"¿Puede haber poesía después de Auschwitz?"(Adorno).............. "¡Es un deber vivir después de Auschwitz!"(Imre Kertéz).............
19/9/12
La fascinación de la guerra
6/4/10
'Millones de estos piadosos obreros y sastres empezaron a matar a otros obreros y sastres de una forma que ni ellos mismos han podido comprender'
K. L. Hasta la II Guerra Mundial estuvimos arraigados en la ilusión de que todos somos buenos, piadosos y humanos. Entonces, millones de estos piadosos obreros y sastres empezaron a matar a otros obreros y sastres de una forma que ni ellos mismos han podido comprender. Hemos encerrado la bestia en una jaula, pero no la hemos transformado. (...)
J. L. G. Vi hace poco la película de Andrzej Wajda Katyn, que me parece admirable aunque sé que a los polacos no tanto. El caso es que nosotros no hemos tenido la suerte de tener una mirada tan valiente a nuestra propia memoria histórica. Más aún, seguimos tropezando con una sociedad heredera de otra que pasó y hasta vemos cómo un partido como la Falange presenta una querella contra Garzón, el único juez que ha intentado investigar los crímenes de guerra. Para poder vivir tranquilos siempre hace falta un proceso de reparación.
K. L. Pero ese proceso siempre será insatisfactorio. Hace falta un nuevo campo para que nazca un nuevo ser humano. Nosotros estamos demasiados aterrorizados. Y bajo esa oscuridad, bajo ese miedo, el ser humano ya no puede ver a otro ser humano. Sólo vemos enemigos. En Final de partida la relación entre el miedo y el poder es muy interesante. El miedo a lo desconocido en el otro ser humano. Eso que por ignorancia llamamos enemigo. Sobre la película de Wadja diré que me parece que se entiende mejor fuera que dentro de Polonia.
5/11/08
Sankai Juku, el grito sordo

"Un hongo en el horizonte de Hiroshima lo cambió todo. La bomba temible puso fin a la guerra y el lamento antibélico de la humanidad se escuchó en todas partes, pero el estupor global fue tan grande que no dejó oír el llanto de Japón después de la devastación. Para esta sociedad tímida, silenciosa y críptica supuso una fractura existencial terrible.
Enmudecieron, pero aun así ocurrió lo que en todas partes, un artista intentó canalizar el dolor y el vacío, la ira y la tristeza, emitiendo un grito sordo. Y de las entrañas de Tatsumi Hijikata (1928-1986) nació el butoh, la danza contemporánea japonesa, conocida también como danza de las sombras. Ocurrió una noche de 1959.
Hijikata, en alianza con el escritor Yukio Mishima, presentó a una reducida audiencia su estremecedora pieza Kinjiki (Colores prohibidos), una obra rara y densa sobre el dolor y la consternación, que además tocaba un tema tabú como la homosexualidad y tenía escenas nunca vistas como ésa en la que el creador, semidesnudo y pintado de blanco, decapitaba pollos cuyos cuerpos sin cabeza quedaban sangrantes sobre el escenario haciendo unos últimos movimientos espasmódicos.
A pesar de la controversia y el shock, esa obra marcó el arranque del butoh. En principio fue una danza antioccidental y, a diferencia de muchas de las corrientes de danza de este lado del mundo, no nació de una investigación corporal ni de una técnica. Nació del dolor, de la tristeza más profunda. No era física. Era emocional." (El País, Babelia, 03/11/2008, p. 22)