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8/10/18

Soldados israelíes revelan lo que ocurre a diario en los territorios ocupados




"Desde 2004, y a pesar de los obstáculos del Gobierno, la ONG israelí ‘Breaking the silence’ recoge los testimonios de soldados y exsoldados sobre su actuación en los territorios ocupados."
(Breaking the silence , Kaos en la red)

15/4/15

El artillero que disparó el primero y el último cañonazo de la guerra civil

"(...) Urbano Orad de la Torre fue un militante socialista, el que dio el primer cañonazo y el último del bando republicano en la Guerra Civil. Fue uno de los héroes del asalto al Cuartel de la Montaña, la primera victoria republicana. Fue encarcelado, indultado de la pena de muerte, liberado y vuelto a procesar, acusado de tratar de recomponer el PSOE. 

 Fue detenido muchas veces durante el franquismo, siempre leal a sus ideas socialistas, despojado de su condición de militar y expulsado del cuerpo de Obras Públicas. Salvó la vida de muchos rivales o enemigos en la guerra, y obtuvo el reconocimiento de propios y ajenos. (...)

19 de julio de 1936, un día después del golpe de Estado de Franco. El capitán de artillería Urbano Orad, recién alistado en el bando republicano, se presenta en el parque de artillería de Madrid y se lleva dos de los pocos cañones que funcionaban al Cuartel de la Montaña, donde el general insurgente Joaquín Fanjul se había atrincherado junto con un grupo de cadetes militares y falangistas.  

Sus proyectiles fueron decisivos para romper la defensa del cuartel, pero se fue llorando a su casa. Más tarde, plasmó su sensación de aquel día en el diario que escribió en la cárcel: “Ni la victoria conseguida ni mi ideología pueden evitarme el inmenso dolor que siento ahora mismo al ver muertos a militares como yo, compañeros de la academia, de guarnición, aunque estuviéramos en desacuerdo político. Hace tanto calor y la luz es tan viva que lo que estoy viviendo me parece irreal”.  (...)

María Castaño tenía a uno de sus hijos, Vicente, atrapado en un sanatorio del lado republicano en el frente de Guadarrama. Otro de sus hijos, el piloto Joaquín García-Morato, del bando franquista, se convertiría al final de la contienda en el aviador con más derribos del conflicto y el más famoso de la historia de España. 

Urbano Orad no dudó en sacar a Vicente de allí. Y cuando tras la guerra, Orad fue condenado a muerte, la madre del héroe franquista no dudó en acudir día tras día al despacho del ministro del Ejército, José Enrique Varela, hasta conseguir el indulto para Orad, en 1944.

1939. Tras asumir el mando de la 20ª División del Ejército republicano, emplazado en Andújar (Jaén), terminó la guerra obligado a entregar Almería, de cuya plaza era el comandante, a sus superiores, para que estos la rindieran al bando ganador. Pero antes se permitió lanzar los dos últimos cañonazos republicanos del conflicto al buque Cánovas del Castillo, que entraba por la bocana del puerto para ayudar a los rebeldes.

 Después se quedó a esperar su arresto. “Siempre tuve alrededor personas a las que garanticé la vida sin dejarles actuar, porque eso hubiera sido traicionar lo mío”, le contó a Sergio Vilar en Protagonistas de la España Democrática. La Oposición a la Dictadura Franquista 1939-1969.  (...)

Jamás renunció a sus ideas ni se retractó durante su aparente libertad de la posguerra. Siempre le precedió su talante humanitario y le fue reconocido por personas de todo signo político. Estuvo preso en Almería y en Sevilla. En esos años padeció las humillaciones reservadas a los perdedores. 

Retuvo en su memoria a un funcionario sádico que, al leer la lista de una de las famosas sacas (selecciones) de presos que iban a ser fusilados ese día, se detuvo adrede tras pronunciar el apellido García y dilató la lectura del segundo apellido para mantener en un suspense de muerte a los dos García que esperaban no ser los elegidos ese día. 

Orad salvó su vida pero perdió casi todo lo demás. Le dejaron a él y a su familia indefensos ante la vida, ya de por sí extremadamente dura en la posguerra. “Mi padre siempre decía que te pueden quitar de todo menos lo que sabes”, recuerda José Orad.   (...)

 Como artillero, su padre sabía mucho de matemáticas. Comenzó a dar clases en una academia y, poco después, fundó su propio centro en Sevilla, especializado en las pruebas de acceso a las carreras universitarias técnicas. Cuando cerró la academia, en 1978, miles de alumnos y alumnas habían pasado por sus aulas y habían esparcido su fama. 

Se permitió el lujo de impartir enseñanza mixta sin separación entre hombres y mujeres, algo casi imposible en aquella época. Reclutó como profesores a otros republicanos represaliados con conocimientos técnicos, pero también fichó a los jóvenes recién licenciados con los mejores expedientes académicos.  (...)"            

Las personas del bando contrario a las que ayudó Urbano Orad

Teniente Coronel  J. Borbón de la Torre. Lo puso en libertad tras ser internado en la cárcel de San Antón (Madrid).
Catedrático Carlos Fitera. Lo puso en libertad tras ser internado en la Dirección General de Seguridad.
Vicente García Morato. Hermano de Joaquín García Morato, el aviador con más derribos de la contienda, enrolado en el bando insurgente. Lo trasladó desde Cercedilla, en el frente de Guadarrama, donde se encontraba internado en un sanatorio, hasta Madrid. Con ello salva la vida al evitar represalias incontroladas. La madre de ambos salvó la vida a Orad.
Ponce de León. Cadete cuyo nombre se ignora. Según Urbano Orad,  lo arrancó de un grupo de milicianos que estaban a punto de fusilarlo tras el asalto al Cuartel de la Montaña de Madrid. Lo hizo trasladar a la Dirección General de Seguridad.
José García Nieto. Falangista y poeta. Impidió su traslado a otra prisión desde la de San Antón de Madrid, lo que contribuyó a salvar su vida por las posibles represalias incontroladas.
José Isbert. El genial actor español pidió su escolta en Andújar (Jaén), donde temía por su seguridad y la de la función durante la representación de una obra de Muñoz Seca en 1938. Orad acudió a la obra vestido de uniforme cuando estaba al mando de la 20ª División del Ejército republicano."                    (La Marea, 14 de abril de 2015)

28/6/12

Este exterminio abrió los ojos al párroco, hasta entonces simpatizante de los golpistas. Los detalles del múltiple asesinato y la situación de la madre sacaron de su ser al cura...

"Sacan a los cuatro hermanos Velázquez Corrales “Goyumas”; el mayor de ellos, Celestino, era el alcalde electo desde 1931, además de Presidente de la Casa del Pueblo. Había estado en Francia durante la Dictadura; estaba casado y ya había sido detenido por los sucesos de 1934. Se trataba de un hombre de 29 años, tranquilo y de muy buen carácter, formado y gran trabajador. 

Estaba volcado en el progreso del pueblo, en el que siempre confió. Los demás hermanos se llamaban: Jacinto (instructor de Pioneros), Santiago y Mariano. Hay testigos que los ven sobre un remolque cuando los llevaban hacia Tordesillas dándoles golpes. Los llevaron a la orilla del Duero en las cercanías de Tordesillas y los tirotearon, arrojándolos al río. 

La buena forma de Jacinto hizo que sobreviviera y salió a tierra a la altura de Nava del Rey, refugiándose en un chozo. Estaba herido. Un afilador llamado José lo vio y lo tapó con su manta. Jacinto le pidió que fuese de inmediato a Torrecilla a contar lo ocurrido y pedir ayuda, lo que indica que no se daba cuenta de la situación. Un poco más tarde fue localizado y rematado en el mismo chozo. 

La madre de estos cuatro hermanos era viuda. Le quedó su hijo menor, de 13 años. Este exterminio abrió los ojos al párroco, hasta entonces simpatizante de los golpistas. Los detalles del múltiple asesinato y la situación de la madre sacaron de su ser al cura, quien tuvo la ocurrencia de ofrecerle la recaudación de la colecta de la misa a la madre del alcalde, quien la rechazó en medio de grandes reproches. 

Este hecho, sumamente comentado en el pueblo, precedió a la marcha del cura, quien fue sustituido por don Servando, quien tuvo mucha mejor sintonía con los asesinos. (...)

Fortunata, conocida como Fortuna, de apenas 20 años, fue purgada con aceite de ricino por los fascistas; vejada y agredida, estuvo al filo de la muerte; junto con su madre y otras mujeres del pueblo, iban a bordo de una camioneta para ser asesinadas, pero las salvó el militar Paco Plaza, que obligó a los asesinos a liberarlas. Su hermano Julio Monsalvo no tuvo tanta suerte y fue asesinado. (...)

Las intenciones de estos sublevados eran muy claras, y cuando tomaron el pueblo tenían ya asumida la consigna de eliminar a todos los que pudieran, asesinando con saña incomprensible a los convecinos de diferentes ideas.

 Los daños materiales y morales producidos han quedado impunes; la población sometida, en estado de shock, fue abandonando la zona en cuanto pudieron, en busca de lugares donde poder recuperar una vida normal.

La ruina sobrevenida a causa de la represión y de la guerra que ocasionó la rebelión franquista, acabó con las esperanzas de futuro de tres generaciones, cercenando a la vez sus vidas y el desarrollo de Torrecilla de la Orden."             (represionfranquistavalladolid.org, 07/06/2012)