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19/6/24

La BBC muestra cómo los guardacostas griegos tiraron por la borda a los migrantes para que murieran el 17 de junio de 2024... Este reportaje relata de forma estremecedora cómo las autoridades griegas "cazan" a los migrantes que llegan a su territorio y los abandonan más allá de sus aguas territoriales. A muchos los arrojan deliberadamente por la borda para que mueran

 "Un informe de la BBC y un documental titulado Dead Calm: Killing in the Med? muestra cómo, a lo largo de tres años, los guardacostas griegos causaron la muerte de "docenas de migrantes" en el Mediterráneo. La mayoría murieron al verse obligados a abandonar las aguas territoriales del país tras alcanzarlas, otros incluso habían llegado a tierra pero fueron obligados a volver al mar. Nueve de ellos fueron "arrojados deliberadamente al agua".

La cadena pública británica recogió testimonios de lo denunciado en los últimos años por muchas de las organizaciones no gubernamentales sobre el terreno. Los informes de estas organizaciones, de los medios de comunicación locales, de los migrantes y de los guardacostas turcos convergen. Pero también tuvo acceso a imágenes que prueban lo sucedido. Una de ellas muestra cómo suben a 12 personas a un barco de los guardacostas griegos y luego las abandonan en una lancha neumática. Un "crimen internacional", reconoce Dimitris Baltakos, ex jefe de operaciones especiales de los guardacostas griegos, en un arrebato filmado casualmente al margen de una entrevista cuando le mostraron lo sucedido. Durante la entrevista había negado que esto pudiera ocurrir. 

Es la primera vez que se detalla una serie de incidentes, 15 entre mayo de 2020 y el mismo mes de 2023, que se saldaron con 43 muertes. En cinco de los casos, los migrantes afirman que las personas fueron "arrojadas directamente al mar". En cuatro dicen que llegaron a las islas griegas pero fueron recogidos y arrojados de nuevo al mar. En otros "los subieron a balsas hinchables sin motor, que luego se desinflaron o parecían haber sido pinchadas".

Un migrante camerunés contó que consiguió llegar a Samos en septiembre de 2021, fue recogido por varios policías enmascarados y subido a una embarcación. Dos de sus compañeros fueron arrojados al mar y murieron allí, sus cuerpos aparecieron en Turquía. A él, en cambio, lo golpearon "como a un animal" y también lo arrojaron al mar sin siquiera un chaleco salvavidas, pero logró sobrevivir.

Otro, de Somalia, cuenta que en marzo de ese mismo año fue capturado al llegar a Quíos, atado y arrojado al agua. Sólo sobrevivió porque consiguió liberar una de sus manos. Tres miembros de su grupo murieron.

Un migrante de Siria cuenta que en septiembre de 2022, cuando su embarcación con 85 personas a bordo se quedó sin motor cerca de Rodas, acabaron siendo recogidos por la guardia griega, que los envió a aguas turcas en lanchas neumáticas. La que les pusieron no tenía la válvula bien cerrada e inmediatamente empezó a hundirse. Los guardacostas no actuaron y varios de los niños murieron: "Mis hijos sólo murieron por la mañana... justo antes de que llegaran los guardacostas turcos".

Grupos de derechos humanos denuncian que a miles de personas se les impide llegar a los centros donde podrían solicitar el estatuto de refugiado. Son perseguidos por miembros de las autoridades que "aparentemente actúan en la clandestinidad, sin uniforme y a menudo enmascarados"."                  (Esquerda, 17/06/24, traducción DEEPL)

16/2/24

Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio, sobre la retirada de fondos a UNRWA: “[Esta retirada de fondos] representa un giro por parte de varios países desde una posible complicidad en genocidio hasta la participación directa en una hambruna diseñada. Es un ataque a lo que queda de seguridad personal, libertad, salud y dignidad en Palestina... esta acción equivale a una mayor participación en el genocidio en curso de palestinos en Gaza... sugiere la intención de destruir, total o parcialmente, al pueblo palestino, mediante la destrucción de la balsa salvavidas proporcionada por la UNRWA... Nos preocupa que esta acción, programada de tal modo, sea una represalia contra la orden de medidas preventivas a Israel adoptada por la Corte Internacional de Justicia"

 "La retirada de fondos a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) por varios países sigue generando preocupación y reacciones en el ámbito de los derechos humanos. La decisión, impulsada por Estados Unidos y seguida por otras naciones aliadas, fue anunciada el mismo día en el que la Corte Internacional de Justicia establecía que hay “pruebas plausibles” para investigar a Israel por genocidio en Gaza y ordenaba medidas cautelares al Gobierno de Netanyahu, que debe cumplir en el plazo de un mes.

Han pasado dos semanas desde entonces. El Ejército israelí no ha detenido sus ataques sobre Gaza, ha asediado hospitales, bombardeado viviendas y edificios públicos, matado a otros mil palestinos y mantenido un contexto que facilita el hambre y las enfermedades.

A ello se suma la suspensión de la financiación a la UNRWA por parte de dieciocho países, lo que supone más del 60% del presupuesto de la principal agencia de la ONU en Gaza, que facilita alimentación, educación y refugio. Su comisionado general, Philippe Lazzarini, ha advertido de que esta retirada de fondos puede llevarla “a un riesgo de colapso”.

Este jueves el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk, ha denunciado que Israel está destruyendo “todos los edificios en Gaza dentro del radio de un kilómetro de la valla” que separa este territorio de Israel. “La destrucción generalizada de bienes, no justificada por necesidades militares, y ejecutada de forma ilegal y sin motivo, constituye una grave violación de la Convención de Ginebra y un crimen de guerra”, ha añadido.

El comunicado

En este contexto se enmarca el contundente comunicado emitido por el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio, que lleva el nombre del abogado judío polaco Raphael Lemkin, padre del término y concepto de genocidio. En él se advierte de que la retirada de fondos a la UNRWA viola en sí misma el fallo provisional de la Corte Internacional de Justicia y opera en sentido contrario a las medidas cautelares emitidas por este tribunal.

Además, señala que “la amenaza” de suspender dicha financiación supone “una grave escalada”, facilita “que se propaguen actos genocidas” en Gaza y “sugiere la intención de destruir, total o parcialmente, al pueblo palestino, mediante la destrucción de la balsa salvavidas proporcionada por la UNRWA”.

Algunos de los párrafos del comunicado son especialmente duros, como este: “[Esta retirada de fondos] representa un giro por parte de varios países desde una posible complicidad en genocidio hasta la participación directa en una hambruna diseñada. Es un ataque a lo que queda de seguridad personal, libertad, salud y dignidad en Palestina”.

Una represalia

Los letrados, los expertos en genocidio y en derecho internacional que integran esta organización se unen de este modo a lo que consideran “un creciente consenso de profesionales del derecho internacional y estudiosos del genocidio” que señalan que “esta acción equivale a una mayor participación en el genocidio en curso de palestinos en Gaza”.

“Nos preocupa que esta acción, programada de tal modo, sea una represalia contra la orden de medidas preventivas a Israel adoptada por la Corte Internacional de Justicia”, advierten.

Del mismo modo se ha pronunciado el abogado y director de Human Rights Watch hasta 2022, Keneth Roth, quien señala que “parte de la vendetta de Netanyahu contra la UNRWA puede deberse a que la Corte Internacional de Justicia citó extensamente a su jefe en su fallo, en el que estableció que es creíble que Israel esté cometiendo genocidio en Gaza”.

La misma denuncia desde otras voces

En el mismo sentido que el Instituto Lemkin, el abogado y profesor de derecho internacional Francis Boyle –el primero que ganó un caso de protección por genocidio (Bosnia)– ha denunciado que la ayuda militar a Israel puede constituir complicidad en genocidio y que la retirada de fondos a la UNRWA añade una “violación directa del artículo 2(c) de la Convención de Genocidio: ‘Infligir deliberadamente al grupo condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial’”.

La relatora de Naciones Unidas para los Territorios Palestinos, Francesca Albanese, también ha indicado que esta retirada de fondos a la UNRWA supone un castigo colectivo y una probable violación de la Convención sobre Genocidio. Una posición similar defiende el profesor Alonso Gurmendi Dunkelberg, experto en derecho internacional de la Universidad de Oxford, quien considera que las amenazas a la financiación se han convertido en parte del crucial “debate de intenciones” con respecto a la aplicación de la Convención sobre Genocidio en las políticas de Israel en Gaza.

Otra voz en la misma línea es la de Christopher Gunness, portavoz de UNRWA entre 2007 y 2019, quien advierte que esta retirada de fondos constituye “una violación de la ley internacional, de las medidas cautelares de la Corte Internacional de Justicia y de la Convención sobre Genocidio; será devastador para Gaza”.

La acusación, la reacción y la investigación

Las naciones que han retirado su financiación a la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos son Estados Unidos, Alemania, Australia, Austria, Canadá, Estonia, Finlandia, Francia, Islandia, Italia, Japón, Países Bajos, Rumania, Suiza y Reino Unido. Justifican su decisión en base a las acusaciones presentadas por el Gobierno de Netanyahu, que afirma que doce trabajadores de UNRWA –de los 30.000 con los que cuenta, 13.000 de ellos en Gaza– habrían participado en los atentados de Hamás del 7 de octubre.

Hasta la fecha, las presuntas pruebas de esas acusaciones no se han hecho públicas. Tampoco los medios de comunicación han tenido acceso a ellas. Las cadenas británicas Sky News y Channel 4, así como el diario Financial Times, sí han conseguido obtener en exclusiva el informe israelí que contiene las acusaciones. Sky News señala que dicho informe no contiene pruebas y que varias de las acusaciones ni siquiera vinculan a la UNRWA. Del mismo modo ha informado Channel 4.

El periódico Financial Times ha señalado que “la evaluación de inteligencia, a la que ha tenido acceso el Financial Times, no proporciona ninguna prueba que respalde las afirmaciones”. Lindsey Hilsum, editora de Channel 4 News International, ha formulado públicamente la siguiente pregunta: “¿Por qué los donantes, incluido Reino Unido, retiraron la financiación tras acusaciones tan endebles y no probadas antes de una investigación?”.

A pesar de no tener acceso a las presuntas pruebas, UNRWA reaccionó de forma inmediata y despidió a nueve de estos doce trabajadores. De los tres restantes, dos están muertos y un tercero no ha podido ser identificado aún. Además, Naciones Unidas ha encargado una investigación independiente y exhaustiva para esclarecer los hechos.

La directora de comunicación de UNRWA, Juliette Touma, ha explicado que en mayo, como cada año, la agencia entregó a Israel un listado con los nombres de todo el equipo de empleados, para que los servicios de inteligencia los supervisara. El Gobierno israelí no ofreció respuesta ni puso objeción alguna.

Sobre las consecuencias de la retirada de fondos, ha confesado que “no esperábamos la suspensión por parte de tantos donantes. Solo en las primeras 24 horas se retiraron nueve países, en medio de la guerra. Si esto no se revierte, a finales de febrero o principios de marzo tendremos que suspender el trabajo”.

Varios países que han anunciado su retirada de fondos admiten que no han tenido acceso a “todos los hechos”. “¿Cuán irresponsable puede ser el Gobierno australiano?”, se preguntaba este jueves el abogado Keneth Roth. “Suspendió la financiación de la UNRWA, acelerando la hambruna de los civiles palestinos, aunque ‘no tenía todos los hechos’. Sí sabía que la UNRWA inmediatamente despidió e investigó a los presuntos infractores”.

La celeridad de EEUU –y de otros países– para retirar los fondos a la principal agencia de la ONU en Gaza contrasta con su negativa a paralizar su financiación militar al Ejército israelí y su apoyo diplomático al Gobierno ultraderechista de Netanyahu, a pesar de las medidas cautelares ordenadas por la Corte Internacional de Justicia, y de que ésta haya establecido que existen pruebas verosímiles de genocidio en curso en Gaza.

El Instituto Lemkin lamenta que, lejos de empujar a Israel para que cumpla, parte de la comunidad internacional occidental esté operando en sentido contrario. La correlación de fuerzas en el escenario global sigue dificultando la defensa de los derechos de los palestinos e, incluso, en algunos espacios la estigmatiza y criminaliza.

Juristas, expertos en genocidio, organizaciones de derechos humanos y de ayuda humanitaria, así como algunos Estados –encabezados por Sudáfrica–, buscan caminos y vericuetos posibles para salvar vidas y prevenir más matanza en Gaza, cuando ya hay más de 27.000 palestinos muertos, 69.000 heridos, miles de desaparecidos y más de un millón y medio de desplazados, según datos de la ONU.

El hambre como arma de guerra

Uno de los puntos más desarrollados por el Instituto Lemkin para la Prevención del Genocidio incide en el peligro de perpetuar y empeorar el contexto de hambruna que sufre Gaza.

“Más allá de las muertes por bombardeos, disparos de francotiradores, guerra química y armamento autónomo, el hambre domina la Franja de Gaza. Esto no es único: convertir el hambre en un arma está previsto específicamente por la Convención sobre Genocidio como método e indicador del crimen de genocidio”.

En sólo tres meses el deterioro en Gaza se ha multiplicado hasta tal punto que actualmente el 80% de la población mundial en riesgo de muerte por hambre se encuentra en la Franja. El economista jefe del Programa Mundial de Alimento de Naciones Unidas ha señalado que “nunca en mi vida había visto algo así en términos de gravedad, escala y velocidad”, y el experto en derecho internacional de la Universidad de Tel Aviv, Aeyel Gross, ha advertido de que la UNRWA debe ser “apoyada” y no “desfinanciada”.

Varias organizaciones, como Human Rights Watch, también alertan de que el hambre se está usando como arma de guerra en Gaza. Sobre ello, el Instituto Lemkin denuncia que “durante un período de hambruna, implementar una cancelación permanente o una pausa en la financiación pone a los Estados con fondos previamente comprometidos en una situación potencial de violación de la Convención sobre Genocidio”.

En su comunicado menciona pronunciamientos similares, como los de Noruega, que ha indicado que continuará proporcionando fondos a la agencia de la ONU en Gaza con el fin de “salvar vidas y salvaguardar las necesidades básicas y derechos; la UNRWA es la columna vertebral de los esfuerzos humanitarios en Gaza”. España se ha posicionado del mismo modo, manteniendo e incluso incrementando su financiación.

También dedica unas líneas a los medios de comunicación, lamentando que muchos no hayan “reaccionado con alarma a estas amenazas” de retirar los fondos, e insta “a periodistas y editores a que informen de forma sólida de las dimensiones humanitarias y legales que supone esta retención de ayuda humanitaria a los palestinos”.

La tortura

Hace unas semanas la antigua funcionaria del Ministerio de Exteriores israelí, Noga Arbell, instó al Gobierno de Netanyahu a tomar medidas para debilitar a la UNRWA, afirmando que “será imposible ganar la guerra si no destruimos la UNRWA, y esta destrucción debe comenzar de inmediato”. Poco antes, en el mes de diciembre, la prensa israelí se había hecho eco de un plan del Ejecutivo de Tel Aviv para deshacerse de la agencia de la ONU, cuya primera fase consistiría, precisamente, en vincularla con Hamás.

“Poco después de los comentarios de Arbell, la Agencia de Seguridad de Israel (el Shin Bet) anunció sus acusaciones contra el personal de la UNRWA”, relata el Instituto Lemkin. Según medios de comunicación israelíes, tales afirmaciones se basaron en gran parte en confesiones extraídas a través de interrogatorios a prisioneros palestinos.

El Instituto para la Prevención del Genocidio recuerda que “Israel tortura habitualmente a los presos palestinos, un método que se ha demostrado que produce información falsa y poco confiable. Tras los ataques del 7 de octubre, de hecho, el Gobierno israelí adoptó y renovó varias medidas para legalizar una política de internamiento e institucionalizar la tortura a los detenidos. (…) Antes de estas medidas, el Shin Bet era conocido incluso dentro de Israel por buscar confesiones falsas bajo tortura”.

Asimismo, solicita que “los Estados que han optado por suspender la financiación a la UNRWA comprendan las condiciones de interrogatorio en Israel. Según el derecho internacional, las confesiones obtenidas mediante tortura no pueden contarse como pruebas”.

Por lo demás, hace también referencia a la credibilidad de las acusaciones, recordando el informe Brom, elaborado en su día para el Centro Jaffee de Estudios Estratégicos de la Universidad de Tel Aviv. En él, el general de brigada israelí Shlomo Brom concluyó que “los organismos gubernamentales manipularon falsamente información de inteligencia para obtener apoyo” para impulsar la invasión de Irak, debido a “las relaciones entre la Inteligencia [israelí] y los altos responsables de la toma de decisiones”.

El informe Brom mostró que cuando se preparaba la invasión de Irak se presentó una “evaluación exagerada”, “impulsada por una imagen de inteligencia que fue manipulada”. El Instituto Lemkin advierte del peligro de una dinámica similar en la actualidad. “Una prisa por emitir juicios, en lugar de una confianza en el protocolo y en una investigación metódica, puede resultar en un error con consecuencias letales”, alerta.

Por último, resalta que “Israel ha violado sistemáticamente la seguridad y la santidad del estatuto de refugiado en la región. Tomar medidas contra la UNRWA en su conjunto representa una intensificación de las acciones contra los refugiados palestinos”.

Quedan dos semanas para que se cumpla el plazo otorgado por la Corte Internacional de Justicia a Israel. El Gobierno de Netanyahu tendrá entonces que mostrar que ha cumplido las medidas cautelares ordenadas por el máximo tribunal de la ONU. Éstas ordenan que Tel Aviv facilite la llegada a Gaza de toda la ayuda humanitaria necesaria y que adopte “todas las medidas a su alcance” para evitar “matar a miembros de un grupo”, causarles daños físicos o mentales e infligirles “deliberadamente condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física total o parcial”.

En los circuitos defensores de la ley internacional y los derechos humanos se advierte de que las víctimas mortales y los heridos acumulados en estos últimos quince días en Gaza, la destrucción de más viviendas e infraestructuras y el desplazamiento forzado, junto con la retirada coordinada de fondos a UNRWA, no contribuyen a ejecutar los objetivos establecidos."                     (Olga Rodríguez  , eldiario.es, 8 de febrero de 2024)

29/9/22

Ucrania peina las zonas liberadas a la caza de prorrusos... en los “campo de filtración”, Kiev se interesa especialmente por perfiles de funcionarios, concejales, profesores o antiguos miembros de las Fuerzas de Seguridad. Las visitas a casas, los interrogatorios, la inspección de los teléfonos móviles y los traslados ante los servicios secretos están a la orden del día... también las autoridades rusas mantienen en zonas que controlan un sistema de filtraje, interrogatorios y detención de la población

 "Eran las cuatro de la tarde del lunes 12 de septiembre cuando varios agentes se presentaron en casa de Svetlana, una funcionaria de 56 años residente a las afueras de Kupiansk, en el noreste de Ucrania. Durante la ocupación rusa, la mujer había seguido desempeñando sus funciones en el registro, otorgando partidas de nacimiento y defunción, como en los últimos 34 años. Tanto ella como su marido fueron trasladados a Shevchenkove, una localidad a una treintena de kilómetros donde las autoridades de Kiev llevan a cabo entrevistas e interrogatorios para tratar de averiguar quién ha colaborado con el invasor. 

Algunos quedan detenidos, aunque el Gobierno de Kiev no ofrece datos concretos. Tras una noche en comisaría, el matrimonio fue puesto en libertad, pero un documento que debió firmar ella la mantiene como testigo y la obliga a estar a disposición de los investigadores por si tuviera que declarar de nuevo. “Mi puesto no era trabajar para Rusia, sino trabajar para la gente de Ucrania”, defiende Svetlana en declaraciones a EL PAÍS.

En ocasiones, son los propios vecinos los que delatan a los que consideran colaboracionistas e incluso ponen pasquines en las calles con su foto. Pero, ¿quién ha trabajado realmente para el enemigo y quién se ha mantenido en su puesto bajo amenazas y porque no había más remedio? “Algunas personas han huido o se han escondido. Yo ni me lo he planteado. Prefiero dar explicaciones. Si consideran que soy culpable, voy a responder. Mejor eso que tener miedo o estar escondida”, asegura Svetlana, cuyo deseo es poder retomar de nuevo su trabajo cuanto antes.

 Las tropas ucranias pusieron en marcha el 6 de septiembre una contraofensiva en la región de Járkov que les ha permitido recuperar casi todo el terreno que llevaba medio año en manos del enemigo. Desde el primer momento, los servicios secretos peinan esos municipios a la caza de prorrusos, vecinos que pasen información al enemigo, que hayan cometido abusos o aquellos que consideren que se han implicado en exceso con la administración provisional impuesta por los invasores. Aunque muchos se han esfumado a través de la frontera con Rusia, Kiev se interesa especialmente por perfiles de funcionarios, concejales, profesores o antiguos miembros de las Fuerzas de Seguridad. Las visitas a casas, los interrogatorios, la inspección de los teléfonos móviles y los traslados ante los servicios secretos están a la orden del día. La información que obtienen sirve, además, para conocer más detalles sobre cómo se ha desarrollado la ocupación.

 Solo en Járkov hay unos 350.000 desplazados internos y en la zona que ha estado bajo poder de los rusos quedan menos de 100.000 personas, según datos ofrecidos este lunes por el gobernador regional, Oleg Siehubov. De esos, muchos prefieren salir ahora a zonas más seguras o donde dispongan de servicios como la luz o el agua, que están en proceso de restablecer. Pero Kiev quiere tener ese flujo controlado.

 En Shevchenkove hay un goteo de autobuses y coches particulares que llegan al aparcamiento de la plaza central, presidida por un monumento en piedra blanca en honor al insigne escritor y poeta Taras Shevchenko. Una nutrida presencia de policías y militares vigilan el lugar. Tras descender de los vehículos, un centenar de personas hace cola a las puertas de un edificio en el que tiene su sede un diario local, donde han de someterse a un cuestionario. Hay ciudadanos de todas las edades y, en algunos casos, familias enteras. Algunos llegan con sus mascotas y unas cuantas maletas. Para la mayoría es un proceso rápido y pronto regresan al autobús. Apenas unos minutos en los que les preguntan a qué se dedican y qué ha sido de su vida bajo la ocupación rusa. Les revisan el teléfono móvil, comprueban su pasaporte y fotografían su documentación y su rostro, según los testimonios recogidos en el lugar.

 Los habitantes de la zona conocen estas instalaciones de Shevchenkove como “campo de filtración”, expresión que la vice primera ministra, Irina Vereshchuk, se niega a aceptar, pues es un término que utilizan los rusos, dice. Se trata de “medidas de estabilización” que permiten, dentro de la ley, detectar a “agentes enemigos” y “grupos de saboteadores”, señala a este diario este lunes en la ciudad de Járkov. Vereshchuk es, además, ministra de los Territorios de Ucrania Temporalmente Ocupados, como se refiere el Ejecutivo de Kiev a las zonas del país que están ilegalmente en manos de Moscú.

Sistema de educación ruso

Con el fin de afianzar la ocupación, las autoridades de Moscú ya habían impuesto en la zona que dominaban de la región de Járkov el sistema de educación ruso. El curso había echado a rodar el 1 de septiembre con un simulacro de evacuación de las instalaciones en caso de ataque. Irina, profesora de dibujo y manualidades y tutora de una clase de noveno grado del Instituto número dos de Kupiansk, cuenta que habían recibido incluso libros nuevos adaptados al curriculum ruso. El centro seguía en manos de la misma dirección que el año pasado, pero cuenta que varios profesores habían sido trasladados durante el verano a Rusia como parte de un proceso de adoctrinamiento. La gran contraofensiva ucrania puso fin al nuevo curso el 8 de septiembre.

 Con los combates todavía retumbando en Kupiansk, Irina, de 48 años, tomó la decisión el pasado viernes de abandonar la ciudad en compañía de su madre, Svetlana, de 69. Fueron evacuadas junto a otros vecinos por unos voluntarios en medio de una gran tromba de agua que no impedía que se siguiera combatiendo en la zona. Ya en Shevchenkove se presentaron en la sede del diario local para cumplimentar el chequeo de las autoridades, pero en apenas unos minutos un hombre vestido de militar les pidió que las acompañara a dependencias policiales. Allí, el interrogatorio por parte de los servicios secretos se alargó una hora. Se centró sobre todo en el papel de Svetlana como contable de la Delegación de Educación de Kupiansk. Le insistieron sobre varios nombres concretos de personas. “No nos culparon de nada. Todo fue correcto y en calma. Mi madre firmó un protocolo como testigo”, explica Irina. Ambas siguieron su camino hacia otra región del país.

Al ser preguntada sobre quién estaba al mando en la zona ocupada de Járkov, la profesora de instituto da un nombre sin dudarlo: Vitali Ganchev. Se trata de un antiguo funcionario y miembro de las Fuerzas de Seguridad de Ucrania que apoyó y se implicó en la insurrección prorrusa en el este del país en 2014. Avanzada la invasión que comenzó el 24 de febrero, fue aupado a jefe de las autoridades de ocupación rusas en Járkov. Su rostro es uno de los que aparece en la calle en los carteles de “se busca”. Pero en cuanto el avance de las tropas locales triunfó y obligó a la retirada rusa, Ganchev, como otros peces gordos de la Ucrania prorrusa, pegó el salto al otro lado de la frontera. Desde allí, su última aparición pública ha sido el pasado fin de semana en el canal ruso Rossiya-24. “No sé nada de entierros”, declaró refiriéndose a las fosas aparecidas con cientos de cuerpos en Izium (Járkov) tras el fin de la ocupación de las tropas del Kremlin.

Un informe denuncia el sistema ruso de interrogatorios y detención en los territorios ocupados

Las autoridades rusas mantienen en zonas que controlan de Ucrania un sistema de filtraje, interrogatorios y detención de la población autóctona que viola el derecho internacional, según denuncia un informe hecho público a finales de agosto en el que ha participado la Universidad estadounidense de Yale. Moscú invita a los ucranios a que acepten como autoridad al Kremlin, de hecho mantiene abiertas las fronteras para que estos pasen a Rusia sin problema por aquellos pasos fronterizos que están en zona ocupada.

Las autoridades rusas también emplean infraestructuras para controlar a la población que quiere salir de las áreas que mantienen bajo ocupación en Ucrania. Solo en la región de Donetsk y sus alrededores, se han detectado hasta 21 centros de filtración para registrar, interrogar y detener tanto a civiles como a militares considerados prisioneros de guerra, según la investigación. El Departamento de Estado de EE UU ha dado por buena esa denuncia de los abusos que está cometiendo Moscú en Ucrania, según ha difundido en su perfil de la red social Twitter. Este sistema “incluye el uso de detenciones extrajudiciales e incomunicadas, viola múltiples puntos del derecho internacional humanitario y plantea múltiples problemas de derechos humanos potencialmente graves”, alerta el informe, basado tanto en fuentes abiertas como en imágenes vía satélite.

Uno de estos lugares sería el centro de detención de larga estancia de Olenivka (Donetsk), donde a finales de julio tuvo lugar un ataque en el que murieron decenas de ucranios hechos prisioneros por los rusos en la factoría de Azovstal, en la ciudad de Mariupol en mayo. En las regiones ucranias de Donetsk y Lugansk, que integran la zona oriental del país que se conoce como Donbás, se ha autoproclamado con el apoyo de Rusia sendas repúblicas independientes. Ese territorio es escenario desde 2014 de una guerra protagonizada por milicianos prorrusos y tropas de Moscú frente al Ejército local."               (Luis de Vega, El País, 20/09/22)

15/2/22

La muerte de 19 migrantes reabre el debate sobre la complicidad de la UE en las violaciones de Derechos Humanos... Doce de los 22 de inmigrantes empujados por las unidades fronterizas griegas, despojados de sus ropas y zapatos, han muerto congelados. La UE es irremediable, débil y vacía de sentimientos humanos

“Ipsala, frontera entre Turquía y Grecia. Doce de los 22 de inmigrantes empujados por las unidades fronterizas griegas, despojados de sus ropas y zapatos, han muerto congelados. La UE es irremediable, débil y vacía de sentimientos humanos”. El mensaje soltado en Twitter el pasado 2 de febrero no pertenece a un activista indignado ni a una red de ONG. Lo escribió Süleyman Soylu, ministro de Interior de Turquía. El recuento final elevó los cuerpos congelados a 19.

Aunque el Gobierno griego califica las acusaciones de “falsa propaganda” y Ankara utiliza sus fronteras como principal arma de negociación frente a Bruselas y Atenas, lo que cuenta Süleyman Soylu es coherente con las denuncias de cientos de migrantes recogidas por las organizaciones de derechos humanos.

Turquía cuenta con cerca de cuatro millones de refugiados y la frontera griega, ya sea a través de las islas del Egeo o de la frontera continental, son pasos obligados para miles de refugiados que quieren llegar a los países más ricos de Europa.

Los 19 migrantes fueron encontrados por las autoridades turcas sin zapatos y casi sin ropa. Según denuncian, la policía griega les había obligado a cruzar el río Evros, frontera entre ambos países, en una nueva devolución en caliente. El paso del río a la altura de Ipsala, donde fueron encontrados los cuerpos, es una ruta habitual de miles de migrantes que se exponen a los peligros del caudal del río y de las bajas temperaturas en invierno.

Diversas organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional o Migreurop, llevan años denunciando la complicidad de las instituciones de la UE con la violación sistemática de derechos humanos en las fronteras de la Unión y en los países de origen y de paso de la migración, donde ha recurrido a la externalización de las fronteras a golpe de talonario.

Según denunciaba Amnistía Internacional en junio de 2021, las devoluciones en caliente son una práctica habitual de Grecia: “Está claro que diversas autoridades griegas se están coordinando estrechamente para aprehender y detener a las personas que buscan seguridad en Grecia, sometiendo a muchos a la violencia y luego transportarlos a las orillas del río Evros antes de ser devueltos ilegalmente a Turquía”, explicaba Adriana Tidona, investigadora sobre migración de Amnistía Internacional para Europa.

Esta investigadora insistía en que los “rechazos violentos se han convertido de facto en la política de control de la frontera griega en la región de Evros”. Las investigaciones de campo de Amnistía Internacional realizadas en el mismo sitio donde fueron encontrados los 19 cuerpos documentaron la utilización de palos, patadas, puñetazos, bofetadas y empujones y un uso sistemático de las devoluciones ilegales.

El 8 de febrero, las devoluciones en caliente volvían a ser noticia después de que la guardia costera turca rescatara a 95 migrantes que habían sido repelidos ilegalmente por las autoridades griegas. El presidente turco Tayyip Erdoğan prometió que haría públicas todas las devoluciones en caliente. Mientras, Grecia sigue negándolo todo y la Comisión Europea mira a otro lado.

Desde la ONG No Name Kitchen, organización que trabaja en diversos campos de refugiados en las fronteras europeas, dan credibilidad a las acusaciones de Turquía: “Desnudar a las personas en pleno invierno antes de una devolución ilegal es una de las prácticas comunes por parte de agentes de policía de países de la Unión Europea”.

Este tipo de prácticas no son exclusivas de Grecia. Según esta organización, la policía de Croacia, miembro de la UE desde 2013, quemó las posesiones y la ropa de migrantes antes de devolverlos ilegalmente fuera de las fronteras de la Unión. Según un informe Border Violence Monitoring Network de 2020, se trata de una práctica habitual y hasta el 40% de los casos registrados por esta red que optaron por la ruta balcánica sufrieron destrucción de sus posesiones.

Los testimonios recogidos por No Name Kitchen demuestran que no es raro que la policía prenda fuego a la ropa de las personas migrantes antes de devolverlas al otro lado de la frontera, “completamente desnudas, obligándolas a caminar sin ropa durante varias horas, a menudo en condiciones meteorológicas extremas, hasta la ciudad o refugio más cercano para buscar asistencia”.
Más que complicidad

La complicidad de las más altas instancias de la UE en las devoluciones ilegales y otras prácticas contrarias al derecho humanitario internacional es mucho más que una teoría. En diciembre de 2021, el director de Derechos Fundamentales de la Agencia Europea de Fronteras (Frontex), Jonas Grimheden, reconocía que este organismo podría estar implicado en vulneraciones de derechos humanos en distintas fronteras de la UE, especialmente en las devoluciones en caliente en Grecia. “Dado que Frontex apoya cada vez más a Estados miembros como Grecia y Lituania, el riesgo de que seamos cómplices de violaciones de derechos humanos es enorme”, señalaba al medio sueco Svenska Yle.

Y no se trata solo de que sabían qué estaba ocurriendo y no hicieron nada. Una investigación de revista alemana Der Spiegel, Report Mainz, Lighthouse Reports y la televisión Asahi y ARD demostró que unidades de Frontex habían estado involucradas en la devolución ilegal de personas refugiadas por los guardias fronterizos griegos, algo que confirmaban correos internos de Frontex filtrados. Entre las diversas acusaciones de esta investigación hecha pública a finales de 2020, un equipo de agentes suecos de Frontex fue testigo de una devolución ilegal y quiso reportar el incidente, como es su obligación. Pero un superior de la agencia trató de encubrirlo.

Las violaciones de los derechos humanos en las fronteras de la Unión no son exclusivas de la ruta griega o balcánica. En Libia, se ha cumplido este febrero cinco años desde que la Unión Europea firmó con este país un memorándum de entendimiento para externalizar el control de las fronteras y evitar la llegada de migrantes y refugiados a aguas europeas.

Desde entonces, 82.000 personas han sido interceptadas en alta mar por la Guardia Costera libia, una entidad acusada de todo tipo de atrocidades y de un “uso excesivo de la fuerza” por Stefano Turchetto, comandante de la Operación Irini de la Fuerza Naval de la Unión Europea Mediterráneo, según un informe confidencial publicado por AP. Maltratos, torturas, detención arbitraria, campos de concentración clandestinos, violencia sexual, trabajos forzados y homicidios son las prácticas habituales de las fuerzas libias con los migrantes que intentan llegar a Europa, según Amnistía Internacional. Ante estos escándalos, la Comisión Europea ha decidido aumentar la capacidad de actuación de la Guardia costera, que solo en 2021 interceptó 32.425 personas refugiadas y migrantes en el mar que fueron devueltas a Libia."         (El Salto, 10/02/22)