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15/9/22

Acedo Colunga: un fiscal militar entre la inquisición española y el nazismo

 "6.770 sumarios, 30.224 procesados, 3.189 sentencias de muerte y 3.953 condenados a 30 años de reclusión (7.700 a otras penas). Son cifras de la estadística general –a fecha 31 de diciembre de 1938- que figuraban en la Memoria del Fiscal del Ejército de ocupación franquista, Felipe Acedo Colunga (1896-1965), firmada en enero del año siguiente en Zaragoza. Correspondían a causas vistas en los Frentes de Levante (incluidos Aragón y Cataluña); Santander, Madrid y Bilbao.

El documento está recogido en Castigar a los rojos. Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista, obra colectiva editada por Crítica en junio, de la que son coautores Francisco Espinosa, Ángel Viñas y Guillermo Portilla.

“Hay que eliminar toda la criminalidad en España. Decir esto equivale a suprimir todos los criminales que bajo las banderas rojas han deshonrado la noble hidalguía de nuestro pueblo”, escribía el general y fiscal jefe del ejército golpista en la Memoria de 90 páginas; incluía en el colectivo señalado a “dirigentes, propagandistas y negociantes de la revolución materialista”. El gran objetivo radicaba en “construir un nuevo Estado”.

En el BOE del 7 de noviembre de 1936 publicado en Burgos (considerada una de las capitales del nuevo Estado fascista), se recogía la designación de Felipe Acedo Colunga como Auditor de Brigada adscrito a la Fiscalía, dentro de los “distintos organismos de justicia militar”; ya finalizada la guerra, en septiembre de 1939, un Decreto firmado por el dictador Franco nombraba a Felipe Acedo jefe de la Asesoría Jurídica del Ministerio del Aire. El también piloto militar de aeroplano había participado en la sublevación militar de 1932 contra la II República, encabezada por el general Sanjurjo, por lo que fue procesado.

El fiscal y general derechista intervino de manera destacada en los Consejos de Guerra contra los líderes y participantes en la insurrección obrera de Asturias (octubre de 1934). En una etapa posterior –entre 1951 y 1960- desempeñó el cargo de Delegado del Gobierno en Barcelona; en su trayectoria política durante el franquismo Acedo Colunga ejerció también otras responsabilidades, como la de Delegado del Gobierno en la Compañía Telefónica.

El 1 de noviembre de 1936 Franco firmó un Decreto, desde Salamanca, cuyo objetivo era “el restablecimiento del orden jurídico en la Plaza de Madrid, alterado durante más de tres meses (…)”. Así, “ante el sinnúmero de crímenes de todo orden”, se trataba de imponer “la rapidez y ejemplaridad tan indispensables en la justicia castrense”. La presunta ineficacia del “llamado Gobierno de la República”, según la disposición legislativa, justificaba la constitución –de manera permanente- de ocho Consejos de Guerra en la “plaza de Madrid”.

En este contexto de represión militar y judicial (y con el mismo trasfondo ideológico), “la actividad de Acedo Colunga llega a su apogeo tras el golpe de julio de 1936 a través de los procedimientos sumarísimos de carácter ejemplarizante a los que fueron sometidos las autoridades civiles y militares del Sur y en los que puso la legislación penal militar al servicio del fascismo”, subraya el historiador Francisco Espinosa, autor entre otras obras de Por la sagrada causa nacional. Historias de un tiempo oscuro. Badajoz 1936-1939.

Espinosa Maestre menciona, entre los primeros Consejos de Guerra tras la sublevación de 1936, el celebrado en Huelva; en el procedimiento judicial militar desempeñó un papel protagónico Felipe Acedo. Se decidió entonces la ejecución del gobernador civil de Huelva, Diego Jiménez Castellano, y dos tenientes coroneles –de la Guardia Civil y de Carabineros-, Julio Orts Flor y Alfonso López Vicencio. Fueron asesinados en agosto, “en un espectáculo público”.

¿Objetividad, equilibrio, neutralidad, equidistancia en la actividad fiscal? El gran arquitecto de la represión escribió en la Memoria de diciembre de 1938: “Pretendemos dotar al Ministerio Fiscal de un dinamismo apasionado y combativo constituyéndolo más que nada en mandatario y vocero de la conciencia jurídico-social. Surge así su extraordinaria importancia en el régimen autoritario de una España imperial”.

El catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Jaén, Guillermo Portilla, califica como de “verdadera obsesión” uno de los propósitos jurídicos de Acedo: que el considerado delito de rebelión militar se interpretara con una cierta uniformidad en los Consejos de Guerra; y además, que se manifestara una similitud entre las condenas contra lo que el fiscal militar llamaba “jauría republicana”. “En parte lo logró”, concluye Portilla, también autor del libro La consagración del Derecho penal de autor durante el franquismo. El Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo (2010).

Pero no sólo las acusaciones de la Fiscalía se convirtieron –generalmente- en la médula de los sumarios en la jurisdicción militar (“la sintonía entre las resoluciones de los consejos de guerra y la Fiscalía fue importante”, subraya Portilla Contreras); el catedrático e investigador agrega que la Memoria fiscal se fundamentó en los principios jurídicos nacional-socialistas, aunque sin renunciar a que el derecho penal español siguiera un camino propio (el general y jurista planteaba, incluso, que el Tribunal de la Santa Inquisición podía ser una fuente de inspiración).

El catedrático jubilado de la Universidad Complutense de Madrid, autor de El gran error de la República y coautor de El primer asesinato de Franco, Ángel Viñas, sitúa a Felipe Acedo junto al catedrático de Derecho Penal, Isaías Sánchez Tejerina; y el filósofo del derecho, Wenceslao González Oliveros, en la órbita de los políticos y juristas del franquismo que trataban, incluso, de relacionar el modelo judicial español con “las doctrinas más puras del periodo de las guerras de religión”; Viñas vincula además al fiscal fascista con el derecho penal de autor y las teorías del jurista nazi Carl Schmitt.

En Castigar a los rojos, Ángel Viñas resalta algunos planteamientos de Acedo Colunga con influencia en la legislación franquista posterior; es el caso de la uniformidad en la interpretación de los delitos de adhesión y auxilio a la rebelión.

También la propuesta de regulación de la responsabilidad civil que se derivara del delito de rebelión (y la constitución de un tribunal civil recaudatorio); la consideración de pertenencia a la masonería como circunstancia “agravante”; o un proyecto en detalle de cómo debería configurarse el castigo penal y la “depuración” de funcionarios que ejercieron durante la II República (principalmente en los sectores de la enseñanza, militar y judicial)."                  ( Enric Llopis , Rebelión, 08/09/2022)

22/6/22

Felipe Acedo Colunga, el creador de la “solución final” de la represión franquista... el responsable de la fórmula sistemática “para exterminar” a los defensores del orden constitucional

 "El fiscal Felipe Acedo Colunga fue el ideólogo de las tesis defendidas en los consejos de guerra sumarísimos de urgencia entre 1937 y 1939. También a él se le debe la creación del plan que determinó cómo debía llevarse a cabo la depuración de todos los colectivos fieles a la República. Fue inflexible con los defensores de la Constitución republicana. Dio forma a una norma penal destinada a exterminar al enemigo, como se aclara en la investigación Castigar a los rojos. Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista (Editorial Crítica), de los historiadores Francisco Espinosa, Guillermo Portilla y Ángel Viñas. La obra descubre un personaje cruel y decisivo, que actuó en la sombra en la construcción de los criterios sistemáticos para ejecutar un gran crimen contra la humanidad durante la Guerra Civil y la dictadura, como indica el juez Baltasar Garzón en la introducción del ensayo.

El “horror penal”, como lo define Garzón, que imagina Acedo Colunga queda patente en la Memoria del final del Ejército de Ocupación, redactada el 15 de enero de 1939, que aplicó “con generosidad” sobre aquellos que defendieron al Gobierno salido de las urnas y al orden constitucional. Para Francisco Espinosa el objetivo de este documento –hallado en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla– fue mantener viva la represión. “Aunque la guerra hubiera terminado, la campaña seguía vigente”, apunta el historiador. Y solo cesó en 1944, durante cierto tiempo, cuando la dictadura necesitó abrirse al mercado internacional. Cuando Franco comprobó que los aliados mirarían para otro lado ante la existencia del fascismo español, la maquinaria judicial militar volvió a encenderse.

Primero, reprimir. Luego, afirmar y justificar: “Demostrar al mundo de forma incontrovertible y documentada nuestra tesis acusatoria contra los sedicentes poderes legítimos, a saber, que los órganos y las personas que el 18 de julio de 1936 detentaban el poder adolecían de tales vicios de ilegitimidad en sus títulos y en el ejercicio del mismo, que, al alzarse contra ellos el Ejército y el pueblo, no realizaron ningún acto de rebelión contra la Autoridad ni contra la Ley”, puede leerse en el objetivo de la memoria.

El redactor del infierno

El fiscal del horror, ideólogo jurídico de tan cruenta represión, procedía de la rama de aviación del ejército. Durante la República ya se había mostrado como un convencido antidemócrata y participó en el golpe de Sanjurjo, el 10 de agosto de 1932. Con el tiempo llegaría a ser, entre otros cargos, gobernador civil de Barcelona entre 1951 y 1960.

Francisco Espinosa cuenta a este periódico que su encuentro casual con la Memoria en los archivos militares demuestra lo que muchos se han empeñado en negar hasta el momento: “Que los militares tenían un proyecto ideológico de control y exterminio. No pudieron matar a toda la gente que les habría gustado. Dejaron vivos a los que tenían que trabajar el campo”, apunta el historiador, que advierte que Acedo Colunga era admirador de la Alemania nazi.

Lo asombroso, añade, es que este documento tan significativo pero tan poco conocido se haya conservado. Tiene cerca de 90 páginas mecanografiadas y, a simple vista, va sin firmar. El nombre de Felipe Acedo Colunga está al final del documento. Era un archivo de uso interno, orientado a las auditorías y no para salir de los círculos castrenses, en el que quedan detallados los fundamentos ideológicos de la represión. En esas páginas el final del horror puso negro sobre blanco su experiencia de “limpieza” de las poblaciones andaluzas según eran ocupadas por el ejército franquista. Su misión empezó en Málaga, donde hicieron miles de consejos de guerra en unos meses… “y se carga cerca de 4.000 personas”, cuenta Espinosa. Sin la farsa de los Consejos de Guerra. 

En noviembre de 1936, Acedo Colunga fue nombrado director de la Fiscalía del Ejército de Ocupación. Tres años después solicitó la pena de muerte para Julián Besteiro, presidente de las Cortes durante la Segunda República y también del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores (UGT). El tribunal desechó la petición y fue condenado a cadena perpetua, que se concretó en 30 años de reclusión. El político murió en prisión. 

La judicatura pendiente

El plan para la represión penal de los desafectos al Movimiento Nacional funcionó desde el primer día. La Memoria maldita es el boceto para concluir legalmente el exterminio físico, moral y económico de los defensores de la República. A estos se les consideró enemigos ilegítimos carentes de derechos y como tal los asesinaron sin escrúpulos y sin consecuencias. 

Baltasar Garzón se pregunta si, una vez pasada la Transición por España, pasó la judicatura por la Transición. “¿Hasta cuándo han persistido esos conceptos terribles, inhumanos y fascistas en nuestras normas legales? ¿Cuándo y hasta dónde se produjo el cambio de mentalidad y cultura en la judicatura, una estructura cerrada y endogámica? ¿Cuánto hay que trabajar aún para arrancar las raíces de aquel odio implantado con tanto rigor?”, se pregunta el juez en la introducción del ensayo.

A la voluntad sistemática de exterminar a los defensores del orden constitucional y a todo su entorno Francisco Espinosa la llama “lobotomía de la zona izquierda” de España. “Lo que sale del franquismo ya no tiene nada que ver con lo que fue durante la República, ni el PCE ni el PSOE fueron igual. Ese es el efecto real de todo aquel proyecto de Acedo Colunga, crear una sociedad nueva en la que se borrara cierta línea de pensamiento”, sostiene Francisco Espinosa. Hoy, cuenta, afloran las consecuencias."                     (Peio H. Riaño   , eldiario.es, , 14 de junio de 2022)

17/6/22

Felipe Acedo Colunga fué el principal receptor militar de corrientes varias. En primer lugar, del inolvidable Santo Oficio. En segundo lugar, del rechazo al pensamiento de las Luces. En tercer lugar, la asunción de un Derecho penal sancionador de la ideología del sujeto y no de su conducta, que, en el surco de Carl Schmitt, se abrió paso hasta llegar a ser dominantes en la Alemania nacionalsocialista... A un individuo se le castigaría no por lo que hubiera hecho o dejado de hacer; no por lo que pensara, sino esencialmente por lo que era... así un judío debía ser objeto de castigo en razón de su inmutable condición racial... como el criterio de la raza era de difícil aplicación en el caso español, Colunga lo sustituyó por el ideológico: toda la “venenosa” tradición liberal y socialista de los siglos XVIII y XIX debía estirparse... En consecuencia, la Volksgemeinschaft nazi dio paso a un criterio “hispánico” más elástico y, a la postre, más operativo... También pecaba contra la “comunidad nacional” (la “unidad de destino” falangista) quien pensara en contra de ella. Nadie estaba amparado... Incluso militares distinguidos del bando vencedor, pero que habían flirteado con la masonería en algún momento, se vieron despojados de su condición de oficiales, jefes e incluso en algunos casos, de generales

 "El historiador genuino no inventa. Su papel estriba en descubrir, estudiar y analizar el pasado. Allí donde es posible con evidencias nuevas. También vuelve a las ya trilladas, aunque con frecuencia mejores instrumentos conceptuales desde la cota posterior en la que se sitúa. En definitiva, avanza en el conocimiento del pasado. Siempre contingente. Nunca definitivo.

Nuestro libro, CASTIGAR A LOS ROJOS (que llega a las librerías este miércoles 15 de junio), no hubiera podido escribirse si uno de los autores, Francisco Espinosa, no hubiese encontrado una referencia al opus magnum del teniente coronel Felipe Acedo Colunga a finales de los años noventa del pasado siglo. Desde el primer momento se dio cuenta de su importancia y empezó a divulgar su contenido en artículos y reuniones de historiadores. A partir de 2006, lo hizo en uno de sus libros fundamentales. Gracias a la política de apertura del capitán general de la segunda región militar, el teniente general Muñoz-Grandes Galilea (recientemente fallecido), la ayuda de uno de los oficiales que servían de archivero y otros apoyos, el documento que ahora damos a conocer en su to talidad me lo envió en 2019. Rápidamente contamos con la preciosa e indispensable ayuda del profesor Guillermo Portilla y se planteó la idea de una obra monográfica. 

De notar es que la aportación de Espinosa en la primera parte del libro se lee como un relato de aventuras en la jungla de los archivos. El origen se encuentra después de que las autoridades correspondientes, anteriores al teniente general mencionado, hubiesen hecho caso omiso de la legislación en vigor. El problema fundamental de desatender las leyes (siempre por causas que se presentan como respetables) es una de las herencias que legó la dictadura. Basta con acudir a la Ley Orgánica del Estado y su primera disposición transitoria (sic) que dejó todo el entramado jurídico del régimen franquista a merced de la voluntad omnímoda del Caudillo mientras viviera.

La actualización hasta casi el día de la fecha que ha efectuado Francisco Espinosa de los resultados cuantitativos, obtenidos en decenas de investigaciones fiables sobre los resultados tanto de la represión franquista como de la republicana, ya justificaría de por sí la adquisición del libro. Que yo sepa, no hay nada parecido, ni tan exhaustivo, del lado de los historiadores proclives a los vencedores, centrados siempre, ¡cómo no!, en Paracuellos.

Con todo, sería erróneo no destacar lo que constituye el grueso de la obra: el análisis de la génesis, desarrollo y aplicación de las propuestas a las que el teniente coronel Acedo Colunga llegó al final de la guerra sobre los castigos a que los rojos se habían hecho merecedores. Hombre de las sombras, fue uno de los principales, si no el principal, receptor militar de corrientes varias. En primer lugar, del inolvidable Santo Oficio (también una forma de hacer cómplice a la Iglesia católica española en los resultados de la guerra y de la VICTORIA). En segundo lugar, del rechazo al pensamiento de las Luces y la asunción de un Derecho penal sancionador de la ideología del sujeto y no de su conducta.

Con respecto a esto último, Acedo Colunga abrazó las tendencias que, en el surco de Carl Schmitt, se abrieron paso hasta llegar a ser dominantes en la Alemania nacionalsocialista. A un individuo se le castigaría no por lo que hubiera hecho o dejado de hacer; no por lo que pensara, sino esencialmente por lo que era. Un judío (definido de manera escrupulosa pero un tanto estrafalaria en las leyes de Nuremberg y en sus secuelas) debía ser objeto de castigo (desde la pérdida de su fortuna y su nacionalidad hasta el destino que le aguardaría en la Shoah) en razón de su inmutable condición racial.

Como Acedo Colunga debió de ser consciente de que el criterio de la raza era de difícil aplicación en el caso español lo sustituyó por el ideológico: toda la “venenosa” tradición liberal y socialista de los siglos XVIII y XIX debía estirparse. En consecuencia, la Volksgemeinschaft nazi dio paso a un criteriohispánico” más elástico y, a la postre, más operativo.  También pecaba contra la “comunidad nacional” (la “unidad de destino” falangista) quien pensara en contra de ella. Nadie estaba amparado por su conducta en la guerra o fuera de ella. Incluso militares distinguidos del bando vencedor, pero que habían flirteado con la masonería en algún momento, en cuanto llegó la hora alegre de la VICTORIA se vieron despojados de su condición de oficiales, jefes e incluso en algunos casos de generales.

Acedo Colunga, tras los gruesos cortinones que cubrían a los sayones de la naciente dictadura, estuvo en la base y contribuyó a hacer más duros los proyectos fundamentales que tipificaron la legislación represora del franquismo. Fue consecuencia de su ejecutoria, desde antes de julio de 1936, en la guerra y en la postguerra. En el primer período se trató de uno de los jurídico-militares que más contribuyó a la represión de Asturias (amparada —todo hay que decirlo— por una declaración, en buena y debida forma, del estado de guerra que decidió el Gobierno de la República). Al estallar la sublevación de julio de 1936 (que le pilló —una casualidad— en el Peñón de Gibraltar) disponía ya de un argumentario ad hoc. Lo demostró en uno de los primeros consejos de guerra, que cada uno de los tres autores hemos abordado. En él actuó de ponente.

Brindamos al conocimiento de la ciudadanía de derechas, de centro y de izquierdas, la inmortal fundamentación con la que el incipiente arquitecto de la represión recomendó fusilar de inmediato, tras un consejo de guerra nauseabundo, al gobernador civil de Cádiz Mariano Zapico González-Vallés, al capitán de los Guardias de Asalto, Antonio Yáñez-Barnuevo y a otros compañeros de desgracia. Se trata de un ejemplo señero de cómo empezaron a comportarse los terroristas de julio de 1936.

Uno de los considerandos de la sentencia dijo así:

Frente al estado de anarquía que domina en todo el territorio nacional con manifiesta conculcación de todo régimen legal y civilizado al asumir el Ejército el poder por el medio legítimo de la declaración del estado de guerra que anula toda autoridad civil cuyo imperio estaba además prostituido por el desorden y la subversión de todos los valores morales de la sociedad, se ha constituido el único gobierno que puede salvar a la Patria interpretando sus destinos históricos y la necesidad de continuar su propia existencia".

Es decir, de suspenso en primero de Penal. La declaración del estado de guerra correspondía al Gobierno, no a una pandilla de generales felones, y el reproche a la autoridad civil es para una nota igual a cero. Ni los bandos de guerra ni las proclamas de Franco, Mola, Goded o Queipo eran sustitutivos del Código de Justicia Militar de 1890 ni del Código Penal vigentes.

La aberración contenida en el considerando anterior (además del menos sofisticado de la lucha contra el comunismo) se desarrolló a lo largo de la guerra civil y la sistematizó el propio Acedo Colunga en su Memoria. La ha comentado extensamente el catedrático Guillermo Portilla, especialista en lo que pasó como “Derecho penal” en el franquismo.  Su análisis abarca todos los puntos del largo escrito de Acedo, guía de inquisidores para la acción. La vinculación con el “derecho” nacionalsocialista y alguno de sus impulsores más notables como fue el denominado Kronjurist del Tercer Reich, el profesor Carl Schmitt, es evidente.

Quizá una de las conclusiones que más puedan llamar la atención de su aportación es algo que no ha calado en la opinión pública española: ¿hasta qué punto ciertos principios de comportamiento de los criminales nazis tuvieron plena vigencia en la España que moldeó Franco?

El Tercer Reich se hundió en la derrota y el oprobio (lo cual no significa que todavía algún torcido retoño haya vuelto a revolotear, si bien con límites estrictos, en la Alemania de nuestros días). En cambio, Franco logró “colar” sus trolas de julio de 1936 y su supremacía jurídica sobre las leyes de su propia dictadura hasta el día de su muerte. A esta última la he denominado, con cierta guasa, el Francoprinzip. Por fortuna su beneficiario no fue “inmorible” ni tal idea, fundamental en un derecho penal de autor, pero aberrante, le sobrevivió. Menos mal. Pero eso no quita un ápice a que, a tenor de la legalidad vigente en 1936, no deba considerársele como el posterior jefe de una banda armada y terrorista que la conculcó. Para su miseria histórica y para rescatar el honor de quienes lo ligaron a la defensa de aquella legalidad.

(Aquí puede ver la entrega primera de Castigar a los rojos: los terroristas de julio de 1936)."                      (Ángel Viñas  , Info Libre, 14 de junio de 2022)

16/6/22

¿Planificó Franco un genocidio? Sí, los golpistas programaron una matanza y el plan para eliminar al "enemigo" está ideado por el fiscal Felipe Acedo Colunga. Un "siniestro personaje" que tomó una doble inspiración: los nazis y la Inquisición... sobre la que se elaboró un 'plan de exterminio'

 "¿Planificó el fascismo español un genocidio? El "arquitecto de la represión franquista" dice 'sí'. Que los golpistas programaron una matanza y el plan para eliminar al "enemigo" está ideado por el fiscal Felipe Acedo Colunga. Un "siniestro personaje" que tomó una doble inspiración: los nazis y la Inquisición. Así lo destapa el libro Castigar a los rojos (Editorial Crítica), de Ángel Viñas, Francisco Espinosa y Guillermo Portilla.

El mismo fiscal jefe del Ejército de Ocupación franquista deja escrito en sus memorias cómo realizar "la depuración de todos los colectivos rojos sin olvidar ninguno", según el texto. El objetivo era el "exterminio físico, moral y económico" de quienes defendieron la democracia. Y, de paso, dilapidar en la posguerra todo vínculo con la República "comunistoide".

Una idea transversal, con una represión poliédrica, que reinó durante la guerra civil y la dictadura de Francisco Franco. "Era un admirador de la Alemania nazi y era su modelo" a seguir, dice Espinosa. Un exterminador de demócratas iluminado, además, por "la tradición más grotesca de lo que podríamos caracterizar de extrema derecha española a lo largo del siglo XX", añade Viñas.

Los "ideólogos del franquismo" perfilan y activan esa guía de la represión contra los "rojos" que van a "destruir" España: "exterminio físico, privación de libertad, incautación de bienes... es su gran aportación", continúa Portilla. Toda una concepción patria del "derecho penal de autor" que Acedo Colunga "intenta llevar a la práctica", describen los autores en conversación con Público.

De nazis a Vox

Y ese legado, tocante con la "solución final" de Adolf Hitler, vincula los modernos discursos de odio y la desmemoria colectiva. "Hay una conexión entre ese universo de la anti España y el auge actual de la extrema derecha, los ejes son los mismos", en palabras del historiador Francisco Espinosa.

"Son las mismas ideas, si se leen los discursos de José Antonio Primo de Rivera se ve la huella en el relato de Vox", define Guillermo Portilla, catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Jaén. "Los más bestias se desgañitaban contra el peligro "comunista" ya antes del establecimiento de la República", incide Ángel Viñas, catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid.

"Los argumentos –de los golpistas de 1936– parten de la supuesta ilegitimidad de la República y esa Cruzada que emprenden para purificar la patria", según Portilla. "Los políticos, publicistas, medios escritos y digitales de la extrema derecha española de nuestros días" absorben esos "mitos" y, ante todo, la bandera del franquismo: "que la guerra civil fue inevitable, un acto supremo de salvación porque España se hundía en el abismo", completa Viñas.

La propaganda creada durante el régimen de Franco está en la calle, dicen los autores. Tanto como otros temas que desempolvan en el libro, desde "la remanencia en la legislación española de fundamentos crueles y fascistas" a "las huellas del odio", apuran. O, con todo, la "necesidad de continuar defendiendo la memoria histórica". "La derecha sigue pensando lo mismo que entonces, no hay mucha variación", afina Espinosa.

Aunque el escenario es complicado, piensa. "Nunca imaginé que llegaríamos a este punto –resurgir del fascismo–, miro atrás y tengo una sensación abismal, hace unos años nadie se hubiera atrevido a hablar en el tono que lo hace esta gente, y a quienes hemos investigado estas cosas nos parece increíble, la cosa se ha complicado, existe el miedo y están muy envalentonados, hay una regresión bestial... todo esto nos lleva a un túnel del que no sabemos qué hay en la salida", confiesa el historiador.

Un plan de "exterminio"

Los rebeldes, para los golpistas, eran aquellas personas que se mantuvieron fieles a la legalidad de la Segunda República española. "Tuvieron ese retorcimiento mental", dice Francisco Espinosa. El fiscal del Ejército de Ocupación, además, "creía que los españoles que preferían la República, la democracia, habían sido engañados, salvo lo que él llamaba la parte sana de la nación", completa.

Ahí quiere meter el bisturí. Y la clave era dotar de un método "legal" al exterminio, como cuenta el libro Castigar a los rojos, con subtítulo Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista, con prólogo de Baltasar Garzón. La estrategia de terror golpista como un diseño premeditado. "La base era reprimir primero y luego justificar", apelan.

"Su idea fundamental, que alumbró toda la represión franquista de la posguerra, fue que había que castigar a los rojos no por lo que hubieran hecho, sino por lo que eran. Como los nazis castigaban a los judíos por su característica racial", explica Ángel Viñas. Por eso Colunga defiende "la tesis del caudillaje, un Estado autoritario sometido a su führer, que es el intérprete del sano sentimiento del pueblo", refrescan los escritores.

El método genocida parte "desde los clásicos postulados tradicionalistas, ultracatólicos y totalitarios" y va a ser "inflexible con los defensores de la Constitución republicana". Y la herramienta represiva: un "derecho penal de autor en estado puro", explican. Un marco "más interesado en evidenciar la supuesta peligrosidad criminal de la ideología republicana que en demostrar la existencia de actos concretos constitutivos del delito de rebelión".

Una norma trampeada, "de la voluntad", que persigue "a todo el que defendía los valores republicanos, aunque no participara directamente en una acción violenta". Un ejemplo: "A (Julián) Besteiro no se le procesaba por lo que hubiera hecho o dejado de hacer, sino estrictamente por lo que era. Se había declarado marxista ortodoxo, no revolucionario, y por ello se le debía condenar a muerte".

La "propia condición" conduce al "amargo final". Como ocurre en el Tercer Reich: "Se había condenado a los judíos a la pérdida de sus derechos civiles (...) no por lo que habían hecho o dejado de hacer sino porque eran judíos", recuerdan. Las víctimas, en España, serán "maestros, catedráticos, jueces, militares, funcionarios, y, en general, todo el que fue leal a la República", describen.

Memorias del "odio"

Felipe Acedo cultiva una doble iluminación: del Tercer Reich a la Santa Inquisición. El "arquitecto de la represión franquista" los enarbola como "estandarte del derecho penal patrio". Como una fuente de inspiración. "Busca un modelo hispano y qué mejor que la Inquisición", resume Guillermo Portilla.

La indagación sobre el "arquitecto de la represión" de Franco parte de un documento titulado Memoria del fiscal del Ejército de Ocupación, que firma el propio Acedo Colunga el 15 de enero de 1939. Un legajo que Espinosa localiza en el Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo de Sevilla.

"Lo descubrí a finales de los años 90, apareció este documento que no era para ser visto, era interno, que ya en la portada ponía reservado, era solo para el circuito relacionado con las auditorías de guerra", recuerda el historiador. Ahora, presupone, sería casi imposible. "Aquello era la muestra de la selva archivística y quizás gracias a ese estado lamentable nos dejaron ver la documentación que había, algo que luego no dejarían", precisa.

"Las memorias descubiertas por Espinosa son una maravilla", puntualiza Guillermo Portilla. "Cuando vi que comenzaba a hablar de la necesidad de una Cruzada contra las satánicas que son la República, de luchas de buenos contra malos... todo un modelo nacional socialista inspirado en los principios fundamentales del enemigo ilegítimo", apura.

El texto es "un compendio del horror penal que se aplicó con generosidad sobre aquellos que habían defendido al gobierno salido de las urnas y el orden constitucional, por parte de los vencedores del golpe de Estado que sumió a España en una dictadura de tintes fascistas", escribe el juez Baltasar Garzón en el prólogo de Castigar a los rojos.

El texto es "un compendio del horror penal" que se aplicó "sobre aquellos que habían defendido al gobierno"

"El objetivo de la Memoria no fue otro que poner al día lo que se venía practicando desde 1936 con la idea de orientar las actuaciones judiciales militares a partir de 1939, ya que, como sabemos, para los vencedores estaba claro que, aunque la guerra hubiera terminado, la campaña seguía vigente", en palabras del historiador.

Una guía de la muerte elaborada por un sujeto que, con la proclamación de la República, "ya había desarrollado una ideología que podríamos caracterizar de protofascista", según Viñas. Por un personaje "que participa en todas las cosas negras que hay en el periodo republicano hasta el golpe, desde la Sanjurjada a la represión en Asturias del 34... tenía clara su misión en la vida", dice Espinosa. "Condensa su experiencia en los consejos de guerra y su intención, que aprendan los que se inician en la Justicia Militar, y sobre todo diseñar cómo se debía hacer la represión con lo que denominaban la anti España", declara Portilla.

Las propias memorias de Felipe Acedo Colunga destapan esa batalla continuada de los vencedores contra el "enemigo". Una perturbación viva durante todo la dictadura. El fiscal jefe del Ejército de Ocupación franquista "ideó las medidas propagandísticas y penales de la posguerra", apunta Castigar a los rojos. Y su participación como "gran arquitecto de la represión" le convierte en "uno de los personajes más siniestros de la dictadura franquista".                 (Juan Miguel Baquero , Público, 14/06/22)

15/6/22

“La justicia de Franco se inspiró en la Inquisición y en los nazis”... la Memoria escrita en 1939 por el general Felipe Acedo Colunga, fiscal jefe del Ejército de Ocupación, permite conocer en detalle el método del franquismo para retorcer el derecho y construir una “justicia de exterminio”... mediante un “manual de inquisidores”... Se inspira y bebe de la Inquisición y asume las tesis del derecho nazi. Había que destruir al enemigo. Se condena y mata a muchísimas personas, no por lo que habían hecho, sino por lo que son y por lo que piensan. Igual que a los judíos los mataron por ser judíos

 "Ángel Viñas, Francisco Espinosa y Guillermo Portilla, autores de Castigar a los rojos (Crítica), han visto muchos consejos de guerra. Solo en Málaga, por ejemplo, cuatro tribunales juzgaron en 100 días a 20.000 personas e impusieron 3.000 penas de muerte. Pero el hallazgo por parte de Espinosa de la Memoria escrita en 1939 por el general Felipe Acedo Colunga, fiscal jefe del Ejército de Ocupación, permite conocer en detalle el método del franquismo para retorcer el derecho y construir una “justicia de exterminio”. Espinosa revisa, además, las cifras de víctimas, que eleva hasta 140.159 de la represión franquista, y 49.367 en la zona republicana. Viñas, de 81 años, historiador, economista y catedrático jubilado, habla en esta entrevista en nombre de los tres y confía en que el libro en el que analizan este valioso documento complique el discurso de los revisionistas.

Pregunta. Describen a Acedo Colunga como “uno de los personajes más siniestros del franquismo”. ¿Quién era?

Respuesta. Era una persona de la máxima confianza de Franco y formaba parte de la Unión Militar Española, la parte del Ejército que conspiraba con los monárquicos. Fue uno de los activistas de la represión jurídica de Asturias y estuvo un tiempo en la cárcel porque había participado en la sanjurjada.

P. Describen su Memoria como un “manual de inquisidores” porque Acedo Colunga animaba a sus colegas a coger ideas de la Inquisición, que consideraba un “tribunal calumniado”. Sabía que el derecho vigente no le servía para su plan de “desinfectar” España.

R. Eso es. Se inspira y bebe de la Inquisición y asume las tesis del derecho nazi. Había que destruir al enemigo. Se condena y mata a muchísimas personas, no por lo que habían hecho, sino por lo que son y por lo que piensan. Igual que a los judíos los mataron por ser judíos.

P. Dice Acedo Colunga: “No son ideas, sino crímenes”.

R. En su modelo de justicia, la idea es el crimen. En el consejo de guerra a Julián Besteiro, por ejemplo, pide la pena de muerte y el militar que le defiende dice que no ha hecho nada. Pero para Acedo Colunga, independientemente de su comportamiento, está justificada la pena capital; Besteiro encarna a la antiEspaña y para él eso justifica la pena capital, hay que acabar con él.

P. También propone una “depuración despojada de todo sentimiento de piedad” para “eliminar a todos los que no estén identificados espiritual y materialmente con el Movimiento”, fijándose “especialmente en los maestros de escuela”. Su guía jurídica trascendía la guerra.

R. Sí, y así se hizo. También retorcieron el código de justicia militar, de 1890, es decir, monárquico, no republicano, para no reconocer a los militares leales al gobierno legítimo como soldados, sino como panda de malhechores.

P. Más de 80 años después siguen apareciendo documentos valiosos como este. ¿Falta acceso y catalogación en los archivos?

R. Espinosa ya sabía de Acedo Colunga. Había investigado hace años en un archivo en condiciones deplorables [con excrementos de ratas y cucarachas, vivas y muertas] y finalmente, encontró su Memoria. Me la enseñó, pensé: ‘Esto es un libro’, y pedimos ayuda a Portilla, que es catedrático de Derecho Penal. El gran problema de los archivos españoles es que no están bien catalogados porque faltan medios, por eso deberían abrirlos totalmente. No hay que tener miedo a la historia.

P. ¿Hay una nueva ola de revisionismo histórico?

R. Empezó con Aznar, con las exhumaciones de fosas a partir de 2000. Luego vino la ley de memoria de 2007 y la derecha no lo toleró. El revisionismo trata de contener el movimiento social de la memoria, acudiendo a los mismos argumentos del franquismo: que la República iba a destruir España, etcétera.

P. El PP y Vox dicen que enseñar la represión franquista en los colegios es adoctrinamiento…

R. Hitler y Mussolini fueron derrotados, pero aquí la dictadura duró casi hasta 1977. En Alemania hubo desnazificación, se fijaron en la Educación. Aquí no hubo desfranquización. Esa es la clave, la madre del cordero. Se dice: ‘Hay que construir la España del futuro’, pero no puede hacerse sin conocer el pasado. Los historiadores somos presos de los documentos. Luego está la lucha política. Los chavales deben conocer su propia historia y hoy, por desgracia, no es así.

P. La nueva ley de memoria está estancada en el Congreso. ERC exige derogar la ley de amnistía.

R. Es una situación incomprensible. Aunque no sea perfecta, mejor tenerla, que boicotearla."        (Entrevista a Ángel Viñas, Natalia Junquera, El País, 14/06/22)