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16/3/18

Murió el hombre que mandó matar a mis padres y a otras miles de personas. Murió la muerte, y no me alegra

"Murió el hombre que mandó matar a mis padres y a otras miles de personas. Murió la muerte, y no me alegra.

En Córdoba, la provincia argentina donde nací, la muerte se llamaba Luciano Benjamín Menéndez. Una vez lo vi en la calle, en 1996. Era una tarde de invierno y yo tenía 18 años. Estudiaba con una amiga cuando su mamá llegó avisando “Menéndez está en la vereda”.

 Lo observé a través de una ventana. Bajó de un auto y caminó sobre el césped hacia la casa de enfrente, donde vivía su hija. Tenía el andar aletargado por la vejez —en ese momento tenía 70 años—, pero sin perder la postura altiva de un militar. Su familia salió al encuentro y no hubo abrazos.

Me nubló el terror. Mi amiga y yo nos tiramos al piso por miedo a que voltearan y pasamos el día lejos de las ventanas. Toparse a un genocida suelto era una posibilidad latente en la Argentina de los años noventa. 

La dictadura había terminado, pero ellos seguían libres gracias a leyes, indultos y argucias de gobiernos cómplices. Los asesinos compraban en los supermercados, los torturadores hacían fila en el banco, Menéndez iba al mismo cardiólogo que la madre de una conocida.

Mi generación creció en la impunidad, palabra que suena rimbombante pero en realidad corroe. Crecimos vulnerables, frustrados, enojados. ¿De qué servía la democracia?
Yo siempre le tuve miedo a ese hombre de cejas anchas y negrísimas. Cuando era niña me aterrorizaban los relatos de las torturas que él dirigía en el campo clandestino “La Perla”, donde asesinó y torturó a miles de personas. 

También me horrorizaba la imagen en la que aparece empuñando un cuchillo en un gesto de ira: esa fotografía, impregnada en la memoria colectiva de la Argentina, retrata el momento en el que intentó asesinar a unos manifestantes en 1984, unos meses después de que la Junta Militar perdiera el poder.

Menéndez se sentía dueño de la vida de otros, y lo fue entre 1975 y 1979. Era el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército en la última dictadura militar, con diez provincias a cargo. Un tipo tan cruel que consideraba “blando” al dictador que dirigió el golpe de Estado en Argentina, Jorge Rafael Videla, pero no un desquiciado solitario: los militares argentinos hicieron un genocidio por encargo, al servicio de poderes económicos y políticos que empobrecieron al país (la deuda externa pasó de 9.500 a 46.000 millones de dólares). 

 Y para eso exterminaron a quienes les molestaban, como mis padres: Ester Felipe y Luis Mónaco; ella, psicóloga; él, periodista, e integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo. Mi madre tenía 27 años; mi padre, 30, y yo, 25 días de nacida.

Cuando vivía en Argentina, sufría ante la posibilidad de encontrarme a los asesinos de mis padres y de tantos otros opositores. Otros hijos de desaparecidos deseaban encontrárselos e insultarlos. Cada vez que alguien lo hacía, festejábamos la pequeña victoria moral.

De la frustración surgió una idea: si las autoridades los dejaban libres, haríamos de la calle su cárcel. Los Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.), una organización de hijos de desaparecidos, asesinados, exiliados y presos políticos, que estamos juntos desde 1995, inventamos una protesta que consistía en investigar el domicilio de los genocidas y fotografiarlos para después recorrer su barrio en una marcha pacífica. La idea era alertar al vecindario: “Cuidado, aquí vive un asesino”. Le llamamos “escrache”, que significa “dejar en evidencia”. Empezó con unas cuantas personas, pero llegó a reunir a miles. Era nuestro modo de combatir la impunidad.

A Menéndez no tuvimos que investigarlo, muchos sabíamos dónde vivía. Calle Ilolay, número 3269. Casa de un nivel, muros blancos y techo de teja. Entraba y salía libremente, estaba en eventos oficiales y se movía por la ciudad sin custodia, como aquella tarde frente a la casa de mi amiga. Pero ninguno de nosotros, las decenas de miles de familiares de desaparecidos, optó por la violencia.

Volví a encontrarme al asesino de mis padres en 2013. Ocurrió dentro de un tribunal, en la Megacausa La Perla, con 52 acusados y 716 víctimas. Yo era la testigo número 167. Cuando el juez me llamó al estrado quedé frente a Menéndez. Tenía el cabello totalmente cano, engominado, y sus cejas aún negras. Las que fueron ojeras eran grandes bolsas de piel colgante. Sus dos manos huesudas estaban una sobre la otra.

Me miró y le sostuve la mirada. Sus ojos eran vidriosos pero sin profundidad. Los ojos del genocida empujaban hacia fuera con mirar helado, impío. Declaré en nombre de mi familia, los vivos y quienes murieron en el camino. Lo hice como miles de madres, abuelas, familiares e H.I.J.O.S. Fuimos nosotros, los sobrevivientes de una dictadura sanguinaria, los que empujamos al Estado para que procesara a los asesinos con garantías legales que ellos no les dieron a nuestros muertos.

“Muchos se pondrán felices si me muero”, dijo Menéndez en una entrevista. Se equivocó. No lo perdonamos y no lo lloramos, pero tampoco estamos felices. No festejamos la muerte, no somos ellos. Se fue en silencio cobarde, sin decir dónde escondió los restos de nuestros seres queridos. Pero sus familiares pudieron enterrarlo porque murió en una Argentina distinta a la que él atemorizó, murió en un país más justo, que entre otras cosas era lo que querían nuestros padres.

El 27 de febrero murió Menéndez en arresto domiciliario. Tenía 90 años y se fue con catorce cadenas perpetuas, la persona con más condenas en la historia de Argentina. Y aunque hay momentos en que siento que ninguna condena alcanza, el día en el que falleció sentí orgullo: pude decirle a mi hijo de 7 años que el asesino de sus abuelos murió condenado; que luchar sirve, que la justicia se construye."                        

(Paula Mónaco Felipe es escritora y periodista. En 2015 apareció su libro Ayotzinapa, horas eternas. The New York Times, 11/03/18)

13/2/17

Trump, sobre se Putin é un asasino: "Nós temos moitos asasinos. Ou pensa que somos un país inocente?"

"Voume levar ben con el [con Vladimir Putin]? Non teño nin idea. E é moi posíbel que non", dixo Donald Trump nunha entrevista este domingo en Fox News cando foi inquirido a respeito das súas relacións co presidente ruso.

O xornalista saltou entón como un resorte e dixo: "Mais Putin é un asasino", unha declaración máis editorial [Fox News é un dos meios máis conservadores dos EUA] do que informativa.
Trump repentizou moi no seu estilo con esta resposta: "Nós temos unha chea de asasinos" e a seguir interpelou ao xornalista:  "Ou pensa que somos un país inocente?".

O Kremlin pediu formalmente desculpas a Fox News pola designación do líder ruso como asasino -"Putin is a killer", foi a frase literal.

Durante a entrevista, Trump defendeu o seu discurso de que Washington debe procurar a alianza con Moscova no combate contra o Daesh."             (Sermos Galiza, 06/02/17)

17/7/11

"El asesino de mi madre trabaja en el mismo edificio que yo"

"Sobrevivir a un genocidio suele comportar una obligación vital: mantener vivo el recuerdo de las víctimas y llevar a los culpables ante la justicia.

El bosnio musulmán Hasan Nuhanovic, de 43 años, traductor en 1995 de los cascos azules holandeses destacados en Srebrenica, ha consagrado su madurez a esa labor. Perdió a su padre y a su hermano menor en la ciudad bosnia, asaltada por las tropas serbobosnias del general Ratko Mladic, y acaba de ganar su primera batalla legal. (...)

En su tierra, en Bosnia, también pelea por juzgar al asesino materno. El asunto no acaba de ser investigado en Sarajevo, y él ha llegado a una dolorosa conclusión. Casi dos décadas después del genocidio, la reconciliación entre serbios y bosnios le parece un puente todavía demasiado lejano. (...)

Pregunta. Hace cinco años presentó en Holanda el caso por la muerte de su padre y su hermano, que acaba de ganar. Los asesinos actuaron a la luz del día en Srebrenica. A su madre, sin embargo, la mataron en otra ciudad. ¿Cómo supo quién lo hizo?

Respuesta. Me lo dijeron unos vecinos serbios que vieron al culpable cometiendo el crimen. Todo el mundo le conocía. Era el jefe de policía serbio de mi pueblo. Ahora trabaja en el mismo edificio donde tengo mi oficina, en Sarajevo.

Nos cruzamos a diario y nadie hace nada. Indagué por mi cuenta, reconstruí los hechos y remití los datos a los tribunales. Pero solo me han dicho que lo están investigando. Llevan así desde 2006. (...)

R. Los problemas entre Bosnia y la República Sprska (entidad serbia del país balcánico) siguen igual. Ya no hay guerra, pero eso es todo. La parte serbia de Bosnia niega el genocidio. Los criminales de guerra siguen impunes, y hay decenas de miles que deberían ser juzgados. Incluso si los jueces de Sarajevo trabajaran sin cesar, tardarían años en resolver los casos.

Mientras no haya voluntad política no se solucionará. Mire, los políticos de los distintos grupos étnicos están envenenando a la gente. Y ya hemos visto antes que el pueblo se deja envenenar. Piense, si no, en la reacción de los serbios cuando detuvieron a Mladic. A la mayoría le seguía pareciendo un héroe. (...)

P. ¿Y la reconciliación entre serbios y bosnios, que tanto enfatiza, entre otros, el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia? ¿O bien la entrega, por parte de Serbia, de Ratko Mladic, para que le juzguen?

R. La justicia debería componer un paquete en el que cupiera el castigo del culpable, la compensación a las víctimas, el reconocimiento público de lo ocurrido, y la aceptación de sufrimiento.

Del Tribunal para Yugoslavia se recibe una porción de justicia. Hay reconocimiento, aunque no compensación. Falta lo más importante: la aceptación. Porque los serbios niegan lo ocurrido." (El País, 07/07/2011, p. 4)

22/5/11

Uruguay ratifica la ley de amnistía para la dictadura

"El Congreso uruguayo rechazó ayer anular la llamada Ley de Caducidad, que dio por cerrado el periodo de la dictadura (1973- 1985) sin que sus responsables fueran juzgados por sus crímenes. El Frente Amplio (FA), que gobierna, fue el impulsor del intento de reabrir los procesos, pero perdió la votación por un diputado de sus propias filas, Víctor Semproni, que se ausentó y provocó un empate a 49 votos que deja la ley en vigor.

El presidente José, Pepe, Mujica, que no era partidario de anular la ley, le pidió, sin embargo, en el último minuto, al diputado disidente que acatara la disciplina del partido. (...)

El proyecto de anulación fue defendido por el diputado del Frente Amplio Felipe Michelini, hijo del senador Zelmar Michelini, que fue asesinado por militares argentinos en Buenos Aires, en 1976, dentro de la famosa Operación Cóndor.

Felipe Michelini mantuvo que la Ley de Caducidad impedía el acceso universal a la justicia. "Es una ley que ataca nuestra dignidad y la de este Parlamento", afirmó el parlamentario. (...)

El presidente Mujica, un exdirigente guerrillero que sufrió salvajes torturas durante su prolongada detención, no quiso que el plenario del Frente Amplio cambiara la ley, pero al mismo tiempo aseguró que mantendría la disciplina partidaria y que no haría uso del derecho presidencial a vetar la nueva propuesta.

La complicada cabriola final (la abstención de un diputado del FA) ha dejado las cosas como quería Mujica, pero también un mal sabor de boca en amplios sectores del FA, molestos con las idas y venidas del presidente.

En una reciente entrevista con EL PAÍS, Mujica negó que mantener la Ley de Caducidad implique que el pueblo uruguayo defienda los crímenes cometidos durante la dictadura, sino que no quiere mirar atrás. El presidente se mostró comprensivo con el deseo de los familiares de saber qué pasó exactamente con las víctimas. "De todas las llagas del pasado", reiteró Pepe Mujica ayer, "esa es la peor".

El presidente uruguayo propone que se busquen otras fórmulas que permitan recopilar la información que demandan los familiares de quienes desaparecieron o fueron asesinados en aquella época." (El País, 21/05/2011)

27/4/11

"Hay una parte del pueblo que sufrió más, y sobre todo están sus familiares, que no encuentran consuelo con algunas cosas que pasaron en Uruguay"

"El Senado, gracias al voto de su grupo, el Frente Amplio, va a dejar sin efecto la Ley de Caducidad, vigente desde 1986, que ha permitido hasta el momento no juzgar a los militares acusados de cometer atroces delitos durante la dictadura de 1973 a 1985.

Es conocido que Mujica, ex dirigente tupamaro, que fue brutalmente torturado y que pasó casi 15 años preso, no ha querido impulsar personalmente esa iniciativa y que intenta mantener su presidencia al margen de la polémica.

No es el único exguerrillero que no quería que se derogara la ley de amnistía. (...)

Pregunta. Uruguay ha venido soslayando el problema de si juzgar o no a los militares, al contrario de lo que decidió Argentina.

Respuesta. No creo que sea así. En Uruguay hubo dos plebiscitos sobre el tema. De hecho, no creo que ningún otro país se haya tomado tanto trabajo para resolver esa cuestión. Lo que sucede es que, en los dos plebiscitos, el voto fue contrario a la derogación de la Ley de Caducidad. Lo cual no es equivalente a que la gente haya avalado lo que ocurrió en la dictadura. (...)

Insisto en que eso no quiere decir que se avalaran las decisiones de la dictadura ni nada por el estilo. Eso sería injusto con la sensibilidad de mi pueblo. Pero creo que una parte de la ciudadanía estaba harta de la discusión.

P. ¿Qué ha pasado ahora para que su partido vote en contra de lo decidido en los dos referendos?

R. Hay una parte del pueblo que sufrió más, y sobre todo están sus familiares, que no encuentran consuelo con algunas cosas que pasaron en Uruguay y que no se han ventilado desde el punto de vista jurídico.

Uruguay no se diferencia en eso de cualquier otro país. Me he enterado de que en España andan removiendo cementerios. Hay heridas viejas que desgraciadamente permanecen en alguna gente que integra nuestras sociedades. No les pasa a todos, pero hay gente que tiene ese reclamo.

P. Existe además una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que falló en febrero que el Estado uruguayo debía modificar esa ley, en una demanda relacionada con el caso Gelman, la nieta del poeta, desaparecida en 1976 y recuperada en 2000.

R. En efecto, estamos condenados desde el punto de vista internacional por mantener esa ley. No es un problema sencillo. Hay caras valiosas desde los dos puntos de vista. Es un dilema entre las decisiones que tomó nuestro pueblo y la decisión del Parlamento, que aparece como enmendando el resultado de los plebiscitos.

¿Por qué lo hace? A una parte del Parlamento le parece que lo tiene que hacer.

P. Parece que usted, como presidente, quiere mantenerse al margen de este tema.

R. El Ejecutivo rehuyó meterse en esta discusión, porque somos presidentes de la nación. De los que nos votaron y de los que no nos votaron. Dijimos desde el primer momento que queríamos construir, en todo lo que se pudiera, unidad nacional. (...)

P. Ha habido mucho nerviosismo entre los militares retirados que afirman que mantuvieron conversaciones con usted en los años noventa para dejar solucionado este asunto.

R. A lo largo de estos años hemos conversado muchas veces con los militares y tendremos que seguir conversando otras tantas. Yo le doy mucha importancia al factor militar. No son el motor de la historia, pero suelen ser la puerta que se abre y que se cierra. Una democracia republicana debe cultivar la fidelidad de sus fuerzas armadas.

Nunca se va a tener la fidelidad de aquellos a los que uno desprecia. Esta es la paradoja. Esta herida que traemos del pasado hace que, subjetivamente, mucha gente de este país esté inculpando a los militares de hoy por los que lo eran ayer. Y esto es un error que cometemos para con el futuro.

P. Si todo hubiera dependido de una decisión estrictamente suya, ¿qué habría pasado?

R. Como persona, no soy adicto a vivir mirando para atrás, porque la vida siempre es porvenir y todos los días amanece. Pero esa es mi manera de ser. No se la puedo imponer a mis conciudadanos." (El País, Domingo, 17/04/2011, p. 8/9)

1/10/10

NEDIM SENER "Aquellos a quienes acusé investigarán mi muerte"

"Sener, periodista de investigación, acaba de volver de Viena donde ha sido galardonado con el Premio de Héroe de la Libertad de Prensa. Su libro sobre el asesinato de su amigo, el periodista turco-armenio Hrant Dink, en enero del 2007, le ha reportado el reconocimiento del Instituto Internacional de la Prensa, pero también le ha granjeado enemistades.

"En la investigación denuncié con nombres y apellidos a políticos, jueces y policías que estaban detrás del crimen y a los que nadie investigaba. Ahora van a por mí". Sabe de lo que habla: insultar a las fuerzas del orden está penado en Turquía con la cárcel. Hasta 12 años en su caso.

El periodista iba para profesor de Economía. Pero la necesidad de encontrar un trabajo rápido le condujo al periodismo económico. "Siempre pensé que iba a ser un trabajo temporal", dice riéndose. Luego llegó el asesinato del intelectual turco Urgu Mumcu en 1993. Hubo manifestaciones en todo el país reclamando una investigación que nunca llegó. "Yo tenía 27 años y estaba allí protestando. Algo en mí cambió ese día".

Después, asesinaron a Ahmet Taner Kislali, después a Musa Anter. Hasta 20 periodistas muertos desde 1992. El último, en diciembre del año pasado. "Somos los únicos que buscamos la justicia en este país. Por eso nos tienen miedo. Por eso también, solemos morir".

Ser Héroe de la Libertad de Prensa es un discutible honor en Turquía: los dos periodistas que lo han obtenido antes de Sener murieron asesinados. "Tengo miedo a engrosar esa lista. Los oficiales de policía a los que inculpé en mi libro siguen en puestos muy poderosos. Si me asesinan, serían ellos los encargados de la investigación", explica. (...)

"No me voy a cansar de denunciar, aunque me cueste la vida". Da la sensación de que ha aceptado la muerte como inevitable. Aun así confiesa que le cuesta dormir por las noches y que siente ansiedad cuando camina por Estambul. "En Viena, cuando fui a recoger el premio, me sentí seguro, pero no abandonaría Turquía pasara lo que pasara. Solo sé hacer periodismo y solo puedo hacerlo aquí".

Como la mayoría de los del gremio tiene el teléfono pinchado y sus correos electrónicos son leídos con lupa. "Hablar de libertad de expresión es un lujo en Turquía. Ellos saben todo de ti y si cruzas la raya hay consecuencias", apostilla.

Llega el té humeante y lo bebe de un sorbo. Debe volver a su despacho, le aguardan más entrevistas. Al despedirse suelta otra frase lapidaria. "Este es un país donde los criminales tienen mucho poder. Pero si consigo resolver el asesinato de Dink, quizás seamos capaces de poner luz a los otros crímenes". (NEDIM SENER: "Aquellos a quienes acusé investigarán mi muerte". El País, última, 30/09/2010)

15/9/10

Israel no castiga a sus soldados si matan a civiles palestinos

"Las tropas israelíes han dado muerte a 2.910 palestinos entre 2006 y 2009.

En el ejército israelí, no hay castigo para quien mata a un civil palestino. En la mayoría de los casos, ni siquiera hay una investigación. Según un informe de la ONG israelí B'tselem, la impunidad promueve una actitud de "gatillo fácil" entre las tropas del Estado judío, que saben que nadie va a escarbar en los hechos para aclararlos.

Tras la declaración de los territorios palestinos ocupados como Zona de Conflicto Armado al comienzo de la segunda intifada en el año 2000, la Oficina del Abogado Militar dejó de investigar las muertes de civiles palestinos y, según B'tselem, sólo estudia casos excepcionales. De las 148 denuncias presentadas por la organización (relativas a 288 muertes), sólo en 22 se ha abierto una investigación. Una treintena fue rechazada y el resto está en un limbo en el que el ejército israelí simplemente declina responder.

"En la práctica, la definición de Zona de Conflicto Armado otorga inmunidad a las tropas. Los soldados que matan a palestinos no involucrados en el conflicto casi nunca son responsabilizados", explicó a Público Sarit Michaeli, portavoz de B'tselem. (...)

Entre 2006 y 2009, las tropas israelíes han matado a 1.510 palestinos, de los cuales 617 no estaban involucrados en la violencia. A esa cifra hay que sumar los 1.400 muertos de la ofensiva militar contra Gaza conocida como operación Plomo Fundido.

El domingo, soldados israelíes mataron en Gaza a un pastor de 91 años, a su nieto de 17 y a otro palestino de 20. Un portavoz militar declaró que "si un pastor está al lado de un lanzador de cohetes a punto de atacar, no es un civil inocente". Ayer, el general de brigada Eyal Eisenberg reconocía en la radio militar que los tres eran inocentes, aunque remarcaba que "uno cogió munición del suelo y apuntó a las fuerzas israelíes, que devolvieron el fuego como se espera de ellas. Cuando alguien viene a matarte, mata tu primero"." (Público, 15/09/2010)

12/1/09

Destrucción sistematica

"En las televisiones árabes se difunden imágenes que atestiguan esa ferocidad y que en Occidente se prefiere omitir. Son desgarradoras. Niños y ancianos sacados de los maleteros de coches sin piernas, amasijos de carne quemada.

Lo acaecido estos días en el barrio de Zeitun, en el este de Gaza, eleva aún más el listón de la brutalidad. Los soldados impidieron durante días el acceso de ambulancias a una vivienda donde a varios niños les faltaba poco para morir de inanición. "El equipo de rescate halló a cuatro pequeños junto a los cadáveres de sus madres. Estaban demasiado débiles para ponerse en pie. Había 12 cuerpos tirados en colchones", explicó Pierre Wettach, delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja en Israel y los territorios palestinos. Wettach calificó de "inaceptable" el incumplimiento por parte de Israel de las leyes humanitarias y explicó: "A sabiendas de la situación, los militares no asistieron a los heridos y tampoco nos facilitaron hacerlo a nosotros o a la Media Luna Roja palestina". El Ejército israelí y el Gobierno hacen oídos sordos. (...)

"Los alcantarillados y desagües, el puerto de pescadores, torres de telefonía móvil, clínicas móviles, cientos y cientos de edificios, calles, carreteras, puentes, lo están destrozando todo", relataba desde Gaza un vecino del campo de refugiados de Yabalia. Después de dejar Gaza asolada y de asestar a Hamás un golpe de calibre aún incierto, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, aseguró que la operación continuará porque "no se han logrado todavía los objetivos". En los cementerios no queda espacio." (El País, ed. Galicia, 09/01/2009, p. 2/3)

11/10/08

El Papa cree "eficaz" el silencio de Pío XII ante el Holocausto

"Benedicto XVI da luz verde a la polémica beatificación" (El País, ed. Galicia, Sociedad, 10/10/2008, p. 33)

Jesucristo no era partidario, precisamente, de ese tipo de "silencios". Los que no se distinguen del cálculo político.

Que un intelectual de gran talla, como Benedicto XVI utilice la palabra "eficaz", precisamente, ¿no es una "blasfemia ética?... pero blasfemia.

8/10/08

Reparación histórica, tardía, que no aplaca el deseo de justicia

"La indemnización de 135.000 euros que el Estado pagará a las víctimas de la policía y los grupos ultra no es lo que buscaba la familia de Romualdo Barroso. "Nosotros lo que realmente queríamos es que se hiciese justicia", dice su hermana Evangélica. "Ya ha pasado mucho tiempo, pero quienes lo mataron a él y a sus otros cuatro compañeros deberían haber pagado por lo que hicieron", continúa.

Romualdo Barroso, un joven de 19 años, era uno de los cerca de 4.000 trabajadores que se pusieron en huelga en enero de 1976 en Vitoria. El 3 de marzo de ese año celebraron una reunión asamblearia en la parroquia de San Francisco de Asís, en el barrio de Zaramaga. La policía lanzó gases lacrimógenos para sacarlos y, cuando salieron, fueron recibidos a tiros por los agentes. Además de los cinco muertos, otras 47 personas tuvieron que ser hospitalizadas, 26 de ellas también con heridas de bala.

Tras muchos años de lucha, la Asociación de Víctimas del 3 de Marzo consiguió que el pasado junio el Parlamento vasco aprobase el dictamen que atribuye responsabilidades políticas a tres ministros de la época: Manuel Fraga (Interior), Rodolfo Martín Villa (Relaciones Sindicales) y Alfonso Osorio (Presidencia). La versión oficial, sin embargo, todavía mantiene que los policías fueron atacados por los manifestantes.

Quizás por eso, aunque la familia recibió con satisfacción la noticia de que posiblemente será indemnizada como víctima, el sentimiento que predominaba en ella ayer es "la pena". "Mi padre siempre ha luchado por que se estableciera la verdad y a estas alturas estamos muy desilusionados", cuenta Evangélica Barroso, que ve cómo "los responsables de la matanza quedaron impunes". (El País, ed. Galicia, España, 04/10/2008)