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27/11/23

"Llegaron a tirar a un bebé por la ventana"... así funcionó la crueldad franquista... Cuando acababa la misa en este pueblo de Navarra, en la plaza del pueblo, las mujeres "desafectas" al régimen se veían obligadas a desfilar por la plaza con sus cabezas rapadas

 "Los domingos franquistas en Altsasu eran peculiarmente horrorosos. Cuando acababa la misa en este pueblo de Navarra empezaba, literalmente, la fiesta de la humillación. En plena plaza del pueblo, las mujeres "desafectas" al régimen se veían obligadas a desfilar por la plaza con sus cabezas rapadas. Julita Zornoza, Concepción Larraza o Pilar Bengoetxea son algunos de los nombres de aquellas vecinas.

Las historias de estas mujeres forman parte del antídoto contra el olvido que acaba de publicar el colectivo 'Altsasu Memoria' de la mano de dos de sus integrantes, Amaia Urkijo y Josu Imaz. A través de más de 400 páginas, ambos investigadores han documentado el infierno que vivió este municipio tras el golpe de Estado.

 Este libro, titulado Altsasu 1936 y editado por la Fundación Altaffaylla, nació precisamente con el objetivo de impedir que tales historias queden olvidadas. "Apostamos por una memoria integral y amplia, que funcione también a modo pedagógico", explica Imaz al otro lado del teléfono.

 El trabajo de Urkijo e Imaz habla de un pueblo que, justo antes del golpe de Estado de 1936, contaba con una amplia mayoría de izquierda "frente a un pequeño núcleo del carlismo tradicional". No en vano, este municipio "fue una de las primeras poblaciones industriales de Navarra y uno de los primeros focos del movimiento obrero". Cuando Franco se alzó contra la democracia "la izquierda representaba el 82%" en esta localidad.

La pesadilla empezó al amanecer del domingo 18 de julio de 1936. "A primera hora apareció un grupo de la Guardia Civil que tomó la población, proclamó el estado de guerra y regresó de nuevo a Iruñea", relatan los investigadores en el libro.

"Desde el primer momento –continúan– Altsasu se convirtió en uno de los objetivos militares golpistas debido a la fuerza obrera y su manifiesta identidad de izquierda". No en vano, este municipio navarro, con presencia euskaldun, republicana y anarquista, representaba todo lo que la dictadura odiaba.

 Josu Imaz pone números al horror que se vivió entre 1936 y 1953, límite temporal puesto por los autores de este trabajo que, previsiblemente, tendrá una segunda parte: 100 muertos, más de 200 detenidos y 350 vecinos que se marcharon del pueblo, mientras que otras 47 personas fueron desterradas por los franquistas bajo la acusación de "indeseables y peligrosas". Altsasu tenía entonces 3.300 habitantes.

 "Al mes siguiente del golpe, obligaban a bautizar a niñas y niños que no habían sido bautizados por sus familias", apuntan en otro tramo de la investigación. Hubo criaturas que sufrieron la violencia franquista en carne propia, como en el caso de un bebé que fue sacado de la cuna por los golpistas y arrojado por la ventana de la vivienda. "Tuvo la suerte de caer sobre maíces", señala Imaz.

Según describen los autores de este trabajo, las fuerzas golpistas tenían una lista en la que "figuraban todos los altsasuarras que cobraban diez pesetas diarias del Gobierno de la República, así como el resto de militantes y activistas que habían salido de la población tras el 18 de julio". La orden era clara: "Los mandos militares tenían la intención de apresamiento o eliminación física de todas las personas allí donde los encontrasen", subrayan.

El temible general José Solchaga, que tuvo su cuartel en esa localidad, llegó incluso a manejar la cifra de 308 milicianos aportados por este pueblo para luchar contra el franquismo. "Imaginemos una lista con las 308 personas que salieron de Altsasu y sumemos a ellas las listas de rojos. Nos daremos cuenta entonces de la dimensión represiva que existió en Altsasu", apuntan los investigadores.

El papel de las mujeres

El horror iba de la mano del hambre. "La mayoría de los hombres había dejado sus casas, y en ellas a sus familias, para ir a luchar al frente. En muchos casos, sin noticias y teniendo que hacerse cargo de la casa, sin ingresos y al irse agotando lo poco que había en las cartillas, era difícil salir adelante", describen los autores.

La respuesta de aquel pueblo no tardó en llegar: "Enseguida se organizaron campañas de recogida de comida o elaboración de ropa para ayudar a las familias necesitadas".

El libro refleja así "el drama familiar que este conflicto supuso para las numerosas familias del pueblo en las que el padre o los hijos habían sido asesinados". De hecho, "fueron las mujeres quienes tomaron las riendas y, a falta de ingresos, en su mayoría aportados por los hombres de la casa, tuvieron que ser ellas las que trabajaran las tierras o sacaran el jornal".

La visita de Himmler

La investigación efectuada por 'Altsasu Memoria' recoge también otro momento histórico: la visita efectuada este pueblo por Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS nazis, el 19 de octubre de 1940. Aquel día atravesó la frontera por Irun, visitó Donostia y luego se dirigió a Altsasu, donde mantuvo una comida con autoridades franquistas en el parador Mendía. "En las mesas para los comensales se colocaron banderas con la enseña nazi, tal y como exigía el protocolo", destaca este trabajo. (...)"                  (Danilo Albin , Público, 23/11/23)

10/8/23

María Camino Oscoz Urriza, maestra republicana, comunista, asesinada por los franquistas en Urbasa #Navarra Detenida, rapada, humillada por las calles de Pamplona, torturada y violada durante días antes de ser asesinada por requetés

Dr. Manuel Márquez #Historia #MemoriaHistorica @ManelMarquezB

Ni olvido Ni perdón! El 10 de agosto de 2936, María Camino Oscoz Urriza, maestra republicana, comunista, asesinada por los franquistas en Urbasa #Navarra Detenida, rapada, humillada por las calles de Pamplona, torturada y violada durante días antes de ser asesinada por requetés.

El fascismo arrasó en Navarra, donde no tuvo una sola baja y liquidó a 3.452 personas, con urgencia y especial encarnizamiento, sobre todo en el verano de 1936.

10:48 a. m. · 10 ago. 2023 29,7 mil Reproducciones

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 "(...) Detención y asesinato

A la edad de 22 años fue secretaria del partido comunista. El 31 de julio de 1936 fue arrestada y llevada a la cárcel de Pamplona. Camino Oscoz, de 26 años, sufrió vejaciones (le raparon el pelo, le obligaron a tomar aceite de ricino), tortura y, probablemente, violación;234​ los falangistas la pasearon públicamente por Pamplona con la ropa rasgada y llena de suciedad el 31 de julio de 1936 bajo el beneplácito de las autoridades religiosas,5​ y después de once días, el 10 de agosto fue asesinada a tiros por los carlistas durante su traslado a Urbasa y su cadáver arrojado al Balcón de Pilatos.6​ El cuerpo de Camino Oscoz cayó hasta Baquedano donde continúa desaparecido.2 

Su historia ha sido recogida en el libro Camino Oscoz y otras historias del 36 (en euskera, Camino Oskoz eta 36ko beste historia batzuk) de Joseba Ezeolaza, coordinador de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra:. "Oscoz fue asesinada porque era peligrosa para el régimen; la pasearon como prisionera por la ciudad, sufriendo, como un trofeo, para escarmiento público ", explicó Ezeolaza. Antes que él, ya Pío Baroja y José María Jimeno Jurío, habían informado sobre el asunto.7​(...)"                 (Wikipedia)

28/2/22

Represión franquista en Castelló: 10.000 republicanos juzgados, la mitad condenados a prisión, aproximadamente 1.200 muertos entre asesinatos, ejecuciones y fallecimientos en prisión. Además de 9.000 expedientes de responsabilidades políticas y un millar de procesos de depuración de maestros

 "La represión franquista en Castelló dejó en la posguerra a 10.000 republicanos juzgados, la mitad condenados a prisión, aproximadamente 1.200 muertos entre asesinatos, ejecuciones y fallecimientos en prisión. Además de 9.000 expedientes de responsabilidades políticas y un millar de procesos de depuración de maestros. Es el balance que hace el historiador Josep Miralles Climent (Castelló, 1951) en Els anys que vam viure perillosament. Cròniques de lluites i repressió al nord valencià (1938-1981), editado por la Universitat Jaume I.

"Me he basado en la historia oral y en la documentación que he podido encontrar en los archivos", explica a elDiario.es el autor, que ha trazado la trayectoria de las diversas luchas antifranquistas desde la inmediata posguerra hasta la Transición. 

 La obra repasa los primeros focos de resistencia del maquis en el interior de Castelló, así como el despliegue represivo de la Guardia Civil para dar caza a los partisanos, mayoritariamente controlados por el Partido Comunista, aunque también participaban activistas locales vinculados al movimiento anarquista. "La represión fue muy fuerte", asegura el historiador, que ha podido localizar varios informes del Servicio de Información de la Guardia Civil.

El libro repasa singularmente le papel del carlismo en la oposición antifranquista. "Es un tema bastante desconocido", abunda Josep Miralles, quien recuerda que en las filas del franquismo la primera y única oposición surgió de las filas carlistas que se oponían a la dictadura militar y apostaban por la monarquía tradicional. La represión hacia los carlistas, en comparación con la izquierda que sobrevivió a la Guerra Civil, "fue de muchísima menor intensidad porque el régimen no podía reprimir tanto a gente de los suyos".

Entre 1936 y 1955, una decena de militantes carlistas fueron fusilados en España, siete murieron en "atentados falangistas o policiales", además de nueve tentativas frustradas, y hubo 604 detenciones y secuestros. También nueve procesamientos y consejos de guerra, 234 encarcelados, 31 desterrados "e infinidad de casos de torturas, maltratos, multas, prohibiciones, cierres de locales y prensa, ilegalizaciones y represión de manifestaciones", escribe el historiador.

En Castellón, ya en enero de 1939, un grupo falangista asaltó, pistola en mano, un local carlista destrozando el mobiliario y la documentación. Meses después se produjo un enfrentamiento entre carlistas y militares en Vila-real y Morella. Fue el inicio de un goteo de sanciones y detenciones que "intentaban socavar la moral carlista y también dividirlos".  

 Las conmemoraciones de tipo religioso que organizaban se convertían en actos políticos por los que eran multados por el gobernador civil. "Varios fueron desterrados de sus localidades", explica el autor, quien recuerda que "son hechos, al menos para el gran público, bastante desconocidos". Aunque también puntualiza que la represión hacia las filas del carlismo "no tiene nada que ver con la cantidad de ejecuciones, años de prisión y torturas que sufrieron los militantes de izquierda que perdieron la guerra".

Alianzas entre carlistas y comunistas

El libro también abarca las primeras alianzas entre los carlistas y los comunistas en las luchas sindicales clandestinas incluso antes de la década de 1960 para impulsar las Comisiones Obreras en el marco del resurgimiento de la oposición democrática. Además de otras formaciones más residuales, en Castelló, "el carlismo y el Partido Comunista fueron los únicos partidos que a lo largo del franquismo mantuvieron una oposición al régimen desde la izquierda y desde la derecha", asegura Miralles.

La obra también repasa las primeras huelgas en fábricas castellonenses (la primera después de la Guerra Civil, en 1959, en la fábrica Segarra de la Vall d'Uixó), así como el incipiente movimiento valencianista. También abarca los nuevos movimientos vecinales o feministas surgidos al calor del tardofranquismo y de la Transición. "Muerto Franco, la represión de las luchas continuó hasta después de la Constitución Española", sostiene el historiador.

El autor, multado por el gobernador civil en dos ocasiones y encarcelado en 1973, 1976 y 1977, ha incluido numerosos nombres de personas en un amplio índice onomástico de la oposición antifranquista de Castelló que se jugaron el pellejo. "Quiero dejar constancia de los nombres de las personas que se comprometieron arriesgando su seguridad", remarca Miralles."                  (Lucas Marco, eldiario.es, 19/02/22)

18/6/18

Le administraron grandes dosis de aceite de ricino, le raparon pelo y cejas, la maltrataron, violaron, la pasearon por las calles de Pamplona, sucia, su vestido rasgado...

"Camino nació en la calle Santo Domingo de Pamplona en 1910. Hija de Antonio y Anastasia, era la menor de 4 hermanos, pronto se quedó huérfana de ambos padres debido a la gripe de 1918. 

Los hermanos fueron separados y criados por diferentes familiares, ella fue a vivir con su tía. Camino pronto destacó como buena estudiante en las Teresianas de Pamplona donde terminó sus estudios con magnificas notas. En 1930 ejercía de maestra en el pueblo de Güesa, en el Valle de Salazar. (...) 

Camino se asoció al Socorro Rojo Internacional tras la Revolución de Asturias de 1934, ya que muchos de los detenidos encarcelados en el Fuerte San Cristóbal vivían en condiciones infrahumanas. Aquellas mujeres venían desde Pamplona, a veces en las peores condiciones meteorológicas, llevando comida y regalos, acompañándolos con sus dulces caras y voces. 

Pero Camino era muy mal vista en Pamplona, era de izquierdas, solidaria, conocida activista, secretaria del Partido Comunista, afiliada a FETE-UGT, multimilitante comprometida con su trabajo, vivía rodeada de demasiadas miradas acusadoras en una ciudad hostil.

En Navarra no hubo guerra. De la noche a la mañana todo cambió. Los que una vez fueron compañeros de tascas se convirtieron de repente en verdugos sedientos de sed y venganza.  (...)

A Camino la detuvieron el 31 de julio y la encerraron en la cárcel de Pamplona. Su compañero Tomás Ariz, conocido líder del PC de Pamplona, ya había sido fusilado antes. Camino era una “presa fácil”, rodeada de niñatos bravucones con ganas de demostrar gallardía en retaguardia. 

Los falangistas, entre ellos el cruel “toico” le administraron grandes dosis de aceite de ricino. 

Le raparon pelo y cejas, la maltrataron, violaron repetidamente, y la burlaron durante horas. Pero el escarmiento iba más lejos, había que humillar, apalear, herir, ridiculizar, la pasearon por las calles de Pamplona, sucia, su vestido rasgado. 

Días después la transportaron hacia Urbasa, y en medio de la carretera los carlistas la tirotearon y arrojaron por el balcón de Pilatos. Cayó cientos de metros hasta el término municipal de Baquedano, donde su cuerpo todavía no ha sido encontrado. Tenía 26 años.

En su libro La Guerra Civil en la Frontera, Pío Baroja habla de Camino: 

Al volver, he sabido muchas cosas de las que no quisiera haberme enterado. Entre ellas el caso de la maestra de un pueblo del Roncal, llamado Güesa, una muchachita de Pamplona, inteligente, que se había hecho comunista.
 Se llamaba María del Carmen Oscoz, y yo supe de su existencia, porque en el comienzo del año 1936 me empezó a escribir unas cartas en las que se mostraba anticlerical y entusiasta del comunismo, cartas de persona inteligente. 
Esta pobre muchacha leía mis libros, creía que yo estaba equivocado al no identificarme con el entusiasmo comunista. La maestra era audaz y valiente. 
En el pueblo parece ser que había un cura que la perseguía. Ella pintaba a su perseguidor como a un monstruo. La maestrita fue a varias reuniones, y al comenzar la revolución la detuvieron y la llevaron a la cárcel de Pamplona.
 Algunos días después la sacaron en un camión, y en medio de la carretera la mataron los carlistas, tirándola al suelo y disparando sobre ella varios tiros. Después arrojaron su cadáver por un barranco. ¡Qué crueldad más baja!.” (...)

Documentos originales: El libro Camino Oscoz y otras historias del 36 de Joseba Eceolaza. Noticias de Navarra (Amaia Rodríguez, Antonio Remón). Radio Recuperando Memoria (Nanny García Gómez). Parque de la memoria."                (Documentalismo Memorialista y Republicano, 30/04/18)

12/6/17

En Cintruénigo el tambor de Antonio Martínez Caracciolo avisaba a los vecinos de que las viudas de los fusilados iban a aparecer en público, “y así podían salir a insultarlas”

"(...) Militante del PCE y de la UGT, Camino Oscoz Urriza fue asesinada el 10 de agosto de 1936, a los 26 años. Los franquistas arrojaron el cuerpo de esta maestra –la única liquidada en Navarra- al vacío desde el balcón de Pilatos, actualmente en el Parque Natural de Urbasa-Andía.

Fue trasladada en automóvil por unos falangistas, pero antes había permanecido en la prisión de Pamplona. Posiblemente fue torturada, aunque resistió hasta el final: nunca se arrepintió ni pidió perdón por sus ideas.

La joven de izquierdas también participó en el Socorro Rojo Internacional, organización de apoyo a presos y refugiados constituida por la Internacional Comunista en 1922. El libro “Camino Oscoz y otras historias del 36” (Cenlit), del escritor Joseba Eceolaza, toma la historia de esta mujer represaliada como punto de partida para abordar la represión franquista. (...)

El bando faccioso arrasó en Navarra, donde no tuvo una sola baja y liquidó a 3.452 personas, con urgencia y especial encarnizamiento, sobre todo en el verano de 1936. Eceolaza llama la atención sobre la invisibilización a la que se ha sometido a las mujeres, incluso en ocasiones por quienes reivindican el derecho a la memoria. Muchas veces eran las viudas quienes tenían que afrontar las consecuencias de la represión.

Ocurrió, entre otros muchos, con Francisco Castro Berisa, herrero, socialista y alcalde del municipio navarro de Azagra. Tras un consejo de guerra, fue fusilado en Pamplona en febrero de 1937. Cuatro años después de la ejecución, fue condenado a indemnizar al Estado con cinco pesetas por perjuicios, así como a una sanción a diez años de destierro, por la que no podía residir a menos de 50 kilómetros de Azagra.

La batalla por la memoria ofrece un repertorio de episodios singulares. En Cintruénigo, municipio hoy con 7.800 habitantes, el tambor de Antonio Martínez Caracciolo avisaba a los vecinos de que las viudas de los fusilados iban a aparecer en público, “y así podían salir a insultarlas”, señala Joseba Eceolaza.

Las mujeres lucían la cabeza rapada, y previamente se les había forzado a ingerir aceite de ricino. Hasta el pasado cuatro de noviembre, cuando el pleno del Ayuntamiento decidió por unanimidad la revocación, la Escuela de Música de Cintruénigo llevaba el nombre de Antonio Martínez Caracciolo.

El autor pretende en el libro deshacer varios mitos. Uno entre otros, presente sobre todo en los pueblos más pequeños, es el que asegura que las muertes por la guerra del 36 obedecen a envidias y rencillas. “Se trata de un relato franquista para desideologizar los asesinatos”.

Pero en Navarra, “el 70% de los fusilados tenían militancia política, en los diferentes partidos de izquierda; aquí no hubo dos bandos, ni trincheras, ni resistencia”, asegura Eceolaza. Asesinatos como el de Camino Oscoz pretendían servir de ejemplo.  (...)

Mujer de coraje y gran vitalidad, el libro recoge algunas de las misivas de Camino Oscoz, como la que escribió con 25 años al escritor Pío Baroja y otra en la que pedía materiales para la escuela. Su resistencia inquebrantable permite trazar un paralelismo con otra mujer, Matilde Landa (1904-1942), también militante del PCE y activista del Socorro Rojo Internacional.

 Sometida a consejo de guerra en diciembre de 1939 por adherirse a la “rebelión”, resultó condenada a muerte, aunque después se le conmutó la pena. En agosto de 1940 ingresó en la cárcel de mujeres de Palma de Mallorca. Matilde Landa terminó suicidándose, pero rechazando hasta el final el arrepentimiento y el bautismo.  (...)

En el libro “El holocausto español” (Debate, 2011), el historiador Paul Preston se refiere a las circunstancias de Navarra. Explica episodios como el del 23 de agosto de 1936, cuando el obispo de Pamplona, Marcelino Olaechea, presidía una procesión muy concurrida que rendía honores a la virgen de Santa María la Real.

 Durante el acto, una partida de falangistas y requetés sacó de la prisión a 52 detenidos. Los historiadores también apuntan lo sucedido en las afueras del municipio de Caparroso: la mayoría de los presos, entre ellos el dirigente socialista Miguel Antonio Escobar Pérez, fueron asesinados. Las escabechinas se sucedieron en el año del golpe fascista. 

El 21 de octubre fue en un pequeño pueblo, Monreal, al sudeste de Pamplona, cuenta Preston. Esos días, en el funeral por un teniente del requeté (paramilitares carlistas) celebrado en el municipio de Tafalla, la turba se dirigió a la prisión con la idea de linchar a más de un centenar de detenidos. La guardia civil impidió que se consumara la degollina. A los tres días, 65 de los reclusos fueron trasladados de madrugada a Monreal, donde una partida de requetés procedió a ejecutarlos.  (...)"          (Enric Llopis , Rebelión, 01/06/17)

10/6/16

Las responsabilidades de los carlistas en la represión franquista han sido minimizadas por el relato de autoindulto elaborado desde el propio carlismo en fechas muy tempranas

"(...) Además del número de los asesinados, otros aspectos como el de los cientos y cientos de detenidos durante las primeras semanas certifican que Navarra actuó de laboratorio experimental de una estrategia que perseguía la total anulación y amedrentamiento de los sectores que no apoyaron el golpe de estado. 

En este sentido, no hay que olvidar que la gestión de la limpieza política desarrollada en Navarra estuvo en manos de auténticos expertos en la la guerra desde los despachos, como Marcelino de Ulíbarri.

 Este carlistón pasaría de la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra, el órgano que gestionaría la limpieza política por el lado tradicionalista, a ocupar los cargos más altos de las responsabilidades represoras en el organigrama del estado franquista a partir de 1938 y sería el diseñador de la práctica de decomiso y vaciado sistemático de los ficheros de las organizaciones políticas y sindicales de izquierda y nacionalistas con el fin de implementar una represión científica.

Navarra, asimismo, habría sido un campo de pruebas en lo relativo al proceso de brutalización de ciudadanos corrientes instigado desde las autoridades militares y desde las milicias carlista y falangista con el fin de que el mayor número de personas posibles se mancharan las manos con sangre. 

Los responsables últimos del proceso de limpieza política (entendiendo por tales a los mandos militares y a los dirigentes de los órganos de gestión de la represión por parte del Requeté y de la Falange, así como a las élites socioeconómicas navarras que estuvieron presentes en ellos) supieron involucrar a numerosos sectores de la sociedad navarra que se mantuvieron en la retaguardia, llegando hasta la base de la misma y haciendo que muchas personas quedaran contaminadas por el mismo por medio de los rituales de cohesión primaria de grupo desarrollados en torno al ejercicio de la violencia.

Dinámicas de ideologización exacerbada, en los que también participaron la prensa y la Iglesia, alentaron la deshumanización del adversario político con sus mensajes de cruzada y de reconquista para así contrarrestar los posibles escrúpulos de conciencia de los milicianos derechistas de base. Republicanos de izquierda, socialistas, comunistas, anarquistas y nacionalistas vascos fueron presentados como enemigos absolutos que no merecían ningún tipo de piedad.

Los responsables últimos de dicho proceso hicieron partícipes de su estrategia exterminadora no sólo a la red de ejecutores que pusieron en práctica la misma y que sería mucho más amplia de lo que nunca podamos llegar a conocer, sino también a toda una miríada de colaboradores que trabajaron en la sombra en labores de castigo y vigilancia de diferente naturaleza, garantizando así el silencio de todos ellos y su impunidad global de cara al futuro en todos los órdenes.
 
Por otra parte, la brutalidad de la limpieza política desarrollada en Navarra no sólo queda manifestada por las ya referidas elevadas cifras de asesinatos y de detenciones, sino también por el maltrato a los presos en los centros de detención, por las características de las sacas y de los asesinatos (en muchos casos, no producto de fusilamientos, sino de ejecuciones a cañón tocante) y por los rituales despiadados que tuvieron lugar.

El tremendo impacto de todo lo anterior provocó que los familiares de los víctimas, absolutamente desasistidas por parte de la sociedad navarra, tuvieran que asumir, e interiorizar hasta lo más hondo, el olvido y la desmemoria como pauta forzada de conducta ante la brutalidad del hecho represivo del que nadie podía conocer hasta dónde podía llegar ni su fecha de caducidad. 

En numerosas familias se renunció a la reivindicación de la memoria de sus familiares asesinados, represaliados o vejados, rompiéndose la cadena de la memoria para su transmisión a los miembros más jóvenes de las mismas con lo que éstos ya no pudieron disponer de la información necesaria para una toma de conciencia articulada en base al alcance de los acontecimientos en el propio linaje. 

(...) hasta el año 2000 pervivió el “pacto de silencio o de olvido” fomentado desde los partidos políticos mayoritarios durante de la Transición por el que, en aras del espíritu de la reconciliación, se adoptó una especie de convención de no remover temas acerca de la guerra civil que pudieran suscitar divisiones en la opinión pública. 

Esa política fue perjudicial porque fomentó en el caso de la derecha el negacionismo y la subestimación de las responsabilidades de los ideológica o familiarmente próximos en la generación de sufrimiento al adversario político. No obstante, a pesar de los avances, aquel pacto se ha prolongado, como ha quedado dicho, en relación con los victimarios, en una especie de convención mayoritariamente acordada. (...)

Resulta llamativo comprobar que las responsabilidades de los carlistas han sido minimizadas, en parte por el relato de autoindulto de aquellas elaborado desde el propio carlismo desde fechas muy tempranas, en parte porque hijos y nietos de requetés abundan en todos los partidos actuales.

Por todas esas razones, los asesinos de la guerra civil han gozado de impunidad no sólo jurídica, sino también historiográfica y memorialística. Nadie se ha enfrentado a ningún procedimiento judicial en una interpretación in extenso de la ley de amnistía de 1977. Asimismo, hasta ahora la historiografía y la memoria circulante han aceptado la consideración de los responsables como un tabú a respetar.  (...)"                 (Fernando Mikelarena, Sociología Crítica, 07/06/16)

10/11/15

Carlistas navarros tratan de matar a un cura guipuzcoano nacionalista

“(…)  Ha llegado un barco que se llama "Mater Dolorosa", con varias personas a bordo, de San Sebastián. El barco es de Guetaria. 

A proa iba un cura, con anteojos y con el sombrero de teja en la mano. Dicen que es un cura de la capital de Guipúzcoa, nacionalista, gran tenor, que fue chantre de la catedral de Sevilla. 

Al parecer, los carlistas le tienen mucho odio, porque enseñaba a los chicos a cantar en vascuence

Estos carlistas navarros son lo más cursi de España. Unen la cursería con el asesinato. ¿Qué les importa a ellos que se cante en vascuence o en chino? (…)”            

(Pio Baroja: La guerra civil en la frontera. Ed. Caro Regio, 2005, pp. 114)

25/5/15

El cura que denuncia a la maestra, en Pamplona



 “Al volver, he sabido muchas cosas de las que no quisiera haberme enterado. Entre ellas el caso de la maestra de un pueblo del Roncal, llamado Güesa, una muchachita de Pamplona, inteligente, que se había hecho comunista. 

Se llamaba María del Carmen Oscoz. y yo supe de su existencia, porque en el comienzo del año 1936 me empezó a escribir unas cartas en las que se mostraba anticlerical y entusiasta del comunismo, cartas de persona inteligente. 

Esta pobre muchacha leía mis libros, creía que yo estaba equivocado al no identificarme con el entusiasmo comunista. La maestra era audaz y valiente. En el pueblo parece ser que había un cura que la perseguía. Ella pintaba a su perseguidor como a un monstruo. La maestrita fue a varias reuniones, y al comenzar la revolución la detuvieron y la llevaron a la cárcel de Pamplona. 

El doctor Victoriano Juaristi, primero médico de Irún v luego de Pamplona, quiso salvar a la muchacha, y le aconsejó que no se mostrara orgullosa, sino que dijera que tenía verdaderos deseos de arrepentirse, que se mostrara amable y que se confesase para salvar la vida. La chica rechazó esas sugestiones con desdén. 

Algunos días después la sacaron en un camión, y en medio de la cartelera la mataron los carlistas, tirándola al suelo y disparando sobre ella varios tiros. Después arrojaron su cadáver por un barranco. ¡Qué crueldad más baja! “

(Pio Baroja: La guerra civil en la frontera. Ed. Caro Regio, 2005, pp. 50)

22/5/15

"Un doctor Arraiza, de Pamplona, conocido mío, que hizo una lista de las personas que había que detener y fusilar"

"(…) También me enteré del caso de un doctor Arraiza, de Pamplona, conocido mío, que hizo una lista de las personas que había que detener y fusilar, y al cual su mujer, que le acompañaba, le iba indicando: 

-Te has olvidado de poner en la lista a Fulano y a Mengano, y el marido los incluía para que no fueran olvidados al llegar el momento de la trágica liquidación, dispuesta por el odio y por el fanatismo, tan torvos y voraces en unos como en otros. (…)"                

(Pio Baroja: La guerra civil en la frontera, Ed. Caro Regio, 2005, pp. 50)

15/1/15

Los requetés lo dejaron ciego, y gracias a eso podía gritar la verdad

"Melchor era ciego. Vendía el cupón, pero el cupón de antes. Cuando valía un duro. Era un sorteo, el de la ONCE, provincial, con premios paupérrimos, que a los vendedores sólo les permitía sobrevivir, en las puertas de los mercados.

Melchor bebía mucho. A veces, en el año 70, gritaba en la calle: “Franco, Cabrón”. Esto, en una pequeña ciudad de provincia era un auténtico escándalo. Pero la policía no hacía nada. Si gritaba demasiado, o durante demasiado tiempo, le retiraban una temporada en los calabozos de la Policía Municipal, en la trasera del Ayuntamiento.

Cuando llegó el cambio político, Melchor siguió gritando. En el primer mitin de Santiago Carrillo en mi ciudad, le insultó, por haber aceptado la bandera bicolor, y la monarquía. Nadie se lo reprochó.

¿Por qué todo el mundo le permitía todo a Melchor? La policía franquista le permitía insultar a Franco. El servicio de orden, a Carrillo.

El 26 de agosto de 1938, las tropas de Franco entraron en mi ciudad. Un grupo de requetés navarros, en la ebriedad de la victoria, prendieron a Melchor y le quemaron los ojos"              (Las batallas del abuelo Cebolleta, 08/11/2007)

5/6/14

La represión en el País Vasco fue menos brutal que en cualquier otro lugar de España

"Álava sufrió la represión franquista tras la Guerra Civil, pero en menor medida que muchas otras provincias del resto de España. Al menos esa es una de las conclusiones recogidas en el libro Matar, purgar, sanar. La represión franquista en Álava (1936-1945), escrito por Javier Gómez Calvo, doctor de Historia Contemporánea por la Universidad del País Vasco y actualmente investigador postdoctoral en el Instituto Universitario de Lisboa. 

Gómez Calvo ha incorporado en su libro datos procedentes de fuentes que no estaban disponibles hasta 2008, como la prisión de Vitoria o el archivo militar de Ferrol (en lo que se refiere a las causas militares abiertas contra paisanos). Se trata de datos inéditos, que hasta ahora no se habían consultado para Álava, asegura el autor. 

El número de personas asesinadas por los franquistas en Álava entre 1936 y 1945 se elevó a 193 (un 0,18% de la población). Un porcentaje muy inferior a provincias de parecida población.

Cuando Gómez Calvo empezó a investigar sobre la represión franquista encontró “un absoluto vacío” sobre la ejercida en Bizkaia, apenas tres obras respecto a la persecución política en Gipuzkoa y, en cuanto a Álava, los únicos trabajos “serios” eran artículos escritos hace más de 20 años.

 "Lo que sí encontré, y hoy sigue siendo fácil hacerlo en multitud de librerías y bibliotecas del País Vasco, fueron libros en los que se tildaba de genocidio la represión franquista en las provincias vascas y se evocaba la Guerra Civil como un conflicto en el que el español había querido castigar al vasco que, siguiendo su secular tradición irredenta, acabó tomando las armas para ponerse a la vanguardia de la lucha contra el invasor. 

Este tipo de literatura, vinculada a la izquierda nacionalista vasca y por lo general ajena a la historiografía académica, ignora que la represión en el País Vasco fue menos brutal que en cualquier otro lugar de España y, lo que es más importante, que las provincias vascas se convirtieron muy pronto en puntales de desarrollo económico del país".

El objetivo de Gómez Calvo es conocer mejor los mecanismos que operaron en la represión. Entre las particularidades del conflicto en Álava destaca "la aparente paradoja" de que unos nacionalistas, católicos y conservadores, como los franquistas, persiguieran a otros nacionalistas, católicos y conservadores.

 "Me refiero, evidentemente, a la represión ejercida contra los miembros y simpatizantes del PNV, apoyado electoralmente en 1936 por el 20% del electorado alavés".

 En Álava, que quedó casi en su totalidad en poder de los alzados desde el comienzo de la guerra, "la represión de carácter físico con resultado de muerte fue, comparativamente hablando, reducida. 

De hecho, buena parte del bloque civil adherido al golpe de Estado militar trató de amortiguar los efectos de la represión y se opuso de forma más o menos decidida a las demostraciones de fuerza bruta y a los excesos verbales y físicos empleados contra los adversarios políticos y la población dudosa". 

¿Fue por interés humanitario? "No, se trataba de salvaguardar una cultura localista, conocida como vitorianismo o alavesismo, que permite restituir cierta reconciliación comunitaria tras la guerra.(...)"              (El Diario del Norte, 04/06/2014)

27/9/12

"Fue sometida la humillación de ser paseada por las calles de su pueblo con el pelo cortado al rape y una buena dosis aceite de ricino en el cuerpo"

"A las 16 voces femeninas que participan en el documental se suma la de un único varón, Leandro Azkoaga, ya fallecido, quien a petición propia interviene relatando el traumático episodio sufrido por su madre Modesta Bidaburu.

 Como tantas otras, fue sometida la humillación de ser paseada por las calles de su pueblo con el pelo cortado al rape y una buena dosis aceite de ricino en el cuerpo como castigo por sus simpatías nacionalistas. (...)

También las mujeres sufrieron en carne propia los efectos de la represión. Es el caso de las 4 mondragonesas fusiladas por los franquistas. Algunas por nimiedades como las que llevaron al paredón a Paula Mugika Arregi, denunciada por una carlista local a quien confió un comentario demasiado clemente para con los tres sacerdotes detenidos y posteriormente fusilados en Oiartzun. 
O Florencia Olazagoitia, embarazada de 5 meses, acusada de espionaje. Francisca Ojanguren, María Areitio y la gatzagarra Emeteria Aranburuzabala completan la triste nómina de mujeres fusiladas. 
La recreación de la ejecución de cuatro de ellas es una de las escenificaciones incluidas en el documental, junto con escenas ilustrativas del corte de pelo a rape y posterior paseo público; la caída del frente de Intxorta; la salida de mujeres detenidas con destino a la cárcel de Ondarreta, y la visita de Karmele García al citado penal para recibir, previo soborno de un requeté, la última carta que su marido Venancio Gaztañares le escribió antes de ser conducido al paredón. 
Su papel es interpretado por la actriz durangarra Joana Ocaña, de Karrika taldea, que encarna a la esposa embarazada de 5 meses que en Ondarreta lee la misiva donde su marido le transmite un negro augurio: «ya ha empezado el calvario». Ya viuda, Karmele perdería al bebé al poco de nacer."         (Diariovasco.com, 16/09/2012)

3/3/10

La represión carlista en Navarra

"Cárcar resultó uno de los pueblos navarros más castigados por la represión franquista del 36, si se compara el total de la población, 1.844 almas, con el número de asesinados de la localidad: 63. Se conoce la filiación política de la mayoría de ellos: 8 eran de la CNT, 2 del PNV, 2 del PCE… y 47 de la UGT. A este mismo sindicato socialista pertenecía el alcalde de la localidad, Lucio Gutiérrez, y los otros seis concejales fusilado, de los nueve con los que, en total, contaba la Corporación." (en torno a Nabai Mundua, 02/03/2010)