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21/6/21

El demoledor silencio que rodeó a las torturas de Billy el Niño

 "Ante la cámara, cada uno de ellos va recordando las torturas a las que fueron sometidos en los sótanos de la Dirección General de Seguridad, situada en los setenta en el edificio emblemático de la Puerta del Sol, y las recuerdan con sus nombres: la rueda, el quirófano... Sin embargo, esas descripciones y el posterior reconocimiento de algunos de los torturados de que en esos infames calabozos del centro de Madrid fueron quebrados física y psicológicamente, eran chavales que entonces no tenían ni 20 años, no provocan tantas lágrimas como un par de confesiones que siguen: dieron nombres de compañeros. 

Se chivaron y no se lo perdonan aún casi medio siglo después. También les duele el silencio que ha aplastado su voz y escondido su sufrimiento en bien de la Transición española hacia la democracia.

Max Lemcke (Madrid, 53 años), director de Mundo fantástico (2003), Casual Day (2007) o Cinco metros cuadrados (2011), presenta en el festival de Sevilla Billy, un documental “de urgencia” —coproducido por la revista CTXT y un micromecenazgo en el que han participado más de 1.500 inversores-, que ahonda en la figura del policía Antonio González Pacheco, Billy el Niño. No fue el único policía torturador en el final del franquismo, pero sí uno de los que disfrutaba haciéndolo.

 Y el que mejor parado salió de aquellas barbaridades: porque el apodado Billy el Niño por su facilidad en enseñar la pistola en cualquier momento entró en la policía a finales de los sesenta y rápidamente llegó a ser número dos del comisario Roberto Conesa en la Brigada Político-Social, pero siguió en las fuerzas de seguridad españolas hasta 1982. Estuvo tanto tiempo ejerciendo como policía durante el franquismo que durante la democracia. Y eso que ya en 1974 fue condenado por las torturas al periodista Paco Lobatón.

Delante de la cámara, miembros del FRAP ―como Josefa Rodríguez Asturias, uno de los testimonios más desoladores del filme―, del Grapo, militantes del Partido Comunista, de la Liga Comunista Revolucionaria y de muy distintas organizaciones de izquierda, y estudiantes que lucharon contra la dictadura van recordando a aquel sádico que disfrutaba con las humillaciones. “A mí me ponen los pelos de punta la sensación que queda al final de sus testimonios: ¡qué gente más valiente, fuerte y dulce”, recuerda Lemcke. “No todos han accedido a participar, porque medio siglo después aún no están preparados para hablar ante las cámaras. Y eso que nosotros solo les pedíamos que recordaran sus vidas de entonces y sus sensaciones”.

A esas víctimas no solo les une haber sufrido las barbaridades de Billy, al que le gustaba dar patadas a los detenidos acompañándolas de grititos a lo Bruce Lee, sino que posteriormente fueron olvidadas por España “en pos de una más que discutible modélica Transición, según afirma el relato oficial”. De este silencio se benefició Billy el Niño, que estuvo detrás de la primera versión de las cloacas del Estado. Además de autoarrogarse su participación en el suicidio de Enrique Ruano, el estudiante que murió en 1974 tras ser detenido por la policía, varios testimonios le relacionan con la explosión de la cafetería Rolando, en la que murieron 13 personas y cuya autoría se atribuyó a ETA, y con el atentado de la calle Atocha en 1977 en el despacho de abogados laboralistas. 

Con la democracia González Pacheco recibió diversas medallas y condecoraciones, de las que fue desposeído solo tras su muerte el pasado 7 de mayo. “Falleció, que no se nos olvide, sin rendir cuentas a la justicia. Estuvo metido en aquellas guerras sucias y salió impune. Puede que, como recuerda un testimonio en pantalla, no era tanto lo que González Pacheco podía temer del Estado como lo que el Estado podía temer de la información acumulada por Billy el Niño. Él era un orgulloso servidor de un sistema represor”.

Billy es un documental de urgencia ―“por la edad de las víctimas, porque es un tema candente”― que ha sido devorado por la pandemia. Algunos de los testimonios fueron rodados ante las cámaras de manera tradicional, otros se realizaron durante el confinamiento vía Zoom. Además, durante su creación fallecieron por el coronavirus tanto José Maria Chato Galante, preso político, activista por los derechos humanos y que fue torturado hasta cuatro veces al final del franquismo ―algunas de ellas por Billy el Niño―, como González Pacheco: el primero, el 27 de abril; el segundo, el 7 de mayo. “Con Chato nos quedaron cosas por repreguntar”, asegura Lemcke. 

“Es muy cruel cómo el destino ha acabado enlazándolos hasta su muerte con pocos días de diferencia. Eran el yin y el yang, ¿no? Uno luchó porque no se olvidaran aquellos hechos [como también demostraba el documental El silencio de los otros], que recuperara aquella memoria para todos, y el otro fue un hombre del viejo sistema que vivió tranquilo sabiéndose impune en el nuevo sistema”.

Durante el metraje, el cineasta va incluyendo imágenes de ficción con diversas referencias a leyenda del pistolero estadounidense Billy el Niño. Y también de Siete días de enero (1979), de Juan Antonio Bardem, en el que el policía fue recreado bajo el nombre de Cisco Kid. El director insiste: “El franquismo sigue vivo, porque aceptó la democracia a cambio de conservar sus privilegios”. Y subraya que hoy se ve en la calle algunos comportamientos y actos nacidos directamente de la dictadura.

 “Es que nuestra Transición no fue modélica. En cuanto rascas un poco saltan los asesinatos, la sangre provocada por la coalición entre las fuerzas del orden y los grupos de extrema derecha. Si reflexionas un poco, ves cómo la Ley de Amnistía de 1977, por ejemplo, limpia aquellos años de plomo, y crece el desamparo de esta gente, sus víctimas, que ni siquiera han sido aún hoy homenajeadas por el resto de la sociedad española o las instituciones”. Algo que en pantalla recuerda el vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias."                    (Gregorio Belinchón , El país, 12/11/20)

25/9/19

Tras el atentado de la calle del Correo, el régimen y el Ejército franquista involucraron a decenas de personas y procesaron a 22 dirigentes comunistas, a sabiendas de que estaban construyendo un proceso falso y espúreo porque le interesaba a la propaganda del régimen

"Cuando Carlos Enrique Bayo Falcón trabajaba arduamente en conocer  las cloacas del Estado, en esa investigación interminable que le está llevando hasta las calderas de Vulcano en el infierno organizado por José Manuel Villarejo y sus sicarios, no imaginaba que la rabia que posee a los que se han visto desenmascarados por él iba a llevarles a acusarme a mí, su madre, y a Eliseo Bayo, su padre, de ser terroristas. Acusación que no es ninguna novedad dado que el Juzgado nº 1 de Jefes y Oficiales de Madrid del Ejército franquista ya lo hizo en 1974.

Lo que más lamenta Carlos Enrique es que sea Manuel Cerdán, otro periodista a quien tiene que llamar colega, quien escriba infames libelos contra él en defensa del tal Villarejo. Ciertamente tampoco yo imaginé, cuando estaba apaleándome Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño, policía de la Brigada Político Social de Madrid que nos torturó a cientos de militantes antifranquistas durante las decenas de años que duró su imperio en la casa del terror, que transcurridas más de cuatro décadas desde aquel desdichado suceso todavía seguirían inscribiéndome en el censo de terroristas.

Ciertamente en aquellos momentos no pensé en lo que sucedería en el futuro, porque durante los nueve días que duraron los interrogatorios estuve convencida de que yo no tenía futuro ya que me iban a matar allí. Allí mismo, en los despachos de la Brigada Político Social de Madrid, en el edificio de la Puerta del Sol, donde se instaló la cámara de los horrores de la represión franquista, bajo los golpes de Antonio González Pacheco, más conocido como Billy el Niño, y la mirada atenta del comisario Conesa, con la participación de tres policías más cuyo nombre nunca supe, uno con la cara torcida y todos de mirada aviesa.

Pero alguna vez en aquellos días, que fueron nueve, hundida en el in pace del calabozo medieval del sótano de la DGS, en los momentos en que  recuperaba la consciencia y comprobaba que seguía respirando, volvía a abrigar la esperanza de sobrevivir e imaginaba un futuro de democracia en mi país, en el que se honrara la memoria de tantas víctimas de la insania fascista, se hiciera justicia y se reparara el daño causado.

Lo que no podía prever es que muerto el dictador, aprobada la Constitución y construido el Estado democrático permaneciera intacto el aparato represivo de la dictadura y que sus servidores como José Manuel Villarejo siguieran actuando largos años utilizando las mismas prácticas. Y que los torturadores  quedaran libres e impunes, paseando por las calles de Madrid, como Billy el Niño, sin que yo pueda abrigar ninguna esperanza de que se les encause y juzgue,  y que miles de víctimas de la represión fascista seguirían en las cunetas, en los campos y en los cementerios sin que sus restos sean recuperados y enterrados con dignidad.

Pero lo que excede de mi imaginación y capacidad de adivinación es que  incluso periodistas cuya profesión ha de estar al servicio de la verdad, pudieran seguir utilizando medios de comunicación legales para seguir difundiendo las mentiras que el franquismo supo construir al estilo gebbelsiano.
Menos imaginaba que uno de ellos fuera precisamente Manuel Cerdán, periodista que presume de demócrata y liberal y cuyas informaciones sobre los crímenes del GAL he utilizado para documentar mi novela El Honor de Dios. Pero ciertamente, los que no ha denunciado han sido los crímenes franquistas. 

No sé que Cerdán haya apoyado nunca la querella contra Billy el Niño y otros criminales de la DGS franquista que ha de dirimirse en Argentina, ya que en España no hay juez ni fiscal que se atreva. Ni que haya recordado, aun solo a manera de homenaje, a tantas víctimas que yacen en las cunetas, en los campos, en los cementerios de España, sin que merezcan honrosa sepultura, en este año en que  conmemoramos los asesinatos de las 13 Rosas y los fusilamientos de los militantes del FRAP y de ETA, el 27 de septiembre de 1975, con cuyas muertes terminó sus crímenes el dictador.

Manuel Cerdán utiliza su ingenio para descalificar a Carlos Enrique Bayo Falcón diciendo que tiene unos padres terroristas, que fueron incluso organizadores del atentado de Carrero Blanco, porque le interesa defender a ese producto del hampa más canallesca que se llama Villarejo y que ha hundido en la ignominia al aparato represivo del Estado, que hoy se pretende democrático.

 Pero no utilizará su pluma ni su medio de comunicación para defender la verdad de lo sucedido en aquel proceso del atentado de la calle del Correo, en el que el régimen y el Ejército franquista involucraron a decenas de personas y procesaron a 22 dirigentes comunistas, a sabiendas de que estaban construyendo un proceso falso y espúreo  que le interesaba a la propaganda del régimen.

Tampoco Cerdán se molestará en solicitar que se desvele el misterio de que nunca se llevara a cabo el juicio de aquel proceso por el que 22 personas fuimos torturadas y encarceladas durante meses, y sin que ya en la Transición y construyendo el Estado de Derecho jamás se desvelara por qué fuimos detenidos Eliseo y yo, secuestrados y trasladados de Barcelona a Madrid, hundidos en las cámaras de tortura de la DGS, de las que salí para el hospital, mantenidos en prisión durante nueve meses, y después de excarcelados por el Tribunal de Orden Público nunca se nos volvió a interrogar ni a citar ni a enjuiciar, como en aquellos procesos del régimen nazi, Noche y Niebla, de los que nunca se sabía nada.

No comprendo bien qué beneficio obtiene Manuel Cerdán alimentando la calumnia franquista de que Eliseo Bayo y yo fuimos autores de los atentados de Carrero Blanco y de la calle de Correo. No sé si cree que con ello desprestigia a mi hijo Carlos Enrique, como si los crímenes de los padres debieran ser purgados por los hijos, lo que resulta totalmente ridículo cuando nadie decente en la profesión ignora que es un prestigioso periodista con varias décadas de experiencia y éxitos profesionales, y los y las lectoras informadas conocen su entrega y buen hacer en desvelar los misterios de la cloacas del Estado, con los sacrificios que le ha comportado.

Pero lo que es evidente es que además de las cloacas del Estado también existen las cloacas del alma humana que están aposentadas en Manuel Cerdán."                     (Lidia Falcón, Público, 10/08/19)

17/7/18

“Mantenía la mente en blanco para aguantar los 200 puñetazos que recibí”

"La primera vez que Adolfo Rodríguez fue detenido y torturado por Billy El Niño tenía 18 años. Era 1972, en Madrid, y en esa época ya había comenzado su militancia en el PCE, organización desde la que luchó contra el franquismo durante tres años. 

Dos años más tarde, en 1974, volvió a caer en manos de Billy El Niño, entonces ya militaba en la Liga Comunista Revolucionaria (LCR).

Profesor de economía ya jubilado y actualmente responsable del Área Autonómica de Municipalismo de Podemos Comunidad de Madrid, Rodríguez, que actualmente tiene 61 años, ha presentado hoy, junto a Julio Gomáriz Acuña —detenido y torturado por su militancia en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP)— y con el apoyo de la Coordinadora estatal de apoyo a la Querella Argentina por los crímenes del franquismo (Ceaqua) dos querellas contra Antonio González Pacheco, ‘Billy El Niño’, y José María Escrihuela, policía del régimen ya fallecido.

“La primera vez me detuvieron en mi casa, allí me estaban esperando Billy El Niño y otro al que conocíamos como ‘El gitano’”, explica Rodríguez. Antes señala que ya le tenían fichado, desde que tenía 17 años, pero esa fue la primera vez que sufrió torturas. “Estaba a unos cien metros de casa y me esposaron, me amenazaron con pegarle un tiro a mi padre y después comenzaron los golpes y las amenazas en la Comisaría de Tetuán”, continúa.

Aunque no está seguro de cuántas horas duró la paliza que le dieron el primer día de detención en la Dirección General de Seguridad porque le quitaron el reloj, calcula que fue hasta las 1:30 de la madrugada. “Yo mantenía la mente en blanco para aguantar los puñetazos y codazos”, recuerda Rodríguez, quien rememora cómo en esa época hablaban entre los compañeros del “segundo grado” en los interrogatorios.

 “A mí no llegaron a ponerme corriente eléctrica ni esas cosas, fueron básicamente palizas”. También intentaron obligarle a “hacer el pato”, una práctica que consiste en hacer que la víctima se agachara, poniéndole las esposas por detrás de las curvas y obligarla a andar. “Es una tortura muy eficaz porque la gente suele hacerlo por miedo y consiguen su humillación. Conmigo lo intentaron, pero no lo hice”.
Cuando llegué al Tribunal de Orden Público declaré únicamente las torturas que sufrí, los 200 golpes que conté que recibí en esas tres horas de tortura
Tras ser detenido y torturado, Rodríguez se negó a firmar ninguna declaración. Le acusaban de terrorismo —por acudir a una manifestación—, atentado —porque durante la detención, Billy El Niño se pilló la mano con una puerta— y lesiones —por las supuestas lesiones sufridas por los agentes de policía—. 

“Cuando llegué al Tribunal de Orden Público declaré únicamente las torturas que sufrí, los 200 golpes que conté que recibí en esas tres horas de tortura, pero negué todos los hechos que me imputaban”. 

El activista recuerda que años después, cuando fue al archivo de Salamanca en búsqueda de documentación sobre los procesos judiciales en los que estuvo implicado, encontró una declaración también sin su firma a pesar de que era exculpatoria.

La segunda vez

La segunda vez que fue detenido y torturado fue en enero de 1974. Entonces militaba en la LCR y estudiaba en la Facultad de Económicas. “Me detuvieron con otros seis compañeros en la facultad, cuando íbamos a tener una reunión para organizar actividades en contra de la condena de muerte a Puig Antich, que fue ejecutado en marzo”, señala.

Rodríguez afirma, que, sin embargo, fueron varias las veces que Billy El Niño y otros policías acudieron a su casa. “Creo que tenía una obsesión conmigo porque yo no era un activista de peso, era conocido en la universidad pero ya está”, afirma.

Cuando le detuvo por segunda vez, Rodríguez afirma que a Billy El Niño le dio “cierto ataque de histeria” y se tiró sobre él, intentando ahogarle. El resto de agentes se lo tuvieron que quitar de encima, pero entre los gritos que le lanzó se encontraba una frase que le permitió identificar a un policía infiltrado en el Partido del Trabajo de España (PTE) y que se encontraba entre las seis personas que habían sido detenidas junto a él.

En esta segunda detención también hubo palizas en las que Billy El Niño participó en al menos dos ocasiones, pero fueron menos los golpes recibidos. “También los conté, fueron 60 o 70”, señala Rodríguez.

 Ahora le acusaban de agitador político y de actuar en reuniones en protesta contra el Consejo de Guerra que condenó a Puig Antich. Como en la anterior ocasión, se negó a declarar otra cosa que no fueran las torturas que había sufrido durante su detención. Fue absuelto tras pasar dos meses en una prisión para menores de 21 años.

Nueve querellas contra Billy El Niño

Con las querellas de Adolfo Rodríguez y Julio Gomáriz Acuña son ya nueve las presentadas contra Billy El Niño y otros policías del régimen por torturas, aunque en febrero, el Juzgado de Instrucción número 37 de Madrid decidió archivar una de ellas, interpuesta por Felisa Echegoyen, por “no apreciar crímenes de lesa humanidad”. 

“Muchos jueces no se atreven a aplicar la justicia universal, porque los delitos de tortura no prescriben, y fueron aplicados contra decenas de miles de personas de manera sistemática”, señala Rodríguez. “Si hay algún juez o jueza que tenga un sentido alto de la justicia podría ser que le dé trámite a la querella, que es lo que esperamos, y que se consiga abrir un camino para revertir la Ley de Amnistía [de 1977], que perdonó tanto a las violadores como a las personas violadas”, continúa.

Billy El Niño tiene actualmente cuatro condecoraciones por “mérito policial” que incrementan en un 50% su pensión. El pasado mes, el nuevo Ejecutivo de Pedro Sánchez anunció que estudiaría revocar estas condecoraciones. “Es una muestra de lo que fue en este país la transición”, afirma Rodríguez sobre las condecoraciones. 

 “Durante 30 años los partidos oficiales lo han tratado como algo modélico, y ahora se ven las enormes injusticias que hubo, que un torturador destacado y posiblemente un asesino —ya que hay indicios de que pudo estar implicado en los asesinatos de la calle Atocha— no solo esté libre sino que haya tenido negocios, una vida acomodada y que haya podido mantener casi con toda seguridad esa vocación que le llevaba a torturar, que parecía más una cuestión personal que ideológica, y que encima tenga cuatro medallas muestra que este país es un país profundamente enfermo”, continúa. “Sobre la mentira no se construye nada, solo podredumbre”, concluye."                       (Ter García, El Salto, 13/07/18)

25/6/18

La Brigada Político Social detuvo a su mujer y se llevaron al niño. Entonces entraron a aquella habitación con el niño... los policías desgranaban su catálogo de amenazas con el pequeño en las manos... de las patadas, los puñetazos, aquel era el que más dolía. Ver a su niño pequeño en manos de sus torturadores. Amenazándole con una pistola

"En la sala de la comisaría donde Billy el Niño torturaba a Antonio Chapero, uno de los policías entró con un niño. Apenas tenía dos años. Era su hijo. “Hazlo al menos por tu hijo. Hazlo por tu hijo”, le gritaban. De todos los golpes que le habían dado, de las patadas, los puñetazos, aquel era el que más dolía. Ver a su niño pequeño en manos de sus torturadores. Amenazándole con una pistola. Antonio se había resistido a cantar desde el principio.

No era la primera vez que le detenían. En 1970, con 23 años, Antonio Chapero y su mujer habían ido a prisión por tener un aparato de propaganda en su casa de Madrid. Cuando salió de la cárcel un año y medio después, era un quemado y había que quitarle de en medio. Su nombre estaba señalado y le mandaron a Valladolid a desarrollar el partido en Castilla-León. El partido era el PCEml, una escisión maoísta del comunismo

 En su nuevo destino, Antonio trabaja en una empresa durante el día y el resto del tiempo hacía proselitismo entre los campesinos. Les afiliaba, les daba lecturas. Hasta que en 1973 en Madrid se organizó una redada masiva por la muerte de un policía en una manifestación. “Se desató una ola de represión brutal. Y fueron a por todos” recuerda ahora Antonio, septuagenario vivaz retirado en el campo de Tarragona. “Tú pensabas que nunca iban a llegar hasta Valladolid. Porque el responsable del partido venía y decía: tranquilos.Pero claro, con las torturas tu nombre termina apareciendo”.

No era difícil seguirle la pista: Antonio Chapero estaba fichado por la policía, en su nueva empresa tenían su documentación y su nombre verdadero. “No teníamos ni DNI falso ni nada”, sonríe sorprendido de lo ingenuos que eran. “Y fueron a la empresa una mañana”, recuerda, “era la típica nave: debajo estaban los obreros y encima las oficinas. Yo trabajaba en la administración y los vi cuando llegaban. 

Empezaron a preguntar y los compañeros señalaban hacia arriba, a las oficinas. Y pensé que eran unos comerciales”. Pero no iban a vender nada. Iban a saldar cuentas. Eran dos agentes de la Brigada Político Social: el más temido de todos, Antonio González Pacheco, conocido como Billy el Niño, y otro del nunca llegó a saber más que su nombre de guerra, El Gitano.

Antonio no había visto nunca a Billy, pero le reconocería después al ver una foto suya. “Era muy característico… De ojos saltones. Llevaba aquella melenita. Y era muy delgaducho, muy canijo”. Se para un momento como si estuviera reconstruyendo aquella cara en su memoria. O aquellas palizas.

 “Era un sádico. Te puedes hacer una idea… el que se dedica a esto y con ese celo”. González Pacheco ejecutaba su trabajo con pasión. Sólo que su trabajo era torturar a opositores a la dictadura. Sin piedad. Sin reparar en golpes, en gritos, en amenazas. Sin importarle ordenar que metieran a un niño pequeño en la sala donde su padre era torturado para intentar arrancarle nombres de compañeros. “Se desplazó hasta Valladolid para pillarme”, recuerda Antonio, “hasta allí que se vino el señor”.

En el primer momento, la única obsesión de Antonio Chapero era proteger a su familia. Esposado, en el asiento de atrás del coche, mientras le llevaban a comisaría, se quitó como pudo la alianza y la escondió en la tapicería. Sabía que su esposa, María, de nacionalidad estadounidense, estaba también en peligro. 

Había sido detenida con él la primera vez, en 1970, justo el día que le había dicho que estaba embarazada. Ella salió antes de la cárcel. Dio a luz mientras su marido cumplía condena. Cuando, al fin, él recuperó la libertad se marcharon todos a Valladolid para empezar una nueva vida.

Pero la nueva vida se había quebrado con la visita de Billy. “Empezó a interrogarme Y venga patadas en los huevos. Porque tenía la costumbre de meterte rodillazos”. Tenía también la costumbre de inaugurar los interrogatorios con una violencia pornográfica, para dejarle claro el camino a sus acólitos. 

Antonio, de pie, esposado, sin comida, sin bebida, sin descanso, decidió que lo mejor era hacerse el loco. “Cuando traían el cubo para meterme la cabeza le daba una patada, porque era mejor que te pegaran. Se ponían frenéticos. Me gritaban: este tío está loco”.

Antonio no llegó a dar la dirección de su casa. Pero uno de sus compañeros en la empresa donde trabajaba le delató. La Brigada Político Social detuvo a su mujer y se llevaron al niño. “La cosa ya estaba dura. Te metían la cabeza en el cubo. 

Las piernas no te respondían. Y yo ya sabía que había cogido a María. Entonces entraron a aquella habitación con el niño. Allí mismo”, se para buscando la palabra y solo le sale una, “terrible”. 

En otra sala, en el mismo edificio, María estaba pasando por lo mismo. La tortura física y la otra: ver cómo los policías desgranaban su catálogo de amenazas con el pequeño en las manos. “Además”, dice Antonio que ha perdido la vivacidad de su discurso, “estaba malito. Tenía primaria de tuberculosis y necesitaba medicación. Lo peor fue ver en ese lugar a tu hijo tan pequeño… con una carita como diciendo, qué pasa aquí, qué es esto. Y tu esposa en la sala de al lado”.

En los momentos más oscuros, en aquella sala sin noción del tiempo, Antonio miraba la única ventana en la pared. Una ventana sin rejas en una habitación en un tercer piso. “Yo te juro que me habría tirado. Y lo pensé. Lo pensé. A tomar por culo, me tiro, da igual. En ese momento no eres persona y quieres que pare ese horror. Es como si estuvieras a un lado del abismo y te dicen: te sigo dando o te tiras”.

 Recuerda Antonio que la Político Social utilizaba las ventanas para amedrentar a los prisioneros. Contaban los camaradas historias de torturados a los que dejaban con medio cuerpo fuera para obligarles a confesar. Que cuando se les iba la mano, los policías tiraban a los detenidos por las ventanas para ocultar pruebas. Y que hubo quien se pudo tirar presa de la desesperación, como los atrapados en las Torres Gemelas que se lanzaban para morir antes de que les devorara el fuego.

A pesar de todo, Antonio nunca dio un nombre. A pesar de todo, sus compañeros de Valladolid cayeron. Tras una semana incomunicado y unos meses en la cárcel de aquella ciudad, le llevaron a Carabanchel de nuevo. Allí supo, al reconocerle en una fotografía, que quien le había torturado era Billy. 

Como a tantos de sus amigos. Hoy González Pacheco pasea anónimamente por las calles de Madrid, un respetable octogenario de modales exquisitos. “Está jubilado. Con medalla y más pensión”, dice Antonio que fue su víctima. “Ya sabes, la amnistía”.

De  Carabanchel, Antonio recuerda cómo escondían libros prohibidos bajo la tierra del jardín del patio. Y una cámara que alguien les pasó escondida en un cubo de comida. Y el túnel que intentaron cavar sin éxito, porque el trabajo exigía una organización y una constancia que los preventivos no podían mantener. 

Pero sobre todo recuerda cómo los presos políticos estaban divididos en la tercera galería: por un lado, los del PCE y por otro, el totum revolutum. “Decíamos, a ver, estamos aquí todos presos y represaliados y estamos divididos. No puede ser”.

Su mayor orgullo fue conseguir que en su primera estancia en prisión se unieran lo que todavía llama “las comunas”. Pero cuando llegó a Carabanchel la segunda vez, la unidad se había roto. “Porque habían entrado los jefes de mi organización y habían enfadado con los del PCE. Pero como yo tenía amistades, me seguía viendo con todo el mundo. Cosa que no les gustaba a mis camaradas”, cuenta. Allí empezó cierto desencanto.

Cuando Antonio salió de la cárcel, se fue con su familia a París. El dictador había muerto, pero la cosa no estaba clara. Y tampoco estaba claro el giro que había dado del partido. Los líderes del PCEml dirigían la organización con mano de hierro desde Ginebra, teorizando sobre lo que tenían que hacer los camaradas. Y decidió dejarlo.

“Nos habíamos salido del partido un montón. Y empezó a haber una persecución. Vinieron a casa, en París, con una pistola. A otro le intentaron matar en Madrid, en el metro. Contactamos los que no estábamos de acuerdo y tuvimos que salir huyendo de Francia”. Y así fue cómo terminó regresando a Madrid, a su barrio de Vallecas, a intentar recuperar la juventud que entre unos y otros le habían negado."                 (Marta Fernández, El País, 15/06/18)

7/12/17

Creo que sólo me mantenían en pie los impactos que iba recibiendo de un lado y otro. Como si entre ellos compitieran para evitar que me cayera

"La sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, en plena Puerta del Sol, fue durante años el palacio del terror franquista. Un lugar donde el torturador Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño', campó a sus anchas. 

Como si el lugar fuese suyo. Como si España fuese suya. Como si tuviera la seguridad de que disfrutaría de impunidad el resto de sus días. Pero no fue el único. Antes de que él llegara al lugar hubo otros hombres. Otros torturadores. El franquismo no fue aquel remanso de paz del que presumía un exministro del PP.

 La actual sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, ese edificio que muestra a través de su reloj la llegada del nuevo año, fue durante la dictadura franquista un centro de detención y tortura. En concreto, la Dirección General de Seguridad. 

"Estas manos son armas y con ellas voy a destruirte", espetó Billy el Niño, dentro de esos muros de la Real Casa de Correos, a Chato Galante, militante de la Liga Comunista Revolucionaria (LCR) en 1969. La frase fue pronunciada en medio de un terrorífico interrogatorio plagado de torturas y malos tratos. A Lidia Falcón, por su parte, le dedicó un un "ya no parirás más puta", mientras golpeaba su abdomen. A Luis Miguel Urbán, en su novena detención por pertenecer a la LCR, Billy el Niño le decía a carcajadas que no iba a salir nunca de allí con vida. 

Son tres de las víctimas de González Pacheco. Pero la lista es casi infinita. Inabarcable. Billy el Niño, por su juventud, su dureza, su crueldad y también por la orden de extradición de la Justicia de Argentina, se ha convertido en el símbolo del terror y de la impunidad del franquismo. Era un funcionario que acataba las órdenes de arriba. Que aplicaba los métodos sistemáticos de destrucción personal y tortura al sospechoso de ser disidente político. 

Antes de él hubo otros. Y también otros jefes, otros ministros. No era un problema de nombres. Era un problema de naturaleza. De violencia institucionalizada. El activista del PCE Julián Grimau, posteriormente ejecutado, fue lanzado por la ventana de la sala donde estaba siendo brutalmente torturado. 

El Ministerio de Información y Turismo, que entonces dirigía Manuel Fraga Iribarne, también conocido indistintamente como uno de los padres de la Constitución o de la democracia, sostuvo que el preso se había tirado al vacío de forma "inexplicable", tras encaramarse a una silla.
Posteriormente, Grimau sería ejecutado por presuntos delitos cometidos durante la Guerra Civil. Fue una víctima más de la larga noche franquista.  

Felisa Echerroyen fue otra, aunque afortunadamente, vive para contarlo: "Las palizas de Billy el Niño se reproducían en cada interrogatorio durante día y noche. Durante los tres días que estuve allí me sentí como un guiñapo al que balanceaban de izquierda a derecha. Creo que sólo me mantenían en pie los impactos que iba recibiendo de un lado y otro.  Como si entre ellos compitieran para evitar que me cayera. No era consciente de que mis pies tocaran el suelo. Deseaba morir con tanto empeño".

El 'carnicerito' de Málaga y formas de colaborar con la Gestapo

Cuando Julián Grimau fue lanzado por aquella diminuta ventana del actual Palacio de Gobierno de la Comunidad, el director de la Dirección General de Seguridad era Carlos Arias Navarro, quién después ocuparía la Presidencia del Gobierno y sería el encargado de anunciar frente a las cámaras de televisión la muerte del dictador. Arias Navarro dirigió el organismo entre junio de 1957 y febrero de 1965, cuando fue nombrado alcalde de Madrid.

Antes, tras la conquista de Málaga por parte del ejército rebelde, había actuado como fiscal participando en la represión de la ciudad, que debía servir de ejemplo para el resto del Estado. Sólo del 8 al 14 de febrero de 1937 los franquistas ejecutaron sin juicio previo a 3.500 personas y hasta 1944 otras 16.952 fueron condenadas a muerte y fusiladas en Málaga, según un informe del cónsul británico documentado por el historiador Anthony Beevor. La actuación de Arias Navarro en Málaga le valió el sobrenombre de 'el carnicerito'.

Durante el tiempo en el que Arias Navarro fue el director de la DGS, además de la caída de Grimau por una angosta ventana, se produjo también la ejecución de los anarquistas Francisco Granado y Joaquín Delgado, acusados sin pruebas de haber puesto explosivos en el Sección de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad y en la Delegación Nacional de Sindicatos.

Pero antes de la llegada de Arias Navarro, y de Billy el Niño, ya se efectuaban las torturas en el emblemático edificio del centro de Madrid. Durante el mandato del militar Rafael Hierro Martínez en la DGS (1951-1957) se asesinó al miembro del PSOE Tomás Centeno. Este hombre era nada más y nada menos que el presidente del sindicato Unión General de Trabajadores (UGT) y formaba parte de la ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español en la clandestinidad. Fue detenido por la policía franquista en 1953.

Lo último que se supo de él es que apareció muerto en la propia Dirección General de Seguridad, víctima de las torturas. El régimen señaló que "Centeno puso fin a su vida en el propio calabozo con el borde de uno de los flejes del somier de acero". 

El militar Rafael Hierro Martínez había sustituido al frente de la DGS al también militar Francisco Rodríguez Martínez. De hecho, los dos únicos directores del organismo que no fueron militares hasta el año 1979 fueron el propio Arias Navarro, que pertenecía a Falange, y el también falangista José Finat y Escrivá de Romaní, conde de Mayalde.

El conde de Mayalde dirigió el centro de detención y tortura entre 1939 y 1941, fue nombrado después embajador de España en la Alemania nazi (1941-1942), gobernador civil de la provincia de Madrid y alcalde de Madrid (1952-1965). Una carrera de vértigo. 

El historiador Josep Fontana escribió sobre él lo siguiente: "Era el conde de Mayalde un hombre con las manos manchadas de sangre que, como director general de Seguridad, había invitado en 1940 a Heinrich Himmler para que visitara Madrid, con el fin de establecer formas de colaboración con la Gestapo...". Sus buenas relaciones con la Alemania Nazi, de hecho, le valdrían el puesto de embajador franquista en Berlín.   (...)

Podemos pide honrar la lucha de personas como Fernando Navarro, de 69 años, que fue detenido en el Instituto Simancas por participar en una asamblea de estudiantes. Era el 21 de enero del 73 y los estudiantes protestaban por la suspensión de una convocatoria de exámenes: 

"Me entregaron a 'Billy el Niño'. Era un hombre con cara desagradable, greñas en el pelo y pinta de estudiante 'progre'. Me preguntó si estuve en la asamblea, yo lo negué y entonces me dio un puñetazo en la puerta del estómago y me cogió de los testículos. Después puso mi cabeza encima de un radiador y comenzó a golpearme por todo el cuerpo", relató Navarro a Público.

 Finalmente este hombre fue absuelto porque su presencia en el instituto estaba justificada por estar en horario lectivo. Sin embargo, de los golpes y de la humillación ya no le libraba nadie. Tampoco la democracia española le pediría disculpas. Nadie honró su lucha y condenó a su agresor. (...)"               (Alejandro Torrús, Público, 16/04/16)

23/11/17

Dos mujeres se querellan por torturas contra el policía franquista Billy el Niño

"Felisa Echegoyen y Ángela Gutiérrez han presentado hoy en los juzgados de instrucción de Madrid sendas querellas por torturas contra el inspector de la Brigada Político Social del franquismo Juan Antonio González Pacheco, Billy el Niño, que acumula ya trece denuncias en Argentina y tres en España.  (...)

Las querellantes, que han presentado informes periciales para demostrar que fueron víctimas de torturas, malos tratos y vejaciones durante las detenciones e interrogatorios en la brigada, se unen así a Luis Suárez-Carreño quien el pasado mes de junio se convirtió en la primera víctima en presentar una querella individual en España contra policías franquistas acusados de crímenes de lesa humanidad en relación con un delito de tortura. (...)"            (Público, 14/11/17)


14/11/17

"La amenaza entre golpe y golpe era que me iban a violar"

"Dejarlo apartado en un rincón de la memoria ha servido a Rosa María García de artimaña contra los vaivenes del pasado. Recuerda con absoluta claridad lo que ocurrió la noche del 24 de agosto de 1975, cuando, con 19 años y un futuro como médica por delante, le empezó a cambiar la vida. "Creo que es lo que solemos hacer todos, dejarlo aparcado. 

Contarlo es duro, pero también es como un peso que te quitas de encima y alguien tiene que hacerlo. Supongo que pasará el tiempo y volverá al lugar de la memoria en el que tiene que estar", cuenta su voz serena al otro lado del teléfono.

Rosa María García es una de las tantas víctimas del franquismo que todavía esperan justicia. Fue detenida y torturada por militar en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) y pasó una semana en la Dirección General de Seguridad (DGS), el principal centro de detención de la policía franquista situado en la Puerta del Sol de Madrid. 

Nada más entrar a las dependencias de la DGS, Rosa María se dio de bruces con uno de los torturadores más conocidos, Antonio González Pacheco, apodado Billy el Niño. (...)

"Los insultos sexistas, como guarra y otros de ese estilo, eran constantes. La amenaza común entre golpe y golpe era que me iban a violar y a matar, que me iban a llevar a la Casa de Campo y nadie iba a saber dónde estaba...Ese día llevaba un vestido y, cuando me tiraban al suelo, gritaban burlándose 'mira qué guarra, que se le ven las bragas'", relata.

"Era muy común entre las mujeres. Todas las que nos juntamos después en la cárcel de Yeserías lo hablábamos y a todas nos había pasado. A mi me invalidaron más estas cosas que los golpes porque los insultos me afectaron de una forma especial. Sentías la humillación, la humillación como mujer", prosigue. (...)

Eran aproximadamente las once de la noche y Rosa María volvía de estar con el que después se convertiría en su marido. En medio de la calle, varios agentes de la policía franquista vestidos de paisano le pidieron la identificación y la detuvieron. Poco después supo que casi al mismo tiempo detenían también a su novio y a otros tantos militantes del Frente. "A nuestros compañeros también les amenazaban con que nos iban a violar a nosotras", relata.

Recuerda que Billy el Niño la recibió con golpes e insultos y que en aquella época era muy conocido "por su sadismo" porque "disfrutaba torturando y eso te lo puede decir cualquiera que haya pasado por sus manos". Rosa María estuvo una semana en la DGS, un tiempo en el que la pasearon por Madrid en busca de lo que ellos llamaban pisos francos: "Nada más llegar me hicieron poner de rodillas y empezaron a darme golpes en las plantas de los pies con la porra. Luego me pasaban a otro y me pegaba, era muy caótico, pasando de agente en agente. Me amenazaban con matarme...y yo pensaba que casi lo de morir era un alivio".

Tras su estancia en el centro de detención la encarcelaron en la prisión madrileña de mujeres de Yeserías, donde después de estar cuatro días incomunicada en los calabozos, la pasaron a las celdas. "Allí era diferente, había una cama, un vaso de agua.. Además eramos muchas y nos apoyábamos unas otras. Los días que había comunicación nuestras madres –¡Qué hubiera sido de nosotras sin las madres!, exclama– nos traían comida y la compartíamos", esgrime. (...)

Tres meses después Rosa María salió de la cárcel tras morir Franco y pagar sus padres una fianza de 30.000 pesetas que consiguieron gracias a la ayuda de familiares, amigos y vecinos. Pero tanto ella como su marido seguían teniendo juicio pendiente por asociación ilícita y propaganda ilegal. Por eso, se fueron a vivir a Valencia, donde estuvieron dos años antes de regresar a Madrid de nuevo. "Tuve que irme de casa de mis padres porque no podía dormir por miedo a que volvieran", explica. (...)

 Recuerda a Concepción Tristán y María Jesús Dasca Penelas, dos mujeres con las que compartió cárcel y que fueron condenadas a muerte, aunque finalmente no fueron ejecutadas.
Ellas formaron parte del juicio en el que fueron condenados los últimos fusilados del franquismo, tres de ellos militantes del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota.

 Rosa María asistió al homenaje por el 40º aniversario de las ejecuciones y se enteró de que las dos mujeres estaban ya fallecidas. "Me impresionó saber que las había conocido. Eran de mi edad, habían sufrido muchas torturas y pensé que ellas ya no podían hacer nada, así que casi por ellas decidí denunciar", cuenta.

Sobre si cree que ganarán con la denuncia, responde con un rotundo "no". Pero añade que eso no le echa para atrás: "A veces luchar no consiste en saber qué vas a conseguir. A veces consiste simplemente en plantar cara, aunque no vayas a ganar. En poner un granito de arena, en dar un pequeño paso. Aunque no vayas a conseguir nada, te queda la dignidad de no haberte agachado".          (eldiario.es, 10/11/17)

13/9/17

Quince torturadores de la Brigada Política Social a finales del franquismo

"Se calcula que España contaba con 22.000 policías de la Brigada Político Social (BPS) en el año 1968. La policía política de Franco vigilaba a la oposición del régimen a través de detenciones, chivatazos… Y tenía como trabajo vocacional la tortura. Métodos represivos por los que conseguían controlar todo foco contra el régimen.  

Los boletines de la Dirección General de Seguridad hacían un análisis de los diferentes partidos políticos, sindicatos y agrupaciones clandestinas. Comenzaban entonces las detenciones y sacas en comisarías que duraron “legalmente” hasta diciembre de 1975. Sadismo e impunidad sin ninguna base legal.

En pleno siglo XXI, muchos miembros de la BPS siguen campando a sus anchas. Nacieron a finales de la posguerra y sus víctimas siguen vivas. Rondan los 70 u 80 años, pero en su juventud fueron verdugos en su máxima expresión. “Estas víctimas no pueden recordar bien quién realizaba los interrogatorios, cuántos participaban en las palizas y sólo personajes muy destacados -como el caso de Billy el Niño- han arrojado datos para sacar conclusiones de cómo actuaban”, aclara el investigador Pablo Alcántara Pérez a Público.

 La amnesia provocada por el dolor no ha permitido hacer un balance global de la lista completa de miembros de la Brigada Político Social de finales del franquismo. “Es demasiado difícil poner caras y recordar las horas de aquellos interrogatorios a pesar de que hablamos de una etapa muy reciente como fue la Transición”, sentencia Alcántara.

Nueve de estos policías tienen ya abierta una causa por parte de la jueza María Servini dentro de la Querella Argentina: Antonio González Pacheco alias ‘Billy el Niño’, Jesús González Reglero, Atilano del Valle, Ricardo Algar Barrón, Pascual Honrado, Jesús Martínez, Benjamín Solsona, Félix Criado y Celso Galván Abascal.

Cumpliendo estrictamente el código militar

El magistrado Juanjo del Águila aclara en su estudio 'Consideraciones sobre la Brigada Político Social del Franquismo' el estrecho vínculo de la BPS con el ejército sublevado, que “persistió durante todo el régimen hasta diciembre de 1975”. Del Águila argumenta que “es público y notorio que entre ambas fechas la policía política actúo con detenciones y posteriores atestados de cientos de miles de detenidos que pasaban luego a disposición de los jueces instructores, nombrados por la Autoridad Militar de Mando (Capitanes Generales y Ministros del Ejército)”.

La mitad de estos nombres tienen causas pendientes. La lista suma nombres y torturas por todo el país, aunque las zonas de mayor represión se concentraron en Asturias, País Vasco, Barcelona y Madrid.

·Asturias:

Claudio Ramos Tejedor y su títere, Pascual Honrado de la Fuente

Asturias contó con un protagonista principal en la Transición: el famoso comisario Claudio Ramos Tejedor. Los que lo conocieron en plena actividad lo describen como un hombre inteligente que no se manchaba las manos ni de sangre ni empuñando una pistola ni para dar un golpe. Entre sus secuaces bien dirigidos se encontraba el policía Pascual Honrado de la Fuente.

El investigador Alcántara relata a Público que “Honrado De la Fuente fue uno de los principales torturadores franquistas en Asturias. En el BOE del 31 de julio de 1967 figura entre los inspectores a los que se otorga la Cruz del Mérito Policial con distintivo Blanco. Ya en 1977 es admitido en el Cuerpo General de Policía”.

Poco a poco, Honrado de la Fuente se convirtió en cómplice de Ramos, el único con el que compartió nombres y secretos. El éxito de Ramos se basó en la aplicación de un método de terror contra todo elemento antifranquista en Asturias. Sin embargo, su fallecimiento no permitió enjuiciarlo dentro de la Querella. Pascual Honrado sí que está la causa. La jueza Servini lo acusa “torturar a Gerardo Iglesias, exsecretario del PCE y ex Presidente de IU, que fue detenido por incitar a la huelga”.

·Valencia:

Benjamín Solsona, alias ‘El Galleta’

Solsona fue destinado a Valencia tras entrar en el Cuerpo. En la ciudad todos le conocían con el seudónimo de 'El Galleta'. Alcántara señala que fue “denunciado en varias ocasiones como torturador de trabajadores y estudiantes detenidos. Fue uno de los que destacó en los interrogatorios y torturas contra casi una veintena de universitarios pertenecientes al Partit Comunista del País Valencià, en 1971”.  

Su crudeza no tenía límites: mantenía a los jóvenes durante 18 días y 18 noches detenidos, sin contacto con sus familias, en las instalaciones dela Jefatura Superior de Policía. Ni defensa. Ya en democracia, en 1980, fue nombrado Jefe Superior de Policía de Bilbao. Servini lo acusa de haber participado en las torturas infligidas contra Juan José López Hernando y Francisco Camarasa Yáñez en 1971 en Valencia.

·Barcelona:

Atilano del Valle

Atilano llega a Barcelona al inicio de la década de los setenta como inspector de la BPS. Alcántara apunta que la mayoría de los ex miembros de la BPS no fueron depurados al inicio de la dictadura, como ocurriría también en este caso. “El 3 de diciembre de 1975 se le concedió la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo”. 

Actualmente se encuentra fichado en la Querella. La juez le imputa el haber disparado y arrojado por la ventana a Miguel Jiménez Hinojosa tras su detención en Barcelona el 24 de abril de 1971. Miguel tenía 23 años; le dispararon a bocajarro y luego sería arrojado por la ventana. En aquella operación a Atilano lo acompañarían funcionarios como Francisco Rodríguez Álvarez.

Los hermanos Creix: Antonio Juan y Vicente Juan Creix

Los hermanos Creix también sembraron el pánico en Catalunya. Su sadismo no tenía barreras en los interrogatorios de los sótanos de la Dirección General de Seguridad. Tanto Antonio Juan como Vicente se empleaban a fondo con golpes, puñetazos y cualquier arma punzante que le permitiera ejercer torturas, según se desprende de los testimonios de sus víctimas. Ambos sufrieron la represión republicana y se convirtiendo en espías del ejército de Franco en Catalunya.

Antonio Juan Creix estuvo destinado en los años setenta en Sevilla, donde no sólo desmontó grupos clandestinos, también buscó a personajes de la talla del Lute. Fue Jefe Superior de Policía hasta 1974 en la capital andaluza hasta la apertura de un expediente que lo obligó a dejar el cargo.

·Madrid

Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño'

Aún durante la dictadura, en 1974, un juzgado lo condenó a una multa por las coacciones y malos tratos infligidos al periodista Francisco Lobatón. A partir de 1977, pasó a ser integrado en la nueva Brigada Central de Información. 

En esta época se destacó en la lucha antiterrorista contra el GRAPO, en especial gracias a la liberación del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, que había estado secuestrado por la banda armada. En julio de ese año el ministro de Gobernación, Rodolfo Martín-Villa, le concedió la Medalla de plata al mérito policial. 

En septiembre de 2013 la jueza argentina María Servini dictó orden internacional de búsqueda y captura contra él. La justicia argentina le reclama por un supuesto delito de torturas cometido contra trece personas entre 1971 y 1975.

Roberto Conesa

Roberto Conesa Escudero, destacado funcionario de la Policía, estuvo implicado en la represión política desde 1939 y en la detención de grupos como Las Trece Rosas.

Alcántara señala que este policía fue mano derecha de Billy el Niño. “Desde el principio hasta el final de la dictadura franquista, se dedicó a perseguir a toda la oposición al régimen. En sus inicios, a las JSU, al PSOE y al PCE; después al movimiento estudiantil y el movimiento obrero; y, en los últimos años del franquismo, a la extrema izquierda y a grupos de lucha armada, como el FRAP”. 

Manuel Blanco Chivite, militante del FRAP, destacaría que “la saña de su actuación y la evidente excitación que le producía llamaba la atención de los que sufrían”.

El investigador sentencia que ya en democracia “fue utilizado para resolver el secuestro de Oriol y Villaescusa por los GRAPO en 1977”. Martín Villa, ministro de Gobernación, le otorgaría la Medalla de Oro al Mérito Policial.

Jesús González Reglero 

Reglero ingresó en el Cuerpo en 1967. Formaría parte del grupo ‘Anti Grapo’' dirigido por Billy el Niño. La prensa lo calificaría como "uno de los más duros durante la época de la represión franquista". En 1979 pasa a la Brigada Antigolpista. Servini lo acusa de “torturas contra los militantes antifranquistas Rodríguez Bonilla y Francisca Villar en febrero de 1975 en la sede de la DGS”. Bonilla cita en su querella cómo durante largas horas Reglero y su grupo lo golpearon por la espalda con cadenas y graves patadas en la entrepierna.

Ricardo Algar Barrón y Celso Galván Abascal

Algar Barrón entra en la Escuela General de Policía en 1969 y continúa con esta labor ya en democracia hasta el año 1988. Fue procesado en 1974 por un delito de lesiones durante el interrogatorio de Andrés González Somolinos. 

Su caso también se encuentra en la Querella Argentina. José María Galante Serrano denunciaría en su declaración cómo “Algar Barrón y Celso Galván Abascal participaron con malos tratos en su tercera detención, profiriendo contra él además graves amenazas.

Celso Galván estuvo implicado, como miembro de la BPS, en la muerte del estudiante Enrique Ruano. En 1996, se sentaría en el banquillo por este caso. Francisco Colino y Jesús Simón también estaban entre los policías implicados en el asesinato. Fueron absueltos por falta de pruebas. En democracia llegó a ser escolta de Franco y del rey Juan Carlos I.

Jesús Martínez Torres

Jesús Martínez Torres ha sido acusado por muchas de sus víctimas de aplicación de tortura y vejaciones a jóvenes luchadores antifranquistas. Muchos lo recuerdan como un “sádico” de largas patillas y “zapatos de tacón ancho" a causa de un grave complejo, tal y como señalaría el militante Mikel Azkue.

 Fue también acusado de torturar al militante antifranquista José Aznar Cortijo.
El triunfo del PSOE en las elecciones de 1982 le permitió ascender a Comisario General de Información responsable de la lucha "antiterrorista", siendo posteriormente imputado por los crímenes de los GAL.

·País Vasco:

Félix Criado Sanz

Criado Sanz fue uno de los primeros en pasar a la Escala Ejecutiva del Cuerpo Superior de Policía en los años de la posguerra. Inspector Jefe de la Brigada de Investigación Social de Bilbao, recibió la Cruz del Mérito Policial en 1967.

Fue denunciado por "curas de Zamora" y por Jon Etxabe Garitacelaya, a quien tuvo en 1969 durante siete días "salvajemente torturado junto con otros militantes y afectado por fuertes golpes…”.

Jesús Quintana Saracibar

Saracibar era capitán de la Policía Armada, al mando de las fuerzas que asaltaron la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga de Vitoria en marzo del 76. Causaron la muerte por disparos de bala a cinco civiles e hirieron a otros 50. Está querellado por la asociación Víctimas del 3 de Marzo.

Manuel Ballesteros

Ballesteros comenzó su carrera en Valencia, al frente de la BPS. En la madrugada del 11 de noviembre de 1968 participó en la detención y grave tortura de 36 militantes antifranquistas  En Valencia son muchos los que recuerdan el sadismo de este torturador.

A finales del régimen es trasladado a San Sebastián como uno de los “agentes más despiadados de la BPS”. Ballesteros había sido comisario jefe de San Sebastián en 1974. Más tarde pasaría a ser Jefe superior de Policía en A Coruña en 1976. Dos años más tarde ocupa el mismo puesto en Bilbao. Sin sufrir depuración alguna, de la mano de José Barrionuevo y Rafael Vera llega a ser director del Gabinete de Información del Ministerio del Interior."              (María Serrano, Público, 09/09/17)

4/7/17

Billy el niño: llevó a Rosa María García a "pasear" fuera de los calabozos. Le hicieron creer que la fusilarían en cualquier cuneta

"Felisa Echegoyen tenía 26 años cuando fue detenida por Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño'. Fue golpeada hasta que su cuerpo quedó rígido e inmóvil por un ataque nervioso. Adolfo Rodríguez contó 257 golpes durante uno de los interrogatorios en la Dirección General de Seguridad. Willy Meyer vio como metían una pistola entre sus costillas y disparaban. 

El arma, por suerte, estaba descargada. Rosa María García fue llevada a "pasear" fuera de los calabozos. Le hicieron creer que la fusilarían en cualquier cuneta. Chato Galante nunca olvidará cómo le colgaron de una barra y lo lincharon a palos cual saco de boxeo. 

Luis Suárez pensó en repetidas ocasiones en suicidarse en aquellos calabozos. "Billy el Niño era el más conocido, pero él así lo quería. Exhibía constantemente su identidad", concreta Jesús Rodríguez, también víctima de torturas. 

Son siete nombres de víctimas de torturas. Son siete nombres de luchadores por la democracia. Siete casos que sirven como espejo de la sistematicidad de las torturas ejercidas por Antonio González Pacheco en la Dirección General de Seguridad. "De allí no se libraba nadie. Si entrabas allí, eras torturado", prosigue Rosa, que se reconoce como una simple militante de base del FRAP.

42 años después de aquellas torturas, de aquellos golpes, de aquellas humillaciones, decenas de víctimas de 'Billy el Niño' acudirán a los tribunales españoles para conseguir lo que el Estado lleva 42 años negándose a ofrecer: justicia. La primera querella será presentada este miércoles por Luis Suárez, exmiembro de la Liga Comunista Revolucionaria. 

Antes, la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA) ofrecerá una rueda de prensa en Madrid a las 10.00 horas en la Junta de Distrito de Tetuán en la que explicará los motivos que le llevan a adoptar esta nueva estrategia contra la impunidad de la dictadura. 

"'Billy el Niño' estaba ufano de su fama. Tengo la sensación de que no ocultaba en ningún momento que se trataba del famoso torturador. Él, de alguna manera, estaba muy orgulloso de hacer lo que hacía y de ser quien era", recuerda Luis Suárez, impulsor de la primera querella, en declaraciones a Público

Los querellantes, no obstante, conocen la dificultad de conseguir su objetivo: ver a 'Billy el Niño' responder ante las preguntas de la Justicia. No están locos. Prácticamente todos ellos ya denunciaron ante la Justicia de Argentina las torturas de este hombre y ya vieron cómo la Audiencia Nacional rechazó la extradición del torturador al país sudamericano a pesar de las orden de detención internacional emitida por la Interpol. 

Según razonó la Audiencia Nacional, las torturas de 'Billy el Niño' no pueden ser calificadas como crímenes de lesa humanidad ya que éstas no formaban parte de un "ataque sistemático y organizado a un grupo de población". Por tanto, la Audiencia Nacional consideró que los crímenes que este miércoles se volverán a denunciar están ya prescritos y no pueden ser juzgados. 

Las víctimas consideran que las torturas de Billy el Niño eran sistemáticas. Independientemente de si el interrogado era un miembro de una organización política clandestina o si era dirigente, las torturas siempre se producían como modo de escarmiento a todo aquel que simpatizara con el movimiento obrero y/o universitario.

 Por tanto, sí que había una sector de la población específico: todo aquel que se resistiera a la voluntad del franquismo. Por ello, creen que, al menos, debería juzgarse a González Pacheco para dilucidar si fueron crímenes de lesa humanidad, si están prescritos o si están bajo el amparo de la Ley de Amnistía. 

"Yo quiero que le juzguen para que dé explicaciones. Quiero saber por qué se empleaba con mucha más dureza que sus compañeros. Qué le motivaba a ser tan cruel", explica a Público Adolfo Rodríguez, que ni siquiera pide penas de cárcel. De hecho, ninguna de las siete víctimas entrevistadas por Público para este artículo quiere que 'Billy el Niño' termine entre rejas. Se trata, más bien, del deseo de obtener Verdad, Justicia y Reparación y, tal y como describe Willy Meyer, terminar esa transición a la democracia que parece que nunca llega. 

"Nadie pensó que esa ley de Amnistía taparía delitos como tortura o exterminio, pero la verdad es que ha servido para encubrir crímenes que conforme al derecho universal nunca prescriben. A estas alturas, como usted comprenderá no quiero que González Pacheco entre en prisión. Esta querella que voy a presentar busca que Antonio González Pacheco sea juzgado y señalado como un torturador y que así pase a la historia", sentencia Meyer, ex portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento Europeo. "                 (Alejandro torrús, Público, 19/06/17)

27/6/17

El "sadismo y crueldad" de Billy el Niño eran "vocacionales"

"Tres policías franquistas denunciados ante la justicia española. José Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, Manuel Gómez Sandoval y Tomás Nieto Berrocal eran inspectores de la Brigada Política Social. Están acusados de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad. E identificados por una de sus presuntas víctimas: el militante antifranquista Luis Suárez-Carreño.

El "sadismo y crueldad" de Billy el Niño eran "vocacionales", cuenta Suárez-Carreño a eldiario.es. Fue una de sus víctimas y recuerda su cara. Relata cómo el policía "disfrutaba" torturando. Ahora quiere ver ante el juez a su verdugo. Lo ha denunciado 44 años después.


Luis Suárez-Carreño fue detenido en 1970 y 1973. Procesado por el Tribunal de Orden Público, pasó tres años de cárcel en Carabanchel. Estaba acusado de asociación ilícita y propaganda ilegal. Pertenecía a la Liga Comunista Revolucionaria (LCR). El texto de la querella incorpora un periodo concreto: los tres días que sufre torturas en la Dirección General de Seguridad (DGS) de la madrileña Puerta del Sol.

Su denuncia es la  primera a título individual y el arranque de una secuencia que busca obligar a actuar a la justicia española. Otros futuros querellantes serán el exparlamentario europeo Willy Meyer, Felisa Echegoyen, Rosa María García, Adolfo Rodríguez,  Jesús Rodríguez o Chato Galante. Que los jueces decidan: o no aplican la Ley de Amnistía o amparan a quienes "se les imputan delitos de torturas en un contexto de crímenes contra la humanidad", en palabras del abogado Jacinto Lara.

La denuncia aporta un documento: el informe El franquismo y la violación sistemática de los derechos humanos que acredita el contexto como aspecto esencial para que los delitos sean considerados como crímenes contra la humanidad. "El dictamen pericial de contexto está firmado por cuatro doctores en Historia: José Babiano, Gutmaro Gómez Bravo, Antonio Míguez Macho y Javier Tébar", señala el letrado.

Destacaba, se había hecho famoso entre la gente de izquierda porque tenía un modo de involucrarse en los interrogatorios muy entusiasta. Disfrutaba. Su sadismo y su crueldad eran vocacionales. Otros policías te golpeaban sin una especial pasión. No digo que sin fuerza e indiferencia ante lo que nos pudiera pasar. 

Pero él intentaba dominarte psicológicamente, transmitir que sabía mucho, en el plano personal, sobre la organización... Billy el Niño mostraba una pasión y un interés perverso y morboso sobre ciertos aspectos. Era su clave diferencial.

¿Qué le ocurrió?

En el año 73 me detienen por segunda vez. Ya había sido detenido y procesado en el 70. La policía tenía bastante información sobre mí y era una presa de la que querían sacar tajada. Se ensañan conmigo. Saben que tengo un puesto de responsabilidad en la LCR y quieren aprovechar para sacar información sobre otros compañeros y la estructura de la organización.

¿Qué métodos usaban los torturadores franquistas?

Era una sucesión de golpes en el cuerpo. Intentaban no dejar marcas y para eso te ponían un abrigo. Como era verano, ayudaba a que pasaras un calor espantoso, sudaras y tuvieras una sed enorme. Los golpes en la planta de los pies eran bastante dolorosos, sobre todo al cabo del tiempo, de unas horas. 

Acabé con las plantas de los pies destrozadas. También te obligaban a caminar en cuclillas por la sala de tortura. Esto fomentaba el agotamiento y en unas horas ya eres víctima del desconcierto, no tienes claro ni dónde ni cómo estás. Pierdes las referencias.

¿Tres días así?

Todo eso durante tres días que son muy largos. Soy torturado sistemáticamente, con interrogatorios constantes. La dinámica era que te bajan al calabozo, para que te relajes, y luego te vuelven a subir. Y vuelta a empezar. Provocaban un estado general de pánico y agobio. Insufrible. Permanezco en la Dirección General de Seguridad los tres días máximos que permitía entonces la ley antes de pasar al juez.

En el 73 detienen también a su mujer (menor de edad, con 18 años, la mayoría entonces estaba en los 21).

Junto a mí detuvieron a mi mujer, que era muy joven y tenía poca relación con la actividad militante, aunque conocía mi implicación. Me decían lo que le iban a hacer a ella, lo que había hablado de mí, era un proceso psicológico de intentar romperte, de querer hacerte culpable. Cuando me bajaban al calabozo y mi mujer oía pasos, pensaba que era yo y gritaba. Lo único que podíamos hacer era gritarnos.

¿Los fantasmas de aquellos días le siguen persiguiendo?

No he pensado recurrentemente en ello. No es un recuerdo agradable, desde luego, pero no lo he olvidado. Recuerdo muchas cosas con nitidez, aunque seguro que algunos detalles se habrán perdido. Como cuando los policías se tomaban unos cubatas y yo seguía allí, torturado y sudando después de horas de calor y sin beber ni una gota de agua. Sí, tengo cosas grabadas que no las puedo olvidar.

Estaba detenido en la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. Un lugar de infausto recuerdo para muchos.

Era el lugar de paso obligado. Ahí es donde estaba la Brigada Político-Social, los sociales que les llamábamos entonces. Y por ahí teníamos que pasar todos. Ahí tiraron a Enrique Ruano por la ventana y a fecha de hoy no hay ni una sola referencia ni testimonio sobre la importancia que tuvo el edificio como espacio de represión pero también de lucha por la libertad y contra el franquismo. Es un ejemplo de cómo este país, en términos de memoria, sigue teniendo mucho por hacer.

¿Qué episodios de violencia contra detenidos recuerda?

Muchos salieron con heridas y daños físicos graves. En el tiempo que estuve en [la cárcel de] Carabanchel había compañeros que venían tocados. Yo llegué con severas lesiones en los pies y recuerdo algún compañero que quedó cojo, o un compañero del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) que murió hace poco y arrastró toda su vida las secuelas que le acarreó aquel episodio de tortura. Serían miles de personas, pero la Administración no se ha preocupado por recuperar estas historias, no se han recopilado ni siquiera los testimonios orales, y se pierden.

Sufrió tortura en sus dos detenciones, ¿y en la cárcel?

No. Cuando hacíamos huelgas de hambre o protestábamos había represalias como las celdas de castigo, el aislamiento. Porque en la cárcel seguíamos la resistencia. De hecho, así alcanzamos en los años 70 un cierto estatus de respeto de las autoridades franquistas como presos políticos.

 Aunque no estábamos reconocidos como presos políticos oficialmente, pero eso nos daba opción de estudiar, discutir, formarnos, compartir recursos y comida… un cierto aire de libertad y organización que se había luchado tanto dentro como fuera. También era muy importante el apoyo social y estudiantil y el internacional como un movimiento que hizo mucho por los presos y la lucha por las libertades.

La justicia argentina ya intentó sin éxito procesar a Billy el Niño y otros presuntos torturadores franquistas. ¿Cree que la justicia española atenderá ahora el caso?

Es nuestra esperanza. Quiero puntualizar que la querella argentina no está muerta. El Estado español no está prestando la obligatoria colaboración con la justicia argentina pero el proceso sigue adelante, no se ha anulado ni suspendido.

 Lo que pretendemos es abrir más frentes de acción de justicia. Que haya justicia. Obligar a los jueces a que tengan que pronunciarse y se nieguen a amparar estos delitos, que quede claro que la Ley de Amnistía no tiene validez ante crímenes contra la humanidad. Estamos en un proceso de arranque de una secuencia.

A mí me ha tocado ir delante, pero nuestros abogados, especializados en derechos humanos, y las asociaciones de víctimas del franquismo, preparamos una serie de querellas individuales que se suman a las iniciativas y denuncias de ayuntamientos como los de Pamplona o Vitoria para defender a los ciudadanos que sufrieron estos crímenes. Con la esperanza, siempre, en que la verdad y la justicia resplandezcan."                    (, eldiario.es, 20/06/2017)