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31/1/23

Tras incendio del Sabarmati Express, en la estación de Godhra, provocando la muerte de unos 60 peregrinos hindúes, entre ellos 25 niños, durante tres días, frente a la inacción de las fuerzas de seguridad y el Gobierno estadual, se inició una matanza que no excluyó violaciones, saqueos y la destrucción e incendio de cientos de propiedades de musulmanes... cientos de mujeres y niñas sufrieron las formas más aberrantes de violencia sexual para luego ser quemadas vivas

 "Cuando no se cumplían cinco meses de su asunción como Ministro Jefe (gobernador) del Estado de Gujarat, el actual Primer Ministro de India, Narendra Modi, cargaba sobre sí con la matanza de aproximadamente 2.000 indios musulmanes “cazados” por las hordas fascistas de su partido, el Bharatiya Janata Party (BJP, Partido Popular Indio), junto a la fuerza madre del supremacismo hindú, la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) (Asociación Nacional de Voluntarios), responsables, entre otros crímenes, del magnicidio de Mahatma Gandhi.

La razia había comenzado tras un hecho, al menos confuso, que derivó en el incendio del Sabarmati Express, en proximidades de la estación de la ciudad de Godhra, provocando la muerte de unos 60 peregrinos hindúes, entre ellos 25 niños, que viajaban a los templos de Ahmedabad. De esos hechos fueron responsabilizados militantes islámicos e incluso se intentó implicar agentes enviados por Pakistán. Las pruebas que avalan dichas acusaciones jamás fueron aportadas.

A partir de ese momento, y por tres días, frente a la inacción de las fuerzas de seguridad y el Gobierno estadual, se inició una matanza que no excluyó  violaciones, saqueos y la destrucción e incendio de cientos de propiedades de musulmanes. Matanzas que superaron en cantidad y sadismo a las de Nellie en 1983, Delhi en 1984, Bhagalpur en 1989 y Bombay en 1992-1993, que habían sido las más sangrientas hasta la de Gujarat en 2002.

Tras el baño de sangre todos apuntaron a responsabilizar a Modi, dada la pasividad de las fuerzas policiales y la presencia de sus correligionarios en las calles alentando a exterminar a los enemigos de la Hindutva (identidad hindú) el concepto supremacista de los nacionalistas indios, ya que no solo toleró, sino que animó a los fanáticos. En investigaciones posteriores se encontró que se había ordenado a la policía y funcionarios del Gobierno direccionar los ataques con objetivos absolutamente especificados, dando pie a considerar que incluso el incendio del tren había sido un atentado de “falsa bandera” con la clara intención de provocar los desbordes posteriores. Según lo informado por el Tribunal, cientos de mujeres y niñas sufrieron las formas más aberrantes de violencia sexual para luego ser quemadas vivas.

Tras una larga investigación realizada por el Equipo Especial de Investigación (SIT) y ordenada por la Corte Suprema de India en 2012, Narendra Modi fue absuelto de cualquier complicidad con los hechos de violencia. El SIT también negó las afirmaciones, que señalaban al Gobierno estatal por no haber hecho lo suficiente para evitar los disturbios. Un año después surgieron otras acusaciones acerca de que el SIT había ocultado pruebas, lo que tampoco fue atendido.

Las causas respecto al incendio del tren y las matanzas que se sucedieron transitaron diferentes comisiones investigativas y tribunales, alcanzado a condenar a una treintena de personas, pero ninguna que pudiera conectarse directamente con el entonces Ministro Principal.

Los hechos de febrero y marzo del 2002 solo fueron el preámbulo de más conflictos religiosos entre hindúes y musulmanes que dejaron a lo largo de India miles de muertos.

Desde entonces, y tras la llegada de Modi al poder central de India en 2014, las provocaciones y ataques, que en muchos casos terminan en linchamientos y asesinatos contra la comunidad islámica, la primera minoría religiosa del país con más de 220 millones de integrantes, no han dejado de sucederse, informándose, prácticamente a diario, ataques, saqueos y muertos, lo que tiene características de limpieza étnica o, en este caso, religiosa.

Modi también ha articulado políticas estatales de provocación contra la comunidad musulmana como la Ley de enmienda de ciudadanía (CAA), que permite acceder a la nacionalidad india a migrantes indocumentados provenientes de Pakistán, Bangladesh y Afganistán de las minorías hindú, sij, budista, jain, parsi y cristiana, que puedan demostrar ser originarios de alguno de esos tres países, dejando claramente afuera a los musulmanes, incluso a miles de ellos nacidos en India que por no ser registrados al momento de nacer están perdiendo no solo la nacionalidad india, sino que corren el riesgo de ser expulsados de su país.

En 2019 Nueva Delhi anuló el artículo 370 de la Constitución india, con más de 70 años de vigencia, que otorgaba autonomía de estado a Jammu y Cachemira, una región en disputa con Pakistán desde 1947, de mayoría musulmana, que desde la partición ha generado tres guerras y miles de choques fronterizos que producen centenares de muertos.

Más allá de sus antecedentes supremacistas, que lo asocian al nazisionismo, a Trump, Orban y Bolsonaro. Narendra Modi como Primer Ministro de India -dada la potencialidad económica de su país, cuya población se encuentra superando a la de China para convertirse en la más numerosa del planeta, la que lo hace un mercado extraordinario y codiciado para cualquier otra nación del mundo, a lo que se suma su membresía en la alianza económica de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)- se convierte, en una figura bienvenida y esperada en los foros internacionales y se le recibe con expectativas en sus visitas oficiales a cualquier país, por lo que nadie está dispuesto a recordarle sus “pecadillos” de lesa humanidad contra la comunidad musulmana.

Instrumentos de la memoria

Más allá del blindaje político, diplomático y mediático del que usufructúa Modi, de pronto surgen voces, ecos del pasado que lo señalan como un genocida y de eso trata The Modi Question, el documental en dos episodios que ha exhibido la BBC, el primer capítulo el 17 de enero y el segundo el día 24. Documental que se centra en el rol de Modi durante la masacre de Gujarat en 2002 y que además indaga en su carrera en el Bharatiya Janata Party, según ellos el partido político más grande del mundo superando al Partido Comunista Chino, hasta alcanzar a convertirse en el Primer Ministro Jefe de Gujarat.

La investigación de la BBC halló memorándums reservados en los que se detalla la conducta de Modi que en su momento había recibido fuertes críticas por parte de gobiernos occidentales, entre los que se incluye el británico, donde se encontró que los hechos de Gujarat tenían todos los componentes de una limpieza étnica.

Modi, desde hace décadas, ha sido acusado de complicidad en la violencia de Gujarat, aunque parece incombustible, ya que a partir de su llegada al poder en 2014 se ha desarrollado un culto a la personalidad o vyakti puja, solo comparable al de Hitler, Mussolini o Franco, el cual no solo se reduce al renombrar calles, estadios con su nombre o gigantografias con su imagen, en rutas, estaciones de tren o aeropuertos. Llegando al punto de que durante la pandemia los certificados de vacunación tenían grabada la fotografía de Modi.

Así, para evitar la exhumación del horroroso pasado de Modi con la serie británica, Nueva Delhi, ha prohibido de plano su exhibición invocado leyes de emergencia.

Según el Gobierno indio, el documental es “una pieza de propaganda diseñada para impulsar una narrativa particular desacreditada”. Además se refiere a la falta de objetividad y la mentalidad colonialista “que persistenten y son descaradamente visibles”. También el documental fue objetado en una declaración firmada por 300 exmagistrados, funcionarios y figuras prominentes del país que acusaron a la BBC de impulsar una agenda imperialista y constituirse en juez y jurado para resucitar las tensiones entre hindúes y musulmanes.

Al mismo tiempo el Ministerio de Información y Radiodifusión de la Unión India ordenó que no se emitan segmentos apoyándose en normativas del 2021, las que permiten la censura en caso de emergencia. Al mismo tiempo se ordenó a Twitter y YouTube que se eliminen las cuentas que transmitieron esos segmentos, basándose en que se estaba socavando la soberanía y la integridad de India con acusaciones infundadas que transmiten basura anti-India, disfrazada de información. A lo que la BBC respondió que su documental “fue investigado rigurosamente de acuerdo con los más altos estándares editoriales”.

Leyes como las que han permitido este acto de censura son las que han hecho descender a India en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras del puesto 140 en 2013 al 150 en 2022, en un improbable intento de detener el pasado."                       (Guadi Calvo , Rebelión, 26/01/2023)

22/4/21

La masacre racial de Tulsa de 1921 fué el peor incidente de violencia racial en la historia de Estados Unidos. El ataque, llevado a cabo en tierra y desde aviones privados que los bombardearon con explosivos, destruyó más de 35 bloques cuadrados de la comunidad negra más rica de los Estados Unidos

 "La masacre racial de Tulsa (también llamada disturbio racial de Tulsa, la masacre de Greenwood o la masacre de Black Wall Street) de 1921  tuvo lugar el 31 de Mayo y el 1 de junio de 1921, cuando multitudes de residentes blancos atacaron a residentes y negocios negros del distrito de Greenwood en Tulsa, Oklahoma.  

Se le ha llamado "el peor incidente de violencia racial en la historia de Estados Unidos".  El ataque, llevado a cabo en tierra y desde aviones privados, destruyó más de 35 bloques cuadrados del distrito, en ese momento la comunidad negra más rica de los Estados Unidos, conocida como "Black Wall Street".1​2​

Más de 800 personas ingresaron en hospitales y hasta 6,000 residentes negros fueron internados en grandes instalaciones, muchas durante varios días.  La Oficina de Estadísticas Vitales de Oklahoma registró oficialmente 36 muertos, pero la Cruz Roja Americana se negó a proporcionar una estimación. Un examen de los eventos de la comisión estatal de 2001 pudo confirmar 36 muertos, 26 negros y 10 blancos, según informes de autopsias contemporáneos, certificados de defunción y otros registros.  La comisión dio estimaciones generales de 75–100 a 150–300 muertos.

La masacre comenzó el fin de semana del Día de los Caídos, después de que Dick Rowland, un lustrabotas negro, de 19 años, fuera acusado de agredir a Sarah Page, una operadora de elevadores blanca de 17 años del cercano edificio Drexel. Él fue puesto bajo custodia. Una reunión posterior de blancos locales enojados fuera del juzgado donde se encontraba recluido Rowland, y la propagación de rumores de que había sido linchado, alarmó a la población negra local, algunos de los cuales llegaron armados al juzgado. 

Se dispararon y murieron 12 personas: 10 blancas y 2 negras. A medida que la noticia de estas muertes se extendió por toda la ciudad, la violencia de la mafia explotó. Alborotadores blancos arrasaron el vecindario negro esa noche y mañana matando hombres y quemando y saqueando tiendas y hogares, y solo alrededor del mediodía del día siguiente, las tropas de la Guardia Nacional de Oklahoma lograron controlar la situación al declarar la ley marcial. 

Alrededor de 10,000 personas negras se quedaron sin hogar, y el daño a la propiedad ascendió a más de $ 1.5 millones en bienes raíces y $ 750,000 en propiedad personal (equivalente a $ 32.25 millones en 2019). Su propiedad nunca fue recuperada ni fueron compensados ​​por ella.

Muchos supervivientes dejaron Tulsa, mientras que los residentes blancos y negros que se quedaron en la ciudad guardaron silencio durante décadas sobre el terror, la violencia y las pérdidas de este evento. La masacre se omitió en gran medida de las historias locales, estatales y nacionales.

En 1996, setenta y cinco años después de la masacre, un grupo bipartidista en la legislatura estatal autorizó la formación de la Comisión de Oklahoma para estudiar los disturbios raciales de Tulsa de 1921. Se designaron miembros para investigar eventos, entrevistar a supervivientes, escuchar el testimonio del público y preparar un informe de eventos. Hubo un esfuerzo hacia la educación pública sobre estos eventos a través del proceso.

 El informe final de la Comisión, publicado en 2001, decía que la ciudad había conspirado con la mafia de ciudadanos blancos contra ciudadanos negros; recomendó un programa de reparaciones para los supervivientes y sus descendientes. El estado aprobó una ley para establecer algunas becas para descendientes de supervivientes, alentar el desarrollo económico de Greenwood y desarrollar un parque conmemorativo en Tulsa para las víctimas de la masacre. El parque se dedicó en 2010. En 2020, la masacre se convirtió en parte del plan de estudios de las escuelas de Oklahoma. (...)"               (Wikipedia)

 

 "Fue una de las peores masacres contra la comunidad negra en Estados Unidos, pero es prácticamente desconocida.

A propósito de las protestas contra la brutalidad policial extendidas por todo EE.UU., estos días se recuerda en Tulsa, Oklahoma, uno de los episodios más trágicos en la historia de la ciudad.

Ocurrió en 1921 y dejó un rastro de muerte y destrucción en un próspero barrio de población negra conocido como el "Wall Street negro".

 Paradójicamente, el presidente de EE.UU., Donald Trump, eligió esta ciudad del medio-oeste del país para reanudar su campaña para las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre.

 Allí se presenta este sábado 20 de junio ante sus simpatizantes, ajeno a las críticas de quienes se preguntan si este era el mejor lugar para retomar sus mítines dada las tensiones raciales que se viven en el país.

 Cómo se produjo la masacre

Todo empezó con el rumor de que un joven negro había atacado a una chica blanca en un hotel del centro de Tulsa.

Era la mañana del 30 de mayo de 1921 y Dick Rowland coincidió en un elevador con una mujer llamada Sarah Page. Los detalles de lo que pasó entonces varían según la fuente.

Entre la comunidad blanca de la ciudad empezaron a circular relatos del incidente que se fueron exagerando a medida que se compartieron con más personas.

 La policía de Tulsa arrestó a Rowland al día siguiente y abrió una investigación.

Un incendiario reportaje en la edición del 31 de mayo del periódico Tulsa Tribune fue el acicate para que estallara un enfrentamiento entre blancos y negros cerca del tribunal donde el alguacil y sus hombres habían bloqueado el último piso para proteger a Rowland de un posible linchamiento.

Hubo disparos y los afroestadounidenses, que eran minoría, comenzaron a replegarse hacia el distrito de Greenwood, conocido como el "Wall Street negro" por la abundancia de negocios y su prosperidad económica.

 Temprano en la mañana del 1 de junio, Greenwood fue saqueado y quemado por alborotadores blancos.

El entonces gobernador de Oklahoma, James Robertson, declaró la ley marcial y desplegó la Guardia Nacional.

Un día después del estallido racial, la violencia cesó.

Durante los disturbios, 35 cuadras quedaron en ruinas, lo que significó la destrucción de más de 1.200 casas.

Más de 800 personas tuvieron que ser atendidas por lesiones y en un principio se dijo que hubo 39 muertos, pero los historiadores calculan que murieron al menos 300 personas.

Más de 6.000 personas -la mayoría afroestadounidenses- fueron detenidas en el centro de convenciones y algunas permanecieron allí hasta ocho días.

 El Wall Street negro

A principios del siglo XX, el distrito de Greenwood era una floreciente comunidad con salas de cine, restaurantes, tiendas y un estudio de fotografía.

Era un vecindario autosuficiente y boyante, separado del resto de la ciudad por las vías del ferrocarril.

El apelativo de Black Wall Street ("Wall Street negro") pone de manifiesto su bonanza económica, que hizo que el barrio fuera considerado uno de los mejores del país para la comunidad negra.

Ese boom fue dilapidado en dos días de fuego y violencia.

 Tensiones previas

La masacre racial de Tulsa no se produjo como un hecho aislado e inesperado.

Para comprender lo que pasó hay que entender que dos años antes, cuando los militares estadounidenses regresaron de la Primera Guerra Mundial, muchos soldados negros fueron linchados con sus uniformes puestos.

De hecho, el verano boreal de 1919 se conoce en EE.UU. como el "Verano Rojo" por la cantidad de linchamientos y otros crímenes que se cometieron en distintas ciudades del país contra la población afroestadounidense.

 "La masacre de Tulsa surge de ese contexto", le explica a BBC Mundo Ben Keppel, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Oklahoma.

"Hay bastantes pruebas de que el barrio era un próspero centro económico, lo que aporta un elemento de envidia.

"La presencia de ese Wall Street en tiempos de una rigurosa segregación racial trastornaba a los supremacistas blancos, que no podían permitir ese ejemplo de igualdad y por eso sentían que lo tenían que quemar", señala Keppel.

"Además, justo después de la guerra, la economía en EE.UU. cayó en una profunda recesión que afectó a la industria petrolera. Hay un racismo preexistente que está soterrado y que sale a la superficie cuando hay problemas económicos.

"Hay que entender lo que pasaba para luchar contra ello, contra la creencia en la supremacía de los blancos", apunta el historiador.

Una tragedia escondida

Sin embargo, por mucho tiempo no fue posible entender lo que pasaba porque simplemente no se sabía.

El propio Keppel no oyó hablar de la masacre racial de Tulsa hasta que llegó como profesor a la Universidad de Oklahoma y un estudiante lo mencionó en clase. Era 1994. No lo había estudiado ni en la escuela ni en el instituto ni durante su formación universitaria.

 Esa situación ha cambiado. Los trágicos incidentes ya forman parte del currículo escolar, aunque gran parte de los estadounidenses siguen sin conocer los detalles.

Desde su puesto como coordinadora de programas en el centro cultural de Greenwood, Michelle Brown intenta mantener vivo el recuerdo y recopila testimonios de los pocos sobrevivientes que siguen con vida.

"Después de la masacre tanto los negros como los blancos escondieron lo que pasó bajo la alfombra, tenían que salir adelante", le cuenta Brown a la periodista de la BBC Jane O'Brien.

"Hablar de ello era revivirlo y era demasiado doloroso. Hubo madres que no volvieron a saber de sus hijos, esposas que perdieron a sus maridos, niños que se quedaron sin padres… nunca supieron nada de ellos".

Los alrededor de 300 muertos fueron enterrados en fosas comunes y los cuerpos nunca se encontraron.

Tampoco nadie pagó por lo sucedido.

"En los años 90 se emprendieron acciones legales para intentar obtener justicia para los sobrevivientes, pero técnicamente los delitos habían prescrito y no se hizo nada", indica el profesor Keppel.

 Las autoridades de Tulsa pusieron en marcha el año pasado un proyecto para localizar las fosas mediante un radar de penetración subterránea y posteriormente identificar a las víctimas.

"Tenemos que hablar de esto como comunidad porque la ciudad está sufriendo, la ciudad está dividida porque no hemos lidiado con esta parte de la historia, tenemos que hacerlo si queremos seguir adelante como una Tulsa unida, tiene que haber una discusión que lleve a la reparación y la reconciliación", subraya Brown.

Difícil reparación

La cuestión de la reparación es delicada. Las vías del tren todavía separan Greenwood del resto de la ciudad.

Más allá de algunos puntos históricos, casi no hay pruebas de ese "Wall Street negro" en Tulsa.

"Aquí vivía mi familia en 1921, ahora es una calle sin salida", relata Therese Aduni.

Su abuelo fabricaba relojes, su padre nació pocos meses después de la masacre.

"Acaban de aceptar la palabra masacre, por años lo llamaron disturbios, así las compañías de seguros no tenían que pagar daños a los propietarios de casas o de negocios que lo perdieron todo", le explica Aduni a la BBC.

 "La gente quiere darle un cierre a esto, oímos sobre las reparaciones a los japoneses, a los sobrevivientes del Holocausto, ¿por qué nosotros no?", plantea.

Para Aduni, la reparación tiene que llegar en forma de desarrollo económico, algo que -denuncia- se le ha negado sistemáticamente a la comunidad.

"¡No tenemos un supermercado! Necesitamos un supermercado, una zapatería, una lavandería… queremos todos los negocios que teníamos antes, queremos que los restauren, eso sería reparación para mí".

Las autoridades de la ciudad dicen que están trabajando en abordar la desigualdad racial y que ha habido cierto progreso.

Debate más profundo

Keppel observa con satisfacción el creciente número de documentales, libros y reportajes sobre lo que sucedió en Tulsa hace casi 100 años.

"Espero que a medida que se acerca el centenario no solo se supere la amnesia institucional sino que cambie la forma como los estadounidenses se ven a sí mismos como sociedad", sostiene.

 "Estamos inmersos en un debate en el que una vez que has reconocido que eso ocurrió y que fue grave, la pregunta es qué hacemos, cuáles son las implicaciones para nuestras instituciones públicas.

"En todas partes del país hay historias que se han mantenido ocultas y que deben ser expuestas y discutidas. Debemos plantearnos qué pasa ahora en Tulsa y otras ciudades, qué necesitamos aprender", expone.

 Keppel reflexiona sobre el actual debate sobre el racismo en EE.UU.

"Lo que pasa ahora lleva tiempo fraguándose. En los últimos 10 años, o cinco o uno, este mal comportamiento policial se ha dado en repetidas ocasiones por todo el país y la gente está harta.

"Hay pocos momentos en la historia en los que las circunstancias se unen con las emociones y catalizan una conversación más grande. Espero que este sea uno de esos momentos", concluye."             (Beatriz Díez, BBC News, 19/06/21)

13/4/10

"Abrieron su vientre y patearon el bebé antes de que ella agonizara. Georgia, 1918"

""En la lista del pensamiento racista catalán cita usted a Mercè Rodoreda.
Lo demuestra su correspondencia, por otro lado magnífica, con Joan Sales. Lo triste es que son cartas de los setenta, pero ella sigue en las premisas de los treinta. El racismo catalán tiene su propia historia, pero entra en Catalunya a través de la ultraderecha española. (...)

En mi barrio (Londres), de niño, a un negro no se le servía en todos los bares ni tenía asiento en todos los autobuses. (...)

Incluye descripciones lacerantes de linchamientos y de campos de concentración.

Su función es coger la cabeza del lector acostumbrado a hablar del racismo en términos banales y decir: "¿Ves?, mira, no puedes escapar a la historia". La foto que más me afecta aún es la de la mujer negra a la que quemaron viva mientras la colgaban. Estaba embarazada. Abrieron su vientre y patearon el bebé antes de que ella agonizara. Georgia, 1918." (La Vanguardia, 12/04/2010. Entrevista a Matthew Tree: "Los primeros "Homosapiens" catalanes eran negros" Publica el libro "Negre de merda")

15/1/10

Violencia racial en los campos mafiosos de Calabria, "Les quitamos el hambre y ellos nos pagan destrozándonos el pueblo. ¡Qué se vayan estos negros!

"Una agresión perpetrada por dos italianos que hirieron con una pistola de aire comprimido a dos inmigrantes africanos el jueves al caer de la tarde ha causado un grave estallido de violencia racial en Rosarno (Calabria), en el sur de Italia. Centenares de inmigrantes africanos, jóvenes temporeros contratados por los agricultores locales, reaccionaron al ataque marchando por las calles, volteando coches, quemando contenedores de basura y atacando con palos y piedras a algunos vehículos.

Al menos 37 personas (19 inmigrantes y 18 policías) resultaron heridas en los desordenes y por las nuevas agresiones de bandas de vecinos. Dos inmigrantes resultaron ayer heridos de bala, cinco atropellados y dos apaleados a manos de residentes de la zona. Estos últimos estaban anoche hospitalizados en estado grave.

La rica zona agrícola de la Piana (llanura) de Rosarno está dominada por empresas vinculadas a la 'Ndrangheta, la poderosa mafia local. Los cerca de 3.000 trabajadores que se calcula están ahora en la región viven en condiciones inhumanas, en silos o fábricas abandonadas, sin baños ni camas, y son reclutados por los capataces de las 'ndrine, las bandas mafiosas que poseen la tierra.

Los caporales locales eligen a los trabajadores más fuertes al amanecer, como si fuera un mercado de ganado, según contaba ayer La Repubblica. El jornal es de 20 euros diarios, y la jornada dura entre 12 y 14 horas. Los elegidos deben además pagar un pizzo (comisión) de cinco euros a quienes les reclutan. Los temporeros proceden, en su mayor parte, de África Central y del Magreb.

Hace dos años, ya se produjeron incidentes similares en Rosarno, y poco después, en Castelvolturno (Campania), cuando grupos de inmigrantes se enfrentaron a la Camorra tras el asesinato a tiros de varios compañeros." (El País, ed. Galicia, internacional, 09/01/2010, p. 9)

"En Rosarno sólo nos quieren matar"

Cientos de inmigrantes abandonaron ayer el pueblo en los autobuses proporcionados por la Protección Civil después de 48 horas de revuelta y disturbios. (...)

Aterrorizados, y sin saber a dónde van, los temporeros de la mandarina cuentan que no pueden soportar el racismo y el sufrimiento. "No nos dejan trabajar, y encima nos atacan y sólo nos quieren matar", dice Steve Johnson, un liberiano de 16 años, mientras prepara su mochila y se dispone a subir a uno de los autobuses. (...)

Ayer por la mañana, pese a la masiva presencia de la policía y los carabinieri, los vecinos de Rosarno siguieron atacando a los que estaban escondidos en los campos. De ellos, 10 lograron huir de una caseta aislada después de que un grupo de vecinos la incendiaran con gasolina, según explicó Laura Boldrini, portavoz de la Agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) en Italia.

El padre Carmelo Ascone, don Memè, párroco de Rosarno, explicó que la gente del pueblo no es racista, "salvo algunos jóvenes cretinos e ignorantes". "Es una guerra de pobres contra pobres, porque aquí no hay Estado. Aquí manda la 'Ndrangheta", dice Ascone. A 100 metros de la fábrica donde los inmigrantes esperan para iniciar la huida, un grupo de unos 60 vecinos vigila. "Les quitamos el hambre y ellos nos pagan destrozándonos el pueblo. ¡Qué se vayan a su casa de una vez estos negros!", dice Gino Barreca, empleado municipal. Sus compañeros están armados de palos de madera y hierro. Cerca, en mitad de la carretera que lleva a la fábrica, dos furgonetas de los carabinieri impide el paso a los vecinos. Un poco más allá está el infierno. (...)

La belleza de los campos de Calabria se convirtió en unas horas en el escenario de una cacería. "La convivencia ahora no es posible", dice el cura don Memè, "Pero estos pobres desesperados volverán. Tienen hambre y no saben dónde ir". "Tenemos más miedo que hambre", cuenta Petit Dennice, jefe de un grupo de trabajadores que llevaba dos semanas recogiendo mandarinas. "Rosarno es la mafia", añade. "Así que me voy a Nápoles". Pero en Nápoles también hay mafia. "Sí, pero esa mafia es buena. No hemos venido aquí para peleas". Ferdinando y Massimo, dos jóvenes capataces italianos, han vuelto al campo porque la crisis les ha empujado al paro. Hoy son los únicos que trabajan. Con ellos hay una cuadrilla de búlgaros, rumanos y marroquíes. "Los africanos son buena gente, pero no se quieren integrar", dicen los jefes. "Los búlgaros se alquilan una casa por 200 euros y se quedan a vivir. Aquí no somos racistas, somos todos iguales", dicen. Pero los africanos ganan menos.

Pasquale Giovinazzo, un propietario de tierras que ha venido a pagar sus deudas con los temporeros africanos, cree que toda la culpa es de la crisis de la agricultura. "Cobramos el kilo de mandarina a 20 céntimos y es verdad que les pagamos menos, pero es porque trabajan menos y no tienen la misma profesionalidad y experiencia que los otros".

La portavoz de ACNUR en Italia ha visitado a los heridos. Cuenta que hay tres inmigrantes hospitalizados, uno de ellos la víctima que provocó el estallido de rabia de sus compañeros. "Salía de hacer la compra del supermercado, cuando unos jóvenes del pueblo le dispararon en el bajo vientre con una pistola de aire comprimido", explica Boldrini. Los otros dos tienen disparos en las piernas, y uno de ellos recibió el impacto de más de 50 balines." (El País, ed. Galicia, internacional, 10/01/2010, p. 6)

16/7/09

¡Fuera extranjeros! Que hay crisis... o no os habéis enterado...

"Centenares de personas llevan desde el pasado sábado manifestándose en Rentería (Guipúzcoa) contra algunos comercios de la comunidad marroquí, después de que dos menores de esa nacionalidad agredieran sexualmente a una mujer del municipio el pasado jueves. Tras varios días de insultos del tipo "moros fuera" o "iros a vuestro país", la Ertzaintza ha tenido que intervenir para disolver las protestas.

Aunque los datos del Departamento vasco de Interior no detectan un aumento de los delitos y faltas en el barrio de Iztieta, donde se han centrado las protestas, la sensación de inseguridad se ha disparado en la zona. Los vecinos aseguran que su protesta no es xenófoba y que esos locales son supuestamente un "foco" que atrae a delincuentes magrebíes, en concreto a menores tutelados por la Diputación de Guipúzcoa. El ayuntamiento, por su parte, ha comunicado que reforzará la seguridad." (El País, ed. Galicia, España, 09/07/2009, p. 23)

"Por la seguridad ciudadana. Expulsión delincuentes extranjeros. Con ese eslogan se manifestaron ayer un centenar de jóvenes por las calles de Sitges (Barcelona), un centro de veraneo célebre por su liberalidad -este pueblo costero es un polo de atracción de turistas gays-. Los manifestantes marcharon en recuerdo de Joel Rodríguez, un chaval de 20 años recién cumplidos que murió anteayer de una puñalada en el corazón durante una reyerta.

Los atacantes, que la policía catalana ya ha detenido, fueron tres españoles y un dominicano. No importó ese detalle a los manifestantes, que dejaron tras de sí pintadas como Y luego se preguntan por qué somos racistas, Basta de democracias, o 60 años atrás esto no hubiera sucedido. Uno de ellos llegó a encararse a un turista extranjero que, molesto por su contenido xenófobo, descolgó uno de los carteles que convocaba a la manifestación y con los que los jóvenes habían empapelado el núcleo histórico de la ciudad. El Ayuntamiento, que declaró un día de luto por el crimen, no los había descolgado al inicio de la marcha, que no fue convocada oficialmente." (El País, ed. Galicia, España, 09/07/2009, p. 21)

8/10/08

Los cánticos deportivos ¿Enfermizamente racistas? Un poco exagerado

"Quiero matar a todos los jugadores del Arsenal y quemar su estadio". Hincha del Tottenham citado en libro The glory game. (...)

Se ha convertido en un tópico en Inglaterra. Ya nadie lo cuestiona. Los españoles son unos racistas. Empezó con aquel España-Inglaterra en el que algunos aficionados emitían sonidos de mono cada vez que un jugador negro inglés tocaba el balón y el prejuicio se consolidó de una vez por todas cuando Luis Aragonés se refirió en privado a Thierry Henry como "un negro de mierda".

Comparen aquello con la letra de este cántico, habitual hace años entre un grupo de aficionados ingleses: "Sol, Sol, caerás en la locura y no nos importará una mierda cuando te cuelguen de un árbol, Judas, hijo de puta con SIDA".
La rima funciona mejor en versión original, pero la idea es la siguiente: dañar en sus puntos más vulnerables a Sol Campbell, ex central negro de la selección inglesa que ha luchado contra la depresión y que, se rumorea, podría ser homosexual. (...)

Logran mofarse, con una economía que sería admirable si no fuera tan brutal, de la que ha sido su precaria condición mental, de su posible tendencia sexual y de su negritud. Lo del árbol recuerda con clara intención los linchamientos del Ku Klux Klan. (...)
El Tottenham tiene fama de ser un club judío y, como consecuencia, hace décadas que tienen que soportar cánticos de aficionados rivales en los que se propone el deseo de que Hitler los envíe a todos a las cámaras de gas.

Los musulmanes no se salvan tampoco, desde luego. Mido, el delantero egipcio del Middlesbrough, se ha tenido que acostumbrar a una cancioncita que dice: "Mido tiene una bomba, sabes; Mido tiene una bomba".

Siempre se apunta, con la máxima crueldad posible, a la herida más abierta. La hija recién nacida de Steven Gerrard, capitán del Liverpool, tuvo problemas médicos serios: pues ella se convirtió en objetivo; a Glenn Roeder le diagnosticaron un tumor cerebral cuando era entrenador del West Ham United y, por supuesto, la invención de los aficionados rivales se concentró en este punto.

A diferencia de los aficionados españoles, cuyos impulsos racistas suelen ser precisamente eso, impulsos, los ingleses calculan y calibran sus insultos con mucha antelación. (...)

Quizá sea verdad que en el fútbol español hay demasiado racismo. En el inglés hay algo más enfermizo, y peor." (JOHN CARLIN: Racistas contra enfermizos. El País, Deportes, o5/10/2008)