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26/10/22

Los ángeles caídos de Franco que ‘combatieron’ el gen rojo... el fanatismo de los psiquiatras al servicio de la dictadura

 "No solo vencieron con las armas. La represión franquista se valió de determinados científicos e intelectuales que se alinearon con el bando rebelde a la República para demonizar al enemigo y justificar su aniquilación.

 Son los ángeles caídos, personajes como el psiquiatra Juan Antonio Vallejo-Nágera, el inventor del gen rojo, que convirtió a los brigadistas internacionales en «degenerados y alcohólicos» y a las mujeres republicanas en «bestias salvajes», que sustentaron con sus teorías eugenésicas la represión sobre determinados grupos, como los homosexuales, y el robo de bebés con la aquiescencia de la iglesia católica.

 Sobre esta represión y las consecuencias que tuvo en la sociedad española, y particularmente en el atraso de la psiquiatría, versa el documental Los ángeles caídos. El fanatismo de los psiquiatras de Franco, dirigido por la periodista valenciana Rosa Brines y producido por el leonés Félix Vidal, que se proyecta este miércoles en El Albéitar (20.30 horas) dentro del ciclo de cine documental del XI Encuentro Internacional de Investigadores del Franquismo. 

El psiquiatra Cándido Polo, impulsor de la renovación del antiguo régimen asilar y la implantación del modelo de psiquiatría comunitaria en Valencia y pionero en el estudio de la asistencia psiquiátrica a las brigadas internacionales, es uno de los asesores del documental que presentará en León. Polo resalta que no fue solo Vallejo-Nágera, aunque «su cercanía a Franco le permitió estar al mando de la psiquiatría y experimentar con algunos grupos para buscar la corroboración de que el gen rojo contenía todas las maldades» como una forma de justificar la alteración del orden constitucional.

 Otros psiquiatras como Marco Merenciano, uno de los tres delatores del rector Peset Aleixandre, considerado uno de los científicos más brillantes de la época, o López-Ibor, en la segunda generación, dieron cobertura a la que fue una de las armas más poderosas del franquismo.

Los brigadistas recluidos en San Pedro de Cardeña, en Burgos, y las mujeres de la cárcel de Málaga fueron los grupos concretos sobre los que el conocido como el Mengele español aplicó sus teorías, pero las consecuencias se extendieron más allá. «Se instauró una psiquiatría retrógrada sobre las bases del nacional catolicismo que repercutió en la formación de las sucesivas generaciones y produjo un atraso científico irreparable en nuestra especialidad, creando profesionales deformados más que formados», subraya Polo.

 Una visión que sustentó la persecución de los homosexuales hasta los años 70 en España y la trama de los bebés robados, que acabó convirtiéndose en un enorme negocio hasta los años 80. «Los bebés robados son consecuencia de esa fabricación moral del enemigo, con la que no sólo se exterminaba a los padres, sino que robaba a los hijos bajo la teoría farisaica y maniquea  de que los entregaban a buenas manos», explica.

El documental aborda en varios bloques las diferentes áreas en las que intervinieron los ángeles caídos, «con la connivencia impune entre franquismo e iglesia que exculpaba a médicos y religiosas, mientras la justicia demoraba las causas». Como investigador de lo que se hizo con los brigadistas internacionales, el psiquiatra sostiene que fue una guerra «que no tiene justificación alguna» y detrás de la cual se esconde «una mentalidad inquisitorial».

Esta afirmación la sustenta en que Vallejo-Nágera llegó a pedir la creación de un Cuerpo Nacional de Inquisidores «donde se pudiera llevar a cabo la cruzada y buscar una auténtica eugenesia para exterminar y eliminar al enemigo». Una mentalidad que replicaba en sus prácticas «aquella frase de Franco, que dijo que si era necesario había que fusilar a la mitad de España»

La victoria de Franco y sus afines supuso, según Cándido Polo, «una impunidad que se prolongó durante décadas para estar limpiando el país». La generación siguiente a Nágera la representa López-Ibor, que «sin estilo castrense ni cuartelero, modernizó aspectos formales desde la alianza con la iglesia». De esta forma, «hasta que no desaparece la figura de Franco, no desaparece el anclaje y ha costado décadas renovar la especialidad y perseguir a los delincuentes» que participaron en la trama de los bebés robados.

 Para Cándido Polo, obras como Los ángeles caídos son esenciales en el proceso de reparación en el que ha tomado parte al rescatar el trato psiquiátrico que se dio a los brigadistas, como una forma de reivindicar la memoria de esas 40.000 hombres y mujeres que acudieron en auxilio de la República. «No eran degenerados ni alcohólicos. Eran idealistas que venían a luchar porque sabían lo que pasó después, pues la Guerra Civil fue la antesala de la II Guerra Mundial». El psiquiatra recuerda las palabras de Eistein, «nada sospechoso de retrasado ni pervertido: En tiempo de barbarie hay que ponerse del lado del pueblo español». 

Los ángeles caídos son la segunda obra documental de Rosa Brines y Félix Vidal, después de La amarga derrota de la República,  que acaban de crear la productora Docline Producciones para seguir con el rescate de la memoria democrática."             (Ana Gaitero, Diario de León, 24/10/22)

26/1/22

Suecia esterilizó a "indeseables" hasta hace 25 años para depurar la raza... y uno de los culpables fue el siniestro Lundborg, antecesor de Vallejo-Nájera... La espeluznante investigación de higiene racial que realizó el sueco Herman Bernhard Lundborg entre los sami apuntaló intelectualmente la esterilización de "idiotas", indígenas, gitanos y personas vulnerables. El charlatán antisemita anticipó al Mengele español, el franquista Vallejo-Nájera, quien tachó el comunismo de retraso mental

 "El primero de los directores del Instituto sueco para la Biología Racial de Uppsala (Suecia) Herman Bernhard Lundborg (1868-1943) lo tenía muy claro: los nórdicos constituyen la raza superior y cualquier clase de mestizaje con indígenas sami de Laponia, romaníes, judíos, tornedalianos, fineses u otras minorías raciales debilitaría al pueblo escandinavo, al que atribuía el mayor grado de perfección humana incluso mucho antes de que nazis como el doctor Mengele trataran de servirse de la ciencia para apuntalar sus criminales desvaríos racistas. Tal y como firma la escritora Maja Hagerman, autora de un libro y un documental sobre los experimentos de Lundborg con los sami, "colegas investigadores de Alemania, que más tarde se convertirían en influyentes expertos raciales y dictarían sentencias de muerte en el Tercer Reich, miraban con envidia a través del Mar Báltico hacia Suecia, donde se había creado el primer instituto racial del mundo".

El Instituto estatal sueco de Biología Racial de Uppsala, fundado en 1922, contribuyó de forma muy significativa a que esas teorías eugenésicas se extendieran por Alemania, Estados Unidos o el resto de países escandinavos. Para sustentar sus atroces prejuicios, Lundborg viajó a Laponia por primera vez en 1913 y comenzó a tomar medidas craneales de nativos a quienes alentaba a desnudarse. Tomaba fotografías, comparaba fisonomías, analizaba los pelos del pubis y, finalmente, clasificaba a los sujetos de su estudio en "superiores" o "inferiores". Fue solo el primero de los muchos viajes que realizó a Sapmi -denominación nativa de Laponia- con la intención de legitimar el desvarío racista de la superioridad nórdica. Se había obstinado en demostrar que los indígenas son braquicéfalos o de cráneo corto, a diferencia de los escandinavos, que eran dolicocéfalos o de cráneo alargado, lo que a su juicio ejercía también una influencia en la impronta moral de los individuos. No había de pasar mucho tiempo para que los científicos nacionalsocialistas con los que se carteaba le imitaran y crearan el Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología.Thank you for watching

Tuvo sexo y procreó con una "raza inferior"

Lo más sorprendente de la historia del pseudocientífico antisemita sueco es que él mismo terminó mezclándose, teniendo sexo y procreando, con una mujer perteneciente a uno de los grupos del tipo equivocado. A la postre, esa fue la razón por la que la periodista Maja Hagerman se decidió a escribir un libro sobre Lundborg. "No tenía la intención de escribir una biografía completa, pero eso cambió cuando descubrí la identidad de su amante María, nativa del norte de Sapmi (Laponia). Al contratarla como limpiadora en su oficina de Uppsala y dejarla embarazada casi de inmediato, arriesgó su reputación como la principal autoridad en temas raciales. Constantemente, advertía a los suecos sobre la amenaza de otras razas. Entonces, ¿en qué estaba pensando?".

A la postre, Lundborg trató a los sami como a insectos a los que categorizaba y estudiaba. Las miles de fotografías que tomó fueron halladas en perfecto estado muchos años después de su muerte, lujosamente encuadernadas en voluminosos libros apilados en las instalaciones del antiguo instituto de biología racial. Ni siquiera sabían que eso estaba allí. Y ello trajo nuevamente a colación el trauma colectivo que causó su investigación. Nunca les explicó lo que se traía entre manos pero cuando la verdad se conoció, se sintieron humillados.

Quieren los huesos de sus ancestros

La percepción social de que pertenecían a una raza inferior no la inventó Lundborg. La designación común de sami -lapón- es un exónimo que significa también idiota y vagabundo, razón por la que ha caído en desuso en la propia Suecia en el nombre de la corrección política. Sin embargo, el charlatán racista brindó magníficas coartadas a las compañías mineras o funcionarios del Gobierno que literalmente despojaron y siguen despojando de sus tierras y de sus recursos a los sami. En última instancia, sus estudios terminaron inspirando campañas de esterilización de "indeseables" que se prolongaron, de diferentes modos, hasta mediados de los noventa, gracias, entre otras cosas, a la simpatía de los injustamente idealizados socialdemócratas suecos. Y el problema extiende sus oscuras sombras hasta hoy de diferentes modos porque las heridas no han sido restañadas todavía.

"El proceso de 'suecificación' de los indígenas fue muy duro", dice el presidente del parlamento sami Stefan Mikaelson. "La discriminación institucional estructural está basada en el racismo. Los nativos eran vistos como menos valiosos en comparación con los pueblos de la sociedad dominante".

Lo que vino a hacer Lundborg es echar algo más de leña al fuego de su marginación histórica. Hace solo una semana, los sami organizaron una protesta finalmente cancelada en Uppsala para reclamar que la universidad devuelva los restos óseos y cráneos que aún conserva. Esta es una de las peticiones más largamente planteadas por los sami. "Todavía hay mucho material allí. Hace unos diez o doce años nuestro parlamento hizo una declaración común para que se repatriaran esos restos, independientemente de la institución en la que estén almacenados", asegura Stefan Mikaelson. "Y mucho más recientemente, una de las organizaciones sami volvió de nuevo a demandarlo".

Se sabe que la universidad alguna vez tuvo 57 cráneos y seis esqueletos de sami, mezclados junto a los de colonos y los de reclusos muertos en prisión cuyos cadáveres eran entregados por el Gobierno sueco a la ciencia hasta el decenio de 1950. En noviembre pasado, el Ejecutivo del país trató de enmendar sus errores del pasado comprometiéndose a crear una comisión de la verdad que examinara el trato que el país ha dado a la minoría sami en el pasado. No hay dudas de que este era antaño pésimo, y según el escritor austriaco Gabriel Kuhn, autor del libro Liberating Sápmi: Indigenous Resistance in Europe's Far North, tampoco la hay de que lo sigue siendo ahora.

En 2007, la sesión plenaria del parlamento sami exigió a los Gobiernos nórdicos que identificaran todo el material óseo que se encuentra en todas las colecciones nacionales para su posterior repatriación a donde pertenezcan. Esta organización de carácter consultivo desea también saber cómo se consiguió ese material y donde se llevaron a cabo los expolios y profanaciones de cementerios sami. En opinión del órgano presidido por Stefan Mikaelson, "no debe subestimarse la importancia de los restos humanos que se almacenan en un estante en una institución sueca. Un funeral es un evento importante en la comunidad sami donde toda la familia se reúne y honra a los muertos con su presencia". Que sigan todavía almacenados en esas colecciones estatales solo refuerza, en su opinión, las viejas actitudes colonialistas y discriminatorias que todavía sufren.

Devolución de restos óseos

Las primeras devoluciones se produjeron en 1997 en Noruega. Eran los cráneos de Mons Sombys y Aslak Haettas, retornados por el instituto anatómico en Oslo y posteriormente sepultados en la Iglesia Talvik de Alta, en Noruega. Hubo otra repatriación en Suecia have veinte años, la del Soejvengeelle u hombre sombra, cuyos restos habían sido legalmente saqueados en los 50 por el investigador Ernst Manker.

Hace dos meses, el rector de la Universidad de Uppsala solicitó permiso al Gobierno sueco para devolver a la Asociación Sami de Arjeplog un esqueleto encontrado en el Museo de la Universidad Gustavianum. Los restos pertenecen a un condenado que cumplió cadena perpetua en la prisión central de Långholmen y que estaba registrado en la iglesia de la parroquia de Arjeplog.

Tanto el saqueo de sus cementerios, como las mediciones anatómicas u otros tratos humillantes fueron justificados y alentados por Lundborg y su Biología Racial, que junto con las ideas darwinistas de la época condujeron, por ejemplo, a leyes que prohibían el matrimonio a los deficientes mentales (1915) y algo más tarde a decretos (1934 y 1941) que permitían la esterilización o la marginalización de sami, tornedalianos, fineses, gitanos, disminuidos psíquicos o personas con trastornos mentales. Los ingenieros sociales suecos pensaron que podrían mejorar la sociedad para las generaciones mediante campañas de esterilización.

En 2014, el propio Gobierno reconoció que había estado esterilizando, persiguiendo e impidiendo la entrada en el país a los gitanos durante el siglo precedente. Junto al mea culpa de Estocolmo, volvieron a resonar los ecos del instituto de Lundborg y todos los esfuerzos para imprimir legitimidad científica a la noción racista de "blanquedad". Durante su retiro en Alemania, su antisemitismo se fortaleció más todavía.

Gracias a una comisión relatora creada para investigar lo sucedido se sabe que Suecia esterilizó a 230.000 personas entre 1935 y 1996 en el contexto de un programa basado en la eugenesia y los conceptos de "higiene social y racial". Las 63.000 esterilizaciones practicadas entre 1934 y 1975 tenían por finalidad garantizar la pureza de la raza nórdica. Esto fue posible, entre otras cosas, a leyes aprobadas con el consenso de todas las formaciones políticas del país. Ni la caída del nazismo marcó un hito en estas "soluciones finales" a la sueca. Ellos siguieron a la suya mientras la prensa internacional divulgaba panegíricos sobre las bondades de las sociedades escandinavas.

El Mengele español

Entre mediados de los setenta y 1996 se esterilizaron a otras 166.000 personas, en la mitad de los casos de un modo consentido. El grueso de las víctimas de los últimos años fueron madres solas con hijos, alcohólicas, personas con patologías psiquiátricas o que vivían en la marginalidad. En las tandas anteriores, fueron los gitanos y los sami quienes se llevaron la peor parte.

Campañas semejantes fueron también implementadas en Francia, Canadá, EEUU, Suiza, Austria, Finlandia y Dinamarca. El máximo exponente de la eugenesia en nuestro país es el psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera, quienes estudió en 1939 a presos republicanos con la esperanza de demostrar "la perversión moral" de la izquierda.

Para mayor gloria del caudillo, el palentino creía haber identificado un "gen rojo" que predisponía a la perversión sexual e ideológica. El aprendiz español de eugenista no podía plantear una teoría racial en una sociedad mestiza como la española, pero colaboró y fue fuertemente influido por los nazis que anteriormente habían rendido pleitesía a Lundborg. El palenciano todavía posee un paseo con su nombre en Madrid. En 2010, miembros del Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid retiraron la placa de la vía y la reemplazaron por otra con el nombre de Calle contra la Impunidad."           (Ferran Barber, Público, 22/01/22)

4/10/11

De los entre 80.000 y 100.000 hereros que en 1904 se rebelaron contra la invasión y el expolio alemanes, solo 15.000 seguían vivos en 1911

"Dos cráneos mondos presidían la ceremonia en sendas urnas transparentes. Banderas de Namibia cubrían los otros 18, dispuestos en cajas de cartón gris. Son los restos de 20 hereros y namas (grupos étnicos del sur de África) muertos en las guerras coloniales que, enviados hace 100 años a Berlín como piezas de museo para su estudio antropológico y "racial", regresan ahora a Namibia.

Recibirán sepultura tras un siglo conservados en cajones a miles de kilómetros del lugar donde murieron. El viernes, la ceremonia pública de entrega en la clínica berlinesa Charité se convirtió en un acto de protesta contra el olvido alemán del primer genocidio del siglo XX. (...)

Ante los africanos y muy cerca de la fila de cráneos que la Charité devolvió a Namibia, el discurso de Pieper evitó delicadamente dos palabras clave: "genocidio" y "perdón". Porque tanto el reconocimiento público del genocidio como la petición oficial de perdón podrían acarrear el pago de reparaciones a los herero que sobrevivieron.

Unas 20 personas del abarrotado auditorio levantaban folios impresos pidiendo que Alemania se disculpe y que compense a los descendientes de las víctimas. Según avanzaba el monótono discurso de Pieper, los ánimos de los críticos se caldeaban.

Empezaron a abuchearla coreando protestas, hasta que ella les recordó "la libertad de expresión que rige en Alemania" y les sugirió que esperaran al final antes de juzgar el discurso. Acabó sin mayores interrupciones y sin palabras de disculpa oficial. Su propuesta de "reconciliación" levantó una nueva tanda de abucheos.

Cuando los delegados africanos se bajaban al estrado, Pieper dio media vuelta y se fue por la puerta trasera. Dejaba así plantados al Ministro de Cultura namibio y a decenas de representantes herero y nama venidos de África con sus uniformes y sus trajes tradicionales. Tras la ceremonia, la funcionaria namibia Esther Moombalah-Goagoses explicó a este periódico que "la entrega de los restos es lo mínimo que podía hacer Alemania". (...)

De los entre 80.000 y 100.000 hereros que en 1904 se rebelaron contra la invasión y el expolio alemanes, solo 15.000 seguían vivos en 1911. Murieron también 10.000 namas. Los más afortunados cayeron bajo las balas de las ametralladoras alemanas. Otros miles murieron por el envenenamiento del agua potable perpetrado por las Tropas de Protección imperiales.

Otros perecieron de hambre en los campos de concentración o achicharrados en el desierto que los alemanes les impedían abandonar. El teniente general Lothar von Trotha, encargado de aniquilar a los herero en la despectivamente llamada "guerra de los hotentotes", explicó una vez su método: "aniquilo las tribus rebeldes en torrentes de sangre".

Para mayor escarnio de las víctimas, los científicos de la época importaban cabezas para su estudio "racial". Las que devolvió la Charité el viernes llegaron con piel y músculos en tarros de formol. Cuentan los namibios que muchas otras venían ya limpias, porque los soldados obligaban a las mujeres a hervir cabezas para descarnar el hueso con esquirlas de cristal. Algunos cráneos proceden directamente de la profanación de tumbas. (...)

Alemania ha reconocido la casi aniquilación de los herero, pero no ha pedido disculpas oficiales. Durante esta visita, el Gobierno ha reiterado su "reconocimiento de la responsabilidad histórica y moral" de Alemania. Son las mismas palabras usadas en 2004 por la entonces ministra de Cooperación Heidemarie Wieczorek-Zeul.

Se cree que hasta 3.000 cráneos herero siguen dispersos en museos y universidades alemanas. Claudia Peter, de la Charité, reconocía el viernes la "vergüenza" de aquella ciencia que importaba cráneos de personas masacradas como si fueran trofeos.

Una vez en Alemania, los restos servían para "ilustrar tesis racistas". Este componente científico del genocidio herero, así como su vocación de exterminio absoluto y el modo sistemático en que se llevó a cabo, permiten interpretarlo como un preludio africano del Holocausto."                        (El País, 03/10/2011)

 

21/12/10

El racismo científico franquista

"El CSIC patrocinó trabajos racistas para reafirmar la inferioridad de los negros. Los estudios marcaron el discurso oficial franquista y determinaron la actuación colonial de España en África en los años cuarenta y posteriores.

"La materia prima que más interesa en nuestros territorios es el hombre. ¿Qué es capaz de hacer este hombre negro, de ojos más negros que su piel, grandes pero inexpresivos; de nariz corta y ancha, de boca amplia? ¿Qué capacidad somática y psíquica alcanza a desarrollar? (...) ¿Qué trabajo es capaz de desarrollar? La solución a todos estos problemas la consideramos absolutamente necesaria, si queremos colonizar racionalmente nuestros territorios.

De otra parte cabe preguntar: ¿es posible en África una colonización espiritual o solamente hay posibilidad real de una colonización material?". Así comenzaba el libro Capacidad mental del negro, escrito en Guinea Ecuatorial por los doctores Vicente Beato y Ramón Villarino, publicado por la Dirección General de Marruecos y Colonias, en el año 1944 y reeditado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) una década después. (...)

Tal vez por ello no les resultara extraño el trabajo desarrollado allí mismo por un médico alemán, el doctor Kramer, pionero de los estudios psicológicos sobre los hombres de color y que fue enviado allí por el Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial, un buen día desapareció súbitamente con su equipo de tierras africanas. Beato se inspiró en las tareas de sus colegas alemanes para aplicar los métodos Bidet-Bobertag y el de Yerkes, "para determinar la edad y el "coeficiente" mental, aplicados al negro", como rezaba el subtítulo de su publicación.

La tesis de los doctores españoles era sencilla: las enfermedades tropicales, desde la tripanosomiasis, la temible enfermedad del sueño, al paludismo, e incluso la lepra, han dejado tales estigmas en el hombre negro que su inteligencia se ha resentido.

"Es la premunición de Sergent", escriben en su libro, "que confiere al individuo un estado crónico durante el cual puede llevar el germen de la infección, sin que él mismo sufra los brotes de la reinfección... pero este germen toma definitivamente su asiento (...) e intoxica constante y lentamente todos los humores orgánicos con los productos de su catabolismo (...).

Como resultado final de este ataque permanente sobreviene, cuando no la muerte, la destrucción somática y psíquica del individuo y, a la larga, de la raza".

El colofón de este prólogo se mostraba así: "Sin él [hombre negro], no sería posible la explotación de este continente salvaje y preñado de riquezas. (...) Su brazo es sustantivo para el logro de los fines colonizadores en los tiempos presentes".

Para rematar, los doctores españoles añadían: "Hemos señalado cómo las enfermedades tropicales agotan totalmente al individuo desde su nacimiento y cómo con ello sufre su psiquismo. No queremos indicar con esto que toda la inferioridad de las cualidades psíquicas del negro sea debida a la tara patológica".

Y continúan: "Estimamos que gran parte de ella es consecuencia de un fenómeno natural. Es indudable que una sanidad bien llevada mejoraría la raza también en dicho sentido". (...)

"Ya entonces, en plenos años 40 del siglo XX, una doctora española destacada en Guinea Ecuatorial, Ave María Vilacoro, que curiosamente también había estudiado en Alemania, combatía con denuedo aquellas concepciones por considerarlas netamente racistas", explica Bandrés.

Pero más grave aún que la melodía de aquel infausto libro fue que diez años después, en los albores del fin del aislamiento internacional del franquismo tras el pacto con Estados Unidos previo al fin de la autarquía, el libro de Beato y Villarino fue reeditado por el CSIC. El supremo órgano de la ciencia y del pensamiento de España estaba regentado por hombres próximos al Opus Dei, cercanos a su vez al almirante Luis Carrero Blanco, el hombre más próximo a Francisco Franco, jefe del Estado. (...)

Ibarrola era director del Instituto Nacional de Psicotecnia y ejercía como oráculo del régimen de Franco en lo concerniente a la psicología. Según explica Javier Bandrés, "su misión consistía en demostrar que dada la probada inferioridad de los africanos, resultaba superflua la homologación del sistema educativo peninsular en la colonia y se justificaba la aplicación de criterios que consideraban a los indígenas como meros braceros, habida cuenta de su manifiesta deficiencia intelectual".

Sin embargo, las tesis de Ibarrola y de sus mentores hallaron un abierto rechazo por parte de responsables del Ministerio de Educación Nacional destacados en la isla de Fernando Poo y en el territorio continental de Río Muni, que veían en aquellos trabajos la coartada oficial perfecta para desproveerles de su función como enseñantes en la colonia.

Nada más llegar a la cartera de Educación Nacional el ministro Joaquín Ruiz Jiménez, Ibarrola fue sustituido por José Germain al frente del INP, (...)

No obstante, de los "estudios científicos sobre el negro" de Ibarrrola obtuvo el almirante Carrero Blanco los mimbres para el discurso colonial oficial, que permaneció vigente, bien que contestado por el de apariencia descolonizadora preconizado por Fernando María Castiella desde Asuntos Exteriores, hasta el fin de la colonia, en 1968; eso sí, todo blindado por la Ley de Secretos Oficiales que, como una impenetrable losa, sepultó en el silencio durante décadas todo lo concerniente a la atribulada colonia española.

Ricardo Campos, historiador de la Ciencia del CSIC señala: "La historia de la medicina y de la psiquiatría a lo largo del siglo XIX está impregnada de retazos de pensamientos racistas.

Ahí cabe insertar el discurso colonial español respecto a África. Posteriormente, en el siglo XX, los fascismos elevaron ese discurso a política de Estado. Por eso en los cuarenta y siguientes el CSIC, que era una institución evidentemente franquista, aplicó aquel discurso". (El País, 19/12/2010, p. 42)

19/2/10

La base de todo, el racismo biológico... 'Los genes de los vascos no son diferentes'

"Los vascos no son diferentes genéticamente de cualquier otro español. Así lo confirma el estudio de genética de poblaciones más completo que se ha realizado en España, dedicado a comparar el genoma de los españoles de 10 regiones. Según los resultados, el genoma de los participantes no muestra diferencias geográficas en la Península, hasta el punto de que el genoma de un vasco se parece más al de un valenciano o un extremeño que al de un vasco-francés.

"Los vascos no pueden considerarse un grupo genético aislado y las interpretaciones sobre su origen deben ser revisadas", señala el estudio, dirigido por el investigador de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF) Jaume Bertranpetit.

Trabajos anteriores mantenían que los vascos permanecieron aislados durante siglos y no se mezclaron con el resto de poblaciones ibéricas. Era de esperar que escondieran en su ADN diferencias que podrían confirmar o desechar esa hipótesis. Una interpretación es que, mientras los españoles descienden de agricultores neolíticos, los ancestros vascos se remontan a cazadores y recolectores que llevaban mucho más tiempo en la Península.

Hace casi 20 años, el mismo Bertranpetit fue uno de los principales valedores de la diferencia genética vasca. Se basaba en un análisis de marcadores clásicos presentes en la sangre, como el famoso Rh, que parecía diferenciar al pueblo vasco del resto de poblaciones europeas.

Hace un año, otro estudio de 144 marcadores genéticos en franceses, españoles y pueblos del norte de África que incluía a vascos de España y Francia no encontró diferencias destacables.

Bertranpetit y su equipo reniegan ahora del Rh y los otros marcadores clásicos. "No son marcadores ideales para trazar la historia de una población", sentencian. Su equipo ha analizado ahora casi 300.000 marcadores que se extienden por todo el genoma. Estos marcadores, llamados SNP (pronunciado snips), son cambios de una letra en la cadena de ADN de los que se puede inferir el origen de una persona, o su predisposición a sufrir una enfermedad. (...)

"Los resultados del análisis por regiones muestran una falta de estructura geográfica de la variación genética en España y, en particular, que los vascos no se diferencian especialmente", indica el estudio, publicado en la versión on-line de Human Genetics." (Público, 19/02/2010)

4/6/09

La filosofía religiosa y científica que justificó el robo de niños franquista

"El régimen no intentó buscar a los padres de los niños que habían sido evacuados, o directamente se los robó a sus madres en las cárceles, en el intento de "recatolizarlos a la fuerza", explica el historiador Julián Casanova, autor de La Iglesia de Franco. "La Iglesia fue la principal responsable del robo de estos niños, quería purificar a aquellas criaturas, de familias rojas y descarriadas. Por eso estaban mucho más interesadas en las niñas que en los niños. Y a ese intento de purificación obedece también el aceite de ricino que les hacían beber a las mujeres cuando las torturaban", añade.

Para construir aquel sistema cruel que borraba la identidad de los niños, el régimen se empeñó en conseguir que odiaran a sus padres, los rojos. Hizo falta un psiquiatra, el comandante Antonio Vallejo Nájera, y una teoría disparatada sobre la Eugenesia de la hispanidad y la regeneración de la raza.

En un intento de cuajar aquellas teorías con su fe católica, Vallejo Nájera ideó una suerte de "eugenesia positiva" con el fin de "multiplicar a los selectos y dejar que perezcan los débiles", entendiendo como débiles a los rojos, y como recuperables, a sus hijos, a los hijos robados del franquismo." (El País, ed. Galicia, España, 23/11/2008, p. 26/7)

14/5/09

El robo de niños en la España franquista

"Se estima que desde el inicio de la Guerra Civil y hasta los años cincuenta, los sublevados de 1936 robaron a los republicanos alrededor de 30.000 niños, algunos para meterlos en seminarios u hospicios; otros para ser dados en adopción a ciudadanos afectos al régimen. En ocasiones, los niños habían sido separados de sus padres cuando tenían edad suficiente como para recordarlos, incluidos los encerrados junto a sus madres en las cárceles franquistas, donde les dejaban residir hasta los seis años.

Pero en otras, nunca iban a conocer su origen los recién nacidos que les sustraían a las mujeres ingresadas en lugares como la Prisión de Madres Lactantes de Madrid y a las que, en muchos casos, fusilaban al poco de dar a luz. ¿Dónde fueron esos bebés? ¿Quién se los quedó? Resulta inquietante pensar en sus vidas falseadas y deducir que aún hoy habrá personas en nuestro país que no sean quienes suponen ser ni pertenezcan a las familias que consideran suyas. Han permanecido siete décadas ocultos y tampoco ahora hay demasiado interés en rescatarles del olvido.

Esa historia siniestra comienza incluso antes de la guerra y en teorías tan disparatadas como las del psiquiatra militar Antonio Vallejo Nájera, cuya tesis era que el marxismo es una enfermedad mental propia de personas intelectualmente débiles y moralmente despreciables. Siguiendo las doctrinas de la eugenesia y convencido de que la tara del socialismo se transmitía a quienes rodeasen al afectado, el estrambótico médico promovía el tratamiento con electrochoques a esos rojos de una especie humana inferior, su aislamiento en granjas y quitarles a sus hijos para evitar el contagio.

Esto último tuvo una expresión macabra, pero que hizo fortuna: hay que separar el grano de la paja. Para poner en práctica sus teorías, Vallejo Nájera no tuvo más que esperar a que otro loco se hiciera con el país, y la sintonía entre ambos fue tan extraordinaria, que en cuanto empezó la guerra Franco lo nombró psiquiatra en jefe de su ejército, le dio permiso para que iniciase sus investigaciones con los prisioneros y firmó las leyes que hacían falta para que sus desvaríos se hiciesen realidad.

Esas leyes, publicadas en el Boletín Oficial del Estado en 1940 y 1941, otorgaban automáticamente al nuevo Estado la tutela de los niños internados en los hospicios del Auxilio Social, la institución caritativa que había fundado la viuda del líder falangista Onésimo Redondo, y le autorizaba a cambiarles los apellidos. Era una autopista hacia la impunidad, pues daba a los rebeldes carta blanca para secuestrar a los hijos de los republicanos, darlos nuevo nombre y hacerlos desaparecer de sus vidas.

Nadie puede saber con exactitud cuántos fueron, entre otras cosas porque no existía ni registro de los nacimientos en los penales ni censo de la población infantil que acogían, aunque la escasa documentación no destruida -como tantas otras pruebas- en los últimos años de la dictadura muestra que decenas de miles fueron reeducados, y una buena cantidad de ellos, entregados a los seguidores del Alzamiento. En algunas circulares internas de Auxilio Social, sus responsables expresaban preocupación por el destino de estos niños, ya que les habían informado de que a muchos no se los llevaban para educarlos como a hijos, sino como criados. (...)

Tampoco se han querido hacer cosas tan simples como un registro de ADN con los afectados por la trama del robo de niños, o tomar declaración a personajes como Trinidad Gallego, una comadrona de casi cien años que prestó sus servicios en la cárcel de Ventas, testigo de numerosas sustracciones de recién nacidos. Después de estar encerrada años por sus ideas, de pasar hambre y de tener que soportar, tras ser liberada, los abusos sexuales de un médico que la amenazaba tras cada violación con devolverla a la cárcel si lo denunciaba, Trinidad no ha tenido la satisfacción de que algún juzgado recoja su testimonio." (El País Semanal, 03/05/2009, p. 48/55)