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20/1/17

Zygmunt Bauman: “Si algo en nuestro orden social hizo posible que ocurriera el Holocausto en 1941, no podemos tener la certeza de que ese algo haya desaparecido desde entonces”

"El fallecimiento de Zygmunt Bauman obliga a actualizar lo que escribió en 1989 sobre el Holocausto. El motivo ha sido que el pasado mes de noviembre, un Juzgado de la provincia de Soria abrió un proceso penal por “asesinato” ante el conocimiento de que un una fosa común podían hallarse los restos de personas presuntamente asesinadas en 1936 por las fuerzas sublevadas.

 En su obra Modernidad y Holocausto analiza exhaustivamente los múltiples significados del Holocausto del pueblo judío y, sin obviar, la enorme tragedia que representó para ese pueblo “la bestialidad de los nazis”, dirige también su atención al Gulag y a Hiroshima. 

Porque, en estos tres supuestos, a los que deberíamos añadir los terribles crímenes cometidos por el franquismo, se expresa la capacidad humana para hacer el mal y los recursos que se instrumentan, en función de los procesos históricos, para, en algunos casos, banalizarlo.

Así lo expresaba: ”El Holocausto se gestó y se puso en práctica en nuestra sociedad moderna e industrial, en una fase avanzada de nuestra civilización y en un momento culminante de nuestra cultura y, por esta razón, es un problema de esa sociedad, de esa civilización y de esa cultura”. Mucho más allá, por tanto, de simplificaciones como reducir su alcance a un “Estado odioso llamado Tercer Reich” o a una “enfermedad alemana”. 

Y añadía que, más grave aún, ha sido que “el mensaje que contiene el Holocausto sobre la forma en que vivimos hoy… se ha silenciado, no se escucha y sigue sin transmitirse”. Exactamente, es lo que ocurre hoy en nuestro país sobre las violaciones masivas y sistemáticas de los derechos humanos cometidas por la dictadura franquista pese a la vigencia de la Ley de la Memoria Histórica que, muy moderadamente, trata de reparar a las víctimas de aquellas violaciones.

Porque, analiza Bauman, el Holocausto fue el resultado de un conjunto de factores como “el monopolio de la violencia ”y la ausencia de “instituciones no políticas de la autoregulación social” que, aún hoy, persisten y son capaces de producir “efectos potencialmente horribles”.

Pero, además, concurren otros factores que han sido decisivos para garantizar la impunidad de los crímenes más terribles. Así lo expone Bauman, en unos términos que serían perfectamente aplicables a los cometidos aquí, por los criminales franquistas. Dice así: “Alemania perdió la guerra y, por tanto, los asesinatos cometidos bajo las órdenes alemanas se han definido como crímenes y violaciones de reglas morales que trascienden la autoridad del poder del Estado.

 La Unión Soviética se encontraba en el bando de los vencedores; por tanto, los asesinatos autorizados por sus dirigentes, aunque igual de odiosos que los alemanes, todavía están esperando recibir un trato semejante y eso a pesar del profundo esfuerzo de la era de la glasnost.

 Aunque solo se han descubierto algunos de los terribles misterios del genocidio de Stalin, ahora sabemos que los asesinatos en masa en la URSS fueron igual de sistemáticos y metódicos que los practicados más tarde por los alemanes y que las técnicas que utilizaron los Einsatzgruppen las probó primero a escala masiva la formidable burocracia de la NKVD”.

 Y cita como referencia el descubrimiento en Bielorrusia de “fosas comunes descubiertas cerca de las grandes ciudades… que se habían llenado entre 1937 y 1940 de cientos de cadáveres”. Se puede suponer que los “liquidaron sin juicio”.

 Es lo que ocurrió tras la sublevación fascista de 1936 y, el transcurso de ochenta años, con más de cien mil personas enterradas en las cunetas después de ser asesinadas, no genera ninguna reacción decisiva y enérgica del Gobierno y las Autoridades judiciales para enfrentarse a esa realidad, consecuencia directa de un genocidio. 

Por ello, y otras muchas razones, no es de extrañar que Bauman insista en que el problema del Holocausto “no puede circunscribirse a la investigación histórica o a la contemplación filosófica”. “Si algo en nuestro orden social hizo posible que ocurriera el Holocausto en 1941, no podemos tener la certeza de que ese algo haya desaparecido desde entonces”.               (Carlos Jiménez Villarejo, 13/01/17)

2/1/12

El hambre fue el método más frecuente de asesinato en masa en los años treinta y cuarenta, "antes que las balas y el gas"

"Los crímenes de Stalin se asocian con Rusia y los de Hit-ler con Alemania, pero la zona más mortífera de la Unión Soviética fue su periferia no rusa, mientras que los nazis mataban generalmente fuera de Alemania.

"Se suele identificar el horror del siglo XX con los campos de concentración, pero no fue en ellos donde murió la mayor parte de las víctimas de los dos regímenes", explica el historiador Timothy Snyder (EEUU, 1969) en Tierras de sangre. 

Europa entre Hitler y Stalin, ensayo publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. "Ese malentendido en cuanto a los lugares y a los métodos de los asesinatos en masa nos impide percibir todo el horror del siglo XX", asegura.

Los crímenes de Stalin se asocian con Rusia y los de Hit-ler con Alemania, pero la zona más mortífera de la Unión Soviética fue su periferia no rusa, mientras que los nazis mataban generalmente fuera de Alemania.

"Se suele identificar el horror del siglo XX con los campos de concentración, pero no fue en ellos donde murió la mayor parte de las víctimas de los dos regímenes", explica el historiador Timothy Snyder (EEUU, 1969) en Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin, ensayo publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

"Ese malentendido en cuanto a los lugares y a los métodos de los asesinatos en masa nos impide percibir todo el horror del siglo XX", asegura.

 Esta historia de asesinato político en masa recalca que en los campos de concentración alemanes murieron "en torno a un millón de personas sentenciadas a trabajos forzados". Snyder reconoce que no puede hacerse una distinción exacta entre los campos de concentración y los centros de exterminio, porque también en los campos se ejecutaba o se mataba de hambre a las personas.

Pero aún así distingue: en las cámaras de gas, en las zonas de hambre y en los campos de exterminio alemanes "murieron diez millones de personas".

En cuanto al gulag: un millón de vidas truncadas por agotamiento y enfermedades, entre los años señalados. Pero en los campos de exterminio y las zonas de hambre soviéticas murieron seis millones de personas, de las cuales unos cuatro millones perecieron en estas tierras de sangre.

"El 90% de los que entraron en el gulag salió con vida. La mayoría de los que entraron en los campos de concentración alemanes también sobrevivió", defiende atrevido Snyder en el libro, para quien hay una diferencia entre "ser sentenciado a un campo y ser sentenciado a muerte, entre el trabajo y el gas,entre la esclavitud y las balas". (...)

El hambre fue el método más frecuente de asesinato en masa en los años treinta y cuarenta, "antes que las balas y el gas". La cuarta parte de las 14 millones de víctimas fue asesinada, según Snyder, antes de que empezara la II Guerra Mundial. La inanición, verdadera arma de destrucción masiva.

"El hambre es una manifestación terrible del control político. Se requiere una gran cantidad de poder para conducir a un pueblo a la inanición", reconoce el profesor en la Universidad de Yale a Público.(...)

 Según sus cálculos, el régimen estalinista asesinó a unos seis millones de personas deliberadamente y el régimen nazi a 11 millones. "Si añadimos a todas estas personas aquellas que perecieron por enfermedad o hambre en los campos de concentración, el número aumenta a alrededor de nueve millones de personas más para los soviéticos y unos 12 millones para los alemanes", aclara el historiador. Naturalmente, a esos números estremecedores hay que sumar la muerte de los militares.

"Estas son una responsabilidad alemana", señala Snyder para destacar la liquidación nazi. Curiosamente, esta fue también la parte del mundo más mortífera para los soldados: alrededor de la mitad de las bajas militares de la contienda cayeron allí.

Belzec, Sobibor, Chelmno, Treblinka, Auschwitz y Majdanek, territorios del mal. Lugares en los que se aceleró el exterminio judío a partir de 1941, cuando la guerra no iba como Hitler había imaginado. Y todavía podía haber sido más horrible: la versión original de la "solución final" de Hitler debía tener efecto después de la guerra.

Con la victoria, preveía la aniquilación de "30 millones de civiles, que habrían muerto de hambre durante el primer invierno". "El riesgo de asociar esto al mal es que lo deshumanizamos y dejamos de entender lo que los humanos son capaces de hacer", advierte.

Por si todo esto fuera poco, por si se pensaba que las fotografías y filmaciones de los campos de concentración alemanes eran la cúspide del espanto, Timothy Snyder las califica de "atisbo" del pánico. Porque nadie pudo dar testimonio de las "tierras de sangre".

"Las fuerzas británicas y estadounidenses liberaron campos de concentración alemanes como Belsen y Dachau, pero nunca llegaron a ninguno de los centros de exterminio importantes", añade, para señalar que la verdadera dimensión de las matanzas ha tardado en llegar y otras se han perdido.

Los crímenes del estalinismo quedaron sin documentar y las fuerzas aliadas "nunca vieron ninguno de los lugares donde los alemanes perpetraron sus masacres". Y, aún así, nadie puede olvidarlos."                   (Público, 02/02/2012)

19/1/10

Los nazis intentaron que el Holocausto fuera un crimen perfecto



"Por fortuna para Kertész, su experiencia como deportado no se refiere tanto a Auschwitz como a Buchenwald, que era un campo de concentración, no de exterminio. Y hay que diferenciar unos campos de otros.

P. ¿Cómo se diferencian en Shoah?

R. Quise que fuera una película sin cadáveres, porque en los campos de exterminio no los había. En un primer periodo los enterraban, pero inmediatamente comenzaron a incinerarlos. Los nazis intentaron que el Holocausto fuera un crimen perfecto, y es en ese intento de borrar las huellas donde han querido apoyarse los negacionistas.

P. Lo que plantea Benigni, y apoya Kertész, es la conversión del Holocausto en tema cinematográfico como medio para conservar el recuerdo, la memoria.

R. Muchos artistas y cineastas lo han intentado después de Shoah. La película del rumano Radu Mihaileanu, El tren de la vida, es muy distinta de la de Benigni, y está bien. Cada director ha hecho su aportación de acuerdo con sus propias posibilidades, pero creo que nunca habrá otra película parecida a Shoah. No habrá ese algo inmortal que refleja y del que hablaba hace un instante.

P. La última película de Andrej Wajda, Katyn, extiende la mirada hacia el horror soviético.

R. No me parece que la película de Wajda sea formidable. Últimamente se comparan con frecuencia los campos soviéticos a los campos de exterminio. Los soviéticos eran, sin duda, el horror absoluto, en esos campos se cometieron crímenes atroces por parte de Stalin. Pero el Gulag y los campos de exterminio son cosas distintas. Y el proyecto fundamental que había detrás, también. Al principio, el comunismo pretendía la emancipación humana, y el nazismo, la superioridad de unos seres humanos sobre otros. No se trata de defender nada, sino de constatar la diferencia y de conservar la especificidad de los hechos históricos. (...)

P. ¿No le llama la atención que en todas partes se siga mirando hacia atrás?

R. Vivimos en un mundo que no sabe adónde va. El futuro es sombrío y, por eso, en el inicio del siglo XXI pasamos el tiempo ocupándonos del XX. No hacemos otra cosa." (CLAUDE LANZMANN Director de 'Shoah': "Vivimos un mundo que no sabe dónde va". El País, ed. Galicia, cultura, 18/01/2010, p. 39)