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30/1/24

Josu ‘Ternera’ y la ÉTICA... Su lenguaje verbal y no verbal están construidos para escapar del juicio moral que le merece la acción de matar. «Matar no está bien», declara en un par de momentos de la entrevista, en una concesión a la educación católica... intenta construir una justificación moral de la violencia amparándose siempre en el contexto. Su forma de contestar denota que él mismo es consciente de que sus argumentos son débiles y a menudo cínicos... busca la salvación y no la encuentra siquiera en sus propias palabras. La ética le persigue y le perseguirá siempre, aunque no muestre arrepentimiento ni tenga la decencia de pedir perdón a las víctimas... La ética alivia cualquier tarea cuando haces lo correcto, pero se convierte en un plomo cuando vives lejos de los principios morales básicos. Por eso, Josu Urrutikoetxea no quiere que le llamen por su nombre de guerra con minúsculas ni mayúsculas, mientras que ÉTICA se escribe en este caso con letras capitales

 "Probablemente a algunos lectores les irrite ya de entrada el titular de este artículo porque entiendan que el exterrorista Josu Urrutikoetxea, más conocido como Josu Ternera, y la ética son incompatibles. Son prácticamente un oxímoron. Yo mismo le he dado muchas vueltas hasta sentirme cómodo moralmente, para lo cual he tenido que saltarme las normas de ortografía y escribir ÉTICA con mayúsculas.

Al comentar el documental titulado No me llame Ternera, dirigido por el periodista Jordi Évole desde su productora Producciones del Barrio, que acaba de ser estrenado en Netflix, he evitado dejarme llevar por la repugnancia que provoca la justificación del terrorismo, al que Ternera se refiere eufemísticamente como «violencia armada», lo cual no es fácil. De hecho, he comprobado que no son pocos los articulistas que no lo han logrado al juzgar esta pieza audiovisual preestrenada en el Festival de San Sebastián. Y algunos comentaristas no han conseguido desprenderse tampoco del sesgo que aplican al entrevistador, Jordi Évole, personaje que desata odios y amores a derecha e izquierda.

Mi análisis no es político ni periodístico, es ético. Y mi conclusión es que Josu Urrutikoetxea siente en su mochila el enorme peso de la ética… de la ausencia de ética durante los 50 años que militó en la organización terrorista ETA. Su lenguaje verbal y no verbal están construidos para escapar del juicio moral que le merece la acción de matar. «Matar no está bien», declara en un par de momentos de la entrevista, en una concesión a la educación católica que, con poco éxito, le procuraron sus padres.

Ante las comprometidas preguntas de Évole, el exterrorista intenta construir una justificación moral de la violencia amparándose siempre en el contexto. Su forma de contestar denota que él mismo es consciente de que sus argumentos son débiles y a menudo cínicos. El uso continuo de la expresión «lo que es evidente» le permite huir de una valoración directa de los asesinatos cometidos por ETA, unas muertes que Ternera considera que «se podían haber evitado», aunque sitúa esa responsabilidad más en el lado del Estado español que en el de la banda terrorista.

Durante toda la entrevista, Josu Ternera busca la salvación y no la encuentra siquiera en sus propias palabras. La ética le persigue y le perseguirá siempre, aunque no muestre arrepentimiento ni tenga la decencia de pedir perdón a las víctimas. «Le diría que lo siento de veras» es lo más lejos que llega cuando el periodista le sitúa frente a una víctima.

Josu Ternera intentar aliviar la carga de una vida destrozada por la violencia y por una lectura testarudamente errónea del contexto político y social con el contrapeso de la coherencia entre pensamiento y acción, pero cuanto más lo intenta, más lastre añade a su mochila.

La ética alivia cualquier tarea cuando haces lo correcto, pero se convierte en un plomo cuando vives lejos de los principios morales básicos. Por eso, Josu Urrutikoetxea no quiere que le llamen por su nombre de guerra con minúsculas ni mayúsculas, mientras que ÉTICA se escribe en este caso con letras capitales."                (José Manuel Velasco, ethik, 02/01/24)

4/5/21

La ficción sobre ETA no es una moda. Responde a la necesidad de elaborar los traumas para seguir viviendo... Aún recuerdo la cara de desorientación de mi padre el día que se despidió de su escolta: había olvidado cómo había que girar el volante para aparcar el coche y ya no recordaba cómo se sacaba el tique del parquímetro...

 "A finales de 2015 publiqué El comensal, una novela sobre mi abuelo, Javier Ybarra, que fue secuestrado y asesinado por ETA en 1977, y sobre mi madre, que murió de cáncer en 2011. 

Cuando terminé el libro creí que ya no volvería a tocar más el tema del terrorismo, pero no ha sido así, porque cada vez que me siento a trabajar delante del ordenador aparece un encapuchado apuntándome con una metralleta desde la pantalla. Seguir escribiendo es la única estrategia que se me ocurre para que desaparezca.

La promoción de El comensal me dejó exhausta: tuve dos ataques de pánico y estuve a punto de vomitar de los nervios en varias entrevistas. Nunca antes había hablado en público ni sobre el asesinato de mi abuelo ni sobre las amenazas que recibió mi padre durante décadas. Romper el tabú me dio vértigo. El primer ataque de pánico lo tuve delante de mi padre poco después de que se leyera el libro. El segundo un día que estaba sola en casa cocinando. Antes de empezar a escribir nunca había tenido ansiedad.

En 2016 dediqué casi todo el año a promocionar el libro. Engordé seis kilos. En primavera me casé con un traje que me quedaba justo. A finales de 2017 tuve un hijo: Santiago. Santiago me pareció el mejor refugio para huir de las discusiones sobre la batalla por el relato, pero mientras sostenía al bebé en brazos, mi infancia en la Euskadi de los ochenta y de los noventa volvió a mí como un ovillo enorme que debía desenmarañar.

He aprendido mucho sobre la relación entre lenguaje y violencia observando a mi hijo. Lo primero que descubrí fue que la violencia surge cuando no hay palabras: los niños pequeños pegan porque aún no dominan el lenguaje que les permite expresar lo que les pasa. Luego descubrí la relación entre lenguaje y movimiento: los niños necesitan moverse porque es a través del contacto con otras personas y con el entorno en donde aprenden los nombres de las cosas. La maestra de Santi me resumió las fases de este proceso en la frase: “Caminar, hablar, pensar”. Aprender a moverse y a expresarse es lo más importante que tiene que hacer un niño durante sus seis primeros años de vida para que más adelante pueda pensar y relacionarse mejor.

A finales de 2011, después de que ETA anunciara el cese definitivo de su actividad armada, todos los vascos empezamos a poder hablar y movernos con mayor libertad.

Muchos ciudadanos salieron por primera vez a la calle sin miedo a que les pegaran un tiro. En contra de lo que pueda parecer, no es fácil volver a ser libre. Aún recuerdo la cara de desorientación de mi padre el día que se despidió de su escolta: había olvidado cómo había que girar el volante para aparcar el coche y ya no recordaba cómo se sacaba el tique del parquímetro.

Los bebés no reconocen en dónde empiezan y en dónde terminan las palabras. Una de las primeras conquistas del lenguaje es comprender que las palabras son grupos de sonidos independientes. Durante mi proceso de escritura he aprendido a transformar en palabras el zumbido que se escuchaba de fondo en mi familia. He nombrado el dolor que sentía en frases cortas y secas. Poco a poco soy capaz de construir frases más largas.

Para la elaboración de este artículo me pedían que hablara sobre el actual boom de la ficción sobre ETA. ¿Crees que es una moda?, me preguntaron. Podría parecerlo, pero no lo es, no es moda, es supervivencia.

Este auge de historias responde a la necesidad que tenemos de elaborar nuestros traumas para seguir viviendo. Por eso celebro cualquier obra que aborde con honestidad el “conflicto vasco”, aunque no todas las historias me interesan y no siempre estoy de acuerdo con lo que me quieren contar. Las celebro porque estoy convencida de que la palabra es lo contrario de la violencia y creo que, cuantas más historias surjan, más probabilidades tendremos de reconocernos los unos a los otros y de convivir en paz.

Yo, por ejemplo, nunca hubiera tenido la oportunidad de conocer un testimonio de una víctima de torturas policiales de no haber leído el excelente —y, aunque parezca increíble, divertido— libro Intxaurrondo, la sombra del nogal de Ion Arretxe. En mi día a día no tengo posibilidad de conocer a personas que hayan podido padecer algo así.

Los libros, a su manera, también son movimiento. Otras historias que me han hecho crecer son El ángulo ciego de Luisa Etxenike, que me ha ayudado a entender mejor el dolor de mi familia, y el documental Mudar la piel de Ana Schulz y Cristóbal Fernández, que me ha hecho reflexionar sobre la intimidad y la amistad.

Las historias que más me ayudan a reconciliarme con mi pasado son las que aportan una visión personal, las que no tienen intención de convencer de nada a nadie."                    (Gabriela Ybarra es escritora. El País, 25/12/20)

6/4/21

Un comando del IRA irlandés saca de su casa a Jean McConville, una viuda de 38 años, pobre como las ratas que, sola y abandonada, tira como puede de sus diez hijos. La meten en un coche y le descerrajan un tiro en la nuca

 "Una noche de diciembre de 1972 un comando del IRA irlandés saca de su casa a Jean McConville, una viuda de 38 años, pobre como las ratas que, sola y abandonada, tira como puede de sus diez hijos. La meten en un coche y cruzan la frontera entre las dos Irlandas. En un lugar boscoso le descerrajan un tiro en la nuca. No hay palabras, ni siquiera la sentencia. Confidente.

 Ahora, muchos años más tarde, un periodista norteamericano nacido en Boston, de ascendencia irlandesa, Patrick Radden Keefe, ha construido un libro impecable recién aparecido en castellano, 'No digas nada'. A partir del asesinato de una mujer que pasó por la vida casi como una sombra se ilumina una serie de mundos concéntricos, a veces paralelos, donde está el IRA, los servicios británicos, la guerra entre católicos y protestantes y las trayectorias de un movimiento terrorista que se convierte en partido, y unos políticos interesados en que las dudas sobrevivan a sus propias biografías.

Un texto que va más allá de una novela, ahora que entre nosotros los novelistas aspiran a ser reporteros, y que contiene toda la realidad que puede asumir un texto sin convertirse en una fábula. Un ejercicio del mejor periodismo, el que se fue hace años y amenaza con tenernos abandonados durante estas décadas funestas de equilibrios sobre la cuerda floja, donde se evalúa si falta esto o si lo demás está de más; si la proporción de crímenes del Estado está equilibrada con los terroristas, o si fueron antes los dolores o las heridas. Por el impresionante libro de Radden Keefe pasan todos, víctimas y verdugos, y los verdugos que acaban en víctimas y las víctimas con vileza de verdugos.

 Desde el líder Gerry Adams, promotor del asesinato de la viuda y que ahora no sólo niega su participación en los hechos sino incluso hasta que militara en el IRA, pasando por la complacencia silente de los servicios británicos, Ejército incluido, orientador en ocasiones de los atentados y la infiltración en la cúpula de la organización terrorista. El principal ejecutor de asesinatos, Pat McClure, no era más que un informador que acabaría sus días de funcionario carcelero en una prisión de alta seguridad de los EEUU.

 A diferencia de las malas novelas, que están plagadas de sentimientos, de culpas y de ominosas venganzas vecinales, en 'No digas nada' todo está cubierto por los hechos y las, en ocasiones sinceras y en otras equívocas, declaraciones de los supervivientes. No hay trampa ni cartón. Es el terrorismo en su auténtico retrato, donde hay gente para quien matar es un acto de liberación y gente que se encuentra metida en una guerra de la que no es posible salir si no es con los pies por delante o llevándose la vida de quien ni conoce, ni sabe, ni le interesa. Siempre hay una razón para cubrir una vergüenza, no digamos ya un crimen, y somos poco audaces para reconocer que hay quien lo lleva en la sangre, que su ADN está marcado por algo que le incita a la violencia y que la justificación viene luego. Siempre es posible encontrar una, y siempre hay alguien dispuesto a ayudarte a encontrarla porque le falta el valor para ejecutarla él mismo.

Desconozco la actual situación en Irlanda del Norte, no soy tertuliano, pero me temo que muchas heridas seguirán abiertas y muchas huellas vacías de sentido a la espera de que alguien que no sea el tiempo las vaya llenando. La ausencia de actividad terrorista no significa la paz porque eso no se da ni siquiera en las guerras convencionales donde existen vencedores y vencidos. Fíjense si la hipocresía no enmascara nuestras opiniones que para ilustrarlo siempre apelo al mismo ejemplo. En 1961 se estrenó en todo el mundo un filme excepcional de Stanley Kramer, donde actores como Spencer Tracy, Burt Lancaster o Montgomery Clift hacían interpretaciones que aún conmueven mi recuerdo. La película se llamaba 'Tribunal de Nuremberg' y así es conocida en la historia del cine. Menos en España, donde se le mudó el título y la censura puso “¿Vencedores o vencidos?”. En ese cambio hay una transmutación de valores e incluso algo mucho más sencillo: el régimen quería mostrar que aquella era la versión de los vencedores y ellos aún no habían sido vencidos; ni en la realidad ni en su memoria. El Tribunal de Nuremberg y los crímenes del nazismo no habían cruzado nuestra frontera invicta.

'No digas nada' nos obliga a mirarnos, quizá por eso ha tenido tan escaso eco entre nosotros. Lo nuestro, lo que toca, es la bazofia de última hora, a ser posible novela negra, tirando a gris de actualidad periodística. ¡Qué quedará de tanta mierda para seriales! No hace falta ejercer de Jeremías para detectar que estos no son buenos tiempos para el periodismo, ni para la épica, no digamos ya para la estética. No lo hemos hecho bien, ni supimos hacerlo de otra manera. Tampoco es razón para que nos maten en los geriátricos. ¿Qué culpa tienen tantos viejos que ni siquiera escribían para que paguen las culpas de nuestros errores?

 Es lógico que en la cucaña en que se han convertido los medios audiovisuales la máxima aspiración de nuevas generaciones, aseguran los expertos, esté en aparecer en una televisión, aunque sea anunciando compresas. Es lo que hay: un pantano de aspirantes y un reducto para intrigantes de barricada. Por eso algo parecido, sólo parecido, a 'No digas nada' sería casi imposible en nuestro panorama mediático y editorial. ¿Cómo desapareció “Pertur”?, una pregunta tan obvia sería hoy como un examen de grado. ¿Quién fue Moreno Bergaretxe “Pertur”? ¿Cómo le mataron? ¿Quiénes? La historia de ETA que llega y sobrepasa la Transición está en su figura, en su desaparición en el verano de 1976 en Hendaya tras una discusión con otros dos dirigentes de ETA. Una disidencia y un cadáver que nunca apareció, pero cuyos verdugos, o secuestradores, o cómplices, aún viven.

Siento envidia, de la buena, porque la envidia es como el colesterol, que lo hay bueno que sirve para esforzarse y lo hay letal porque achica la conciencia. Y eso me sucede con 'No digas nada'; quizá en España no nos dejarían ni intentarlo. Ocurre como con los reconocimientos. Me engolosino cuando leo los agradecimientos, las colaboraciones, las ayudas. Aquí un libro así serviría de diana para el tiro al blanco. El día que alguien lo logre será señal de que el periodismo, tras casi un siglo de mediocridad y servidumbre, vuelve a ser un instrumento que ayuda a pensar."                (Gregorio Morán, Vox Populi, 27/03/21)

28/2/20

Un ultraderechista mata a nueve personas en un atentado xenófobo en dos bares en Alemania

"Alemania ha amanecido hoy conmocionada por un atentado ultraderechista en un país incapaz de poner coto al discurso de odio y la xenofobia. Sucedió anoche en Hanau, cerca de Fráncfort, en el oeste. 

 Eran las diez de la noche cuando Tobias R., un alemán de 43 años, abrió fuego en un bar frecuentado por extranjeros cerca del centro. Al primer tiroteo le siguió un segundo en otro bar, causando un total de nueve muertos. 

Horas más tarde, las fuerzas especiales localizaron el vehículo con el que el atacante se había dado a la fuga. Subieron al domicilio y encontraron el cadáver del presunto autor junto al arma homicida y a su madre, de 72 años, también sin vida. Ambos presentaban heridas de bala.

La Fiscalía general ha asumido el caso por su especial relevancia y considera que el presunto culpable manejaba ideas “profundamente racistas”, que dejó plasmadas en un manifiesto. Cinco de las víctimas eran de nacionalidad turca, según confirmó la Embajada de Turquía en Berlín.

En un mensaje solemne, la canciller alemana, Angela Merkel, expresó sus condolencias y confirmó que hay numerosos indicios que apuntan a una motivación “ultraderechista”, “racista” y de “odio a personas de otro origen”. “El racismo es veneno. El odio es un veneno que existe en nuestra sociedad y que es culpable de muchos crímenes”, dijo en un mensaje televisado.

El vicecanciller alemán, Olaf Scholz, pidió que lo sucedido en Hanau tenga consecuencias políticas. “Nuestros debates políticos no pueden obviar el hecho de que hay terrorismo de ultraderecha en Alemania 75 años después de la dictadura nazi. Tenemos que defender nuestra democracia liberal”. El presidente alemán, Frank Walter Steinmeier, acudirá esta tarde a una vigilia en Hanau.

El atacante, que poseía tres pistolas, dejó escrita una carta de 24 páginas y publicó un vídeo en el que mezcla teorías conspirativas y delirios con arengas xenófobas. Se trata de un relato biográfico en el que arranca con su nacimiento y explica cómo empezó a sentirse vigilado por los servicios secretos, con agentes “capaces de leer la mente”. Después, entra de lleno en ataques contra diversos grupos étnicos y concluye que expulsar a las personas procedentes de esos países no es la solución, así que aboga por “aniquilar” a pueblos enteros de hasta 24 países de África y Asia.

El panfleto va acompañado de un vídeo de un minuto y 42 segundos en el que el supuesto asesino aparece con una chaqueta oscura y camisa blanca. En perfecto inglés se dirige “a todos los americanos”. Les advierte de que su país está dominado por “sociedades secretas invisibles” que controlan la mente y de que existen “bases militares subterráneas donde se abusa y se tortura a niños pequeños”. Tobías R. sostiene que los medios de comunicación de masas “no tienen ni idea” y llama a informarse por otras vías para después pasar a la acción y luchar.

El fiscal general, Peter Frank, indicó que de la evaluación de sus mensajes se desprende que el autor de la matanza tenía convicciones “profundamente racistas”. “Además de teorías absurdas de la conspiración, revelan puntos de vista profundamente racistas”, dijo a la prensa en Karlsruhe. Los investigadores tratan ahora de averiguar si actuó con ayuda de alguien o si otras personas conocían sus planes. Ni la policía ni los servicios secretos internos tenían información previa del autor de la matanza.

El alcalde de Hanau, el socialdemócrata Claus Kaminsky, aseguró sentirse “muy afectado” y pidió a los ciudadanos que “no contribuyan a alimentar las especulaciones. La policía debe ahora clarificar los hechos y hasta entonces, debemos ser prudentes”. Hanau no es un localidad en la que las fuerzas extremistas tengan especial fuerza. En las pasadas elecciones generales, en 2017, el partido más votado fue el conservador, seguido del socialdemócrata y Alternativa para Alemania, Afd, obtuvo el 14% de los votos, muy por debajo de las cifras que la ultraderecha logra en el este del país.

Repercusiones políticas

Buena parte de la clase política alemana acusa a Afd de incitar al odio con un discurso de rechazo a los extranjeros. Numerosos políticos locales se encuentran amenazados por grupos neonazis y de ultraderecha. Las fuerzas políticas alemanas defienden además el mantenimiento del cordón sanitario por el que evitan cooperar con la ultraderecha. El jueves, tras conocerse el atentado de Hanau, la presidenta de la Unión Cristiana Demócrata (CDU) Annegret Kramp-Karrenbauer, consideró que en días como hoy "se puede ver lo importante que es mantener un cortafuegos” contra Afd, quien a su juicio “tolera a los extremistas de derecha”.

El ataque terrorista de Hanau no es un caso aislado. El pasado octubre, un hombre abrió fuego contra una sinagoga en Halle, al este del país, y mató a dos personas. En junio del año pasado, el político conservador Walter Lubcke fue asesinado a tiros en la terraza de su casa por un ultraderechista, también en el Estado de Hesse. Entre 2000 y 2006, el grupo neonzai NSU mató a nueve extranjeros en el país. A todos ellos se refirió Merkel en su alocución.

Ditib, la principal organización musulmana de la comunidad turca de Alemania, considera en un comunicado que este es “un día negro para la historia de Alemania" y reclamó más protección para sus fieles."                  (Ana Carbajosa, El País, 20/02/20)

27/1/14

La culpa pasiva, ésa que podríamos convenir como la indiferencia a la persecución y huida de miles de personas

"Andoni Unzalu, como hombre dotado de gran agudeza intelectual, hacía referencia en este medio a que el fenómeno terrorista de ETA es un problema de la sociedad vasca, no un problema privado entre los asesinos y las víctimas, y que –aunque se tiende a pensar lo contrario– son los presos los que más necesitan reconocer su pasado de locura.

 Podría añadirse incluso que esto les interesa tanto a los que lo necesitan para acogerse a los generosos programas de reinserción como a los que han cumplido condena.

Se podría matizar la cuestión de que no se puede calificar exactamente como locura el sectarismo extremo que ha llevado a matar y a seguir buscando el dominio de los demás por no compartir las ideas de los nacionalistas vascos. Unzalu consideraba además que la culpa criminal del terrorismo se soluciona por la ley y el sistema judicial. (...)

Le preocupaba muy especialmente el proceso de ocultamiento de la culpa política activa, entendida como el soporte intelectual, apoyo social y amparo al terrorismo. Aunque no lo desarrollaba en su artículo, citaba la existencia de la culpa pasiva, ésa que podríamos convenir como la indiferencia o tolerancia a la persecución y huida de miles de personas. 

Unzalu señalaba directamente a la responsabilidad de los terroristas de salón que alentaron a otros al delito, mientras ellos aprovechaban el ambiente para acceder a puestos en la EiTB, en la Universidad, en el poder político…

Su aportación es muy importante, pero podría añadirse que la perversión de hacer desaparecer la cuestión de la culpa política está ligada a la gigantesca operación de buscar la impunidad sobre tantos delitos juzgados o no. Veamos. 

El Plan del lehendakari no se soporta sobre los anclajes que señala Unzalu. La cuestión de la responsabilidad se ha desvanecido para comodidad del entorno de ETA y del suyo propio, pero sobre todo, para dibujar las piezas de un falso escenario de conflicto armado, no de terrorismo local. (...)

El interés común de los nacionalistas ha producido un nuevo artefacto sofisticado de manipulación colectiva. Ver o no ver, una vez más, nuestro reto."            (EL CORREO 27/01/14, MAITE PAGAZAURTUNDÚA RUIZ, en Fundación para la Libertad)

2/1/14

Explicar el Mal requiere ir a sus raíces. En el País Vasco, como en el del nazismo, está en una ideología política fundada sobre el odio

"(...) Los etarras habrían sido unos jóvenes vascos como otros cualquiera, quienes llevados del patriotismo actuaron como instrumentos de una organización envuelta en la dinámica del Mal generada por ‘el conflicto’.

Por encima de la variación de las circunstancias históricas, el mecanismo de exculpación hace obligada la cita de un famoso antecedente: la elaboración por Hannah Arendt del concepto de ‘banalidad del Mal’, sobre la base del proceso a Adolf Eichmann. 

Para la discípula de Heidegger, el comportamiento del acusado durante sus sesiones desmentía la imagen tópica del nazi como un monstruo asentado en su paranoia y en su ideología. Eichmann habría sido un tipo de limitado entendimiento, incapaz en sus respuestas de salirse de la condición instrumental que había desempeñado cuando organizó los transportes de judíos a los campos/mataderos.

 Emblema de tantos mediocres que integraron el aparato burocrático hitleriano, carentes de actitud crítica frente a sus consecuencias criminales.

El esquema interpretativo de Arendt explica el consenso de masas alcanzado por el régimen de Hitler, por encima de sus conocidas atrocidades. Lo mismo cabría decir de tantos vascos que secundaron con entusiasmo las de ETA (el mundo de Bildu) o, en el mejor de los casos, de nacionalistas demócratas que callaron o buscaron disculpas acudiendo al ‘conflicto’.

 Por los datos que hoy tenemos sobre Eichmann, y por algunos que debió conocer, Arendt erró al minusvalorar su implicación y la de tantos burócratas nazis. Las declaraciones ante el tribunal en Jerusalén constituyen una obra maestra donde Eichmann exhibe una supuesta torpeza para explicar todo aquello que desborda su esfera profesional. Incluso en la conferencia de Wannsee habría sido un simple redactor de actas que se tomó luego un coñac con los jefes.

 Un Poncio Pilatos. Arendt no le ve antisemita, aun cuando organizara la ‘solución final’ en Hungría en 1944. Solo que Eichmann disipó dudas en una entrevista antes de ser raptado. No fue un instrumento, «pues no era un tonto»; intervino en las decisiones.

 Y lamentaba que hubiesen sido eliminados menos de los diez millones de judíos posibles. Para desengaño de kantianos despistados, resaltó la centralidad de su labor: «La cuestión judía, en su conjunto, no era más que una cuestión de transportes».

Para explicar el Mal, según Arendt, evitemos «ir a las raíces». El Mal sería un fenómeno de superficie, que surge en determinadas circunstancias, y al cual se adhieren hombres comunes, por ser incapaces de desarrollar un pensamiento crítico frente a la realidad de las cosas.

 El fenómeno de la adhesión acrítica, descrita por Arendt, encaja perfectamente con la militancia en ETA y la conversión de los ‘patriotas’ en instrumentos del terror/‘violencia’. Solo que quedarse ahí es muy útil para el relato nacionalista, al arrancar del ‘conflicto’ y desviar hacia él toda responsabilidad.

 Los etarras serían buenos vascos que tras un período de ‘sufrimiento’ colectivo, solo esperan la reconciliación para mostrar su faz democrática.

 La derrota en la guerra contra el Estado no existe. Autocrítica, ¿para qué?

Bien al contrario, explicar el Mal requiere ir a sus raíces. En nuestro caso, como en el del nazismo, una ideología política fundada sobre el odio, cuya asunción por los militantes llevaba a una praxis de destrucción del otro. Sin esclarecerlo, la reconciliación implica supervivencia larvada del Mal."                 (EL CORREO 02/01/14, ANTONIO ELORZA, en Fundación para la Violencia)

8/2/13

"Las élites de Croacia desertaron de su papel moderador"

"Es curioso que bosnios, serbios y croatas formaran parte de las mismas mafias en Alemania, mientras en sus países se mataban a cañonazos.

La mafia no entiende de fronteras nacionales, eso es cosa de los políticos.

¿Cuándo pasó el nacionalismo a ser violento?

Tras 45 años de comunismo oprimiendo el nacionalismo, en 1990 hubo un estallido nacionalista que liberó tantos años de frustración. Por eso la reacción fue tan dura. Y por la política destructiva serbia.

¿Cómo llegó la guerra?

Nunca se hubiera llegado tan lejos sin el apoyo de los medios de comunicación que, puestos al servicio de las políticas nacionalistas, alimentaron las emociones de la población. Las élites del país, excepto unos pocos, desertaron de su papel moderador y contribuyeron al adoctrinamiento.

¿Los países que salen de una larga dictadura son más propicios a la corrupción?

La ilusión de crear un nuevo Estado pulcro se pierde porque los gobernantes aprovechan para conseguir sus objetivos. Los de Tudjman eran reducir la población serbia del 12 al 3% y realizar una privatización salvaje.

La Haya condenó por limpieza étnica al general Gotovina. Ahora lo absuelve por falta de pruebas.

La resolución bloquea el entendimiento entre serbios y croatas. No veo ningún indicio de que Croacia vaya a reconocer que en Krajina mataron a 500 ancianos, mandaron al exilio a entre 150.000 y 200.000 serbios, y saquearon y quemaron sus casas. La absolución fue recibida con júbilo en Croacia e indignación por los serbios. 

Es una semilla que dará sus frutos de rencor en el futuro, como los armenios y Turquía. En Croacia quieren creer que libraron una guerra de liberación impoluta."         (Ivica Djikic, entrevista, La Vanguardia, 06/02/2013)

16/12/12

El atentado mató a dos gemelas de tres años, Esther y Miriam; a una niña de seis, Silvia; a otra de siete, Silvia; a otra de 12, Rocío; y a un menor de 17, Ángel. A otros los dejó huérfanos.



 Unos bomberos, ante el cuartel de la Guardia Civil destruido por la explosión del artefacto

"Pascual acababa de hacer el relevo de las seis de la mañana junto a otro compañero cuando ocurrió. En ese momento estaban los dos solos vigilando la entrada de la casa cuartel. De repente, vio un coche que se detuvo en mitad de la calle, un poco antes de llegar a la puerta.

 “¡Eh! ¡Que ahí no se puede parar!”, le gritó desde dentro. Pero el conductor se bajó y empezó a correr. Y el coche comenzó a echar humo. “Abrí la verja, salí y vi que lo estaban esperando en otro coche. Oí cómo él les decía ‘Ya está, ya está’. Mi compañero se fue corriendo a avisar al equipo de desactivación de explosivos.

 Pero fue todo muy rápido. Otro vehículo entró por la calle y se puso detrás del que echaba humo. Les dije que se fueran. Dieron marcha atrás y en ese momento saltó todo por los aires. Yo perdí el conocimiento, lo recobré, lo perdí otra vez. Sentía mucho dolor, no podía levantarme. No recuerdo más. Me desperté ya en el hospital”.

Antonio estaba durmiendo junto a su mujer, Carmina. Esa madrugada estaban solos en casa. “Recuerdo un estallido sonoro infernal. Y una luz. Después, el edificio se movió como de un lado a otro… y se desplomó. Carmina y yo nos quedamos atrapados en el colchón, que hizo como un sándwich.

 Mi mujer empezó a gritar: ‘¡Que nos matan!, ¡Que nos matan!’. Yo estaba un poco aturdido porque el marco de la ventana me había golpeado en la cabeza. Poco a poco empecé a darme cuenta de lo que estaba pasando, de que era un atentado. Pero no sabíamos qué pasaba fuera… si había terroristas… 

Yo, por si acaso, le dije a Carmina: ‘Cállate, cállate, no abras la boca’. Y traté de ir a por mi arma, que estaba en otra habitación. Pero no podía pasar. Todo se había derrumbado a nuestro alrededor. Todo eran escombros”.
 
Pascual Grasa y Antonio Frutos tienen grabados a fuego los minutos que siguieron al atentado de ETA contra la casa cuartel de Zaragoza perpetrado el 11 de diciembre de 1987, uno de los más sanguinarios de la banda terrorista. Pascual tenía entonces 32 años. Antonio, 27. Ambos eran guardias civiles. (...)

Hace 25 años, a las seis y diez de ese 11 de diciembre, Henri Parot —miembro del comando Argala—, dejó un coche bomba en la puerta de la casa cuartel con 250 kilos de amonal y abundante metralla. Murieron 11 personas, y casi 90 resultaron heridas. Ocurrió seis meses después de la matanza de Hipercor en Barcelona, que había provocado 21 muertos, todos civiles. 

ETA estaba cometiendo atentados especialmente virulentos en ese momento para tratar de mejorar su posición ante el Gobierno en los contactos previos a las conversaciones de Argel. Para ellos era una estrategia. Pero Pascual y Antonio vieron morir ese día a sus compañeros, a las mujeres de sus compañeros, a los hijos pequeños de sus compañeros… 

En la casa cuartel vivían unas 40 familias (180 personas) y algunas decenas de estudiantes de la residencia que alojaba el edificio.

“Cuando logramos salir al patio, me encontré con un cabo y con su hija. Estaban muertos”, recuerda Antonio, que tiene ahora 52 años. “Había muchos cuerpos sepultados bajo los escombros. Los bomberos estaban ya aquí. La gente lloraba, gritaba, les metían oxígeno para que respiraran.

 Las viviendas que estaban más cerca de la bomba quedaron destrozadas. Ni siquiera se podía salir a la calle desde el patio. No había salida. Al final sacaron a la gente desde la ventana rota de nuestra habitación, que se convirtió en uno de los accesos al exterior”.

 Las niñas de Antonio y Carmina, dos gemelas de un año, se salvaron de milagro. Los padres, ambos murcianos, las habían llevado con su familia a pasar el puente de la Constitución y aún seguían allí. “Si no, probablemente habrían muerto”, piensa Antonio. “La onda expansiva fue muy fuerte en su cuarto. Tenían un acuario que estalló en mil pedazos. El tabique de su habitación reventó”.

Las pequeñas de este matrimonio se salvaron. Pero el atentado mató a dos gemelas de tres años, Esther y Miriam; a una niña de seis, Silvia; a otra de siete, Silvia; a otra de 12, Rocío; y a un menor de 17, Ángel. A otros los dejó huérfanos. Sin familia alguna en la que anclar su corta vida. Emilio José Capilla Franco se quedó ese día sin su padre, sin su madre y sin su única hermana. 

“Lo vimos perfectamente”, recuerda Carmina. “Estaba muy quieto sobre una baldosa, lo único que quedaba en pie y que podía caerse en cualquier momento. Al final lograron bajarlo de ahí al pobrecico”. Sus padres, Emilio y María Dolores, y su hermana, Rocío, habían quedado enterrados bajo el edificio.

 La ejecución del atentado la llevó a cabo Henri Parot junto a su hermano Jean, Jacques Esnal y Frederic Haramboure. Lo ordenaron Francisco Múgica Garmendia, Pakito; Joseba Arregi Erostarbe, Fiti; y Josu Urrutikoetxea, Josu Ternera, la dirección de ETA en ese momento.

Todos han sido condenados en Francia o España a miles de años de prisión o cadena perpetua. Y todos, salvo Josu Ternera, huido, están en la cárcel.


Pascual ha pasado por múltiples intervenciones quirúrgicas; tiene secuelas en la mano, los tendones, una pierna más corta que otra... Antonio estuvo tres días ingresado con una conmoción cerebral. “Pero lo peor es lo que queda dentro de la cabeza”, dice Carmina. “Es tanto dolor, tanto lo que viste, que jamás lo olvidas. Han pasado 25 años y aún sigues pensando en ello. Aún te sobresaltas”.

ETA anunció el cese de la violencia hace más de un año. “Ojalá que nadie vuelva a sufrir un atentado nunca más”, pide Pascual. “Yo les pido que entreguen las armas y que se pongan a disposición de la justicia. Que se ponga de verdad un punto final”.   (El País, 11/12/2012)

13/9/10

«Mi mujer me tranquilizó diciéndome que 'de un tiro en la boca no se muere nadie'»

"José Ramón Recalde, doctor en Derecho, jurista, ensayista y político socialista jamás olvidará esa frase pronunciada por su esposa con el fin de animarle pocos minutos después de sufrir el atentado de ETA que estuvo a punto de costarle la vida.
«De un tiro en la boca no se muere nadie». José Ramón Recalde jamás podrá olvidar esta frase pronunciada por su esposa, María Teresa Castells, con el fin de animarle pocos minutos después de sufrir el atentado que estuvo a punto de costarle la vida.

Eran las ocho y cuarto de la tarde del 14 de septiembre de 2000. Recalde aparcó el coche en la entrada de su domicilio y lo primero que vio al salir del vehículo fue «un agujero negro, bordeado por una circunferencia de acero, el orificio de salida del cañón de una pistola». En décimas de segundo giró la cabeza. Luego sonó el disparo y sintió el impacto de una bala. Se volvió y ese movimiento le salvó la vida.

Tampoco descarta la teoría de su esposa de que los ladridos de la perrita, que salió a su encuentro al exterior de la casa, también posibilitaron el milagro. «Era la antivigilante, porque no ladraba si venía alguien de fuera y sí a nosotros. No ladró al asesino, que estaría esperándonos, y sí a nosotros cuando nos vio llegar. Mi mujer siempre ha mantenido que al oír los ladridos, el terrorista, al no saber si se trataba de un perro grande y peligroso o no, desistió de repetir el tiro, y huyó de forma precipitada hacia el coche en el que le esperaba otro terrorista. Desgraciadamente solía pasar en los otros atentados. Por ejemplo, el arma con el que me disparó a mí era la misma con la que fue asesinado José Luis López de Lacalle, y a él sí le remataron en el suelo», afirma el político donostiarra.

La película del atentado cuenta con escenas dramáticas. María Teresa Castells escuchó un ruido y al ignorar su procedencia preguntó a su marido qué había pasado. «Ha sido un tiro», le respondió este. «¿Pero a quién han disparado?», le inquirió sobresaltada. «A mí», fue la lacónica respuesta de la atónita víctima.

No le dio tiempo a percatarse de si el terrorista que le había disparado era un hombre o una mujer, sólo cree que vestía un niqui claro. Todavía hoy, diez años después, Recalde se asombra al rememorar cómo fue capaz de entrar en su casa y subir las escaleras hasta la primera planta. Sentado en una silla de la cocina, y a pesar de tener toda la boca ensangrentada y dolorida, logró con entereza articular las palabras suficientes para indicar a su mujer el teléfono de urgencia al que debía llamar. Pensó que se moría y mentalmente repasó su vida entera. Al sentirse débil y con la mirada desvaída, apretó la mano a su mujer y, entonces, ésta le dijo con cariño: «De un tiro en la boca no se muere nadie». Esto le reconfortó y al poco tiempo llegó una ambulancia y fue llevado en grave estado al Hospital Donostia.

El parte médico reveló que presentaba un orificio de entrada de bala en mejilla izquierda sin orificio de salida, con trayectoria descendente. Al día siguiente fue sometido a una delicada y laboriosa intervención quirúrgica. ETA reivindicó el atentado una semana después. En el texto ETA señalaba que Recalde fue consejero del «Gobierno que asienta la partición de Euskal Herria». (Fundación para la Libertad, citando a EL DIARIO VASCO, 13/9/201)

9/9/10

"Si el asesino de mi hermano se arrepiente y colabora, podré perdonar"

"Hablar de la reinserción del asesino de un familiar tiene que ser duro. Maite Pagazaurtundua no evitó ayer afrontar el tema. Hacía menos de 24 horas que la Ertzaintza había detenido a Gurutz Agirresarobe, el terrorista de ETA que disparó cuatro veces a la cabeza de su hermano Joseba, el que fuera jefe de la Policía Municipal de Andoain, militante socialista y fundador de la plataforma Basta Ya, y los recuerdos se agolpaban en su cabeza.

Después de siete años deseando la detención del asesino de Joseba, descubrió, de golpe, que vivía en Hernani, al lado de su actual pueblo, Andoain, y muy cerca del piso familiar del que "nos tuvimos que exiliar por las amenazas".

Demasiadas emociones como para pensar en la generosidad. Demasiado fresca la imagen del detenido junto a su casa, en actitud de "campeón, de gudari (soldado), de no ser responsable" de todo el dolor que había causado.

"Los laicos no nos pueden pedir perdones absolutos, no nos pueden pedir que no exijamos el cumplimiento de la ley. Las víctimas no somos criaturas celestiales. Pero si llegado el momento [Gurutz Agirresarobe] se arrepiente, estoy dispuesta a perdonar, a aceptar su reinserción". Pero a renglón seguido precisó que "ha de ser un arrepentimiento de verdad, es decir, ha de colaborar activamente en acabar con ETA y su mundo de violencia, eso es irrenunciable.

No nos podemos autoengañar", dijo a EL PAÍS tras la multitudinaria conferencia de prensa que ofreció en la Delegación del Gobierno de Santander. La hermana de la víctima de ETA estaba pasando unos días en la localidad de Santoña." (El País, 05/08/2010, p. 12)

3/11/09

El sufrimiento de las víctimas del terrorismo... las hace enfermar...

Según el primer estudio científico sobre el impacto de la violencia en la salud en el País Vasco, las víctimas presentan entre cuatro y siete veces más riesgo que el resto de la población de sufrir "malestar físico, emocional o psiquiátrico". Para Maite Pagazaurtundúa, esas cifras muestran el impacto que "suponíamos que existía, pero que ahora ya es un hecho objetivo que hay que afrontar colectivamente".

El 43% de las víctimas del terrorismo de ETA corre el riesgo de convertirse en un caso psiquiátrico, según el primer estudio científico sobre el impacto de la violencia en la salud en el País Vasco que recoge el libro 'La noche de las víctimas'. (...)

La epidemióloga y miembro del equipo de investigación, Isabel Izarzugaza, ha recordado que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido la "violencia colectiva" como un problema de salud pública, y ha explicado que, además de sentirse más solas y estigmatizadas, las víctimas presentan hasta un 30% más de dificultades para relacionarse y trabajar. Para la presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundúa, estas cifras materializan el impacto que "suponíamos que existía, pero que ahora ya no es una opinión, sino un hecho objetivo que hay que afrontar colectivamente." (...)

"Este estudio ayuda a rellenar un vacío de diagnóstico que nos llevará a empatizar más con las víctimas y a convertirnos en un bálsamo que mitigue sus heridas", ha añadido el vicepresidente de la Fundación Fernando Buesa, Jesús Losa, que ha explicado que queda mucho camino por recorrer para reparar unos estragos "que pueden durar muchas décadas". (Fundación para la Libertad, citando a EL CORREO, 2/11/2009)

"
Además de víctimas del terrorismo, enfermos. El informe es concluyente. Los que han padecido un atentado terrorista, además de las secuelas provocadas por los asesinos, son más susceptibles de sufrir enfermedades, hasta casi tres veces más que el resto de los ciudadanos que no tienen que soportar de por vida haber estado en el punto de mira de los terroristas. (...)

La noche de las víctimas, investigación sobre el impacto en la salud de la violencia colectiva en el País Vasco, se titula el informe elaborado por una veintena de profesionales del mundo sanitario de forma desinteresada. Según este documento, las víctimas del terrorismo presentan peores niveles de salud que la población general, incluso décadas después de haber sufrido los actos de violencia. En concreto, las víctimas declaran padecer 2,4 enfermedades de media, frente a menos de una que presentan las personas que no han sufrido la violencia.

Las víctimas del terrorismo tienen indicadores de salud «significativamente peores» que los de la población general y, además, su riesgo de sufrir alguna enfermedad física o emocional es «muy superior». «Sus estructuras psicológicas están afectadas, han perdido parte de su autoestima, de sus creencias positivas sobre ellos mismos y sobre el mundo, se sienten solas y estigmatizadas, y también sienten que la relación con su entorno social está alterada», indican las conclusiones del informe.
(...)

Además, cerca de un 43% de ellas «vive en tal situación que corre el riesgo de convertirse en un caso psiquiátrico».

Estas alteraciones en la salud de las víctimas afectan a todos los niveles de su vida cotidiana y, así, presentan menor capacidad para realizar actividades relacionadas con el manejo de su entorno y sus actividades cotidianas, mayores dificultades en relación con la comprensión y comunicación o limitaciones en la relación con otras personas.

Pero, además, ser víctima de la violencia también puede modificar las creencias y valores básicos de las personas, lo que puede influir sobre su salud. Según el estudio, las víctimas presentan valoraciones más bajas para todas las creencias básicas, «lo que sugiere que el hecho traumático desencadenó en ellas la aparición de cambios negativos». «En particular, el sentido de la vida y la visión benevolente de los otros y del mundo tiene en las víctimas puntualizaciones hasta un 30% más bajas que las del resto de la población», apunta.

El informe fue presentado por la presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Maite Pagazaurtundua, y el director de la oficina de atención del Ministerio del Interior, José Manuel Uribes, en presencia de Javier Rojo, presidente del Senado." (Fundación para la Libertad, citando a
EL MUNDO, 3/11/2009)

26/6/09

La defensa de los intereses americanos en Oriente Próximo... y una carta de un colono israelí

"Soy lo suficientemente viejo para recordar cuando los kibutzim israelíes parecían asentamientos. En los primeros años sesenta, pasé un tiempo en el kibutz Hakuk, una pequeña comunidad fundada por la Haganah, el Ejército judío anterior a la creación del Estado de Israel. Nacido en 1945, Hakuk estaba todavía sin refinar. Las pocas docenas de familias que vivían allí se habían construido un comedor, una guardería, cobertizos y viviendas. Pero más allá de las residencias no había más que colinas cubiertas de rocas y campos a medio limpiar.Hakuk sigue existiendo. Salvo que hoy se dedica a la fabricación de plásticos y al turismo que acude al cercano Mar de Galilea. La granja original, construida en torno a un fuerte, se ha convertido en atracción turística.

Llamar a este kibutz "asentamiento" resultaría extraño. Sin embargo, Israel necesita "asentamientos". Son un elemento intrínseco de la imagen que siempre ha querido transmitir a sus admiradores y donantes extranjeros: la de un pequeño país que lucha para asegurarse el lugar que le corresponde en un entorno hostil mediante el duro y positivo trabajo de limpieza de tierras, irrigación, autosuficiencia agraria, productividad e industriosidad, legítima defensa y construcción de comunidades judías. Pero este relato de neocolectivistas y pioneros suena falso en el Israel moderno y lleno de alta tecnología. (...)

El mayor de estos controvertidos "asentamientos" es Maale Adumim, que tiene una población de más de 35.000 habitantes y comprende tierras con una superficie de 50 kilómetros cuadrados, el triple que Ginebra, en Suiza, y casi la mitad que Manchester, en Inglaterra. ¡Menudo "asentamiento"! (...)

La población de colonos ha crecido sin cesar a un ritmo del 5% o más durante los últimos 20 años, casi el cuádruple que la población israelí en su conjunto. Junto con los judíos de Jerusalén Este (también anexionada de forma ilegal y unilateral a la capital de Israel), los colonos son hoy más de medio millón de personas: justo por debajo del 11% de la población (judía) del "Gran Israel", y ésa es una de las razones por las que cuentan tanto en las elecciones, en las que la representación proporcional les otorga una influencia desmesurada.

Ahora bien, si Israel se emborracha con los asentamientos, Estados Unidos lleva mucho tiempo siendo el que se lo permite. Si Washington no diera a Israel 3.100 millones de dólares anuales de ayuda, las casas en los asentamientos de Cisjordania no serían tan baratas, menos de la mitad de unas viviendas equivalentes en el territorio israelí propiamente dicho. Muchos de quienes van a vivir a esas casas ni siquiera se consideran "colonos". Recién llegados de Rusia y otros países, se limitan a aceptar la oferta de alojamiento subvencionado, se trasladan a los territorios ocupados y se convierten en clientes agradecidos de sus patronos políticos, por lo que será muy difícil sacarlos de allí.

Claro que nadie cree en serio que los "asentamientos" vayan a desaparecer alguna vez, con su medio millón de residentes, sus instalaciones urbanas y su acceso privilegiado a la tierra y el agua. Las autoridades israelíes, ya sean de izquierda, derecha o centro, no tienen intención de eliminarlos, y ni los palestinos ni los estadounidenses informados se hacen ilusiones al respecto. (...)

Por consiguiente, el presidente Obama tiene que elegir. Puede hacer el juego a los israelíes, pretender que cree en sus buenas intenciones y la importancia de las distinciones que le ofrecen; pero los israelíes estarían tomándole por tonto, y ésa es la imagen que daría en la región y en todo el mundo.

O puede romper con dos décadas de docilidad estadounidense, reconocer públicamente que el emperador está desnudo, tratar a Netanyahu como el cínico que es y recordar a los israelíes que sus asentamientos (todos sus asentamientos) dependen de la buena voluntad de Estados Unidos. Los llamados "asentamientos" no tienen nada que ver con la defensa de Israel, ni mucho menos con sus ideales fundacionales de autosuficiencia agraria y autonomía judía. No son más que una forma de colonización, y Estados Unidos no debería dedicarse a subvencionar ni permitir esas cosas, ni a conspirar para disimularlas. (...)

Si los norteamericanos no son capaces de defender sus propios intereses en la región, que al menos no se dejen volver a tomar el pelo." (TONY JUDT: ¿Qué es un 'asentamiento'?. El País, ed. Galicia, Opinión, 25/06/2009, p. 33 )

"Un ciudadano israelí, que responde por el nombre de Daniel Ben Hillel, me hace llegar una carta a propósito de mi artículo ‘Los okupas de Jehová’, que publiqué en El País y en este blog el 11 de junio. (...)

Estimado Sr. Bassets,

Me dicen que es usted de ascendencia Judía, lo cual me permite, quizás, comprender mucho mejor su posicionamiento acérrimamente anti-israelí. Ese es un problema con el cual hemos venido lidiando desde hace 2.500 años y a pesar de que tenemos aún fresca en la memoria la experiencia de la Judería alemana en 1938, aun no hemos podido comprender que hay cosas de las que simplemente no podemos, como judíos, desprendernos.


Su artículo parte de premisas varias, repetidas una y otra vez por los propagandistas árabes (...)

ntentaré marcar, por lo menos, algunas de éstas, a mi entender, erróneas concepciones.

La propiedad de la tierra de Israel - El Estado de Israel fue fundado en su tierra ancestral, tierra que vió nacer al pueblo Judío y la única tierra en la cual los Judíos se desarrollaron como país y como pueblo. (...)

La tierra de Israel, en cambio, nos pertenece porque es la tierra que Dios le dio al pueblo Judío y no por una resolución de las Naciones Unidas. (...)

Racionalidad de los "okupas" - Los okupas, como usted les llama, y en cuyo numero me cuento, no están en duda; resulta, tan solo, que nuestra escala de valores es distinta a la suya. (...)

No puede pretender que yo crea y/o acepte que no tengo derecho a Judea y Samaria (donde vivo) y sí a Tel Aviv por la simple razón de que las Naciones Unidas así lo determinaron. Judea y Samaria son nuestra cuna histórica, no así la región de la costa; por ello creemos tener tanto o más derecho a Judea y Samaria que a cualquier otra región de Israel.

Idealismo - Quizás este punto sea la clave para su incapacidad de comprender la lucha del pueblo Judío por vivir en su tierra; quizás el vivir en una sociedad mercantilista le lleve a creer que se puede transar en lo básico siempre y cuando se obtenga algo a cambio de ello. Sr. Bassets, ¡cuéntele eso a los vascos! ¡cuénteselo a los catalanes (eso debería entenderlo) o a quien fuere que crea que los ideales no se venden!

La Realidad - Creo firmemente que la única forma de que vea, acepte y conozca la realidad es que visite nuestro país, y más específicamente mi ciudad, donde sería mi huésped, por supuesto sin cargo alguno para usted; también me haría cargo del coste del billete de avión. (...)

Daniel Ben Hillel

(Del alfiler al elefante. Blog de Lluís Bassets: Carta de un colono israelí, 26/06/2009)

4/6/09

Terror y alto nivel de vida ¿tiene alguna relación?

"Cada vez que voy a Bilbao o a San Sebastián me vuelvo con la misma impresión: he visitado uno de los raros Estados del bienestar seis estrellas que hay en el mundo. Y, sin embargo, la sociedad vasca no ha sido capaz de acabar con este cáncer social y moral que conforman el terrorismo y sus voceros. A veces me pregunto si este bienestar material tiene algo que ver con la pervivencia del terror." (Josep Ramoneda: País Vasco: el juego se abre. El País, domingo, 23/11/2008, p. 12)

8/4/09

"El atentado de ETA me blindó contra el odio"

"Su vida dio un vuelco el 19 de febrero de 2002, día en que conducía su Seat Ibiza gris matrícula 6436-BS de camino al centro de formación de Trapagarán (Vizcaya) donde trabajaba. Él solía revisar siempre los bajos de su coche, pero aquella mañana tenía prisa. A las 8.20, cuando le faltaban 200 metros para llegar a su destino, la bomba lapa estalló. Tuvieron que amputarle la pierna izquierda. A los pocos meses, su madre moría de un infarto. (...)

Los alevines del socialismo vasco, entre los que él se encontraba -acababa de ser elegido secretario de Política Institucional-, habían redactado una ponencia en la que se solicitaba un acercamiento de presos. En la que se planteaba la reglamentación de las consultas populares en Euskadi. Una línea muy distinta de la de la dirección socialista en aquellos días. (...)

Tres años después de aquel congreso, en 2002, ETA perpetraba el atentado. (...)

"En el momento en que sucede, mi compromiso se multiplica", asume el diputado por Vizcaya, que, contrariamente a lo que dicen tantos artículos y biografías, no era concejal de Deusto en aquel entonces. "Salgo reforzado en el compromiso. Con un rechazo total a lo que ETA me propone: el odio, las ganas de venganza, las ganas de irme. Y me lleva a un ejercicio de alquimia, que todavía no ha concluido, que es convertir el plomo en oro: que de esa mierda salga algo que refuerce mi vida. Aquel atentado me blinda contra cualquier tipo de odio, ETA es una factoría de odio. Yo salgo más generoso, más aceptador de la diferencia, de la pluralidad. Termino convirtiendo aquel escenario en una alerta de la importancia de las cosas en la vida, de la importancia del tiempo. Ojalá pudiera quitar aquel día. Pero es un capítulo fundamental de mi vida, casi de mi muerte; intento convertirlo en algo positivo para los días que me quedan por vivir". (EDUARDO MADINA: "El atentado de ETA me blindó contra el odio". El País, Domingo, 22/03/2009, p. 6/7)

24/10/08

La venganza imposible

"Un hijo de Tomás y Valiente publica una novela sobre el terrorismo y la justicia.

La mañana del 14 de febrero de 1996, Jon Bienzobas, pistolero de ETA, entró en el despacho que Francisco Tomás y Valiente (63 años, cuatro hijos) ocupaba en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Mientras el ex presidente del Tribunal Constitucional hablaba por teléfono, Bienzobas le disparó tres tiros a sangre fría.

Miguel Tomás-Valiente (Valencia, 1963) recuerda cómo recibió la noticia del asesinato de su padre: "Le di un puñetazo a una puerta y empecé a llorar y a decir 'no conocerá a mi hijo, no conocerá a mi hijo'. Es irracional porque yo no había pensado en tener hijos, pero una cosa así no la preparas, te sale lo que eres". (...)

"El hecho capital de mi vida es la muerte de mi padre. Yo antes que padre de mis hijos me siento el que no puede matar a esa gente. Porque no puedo físicamente ni me cabe en la cabeza coger un arma... Aunque a veces piensas que serías capaz". (...)

El trauma del asesinato de su padre le desencadenó la enfermedad de párkinson. También le dejó un pesimismo visceral, pero sin drama. La urgencia por escribir llegó más tarde: "Esta enfermedad tiene un reloj, es degenerativa, y yo quería dejarle a mi hijo cosas que no sé si podré contarle cuando él tenga 18 años. No quiero hacer dramatismo barato. Igual os morís antes todos los que estáis aquí, pero parece que no voy a ser el último". (...)

¿Y por qué una novela? "Porque además de para mi hijo está escrita para mí. Necesitaba explicarme lo que no tiene explicación". Planteada como una carta del protagonista a su bebé de tres meses, la obra es, insiste su autor, una novela sobre la justicia: "No conozco muchos juicios en la literatura española". Tampoco abundan las ficciones sobre el terrorismo: "Suelen tirar por el lado del terrorista bueno".

En El hijo ausente uno de los personajes subraya que una paz sin justicia es indigna. "No es que no esté dispuesto a ser de los que pagan un precio por el bien común", dice el escritor, "pero la injusticia no es buena base para la paz". Otra preocupación que atraviesa la novela: comprar a los terroristas su renuncia a matar a cambio de burlar a la justicia. "Aunque hay cierto hartazgo y a lo mejor ya no se les dan más oportunidades", matiza. Para él, además, la solución no pasa por la venganza: "Lo más cercano a la barbarie es que cada uno se tome la justicia por su mano".

Cuando se le pregunta cuál sería el final justo, Tomás-Valiente vuelve a una oscuridad -hasta su humor es negro- que tiñe toda la conversación: "La base de la civilización debería ser la justicia. Su fracaso es que hemos aprendido a mirar para otro lado. Cuando estalla un coche, la gente se siente aliviada de que el muerto no sea suyo. Y es natural, no lo critico". (El País, ed. Galicia, Cultura, 22/10/2008, p. 44)

1/10/08

El apoyo al terrorismo

Es la mentalidad que existe en parte de la población vasca lo que hace que siempre haya voluntarios para practicar desde la kale borroka al coche bomba. ¿Cuántos son los que así piensan? ¿Cincuenta mil? ¿Cien mil? ¿Cómo es posible que en un pueblo tan civilizado en tantos aspectos, una parte de sus habitantes no haya asumido ideas básicas de convivencia, paz y respeto al que piensa de modo distinto? Esas ideas hoy se aceptan sin discusión en todo país avanzado. En España también se han impuesto desde que acabó la dictadura. ¿Por qué, entonces, esa excepción?

Quienes se apuntan a las ideas de la izquierda abertzale, unas ideas que deberían ser tan aceptables como cualesquiera otras, son gente que parece normal. Se les ve marchando en manifestaciones numerosas tras la ikurriña y la banderola de turno pidiendo libertad para los asesinos, cuyas fechorías no se condenan jamás. Son personas de aspecto educado que nada tienen que ver con lo que puede contemplarse en Oriente Medio o en otros lugares donde las protestas en apoyo de la violencia tienen su raíz en la pobreza, el desempleo, el analfabetismo y la continua frustración que es el vivir de cada día. Son buenos padres o madres de familia, buenos hijos, buenos amigos de sus amigos, buenos aficionados al fútbol y a comer bien, socios del Athletic o de la Real y de las cofradías gastronómicas, gente, pues, como tanta otra, si no fuera por esa grave deformación que les lleva a pensar que asesinar tiene sus atenuantes o más bien sus eximentes. ¿Acaso, se dicen entre sí, no hay una Ley de Partidos que los discrimina? ¿Cómo no va a haber que defenderse de esa odiosa discriminación? ¿No hubo hace 20 años el GAL? ¿No persiguió Franco a los vascos? Y así la deformación sigue y sigue, pues el virus se transmite de generación en generación y así se justifica, cuando no se ensalza, a los asesinos y nadie se acuerda de los asesinados. ¿Qué pasará en el corazón de esas personas para haberse endurecido hasta ese extremo?” (FRANCISCO BUSTELO: La lacra que no cesa. El País, ed. Galicia, Internacional, 30/09/2008, p. 23)

Una respuesta, unas páginas más adelante, la de Fernando Savater (amenazado de muerte por ETA). Es el miedo, el odio que impone el poder (y el poder violento es el más eficaz):

“La violencia no es absurda, ni mucho menos: quizá la vida humana en general es absurda -si suponemos que debiera tener un sentido trascendente del que carece- pero no aquellas acciones humanas que resultan útiles, aunque sean detestables. Y la violencia es útil para perseguir determinados objetivos, por eso precisamente está prohibida en las sociedades civilizadas. En efecto, cuando las vidas humanas se reducen a gestos mudos todas son iguales, pero difieren cuando cada uno explica lo que vivir significa para él. El más profundo condicionamiento neurológico de los humanos, querido Arcadi, es lo que llamamos pensamiento y se expresa con palabras o silencios. Acallando el pensamiento no mostramos respeto por las víctimas... ni siquiera por sus verdugos.

Porque además el terrorismo trata de imponer el silencio y potenciar el afán de supervivencia, más acá de cualquier ideología. El propio festival donostiarra de cine es muestra de ello. Por primera vez, en esta edición se ha condenado un atentado terrorista. Antes había que guardar silencio ante ellos (como bien recordará la hoy jurado Leonor Watling de sus tiempos de presentadora) o incluso aceptar que en cada inauguración los proetarras subieran al escenario con sus pancartas, gritos y reivindicaciones. Agobios de la cobardía: antes daba miedo hablar pero hoy, en un clima diferente y con el ojo público sobre lo que allí ocurre, lo peligroso es callar.” (FERNANDO SAVATER: ¡Allá películas!. El País, ed. Galicia, Cultura, 30/09/2008, p. 37)

5/9/08

Para mantener nuestra comodidad ¡De lo que no seremos capaces!

“P.- ¿Y el futuro?

R.- ¿Qué nos depara el futuro si evitamos la guerra? Evitar la guerra supone problemas de superpoblación. Mire los jóvenes: se aburren, un día van a acabar con los viejos, no sabrán qué hacer con ellos. Somos un animal muy primitivo. Hay peces y virus que son más antiguos que el hombre. Tal vez estemos sólo al principio de nuestra historia. Quizá no hayamos aprendido a unir nuestro instinto y nuestro raciocinio.

P.- Qué panorama.

R.- Es muy fácil sentarse aquí, en esta habitación, y decir: “¡El racismo es horrible!”. Pero pregúnteme lo mismo si se traslada a vivir a la casa de al lado una familia jamaicana que tiene seis hijos y escuchan reggae y rock and roll todo el día. O cuando mi asesor venga a casa y me diga que desde que se mudó a mi lado la familia jamaicana el valor de mi propiedad ha caído en picado. ¡Pregúnteme entonces! En todos nosotros, en nuestros hijos, y por mantener nuestra comodidad, nuestra supervivencia, si rascas un poco, aparecen muchas zonas oscuras. No lo olvide. Mire el problema vasco. ¡Cuánto me equivoqué con este tema! Cuando el asunto del IRA estaba llegando a su fin, publiqué un artículo considerando que con ETA pasaría lo mismo. Y no, ETA sigue matando.

P.- ¿Qué pasa? ¿Cuál es su opinión?

R.- No lo sé. Ese idioma tan misterioso es muy raro, muy poderoso. Quizá por eso a alguna de esa gente le resulta tan imposible aceptar el mundo exterior. Pero no estoy seguro de nada. De lo que sí que no tengo dudas es de que es un problema gravísimo.

P.- ¿Insinúa que el idioma es la raíz del problema?

R.- Quizá.”

(Entrevista a George Steiner: "Yo intento fracasar mejor". El País, El País Semanal, 24/08/2008)

Nota: es curioso como un hombre cultísimo explique el terrorismo echando mano de causas cultas, pero oscuras, la defensa del idioma. Si escuchara a alguien decir que "quizá la raíz del problema sea la religión" ¿Se escandalizaría?

Los (muy pocos) terroristas dicen que luchan para salvar un idioma (o una religión, o una cultura).
Una pequeña parte de la población los apoya ¿Un 20%?, les da dinero, los esconde.
Y el resto (¿Un 80%?) mira para otro lado, disculpándolos unas veces (asesinatos individuales); y otras, cuando se produce una masacre, los condena (o dice que "así no").

El problema es matar. No hablar o rezar.