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6/7/21

Donald Rumsfeld, el 'carnicero de Bagdad': muerte y mentiras que nunca respondieron ante la Justicia... Algunos analistas estiman que Rumsfeld es responsable de la muerte de 400.000 personas... dio las órdenes que condujeron a los soldados americanos a torturar a los prisioneros que tenían bajo su custodia en Irak, Afganistán y Guantánamo

 "La desaparición de Donald Rumsfeld, que murió el miércoles a los 88 años de edad, deja un hueco enorme entre los políticos de principios del s. XXI que más contribuyeron a crear y mantener el caos en Oriente Próximo, dando inicio a una etapa de torturas, éxodos y muerte de civiles que pronto se convirtieron en moneda corriente, aceptada por Estados Unidos y el conjunto de los países occidentales.

Aunque conocido como el carnicero de Bagdad, las actividades del secretario de Defensa del presidente George Bush no se redujeron a la capital iraquí sino que alcanzaron a todo Irak y Afganistán, aprovechando el desconcierto causado por los ataques del 11 de septiembre de 2001, una jornada trágica que permitió a Rumsfeld y su equipo dar palos de ciego en casi todas las direcciones.

Para sus acciones encontró la fórmula adecuada que llamó "guerra contra el terrorismo", una definición que le permitió justificar un sinfín de desmanes que con los años llevaron a la región a los peores momentos de su historia, y que Rumsfeld empujó un año tras otro en una huida hacia el abismo financiada generosamente por el contribuyente americano.

 Algunos analistas estiman que Rumsfeld es responsable de la muerte de 400.000 personas, pero es difícil establecer una cantidad exacta dado que la intervención militar en Irak de 2003 tuvo luego terribles consecuencias para toda la región durante años, que todavía duran y probablemente van a durar mucho tiempo más.

 Ni siquiera en los casos específicos de Irak y Afganistán se podrá llegar algún día a contabilizar el número exacto de muertes y desplazados, dado que el propio Rumsfeld ordenó a los militares que no guardaran registros de las bajas que causaban.

En cuanto a las torturas, Rumsfeld dio las órdenes que condujeron a los soldados americanos a violentar físicamente a los prisioneros que tenían bajo su custodia en Irak, Afganistán y Guantánamo. Cientos o miles de prisioneros, en su mayor parte islamistas, pero no solo islamistas, sufrieron abusos que nunca fueron juzgados.

 Aunque periodistas e historiadores han documentado las torturas durante el mandato de Bush, no se han traducido en acciones judiciales porque los líderes políticos que las cometieron no lo han querido. Documentos publicados en Estados Unidos revelan que muchos de los torturados, a los que se aplicaron hasta 16 técnicas de torturas autorizadas por Rumsfeld, fueron liberados sin que se hallaran pruebas que los incriminasen.

Tras los atentados del 11 de septiembre, Rumsfeld supervisó la invasión de Afganistán, y fue el arquitecto de la invasión de Irak, en la que casi 200.000 soldados se desplegaron en ese país con la intención aparente de encontrar y destruir armas de destrucción masiva que pronto se vio que solamente existían en la mente de Bush, Rumsfeld y su equipo.

Para justificar la invasión, el secretario de Defensa no tuvo ningún reparo en mentir a los ciudadanos americanos y a la opinión pública mundial. Las acusaciones llegaron a ser tan concretas que hasta ubicaban los lugares exactos donde el régimen del presidente Saddam Hussein ocultaba las inexistentes "armas de destrucción masiva": en el área de Bagdad y en puntos cercanos a Tikrit, en la región suní del país.

 Un tiempo después se detuvo a Saddam Hussein, se le juzgó en Irak y se le ejecutó, pero las armas siguieron sin aparecer. De hecho, distintos informes de los servicios de inteligencia americanos siempre cuestionaron que existieran, pero Rumsfeld y su equipo manipularon esos informes diciendo lo que a ellos les convenía.

El efecto dominó ya estaba en marcha y un desastre llevó al siguiente de manera natural, hundiendo Oriente Próximo en una terrible ciénaga de despropósitos todavía embarrada. Veinte años después, las tropas americanas siguen estando presentes en Afganistán, Irak y Siria, pero ahora en Washington se asume que lo mejor para todos es sacarlas cuanto antes.

Está claro que la situación interna en los tres países es mucho peor que la que existía en 2001. A los cientos de miles de muertos que ha causado la aventura de Rumsfeld y su equipo, hay que sumar los millones de desplazados, y consecuencias colaterales como la merma de cristianos en la región, especialmente en Irak, acosados por el islamismo radical al que la actividad militar occidental ha servido de palanca.

"Donald Rumsfeld fue un monstruo absoluto. Trasmito mis condolencias a sus víctimas en Irak y Afganistán porque no han tenido la oportunidad de verlo ante la justicia por sus horribles crímenes", ha dicho Ali Abunimah, cofundador de la página Electronic Intifada.

La muerte de Rumsfeld, que nunca mostró arrepentimiento, ha causado controversia en Estados Unidos, donde los medios de comunicación se han dividido, algunos "humanizando" al antiguo secretario de Defensa y otros destacando en sus inmorales comportamientos.

La web progresista The Intercept ha tomado partido con estos últimos: "Donald Rumsfeld fue un criminal de guerra sin piedad que dirigió torturas sistémicas, masacres de civiles y guerras ilegales. Este es su legado y esta es la manera en la que siempre debería recordársele", ha escrito Jeremy Schahill, cofundador de The Intercept."                   (Eugenio García Gascón, Público, 04/07/21)

25/9/17

El genocidio de los rohingya está causado por la diplomacia de las grandes compañías petroleras

"(...) Las llamadas “operaciones de limpieza” han matado a cientos de rohingya en los últimos meses, obligando a unas 250.000 personas asustadas, llorosas y hambrientas a escapar para salvar sus vidas de cualquier forma posible. Cientos más han perecido en el mar , o han sido perseguidos y asesinados en las selvas.
Las historias de asesinato y el caos recuerdan a la limpieza étnica de la población palestina durante la Nakba de 1948. No debería ser ninguna sorpresa que Israel sea uno de los  mayores proveedores de armas  a los militares birmanos.
A pesar del embargo de armas a Birmania decretado por muchos países, el ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, insiste en que su país no tiene intenciones de detener sus envíos de armas al despreciable régimen de Rangún, que está utilizando activamente estas armas contra sus propias minorías, no sólo contra los musulmanes en el estado de Rakhine occidental sino también contra los cristianos en el norte. (...)
Casi una cuarta parte de la población rohingya ya ha sido expulsada de sus hogares desde octubre del año pasado. El resto podría serlo en un futuro próximo, con lo que el crimen colectivo sería casi irreversible.
Aung San Suu Kyi ni siquiera tuvo el valor moral de decir unas palabras de simpatía a las víctimas. En su lugar, sólo pudo hacer pública una  declaración sin compromisos : “tenemos que cuidar de todo el mundo que se encuentra en nuestro país”. Mientras tanto, su portavoz y otros voceros han puesto en marcha una campaña de difamación contra los rohingya, acusándolos de quemar sus propios pueblos, fabricar sus propias historias de violaciones, mientras se refieren a los rohingya que se atreven a resistir como ' yihadistas ', con la esperanza de vincular el genocidio en curso con la campaña occidental dirigido a vilipendiar a los musulmanes de todo el mundo.
Pero informes bien documentados nos dan más de una visión de la realidad desgarradora experimentada por los rohingya. Un reciente  informe de la ONU  recoge el relato de una mujer, cuyo marido había sido asesinado por los soldados en lo que la ONU describe como “generalizados y sistemáticos” ataques con “muy probable comisión de delitos contra la humanidad ”.
“Cinco de ellos se quitaron la ropa y me violaron”, dijo la  mujer afligida . “Mi hijo de ocho meses de edad, estaba llorando de hambre cuando entraron en mi casa porque quería que le diese el pecho, y lo mataron con un cuchillo para que se callara”.
Los refugiados que han llegado a Bangladesh huyendo tras un viaje de pesadilla hablan de la  muerte de niños, la violación de mujeres y la quema de aldeas. Algunos de estos relatos se han verificado mediante imágenes satelitales  proporcionadas por Human Rights Watch, que muestran aldeas arrasadas en todo el estado.
Ciertamente, el horrible destino de los rohingya no es completamente nuevo. Pero lo que hace que sea especialmente apremiante es que Occidente está ahora totalmente del lado del mismo gobierno que está llevando a cabo estos actos atroces.
Y hay una razón para ello: petroleo.
Informando desde Ramree Island,  Hereward Holland  escribió sobre la 'caza del tesoro escondido de Myanmar (Birmania).'
Enormes depósitos de petróleo que han permanecido sin explotar debido a décadas de boicot occidental de la junta militar están ahora disponibles al mejor postor. Es un gran festín petrolero, y todos están invitados. Shell, ENI, Total, Chevron y muchas otras compañías están invirtiendo grandes sumas para explotar los recursos naturales del país, mientras que los chinos - que dominan la economía de Birmania desde hace muchos años - están siendo desplazados lentamente.
De hecho, la rivalidad por la riqueza no explotada de Birmania está en su mayor apogeo desde hace décadas. Es esta riqueza - y la necesidad de debilitar la condición de superpotencia de China en Asia - lo que ha llevado a Occidente a apoyar a Aung San Suu Kyi como líder de un país que nunca ha cambiado de manera fundamental, sino que sólo ha cambiado de nombre para allanar el camino de retorno de las grandes petroleras.
Los rohingya están pagando el precio.
No se deje engañar por la propaganda oficial de Birmania. Los rohingya no son extranjeros, intrusos o inmigrantes en Birmania.
Su  reino de Arakan  se remonta al siglo octavo. En los siglos posteriores, los habitantes de ese reino conocieron el Islam gracias a comerciantes árabes y, con el tiempo, se convirtieron en una región de mayoría musulmana. Arakan es hoy en día el estado de Rakhine de Myanmar, donde la mayor parte de los aproximadamente 1,2 millones de rohingya del país todavía viven.
La falsa idea de que los rohingya son extranjeros se originó en 1784 cuando el rey birmano conquistó Arakan y obligó a cientos de miles de personas a huir. Muchos de los que fueron obligados a abandonar sus hogares y escapar a Bengala, finalmente volvieron.
Los ataques contra los rohingya, y los constantes intentos de expulsarlos de Rakhine, se han repetido en varios períodos de la historia, por ejemplo: después de la derrota de las fuerzas británicas estacionadas en Birmania en 1942 a manos del ejercito japonés; en 1948; tras el golpe militar de 1962; como resultado de la llamada 'Operación Rey Dragón' en 1977, cuando la junta militar expulsó a la fuerza a más de 200.000 rohingya de sus casas a Bangladesh, y así sucesivamente.
En 1982, el gobierno militar aprobó la  Ley de ciudadanía  que ha despojado de su ciudadanía a la mayoría de los rohingya, declarándoles ilegales en su propio país.
La guerra contra los rohingya comenzó de nuevo en 2012. Cada uno de los episodio, desde entonces, ha seguido un guión típico: 'conflictos entre comunidades' entre nacionales budistas y rohingyas, que a menudo conducen a decenas de miles de este último grupo perseguido a huir a la bahía de Bengala, a las selvas y, los que sobreviven, a  los campos de refugiados.
En medio del silencio internacional, sólo algunas personalidades respetadas como el Papa Francisco han mostrado su apoyo a los rohingya en una oración conmovedora en febrero pasado.  (...)
Los países árabes y musulmanes han permanecido en gran medida callados, a pesar de  las protestas públicas  exigiendo poner fin al genocidio.
Informando desde Sittwe, la capital de Rakhine, el veterano periodista británico, Peter Oborne,  describe  lo que ha visto en un artículo publicado por el Daily Mail el 4 de septiembre:
“Hace sólo cinco años, se estimaba que unas 50.000 personas de la población de la ciudad de alrededor de 180.000 habitantes eran miembros de la etnia rohingya, musulmanes locales. Hoy en día, hay menos de 3.000. Y no son libres de caminar por las calles. Están hacinados en un pequeño gueto rodeado de alambre de púas. Guardias armados impiden la entrada de los visitantes. Y no permiten que los musulmanes rohingya puedan salir“.
Con el acceso a la realidad a través de sus muchos emisarios sobre el terreno, los gobiernos occidentales, que saben lo que ocurre en el terreno directamente gracias a sus diplomáticos,  conocen perfectamente estos hechos indiscutibles, pero no han hecho nada de todos modos.
Cuando las empresas de Estados Unidos, Europa y Japón hacían fila para explotar los tesoros de Birmania, todo lo que necesitaban era un  gesto de aprobación  por parte del gobierno de Estados Unidos. La Administración de Barack Obama elogió la ‘apertura' birmana, incluso antes de las elecciones de 2015, que llevaron a Aung San Suu Kyi y su Liga Nacional para la Democracia al poder. Después de esa fecha, Birmania se ha convertido en otra 'historia de éxito' estadounidense, sin tener en cuenta, por supuesto, el hecho de que tiene lugar un genocidio en ese país desde hace años.
Es probable que la violencia en Birmania crezca y se extienda a otros países de la ASEAN, simplemente porque los dos principales grupos étnicos y religiosos en estos países están dominados y casi divididos en mitades iguales entre budistas y musulmanes.
El regreso triunfal de los EEUU y de Occidente para explotar la riqueza de Birmania y la rivalidad entre Estados Unidos y China es probable que complique aún más la situación, si la ASEAN no rompe su atroz silencio  y presiona con una estrategia decidida a Birmania para poner fin al genocidio de los rohingya.  (...)"                      (Ramzy Baroud  , Counterpunch, en Sin Permiso, 16/09/2017)

4/1/11

Las causas de la guerra...

"¿Dio Estados Unidos luz verde a la invasión iraquí de Kuwait en el verano de 1990? (...)

Aunque aparece la frase en la que se apoyó aquella interpretación ("no tomamos partido ante estos asuntos árabes"), se refiere a la delimitación de la frontera y no al enfrentamiento por el precio del petróleo que inflamó el conflicto entre Bagdad y Kuwait.

El resumen que Glaspie hace de la audiencia transmite una gran preocupación de Washington por la tensión regional, y refleja a un Sadam desesperado ante la ruina económica en que ha quedado su país tras la guerra con Irán (1980-1988) y que se siente traicionado por sus vecinos (documento 372). (...)

"Irak, subraya el presidente, se encuentra en graves dificultades financieras, con deudas de 40.000 millones de dólares", escribe Glaspie. No es solo cuestión de dinero. Sadam defiende que su país, "cuya victoria en la guerra contra Irán supuso una diferencia histórica para el mundo árabe y Occidente, necesita un plan Marshall".

Sin embargo, se queja a la embajadora: "Ustedes quieren que baje el precio del petróleo". Y ahí radica la esencia del problema, tal como reveló el propio líder iraquí dos meses antes durante la cumbre árabe de la que fue anfitrión. (...)

Sus principales acreedores, Arabia Saudí y Kuwait, se niegan a perdonarle la deuda. Además, Bagdad acusa a Kuwait de estar extrayendo más crudo del pactado en la OPEC, lo que presiona a la baja el precio del petróleo y daña la economía iraquí. El dirigente iraquí se siente traicionado.

"Irak, que ha tenido cientos de miles de víctimas, está sufriendo, y Kuwait se comporta [de forma] 'mezquina y egoísta", se queja el presidente, que además sospecha que el Gobierno de EE UU está utilizando a Kuwait y Emiratos Árabes Unidos (EAU) como "puntas de lanza" porque le interesa un combustible barato.

"Quienes fuerzan los precios del petróleo a la baja están entablando una guerra económica e Irak no puede aceptar semejante violación a su dignidad y prosperidad", advierte Sadam. "Igual que Irak no amenazará a otros, tampoco aceptará ninguna amenaza en su contra", añade dando a entender que se cree víctima de un complot.

Al concluir la guerra entre Irán e Irak, Sadam espera reconocimiento por haber contenido la expansión iraní. Sin embargo, se encuentra con que ahora es su régimen el que provoca recelos entre los árabes. (...)

"¿Cómo podemos hacerles entender [a Kuwait y EAU] cuánto estamos sufriendo?", se pregunta Sadam. "Créame, lo he intentado todo: hemos despachado enviados, escrito mensajes y pedido [al rey saudí] Fahd que organice una cumbre cuatripartita", trata de convencer a la embajadora. El presidente le recuerda que los iraquíes saben lo que es la guerra y no quieren volver a sufrirla.

"No nos empujen a ella, no la conviertan en la única opción con la que podamos proteger nuestra dignidad", casi implora tras haber dejado claro que "Irak sabe que el Gobierno de EE UU puede enviar aviones y cohetes, y dañarle gravemente". (...)

La embajadora asegura en el telegrama haber dejado claro que EE UU nunca podrá "aceptar el arreglo de los conflictos más que por medios pacíficos". La famosa frase fuera de contexto que parece dar luz verde a la invasión solo aparece en una nota final. Sadam menciona el acuerdo de 1961 por el que Irak y Kuwait establecieron "una línea de patrulla" para su frontera pendiente de delimitar.

Los kuwaitíes acusan a los iraquíes de haberse adentrado 20 kilómetros más allá. Glaspie, que recuerda que 20 años antes ha estado destinada en el emirato, señala: "Entonces, como ahora, no tomamos partido en estos asuntos árabes". (El País, 02/01/2011, p. 6)