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8/6/24

Alcázar de San Juan estrena un documental sobre los ferroviarios represaliados por el franquismo... fueron 31 los fusilados, con lo que la historia ferroviaria y su lucha siempre han acompañado a muchas familias

 

 "Alcázar de San Juan ha acogido la proyección del documental 'Los hijos del hierro' en la antigua Fonda de la Estación. Dirigido por Miguel Muñoz cuenta, entre otras, con la intervención de Francisco Polo, historiador y responsable del Museo del Ferrocarril de Madrid, residente en esta localidad de Ciudad Real. Es un reportaje sobre los ferroviarios represaliados por el franquismo.

La alcaldesa Rosa Melchor, acompañaba a los autores el trabajo en la proyección acompañada de los concejales Cristina Perea y Javier Castellanos. El documental está disponible en YouTube y refleja la lucha obrera protagonizada por los ferroviarios, la persecución del régimen franquista a estos trabajadores que se organizaron para plantar cara al franquismo en el momento del golpe de Estado y siguieron luchando por sus derechos desde los sindicatos a los que legalmente pertenecían hasta que fueron prohibidos, según explica el Consistorio.

El hilo del documental transcurre a través de entrevistas a familiares de trabajadores represaliados, y con la colaboración de historiadores para establecer el marco temporal histórico.

Alcázar de San Juan es un lugar emblemático para la proyección del documental ya que fue un sitio donde fueron muchos los perseguidos y donde trasladaron a muchos otros que venían ya represaliados. Una ciudad ferroviaria en la que se cebó la persecución, explicaba Francisco Polo.

Se cree que solo en esta ciudad al menos fueron 31 los fusilados, con lo que la historia ferroviaria y su lucha siempre han acompañado a muchas familias y amigos de las víctimas.

“Alcázar siempre ha sido una ciudad marcada por el ferrocarril y la forma de vida distinta que nos trajo, la sociedad pasó a tener un sustrato de trabajadores ferroviarios, que siempre fueron activos en la defensa de los derechos de los trabajadores y la democracia”, explican desde el ayuntamiento.

En este acto la alcaldesa se atrevió a relatar su historia en primera persona. La detención de su abuelo, que nunca volvió a regresar. Su plato, decía, se quedó esperando en la mesa."           (eldiario.es, 03/05/24)

30/8/22

¿Esculturas de ocupación o liberación? Letonia desata la polémica al anunciar el derribo del icónico monumento soviético en Riga... el colosal monumento a los Liberadores de Letonia de los Invasores Fascistas –con su obelisco de 72 metros y estatuas de la madre patria y tres soldados del Ejército Rojo... En años anteriores, decenas de miles de personas –principalmente del 30%-40% de la población que es rusoparlante– acudían al monumento para conmemorar lo que ellos consideran la liberación de Riga por el ejército soviético. Para la mayoría de los letones, es un símbolo odioso de ocupación... Hasta este año se había mantenido la paz. Pero desde la in­vasión de Ucrania, el monumento –erigido en 1985, solo seis años antes del desmoronamiento de la URSS– se ha convertido en un polvorín... El trasfondo de la crisis es “el fracaso total de las políticas de integración de los rusohablantes”

Daniel Bernabé @diasasaigonados

Que en Paris haya un barrio llamado Stalingrad, que en Viena o Berlín existan monumentos al Ejército Rojo, es el testimonio de aquella Europa, hoy prácticamente desaparecida, en la que nadie cuestionaba el papel líder de la URSS en la victoria contra el nazismo.

Nunca a nadie se le ocurrió tocar una piedra de aquellos homenajes, ni en los peores momentos de la Guerra Fría, no sólo porque hacerlo era una falta de respeto a lo que significó la victoria de 1945, sino porque derribarlos era dejar una puerta abierta al regreso del fascismo.

Que las repúblicas bálticas destruyan hoy los monumentos al Ejército Rojo, bajo la coartada de la guerra ruso-ucraniana, además de una aberración histórica, se sitúa, dejémonos de engaños, en una reivindicación atroz y desvergonzada de los que combatieron al lado de la SS.

1:03 p. m. · 27 ago. 2022
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Carolina17 @Carolin08113141
En respuesta a @diasasaigonados

Daniel, creo que hay que conocer los motivos que hay detrás de ello. No se debe opinar de lo que no se conoce o se sabe. Después de 1945 en esos países han pasado cosas horrorosas que hasta a los jefes del Ejército Rojo de 1945 les causaron bochorno años después.

Daniel Bernabé @diasasaigonados

En las repúblicas bálticas, después de 1991, se arrasó con la iconografía soviética precisamente bajo esa premisa. Lo de hoy es otra cosa. Se ataca la memoria de la victoria de 1945 porque los que lo hacen son los herederos de los colaboracionistas.

 "En un país más relajado, en otro momento de la historia reciente de Europa, el gigantesco monumento en el parque de Pardaugava (Victoria) de Riga sería tal vez calificado en los folletos turísticos como “una selfie obligatoria para los fans del retro soviético”.

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Pero, en estos momentos, el colosal monumento a los Liberadores de Letonia de los Invasores Fascistas –con su obelisco de 72 metros y estatuas de la madre patria y tres soldados del Ejército Rojo–, está rodeado de una valla policial. “¡No se pueden hacer fotos!”, ordena una joven policía.

Detrás de las barreras, quedan algunas margaritas y rosas dejadas el pasado día 9 de mayo, el 77.º aniversario de la rendición alemana ante el ejército soviético en Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial. Aunque muchas flores habían sido levantadas en la pala de un bulldozer el día después de la ceremonia, y tiradas a la basura. Órdenes del ayuntamiento de Riga.

En años anteriores, decenas de miles de personas –principalmente del 30%-40% de la población que es rusoparlante– acudían al monumento para conmemorar lo que ellos consideran la liberación de Riga por el ejército soviético. Para la mayoría de los letones, es un símbolo odioso de ocupación.

Hasta este año se había mantenido la paz. Pero desde la in­vasión de Ucrania, el monumento –erigido en 1985, solo seis años antes del desmoronamiento de la URSS– se ha convertido en un polvorín. Aunque acudió mucha menos gente para rendir homenaje este año, la polémica ya está servida.

Dos partidos de la derecha nacionalista letona, integrantes del Gobierno de coalición, aprovecharon la oportunidad para resolver pendientes cuestiones legales sobre la destrucción del monumento. Acto seguido, el Parlamento aprobó retirarlo del parque de Pardaugava, con 67 votos a favor y 17 en contra, con el apoyo del primer ministro, Krišjānis Kariņš. El Ayuntamiento ya debe decidir si quiere dinamitarlo o aprovechar sendas ofertas de Crimea y San Petersburgo para quedárselo. Es año de elecciones en Letonia y el derribo del monumento puede traducirse en votos.

“Muchos letones ven la invasión de Ucrania como una repetición de nuestra historia; los rusos hasta repiten aquello de aplastar a los nazis”, dice Arnis Katkins, director de la encuestadora SKDS. “La gente no puede ver el monumento soviético con los mismos ojos después de lo que ha pasado en Ucrania”.

Letonia fue invadida por los soviéticos tras el acuerdo Mólotov-Ribbentrop entre Stalin y Hitler en 1939. Luego, llegaron los alemanes en 1941 y tres años después, otra vez, los soviéticos

La semana pasada, unos 5.000 antisoviéticos cruzaron el río Daugava hasta el monumento soviético para exigir su demolición. La próxima protesta será de defensores del monumento soviético liderados por la eurodiputada de Unión Rusa de Letonia, Tatjana Ždanoka, que fue detenida por la policía tras una manifestación el 13 de mayo contra el uso del bulldozer y contra la demolición.

En cambio, los ciudadanos de Riga que paseaban por el parque el pasado martes se mostraban o indiferentes o bien opuestos a la demolición. “Me da igual. Es un asunto de la generación
anterior”, decía Ludovic, coci­nero de 25 años del restaurante Snob en el centro turístico.

 Algunos temen una repetición de lo ocurrido en el país vecino, Estonia, en el 2007, cuando la decisión de desplazar el llamado Soldado de bronce , otro monumento soviético, del centro a la periferia de la capital, Tallin, desató una ola de disturbios.

Otros advierten de que un estallido de protestas puede ser utilizado por el presidente ruso, Vladímir Putin, como un pretexto para iniciar agresiones contra Letonia.

El trasfondo de la crisis es “el fracaso total de las políticas de integración de los rusohablantes”, explica Juris Rozenvalds, historiador de la Universidad de Riga.

 Tras la independencia de Letonia en 1991, se decidió dejar a 700.000 rusoparlantes –más del 30% de la población– sin ciudadanía y sin derecho a votar, principalmente porque no hablaban letón, la única lengua oficial. “Es un poco humillante para los rusoparlantes, pero los letones estamos obsesionados con el tema del idioma” , añade el bilingüe Rozenvalds.

Se temía que la presencia de miles de inmigrantes rusos en Letonia –muchos de ellos militares jubilados– saboteara el proyecto de la independencia. Ahora solo el 1% carece de ciudadanía. Pero se creó un caldo de resentimiento que aún bulle a fuego lento.

Hay problemas de representación política también. El partido más votado de Letonia, el socialdemócrata Saskana (Armonía), apoyado principalmente por rusoparlantes, jamás ha podido entrar en un gobierno de coalición.

Según un sondeo de SKDS realizado hace dos semanas, un 55% de los habitantes de Letonia habla letón en casa, un 26% habla ruso, y un 17%, los dos idiomas. Paradójicamente, parte de la población rusoparlante está compuesta por migrantes de Ucrania, Bielorrusia y Georgia.

 En torno al 90% de los que hablan letón en casa apoya a Ucrania en la guerra contra Rusia. Los rusoparlantes son más cautos. El 47% dice que ni apoya a Ucrania ni a Rusia. “Los rusoparlantes ven televisión rusa y los letones ven televisión letona”, dice Katkins. Ahora los medios rusos están prohibidos, pero las redes sociales mantienen las dos realidades enfrentadas en la conciencia colectiva letona. “Yo escucho los medios rusos, letones e ingleses”, señalaba una emigrante bilingüe de Rezekne, hija de un “no-ciudadano” que volvía a Manchester en un vuelo de Ryanair. “No me fío de ninguno”.               (Andy Robinson , La Vanguardia, 25/08/22)

18/2/19

El Gobierno vasco ha puesto en práctica un programa educativo de respeto a los derechos humanos denominado Etikasi —aprender ética—. Gracias a él, jóvenes estudiantes vascos viajarán a Auschwitz para comprender sobre el terreno los niveles de deshumanización que puede llegar a alcanzar el ser humano... Ojalá un programa como este que ahora inicia el Gobierno vasco se hubiera puesto en práctica en Euskadi hace ya algunas décadas, cuando estaba activo el diseño de una tentativa totalitaria por parte de ETA implementada con el asesinato de más de 800 personas... el programa del Gobierno vasco es positivo, pero podría completarse con una enseñanza sobre el silencio ejercido, durante muchos años, por no pocos ciudadanos neutrales en Euskadi......

"(...) leo que el Gobierno vasco ha puesto en práctica un programa educativo de respeto a los derechos humanos denominado Etikasi —aprender ética—. Gracias a él, jóvenes estudiantes vascos viajarán a Auschwitz para comprender sobre el terreno los niveles de deshumanización que puede llegar a alcanzar el ser humano. Visitarán un campo icónico, convertido desde su origen mismo en el gran exponente del totalitarismo y de los crímenes contra la humanidad.

 Tiene un enorme valor la comprensión de espacios como ese. Son los lugares de las causas y las consecuencias de aquel inmenso hundimiento europeo del siglo XX y, en muchos casos, son todavía visitables.  (...)

Ojalá un programa como este que ahora inicia el Gobierno vasco se hubiera puesto en práctica en Euskadi hace ya algunas décadas, cuando estaba activo el diseño de una tentativa totalitaria por parte de ETA implementada con el asesinato de más de 800 personas. 

Ojalá las generaciones anteriores, entre ellas la mía, hubieran tenido la oportunidad de acceder, en el sistema educativo vasco, a una mejor comprensión de lo que sucedía en nuestro entorno inmediato. Y ojalá hubieran podido hacerlo a través de los espejos aumentados de las realidades nítidas e indiscutibles del exterminio nazi.

No consigo recordar, sin embargo, ni una sola vez en la que un profesor del colegio en el que estudié nos explicara qué era ETA y por qué no podía ser admitido el asesinato de seres humanos. Sé bien que no era solo una cuestión escolar, que sucedía igual en muchos otros entornos sociales. 

Entornos que vivían como si aquello no sucediera, que miraban para otro lado, que, de forma consciente o inconsciente, contribuyeron en la producción de un silencio que desempeñó un papel determinante para la continuidad en el tiempo de una organización terrorista cuya vida duró cinco largas décadas.

Cuenta la autora croata Daša Drndic, en su inmensa obra titulada Trieste, que, durante la II Guerra Mundial, trenes llenos de deportados salían desde el norte de Italia para atravesar los Alpes suizos en dirección a los campos de exterminio. Cuenta que lo hacían siempre de noche, a través del túnel alpino de San Gotardo. 

Quince kilómetros de túnel en una zona de tránsito estratégico que quedó abierta para el paso de aquellos trenes gracias a un acuerdo de Suiza con la Alemania nazi.

Desde el año 1943, más de 40.000 italianos salieron de Trieste en dirección a los campos polacos. Unos 9.000 eran judíos; el resto, partisanos y militantes antifascistas. Lo hacían atravesando las líneas ferroviarias cedidas para su uso por Suiza, país neutral.

Neutralidad viene del latín neuter —ni uno ni otro— y en los dilemas entre el bien y el mal, siempre desempeña un papel cómplice. Así fue en la Europa de la II Guerra Mundial. Y así fue también en la Euskadi en la que ETA mataba.

Es por eso que la razón invita a preguntarse por todos los túneles de San Gotardo, por todas las geografías de la neutralidad. ¿Cómo visitar los lugares simbólicos de quienes no encontraron diferencias entre los constructores de Auschwitz y quienes eran asesinados en sus cámaras de gas? ¿Dónde se localizan esos espacios cómplices? ¿Es posible una exposición sobre el silencio? ¿Puede levantarse un museo de la neutralidad?

Viene todo esto a mi memoria cuando pienso que el programa del Gobierno vasco es positivo en lo que busca, enseñar la maldad máxima que el ser humano ha alcanzado para alertar con ello de lo que son capaces las ideas totalitarias y educar en valores humanistas. Pero podría completarse con una enseñanza sobre el silencio ejercido, durante muchos años, por no pocos ciudadanos neutrales en Euskadi. 

Cinco largas décadas de violencia terrorista que solo fueron posibles gracias a que en nuestras ciudades y nuestros pueblos también había túneles de San Gotardo; vascos que nunca vieron nada, que miraron para otro lado, que nunca plantaron cara a ETA.

Aunque aquel silencio cómplice sea difícil de explicar, quizá llegue ya la hora de mirarlo de frente y reconocer que hubo un tiempo en que la ética no operaba en amplios sectores de la sociedad vasca. Sería de una enorme utilidad cívica con vistas al futuro.

Contribuiría, por ejemplo, a facilitar que las siguientes generaciones de vascos pudieran responder mejor ante nuevos dilemas que puedan plantearse en el futuro.

Todo un aprendizaje ético y cívico. Una sociedad consciente de las sombras de su pasado que actúa en consecuencia: nunca más el silencio cómplice de nadie cuando el mal aparece en cualquiera de sus formas."

Eduardo Madina es director de KREAB Research Unit, unidad de análisis y estudios de la consultora KREAB en su división en España, El País, 15/02/19)

4/1/19

Lecciones de Auschwitz (y otros memoriales) para El Valle de los Caídos: crear un museo explicativo en Cuelgamuros como hizo Sudáfrica con el Monumento Voortrekker, una estructura de granito levantada por los afrikáneres para conmemorar su conquista del norte del país, a costa de la población zulú... tras el apartheid no se destruyó, se resignificó y ahora alberga un museo histórico que hace justicia a la compleja historia y a los crímenes del racismo en Sudáfrica...

"Quizá asustado por el poder que conserva el ectoplasma de Franco, el pasado verano el Gobierno señaló por boca del ministro de Cultura, José Guirao, que el Memorial de Auschwitz es un referente de sus planes para Cuelgamuros. 

Es obvio que el Valle de los Caídos no es Auschwitz, pero también lo es que ninguno de los alemanes que visitan el antiguo campo de exterminio hace ademán de orgullo o nostalgia al caminar junto a las ruinas de las cámaras de gas. Tampoco muestran culpabilidad, acaso una responsabilidad por saber. Los ubicuos adolescentes israelíes que marchan en grandes grupos con la bandera de la estrella de David amarrada al cuello tampoco parecen culpar a los alemanes actuales.

 Franquear la puerta de aquel campo que reza Arbeit macht frei (el trabajo libera) rodeado de turistas y de los fríos del otoño polacos es penetrar en un potentísimo recordatorio de la barbarie del siglo XX. Hay quien se hace un selfie, pero en general la generación de los nietos de aquellos europeos, víctimas y verdugos, penetra en el mayor campo de exterminio nazi con la solemnidad de la que cada uno es capaz.

Desde la cofa del Memorial de Auschwitz, su director, Piotr Cywinski, habla de los problemas que plantea el contexto actual. “Cada vez más instituciones dedicadas a la memoria consideran que estamos al principio de un proceso distinto. El populismo no hace lo que considera correcto, sino lo que piensa que la gente cree que es correcto. La aproximación positivista ya no funciona para hablar con el disidente”.

 ¿Hay algunas lecciones que España pueda extraer sobre la gestión de lugares marcados por la barbarie? Cywinski se muestra muy cauto y recuerda que él no es ni un político ni un hispanista, pero aconseja: “Si yo fuera parte de las autoridades españolas me preguntaría si exhumar a Franco contribuye a la coherencia de mi país o la destruye”.

Andreas Huyssen, profesor emérito de la Universidad de Columbia y experto en la gestión de la memoria del siglo XX, señala el tiempo transcurrido como una de las claves. “Tomó 40 años en Alemania hasta que el Holocausto y la criminalidad del régimen fueran reconocidos totalmente. 

Cuarenta años después de la muerte de Franco es el momento de enfrentarse a la memoria. No sólo de la dictadura de Franco, sino también de la Guerra Civil”, explica en una conversación desde su ipad. ¿Qué se puede aprender para que el Valle de los Caídos deje de ser un foco para el antagonismo en la sociedad española? A su juicio, “para hacer del Valle de los Caídos un lugar con potencial para la reconciliación es necesario exhumar a Franco y enterrarlo en un panteón familiar”. Ahora bien, “siempre me dio la impresión de que la Ley de Memoria Histórica era problemática. No creo que la memoria se pueda legalizar”, matiza.

Huyssen, autor entre otras obras de En busca del futuro perdido: cultura y memoria en tiempos de globalización, propone la creación de un museo explicativo en el Valle de los Caídos como hizo Sudáfrica con el Monumento Voortrekker en Pretoria. Esa estructura de granito fue levantada por los afrikáneres en lo alto de una colina para conmemorar la epopeya conquistadora del norte del país, a costa de la población zulú: 

“Tras el apartheid no se destruyó, se resignificó y ahora alberga un museo histórico que hace justicia a la compleja historia y a los crímenes del racismo en Sudáfrica. Es una representación cuidadosamente diseñada de la historia que desembocó en el mismo Monumento Voortrekker, de modo que se le ha dado una nueva función para la reconciliación y el esclarecimiento histórico”.

Muy lejos de Pretoria, en el centro de Tokio, al final de un paseo flanqueado por algunos de los cerezos más bellos de la ciudad, existe un lugar donde los espíritus de los muertos, allá llamados eirei, siguen provocando profundas divisiones entre los vivos. 

En este caso, entre los vivos chinos y coreanos. Se trata del santuario Yasukuni, un templo sintoísta construido para consagrar las almas de los casi 2,5 millones de soldados muertos en las guerras libradas por el país del sol naciente desde mediados del siglo XIX, incluidos 14 dirigentes nipones que el Tribunal Penal Militar Internacional para el Lejano Oriente declaró criminales de guerra de clase A tras la II Guerra Mundial.

El profesor Daiki Shibuichi, de la United International College de China, considera que existen notables diferencias entre Yasukuni y el Valle de los Caídos. En el sintoísmo los eirei deben ser celebrados y respetados, “porque de no ser así pueden convertirse en onryo o espíritus con rencor que pueden dañar la comunidad”. Curiosamente, el espíritu de Franco parece comportarse de manera diametralmente opuesta, porque la celebración ocasional de su eirei por parte de los nostálgicos del régimen lo ha convertido en un onryo poderosísimo.

Hechas estas salvedades, el profesor Shibuichi constata algunas similitudes entre ambos monumentos, como que la controversia que generan “consiste probablemente en la manera en que las sociedades conforman, o no consiguen conformar, los mitos colectivos, que son la base de cualquier historia nacional ampliamente aceptada”.

En su opinión, estas polémicas son la definición de manual de la política: “Los políticos distribuyen los recursos materiales, pero también los intangibles, es decir, asuntos como la autoridad o la legitimidad. En las democracias la decisión de quién recibe qué se decide básicamente votando a unos representantes políticos que toman las decisiones”.

Más allá de los monumentos erigidos por el mundo y de su cambiante significado y poder simbólico, lo que permanece inalterable es la fuerza e importancia de la memoria colectiva. De vuelta en Auschwitz, parapetado tras dos palmos de papeles en su despacho del Bloque 23, el historiador jefe del memorial del campo, Piotr Setkiewicz, insiste en la importancia de que se cuente a los europeos más jóvenes la historia de lo que sucedió entre aquellos muros del campo. 

La barbarie no debe caer en el olvido. “No podemos escapar de nuestro pasado, debemos aceptar incluso la parte que duele”.

En estas mismas páginas, Edurne Portela aventuraba recientemente que muchos están volviendo ahora a las palabras que escribió Primo Levi tras ser rescatado de Monowitz, un subcampo del complejo de Auschwitz donde el III Reich alemán exterminó a un millón de judíos.

 “Cientos de miles de historias (…) Nos las contamos por las noches, y han sucedido en Noruega, en Italia, en Argelia, en Ucrania, y son sencillas e incomprensibles como las historias de la Biblia. ¿Pero acaso no son también historias de una nueva Biblia?”. 

Quizá sea el momento de volver a leer estas trágicas historias y averiguar cuáles son sus lecciones."                    (Fernando Álvarez Busca, El País, 27/12/18)

25/4/11

"La memoria histórica no tiene relación con la venganza ni con el odio. Tiene relación con la armonía, con la creación artística, con el paisaje..."

"Tocar los recuerdos dolorosos de la historia es difícil: saltan chispas y el cajón de la memoria no se abre con facilidad, aunque hay quien piensa que eso es un error. Como Patricio Guzmán (Santiago de Chile, 1941).

"La memoria histórica no tiene relación con la venganza ni con el odio. Tiene relación con la armonía, con la creación artística, con el paisaje, con la velocidad de las nubes. Es recuperar el tiempo y ayuda a vivir mejor", afirma. (...)

Marcado por el golpe de Estado de Pinochet, Guzmán lleva varias décadas embarcado en recuperar la memoria que su país se resiste a recordar. Su primer documental, La batalla de Chile, considerado uno de los clásicos del género y nunca mostrado en su país, es el único testimonio en celuloide del último año de la presidencia de Salvador Allende.

"Si La batalla de Chile no existiera, la derecha de mi país habría tratado de borrar aquel periodo, pero no puede".

Poeta de la imagen y la memoria, se exilió tras un golpe al que ha regresado una y otra vez. Porque casi toda la filmografía de Guzmán está relacionada con ese pasado trágico "al que ni siquiera Bachelet se quiso enfrentar".

Lamenta que los militares chilenos no hayan querido colaborar con los familiares de los desaparecidos "que aún necesitan encontrar y enterrar a sus muertos", igual que lamenta que el juez Garzón, héroe para muchos chilenos por procesar a Pinochet, sea hoy perseguido por remover el pasado de la Guerra Civil.

"El tiempo de la memoria es largo pero acaba llegando. Un país no puede ni debe olvidar. Hará falta al menos otra generación, en España y en Chile, para que el poder deje de sentirse culpable y pueda enfrentar el pasado". (...)

Yo nunca he sentido nostalgia de la música o la cocina chilenas, pero sí de la luz y del mar".

Esa nostalgia impregna su cine. Sus películas abren interrogantes desgarradores y bellos y, en el caso de Nostalgia de la luz, embarcan en metáforas aparentemente imposibles pero increíblemente certeras.

Tardó cinco años en conseguir financiación (entre otros de TVE) para ese proyecto que hipnotiza a críticos y espectadores, mezclando con extraordinaria sensibilidad su pasión de juventud, la astronomía, con la historia de amor y tenacidad de las mujeres que aún buscan a sus desaparecidos cavando con sus manos en el desierto de Atacama." (PATRICIO GUZMÁN: "El tiempo de la memoria es largo pero al fin llega". El País, 20/04/2011, última)

5/4/11

Las matanzas de Badajoz... "Señor obispo, para que usted siga viviendo como lo hace, gente como ellos debe morir"

"El obispo se presentó aquella mañana en la vivienda provisional del teniente coronel Juan Yagüe para interceder por las vidas de los hermanos Pla. Pero el militar golpista no concedió un milímetro.

-Señor obispo, para que usted siga viviendo como lo hace, gente como ellos debe morir.

Así que cuando al día siguiente las dos criadas llegaron a los calabozos de Badajoz para llevarles el almuerzo, el guardia civil las mandó de regreso y les dijo que no iban a necesitarlo. De nada sirvieron a los hermanos las influencias burguesas, su honestidad con los vecinos o que Yagüe, cuando entró a sangre en la ciudad, prometiera que si se entregaban no serían represaliados.

Ellos forman parte de una imprecisa y, a veces, legendaria lista de nombres que pereció en la carnicería de Badajoz entre el 14 y el 20 de agosto de 1936. Una matanza de la que se cumplen 75 años y que Left Hand Rotation, un colectivo de artistas, ha reivindicado colgando por las calles de la ciudad las esquelas de los 1.518 muertos que el historiador Francisco Espinosa logró documentar en su libro La columna de la muerte.

La intervención, dicen, es un homenaje a las vidas perdidas, no una reivindicación política. Forma parte de una exposición que puede verse en la diputación de Badajoz y que incluye pinturas de Gonzalo Sáenz de Santamaría y poesías de Sergio Román. (...)

La violencia de aquel episodio y el trauma que todavía soporta una generación convirtieron la propuesta de las esquelas en un imán de curiosos, portadas de la prensa local y comentarios. "Eso no debe removerse" o "ahora qué más dará", "el 36 me queda muy lejos" o "me alegra que se haga". Pocos ignoraron las muertes impresas en negro sobre los muros.

Para otros, la herida es tan profunda que el interés por la anécdota se diluye en la magnitud de la tragedia personal. Como en el caso de Luis Pla, hijo y sobrino de los dos hombres asesinados aquel 19 de agosto cuando él tenía 11 años. Hoy tiene 86, y las esquelas de sus familiares han sido, por casualidad, las primeras que el servicio de limpieza ha retirado.

"Está bien que se recuerde la masacre que hubo aquí y al maestro mundial de los genocidas, ese tipo ridículo llamado Francisco Franco", pide Pla en el despacho de su casa, a las afueras de Badajoz. A su familia le arrancaron aquellas vidas y le confiscaron la fortuna.

Cuando Yagüe continuó su cruzada por España, lo hizo montado en un precioso Dodge que tomó prestado del taller de los hermanos que acababa de asesinar.

En la calle del Obispo, en la de la Bomba o en la de Ramón Albarrán, por donde dicen que bajaba un río de sangre hasta la plaza de toros, quedaban el viernes algunas esquelas de ese episodio que sigue incomodando en la ciudad, gobernada por el PP. (...)

"El tema del 14 de agosto sigue maldito en Badajoz, y se asume así por todos, derecha e izquierda. Sigue habiendo un trauma. Se ha rechazado el recuerdo porque estorba a todos. Fue una provocación que la izquierda acabara con la plaza de toros.

Luego, claro, el PP se permitió hacer lo del cementerio", explica el historiador Francisco Espinosa, a quien la iniciativa de las esquelas agrada por lo que tiene de provocación. "Aunque yo no hubiera mezclado muertos de ambos bandos".

Tras aquel episodio y las tremendas crónicas con las que algunos periodistas retrataron la barbarie, unos enloquecieron y otros, como el cronista portugués Mario Neves, juraron no volver nunca a Badajoz. "Quiero dejar Badajoz cueste lo que cueste, prometiéndome a mismo que no volveré nunca.

Jamás se presentará un acontecimiento tan impresionante como el que me ha traído a estas tierras ardientes de España y que ha logrado destemplar completamente mis nervios", escribió. Como él, muchos han preferido no volver a aquello jamás.

Pero las esquelas de Left Hand Rotation, y otras iniciativas llevadas a cabo por historiadores o abogados como José Manuel Corbacho, devuelven a Neves y a todos a aquel absurdo escenario 75 años después." (El País, 04/04/2011, p. 37)

21/2/11

¿Qué hacemos con los genios infames? Con los grandes artistas han defendido ideas que promueven el odio

"En sus memorias, la señora Destouches recordaba la actitud de su marido hacia unos textos a los que, decía, algunos atribuyen "un poder maléfico": "Cuando supo lo que realmente había pasado en los campos de concentración se quedó horrorizado, pero nunca fue capaz de decir: 'Lo lamento'.

No se le perdonó el no haber reconocido sus culpas y él jamás dijo: 'Me equivoqué'. Siempre aseguró que había escrito sus panfletos con una finalidad pacifista, nada más. En su opinión, los judíos incitaban a la guerra [él había sido herido en la del 14] y quería evitarla. Eso era todo".

Aunque nunca han faltado pacifistas empeñados en apagar el fuego con una lata de gasolina, Céline ha alcanzado una categoría de icono que no tienen reaccionarios tan citados como Robert Brasillach o Drieu La Rochelle.

La razón es simple: como novelista es uno de los más grandes. Lo que no es tan simple es cómo reconocer esa grandeza sin mancharse las manos. La equivocación sería, para muchos expertos, seguir barriendo las vergüenzas debajo de la alfombra.

Bernard-Henri Lévy lo dijo así el mismo día que se anunció la decisión del ministerio de Cultura de su país: "Aunque la conmemoración sirviese solo para eso, para empezar a entender la oscura y monstruosa relación que ha podido existir entre el genio y la infamia, habría sido no solo legítima, sino útil y necesaria".

Para Esther Bendahan, escritora y directora de cultura de Casa Sefarad-Israel en Madrid, es un error suspender la conmemoración una vez programada: "Era una oportunidad de reflexión. No digo que esté de acuerdo con el planteamiento, pero una vez planteado, hay que defenderlo y aprovecharlo".

La polémica, según Bendahan, surge por la cercanía del horror que alimentó el racismo de muchos intelectuales: "Hablamos de algo muy cercano y, diría, de gran actualidad todavía. Eso hace difícil separar la persona de su obra".

Algo perfectamente fácil de hacer, sin embargo, en el caso de autores como Quevedo, cuyo antisemitismo no hace ya tanto daño como el de un contemporáneo. Por no hablar de la misoginia o la defensa de la esclavitud de no pocos de sus vecinos en los barrios bajos de la historia del arte.

¿Y cuándo queda el horror lo suficientemente lejos? Para responder, la autora de Déjalo, ya volveremos recurre a una serpiente que se muerde la cola: "Cuando no levanta polémica. Cuando se vive como un fenómeno ajeno a nosotros que ha formado parte de una locura histórica. Cuando es ya más historia que memoria".

El filósofo Reyes Mate, Premio Nacional de Ensayo en 2009 por La herencia del olvido, ha consagrado muchos de sus trabajos a la relación entre historia y memoria a la luz, sobre todo, del Holocausto, pero también de la Guerra Civil y de la dictadura argentina.

Para él, "la memoria decisiva no es la de los hechos felices sino la de los infelices, y esa memoria negativa es la que puede ser un elemento crítico importante para una construcción diferente del presente". Además, apunta, una cosa es conmemorar y otra, celebrar: "Se celebran los triunfos, se conmemoran las derrotas". (...)

Lo peor que se puede hacer con el pasado, dice Mate, es borrarlo o ignorarlo: "A autores como Céline, cuyas posiciones políticas contribuyeron al desastre, conviene recordarlos porque fueron muy significativos.

Si no los tienes en cuenta no te explicas lo que sucedió. Hay que leer críticamente a Céline, como a Heidegger o a Jünger, porque representa un momento del pasado que ha tenido una importancia enorme en la historia. Difícilmente se puede construir una historia diferente a lo que ellos significaron si no se tiene en cuenta que existieron".

En su opinión, ese argumento sirve tanto para un libro como para un monumento. De ahí su contrariedad al comprobar que en el edificio central de la institución en la que trabaja, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha desaparecido la inscripción en latín que "honraba" a Franco como presidente del patronato del Consejo: "Han quitado el fresco y han puesto unas baldosas neutras.

No hay rastro del pasado. Habría que haber dejado esa inscripción y, al lado, poner una explicación". Para el autor de Justicia de las víctimas, sin huellas se vuelve más difícil leer el pasado. Por eso, dice, "lo que hay que hacer no es eliminar el Valle de los Caídos, sino explicarlo".

Lo mismo cabría decir de los nombres de las calles: "La solución no es eliminarlas. No deberíamos olvidar que hubo una sociedad para la que los generales franquistas fueron personas ilustres. Si hay muchas, como en Madrid, habría que dosificarlas, pero no se puede borrar de la ciudad ese pasado. Ahí la Ley de la Memoria Histórica afinó poco".

En lo que se refiere a los escritores, la gran pregunta es, apunta Esther Bendahan, si la obra de un autor y sus opiniones tienen genes distintos, es decir, si el arte tiene "su propia verdad".

La cuestión es más espinosa en el caso de un filósofo -que trabaja con sistemas que a veces conllevan una ética- que, por ejemplo, en el de un arquitecto, pero parece que no hay duda de que se puede ser un amoral y un gran artista. "La experiencia nos dice que sí. Se ha dicho mil veces: los nazis se emocionaban con la música clásica".

Para Reyes Mate, el arte permite la contradicción de que una forma brillante albergue contenidos terroríficos. Eso sí, lo que ha cambiado es la mirada sobre el arte: "Después de Auschwitz no podríamos decir de ciertos poemas que sean malos, pero sí que son éticamente discutibles.

Lo que añade la experiencia de Auschwitz es el juicio ético, ya no te puedes detener solo en el nivel estético. Nuestra visión de una obra tiene algo que sin esa experiencia no tendría por qué tener. El deber de memoria pide que se incluya el juicio moral".

El día que Céline nos resulte tan lejano como Quevedo algo se habrá ganado pero algo se habrá perdido. Significará que el horror que contribuyó a encender se ha vuelto para nosotros más ajeno que la belleza que él mismo consiguió crear.

Entre tanto, habría que prescindir de la brocha gorda para asumir de una vez por todas que los buenos escritores son a veces malas personas. Y, de paso, asumir que para reconocer la grandeza de un artista no hace ir con flores a su tumba." (El País, 20/02/2011, p. 31)