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5/6/19

Un comité estatal constata que Canadá es cómplice del genocidio de las indígenas

"El Comité de investigación nacional sobre las más de mil mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas en Canadá en las últimas décadas concluyó este lunes que el Estado es cómplice de un genocidio planificado, basado en la raza, la identidad y el género, que se apoya en políticas colonialistas y la inacción estatal. Resultado de tres años de trabajo, el informe establece que, si bien el genocidio canadiense afecta a todos los miembros de los grupos indígenas, está especialmente dirigido a las mujeres, niñas y miembros de la comunidad LGTBQI.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, solicitó la puesta en marcha de este comité, una promesa electoral que obedecía a las reivindicaciones de líderes indígenas y organizaciones de derechos humanos. La población indígena de Canadá representa el 4,6% del total del país.

El informe del comité estima que, en concreto, las mujeres indígenas tienen hasta 12 veces más probabilidades de ser víctimas de asesinatos y desapariciones. Según un documento de la Real Policía Montada de Canadá publicado en 2014, entre 1980 y 2012, fueron asesinadas 1.017 mujeres indígenas y 164 desaparecieron, cifras que podrían ser más elevadas, según distintos organismos.
El comité comenzó sus trabajos en septiembre de 2016. 

El informe final está integrado por 1.192 páginas, y fue redactado después de escuchar más de 2.000 testimonios en distintas audiencias a lo largo del país. "Es necesario un verdadero cambio de paradigma para deshacerse de este colonialismo dentro de la sociedad canadiense", declaró Marion Buller, la jefa del comité, en la ceremonia oficial de entrega del informe, que tuvo lugar este lunes en el Museo de Historia Canadiense, ubicado en Gatineau (Quebec).

El documento contiene diversas recomendaciones para hacer frente a esta problemática. Por ejemplo, la designación de un ombudsman, una figura similar al Defensor del Pueblo dedicado a los derechos indígenas, un mayor número de agentes de policía indígenas y proyectos más ambiciosos en apoyo a las víctimas.

Justin Trudeau estuvo presente en la ceremonia de entrega del informe. "Durante décadas, las mujeres y niñas canadienses indígenas han sufrido desapariciones y asesinatos. Nuestro sistema de justicia ha fracasado", señaló. "Por desgracia, no es un tema únicamente del pasado. Es vergonzoso y absolutamente inaceptable. Esto debe parar", añadió Trudeau, quien se mostró muy conmovido en el evento.

El informe contiene 122 veces la palabra genocidio. Sin embargo, Trudeau no la pronunció una sola vez en su discurso. En junio de 2015, una comisión especial encargada de investigar los maltratos que sufrieron miles de niños indígenas en internados federales entre 1883 y 1996, catalogó como un genocidio cultural lo ocurrido en esos centros. Además de castigos físicos y agresiones sexuales, existió un esfuerzo sistemático para despojar a los menores de sus lenguas originarias y sus tradiciones culturales.

No obstante, la referencia en el informe a un genocidio planificado generó reacciones encontradas. Algunos líderes indígenas secundan esta acusación, mientras que los articulistas de los grandes diarios nacionales confirman la magnitud del problema, pero hacen un llamado a la cordura para evitar que la polémica se adueñe de la discusión. 

"En este contexto, debo decir que tengo problemas con el uso de este término", comentó por su parte Roméo Dallaire, el militar canadiense que comandó la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda entre 1993 y 1994. Sin embargo, Dallaire sí precisó, en un evento en la Universidad Concordia, que las políticas del Gobierno federal han sido sumamente perjudiciales para los pueblos indígenas durante décadas."                (Jaime Porras, El País, 03/06/19)

6/6/12

España es uno de los países donde es menos probable que una mujer sea asesinada por su pareja, aunque cada semana una mujer sea asesinada

"En España cada semana una mujer es asesinada por su pareja o ex-pareja. La tasa de asesinatos se ha mantenido estable desde hace más de una década, a pesar de los importantes cambios que se han introducido en la legislación durante este período. ¿Es posible hacer algo para acabar con la violencia de género? 




Figura 1: Número de mujeres muertas en España a manos de su pareja o ex-pareja, 2000-2011. Fuente: Instituto de la Mujer


El número de mujeres asesinadas refleja únicamente la punta del iceberg del problema. Cada año se presentan en España más de 130.000 denuncias y en la actualidad cerca de 5.000 varones cumplen condena por delitos de violencia de género (Informe anual del observatorio estatal de violencia sobre la mujer 2011). 

Además, unas 30.000 mujeres cuentan con protección policial activa para prevenir una posible agresión. La situación es aún peor en la mayoría de los países de nuestro entorno. Según los datos del Centro Reina Sofía, España sería uno de los países donde es menos probable que una mujer sea asesinada por su pareja (III Informe internacional sobre violencia contra la mujer en las relaciones de pareja, página 88).


Figura 2: Ranking de países por número de víctimas asesinadas por sus parejas por cada millón de mujeres mayores de 14 años en 2006



Las causas de la violencia de género son múltiples y complejas. Los científicos sociales han identificado varios posibles factores de riesgo. En primer lugar, es importante que la mujer tenga capacidad legal para romper la relación con su agresor. 

Un trabajo de Betsey Stevenson y Justin Wolfers (2006) muestra que la aprobación de leyes de divorcio unilateral en diversos estados de los Estados Unidos conllevó una disminución significativa en el número de mujeres que eran asesinadas por sus compañeros (un 10% menos), el número de agresiones (30%) y el número de suicidos femeninos (8-16%).
En segundo lugar, en general las agresiones son más frecuentes cuando la mujer está en una posición económica desfavorable. Anna Aizer (2010) observa, utilizando datos de California, que la violencia de género es menor cuando las oportunidades laborales de las mujeres mejoran. 

Este no es sin embargo un resultado universal, sino que podría depender de aspectos culturales. En las sociedades más sexistas, la independencia económica de la mujer podría ser incluso contraproducente. Durante la realización de un experimento de campo en Etiopía, Hjort y Villanger (2012) observaron con sorpresa como la probabilidad de una agresión en el ámbito doméstico era mayor para aquellas mujeres que (de forma aleatoria) habían obtenido un empleo.
En tercer lugar, como ilustra un reciente trabajo, el acceso a la información es clave. Jensen y Oyster (2009) analizan qué efecto tuvo la introducción de la televisión por cable en diversas zonas rurales de la India. En estas áreas la vida de la mujer está en muchos casos restringida al ámbito privado y la televisión supone una de las pocas ventanas al mundo de que disponen. 

La llegada de la televisión por cable tuvo un impacto significativo en los valores locales, disminuyendo el número de mujeres que consideraba que en determinadas circunstancias un marido tenía derecho a maltratar a su esposa. Por último, también hay factores psicológicos importantes. 

Muchos casos de violencia doméstica son en parte el producto de una pérdida de autocontrol ante la llegada de una noticia negativa. Card and Dahl (2011) observan que la probabilidad de que una mujer sea agredida es un 10% mayor cuando el equipo de fútbol americano de su pareja pierde un partido de manera inesperada.
Ante estas diversidad de causas, ¿qué se puede hacer para acabar con la violencia de género? Para poder responder a esta difícil pregunta, hace tres décadas el departamento de policia de Minneapolis decidió llevar a cabo un experimento aleatorio. Este experimento se implementó en casos de violencia doméstica de baja intensidad en los que el agresor era pareja de la víctima.

 Los policias disponían de tres tarjetas de colores con tres posibles tratamientos: (i) proporcionar información al agresor acerca del problema y advertir sobre las posibles consecuencias, (ii) una orden de alejamiento o (iii) el arresto del agresor. Cada vez que se planteaba un episodio de violencia doméstica los policias aplicaban de manera aleatoria uno de los tres tratamientos. 

De los tres métodos, el más efectivo resulto ser el arresto del agresor. Replicaciones posteriores del experimento en otras ciudades sugieren que la efectividad del arresto dependería en gran parte de las características del entorno y del grado de censura social asociado a la detención.
Otro grave problema al que se enfrentan las autoridades a la hora de combatir la violencia de género es la ausencia de una denuncia previa. Menos de la tercera parte de las mujeres asesinadas en España en los últimos diez años había denunciado a su pareja. Además, en algunos casos, aunque se había presentado inicialmente una denuncia, la víctima la había retirado posteriormente. 

Para paliar este problema, en las últimas décadas muchas ciudades americanas han modificado su normativa de forma que no se permite la retirada de las denuncias por violencia de género una vez que han sido presentadas. Curiosamente, la implementación de esta normativa de “no retirada” ha provocado una disminución en el número de hombres que es asesinado por parte de sus parejas, lo que ha sido interpretado como un síntoma de que la retirada de denuncias no refleja, en muchos casos, una resolución real del conflicto (Aizer y Dal Bo 2009).
En definitiva, la violencia de género es un grave problema con múltiples causas socioeconómicas, psicológicas y culturales. La evidencia empírica disponible sugiere que, en general, su incidencia es relativamente menor cuando las mujeres tienen una mejor situación económica, disponen de información y tienen legalmente la posibilidad de separarse.

 Podría ser útil proporcionar ayuda psicológica a los agresores y, quizás, también podría ser conveniente castigar las infracciones menores con penas de arresto. Por último, para evitar que las víctimas puedan ser presionadas, debería considerarse la posibilidad de que las denuncias por malos tratos no puedan ser retiradas."            (Ganas de escribir, 29/05/2012)

21/2/11

Se dan unos 16.000 casos de violación o acoso al año en el ejército de EE. UU.


Kori Cioca (izquierda) y Panayiota Bertzikis fueron violadas mientras prestaban servicio como guardacostas

"Durante un paseo en el Estado de Vermont (EE UU), en 2006, un compañero de la Guarda Costera violó a Panayiota Bertzikis, de 29 años, después de darle una paliza.

Traumatizada, viendo que su agresor la seguía amenazando, ya que vivía en su mismo barracón, acudió nerviosa a su comandante buscando justicia.

No esperaba la respuesta que le aguardaba: "Si vuelves a hablar de la violación, será a ti a quien demandemos, pero por difamación". El calvario de Panayiota no acabó con la violación. Aquello había sido solo el episodio inicial de un largo proceso en el que acabó colgando su uniforme y en el que necesitó tratamiento por un trastorno de estrés postraumático. (...)

En 2009, último año del que hay datos oficiales, hubo 3.230 denuncias por acoso sexual en el ejército de EE UU, que tiene 1,47 millones de soldados en activo. El Pentágono estima que esa cifra representa solo el 20% del total, por lo que el número real de abusos entre las tropas sería de unos 16.100 casos al año.

Cifra que ha ido en aumento desde 2007. La mayoría de soldados que se atreven a denunciar acaba pidiendo la baja, casi todos sufren estrés postraumático.

"Una violación ya es algo terrible. Si le añades la cultura de represión y silencio del ejército, es aún peor", explica Panayiota. Ella lo sabe bien. Todavía le cuesta hablar de cómo su violador quedó impune. De cómo su agresor vivió durante meses en la misma planta, en su mismo barracón. Su presencia le angustiaba.

Cuando estaba de servicio apenas dormía, con la puerta de su dormitorio atrancada. Cuando tenía días libres huía de la base, dormía en moteles o en la calle. Un día su comandante la reunió con su agresor. Les dijo: "Superen sus diferencias, aprendan a trabajar juntos".

Con los años, Panayiota fue transferida a otra base, en Massachusetts. Las noticias de su violación le precedieron. Diversos compinches de su agresor la insultaban por los pasillos. "Mentirosa", le decían, "zorra".

Un día un grupo de hombres la acorraló. Intentaron quitarle el uniforme, la insultaron, le dijeron que como hablara del incidente la violarían otra vez. La investigación oficial, mientras, seguía abierta.

De hecho, sus comandantes la usaron como excusa para denegarle un ascenso que, por veteranía y méritos, ella consideraba que se merecía. Abandonó el uniforme para siempre en 2007 para fundar Military Rape Crisis Center, una organización de ayuda a los soldados víctimas de acoso sexual.

Anuradha Bhagwati, de 35 años, fue capitán en el cuerpo de Marines, lo dejó en 2007 después de presenciar impotente numerosos casos de agresión y violación escondidos por sus compañeros y superiores.

"Los demandantes, en este caso, son solo una muestra de los miles de soldados agredidos sexualmente, de los que se ha abusado física y psicológicamente, a los que se ha torturado mientras defendían a su nación", explica.

"Cuando estos demandantes trataron de hacer que sus agresores se responsabilizaran de sus actos, solo encontraron amenazas, represalias, venganzas".

"He visto, bajo mi mando, cómo algunos de los mejores soldados del país abandonaban el ejército después de vivir una verdadera persecución", añade. Para ellos, al trauma de haber sido violados se añade la vergüenza de ser acusados de mentirosos o traidores.

"Se trata de una institución en la que el poder y el mando lo son todo, determinan cada decisión y movimiento. Los depredadores sexuales aprovechan esa estructura para perpetuar su abuso", explica Bhagwati, que tras abandonar a los Marines, dirige la organización Service Women?s Action Network, de ayuda a mujeres soldado." (El País, 18/02/2011, p. 30)

30/4/10

España, a la cola de la UE en violencia machista

"La violencia machista es un problema en todos los países del mundo. En casi todos mueren mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. Las españolas, además, corren más riesgo de sufrir violencia en su propia casa, a manos de su pareja, que en la calle, por parte de un extraño. Y eso a pesar de que España está a la cola del listado mundial de países en número de asesinadas por violencia de género, por detrás de lugares como Reino Unido, Canadá o Austria. Así se desprende del III Informe Internacional de Violencia contra la Mujer del Centro Reina Sofía presentado ayer en Madrid.

Según este estudio, elaborado con datos de 2006, ese año hubo 2,81 asesinatos machistas por cada millón de mujeres mayores de 14 años. La media de Europa es de 3,94 mujeres por millón, y la mundial de 5,04. "En este país la violencia de género ha aumentado un 15% de 2000 a 2006", aseguró José Sanmartín, director del Instituto de Estudios sobre Violencia del Centro Reina Sofía, que explicó que aún es pronto para ver los resultados de la ley integral de violencia de género de 2004.

Miguel Lorente , delegado del gobierno de Violencia de Género, sostiene sin embargo que es difícil realizar la estimación de cuánto ha aumentado este tipo de violencia. "En España sólo se puede hablar de datos fiables a partir de 2003", asegura. Antes de ese año no siempre se contabilizaban como crímenes machistas los asesinatos cometidos en una relación de noviazgo o por parte de una ex pareja. Un problema que aún tienen en muchos países Europeos. "El único que tiene indicadores fiables es España.

De ahi la dificiltad de realizar comparaciones", matiza. Lorente lanza otro dato: "De 2003 a 2009 ha disminuído un 8% la violencia machista. Antes de la ley integral, en 2003 hubo 71,5 casos. Después, en 2009, 65,6%". Ahora habrá que ver si, con el repunte observado el mes de abril, se mantiene la tendencia a la baja. Anoche mismo una mujer de 51 años falleció en Museres (Valencia) tras se acuchillada por su ex pareja." (El País, 30/04/2010)