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19/6/11

"Después de asesinarlas, o todavía agonizantes, las cuelgan de los principales puentes de la ciudad. Ante la vista de todos"

"Lo que acaba de suceder en Monterrey, capital de Nuevo León y orgullo empresarial de México, supone un buen ejemplo. El miércoles, como respuesta a una ofensiva inédita contra el crimen organizado suscrita por todos los gobernadores de la república, los sicarios se emplearon a fondo.

Asesinaron a 35 personas, convirtiendo la jornada en la más sangrienta desde 2007, y asestaron además un golpe de efecto brutal: secuestraron a dos policías de élite adscritos a la escolta personal del gobernador y, después de descuartizarlos, los abandonaron en una céntrica avenida de la ciudad.

Junto a los restos de los policías -cuyas imágenes los medios mexicanos publicaron sin recato-, los criminales dejaron una cartulina con dos mensajes que los periódicos también difundieron textualmente, pese a que su contenido denigraba a los agentes y profería amenazas contra el gobernador.

Los 35 asesinatos -quemados, ahorcados, decapitados- no solo buscaban debilitar al cartel rival o a las fuerzas de la ley, sino recordar a la población quién manda hoy en Monterrey. Hasta Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal y actual presidente de la Confederación Nacional de Gobernadores, admitió que el alto número de crímenes registrados el miércoles constituía un mensaje:

"Se trata de una reacción de la delincuencia. Hay un objetivo evidente de tratar de intimidar a la autoridad del Estado, a su gobernador". (...)

A principios de año, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, renovó completamente su equipo de seguridad para acometer el rescate de Monterrey.

El joven político del PRI actuó a remolque de los grandes empresarios locales, que no estaban dispuestos a permitir que se pierda una ciudad que no solo es la sede de varias compañías líderes en México y en el mundo -Femsa, Cemex, Alfa-, sino también de la universidad privada más importante de México -el TEC de Monterrey-.

Medina aceptó, aunque a regañadientes, que un comité formado en parte por profesionales de las principales empresas supervisara su gestión. "Si perdemos Monterrey, ya lo demás está perdido". La frase corresponde al ingeniero Lorenzo Zambrano, líder de Cemex y del TEC, quien añadió en entrevista con este periódico: "No lo vamos a permitir".

La guerra sigue librándose. Los criminales han logrado tener a la población con el corazón en un puño. Las dos organizaciones que se disputan la plaza -el cartel del Golfo y el de Los Zetas- siguen protagonizando a diario los llamados "narcobloqueos".

Un grupo de sicarios roba tres o cuatro vehículos y bloquea las principales avenidas de la ciudad para delinquir a su antojo. Por si el terror que provocan tales asaltos fuera poco, ahora están utilizando a sus víctimas para demostrar su poder.

Después de asesinarlas, o todavía agonizantes, las cuelgan de los principales puentes de la ciudad. Ante la vista de todos. Ante la impotencia de la autoridad." (El País, 18/06/2011, p. 6)

28/2/11

"Lo hice porque quise. Cuando pegaba a alguien, me divertía. Pero luego vi que cuando me apuñalaban a mí no era tan divertido"

"Procura no salir sola a la calle. Los pandilleros del barrio se la tienen jurada. "Me han pegado tantas palizas que ya no siento el dolor", confiesa Laura (nombre ficticio). La joven, de origen ruso, se expresa con una frialdad impropia de su edad.

Tiene solo 16 años, pero mucha calle a la espalda. Hace dos, conoció en el instituto a chicos sudamericanos que la arrastraron al submundo de las bandas latinas. Laura se enroló en la Mara Salvatrucha, uno de los grupos violentos que tratan de imponer su ley en Barcelona. Y su vida cambió. (...)

Laura no solo vive amenazada por su "traición" a las bandas. También tiene pendientes juicios por participar en robos y peleas. (...)

La joven mantiene que fue algo espontáneo: "Entré porque les conocía, eran mis amigos. Te dicen que te van a proteger, aunque luego es mentira. No le aconsejo a nadie estar en una banda". (...)

"Lo hice porque quise. Cuando pegaba a alguien, me divertía. Pero luego vi que cuando me apuñalaban a mí no era tan divertido". Una tarde, llegó de clase eufórica. "Decía que era de una banda", dice la madre desde el sofá de casa.

La Mara Salvatrucha acababa de molerla a palos pero, a cambio, la acogía en su seno. Se hizo un tatuaje: "Así la gente sabe quién soy y no se mete conmigo", le dijo a su madre. (...)

Los jefes de la pandilla ordenaban a Laura cometer robos o propinar palizas. "Al principio, no te ponen un cuchillo en el cuello. Pero después, si te niegas a hacer lo que te piden, sufres las consecuencias. Y ya no hay hermanos que valgan", afirma. "Controlan tu vida. Es mejor tenerlos como enemigos que como amigos".

Todos los viernes, Laura pedía a su madre tres euros. Ese día, la banda celebraba una reunión y la marera rusa tenía que pagar, como todos, la cuota. "Le dije que eso tenía que acabar. Que iría yo con ella y les diría que mi hija no iba a pagar más.

Pero Laura me dijo que, si lo hacía, le pegarían", apunta la madre. ¿Para qué necesitan las bandas el dinero? "Es lo único que les importa. Dinero para bebida, drogas y armas".

La dura adolescencia de Laura se torció aún más una noche de concierto. Conoció a un chico que resultó ser miembro de otra mara presente en el área de Barcelona, Barrio 18. Empezó a salir con él.

La Mara Salvatrucha lo consideró una traición en toda regla. Y le hizo pagar por ello. "Un día vi que tenía golpes por todo el cuerpo. Me dijo que se había caído y no quería denunciar", afirma Olga.

Fue la primera de una serie de palizas, agresiones y amenazas de muerte que tienen a Laura con el alma en vilo. La semana pasada, una menor de la MS-13 recién salida de un centro intentó apuñalarla. "Puse la mano a tiempo y solo me hizo un tajo en la mano", dice.

En Barrio 18 tampoco estuvo mucho mejor. "Nada más entrar, me dijeron: 'Bienvenida al infierno'. La gente es cruel". (...)

Laura ha participado en peleas multitudinarias. Un día, un jefe de la mara encarcelado le hizo un encargo: buscar a una chica a la puerta del colegio y pegarle una paliza. Obedeció. ¿Por qué? "Pensaba: mejor ella que yo". También robaba.

En una ocasión, sus hermanas le propusieron ir a "dar una vuelta" a un centro comercial. De un tirón, se llevaron el bolso de una señora. Dos personas dieron la alerta sobre Laura.

Ahora espera juicio, aunque lo vive con aparente resignación. "Ahora ya no robo, por mi madre. Pero con esta crisis, ¿qué opción queda?". A la vez, hace propósito de enmienda: "Me he divertido en su momento, pero ahora esto ya no me conviene".

A Laura le gustan los chicos suramericanos, porque "son más fríos". Conoce al dedillo la historia de las bandas y su iconografía. Y tiene ídolos tan discutibles como el colombiano Pablo Escobar. Es un mar de contrastes. Pasa de la depresión (por perder un teléfono móvil) a la euforia.

Admite que toma drogas. Y mezcla una agresividad hacia su madre con modales exquisitos con el visitante.

Laura espera que, con el tiempo, la dejen en paz. "Quiero estudiar. Durante seis años incluso quise ser mosso, pero ya no". La joven para en el parque con otros chicos. También son, dice, de una banda.

"Me protegen, pero no estoy metida". La madre anda desconcertada: "Casi no me cuenta nada. Se encierra en su habitación y pone música. Y yo solo oigo que el cantante dice todo el rato ñeta, ñeta, ñeta". (El País, 27/02/2011, p. 39)

2/11/09

Descubrir el horror

"Pablo, el soldado arrepentido, fue amigo y hermano de todos ellos. Ya ha dejado de llover y en la puerta de su casa todo está lleno de barro. Va con su madre al lado, diminuta en comparación con él, grande como un armario, y dice que en la calle rige la ley del 20 contra 1. "Si estás dentro de una banda, siempre tienes que ir en grupo. Si no, estás muerto", explica.Pablo también fue un mandado dispuesto a matar. Tenía fe ciega en el clan. Los Trinitarios se sienten miembros de una especie de diáspora obligada por la miseria de su país. Siempre se saludan con la contraseña "Amor de patria", y su nombre lo adoptan del apelativo que se les dio a los fundadores de la República Dominicana.(...)

En su época de soldado, Pablo buscaba dinero hasta debajo de las piedras para pagar las cuotas. Robaba en establecimientos o atracaba a gente. En casa no sobraba el dinero. La madre estaba en paro y vivía toda la familia de la pensión del abuelo. En esa época acabó robándole al abuelo una cámara de fotos y un DVD nuevo. Los problemas en el hogar eran terribles. "No te escuchaba", dice la madre, "estaba como en una secta. Cambió de repente, era otro chico. Violento, mal hablado. Le tenía miedo". Pablo soñaba con subir en el escalafón de los trinitarios, ser un auténtico capo, pero para eso había que pelar mucho. Y ser frío y no tener muchos escrúpulos.

Poco a poco, Pablo se fue desencantando. No puede concretar la fecha exacta, pero recuerda que de repente empezó a no gustarle nada la violencia extrema que utilizaban. En una ocasión, mientras varios soldados pegaban con bates de béisbol a dos miembros de los DDP, Pablo se quedó paralizado. "Descubrí ahí el horror. No aguantaba tanta sangre y palos". Tenía ganas, relata, de arrancarse los ojos y estrujarlos. No entrar en aquella pelea le costó una paliza. Fue una humillación. Entonces dejó de ir a las reuniones del grupo. Una noche encontró este mensaje en su e-mail: "De Los Trinitarios cuando se entra no se sale. Al menos vivo". Los Trinitarios apelan a la ley del silencio y la fidelidad eterna al clan. Aquello le aterrorizó: "Sé cómo se las gastan". (El País, Domingo, 11/10/2009, p. 6)

22/2/08

Sólo uno la defendió. Los demás, en lugar de ayudarla, silbaron, silbido al que se suma el alcalde de Ermua

“Brutal paliza a una adolescente en Ermua. Un hermano presenció cómo le vejaban y golpeaban durante dos horas.

Todo sucedió ante la impotente mirada de su hermano menor. Y lo que empezó semanas atrás con una rivalidad entre cuadrillas terminó con una brutal agresión. El domingo 10 de febrero, N. S., de 15 años, fue atacada en Ermua (Vizcaya) por al menos una decena de jóvenes de su edad con todo tipo de objetos, incluyendo una moto. (…)

La agresión fue una venganza por algo ocurrido semanas atrás, según relataron varias fuentes. N. S. iba, al igual que una de sus agresoras, a la ikastola Anaitasuna. Por su conflictividad, ambas fueron enviadas al Centro de Iniciación Profesional (CIP) de Mallabia para aprender un oficio.

Las rivalidades entre las cuadrillas a las que cada una de ellas pertenecen acabaron desembocando en una primera agresión en la cual los amigos de N. S. causaron serias lesiones a una joven de la pandilla contraria. (…)

En torno a las cinco de la tarde, una decena de personas -otros testigos aseguran que muchos más se fueron sumando al linchamiento- acorralaron a N. S. en un callejón cercano a la pista. La rodearon en círculo. La golpearon con barras de hierro, le orinaron encima, la golpearon con un zapato de tacón de aguja, con un casco y utilizaron una moto para agredirla. Todo esto durante varias horas, hasta pasadas las siete de la tarde. Cuando acabó el calvario, N. S. se fue por su propio pie a su casa.

Decenas de personas presenciaron la paliza en la pista donde suelen reunirse los jóvenes a pasar el domingo, lejos de sus padres. "No podíamos hacer nada, si me meto me zurran a mí también", contaba ayer uno de los pocos que estuvo allí y que admitió haber sido testigo de la agresión. "Y, además, nos pueden denunciar por omisión de auxilio", argumentó otro. Al menos un joven intentó detener los hechos, pero poco pudo hacer ante la turba enfurecida, que también se ensañó con él. (…)

Los vecinos y jóvenes de Ermua que conocen a la agredida explican que N. S. también es bastante problemática. El mismo Gobierno vasco recordó que está "diagnosticada como hiperactiva, y su relación con los demás alumnos es, frecuentemente, conflictiva".

Varios testigos aseguran que las vejaciones fueron grabadas por móviles. "Pero no creo que esto lo cuelguen en YouTube. Tengo amigos que estuvieron allí y saben muy bien que se pasaron, tienen miedo", cuenta un alumno de la ikastola Anaitasuna.

…el alcalde de Ermua, el socialista Carlos Totorika, que recordó que la justicia ha decretado el secreto del sumario y pidió que "se respete la intimidad de los implicados". "Es un hecho aislado que podría haber ocurrido en cualquier otro lugar", añadió.” (El País, ed. Galicia, Sociedad, 21/02/2008, p. 43)