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18/3/24

Ángel Viñas: "Franco robó lo suyo, una fortuna de 388 millones de euros en 1940... una fortuna comparable, aunque a escala mucho más modesta, al de su secreto modelo: un tal Adolf Hitler"

 "(...) Y, volviendo al dicho brasileño, ¿Franco robó?

Hombre, Franco robó lo suyo, pero sobre todo permitió que la élite del régimen robase todo lo que pudo. En 1940, Franco tenía una fortuna equivalente a unos 388 millones de euros. No está mal…

[Ángel Viñas alude en La forja de un historiador a los orígenes de la fortuna de Franco, entre ellos la venta de seiscientas toneladas de café donadas por el dictador Getúlio Vargas al pueblo español. La procedencia del dinero y sus inversiones —en una "propiedad rústica en los alrededores de Madrid", por ejemplo— ya figuraban en el último capítulo de su libro La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco (Crítica), titulado Franco se hace millonario en la guerra y en la posguerra de la represión.

En La forja de un historiador, redondea al alza la cifra que ofrece en esta entrevista y en La otra cara del Caudillo, unos 34 millones de pesetas de la época. "Naturalmente, el comportamiento financiero de Franco en aquella época fundacional —que alcanzó una fortuna en 1940 equivalente a unos cuatrocientos millones de euros, utilizando los coeficientes de conversión popularizados por el profesor y banquero José Ángel Sánchez Asiaín— era comparable, aunque a escala mucho más modesta, al de su secreto modelo: un tal Adolf Hitler", escribe Ángel Viñas] (...)"                 (Henrique Mariño, Público, 13/03/24)

11/12/23

La enorme diferencia que ofrecen ambas represiones, la franquista y la republicana, es que si en la época de guerra se produjeron crímenes execrables fueron cometidos a contrapié de las autoridades republicanas... No fue así la represión franquista que se trató, en todo momento, de un sistema represivo previsto y concebido para la eliminación física del adversario. Se trataba de eliminar a las personas que profesaban ideologías democráticas... Fue ejecutada y concebida desde la cúspide del poder. Absolutamente todas las sentencias de muerte producidas durante el franquismo fueron firmadas por la mano del general Franco, de notable impiedad hacia los reos. Recordemos que los últimos fusilamientos políticos se realizaron en 1975... hubo una ejecución colectiva en el patio de la prisión provincial a garrote vil de siete hombres. Había espectadores, que contemplaban la terrible agonía de los ajusticiados coreando con risotadas su muerte

 "Contaremos alguno de los ejemplos que nos han narrado: Manolita Pescador, joven de Monte, de solo 19 años fue fusilada el 17 de noviembre de 1937, su delito fue pasearse por el pueblo con un pistolón haciendo alarde de republicanismo. Fue asesinada junto a diez mujeres más en Ciriego. 

El 25 de mayo de 1938 hubo una ejecución colectiva en el patio de la prisión provincial a garrote vil de siete hombres. Había espectadores, que contemplaban la terrible agonía de los ajusticiados  coreando con risotadas su muerte. 

El resto de la población penal de la cárcel sentía todo a través de las ventanas con el consiguiente pavor que debía producirles la vileza del espectáculo macabro.

 Se considera que fueron más de  mil las personas “paseadas” en Santander en los primeros meses de la entrada fascista.

El doctor Madrazo ejemplifica mejor que mil explicaciones el espanto de ese régimen criminal. Fue detenido el buen médico, contando 87 años. Su delito era ser librepensador, masón y hombre de ciencia además de desarrollar su hospital en la Vega de Pas, renovando el ideario de higiene y salud hospitalaria. Estuvo preso durante cinco años en Tabacalera, sin apenas comida,  prácticamente tendido, debido a su edad y sus achaques, en una camilla. Cuentan testigos que han recogido historiadores,  que las monjitas que andaban cerca le humillaban diciendo que estaba endemoniado, que nadie se acercara ni le tocara. Le mantuvieron prisionero hasta que viendo que se moría le soltaron…muriendo cinco días después con 92 años.

La enorme diferencia, que a mi juicio, ofrecen ambas represiones es que si en la época de guerra se produjeron crímenes execrables fueron cometidos a contrapié  de las autoridades (discutible en el caso de Neila, puesto que nadie frenó su terror) No fue así la represión franquista que se trató, en todo momento, de un sistema represivo previsto y concebido para la eliminación física del adversario. 

Se trataba de eliminar a las personas que profesaban ideologías democráticas, a saber: liberales, republicanas, anarquistas, socialistas o comunistas.  Se trató de “limpieza ideológica” y en las zonas con nacionalismos comunitarios, «limpieza étnica». Fue ejecutada y concebida desde la cúspide del poder. Absolutamente todas las sentencias de muerte producidas durante el franquismo fueron firmadas por la mano del general Franco, de notable impiedad hacia los reos. Recordemos que los últimos fusilamientos políticos se realizaron en 1975.

 La represión sistémica se demuestra con la consideración de que poblaciones como Navarra (3000 asesinados)  A Coruña (1421 ejecutados) Pontevedra (1114 ejecutados) Valladolid (1321 ejecutados) Zamora (1269 ejecutados) todas ellas zonas sublevadas donde no se produjo ninguna represión republicana. Es decir, entraron y asesinaron sin más causa o motivo que el ideológico.

Los batallones de trabajo fueron norma común utilizando la labor  esclava de detenidos. A finales de 1938 existían en España, 120 batallones de trabajo integrados por 90.000 prisioneros, que enriquecían a empresas privadas y reconstruían un país que la guerra y los golpistas habían destruido.

 Por no hablar del concepto de “gen rojo” que dio origen al terrible robo de bebés. Comenzado como acto de “salvación” de los hijos de rojas, los bebés nacidos en prisión eran entregados a familias adeptas al régimen. Al poco tiempo se descubre el pingüe negocio que supone la venta de esos bebés a familias sin hijos con lo que se concibe una labor empresarial que dura hasta hace bien poco y ha costado mucho erradicar.

 También citaremos al Patronato de Protección a la Mujer, documentado anteriormente como el genocidio más espeluznante emprendido por un estado fascista contra mujeres y sobre todo niñas. Aunque el franquismo solo hubiera realizado los crímenes que se cometieron bajo el epígrafe de la protección a mujeres y niñas, ya merecería la condena de la historia por genocidio sistematizado y debiera ser juzgado por los tribunales internacionales.

https://www.lapajareramagazine.com/historia-de-un-genocidio-patronato-de-proteccion-a-la-mujer

En Cantabria los fusilamientos duraron hasta el treinta de abril de 1948, cuando fueron ejecutados en Ciriego cinco maquis pertenecientes a la Brigada Pasionaria. En febrero de 1956, se ejecutó a  un chico de diecisiete años implicado en un robo en donde se mató a un policía.

Hubo muchos crímenes como los realizados en las personas de  los maquis, bien fuera aplicando la ley de fugas o simplemente cazados y asesinados en el momento, como los más conocidos como Paco Bedoya (1957) Juanín(1956) pero las ejecuciones duraron hasta ese momento. Las torturas, vejaciones, violaciones fueron sistemáticas y podemos dar fe que duraron hasta muy entrada la Transición. El Patronato de Protección a la Mujer, duró hasta 1984.

Por todo ello, consideramos que no puede silenciarse y ampararse con la impunidad los execrables crímenes genocidas perpetrados por una de las dictaduras más sangrientas que han existido, y que las víctimas sean reconocidas y dignificadas como se hizo con las del bando republicano sin distinción ideológica ninguna. Hacemos constar que siguen en fosas más de 130.000 personas sin identificar, muchas de ellas en Cantabria y lo que se ha logrado hasta ahora ha sido gracias a la labor de Asociaciones y personas relacionadas con la Memoria en tareas y esfuerzos personales. Exigimos reparación y justicia así como castigo ejemplar a los culpables para NUNCA MÁS pueda volver a pasar lo que se vivió en nuestro país durante gran parte del siglo XX."                 (María Toca, eldiario de Cantabria, 03/12/23)

14/7/23

‘Órdenes del general Franco. Las familias de los marinos amotinados de la flota republicana pirata serán arrestadas en Cádiz y retenidas como rehenes, y si se bombardea alguno de nuestros puertos, serán ejecutadas. Nuestras gloriosas tropas avanzan hacia Málaga’

 "(...) Veamos cuándo empezó tamaña aberración. En abril de 1936, el general Mola (según algunos autores, el verdadero cerebro de los golpistas) dictó unas directrices secretas en las que dejaba clara la estrategia que desarrollarían tras el golpe de Estado: «Es necesario propagar una atmósfera de terror. Tenemos que crear una impresión de dominación. Cualquiera que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado». Ordenaba “eliminar los elementos izquierdistas: comunistas, anarquistas, sindicalistas, masones…”. El objetivo era “el exterminio de los enemigos de España”.

Posteriormente el 27 de julio de 1936, en Tánger, el periodista norteamericano Jay Allen entrevistó a Franco. Aquí recojo un par de preguntas con las respuestas dadas por el golpista:

– “ Entonces, ¿ninguna tregua, ningún acuerdo es posible?

-No, decididamente, no. Nosotros luchamos por España. Ellos luchan contra España. Seguiremos cueste lo que cueste

– Tendrá que fusilar a media España.

Negó con la cabeza, sonrió y luego, mirándome fijamente, dijo: ‘He dicho cueste lo que cueste’.

Mientras hablábamos, la radio sonaba monótona:

‘Órdenes del general Franco. Las familias de los marinos amotinados de la flota republicana pirata serán arrestadas en Cádiz y retenidas como rehenes, y si se bombardea alguno de nuestros puertos, serán ejecutadas. Nuestras gloriosas tropas avanzan hacia Málaga’.

-¿Qué les pasará a los políticos de la República?

-Tendrán que ponerse a trabajar –dijo sencillamente”.

A esta respuesta, Jay Allan apostilla lo siguiente: “Esta noche, en Tetuán, me he enterado de que todos los partidarios principales del Frente Popular en Ceuta, Tetuán y Melilla están encadenados y trabajando en las carreteras bajo el sol abrasador del verano.

A los pocos días de empezar la contienda, el general Emilio Mola insistía en la necesidad de una intervención por la vía de la violencia en Radio Pamplona: “¿Parlamentar? ¡Jamás! Esta guerra tiene que terminar con el exterminio de los enemigos de España […]. Quiero derrotarlos para imponerles mi voluntad, que es la vuestra, y para aniquilarlos”

Según el oficial de prensa de Franco, Gonzalo de Aguilera, había que “matar, matar y matar hasta terminar con un tercio de la población masculina de España”. (...)"               (Esperanza Negueroles, Rivasactual, 02/07/23)

22/2/23

Una exposición bajo el título de 'Incautados' muestre las obras de las que se apropió el franquismo mediante amenazas o violencia y explica el modus operandi del proceso de represión -patrimonio- que llevaron a cabo las instituciones franquistas... "fueron en la mayoría de los casos operaciones de saqueo y botines de guerra obtenidos a punta de pistola"... "Muchas familias republicanas tenían bienes patrimoniales importantes y salieron en muchos casos escopetadas para salvar la vida dejando atrás muchas cosas. Algunas han llegado a estos museos, pero sabemos que otras se han quedado en el patrimonio de la familia del dictador, que allí donde iba arrasaba con todo el patrimonio... La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica propone al Museo del Prado hacer una exposición con la obra incautada por la dictadura franquista... "Se podría aprovechar para relatar la gran operación de saqueo que fue el franquismo"

 "Joaquín Sorolla, Gutiérrez de la Vega, Brueghel el joven, Federico de Madrazo y Kuntz, Pedro Atanasio Bocanegra. Pintores de diferentes épocas con una conexión inesperada: el Museo del Prado conserva en sus fondos obras de todos ellos (y otros muchos) que fueron incautadas durante la Guerra Civil y el franquismo. De hecho, la pinacoteca investiga actualmente la procedencia original de 62 obras de arte de esos fondos, de las que 25 piezas -23 pinturas, un reloj y un frutero- provenían de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional, creada en 1939.

Esta Comisaría General fue heredera del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, creado por un decreto firmado por el dictador Francisco Franco, del 22 de abril de 1938, destinado a "reorganizar el servicio de recuperación del Patrimonio artístico nacional y también de las obras de arte de propiedad de particulares sometidas a los azares de la guerra", tal y como puede leerse en el BOE. 

Cabeza de mujer con mantilla blanca, de Joaquín Sorolla, es una de esas 25 obras que ya se sabe a ciencia cierta que fueron incautadas durante la Guerra Civil y el franquismo (el resto se sigue investigando). Se trata de un óleo sobre lienzo fechado hacia 1882, con 48 centímetros de alto y 33 de ancho. Adscrita al Museo de Arte Moderno, procedente de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional en 1943, actualmente está en depósito en el Museo del Ampurdán de Figueras.

Otro cuadro en esta situación es Paisaje nevado, atribuido a Jan Brueghel, El Joven. Un óleo sobre tabla de 45 por 76 centímetros fechado después de 1625, que representa la vida de una aldea durante un día frío de invierno, y que no se encuentra actualmente expuesto, si bien está adscrito al Museo del Prado, procedente de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional en 1941.

José Gutiérrez de la Vega tiene un total de cuatro obras de su autoría que fueron incautadas durante el franquismo. A saber: Alegoría del Antiguo Testamento (óleo sobre lienzo, hacia 1844), El canónigo José Olcina y Macía, caballero de Montesa (óleo sobre lienzo, 1845-1848), Dama con abanico (óleo sobre lienzo, hacia 1845) y Alegoría del Nuevo Testamento (óleo sobre lienzo, también hacia 1844).

Desde la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional llegaron también hasta el Prado a lo largo de los lustros otras obras de Federico Madrazo y Kuntz (Retrato de caballero, 1855), Eugenio Lucas Velázquez (Encadenada, 1850), Joost de Momper II (Paso de un río, siglos XVI-XVII), Pedro Ruiz González (Cristo en el Pretorio, 1673), Rodrigo de Osona y Francisco de Osona (La natividad, 1490; y Adoración de los Reyes Magos, 1490), François Boucher (Amorcillos jugando con un pichón, siglo XVIII; Amorcillos vendimiando, siglo XVIII), Adriaen Isenbrandt (Cristo varón de dolores, 1525-1550), Pedro Atanasio Bocanegra (La Virgen con santos y ángeles, siglo XVII; La Virgen con santos, siglo XVII), Giuseppe Bonito (Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, 1759) y Manuel de Castro (La huida de Egipto, 1697).

También figuran un frutero y un reloj procedentes de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional, así como dos óleos anónimos del siglo XVII. En lo referente a las pinturas, 17 fueron entregadas al Museo del Prado por la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional entre 1940 y 1942; cinco pinturas entregadas al Museo de Arte Moderno, procedentes de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional (1942). Además, otra pintura, la mencionada de Sorolla, fue entregada al Museo de Arte Moderno, procedente de la Comisaría General del Patrimonio Artístico Nacional (1943), pero quedó en el Museo de Arte Contemporáneo y pasó al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, desde donde se adscribió al Museo del Prado en 2016 por reordenación de colecciones. 

Junto a estas, el Prado tiene además once pinturas (depositadas entre 1936 y 1939) por la Junta Delegada de Incautación del Tesoro Artístico y otras 26 pinturas, en general muy deterioradas, depositadas en fechas desconocida por esa misma junta. Algunas obras cuentan con algún dato alusivo a la procedencia anterior a su incautación, aunque en la mayoría de los casos se desconoce quién era el propietario individual, bien por falta de información de los propios herederos o por el exilio de las familias, entre otras circunstancias.

EXPOSICIÓN

Es esto último, precisamente, lo que lleva a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a proponer al Museo una exposición con la obra incautada por la dictadura franquista. "Se podría aprovechar para relatar la gran operación de saqueo que fue el franquismo", destaca a infoLibre el presidente de la ARMH, Emilio Silva, quien apunta que de un tiempo a esta parte se han publicado noticias sobre devoluciones de patrimonio a sus legítimos dueños, por lo que la investigación puesta en marcha por el Prado "posiblemente es la punta de un iceberg donde hay muchísimas más cosas".

"Hacer esta exposición es una gran oportunidad para explicar toda esa operación del franquismo por controlar el patrimonio y lo que pasó o no pasó con él. Nos parece una acción reparadora simbólicamente, y que puede ayudar incluso a que aparezcan sus legítimos dueños. El Prado está investigando 62 obras, pero en la Biblioteca Nacional hay cientos. Hay 25 obras que ya se saben y luego las que se sospechan, porque si te pones a rascar puede aparecer de todo. Aunque tampoco vemos al Gobierno con intención de devolver a sus legítimos propietarios estas obras", explica Silva.

Así las cosas, la ARMH propone a la pinacoteca que mientras se lleva a cabo la investigación sobre patrimonio incautado que forma parte de sus fondos, se organice una exposición que, bajo el título de Incautados, muestre las obras de las que se apropió el franquismo mediante amenazas o violencia y se explique el modus operandi del proceso de represión -patrimonio- que llevaron a cabo las instituciones franquistas, y la historia de los distintos organismos que se encargaron de recuperar "las obras de arte sometidas a los azares de la guerra", como se decía en el BOE antes citado.

Y es que esos azares de la guerra , tal y como indica Silva, "fueron en la mayoría de los casos operaciones de saqueo y botines de guerra obtenidos a punta de pistola". "Muchas familias republicanas tenían bienes patrimoniales importantes ysalieron en muchos casos escopetadas para salvar la vida dejando atrás muchas cosas. Algunas han llegado a estos museos, pero sabemos que otras se han quedado en el patrimonio de la familia del dictador, por ejemplo, que allí donde iba arrasaba con todo el patrimonio. Pero aquí no se ha hecho una gran investigación sobre qué pasaba con ese patrimonio, que es otra cosa que debería hacer el Gobierno", destaca. 

El Museo de Bellas Artes de Bilbao expone desde el mes de septiembre pasado dos cuadros que fueron incautados por el franquismo al empresario vasco Ramón de la Sota y Llano durante la Guerra Civil y que acaba de restituir a sus herederos el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, después de ser localizados en 2018. Las obras son Retrato de joven caballero, de Cornelis van der Voort, y Retrato de María Cristina de Borbón, de Luis de la Cruz y Ríos. Un caso particular que puede animar a otras familias a tratar de localizar obras que perdieron durante el expolio del franquismo, como ha hecho recientemente el historiador Nicolás Sánchez-Albornoz reclamando "dos cuadros colgados en el Parador de Almagro que le habían sido confiscados a su familia", tal y como apunta Silva.

Una vez presentada su propuesta por registro oficial, el Prado tiene por ley treinta días de plazo para responder a la ARMH, que, más allá de este particular, insta al Gobierno a "revisar todos los sitios donde haya patrimonio cultural", no solo museos, sino también ministerios, edificios públicos o, efectivamente, paradores. "Tienen que rascar hasta el final porque, una vez que se pongan, es evidente que ahí va a caer de todo. Se quemó mucha documentación en los setenta, pero ese Patronato creado en 1938 tenía que tener un archivo y un catálogo. El Estado tiene que buscarlo y sacarlo a la luz. Que se haga una exposición que es interesante en sí misma, pero además puede ayudar a que se conozca esa historia y a que sus legítimos dueños aparezcan y recuperen el patrimonio que les robaron a punta de pistola", termina Emilio Silva.

Mientras tanto, el Prado sigue investigando con un equipo de investigación ad hoc con el catedrático y experto en patrimonio y Guerra Civil, Arturo Colorado, para ampliar el estudio de estos casos y analizar otras posibles incautaciones. El objetivo es aclarar cualquier duda que pudiera existir sobre los antecedentes y el contexto previos a que se produjera su entrada en las colecciones del Prado y, "llegado el caso y cumpliendo todos los requisitos legales, proceder a su devolución a sus legítimos dueños". Las conclusiones de este estudio se publicarán en las próximas semanas, según han confirmado a infoLibre desde el Museo."                   (David Gallardo, InfoLibre, 10/01/23)

23/11/22

José Aranguren, el general gallego de la Guardia Civil que Franco fusiló por no apoyarle... Todos los jefes de la Guardia Civil en Cataluña durante aquel verano de 1936 fueron exterminados sin piedad por Franco...

 "La poco conocida historia de un general gallego que se mantuvo fiel a la República y fue represaliado tras la Guerra Civil: "A Aranguren que lo fusilen, aunque sea en camilla", habría dicho Franco.

 Si algo hemos aprendido de las grandes historias de superhéroes es que estos nacen siempre en los momentos más difíciles. Justo cuando la adversidad parece invencible, cuando la desesperación llega hasta al más fuerte, cuando todo parece perdido, es ahí, sólo en ese momento, cuando los verdaderos héroes nacen. Porque, cuando todo va bien, nadie necesita un superhéroe, pero cuando todo está mal, su valentía y ejemplo pueden cambiarlo todo. Y no sólo por sus acciones, sino por la esperanza que representan. Uno de esos héroes nacía el 19 de julio de 1936, tras una llamada recibida en su despacho de la Consejería de Gobernación de la Generalitat de Catalunya en Barcelona.

 En esa conversación, le pedían que se uniera a la sublevación franquista que acababa de estallar. Este general de la Guardia Civil contestaba que no con la siguiente frase: “Si mañana me fusilan, fusilarán a un general que ha hecho honor a su palabra y a sus juramentos militares”. Este gallego sería fusilado tiempo después, no sin antes haber cambiado la historia. Este es el relato de un héroe olvidado que se enfrentó a Franco para defender a su país: José Aranguren Roldán.

Gracias a la extraordinaria investigación del escritor Lorenzo Silva, que publicó en su no menos magnífico libro “Recordarán tu nombre”, podemos conocer este oculto y escondido relato de la historia de nuestro país, una parte olvidada que es esencial para el conocimiento de lo ocurrido durante una oscura época de España.

José Aranguren Roldán nacía en Ferrol en 1875 y era hijo de un comandante de artillería retirado que falleció cuando tan solo contaba con ocho años de edad, dejándole junto a su madre sumido en la pobreza. La tradición familiar le hizo decantarse por la carrera militar y, tras entrar en el colegio preparatorio de As Pedreiras, en Lugo, ingresa en la Academia de Toledo, con dieciséis años. Tras convertirse en oficial solicita el ingreso en la Guardia Civil con veinte años.

En 1929 era ascendido a coronel y con cuarenta y siete años asume la jefatura de la comandancia de Lugo. Tan solo dos años después, en 1924, marcha a Ceuta como voluntario de la guerra en Marruecos, donde entra en combate y participa en distintas operaciones militares.

Finalizada la guerra comienza a ejercer, en 1932, la jefatura de la Guardia Civil en Galicia, durante año y medio, momento en el que coincide con el que se convertirá, años después en su verdugo: Francisco Franco.

Franco era el general al mando de la 15ª brigada de Infantería de Galicia y las dos familias se visitaban asiduamente en sus residencias de A Coruña para tomar café o charlar sobre su Ferrol natal. Aunque la relación es de respeto y protocolaria debido a los cargos que ostentan, los dos se conocen perfectamente tras haber coincidido en la Academia de Toledo y en Marruecos. Lo que nadie podía saber era lo que ocurriría años más tarde entre aquellos antagónicos hombres.

Aranguren fue ascendido a general de brigada el 31 de marzo de 1936, al frente de la 5ª zona de la Guardia Civil en Cataluña, compuesta por dos tercios y cuatro escuadrones de caballería, que sumaban casi 4.000 guardias civiles. Pero el 19 de julio de 1936 estallaba el alzamiento en Barcelona por parte de las fuerzas franquistas y todo cambió. Aranguren decidió mantenerse leal al gobierno legal de la República y se limitó a seguir órdenes de sus cadenas de mando, que le ordenaron defender la constitución, representada en Cataluña por la Generalitat, frente a los rebeldes que querían acabar con ella. 

Pero alguien quiso cambiar sus convicciones y su lealtad, el general del ejército Manuel Goded Llopis, al que también conocía de su paso por la guerra de Marruecos. Al mediodía del 19 de julio Goded llamó a Aranguren para exigirle que se uniera a la sublevación, ya que los rebeldes necesitaban desesperadamente a la Guardia Civil en su causa. Llegó a amenazar con fusilarle, a lo que el gallego contestó: “Si mañana me fusilan, fusilarán a un general que ha hecho honor a su palabra y a sus juramentos militares. Si le fusilan a usted, fusilarán a un general que ha faltado a su palabra y su honor”.

Goded siguió insistiendo y amenazando a Aranguren de que tenía que unirse al ejército para combatir a los rebeldes. Aranguren dejó clara de nuevo su postura: “Aquí no hay más rebeldes que ustedes”. Y colgó.

La decisión del gallego selló la suerte de la rebelión en Cataluña. Dio órdenes de intentar disuadir a los militares, pero éstos no desistieron, así que decidió sacar a sus casi 4.000 guardias civiles para reponer el orden constitucional. Aranguren se puso al frente de una fabulosa fuerza bien armada, preparada y organizada que, junto a miles de personas conmunes, provocaron la rendición y huida de los rebeldes. Su defensa de la República fue clave en el fracaso del golpe en Barcelona y, aunque la ciudad caería en 1939, fue uno de los últimos refugios constitucionales en ser conquistados por Franco.

Tras su incontestable victoria, Aranguren se integró en la Guardia Nacional Republicana y asumió la comandancia militar de Valencia, en cuyo cargo continuó hasta el final de la guerra. Durante los últimos días se negó a abandonar la España republicana, ya que consideraba que no había cometido ningún delito, sino que se había limitado a cumplir con su deber defendiendo el gobierno legítimo de la República.

Pero tras la entrada de los franquistas en dicha ciudad, en marzo de 1939, se refugia en el Consulado de Panamá, donde es detenido el 10 de abril. Y es conducido a Barcelona para ser sometido a un consejo de guerra, una pantomima para condenar a un hombre cuyo único delito había sido defender a su país.

El juicio se despachó en pocos días con testigos falsos y sin permitir al acusado presentar pruebas con las que defenderse. De nada sirvió que su hermano fuera coronel del bando vencedor o que dos de sus hijos hubieran luchado bajo las órdenes de Franco. Fue declarado culpable y condenado a muerte.

A Aranguren le costaba mantenerse en pie y caminar por las lesiones sufridas en un accidente, motivo por el que tenía que permanecer siempre sentado. Cuando le comunican a Franco su detención y su estado de salud, este contesta: “A Aranguren que lo fusilen, aunque sea en camilla”.

Y así fue. A las 5 de la mañana del 21 de abril de 1939, un pelotón de fusilamiento acababa con su vida en el conocido como Campo de la Bota, en Barcelona. Su valentía y entereza se muestra en la última frase que pronunció ante sus verdugos: “Disparad sin temor porque es ya poca la vida que a mí me quitáis”.

Todos los jefes de la Guardia Civil en Cataluña durante aquel verano de 1936 fueron exterminados sin piedad por Franco. Y el motivo estaba muy claro. Estos inesperados e imprevistos héroes habían alterado el guion de una sublevación que querían que fuese épica, rápida e histórica. Pero, sobre todo, aquel general gallego que llevaba 40 años en la Guardia Civil, un hombre ejemplar con una hoja de servicios impoluta y llena de condecoraciones, y todos los que le habían secundado y apoyado en su lucha por el gobierno constitucional, demostraban al mundo, con sus actos, que todavía quedaban hombres buenos."               (Iván Fernández Amil, Quincemil, 20/11/22)

13/6/22

Franco, en 1941, ordenó a los diplomáticos españoles que se mostraran “pasivos” ante las medidas antisemitas de los alemanes. Decantada la contienda internacional a favor de los aliados, el propio Franco recogió los frutos de los embajadores que se habían rebelado peligrosamente contra su mandato y se atribuyó las gestiones que lograron proteger a numerosos judíos... cuando, en la recta final de la II Guerra Mundial, son los Aliados quiénes fuerzan al dictador a que facilite la huida de los judíos por los Pirineos, cosa que hace, permitiéndo que 35.000 crucen la frontera y se salven... y ayudándole a él a salvar su dictadura

 "La idea de Franco como salvador de judíos fue una campaña propagandística ideada por el propio régimen, un “falso mito” desde el punto de vista humanitario, construido para situar a España en el nuevo contexto internacional tras la II Guerra Mundial, y no precisamente por compasión hacia los millones de vidas que fueron exterminadas durante el Holocausto nazi. Es más, en 1941 la dictadura ordenó a los diplomáticos españoles que se mostraran “pasivos” ante las medidas antisemitas de los alemanes. Decantada la contienda internacional a favor de los aliados, el propio Franco recogió los frutos de los embajadores que se habían rebelado peligrosamente contra su mandato y se atribuyó las gestiones que lograron proteger a numerosos judíos, premiando incluso su oportuna desobediencia.  

 Cuando el régimen se decidió finalmente —ahora sí— a facilitar la huida de los hebreos por las fronteras españolas, lo hizo por motivos diplomáticos, tratando de evitar las represalias de los vencedores de la guerra, e incluso con criterios un tanto perversos. Los perseguidos debían cruzar nuestro país “como la luz atraviesa el cristal”, sin dejar rastro, sin opción a quedarse. Es más, llegó a haber intereses económicos hacia los sefardíes más pudientes, puesto que las posesiones de los judíos de pasado español eran los bienes del propio Estado, de la imaginaria Sefarad. Un tortuoso plan de huida para los 35.000 fugitivos cuya salvación terminaría en la nómina de logros del dictador Franco. Hasta ahora.

 El relato que emana de una novedosa investigación, basada en documentación inédita de los consulados, echa abajo sin titubeos el cartel de Franco como benefactor de la causa judía. Así lo ha defendido César Rina Simón, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, en las actividades desarrolladas en Zamora en torno a la figura del poeta León Felipe, una de las primeras voces españolas que subió el volumen frente a la tragedia del Holocausto.

Las conclusiones —que sitúan la estrategia del dictador en la esfera diplomática y política, y no en la caritativa— son parte del estudio compartido por Rina con el catedrático Enrique Moradiellos y el también historiador Santiago López Rodríguez, cuya investigación ha desembocado en la reciente publicación del libro El Holocausto y la España de Franco (Turner).

 El trabajo demuestra que hablar de España y el Holocausto es una cuestión compleja. Tal y como explica César Rina, el antijudaísmo que había germinado en Europa en el siglo XIX —y que acabaría con el antisemitismo y el genocidio nazi en el XX— “llegó tarde a España”. Entre otras cosas, por la huella subyacente que los judíos habían dejado tras su expulsión por los Reyes Católicos en 1492. De hecho, el dictador Miguel Primo de Rivera lanzó un decreto en 1924 para conceder la nacionalidad española a los hebreos que demostrasen su ascendencia española, una medida que, ante la dificultad de las pruebas, únicamente acabaría beneficiando a unas 2.000 personas. 

La II República, la masonería y el comunismo

Pero ese “filosefardismo” caducó de un plumazo con la llegada de la II República en 1931. Los partidos más reaccionarios acusaron a los judíos de estar detrás del nuevo régimen democrático, a través de la masonería y del comunismo. “Aquella propaganda creó un fermento: la República no era un gobierno nacional, sino un régimen internacional al servicio de la causa judía”. Así que la sublevación militar de 1936, continúa el profesor Rina, “no sería una guerra civil, sino una contienda de liberación nacional, de independencia, una cruzada religiosa frente a una dominación extranjera”.

 Un discurso ficticio, pero creíble. Al fin y al cabo, en España ya no quedaban judíos para poder contestarlo. Eso no libró al general Franco de tener que practicar malabarismos para ir apagando fuegos: mientras sus militares proclamaban la causa antijudía, el inminente dictador tranquilizaba a los banqueros hebreos de Tetuán, apoyo económico del alzamiento.

En 1939 la ofensiva contra el pueblo judío subió un peldaño. La Alemania nazi pasa la factura de su apoyo a la sublevación franquista y le pide mayor implicación en su causa. Un encargo que asume Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco y responsable de la política exterior, mientras Franco elude pronunciarse públicamente. “En esa época —entre 1939 y 1942— encontramos documentación que constata la colaboración diplomática española en la persecución de los judíos. En 1941, Suñer ordenó a los embajadores que se mostraran pasivos ante las medidas antisemitas de los nazis, que no se opusieran a ellas”, precisa Rina Simón. (...)

De antijudío a salvador

Pero, ¿cómo podía España borrar su pasado antijudío, ahora que Alemania comenzaba a perder la guerra? Literalmente, borrándolo. “Los discursos de Franco fueron revisados para eliminar todos los elementos que hacen referencia al antijudaísmo”. Pero hay más. En la recta final de la II Guerra Mundial, los Aliados fuerzan al dictador a que facilite la huida de los judíos por los Pirineos, frontera natural entre el país y la Francia sometida por los nazis. El dictador convierte la exigencia en una pretendida cruzada personal: permite la entrada de los hebreos a cambio de no permanecer en territorio nacional y comienza a reconocer el papel de los diplomáticos que han puesto en juego su cargo enfrentándose al Holocausto: Eduardo Propper, Julio Palencia, José Ruiz Santaella, Sebastián Romero o, el más popular, Ángel Sanz Briz.

De ahí nació el mito. Franco se apropió del mérito de haber salvado a 35.000 judíos. “Hoy en día, sabemos que los despachos enviados por el dictador a los embajadores decían todo lo contrario: no los salvó, aunque tampoco los persiguió”, argumenta el profesor extremeño César Rina. “Sanz Briz, por ejemplo, fue obligado a decir que las gestiones que había realizado para la salvación de judíos eran órdenes internas de Franco”, ejemplifica. Las pruebas documentales que ahora salen a la luz conducen hacia esa geometría variable de Franco frente al Holocausto. “La postura fue un mito como salvación humanitaria, se tomó por una cuestión diplomática y pensando en la política internacional”, remata el historiador. 

Entonces, ¿fue Franco antijudío? “¿En qué año?, sería la pregunta correcta”, responde el investigador, quien apunta a la serie de artículos contra los judíos que el general firmó con pseudónimo en 1949 en la publicación franquista Arriba. En su opinión, “después de haber revisado toda esta documentación, creo que Franco era una persona profundamente antijudía, con una convicción heredada del nacionalcatolicismo del siglo XIX, pero sabía que debía limitar sus declaraciones en determinados contextos”. 

León Felipe, primera voz poética 

Mientras el dictador Franco serpenteaba por un complejo laberinto político para consolidar el régimen, en España aparecían las primeras voces de denuncia del Holocausto en el territorio literario de la poesía. Hace ahora una década, la profesora Sultana Wahnón identificó en un poema del autor zamorano León Felipe las primeras alusiones al Holocausto, sin términos expresos sobre el genocidio, los campos de Auschwitz o Ana Frank, pero con metáforas referidas al pueblo judío y al Antiguo Testamento: Job, el Dios Padre o la muy sugerente expresión “Himalaya de cenizas”. 

Aquellos versos se titulaban Que hable otra vez y fueron incluidos por León Felipe en su trabajo Ganarás la luz, de 1943. “Podría ser el primer poema alusivo al Holocausto en la poesía española. Me sentí muy honrada al comprobar que esta teoría se ha aceptado en la Fundación León Felipe y que ha dado pie a una exposición”, manifiesta la catedrática de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Granada.

Para hallar las primeras referencias inequívocas hay que avanzar un poco en el tiempo, hasta los años sesenta. Entonces, León Felipe dedica una sección de ¡Oh, este viejo y roto violín! a denunciar el genocidio perpetrado por los nazis. En cambio, precisa la profesora Wahnón, será Max Aub el autor que más creaciones dedicaría a este tema. “Resulta lógico si tenemos en cuenta que Aub, además de republicano y socialista, era judío”, aclara. Otros escritores, como Jorge Guillén o Rafael Alberti, también se comprometerían con la causa.

En todo caso, los creadores españoles no fueron los críticos más madrugadores en Europa. “Hay una pequeña diferencia con los escritores europeos: la gran literatura del Holocausto en los años cuarenta es obra de judíos, sobre todo, de los supervivientes: Primo Levi, Paul Celan… o la propia Ana Frank”.

Sultana Wahnón explica que “las comunidades judías españolas en Ceuta, Melilla, Madrid o Barcelona eran pequeñas, y no tenían el peso de las europeas”. Sí hubo, puntualiza la catedrática, “avisadores del fuego” en los años treinta. “Eran intelectuales que confirmaban que lo que se decía sobre lo que estaba ocurriendo en Alemania era cierto, como en el caso del periodista Manuel Chaves Nogales o el poeta Antonio Machado”.

Los personajes de un círculo mágico

Más allá de la impecable estética de la exposición Una colección de lágrimas. León Felipe y la tertulia del Holocausto, la muestra que inspira desde Zamora el debate sobre España, el nazismo y los judíos desenvuelve la historia de varios personajes significados en la denuncia del genocidio, cuyas vidas se entrelazan oportunamente como en un juego de prestidigitación. Sus testimonios, que callaban entre los materiales del legado del poeta León Felipe, ven ahora la luz para contar un relato apasionante en varios actos.

 Un grabado conservado remite a la polifacética figura de la española María Teresa Toral, comprometida defensora de la causa republicana, encarcelada en tres ocasiones y salvada de la pena de muerte, in extremis, por las presiones recibidas desde Estados Unidos. La intelectual emigró a México en los años cincuenta y allí, utilizando sus conocimientos como científica y química, experimentó con su gran pasión, el grabado. En el país azteca conoció a otros exiliados, como León Felipe, cuyo poema Auschwitz inspiró un aguafuerte que hoy forma parte de la exposición.

Segundo acto. En 1965, Toral creó otro grabado sobre el tema judío titulado “Sombras de Terezín”, basado en un poema escrito por Pavel Friedman, recluso del campo de concentración situado a las afueras de Praga. Al verlo, un músico y director de orquesta ucraniano de origen judío quedó hipnotizado, y decidió componer la pieza Balada de Terezín, cuyo pentagrama manuscrito también forma parte de la muestra. Se trataba de Lan Adomián, cuya admiración por aquel aguafuerte fue mucho más allá. Empeñado en conocer a la autora, Adomián acabaría casándose con María Teresa Toral. Ambos comparten con León Felipe esa imaginaria “tertulia del Holocausto” cerrando un círculo mágico.

Lo curioso —subraya Alberto Martín, comisario de la exposición— es que el montaje ha renunciado a incluir las todavía hoy dolorosas fotografías del Holocausto nazi que todos tenemos en la retina. En su lugar, explica el coordinador de actividades culturales de la Fundación León Felipe, la sala es “un espacio de reflexión”, casi en penumbra, con predominio del blanco y el negro. Los textos y fotografías de destacados creadores que escribieron contra el nazismo, desde Dámaso Alonso al Premio Cervantes Joan Margarit, rematan esta nueva mirada de un tema inagotable."                  (José María Sadia , eldiario.es, 12 de junio de 2022)

1/6/22

Bebés robados: la Causa General Franquista contra la Mujer... Más de 250.000 niños y niñas fueron sustraídos gracias a la arquitectura jurídica establecida durante el franquismo

 "Por desgracia, es bien sabido que en todas las guerras las mujeres se convierten en botín de depravadas mentes violentas, y en víctimas de los ancestrales ritos de dominación patriarcal que con tanta amargura salpican la historia de la humanidad. Nuestra Guerra Civil no fue diferente, y la mujer, siempre víctima directa de la guerra, pierde a los hombres que conformaban su entorno, compartiendo su sufrimiento y sufriendo su ausencia, y es asaltada en su condición de mujer y en su vulnerabilidad. 

En todas las guerras y situaciones de conflicto ha sido habitual también el robo de bebés, que son arrancados de los brazos de las vencidas, de las enemigas, de las otras, como el más cruel de los castigos, y como botín para socializar a los niños en los principios que inspiran la barbarie. 

En España, de la mano de un destacado grupo de psiquiatras afectos a la causa reaccionaria, capitaneados por Antonio Vallejo-Nájera y formados en la Alemania nazi, se conformó la estrategia de extirpar el “gen rojo” de la sociedad republicana mediante el robo de bebés a las mujeres y madres “peligrosas”. Consideraba el ilustre académico que “a la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella”, entendía que los “rojos” eran “individuos mentalmente inferiores y peligrosos en su maldad intrínseca” y, dada la urgencia social del nuevo Estado de “multiplicar los selectos y dejar que perezcan los débiles”, se hacía patente que “la segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de una plaga tan temible” como explica en Eugenesia de la hispanidad y regeneración de la raza (1937) nuestro eminente psiquiatra. 

Sobre estas ideas se organizó, desde la rabia y la crueldad extremas, la represión franquista contra las mujeres republicanas, víctimas de bárbaras humillaciones estratégicamente diseñadas por los que Paul Preston denomina “arquitectos del terror”. Y en los improvisados e insalubres centros de internamiento y cárceles de mujeres, severas monjas carceleras obligaban a la oración y al himno, en esa España que debía funcionar “con la moral del convento y la disciplina del cuartel”, mientras les arrancaban a los niños y las obligaban a parir –en ocasiones los embarazos eran producto de agresiones sexuales– para llevarse el botín rasgando sus entrañas y su alma para siempre. Se trataba de extirpar las malas hierbas y de conseguir cachorros para la nueva España.  

Con la creación en 1941 del Patronato de Protección de la Mujer, bajo la honorífica presidencia de Carmen Polo de Franco, se institucionaliza la represión nacionalcatólica contra la mujer por ser esta inferior y símbolo de la maldad y el pecado. Despojadas de toda capacidad jurídica, las mujeres quedarán sometidas a la familia, el matrimonio y el confesionario. Controladas en su vida privada y cotidianidad por normas morales represivas que instaban a su sometimiento al varón, su destino será exclusivamente el hogar y la procreación: “Una mujer sin hijos es un jardín sin frutos”. Centenares de miles de mujeres, muchas aún niñas, son enviadas del campo a la ciudad para servir como internas en las casas de los vencedores a cambio de comida y un techo, pero sin sueldo ni libertad. Allí se controlará hasta el extremo su conducta y moral, serán víctimas de la absurda disciplina y el autoritarismo más caprichoso, y en no pocas ocasiones también se verán sometidas a la humillación y al abuso. Una mezcla grisácea de pobreza, miedo y represión se cernirá sobre su condición de mujeres y de pobres. Y muchas de ellas, con embarazos que no fueron ni previstos ni buscados, serán además víctimas de robos de bebés, de inducciones a la adopción, de engaños y de mentiras.  

Miles de mujeres retenidas sin ningún proceso judicial, forzadas a fregar de rodillas las sórdidas y frías estancias del reformatorio, obligadas a misa y comunión diarias –eso sí, ocultas tras cortinajes por su condición de eternas pecadoras–, coaccionadas para parir y entregar al niño en contra de su voluntad, o sencillamente engañadas para robarles a sus hijos. En 1984, Fernando Ledesma, ministro de Justicia, ordenó el cierre automático e instantáneo de todos los centros de las Juntas Provinciales del Patronato de Protección de la Mujer. Franco llevaba casi diez años muerto entonces. Las chicas con “mala conducta moral” salieron humilladas, heridas y agotadas a las avenidas de la libertad, pero detrás quedaba el oscuro silencio, la sonrisa segura de los delincuentes, la complicidad arrogante de los vencedores que jamás mostraron arrepentimiento ni hicieron propósito de enmienda. Detrás estáis vosotras todavía acalladas, silenciadas y maltratadas.

Más de 250.000 niños y niñas fueron robados hasta finales del siglo XX. Y ya en una última fase, en plena democracia, se produjo un macabro negocio de mafias organizadas al calor oscuro de instituciones –hospitales, orfanatos, casas de recogidas, cárceles, reformatorios…– donde los niños que nacen muertos pasan a lactancia y acaban en “buenas” familias con nuevos apellidos. 

Se establece toda una arquitectura jurídica para hacer posible el robo de bebés: el parto anónimo, el abandono en conventos, el registro con los nuevos apellidos, la necesidad de que transcurran 24 horas desprendido del claustro materno para ser civilmente registrado, la ausencia de protocolos para la identificación biológica, la connivencia con las autoridades públicas, el silencio de confesión, los legajos de aborto y los ataúdes vacíos… y, sobre todo, el miedo, la culpa y la represión. Porque donde no llega la monja, llega el cura, donde no llega el médico, llega la comadrona, y si no, siempre quedan la policía y el juez.  

Cambiamos las leyes de adopción y ahora es obligatorio informar al adoptante de su verdadera filiación, el Supremo suprimió el parto anónimo, quien nace debe ser inscrito al momento, los hospitales se iluminan y los protocolos de buenas prácticas se generalizan. Pero nos quedan las víctimas, las madres, las mujeres, que cada día se levantan y se acuestan con la duda, nos quedan los niños que buscan a las madres, los que descubren –por casualidad, y tras muchos años– que su identidad está falseada. Y quedan también las mafias, las que robaron, las que ocultan, quedan los cómplices, los que se enriquecieron. Y quedan todas las causas archivadas, y los archivos ocultos e inaccesibles, y las autoridades ausentes, y los años pasan, y las madres mueren.  

Hay que cerrar las heridas, y la única receta cicatrizadora es la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición. Es necesario que el Estado democrático se haga merecedor de su condición reaccionando frente a atentados graves y masivos contra la dignidad de las mujeres, y que, revestido de la imprescriptibilidad de estos crímenes, se ponga del lado de las víctimas para el reencuentro, la reconciliación y la reparación. Nos lo pide y nos lo exige Naciones Unidas, el Comité de Desapariciones Forzadas, el Grupo de expertos de desapariciones, el Comité de Derechos del Niño, el Comité contra la Tortura, el Comité de Derechos Humanos, el Relator Especial de justicia transicional… 

Explicar la represión, la humillación y la violencia que durante tantos años sufrieron las mujeres por ser mujeres –tras la primavera republicana en que miles de maestras llenaron nuestro país de cultura, de alegría y de fraternal afecto– es necesario para que no vuelva a repetirse. Cuando el fantasma del populismo iliberal –del fascismo eterno que diría Umberto Eco– cobra forma carnal en las sombras donde se hallaba recluido, y avanza sin vergüenza y sin complejos repitiendo las mentiras, los viejos mantras machistas, y los heroicos himnos a la insensibilidad, conviene explicar muy bien la historia, sin olvidarse de las mujeres que más la sufrieron, como símbolo de lo que no debe volver a pasar nunca jamás. 

En España pasaron cosas muy, muy, muy feas, durante muchos, muchos, muchos años. Creo que debemos empezar a hablar de una verdadera Causa General contra la Mujer durante el franquismo, y realizar los cambios legislativos y las políticas públicas necesarias para reconstruir y reparar la identidad biológica, y facilitar los reencuentros. Las madres robadas y los niños y niñas robados no pueden seguir solos, desorientados y engañados. Las respuestas llegan ya muy tarde, pero han de llegar."

(Santiago J. Castellà es profesor de Derecho internacional en la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, director del Observatorio de la Desaparición Forzada de Menores (ODFM), CTXT, 17/05/22)

26/5/22

Franco firmó más de 10 condenas a muerte al día durante los 10 primeros años de su dictadura. Fusiló más de 10 personas al día. Dejo aparte la guerra. Esto significa 4.000 personas durante 10 años, unas 40.000 personas en periodo de paz. Eso forma parte del trauma

 "En su nuevo libro, 'Qué hacer con un pasado sucio', el historiador José Álvarez Junco reflexiona sobre la dimensión y las repercusiones en las sociedades con pasados traumáticos tales como las guerras civiles, los genocidios o las dictaduras. También profundiza en la manera de que este pasado y sus consecuencias son susceptibles de ser manipulado o utilizado políticamente para objetivos actuales. Aunque su foco es la guerra civil española y el primer franquismo, los compara con la Alemania nazi, el Chile de Pinochet, la Colombia de guerrilleros y paramilitares o la Sudáfrica del apartheid, entre otros ejemplos.

Setenta y nueve años y leridano de Vielha, Álvarez Junco es catedrático de Historia del Pensamiento y los Movimientos Políticos y Sociales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Anteriormente fue profesor o investigador visitante en diversas universidades extranjeras como las de Padua, Oxford, la Soborna y Harvard. También entre 2004 y 2008 ejerció como Director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, y Consejero de Estado. Ha publicado importantes obras como La ideología política del anarquismo español (1868-1910) (1976) o Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX (Premio Nacional de Ensayo 2002; Premio Fastenrath, de la RAE, 2003).

En 'Qué hacer con un pasado sucio' (Editorial Galaxia Gutemberg) Álvarez Junco analiza la historia de nuestro país desde el periodo de principios del siglo XX hasta la actualidad. Una larga etapa que ha dejado en la sociedad española una herencia de fracturas y heridas que se reproducen actualmente.

En el capítulo cuarto del libro, “El trauma”, el investigador afirma que “ni siquiera los mejores informados sobre la situación política española fueron capaces de predecir, a comienzos de julio del 36, la pavorosa Guerra Civil que estaba a punto de iniciarse, aunque no era un secreto que núcleos monárquicos conspiraban, apoyados por Mussolini y que habían captado a varios generales”. Entre ellos nombra a Sanjurjo, Mola y Franco.

Sobre la represión que aplicó el dictador una vez que accedió a la Jefatura del Estado, Álvarez Junco, entrevistado por 'El País', calcula que “Franco fusiló a unas 40.000 personas en periodo de paz”. “Esto significa 4.000 personas durante 10 años y significa más de 10 al día. Firmó más de 10 condenas a muerte al día durante los 10 primeros años de su dictadura. Dejo aparte la guerra. Eso forma parte del trauma, del pasado sucio”, subraya.

¿Qué queda por hacer?

En el capítulo 11, el historiador expresa sus críticas a asignaturas pendientes de la democracia española en materia de memoria. Mantiene que se debería de avanzar más en la búsqueda y exhumación de los fusilados o desaparecidos durante la guerra y la dictadura, algo que considera como una “exigencia elemental”. Recuerda como en el informe de la ONU en 2014 se censuraba el retraso que España tenía en este apartado. Cree que el Estado debe de impulsar y apoyar más la localización e identificación de los restos pero deja a criterio de las familias la decisión del traslado o permanencia en el lugar. También echa de menos que no exista un censo bien elaborado del número de desaparecidos y recuerda como entre los propios memorialistas, jueces e historiadores no se ponen de acuerdo. En el número exacto que oscila entre los 143.350 de censo de Baltasar Garzón elaborado cuando era magistrado de la Audiencia Nacional hasta los 40.000 del doctor de Medicina Legal, José Antonio Lorente. También es muy crítico con la paralización por parte de los gobiernos del PP de la aplicación de la ley 52/207 sobre la elaboración de un mapa de fosas comunes. Además, critica que dichos gobiernos populares suprimieran las partidas necesarias para este cometido. Especialmente crítico es con el actual Ejecutivo autónomo de Andalucía, reacio a excavaciones de fosas y que ha permitido con esa actitud que se hayan producido actos vandálicos.

A pesar de todo Álvarez Junco ofrece un balance optimista de la última etapa en España. Entrevistado el pasado día 6 de mayo por Juan Cruz en el periódico argentino Clarín y ante la pregunta de si habláramos de buena o mala suerte, ¿qué suerte ha tenido este país? el profesor Álvarez Junco contesta que en general, este país ha tenido mala suerte. “El acceso a la modernidad ha sido difícil. Primero, nos tocó el imperio de los Habsburgo, luego los Borbones… Luego llegó la modernidad en el siglo XIX y ese fue un periodo dificilísimo. Eso derivó en guerras civiles, las carlistas, y más tarde, ya en el siglo XX, la de 1936-1939. Se impuso la dictadura y, después de la muerte de Franco, parece que lo supimos hacer. Ahí la suerte cambió. Entre 1976 y 1982 se hace la Transición y luego se accede a la modernidad económica. Y hoy vivimos mejor que hace cuarenta años, sin duda”.

El libro se desarrolla en tres niveles: la construcción de la imagen colectiva, la narración histórica y el rastreo de lo que queda de aquel trauma. Desde la primera perspectiva, recuerda cuál era la complaciente y autocompasiva imagen que los españoles se habían construido sobre sí mismos en las décadas o siglos anteriores y cómo integraron en ella aquellos brutales hechos, sobre todo en las interpretaciones elaboradas por sus intelectuales de mayor prestigio. Desde la segunda, narra lo que pasó en España, el origen de la crisis política de los años treinta, el desarrollo de los acontecimientos durante la misma, la dura represión de los años cuarenta, la evolución posterior de la dictadura y su superación durante la Transición. El tercer aspecto versa sobre qué hacer tras aquel trauma, qué políticas se han tomado en relación con las víctimas, y cuáles se podrían implantar para superarlo de una vez, si tal cosa es posible.

'Qué hacer con un pasado sucio', un libro muy interesante sin duda, que aporta ideas y datos sobre serias cuestiones, da opiniones solventes y abre capítulos para la reflexión y debate sobre cuestiones relevantes y asignaturas aún pendientes en nuestro país."                (Juan Luis Valenzuela  , El Plural, 22 de mayo de 2022)

18/3/22

La estrategia de Franco ante el Holocausto: un camaleón al sol que más calentaba... Serrano Suñer ordena al embajador en Francia que no intervenga para salvar a los judíos españoles, pero sí para preservar las propiedades de estos... Carrero Blanco habla de la conflagración mundial como una lucha que el judaísmo quiere aprovechar “para provocar una catástrofe” que cristalice “en el derrumbamiento de la civilización cristiana”... ¿Sabían los jefes del régimen lo que ocurría con los judíos? “Sí, se han publicado estudios sobre ello y tenemos el testimonio de la División Azul, que desde finales de 1941 envía informes en la retaguardia. En 1943 hay también informes de diplomáticos españoles diciendo, por ejemplo, que han visto cómo se ha asesinado a niños judíos delante de ellos”... En plena solución final, las autoridades alemanas permitieron a países neutrales, como España, que repatriasen a sus judíos, y les dieron tres meses, Se discutió el asunto en el Gobierno y se establecieron unos criterios con unos requisitos en los visados que ni siquiera decía Alemania que se exigiesen. No es posible saber a cuántos se condenó a muerte por ello... cuando a partir de finales de 1942 la Wehrmatch ya no parece invencible, se inicia otra fase... Se inicia un distanciamiento de los nazis, se dice que eran ‘anticristianos’ y estaban guiados por el Maligno, postura camaleónica para sobrevivir

 "¿Fue Franco una veleta ante el Holocausto que cambiaba de postura según soplaba el viento de la historia? “Podría ser una imagen correcta, pero con matices”, dice por teléfono el historiador Enrique Moradiellos, editor de El Holocausto y la España de Franco (Turner) y coautor del libro junto a los investigadores Santiago López Rodríguez y César Rina Simón.

 La obra recorre las distintas posiciones que adoptó el Gobierno del dictador ante el asesinato, metódicamente organizado y a escala industrial, de seis millones de judíos (casi la mitad en campos de exterminio), de los que más de 1,5 millones eran niños. “No es un asunto muy conocido”, argumentan los autores, que fue cambiando “conforme la guerra se decantaba por el bando aliado”.

 Moradiellos, miembro de la Real Academia de la Historia y catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, que ha escrito dos de los cinco capítulos del libro, lo explica en el titulado Franco ante la ‘cuestión judía’. “Hubo ambigüedad, contradicciones y adaptación pragmática al contexto. No hay que olvidar que España fue vecina de la Alemania nazi entre 1940 y 1944 por la ocupación de Francia”. 

En España había entonces lo que Moradiellos llama “una judeofobia instintiva, de origen católico, un desprecio que viene desde Roma y que era fácil de entender por la población: los judíos vendieron a Cristo, son codiciosos… a pesar de que desde finales del siglo XV casi no los había en la Península por la expulsión ordenada por los Reyes Católicos”. López Rodríguez, investigador en la Universidad de Upsala (Suecia), autor de otros dos capítulos, cifra en 6.000 los residentes en España al comienzo de la II Guerra Mundial, sobre una población de 26 millones, según el Instituto Nacional de Estadística.

 No hay que olvidar que España salía de la Guerra Civil, durante la cual “una parte no menor de la jerarquía militar” del bando sublevado se refería al enemigo como “el contubernio judeomasónico”. La victoria en la contienda propicia “un punto de inflexión notorio” en Franco, “con declaraciones en las que abundan los motivos judeofóbicos”.

 En paralelo, en altos mandos militares, incluido Franco, “había una pulsión filosefardita, nacida a fines del XIX, por el mantenimiento de la lengua española entre los descendientes de los expulsados siglos atrás”. Un sentimiento que acrecentó la guerra con Marruecos. “Son los judíos del norte de África los que ayudan a los militares españoles, les hacen de guías, traductores...”. En 1924, en la dictadura de Primo de Rivera, un real decreto otorgó la nacionalidad a sefardíes en el extranjero; entonces no sabían que sería la llave que les permitiría escapar de la muerte.

Y para enmarañar el tema, las aplastantes victorias nazis al comienzo del conflicto europeo alentaron “una pasión antisemita que caló en Falange”, el partido fascista español. En esos primeros años de la guerra mundial hubo “una pasividad cómplice” que refleja un telegrama del entonces ministro de Exteriores, Ramón Serrano Suñer, en el que ordena al embajador en Francia que no intervenga para salvar a los judíos españoles, pero sí para preservar las propiedades de estos.

En ese ambiente, en mayo de 1941, el Ministerio de la Gobernación pide a los gobernadores civiles un registro de “israelitas, nacionales y extranjeros”, un archivo judío en el que debe consignarse su “grado de peligrosidad”. Moradiellos recupera un informe confidencial, de diciembre de ese año, en el que el capitán de navío Luis Carrero Blanco, fiel colaborador de Franco, habla de la conflagración mundial como una lucha que el judaísmo quiere aprovechar “para provocar una catástrofe” que cristalice “en el derrumbamiento de la civilización cristiana”. Sin embargo, cuando a partir de finales de 1942 la Wehrmatch ya no parece invencible, se inicia otra fase. A ello ayuda que Franco nombra responsable de Exteriores a Francisco Gómez-Jordana, filobritánico.

Las cifras recogidas en este libro indican que “España salvó in situ a más de 8.000 judíos”, sefarditas o no, en países ocupados por los nazis, gracias a que se les reconoció como nacionales. A estos se unieron unos 35.000 que cruzaron los Pirineos con los visados que los diplomáticos españoles les concedieron en Centroeuropa, Grecia, Lituania… En palabras de Gómez-Jordana, esos refugiados debían pasar por España “como la luz por el cristal, sin dejar rastro”. No se quería que permaneciesen porque supondría un coste. Suiza salvó el pellejo a unos 22.000; Suecia, a 12.000; Turquía, 16.000…

López, por teléfono, destaca en esa labor a diplomáticos como Bernardo Rolland de Miota, cónsul en París; Eduardo Propper de Callejón, en Burdeos; Sebastián Romero Radigales, en Atenas; Julio Palencia, en Sofía; y, sobre todo, Ángel Sanz Briz, en Budapest, quien evitó la solución final a unas 5.000 personas. No obstante, fueron una minoría “en una actuación diplomática que se movió en general en la indiferencia”. 

López señala como gran punto negro de aquella política la campaña de repatriación de enero de 1943: “En plena solución final, las autoridades alemanas permitieron a países neutrales, como España, que repatriasen a sus judíos, y les dieron tres meses”. Si no, ya nos encargaremos de ellos, dirían los nazis. “Se discutió el asunto en el Gobierno y se establecieron unos criterios que iban en la línea de cribar lo más posible. Se aceptó su llegada, pero solo de paso y para aquellos con nacionalidad española en firme, con unos requisitos en los visados que ni siquiera decía Alemania que se exigiesen. No es posible saber a cuántos se condenó a muerte por ello”.

Hay otra cuestión que sobrevuela: ¿sabían los jefes del régimen lo que ocurría con los judíos? López no lo duda: “Sí, se han publicado estudios sobre ello y tenemos el testimonio de la División Azul, que desde finales de 1941 envía informes en la retaguardia. En 1943 hay también informes de diplomáticos españoles diciendo, por ejemplo, que han visto cómo se ha asesinado a niños judíos delante de ellos”.

Para Moradiellos, Franco “está tan lejos del mito de salvador de judíos”, que han proclamado algunos historiadores, “como de ser un enemigo de ellos que quiso destruirlos”. “En su nombre se hicieron ambas cosas y aunque los diplomáticos tuvieron margen de maniobra, él se reservaba la última palabra en todos los asuntos”. López agrega que los responsables de las legaciones “que actuaron a favor de los judíos lo hicieron más por una iniciativa personal, aunque pedían permiso o al menos tenían que notificarlo a Exteriores”. Con todo, en 1959, la ministra de Exteriores israelí, Golda Meir, reconoció la “ayuda y protección de España en la era hitleriana a muchas víctimas del nazismo”.

La prensa

No solo es fundamental saber qué paso, sino cómo se contó en España. López dedica su otro capítulo al papel de la prensa a medida que se conocían las atrocidades nazis. “Había que hacer visible el cambio de postura del régimen de cara al exterior. Se inicia un distanciamiento de los nazis, se dice que eran ‘anticristianos’ y estaban guiados por el Maligno”. Eran las directrices que el propio Franco había adelantado en un discurso en mayo de 1946, en el que condenó “los crímenes del nazifascismo”. En esa “postura camaleónica para sobrevivir”, subraya López, quedaban resabios del pasado filonazi, como en un estrambótico artículo del diario Destino, de octubre de 1945, en el que se informaba del juicio a Irma Grese, sádica nazi de varios campos de concentración. Condenada a muerte, se justificaba su vesania porque era una mujer que se había “despegado del hogar” y quería “vivir su vida”.

De la judeofobia al antisemitismo

El historiador Enrique Moradiellos describe en El Holocausto y la España de Franco el origen y evolución del sempiterno odio al judío, “el más antiguo en la historia de la humanidad”, con la distinción entre judeofobia y antisemitismo. “Todo nace de haber sido la primera religión monoteísta, una revolución, distinta de todo lo que había. El triunfo de la Iglesia católica en el siglo IV motivó la prohibición del proselitismo judío. La judeofobia es un fenómeno más cultural, no se cuestiona que los judíos forman parte del mismo grupo humano. 

Sin embargo, desde el XIX surge el antisemitismo, vocablo nacido en 1879, con doctrinas biológicas que no los consideran seres humanos, sino parásitos, incluidos los niños. Por eso hay que discriminarlos, después segregarlos y finalmente, eliminarlos, incluso aunque fueran conversos, porque por sus venas hay sangre judía". En el último capítulo de este ensayo, César Rina Simón, profesor en la Universidad de Extremadura, pone el foco en la judeofobia y antisemitismo en esta región entre 1931 y 1950 a partir de abundantes ejemplos con lo que publicaban los periódicos de la zona."                 (Manuel Morales, El País, 12/03/22)

19/11/19

"Esa me gusta" y un silencio incómodo: la afición de Carmen Polo por las joyas revive con la polémica subasta de las alhajas de los Franco. Uno de los collares del lote fue usado con frecuencia por la mujer de Franco, que fue apodada 'La Collares' por su afición al joyerío...

"Gregory fue una elegante joyería de la calle de Serrano de Madrid, una de las más modernas e innovadoras en la España de los 70 del siglo XX que echó el cierre en 2014, tras unos últimos años de decadencia donde brillaban más los recuerdos que las joyas del escaparate.

 En ellas se fijaba Carmen Polo cuando salía de compras del brazo de su hermana Ramona, esposa del presidente de Falange Española Tradicionalista y ministro de Gobernación, Ramón Serrano Suñer. Como lo fueron los Albertos, las Koplowitz, los Botín o la Casa del Rey, la esposa del dictador Franco era clienta dilecta de la joyería. 
"Ella venía por Gregory a ver qué cosas teníamos", dice el joyero madrileño que la atendía, recordando algunas visitas sucedidas en torno a 1974. Los empleados de la joyería tenían órdenes inflexibles del dueño para mantenerse en silencio, dijera lo que dijera Carmen Polo. "Ella miraba las vitrinas y se enamoraba de las piezas que teníamos. Nos decía cuáles le gustaban".

En una de esas visitas, Carmen Polo se encariñó con una sortija de oro, ónix y brillantes. Miró a los joyeros y les dijo cuánto le gustaba esa sortija. Silencio. Les miró de nuevo y les recalcó que la pieza le encantaba. Persistía el silencio incómodo. Ahí quedó todo. Poco después, Carmen Polo regresó a la tienda y volvió a echarle el ojo al anillo. Finalmente, dijo: "Va a venir un embajador a preguntar por esa sortija que me gusta, ustedes se la enseñan".

El joyero recuerda el nombre del país al que representaba el embajador, pero prefiere no revelarlo. Y efectivamente, sucedió así. A los pocos días, esta persona entró en Gregory y pidió que le mostraran "una sortija que ha visto su excelencia". Se la mostraron y él pidió que se la envolvieran. Después preguntó cuánto costaba. Pagó en efectivo y se la llevó.

"En otras joyerías decían que se sentían obligados a hacerle regalos, pero nosotros nunca accedimos a ello", recuerda este profesional que en aquellos años pertenecía al gremio de joyeros de Madrid y asegura que no es cierta la historia, tantas veces aludida pero desmentida también por Carmen Enríquez en su libro Carmen Polo. La Señora de El Pardo, de que el gremio compensaba los desfalcos que hacía la esposa del dictador a las joyerías.
"En otras tiendas, cuando anunciaban su visita retiraban los collares del escaparate para no sentirse obligados a tener que regalarle nada", recuerda. "Estoy seguro de que alguna de las otras joyerías famosas de la época sí le regalaron algo más de una vez".
Una subasta en Londres

Este 27 de noviembre, la casa Christie’s tiene previsto subastar en Londres tres piezas de alta joyería provenientes de la familia Franco: una sortija con siete diamantes y un set de pendientes y collar de diamantes y esmeraldas.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha registrado en el Ministerio de Exteriores una carta dirigida al embajador español en Londres, pidiendo que la diplomacia intervenga para detener la venta e investigar el origen y la propiedad de esas joyas, ya que se trata de un "oscuro patrimonio" de "dudoso origen" construido "sobre la corrupción, el expolio y la apropiación indebida" y "sobre el sufrimiento de millones de personas, el saqueo de miles de propiedades y el vaciado del Patrimonio Nacional".

La ARMH señala que si la subasta sale adelante, Christie's será un "cooperador necesario" para que "la familia de un terrible dictador capitalice su patrimonio surgido de la corrupción política y económica de una dictadura que cometió numerosas violaciones de Derechos Humanos para sustentarse en el poder". Esta asociación ha registrado un segundo escrito en el Ministerio de la Presidencia, preguntando si el Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional han investigado sobre la procedencia de estas piezas.

Además de comprar (es un decir), a La Collares —como fue apodada por su afición al joyerío— le gustaba presumir. "En una ocasión nos dijo que ella tenía un collar de perlas mejor que los que nosotros vendíamos y que volvería para demostrarlo", recuerda el joyero. Solo para escuchar que tenía razón, lo hizo. "Tuvimos que reconocer que era mejor y las perlas, más gordas".

Ese día no compró nada pero salió de allí henchida de satisfacción. Como la madrastra de Blancanieves, doña Collares quería saber si ella seguía siendo la más bella del reino, en un momento en el que la autoridad de su marido sobre un pueblo sometido tras una Guerra Civil estaba a punto de agotarse en el lecho de muerte en el que Franco agonizaba.

El afamado collar de esmeraldas que los Franco pretenden subastar ha aparecido con frecuencia sobre el cuello de Carmen Polo y de Margarita Vargas, esposa del bisnieto de los Franco. El precio de salida que marca la casa de subastas está entre los 93.000 y los 141.000 euros. Según el joyero, los precios de salida suelen suponer un 30% del que finalmente alcanzan, aunque él piensa que el valor de la joya está más en la marca (Cartier) que en la calidad de las esmeraldas, que aunque son grandes, son "claras de tono y están llenas de intrusiones". Además, la diferencia de tono entre las distintas gemas deprecia el conjunto, por lo que si finalmente se realiza la venta, esta no debería alcanzar un precio tan elevado como el que se está especulando, a no ser que se encarezca por otros motivos ajenos a la calidad de las piedras.

"Regalos entre comillas"

Negocios secretos, una fortuna amasada a partir de un simple sueldo de general del ejército, un holding empresarial, testaferros, apropiaciones de patrimonio… el entramado de negocios y privilegios que analiza Mariano Sánchez Soler en su libro La familia Franco SA son indicios de un franquismo todavía no desmantelado. "El oscurantismo es muy grande porque el poder era muy grande", dice. Los supuestos, pero evidentes, traspasos ilegítimos de patrimonio entre el Estado y la familia Franco "se podrían demostrar", explica el historiador, "si la Abogacía del Estado decidiera investigar las escrituras de cómo se hicieron determinadas compras".

Las investigaciones como la suya es difícil que vayan más allá de las consultas a los registros mercantiles y la puesta en común de toda la información disponible, que ya es un comienzo. "Han pasado 44 años y es muy complicado a estas alturas demostrar cosas si no hay voluntad de hacerlo", explica. "Los regalos bajo la dictadura eran regalos personales, pero eran regalos por motivos políticos, regalos entre comillas, por eso la documentación a veces no responde al realidad". El objetivo de la investigación debería estar en averiguar "si hubo algún tipo de coacción" en el momento de la compra. "El tiempo va a favor de que no se sepa nada", dice Sánchez Soler, y es probable que "sea un misterio para siempre".

En su libro, Sánchez Soler recoge la investigación del periodista Javier Otero, que demuestra que Franco amasó, durante los tres años de Guerra Civil y 1940, una fortuna de 34 millones de pesetas, que equivaldría hoy a 388 millones de euros, según el cálculo del historiador Ángel Viñas. "Muchos de ellos obtenidos a través de donativos 'redirigidos' y operaciones financieras, como la reventa de 600 toneladas de café regaladas por el dictador brasileño Getúlio Vargas, que Franco vendió a la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, y que cobró por adelantado: 7,5 millones de pesetas, equivalentes a 85,6 millones de euros en la actualidad", escribe en el libro.

Oro por fuera, plomo por dentro

El joyero puede aportar otra historia, pequeña pero significativa, sobre la oscuridad de los movimientos entre los patrimonios del Estado y de la familia Franco, que durante décadas fueron uno solo. En la vitrina de Gregory se exponía un trabajo exquisito: una caja de malaquita de una sola pieza, con oro y brillantes, y unas patas de león que la sujetaban en alto. "Esa caja me encanta, es que es preciosa' dijo ella. Y nosotros, como siempre, callados".

Pero un día se presenta con otra caja de malaquita, más grande pero hecha con láminas pegadas, en lugar de ser una sola pieza. Aquí ya no podía presumir de que la suya era mejor, por lo que estaba dispuesta a encargar un trabajo en el que sustituyeran las varias láminas por una única. Se avecinaba un nuevo chanchullo: Carmen Polo les ofreció pagarles en oro, en lugar de en pesetas. Lo que trajo fue varios estuches de monedas conmemorativas de bautismos de barcos, procedentes de las habituales botaduras de botellas de champán contra el casco de los buques. Los joyeros accedieron a hacer el trabajo.

El taller de Gregory se puso a realizar el encargo con la mala suerte de que, en una torpeza, al joyero que la estaba realizando se le cayó la tapa y la caja quedó dañada en una esquina. El joyero recuerda vívidamente cómo Gregory Canellas, el dueño, que no se achantaba por nada, pegó un salto y gritó "¡ay Dios mío que Franco me fusila!". Ahora, el joyero lo recuerda riéndose. En aquel entonces, estaban "cagados y asustados".

Después de valorar varias opciones, optaron por admitir lo que había sucedido, reparar la caja y no cobrar por el trabajo pero sí por el oro empleado, por lo que se quedaron con el equivalente de las monedas que Carmen Polo les había ofrecido. En lugar de fundirlas de inmediato, decidieron guardarlas por si se revalorizaban, hasta que llegó una crisis de oferta de oro y se vieron obligados a llevarlas a fundir. En ese momento, descubrieron que, para su sorpresa, una de ellas solo tenía de oro la cobertura. El interior estaba relleno de plomo.
Plomo en el corazón y oro en la piel, toda una metáfora de una dictadura forjada a balazos y expolio."                (Elena Cabrera,  eldiario.es, 15/11/19)