Mostrando entradas con la etiqueta víctimas se convierten en verdugos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta víctimas se convierten en verdugos. Mostrar todas las entradas

6/3/24

Si después del Holocausto los filósofos dieron por terminada la modernidad... hoy con la actuación de primer ministro israelí y la complicidad de Occidente y Estados Unidos lo que termina es el Holocausto mismo... porque es ya imposible leerlo y pensarlo sin tener en cuenta que algunos de los descendientes de quienes lo sufrieron están infligiendo un horror indecible a otros seres humanos (Najat El Hachmi)

 "Me doy cuenta de que, sin quererlo y contra toda lógica, me siento lejos de todo lo que he leído y he aprendido sobre el Holocausto. La literatura sobre el horror pasado no sirve para prevenir el horror retransmitido en directo, la niña que llora por un pedazo de pan, los bracitos raquíticos de los pequeños castigados con la hambruna por el solo hecho de ser tan palestinos como los terroristas de Hamás. 

O esa es la historia que cuenta la propaganda del Israel: que los crímenes que está perpetrando contra una población desarmada no son más que parte de su estrategia de autodefensa, pero ¿qué tendrán que ver niños y madres con las organizaciones violentas? El trato vejatorio es indigno de un país civilizado donde debería reinar la palabra y la ley y no la barbarie vengativa y sádicamente organizada.

Cuando en 1924 Elias Canetti visita su Bulgaria natal, se encuentra con el primo Bernhard Arditti, un sionista apasionado que con sus dotes de oratoria en ladino era capaz de persuadir a los asistentes a sus charlas “para que volvieran la espalda a un país en el que estaban afincados hacía varias generaciones, donde se los aceptaba y respetaba y donde sin duda les iba bien, para emigrar a un país desconocido, que les había sido prometido milenios atrás pero que por entonces no les pertenecía en absoluto”. 

La raíz de la flagrante injusticia es exactamente esa, que se estableció un Estado nuevo en un territorio donde, se nos dijo, no había nadie y sobre una idea, la de la tierra prometida, de evidente origen teocrático. La culpa de Europa por la Shoah llevó a permitir este proceso de colonización pero los palestinos, que en sus tierras vivían desde hacía milenios, nada tuvieron que ver con los horrores del nazismo. 

En este sentido, resulta especialmente doloroso observar que Alemania vuelve a equivocarse, que con su apoyo a Israel vuelve a ponerse del lado de los verdugos aunque ahora sea por prevenir el antisemitismo. No es odio afirmar que las actuaciones de Netanyahu son criminales entre otras cosas porque ni él ni su Gobierno son los únicos judíos de este mundo. 

Si después del Holocausto los filósofos dieron por terminada la modernidad (ya no hay palabras que sirvan para describir el horror) hoy con la actuación de primer ministro israelí y la complicidad de Occidente y Estados Unidos lo que termina es el Holocausto mismo porque es ya imposible leerlo y pensarlo sin tener en cuenta que algunos de los descendientes de quienes lo sufrieron están infligiendo un horror indecible a otros seres humanos."                 (Najat El Hachmi , El País, 01/03/24)

9/11/23

La humillación sufrida a manos de los nazis requirió una compensación psíquica, y esta compensación es la persecución y el exterminio del pueblo palestino... Después de todo, eso es lo que están haciendo, ¿verdad? Pero las víctimas, al parecer, a las que les han robado no solo sus tierras sino sus vidas, sólo aspiran a convertirse en verdugos, y a menudo lo consiguen. Por lo tanto, la espiral no se detendrá... La ética está muerta y la piedad está muerta. No puede haber ética en el comportamiento de los jóvenes que crecieron en la prisión de Gaza, porque sus mentes no pueden considerar al otro (el soldado israelí que te espera con el arma desenvainada y te mata en cada cruce de caminos) excepto como carcelero, torturador, enemigo mortal... Israel ha perdido la cabeza. Todo en el comportamiento de los israelíes demuestra que se está produciendo una crisis psicótica, que perjudicará mucho a los palestinos, pero también perjudicará mucho a los israelíes... los políticos y soldados que gobiernan Israel hablan de animales humanos que hay que exterminar... ¿Cómo pueden? No hay explicación ética ni política. La única explicación al comportamiento de ambos es la psicopatía, el sufrimiento psíquico, el deseo de sangre, el horror, la muerte. Por tanto, es necesario explicar esta guerra en términos de psicopatogénesis, como efecto de la incapacidad de las víctimas para curar su dolor... La persecución y exterminio de los judíos en los años de la II Guerra Mundial provocó un sufrimiento inmenso y duradero que buscó alivio en la violencia y la venganza contra un pueblo que nada tuvo que ver con el Holocausto, pero que era lo suficientemente débil como para convertirse en la víctima de la víctima (Franco 'Bifo' Berardi)

"Los excesos cometidos en nombre del deber de recordar son de tal magnitud que apelaríamos gustosamente, tanto por razones de sentido común como de civismo, al deber de olvidar. Pensemos por un instante en el desafortunado héroe de Borges, Funes el memorioso, que precisamente no podía olvidar nada y que, por lo tanto, vivía un infierno, incapaz de organizar el caos que retumbaba en su pobre cabeza. Lo mismo sucede con un grupo humano: al no querer olvidar, se expone a confundir el presente que vive con un falso presente, alucinatorio, que parasita al primero en nombre de las ofensas no reparadas del pasado".

El documental Nacido en Gaza de Hernán Zin se puede encontrar en Netflix y Filmin. Si se me permite, recomiendo a todos que lo vean: cuenta la historia de diez niños de entre seis y catorce años, durante la guerra de 2014, una de las muchas guerras que Israel desató contra los palestinos y los palestinos desataron contra Israel.

Estos niños hablan de los bombardeos, de las heridas que recibieron, del terror que viven cada día, del hambre que sufren; dicen que la vida que viven no es vida, que morir sería mejor. Es probable que estas personas, que eran niños en 2014, sean ahora militantes de Hamás y que hayan participado en los ataques del 7 de octubre.

Si yo estuviera en su lugar en lugar de ser yo, un viejo intelectual que vive cómodamente en su casa de una ciudad italiana donde por el momento no hay bombardeos, si yo fuera uno de esos que fueron niños bajo las bombas de 2014, hoy sería un guerrillero que sólo quiere matar a un israelí. ¿Me horrorizaría?

Claro que me horrorizaría, pero mi pacifismo tranquilo es simplemente un privilegio que disfruto porque no viví mi infancia en Gaza, ni en lugares como Gaza.

Por lo tanto, creo que Israel sólo tiene una manera de erradicar a Hamás: matar a todos los palestinos que viven en Gaza, en los territorios ocupados y también en otros lugares: a todos, a todos, a todos, especialmente a los niños.

Después de todo, eso es lo que están haciendo, ¿verdad? Se llama genocidio, pero es completamente racional.

Los gobiernos europeos, muy racionales, apoyan el genocidio; Macron ha dicho que le gustaría participar en el genocidio con una coalición.

Scholz dijo que, dado que Alemania cometió genocidio en el pasado, ahora tiene el deber de apoyar a quienes cometen genocidio hoy.

¿Es esta la única manera de erradicar el genocidio?

Quizás habría otra manera de erradicarlo: la paz incondicional, la renuncia a la victoria, la amistad, la deserción, la alianza entre las víctimas: las víctimas de Hitler, y las víctimas de Herodes-Netanyahu.

Pero las víctimas, al parecer, a las que les han robado no solo sus tierras sino sus vidas, sólo aspiran a convertirse en verdugos, y a menudo lo consiguen. Por lo tanto, la espiral no se detendrá y no sabemos qué vórtice está destinado a alimentar.

Hay algo monstruoso en las mentes de los palestinos que han vivido en el terror. Y hay algo igualmente monstruoso en la mente de los israelíes.

Pero ¿cómo juzgar el comportamiento de los pueblos, cómo juzgar las explosiones de violencia que se multiplican en la vida colectiva?

¿Podemos juzgar el comportamiento de los militantes de Hamás o el de los colonos supremacistas israelíes en términos éticos o políticos?

La razón ética está fuera de juego, porque la ética está totalmente borrada del panorama colectivo de nuestro tiempo.

La ética es la valoración de la acción desde el punto de vista del bien del otro como continuación de uno mismo. Pero en las condiciones de guerra generalizada en las que se mueve la sociedad contemporánea, el otro es sólo enemigo: éste es el efecto de la infección liberal-competitiva, y de la infección nacionalista (como en Ucrania): defensa del territorio físico e imaginario significa guerra.

La ética está muerta y la piedad está muerta. No puede haber ética en el comportamiento de los jóvenes que crecieron en la prisión de Gaza, porque sus mentes no pueden considerar al otro (el soldado israelí que te espera con el arma desenvainada y te mata en cada cruce de caminos) excepto como carcelero, torturador, enemigo mortal. Cada fragmento (pueblo, etnia, mafia, organización, partido, familia, individuo) lucha desesperadamente por su propia supervivencia, como lobos luchando contra lobos.

Al igual que la razón ética, la razón política ya no es relevante en una situación en la que la decisión estratégica es reemplazada por micro decisiones de supervivencia inmediata.

Israel reacciona a la legítima violencia de Hamás de una manera que puede o no ser militarmente efectiva. Pero ciertamente no es políticamente eficaz.

El grupo gobernante de Israel es un grupo de mafiosos corruptos que han estado dando un espectáculo durante años con su cinismo y oportunismo. Ahora se encuentran ante una situación que ni siquiera habían imaginado y que excede sus facultades de comprensión política.

Israel ha perdido la cabeza. Todo en el comportamiento de los israelíes demuestra que se está produciendo una crisis psicótica, que perjudicará mucho a los palestinos, pero también perjudicará mucho a los israelíes.

Desde un punto de vista ético, Israel ha olvidado durante mucho tiempo, incluso desde el comienzo de su existencia, que el otro tiene la misma humanidad que usted, tiene la misma sensibilidad que usted y, naturalmente, tiene los mismos derechos que usted tiene.

Pero también desde un punto de vista político, los israelíes están tomando medidas que les resultarán terriblemente contraproducentes.

He leído las declaraciones de los políticos y soldados que gobiernan el régimen de Israel: hablan de animales humanos que hay que exterminar, hablan de cortar la electricidad, el combustible, los alimentos y el agua a los habitantes de Gaza (dos millones y medio). Hablan de ello y lo están haciendo.

¿Cómo pueden? No hay explicación ética ni política. La única explicación al comportamiento de ambos es la psicopatía, el sufrimiento psíquico, el deseo de sangre, el horror, la muerte.

Por tanto, es necesario explicar esta guerra en términos de psicopatogénesis, como efecto de la incapacidad de las víctimas para curar su dolor.

Desde hace algún tiempo estoy convencido de que el único método cognitivo capaz de comprender la cadena de violencia que se desarrolla en Oriente Medio, y en gran parte del mundo, es el del psicoanálisis, el de la psicopatogenealogía.

Lo que está sucediendo ahora en Oriente Medio no es más que el último eslabón de una cadena que comienza con la I Guerra Mundial, la derrota de los alemanes y el castigo infligido al pueblo alemán por franceses e ingleses en el Congreso de Versalles, en 1919. La opresión y la humillación empujaron al pueblo alemán a buscar venganza: ese deseo de venganza se materializó en Adolf Hitler. Los judíos fueron la víctima elegida, acusados sin motivo alguno de haber provocado la derrota de 1918.

La persecución y exterminio de los judíos en los años de la II Guerra Mundial provocó un sufrimiento inmenso y duradero que buscó alivio en la violencia y la venganza contra un pueblo que nada tuvo que ver con el Holocausto, pero que era lo suficientemente débil como para convertirse en la víctima de la víctima.

La humillación sufrida a manos de los nazis requirió una compensación psíquica, y esta compensación es la persecución y el exterminio del pueblo palestino.

Creo que Israel no se recuperará de esta terrible experiencia: el pueblo de Israel ya estaba irreparablemente dividido, Netanyahu tendrá que rendir cuentas de la división causada y de la falta de preparación que siguió. Pero no será suficiente, porque la derecha abiertamente racista de Israel está destinada a fortalecerse en este tsunami de odio.

¿Podemos pensar que incluso en el caso de una victoria militar israelí después de decenas de miles de muertes palestinas e israelíes, la dialéctica política podrá continuar en el Estado de Israel?

Creo que Israel se encamina hacia la desintegración. ¿Cuántos israelíes querrán quedarse en ese desierto, después de lo que está pasando y de lo que pasará? Creo que sólo quedarán aquellos que tengan armas, sólo aquellos que saben matar y desean matar. Se ha desatado ahora un vórtice de odio contra Hamás, mañana emergerá un sentimiento de culpa por haberse convertido en autores de un genocidio certificado.

La política no podrá gobernar ni comprender este vórtice.

Sólo la mirada clínica puede comprender, pero no creo que pueda curar. Estamos ante una psicosis masiva con un poder de contagio muy alto.

Lo primero que debemos hacer es eludir el contagio, evitar acabar como los políticos israelíes que gritan frases de borracho para calmar su ansiedad.

Pero también necesitamos producir una vacuna cultural y psíquica contra el contagio, y esta tarea que el psicoanálisis no pudo realizar en el siglo pasado es la tarea que tenemos por delante, si no es demasiado tarde."                ( Franco 'Bifo' Berardi , La Haine, 08/11/23)

28/4/17

Él se lo cuenta todo, la sirena que oye a lo lejos como acompañando la ardua labor que lleva a cabo, la cama dura, el hambre angustiosa, la inspección de los piojos “y el kapo que me ha golpeado en la nariz y me manda a lavarme porque sangraba“

"Tal vez una de las razones por las que el superviviente del Holocausto de origen italiano vivió hasta la década de 1980 - a diferencia de sus homólogos de habla alemana, que rápidamente se quitaron la vida - se debió a que escribió en su lengua materna. Sin embargo, finalmente, el famoso autor sufrió el mismo destino.

Cuando estaba en Auschwitz, el autor judío-italiano Primo Levi tenía una pesadilla recurrente que relata en su libro “Si esto es un hombre” (1947). Regresa a casa; su hermana, amigos y desconocidos lo rodean y escuchan su historia. Y él se lo cuenta todo, la sirena que oye a lo lejos como acompañando la ardua labor que lleva a cabo, la cama dura, el hambre angustiosa, la inspección de los piojos “y el kapo que me ha golpeado en la nariz y me manda a lavarme porque sangraba“.

En el sueño, Levi experimenta un placer corporal, inexpresable en palabras, al estar en casa, entre amigos, compartiendo con ellos todos los detalles de su sufrimiento diario en el lager (campo de concentración) - hasta que se da cuenta que sus amigos le escuchan sin ningún interés, algunos de ellos incluso conversan entre si; al final, su hermana se levanta y se va, imperturbable.

 “Una pena desoladora nace en mí en ese momento, al igual que ciertos dolores apenas recordados de mi primera infancia. Es el dolor en su estado puro, no atemperado por un sentido de la realidad y por la intrusión de circunstancias externas, como el que hace llorar a un niño“, escribe.

Para escapar del dolor causado por la indiferencia de sus amigos y familiares cuando les relata su historia, Levi se despertaba cada vez a la realidad, a su litera de madera en Auschwitz, que en aquellos momentos encontraba más soportable que la realidad de sus sueños.

Después de la liberación y de su regreso a casa en 1945, Levi hablaba y hablaba y hablaba. Habló en escuelas, dio conferencias ante diversos públicos, y sostuvo conversaciones interminables destinadas a la prensa y la radio, hasta sus últimos días.

 Transmitir su sufrimiento a los demás en la primera persona, de forma directa, constituía una especie de nudo doble: Por un lado, hizo posible que el mundo de los campos continuase marcando su vida. Por otro lado, la repetición de cada detalle en su memoria hizo posible que exorcizase el dybbuk (el alma en pena de los muertos) que llevaba dentro y rescatarse de la pesadilla recurrente.

Este es el enfoque de las obras de Levi que no son de ficción, entre ellas “Si este es el hombre”, un relato de su año en Auschwitz; “La tregua”, que relata su liberación y regreso a casa; y, finalmente, “Los hundidos y los salvados”, publicado un año antes de su muerte en 1987. 

Esta trilogía de memorias (publicada en castellano por El Aleph editores, con traducción de Pilar Gómez Bedate) ayudó a Levi a atravesar el vacío del desierto de la indiferencia, donde vagó durante unos 40 años, desde el día en que fue liberado del campo hasta el trágico final de su vida en un vulgar edificio de apartamentos en el Turín en el que nació y vivió, y del que saltó hacia su muerte una mañana, cuatro días antes de Pesaj.

Antes de Levi, muchos otros pensadores y escritores se habían suicidado - intelectuales judíos que fueron testigos de los años del exterminio, y algunos de los cuales también lo habían experimentado en su carne. Entre ellos, Stefan Zweig y Jean Améry (Hanns Chaim Mayer), que escribió en su libro “En los límites de la mente”: “Un conjunto especial de problemas en relación con la función social o - no importa hacia que se volviera, no le pertenecía a él, sino al enemigo “.

Si en este punto me atrevo a ofrecer una respuesta tentativa, dubitativa a la inquietante pregunta de por qué los demás se quitaron la vida durante la guerra o poco después de que acabara, mientras que Levi sobrevivió cuatro décadas - yo respondería que el idioma jugó un  papel importante. Levi creía que su limitado conocimiento del alemán lo salvó de la muerte en el campo, ya que le ayudó a conseguir un trabajo. 

Pero a diferencia de otros, para quienes era su lengua materna y la lengua primaria cuando se trataba de la poesía, la literatura y la filosofía, Levi pudo abandonarla inmediatamente después de su liberación. Cuando el escritor judío-austríaco Karl Kraus dijo del Tercer Reich que cuando ese mundo surgió a la vida, murió el habla, es probable que quisiera referirse a la muerte (temporal) de la lengua del genocidio.

Almas ilusas

Levi nació en Turín, en la región del Piamonte, en el norte de Italia, en un mundo de judíos laicos italianos. Su familia era liberal, sus padres eran muy instruidas, su casa era una casa burguesa europea. Leían, escuchaban música, tocaban instrumentos musicales, aprendían otros idiomas. Asistió a una prestigiosa escuela secundaria local donde destacó por su inteligencia, su corta estatura y su condición de judío. 

Levi era delicado y tímido, y durante el período en que sufrió las burlas de sus compañeros, se encerró en sí mismo aún más. Más tarde definió esa actitud hacia él como “especialmente antisemita.”

A principios de la década de 1930, los judíos de Italia eran unos 50.000. La gran mayoría de ellos, entre ellos el padre de Levi, apoyaron al gobierno fascista hasta que en 1938 el Ministerio del Interior redactó las regulaciones anti-judías, a las que se añadieron una serie de órdenes de marginación en la vida pública que rápidamente se convirtieron en leyes raciales.

En 1943, Levi y algunos de sus amigos formaron un primitivo grupo de partisanos antifascistas e intentaron unirse al movimiento de resistencia. Su entrenamiento era patético, no estaban adecuadamente equipados y pronto fueron capturados por la milicia fascista. Durante el interrogatorio, Levi confesó ser judío y fue enviado al campo de concentración de Fossoli, donde las condiciones eran decentes.

 Dos meses más tarde, a mediados del mes de febrero, soldados de las SS tomaron el mando del campo y ordenaron a todos los judíos que se preparasen para un viaje que duraría unas dos semanas. “Sólo una minoría de almas ingenuas y engañadas mantuvieron la esperaza; nosotros, los demás, a menudo habíamos hablado con los refugiados polacos y croatas y sabíamos lo que significaba la partida”. 

Pasó un total de 11 meses en Auschwitz hasta que el campo fue liberado por el Ejército Rojo. De los 650 judíos italianos que formaron parte del convoy de transporte en el que llegó, solo “tres de nosotros volvimos a casa”, cuenta Levi. “Estos son los hechos despreciables y valiosos.”

A menudo se le preguntó si se habría convertido en escritor si no hubiera sido por haber sobrevivido a Auschwitz. A lo que él respondia que, como nunca había vivido una vida en la que no hubiera estado en Auschwitz, no tenía forma de saber lo que hubiera ocurrido en esa otra vida. 

En cualquier caso, y a pesar de su modestia, Levi, que ya de niño había planeado ser un científico y era químico antes de ser enviado al campo de exterminio (llamó a sus primeros libros, casuales) – se convirtió en el mayor escritor del Holocausto y uno de los gigantes de la literatura del siglo XX. No hay nada comparable a su punto de vista como testigo-narrador, conformado por su formación como químico, su tendencia a participar en la observación científica, y su modesto y suave carácter, impregnado todo ello con el deseo de contar historias.

 Su escritura está llena de observaciones refinadas y precisas. Lo hace como alguien que está llevando a cabo el juicio de los asesinos ante el tribunal de sus lectores, y las maniobras de su prosa, entre la omnipotencia de la materia abordada y la suavidad de su expresión en el lenguaje.

Levi encontró y adoptó una voz tranquila y devastadora en su cortesía y una prosa medida y distante. Con una curiosidad intacta a pesar de su experiencia, informa sobre sus resultados en el laboratorio en el que se llevó a cabo un experimento biológico y sociológico multidimensional, en el que fue a la vez científico y ratón de laboratorio.

Y, sin embargo, Levi creía que a pesar de su singularidad, Auschwitz era un subproducto de la degeneración de la cultura occidental, la fruta podrida de su filosofía de la que todos, italianos, alemanes, judíos y cristianos, y los nazis eran responsables . Y, por lo tanto, cualquiera tiene que sentir esa responsabilidad humana compartida, porque Auschwitz fue producto de los seres humanos, y todos somos seres humanos.

 Este fue un reconocimiento brutal de algo que muchos todavía rechazan con una ira auto-justificativa - entre ellos las falanges de los “no hay nada que comparar” -, pero Levi, quien reconoció el Holocausto en su singularidad humana y como evento histórico, también reconoció la borrosa frontera entre la víctima y el verdugo.

Así, sus relaciones con el Estado de Israel eran entusiastas pero torturadas. Levi no era neutral o indiferente. Sentía una profunda conexión con los otros sobrevivientes del Holocausto que encontraron refugio en Israel. Sin embargo, cuando se trataba del conflicto palestino-israelí, sus opiniones estaban cerca de la “izquierda” – ese grupo perseguido, objeto de profundo odio en la sociedad israelí actual.

 La Guerra del Líbano y la masacre en 1982 en los campos de refugiados de Sabra y Chatila le hicieron hablar públicamente por primera vez y exigir el cese del primer ministro Menachem Begin, a quién consideraba un “fascista”.

Levi también firmó una petición que exigía que Israel se retirase del Líbano, pidió una solución al conflicto regional que reconociese los derechos de todos los pueblos a la soberanía y la seguridad nacional, y contenía unas líneas proféticas acerca de la naturaleza de la democracia israelí, en la que prevalecían tendencias hacia un separatismo muy peligroso que serían mortales en el caso de la anexión de Cisjordania.

En 1984 Levi señaló que el deterioro de la vida política en Israel le resultaba insoportable. Él, que había dicho que “los oprimidos de hoy son seres humanos como nosotros” - lo que significa que alguien que está oprimido puede llegar a ser un opresor - ahora tenía que ser testigo de la transformación a la inversa.

 Por lo tanto, creía que el papel de Israel como centro unificador del judaísmo estaba en declive y que el centro se había desplazado a la diáspora, donde sería preservado mejor que hasta entonces. Si era así, entonces la loca idea de que la realización de la opción sionista y la inmigración a la Tierra de Israel podía dar a un judío universalista como Stefan Zweig una razón para vivir, estallaba a la luz del dolor y el sufrimiento que el estado sionista causó a Levi (y a otros intelectuales judíos) en los últimos años de su vida.

Y aquellos años fueron amargos. Levi se hundió en una depresión severa de la que, en última instancia, no logró liberarse. Los sobrevivientes, escribió a una amiga, en realidad no sobreviven, pero sólo parecían haberlo hecho. 

La mañana del sábado 11 de abril de 1987, el conserje de su edificio de apartamentos tocó el timbre de la puerta del “Dr. Levi” para entregarle su correo, que aceptó, como todos los días, con una sonrisa. Unos minutos después regresó a su portería y oyó un ruido terrible. Salió y encontró el cuerpo ensangrentado y aplastado de Levi en la parte inferior de las escaleras, donde permanecía cuando su esposa regresó de hacer sus compras en el barrio.

“Me parece que he vaciado el depósito de lo que tengo que decir y de las historias que tengo que contar”, dijo Levi poco antes de su muerte. Nunca sabremos si tenía razón. Sin embargo, las cosas que dijo sobre Franz Kafka, con algunos pequeños ajustes, expresan mis propios sentimientos sobre él desde la primera vez que abrí “Si esto es un hombre” y empecé a leerlo: lo amo y tengo miedo de él como lo tendría de un profeta que está a punto de anunciar el día de mi muerte."             (Iris Leal

31/5/13

Necesitabas saber muy bien el alemán, ser muy astuto y no sentir ninguna solidaridad por tus compañeros



"PRIMO LEVI Químico italiano judío, interno enAuschwitz III (Monowitz), un campo de trabajo.



 Escribí un libro sobre mi estancia en Auschwitz [Si esto es un hombre, 1958] y un capítulo se titulaba «Los hundidos y los salvados», en italiano Isommersi elsalvati [luego título de su último volumen de ensayos, publicado en 1986].

 Los hundidos son, por definición, los que no se mantenían a flote, no soportaban el primer impacto y después de una semana en el campo de concentración estaban perdidos... no perdidos físicamente, sino sin esperanza de sobrevivir. En el campo les llamaban «los mejillones» y tenían suerte de perder casi por completo la sensibilidad.

 Había otra manera de perderla, que era todo lo contrario: consistía en trepar, en ser un trepador social en el campo. Para hacer eso se necesitaban unas cualidades muy particulares. Necesitabas saber muy bien el alemán, ser muy astuto y no sentir ninguna solidaridad por tus compañeros."



 (Richard Holmes: Un mundo en guerra. Historia oral de la segunda guerra mundial, ed. Crítica, Barcelona, 2008, págs. 294/5)

22/3/13

“Cuando volví, la aldea estaba quemada”

“Era solo un niño”, dijo al inicio de su testimonio Diego Soto Santiago, uno de los supervivientes de un ataque del Ejército de Guatemala en el área Ixil (Quiché, norte), en 1982. “Cuando regresé, toda la aldea estaba quemada”. Con la voz quebrada añadió que quienes se le adelantaron en el retorno, “enterraban a sus muertos”.

En el histórico juicio por genocidio iniciado el martes en Guatemala contra el exdictador Efraín Ríos Montt, un anciano de 86 años, los testimonios de los testigos propuestos por la Fiscalía se repiten como las letanías del rosario.

 Tres décadas después, sus relatos estremecedores confirman uno tras otro los horrores documentados en los informes de Esclarecimiento Histórico, patrocinado por la ONU, o el de Recuperación de la Memoria Histórica, del malogrado obispo Juan Gerardi, en los que se documentan barbaridades como que muchos niños eran asesinados a golpes contra las rocas.

Están documentados casos de canibalismo en los que los asaltantes se comieron los sesos del pequeño. O que algunos de los soldados abrían con las bayonetas los vientres de las embarazadas, como parte de la orgía de sangre que protagonizaban en lo profundo de la selva.

“Yo era campesino y me dedicaba a cuidar la milpa [plantaciones de maíz] cuando llegaron los soldados”, declaró ayer Nicolás Brito. “Unos logramos huir. Los demás fueron capturados”. La acción de la que huyó Brito tuvo lugar el 25 de marzo de 1982, dos días después de que Ríos fuera aupado al poder por un golpe de Estado.

 Allí murieron 35 personas. Los hombres que salvaron la vida, continuó Brito, fueron obligados por el Ejército a integrase en las tenebrosas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), utilizadas como delatoras de vecinos sospechosos de ayudar a la guerrilla.

 Las PAC llegaron a operar con tal autonomía, que muchos de sus crímenes obedecían a rivalidades personales o para apropiarse de los bienes de sus víctimas. Sólo en unos pocos casos sus líderes han llegado a los tribunales.

Otro testigo, Bernardo Gusal, señaló que incorporarse a las PAC era obligatorio, al igual que cultivar alimentos destinados a la tropa. Quien osara negarse, era encarcelado y golpeado salvajemente. “Llegaban todos los días y nos arrebataban los alimentos. Y nos recordaban que en la región, ellos ‘eran la ley”.     (El País, 20/03/2013)  

24/2/11

¿Cómo se explica que un pueblo tan perseguido (el israelí) pueda actuar, a veces, como actúa?

"P. ¿Se ha sentido señalado y solo en Israel por sus ideas?

R. Me quieren y me admiran unos, y me odian muchos otros. Mi familia se trasladó a Israel en 1952, yo tenía 10 años. Recibí del Israel de entonces una escala de valores que hoy ya no se respeta.

P. ¿Cómo se explica que un pueblo tan perseguido pueda actuar, a veces, como actúa?

R. Los 20 siglos de sufrimiento han dejado un trauma. Pero no justifica lo que sucede hoy. Nunca debe volver lo que ocurrió en la Alemania nazi, pero el trauma transporta los miedos de aquel sufrimiento a otra gente y otro lugar. No veo cómo es posible que las víctimas de ayer se conviertan en los opresores de hoy." (DANIEL BARENBOIM: "La música es filosofía y deporte". El País, 23/02/2011, p. 36)

2/11/10

"Cuando te dan los restos de tu familiar vuelves a la vida"

""Cuando se abre una fosa, recuperan los restos y te los entregan, el mundo cambia. Puedes volver a la vida normal. Porque siempre has sentido que te faltaba algo", explicó Emilio Silva Santín. Tenía siete años cuando un grupo de falangistas fusiló a su padre.

Ramón, que acompañó a su padre cuando lo detuvieron, recordó cómo su madre le llevó comida y todas las joyas que tenía en casa el primer día. "Al siguiente, fue a llevarle el desayuno y le dijeron que había saltado por una ventana y se había escapado". Emilio Silva Faba había sido, en realidad, paseado y fusilado junto a otros 12 hombres.

"Con 14 años me puse a trabajar en el taller del hombre que había conducido la camioneta hasta la fosa. Me dijo quién había matado a mi padre, pero no puedo decir el nombre, y también lo que había dicho mi padre antes de morir: 'Tenga en cuenta que tengo hijos'. El que disparó había sido expulsado de Renfe por pertenecer al Partido Comunista...".

"Pero se cambió de bando", prosiguió el entonces alcalde de Priaranza, Daniel Fernández, del PSOE. "Todo el mundo conocía esta fosa. Mi padre había visto los cuerpos antes de enterrarlos porque entonces los dejaban unos días para que la gente los viera y cundiera el ejemplo. Un profesor incluso había traído aquí a sus alumnos. No tuve ninguna duda de que había que abrir esta fosa. Creo que todos estábamos esperando a que alguien diera el primer paso".

Los arqueólogos, antropólogos y forenses que intervinieron recordaron ayer aquella primera exhumación e identificación de fusilados del franquismo. María Encina Prada, antropóloga física, contó que cuando encontraron los restos "fue un instante maravilloso, muy emocionante, en el que las familias se abrazaban y lloraban", y que luego analizaron los huesos en un laboratorio improvisado en una casa del Ayuntamiento.

Prada lamentó que muchas de las personas que saben dónde están las fosas estén muriendo. "Es un trabajo contrarreloj". (El País, 25/10/2010, p. 20)

13/2/08

El arrepentido, el delator... el que sobrevive

“- La delación. "No soy ni un bárbaro ni un animal. Os pido fortaleza, que seáis pacientes y trabajéis. La liquidación de los kulak como clase no significa la liquidación de las personas", escribía el poeta y editor Alexandr Tvardovsky a su padre y hermanos, arrestados en 1931. Su misiva les conminaba a que no comunicaran con él. Ante todo, quería preservar su carrera literaria. Dos meses más tarde, su padre huyó y su hijo lo denunció a la policía. "Estoy segura de que no tenía elección", defendió su madre.

- El arrepentido. El periodista, poeta y novelista Konstantin Simonov terminó por aprobar la detención de las tías que lo criaron y la persecución de colegas y amigos. Participó en las campañas antisemitas de Stalin y fue fiel al dictador incluso tras su muerte, en 1953. El arrepentimiento llegó años más tarde, con unas memorias llenas de remordimiento por su falta de coraje moral. Su historia, para Figues, resume "el compromiso de un ser humano con el mal".

- La única evasión. Yevgeniia (Zhenia) Yevangulova empezó a escribir un diario en 1937, cuando sus padres fueron arrestados. Tenía 19 años y sus compañeros de estudios no dejaron de acosarla por esa "vergüenza". Zhenia llenó su diario con sus emociones y mantuvo así lo que llamaba "una conversación interior" con sus padres, que desaparecieron en el gulag.” (El País, ed. Galicia, Cultura, 09-02-08, p. 47)