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27/8/24

Corremos el riesgo de banalizar el horror de Gaza... Antes nos sorprendía, pero ahora, 10 meses y 40.000 muertos después, con poblaciones enteras que se limitan a sobrevivir a la guerra, a las enfermedades y al hambre y que huyen de un lado a otro, el sufrimiento de los gazatíes se ha convertido en algo abstracto... nuestros valores universales, nacidos tras la Segunda Guerra Mundial, parecen irrelevantes. Si perdemos eso, ¿qué nos queda? (Philippe Lazzarini, UNRWA)

  "Hay una imagen que Philippe Lazzarini, Comisionado general de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), no se quita de la cabeza: una niña, desplazada en una escuela del sur de Gaza, pidiéndole, llorando, agua y un pedazo de pan. Ocurrió a finales del año pasado, en una de sus últimas visitas a la Franja. Desde enero, no ha recibido el permiso israelí para volver a entrar.

También en enero, Israel acusó a la agencia de tener al menos una docena de empleados palestinos que participaron o fueron de alguna manera cómplices del movimiento islamista Hamás en los ataques del 7 de octubre, que desencadenaron la guerra en Gaza. Lazzarini lleva desde entonces defendiendo la manera de actuar de UNRWA e intentando recuperar y mantener las donaciones para que la agencia siga funcionando. “Ahora tenemos fondos hasta octubre y me tengo que concentrar en cubrir los últimos meses del año. Todos los países, salvo Estados Unidos, han reanudado su financiación, y también hay nuevos países donantes”, explica el responsable suizo, en una entrevista con este diario en Santander, donde participó el jueves en un curso de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP).

Lazzarini insiste en que la presión del Gobierno israelí sobre UNRWA va en aumento: desde el riesgo de que Israel la declare organización terrorista hasta los obstáculos para que su personal obtenga visados. Desde octubre, esta agencia, que da trabajo a 13.000 personas en Gaza, calcula que 200 de sus empleados han muerto violentamente y dos tercios de sus escuelas están destruidas o muy dañadas. Prácticamente, todas sus estructuras en la Franja se han convertido en refugios para la población desplazada.

Pregunta. ¿Nos estamos acostumbrando al sufrimiento de los habitantes de Gaza?

Respuesta. El riesgo que corremos en este momento es banalizar el horror de Gaza. Antes nos sorprendía, pero ahora, 10 meses y 40.000 muertos después, con poblaciones enteras que se limitan a sobrevivir a la guerra, a las enfermedades y al hambre y que huyen de un lado a otro, el sufrimiento de los gazatíes se ha convertido en algo abstracto. Y eso nos hace perder parte de nuestra humanidad, y lo que es peor, nuestros valores universales, nacidos tras la Segunda Guerra Mundial, parecen irrelevantes. Si perdemos eso, ¿qué nos queda? Todo estará permitido.

P. ¿Dónde están los límites, las líneas rojas?

R. Yo también me lo pregunto. Incluso si hubiera un alto el fuego hoy, sería el inicio de un camino muy largo y doloroso para la gente de Gaza, una tierra convertida en un campo de ruinas. Es muy difícil imaginar un futuro en la Franja si no hay un deseo colectivo y real de decir: ‘basta, queremos una solución política’. Lo que pasó en los últimos 15 o 20 años es que no se ha dado prioridad a este conflicto y nos hemos acostumbrado al statu quo. Se han vivido varias guerras y todas se resolvieron de la misma manera. La pregunta ahora es si después de esta catástrofe tendremos la determinación de tener un proyecto político. Espero que sí, porque volver a caer en un nuevo statu quo será insostenible.

P. La inmensa mayoría de países han reanudado sus contribuciones a UNRWA. En este momento, ¿la agencia tiene capacidad financiera de seguir trabajando?

R. Hay poca visibilidad, vamos viendo mes a mes. Ahora tenemos fondos hasta octubre y me tengo que concentrar en cubrir los últimos meses del año. Todos los países, salvo Estados Unidos, han reanudado su financiación y también hay nuevos donantes, Estados del Sur como Sudáfrica o Brasil. Por ejemplo, ayer recibimos un cheque de Maldivas. Pero todo eso no colma la ausencia de Estados Unidos y además las necesidades son ahora mayores.

P. Paralelamente, el Parlamento israelí estudia declarar a UNRWA organización terrorista.

R. Imaginemos la situación: un país miembro de ONU que califica una agencia de la ONU de terrorista. Es algo sin precedentes, pero es posible que ocurra. No sería un ataque solo contra UNRWA sino contra el multilateralismo. Pero creer que si UNRWA desaparece se evapora la cuestión de los refugiados palestinos es ingenuo, porque aunque nosotros dejemos de existir, el estatuto de los refugiados palestinos permanecerá, ya que es una resolución de la ONU diferente. He instado a los Estados miembros a impedir que esto ocurra, porque si lo aceptamos, podría crear un precedente para otros conflictos en el mundo.

P. Usted ha denunciado que la presión sobre UNRWA y sus trabajadores en Jerusalén ha ido en aumento. ¿De qué manera?

R. Sentimos una especie de ahogo. Es como si se quisiera provocar una muerte lenta de la organización: nuestra sede de Jerusalén ha sufrido agresiones instigadas por autoridades municipales, en las redes sociales los ataques son constantes, los visados no se prorrogan o se dan para uno o dos meses... El objetivo es todo aquel que señala las violaciones del derecho internacional por parte del Gobierno de Israel.

P. Si UNRWA desapareciera, ¿quién puede asumir su trabajo?

R. Tenemos 600.000 niños y niñas profundamente traumatizados viviendo entre las ruinas. Hemos conseguido, desde principios de mes, que 10.000 pequeños regresen a una especie de entorno de aprendizaje en los refugios en los que están, gracias a nuestro personal, que también está desplazado. Queremos llegar a 200.000 niños a finales de septiembre. No estoy hablando de escuelas ni de lugares seguros, porque eso no existe en Gaza ahora, pero la idea es empezar a tratar sus traumas. ¿Quién puede hacer esto aparte de UNRWA? ¿Un gobierno? No hay gobierno en Gaza. ¿El Gobierno israelí, alguna ONG? No. No hay nadie que pueda facilitar servicios a esta escala.

 P. ¿Tiene más esperanza en un alto el fuego en este momento, en las negociaciones en curso en Doha?

R. (Suspiro) No tengo ni idea. Me entero por la prensa, como usted. Un día hay señales positivas, otro día negativas...

P. ¿Cree posible una pausa humanitaria para poder llevar a cabo una campaña de vacunación contra la poliomielitis, tras los casos que se han empezado a registrar en Gaza?

R. Debería ser una prioridad. Hemos pedido una tregua para vacunar y no sé qué respuesta tendremos, pero me temo que nuestra campaña de vacunación deberá realizarse en las circunstancias actuales.

P. Israel no deja que la prensa extranjera entre en Gaza. ¿Usted cree que si se hubiera permitido la presencia de periodistas extranjeros, no estaríamos hablando de 40.000 muertos en la Franja?

R. Ni en Afganistán, ni en Siria ha ocurrido algo así. La presencia de prensa extranjera hubiera podido atenuar la guerra y también la guerra de propaganda en Gaza. Con prensa internacional se habría documentado de otra manera la magnitud del desastre y habría habido en Europa y en Estados Unidos más imágenes de lo que ocurre en la Franja. Pero la tendencia es exactamente la contraria: no hay periodistas extranjeros en Gaza y a personas que trabajan en comunicación o en sensibilización en ONG y organizaciones humanitarias no se les renuevan los visados en Israel. Es significativo, ¿no?

P. ¿Y usted tiene visado?

R. Yo no he podido entrar en Gaza desde enero. Lo he intentado en vano. Y mi visado para ir a Jerusalén no se ha renovado desde hace cinco o seis semanas. La última vez que fui fue en junio. No me acuerdo de que haya habido otro Comisionado general al que se le haya impedido ir a su sede en Jerusalén.

P. ¿Hay una imagen que le ha marcado especialmente en estos 10 meses de guerra?

R. A finales de 2023 visité una escuela en Rafah convertida en refugio y una niña me suplicó que le diera agua y un pedazo de pan. Tengo hijos y es una imagen que me persigue. Es insoportable que eso esté pasando. Y después, la falta de luz en la mirada de la gente, que vive en modo automático. O un hombre que me dijo que se escondía para llorar para que su familia no le viera, o un empleado de UNRWA diciéndome que lo más duro de todo era que estaban perdiendo la dignidad.

P. Mientras miramos a Gaza, en estos 10 meses ha habido más de 500 palestinos que han muerto violentamente en Cisjordania, la mayoría a manos de colonos israelíes.

 R. La situación en Cisjordania es más que explosiva, es un hervidero, una guerra silenciosa de la que no hablamos casi porque todo queda eclipsado por Gaza.

P. Hablando de otras guerras, Albert Camus escribió que a veces se “silencia un horror para poder combatir mejor otro”. ¿Usted cree que eso pasa en la sociedad israelí y en la sociedad palestina?

R. No hay empatía mutua. Los israelíes no entienden el sufrimiento palestino y los palestinos no imaginan el traumatismo que los terribles ataques del 7 de octubre crearon en la sociedad israelí. Y para nosotros, que no somos ni israelíes ni palestinos, subrayar el sufrimiento de unos, en el caso de UNRWA de los habitantes de Gaza, no implica negar el dolor de los israelíes. En absoluto.

P. Desde octubre, se ve obligado a pronunciar esta frase a menudo.

R. Sí, desgraciadamente, sí."                   

(Entrevista a Philippe Lazzarini, jefe de la UNRWA, Beatriz Lecumberri , El País, 23/08/24)

17/11/23

Varoufakis: "Todos los pacientes de la UCI" murieron en al-Shifa en medio de una redada israelí, según el director del hospital. No se necesitan más comentarios. Sólo una pregunta para los líderes europeos: ¿Duermen bien por la noche?"

Yanis Varoufakis @yanisvaroufakis

"Todos los pacientes de la UCI" murieron en al-Shifa en medio de una redada israelí, según el director del hospital. No se necesitan más comentarios. Sólo una pregunta para los líderes europeos: ¿Duermen bien por la noche?

(‘All ICU patients’ dead in al-Shifa amid Israel raid, according to the Hospital's director. No further comment needed. Just a question to Europe's leaders: Are you sleeping OK at night?)

2:44 p. m. · 17 nov. 2023 217 mil Reproducciones

15/11/23

La destrucción del hospital Al-Shifa, el último bastión de humanidad del norte de Gaza... “Estamos en la cuarta planta. Un francotirador ha disparado a cuatro pacientes hospitalizados. Uno tiene una herida de bala en el cuello y está tetrapléjico, y el otro fue herido en el abdomen”... Los cadáveres se amontonan en las calles de Gaza porque el personal médico no puede ayudar a los heridos que chillan pidiendo auxilio en el exterior de los hospitales. Los sanitarios que intentan ayudarles son blanco de los disparos y asesinados. No queda nadie para documentar la escala del genocidio

 "Nota: Este artículo fue enviada el día 13 por el corresponsal de Mondoweiss en Gaza mediante un mensaje de audio.

 Los cadáveres se amontonan en las calles de Gaza porque el personal médico no puede ayudar a los heridos que chillan pidiendo auxilio en el exterior de los hospitales. Los sanitarios que intentan ayudarles son blanco de los disparos y asesinados. No queda nadie para documentar la escala del genocidio.

El día 11 de noviembre los heridos que eran atendidos en el hospital Al-Shifa tuvieron que abandonarlo, con sus heridas todavía sangrando, algunos en silla de ruedas, otros en carros. Quienes llegaron al sur hace días informaron de que la administración del hospital Al-Shifa les urgió a escapar porque pronto dejaría de estar operativo. En estos momentos ya ha cerrado por completo.

Estas directivas no surgieron de la nada. Se basaban en las expectativas de la administración del hospital sobre lo que ocurriría durante la invasión terrestre, dada la política sistemática de Israel de atacar instalaciones médicas. En los días previos al éxodo de Al-Shifa, las fuerzas israelíes siguieron acercándose, bombardeando los edificios colindantes y las partes exteriores del hospital y lanzando misiles contra el patio del hospital donde dormían los refugiados, haciéndolos pedazos.

Los tanques continuaron aproximándose al hospital Al-Shifa, el mayor de la Franja de Gaza, hasta llegar a sus puertas. Portavoces del Ministerio de Salud permanecen en Al-Shifa, con la esperanza de que algunos heridos y cadáveres puedan ser llevados hasta allí donde serían registrados y contabilizados. Desde entonces, estas esperanzas se han desvanecido, ya que no se permite a nadie salir al exterior ni llegar al hospital para recibir tratamiento o refugio.

Las últimas horas han sido las más catastróficas para los hospitales del norte de Gaza, entre los que se encuentran Al-Shifa, el Hospital Al-Quds, el Hospital Pediátrico Rantisi y el Hospital Nasr, en la ciudad de Gaza, y el Hospital Indonesio, en el norte, que fue blanco la semana pasada de bombardeos y «cinturones de fuego» destinados a obligar a evacuar al personal médico, los pacientes y los refugiados.

Los trabajadores sanitarios son los que más han sufrido durante los últimos asaltos. Pero muchos equipos médicos se negaron a abandonar los hospitales, quedándose para atender a los pacientes de la UCI y la UCIN, que no podían ser trasladados sin morir. Entre ellos hay 48 bebés prematuros cuyas incubadoras y respiradores han fallado desde entonces.

Ayer mismo se anunció que dos de estos bebés murieron por falta de oxígeno y calor. Empezaron a circular fotos del personal del hospital envolviendo a los bebés que quedaban y colocándolos cerca unos de otros para conservar el calor y mantenerlos calientes.

“Vemos a los heridos, los oímos gritar pidiendo auxilio, pero no podemos hacer nada

El ministro de Sanidad de la Autoridad Palestina, Mai Keileh, ha declarado que el personal médico ya no puede desplazarse entre los edificios para realizar su trabajo. Los drones de ataque que sobrevuelan el complejo médico atacan a todo lo que se mueve. Esto ha provocado la acumulación de cadáveres en el patio del hospital, y cualquiera que intente salir a recogerlos también es asesinado. Keileh declaró que el personal médico no ha podido enterrar a más de 100 mártires cuyos cuerpos han empezado a pudrirse en el patio, mientras los perros callejeros empiezan a devorar su carne.

Un portavoz del gobierno de Gaza declaró ayer que francotiradores del ejército israelí apostados en edificios cercanos habían disparado a un paciente en su cama a través de la ventana, además de a un trabajador de mantenimiento que intentaba recomponer las líneas eléctricas del hospital en un intento de restablecer el suministro en una parte del hospital. La misma fuente gubernamental declaró que un grupo de sanitarios intentó abandonar el hospital mientras ondeaban banderas blancas y se dirigía a la entrada principal, pero que los drones también les apuntaron directamente, matando a la mayoría. Los que sobrevivieron a la explosión inicial permanecieron en el suelo durante horas, desangrándose y pidiendo ayuda a gritos, hasta que también murieron.

Médicos sin Fronteras (MSF) informó de incidentes similares, citando el testimonio del doctor Mohamed Obeid, de Al-Shifa:

“Estamos en la cuarta planta. Un francotirador ha disparado a cuatro pacientes hospitalizados. Uno tiene una herida de bala en el cuello y está tetrapléjico, y el otro fue herido en el abdomen”

MSF confirmó asimismo los informes del gobierno sobre los heridos a quienes se deja desangrarse en el patio del hospital. Un miembro de la ONG describió la escena:

“Hay muertos en las calles. Podemos ver cómo se dispara contra los civiles. Podemos ver a los heridos. Les oímos pedir ayuda a gritos pero no podemos hacer nada. Es demasiado peligroso salir al exterior”.

El hospital de maternidad Mahdi, en el norte de Gaza, también fue blanco de bombardeos. Los francotiradores israelíes dispararon a las personas que se encontraban cerca de las ventanas, mientras que los drones israelíes que sobrevolaban la zona atacaban todo lo que se movía en el patio del hospital, incluso a los equipos médicos, que se encontraban atrapados en su interior.

El Dr. Basel Mahdi, que trabajaba en el hospital, escribió en Internet: «Nadie muere antes de tiempo. Pero hay muchos que mueren sin dignidad».

“Que Dios os perdone”, decía en su escrito dirigido a los jefes de Estado árabes. “Nos habéis traicionado. Habéis traicionada vuestra identidad árabe”. Media hora después de escribir este mensaje el doctor Mahdi fue asesinado cuando intentaba salir al exterior.

No queda nadie para documentar el genocidio

El sistema médico del norte de Gaza se ha derrumbado por completo. No queda ningún hospital ni centro de salud operativo. Los cientos de miles de civiles que probablemente quedan en el norte ya no tienen ningún lugar en donde buscar tratamiento para sus heridos, que se acumulan día tras día.

Y están sometidos al mismo tratamiento que el personal del hospital. Cuando alguien trata de escapar hacia el sur, se les dispara o bombardea. Además la invasión terrestre de las tropas israelíes y el asalto a las viviendas con residentes dentro ha abierto la puerta a nuevas trasgresiones. El doctor Mohamed Nozam Ziyara escribió un post en las redes sociales sobre la terrible experiencia de su familia en el barrio de al-Nasr:

“Ayer las fuerzas de ocupación israelíes entraron en nuestra casa del barrio de Nasr después de volar por los aires la puerta de entrada. Reunieron a toda la familia en una habitación y procedieron a golpear y maltratar a todos, convirtiendo la casa en una base militar. Luego los soldados separaron a las mujeres y los niños pequeños de los hombres y los muchachos, a quienes continuaron golpeando hasta trasladarlos a la cercana escuela de la UNRWA (Agencia de la ONU para Refugiados de Palestina en Oriente Próximo). No hemos sabido nada de su suerte en las últimas 24 horas. Las mujeres y niños pequeños fueron sacados de la casa y utilizados como escudos humanos, obligándolos a caminar delante de los tanques en dirección a la parte sur del barrio. En estos momentos tampoco tenemos noticias de su paradero”.

El Dr. Zidaya concluía su mensaje pidiendo que cualquiera que pudiera tener información de su familia se pusiera en contacto con él.

Tal vez, cuando resulte evidente que las afirmaciones de Israel sobre Al-Shifa son infundadas, encuentre una excusa para reducir a escombros este último bastión de humanidad que queda en Gaza. Junto con ello, pretende matar al personal restante del Ministerio de Sanidad de Gaza, responsable de documentar y contabilizar las víctimas mortales y los heridos.

Con ello Israel pretende silenciar al Ministerio y a los periodistas que permanecen en el hospital, creando un apagón informativo total, para poder seguir cometiendo las masacres sin testigo alguno. A medida que un mayor número de personas son asesinadas y sus cadáveres se descomponen en las calles, no quedará nadie que documente la escala del genocidio que está en marcha."

( Tareq S. Hajjaj  , Rebelión, 15/11/2023, fuente: mondoweiss.net)

19/9/22

“Inglaterra consiguió convencer de que su imperio era decente, pero hoy se está conociendo el lado oscuro”

 "Abdulrazak Gurnah es un escritor capaz de atrapar a los parias del último rincón del planeta, sacudirlos, vestirlos, sacarles brillo y convertirlos en protagonistas de algo grande, en señores de una gran envergadura. Libro a libro, el Nobel de Literatura de 2021 demuestra su habilidad para transformar vidas comunes de su Zanzíbar natal (actual Tanzania) en grandísimas historias y, sobre todo, en excusa para indagar en la condición humana más elemental, esa que destaca cuanto más desprovista esté de cosas, de lujos y de los ritmos de hoy. Hay un aire de esencia en sus libros, tan desnudos de actualidad como plenos de vigencia.

Un hombre y una mujer, dos seres abandonados, vapuleados y arrancados incluso del derecho a tener un origen y, por tanto, un sentido de pertenencia, nos van a llevar a recorrer los vericuetos del colonialismo más brutal que vivieron Tanganika y Zanzíbar (más tarde unidos en Tanzania) a manos de los alemanes, primero, y los británicos, después. ¿La excusa? La civilización de aquellos pueblos. La vida, después (Salamandra, traducción de Ana Rita da Costa García) es la novela más reciente del Nobel de Literatura y ahora llega a España. Gurnah (Zanzíbar, 1948) conversa mediante videoconferencia con EL PAÍS.

Pregunta. Usted describe la brutalidad de los alemanes frente a los británicos, que luego los sustituyeron como fuerza colonial. ¿Cuál fue el legado de unos y de otros?

Respuesta. La diferencia fue que los británicos no tuvieron ningún interés en asentarse, al menos en Zanzíbar. Sí, en Kenia, donde fueron más violentos, arrebataron a la gente sus posesiones y los forzaron a trabajar para ellos, pero no en esa pequeña isla que ya estaba llena de gente. Los alemanes, sin embargo, sí quisieron asentarse y para ello tenían que desplazar a la gente, someterla, quitarles la tierra. Y eso requería violencia. Los británicos, además, tenían mucha más experiencia en colonizar partes del mundo no europeas, mientras que los alemanes tenían mucha experiencia en colonizar partes de Europa, pero no de fuera de Europa. Alemania era un Estado muy militarizado que se imponía por la fuerza y no con formas más mercantiles como por ejemplo los británicos en la India. Los 30 años que duró la Deutsch Ostafrika [África Oriental Alemana] fue para ellos una guerra sin fin, un conflicto encadenado a otro, para someter a la población. Es posible que después de esos 30 años se hubieran planteado ser más suaves, pero en la I Guerra Mundial perdieron sus colonias. Aquello fue lo que hoy llamamos genocidio, aunque entonces no teníamos esa palabra. Cientos de miles de personas fueron asesinadas, casi hasta el punto de la extinción, y eso es algo que tiene que ver con el Estado alemán y la mentalidad de militarización y profunda preocupación por la disciplina y la obediencia que les caracterizaba.

P. ¿Tiene recuerdos personales de la era colonial?

R. Sí, sí. Nací en 1948 y la independencia llegó en 1963, así que tengo muchos recuerdos de infancia y de adolescencia. Crecí sabiendo que los británicos estaban ahí, no teníamos nada que ver con ellos, pero los veías pasar. De repente podía venir el director de educación para visitar la escuela, o algo así, pero no teníamos profesores británicos, por ejemplo. Simplemente estaban ahí, era un hecho, haciendo lo que tuvieran que hacer. Solo cuando se acercó la descolonización empezaron a detener a gente y reprimir manifestaciones, pero hasta entonces siempre habían estado lejos. De los alemanes, sin embargo, todo el mundo recuerda historias, y aún las escuchas: sobre su ferocidad, su severidad, la crueldad de todo lo que tuviera que ver con ellos. Los alemanes eran a la vez feroces y eficientes.

P. Usted traza el retrato de dos askaris, dos nativos que deciden servir al ejército alemán. ¿De dónde vienen?

R. Vienen de la imaginación. Hubo jóvenes que, por razones confusas, por búsqueda de aventura o porque les gustaban los alemanes, se enrolaron en las filas de los opresores. Hay muchas historias de gente en África seducida por el poder, por el prestigio del conquistador, por la modernidad de las armas, máquinas, medicinas o el conocimiento del mundo. Es algo corrupto, porque era una forma de rechazar tu identidad para convertirte en otra cosa, pero así fue.

P. ¿Cree que el debate sobre el colonialismo está superado o pendiente?

R. No está superado, no, porque las consecuencias aún están aquí y muchas de ellas son insolubles. Tendrán que ser abordadas por sus víctimas y eso llevará tiempo, si es que es posible. Una de las consecuencias obvias es la creación antinatural de naciones a conveniencia de las potencias, que aún son fuente de desacuerdos constantes porque son orgánicamente irreales y hay recursos en disputa. Están profundamente divididas. Eso no se superará hasta que todas las partes lo entiendan y se adjudiquen las responsabilidades a quien corresponde. Algunas naciones como Alemania han asumido responsabilidades por su pasado no solo nazi, sino también colonial. Han reconocido la barbaridad y lo están haciendo bien. Están dando dinero para construir hospitales, carreteras, escuelas, lo que haga falta y es una forma de asumir la responsabilidad. ¿Eso supone que está superado? No, no lo está. Aún necesitamos volver a ello, admitir que es un episodio que hay que conocer en toda su magnitud. Hay que seguir con ello.

 P. En el Reino Unido predominó la opinión de que fue un “imperio decente”. ¿No cree que aún tiene mucho por reconocer?

R. Lo del Imperio Británico es uno de los mejores ejercicios de relaciones públicas que ha hecho el Reino Unido. Ha conseguido convencer, para empezar, a sus propios ciudadanos, de que su imperio era decente. Pero cada vez más y más estudiosos e historiadores están revelando el lado oscuro del imperio, mostrando la constante coerción deliberada, la violencia, represión y la ocultación de la verdad. Los estudiosos lo están repitiendo, pero es un proceso constante. Hay que recordar que hubo campos de concentración, campos de tortura. El mero hecho de colonizar a otros pueblos significa que los estás forzando a hacer cosas que no quieren hacer. Inevitablemente, eso requiere violencia para lograr el control y los negocios.

P. Menciona a los historiadores. ¿Y el Gobierno? ¿Cree que reconoce lo ocurrido?

R. De alguna forma sí, pero no completamente. Lo que está ocurriendo ahora es que una gran parte de la sociedad, el lado más conservador, está de alguna forma a la defensiva. Aseguran que hicieron cosas decentes y que no fue del todo malo. Algunos insinúan que necesitan que volvamos allí y nos hagamos cargo. Es lo que llaman guerras culturales. Pero yo lo interpreto como una forma de estar a la defensiva ante el relato que no desean creer. Imaginan que son exageraciones de izquierdistas, de comentaristas poscoloniales y que, en general, se hicieron bien las cosas, que se llevó el orden y se dejaron beneficios para los colonizados. Por ello hay que seguir diciendo cómo fue en realidad. Eso sí. En los cincuenta la mayoría de la gente creía en esa narrativa del imperio colonial decente. Hoy creo que es 50/50, incluso 60/40 la proporción de personas cada vez más conscientes de que aún hay mucho por aceptar y entender.

P. ¿Le cuesta seguir escribiendo de su tierra cuando lleva tanto tiempo fuera?

R. Algunas cosas sí, pero en realidad no. No solo porque recuerdo con claridad, sino que además sigo yendo regularmente y puedo refrescar lo que sé y lo que recuerdo. No está muy lejos porque está en mi cabeza.

P. ¿Le ha cambiado la vida el Nobel?

R. Sí, sí, sí, por supuesto (ríe). Tengo muchísima más actividad, como esta conversación. Es maravilloso verse reconocido, ha despertado el interés en mi trabajo, lo cual es un placer, nuevas ediciones, es bonito. Es un gran cambio.

P. Y para escribir ¿le impone una nueva exigencia, una presión nueva al escribir?

R. ¡Ahora solo escribo correos electrónicos! No tengo tiempo para escribir nada más. Espero que mis correos hayan mejorado, tal vez ahora son más cortos porque tengo muchos más. Pero no he tenido tiempo para escribir. Me paso el día hablando con periodistas, preparando nuevas ediciones, etcétera. Es divertido.

P. ¿Por qué escribe?

R. Empecé porque quería reflejar ciertas cosas, pero todo empezó realmente cuando me trasladé a Inglaterra y me encontré intentando resolver lo que me ocurría, lo que no entendía o lo que me preocupaba mediante la escritura. Así empezó. Después empecé a ficcionar, a convertir esas preocupaciones en historias. Hay una gran diferencia entre escribir porque estás intentando descargarte sabiendo que nadie va a leer y escribir algo que sabes que otros van a leer, porque entonces tienes que elaborarlo y organizarlo bien. Luego ves alrededor tanta injusticia, desigualdad e infelicidad que escribir se convierte en interesante, necesario e importante. Y una vez que lo haces y obtienes cierta respuesta al publicar, ya estás enganchado, has mordido el anzuelo, es tu trabajo y eso se reproduce: la gente te lee, vuelve a ti, ya tienes lectores y una cosa lleva a la otra. Ya escribes para los lectores. Al principio no sabes quién está al otro lado. Pero luego sientes cosas que ves necesario contar."                (Berna González Horbour, El País, 18/09/22)

31/5/21

Alemania reconoce por primera vez que cometió un genocidio en Namibia a principios del siglo XX... Lothar von Trotha, general que ya había reprimido brutalmente otras rebeliones nativas, ordenó a sus tropas ejecutar a los hombres que fueran capturados y expulsar al desierto, a una muerte segura por sed y hambre, a las mujeres y los niños...

 "El primer genocidio del siglo XX no fue el armenio, como suele creerse, sino el de dos pueblos, los hereros y los nama, que vivían en lo que hoy es Namibia. Y quien lo perpetró fue el ejército del Segundo Imperio alemán —o II Reich (1871-1918)— entre 1904 y 1908. 

Tras cinco años de negociaciones, este oscuro episodio de la historia colonial germana se reconoce oficialmente. Por primera vez, el Gobierno alemán ha expresado este viernes que el asesinato de decenas de miles de personas de estas dos etnias africanas fue un “genocidio”.

 “A la luz de la responsabilidad histórica y moral de Alemania, pediremos perdón a Namibia y a los descendientes de las víctimas”, señaló en un comunicado el ministro de Exteriores, Heiko Maas. Alemania sufragará un programa de desarrollo en Namibia con 1.100 millones de euros como “gesto de reconocimiento” ante “el incalculable dolor” provocado por las masacres cometidas hace casi 120 años. Maas reconoció que una verdadera reconciliación no puede “ser decretada”, pero destacó el “paso importante” que supone “el reconocimiento de la culpa” y la petición de perdón.

Las autoridades alemanas tienen previsto viajar a Namibia, un país de poco más de dos millones de habitantes situado en el suroeste de África, para oficializar la disculpa. El presidente, Frank-Walter Steinmeier, volará a Windhoek y participará en un acto conmemorativo en el Parlamento, donde pedirá perdón formalmente. El ministro de Exteriores también prevé viajar al país para firmar allí la declaración.

Aunque es la primera vez que de forma oficial se reconoce el genocidio, y se emplea esa palabra, el Parlamento alemán ya se refirió de esta forma a la masacre de hereros y namas en noviembre de 2019. Los representantes de estos dos pueblos exigían indemnizaciones individuales, pero Alemania no ha aceptado la petición. En lugar de eso, financiará a lo largo de 30 años proyectos de reforma agraria, abastecimiento de agua y formación profesional a través de un fondo destinado especialmente a los territorios en los que viven los descendientes de los dos pueblos. El Gobierno federal asegura que con esta reparación económica se cierra la vía a reclamaciones legales.

“Estoy contento y agradecido de que haya sido posible alcanzar un entendimiento con Namibia sobre el capítulo más oscuro de nuestra historia común”, señaló Maas en el comunicado. Ambos países nombraron negociadores que han trabajado más de cinco años en el acuerdo. “Los representantes de las comunidades herero y nama participaron estrechamente en las negociaciones por parte de Namibia”, añadió el ministro. “Ahora nos referiremos oficialmente a estos eventos como lo que fueron desde la perspectiva actual: genocidio”.

El Imperio alemán de Guillermo II fue una potencia colonial en lo que hoy es Namibia desde 1884 —cuando se celebró la Conferencia de Berlín que consagró el reparto de África entre varios países europeos— hasta 1915 y reprimió brutalmente los levantamientos de los grupos étnicos. Los historiadores calculan que alrededor de 65.000 de los 80.000 herero y al menos 10.000 de los 20.000 nama fueron asesinados por los alemanes durante el dominio.

Cuando los herero y los nama se rebelaron contra la ocupación alemana, el emperador envió a unos 14.000 soldados para reprimir la revuelta. Tras una de las batallas más importantes, la de Waterberg, en 1904, Lothar von Trotha, general que ya había reprimido brutalmente otras rebeliones nativas, ordenó a sus tropas ejecutar a los hombres que fueran capturados y expulsar al desierto, a una muerte segura por sed y hambre, a las mujeres y los niños. Además, los soldados envenenaron algunos pozos de agua y cortaron el acceso a otros.

El pasado colonial de la potencia europea no es demasiado conocido, en parte debido a su final temprano después de la Primera Guerra Mundial. Mientras Francia e Inglaterra tuvieron colonias durante más tiempo y libraron guerras coloniales, en Alemania se creó “una especie de imagen limpia sobre el tema del colonialismo”, explica el historiador Sebastian Conrad en una entrevista reciente en Der Spiegel.

Conrad se muestra sorprendido en la entrevista por el hecho de que Alemania haya tardado tanto en calificar oficialmente de genocidio lo sucedido en Namibia, entonces África del Suroeste alemana: “¿Qué podría haber sido si no? ¿Qué significa esta palabra sino la aniquilación parcial de ciertos pueblos? Todos los documentos y todos los relatos de los que disponemos son una clara evidencia de que los alemanes querían acabar con los herero y los nama. Fue pura suerte que algunos sobrevivieran”.

El debate sobre el pasado colonial alemán ha cobrado importancia en los últimos meses, alentado por decisiones sobre objetos artísticos expoliados, aunque el robo no lo protagonizaran los alemanes. Los museos han elaborado guías sobre cómo actuar con estas piezas y recientemente el Ministerio de Cultura ha decidido devolver los llamados bronces de Benín, unos de los objetos más famosos del arte africano, cuya propiedad reclamaba Nigeria. Las piezas, realizadas entre los siglos XVI y XVIII, decoraban el palacio real del reino de Benín, en lo que hoy es el suroeste de Nigeria. Se vendieron al mejor postor después de que los británicos saquearan el país a finales del siglo XIX. Las 530 esculturas que están en Berlín iban a ser expuestas en una sala del Foro Humboldt, pero la exposición se canceló. Serán devueltas a Nigeria a comienzos de 2022.

Las huellas de la breve pero sangrienta época colonial alemana perviven en muchas calles y plazas y cada cierto tiempo vuelve a la actualidad el debate sobre qué hacer con los nombres de colonizadores en el callejero. Alemania tuvo colonias en las actuales Namibia, Camerún, Togo, partes de Tanzania y Kenia, y también en territorios de Asia y Oceanía. Berlín ha discutido durante años una forma de sortear la negativa de algunos comerciantes y habitantes del barrio africano de la ciudad a cambiar el nombre de algunas de sus vías. Grupos de activistas han propuesto, por ejemplo, que Petersallee ya no honre al colonizador de África Oriental Carl Peters, sino a Hans Peters, miembro de la resistencia contra el nazismo."                   (Elena G. Sevillano, El País, 28/05/21)

18/6/20

Los crímenes de la Bélgica colonial en el Congo

"El historiador belga Éric Toussaint hace un repaso de la dominación del Congo por parte del Rey Leopoldo II, tras ser retirada una de sus estatuas en Amberes en el contexto de las protestas globales Black Lives Matters. 


Gracias a las movilizaciones Black Lives Matters que tuvieron lugar a escala internacional contra el racismo en general, y la negrofobia en particular, cada vez más personas buscan la verdad sobre el pasado tenebroso de las potencias coloniales y la continuidad neocolonial en los tiempos presentes. Se están retirando algunas estatuas de personajes emblemáticos del colonialismo europeo o que fueron objeto de denuncias. 

Y pasa lo mismo con estatuas de personajes que en Estados Unidos simbolizan la esclavitud y el racismo. El CADTM se congratula de todas las iniciativas y todas las acciones que tienen por fin denunciar los crímenes coloniales, que buscan establecer la verdad sobre las atrocidades pasadas, que ponen en evidencia los instrumentos del neocolonialismo y todas las formas de resistencia desde el pasado hasta hoy.


PERSPECTIVA HISTÓRICA DE LA COLONIZACIÓN DEL CONGO


A fines del siglo XVIII (1776), o sea más de un siglo antes que el comienzo de la colonización leopoldina del Congo, las 13 colonias británicas de América del Norte, y después de una guerra de independencia, se liberaron de la corona británica. Gran Bretaña, en otra parte del planeta, reforzaba su influencia, imponiendo la colonización de Asia del Sur, India en un sentido amplio, desde fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. Por su parte, los holandeses reforzaban su dominación sobre Indonesia.

 Aquellos que luchaban por la liberación, por la supresión de las colonias, no eran solo descendientes de europeos —recientemente inmigrados— como los que obtuvieron la independencia de las 13 colonias británicas de América del Norte para fundar en forma conjunta, en 1776, los Estados Unidos de América. Un pueblo extremadamente valiente, un pueblo negro descendiente directo de africanos, el pueblo de Haití, conquistó también su independencia en 1804 contra la dominación francesa. Durante los siguientes veinte años, se libraron las guerras de independencia en América latina. Fueron dirigidas por personas como Simón Bolívar que derrotó, en muchas batallas, a las tropas españolas que dominaban una parte de América latina.


Menciono esto porque, a fines del siglo XVIII y hasta comienzos del siglo XIX, mientras muchas naciones conquistaban su independencia en todo el continente americano, el África subsahariana no estaba todavía totalmente colonizada por los europeos. Eso no le impidió sufrir los efectos de la colonización de los otros continentes por medio del comercio triangular y la trata de negros. Varias decenas de millones de africanos fueron reducidos a la esclavitud y transportados a la fuerza hacia las Américas, entre los siglos XVII y mediados del siglo XIX.


Fue en los últimos 25 años del siglo xix que la África subsahariana cayó completamente bajo el yugo colonial de los países europeos: Gran Bretaña, Francia, Portugal, Alemania, Bélgica… principalmente.


Leopoldo II, segundo rey de los belgas, buscaba dar a su país una colonia


Primero, Leopoldo II pensaba colonizar una parte de Argentina, luego se dirigió a Filipinas y pidió precio a los españoles. Pero este era muy elevado y no lo podía pagar. Y, finalmente, le echó el ojo a la inmensa cuenca del río Congo. Para lograrlo, utilizará la astucia con el fin de no entrar en conflicto con las grandes potencias europeas que ya estaban allí. Estas importantes potencias coloniales tenían los medios para reducir a la nada las ambiciones coloniales de Bélgica, que llegaba tarde para reclamar su parte del pastel.


Antes de ser rey, Leopoldo II había recorrido una parte importante del mundo colonial: Ceilán, India, Birmania, Indonesia. Y, durante sus viajes, quedó admirado ante los métodos de los holandeses en Java, Indonesia. Java era para él el modelo a seguir y es el que aplicará durante su colonización en el Congo. El modelo javanés se basaba en la mano de obra forzada.


En el siglo xix, los argumentos utilizados por los europeos para colonizar África y Asia eran, principalmente, los siguientes: Cristianizar a los paganos; aportar a todo el mundo los beneficios del libre comercio (y eso sigue siendo muy actual…) y en el caso del África subsahariana, acabar con la trata de esclavos realizada por los árabes. Y, a partir de 1865, cuando Leopoldo II accedió al trono, comenzó a emprender numerosas iniciativas para dotar de una colonia a Bélgica.


Por ejemplo, en 1876, organizó en el palacio real una conferencia geográfica internacional. Según este rey, el objetivo era —en forma coherente con el pretexto que se utilizaba en esa época—: “Abrir a la civilización la única parte de nuestro globo donde todavía no ha penetrado, traspasar las tinieblas que envuelven a poblaciones enteras, es, oso decir, una cruzada digna de este siglo de progreso. (…) Me ha parecido que Bélgica, un Estado central y neutro, sería un terreno bien elegido para esta reunión. (…) ¿Tengo necesidad de decirles que convidándolos a Bruselas, no estoy guiado por visiones egoístas? No, Señores, si Bélgica es pequeña, es feliz y está satisfecha de su suerte; no tengo otra ambición que servirla bien”. 

Y explica que con esa sociedad internacional de geografía, donde había convocado a una serie de grandes exploradores, se trataría de construir rutas, que se abrirían, sucesivamente, hacia el interior, y puestos hospitalarios, científicos y pacificadores que constituirían otros tantos medios para abolir la esclavitud, establecer la concordia entre los jefes, procurar árbitros justos, desinteresados. Ese era el discurso oficial. Muy poco tiempo después, contrata al explorador Stanley quien acababa de atravesar África de este a oeste siguiendo el río Congo hasta su desembocadura. 


LA CONFERENCIA DE BERLÍN DE 1885 Y LA CREACIÓN DEL ESTADO INDEPENDIENTE DEL CONGO


En 1885, después de múltiples maniobras diplomáticas, Leopoldo II obtuvo en Berlín la autorización de crear un Estado Libre en el Congo. El canciller Bismarck dijo en la clausura de la conferencia de Berlín, en febrero de 1885: “El nuevo Estado del Congo está destinado a ser uno de los más importantes ejecutantes de la obra que pensamos llevar a cabo, y expreso mis mejores deseos para su desarrollo rápido y para la realización de los nobles propósitos de su ilustre creador”.


Paralelamente a sus discursos en las grandes conferencias, Leopoldo II mantiene otro tipo de propósitos: los documentos que envía a las personas en las que delegó la tarea de valorizar el Estado Libre del Congo, o las declaraciones que hace a la prensa. Por ejemplo, el 11 de diciembre de 1906, aparece una entrevista en el diario de Nueva York Publisher’s Press donde dijo: “Cuando uno trata una raza compuesta de caníbales desde hace miles de años, es necesario utilizar los métodos que mejor sacudirán su pereza y hacerles comprender el aspecto sano del trabajo”.

Desde el momento en que, en 1885, Leopoldo II pudo crear desde cero el Estado Libre del Congo, que era su Estado personal, dictó un primer decreto fundamental: todas las tierras consideradas vacantes (terra nullius) serán propiedad del Estado. Así que Leopoldo II se apropió de las tierras, aunque el objetivo del Estado Libre del Congo era permitir a los jefes congoleños entenderse y defenderse con respecto a los árabes que los reducían a la esclavitud. 

En realidad, el rey acordó una serie de tratados, vía Stanley, con una serie de jefes tribales del Congo, por los cuales estos jefes tribales transferían la propiedad de la tierra de sus aldeas o de sus dominios al jefe del Estado Libre del Congo, Leopoldo II. Las otras tierras, un inmenso territorio, fueron declaradas vacantes (terra nullius) y se convirtieron también en propiedad del Estado Libre del Congo.


EL MODELO DE JAVA APLICADO POR LA BÉLGICA DE LEOPOLDO II EN EL CONGO


Fue entonces que Leopoldo II comenzó a aplicar el modelo de explotación holandesa de Java: una explotación sistemática de la población, que había logrado dominar especialmente por la creación de la Fuerza pública, exigiendo a esa población que recolectara látex (caucho natural), colmillos de elefantes y que proveyese los alimentos necesarios para los colonos. El rey se otorgó un monopolio sobre casi todas las actividades y riquezas del Congo. 

Su modelo implicaba la recolección máxima de las riquezas naturales del Congo por medios que no tienen nada que ver con métodos directamente modernos de producción industrial. Se trataba de obligar a la población congoleña a recolectar el látex y aportar obligatoriamente una determinada cantidad por cabeza y a cazar para aportar enormes cantidades de colmillos de elefantes. Leopoldo II mantenía una fuerza colonial dotada de un ejército compuesto, principalmente, por congoleños y comandado exclusivamente por belgas, para imponer el respeto al orden colonial y el respeto a las obligaciones de rendimiento en el trabajo. 

El rey utilizará, sistemáticamente, métodos de una absoluta brutalidad. Por cabeza de habitante se debía aportar una cantidad determinada de caucho. Para obligar a los jefes de aldea y a los hombres a salir a recolectarlo, encarcelaban a las mujeres en campos de concentración en los que eran, regularmente, sometidas a maltratos sexuales por parte de los colonos o de los congoleños de la Fuerza pública. Si no se obtenían los resultados y las cantidades obligatorias, los mataban como ejemplo, o se los mutilaba. Fotos de la época muestran a personas víctimas de esas mutilaciones, que tenían un significado totalmente preciso. Los soldados de la Fuerza pública debían dar prueba de que habían utilizado cada cartucho de manera correcta: servía para matar un congoleño.

La visión política de Leopoldo II, rey de los belgas y representante de los intereses de Bélgica, correspondía, por lo tanto, a un modelo de colonización extremadamente brutal. Por otro lado, este rey decía a propósito del modelo de colonización que “sostener que todo lo que el blanco hará producir en el país debe ser consumido únicamente en África y en beneficio de los negros es una verdadera herejía, una injusticia y un error que, si se pudiera traducir en hechos, detendría en seco la marcha de la civilización en el Congo. El Estado, que sin el concurso activo de los blancos no hubiera podido convertirse en un Estado, debe ser útil a las dos razas y dar a cada una su justa parte”. Manifiestamente, la parte correspondiente a los congoleños era el trabajo forzado, el látigo y las manos cortadas.


Sobre la explotación salvaje del caucho, daré solamente algunas cifras: la explotación del caucho comienza en 1893 y está ligada a la necesidad de neumáticos de la naciente industria del automóvil y del desarrollo de la bicicleta. Se produjeron 33.000 kilos de caucho en 1895, se recolectaron 50.000 kilos en 1896, 278.000 kilos en 1897, 508.000 kilos en 1898… 

Estas cosechas absolutamente enormes aportaron, por lo tanto, unos beneficios extraordinarios a las sociedades privadas que Leopoldo II había creado, y de las cuales era el accionista principal, para gestionar los asuntos del Estado Libre del Congo. El precio del kilo de caucho en la desembocadura del río Congo era 60 veces inferior a su precio de venta en Bélgica. Y eso nos recuerda cuestiones muy actuales como los diamantes y el coltán “recolectados” ahora. 


LA CAMPAÑA INTERNACIONAL CONTRA LOS CRÍMENES DE LEOPOLDO II


Esa política finalmente generó una inmensa campaña internacional contra los crímenes perpetrados por el régimen leopoldino. Fueron los pastores negros de Estados Unidos los que se rebelaron contra ese estado de cosas, y luego el famoso Morel. Este trabajaba para una sociedad británica en Liverpool, que le hacía viajar regularmente a Amberes. Donde hizo la constatación siguiente: mientras que Leopoldo II pretendía que Bélgica hacía intercambios comerciales con el Estado Libre del Congo, los barcos transportaban desde el Congo colmillos de elefantes y miles de kilos de caucho, y repartían esencialmente con armas y alimentos para la fuerza colonial. 

Morel pensó que se trataba de un comercio muy raro, de un intercambio muy curioso. Los belgas de la época que apoyaban a Leopoldo II no reconocieron nunca esa realidad. Ellos afirmaban que Morel representaba los intereses del imperialismo británico y solamente criticaba a los belgas para ocupar su lugar. Paul Janson, cuyo nombre lleva el principal auditorio de la Universidad libre de Bruselas, dijo: “Jamás criticaré la obra de Leopoldo II [era diputado en la cámara] ya que aquellos que lo critican, especialmente los británicos, solo lo hacen por la política de sal de ahí que me meto yo”.


Sin embargo, las críticas iban creciendo, con libros como el de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas y un libro demasiado desconocido de Arthur Conan Doyle (el escritor que inventó a Sherlock Holmes) The crime of the Congo. Una campaña internacional contra la explotación del Congo se tradujo en manifestaciones en Estados Unidos y en Gran Bretaña y terminó por producir efectos. Leopoldo II se vio obligado a constituir una comisión investigadora internacional en 1904 que se desplazó al Congo para recoger testimonios. Estos eran irrefutables. Se pueden encontrar en forma de manuscritos en los archivos del Estado belga.

Hoy, se tiene un deber de memoria en relación a los crímenes contra la humanidad cometidos en el Congo


Durante los últimos veinte años, se dieron muchas conferencias y se publicaron libros para denunciar el tipo de Estado que Leopoldo II, rey de los belgas, había instaurado en el Congo. Y, actualmente, se añade una amplia literatura seria a los documentos de la época.

Nos hemos enterado, por ejemplo, que la parte del presupuesto que el Estado Libre del Congo destinaba a los gastos militares oscilaba, de acuerdo al año, entre el 38 % y el 49 % de los gastos totales. Eso habla de la importancia del látigo, de los fusiles modernos para instaurar una dictadura utilizando sistemáticamente el arma de la brutalidad y de los asesinatos…


Podemos considerar, sin correr el riego de errar, que el rey de los belgas y el Estado Libre del Congo, que dirigía con el consentimiento del Gobierno y del Parlamento belga de la época, fueron responsables de «crímenes de lesa humanidad» cometidos de manera deliberada. Esos crímenes no constituían simples atropellos, eran el resultado directo de un tipo de explotación a la que el pueblo congoleño estaba sometido. 

Algunos autores, y no los menores, hablaron de genocidio. Propongo que no se abra un debate que se focalice sobre esa cuestión porque es difícil establecer exactamente datos numéricos. Algunos autores serios estiman que la población congoleña en 1885 alcanzaba los veinte millones y que en el momento en que Leopoldo II debió transmitir su Congo a Bélgica en 1908, para formar el Congo belga, quedaban diez millones de congoleños. Son cálculos de autores serios pero difíciles de probar ya que no había censo de la población.

El rey de los belgas y el Estado Libre del Congo fueron responsables de «crímenes de lesa humanidad» cometidos de manera deliberada


Si en lugar de millones de víctimas, el número fuera de decenas de miles o de centenas de miles de víctimas inocentes de la actividad colonial, continuaría siendo un crimen de lesa humanidad, y es fundamental restablecer la verdad histórica. Los ciudadanos, y especialmente los jóvenes, que entran en el vestíbulo del Ayuntamiento de Lieja, o que van de la «rue du Trône» hacia la plaza Royal de Bruselas, pasan por una placa que elogia la obra colonial o ante una estatua ecuestre de Leopoldo II. 

La gente pasa delante de la estatua de Leopoldo II erigida en Ostende, en frente del mar, y ven un Leopoldo II majestuoso y más abajo un grupo de congoleños agradecidos, que tienden sus agradecidas hacia él, con un único comentario: el rol civilizador de Leopoldo II al liberar a los congoleños de la trata de esclavos… Es urgente restablecer la verdad histórica y dejar de mentir a nuestro hijos, de mentir a la ciudadanía belga, dejar de insultar la memoria de las víctimas, de los descendientes de las víctimas y de los descendientes de los congoleños que sufrieron en carne propia, en su dignidad, una dominación absolutamente terrible.

Este deber de memoria también se tiene que hacer en otros lados. Se debe evitar un debate del tipo “no hacéis otra cosa que criticar a Bélgica pero os calláis sobre lo que pasó en otros lados”. Comencé mi exposición situando el contexto: Gran Bretaña dominó brutalmente Asia del Sur; los Países Bajos dominaron con extrema violencia la población de Indonesia; antes de eso, se habían exterminado las tres cuartas partes de la población de lo que llamaban, en esa época, las Américas. Y durante el siglo XVI se exterminó casi el 100 % de la población del Caribe. Por lo tanto, el Estado belga no tuvo, en absoluto, el monopolio de la brutalidad, pero en Bélgica, como ciudadanos belgas, con nuestros amigos congoleños, con la gente de diferentes países que viven en Bélgica, es fundamental hacer un deber de memoria y restablecer la verdad histórica."                        (Éric Toussaint, El Salto, 16/06/20)

5/6/19

Un comité estatal constata que Canadá es cómplice del genocidio de las indígenas

"El Comité de investigación nacional sobre las más de mil mujeres indígenas desaparecidas y asesinadas en Canadá en las últimas décadas concluyó este lunes que el Estado es cómplice de un genocidio planificado, basado en la raza, la identidad y el género, que se apoya en políticas colonialistas y la inacción estatal. Resultado de tres años de trabajo, el informe establece que, si bien el genocidio canadiense afecta a todos los miembros de los grupos indígenas, está especialmente dirigido a las mujeres, niñas y miembros de la comunidad LGTBQI.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, solicitó la puesta en marcha de este comité, una promesa electoral que obedecía a las reivindicaciones de líderes indígenas y organizaciones de derechos humanos. La población indígena de Canadá representa el 4,6% del total del país.

El informe del comité estima que, en concreto, las mujeres indígenas tienen hasta 12 veces más probabilidades de ser víctimas de asesinatos y desapariciones. Según un documento de la Real Policía Montada de Canadá publicado en 2014, entre 1980 y 2012, fueron asesinadas 1.017 mujeres indígenas y 164 desaparecieron, cifras que podrían ser más elevadas, según distintos organismos.
El comité comenzó sus trabajos en septiembre de 2016. 

El informe final está integrado por 1.192 páginas, y fue redactado después de escuchar más de 2.000 testimonios en distintas audiencias a lo largo del país. "Es necesario un verdadero cambio de paradigma para deshacerse de este colonialismo dentro de la sociedad canadiense", declaró Marion Buller, la jefa del comité, en la ceremonia oficial de entrega del informe, que tuvo lugar este lunes en el Museo de Historia Canadiense, ubicado en Gatineau (Quebec).

El documento contiene diversas recomendaciones para hacer frente a esta problemática. Por ejemplo, la designación de un ombudsman, una figura similar al Defensor del Pueblo dedicado a los derechos indígenas, un mayor número de agentes de policía indígenas y proyectos más ambiciosos en apoyo a las víctimas.

Justin Trudeau estuvo presente en la ceremonia de entrega del informe. "Durante décadas, las mujeres y niñas canadienses indígenas han sufrido desapariciones y asesinatos. Nuestro sistema de justicia ha fracasado", señaló. "Por desgracia, no es un tema únicamente del pasado. Es vergonzoso y absolutamente inaceptable. Esto debe parar", añadió Trudeau, quien se mostró muy conmovido en el evento.

El informe contiene 122 veces la palabra genocidio. Sin embargo, Trudeau no la pronunció una sola vez en su discurso. En junio de 2015, una comisión especial encargada de investigar los maltratos que sufrieron miles de niños indígenas en internados federales entre 1883 y 1996, catalogó como un genocidio cultural lo ocurrido en esos centros. Además de castigos físicos y agresiones sexuales, existió un esfuerzo sistemático para despojar a los menores de sus lenguas originarias y sus tradiciones culturales.

No obstante, la referencia en el informe a un genocidio planificado generó reacciones encontradas. Algunos líderes indígenas secundan esta acusación, mientras que los articulistas de los grandes diarios nacionales confirman la magnitud del problema, pero hacen un llamado a la cordura para evitar que la polémica se adueñe de la discusión. 

"En este contexto, debo decir que tengo problemas con el uso de este término", comentó por su parte Roméo Dallaire, el militar canadiense que comandó la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Ruanda entre 1993 y 1994. Sin embargo, Dallaire sí precisó, en un evento en la Universidad Concordia, que las políticas del Gobierno federal han sido sumamente perjudiciales para los pueblos indígenas durante décadas."                (Jaime Porras, El País, 03/06/19)

24/10/16

Limpieza étnica israelí en la Palestina de 1948

"El historiador israelí Benny Morris, profesor en la Universidad Ben-Gurion de Bersheba, publicó la semana pasada en Haaretz un artículo titulado “Israel no ejecutó una limpieza étnica en 1948”.
Morris adquirió notoriedad con sus trabajos sobre la guerra de 1948 aunque posteriormente se desdijo de sus conclusiones iniciales que dejaban en muy mala posición a los dirigentes judíos.

Desde hace ya bastantes años este historiador ha invertido sus primeras tesis y sostiene que los líderes judíos obraron de la mejor manera posible contra los palestinos.

A Benny Morris le han llovido numerosas críticas a causa de dar marcha atrás aunque también ha sido elogiado por los sectores más sionistas de la sociedad israelí, incluidos los colonos radicales que viven en los territorios ocupados en 1967.

Ayer domingo, otro historiador israelí, Daniel Blatman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, respondió al artículo de Morris en términos muy claros. Lw acusa de “traicionar” la historia y le reprocha pasar por encima del llamado Plan Dalet que las autoridades judías, con David Ben Gurion a la cabeza, aprobaron el 10 de marzo de 1948 para expulsar a los palestinos.

La expulsión se llevó a cabo en casi toda Palestina, aunque quedaron varias bolsas de población autóctona en lo que a partir de entonces sería Israel. Blatman acusa a su colega de minimizar las consecuencias de la expulsión y las matanzas que se produjeron, y menciona una declaración del fiscal de Radovan Karadzic que aclara por qué hubo limpieza étnica de musulmanes en Bosnia. Blatman sostiene que la misma declaración es válida para la Palestina de 1948.

Habla el fiscal: “En la limpieza étnica … se actúa de tal manera que en un territorio dado, los miembros de un grupo étnico determinado son eliminados … Hay masacres. No se masacra a todos, pero hay masacres para asustar a la población … Naturalmente a los demás se les echa. 

Tienen miedo … y, por supuesto, al final esa gente simplemente quiere irse … Se les expulsa, ya sea por su propia iniciativa o se les deporta … A algunas mujeres se las viola y, aún más, a menudo se destruyen los monumentos que marcaron la presencia de una población dada … por ejemplo, se destruyen las iglesias católicas o las mezquitas”.

Blatman sostiene que “eso exactamente es lo que pasó en 1948” en Palestina, de manera que es pertinente hablar de limpieza étnica."                   (Eugenio García Gascón, Público, 17/10/16)

28/10/11

"De los aproximadamente 20.000 nama que vivían en 1904, sólo 9.800 habían sobrevivido para 1911 al hambre, la horca y el trabajo esclavo"

"La oportunidad la brindó el denominado “reparto de África”, materializado en la Conferencia de Berlín (1884) –que en Alemania se conoce significativamente como Conferencia del Congo (Kongokonferenz)– organizada por el canciller alemán Otto von Bismarck y en la que las grandes potencias europeas aparcaron sus diferencias, como hacen siempre los grandes capitanes de industria, para explotar más y mejor África –al margen y a costa de los africanos, por descontado–  en lo que supuso el disparo de salida de la fase imperialista del capitalismo.

De esta conferencia se recuerda especialmente el papel de Leopoldo II de Bélgica, quien superó a todos los demás mandatarios europeos en desfachatez adjudicándose la propiedad privada del así llamado Estado Libre del Congo, del que sacó pingües beneficios a través de la concesión de licencias para la explotación de las minas y la extracción de caucho así como de la venta de marfil.

En el país de Leopoldo II a los trabajadores que no cumplían con las exigentes cuotas de producción se les cortaba una mano y, como nadie se tomó la molestia de censar a los congoleños, aún hoy se desconoce la cifra exacta de muertos –por extenuación o ejecutados por la Force Publique–, que se estima entre los 5 y 10 millones.

En la Conferencia de Berlín Alemania se quedó con Togoland (actual Togo y Ghana), Camerún, África Oriental Alemana (hoy Burundi, Ruanda y Tanganika) y África del Sudoeste Alemana (hoy Namibia), donde tuvo lugar el genocidio.

La confiscación de tierras con el fin de entregarlas a los colonos alemanes para convertirlas en grandes extensiones de cultivo desplazó a los herero y nama de sus tierras, que aparecen invariablemente en las estampas de los libros coloniales como despobladas, aguardando la supuestamente laboriosa azada europea. 

El modo de vida de ambas tribus se basaba principalmente en un ganado que, debido la escasez de tierras para el pastoreo y fuentes de agua, comenzaba a menguar, a lo que se sumaron fatalmente las enfermedades vacunas traídas de Europa, un brote de tifus, una plaga de langostas y una temporada de sequía.

Privados de su tradicional medio de subsistencia, muchos herero se vieron forzados a trabajar como jornaleros para los colonos alemanes –subvencionados por el estado alemán a través de su oficina colonial con sede en Berlín– o alistarse en su ejército. No todos, claro.

En 1904, Samuel Maharero, un dirigente de la comunidad herero, consiguió aglutinar el descontento y organizar una columna de 8.000 hombres para combatir al ejército alemán que consiguió desbordar inicialmente en número a las tropas coloniales alemanas (Schutztruppen) y librar una efectiva guerra de guerrillas que consiguió cercar Okahandja así como bloquear las comunicaciones de los alemanes destruyendo las vías de ferrocarril en Osona y las líneas del telégrafo en Windhoek, retrasando la llegada de tropas llegadas por mar desde Swakopmund.

En la región de Waterberg los insurrectos expulsaron a los colonos, se apoderaron de armas e infligieron graves derrotas a los colonos alemanes.

Tras la dimisión del gobernador, Theodor Leutwein, Lothar von Trotha –un militar con experiencia en la supresión de las revueltas en África oriental alemana y la Rebelión de los bóxers en China (1898-1901)– asumió el cargo junto al de comandante en jefe de la región con la misión de aplastar la insurrección de los herero.

Von Trotha, que declaró a un periódico berlinés que «una guerra no puede conducirse humanamente contra quienes no son humanos», llevó a cabo una despiadada campaña cuyo fin explícito era del exterminio de los herero como pueblo, asesinando indiscriminadamente a heridos, prisioneros, mujeres y niños, aterrorizando a la población y posiblemente envenenando sus acuíferos, méritos por los que fue condecorado personalmente por el káiser Guillermo. Von Trotha llegaría a firmar tras la expulsión de los herero de la región una “orden de exterminio” (Vernichtungsbefehl) el 2 de octubre de 1904 –de la que se conserva una copia en el Archivo Nacional de Botswana– que contrasta vivamente con el comportamiento de los combatientes herero, que perdonaron la vida a mujeres, niños, africanos y blancos no alemanes. 

En la batalla de Waterberg, von Trotha consiguió rodear, gracias a un ejército moderno –con una toma de decisiones centralizada y tecnológicamente superior–, a los herero, que, superiores en número pero mal equipados, acabaron sufriendo una dura derrota. 

Aunque hoy se debate si fue un error técnico de von Trotha o una decisión deliberada, los herero pudieron huir del cerco a través del desierto de Omaheke, donde la mayoría murieron de hambre y de sed en una auténtica marcha de la muerte (Todesmarsch). Se cree que al menos 30.000 herero murieron en esta travesía, más que en cualquier otra batalla contra los alemanes. 

Sólo 1.000 herero, incluyendo a Maharero, consiguieron cruzar con vida el desierto y llegar a la británica Bechuanalandia (actual Botswana). 2.000 de ellos escaparon hacia Ovamboland, al norte, o a Namaland, al sur, donde informaron a los nama –hasta no hace mucho, su enemigo histórico– del trato recibido por los alemanes. Muchos habían desertado antes del ejército alemán precisamente por esa misma razón.

Los nama retomaron el testigo de la lucha anticolonial contra el dominio alemán bajo el liderazgo de Henrik Witbooi –un antiguo oficial del ejército colonial– y Jakobus Morenga –hijo de un herero y una mujer nama, por cuya cabeza el káiser Guillermo II ofreció personalmente 20.000 marcos– librando una guerra de guerrillas que, como antes la de los herero, comenzó con éxito para los insurrectos en sus ataques a propiedades privadas, edificios gubernamentales e instalaciones militares alemanas. 

Pero nuevamente la superioridad tecnológica de los alemanes decidió la suerte de los nama: Witbooi fue herido de muerte en 1905 durante un ataque a una columna de transporte alemana, Morenga murió en combate en 1907 contra los alemanes y los británicos, que entretanto habían unido sus fuerzas contra el enemigo común. 

Simon Kooper, bajo el mando del cual se reunieron los restos de las fuerzas de los nama, consiguió llevar a su gente hasta Kalahari, lejos de los alemanes, donde negoció con el gobierno colonial británico para que no se extraditase a los combatientes nama. 

Quienes no consiguieron escapar fueron hechos presos y enviados a campos de concentración –inspirados en los establecidos por los británicos en sus guerras coloniales– de Okahandja, Windhuk y Swakopmund y otros lugares, donde trabajaron como mano de obra esclava en la construcción de carreteras y vías de transporte: en Shark Island (desde donde se enviaron por cierto los veinte cráneos que ahora Alemania ha devuelto) 1.359 presos de un total de 2.014 murieron en la construcción de una carretera entre Lüderitzbucht y Keetmannshoop.

Los nama presos en los campos fueron diezmados a causa de enfermedades como el tifus, la disentería y el escorbuto, cuyo efecto se multiplicó por la falta de asistencia médica y de agua potable y el hacinamiento.

De los 17.000 herero capturados tras la guerra de 1904 y enviados a campos de trabajos forzados, 6.000 perecieron sólo en 1907. Los supervivientes fueron separados y enviados a trabajar en las granjas de los colonos alemanes con el objetivo de borrar de la faz de la tierra su cultura. De los aproximadamente 20.000 nama que vivían en 1904, sólo 9.800 habían sobrevivido para 1911 al hambre, la horca y el trabajo esclavo.

El oficial médico jefe de Swakopung describió gráficamente a los presos nama como «piel sobre huesos, literalmente», una expresión que se repetiría cuarenta años más tarde, cuando los soldados estadounidenses y soviéticos derribaron las puertas de los campos de concentración nazis.(...)

El genocidio contra los herero y los nama tuvo también repercusiones históricas poco conocidas. Como ha señalado Ben Kiernan en Blood and Soil. A World History of Genocide and Extermination from Sparta to Darfur (New Haven, Yale University Press, 2007), «Heinrich Göring, padre del futuro dirigente nazi Hermann Göring, sirvió en 1885-91 como Reichskommissar de África del Sudoeste Alemana […]

Entre los alemanes que allí participaron en el genocidio de las poblaciones herero y nama entre 1904 y 1908 se encontraba el futuro gobernador nazi de Baviera, Franz Ritter von Epp, quien durante la Segunda Guerra Mundial fue responsable de la liquidación de virtualmente todos los judíos y gitanos bávaros. En una concentración nazi en Nuremberg de 1931, von Epp y Hermann Göring aparecen juntos frente a Hitler. […]

Otro futuro nazi, Eugen Fischer, llevó a cabo su investigación racista en la África del Sudoeste Alemana […] [Fischer llegó a ser] el presidente del Instituto Alemán Káiser Guillermo para la Antropología, la Herencia Humana y la Eugenesia, denunciando a las “personas de color, los judíos y los híbridos gitanos”, y proporcionó a Hitler una copia de su obra mientras este último redactaba Mi Lucha en prisión. 

Tras tomar el poder en 1933, Hitler nombró a Fischer rector de la Universidad de Berlín, donde comenzó la depuración de profesores judíos. El instituto de Fischer más tarde instruyó y patrocinó investigaciones seudocientíficas llevadas a cabo por médicos nazis, entre los cuales el notorio Josef Mengele.»        (Sin Permiso, 08/10/2011, 'No hay “responsabilidad histórica” para los herero y los nama', de Àngel Ferrero) 
 

4/10/11

De los entre 80.000 y 100.000 hereros que en 1904 se rebelaron contra la invasión y el expolio alemanes, solo 15.000 seguían vivos en 1911

"Dos cráneos mondos presidían la ceremonia en sendas urnas transparentes. Banderas de Namibia cubrían los otros 18, dispuestos en cajas de cartón gris. Son los restos de 20 hereros y namas (grupos étnicos del sur de África) muertos en las guerras coloniales que, enviados hace 100 años a Berlín como piezas de museo para su estudio antropológico y "racial", regresan ahora a Namibia.

Recibirán sepultura tras un siglo conservados en cajones a miles de kilómetros del lugar donde murieron. El viernes, la ceremonia pública de entrega en la clínica berlinesa Charité se convirtió en un acto de protesta contra el olvido alemán del primer genocidio del siglo XX. (...)

Ante los africanos y muy cerca de la fila de cráneos que la Charité devolvió a Namibia, el discurso de Pieper evitó delicadamente dos palabras clave: "genocidio" y "perdón". Porque tanto el reconocimiento público del genocidio como la petición oficial de perdón podrían acarrear el pago de reparaciones a los herero que sobrevivieron.

Unas 20 personas del abarrotado auditorio levantaban folios impresos pidiendo que Alemania se disculpe y que compense a los descendientes de las víctimas. Según avanzaba el monótono discurso de Pieper, los ánimos de los críticos se caldeaban.

Empezaron a abuchearla coreando protestas, hasta que ella les recordó "la libertad de expresión que rige en Alemania" y les sugirió que esperaran al final antes de juzgar el discurso. Acabó sin mayores interrupciones y sin palabras de disculpa oficial. Su propuesta de "reconciliación" levantó una nueva tanda de abucheos.

Cuando los delegados africanos se bajaban al estrado, Pieper dio media vuelta y se fue por la puerta trasera. Dejaba así plantados al Ministro de Cultura namibio y a decenas de representantes herero y nama venidos de África con sus uniformes y sus trajes tradicionales. Tras la ceremonia, la funcionaria namibia Esther Moombalah-Goagoses explicó a este periódico que "la entrega de los restos es lo mínimo que podía hacer Alemania". (...)

De los entre 80.000 y 100.000 hereros que en 1904 se rebelaron contra la invasión y el expolio alemanes, solo 15.000 seguían vivos en 1911. Murieron también 10.000 namas. Los más afortunados cayeron bajo las balas de las ametralladoras alemanas. Otros miles murieron por el envenenamiento del agua potable perpetrado por las Tropas de Protección imperiales.

Otros perecieron de hambre en los campos de concentración o achicharrados en el desierto que los alemanes les impedían abandonar. El teniente general Lothar von Trotha, encargado de aniquilar a los herero en la despectivamente llamada "guerra de los hotentotes", explicó una vez su método: "aniquilo las tribus rebeldes en torrentes de sangre".

Para mayor escarnio de las víctimas, los científicos de la época importaban cabezas para su estudio "racial". Las que devolvió la Charité el viernes llegaron con piel y músculos en tarros de formol. Cuentan los namibios que muchas otras venían ya limpias, porque los soldados obligaban a las mujeres a hervir cabezas para descarnar el hueso con esquirlas de cristal. Algunos cráneos proceden directamente de la profanación de tumbas. (...)

Alemania ha reconocido la casi aniquilación de los herero, pero no ha pedido disculpas oficiales. Durante esta visita, el Gobierno ha reiterado su "reconocimiento de la responsabilidad histórica y moral" de Alemania. Son las mismas palabras usadas en 2004 por la entonces ministra de Cooperación Heidemarie Wieczorek-Zeul.

Se cree que hasta 3.000 cráneos herero siguen dispersos en museos y universidades alemanas. Claudia Peter, de la Charité, reconocía el viernes la "vergüenza" de aquella ciencia que importaba cráneos de personas masacradas como si fueran trofeos.

Una vez en Alemania, los restos servían para "ilustrar tesis racistas". Este componente científico del genocidio herero, así como su vocación de exterminio absoluto y el modo sistemático en que se llevó a cabo, permiten interpretarlo como un preludio africano del Holocausto."                        (El País, 03/10/2011)