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13/6/23

”Mi bisabuelo Santos Francisco Díaz, fue arrestado en Mansilla de las Mulas en agosto de 1936, junto con decenas de hombres y mujeres más de ese pueblo y de otros de alrededor, como Palanquinos, y fue trasladado al campo de concentración de San Marcos, en León, donde numerosos testimonios hablan de cómo los presos eran torturados y maltratados... “Cuando matan y desaparecen a mi bisabuelo”, explica Rodríguez, “mi bisabuela se queda primero en un limbo porque al ser un desaparecido, no hay una confirmación de la defunción y por lo tanto un montón de mujeres de desaparecidos se quedaron sin la posibilidad de heredar las propiedades, si es que hubieran... El mayor de 17 años, Antonio Francisco, abuelo de Rodríguez, “decidió huir por temor a ser arrestado... pero es arrestado y maltratado en el campo de concentración de la localidad asturiana de Celorio. Él relataba cómo habían arrojado desde ahí algunos cadáveres de presos al mar por los acantilados. Sufrieron las inclemencias de la lluvia, de la humedad, del frío. Muchos presos enfermaron, fueron maltratados. Fue sometido a un fusilamiento simulado

 "Por primera vez un tribunal escucha las historias de las víctimas desaparecidas en Villadangos del Páramo. Aunque para eso haya que desplazarse ante un tribunal en Argentina como ha hecho la periodista Olga Rodríguez, que declaraba hace unos días en Buenos Aires como nieta y bisnieta de represaliados por el franquismo: es la primera vez que un tribunal escucha las historias de los desaparecidos en la fosa de Villadangos del Páramo (León).

Hace algunos años se fueron encontrando las familias de las víctimas de la asesinadas y desaparecidas en Villadangos del Páramo. Familiares que llevaban años o décadas buscando, intentando localizar la ubicación de la fosa para poder exhumarla. El hecho de que haya tenido que pasar tanto tiempo para que en España se pudiera obtener algo de verdad y reparación y se pudiera exhumar también ha sido un castigo añadido para las familias de las víctimas, porque en muchos casos, esposas, hijos e hijas o madres se han ido muriendo sin obtener un mensaje mínimo de de reparación. Y esta unión de tantas familias y familiares de las víctimas de Villadangos del Páramo finalmente desembocó en la posibilidad de exhumar parte de la fosa el pasado febrero de 2022 a través de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

“Como indican a menudo los propios impulsores de esta querella argentina contra los crímenes del franquismo”, dice Rodríguez, “en el simple hecho de la escucha por parte de la justicia en un tribunal hay ya un reconocimiento, una voluntad de reconocimiento a las familias de las víctimas. Y esto es algo muy importante en sí mismo. Y las familias de la fosa de Villadangos del Páramo lo hemos podido experimentar ahora”.

Pilar González, sobrina de Isidro y Epifanio González, el primero ejecutado en Puente Castro y el segundo asesinado y desaparecido en Villadangos del Páramo, explica: “Desde Madrid estuve pensando todo el rato en la declaración mientras esta se producía. Espero que Olga sintiera nuestro apoyo desde aquí. Mis tíos Isidro y Epifanio -víctimas del franquismo- nunca habrían imaginado que su asesinato llegaría antes un juzgado argentino que a la justicia española. Agradecemos inmensamente que al menos en Argentina les hayan dado esta oportunidad de ser nombrados, de ser recordados a través de esta declaración. Siento como si de alguna manera y desde tan lejos le han sacado un poco de esa fosa común donde Epifanio sigue estando”.

“Mi declaración fue enmarcada en ese asesinato colectivo que termina en esa gran fosa común en Villadangos del Páramo de las personas desaparecidas” relata la periodista. Allí, en esa fosa exhumada en parte el año pasado y de la que estamos todavía a la espera de las identificaciones. Lo que intenté trasladar fue esta historia colectiva“, explica Rodríguez: ”Mi bisabuelo Santos Francisco Díaz, fue arrestado en Mansilla de las Mulas en agosto de 1936, junto con decenas de hombres y mujeres más de ese pueblo y de otros de alrededor, como Palanquinos, y fue trasladado al campo de concentración de San Marcos, en León, donde numerosos testimonios hablan de cómo los presos eran torturados y maltratados. Estos arrestos aparecen en la causa judicial abierta en 1936 por el régimen franquista y que se encuentra en el Archivo del Ferrol y que va a ser aportada a los tribunales argentinos“.

Rodríguez explica que “a lo largo de más de 600 páginas se pueden leer los arrestos y las acusaciones contra estas personas que fueron detenidas en un lugar donde no hubo frente de batalla o frente de guerra, porque el golpe de Estado triunfó prácticamente de inmediato y donde lo que ocurrió fue que hubo arrestos y persecuciones y castigos a personas acusadas de intentar impedir el golpe de Estado, como aparece en la propia causa judicial contra ellas, o de tener determinadas ideas políticas. En muchos casos simplemente basta con que se acuse a alguien de ser rojo o marxista. Son algunas de las denominaciones que aparecen para que la causa contra ellos siga adelante”.

“Es el caso de Santos Francisco Díaz, mi bisabuelo, o de Epifanio González o de otros. ¿Qué les pasó a estas personas?”; se pregunta Rodríguez: “En varios casos son personas que fueron desaparecidas, que fueron sacadas del campo de concentración de San Marcos y trasladadas a algún pueblo cercano, nunca su propio pueblo, para ser asesinadas allí. Por ejemplo, mi bisabuelo Santos Francisco Díaz fue asesinado en Villadangos del Páramo y sepultado en alguna fosa común. Entre los documentos que se aportará a estos tribunales tras mi declaración están las actas de defunción elaboradas por el juez de Paz local de Villadangos del Páramo y firmadas tanto por él como por otras personas de ese pueblo, donde se hacía una descripción detallada de los cadáveres de los asesinados entre agosto y noviembre de 1936. Esa descripción detallada, en algunos casos sirvió para identificar a las víctimas por sus familiares en 1936 y. Y en otros casos, bueno, esos cadáveres tenían incluso documentos que los podían identificar. Es decir, no es solo una declaración lo que se hizo en Buenos Aires, sino que también se aportarán algunos documentos existentes. La declaración giró mucho en torno a estas víctimas de la gran Fosa o de las fosas de Villadangos del Páramo. Parte de una de las fosas fue exhumada en febrero de 2022, y estamos a la espera de las identificaciones”.

Pura Francisco, la madre de Olga Rodríguez, nieta de Santos Francisco (asesinado y desaparecido en Villadangos del Páramo) e hija de Antonio Francisco, arrestado en el campo de concentración de Celorio y represaliado por el franquismo, explica: “La aspiración a la justicia que tanto mi abuela, como mi padre y los demás hijos e hijas de mi abuelo merecían, tenia que haberse producido hace tiempo y por supuesto en España. Sin embargo, que nuestros queridísimos familiares merezcan la atención de jueces en un país como Argentina es un gran consuelo para quienes seguimos reclamando verdad , justicia y reparación. Por ello estarán siempre en nuestro corazón”

“En el transcurso de esta espera ha muerto la hermana de una de las víctimas cuyos restos posiblemente hayan sido exhumados, pero que todavía no han podido ser identificados”, prosigue Rodríguez: “A lo largo de estos años, un montón de familias, somos decenas y decenas de personas de tres generaciones diferentes, nos unimos para poder encontrar esa fosa y para poder exhumarla. Y lo hemos conseguido en parte, pero solo se han podido exhumar los restos de 12 cuerpos porque sobre la fosa se han construido nuevos panteones y lamentablemente no se nos ha permitido exhumar esa parte, aunque desde un punto de vista técnico habría sido posible hacerlo. Todo este proceso de unión de familias y de compartir colectivamente esta búsqueda y de ir accediendo a nuevas informaciones, ha sido muy reparadora. Y este paso añadido, el de poder declarar y contar las historias de todas estas víctimas, de todas estas personas asesinadas y desaparecidas en Villadangos del Páramo”.

La periodista Olga Rodríguez explica que se sintió “muy acompañada mientras declaraba sobre todas las familias que conformamos, como decimos, una gran familia de memoria, que tienen historias terribles como la del maestro Toral, que fue detenido delante de sus alumnos; como la del cartero Federico Sacristán, como la de tantos otros y otras”.

Susanna Toral, nieta del maestro Tomás Toral, detenido delante de sus alumnos, asesinado y sepultado en la fosa de Villadangos del Páramo, explica: “El 8 de junio hizo 20 años que mi padre murió. El mismo día una jueza en Argentina escuchaba la historia de los asesinados en la fosa de Villadangos del Páramo. Casualidades de la vida. Para mí que por primera vez se escuche en un tribunal lo ocurrido demuestra el reconocimiento de un crimen y muestra cómo la verdad se abre paso, como lo hace el agua: no se puede parar. Confío en que pronto estos crímenes se puedan reconocer en nuestro país. No se pueden cerrar las heridas si no se airean, si no se hablan, se reconocen y se sacan a la luz. Es indispensable”. 

“Cuando matan y desaparecen a mi bisabuelo”, explica Rodríguez, “mi bisabuela se queda primero en un limbo porque al ser un desaparecido, no hay una confirmación de la defunción y por lo tanto un montón de mujeres de desaparecidos se quedaron sin la posibilidad de heredar las propiedades, si es que hubieran. Mi bisabuela se quedó con siete hijos, el mayor de 17 años, el menor de 11 meses. Los hijos adolescentes con posibilidad de trabajar tuvieron que abandonar la escuela y ponerse a trabajar para poder sacar adelante a la familia, lo cual de por sí ya fue un castigo añadido, una consecuencia, un daño añadido”.

El mayor de 17 años, Antonio Francisco, abuelo de Rodríguez, “decidió huir por temor a ser arrestado. También cruzó Asturias y luchó en el frente republicano hasta que cae Asturias y es arrestado y maltratado en el campo de concentración de la localidad asturiana de Celorio. Él relataba cómo habían arrojado desde ahí algunos cadáveres de presos al mar por los acantilados. Sufrieron las inclemencias de la lluvia, de la humedad, del frío. Muchos presos enfermaron, fueron maltratados. Mi abuelo fue sometido a un fusilamiento simulado. Todas estas historias, más la represión posterior durante la dictadura, atravesaron a mi familia y a tantas familias. Mi familia sufrió consecuencias económicas, sociológicas y emocionales a causa de estas represalias del asesinato y desaparición de mi bisabuelo y del maltrato y persecución contra mi abuelo. Y esto atravesó a mi madre y de alguna manera llegó hasta nuestra generación, la de los nietos y bisnietos, porque crecimos en el silencio y con la doctrina de que de eso no se podía hablar. Era como algo que parecía que nunca hubiera ocurrido”.

Durante la declaración de Olga Rodríguez ante el tribunal argentino, decenas de familiares de las víctimas de esa fosa situada en Villadangos del Páramo le pidieron que transmitiera “el sentimiento de reparación que han tenido al saber que, por primera vez, al fin en un tribunal, alguien iba a escuchar nuestra historia, la historia de nuestras familias, la historia de nuestros padres, abuelos, abuela, bisabuelos, bisabuela, tíos, etcétera, las nietas y nietos y sobrinos y sobrinas seguimos esperando una verdad y una reparación porque nos consideramos atravesados por lo ocurrido y porque realmente hay consecuencias que llegan hasta nosotros. Consecuencias económicas, sociológicas y emocionales”.                (Andrés Gil, eldiario.es, 11/06/23)

3/12/21

Domingo Camacho López arribó al puerto tunecino de Bizerta en marzo de 1939 con la flota republicana, y aceptó regresar en el Marqués de Comillas creyendo las promesas de redención del almirante Salvador Moreno… ¡Craso error! Fue sometido a Consejo de Guerra, condenado y ejecutado

 "El 3 de junio del año 1941, el capitán de Infantería de Marina don Genaro Arias Baltar, en funciones de Juez Instructor Permanente del Departamento Marítimo de Cádiz, comunica al alcalde de San Fernando que al día siguiente, a las seis de la mañana, "…será pasado por las armas en la tapia del cementerio de esta ciudad el cabo de artillería de la Armada Domingo Camacho López…". 

Continua la nota informando que "recibirá sepultura en el expresado cementerio una vez ejecutado". Lo cual —que sea enterrado después de la ejecución, y no antes— era de agradecer. Finalmente el juez instructor ruega al alcalde que cite en el cementerio "a quien corresponda" para dar sepultura al cabo de la Armada, que dejó viuda y tres hijos. Con los datos que hoy disponemos, don Domingo Camacho López fue el penúltimo militar vinculado a San Fernando ejecutado en esta ciudad por la represión franquista.

 Este joven marino de 25 años arribó al puerto tunecino de Bizerta en marzo de 1939 con la flota republicana, y aceptó regresar en el Marqués de Comillas creyendo las promesas de redención del almirante Salvador Moreno… ¡Craso error! Fue sometido a Consejo de Guerra, condenado y ejecutado. Forma parte de una lista de más de 100 militares ejecutados durante la barbarie militar y fascista que siguió al 18 de julio de 1936 en San Fernando. 

Comenzaron justamente una semana más tarde, el 25 de julio. Ese día, tras un Consejo de Guerra Sumarísimo y ejemplarizante, son ejecutados don Joaquín Ferreiro Barreiro, don Luis M. Rodríguez Otero (auxiliares 1º de radio y artillería de los cañoneros Lauria y Cánovas del Castillo) y el contramaestre señor Muñoz. Los militares que se rebelaron contra la II República y alzaron sus armas contra los españoles, se asumieron al derecho de acusar de rebelión —y juzgar, condenar y matar— a los compañeros de armas que permanecieron leales al gobierno que habían jurado defender. Los historiadores llaman a esta aberración jurídica La Justicia al Revés. 

 A las 15:00 horas del 18 de julio de 1936, el Jefe del Departamento Marítimo de Cádiz, almirante golpista José Gámez Fossi, ordenó al comandante don Manuel de Sancha Morales, jefe del batallón de Infantería de Marina de San Fernando, sacar a la calle tres compañías de infantes para declarar el estado de guerra y tomar militarmente la ciudad. De Sancha se niega a hacerlo y pide la orden por escrito. Seguidamente es detenido por sus propios compañeros, encarcelado en el Penal de la Casería de Osio y fusilado un mes más tarde. 

No hubo causa judicial contra Manuel de Sancha, músico, compositor, director de orquesta y hombre de probada empatía con el pueblo necesitado. Su ejecución fue un asesinato extrajudicial. Sus restos anónimos, fueron arrojados en una fosa común abierta en lo que fue Cementerio para Disidentes de San Fernando. Al día siguiente, el sepulturero indicó a uno de sus hijos el lugar exacto donde yacía el leal militar. 

A don Manuel de Sancha le cabe el dudoso honor de haber sido el primer militar que se opuso abiertamente en San Fernando a Glorioso Movimiento Nacional. Por otro lado, a doña Adelaida Blanco Silva la dejaron viuda a las cinco de la mañana del 10 de septiembre de 1936. Ese día asesinaron a su marido, don Leocadio Castaño Álamo, un ex carabinero de 41 años que no demostró demasiado entusiasmo por adherirse al Glorioso Movimiento Nacional. Nadie asumió la responsabilidad de su muerte.

 Nadie ordenó inscribir el crimen en el registro Civil de la ciudad y, por tanto, para que su fallecimiento fuese reconocido, doña Adelaida tuvo que recurrir a conocidos de sobrada influencia entre los jerarcas del nuevo régimen. 

 Gracias a esas influencias logró que el Vicario Capitular del obispado de Cádiz accediera a concederle la gracia de certificar la muerte de su marido… "Vista la instancia que nos dirige doña Adelaida Blanco Silva solicitando nuestra autorización para que por el señor cura párroco de la de San Pedro y San Pablo de San Fernando sea expedida copia de la defunción del marido de la solicitante, por el presente venimos a conceder y concedemos la gracia solicitada". No fue un derecho, fue una gracia. Eso ocurrió en marzo de 1941, y supuso una excepción porque estaban certificando sobre el contenido del libro en el que los curas inscribieron los fusilamientos que presenciaron.

 La mera existencia de ese libro era —y sigue siendo— la única prueba documental de los asesinatos extrajudiciales que se cometieron en San Fernando después de Glorioso Movimiento Nacional Salvador de la Patria. Certificar el contenido de un libro secreto era reconocer su existencia y, en consecuencia, reconocer complicidades. Sin embargo, a pesar de la gracia excepcional que consiguió del señor Vicario, doña Adelaida no logró inscribir la muerte de su marido hasta junio de 1946. 

 Los represores, militares y fascistas, no sólo asesinaron al padre de sus tres hijos (el último de ellos, póstumo), además le negaron durante diez años su condición de viuda. Y también asesinaron judicial o extrajudicialmente a oficiales, auxiliares y marineros; fogoneros, telemetristas, condestables, artilleros, barberos, telegrafistas, oficinistas, trabajadores del Arsenal de la Carraca, sanitarios, contramaestres, intendentes, náufragos, etc., etc., etc. Hasta un total de 106 militares y algunos asimilados. 

De ellos, 56 fueron ejecutados tras esos consejos de guerra propios de la Justicia al Revés; 46 fueron asesinatos extrajudiciales, ordenados por los distintos jerarcas de San Fernando con poder sobre la vida y la muerte de los rojos; y cuatro murieron en circunstancias extrañas… todos ellos fueron enterrados de forma anónima en un claro intento de extinguir su memoria, su ejemplo y su dignidad. 

Estuvieron frente a un pelotón de fusilamiento, pero los criminales fueron los que daban las órdenes desde el otro lado. Hoy, un 14 de junio de 2018, día de la Memoria Democrática en Andalucía, es buena ocasión para conocer los nombres de esos militares muertos y silenciados. 

Sería un primer paso para recuperar su memoria y su dignidad, y para que todos podamos mirarlos como hombres leales a su palabra y no como a criminales y también sería buena ocasión para que sus compañeros de armas, miembros de una Armada Española superadora de conflictos pasados, se sumaran a un homenaje póstumo y necesario. Porque lo necesitamos todos.(...)"              (Miguel A. López Moreno, La Voz del Sur, 11/06/18)

12/9/16

En España hay, como mínimo, 114.226 personas desaparecidas por la represión franquista

"En España hay, como mínimo, 114.226 personas desaparecidas por la represión franquista. Es una de las pocas cifras exactas que se maneja en un tema – el de los desaparecidos – que pocas veces ha sobresalido a primera escena política. En líneas generales ha sido, y sigue siendo, una cuestión marginada que ha visto como incluso algunos políticos han hecho burla de ella. 

Como Pablo Casado y su “los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién”. Una declaración que no sólo no le ha perjudicado, sino que no ha hecho titubear la meteórica carrera política del hoy Vicesecretario de comunicación del Partido Popular. 

(...) la única cifra oficial de desaparecidos la aportó la Audiencia Nacional en la causa abierta contra los crímenes franquistas por el exjuez Baltasar Garzón hace ya varios años. La cifra – 114.226 desaparecidos – abarca el periodo entre el 17 de julio de 1936 y diciembre de 1951, pero no cuenta los más de 30.000 bebés desaparecidos. Hay algunas estimaciones que hablan de más de 200.00 desaparecidos. (...)

¿Qué es una desaparición forzada?

El Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU considera que se ha cometido una desaparición forzada siempre qué:

«se arreste, detenga o traslade contra su voluntad a las personas, o que estas resulten privadas de su libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre del Gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a la protección de la ley.»"             (El Boletín, 30/08/16)

13/11/15

¿Saben dónde está mi hijo, señores? Hace dos semanas que no sé nada, desde que ustedes se lo llevaron de mi casa de madrugada

"Estaban muy rabiosos porqué desde Capitanía General ordenaron que pararan unas semanas los asesinatos en la Sima de Jinámar, ya que era vox populi en la isla de Gran Canaria, lo sabía todo el mundo, que cada madrugada arrojaban al agujero volcánico a cientos de hombres.

 Eufemiano le propuso al Conde de la Vega que había que tirarlos al mar, cambiar la metodología del crimen de estado, usando también pozos de cada rincón del laberinto isleño. Se hacía necesario, dijo el empresario tabaquero, quitar de en medio a toda aquella escoria de rojos y masones en el menor tiempo posible.

De forma inmediata las “Brigadas del amanecer”, integradas por jóvenes muchachos de la oligarquía isleña, personajes de sangre noble, hijos de terratenientes, caciques y militares, comenzaron a desviar a las víctimas hacia las barcas que partían de madrugada desde el Puerto en ruta hacia alta mar. No iban lejos, a pocos kilómetros de la costa, donde los tiraban atados de pies y a manos.

Por unos días no había movimientos nocturnos por la Sima, sus vecinos solo escuchaban los lamentos, los gritos de sufrimiento de quienes se habían quedado malheridos, colgados en las repisas del abismo de lava seca. Solo algún familiar de las personas asesinadas rondaba como fantasma del alba, en silencio, con cuidado de no ser identificado por los falangistas, por los guardias civiles que controlaban su acceso.

A la semana del cierre provisional se reunieron en la casa de campo del cura de Telde en Lomo Magullo, allí estaban todos, desde Eufemiano, los hijos del Conde, los millonarios ingleses, el capitán Soria, el hijo de la Marquesa, dos hermanos de los Betancores, un sobrino de los Melianes, el párroco de San Juan tenía preparado el sancocho, varias cajas de botellas de ron, vino de El Monte y cerveza, fueron llegando coches negros muy lujosos, camionetas de Falange y el ejército, en menos de media hora no cabía la gente, mientras los vecinos miraban asombrados, nadie se atrevía a salir a la calle, sabían que eran asesinos, que estaban matando en esos meses a miles de hombres justos, por el único delito de pensar diferente, sindicalistas, miembros del Frente Popular, gente buena, gente sana, que no había hecho nunca daño a nadie. Los vecinos, las vecinas del pago miraban desde las ventanas y puertas entornadas con asombro.

Se escuchaban muchas voces, el discurso de Eufemiano, los vivas a Franco, a la Falange, la bendición del sacerdote, su voz ronca de fumador empedernido hablando de “la infinita misericordia de nuestro señor Jesucristo que nos da fuerza en esta Santa Cruzada”. El jubilo generalizado, los brindis y las borracheras entre risas, carcajadas ante las bromas generalizadas, una inmensa felicidad vestida de azul y negro, entre galones, boinas, correajes y pistolas al cinto.

Cuando ya la cosa estaba ardiendo y todo olía a ron y vino, a pescado salado, a mojo verde y carne asada, alguien tocó la campana de la puerta, una mujer vestida de negro, más mayor para los años que tenía,  todos miraron, era la madre de Julio Rosas, el joven cartero de Tirajana, desaparecido hacía dos semanas. 
La mujer se plantó en la entrada muy seria. –¿Da su permiso mi amo? Solo es un momento, -le dijo con los ojos llorosos a uno de los hijos del conde- El joven hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. La mujer entró despacio, era pequeñita, apenas metro y medio de altura, un pañuelo marrón-oscuro en su cabeza, repleta de arrugas, llegó a la altura de la parrilla, varias risas de los fascistas, uno haciéndole muecas por detrás sin ella darse cuenta, caras de burla y sonrisas. 
–¿Saben dónde está mi hijo señores? Hace dos semanas que no sé nada, desde que ustedes se lo llevaron de mi casa de madrugada, -dijo hablando con una voz perdida, rota, triste, impregnada de lágrimas en casa silaba-

Un silencio como de siglos se hizo en la estancia, hasta la parranda que tocaba el timple se detuvo por un momento, todos los hombres miraban a aquella insignificante mujer, una madre, la madre de un pueblo masacrado, vilipendiado, asesinado por un terror añejo, que venía de los tiempos de la sanguinaria conquista de las islas.

La mujer no se iba, nadie contestaba, solo el capitán Soria, el joven militar teldense se levantó de su silla y le puso un brazo por encima a la señora –Márchese si no quiere tener problemas usted también, -dijo con un tono conciliador- 
Mercedita Valido lo apartó con un grito –No me toques asqueroso, tu eres uno de los que se lo llevó, yo quiero a mi hijo ahora, díganme donde lo puedo encontrar, -hablaba y lloraba a la vez, mientras el militar la agarró por el cuello y le dio una fuerte bofetada. 
La pobre Mercedes cayó al suelo con el labio partido, se secó la sangre con la manga, miró a los hombres y se levantó taciturna, tambaleándose atravesó la puerta de la casa del cura, volvieron las risas, las ironías, ella se paró en el portal, los miró de nuevo, no dijo nada, solo salió calle abajo, por la empedrada vía que iba para el Barranco de Los Cernícalos. 
En la curva la esperaba una de sus hijas, Alicia la abrazó, también vestía de negro, las dos caminaron abrazadas hasta perderse sin hablar tras la valla de la finca de tomateros, más arriba comenzaba la parranda de nuevo, los timplistas y guitarristas reanudaron la fiesta, la música canaria, entre vivas a España y al glorioso Movimiento Nacional."           (Viajando entre la tormenta, 06/11/2015)

27/2/10

Para contar desaparecidos del franquismo... contar los huérfanos...

"Unos 100 vecinos de Écija fueron fusilados tras el golpe. Otros 200 fueron represaliados. Son datos que ha reunido Carmen Jiménez Aguilera, licenciada en Historia. Junto a su hermana Ángeles, esta ecijana lleva dos años poniendo nombre y apellidos a los fusilados ecijanos bajo el franquismo. (...)

Esa noche, el oficial Tello González de Aguilar lee el bando de guerra en la plaza del Salón. Allí cayó el primer asesinado, un vecino apodado El Hormiguita que, tras la lectura del bando militar, gritó "¡Viva el ejército rojo!". González de Aguilar le pegó un tiro. (...)

"Casi todos estos muertos no existen", señalan Carmen y Ángeles. "Son desaparecidos, porque en el registro no aparecen y, por tanto, no están oficialmente muertos". Sólo el recuerdo y el testimonio de sus familiares permite decir que fueron asesinados. (...)

Ni se mató a todos el mismo día ni en el mismo sitio. "Igual hay grandes fosas que pequeños enterramientos", añaden. Tampoco se hizo un archivo fiable. El registro se hizo en papelitos. Por ejemplo, así se inscribió el nombre de Tamarit Martel. Una curiosidad: cuando el fusilado tenía titulación, se le añadía el don.

Para poder certificar esas desapariciones, las dos hermanas han recurrido al registro del orfanato de la época, donde constan más de 70 expedientes de niños que no tenían padre "porque estos fueron fusilados o eran desaparecidos" (Dos hermanas rescatan los nombres de los cien desaparecidos de la Guerra Civil en Écija. ElCorreoWeb.es, 28/08/2009)

11/2/10

La ONU investigará desaparecidos del franquismo

"El Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU investigará la desaparición del policía municipal avilesino Melitón Corral Luengo, represaliado en noviembre de 1937, tras la caída de Asturias, y que puede estar enterrado en una de las fosas comunes de La Lloba (Castrillón). Se trata del primer caso de un desaparecido de la guerra que llega a este organismo de la ONU con sede en Ginebra (Suiza), según el abogado Pablo Vega, que lleva el asunto. La lucha de Pablo Martínez Corral, bisnieto del policía, ha logrado abrir las puertas de la ONU por primera vez a un caso de desaparición en la Guerrra Civil. Junto a este erán analizados otros dos de Sevilla y Almería. (...)

El único pecado de Corral, señala su bisnieto, fue afiliarse a la UGT en 1933 y explicitar por escrito, en septiembre de 1936, su adhesión a la República. Ya en octubre de 1934, durante la revolución, había defendido el Ayuntamiento frente a quienes querían subvertir la legalidad. Tras la ocupación de Asturias por los nacionales, en octubre de 1937, Melitón Corral, sabedor de que sería depurado, entregó su pistola y su placa. (...)

Unos días después, el 12 de noviembre, indica su bisnieto, fue detenido por una patrulla de Investigación y Vigilancia, integrada por falangistas y guardias civiles al mando del agente Carbonero, que moriría un mes después, en diciembre, en un oscuro incidente que ilustra, según Martínez Corral, la soterrada división del bando nacional. Fue la última vez que se le vio vivo. Melitón Corral fue llevado a la finca Pedregal, un «chupadero» cuya mención aún despierta terror entre las personas que vivieron aquella época. «Es de suponer que allí fue maltratado y torturado. Es en la finca Pedregal donde se pierde su pista. Se supone que luego lo asesinaron, como hicieron con otros muchos, y que está enterrado en una de las tres fosas comunes de La Lloba, o en el pinar de Salinas, donde también fueron sepultados los represaliados», señala Martínez Corral.

El historiador, que tiene 29 años, comenzó a interesarse por el caso de su bisabuelo en 2002, una vez licenciado. Buceó en los archivos, incluida la Causa General, y no encontró ningún crimen atribuido a Melitón Corral, por lo que supone que «su único delito fue ser leal al Gobierno republicano». El joven ha intentado sin éxito que el Ayuntamiento de Avilés, que en su día le depuró, le restaure en toda su dignidad. Paralelamente, hay abierto un proceso en un Juzgado de Avilés. (...)

Las cifras de la represión franquista en esta ciudad apabullan. «Hay entre 260 y 300 desaparecidos del bando republicano, supuestamente asesinados. Además, de los 400 juzgados por tribunales, fueron fusiladas otras 150 personas», indica Martínez Corral, que no niega tampoco los asesinatos cometidos por el bando del Frente Popular. El primer republicano juzgado por los nacionales fue el poeta Lumen, asesinado el 12 de noviembre, el mismo día que desapareció Melitón.

La finca Pedregal ha pasado a la historia como una auténtica casa de los horrores. «Pocos salieron vivos de ella», indica el joven historiador. Un disparo en la cabeza era el destino último de quienes no morían durante los brutales interrogatorios. El objeto de la lucha judicial de Martínez Corral es rehabilitar a su bisabuelo y «saber por lo menos dónde están sus restos, aunque no puedan recuperarse». Para este joven, «hay que pasar página, pero antes hay que leerla». Y hacer justicia a las otras víctimas. Por ejemplo, a su abuelo, José Luis Corral, huérfano con 6 años, que tuvo que dejar de estudiar para trabajar, porque no había ingresos en casa. «Son la generación víctima, tuvieron que levantar España en las condiciones más horribles». (lne.es, Miércoles 28 de octubre de 2009)

31/1/10

Desaparecidos

"La primera etapa de la represión, la del terror caliente que se inició el mismo día del golpe, no fue –contra lo que tantas veces se ha dicho– una matanza protagonizada por bandas incontroladas de falangistas. Al contrario, esta represión inicial al amparo de los bandos declaratorios del estado de guerra, era minuciosamente controlada en cada municipio y provincia por los comandantes militares y delegados de Orden Público. Durante esa primera fase, que se prolongó hasta marzo de 1937, perdió la vida la mayor parte de las víctimas del suroeste.

Lo ejemplifica la provincia de Huelva, donde 5.633 hombres y mujeres fueron asesinados por aplicación del bando de guerra, frente a los sólo 386 condenados a muerte en consejo de guerra. La mayor parte fueron enterrados en fosas comunes en cementerios, cunetas y descampados. Casi ninguno se inscribió en el Registro Civil. Algunos se registraron durante la posguerra y primeros años de la democracia, pero se estima que son dos tercios los que nunca lo hicieron. Han transcurrido más de setenta años desde que fueron asesinados y legalmente siguen siendo meros desaparecidos, incluso cuando sus restos han sido exhumados, mientras la actual ley del Registro Civil impide o dificulta su inscripción." (ARICO: Esposición 'todos los nombres')