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23/6/17

Asesinos de las SS con doctorado. El papel decisivo de los intelectuales en la élite de la Orden Negra de Himmler

 
 Oficial del SD en Ucrania en 1941

"La imagen que se tiene popularmente de un oficial de las SS es la de un individuo cruel hasta el sadismo, corrupto, cínico, arrogante, oportunista y no muy cultivado. Alguien que inspira (aparte de miedo) una repugnancia instantánea y una tranquilizadora sensación de que es un ser muy distinto, un verdadero monstruo. 

El historiador francés especializado en el nazismo Christian Ingrao (Clermont-Ferrand, 1970) nos ofrece ahora un perfil muy diferente, y desasosegante. Hasta el punto de identificar a un alto porcentaje de los mandos de las SS y de su servicio de seguridad, el temido SD, como verdaderos "intelectuales comprometidos".

El término, que ha escandalizado en el mundo intelectual francés, resulta escalofriante cuando se piensa que esos son los hombres que estuvieron a la cabeza de las unidades de exterminio. En su libro de reciente aparición en castellano Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado, 2017) Ingrao analiza pormenorizadamente la trayectoria y las experiencias de ochenta de esos individuos que eran académicos —juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores— y a la vez criminales.

 Hay un fuerte contraste entre ellos y el cliché del oficial de las SS. Asesinos de masas en uniforme con un doctorado en el bolsillo, como describe el propio autor. Lo que hicieron los "intelectuales comprometidos" , teóricos y hombres de acción, de las SS fue espantoso.

Ingrao cita el caso del jurista y oficial de la SD Bruno Müller, a la cabeza de una de las secciones del Einsatzgruppe D, una de las unidades móviles de asesinato en el Este, que la noche del 6 de agosto de 1941 al transmitir a sus hombres la nueva consigna de exterminar a todos los judíos de la ciudad de Tighina, en Ucrania, se hizo traer una mujer y a su bebé y los mató él mismo con su arma para dar ejemplo de cuál iba a ser la tarea.

"Resulta curioso que Müller y otros como él, gente muy formada, pudieran meterse así en la práctica genocida", dice Ingrao que ha presentado su libro en Barcelona, "pero el nazismo es un sistema de creencias que genera mucho fervor, que cristaliza esperanzas y que funciona como una droga cultural en la psique de los intelectuales".



La base de ‘Las benévolas’

 


Ingrao y Littell. Cualquiera que lea Creer y destruir percibirá los paralelismos con la novela de Jonathan Littell Las benévolas (2006).Ingrao la describe como “una réplica temática en ficción” de su trabajo, y recuerda que éste, que fue su tesis, circuló ampliamemente antes de la publicación de Las benévolas.

¿Max creíble? Max Aue, el protagonista de Las benévolas guarda muchos parecidos con los intelectuales del SD de Ingrao. “Excepto en lo de la homosexualidad y el incesto. Pero, claro, es un personaje de novela”. ¿No es demasiado refinado y esteticista para ser un SS? “Bueno, Heydrich leía mucho y tocaba el violín. Y no olvides que Eichmann leía a Kant”, responde.

También otro nazi tomado por Littell, Leon Degrelle (en su ensayo Lo seco y lo húmedo) presenta paralelismos con otro estudiado por Ingrao en su libro Les chasseurs noirs: Oskar Dirlewanger. El primero era favorito de Hitler y el segundo de Himmler.

El historiador recalca que el hecho es menos excepcional de lo que parece. "En realidad, si examinamos las masacres de la historia reciente veremos que hay intelectuales bajo el felpudo. En Ruanda, por ejemplo, los teóricos de la supremacía hutu, los ideólogos del Hutu Power, eran diez geógrafos de la Universidad de Lovaina. Casi siempre que hay asesinatos de masas hay intelectuales detrás".

 Pero, uno no espera eso de los intelectuales alemanes. Ingrao ríe amargamente. "Es cierto que eran los grandes representantes de la intelectualidad europea, pero la generación de intelectuales que nos ocupa experimentó en su juventud la radicalización política hacia la extrema derecha con marcado énfasis en el imaginario biológico y racial que se produjo masivamente en las universidades alemanas tras la Gran Guerra.

 Y entraron de manera generalizada en el nazismo a partir de 1925". Las SS, explica, a diferencia de las vocingleras SA, ofrecían a los intelectuales un destino mucho más elitistas.

¿Pero el nazismo no les inspiraba repugnancia moral? "Desgraciadamente, la moral es una construcción social y política para estos intelectuales. La Primera Guerra Mundial ya los había marcado: aunque la mayoría eran demasiado jóvenes para haber luchado, el duelo por la muerte generalizada de parientes y la sensación de que se libraba un combate defensivo por la supervivencia de Alemania, de la civilización contra la barbarie, prendieron en ellos.

La invasión de la URSS en 1941 significó el retorno a una guerra total aún más radicalizada por el determinismo racial. Hasta entonces había sido una guerra de venganza, pero a partir de 1941 se convirtió en una gran guerra racial, y una cruzada. Era la confrontación decisiva frente a un enemigo eterno que tenía dos caras: la del judío bolchevique y la del judío plutócrata de la Bolsa de Londres y Wall Street.

Para los intelectuales de las SS, no había diferencia entre la población civil judía que exterminaban al frente de los Einsatzgruppen y las tripulaciones de bombarderos que lanzaban sus bombas sobre Alemania. En su lógica, parar a los bombarderos implicaba matar a los judíos de Ucrania. Y si no sería el final de Alemania. Ese imperativo construyó la legitimidad del genocidio. Era 'o ellos o nosotros".

Así se explican casos como el de Müller. "Antes de matar a la mujer y el niño habló a sus hombres del peligro mortal que afrontaba Alemania. Era un teórico de la germanización que trabajaba para crear una nueva sociedad, así que el asesinato era una de sus responsabilidades para crear la utopía. Curiosamente Había que matar a los judíos para cumplir los sueños nazis".

Ingrao sostiene que los intelectuales de las SS no eran oportunistas, sino personas ideológicamente muy comprometidas, activistas con una cosmovisión en la que se daban la mano el entusiasmo, la angustia y el pánico, y que, paradójicamente, abominaban de la crueldad. "Las SS era un asunto de militantes.

Gente muy convencida de lo que decía y hacía, y muy preparada". Pues resulta más preocupante aún. "Por supuesto. Hay que aceptar la idea de que el nazismo era atractivo y que atrajo como moscas a las élites intelectuales del país”.




La brigada de cazadores salvajes de Dirlewanger

Christian Ingrao es el autor también de un apasionante estudio sobre la Brigada Dirlewanger, la unidad de siniestra reputación que creó el comandante de las SS (ascendido luego a general) Oskar Dirlewanger para luchar contra los partisanos y que se nutrió inicialmente de delincuentes convictos de delitos relacionados con la caza. Les chasseurs noirs (Perrin, 2006) es un libro más asequible para un lector generalista que Creer y destruir aunque los dos tienen muchas cosas en común, y desde luego Dirlewanger es un buen ejemplo de la formación ideológica de un mando nazi.

 La brigada, denostada por muchos mandos del Ejército, participó en numerosas operaciones en el Este contra los partisanos granjeándose una reputación de brutalidad incluso en el marco de las unidades de las SS, que ya es decir. Ingrao apunta que combatía al estilo despiadado de la Guerra de los Treinta Años.

Realizó acciones de exterminio de población civil y judíos e intervino en el aplastamiento de la sublevación de Varsovia de manera especialmente vil. Finalmente incorporó ¡presos políticos de izquierdas!, los únicos antifascistas que vistieron uniformes de las SS (la cosa no funcionó). Ingrao resigue la historia de la brigada (que acabó en fantasmagórica división de las Waffen SS) y la de su líder (que iba singularmente por libre en el ejército alemán).

 “El personaje es abyecto, por supuesto, pero fascinante”, señala. “Todos lostestimonios coinciden en señalar que era un hombre carismático y valiente, casi estúpidamente intrépido". De sus 32 años de adulto, el "lansquenete nazi" pasó 19 en guerra. Capturado por los franceses al acabar la guerra, murió en junio de 1945 a causa de las palizas que le propinaron guardianes polacos."              ( , El País, 22/06/17) 

20/9/13

Inmediatamente empezaron a hablar de los asesinatos que habían cometido... lo contaban sonriendo enfrente de sus esposas, sus hijos y sus nietos, actuando y representando sus crímenes. Fue estremecedor

"Christine Cynn y yo habíamos comenzado a rodar en Indonesia una película protagonizada por una comunidad de sobrevivientes de las masacres del régimen del general Suharto, cuyos miembros trabajaban en una plantación de palma de aceite.

 Esta comunidad intentaba crear un sindicato, pero temía correr la misma suerte que los padres y abuelos de sus miembros, quienes fueron enviados a campos de concentración o asesinados en 1965 por ello, pues los sindicatos fueron declarados ilegales por el régimen. 

Durante nuestras conversaciones con ellos notamos el miedo de las víctimas y la absoluta impunidad en que permanecían los crímenes cometidos por ex miembros de los escuadrones de la muerte, quienes celebraban lo que había sucedido.

 Los sobrevivientes nos dijeron que algunos de quienes habían perpetrado esos crímenes vivían cerca de allí y nos preguntaron si podíamos hablar con ellos para obtener información de lo que había ocurrido con sus familiares y cómo podían encontrar sus restos. Fue entonces cuando pensé que podríamos abordar directamente a los victimarios y preguntarles sobre lo que había pasado.

¿Cuál fue la reacción de estos hombres, se sintieron, acaso, intimidados?

Para nada, fueron abiertos y presuntuosos desde el principio. Inmediatamente empezaron a hablar de los asesinatos que habían cometido y fue horripilante: a veces lo contaban sonriendo enfrente de sus esposas, sus hijos y sus nietos, actuando y representando sus crímenes. 

 Fue estremecedor, chocante y terrible. En ese momento vimos el contraste entre los sobrevivientes, que vivían sumidos en el silencio, y los perpetradores, que no tenían reparo en contar historias que les incriminaban mucho más de lo que las propias víctimas podían contar: Suministraron los nombres de los asesinados, entre quienes se encontraban artistas, intelectuales, mujeres, sindicalistas... cualquiera que pudiera ser visto como simpatizante de izquierda u opuesto al régimen estaba en sus listas negras.

¿Cuál fue su primera impresión tras esos encuentros?

Constaté que esta situación no es inusual: el sur global entero ha sido organizado de esta manera. Los perpetradores se han hecho a la victoria a través de la violencia política masiva, con regímenes de terror; evitan que la gente organice sindicatos, manejan los recursos naturales, crean leyes laborales injustas para tener mano de obra barata... (...)

La película aborda un tema que es, sin duda, muy polémico para la historia de un país ¿Tuvieron algún impedimento para trabajar?

(...) Los problemas vinieron después de la escena en la que representan una masacre en la que también hay mujeres y niños y uno de los funcionarios del Gobierno dice que hay que cortar porque la imagen que proyectan los hará quedar mal. Ese fue un momento muy tensionante para mi equipo y para mí porque este hombre quiso llevarnos a la cárcel. Por suerte cambió de opinión. (...)

Muchos de los ex paramilitares del régimen o de sus colaboradores son funcionarios activos del actual gobierno o han llegado a altas posiciones de poder, como evidencia la película ¿Cuál ha sido la reacción del gobierno indonesio?

Una parte del Gobierno ha apoyado la película y otra ha amenazado a algunos espectadores diciéndoles que serán los siguientes en ser exterminados. Los militares ven a los artistas como los nuevos comunistas y han incluido en esa categoría a quienes ven y difunden la película. 

Personalmente, recibo amenazas de vez en cuando. Creo que no puedo volver a Indonesia o, mejor, creo que podría entrar, pero no salir de nuevo del país. Eso es bastante triste para mí porque la película ha sido como mi carta de amor para Indonesia; el equipo de rodaje en el país, que permanece en el anonimato por motivos de seguridad, ha sido como una familia para mí. 

Me entristece que ellos no puedan implicarse en esos cambios tan necesarios para Indonesia, que no puedan viajar conmigo a los estrenos o a las muestras de la película alrededor del mundo. Mi sueño es que las cosas cambien y que yo pueda poner en los créditos de la película los nombres de todos ellos. (...)

Pancasila sigue siendo la ideología nacional indonesia desde antes de la dictadura de Suharto y el país sigue gobernado bajo sus preceptos. Teniendo en cuenta que, como se muestra en la película, el movimiento Juventud Pancasila se ha convertido en el ala paramilitar del régimen ¿Qué futuro le espera a Indonesia?

Pancasila no es el problema, no es una ideología especialmente mala, simplemente dice que debes creer en dios. Utilizando ese precepto a conveniencia se declaró la guerra contra los comunistas, porque son marxistas y Marx era un filósofo ateo. Sobre esa base se justificaron el asesinato de miles de comunistas a manos de personas religiosas, el genocidio, y todos los crímenes cometidos con la excusa de defender al régimen.

 La ideología de Pancasila no necesariamente tiene que ver con lo que hace la Juventud Pancasila, que se asemeja un poco a un grupo juvenil fascista estadounidense llamado "Juventud por la Libertad" (Freedom Youth), que ya puede imaginar de qué se trata. Así como en el caso estadounidense la libertad no es el problema, Pancasila tampoco lo es en Indonesia. (...)

Si una buena parte de Indonesia recuerda con horror y con dolor la dictadura de Suharto y sufre las consecuencias de las políticas de los últimos gobiernos, incluido el actual, ¿Cómo se explica que una parte de la población continúe apoyando al régimen?

Algunos lo harán por convencimiento, pero la mayoría lo hace por miedo. La gente vota por los políticos porque le pagan por hacerlo. Los periodistas no mencionan los nombres de los involucrados en actos de corrupción porque temen a las consecuencias.

 Por eso las comunidades de sobrevivientes y las organizaciones de derechos humanos nos animaban a seguir adelante con la película: "necesitamos poner en evidencia la naturaleza del régimen", nos decían. Y no es porque los indonesios no lo sepan, sino porque tienen tanto miedo que son incapaces de hablar de ello.

Usted decía antes que el mundo está controlado por personas como el personaje principal del documental, Anwar Congo, y los demás que aparecen en él; que es este tipo de gente el que hace que todo funcione como lo hace ¿Quiere eso decir que el mal domina al mundo?

No creo que sea el mal el que controla al mundo, sino los seres humanos. Ellos hacen el mal y, mientras existan, siempre será así. En la película puede verse que los victimarios han hecho cosas malas porque son humanos y, por eso mismo, conocen la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal. 

Precisamente por eso, porque son seres morales, se sienten atormentados por lo que han hecho y, para huir de ello, se mienten a sí mismos justificándolo y celebrándolo. Quizá si nos cuidáramos mejor entre nosotros, la sociedad sería diferente: nos respetaríamos más, tendríamos disparidades menos grotescas entre nosotros, como la desigualdad tan abismal entre ricos y pobres.

 Quizá si construyéramos una sociedad diferente, podríamos hacer que actos atroces como los que cometieron los paramilitares en Indonesia fueran inimaginables.

En una de las primeras escenas, Anwar Congo baila el chachachá en la terraza donde asesinó a alguien estrangulándole con un alambre. En otras escenas se ve a otros paramilitares hablando sin remordimiento ¿Cree que estaban orgullosos de lo que hicieron?

No lo creo. Algunos de los que entrevisté al principio y que me mostraron los sitios donde habían cometido sus crímenes sí estaba orgullosos; pero una de las razones por las que escogí empezar la película con Anwar es que, aunque es morboso como ninguno, él mismo dice que ha estado bebiendo, fumando marihuana y bailando para olvidar lo que ha hecho.

 Por eso se ha convertido en buen bailarín y baila el chachachá. Como personaje es muy interesante porque su conciencia está presente desde el principio. Quizá el hecho de que bailara no sea una muestra de que se siente orgulloso, sino de que sabe que lo que hizo era incorrecto, pero no quiere mostrarle al mundo su sentimiento de culpa. Justifica sus crímenes porque no quiere mirarse al espejo y ver a un asesino.

 Para mantener una mentira semejante, tiene que culpar a las personas a las que ha hecho daño y decir que se lo merecían. Lo que la película muestra es que la impunidad y la corrupción son inevitables cuando se instala todo un régimen de terror y que nuestra aparente "normalidad" se construye a costa del sufrimiento de otros.

Uno de los aspectos más interesantes de El Acto de Matar es que, sin ser apologética, intenta mostrar que los perpetradores son seres humanos como cualquiera de nosotros. Si partimos del principio de que todos los seres humanos –incluyendo a Anwar y sus amigos- están hechos del bien y del mal, ¿podría decirse que cualquier persona en cualquier parte del mundo podría haber hecho lo mismo?

Hannah Arendt dijo que Adolf Eichmann, el teniente coronel de la SS encargado de transportar judíos a los campos de concentración nazi, era una persona común y corriente; fue terriblemente malinterpretada al darse a entender que cualquier persona podría ser como él y hacer lo que él hizo. 

Esa malinterpretación tiene su origen en un error lógico: toda silla es un mueble, pero no todo mueble es una silla. Creo que todos estamos en la capacidad de pensar: "tengo suerte de no tener que averiguar si yo sería capaz de cometer crímenes como los que ellos cometieron".

Entonces ¿cree que el contexto puede tener algo que ver con que la gente haga ese tipo de cosas?

Sí, por supuesto. Creo que los seres humanos somos producto de la sociedad en que vivimos, de nuestro contexto, de nuestro pasado. Si no queremos mirar a nuestro pasado, es como si no quisiéramos saber quiénes somos. Sólo tenemos una oportunidad para vivir en esta tierra y sería un desperdicio vivir sin preguntarnos nada sobre lo que significa ser un ser humano, sin preguntarnos quiénes somos.

¿Se sintió inmerso en algún momento en un dilema moral mientras hacía la película?

Personalmente, fue un proceso bastante doloroso porque no sabía cómo hacer una película sin abordar a una persona honestamente y tener una relación de proximidad con ella. Y, cuando te acercas tanto a una persona, eso puede hacerte vulnerable. 

Anwar hablaba y mostraba cosas tan horripilantes que nos hicieron tener pesadillas a mi equipo y a mí, así que fue bastante difícil. Pudimos lidiar con eso porque los miembros del equipo son muy cariñosos y mostraron siempre su apoyo, de otro modo no hubiera sido posible.

¿Qué sucedió con Anwar y los demás después de la película?

Creo que Anwar cambió en cierta medida, pero no tiene la fuerza para reconocer que lo que hizo estaba mal. Vio la película el 1 de noviembre de 2012 y estaba profundamente conmovido, lloró por un momento, fue al baño y, al volver,me dijo: "Josh, esta película muestra lo que se siente ser yo y estoy muy contento y agradecido por haber tenido la oportunidad de mostrar estos sentimientos que he sido incapaz de mostrar por décadas". 

Él y yo seguimos en contacto y creo que así seguirá siendo porque el rodaje de la película ha sido como hacer un viaje juntos y lo ocurrido durante el proceso nos afectará por siempre."                       (Entrevista a Joshua Oppenheimer, director de "El Acto de Matar", sobre los escuadrones de la muerte de la dictadura del general Suharto en Indonesia, eldiario.es, 16/09/2013)

31/3/11

Un etarra confiesa que iba a "secuestrar y ejecutar" a un edil





Fotograma del vídeo en el que se ve a Arkaitz Goikoetxea durante el registro de un zulo en La Rioja

"Secuestrar y ejecutar". Con voz pausada y mucha naturalidad, el jefe del comando Vizcaya de ETA Arkaitz Goikoetxea, explicó al juez Baltasar Garzón y a la fiscal Dolores Delgado, el 24 de julio de 2008 mientras acudían a registrar un zulo de la banda terrorista en un monte de la localidad riojana de Pazuengos, que tenía intención de secuestrar a un concejal socialista de Eibar, del que no recordaba su nombre, pero sabía que era profesor de matemáticas y que tenía una hija.
Las jeringuillas cargadas con morfina que estaban guardadas en un estuche -encontradas junto a armas y 125 kilos de explosivos- eran "para tranquilizar" a las personas a las que iban a secuestrar. (...)

Tras interesarse por quién era el edil al que pensaban capturar -Benjamín Atutxa, que ahora es parlamentario en Vitoria- Garzón preguntó a Goikoetxea qué planes tenían para el concejal, a lo que el jefe del comando respondió en voz baja: "secuestrar y ejecutar". Como el juez no entendió bien, volvió a preguntar: ¿Secuestrar y qué? "Secuestrar y ejecutar", confirmó Goikoetxea.

El juez le preguntó también quién le daba las órdenes, a lo que respondió: "Txeroki", alias que pertenece a Garikoitz Aspiazu, jefe del aparato militar de la banda terrorista hasta su detención el 16 de noviembre de 2008, en Cauterets (Francia).

El entonces concejal estuvo sometido tres meses a vigilancia por los miembros del comando, y lo pensaban matar en diciembre de 2007, aunque finalmente desistieron porque tenía escolta. Atutxa aseguró ayer que el vídeo de la confesión del etarra ha sido "un golpe muy fuerte" que le ha hecho "más efecto" que cuando le informó el Gobierno hace tres años, informa Efe.

En la grabación, el etarra reconoció también otras acciones del comando Vizcaya como el atentado contra las casas cuartel de la Guardia Civil en Durango, Calahorra y Legutiano, en el que falleció el guardia Juan Manuel Piñuel. (El País, 29/03/2011, p. 22)

31/1/11

Poco después de que el dictador dejara Túnez, sus secuaces mataron a presos y quemaron documentos de la represión

"¿Ves a ese? Lo conozco. Vive en mi barrio. Es un asesino a sueldo que se llama Hichem Kraiem". Un ciudadano de la capital de Túnez señalaba al individuo que vigilaba a los manifestantes el 14 de enero, horas antes de que el régimen colapsara y Zine el Abidine Ben Ali abordara el avión que le llevaría al exilio en Arabia Saudí.

Aquella noche y la mañana del día 15, el caos campó a sus anchas en el país. A fe que matones leales al dictador intentaron dejar atrás un panorama de tierra quemada. (...)

Pero también se sirvieron de un método nada novedoso: abrieron las puertas de las cárceles y 11.000 reos escaparon. Muchos corrieron una suerte fatal. "Policías abrieron las puertas de las celdas y dispararon en las prisiones de Monastir, Bizerte y Mahdia. Aparecieron 47 cadáveres carbonizados" (...)

"Algunos prisioneros", revela, "fueron obligados a quemar sus colchones". Mientras, de modo sigiloso, pruebas de los crímenes de la dictadura también ardían. (...)

Días después se supo que el déspota contaba con la ayuda de sujetos del pelaje de Kraiem: "Puede que nos tengamos que ir, pero prenderemos fuego a Túnez. Tengo a 800 tipos dispuestos a sacrificarse. En dos semanas, los mismos que se manifiestan nos suplicarán que volvamos". (...)

"En la prisión de Monergia, los agentes lanzaron gases lacrimógenos en las celdas y soltaron perros. No se hacía distinción entre presos políticos y comunes". Decenas de prisioneros y sus familiares comienzan a relatar a letrados los abusos ejecutados durante las dos jornadas siguientes a la fuga de Ben Ali. Es impactante.

"Les dejaron sin comer durante días, desnudos en sus celdas y golpeados. Las familias les llevaban comida, pero los funcionarios no permitían que se entregara. Solo a partir del día 22 se reanudaron las visitas", narra Labidi. Y sigue: "A un preso, Jaled Nasir, le metieron un tiro en el ojo. Está muy grave. Permaneció cinco días sin asistencia médica hasta que firmó un papel en el que exculpaba a la policía.

Ali Kalai, otro recluso, denunció torturas. Y volvió a ser torturado después del día 22. Está en un estado horrible". Ben Ali se había fugado ocho días antes. "No sabemos", agrega la activista, "cuántas personas han muerto, pero seguro que son más de las 78 que oficialmente anunció el Gobierno". (...)

El tribunal de la ciudad de Gabes, por ejemplo, fue totalmente calcinado", lamenta la abogada. Algo se ha conseguido recuperar de las cenizas. Habib Boomrane, también abogado, comenta: "El pueblo recuperó una lista de 1.200 colaboradores, con nombres y apellidos, que estaban a las órdenes del dictador. Al menos uno de ellos ha intentado suicidarse". Parece un caso aislado. (...)

La brutal represión -algo que explica el odio que profesan los tunecinos al viejo régimen- viene de largo. "En 1989 el régimen asesinó a mucha gente y no entregaron sus cadáveres a las familias", afirma la letrada. "Sé de 11 estudiantes que desaparecieron en 2005 en condiciones extrañas. (...)

Abundan quienes opinan que el régimen -a día de hoy pululan por las calles, barras de hierro en mano, matones que dan pavor- tardará en ser pasado. (...)

La policía no informa. Muchos jóvenes no han sido encontrados por sus familias", cuenta Labidi. Las ONG calculan que 3.000 civiles fueron detenidos tras entrar en vigor, en 2003, la ley antiterrorista. Sus madres alzan estos días en la principal avenida de la capital las fotografías de sus hijos desaparecidos." (El País, internacional, 30/01/2011, p. 9)

5/3/10

El monstruo de Grbavica admite que mató "a más de cien moros"

"Veselin Vlaholic era sinónimo de terror en 1992 en el barrio de Grbavica de Sarajevo. Por eso se ganó por méritos propios el sobrenombre de El monstruo de Grbavica. "Yo maté a más de 100 moros y quemé sus cadáveres. ¿Por qué? Porque ellos mataron a mi mujer y a mis hijos. Y les digo una cosa: no me arrepiento", confesó el pasado lunes a los agentes que le detuvieron en Altea (Alicante).

Tampoco tuvo el menor reparo en confiar que, al mando de un grupo conocido como Los Ángeles Blancos, había violado a numerosas mujeres musulmanas durante la espantosa guerra de los Balcanes. (...)

El suyo era uno de los nombres que más odio suscita aún en Bosnia, sobre todo entre las mujeres que sufrieron múltiples violaciones. Por eso, muchas de ellas han contactado con la Embajada de España en Sarajevo para agradecer su captura, igual que ha hecho un representante del Gobierno de Bosnia y Herzegovina. "Mucha gente ha hecho fiesta y ha celebrado su captura", dice un funcionario de la legación diplomática. (...)

El peligroso ex miliciano es un tipo frío y sin escrúpulos. "No me arrepiento de nada de lo que hice. ¿Por qué me iba a arrepentir? Aquello era la guerra... y en las guerras pasan esas cosas", comentó a los policías" (El País, ed. Galicia, España, 04/03/2010, p. 22)

"El pasado de Vlahovic está empapado en sangre. "Yo trabajaba en un casino de Sarajevo y el propio Radovan Karadzic me pidió que me encargase del barrio de Grbavica", ha comentado a los policías que le detuvieron. Karadzic, detenido en Belgrado en 2008, se declaró en 1992 presidente y jefe militar de la llamada República Serbia de Bosnia y Herzegovina y puso en marcha una terrorífica operación de limpieza étnica para exterminar a la población que no fuera serbia.

Radomir Neskovic, miembro del nacionalista Partido Democrático Serbio (SDS), tiene declarado ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) que Vlahovic era "un monstruo armado, un tipo patológico". "Queríamos librar a Grbavica de ese hombre, pero él siempre regresaba para hacer más males", tiene declarado Neskovic.

"Le gustaba conducir coches y matar musulmanes. Además, le gustaba golpearles delante de otros para demostrar sus habilidades y técnicas como boxeador. Torturaba y mataba musulmanes, pero cada vez de una forma diferente. Le gustaba experimentar", explica Bozidar Debelonogic, un antiguo soldado serbobosnio, en su libro Balija.

Campeón de boxeo júnior de la ex Yugoslavia, impuso un régimen de terror al mando de un grupo de desalmados conocidos como los ángeles blancos, que se dedicaban a asesinar a hombres, mujeres y niños. "Violábamos a mujeres. Les hacíamos con una navaja la cruz ortodoxa en los pechos y les echábamos sal para que no cicatrizase la herida", ha explicado tras su arresto. Además, montaron prostíbulos con prisioneras bosnias y croatas, muchas de las cuales acabaron suicidándose, como la estudiante Magdalena Kresic, que se arrojó por un balcón del lupanar.

Los relatos de alguna de ellas son trágicos y escalofriantes -"fui violada durante noches enteras"- y sirvieron de fuente de inspiración de la película Grbavica, de Jasmila Zbanic, premiada con el Oso de Oro en Berlín en 2006." (El País, Domingo, 07/03/2010, p. 10/1)


24/9/09

El alarde del verdugo

"El piloto argentino detenido en Valencia alardeaba ante sus colegas de haber participado en los "vuelos de la muerte"

Julio Alberto Poch fue piloto del régimen del general Videla. Participó del horror de lanzar desde el aire a los detenidos por la feroz dictadura que sembró el terror entre 1976 y 1983 en Argentina. Lo contaba. Se felicitaba de ello. Así se lo contaron al juez argentino que persigue por torturas y asesinatos a quienes hicieron desaparecer a más de 30.000 personas; y se lo contaron los que desde hace años son compañeros de Poch en la línea comercial aérea holandesa Transavia. (...)

Julio Alberto Poch tiene 57 años. Fue teniente de la Armada argentina. Pilotó aviones que vaciaron un pasaje vivo sobre el mar y el Río de la Plata para garantizarse la muerte por ahogamiento de sus víctimas. Eran los llamados "vuelos de la muerte". En 1981 abandonó Argentina y se trasladó con su familia a Holanda. Tiene doble nacionalidad. Y siguió ganándose la vida volando, transportando pasajeros como piloto de línea. Su último destino, una empresa de low cost (vuelos baratos).

A Poch le perdió la boca, la arrogancia y la chulería. Y el juez Sergio Torres, encargado de perseguir a los pilotos de los "vuelos de la muerte", no desaprovechó la oportunidad.

Torres tenía conocimiento, después de un viaje a Holanda en 2008 en busca precisamente de antiguos militares colaboradores de la dictadura de Videla, de que un piloto, Julio Alberto Poch, había reconocido ante sus propios compañeros de Transavia lo que consideraba una hazaña, una gloria, una heroicidad: haber tirado vivos desde el aire a secuestrados por la dictadura. (...)

Según explicó Alexis Banylis, de la Agrupación Hijos, un compañero de Poch relató cómo en un viaje a Bali conoció de su boca el estremecedor relato de los vuelos de la muerte. Sin pudor, sin dolor, sin vergüenza." (El País, ed. Galicia, España, 24/09/2009, p. 15)