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8/6/16

Le sacaron de su celda diciéndole que iban a matarle "para abreviar"

 
 Telmo Bernárdez Santomé

"Uno de los casos más espantosos de crueldad fué el del médico de Redondela, don Telmo Bernárdez, condenado a muerte por un Consejo de Guerra y fusilado. La condena y la ejecución misma fueron lo menos cruel de este horrendo episodio. 


Encarcelado a poco de haber estallado la rebelión se hallaba pendiente de proceso en la cárcel de Vigo cuando una noche, el 3 de septiembre exactamente, le sacaron de su celda varios guardias de asalto, diciéndole que iban a matarle "para abreviar". 

El doctor Bernárdez en manos de aquellos hombres recorrió aquella noche un terrible "vía crucis". Le llevaron a varios lugares de las afueras diciéndole siempre que era para acabar con él de un pistoletazo; le llevaron incluso delante de la puerta de su propia casa y le amenazaron con matarle allí mismo. 

Pero no lo hicieron ¿Por qué? ¡Quién lo sabe!  ¿Quién explicará nunca las reacciones psicológicas de aquellas bandas de asesinos que mataban o dejaban de matar por oscuros mandatos de sus turbios instintos criminales? 

Aquellos espantosos simulacros terminaron metiéndose los guardias con su pobre víctima en varias tabernas en las que estuvieron emborrachándose antes de decidirse a volver a la cárcel y dejar otra vez en su celda al prisionero.   (...)



Al conocer la sentencia, la esposa del doctor Bernárdez, a la desesperada, emprendió las gestiones que pudo para obtener el indulto. Aún se cometió con aquella infeliz mujer una nueva crueldad. 

Se le hizo creer que si obtenía de determinadas personalidades que firmasen la petición del indulto éste sería concedido sin duda alguna, pues era ya un valor entendido entre los militares y lo que llamaríamos las fuerzas representativas de la reacción, que si determinados personajes vigueses, esencialmente los pertenecientes a la Patronal, firmaban una petición de indulto, era porque el reo no debía ser considerado como realmente peligroso para la sociedad y se le podía indultar sin riesgo. 



Aquella esposa atribulada fué llamando de puerta en puerta y personalmente fué recabando de los enemigos del reo piedad para él. A costa de humillaciones la pobre mujer llegó a reunir las firmas necesarias. Es decir, todas no; le faltaba una; una, que era la decisiva para los militares...  

Y porque le faltó aquella firma, la última, la única que le quedaba por recoger, su esposo, el doctor Bernárdez, médico de Redondela, fué fusilado. Un hijo suyo de veintidós años fué condenado también y cumple condena en el presidio de Pamplona. (...)"                  

 (Hernán Quijano:Galicia mártir.  Episodios del terror blanco en las provincias gallegas. Ediciones Neos, Buenos Aires, circa 1949 , en Búscame en el ciclo de la vida, 24/05/16)

28/9/12

El tenor fusilado cuando cantaba Tosca

"Federico Añón Lacasa fue un actor valenciano que trabajaba en la Compañía de Pepe Alba, junto a Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, grandes artistas de los años 20 y 30. 

Fue concejal de Cultura del Ayuntamiento de Gandía por Izquierda Republicana, había estudiado Económicas y arte dramático Dirigió también el denominado hospital militar de la Republica en Gandía. Una noche de 1939, ya terminada la guerra los militares le fueron a buscar a su casa. Le metieron en un furgón. Toda la calle le vio partir. Le habían delatado.(...)

Su nieto, Raúl Puig Añón ha explicado a EL PLURAL.COM que le metieron en una celda con varios detenidos y cada dos o tres semanas sacaban a algunos para fusilarles hasta que solo quedaron Federico Añón y un famoso tenor. Se conocían de atrás. 

El día previo al de su fusilamiento, hicieron un pacto: Si no les fusilaban a los dos juntos, el condenado haría algo para despedirse del otro. Le tocó al cantante que ante el pelotón entonó el “Adiós a la vida de Tosca”. 

Nerviosos, los soldados no fueron capaces de disparar a tiempo y el artista murió agonizando cuando acabó el aria. “Mi abuelo había pensado en pronunciar un fragmento de “Tres sombreros de copa” de Miguel Mihura, si le tocaba primero a él”, narra Raúl Puig. 

“Hemos acabado con suficientes Federicos”

No le mataron. Un teniente coronel le dijo le dijo entre risas: “ya hemos acabado con suficientes Federicos del mundo de las artes”. García Lorca había muerto. A Federico Añón le hicieron varias veces el paseíllo de la muerte para luego indultarle. Aún así consiguió crear una escuela de teatro dentro de la cárcel para los reclusos.

 Le conmutaron la condena por seis años y día de reclusión que se convirtieron en siete. Su hija se recuerda a sí misma con tres años y una pegatina pegada en su vestidito que indicaba “hija de Federico Añón”, ella sola en medio del patio de la cárcel buscando a su padre junto a centenares de niños. 

Era el día de la Merced, la patrona de los reclusos, el único día del año que los pequeños podían visitar a sus padres presos. Federico salió en libertad en 1947 para morir en casa en 1952 de pleuritis. La humedad del penal y un asma crónica sin tratar acabaron con él. Fue enterrado con normalidad en un nicho de la Sección 7ª derecha del Cementerio General de Valencia."       (El Plural, 16/09/2012)

25/1/11

"Yo fui un esclavo del franquismo"


Ricardo se emociona durante su encuentro con 'Público' en su casa de Dos Hermanas

"Uno de los últimos supervivientes del Canal de los Presos, recuerda la brutal represión.

Cuando le preguntaban de dónde era, él respondía que de Salvochea, una aldea a tres kilómetros de Riotinto, en Huelva. "Cada vez que lo decía, me pegaban una paliza. Había que llamarla El Campillo, como a ellos les gustaba", recuerda ahora Ricardo Limia a sus 94 años. (...)

Acabada la guerra, el régimen naciente aprovechó la mano de obra esclava para la construcción de una ambiciosa infraestructura destinada a poner en riego más de 50.000 hectáreas en Sevilla y Cádiz. El resultado es lo que aún hoy es el Canal del Bajo Guadalquivir, conocido como el Canal de los Presos.

Salidos de campos de concentración como el de Los Merinales, allí trabajaron miles de personas en condiciones extremas de 1940 a 1962, en uno de los mayores empeños represores franquistas. (...)

"Tras estallar la guerra, me escondí un año por la sierra de Huelva, junto a otros milicianos. De allí salió un destacamento de mineros de Huelva a la Pañoleta para luchar en el frente. Fue un engaño. Los mataron a todos. Yo me salvé porque iba detrás en una moto", cuenta Ricardo, que a veces vacila y otras se emociona durante el relato.

"Todas las noches dormía escondido detrás de un árbol con un ojo abierto. La gente era mucho más mala que ahora", repasa. Tras ser reclutado a la fuerza y descubierto su plan para pasar a la zona republicana, fue condenado a cadena perpetua en 1937, pena conmutada luego por trabajos forzados. A sus 21 años y habiendo sido secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas de Riotinto, era carne de canal. (...)

"Los presos morían de hambre, enfermedades, palizas... No lo podéis imaginar. Como te desviaras una mijita, te castigaban. Más tarde o más temprano, caían sobre ti", recuerda Ricardo. Él era encargado de llevar la contabilidad de la construcción y controlar los carburantes. "Me salvó todo lo que aprendí en Salvochea.

Como era una colonia minera controlada por los ingleses, sabía leer y escribir, porque ellos obligaban a aprender a todos los niños", recuerda sabiéndose casi un afortunado. "No tuve que cargar piedras. Si no, no hubiera llegado a los 94 años", reflexiona.

"Pero en el campo era uno más. Dormíamos todos en los barracones, en el suelo. Me podían mirar mejor o peor según el día, pero era un preso. Era un esclavo, como todos", recalca. (...)

Ricardi asegura que durante su estancia en el campo se libró por los pelos de una condena a muerte por ayudar a unos presos a escapar. Esquivó el paredón gracias, asegura, a la intercesión de uno de sus jefes, Tomás Valiente.

Durante años, cuenta su hijo, se despertó llorando de miedo y de confusión tras unas pesadillas que le recordaban cómo, tras aquel episodio, los guardias lo sacaban por la noche para fusilarlo y luego lo devolvían entre risas al barracón. (...)

Ricardo, que ha sido homenajeado por la Asociación Memoria Histórica y Justicia, tiene ahora ante sí, enmarcada, la declaración del Ministerio de Justicia que declara que fue perseguido por razones políticas. "Cuando la recibí, me emocioné. Pero es tarde. Muchos inocentes que ya no están han tenido que vivir toda la vida siendo tachados de delincuentes", dice.

El único buen recuerdo del campo para Ricardo es que allí conoció a Margarita, que iba a llevar ropa a su hermano. Se casaron tras abandonarlo en 1942 y regresar a Riotinto, donde sacó plaza de jefe de estación. "Me declaré culpable de los robos en los vagones. La gente lo hacía por hambre", recuerda. Lo echaron y se marchó a Sevilla.

"Debía presentarme cada día en el cuartel. Un día llegué tarde. Me dieron una paliza", cuenta. Estuvo vigilado hasta 1963. Luego montó una panadería. Y llegó a ser uno de los líderes de este gremio en Dos Hermanas." (Público, 25/01/2011)

31/5/10

'O nos dices dónde está tu marido... o quemamos la casa con tus hijos dentro'

"El alcalde republicano y Secretario de la Federación de Trabajadores de la Tierra Modesto García, se escondió en el doble (bajo el tejado), y allí aguantó hasta el 31 de Agosto. Le contaban lo que estaba pasando, que estaban matando a todo el mundo, y no lo podía creer. Un vecino suyo vio por una ventana la ropa de él, y lo denunció.

A partir de entonces comenzó el acoso; los falangistas del pueblo se presentaban continuamente en la casa, la registraban de arriba abajo y no daban con él. Por fin el día 31 de Agosto se personó en la casa Jesús Vázquez de Prada, sobrino del nuevo alcalde Vicente. Vivía en Castroverde, donde su padre tenía una botica.

Pistola en mano, hizo salir a la esposa de Modesto, que estaba en la casa con sus cuatro hijos, todos ellos niños pequeños. La hicieron subir a un camión, diciendo que la llevaban a declarar a Medina de Rioseco. Al llegar al Teso Almenara, la hicieron bajar, la colocaron a un lado y la hicieron taparse los ojos, diciéndole que la iban a fusilar.

Tras esta escena, la volvieron a subir al camión y la llevaron a su casa. Allí encendieron unas teas, y estando los niños (y el marido) dentro, amenazaron con prender fuego a la casa, y la pobre mujer dijo por fin dónde estaba el marido, que fue detenido y llevado a Rioseco. Esta escena fue presenciada por muchos vecinos.

La mujer fue el día 2 a Rioseco, a la cárcel, a interesarse por su marido. Un guardia, conocido de la familia, le dijo que se pusiese en lo peor, pues lo habían sacado en un camión junto con otros 15 o 20. Todo señala que lo mataron en los Torozos.

La señora volvió llorando al pueblo. A continuación, la familia sufrió robos y violencia: un falangista del pueblo les tiró la puerta y les robó toda la matanza mientras les amenazaba. En días posteriores les robaron todas las provisiones que tenían. Les escupían y les insultaban. Los atacantes eran hombres hechos y derechos, y ellos, una mujer de 36 años y 4 niños de entre 12 y 3 años.

Tuvieron que abandonar su casa e ir a vivir con los abuelos maternos, que les protegieron y les ampararon, con lo que pudieron salir adelante." (www.represionfranquistavalladolid.org, 'Barcial de la Loma, 30/05/2010)