en cuya biografía se entremezclan la comisión de variados delitos (hurto, robo, acoso sexual) y los desórdenes de conducta.

Fichado desde hace décadas, generaron más inquietud que sus antecedentes los vídeos que había publicado en los últimos años en YouTube, donde su página continuó visible hasta 24 horas después del ataque, cuando fue cerrada por “violar las directrices” de uso. El contenido de los vídeos era perturbador: desquiciadas arengas políticas, a veces agresivas, muchas de ellas dirigidas contra el alcalde de Nueva York, Eric Adams; delirios de persecución y mensajes en los que se presentaba como un ser “lleno de odio y rabia” víctima de “terribles tratamientos psiquiátricos”. Además de arrebatos de homofobia, misoginia y racismo -contra negros e hispanos, también contra los blancos-, James denunciaba la vida de los vagabundos en el metro, una triste realidad que Adams pretende erradicar, no sin polémica, y manifestaba su deseo de agarrar un arma y disparar al azar, contra quien fuese. Especialmente chocante era su rabia contra los afroamericanos —como él— víctimas de la violencia, a quienes acusaba de merecerlo.

Su hermana, Catherine, manifestó a The New York Times su “sorpresa” al verle acaparar titulares. “Nunca pensé que podría hacer algo así”, apuntó la mujer, tras precisar que llevaba tiempo sin saber de él. James fue los últimos años un agujero negro personal y social, que acabó saliendo a la superficie como una erupción de ira. Eso que el cine modula hasta convertir en arte (Un día de furia, por ejemplo), pero que en la vida real regurgita el sumidero de la violencia. Su existencia, errabunda, le llevó de ciudad en ciudad, sin oficio conocido, aunque se presentaba como conductor, dando tumbos por apartamentos cuyos vecinos le recuerdan como un hombre brusco, distante y propenso a perder los estribos; a menudo pendenciero.

En el atiborrado vagón del metro que bien pudo convertirse en escenario de una masacre —la mayoría de los heridos han recibido el alta, y no se teme por la vida del resto—, la policía encontró restos de la existencia desordenada de James. Un arsenal heterodoxo (balas, bombas de humo, petardos y bengalas y un hacha), además de la pistola Glock 17, que el presunto agresor había comprado legalmente en Ohio en 2011, según la policía. También las llaves de una furgoneta U-Haul —una popular empresa de alquiler de vehículos para portes asequibles— y una tarjeta de crédito a su nombre, lo que ha hecho preguntarse a algunos si el propio James no fue dejando esas huellas para ser encontrado, como si deseara acelerar el final de su escapada. Informaciones no confirmadas apuntan que el sospechoso alertó de su presencia en el lugar donde fue detenido, una calle del East Village, mediante una llamada telefónica a la policía.

Del arma que mandó a diez personas al hospital, qué decir: pese a los intentos de la Administración de Joe Biden por restringir la circulación de las mismas, y la opinión mayoritaria de la población en pro de un mayor control, la Glock 17 de nueve milímetros tenía los papeles en regla y era legal a todos los efectos, gracias a la Segunda Enmienda de la Constitución. En su apartamento de Filadelfia, la policía encontró también un cargador de un fusil semiautomático, mucho más letal que la pistola usada, y en la furgoneta alquilada y luego abandonada, un tanque de propano.

Biden afronta las críticas de los republicanos y el poderoso lobby armamentístico, que encarna la Asociación Nacional del Rifle (RNA, en sus siglas inglesas), al intentar poner coto a la proliferación de armas de fuego en las calles, un fenómeno que la Casa Blanca tilda de epidemia. También intenta frenar esta sangría el alcalde Adams, que tras la buena noticia de la detención de James, debió pronunciarse sobre el rosario de tiroteos —una docena larga— que había sacudido la ciudad en las últimas 36 horas. “Nadie está seguro”, dijo un policía de servicio en Brooklyn al diario New York Post sobre otro incidente, sin relación con el ataque del metro. Un buen resumen.

Siguen también los cabos sueltos; las preguntas y las cábalas. Muchas ciudades de EE UU disponen de sistemas de videovigilancia en el metro más eficaces que el de Nueva York, pese a que la Gran Manzana es el escaparate global del país. En la estación de la calle 36 de Brooklyn no transmitían, aunque habían sido revisadas solo dos días antes del tiroteo por trabajadores de la autoridad de transporte urbano de Nueva York (MTA, en sus siglas inglesas), a instancias de la policía, que se quejó de no recibir imágenes de la estación. Las cámaras funcionaban, informaron fuentes sindicales del suburbano, pero fallaba el envío de imágenes por fibra óptica. Otra prueba de disfuncionalidad, en las que el maltratado metro neoyorquino, e incluso la ciudad, abundan.

En los vídeos que colgaba en YouTube, James se calificaba de “profeta de la fatalidad”. “Va a haber sangre, mucha sangre”, advertía en sus delirios, advirtiendo que el tamaño de la población debía reducirse. “Da igual que sean blancos o negros”. En uno, publicado el 23 de marzo, alertaba de futuras guerras interraciales, la posibilidad de una tercera Guerra Mundial y el racismo que vivió mientras daba tumbos por todo el país. “Vivimos tiempos muy peligrosos, diría yo, tiempos muy inciertos”. En eso sí fue profético, piensan hoy no pocos neoyorquinos cuando se aventuran por las escaleras y los andenes del metro."                       (María Antonia Sánchez-Vallejo , El País, 15/04/22)

15/7/21

Caso Samuel: una matanza colectiva como las estudiadas en chimpancés y alimentada con ‘Fortnite’... “Me parece alucinante la falta de ayuda de la gente, grabando con el móvil la escena”

 "Expertos en criminología, educación y psicología social diseccionan el comportamiento gregario de la pandilla de jóvenes, la mayoría sin antecedentes, que desembocó en el crimen de A Coruña.

 La barbarie se adueñó en la madrugada del sábado 3 de julio de una pandilla de jóvenes de entre 17 y 25 años; un número aún indeterminado de muchachos, la mayoría sin antecedentes penales, que al actuar en grupo y supuestamente bebidos se transformaron, según personas vinculadas a la investigación, en una auténtica “jauría humana”

 “De manera enloquecida se estimularon entre ellos”, describe Antonio Andrés-Pueyo, catedrático de Psicología de la Violencia en la Universitat de Barcelona. Hasta convertirse en esos monstruos que destrozaron a golpes la cabeza y el tórax de Samuel Luiz, auxiliar de enfermería de 24 años y carácter conciliador, voluntario de Cruz Roja.

 “La violencia es un recurso que tenemos los humanos, no es algo exclusivo de quinquis marginales”, aclara Andrés-Pueyo. “Y el agregarse para agredir es una reacción muy propia del varón joven”, un comportamiento que puede entrañar “una gravedad altísima”, como en el caso de la agresión mortal de Samuel. “Esto es algo que se ha observado en grupos de chimpancés”.

“Los animales pacíficos tienen una enorme capacidad de hacer daño porque tienen recursos”, explica el catedrático de Barcelona. “Ocurre en las discotecas cada dos por tres. Ira, irritación, excitación colectiva, noche, alcohol... Todo multiplica la exacerbación del deseo de venganza”, describe el catedrático, “contra quien ‘ha molestado a nuestro colega”.

 Al final, “pequeños componentes forman la tormenta perfecta sobre la víctima”, concluye. Son “cosas que abonan”, condimentos que los llevan a actuar, en manada, “como si perdieran la razón”. El joven al que mataron solo fue para ellos, sostiene el especialista, “una víctima propiciatoria, que estaba en el lugar inadecuado en el momento inadecuado”. 

Los agresores “lo deshumanizaron totalmente, lo cosificaron”.

 Estos estallidos sin justificación ocurren semanalmente “en todos los botellones”, recuerdan los especialistas consultados, pero “como se saldan con heridos, no salen en la prensa”. El criminólogo y perito judicial de A Coruña Luis Alamancos advierte: “Estamos llegando a un punto muy peligroso en la banalización de la violencia” en una sociedad sobrada de “esos pequeños tiranos que define Javier Urra [psicólogo, ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid]”, a los que los padres no saben “imponer límites”. “Basta que haya un detonador y el grupo actúa al unísono”, sin pensar que “con 18 años cada hecho acarrea una consecuencia”.

Manuel Isorna, doctor en Psicología y profesor del departamento de análisis e intervención Psicosocioeducativa de la Universidade de Vigo, avisa sobre lo que detecta en su trabajo continuo con chicos desde la adolescencia: “Tenemos un gran problema y va a ir a más: si creemos que los niños de ahora van a ser como nosotros cuando cumplan 40 años, estamos muy equivocados”. “Tienen poco autocontrol y poca tolerancia a la frustración. No aprenden a compartir, ni a resolver conflictos ni a controlar sus impulsos”.

 “Cuando hay peleas de jóvenes, todo lo que sucede es la suma de un montón de factores de riesgo”, subraya Andrés-Pueyo. “Es fundamental que alguien tome la iniciativa para que luego se desencadene la agresión de grupo. El conflicto lo tiene este agresor inicial, no la víctima”. En el crimen de A Coruña, la chispa que prendió la pólvora fue un presunto malentendido: un joven de 20 años que estaba con su novia a las puertas de un bar creyó, supuestamente, que Samuel le estaba grabando con el móvil. 

En realidad, la víctima mantenía, junto a una amiga, una videollamada con otra chica en Pontevedra. El otro veinteañero, que llegó gritando “o dejas de grabar o te mato, maricón”, no atendió a explicaciones y ahora está en prisión, investigado por un posible homicidio o asesinato.

Puntos por “patear, reventar y asesinar”

“Antes teníamos aquello de los dos rombos” que señalaba los programas de televisión no aptos para menores, rememora Alamancos, “ahora no hay filtros”. “A cualquier hora, los chicos tienen ante ellos series y juegos hiperviolentos a los que están enganchadísimos, como Fortnite”. “Se nos viene encima un problema enorme”, alerta, porque “la gente no va a saber qué es ficción y qué realidad”. 

Según la investigación policial, el crimen de A Coruña “no fue premeditado”, continúa el criminólogo y grafólogo. “Pero tampoco se puede decir que fuera un arrebato del momento”, porque “media un hombre de nacionalidad senegalesa para separarlos” y “después de la primera trifulca, a 150 metros, el grupo vuelve a atacar a Samuel y lo golpea con un ensañamiento brutal”.

 Los chicos que fueron detenidos por la muerte de Luiz “seguramente no suspenden ética; nadie la suspende porque es la maría de las marías”, lamenta Isorna. “Es urgente introducir en el sistema educativo técnicas de relajación y autocontrol, desarrollo de la empatía, la tolerancia y las habilidades sociales... Entrenar la asertividad de los niños”, insiste el profesor de la Universidade de Vigo. Antes, esto se aprendía “en las familias con varios hermanos, en la calle o en clubes culturales y deportivos, de los que cada vez hay menos en España”.

“Nosotros crecimos llorando con Marco, o viendo la relación de Heidi con su abuelo”, ejemplifica el psicólogo: “Hoy, nuestros jóvenes tienen como referencia a youtubers que, a salvo en sus habitaciones, explican cómo matar en Fortnite, o cómo hacer en GTA [otro juego] para tener relaciones sexuales con una mujer en un coche y luego pegarle un tiro para quitarle el dinero”.

 Muchos videojuegos de moda “consisten en matar, patear, reventar, asesinar... Y encima les dan puntos por ello”, protesta el experto en intervención psicosocioeducativa. “La mayor parte de los jóvenes saben discernir, pero perciben demasiada violencia”, sostiene Isorna: “Tenemos un ministro que nos alerta sobre la carne, pero nunca se hace nada contra estas multinacionales de los juegos”.

 “Los niños viven en un cambio de pantalla, donde no existe la frustración y no se demora la recompensa”, prosigue el educador. “Cuando el estado emocional de mi hijo depende de si le dan likes al vídeo chorra que cuelga tenemos un problema”, avisa. “Las reglas del sistema han cambiado y tenemos que verlo”, alerta, “según las estadísticas oficiales, un 20% de los adolescentes españoles (más las chicas que los chicos) consumen psicofármacos, con o sin receta”.

 En este escenario, los padres “hemos pasado de ser autoridades a ser colegas de nuestros hijos, sin establecer normas”, reprocha el psicólogo: “Los hijos llegan borrachos a las cinco de la mañana y no pasa nada. Hay falta de comunicación y afecto, y los conflictos, incluso dentro de la familia, se resuelven por WhatsApp”.

Impulsos cerebrales

“A los 20 años aún no está formada la corteza prefrontal, que se desarrolla plenamente entre los 22 y los 25″, explica Isorna. Y el alcohol, además, “deprime esta zona del cerebro que rige el autocontrol, los impulsos, la toma de decisiones”. Alamancos, en la misma línea, advierte: “Se han multiplicado los casos de cirrosis hepática entre la gente joven. La intoxicación etílica está detrás de muchas peleas. Afecta al sistema nervioso central y desinhibe. Saca lo que cada uno tiene dentro”.

Isorna añade: “Antes había violencia instrumental, se planificaba y se agredía para conseguir algo, fuera una moto o una cazadora. Hoy sigue habiéndola, pero además está la violencia emocional u hostil”, que es la que ejercieron sobre Luiz. Los agresores “no salen a matar a nadie, pero salen a la calle con un imaginario social: son el grupo perfecto y, automáticamente, lo que no encaje en esto se odia”.

“La sociedad busca siempre una causa”, recalca Andrés-Pueyo. “Una sola. Pero en clave criminológica en estos sucesos hay muchas circunstancias que se encadenan”. El crimen de A Coruña “arrancó con un ataque de ira del primer agresor, y ese choque inicial contaminó inmediatamente a todo el grupo”. Según fuentes relacionadas con las pesquisas, las chicas jaleaban y los chicos pegaban al tiempo que insultaban al muchacho indefenso con expresiones, entre otras, como “maricón de mierda”.

 Según sus amigas, la víctima era homosexual. Pese al barniz homófobo del acto que denuncian ellas y que ha derivado en unos 150 actos de repulsa en España, el catedrático advierte de que los detenidos (por ahora seis, de los que una semana después del suceso cinco fueron recluidos) “no son una banda de antigais”.

Ante un hecho así, “socialmente todo el mundo pierde”, zanja Andrés-Pueyo, “se genera un gran impacto y miedo, porque de repente se ve que esto puede suceder”. “Para la gente, lo ocurrido no tiene ningún sentido, pero para los que lo han hecho sí, de forma pasajera”, reconoce el psicólogo de la violencia: “Se sintieron reforzados, sintieron que hacían justicia a su amigo” aunque fuera por una estúpida equivocación. “Sintieron que tenían el poder”, en aplastante superioridad numérica. Y lo pagó con su vida quien no pudo defenderse.

De la cárcel ficticia de Zimbardo al crimen de la Villa Olímpica

Hace ahora 50 años, el investigador Philip Zimbardo emprendió un ensayo psicológico en el que adjudicaba a estudiantes universitarios los papeles de carceleros y reclusos de una cárcel ficticia en la Universidad de Stanford.

 El experimento tuvo que ser suspendido a la semana de iniciarse por lo peligroso que se volvió el abuso de poder de los vigilantes. “El ser humano es muy particular”, dice Manuel Isorna, “cuando está en grupo y le das un traje y carta de autoridad automáticamente se transforma”. Además, añade, “su comportamiento individual cambia por completo en colectivo”. Es así como se produce “el acoso escolar”.

“Es más necesario que nunca modificar el sistema educativo para formar personas asertivas”, capaces de defender sus derechos desde el respeto, reivindica el psicólogo de la Universidade de Vigo. “Cada persona sumisa o agresiva que sale de un centro educativo sin ser detectada a tiempo es un fracaso”.
Samuel Luiz trató de explicarse ante un agresor que no quiso escuchar, y a continuación todas las personas congregadas en la avenida de Buenos Aires asistieron a su linchamiento.

 “Me parece alucinante la falta de ayuda de la gente, grabando con el móvil la escena”, comenta Luis Alamancos, “me recuerda esa frase de Edmund Burke que dice que ‘para que el mal triunfe solo se necesita que los hombres buenos no hagan nada”.

“No es la primera vez que ha pasado algo así en España”, recuerda Antonio Andrés-Pueyo, y cita como ejemplos dos casos de Barcelona: el conocido como crimen de la Mendiga y el llamado caso Valentín o De la Villa Olímpica. El 16 de diciembre del año 2005, Ricardo Pinilla y Oriol Plana, ambos de 18 años, y José Manuel M., de 16, quemaron viva dentro de un cajero a Rosario Endrinal, una exsecretaria de dirección de 50 años que había tocado fondo, alcoholizada e indigente. Los mayores fueron condenados a 16 años y el pequeño, a ocho de internamiento en un centro de menores y a cinco más de libertad vigilada.

El 1 de abril de 2000, otros siete muchachos participaron en la caza de una víctima aleatoria a las puertas de una discoteca en la Villa Olímpica. Colocaron una cazadora como señuelo, y su víctima propiciatoria fue Carlos Javier Robledo, de 24 años, que iba acompañado de dos amigos. El chico se topó la prenda abandonada, la recogió y sus atacantes se abalanzaron sobre él como si estuvieran vengando un robo. Fueron directos a zonas sensibles como la cabeza. 

El tribunal calificó el crimen de “salvaje” y en 2002 impuso a los acusados penas que sumaban más de 157 años, convencido de que habían actuado con “ánimo específico de matar”, aunque solo lo lograron con Robledo. Uno de los autores era menor, le faltaban pocas horas para cumplir 18 años. Fue el primero en pegar un puñetazo y recibió una condena de ocho años de internamiento."                  (Silvia R. Pontevedra , El País, 14/07/21)

 "Mapa de las personas que intentaron ayudar a Samuel: reconstrucción de una noche donde casi nadie llamó a la Policía. 

El crimen que acabó con la vida de Samuel Luiz se produjo ante la mirada de decenas de personas que siguieron su camino sin hacer nada. La excepción, un puñado de siete personas: dos avisaron a la policía

 En la madrugada del 3 de julio, Samuel Luiz fue linhcado hasta la muerte por una multitud una céntrica calle de A Coruña. En las imágenes, publicadas por elDiario.es, se demuestra que la paliza fue multitudinaria. También se puede ver cómo, durante el momento de los dos ataques que sufrió Samuel, decenas de personas caminaban por el lugar de los hechos. Solo dos personas decidieron llamar a la Policía para denunciar los hechos. Otras cinco personas intentaron ayudar a lo largo de esos dramáticos minutos sin conseguir evitar el fatal desenlace. 

Ibrahima Shakur, el joven senegalés que estuvo a punto de salvarlo

El nombre más repetido es el de Ibrahima Shakur, el joven senegalés que intercedió en la primera agresión para tratar de ayudar a Samuel. Su intervención frenó el primer ataque y permitió a la víctima ponerse en pie y alejarse del lugar. En declaraciones a los medios de comunicación Lina, la amiga de Samuel, aseguró que Ibra Shakur fue la única persona que decidió ayudar al joven frente a la multitud que lo asesinó. Cuando se produjo el segundo de los ataques, Ibrahima Shakur ya no estaba allí. Posteriormente, hemos conocido que junto a este joven se encontraba otro migrante que también intentó ayudar a Samuel. A ambos el Gobierno les ha concedido este martes la regularización extraordinaria.

 Acababan de dar las tres de la madrugada y, además de las personas que caminaban por la calle, el tráfico de vehículos era considerable. Desde el interior de uno de esos coches se produjo la primera llamada alertando de la paliza. Según recogen los primeros informes policiales, una conductora anónima llamó la Policía Local para denunciar lo que tan solo pudo ver durante unos segundos desde su coche en marcha. Ahí fue cuando saltaron las alarmas y le Policía se puso en marcha. La patrulla con el distintivo Tango 100 se encontraba por la zona y apenas tardó unos minutos en llegar al lugar en donde Samuel yacía malherido.

Los tres testigos que siguieron el ruido

Poco antes de que llegase el primer coche de Policía, Pablo (57 años), Marco (50 años) y Begoña (50 años) caminaban por la Avenida de Rubine a pocos metros del lugar donde estaba sucediendo la agresión. 

Alertados por el ruido de la turba se acercaron para ver qué estaba pasando. Al torcer la calle y antes de poder ver a Samuel tendido en el suelo, estos tres amigos se cruzaron con el grupo de agresores que abandonaban apresurados la escena del crimen. Pablo fue el primero en verlos: "No había casi nadie por la calle y vi como un grupo escapaba del lugar. No corrían, iban a paso muy rápido. Ojalá hubiera distinguido a alguno".

En cuanto se acercaron a socorrer a Samuel, los tres se dieron cuenta de la gravedad de la situación. La víctima yacía en el suelo inconsciente y rodeado de sangre. En ese momento, Begoña llamó a emergencias. Fue la segunda de las únicas tres llamadas que el sistema de alertas recibió aquella noche.

Minuto tras minuto, Lina y los tres amigos que paseaban en la madrugada del sábado se entregaron intentaron reanimar al joven. Marco lo explicaba así en declaraciones a elDiario.es: "La cosa estaba muy mal. Cuando le agarré la cabeza vi que no paraba de expulsar sangre. Tenía varias brechas en el cráneo". Diez minutos más tarde llegó la primera ambulancia.

Una llamada desde la otra punta de la ciudad

La tercera llamada que recibió la Policía llegó desde la otra punta de la ciudad. Un joven llamó a los agentes para asegurar que había sido testigo de la paliza. Esa última conexión se produjo sobre las tres y media de la madrugada. El denunciante ya estaba lejos del lugar donde Samuel aún luchaba por su vida tendido en el suelo. Concretamente, en la Avenida Sardiñeira, a 2,1 kilómetros del lugar de los hechos. Esa denuncia ha sido fundamental para la investigación ya que es la única en la que un testigo señala conocer la identidad de los agresores. 

La Policía envía un coche patrulla al lugar en donde se ubica el testigo y le toma declaración. Según se recoge en los atestados, el denunciante ofrece las primeras pistas para identificar a los responsables del asesinato e, incluso, llega a dar el apellido de uno de ellos, así como una ubicación del barrio en el que reside buena parte del grupo.

El mapa para ubicar la colaboración de los testigos

La siguiente infografía ubica a cada una de las personas que intentaron ayudar a Samuel o, en última instancia, colaborar en la detención de sus agresores."                    (Javier H. Rodríguez, eldiario.es, 13/07/21)

26/11/13

"Hay muchos soldados que sienten un gran placer destruyendo personas, arrasando cosas... Disfrutan disparando a todo lo que se mueva"

"DOCTOR GRAY:

Es la naturaleza humana, lo ves en jóvenes a los que les encanta romper ventanas para oír el tintineo de los cristales, pero hay muchos soldados que sienten un gran placer destruyendo personas, arrasando cosas y que matarían más allá de lo necesario. Disfrutan disparando a todo lo que se mueva.

 Creo que este aspecto de la naturaleza humana no se ha tratado suficiente-mente, y creo que es una de las causas de la guerra. No sé cuáles son los lí-mites, pero conozco a ciertos soldados, exterminadores, que son muy dife-rentes de los soldados normales, que sólo matan cuando es necesario, y que nunca se vuelven exterminadores.

Supongo que no es muy diferente del placer que sienten los cazadores que matan antílopes o ciervos. Lo he estu-diado como uno de los atractivos del combate, además de la concupiscencia del ojo y el atractivo de la camaradería. Amenaza a toda nuestra civilización y aquí, en Estados Unidos, tenemos ahora estas cosas en la vida civil. Creo que es un punto extremo de la naturaleza humana del que no se puede regresar unos minutos después para lamentarlo. 

Llega a gustar con el tiempo. Y si hablamos de exterminadores experimentados, como eran algunos de las SS, y me temo que también algunos paracaidistas nuestros, no se puede dar marcha atrás de repente y arrepentirse. No digo que estos individuos sean incurables ni nada por el estilo, pero tienden a ser muy siniestros.

 Yo los veía en el campamento de convalecientes: a veces les daba por agredir a los lugareños, tenían mala fama e incluso sus propios oficiales solían te-nerles miedo. No sé en el caso de los artilleros y los pilotos.

Los pilotos son individuos que matan a distancia, pero les gustan mucho los instrumentos, los bombardeos de precisión y todo eso. Pero cuanto más lejos se está del blanco, menos probable es que se comprenda en profundidad el daño que se causa con aquella arma.

 No somos capaces de imaginar lo que sentirán las personas que están a doscientos o trescientos metros de nosotros. Creo que la falta de imaginación es uno de los peores defectos de la humanidad."


(Richard Holmes: Un mundo en guerra. Historia oral de la segunda guerra mundial, ed. Crítica, Barcelona, 2008, págs. 546/7)

8/5/11

"Un grupo de musulmanes salafíes la atacaron (a una iglesia) al creer que los cristianos mantenían encerrada allí a una copta convertida al islam"

"Al menos 10 personas han muerto y más de 180 han resultado heridas, 11 de ellas muy graves, en un nuevo enfrentamiento armado registrado anoche entre cristianos y musulmanes en Egipto.

En el barrio de Imbaba, en El Cairo, la calma iba regresando despacio mientras los rescoldos del incendio de la Iglesia de Mar Mina aún humeaba después de que durante la pasada noche un grupo de musulmanes salafíes la atacaran al creer que los cristianos mantenían encerrada allí a una copta convertida al islam.

También los ánimos seguían encendidos entre los vecinos que seguían acudiendo al lugar. Se ha producido igual número de víctimas de cada confesión, según Ali Abdel Rahman, gobernador de la provincia de Giza. (...)

Los musulmanes que han protagonizado el ataque de esta noche pertenecen a la corriente de los salafíes, una de las más rigurosas del islam y que cada día está ganando más terreno en Egipto. Después de mantener un perfil bajo durante el régimen de Mubarak, desde el 11 de febrero, los salafistas están ganando presencia en las calles egipcias.

Esta semana protagonizaron una protesta en el centro de la capital por el asesinato del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, a manos estadounidenses, e intentaron llegar a la embajada del país norteamericano.

Los cristianos egipcios, mayoritariamente coptos, representan el 10 por ciento de la población del país, calculada en unos 75 millones de habitantes. Al Qaeda ha lanzado en varias ocasiones amenazas contra las poblaciones cristianas en Oriente Próximo." (El País, 08/05/2011)

11/4/11

"Ese miedo que está en el imaginario del americano medio, que piensa que el inmigrante ilegal va a entrar por la noche en su casa a violar a su mujer

"P. Un inmigrante que ataca a mujeres blancas que viven cerca de las vías del tren... no es políticamente muy correcto, ni es buena prensa para los inmigrantes...

R. Quería que fuera un personaje que se defendiera por sí solo pero que también tuviera un valor simbólico. Jesús es la encarnación literal de ese miedo que está en el imaginario del americano medio, que piensa que el inmigrante ilegal va a entrar por la noche en su casa a violar a su mujer y a asesinar a su hija.

Por eso me atraía esta figura, porque condensaba muchas de las cosas que no aparecen mucho en la discusión pública sobre la inmigración pero que existen. Recientemente el Tea Party y ese lado republicano tan recalcitrante ha sacado esas fobias y esas ansiedades a la luz. Quería narrar esa pesadilla, pero narrarla desde la cabeza del psicópata, y no reducirla a una caricatura.

Además, como escritor me interesa ahondar en la herida, en el conflicto que puede plantear lo políticamente incorrecto. La novela se construye según sus personajes. Me interesa cómo son y si se defienden como personajes más allá de que sus acciones sean despreciables. Eso es lo interesante de la literatura." (Edmundo Paz Soldán: 'Me interesa ahondar en la herida'. El País, Babelia, 09/04/2011, p. 8)

23/9/10

Las guarderías y escuelas infantiles de la República Popular China son con cada vez más frecuencia el objetivo de asesinos de masas

"Los padres chinos se encuentran cada vez más atenazados por el miedo y el horror. (...)

Pero el 23 de marzo de 2010 irrumpió Deng Mingsheng, un médico desempleado desde hacía nueve meses, en un centro infantil en Nanping (provincia de Fujian), mató a ocho niños e hirió gravemente a otros cinco. (...)

El 28 de abril, Chen Kangbing, un profesor “de vacaciones” forzadas por enfermedad desde hace cuatro años, hirió en Leizhou (Guangdong) a 16 niños y un profesor. Un día después el desempleado Xu Yuyuan irrumpió en una escuela de primaria de en Taixing (Jiangsu) e hirió a 29 niños. El 23 de abril el campesino Wang Yonglai de Weifang (Shandong) fue informado de que su casa, construida hace un año y todavía por pagar, era “ilegal”.

El 29 de abril firmaba el escrito de consentimiento para su derribo, para entrar al día siguiente con un martillo en la escuela del municipio y herir gravemente a cinco escolares antes de prenderse fuego. También a causa de un problema inmobiliario se registró un caso en Nanzheng (Shaanxi), donde un hombre entró el 12 de mayo en la guardería de su bloque de edificios y mató a siete niños y la profesora, así como una madre.

Sucede que la tragedia personal o la humillación social de todos los atacantes había alcanzado una magnitud abiertamente insoportable. En todos los casos se trataba de hombres fracasados profesionalmente con edades comprendidas entre los 30 y los 40 años. Todos vivían en ciudades pequeñas, que a menudo son abandonadas para siempre por los mejores estudiantes, de camino a la universidad y su posterior carrera profesional.

Que dan la espalda a todos los demás si tienen la posibilidad. Para el profesor Chen Kangbing, para Xu Yuyuan y los demás no había ninguna otra esperanza en la sociedad china contemporánea: ningún trabajo, (y por ello) ninguna vivienda, (y por ello) ninguna posibilidad de crear una familia. Su frustración es comprensible, pero a primera vista no explica por qué atacaron a niños inocentes. (...)

¿Han sido humillados durante tanto tiempo que sólo pueden descargar su impotencia en los más débiles de la sociedad, los niños? Los crímenes son «solamente en parte» atribuibles a que sus autores se vieron abandonados por la sociedad y condenados al ostracismo, opina Hu Lifeng, catedrático de trabajo social en la facultad de pedagogía de la Universidad de Beijing. «Por supuesto, ninguno de ellos se planteó, bajo ningún concepto, entrar en un edificio gubernamental.

Pero no solamente eso. Los ataques fueron calculados. Si especialmente en los estados más pequeños muchos padres aún tienen solamente un niño [debido a la política de planificación familiar china, N.T.], el asesino sabe perfectamente cómo puede emprender su venganza causando el mayor daño posible y multiplicando sus consecuencias.” (...)

De modo similar se expresa el psicólogo Ma Shihong, quien trabaja especialmente en los círculos más pobres de las provincias de Hebei y Shandong. «¿Por qué querría alguien atacar a niños? Si dejamos abiertamente de lado que son los que menos pueden defenderse, quedan tres factores de importancia.

El primero es que alguien ha sido tratado con injusticia desde su infancia quiere cobrarse por ello una recompensa.

El segundo es que alguien puede pensar debido a la injusticia experimentada que los demás deben sufrir el mismo dolor que él padece.

Y el tercero sería que alguien realmente perdiese totalmente el control sobre sí mismo y no supiera lo que hace e inconscientemente atacase a los niños.»

Pero esta última es para Ma Shihong la opción menos realista. «¿Por qué debería alguien desarrollar un odio calculado hacia los niños?» Sin embargo, si alguien llegase tan lejos como para perder el control de sí mismo, no explica por qué la mayoría de criminales buscaron conscientemente a los niños como víctimas.
(...)

Sea como fuere, desde julio hay vacaciones de verano, y en principio ninguna noticia en las páginas de sucesos. Y así parecía hasta el pasado 4 de agosto, cuando el periódico de Hong Kong Singtao informó, en un artículo especialmente sangriento y efectista, de que en la ciudad de Zibo (Shandong) tres hombres armados con cuchillos entraron en una guardería, asesinando a dos niños y tres cuidadoras.

Un «pequeño camarada» que no puedo escapar a tiempo, afirma el Singtao, fue decapitado de un solo tajo, mientras otro quedó con la cabeza colgando del cuello... Otras fuentes informan con menos detalle y hablan de un sólo un atacante, así como de tres muertos. ¿Existió realmente un ataque de este tipo?
" (Sin Permiso, 05/09/2010, citando a 'China: la furia de los perdedores', de Dirk Reetland)

6/4/10

'Millones de estos piadosos obreros y sastres empezaron a matar a otros obreros y sastres de una forma que ni ellos mismos han podido comprender'

"J. L. G. Creo que es imposible entender esta obra (nota: 'Final de partida', de Beckett) sin asumir que está escrita por un hombre profundamente marcado por la II Guerra Mundial, algo que refleja el testimonio que dejó de su trabajo en el hospital en la ciudad devastada de Normandía, Saint-Lô. De alguna manera Final de partida es una memoria intensa y muy cifrada de ese tiempo.

K. L. Hasta la II Guerra Mundial estuvimos arraigados en la ilusión de que todos somos buenos, piadosos y humanos. Entonces, millones de estos piadosos obreros y sastres empezaron a matar a otros obreros y sastres de una forma que ni ellos mismos han podido comprender. Hemos encerrado la bestia en una jaula, pero no la hemos transformado. (...)

J. L. G. Vi hace poco la película de Andrzej Wajda Katyn, que me parece admirable aunque sé que a los polacos no tanto. El caso es que nosotros no hemos tenido la suerte de tener una mirada tan valiente a nuestra propia memoria histórica. Más aún, seguimos tropezando con una sociedad heredera de otra que pasó y hasta vemos cómo un partido como la Falange presenta una querella contra Garzón, el único juez que ha intentado investigar los crímenes de guerra. Para poder vivir tranquilos siempre hace falta un proceso de reparación.

K. L. Pero ese proceso siempre será insatisfactorio. Hace falta un nuevo campo para que nazca un nuevo ser humano. Nosotros estamos demasiados aterrorizados. Y bajo esa oscuridad, bajo ese miedo, el ser humano ya no puede ver a otro ser humano. Sólo vemos enemigos. En Final de partida la relación entre el miedo y el poder es muy interesante. El miedo a lo desconocido en el otro ser humano. Eso que por ignorancia llamamos enemigo. Sobre la película de Wadja diré que me parece que se entiende mejor fuera que dentro de Polonia.