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11/3/26

El safari genocida o safaris humanos en Israel... El jefe del servicio penitenciario de Israel invitó hace poco a un grupo de colonos a a un safari. Es que lo denominó así para ver a detenidos palestinos humillados, tirados en el suelo, esposados, torturados. Un safari organizado por las autoridades israelitas para que los colonos vayan a ver a los palestinos torturados... Parece mentira que un pueblo que sufrió el holocausto, que ha tenido encima de su historia cientos de años de persecución,de injusticia, de calamidad, de tortura, de ostracismo, de persecución, de violencia, de odio, que ha visto sufrir tanto a tantas generaciones, sea capaz de convertirse en un pueblo genocida, en un estado genocida. A mí me faltan las palabras (Juan Torres López)

 "(...) Otro asunto que parecería ficción, pero desgraciadamente es realidad. Eso que se denomina safari genocida o safaris humanos en Israel. El jefe del servicio penitenciario de Israel invitó hace poco a un grupo de colonos a a un safari. Es que lo denominó así para ver a detenidos palestinos humillados, tirados en el suelo, esposados, torturados.

Un safari organizado por las autoridades israelitas para que los colonos vayan a ver a los palestinos torturados, encerrados,encarcelados injustamente.

Parece mentira que un pueblo que sufrió el holocausto, que ha tenido encima de su historia cientos de años de persecución,de injusticia, de calamidad, de tortura, de ostracismo, de persecución, de violencia, de odio, que ha visto sufrir tanto a tantas generaciones, sea capaz de convertirse en un pueblo genocida, en un estado genocida. A mí me faltan las palabras. Yo no puedo entender que haya tanta inhumanidad, tanto odio, tanta animalidad que estemos hasta generando, como efectivamente decía Sanabil, un nuevo tipo de actividad económica. esto que llaman el tanaturismo. Turismo genocida.

No solo se contentan como con cometer un genocidio, sino que encima lo enseñan y lo ponen en el escaparate. (...)"

(Juan Torres López, blog, 10/03/26) 

23/1/26

La Banalidad del Mal en nuestro tiempo: Jared Kushner ha presentado este jueves ―con tono entusiasta de oportunidad de inversión― la “nueva Gaza” que aspira a levantar sobre los escombros de la actual. Se trata de una especie de Dubái o de Singapur con numerosos rascacielos turísticos frente a la costa, un “nodo de transportes” con puerto y aeropuerto, y “una economía de libre mercado”... y ha explicado que el plan comenzaría con la construcción de más de 100.000 unidades residenciales en la “nueva Rafah” (la destrozada ciudad del sur) y acabaría por la capital, Ciudad de Gaza. “En Oriente Próximo se han construido ciudades así, para dos o tres millones de personas, en tres años, así es que muy factible”... mientras siguen los bombardeos de Israel y las muertes de niños palestinos por hipotermia (Antonio Pita)

 "Entre los bandazos sobre Groenlandia y los autoelogios de todo tipo del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, uno de sus principales asesores para Oriente Próximo (su yerno Jared Kushner) ha presentado este jueves ―con tono entusiasta de oportunidad de inversión― la “nueva Gaza” que aspira a levantar sobre los escombros de la actual. Se trata de una especie de Dubái o de Singapur con numerosos rascacielos turísticos frente a la costa, un “nodo de transportes” con puerto y aeropuerto, y “una economía de libre mercado” con el “mismo enfoque” que el que Trump aplica en su país. “No hay plan B”, ha dicho al mostrar las diapositivas del “plan maestro”.

La presentación, opacada por todos los otros frentes que ocupan este año el Foro Mundial, dibuja el futuro de una Franja donde la vida apenas ha cambiado para sus más de dos millones de habitantes desde la firma del alto el fuego el pasado octubre: el ejército israelí bombardea a diario y ha matado en las últimas 48 horas a 16 palestinos, tres de ellos periodistas en medio de una cobertura. Los servicios de rescate han anunciado además este jueves la muerte por hipotermia de una bebé de tres meses, mientras las autoridades militares israelíes impiden la entrada de las cantidades acordadas de ayuda, incluidas caravanas y tiendas de campaña.

Kushner —que ya al principio de la invasión israelí mencionó en una entrevista el futuro valor inmobiliario de la destrozada costa de Gaza— ha explicado que el plan comenzaría con la construcción de más de 100.000 unidades residenciales en la “nueva Rafah” (la destrozada ciudad del sur) y acabaría por la capital, Ciudad de Gaza. “En Oriente Próximo se han construido ciudades así, para dos o tres millones de personas, en tres años, así es que muy factible”, ha señalado. “Gaza puede ser un nodo, un destino turístico, tener mucha industria y ser realmente un lugar donde la gente prospere y cree empleo”.

La próxima fase, ha añadido, es la desmilitarización de Hamás que recoge el alto el fuego. No era así en el plan inicial, pero EE UU e Israel la han acabado convirtiendo en condición sine qua non para avanzar en las demás. “Estamos comprometidos a asegurar que Gaza esté desmilitarizada, adecuadamente gobernada y bellamente reconstruida”, ha dicho Trump, que prometió trabajar en coordinación con la ONU. “Será un gran plan”, ha agregado el presidente.

El asesor estadounidense ha limitado la reconstrucción a las zonas donde el desarme sea completo, lo que supondrá comenzar en la parte de la Franja controlada por las tropas israelíes, donde apenas viven unos miles de los más de dos millones de gazatíes. Kushner ha señalado que pretenden promover la entrega de las armas con ofertas de amnistía o garantías de salida segura de Gaza.

En la víspera, el presidente de EE UU amenazó a Hamás con “su final” si rechaza desarmarse por completo. El movimiento islamista acepta ceder el poder al comité tecnocrático recientemente nombrado y está abierto a entregar las armas ofensivas, pero lo condiciona a una retirada completa de las tropas israelíes y rehúsa disolverse mientras dure la ocupación.

La segunda fase incluye el despliegue de una fuerza militar multinacional, pero ha venido desapareciendo de los discursos, por falta de candidatos. El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha señalado este jueves en Davos (él ha acudido porque no está buscado por la justicia internacional): “Está claro que nadie quiere entrar en Gaza y combatir, salvo nuestro ejército, nuestros hijos e hijas”.

De momento, el paso de Rafah, que une Gaza y Egipto, reabrirá la próxima semana en ambas direcciones, un compromiso postergado por Israel. Han coincidido en anunciarlo este jueves Ali Shaath, el jefe del comité tecnocrático palestino que administrará el día a día de Gaza, y Nikolay Mladenov, el enviado para la Franja de la llamada Junta de Paz que Trump ha presentado justo antes en Davos para, según sostiene, contribuir a la resolución de conflictos en el mundo.

Mladenov ha mencionado “un acuerdo sobre los preparativos para la reapertura del cruce” mientras se “coordina la logística para la implementación”. Aunque las autoridades militares israelíes (quienes controlan el paso) no lo han confirmado, el perfil y el foro hacen pensar que difiere de anteriores anuncios similares que acabaron en papel mojado. Este domingo, de hecho, en la reunión del Consejo de Ministros, Netanyahu tiene previsto debatir la búsqueda del último cadáver de rehén en Gaza y la reapertura del cruce.

El líder estadounidense ha inaugurado su Junta rodeado por una veintena de líderes, entre los cuales no figuraba ningún representante de las democracias más avanzadas, que observan con recelo una iniciativa que parece minar las prerrogativas de la ONU, y que están incómodos con la política exterior estadounidense. De los países de la UE participaron Hungría y Bulgaria. Entre los asistentes figuraban el presidente de Argentina, Javier Milei, y los líderes de países como Azerbaiyán, Armenia, Kazajistán, Pakistán, Indonesia o Paraguay. “Me gustan todas estas personas”, ha dicho el mandatario estadounidense. “Son grandes líderes”.

Faltaba Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. Integrará la Junta, pero pesa sobre él desde 2024 una orden de arresto emitida por el Tribunal Penal Internacional como presunto responsable de crímenes de guerra y contra la humanidad en Gaza en la invasión iniciada en octubre de 2023, a raíz del ataque de Hamás, que ha dejado más de 71.500 muertos y la Franja convertida en un manto de ruinas. Lo recordaba su silla vacía, al frente en el medio.

“Está acabando”

Trump aprovechó el acto para su habitual recordatorio de su historial como solucionador de conflictos, con particular detenimiento sobre el de Gaza. “Está acabando. Tenemos pequeños fuegos, que apagaremos. Eran gigantescos, ahora son pequeños”, ha declarado. “Hemos mantenido el alto el fuego, entregado niveles récord de ayuda humanitaria. Se oían historias terribles de desnutrición. Ya no”.

El mes pasado, la Clasificación Integrada de Fases, la principal herramienta de análisis de la seguridad alimentaria y en la que participan organizaciones de la ONU, retiró la consideración de hambruna que había hecho en agosto para medio millón de gazatíes, porque el incremento en la entrada de alimentos ha mejorado los niveles nutricionales, pero advirtió de que la situación sigue siendo “crítica”, con 1,6 millones de personas (el 77% de la población) aún en situación de inseguridad alimentaria aguda.

Gaza está ahora mismo dividida en un 42% del territorio controlado por el movimiento islamista y donde vive prácticamente toda la población y el 58% restante: casi desierto y en manos del ejército israelí, que sigue demoliendo edificios, pese al alto el fuego, y al que impide acercarse. “Al principio, barajamos la idea de construir una zona libre y luego una zona de Hamás”, admitió Kushner, antes de explicar que el plan maestro de EE UU abarca finalmente toda la Franja.

Estas dos partes están separadas por la Línea Amarilla. Es en teoría una divisoria temporal, hasta que concluyese la primera fase, pero Trump anunció este mes la transición a la segunda sin pedir una nueva retirada israelí. Netanyahu ha asegurado que sus tropas se quedarán para siempre en una “amplia zona” de la Franja." 

(Antonio Pita , Andrea Rizzi , El País, 22/01/26)

24/9/25

Omer Bartov, el mayor experto judío en Holocausto: “Los israelíes están hoy más preocupados por perder Eurovisión que por el genocidio en Gaza”

 "«Crecí en un hogar sionista. Serví en el ejército israelí. Creo, y sigo creyendo, en el derecho de Israel a existir. Pero la forma en que se ha convertido Israel; el sionismo que ahora dice tener; el régimen que ha creado; el racismo; la intolerancia; la violencia; el odio… son cosas que no puedo apoyar». Omer Bartov habla sin medias tintas, reconociendo incluso el «proceso absolutamente desgarrador» que le ha llevado a él, uno de los mayores expertos en Holocausto del mundo, a sostener sin género de dudas que Israel está cometiendo un genocidio en la Franja de Gaza.

«Es doloroso y horrible solo ver cómo está sucediendo esto, y no importa de dónde seas. Me resulta difícil seguir viendo estas imágenes. Pero como israelí, es difícil en más niveles de los que puedo expresar con palabras», admite Bartov en una extensa entrevista con El Independiente la semana en la que en España el debate a vueltas con el término «genocidio» ha centrado la escena política y la Comisión de Investigación de la ONU lo ha establecido como verdad. Bartov (Ein HaHoresh, Israel, 1954) estudió en la Universidad de Tel Aviv y es doctor por el St. Antony’s College de Oxford. Actualmente ejerce de profesor en la estadounidense Universidad Brown, donde ocupa el cargo de decano de los estudios de Holocausto y genocidio.

Pregunta.- Esta semana se han producido dos acontecimientos: la Comisión de Investigación de la ONU ha señalado que Israel está cometiendo genocidio en Gaza y, al mismo tiempo, Israel ha iniciado la invasión terrestre para ocupar Ciudad de Gaza…
Respuesta.- El documento de la Comisión de Investigación de la ONU es muy importante y debería tener repercusión, tanto en el Secretario General como, potencialmente en el futuro, en el Tribunal Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional, porque es la primera vez que la Comisión de la ONU hace una declaración de este tipo. Han trabajado en ella durante dos años. Por lo tanto, tiene carácter internacional. También es interesante que incluya el cuarto de los cinco tipos diferentes de acciones que podrían considerarse genocidas. En la Convención sobre el Genocidio de 1948, se incluyó la sección 4, que se refiere a la prevención de los nacimientos de un grupo étnico, lo cual es un hallazgo muy importante, en mi opinión [documenta el ataque y destrucción  de una clínica de fertilidad y de los 4.000 embriones y 1.000 muestras de esperma y huevos sin fertilizar que almacenaba]. Sin embargo, resulta obvio que no tiene ningún efecto inmediato, ya que Israel ha emprendido esta operación. No la detiene Estados Unidos, que podría impedirla en cualquier momento, ni la detienen los aliados europeos de Israel, que expresan su preocupación y demás, pero en realidad no hacen nada. Por lo tanto, en el futuro inmediato, no va a tener ningún efecto. Puede que tenga algún impacto intimidatorio sobre algunas personas en Israel, posiblemente miembros del ejército, y hemos visto indicios de ello. En primer lugar, el jefe del Estado Mayor está claramente descontento con esta operación y ha declarado públicamente que no cree que deba llevarse a cabo. Lo está haciendo bajo coacción.

En segundo lugar, su asesor jurídico principal, que es general, ha dicho que esta operación no puede llevarse a cabo porque no se han tomado las medidas suficientes para las personas que están siendo evacuadas de Gaza en cuanto al lugar al que irán. Dice que se trata de una operación que viola el derecho internacional. Ahora bien, podría haber hablado de la idea de infringir el derecho internacional desde hace dos años, y no lo ha hecho. Pero el hecho de que lo haga ahora es un indicativo de que en algunos círculos de Israel existe la preocupación de que eventualmente tengan que enfrentarse a la justicia y, por lo tanto, están tratando de cubrirse las espaldas emitiendo este tipo de declaraciones, ya sea el jefe del Estado Mayor o su asesor jurídico. Pero, en el futuro inmediato, esto no tiene ningún efecto, y el horror en Gaza continúa.

P.- La respuesta del Gobierno israelí fue la habitual: declarar “falso” el informe y acusar a sus autores de antisemitismo…
R.- Es básicamente basura. Siempre dicen lo mismo. No responden al contenido de ninguna de estas investigaciones. Y el informe de la Comisión de la ONU, aunque se basa en sus propias investigaciones, es similar al informe publicado por B’Tselem o Médicos por los Derechos Humanos en Israel y muchos otros. Hay un consenso de la mayoría de los estudiosos del genocidio en el mundo y de la mayoría de los expertos en derecho internacional de que lo que Israel está haciendo es genocidio. Así que descartarlo simplemente diciendo que todo es antisemita significa, en primer lugar, que al Gobierno israelí no le importa nada de esto. Y en segundo lugar, yo diría que sabe que, por ahora, puede actuar con impunidad. Y no importa lo que digan todas estas organizaciones, lo único que importa, en realidad, es una decisión de Estados Unidos, ya sea directamente por parte de Estados Unidos, es decir, que simplemente diga que hay que parar. Obviamente, si no se detiene, entonces no se obtendrán armas ni una decisión de la ONU de no vetar las resoluciones del Consejo de Seguridad. Y una resolución del Consejo de Seguridad sin el veto estadounidense impondría sanciones y un embargo militar a Israel. Eso es lo único que le preocupa a este Gobierno.Y mientras eso no ocurra, seguirá diciendo que es antisemita sin entrar en detalles.

P.- ¿Se puede prever una respuesta en esta línea de EEUU?
R.- Estamos en una situación muy curiosa en la que detener el genocidio en Gaza depende del presidente Trump. Quiere presentarse como alguien que trae la paz al mundo, mientras que en realidad está avivando cada vez más la violencia y el odio en los propios Estados Unidos y es aliado de los elementos más derechistas y ultraderechistas de todo el mundo. Así que es irónico. Pero la realidad es que, sin una decisión de Estados Unidos, y en este caso, directamente del presidente Trump, porque ahora mismo no hay nadie más en la administración estadounidense que haga o diga nada que no se ajuste a lo que Trump quiere que suceda, no pasará nada. Y no sabemos qué hará Trump. Parece que estaba algo molesto, por decirlo suavemente, por el ataque israelí a Qatar por diversas razones. Entre ellas, su propio compromiso con Qatar. Pero aún así ha dado luz verde a Israel. Al menos en Israel hay informes que indican que, en parte, las Fuerzas de Defensa de Israel no quieren actuar rápidamente en Gaza. Están ralentizando las cosas intencionadamente. Netanyahu está presionando para que actúen con rapidez, pero las Fuerzas de Defensa de Israel no se están moviendo con rapidez. Hay muchas razones para ello.

Es probable que Trump se impaciente, simplemente porque esto no lleva a ninguna parte y le está costando mucho dinero y reputación. Lo único que no quiere hacer es apoyar a un perdedor. Las Fuerzas de Defensa de Israel no están ganando. Solo están destrozando y matando a mucha gente, pero no están ganando. No es probable que ganen porque esto no es algo que se pueda ganar. Solo se puede matar y destruir más y más, pero al final no hay victoria. Pero cuándo tomará esa decisión es una incógnita. Y no sé si él lo sabe. Esta es la situación en la que nos encontramos ahora mismo. Sea lo que sea lo que decida España, no va a suponer ninguna diferencia para Israel. Tiene un efecto. Sin duda tiene un efecto, porque España se encuentra en un cruce de caminos en el Mediterráneo y puede complicarle un poco las cosas a Israel, pero no es algo que vaya a tener un efecto inmediato. Lo mismo ocurre con el reconocimiento del Estado palestino. Es algo importante porque, en última instancia, necesitamos una solución política y no hay otra solución política, pero no tendrá ningún efecto inmediato.

P.- ¿Hacia dónde se dirige Israel?
R.- Si se permite que esto continúe así, se convertirá en un estado de apartheid total, no solo apartheid en Cisjordania y asedio de Gaza, sino apartheid completo. Lo que quede de Gaza se creará siguiendo un modelo similar al que tenemos en Cisjordania. Mientras tanto, las tácticas de Gaza se están importando a Cisjordania, por lo que esta se está volviendo cada vez más violenta. Cada vez hay más limpieza étnica y violencia, y se utilizan más tanques y aviones en Cisjordania. Esto tendrá un efecto creciente en la población palestina que es ciudadana israelí. Ya hay una intimidación creciente. Y, en última instancia, lo que está ocurriendo ahora mismo es una represión creciente de cualquier oposición entre los ciudadanos judíos de Israel. Así que se convertirá en un Estado de apartheid, un Estado autoritario. La probabilidad de que las próximas elecciones sean plenamente democráticas está disminuyendo, si es que llegan a celebrarse, porque Netanyahu puede encontrar la manera de posponerlas, pero también puede prohibir los llamados partidos no sionistas, es decir, los partidos árabes, que representan el 20 % del electorado. Como resultado de ello, Israel se convertirá, y de hecho ya se está convirtiendo, en un Estado paria. Se trata de un proceso lento, pero está ocurriendo ante nuestros ojos.

En este momento, los israelíes están más preocupados por participar en Eurovisión que por cualquier otra cosa, pero eso es solo un indicio de lo que vendrá en el futuro. Y, como tal, si nada cambia, no creo que eso sea sostenible para el Estado de Israel. Por lo tanto, Israel no puede vivir como un Estado de apartheid durante más de una o dos décadas. La otra alternativa es una presión masiva sobre Israel por parte de sus aliados, porque lo que tenemos que entender es que Israel está recibiendo impunidad de los mismos Estados que dicen ser defensores del derecho internacional y los derechos humanos. Eso es lo que hace que, en muchos sentidos, el genocidio en Gaza sea único. Desde 1945, ha habido muchos genocidios, pero no fueron llevados a cabo por aliados de Gran Bretaña, Alemania, Estados Unidos o Francia. En este caso, cuenta con su apoyo. Son cómplices. No solo no están haciendo nada, sino que lo están apoyando. Lo están facilitando. Pero creo que si Israel se convierte en lo que podría llegar a ser, se distanciarán de él. Y sin esos aliados, se convertirá en un Estado marginal con una vida muy corta. Si actúan, incluso en interés del propio Israel, pueden salvarlo de eso y, obviamente, también salvar a los palestinos de todo a lo que están siendo sometidos.

Pero no veo que esto vaya a suceder. Los líderes europeos me parecen en gran medida ineficaces, paralizados. Hacen algunas declaraciones, pero nunca les dan continuidad. Tienen miedo de sus propios ciudadanos. Y Estados Unidos, no hace falta que se lo diga, se encuentra ahora en medio de su propio golpe judicial. Lo extraordinario de todo esto es que tanto Israel como Estados Unidos están mirando al pequeño país de Hungría como modelo de lo que quieren ser. Y ese es un modelo muy malo para ellos y un precedente muy malo para una Europa en la que la extrema derecha está creciendo a pasos agigantados.

P.- Y, entretanto, la sociedad israelí parece vivir en una burbuja…
R.- Sí. Es evidente que la población israelí vive en una burbuja. Y ha elegido hacerlo. Esto no es la Rusia soviética. Los israelíes pueden acceder a otros medios de comunicación para saber lo que ocurre en Gaza y cómo Israel se está aislando cada vez más en el mundo, pero eligen no hacerlo. Ven su propia televisión, que es totalmente cómplice del Gobierno, no porque se vea obligada a ello, sino porque así lo elige. Así que hay una enorme autocensura. Y la única forma de romper esta burbuja es mediante una terapia de choque importante para Israel. El 7 de octubre no fue esa terapia de choque. El 7 de octubre solo liberó las peores fuerzas de Israel. Permitió que el Gobierno más ultraderechista de la historia de Israel aprovechara la oportunidad para llevar a cabo lo que siempre había querido hacer, que es la limpieza étnica de los palestinos, para quedarse con la tierra de otras personas. Lo que Israel necesita es una terapia de choque que perjudique a los israelíes hasta tal punto que ya no puedan vivir en esa burbuja. Eso aún no ha sucedido. Yo diría que los elementos de extrema derecha en Israel probablemente cuentan con el apoyo de alrededor del 30 % de la población.

La mayoría de la población no está de acuerdo con ellos. La mayoría de la población querría destituir a este Gobierno porque lo considera corrupto, tanto moral como financieramente, y porque está llevando a cabo una guerra que la mayoría de los israelíes saben ahora que no es una guerra, sino solo un ejercicio político en el que, entre otras cosas, también están muriendo soldados israelíes. Pero eso no significa que la mayoría de los israelíes sepan lo que quieren. Saben que quieren que la guerra termine. No les importaría que, una vez terminada la guerra y regresados los pocos rehenes vivos, se les dijera que Gaza ha sido étnicamente limpiada. Así que no hay ninguna oposición que ofrezca una visión diferente. La mayoría de los israelíes son indiferentes al destino de los palestinos, están llenos de un sentimiento de venganza y sed de sangre, y no se les ofrece ninguna otra visión de futuro. Y eso también se aplica a los palestinos, por supuesto. No hay ningún líder con visión entre los israelíes, y Israel es el actor poderoso aquí, pero tampoco entre los palestinos. Y la única manera de permitir que estos elementos que existen pero que no pueden salir a la superficie emerjan es a través de una gran presión en Israel, una gran presión económica, una presión militar.

Una cosa extraña de lo que está sucediendo es que, a diferencia de la guerra en Ucrania, que en realidad no es fácil de detener porque Rusia no depende de Occidente, lo que está haciendo Israel se puede detener en una semana. Y ya se podría haber detenido en noviembre de 2023. Así que lo que falta es la voluntad de detenerlo. Y si no se para, se está condenando a los palestinos, pero también se está condenando a Israel a un lugar de marginalidad, criminalidad, aislamiento y eventual implosión por el simple hecho de no actuar. Y, por supuesto, aparte de todo esto, también se está destruyendo el imperio del derecho internacional. Se está destruyendo de forma diferente al hecho de que Sudán esté inmerso en una hambruna y un genocidio, o que China tenga sus propias políticas brutales contra los uigures, porque esos países, una vez más, no forman parte de la llamada coalición de países que apoyan el derecho internacional. Por lo tanto, esto está destrozando todo el imperio del derecho internacional, con consecuencias impredecibles para el futuro.

P.- ¿En qué debería consistir esa terapia de choque?
R.- España es un buen ejemplo, porque tomó la decisión de no mirar al pasado, lo que puede tener todo tipo de consecuencias. Personalmente, no estoy seguro de que sea lo correcto, viendo lo que ocurre en otros países. Para muchas naciones, la única forma de empezar a aceptar los errores del pasado es cambiar la propia sociedad. La UE es el socio comercial más importante de Israel. Si la prosperidad israelí, que era bastante exitosa en los años anteriores a 2023, comienza a erosionarse, si los israelíes sienten que no pueden ir a ningún lado, que no tienen dinero, que no pueden permitirse una vivienda, que no pueden permitirse la comida, entonces responderán. Si eso provoca un cambio de gobierno, ese gobierno tendría que, si la presión continúa, enfrentarse a las verdaderas raíces de lo que está sucediendo. La raíz es una sola: la ocupación. Esa es la raíz de todo lo que está sucediendo hoy en Israel, y siempre ha sido la raíz desde 1967 y, de hecho, desde 1948.

Si se inicia un proceso para reconocer que esa es la raíz del problema, tarde o temprano habrá que mirar atrás y reconocer los errores del pasado. Y eso es lo que Oslo no hizo. Oslo se negó a hacerlo. Y eso fue parte del problema con Oslo. Eso no significa que se pueda revertir el mal. No se puede revertir la Nakba, pero se puede abordar. Obviamente, no se puede devolver la vida a las decenas de miles de personas que han muerto en Gaza, pero se puede abordar la situación en Gaza. Israel podría haberlo hecho ya en octubre de 2023. Podría haber dicho a la población palestina: «Hamás es malo para vosotros y malo para nosotros. Queremos destruir Hamás y queremos ayudaros a construir una sociedad diferente». Pero no lo hizo porque no quiere hacerlo, no este Gobierno. Una vez que se pone en marcha un proceso de lo que se podría llamar verdad y reconciliación, que se basa en una visión de futuro, parte de ese proceso consiste en afrontar el pasado.

Eso es lo que ocurrió en Alemania. Eso es lo que acabó ocurriendo en Francia. Eso es lo que acabó ocurriendo en Polonia. Lleva mucho tiempo, pero tiene que producirse un proceso político diferente, y ese proceso aún no ha comenzado. De hecho, no hay ningún indicio de ello, ni siquiera se imagina. Hay algunos grupos pequeños que están hablando de ello, como una tierra para todos, que creo que es el mejor plan que hay en el mercado en este momento. Pero por ahora, sin un cambio en las condiciones materiales en las que vive la gente, no va a despegar. Hay que trabajar en ello porque, una vez que eso ocurra, una vez que la gente diga: «Vale, no podemos aguantar más. Necesitamos algo más. Esto no funciona. Nuestros hijos no tendrán futuro». Unas 100.000 personas se han ido de Israel, y muchas de ellas son personas del sector de la alta tecnología, profesionales, médicos, abogados, ingenieros, personas, y no necesariamente por razones políticas, sino porque no quieren esa sociedad. También se está volviendo cada vez más religiosa, cada vez más intolerante. No quieren que sus hijos crezcan en ella. Cuando más gente lo entienda, las cosas cambiarán. Pero mientras no lo hagan, es fácil intimidarlos, decirles que hay otro Holocausto a la vuelta de la esquina. Y que todos los miembros de Hamás son nazis. Los palestinos, todos ellos, ninguno está al margen. Y utilizar este genocidio, la retórica, para continuar con la violencia e intentar implementar lo que quieren hacer estas personas de extrema derecha: quedarse con la tierra en la que viven otras personas.

P.- Establece que se podría hablar de genocidio en Gaza desde mayo de 2024. ¿Cuáles son los elementos que le hacen defender esa etiqueta?
R.- El principal detonante para mí fue cuando las Fuerzas de Defensa de Israel entraron en Rafah, donde se encontraba entonces la mitad de la población de Gaza, la mayoría de ellos desplazados de otros lugares, de otras ciudades y pueblos, que fueron destruidos tan pronto como los abandonaron. Cuando las FDI quisieron entrar a Rafah, trasladaron a un millón de personas a Al Mawasi sin ninguna infraestructura humanitaria. Y luego destruyeron Rafah. En agosto, estaba destruida. Así que, en ese momento, llegué a la conclusión de que lo que las FDI intentaron hacer no era cumplir los objetivos oficiales de la guerra, que eran destruir Hamás y liberar a los rehenes, lo que a primera vista parecía razonable, sino más bien llevar a cabo las declaraciones que habían hecho Netanyahu, Gallant y otros, lo que básicamente consistía en hacer que la Franja de Gaza fuera totalmente inhabitable para su población. Es decir, llevar a cabo una limpieza étnica. Y como la gente no tiene adónde ir, no puede abandonar el lugar, ya que cualquier rincón de la Franja de Gaza al que vayan es atacado, el resultado de eso es genocida.

A veces se retrasaba debido a los altos el fuego que se imponían a Israel, pero se trataba de un intento constante de empujar a la población hacia la esquina suroeste de la Franja de Gaza. Así que un lugar que era uno de los más densamente poblados del mundo, ahora la población se ve reducida al 20 % de eso. Y eso es lo que está ocurriendo ahora con Ciudad de Gaza. Para mí, en mayo de 2024 estaba claro que se trataba de un genocidio o una limpieza étnica, si se quiere. Era un genocidio como resultado de la campaña israelí para expulsar a la población de Gaza. Por lo tanto, está debilitando a la población, matando a un gran número de personas e intentando destruir, de forma sistemática, no solo sus viviendas, sino todo lo que haría posible que ese grupo se reconstituyera si alguna vez tuviera la oportunidad de hacerlo. Es decir, escuelas, universidades, mezquitas, archivos, museos, todo. Y eso es sistemático. Desde entonces, se ha alcanzado un consenso entre los estudiosos del genocidio, los expertos en derecho internacional y las ONG, en el sentido de que se trata efectivamente de una operación de genocidio. Y en ese sentido, el informe de la Comisión de las Naciones Unidas es concluyente.

P.- Y, a pesar de ello, la mayoría de los políticos y gobernantes occidentales se niegan a acuñar el término “genocidio” a pesar de que está siendo retransmitido al minuto…
R.- Todos los países que son signatarios de la Convención sobre el Genocidio, incluidos Israel y Estados Unidos, que es una convención sobre la prevención y el castigo del delito de genocidio. Lo que significa que, a diferencia de lo que dijo, no tenemos que esperar a que los historiadores juzguen o incluso a que el Tribunal Internacional de Justicia juzgue. Si eres signatario de la Convención sobre el Genocidio como jefe de Estado, tienes que actuar para prevenirlo cuando crees que va a ocurrir, para detenerlo cuando está ocurriendo y para castigar a quienes lo han llevado a cabo. Así que, si reconoces que lo que está haciendo Israel es genocidio, tienes que actuar, tienes que hacer algo. Lo que estamos viendo ahora es en parte similar a lo que vimos en 1994 con el genocidio de Ruanda, cuando Estados Unidos se negó a reconocerlo como genocidio, aunque era claramente un genocidio. Todo el mundo sabía que era pero pensaba que, si lo decía, se vería obligado a actuar, y no quería actuar.

En parte, tiene también que ver con algo muy diferente. Tiene que ver con el legado histórico y con el extraordinario escándalo de que el país que se creó a raíz del Holocausto, y que se creó el mismo año en que la ONU adoptó la Convención sobre el Genocidio, ahora esté involucrado en un genocidio, lo cual parece imposible de aceptar. Y para los países que, con el tiempo, asumieron gradualmente la responsabilidad de lo que les sucedió a los judíos en el Holocausto, hablar ahora del Estado de los judíos llevando a cabo un genocidio parece, en mi opinión, un paso muy difícil de dar para muchos políticos, a pesar del gran cambio en la opinión pública. Y lo último que diré es que creo que en muchos países europeos y en Estados Unidos, hay mucha xenofobia e islamofobia. Por eso, cuando el canciller Merz dice que Israel está haciendo el trabajo sucio por nosotros, es decir, que los judíos están haciendo el trabajo sucio por nosotros es una buena declaración antisemita. Lo que quería decir es que, en su opinión, los israelíes están luchando contra los musulmanes, contra los árabes, contra todas aquellas personas que tampoco queremos en Europa. Por eso creo que parte de lo que se ve en Europa, sin duda entre las élites políticas, es este sentimiento de que nos sentimos incómodos con ello porque se supone que debemos proteger los derechos humanos. Pero, por otro lado, están luchando contra el fundamentalismo. Están luchando contra todos esos elementos terroristas que también existen en nuestros países. Y nos gusta lo que están haciendo. Así que, si se juntan esas tres cosas, creo que se empieza a explicar por qué Israel disfruta de esta impunidad.

P.- Alemania es uno de los países de la UE que, con su pasado, ha bloqueado las sanciones contra Israel. ¿Cómo usa Israel la memoria del Holocausto?
R.- Israel está utilizando el Holocausto y las acusaciones de antisemitismo en Alemania y en otros lugares, no solo en Alemania, por supuesto. La IHRA, con su terrible definición de antisemitismo, se está adoptando cada vez más en Estados Unidos, incluidas la Universidad de Columbia y la Universidad de Harvard. Así que Israel está haciendo un muy buen trabajo en ese sentido, silenciando el discurso mediante referencias al Holocausto y acusaciones de antisemitismo, que en general son totalmente falsas. En Alemania, esto tiene una resonancia especial, por supuesto. Ningún alemán que se precie -político, académico, intelectual o personalidad de los medios de comunicación- querría que le llamaran antisemita. Les da mucho miedo. Eso no significa que no haya cambios en Alemania.

P.- ¿Está Israel su crédito histórico?
R.- Sí. Ha agotado el crédito del que disfrutó durante décadas al utilizar el Holocausto como carta blanca para actuar de formas que, de otro modo, serían claramente indefendibles. No se puede justificar el genocidio hablando del genocidio. No se puede hacer eso. No se puede decir que hubo un genocidio contra nosotros y podemos cometer genocidio contra otros. E Israel lo ha hecho ahora. La destrucción de Gaza está transformando rápidamente la sociedad israelí, la política israelí, el sistema judicial. Israel ya no podrá seguir afirmando que es la única democracia en Oriente Medio. Se convertirá en un Estado que ya no tendrá ninguna autoridad moral frente a sus aliados y partidarios más cercanos. Y sí, se está quedando sin ella. Por supuesto, hay personas en Israel que son conscientes de ello y que hablan de ello, pero ahora mismo no tienen ningún poder.

P.- ¿Es posible comparar el Holocausto con el genocidio que se está produciendo ahora mismo en Gaza?
R.- No. Es caer en los argumentos esgrimidos por Israel. Después del 7 de octubre, inmediatamente el Hasbará israelí [un término utilizado para describir los esfuerzos de relaciones públicas y propaganda llevados a cabo por el Estado de Israel para promover una imagen positiva del país] dijo: “Esta es la mayor matanza de judíos desde el Holocausto”. Y entonces se llamó nazis a Hamás, y todavía lo siguen haciendo. Y así, la idea general era que ellos querían hacernos un Holocausto y, por lo tanto, nosotros podíamos hacerles lo que quisiéramos, porque eran nazis. Y ahora dar la vuelta a la tortilla y decir: «No, en realidad son los israelíes los que están cometiendo un Holocausto contra los palestinos». Creo que cuando se comparan cosas con el Holocausto, siempre se sale perdiendo. El Holocausto fue, de hecho, el genocidio más grande y extremo de la era moderna. Y no hace falta decir que algo se parece al Holocausto para decir que es un genocidio. Hubo muchos, muchos genocidios antes y después del Holocausto. Cada uno tenía sus propias características. Este es uno de ellos. No hay campos de exterminio en Gaza. No hay fosas comunes en Gaza, pero sí hay un genocidio en Gaza. Y lo que hay que preguntarse es si lo que está ocurriendo en Gaza se parece o se ajusta a la definición de genocidio de la Convención sobre el Genocidio, no al Holocausto. Yo dejaría fuera el Holocausto. Está en la mente de todos. Contamina la mente de la gente, pero no es una buena analogía.

P.- El debate público de esta semana en España ha girado en torno a la calificación de genocidio en Gaza. La mayoría de los ministros españoles comenzaron esta semana a utilizar la designación de genocidio, incluido el presidente del Gobierno. Por otro, el principal partido de la oposición, el PP, se negó a hablar de genocidio. Su líder optó por tirdarlo de “masacre”…
R.- Esto no es sorprendente. No hace falta que te diga que en España, Portugal, Alemania, Italia y Francia hay mucho sentimiento antiinmigrante y antimusulmán. Y como muchos elementos de la derecha, conservadores y, por supuesto, de la extrema derecha ven a Israel como un país que lucha contra esas personas que no queremos en nuestros propios países. Hay un cierto apoyo a lo que está haciendo Israel. Y por eso es difícil no condenarlo y expresar preocupación. Pero una vez que lo llamas genocidio, eso significa, en primer lugar, tienes que tomar medidas. Y en segundo lugar, es el crimen de los crímenes. Creo que es más comprensible que comience en los círculos de izquierda y liberales. Netanyahu ha descubierto que él y las personas de su entorno pueden trabajar bien con elementos de la política europea y estadounidense cuyas propias predilecciones son en realidad antisemitas porque son intolerantes, porque son antimusulmanes, antiinmigrantes y antijudíos. Es parte del mismo paquete, pero comparten una ideología etnonacionalista.Y por eso se lleva bien con gente como Orbán, Le Pen o Meloni. Así que esta tendencia concreta en la política israelí se ha fortalecido, la de trabajar con gente intolerante como nosotros. Quieren un Estado etnonacional.

P.- Es un experto en el Holocausto, y al mismo tiempo ha crecido en Israel. ¿Qué tan doloroso es para usted reconocer que Israel está cometiendo un genocidio?
R.- Es doloroso y horrible solo ver cómo está sucediendo esto, y no importa de dónde seas. Me resulta difícil seguir viendo estas imágenes. Pero como israelí, es difícil en más niveles de los que puedo expresar con palabras. Crecí en un hogar sionista. Serví en el ejército israelí. Creo, y sigo creyendo, en el derecho de Israel a existir. Me veía a mí mismo, y en cierto modo sigo viéndome, como sionista, lo que significa que los judíos tienen derecho a la autodeterminación como cualquier otro grupo nacional. Pero la forma en que se ha convertido Israel, el sionismo que ahora dice tener, el régimen que ha creado, el racismo en Israel, la intolerancia en Israel, la violencia, el odio, son cosas que no puedo apoyar, ideológica y políticamente. Y, personalmente, tomé la decisión de que ahora no puedo ir allí. Tengo familia en Israel, tengo amigos en Israel. Y sé que los sentimientos de mis amigos son tales que prefiero no ir y hablar con ellos. Ese lugar se ha alejado de mí, y yo me he alejado de él. Solo rezo para que eso cambie, porque hay gente muy diferente en Israel. Son personas muy creativas, muy buenas, muy admirables, y tengo el privilegio de conocer a algunas de ellas. Pero hay una ola oscura que se ha apoderado de ese país, y me resulta muy doloroso verlo. Y pienso en mi padre, que fue sionista toda su vida. Nació en Palestina. Luchó en varias guerras, incluida la Segunda Guerra Mundial. Falleció en 2016 y describió a Netanyahu como el destructor del sionismo. Y me alegro de que ya no esté vivo para ver lo que le ha pasado a ese país. Pero para mí, que ahora tengo 71 años, ver lo que ha pasado es desgarrador. Es absolutamente desgarrador.

P.- ¿Es Israel un sueño convertido en pesadilla?
R.- Sí, en cierto modo, se ha convertido en una pesadilla. Ese sueño parte de la psique israelí. Hay mucha gente a la que le gustaría despertarse mañana y que le dijeran que los palestinos han desaparecido, y no harían preguntas. Así que ese sueño sigue ahí. Pero, por supuesto, es un sueño genocida. Es la esencia misma del genocidio. Es querer que todo un pueblo desaparezca, y no solo matarlo o eliminarlo, sino también olvidar que alguna vez existió, encubrirlo todo, escribir una historia que lo excluya. De eso se trata el genocidio. Por cierto, eso es lo que los nazis intentaron hacer con los judíos. Fallaron. Pero eso es lo que querían hacer, no solo matar a los judíos, sino también borrar el recuerdo de que alguna vez fueron judíos y de que los mataron. Y ese es un sueño que, por supuesto, es una pesadilla.

P.- Y, aún así, ¿guarda algún resquicio de esperanza?
R.- En el caso de Israel, tengo que mantenerme optimista. Si no se ejerce una presión masiva sobre Israel, este país va camino de convertirse en un estado autoritario y de apartheid, y como tal, no durará mucho tiempo. Y tal vez pase por un proceso similar al de Sudáfrica en unos años, solo que creo que será mucho más sangriento. Sigo esperando que se ejerza presión y que esto cambie. En cuanto al estado de derecho de la comunidad internacional, hay que seguir siendo optimista y hay que luchar por él, porque si desaparece, hay que pensar: ¿cuál es la alternativa? Y la alternativa es la política de las grandes potencias como Estados Unidos, Rusia y China. Entonces nos encaminamos hacia un futuro muy oscuro. Hay mucha gente en el mundo que entiende cuáles fueron las raíces de la creación de este sistema, que es defectuoso, precario y que no funciona muy bien. Pero la alternativa es mucho peor. Si se pierde la esperanza en cualquiera de los dos casos, tanto en el de Israel como en el de la comunidad internacional, se está facilitando el trabajo a aquellos que quieren destruirlo. Y no quiero unirme a ese grupo. Por eso prefiero intentar pensar en alternativas."

(Francisco Carrión, Other News, 23/09/25)

2/9/24

Cuando los ricos mueren en el mar, lloramos, pero cuando mueren los más pobres, bostezamos... Las 3.000 muertes de migrantes apenas han tenido repercusión en la mayoría de los principales medios de comunicación del mundo, pero este verano una única tragedia en el Mediterráneo ha acaparado los titulares de todo el mundo... El barco que se hundió era un yate de lujo con el mástil de aluminio más alto del mundo. Y entre las víctimas del naufragio de ese superyate se encontraba el director ejecutivo de alta tecnología que una vez fue aclamado como el «Bill Gates británico» (Sam Pizzigati, Institute for Policy Studies)

 "3.000 inmigrantes que huían de la pobreza y los conflictos, según señaló recientemente el Consejo de Relaciones Exteriores, murieron el año pasado intentando cruzar el Mediterráneo hacia Europa.

Estas muertes apenas tuvieron repercusión en la mayoría de los principales medios de comunicación del mundo. Pero este verano una sola tragedia en el Mediterráneo ha acaparado los titulares de todo el mundo.

El lunes 19 de agosto, en medio de una temible tormenta repentina, un barco considerado «insumergible» se hundió frente a la costa de Palermo, en Sicilia. Siete de las 22 personas que iban a bordo perecieron.

¿Qué hizo que este hundimiento fuera tan noticiable? El barco que se hundió era un yate de lujo con el mástil de aluminio más alto del mundo. Y entre las víctimas del naufragio de ese superyate se encontraba el director ejecutivo de alta tecnología que una vez fue aclamado como el «Bill Gates británico».

El propietario del yate, Mike Lynch, había imaginado este viaje como una celebración de más de una década de duración. Pocas semanas antes, tras años de batallas legales, un jurado federal del norte de California había absuelto a Lynch y a uno de sus vicepresidentes de los cargos de haber inflado artificialmente el valor de la empresa de software de Lynch. Esa inflación, según los fiscales, había sellado la venta de la empresa en 2011 a Hewlett-Packard por más de 11.000 millones de dólares, un acuerdo que le reportó a Lynch unos 800 millones de dólares.

Pero un año después de la venta, el valor de la empresa de Lynch se había desplomado en unos 8.800 millones de dólares, y H-P remitió las acusaciones de irregularidades contables contra Lynch a la Oficina de Fraudes Graves británica y a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos. Las denuncias acabaron con una victoria de H-P en la demanda civil y una condena penal en 2019 de un ejecutivo clave de la empresa de Lynch.

Lynch, de 59 años, y su vicepresidente financiero, Keith Chamberlain, tendrían mucha más suerte en su propio juicio penal por cargos similares. Por desgracia para ellos, nunca podrán disfrutar de su absolución. Lynch se ahogó en el naufragio de su yate, al igual que el principal abogado litigante de Lynch y el presidente de la rama internacional del gigante financiero Morgan Stanley, testigo estrella de la defensa de Lynch.

¿Qué hizo que el naufragio del yate de Lynch resultara especialmente irresistible para los medios de comunicación de todo el mundo? El mismo día del naufragio se supo que Chamberlain, coacusado de Lynch y absuelto, acababa de morir atropellado mientras hacía footing. ¿Una mera coincidencia? ¿Y cómo pudieron el capitán del superyate de Lynch y toda su tripulación menos uno escapar con vida del hundimiento del barco mientras Lynch y otros seis pasajeros perecían? Carne tan jugosa para interminables especulaciones conspirativas.

Pero no necesitamos recurrir a teorías conspirativas para entender por qué el yate de 25 millones de dólares de Lynch se hundió tan rápidamente aquella noche de tormenta. La culpa corresponde en gran parte al cambio climático, no a una cábala de sus rivales corporativos multimillonarios.

En junio pasado, según un nuevo análisis del Financial Times, la temperatura del agua en el Mediterráneo había aumentado durante 15 meses seguidos. El aumento de la temperatura del agua provoca fenómenos meteorológicos cada vez más extremos. Uno de ellos -una tromba de agua parecida a un tornado con «vientos feroces» que aullaban a casi 70 millas por hora- azotó justo cerca de donde Lynch había anclado su superyate por última vez.

Sólo pasaron 16 minutos entre el momento en que los vientos azotaron el yate y el momento en que se hundió. Ese «rápido hundimiento de un yate tan grande, moderno y bien equipado», añade el Financial Times, «ha suscitado preocupación por la seguridad marítima a medida que los fenómenos meteorológicos extremos se suceden con mayor frecuencia e intensidad.»

En otras palabras, más vale que los superyates que suelen pasar los veranos en el Mediterráneo y los inviernos en el Caribe tengan cuidado.

Pero los mega-ricos que poseen estos yates no tienen, en cierto sentido, más culpa que ellos mismos. Nuestro planeta sigue negando la crisis climática en gran medida porque los más ricos tienen mucho que perder si el mundo se toma en serio la necesidad de poner fin a las prácticas empresariales derrochadoras que están provocando el colapso climático del planeta.

Entre los más ricos se encuentran, por supuesto, los principales ejecutivos e inversores de la industria de los combustibles fósiles. Pero todos nuestros súper ricos, no sólo los reyes de las grandes petroleras, tienen un interés personal en «calmar» la ansiedad climática. Enfrentarse al caos que ya han creado los combustibles fósiles -y acelerar una transición que tenga en cuenta a los trabajadores hacia un futuro sin carbono- requerirá enormes recursos financieros.

El mundo sólo podrá reunir esos recursos si los ricos y sus empresas empiezan a pagar la parte de impuestos que les corresponde.

Un impuesto de entre el 1,7% y el 3,5% sobre la riqueza del 0,5% más rico del mundo, sugiere la Red de Justicia Fiscal, con sede en el Reino Unido, podría recaudar anualmente 2,1 billones de dólares. La mayoría de las naciones más ricas del mundo, señala Alison Schultz, de la Red por la Justicia Fiscal, rehúyen esta sugerencia."            

(Sam Pizzigati escribe sobre desigualdad para el Institute for Policy Studies, Brave New europe, 01/09/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4/12/23

Un concejal, Daniel Pérez, ha dejado en las redes su satisfacción por el atentado a Alejo Vidal-Quadras. “Hoy es un buen día”. Lo cerró a la noche cuando se supo que lo que estaba determinado a ser mortal se convertía en grave. “No acabó siendo un buen día”, manifestó al enterarse... Lo que distingue a un grupo político de una organización de malhechores, de una mafia, es que tienen muy clara la diferencia entre un crimen y una opción política (Gregorio Morán)

 "(...) Un concejal de los Comunes en el Ayuntamiento de Cubelles, una población de Barcelona a la vera de Tarragona, independentista irredento él y muy suyo, Daniel Pérez, ha dejado en las redes su satisfacción por el atentado a Alejo Vidal-Quadras. “Hoy es un buen día”. Lo cerró a la noche cuando se supo que lo que estaba determinado a ser mortal se convertía en grave. “No acabó siendo un buen día”, manifestó Pérez al enterarse.

No creo que esos discursos de odio, criminales en esencia, deban llevarse a los tribunales porque eso convertiría a la sociedad en Juzgados de Primera Instancia, pero sí existe una responsabilidad de partido, de grupo, de filiación y hasta de ciudadanía. Lo que distingue a un grupo político de una organización de malhechores, de una mafia, es que tienen muy clara la diferencia entre un crimen y una opción política. Si no es así estamos jodidos."

( , Vox Populi, 02/12/23)

10/11/23

La culpa puede convertirse en un mero gesto sentimental que ensombrece nuestra mirada sobre el futuro... como cuando el vicecanciller alemán Robert Habeck, en alusión a la barbarie cometida por Hamás, decía que, tras el Holocausto, la fundación de Israel “fue una promesa de protección a los judíos, y Alemania está obligada a garantizar que se cumpla”... El problema de asumir las razones de Alemania o Europa y aceptar nuestra “relación especial” con Israel desde la idea de la culpa es que abandonamos el imperativo de la responsabilidad política con el presente y con el futuro... La responsabilidad nos proyecta hacia el futuro mientras que el lamento de Habeck participa de ese lenguaje de la inculpación tan proclive al ensimismamiento y la actitud defensiva, ese que nos impide pensar en términos políticos sobre lo que debemos cambiar para que la historia no se repita... La forma en que normalizamos los crímenes de guerra, volviéndolos corrientes y asumibles (en definitiva, más “pensables”) es una expresión de la banalidad del mal... banalizamos el mal al normalizar la vulneración del derecho humanitario internacional a manos de Israel. Asumir nuestra responsabilidad política no solo implica condenar y trabajar para frenar las matanzas, sino velar por el mantenimiento de la legitimidad de las instituciones internacionales que fueron pensadas para evitar que la historia se repitiera... ¿cómo mantendremos con vida a la ONU? (M. Martínez-Bascuñán)

 "La culpa puede convertirse en un mero gesto sentimental que ensombrece nuestra mirada sobre el futuro. Pensé en esta idea de Hannah Arendt al ver las declaraciones del vicecanciller alemán, Robert Habeck, en alusión a la barbarie cometida por Hamás, en las que decía que, tras el Holocausto, la fundación de Israel “fue una promesa de protección a los judíos, y Alemania está obligada a garantizar que se cumpla”. La responsabilidad especial con Israel, añadía, “surge de nuestra responsabilidad histórica”. 

Curiosamente, sus palabras sonaban más a culpa que a responsabilidad, algo de lo que Arendt sabía bastante. La responsabilidad nos proyecta hacia el futuro mientras que el lamento de Habeck participa de ese lenguaje de la inculpación tan proclive al ensimismamiento y la actitud defensiva, ese que nos impide pensar en términos políticos sobre lo que debemos cambiar para que la historia no se repita. La culpa tiene, en fin, un regusto religioso: busca purgar un castigo, la catarsis, y provoca más resentimiento que el hacernos cargo de una situación, pues acaba alumbrando esa moral esclava que permea la cultura occidental.

El problema de asumir las razones de Alemania o Europa y aceptar nuestra “relación especial” con Israel desde la idea de la culpa es que abandonamos el imperativo de la responsabilidad política con el presente y con el futuro. La forma en que normalizamos los crímenes de guerra, volviéndolos corrientes y asumibles (en definitiva, más “pensables”) es una expresión de aquella banalidad del mal que Arendt denunciaba en su célebre ensayo sobre Eichmann, donde, por cierto, criticaba que Israel utilizara el juicio para legitimar su autoridad moral y sus aspiraciones nacionales, denunciando lo problemático que resultaba que enjuiciara a Eichmann en nombre de su propia población. El exterminio nazi se extendió a grupos sociales que también incluían a gitanos, homosexuales o discapacitados, así que sus crímenes no atentaban solo contra ellos sino contra la humanidad entera. 

De ahí que establecer el tribunal en Israel fuese problemático desde la moral universal que habita en el pensamiento de Arendt, contraria a la forma en que Ben Gurión utilizó el juicio para “fortalecer la conciencia judía” en un Estado que debía “desarrollarse forzosamente en unas circunstancias de pluralidad política e histórica”. La valentía de Arendt incluyó la crítica al súbito interés alemán en enjuiciar en su propio territorio al llamado “comando Eichmann” apenas siete meses después de la llegada del jerarca nazi a Jerusalén.

Estos episodios de la memoria europea dificultan abandonar el fango de la culpa mientras banalizamos el mal al normalizar la vulneración del derecho humanitario internacional a manos de Israel. Asumir nuestra responsabilidad política no solo implica condenar y trabajar para frenar las matanzas, sino velar por el mantenimiento de la legitimidad de las instituciones internacionales que fueron pensadas para evitar que la historia se repitiera. Mientras Europa se flagela por los errores del pasado y pierde su menguante autoridad moral, ¿cómo mantendremos con vida a la ONU? ¿Cómo abordaremos su adaptación a los nuevos equilibrios globales? ¿Hay alguien preocupado por esto?"              (Máriam Martínez-Bascuñán , El País, 05/11/23)

19/10/23

Una rave junto al campo de concentración, es la expresión grosera que define de manera precisa el conflicto entre Palestina e Israel... Una sociedad que asume con normalidad realizar una fiesta al lado de un campo de concentración es un ejemplo perfecto de la banalidad del mal... otro, era la atracción turística para judíos de todo el mundo, llamada 'Gaza border experience', en el que se llevaba a los turistas a hacerse fotos junto a la valla. Incluso los llevaban a pasear en carritos de golf junto a los tanques que patrullan el área de exclusión manteniendo a los gazatíes entre la valla y el mar. Una experiencia completa (Antonio Maestre)

 "A solo tres kilómetros de la frontera del mayor campo de concentración de la historia contemporánea, que es Gaza, se estaba produciendo este sábado un festival de música por la paz. Lo sabemos porque fueron uno de los objetivos principales de los terroristas de Hamás cuando realizaron su incursión en Israel asesinando a muchos de sus participantes. El horror llegó a la fiesta y nadie merecía ese final porque, como dice la periodista israelí Amira Hass, el derramamiento de sangre no sabe de fronteras. Esa rave es una expresión grosera que define de manera precisa el conflicto entre Palestina e Israel. Una concreción inmoral que ayuda a comprender la relación de occidente con el sufrimiento del pueblo palestino. Una sociedad que asume con normalidad realizar una fiesta al lado de un campo de concentración es que ha metabolizado aquello que sufrió, la banalidad del mal.

La guerra es sucia, dura y cruel. Sobre todo, es injusta. Los terroristas de Hamás no preguntaron a quien asesinaron sus opiniones políticas, del mismo modo que un soldado israelí no discriminaría a Juan Soto Ivars por verle ese pelito si se cruzara con él en una calle de Gaza en medio de una redada. Sí, iba a darse cuenta de lo que iba a ser una cancelación de verdad, porque estos canallitas se creen que los defensores del orden y la seguridad no iban a sufrir la represión de las fuerzas del orden si les pillara alguna vez en la calle haciendo su trabajo. Se piensan que solo mueren bajo esas premisas los "buenistas" de izquierdas.

Israel comenzó un proceso de limpieza étnica en 1948 que dura hasta nuestros días. Lo que Ilan Pappe llama genocidio permanente. No hay una sola piedra, pueblo, villa o suceso que haya sucedido hoy y que no tenga su representación en un conflicto centenario para ayudar a comprender por qué una milicia como Hamás entra a realizar un ataque tan brutal como hizo el sábado. Una de las ciudades atacadas por Hamás fue Sederot, una ciudad de Israel que se encuentra a 1 km de la franja de Gaza. Esta ciudad antes fue una aldea palestina que sufrió el proceso de limpieza étnica en 1948. Donde ahora está la ciudad israelí de Sederot hubo un tiempo en el que estuvo la aldea palestina de Najd. Un pequeño asentamiento que la Brigada Negev arrasó en 1948 y de la que expulsó a sus 719 habitantes a los los campos de refugiados donde ahora se encuentra la Franja de Gaza. Uno de esos campos de refugiados es el de Jabalia, que ha sido bombardeado en represalia por las fuerzas aéreas de Israel, porque los campos de refugiados que surgieron de la limpieza étnica de 1948 ahora son ciudades bombardeadas por los mismos que los provocaron continuando ese proceso genocida.

 Ese proceso de expulsión de los palestinos de multitud de aldeas que ahora ocupan colonias y pueblos israelíes es el que permite realizar una rave a tres kilómetros de la valla que separa Gaza de Israel. No solo hacen fiestas, en el kibutz de Kfar Azar, que fue uno de los arrasados por los terroristas de Hamás y de donde salió la noticia falsa de los 40 bebés decapitados, había una atracción turística para judíos de todo el mundo. Lo llamaban 'Gaza border experience' y en el espectáculo se llevaba a los turistas a hacerse fotos junto a la valla que mantiene encerrados en un campo de concentración a más de 2 millones de personas, incluso los llevaban a pasear en carritos de golf junto a los tanques que patrullan el área de exclusión manteniendo a los gazatíes entre la valla y el mar. Una experiencia completa.

Uno de los problemas fundamentales del conflicto es la humillación sistemática a la que Israel y una buena parte importante de su población, sobre todo los colonos, han sometido a los ciudadanos de Gaza y Cisjordania hasta convertirlo en un zoo y un espectáculo a donde llevar a sionistas de todo el mundo como si fuera un parque temático. Es normal tener esa apreciación del pueblo palestino cuando el ministro de Defensa Yoav Gallant avisó a la población civil de que los trataría como animales. Estos días hemos visto a analistas en España diciendo que el ataque terrorista de Hamás no se puede mirar como una parte más del conflicto, como si pudiéramos extirpar 50 años de ocupación, represión, asesinatos y crueldad para entender por qué unas milicias entran con parapentes desde Gaza a asesinar a todo aquel que se encuentran por su camino. Es una buena manera de limpiar sus conciencias para no reconocer que durante años han mirado para otro lado cuando Israel cometía crímenes de guerra contra la población civil y así evitar reconocer que tiene una concepción racista del dolor. Un niño israelí les duele, uno palestino es escoria desechable.

Es comprensible adoptar esta posición para poder vivir consigo mismo, lo entiendo, son los mismos que están defendiendo de manera radical el derecho de Ucrania a expulsar de su territorio al invasor ruso. Un derecho a la defensa que comparto y he defendido. Pero la hemiplegia moral que no se alcanza bien a comprender es aquella que impide aplicar ese mismo principio a la población palestina contra Israel. No se puede equiparar a Hamás con Palestina, dicen para lavar sus complejos, sin entender que Hamás es una expresión radicalizada de la humillación sistemática que Israel comete sobre Palestina. Los crímenes de guerra de Hamás son una creación sionista, lo son porque los niños gazatíes no tienen otra salida que resistir ante el invasor de cualquier modo posible, los violentos también, aunque no sean los únicos. Los palestinos también fueron masacrados en su marcha pacífica a la frontera en 2018. ¿Lo recuerdan? Nada, qué van a recordar.

Los palestinos son un pueblo entrañable que merece toda nuestra defensa solo cuando asumen de manera pasiva el martirio de décadas de opresión de Israel, si mueren, si son masacrados, si se mantienen quietos en su campo de concentración merecen todo nuestro respeto. No haremos nada por ellos, no levantaremos la voz contra Israel, no denunciaremos sus crímenes de guerra, pero les reconoceremos la legitimidad de su sufrimiento. Mientras sigan sufriendo. Pero si resisten, si se rebelan, si se atreven a devolver solo una parte ínfima del dolor que les causamos, entonces solo serán unos terroristas que merecen ser arrasados y aniquilados."                    (Antonio Maestre, blog, 11/10/23)

26/6/23

Lucha de clases hasta en la mar... Diferencias entre rescatar millonarios o pobres... LOS MILLONARIOS (buscan a 5 millonarios de un sumergible: con 4 buques 10 helicópteros de EE.UU Un robot submarino francés 2 aviones de Canadá... LOS POBRES: Han muerto 700 migrantes pobres a la deriva; esperaron 7 horas para rescatarles (El Necio)

El Necio @ElNecio_Cuba

Lucha de clases hasta en la mar Diferencias entre rescatar millonarios o pobres.

LOS MILLONARIOS (buscan a 5 millonarios que se metieron en un sumergible para ver los restos del Titanic.):
4 buques 10 helicópteros de EE.UU Un robot submarino francés 2 aviones de Canadá .

POBRES: Han muerto 79 Y 700 migrantes pobres a la deriva en el Mar Jónico esperaron 7 horas para rescatarles.

Unos tendrán su película de Netflix. A los otros les espera el fondo del mar o una tumba sin nombre en un cementerio de Grecia.

10:19 p. m. · 21 jun. 2023 4,9 M Reproducciones

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27/1/23

¿Por qué la violencia policial es invisible para muchas personas en Perú?

 "Durante ya casi seis semanas, los mensajes del gobierno (amplificados muchas veces por sus aliados políticos en las redes sociales y medios de comunicación) se han concentrado en reforzar una asociación clave: manifestante = terrorista.

En una conexión en vivo, el camarógrafo o camarógrafa de un noticiero logra captar el momento exacto en que una policía golpea y lanza al suelo a una mujer detenida, durante la intervención del gobierno en la Universidad de San Marcos, Lima.

 La escena es brutal. Pero lo más alucinante del clip es que, mientras eso ocurre, el camarógrafo o camarógrafa se esfuerza en mostrar ese episodio de violencia, el conductor del programa está más preocupado por la reja que todo el mundo vio siendo derribada por un tanque policial. Y por eso, desde el set le pregunta a la reportera en la calle:

-¿Esa reja ha sido derribada por policía o por alumnos?

Ese pequeño momento, en apariencia insignificante, contiene una parte esencial del clima en que vivimos en el Perú. Durante ya casi seis semanas, los mensajes del gobierno (amplificados muchas veces por sus aliados políticos en las redes sociales y medios de comunicación) se han concentrado en reforzar una asociación clave: manifestante = terrorista. No importa por qué protesta una persona ni cómo lo hace, el manifestante es un terrorista al que hay que anular incluso antes de que pueda empezar a manifestarse y sin presencia de fiscales. Los llamados «actos vandálicos» contribuyen de manera eficiente con su espectacularidad a solidificar esa idea. Sean reales o fabricados, son la «evidencia» que el ‘terruqueo’ necesita.

Los mensajes de ‘terruqueo’ son ametrallados 24/7 por el gobierno, congresistas, periódicos, noticieros, amplificados de forma orgánica por redes como Whatsapp, de manera que el clima social e ideológico que respiramos es uno donde, para muchos, las personas que protestan ya no son personas: son enemigos. Vándalos o a punto de serlo. Y, como enemigos de la patria, merecen odio y castigo inmediato, en el mismo lugar de los hechos, sin investigación ni proceso judicial de por medio. El lenguaje y la propaganda cotidiana alimentan ese sentido común donde «los buenos ciudadanos» nos enfrentamos básicamente a monstruos antisociales.

Entonces, si una policía golpea a una «terrorista», en realidad no está golpeando a un ser humano, sino al enemigo. Y estamos ante una violencia -la del Estado- que se ha vuelto ya no solo tolerable sino invisible, parte del paisaje, y hasta deseable.

Por eso, un periodista que cree que efectivamente la Policía está interviniendo y salvándonos de terroristas alojados en la universidad de San Marcos, ya ni siquiera tiene que tomar la decisión antiética de ocultar la violencia policial. Ocurre que, para su lógica, esa violencia que otras personas advierten no es violencia sino pura rutina policial. Quizá por eso el presentador no «ve» (o decide no ver) lo que el camarógrafo intenta mostrar, la golpiza a una mujer, y más bien se interesa por el estado de los objetos.

El «terruqueo» es una herramienta útil para un gobierno autoritario y populista, pero también tiene un inmenso costo social. Las heridas y violencias que «el terruqueo» cultiva no se borran así nomás después de las elecciones. De hecho, el «terruqueo» es parte de nuestra inacabable posguerra: aunque ya la mayoría de los actores de ese momento desaparecieron de la vida pública, los políticos en actividad no están dispuestos a que el lenguaje de esos años y su violencia se vayan también mientras les sean útiles."          (Marco Avilés , Rebelión, 26/01/2023; Blog del autor: Choloblog)

10/2/22

En medio de una clase, una estudiante de un secundario de Clark County School en Nevada se aproximó por detrás de otra estudiante y comenzó a golpearla en la cabeza. No fueron dos ni tres golpes sino 35. La víctima apenas atinó a protegerse con la cara en su escritorio y las manos en su nuca. La agresora sólo se retiró cuando se sintió exhausta. En el video realizado por uno de sus compañeros, se puede ver que los otros estudiantes permanecen sentados y en actitud de absoluta obediencia social. ¿Por qué nadie interviene para proteger a una víctima, como la del video? La respuesta es simple: vivimos en sociedades de cobardes espectadores y de adulones oportunistas

 "Muestra y metáfora de la sociedad actual

El pasado 2 de febrero, en medio de una clase, una estudiante de un secundario de Clark County School en Nevada se aproximó por detrás de otra estudiante y comenzó a golpearla en la cabeza. No fueron dos ni tres golpes sino 35. La víctima apenas atinó a protegerse con la cara en su escritorio y las manos en su nuca. La agresora sólo se retiró cuando se sintió exhausta. En el video realizado por uno de sus compañeros, se puede ver que los otros estudiantes permanecen sentados y en actitud de absoluta obediencia social.

¿Por qué nadie interviene para proteger a una víctima, como la del video? ¿Acaso no hemos visto, de formas más indirectas, la misma escena en diferentes contextos, en diferentes países, con diferentes agresores, violadores, y diferentes víctimas? Es más, no con poca frecuencia el agresor recoge más solidaridad que la misma víctima. 

La respuesta es simple: vivimos en sociedades de cobardes espectadores y de adulones oportunistas.

Con frecuencia recibo amenazas por decir lo que pienso y por publicar lo que encuentro en mis investigaciones sobre los poderes que gobiernan este país y el resto del mundo, casi siempre en las sombras. Entiendo que todas son amenazas de los vasallos del poder, de lo que Malcolm X llamaba “los negros de la casa”, los enemigos de “los negros del campo”, sus hermanos más pobres y en la misma condición de esclavitud. También recibo no menos consejos de quienes me quieren bien, amigos, colegas y familiares, tratando de disuadirme para que no me arriesgue tanto. “Tienes una familia; debes cuidarte”.

Pero ¿cómo sostener el vómito ante tanta cobardía de la sociedad del consumo, la sociedad de los cobardes espectadores, de los alcahuetes y escuderos que caminan detrás de sus amos esperando que caigan esas migajas que los conviertan en los nuevos opresores de sus propios hermanos?

El video que muestra una estudiante golpeando sin cesar a una compañera de clase hasta dejarla noqueada, ante la pasividad de sus compañeros, sobre todo de aquellos que, como los varones, tienen algún recurso físico para detener esa aberración, es solo una muestra y configura una metáfora de la sociedad actual.

La pandemia cultural es global y los epicentros (como casi todo lo referido a fenómenos culturales) son siempre los centros del poder global, los llamados “países desarrollados”.     (Jorge Majfud  , Rebelión, 08/02/2022)

11/11/19

Géraldine Schwarz: “La indiferencia está en el origen de los peores crímenes contra la humanidad”

"La memoria de los crímenes nazis es inacabable: en cada momento plantea preguntas distintas, cada generación relee esta historia a su modo o la olvida. Hoy, cuando desaparecen los últimos supervivientes de estos crímenes y los últimos perpetradores, y cuando la retórica nacionalista avanza en las democracias occidentales, lecciones de aquellos años recobran vigencia.

Géraldine Schwarz —nacida en 1974, hija de una francesa y un alemán— publica Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets Editores), mezcla de ensayo y reportaje, de memoria familiar y de diagnóstico sobre el presente. Schwarz aborda en el libro el pasado traumático mediante una investigación sobre sus abuelos, ni fanáticos, ni criminales, buenas personas arrastradas por la corriente de la historia y cómplices también.

PREGUNTA. Uno de los momentos más dolorosos de Los amnésicos es la escena, breve y sobria, en la que cuenta el suicidio de su abuela alemana, la madre de su padre.

RESPUESTA. Nunca nadie me pregunta por eso, usted es el primero.

P. Es el núcleo del libro, ¿no?

R. Yo quería entender el grado de responsabilidad de mis abuelos bajo el III Reich. ¿Habrían podido decir no? Intento ser justa con ellos. No tengo un problema de lealtad familiar. Pero a mi abuelo no le conocía, y mi abuela se suicidó cuando yo tenía seis años. Mis vínculos no son suficientemente fuertes para que nublen mi discernimiento. Veo sus acciones y su responsabilidad dentro de un contexto. Hay una responsabilidad de mi abuelo como Mitläufer [simpatizante o compañero de viaje]. También mi abuela lo fue: sentía una admiración ciega por el Führer.

P. ¿Cómo definiría Mitläufer, un término muy alemán?

R. El Mitläufer es quien, por ofuscación, por indiferencia, por apatía, por conformismo o por oportunismo, se convierte en cómplice de prácticas e ideas criminales. He querido mostrar que lo que está en el origen de los peores crímenes de la humanidad es la indiferencia. Los verdaderos perseguidores, los verdugos, los monstruos en general son pocos. Y siempre nos interesamos por los monstruos, o por los héroes, o por las víctimas. Pero la mayoría de las personas no se identifican con ninguna de estas tres categorías, que solo conciernen a una minoría. Los Mitläufer son una masa de personas que, por su número y de manera más o menos pasiva, pueden consolidar un régimen criminal.

P. ¿Sus abuelos lo eran?

R. Tuvieron un papel mínimo, pero, sí, representan la figura del Mitläufer. Mi abuelo lo fue por oportunismo. Se adhiere al partido no porque esté convencido, sino porque piensa que en este momento es lo más cómodo. Y con las leyes antijudías ve una oportunidad de hacer un negocio al comprar a bajo precio una empresa propiedad de un judío. Mi abuela es Mitläuferin [femenino de Mitläufer] porque se ofusca, incluso diría que por una especie de lealtad completamente irracional hacia el Führer. La hace soñar. 

Porque el fascismo y el nacionalsocialismo hicieron soñar. Esto se olvida, porque solo hablamos de la guerra y del Holocausto. Pero el fascismo y el nacionalsocialismo consiguieron transmitir un sentimiento de pertenencia a una Volksgemeinschaft, una “comunidad del pueblo” que excluía a los impuros y estaba reservada a los pseudoarios. 

Mi abuela era a la vez culpable de haberse dejado cegar y un poco víctima de una manipulación. Su suicidio fue la culminación de la existencia de una mujer que no conoció más que guerras y posguerras.

P. ¿Su abuela fue una víctima de la historia?

R. No. Creo que no somos víctimas de la historia, sino que debemos tener un papel en la historia. Para que una democracia funcione es indispensable que las personas se den cuenta de que tienen responsabilidades: comprometerse, participar en la sociedad civil y también demostrar capacidad de discernimiento.

 La historia puede ayudarnos a identificar los métodos de demagogos como Salvini y Orbán, que se parecen a los de hace un siglo: difundir el miedo, inventar enemigos o chivos expiatorios, hacernos perder los puntos de referencia difuminando la frontera entre lo verdadero y lo falso, y difundiendo teorías de la conspiración. El objetivo es que el pueblo deje de creer en nada para manipularlo e invertir los valores.

P. ¿Qué lecciones de la historia podrían haber servido, en los años treinta, para evitar lo que ocurrió?

R. No las había. Si la historia de mi abuela ocurriese hoy, la parte de víctima que hay en ella sería más reducida. Ella no era una intelectual, no tenía mucha idea de política, se dejó llevar por la euforia ambiental. No tenía ningún medio de identificar lo que ocurría porque aquello era inédito.

P. En su libro también aborda la historia de su familia materna, que es francesa. ¿Qué descubrió?

R. Mi abuelo francés era gendarme bajo Vichy [el régimen autoritario y antisemita que colaboró con la Alemania nazi]. En este sentido también era un Mitläufer. Pero mientras que mi padre alemán se enfrentó a su padre y contribuyó, como muchos de su generación, a un trabajo de memoria destacable, que sirve de base a la fuerza de la democracia alemana, mi madre francesa sabe poco de su padre bajo Vichy. 

Y esto es sintomático de Francia. Se ha hecho un trabajo profundo sobre Vichy, pero en gran parte se ha esquivado el papel de la población, de los Mitläufer. Y esto repercute en las familias: se ha preferido hacer recaer la culpa en las élites.

P. ¿No hay un exceso de memoria hoy? El pasado y la historia están omnipresentes en los discursos políticos, también en los de los populistas.

R. Lo que hacen los populistas no es un trabajo de memoria: la instrumentalizan. Un trabajo de memoria bien hecho significa no mentir. A Putin también le interesa la memoria, pero para transformarla. 

Los populistas utilizan la amnesia para reinventar el pasado. Porque al reinventar la memoria reinventan la identidad, y nuestra identidad es indisociable de nuestra memoria. Sin memoria no hay identidad."                                  (Entrevista a Géraldine Schwarz, El País, Marc Bassets, 03/08/19)

24/9/19

Viendo las caras de nuestros conciudadanos recibiendo en su pueblo a uno de los secuestradores de Ortega Lara Me pregunté: ¿es que ninguno de ellos fue capaz de pensar en el daño cometido por el homenajeado, en la tortura a la que sometieron a un semejante? Es la banalidad del mal que impone una corriente política en esos pequeños entornos, opresivamente cerrados, en los que discrepar o criticar implica ser rechazado o excluido... Es un sentimiento malsano de pertenencia a la comunidad, que impone la solidaridad con el asesino y el desprecio a la víctima...

"(...) cuando Israel juzgaba a Adolf Eichmann por genocidio contra el pueblo judío, la filósofa Hannah Arendt popularizó su famosa teoría de “la banalidad del mal”, después de asistir a ese juicio que acabó con el ahorcamiento del genocida en 1962. 

La tesis, fuertemente criticada entonces en Israel, aludía a la inconsciencia del mal producido, a la ausencia de una voluntad criminal expresa y a la inexistencia de rasgos violentos en su personalidad o enfermedad mental alguna. Se trataba simplemente de cumplir órdenes, de ascender profesionalmente, de actuar como “el primero de la clase” en el marco del sistema, de acatar el orden establecido, de simple burocracia, sin analizar el bien o el mal de sus actos.

 Viendo las caras de nuestros conciudadanos hace ya algunas semanas, recibiendo en su pueblo a uno de los secuestradores de Ortega Lara, recordé estos hechos históricos y, no sé si ingenuamente, les atribuí esa misma explicación. Me pregunté: ¿es que ninguno de ellos fue capaz de pensar en el daño cometido por el homenajeado, en la tortura a la que sometieron a un semejante y en los delitos por los que fue condenado?

En la organización de los ongi etorri a los miembros de ETA hay, claro está, un patético intento de justificar una trayectoria clamorosamente equivocada que solo ha producido tragedia y dolor. Incluidos ellos mismos. Lo grave es que haya gente dispuesta a hacer el coro a esa patraña y seguir consignas tan sectarias, como si nada hubiera ocurrido, inconscientes y ajenos a la crueldad de los crímenes que, en el fondo, reivindican con sus bengalas, sus aplausos y sus gritos.

Es la banalidad del mal, la convención social que impone la calle, secundando iniciativas de bares y cuadrillas, ensimismadas en su relato falsario. Es la banalidad del mal que impone una corriente política en esos pequeños entornos, opresivamente cerrados, en los que discrepar o criticar implica ser rechazado o excluido. 

Es la “moda social” que obliga a quedar bien con ese entorno. Es un sentimiento malsano de pertenencia a la comunidad, que impone la solidaridad con el asesino y el desprecio a la víctima, reiterando esquemas mentales pasados, equivocados, acríticos, fanáticos... felizmente superados por la realidad.

No. No se trata de burocracia o de órdenes legales, como explicaba Arendt su teoría sobre Eichmann. Es el clima social del pasado en algunos lugares dominados todavía por una subcultura de la violencia que siempre se defendió y nunca se criticó. Ni se critica todavía. No. No son solo amigos y familiares que le reciben, como dijo una dirigente de Bildu en Navarra para atenuar la repugnancia que habían producido esas imágenes. Eso puede hacerse en la intimidad, como lo están haciendo otros yéndose a casa con discreción y humildad.

Por eso es tan importante exigir la autocrítica a la izquierda abertzale y construir el relato recordando la verdad de las víctimas, sin reivindicar como héroes a los asesinos, sin homenajes a quienes solo merecen reproche social. Sin levantar las placas que en el suelo o en las fachadas de nuestras calles nos recuerdan los nombres de los asesinados, como ocurre en las calles de Bruselas, Colonia o Fráncfort en emocionado recuerdo de los judíos asesinados en el Holocausto.

 Hacen bien los partidos políticos vascos en exigir a Sortu ese nuevo paso en su camino a la democracia porque están en juego las convicciones sociales sobre el bien y el mal y la interpretación histórica de lo que fue nuestro trágico pasado. Es por eso una cuestión de moral pública y de justicia con la verdad. 

Es Sortu quien debe renunciar a ese patético intento de convertir en victoria lo que ha sido una derrota sin paliativos y un horror histórico para este pueblo. Son ellos quienes deben evitar esos espectáculos bochornosos e inadmisibles, que ofenden a la ciudadanía y desprestigian a nuestro país. Más aún, que ponen en duda la rectificación política que ellos mismos protagonizaron en el camino a la paz en 2011."                  (Ramón Jáuregui, El País, 18/09/19)