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12/9/23

Los secretos de Ustica: Por qué el deseo de un anciano político italiano pidiendo que la OTAN reconozca la verdad sobre el derribo del DC-9 de Itavia de junio de 1980, el nunca reconocido derribo accidental por un misil de la OTAN, es una operación imposible... dijo que el misil lo había disparado un avión francés con el objetivo de derribar un mig, un avión militar libio en el que se creía viajaba Gadafi... Ancianos políticos italianos sin ya nada que perder sueltan esa lengua que han tenido largos años atenazada... Francesco Cossiga ya dijo, dos años antes de morir, que el responsable de la catástrofe de Ustica era un misil francés dirigido contra un avión militar libio. El ex primer ministro Amato ha dicho ahora que Gadafi se libró de aquel atentado porque Bettino Craxi, secretario de los socialistas italianos y también primer ministro, le advirtió de lo que se preparaba. Por eso el Coronel no embarcó en el Mig libio (según Raith procedente de Varsovia) que aquel día fue igualmente derribado por la OTAN, quizás pese a haber intentado parapetarse junto al Dc-9 de Itavia, lo que explicaría el desastre… El viejo ex primer ministro pide ahora al joven Macron (“o a la OTAN”, dice, como sugiriendo con esa mención secundaria una posibilidad mucho menos probable), que reconozcan su responsabilidad en el crimen de Ustica. En el ocaso de su vida quiere Amato, “provocar, si es posible, un acercamiento a la verdad”. Pero la experiencia demuestra que ese es un ejercicio sumamente complicado para la OTAN y su mundo, sin duda el principal agente de terrorismo de la historia europea de posguerra

 "El 28 de agosto de 1988, 300.000 personas asistían al “Flugtag” una jornada de puertas abiertas en la base americana de Ramstein, en Alemania. La jornada concluía con la exhibición aérea de la patrulla acrobática de las fuerzas aéreas italianas “Frecce tricolori”, las flechas tricolor. Era uno de esos actos de espectáculo festivo y relaciones públicas de la potencia ocupante de Europa Occidental. La Iglesia evangélica alemana había llamado a la población a no asistir a “este tipo de certámenes utilizados a para idealizar y endiosar la maquinaria bélica de matar seres humanos”. Socialdemócratas y verdes también se habían mostrado críticos con el show. Eran, desde luego, otros tiempos aún dominados en Alemania por el antimilitarismo y el antibelicismo…

El caso es que, cuando la patrulla acrobática italiana ultimaba su maniobra, dibujar un corazón en el cielo que el líder de la patrulla, el teniente coronel Ivo Nutarelli, debía atravesar con su aparato cruzándose en vuelo con sus compañeros, los aviones colisionaron, con el resultado de 67 muertos y quinientos heridos, entre todos ellos muchos niños. Fue el peor accidente hasta la fecha en una exhibición aérea Ramstein Airshow Tragedy Reportage (Part 2/2) – YouTube , solo superado años después, en julio de 2002, por una catástrofe similar en la ciudad ucraniana de Lviv.

 Nutarelli y su compañero de patrulla acrobática Mario Naldini, también muerto en Ramstein, habían sido testigos, ocho años antes, el 27 de junio de 1980, de otra catástrofe aérea, el nunca reconocido derribo accidental por un misil de la OTAN, del DC-9 de la compañía Itavia que volaba desde Bolonia a Palermo, sobre la isla de Ustica, 50 kilómetros al norte de la costa siciliana. Aquel misil, que ha sido secreto de estado de la OTAN durante cuarenta años, se cobró la vida de 81 pasajeros y tripulantes del avión. El pasado 2 de septiembre, el ex primer ministro italiano Giuliano Amato dijo que el misil lo había disparado un avión francés con el objetivo de derribar un avión militar libio en el que se creía viajaba Gadafi. Nutarelli y Naldini volaban aquel día a bordo de un TF-104G por aquella zona, en la que la OTAN realizaba unas “maniobras militares” presumiblemente para encubrir la operación contra Gadafi. 

Francia se encontraba aquel año en guerra en Chad enfrentada a las tropas del coronel libio. Según el juez Rosario Priore, los dos pilotos conocían muchos aspectos y circunstancias del derribo del DC-9, “pero a lo largo de los años transcurridos nunca salieron de su boca indicios más allá de algunos comentarios realizados en la intimidad”. Ya en 1999 el juez Priore estableció que aquel derribo del DC-9 había sido “por acción militar”, que se quiso hacerlo pasar falsamente por consecuencia de una bomba a bordo, y se quejó en su sentencia del cúmulo de “obstáculos, reticencias y falsos testimonios” con el que se había encontrado en su investigación. Así que cuando, ocho años después del secreto de Ustica, dos de sus testigos murieron en el show de Ramstein, algunos periodistas que llevaban años porfiando en busca de la verdad del caso, añadieron a su trabajo el examen de lo sucedido en Ramstein.

 Uno de esos periodistas fue Andrea Purgatori del Corriere della Sera, fallecido en julio y mencionado por Amato en su entrevista con La Reppublica, pero otro fue mi colega de Die Tageszeitung y corresponsal en Roma Werner Raith.

Hasta su muerte en 2001, Raith fue también un tenaz seguidor del caso Ustica, del que en 1999 publicó un libro (“Absturz über Ustica”), por cuyas páginas desfilan fuentes y testigos del caso misteriosamente suicidados o muertos en accidentes de tráfico. Raith decía que el teniente coronel Nutarelli tenía previsto dejar la profesión inmediatamente después del show acrobático de Ramstein, “despechado por un ascenso negado”. “Dado que en relación con Ustica una buena docena de posibles testigos importantes ya habían muerto en circunstancias extrañas, las alarmas debían haber sonado desde el mismo momento en el que murieron los dos pilotos”, escribió Raith en agosto del 2000.

Al igual que Purgatori, Raith sufrió un intenso acoso y marcaje por parte de los servicios secretos. Purgatori tuvo que mudarse tres veces de casa para esquivar aquel acoso. Los teléfonos y faxes de los periodistas eran intervenidos (entonces aún se notaba), documentos y casetes desaparecían de las mesas de sus despachos en toda una serie de robos “demostrativos” en los que los ladrones no mostraban interés alguno por el dinero. En la redacción de Die Tageszeitung en Berlín, que en los años ochenta aún era un diario de izquierdas, y bien interesante, no faltaba quien considerara a Raith, un tipo raro u obsesivo, un conspiranoico. Ese era, precisamente, uno de los objetivos y vectores de la acción de acoso e intoxicación de los servicios: agobiar y alimentar al investigador, magistrado o periodista, con noticias y pistas falsas para enredar su camino y desacreditarle. Por ejemplo, una mañana de junio de 1991, llegó a manos de Raiht un documento del ministerio de defensa italiano con el sello “Riservatíssimo” (“alto secreto”) en el que con fecha de 25 de mayo de 1988 se ordenaba la eliminación en el show de Ramstein del aviador con número de matrícula 32053. Era el número de Nutarelli. Pero el documento era falso, explicó Raith en un artículo publicado por Der Tagesspiegel. ¿Qué sacar en claro de todo esta maraña?

 

Ancianos políticos italianos sin ya nada que perder sueltan esa lengua que han tenido largos años atenazada por el nudo de su corbata. En 2008 el ex presidente Francesco Cossiga ya dijo, dos años antes de morir, que el responsable de la catástrofe de Ustica era un misil francés dirigido contra un avión militar libio. El ex primer ministro Amato ha dicho ahora que Gadafi se libró de aquel atentado porque Bettino Craxi, secretario de los socialistas italianos y también primer ministro, le advirtió de lo que se preparaba. Por eso el Coronel no embarcó en el Mig libio (según Raith procedente de Varsovia) que aquel día fue igualmente derribado por la OTAN, quizás pese a haber intentado parapetarse junto al Dc-9 de Itavia, lo que explicaría el desastre

El viejo ex primer ministro pide ahora al joven Macron (“o a la OTAN”, dice, como sugiriendo con esa mención secundaria una posibilidad mucho menos probable), que reconozcan su responsabilidad en el crimen de Ustica. En el ocaso de su vida quiere, dice Amato, “provocar, si es posible, un acercamiento a la verdad”. Pero la experiencia demuestra que ese es un ejercicio sumamente complicado para la OTAN y su mundo, sin duda el principal agente de terrorismo de la historia europea de posguerra y principal responsable histórico de la actual guerra de Ucrania que quizás sea su traca final, dado el enorme revés militar que se está incubando en ella para Occidente.

Si confiesan Ustica, ¿qué pasa con la bomba de la Oktoberfest de Munich, el mayor atentado terrorista de la historia alemana Una película reabre el atentado de la fiesta de la cerveza en Munich (lavanguardia.com) , o con el dossier Bommeleeër Bommeleeër, la novela negra de Luxemburgo – Rafael Poch de Feliu , o con el expediente Gladio, el ejército secreto de la OTAN El ‘Stay Behind’, la guerrilla europea de la OTAN | ctxt.es ,responsable de tantos atentados, conocidos y desconocidos, sobre los que hasta una resolución del Senado Italiano se refirió directamente en el año 2000, sin la menor consecuencia? 1980, el año de Ustica fue también el año del atentado de la estación de Bolonia. Y de la Oktoberfest. Dos años antes habían eliminado al Presidente del gobierno italiano, Aldo Moro.

¿Cómo tirar de la manta de Ustica, ahora, cuando la OTAN está defendiendo “la libertad y la democracia” contra el mal en Ucrania? ¿Cómo hacerlo sin desestabilizar aún mas todo el precario edificio de esa trampa geopolítica americana tejida desde el fin de la guerra fría y que conocemos como “seguridad europea”?

 En materia de aviones caídos, casi todo se ha dicho ya Sobre misiles y aviones derribados por error | ctxt.es en estas páginas. En materia de secretos y crímenes de Estado, hay siempre que aplicar la norma que se desprende de la experiencia: todo es siempre peor, y mucho más grave, de lo que sospechamos y denunciamos, entre acusaciones de “conspiracionismo” por parte de los habituales chien de garde del establishment mediático."            (Rafael Poch de Feliu , blog, 08/09/23)

29/9/21

Un informe de la organización británica Airwars revela que, en veinte años de "guerra global contra el terrorismo", Estados Unidos asesinó con ataques aéreos al menos a 22.679 civiles y podría llegar a 48.308. En ese periodo el terrorismo islámico mató a cien estadounidenses. Es comprensible que muchos pueblos duden de cuál es el bando terrorista.

 "El 29 de agosto, un ataque aéreo estadounidense contra lo que se suponía era un núcleo terrorista de ISIS-K, (grupo proscrito en Rusia y otros países), en Kabul, se saldó con la muerte de 10 civiles inocentes, entre ellos siete niños.

Varios días después el jefe del Comando Central de EEUU, general Kenneth McKenzie, reconocía el error: "Es poco probable que el vehículo y los que murieron estuvieran asociados con ISIS-K o fueran una amenaza directa para las fuerzas estadounidenses".
Bajo el paraguas de la guerra contra el terrorismo, Estados Unidos lleva 20 años ejecutando ataques aéreos, bien desde aviones tripulados o desde drones, por diferentes zonas en conflicto. Ahora, una asociación sin ánimo de lucro con sede en Londres denominada Airwars, que se dedica a investigar la guerra aérea internacional, ha hecho público un informe en el que ha calculado que al menos 22.679 y potencialmente hasta 48.308 civiles han muerto a causa de los ataques estadounidenses en su guerra contra el terrorismo.
 
Mientras los partes militares estadounidenses y los medios de comunicación no dejan de destacar con precisión el número de soldados muertos en esta guerra infinita comenzada el 11 de septiembre de 2001, 7.057 militares según el último recuento, los informes solo difunden datos imprecisos de muertos civiles por las acciones estadounidenses.

Casi cien mil ataques

Las investigaciones de Airwars desvelan que los datos militares oficiales de EE. UU. muestran al menos 91.340 ataques aéreos en siete zonas de conflicto importantes. Una horquilla tan amplia de muertos civiles (de un mínimo de 22.679 hasta potencialmente 48.308) refleja las dificultades que se han encontrado para el cálculo de los daños civiles. "El Ejército estadounidense raramente rastrea los efectos de sus propias acciones, incluso si son erróneas. Se deja en manos de las comunidades locales, la sociedad civil y las agencias internacionales calcular los costos".
Ni el Departamento de Defensa ni el CENTCOM, el Mando Central de Estados Unidos, publican datos sobre víctimas civiles. CENTCOM dijo a Airwars que los datos sobre daños civiles reconocidos oficialmente no estaban disponibles. "La información que solicita no está disponible de inmediato en nuestra oficina, ya que abarca varias operaciones/campañas en un lapso de entre 18 y 20 años", les respondió en un correo electrónico, invitándoles a solicitar una Freedom of Information, una petición al gobierno para que en virtud de una ley federal haga pública una determinada información.
 
Estas solicitudes pueden tardar varios años en obtener una respuesta, sin garantía de que la información se divulgue. Es por ello que Airwars debe recurrir a diferentes fuentes que registran unas estimaciones mínimas y máximas.
Estas tremendas cifras de civiles inocentes asesinados por Estados Unidos contrastan con las 2.977 personas que murieron por los ataques del 11-S, aproximadamente diez veces menos si comparamos la menor de las cifras estimadas de muertos por los ataques "contra el terror".
Y todavía resulta más impactante si tenemos en cuenta que, en el mismo periodo, es decir, desde aquel 11 de septiembre, alrededor de 100 estadounidenses han muerto en ataques salafistas en los Estados Unidos, ataques inspirados o realizados por Al-Qaida, ISIS (organizaciones terroristas, proscritas en Rusia y otros países) u organizaciones relacionadas con el terrorismo islámico que aboga por la muerte de los "infieles".

8.000 operaciones en 80 países

La envergadura de la denominada guerra global contra el terrorismo que inició Estados Unidos se apreció cuando en 2017 el Departamento de Defensa revela que tiene en marcha 8.000 operaciones espaciales repartidas en 80 países del mundo.
Aunque la guerra "antiterrorista" de Estados Unidos nunca tuvo límites territoriales claros, Airwars ha elaborado su estudio de datos en base a tres categorías:
Invasiones y ocupaciones totales de países: Afganistán 2001-2021 e Irak 2003-2009.
Grandes campañas de bombardeos contra el grupo terrorista Estado Islámico: Irak 2014-2021, Siria 2014-2021 y Libia 2016.
Campañas estadounidenses de ataques aéreos y con aviones no tripulados más selectivas contra grupos terroristas y militantes: Somalia 2007-2021, Yemen 2002-2021, Pakistán 2004-2018 y Libia 2014-2019.
Airwars precisa que para su estudio ha contado con la colaboración de otras organizaciones locales en cada uno de los países y conflictos analizados.

Irak, Afganistán, Siria

El año más mortífero fue 2003, cuando se informó que un mínimo de 5.529 civiles murieron por acciones estadounidenses, según la organización de monitoreo Iraq Body Count, casi todos durante la invasión de Irak ese año.
El siguiente año más cruento fue 2017, cuando probablemente murieron al menos 4.931 civiles, la gran mayoría en presuntos bombardeos contra Irak y Siria. Sin embargo, si incluimos las estimaciones máximas de daños a civiles, 2017 fue de hecho el peor año en cuanto a víctimas civiles, con hasta 19.623 muertos.
Casi todas las muertes de civiles reportadas por guerras estadounidenses desde el 11 de septiembre (97%) ocurrieron en las dos ocupaciones (Irak 2003-2019 y Afganistán 2001-2021); así como en la campaña contra el Estado Islámico en Irak y Siria (2014-2021).

Los drones de Obama

Sería un error pensar que el belicismo norteamericano es cosa de presidentes republicanos. En 2012, los propios asesores de Obama reconocían que el presidente estadounidense tenía una reunión "antiterrorista" todos los martes con dos docenas de funcionarios de alto rango de seguridad en la denominada Situation Room de la Casa Blanca, estudiaban sus biografías y designaban las personas que debían ser asesinadas en nombre de la lucha antiterrorista. El presidente daba el visto bueno de forma individual, se daba la orden al dron correspondiente —los aviones Predator y Reaper no tripulados que van armados con misiles Hellfire— y el individuo elegido -junto con cualquiera que se encontrara a su alrededor- era eliminado.
Lo explicaban con todo lujo de detalles los periodistas Jo Becker y Scott Shane en The New York Times con las declaraciones de los asesores de seguridad de la Casa Blanca. Ya entonces, se informaba que Obama llevaba aprobados 268 ataques de ese tipo con miles de muertos. Solo en Pakistán, según The Guardian, los drones, desde 2004, habían acabado con la vida de entre 2.464 y 3.145 personas, de los cuales hasta 828 eran civiles (535 con Obama) y 175 niños. Alguna prensa europea llegó a calificar aquello como “La 'kill list' de Obama”.
 
Obama recurrió a los drones armados más veces sólo en su primer año en la Casa Blanca que Bush en toda su presidencia. Prácticamente desde el principio, la estrategia del presidente demócrata consistió en apostar por los ataques letales selectivos, no sólo con drones, sino también con las fuerzas especiales o con misiles de ataque enviados desde largas distancias.
Iniciados en secreto y más tarde normalizados en público, los ataques letales selectivos transformaron la "guerra contra el terrorismo" para que se extendiera cada vez más por todo el planeta.
Cuando llegó Trump aumentando y presumiendo del aumento del gasto militar, con su escalada en el uso de las fuerzas especiales incluso más allá de las cotas alcanzadas por Obama, y su expansión del imperio de los drones con cada vez más ataques, se encontraron con pocas quejas de demócratas o republicanos. Al fin y al cabo, era la estrategia de los dos presidentes anteriores, sólo que aumentada.

Pinta de terrorista

En su libro Las guerras de los drones, matar por control remoto, la activista y defensora de la paz Medea Benjamin analizó el uso de drones en las guerras sucias de Estados Unidos (Irak, Afganistán, Libia, Yemen, Somalia...), sobre todo por parte de la CIA, de organizaciones vinculadas con el Pentágono y de contratistas privados que reclutan mercenarios.
Los drones de guerra son manipulados por individuos con varias pantallas ante sí; dicen: ''Ese tipo tiene pinta de terrorista islámico'', y el analista de imagen lo confirma o lo niega, y según el caso se le mata o se le deja en paz.
Benjamin explica que "guerra sucia significa aquí buscar desde el aire a cualquier posible indeseable y, en vez de capturarlo, para ver si es él, y juzgarlo para verificar su culpabilidad, se le lanza un misil y se le hace trizas, a él y a cuantos estén a su alrededor.
Barack Obama tiene su lista secreta de indeseables, la CIA tiene otra, los militares la suya, y así hasta que se acaben los presuntos terroristas islámicos y aparezcan otros que justifiquen la continuidad de la industria de guerra de Estados Unidos...".

Ofensiva de terror

20 años de guerra contra el terrorismo han dejado un rastro de violaciones de derechos humanos que van desde las mazmorras de Abu Ghraib con su catálogo de torturas, al campo de concentración de Guantánamo y al asesinato de miles de inocentes mediante ataques aéreos indiscriminados, como acabamos de ver. Sin ninguna duda la denominada “guerra global contra el terror” desde el discurso occidental se convirtió en "ofensiva de terror" para los habitantes de países como Afganistán, Irak, Siria, Libia o Pakistán.
La excusa del terrorismo ha servido para atropellar la legislación internacional, para violar sistemáticamente los derechos humanos, para encarcelar inocentes bajo la mera sospecha de terroristas o para criminalizar protestas pacíficas.
 
 La lectura simplista que gran parte de la ciudadanía estadounidense y europea hace del terrorismo islamista y de la guerra contra el terror, separando entre un bando malo yihadista y uno bueno occidental no tiene ninguna credibilidad para los habitantes de los países que llevan 20 años comprobando humillaciones, torturas y miles asesinatos de inocentes por nuestros drones.
Muchos llegan así a la conclusión de que Estados Unidos y sus aliados no son menos terroristas que Al Qaeda o ISIS."                     (Pascual Serrano, Sputnik, 23/09/21)

8/5/13

Los servicios secretos de Europa occidental han estado involucrados en crímenes y acciones terroristas.

"El juicio contra la red neonazi alemana NSU, responsable de la peor ola de atentados terroristas registrada en el país en los últimos veinte años, comenzó ayer en Munich. Va para largo, se espera que dure hasta 2015. La principal pregunta de este asombroso y sospechoso caso no va a obtener respuesta en este juicio.

 Se trata del nivel de complicidad de estructuras estatales con esta trama, autora, a lo largo de trece años, de; diez asesinatos, nueve de ellos racistas, dos grandes atentados con bomba en barrios de emigrantes y quince atracos. 

¿Cuánto Estado hay escondido detrás de eso? Desde sus inicios, este grupo nacido en Jena (Alemania Oriental) en los años noventa estuvo rodeado de confidentes policiales, colaboradores e infiltrados del servicio secreto interior, el BfV, una policía política orientada a la lucha contra el comunismo que desde su fundación en 1950 se nutrió de muchos ex nazis.

Alrededor de los tres oficialmente únicos miembros de NSU, siglas de “Clandestinidad nazi” revolotearon por lo menos 25 confidentes e infiltrados del BfV, sin embargo el Estado no se enteró de su existencia hasta pasados diez asesinatos, quince atracos, dos atentados con bomba y 11 años.

 Miembros del BfV estuvieron en el escenario y momento del crimen, por lo menos en un caso: el 6 de abril de 2006, cuando el NSU asesinó a Halit Yozgat en un cibercafé de Kassel. Policías rondaron el lugar de los hechos, el 9 de junio de 2004, instantes después de la explosión de una bomba en la Keupstrasse de Colonia que hirió a muchos emigrantes.

A lo inusual de estas circunstancias se suma la desaparición o destrucción de material de archivo, negligencias tras el descubrimiento del primer taller de bombas del grupo, las mentiras y ocultamientos en las declaraciones de funcionarios de la seguridad a la comisión de investigación del Bundestag. 

Todo eso, que es tan extraño, es la lista habitual allí donde se ha sospechado que los servicios secretos de Europa occidental han estado involucrados en crímenes y acciones terroristas.

“Hablar de chapuzas, errores y patinazos no es creíble”, dice Paul Wellson experto en este caso del parlamento de la región de Turingia, donde se encuentra Jena. “Lo que hay que preguntarse es qué relaciones hay entre los servicios secretos alemanes, la criminalidad organizada y la extrema derecha”, dice. 

Esa misma pregunta se está planteando desde febrero en el juicio del siglo de Luxemburgo: 24 atentados con bombas en 1984 y 1985 atribuidos a la red stay-behind de la OTAN, un caso que está siendo completamente ignorado por los medios alemanes, pese a que uno de los testigos ha identificado a un agente del servicio secreto alemán (BND) como el autor de 18 de aquellas bombas y coautor de la masacre de la Fiesta de la Cerveza de Munich de septiembre de 1980, el mayor atentado con bomba de la historia de la posguerra alemana, un caso no resuelto que dejó 13 muertos y más de 200 heridos. 

“En el caso NSU tenemos que preguntarnos qué papel jugó el Estado”, dice el profesor suizo, Daniele Ganser, el máximo especialista en las tramas negras de los años setenta y ochenta vinculadas a la OTAN. “A diferencia del caso de Luxemburgo, aquí no se trata del BND sino del BfV y lo que hay que aclarar es si fue chapuza, fallos garrafales que pueden suceder, o si hubo manipulación”.

 “En ese segundo caso”, dice Ganser en declaraciones a La Vanguardia, “se trataría de cosas que ocurrieron con participación del Estado, o bien con estructuras paralelas”. “La pregunta es por qué esto no se puede aclarar y si hubo alguien que tuvo protección gubernamental”, concluye. 

Aunque se estima que NSU tuvo quizá un centenar de cómplices y ayudantes, en el juicio de Munich solo hay cinco acusados. El principal es Beate Zschäpe. Oficialmente NSU se reducía a solo tres miembros, dos de los cuales, Uwe Mundlos y Uwe Böhnhardt, según la versión oficial, se suicidaron al verse cercados por la policía en noviembre de 2011. 

Zschäpe, única superviviente del trio, compareció serena y se puso de espaldas a las cámaras de televisión. Está acusada de complicidad en toda la serie de atentados. Merkel ha calificado este caso de “vergüenza para Alemania”. 

Desde 1990 los neonazis han asesinado a 152 personas en Alemania, vagabundos, izquierdistas y sobre todo emigrantes. Es, con mucho, el principal foco de violencia política, pero el aparato de Estado se muestra indulgente, mucho más pendiente de la izquierda, y “ciego del ojo derecho”, como se dice.

 Las manifestaciones neonazis continúan siendo protegidas por la policía y sus adversarios criminalizados, igual que hace treinta años. Mientras tanto, una quinta parte de la población alemana tiene raíces extranjeras, pero, “en el debate público los emigrantes prácticamente solo figuran como grupo problemático”, dice el periodista Andrea Dernbach del berlinés Tagesspiegel."     (Fuente: La Vanguardia, 7/5/2013, Rafael Poch, Rebelión, 08/05/2013)

2/5/11

Se ajustició al terrorista Bin Laden... en cambio, el crimen de guerra en Irak, que mató a 300.000 personas por órdenes de Bush, sigue impune

"Podríamos preguntarnos cómo reaccionaríamos si unos comandos iraquíes aterrizaran en el complejo de George W. Bush, lo asesinaran, y lanzaran su cuerpo al Atlántico.

Sin lugar a dudas sus crímenes excedieron en mucho los de Bin Laden, y no es un “sospechoso” sino indiscutiblemente el que “tomó las decisiones”, quien dio las órdenes de cometer el “supremo crimen internacional, que difiere solo de otros crímenes de guerra en que contiene en sí el mal acumulado del conjunto” (citando al Tribunal de Núremberg) por el cual se ahorcó a los criminales nazis: los cientos de miles de muertos, millones de refugiados, destrucción de gran parte del país, el encarnizado conflicto sectario que ahora se ha propagado al resto de la región.

Hay más que decir sobre [el terrorista que hizo volar el avión cubano, Orlando] Bosch, quien acaba de morir pacíficamente en Florida, incluida la referencia a la “doctrina Bush” de que las sociedades que albergan a los terroristas son tan culpables como los propios terroristas y hay que tratarlas de la manera correspondiente.

Parece que nadie se dio cuenta de que Bush estaba llamado a la invasión y destrucción de EE.UU. y al asesinato de su criminal presidente." (Jaque al Neoliberalismo, 09/05/2011)


"Ahora, para centrarme en el problema fundamental planteado por EL PAÍS, qué aspectos morales y legales tiene la muerte de Bin Laden, quiero dejar una cosa clara:

me opongo por completo a todas las formas de tortura, incluido el waterboarding (ahogamiento simulado), que me parece una salvajada.

La cuestión del waterboarding la plantearon el lunes varios miembros aguafiestas del Gobierno de Bush -Rumsfeld y Cheney-, que ahora quieren arrogarse el mérito de haber encontrado a Bin Laden gracias, según dicen, a los éxitos conseguidos con el empleo legítimo de dicha técnica.

Pero los "métodos reforzados" como el ahogamiento simulado fueron declarados ilegales hace años, y no me parece posible que unas pizcas de información recibidas tal vez en 2002, como presumen Rumsfeld y Cheney, hubieran esperado a 2011 para mostrar alguna utilidad.

Todavía no conocemos la verdadera secuencia de acontecimientos, que se desarrolló durante un periodo de casi 10 años, y desde luego no se explica por qué, si el equipo de Bush estaba en posesión de un dato tan valioso, anuló de pronto la orden de busca y captura de Bin Laden, con el argumento de que ya no era un objetivo importante.

¿Fue legal matar a Bin Laden? Según las leyes, es legítimo disparar al jefe de tus enemigos, y Bin Laden era el líder de Al Qaeda y había ordenado personalmente los atentados del 11-S.

El hecho de que el ataque contra Bin Laden se llevara a cabo con un número mínimo de soldados de las fuerzas especiales de la Marina en helicópteros y casi sin bajas es asombroso.

Comparémoslo con la destrucción causada por las bombas en numerosos países, entre ellos Libia e Irak: desde luego, a Obama le habría costado mucho menos ordenar el bombardeo de la mansión de Bin Laden que la arriesgada operación de las fuerzas especiales, pero las pérdidas de vidas humanas habrían sido enormes.

Y en cuanto a la incursión sin anunciar en Pakistán, ni las personas ni los Gobiernos tienen la obligación de ser masoquistas." (BARBARA PROBST SOLOMON: Es legítimo disparar al jefe de tus enemigos. El País,08/05/2011 )


"Tanto los portavoces del poder ejecutivo como los del judicial buscaron justificar la actuación de los soldados calificándola como "acto de guerra".

Lo más significativo de este intento desesperado de sobreseer un comportamiento que, de acuerdo con la nueva versión, no puede serlo no es que disparar contra unos enemigos sin armas difícilmente encaje en la noción de "acto de guerra";

lo más significativo es que muestra la repugnancia que, por fortuna, por inmensa fortuna, sigue experimentando el actual Gobierno de Estados Unidos a hablar de asesinato selectivo o de ejecución extrajudicial, por más que sea eso, eso exactamente, lo que llevó a cabo.

Se dirá, no sin razón, que es una exhibición de hipocresía. Por vía de comparación se podría observar, sin embargo, cómo el vicio volvió a rendir tributo a la virtud:

el presidente del Comité de Asuntos Exteriores y de Defensa del Parlamento israelí, Shaul Mofaz, aseguró que Estados Unidos había recurrido a la misma estrategia que emplea su país contra los terroristas y, a continuación, llamó a incrementar los asesinatos selectivos de palestinos, según recogía el Jerusalem Post.

No es eso lo que se proponen los dirigentes norteamericanos.

Calificando de acto de guerra la muerte de Bin Laden, y anunciando el fin de Al Qaeda -algo que, a todas luces, resulta cuando menos prematuro-, Obama parecía estar transmitiendo un mensaje subterráneo diferente del expreso.

Lo que para la Casa Blanca se habría acabado después del asalto al escondite de Abbottabad no es el yihadismo, que podría seguir golpeando mientras exista un solo fanático y un único kilogramo de dinamita, sino la guerra contra el terror como estrategia para combatirlo.

El debate sobre la tortura como medio para obtener información que permita dar caza a los terroristas, reabierto en Estados Unidos por Dick Cheney tras la captura y muerte de Bin Laden, es, en realidad, teórico, o, más bien, retrospectivamente exculpatorio: Guantánamo continúa en funcionamiento, no por voluntad, sino por incapacidad de Obama para cerrarlo, pero desde su llegada a la Casa Blanca cesaron las torturas a los detenidos.

Cheney y, con él, los partidarios de la estrategia de la guerra contra el terror desean que se les reconozca la parte que supuestamente les correspondería en la captura de Bin Laden. No solo para reivindicar la paternidad del éxito, sino para lavar en él los execrables abusos cometidos. (...)

El Gobierno de Estados Unidos tal vez podría haber hecho frente a los riesgos para la seguridad que generaría un Bin Laden vivo y entre rejas, lo mismo que lo hizo mientras estuvo en libertad. Lo que no estaba en condiciones de resolver eran los problemas jurídicos que suscitaba.

¿Qué debería hacer con Bin Laden vivo, recluirlo en Guantánamo como jefe de los "combatientes enemigos" y privarse, así, de someterlo a cualquier género de juicio, justo o injusto, como sucede con el resto de los internos?

¿O debería haberlo entregado a los tribunales de Estados Unidos, incurriendo en la contradicción de ofrecer un juicio justo al máximo jefe de los "combatientes enemigos" mientras se le sigue negando a estos por el derecho que adquirirían a perseguir penalmente a sus captores, desde los presidentes Bush y Obama hasta el último de los carceleros de Guantánamo?" (JOSÉ MARÍA RIDAO. Nadie llora a Osama, El País, domingo,08/05/2011, 12/3)


"A pesar de lo confuso y a veces contradictorio de las informaciones dadas por los norteamericanos sobre este asunto, el jefe de la CIA y el portavoz de la Casa Blanca reconocían que el objetivo de la operación era eliminar al terrorista, nunca capturarlo para juzgarlo por sus crímenes de acuerdo con las leyes. (...)

Se ha llegado a decir que la pista que llevó hasta Bin Laden la proporcionó un preso de Guantánamo torturado por el método de la bañera, o ahogamientos simulados. Ya perdonarán que dude de que alguien capturado en 2001 conozca 10 años después el paradero del tipo más buscado del mundo, y que las torturas aplicadas ahora hayan sido más efectivas que las de entonces. (...)

Sin embargo, desde el punto de vista de la legalidad y el Estado de derecho, la muerte de Bin Laden ha sido un asesinato, una ejecución extrajudicial. Es evidente que el comando que efectuó la operación pudo haber capturado al terrorista, que estaba desarmado, para juzgarlo en Estados Unidos, pero esa opción no estaba en el programa. (...)

¿Se imaginan al presidente del Gobierno español ordenando a los Geos una operación para eliminar, por ejemplo, en Marruecos, a Daoud Ouhnane, uno de los huidos del 11-M cuyas huellas acreditan que fue uno de los que transportó las bombas a los trenes de cercanías de Madrid? ¿O al fiscal del Estado en el momento de declarar legal la operación y de reconocer que la información se obtuvo mediante torturas a un preso?

¿O algo menos grave, como el secuestro en Francia del etarra Antonio Troitiño para que acabe de cumplir condena o el de Josu Ternera para ser juzgado por el atentado de la casa cuartel de Zaragoza? Aunque en algún caso puede que exista la tentación, es evidente que en España se impone el cumplimiento de la ley.

Eso mismo que no ocurrió con la operación de Bin Laden, en la que en ningún momento se trató de hacer justicia sino de escenificar una venganza, de aplicar el derecho del amo. Porque solo los amos del mundo se pueden permitir el lujo de vengarse, de saltarse la ley a la torera, aunque sea para asesinar al mayor terrorista del milenio." (JOSÉ YOLDI: El derecho del amo y el alipori. El País, 09/05/2011, p. 19)


El presidente Barack Obama, junto al vicepresidente Joe Biden (primero por la izquierda) y la secretaria de Estado estadounidense (segunda por la derecha), recibe un nuevo dato de la misión que tenía por objetivo acabar con Bin Laden (El País, 02/05/2011)

"La primera foto que la Casa Blanca difundió universalmente a raíz de la operación contra Bin Laden orientó de manera muy profesional nuestra mirada.

Se trataba de una instantánea del fotógrafo oficial de la institución, Pete Souza, donde veíamos al presidente Obama, el vicepresidente Biden y a la secretaria de Estado Hillary Clinton mirando con bien distinta gestualidad los monitores donde seguían vía satélite la operación de asalto.

Una ley del cine dice que siempre es más largo e importante el plano del personaje que mira, que el inserto de lo que está mirando.

Gracias a ello, desde ese momento, la opinión pública mundial se ha hecho muchas más preguntas sobre la responsabilidad del poder, lo complicado de tomar una decisión y hasta lo acertado o desacertado de la estrategia.

En resumen, el presidente Obama ha sido mucho más protagonista de la noticia que el propio Bin Laden. Porque el que mira, y no lo que mira, vuelve a ser el protagonista de una mirada.

El problema es que los medios de comunicación y sus consumidores no se conforman con la estrategia narrativa. Quieren también su dosis de morbo y curiosidad satisfecha, porque somos los que miramos los que exigimos nuestro protagonismo.

Por eso la Casa Blanca no quiere mostrar las fotos de Bin Laden muerto, pese a la demanda mundial. Hasta ahora, la ola interna de popularidad ha beneficiado a sus intereses. No quiere variar el foco ni humanizar al terrorista, porque sabe, sabemos, que la muerte lo humaniza todo."(DAVID TRUEBA: Los que miran. El País, 06/05/2011, p. 61)


"La secretaria de Estado, Hillary Clinton, pareció presenciar algo espantoso durante el visionado de la operación.

Las cámaras la retrataron cubriéndose la boca mientras sus ojos parecían saltar. En una rueda de prensa posterior en Roma lo justificó diciendo que había tapado un estornudo de tipo alérgico. " (BORIS IZAGUIRRE: La catarsis del más allá. El País, 07/05/2011, p. 51)


"A ver cómo les explicas, por ejemplo, cuándo la presunción de inocencia está vigente y cuándo no.

O cuándo el GAL es legítimo y cuándo hay que perseguir a sus autores. También la doctrina acerca de los criminales de guerra resulta muy ambigua.

Hay criminales de guerra como Bush que no son criminales de guerra, de modo que si un comando de soldados iraquíes entrara en su casa y asesinara a su mujer, a sus hijos y a él mismo, la acción no sería calificada de un acto de justicia. No se habría "hecho justicia", como en el caso de Bin Laden.

Cuando Felipe González declaró que había dudado si acabar o no de un bombazo con la cúpula de ETA, lo pusieron a parir los mismos que han celebrado el linchamiento de Bin Laden, porque el terrorismo de Estado de los GAL sí fue, durante un tiempo al menos, terrorismo de Estado." (JUAN JOSÉ MILLÁS: Pedro y Nopedro. El País, 06/05/2011., última)


"Es imposible exagerar el impacto de la destrucción de las Torres Gemelas en la psique estadounidense.

El hecho en sí fue gravísimo. Por el número de muertos, por la caída de unos edificios simbólicos, porque ni Nueva York ni el resto del país, ajeno hasta entonces a masivos ataques exteriores, habían vivido jamás una jornada de tal pánico y tal asombro.

Pero hubo algo más. Si Osama bin Laden asumió para el colectivo la condición de monstruo cruel y elusivo, los estadounidenses se pusieron en la piel del capitán Ahab: no existía otro fin que la venganza. No importaban los medios, no importaban las consecuencias. Era una cuestión moral y absoluta, sin posibilidad de matices. (...)

Fue asombroso vivir de cerca la metamorfosis de una nación que hasta el 11 de septiembre de 2001, a las 9 de la mañana, preservaba con celo determinados valores como la equidad judicial o el libre debate porque constituían la esencia de su sistema de convivencia.

Aquello se esfumó en un momento. Incluso en sus momentos más oscuros, fueran la guerra de Vietnam, la caza de brujas de los 50, la organización de golpes de Estado en otros países o la misma resistencia interna contra los derechos civiles de los negros, una parte de la sociedad estadounidense había mantenido la capacidad crítica hacia el poder y había sosegado las explosiones de furor colectivo.

Hasta entonces, el relato de la historia nacional había permanecido en el ámbito de la razón.

Con Osama bin Laden, el relato estadounidense adoptó una mística tenebrosa. No había excepciones, ni en la gran prensa liberal ni en las organizaciones progresistas ni en los hogares más sosegados. Un presidente anodino que llegó a la Casa Blanca por una carambola judicial, George W. Bush, se sintió capaz de hacer cosas impensables.

Y las hizo, con el aplauso popular. Desde las leyes de seguridad nacional hasta la creación de Guantánamo, desde las invasiones de Afganistán e Irak (que no tenía nada que ver con Bin Laden, pero tenía mucho que ver con el furor de una nación) hasta la conversión de los aeropuertos en humillantes centros de interrogatorio y registro, todo valió en la "lucha contra el terrorismo", un concepto tan vago y tan cargado de potencia semántica como "la caza de la ballena blanca".

Los viejos valores de los derechos y las libertades individuales fueron arrojados a la hoguera en nombre del fin supremo: la venganza contra el monstruo inefable e invisible.

Viví los primeros años de la ballena blanca, los más intensos, en una calle de Washington. Todas las casas de la calle plantaron un mástil en el jardín e izaron la bandera de las barras y las estrellas. Yo fui el único en no hacerlo, por no ser de banderas y porque consideré que mi empleo de corresponsal desaconsejaba ese tipo de expresiones.

En la noche de Halloween posterior a los atentados, los niños evitaron pasar con el "treat or trick" por mi casa. Era la casa de un extranjero, un sospechoso, un enemigo potencial, un tipo que no se abrazaba a la bandera del bien.

El país más hospitalario del planeta adoptaba el ceño sombrío de un capitán ballenero sumido en una obsesión de venganza.

Recuerdo el miedo en las comunidades musulmanas de Nueva York y Nueva Jersey, que un gran amigo mío, Ricardo Ortega, se empeñaba en frecuentar en búsqueda de pistas. " (El País, 02/05/2011)


"El poco cristiano mensaje de Merkel.

“Me alegro de que hayan conseguido matar a Osama bin Laden”. Esta declaración pública, pronunciada poco después del anuncio de la ejecución del jefe de Al Qaeda por un comando estadounidense y que no casa demasiado bien con el principio del amor al prójimo, pone a Angela Merkel en un apuro.

“La canciller provoca el rechazo de los cristianos”, titula Berliner Zeitung, que informa que Merkel, que también es presidenta del Partido Demócrata Cristiano (CDU), ha recibido fuertes críticas por parte de las iglesias y de su base, según las cuales “no cabe alegrarse de la matanza intencionada de una persona”.

“La liquidación de Osama bin Laden muestra hasta qué punto los instintos más bajos y arcaicos del hombre superan la cultura cristiana”, certifica el diario en su editorial. “En efecto, las muestras de alegría [en Nueva York] eran un ritual de deslastre psicológico.

Pero no se ha hecho justicia, se ha sacrificado a un hombre por instinto de venganza”, comenta el diario, y subraya la repulsa con que Occidente habría condenado las demostraciones de alegría en Pakistán tras un posible atentado contra el antiguo presidente estadounidense George W. Bush. " (Presseurop, 04/05/2011)


"Un ciudadano escucha en las noticias que un cuerpo especializado del Ejército americano ha acabado con la vida del terrorista más buscado del mundo y se siente impelido a salir a la calle, a Times Square, a la Casa Blanca o a la Zona Cero y convierte esa noticia en un espectáculo.

Ese individuo usa el plural al dirigirse a una cámara y decir, "lo hemos vencido, al fin hemos acabado con él, ese día tenía que llegar, lo hemos derrotado". Es ese plural el que ofende a las personas serenas, que no entienden la muerte, sea de quien sea, como celebración.

Es el plural que aparecía en las primeras páginas de los periódicos gratuitos en el metro de Nueva York ayer martes: "Al fin lo hemos golpeado"; es el plural bíblico que utiliza sin miramientos el Washington Post, poniendo en boca de todos los ciudadanos americanos la siguiente frase: "Púdrete en el infierno".

Es el plural que divide al mundo en dos planetas, Oriente y Occidente; el plural que separa a los seres humanos en buenos y en malos; el plural que tras el 11 de septiembre trazó un eje, el del mal, que sembró el rencor y la desconfianza; aquel plural decisivo para sustentar lo que fuera un continuo estado de emergencia, "la guerra contra el terror", y una excusa perfecta para defender invasiones contra todo derecho.

Es un plural que marca una línea entre nosotros y ellos." (El País, 04/05/2011, última)

Comentario:

Ben Laden fue vencido por los jóvenes revolucionarios árabes, por la ola democratizadora en esos pueblos.

La movilización de la gente para exigir sus derechos tuvo que ser su mayor amargura... que el afán de venganza fuese olvidado por el afán de igualdad y de libertad entre todos los árabes.

Ésa fue su derrota. No su localización y muerte.

Crimen de Estado. La Casa Blanca protegió a grupos anticastristas cubanos que planeaban atentados terroristas en Cuba (contra aviones, contra Fidel Castro).

Algunos de los agentes cubanos que lucharon contra estos terroristas dentro de EE. UU. fueron condenados a cadena perpetua por los tribunales americanos.

Lucharon para impedir que se atentase contra aviones civiles. Por parte de ciudadanos americanos. Por eso se les encarceló.

Las autoridades francesas permitían que los etarras torturase y matasen a ciudadanos españoles dentro de Francia, por la simple sospecha de que fuesen soplones de la policía. Además...

La policía francesa dejaba que los asesinos etarras matasen en España y se refugiasen en Francia, de la misma manera que los talibanes protegieron a Ben Laden.

Así que Felipe González montó los GAL para atacar en suelo francés a los terroristas. Cómo hizo Obama, para atacar a Osama en Afganistán, en Pakistán.

Localizada la cúpula de ETA, se le pide permiso para volarla. No lo da. Los deja vivos. Siguieron matando.

No hizo como Obama, quién mató a la cúpula de Al Qaeda, a Osama Ben Laden.

4/6/09

Terror y alto nivel de vida ¿tiene alguna relación?

"Cada vez que voy a Bilbao o a San Sebastián me vuelvo con la misma impresión: he visitado uno de los raros Estados del bienestar seis estrellas que hay en el mundo. Y, sin embargo, la sociedad vasca no ha sido capaz de acabar con este cáncer social y moral que conforman el terrorismo y sus voceros. A veces me pregunto si este bienestar material tiene algo que ver con la pervivencia del terror." (Josep Ramoneda: País Vasco: el juego se abre. El País, domingo, 23/11/2008, p. 12)

8/4/09

Hay hombres justos que no quieren mancharse las manos de sangre. Para eso ya hay otros... menos justos

"Contiene además algunas revelaciones como los contactos que Puig Antich mantuvo, como representante del MIL, con la Asamblea de Cataluña, que reagrupaba a casi toda la oposición antifranquista, desde los democristianos hasta los comunistas del PSUC pasando por nacionalistas como Jordi Pujol. "Sus emisarios pidieron que les financiásemos con 50 millones de pesetas", asegura Rouillan, a sabiendas -sostiene Rouillan- de que el MIL sólo podía conseguir tal cantidad mediante atracos. Se negó." (El País, Domingo, 22/03/2009, p. 8)