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18/3/24

Ángel Viñas: "Franco robó lo suyo, una fortuna de 388 millones de euros en 1940... una fortuna comparable, aunque a escala mucho más modesta, al de su secreto modelo: un tal Adolf Hitler"

 "(...) Y, volviendo al dicho brasileño, ¿Franco robó?

Hombre, Franco robó lo suyo, pero sobre todo permitió que la élite del régimen robase todo lo que pudo. En 1940, Franco tenía una fortuna equivalente a unos 388 millones de euros. No está mal…

[Ángel Viñas alude en La forja de un historiador a los orígenes de la fortuna de Franco, entre ellos la venta de seiscientas toneladas de café donadas por el dictador Getúlio Vargas al pueblo español. La procedencia del dinero y sus inversiones —en una "propiedad rústica en los alrededores de Madrid", por ejemplo— ya figuraban en el último capítulo de su libro La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco (Crítica), titulado Franco se hace millonario en la guerra y en la posguerra de la represión.

En La forja de un historiador, redondea al alza la cifra que ofrece en esta entrevista y en La otra cara del Caudillo, unos 34 millones de pesetas de la época. "Naturalmente, el comportamiento financiero de Franco en aquella época fundacional —que alcanzó una fortuna en 1940 equivalente a unos cuatrocientos millones de euros, utilizando los coeficientes de conversión popularizados por el profesor y banquero José Ángel Sánchez Asiaín— era comparable, aunque a escala mucho más modesta, al de su secreto modelo: un tal Adolf Hitler", escribe Ángel Viñas] (...)"                 (Henrique Mariño, Público, 13/03/24)

10/10/23

La guerra que no fue, la violencia que suscitó: Galicia como laboratorio del incipiente régimen franquista... Los que fusilan, pasean y meten en campos de concentración como consecuencia del golpe forman parte de un proceso de guerra total, de liquidación, de limpieza, de exterminio"... "Esa lógica capilar de la matanza en la que se va deteniendo y fusilando afectó hasta a los ricos. A los ricos los mataron por ricos"

 "Construir el régimen franquista desde el mismo 18 de julio de 1936 en que el golpe de Estado arribó a la Península española. Eso fue lo que hicieron los sublevados en aquellas zonas en las que no hubo guerra, en las que la rebelión de los alzados se hizo con la victoria sin apenas capacidad de resistencia por parte de los republicanos. Y eso fue lo que pasó, también, en Galicia, donde no hubo guerra pero sí violencia.

Una violencia descarnada que se materializó en arrestos indiscriminados, matanzas y reclusión en los primeros campos de concentración levantados en el bando golpista. Ahora, la monografía Galicia, un golpe sin cuartel, una guerra sin trincheras (Prensas Universitarias de València, 2023) viene a poner algo de luz sobre este territorio periférico no siempre bien estudiado ni entendido por la historiográfica centralidad madrileña.

Compuesto por trabajos de docentes procedentes de las tres universidades gallegas, el libro se convierte en un corolario de voces que recorren diversos aspectos como la conspiración civil, la movilización civil y militar, los primeros poderes locales, las incipientes organizaciones femeninas, los debates conceptuales sobre las matanzas, la represión a la lengua y la cultura gallega (como sucedió después en el Euskadi y Catalunya), la represión a la mujer y la imposición de una moral católica.

"La guerra no fue una cuestión inevitable"

"Una de las premisas principales de la que partimos es que la guerra no fue una cuestión inevitable, sino que fue provocada por un golpe de Estado", introduce Francisco J. Leira, docente en la Universidad Isabel I y coordinador de la publicación junto a Lourenzo Fernández.

En Galicia aparecieron los primeros campos de reclusión para prisioneros

Es decir, la sociedad española en general y gallega en particular en 1936 era mucho más plural que esas dos Españas a las que muchos autores aluden, un relato que tiene sus ecos en la actualidad.

Si uno pone la lupa en la región más noroeste de España durante aquellos años, podrá apreciar cómo las cotas de analfabetismo en el mundo rural no eran óbice para que llegara la cultura y el conocimiento sociopolítico del momento casi al mismo nivel que a los lugares más industrializados y urbanos, como Ferrol y Lugo, dice Leira.

 En cambio, aquello no fue motivo suficiente para poder parar el alzamiento en la región. "Las nuevas autoridades gallegas que se imponen casi de inmediato comienzan a establecer unas incipientes políticas que luego serán mucho más perfeccionadas y que terminarán impuestas en el resto del Estado a medida que avanza la guerra y la posguerra", adelante este historiador.

Se refiere, por ejemplo, a la militarización de la sociedad a través del servicio militar de los hombres y de la Sección Femenina en el caso de las mujeres. De hecho, el 30 de julio todos los lugares de Galicia en los que hay un cuartel de la Guardia Civil están ocupados.

Para ello fue necesaria la depuración de todos los cargos públicos, lo que se tradujo en cambios que afectaron desde el Gobierno civil y militar de la región hasta el alcalde del pueblo más pequeño. Incluso se dio cierto debate sobre la procedencia de esos nuevos poderes, si provenían de la vieja política de la dictadura de Primo de Rivera o los nuevos políticos surgidos de la guerra.

En Galicia predominó una mezcla de todos ellos. Además, esta región también protagonizó la aparición de los primeros campos de reclusión para prisioneros antes de que se crearan los campos de concentración franquistas, ya coordinados entre sí a partir de 1938.

La guerra total, la guerra de exterminio

La guerra sin trincheras que se vivió en Galicia dejó tras de sí una violencia inusitada. El objetivo era tratar de borrar toda la sociedad civil que se había creado durante los años previos una vez conseguido el poder.

Los que se mantuvieron fieles al régimen republicano conocieron ese destino en sus propias carnes al igual que ya lo hicieron aquellos que intentaron defender la legalidad democrática en Ferrol.

"Ese fue el territorio que más aguantó el golpe, justo donde más presencia militar había. No es algo contradictorio aunque lo parezca: el alzamiento triunfó pese a que la sociedad compleja que existía no estaba a su favor, únicamente porque la resistencia no fue capaz de oponerse" añade Leira.

 Lourenzo Fernández, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) también ha coordinado este libro. Según explica, la idea de la guerra sin trincheras dice mucho más que unas simples palabras: "Esto que ha prevalecido de que a la gente la mataban en la guerra no es verdad. Los que fusilan, pasean y meten en campos de concentración como consecuencia del golpe forman parte de un proceso de guerra total, de liquidación, de limpieza, de exterminio".

A pesar de que las máximas autoridades militares se mantuvieron fieles a la República, como ocurrió en la mayor parte del Estado, la trama golpista liderada por un coronel del Estado Mayor consiguió desarmarles y tomar el poder. "Hay barricadas, resistencia, pero no mucha. La capacidad popular de parar el golpe es muy leve, algo parecido a lo que ocurrió en Chile o Argentina. ¿Cómo poder hacerlo si los militares fieles son detenidos?", se cuestiona el historiador.

 

La jerarquía temporal ante la muerte

Fernández: "A los ricos los mataron por ricos"

Si de preguntas se trata, Fernández recalca las que considera clave: "¿Por qué tenían que fusilarlos? ¿Por qué en algunos casos tardaron un mes en matar a dirigentes obreros y a los jefes militares no lo hacen hasta que llega la batalla de Madrid?".

La nueva genealogía de la contienda desarrollada por los investigadores gallegos concluye que el proceso de matanza se extiende de forma intensiva hasta mayo de 1937. Es en ese periodo de tiempo cuando los alzados intentan asesinar a las autoridades más elevadas, como gobernadores civiles y diputados.

"Si esa gente más destacada es capaz de librarse, entonces es posible que no la maten", comenta el catedrático. Es decir, se dio cierta jerarquía temporal. Después llegó el fatídico desenlace de otros personajes, tales como médicos masones o republicanos, profesionales liberales y mediana burguesía.

"Esa lógica capilar de la matanza en la que se va deteniendo y fusilando afectó hasta a los ricos. A los ricos los mataron por ricos", añade el mismo Fernández. Por eso, las cuatro provincias gallegas pronto se convirtieron en un laboratorio de lo que la dictadura haría en otros lugares, tal y como evidencian diferentes capítulos de Galicia, un golpe sin cuartel, una guerra sin trincheras.

Las prostitutas, víctimas del nacional-catolicismo

La monografía también aborda otros aspectos como la inculcación de una férrea moral católica y todo lo que eso conllevaba para las mujeres. Ellas, vistas como el ángel del hogar cuya obligación era cuidar del marido y los hijos por el nacional-catolicismo imperante, eran reprimidas en el caso de salirse de ese canon, aunque la mísera pobreza les obligara a ello.

Es el caso de las prostitutas, estudiado por las investigadoras Tamara López y Ana Cabana. "La prostitución fue un fenómeno que siempre incomodó al régimen por ir en contra del modelo ideal femenino franquista", dice la primera de ellas, investigadora de la USC y miembro del Grupo Histagra-Cispac.

La conclusión principal a la que han llegado las expertas es que el franquismo siempre intentó invisibilizarlas a ojos de la sociedad. Tras estudiar minuciosamente la documentación del Patronato de Protección a la Mujer, han visto de qué forma afectó el paso de una prostitución permitida bajo ciertos preceptos a su abolición.

Sucedió en 1956. Hasta entonces, las meretrices que quisieran ejercer debían someterse a unos análisis para prevenir el contagio de enfermedades venéreas. En cambio, el motivo real del régimen para hacer esto era tenerlas controladas.

Todo cambió cuando se abolió la prostitución. El papel lo aguanta todo, claro, no así la realidad. Y es que las prostitutas, mujeres pobres en su totalidad, no aguantaron el hambre que pasaban, por lo que la única diferencia que se dio fue su expulsión hacia las periferias de las ciudades.

Encerrar a las mujeres para corregirlas

Mientras tanto, el Patronato continuaba con su funcionamiento: "Velaban por la buena moral y costumbres. Observaba a menores de entre 16 y 25 años que pudieran estar en peligro de corrupción y si veían que se salían fuera de esa moral, las internaban", relata López.

 Recluidas en los centros adscritos al Patronato, todos religiosos, debían pasar ocho horas estudiando, otras ocho de sueño y las ocho restantes de diversión. Una diversión que encontraban en las actividades del centro: costura y cocina.

Asimismo, los centros estaban obligados a impartir, al menos, los estudios primarios a las jóvenes. "La documentación nos dice que no fue así porque en 1961 hay una carta del Patronato que les da un ultimátum: o las niñas reciben la educación básica, o dejarán de enviar dinero; aunque el dinero siempre faltaba en los centros para proporcionar un mínimo a las mujeres", finaliza la investigadora gallega."                     (Guillermo Martínez, Público, 07/10/23)

7/9/23

Antes de ser fusilado: "Hijos, cuánto os he querido, pero todo terminó"... "Ahí, te mando el monedero con 6 pesetas y mi sortija para que tengas un recuerdo mío. Adiós para siempre, que tengáis suerte todos. Adiós"... pero no todos los presos tuvieron la oportunidad de escribir unas líneas despidiéndose de sus familiares... A muchos condenados a muerte se les chantajeó, exigiéndoseles confesarse y comulgar a cambio de obtener el permiso para escribir

"¿Hay algo más íntimo que una carta de despedida a los seres queridos; sobre todo cuando el que se despide lo hace para siempre, horas antes de ser abatido por las balas en el paredón o de sentir en el cuello el frío hierro de la máquina del garrote vil?

Los últimos pensamientos, las sinceras dedicatorias, los deseos sobre cómo ser recordado, la angustia por el devenir de la familia... Las cartas de 'capilla' de los presos republicanos horas antes de ser ejecutados, al alba, en las tapias del Cementerio del Este (hoy de La Almudena) muestran la esencia más íntima del ser humano. Y desde el desgarro y el pudor, incluso, que produce leerlas 85 años después es de agradecer a las familias de aquellas víctimas su generosidad por compartirlas.

El libro Las cartas de la memoria (Libros de L'Encobert), editado y compilado por Tomás Montero Aparicio, coordinador del grupo Memoria y Libertad, que reúne a los familiares de las víctimas del franquismo en Madrid, supone un monumental homenaje a las casi 3.000 personas ejecutadas por los franquistas entre 1939 y 1944 en Madrid. El libro, de 400 páginas, se publicará este mes de septiembre.

A través de la correspondencia, dibujos y objetos de los presos se compone un retrato del horror pero también del amor a la familia y a los ideales. Aquellas cartas de 'capilla' han tenido respuesta tantas décadas después: los nietos y otros descendientes de las víctimas les dedican emocionadas misivas a aquellos que no conocieron y cuya trágica muerte marcó el porvenir de la familia.
"La última noche de mi vida"

El maestro republicano Salustiano de la Fuente Rodríguez, de 46 años, pasó siete meses en diversas cárceles improvisadas en Madrid, desde el 13 de abril de 1939, dos semanas después de que las tropas golpistas entraran en Madrid.

Su último destino fue la prisión de Porlier, el mayor centro de exterminio en la capital para los presos republicanos. A las doce de la noche del 6 de noviembre de 1939, horas antes de ser fusilado, escribió la última carta a su esposa y a sus hijos.
6 – 11 – 1939
12 [de la] noche (última noche de mi vida)

Hijitos míos: Ya os había escrito; pero lo hago otra vez y lo estaría haciendo hasta el último momento. ¡Cuánto os he querido! Mi mayor felicidad erais vosotros y mamá. Sin embargo, hijos, hemos de separarnos para siempre. ¡Qué pena!. Yo estoy resignado y espero que Dios me hará justicia.

Hijitos. Ya nos separamos. Amar mi recuerdo. Muero por vosotros, por mi patria, por España a la que tanto quise. Emiliana: Ánimo, no te acobardes. Guardad bien en vuestra memoria los que se han portado bien con nosotros para que se lo paguéis con la misma moneda.

Adiós. Alberto, Enrique, Santiago, Evencio, Emiliana. Todos. Mi corazón, mi alma, todo yo os envío. Adiós

Salustiano
"Adiós, 'peque' mía"

El 30 de mayo de 1939, Emilia Gómez Fernández le contaba por carta a su marido, Eduardo Aguilar Lorenz, preso en Porlier, que la huerta de su casa, en el entonces municipio de Canillas, al sur de la capital, comenzaba a florecer. "Las acelgas y los tomates han agarrado, pero faltas tú para hacer de hortelano".

Emilia le daba la noticia de que el negocio de bocadillos con el que "se ganaba bien la peseta" se fue al traste al retirarse la guarnición italiana que los compraba. Ya no hacían falta los refuerzos fascistas. El 1 de abril de 1939 Madrid las fuerzas sublevadas entraron en Madrid.

"Ahora hemos montado otra industria de pipas y caramelos y tampoco se pierde y tenemos la ventaja que lo vendemos en nuestra misma casa porque los chicos acuden a comprar aquí", le decía la mujer a su esposo seguramente para tranquilizarle.

Le refería además que las niñas estaban bien. Siete niñas y un niño tuvieron Emilia y Eduardo, oficial de Sala en la Audiencia Territorial de Madrid. Detenido bajo la falsa acusación de celebrar una misa negra en la Iglesia de Santa Bárbara, acabó condenado a muerte en el consejo de guerra celebrado el 17 de mayo de 1939 y ejecutado casi un mes después, el 14 de junio.

Aún le daría tiempo a Eduardo de leer esa carta y de contestarla, apenas unos días antes de su ejecución.
"Por ella veo que los niños están todos bien y que mi Milagrines es muy buena y no da guerra. ¡Pobretina mía! ¡Cuántas noches de insomnio y cuánto estoy sufriendo pensando en ti, pequeña mía, y nuestros ocho hijos! Cuidate mucho para que puedas cuidar de ellas y hacerlas mujeres laboriosas y honradas. Que no dejen de bañarse, porque la higiene es salud (...)

¿Han dado flor los claveles y los rosales? Si yo estuviera ahí, me entretendría en hacer unas bolsitas de tul para los racimos de uva y que no los estropeasen los pájaros. ¡Si vieras qué alegría recibí al ver las cerezas! ¡Qué alegría, y qué pena, Emilia mía! ¡Cuánto hemos trabajado, y cuantas privaciones, años y años nos ha costado!

Adiós, 'peque' mía. Muchos besos y abrazos para ti y las niñas de vuestro Eduardo
Milagrines, la hija pequeña de Eduardo Aguilar Lorenz, le contestó a su padre en 2022, en una figurada carta de respuesta en la que le explica lo que aconteció a su familia tras su ejecución.
Madrid, 27 de noviembre de 2022

¡Hola, papá! Por fin me decido a escribirte y terminar con esta asignatura pendiente. Son tantas las cosas que te quiero contar que no sé por dónde empezar... Soy Milagrines, tu bebé. Nunca llegué a conocerte, tenía apenas seis meses cuando fuiste fusilado aquel maldito 14 de junio de 1939 en la tapia del cementerio del Este. Esta fecha quedó grabada en la memoria de todos; de mamá, de mis hermanas, de tu familia, de tus amigos, de tus vecinos... Nadie comprendió cómo un hombre tan bueno y trabajador, que no había hecho nada a nadie y cuyo único 'delito' había sido defender el gobierno legítimo de la Segunda República, era ejecutado de esa forma tan vil y canalla. (...)

Las cosas no fueron fáciles para nosotras. Nos quitaron la casa, pero supimos salir adelante con mucho esfuerzo, sobre todo de mamá y de tus hijas mayores. Siempre con la cabeza bien alta, orgullosas del padre que habíamos tenido. (...)

El tiempo fue pasando, crecimos, nos hicimos mayores. Yo, por ejemplo, me fui a trabajar a Suiza, donde estuve un tiempo. Al volver a Madrid me casé y tuve cinco hijos: una chica y cuatro chicos. A uno de ellos le llamé Eduardo, en recuerdo tuyo.

Estoy segura de que tu lucha y la de todos aquellos que defendieron el Gobierno legítimo de la Segunda República no quedará en vano y que algún día veremos una España republicana. ¡Ah, se me olvidaba! Hoy es mi cumpleaños. Cumplo ochenta y cuatro años.

Te quiere, tu hija Milagrines
Dionisia, una de las 'Trece rosas'

Dionisia Manzanero Salas, modista madrileña, tercera hija de los seis vástagos de una familia obrera del barrio de Cuatro Caminos, se afilió al Partido Comunista en abril de 1938, después de que un obús matara a su hermana Pepita y a otros niños que jugaban en un descampado.

Fue fusilada junto a doce de sus compañeras el 5 de agosto de 1939, minutos después de que sufrieran la misma suerte 43 compañeros de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Dionisia fue una de las Trece rosas; murió con 20 años
Queridísimos padres y hermanos: Quiero en estos momentos tan angustiosos para mí poder mandaros las últimas letras para que durante toda la vida os acordéis de vuestra hija y hermana, a pesar de que pienso que no debiera hacerlo, pero las circunstancias de la vida lo exigen.

Como habéis visto a través de mi juicio el señor fiscal me conceptúa como un ser indigno de estar en la sociedad de la Revolución Nacional Sindicalista. Pero no os apuréis, conservar la serenidad y la firmeza hasta el último momento, que no os ahoguen las lágrimas, a mí no me tiembla la mano al escribir. Estoy serena y firme hasta el último momento. Pero tened en cuenta que no muero por criminal ni ladrona, sino por una idea.

Madre, ánimo y no decaiga. Vosotros ayudar a que viva madre, padre y los hermanos. Padre, firmeza y tranquilidad. Vosotras hermanas mías, no llorar ni una lágrima, yo no lo he hecho. Dar un apretón de manos a toda la familia, fuertes abrazos como también a mis amigas y vecinos y conocidos. Mis cosas ya os las entregarán, conservar algunas de las que os dejo. Muchos besos y abrazos de vuestra hija y hermana que muere inocente.

Dionisia
Chantaje: o comulgas o no escribes

No todos los presos tuvieron la oportunidad de escribir unas líneas despidiéndose de sus familiares, un ejercicio que seguramente alivió tanto a los condenados a muerte como a sus seres queridos.

"A muchos condenados y condenadas a muerte no se les permitió dar cumplimiento a dicha última voluntad, entendiéndose su negación como un postrero y ejemplar castigo. A otros se les chantajeó, exigiéndoseles confesarse y comulgar a cambio de obtener el permiso para escribir", explica en el libro Cartas de la memoria la historiadora Verónica Sierra Blas, especialista en la materia, de la Universidad de Alcalá de Henares.

"No debemos tampoco olvidar que hubo quienes no pudieron trazar ni tan siquiera unas cuantas letras, aun teniendo autorización para hacerlo, por su delicado estado mental o de salud, por su escasa o nula capacidad alfabética o, sencillamente, por no tener con qué hacerlo", indica Verónica Sierra Blas.

Papelillos de fumar, trozos de cartón o de latón, páginas o pedazos de papel arrancados de libretas o de blocs, envoltorios de alimentos, prendas de vestir o, incluso, los mismos suelos y las paredes sirvieron para plasmar en ellos la última despedida, según indica en el libro la citada historiadora.

Las despedidas más tristes

El joven Jerónimo Misa Almazán, de 23 años, se despedía por escrito de su familia, el mismo día de su ejecución, el 27 de abril de 1940.
"Queridísimos e inolvidables madre y hermanos: Por fin la vida, que me fue cruel y dura, señala la hora en que he de dejarla [...], esta madrugada acordándome de todos vosotros moriré queriéndoos mucho (...). Se va a cumplir la sentencia (...) Papá, piensa que el que podía ayudarte murió, quiere a mamá recordándome a mí, cuida de mis hermanos para que se hagan hombres y mujeres dignos, que la miseria no vaya a asomar a sus hogares porque no supiste darles oficios (...)"
El jornalero Eugenio Pérez Carralero plasmó así la angustia por su inminente ejecución, el 24 de julio de 1943:
"A mi querida esposa Raimunda: Me apena mucho escribirte esta carta, pero no tengo más remedio. Dentro de unos instantes, seguramente dentro de unas horas, terminará todo".
El mecánico y taxista gaditano Antonio Alonso Ruiz fue detenido por estar afiliado al sindicato UGT y ser defensor de la República. El día 13 de septiembre de 1940, cuando su esposa, Juana, fue a llevarle la comida a la prisión de Porlier, el funcionario al mando le entregó una carta que Antonio había escrito esa madrugada, antes de ser fusilado.
A mi queridísima esposa: como verás, a pesar de que tu pensabas lo contrario, ha llegado mi última hora y en esta madrugada en que tú duermes ajena a todo, yo hago frente a mi ideal y a mis destinos. Tú ya sabes por lo que muero, por pensar como piensan los hombres y por defender la República, símbolo de libertad, de trabajo y de bienestar del obrero y por cuya causa daría tantas vidas como tuviera, y cuando llegue
la hora de que esta España se vea libre de esta reacción tan criminal y canalla y brille el Sol de la Libertad y de la Justicia, a lo cual yo no asistiré (ilegible) y os pido un recuerdo para todos los caídos por esta España que empezaréis a disfrutar vosotros".
El impulsor del libro, Tomás Montero Aparicio, le dedica un emotivo texto a su abuelo Tomás Montero Labrandero, fusilado el 14 de junio de 1939, del que atesora su carta de 'capilla', una misiva que dirigió a un primo suyo también recluido en Porlier y que fue ocultada entre las rendijas de los muros de la cárcel:
Ahí, te mando el monedero con 6 pesetas y mi sortija para que tengas un recuerdo mío.

Adiós para siempre, que tengáis suerte todos.

Adiós

Tomás Montero

"Todas estas cartas y las que nos van llegando a Memoria y Libertad de
víctimas del franquismo en Madrid se comparten, además de en este libro, en un blog, Las cartas de la memoria, creado expresamente para que, esta vez sí, las misivas de sus familiares lleguen a su destino imposible y, sobre todo, al conocimiento y la conciencia de toda la sociedad", escribe Tomás Montero en la obra."               (Ana María Pascual , Público, 29/07/23)

4/8/23

“Para evitar el olvido y hacer justicia, el libro recoge más de 11.000 referencias de víctimas brutalmente represaliadas al final del franquismo”

 "Ahora que la sombra del fascismo parece ser más alargada que nunca, conviene mirar al pasado. Leer, “Los últimos zarpazos. Presos políticos en el final del franquismo”, el nuevo libro de Julio Gomariz, es esclarecedor. En la obra, el autor desarrolla un amplio y documentado estudio de la represión de activistas y militantes de la izquierda que fueron juzgados y condenados por el Tribunal de Orden Público (TOP) o los militares. La represión abarcó a todo el país, aunque de manera diferenciada siendo Euskadi, Andalucía, Madrid y Cataluña las áreas donde más se sufrió. Las acciones policiales y penales se intensificaron cronológicamente, alcanzando su máximo en 1976, tras la muerte del dictador. Sin embargo, el aparato represivo fracasó, fue incapaz de frenar las movilizaciones. El franquismo había perdido su bien más preciado: el mantenimiento de su orden público. Crónica Libre conversa con Gomariz para conocer más detalles de esta investigación histórica que promueve la reparación que se le niega a las víctimas.

 Julio Gomariz (Madrid, 1950) escribe sobre lo que vivió en su propia piel. Fue militante del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) y del PCE (M-L), detenido por Billy el Niño en 1975, torturado en la Dirección General de Seguridad y encarcelado tras ser falsamente acusado de participar en la muerte de un guardia civil. Su propia vida es el motor de esta obra, imprescindible para conocer la verdad de la represión franquista.

¿Qué te lleva a escribir este amplio y documentado estudio histórico?

Desmontar todas las mentiras, falsificaciones e intentos de ocultar lo que fue el franquismo en toda su duración. La represión política más despiadada fue el factor común de todas las fases del régimen: pervivió durante toda su existencia. Mediante este estudio se ha tratado de evitar el olvido de tan siniestro periodo, identificando al mayor número posible de represaliados mediante documentación contrastada, generalmente oficial.

¿Cómo fue el proceso de realización del libro?

Nace este libro de un acuerdo con el escritor Luis Puicercús, con quien acordé ordenar alfabéticamente los muchos datos que obraban en su poder y completarlo con otras fuentes. Nos ceñimos al periodo 1964 a noviembre del 1977, por ser el periodo de vigencia del tribunal de orden público, desde 1964 a la ley de amnistía, noviembre de 1977.

Una fuente fundamental fue el trabajo del Magistrado del Águila (abogado encarcelado en su día por el TOP), la base de datos TOP DAT, que facilitó la identidad de 8.500 represaliados. Otras fueron el gobierno vasco, el gobierno canario y diversas fuentes académicas, de Andalucía, Cataluña, Valencia. También hubo trabajo de hemeroteca. Al ser el volumen del borrador más 1.500 paginas, los editores dijeron que publicarían solo la parte que se centraba en los presos de las distintas prisiones y sacaron solo “Presos del Franquismo de la A a la Zeta”, de Puicercús.

Contactada la Fundación Federico Engels, mostraron su interés por dar a conocer el resto del trabajo, es decir mi aportación con las condiciones de dar a esa base de datos mayor contenido político y una estructura menos árida, ordenando los listados por comunidades autónomas.

¿Qué fue lo más complicado?

La dificultad mayor fue su ordenación alfabética. El trabajo de del Águila, los ordenaba según sentencias, con lo cual, algunos condenados aparecían repetidos. Las sentencias, redactadas con la terminología y medios de la época, no corregían los errores, ya fuesen de identificación de los condenados o su militancia. Las ubicaciones municipales eran confusas o ya inexistentes. Muchos represaliados indicaron que sus datos fuesen en su lengua vernácula. Como se planteaba como objetivo el evitar duplicaciones, el trabajo duro varios años.

600 páginas llenas de nombres y lugares, ¿qué valor tiene publicar estas listas?

Así se da a conocer de forma rigurosamente documentada que la dictadura acabó como empezó, con miles de oponentes políticos encarcelados, pero estos datos no son solo cifras, eran personas con familias, amigos, carreras, que fueron afectados y cuyas penalidades deben ser conocidas.

¿Es esta investigación histórica tu particular granito de arena para lograr la justicia que se les sigue negando a las víctimas del franquismo?

Desde mi humilde punto de vista, aquello que no se documenta, cae en el olvido. Trato de hacer una pequeña aportación para que se haga verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición para tan trágicos tiempos.

¿Por qué crees que se les niega reparación y justicia?

Hay una serie de aspectos económicos; mediante la Ley de Responsabilidades Políticas, se practicaron expropiaciones injustificables. Muchas empresas, sobre todo de la construcción y la obra pública que se beneficiaron del trabajo esclavo, de la especulación o directamente de la corrupción, el mercado negro, el aceite de Redondela, el caso Vilda, Matesa… que tienen interés en que no se sepa el origen de parte de su capital.

Tampoco interesa que se conozca cual es origen familiar de muchos políticos o de miembros destacados de la judicatura, la alta administración, el ejército. En conclusión, que a nadie de los poderosos les gusta que se conozca que entre sus ancestros hay criminales de guerra o destacados sinvergüenzas.

Has vivido en tu propia piel la represión, las detenciones y la tortura, ¿se saca algo en claro de vivir algo así?

Yo me metí en esas vivencias por convicciones. Los tratos recibidos me hicieron reflexionar, pero me fortalecieron. No obstante, hubo personas que cambiaron de postura. Una buena paliza puede ser muy disuasoria.

En la introducción de tu libro eres muy crítico con los pactos que se hicieron en la Transición, ¿por qué?

Las movilizaciones habían derrotado al aparato de estado de la dictadura. Esto era la baza fundamental para la izquierda. Sin embargo, para el aparato de estado se planteaba un dilema, una escalada represiva, sin mejores perspectivas que baños de sangre, dentro de un marco de creciente inestabilidad, con enormes riesgos políticos y grandes pérdidas económicas o frenar las movilizaciones mediante un proceso negociador. El poder, optó por esta vía.

Se trataba de desprenderse de los rasgos más claramente fascistas y de conceder una serie de libertades. La izquierda, muy fragmentada, no supo gestionar su haber, bajo las amenazas constantes de golpe de estado y algunas ofertas u oportunidades de obtención de beneficios, algunos líderes de la izquierda aceptaron las condiciones impuestas y frenaron las movilizaciones. A cambio de unas libertades administradas por los de siempre, dilapidaron su fuerza, frenaron movilizaciones que podrían haber alcanzado metas más altas.

 Además, la izquierda, muy dividida entre reformistas, como el PSOE, rupturistas, como el PCE, que cambiaría de guion en medio del proceso y la izquierda revolucionaria, donde el afán de protagonismo y las discusiones estériles dejaron a todas estas organizaciones sin representación parlamentaria

¿Cómo viste la democracia que se consiguió?

En un principio, fue una liberación, significó progreso y alivio, no obstante, quedaban muchos temas pendientes, que tendrían que haberse abordado: tales como reformas democratizadoras en la justicia, la administración, la enseñanza, memoria histórica, pero nunca se hicieron. Los gobiernos de González no lo hicieron.

¿Cómo ves la democracia en España ahora?

La democracia española nació con deficiencias no corregidas, que aún continúan y cuyas consecuencias son obvias hoy en día, siendo más claras en el caso de la justicia. La influencia cultural de la dictadura, sigue presente, el todo vale, el matonismo de algunos y la crispación generada desde algunos medios, son la prueba.

Con los tiempos que corren, ¿Crees que podría darse en España una situación que justificase una nueva represión brutal y unas nuevas listas como las de tu libro?

 A pesar de lo anteriormente dicho y los rebuznos de algún medio, la situación económica e internacional hacen muy poco viable una situación como la vivida. No hay justificación alguna para eso, salvo los delirios de algún iluminado. No obstante, me preocupa que se de alguna forma parcial de autoritarismo contra las mujeres, la cultura, los extranjeros y los inmigrantes, lo que podría ser el primer paso para otro tipo de marco político mucho más regresivo."           (Entrevista a Julio Gomariz, Mónica Nión, Crónica Libre, 02/08/23)

3/8/23

"La represión económica benefició a muchos ‘verdugos’"... se convirtió en un medio de recaudación de recursos económicos para sostener, primero, el esfuerzo bélico; y más adelante, la construcción del nuevo Estado Franquista y el enriquecimiento personal de los verdugos y aquellos que se alinearon ideológicamente con los golpistas»

 "Ana Cristina Rodríguez abordó en su ponencia del Curso de Verano en Cistierna ‘El manto de silencio sobre la represión económica’ ejercida desde el franquismo

El Curso de Verano de la ULE sobre ‘Historia y Memoria’ siguió ayer martes con sus ponencias y actiovidades en Cistierna. La primera de ellas corrió a cargo de la historiadora leonesa Ana Cristina Rodríguez, quien abordó el tema del manto de silencio tejido sobre la represión económica ejercida por el franquismo a través de sus comisiones provinciales de incautación de bienes: «Para el nuevo régimen resultó muy interesante esta represión pues, por un lado, permitía la sanción y persecución de cualquier forma de disidencia política, contribuyendo al mantenimiento de ese clima de terror generado por el sistema represivo franquista durante los primeros años de la Dictadura y, a su vez, se convirtió en un medio de recaudación de recursos económicos para sostener, primero, el esfuerzo bélico; y más adelante, la construcción del nuevo Estado Franquista y el enriquecimiento personal de los verdugos y aquellos que se alinearon ideológicamente con los golpistas».
Recordó Rodríguez que los trámites regulados por  decretos y leyes  de los años 36, 37 y 39 «presentaban un carácter represivo y vindicativo, en un intento por sancionar a la oposición política, pero también para dejarla sin recursos materiales suficientes para poder organizarse. Asimismo, tampoco podemos perder de vista la clara intención legitimadora, que se tradujo en la creación de un marco legislativo regulador que justificaba el golpe de Estado, la Guerra Civil, la Dictadura y, por supuesto, el sistema repesivo» creando lo que la ponente llamó «una ficción de Justicia. 
 
En esos procedimientos participaban diferentes sectores de la vida pública y política del régimen; que incluía incluía a la Iglesia, a Falange, a los nuevos ayuntamientos surgidos como consecuencia del cambio de autoridades favorecido por la sublevación militar, a los gobernadores civiles y a las personas de ‘solvencia moral’. Es por ello, por las múltiples arbitrariedades que presentaba la «justicia» franquista y por el enriquecimiento personal de los verdugos por lo que la represión económica es una de las tipologías represivas más controvertidas y polémicas», explicó en su ponencia, presentada en el Museo Ferroviario de Cistierna. (...)"                 (Francisco Fernández, La Nueva Crónica, 19/07/23)

1/8/23

O mestre de Flariz foi sacado da aula e, posteriormente, queimado e asasinado no lugar da Poula do Martiño, na parroquia de Pentes, no municipio da Gudiña, o 1 de setembro de 1936... e Anuncia Casado, a 'pasionaria' de Viana, foi mallada, violada, asasinada e paseada nun carro para que a xente soubera do seu escarmento, por parte dos falanxistas de Verín

 "Xosé Luís Bouzas Fernández (Allariz, 1906-A Gudiña, 1936) foi vítima dun dos máis crueis crimes cometidos polos paramilitares de dereita da comarca de Monterrei. Mestre na escola de Flariz, no concello de Monterrei, foi sacado da aula e, posteriormente, queimado e asasinado no lugar da Poula do Martiño, na parroquia de Pentes, no municipio da Gudiña, o 1 de setembro de 1936.

Bouzas, alumno de Vicente Risco na Escola Normal de Ourense, colaborador do xornal nacionalista ourensán Heraldo de Galicia, animador de actividades culturais e deportivas en Allariz, afiliado da Asociación de Traballadores do Ensino de Ourense (ATEO) e secretario do Partido Galeguista en Monterrei milita desde a súa morte na lexión dos mártires anónimos.

O asasinato de Bouzas foi recollido en diversas publicacións de carácter divulgativo e literario. O médico e investigador, David Simón, ten escrito que “unha historia que sempre nos impresionou -porque a puidemos oír de viva voz dun dos familiares- é a do mestre Xosé Luís Bouzas asasinado nos primeiros días da Guerra. Era natural de Allariz, pero estaba naquelas datas traballando como mestre na localidade de Flariz (Monterrei)".

O asasinato de Anuncia Casado

Anuncia Casado Atanes (Cualedro 1897, Viana do Bolo 1936), coñecida popularmente entre a súa veciñanza como “A Pasionaria”, foi unha militante comunista cuxa morte especialmente cruel a elevou a categoría de símbolo. Formada politicamente na emigración en Euskadi, onde ficou viúva, no período republicano residiu en San Mamede (Viana do Bolo) cos seus catro fillos, desenvolvéndose como labrega con terras de seu.

A loita política da “Pasionaria” de Viana ficou na memoria das xentes da súa comarca. Neste sentido, actuou como responsábel do Partido Comunista nesas terras e destacou como organizadora e axitadora na loita dos labregos e dos obreiros  dos camiños de ferro na Gudiña. Precisamente, os operarios desta zona destacaron pola súa capacidade de loita e pola súa resistencia ao fascismo após 18 de xullo de 1936.

O franquismo desenvolveu toda unha cacería para rematar coa vida  de Anuncia. Unha represión a sangue e lume que privou a toda a súa familia dos bens, estivo a piques de rematar coa vida do seu fillo maior de 16 e acabou coa súa execución en 21 de agosto de 1936. Segundo sinalou o historiador Dionisio Pereira “foi vítima dunha autentica cacería por parte dos falanxistas de Verín. No seu poder foi mallada, violada, asasinada e paseada nun carro para que a xente soubera do seu escarmento”.

A guerrilla nas Frieiras

As homenaxes a Bouza e Casado enmárcanse nun amplo programa de actos a desenvolver na Gudiña entre 19 e 20 de agosto. Precisamente, estes comezarán cunha palestra a cargo do historiador Dionisio Pereira e do etnógrafo Xosé Rodríguez Cruz, que recuperarán a historia da primeira guerrilla antifranquista na comarca das Frieiras.

Pereira e Cruz apuntan que “o fronteirizo e montesío territorio arraiano das Frieiras e do norte transmontano, posibilitou a aparición xa dende os inicios da Guerra Civil española dunha teimuda resistencia armada, que se mantivo até despois da IIª Guerra Mundial e intercambiou retagardas durante anos cos grupos guerrilleiros refuxiados no territorio liberado de Casaio”.

A secretaria da asociación Os Torgueiros, Cristina Fernández,  sinala a Nós Diario que os actos completaranse cunha “palestra de  Xosé Lois Santiago e o arqueólogo Xurxo Ayán, que achegaran os resultados das súas investigacións sobre a represión en Campobecerros e Castrelo do Val e unha actuación musical  Columna Vegana, e o’Leo de Matamá”.

Fernández explica que as xornadas responden ao obxectivo de “dar a coñecer a etapa máis escura da nosa historia. É de relevancia que, nos tempos que corren, se lle dea voz ás persoas que foron humilladas e asasinadas polo fascismo nesta comarca, unha comarca que foi das máis reprimidas na Galiza. Entender o que ocorreu e coñecer as vítimas e vitimarios é un exercicio de esencial aprendizaxe para a sociedade”."              (Cilia Torna, Nós, 30/07/23)

14/6/23

Le metieron en un camión junto a otros vecinos. Mientras subían, el hermano de José, Antonio, que observaba la escena, fue increpado y obligado también a subir al camión... El grupo que embarcó en este camión, junto a uno más, es conocido como “los doce de Ateca”. Fueron ajusticiados en una cuneta a 30 kilómetros de distancia de su pueblo... Tenía 43 años cuando fue asesinado. A la viuda de José, que en el momento de su muerte estaba embarazada, se le exigió la responsabilidad civil de 1.500 pesetas por los hechos que se le imputaron: haber hecho propaganda de las ideas izquierdistas. Seguir pagando una pena después de la muerte, en forma de multa e incautaciones, sería una tónica en muchos de los represaliados

 "(...) En la mañana del 22 de septiembre de 1936, el pueblo amaneció cercado y ocupado por tropas de Falange y Acción Ciudadana. Le llamaron, junto a otros vecinos, para prestar declaración en el Ayuntamiento. Cuando se presentó, le dijeron que volviera a casa a por una manta y que se presentara de nuevo para pasar la noche antes de ser trasladado a Calatayud para prestar allí declaración. José lo hizo así y, a la mañana siguiente, le metieron en un camión junto a otros vecinos. Alguno de ellos también de la UGT, otros no. Mientras subían, el hermano de José, Antonio, que observaba la escena, fue increpado y obligado también a subir al camión. Antonio no tenía filiación sindical o política. Eran 11 personas agolpadas en el vehículo.

Pasaron un mes detenidos en Calatayud. En ese tiempo, las familias recorrían los 14 kilómetros que separan el pueblo pequeño del grande para llevar ropa o comida. Hasta que uno de esos días, un guardia le dijo a Pascual Cansado, uno de los seis hijos de José, que se llevara lo que había traído porque su padre ya no iba a necesitarlo. Tenía 43 años cuando fue asesinado. A la viuda de José, que en el momento de su muerte estaba embarazada, se le exigió la responsabilidad civil de 1.500 pesetas por los hechos que se le imputaron: haber hecho propaganda de las ideas izquierdistas. Seguir pagando una pena después de la muerte, en forma de multa e incautaciones, sería una tónica en muchos de los represaliados.

El grupo que embarcó en este camión, junto a uno más, es conocido como “los doce de Ateca”. Fueron ajusticiados en una cuneta a 30 kilómetros de distancia de su pueblo, cerca del barranco de Mularroya, después de ser obligados a cavar su propia tumba.

En abril de 1959, algunos familiares de este grupo recibieron una carta en la que se les convocaba en un punto en concreto de la Nacional II para una exhumación. Algunos fueron. Los restos fueron cargados en un camión y partieron hacia el Valle de los Caídos. Que las familias estuvieran presentes no significó que se les pidiera la autorización, simplemente asistieron como testigos de lo que estaba ocurriendo.

Los 12 esqueletos, anotados en el registro como “desconocidos”, fueron depositados en una única caja que costó 550 pesetas y medía 1,20 metros de largo, 0,50 de alto y 0,60 de ancho. En el momento en el que los 12 llegaron, 9.453 personas ya habían alimentado las tripas de la siniestra y megalómana necrópolis franquista.(...)"               (Elena Cabrera, eldiario.es, 12/06/23)

13/6/23

”Mi bisabuelo Santos Francisco Díaz, fue arrestado en Mansilla de las Mulas en agosto de 1936, junto con decenas de hombres y mujeres más de ese pueblo y de otros de alrededor, como Palanquinos, y fue trasladado al campo de concentración de San Marcos, en León, donde numerosos testimonios hablan de cómo los presos eran torturados y maltratados... “Cuando matan y desaparecen a mi bisabuelo”, explica Rodríguez, “mi bisabuela se queda primero en un limbo porque al ser un desaparecido, no hay una confirmación de la defunción y por lo tanto un montón de mujeres de desaparecidos se quedaron sin la posibilidad de heredar las propiedades, si es que hubieran... El mayor de 17 años, Antonio Francisco, abuelo de Rodríguez, “decidió huir por temor a ser arrestado... pero es arrestado y maltratado en el campo de concentración de la localidad asturiana de Celorio. Él relataba cómo habían arrojado desde ahí algunos cadáveres de presos al mar por los acantilados. Sufrieron las inclemencias de la lluvia, de la humedad, del frío. Muchos presos enfermaron, fueron maltratados. Fue sometido a un fusilamiento simulado

 "Por primera vez un tribunal escucha las historias de las víctimas desaparecidas en Villadangos del Páramo. Aunque para eso haya que desplazarse ante un tribunal en Argentina como ha hecho la periodista Olga Rodríguez, que declaraba hace unos días en Buenos Aires como nieta y bisnieta de represaliados por el franquismo: es la primera vez que un tribunal escucha las historias de los desaparecidos en la fosa de Villadangos del Páramo (León).

Hace algunos años se fueron encontrando las familias de las víctimas de la asesinadas y desaparecidas en Villadangos del Páramo. Familiares que llevaban años o décadas buscando, intentando localizar la ubicación de la fosa para poder exhumarla. El hecho de que haya tenido que pasar tanto tiempo para que en España se pudiera obtener algo de verdad y reparación y se pudiera exhumar también ha sido un castigo añadido para las familias de las víctimas, porque en muchos casos, esposas, hijos e hijas o madres se han ido muriendo sin obtener un mensaje mínimo de de reparación. Y esta unión de tantas familias y familiares de las víctimas de Villadangos del Páramo finalmente desembocó en la posibilidad de exhumar parte de la fosa el pasado febrero de 2022 a través de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

“Como indican a menudo los propios impulsores de esta querella argentina contra los crímenes del franquismo”, dice Rodríguez, “en el simple hecho de la escucha por parte de la justicia en un tribunal hay ya un reconocimiento, una voluntad de reconocimiento a las familias de las víctimas. Y esto es algo muy importante en sí mismo. Y las familias de la fosa de Villadangos del Páramo lo hemos podido experimentar ahora”.

Pilar González, sobrina de Isidro y Epifanio González, el primero ejecutado en Puente Castro y el segundo asesinado y desaparecido en Villadangos del Páramo, explica: “Desde Madrid estuve pensando todo el rato en la declaración mientras esta se producía. Espero que Olga sintiera nuestro apoyo desde aquí. Mis tíos Isidro y Epifanio -víctimas del franquismo- nunca habrían imaginado que su asesinato llegaría antes un juzgado argentino que a la justicia española. Agradecemos inmensamente que al menos en Argentina les hayan dado esta oportunidad de ser nombrados, de ser recordados a través de esta declaración. Siento como si de alguna manera y desde tan lejos le han sacado un poco de esa fosa común donde Epifanio sigue estando”.

“Mi declaración fue enmarcada en ese asesinato colectivo que termina en esa gran fosa común en Villadangos del Páramo de las personas desaparecidas” relata la periodista. Allí, en esa fosa exhumada en parte el año pasado y de la que estamos todavía a la espera de las identificaciones. Lo que intenté trasladar fue esta historia colectiva“, explica Rodríguez: ”Mi bisabuelo Santos Francisco Díaz, fue arrestado en Mansilla de las Mulas en agosto de 1936, junto con decenas de hombres y mujeres más de ese pueblo y de otros de alrededor, como Palanquinos, y fue trasladado al campo de concentración de San Marcos, en León, donde numerosos testimonios hablan de cómo los presos eran torturados y maltratados. Estos arrestos aparecen en la causa judicial abierta en 1936 por el régimen franquista y que se encuentra en el Archivo del Ferrol y que va a ser aportada a los tribunales argentinos“.

Rodríguez explica que “a lo largo de más de 600 páginas se pueden leer los arrestos y las acusaciones contra estas personas que fueron detenidas en un lugar donde no hubo frente de batalla o frente de guerra, porque el golpe de Estado triunfó prácticamente de inmediato y donde lo que ocurrió fue que hubo arrestos y persecuciones y castigos a personas acusadas de intentar impedir el golpe de Estado, como aparece en la propia causa judicial contra ellas, o de tener determinadas ideas políticas. En muchos casos simplemente basta con que se acuse a alguien de ser rojo o marxista. Son algunas de las denominaciones que aparecen para que la causa contra ellos siga adelante”.

“Es el caso de Santos Francisco Díaz, mi bisabuelo, o de Epifanio González o de otros. ¿Qué les pasó a estas personas?”; se pregunta Rodríguez: “En varios casos son personas que fueron desaparecidas, que fueron sacadas del campo de concentración de San Marcos y trasladadas a algún pueblo cercano, nunca su propio pueblo, para ser asesinadas allí. Por ejemplo, mi bisabuelo Santos Francisco Díaz fue asesinado en Villadangos del Páramo y sepultado en alguna fosa común. Entre los documentos que se aportará a estos tribunales tras mi declaración están las actas de defunción elaboradas por el juez de Paz local de Villadangos del Páramo y firmadas tanto por él como por otras personas de ese pueblo, donde se hacía una descripción detallada de los cadáveres de los asesinados entre agosto y noviembre de 1936. Esa descripción detallada, en algunos casos sirvió para identificar a las víctimas por sus familiares en 1936 y. Y en otros casos, bueno, esos cadáveres tenían incluso documentos que los podían identificar. Es decir, no es solo una declaración lo que se hizo en Buenos Aires, sino que también se aportarán algunos documentos existentes. La declaración giró mucho en torno a estas víctimas de la gran Fosa o de las fosas de Villadangos del Páramo. Parte de una de las fosas fue exhumada en febrero de 2022, y estamos a la espera de las identificaciones”.

Pura Francisco, la madre de Olga Rodríguez, nieta de Santos Francisco (asesinado y desaparecido en Villadangos del Páramo) e hija de Antonio Francisco, arrestado en el campo de concentración de Celorio y represaliado por el franquismo, explica: “La aspiración a la justicia que tanto mi abuela, como mi padre y los demás hijos e hijas de mi abuelo merecían, tenia que haberse producido hace tiempo y por supuesto en España. Sin embargo, que nuestros queridísimos familiares merezcan la atención de jueces en un país como Argentina es un gran consuelo para quienes seguimos reclamando verdad , justicia y reparación. Por ello estarán siempre en nuestro corazón”

“En el transcurso de esta espera ha muerto la hermana de una de las víctimas cuyos restos posiblemente hayan sido exhumados, pero que todavía no han podido ser identificados”, prosigue Rodríguez: “A lo largo de estos años, un montón de familias, somos decenas y decenas de personas de tres generaciones diferentes, nos unimos para poder encontrar esa fosa y para poder exhumarla. Y lo hemos conseguido en parte, pero solo se han podido exhumar los restos de 12 cuerpos porque sobre la fosa se han construido nuevos panteones y lamentablemente no se nos ha permitido exhumar esa parte, aunque desde un punto de vista técnico habría sido posible hacerlo. Todo este proceso de unión de familias y de compartir colectivamente esta búsqueda y de ir accediendo a nuevas informaciones, ha sido muy reparadora. Y este paso añadido, el de poder declarar y contar las historias de todas estas víctimas, de todas estas personas asesinadas y desaparecidas en Villadangos del Páramo”.

La periodista Olga Rodríguez explica que se sintió “muy acompañada mientras declaraba sobre todas las familias que conformamos, como decimos, una gran familia de memoria, que tienen historias terribles como la del maestro Toral, que fue detenido delante de sus alumnos; como la del cartero Federico Sacristán, como la de tantos otros y otras”.

Susanna Toral, nieta del maestro Tomás Toral, detenido delante de sus alumnos, asesinado y sepultado en la fosa de Villadangos del Páramo, explica: “El 8 de junio hizo 20 años que mi padre murió. El mismo día una jueza en Argentina escuchaba la historia de los asesinados en la fosa de Villadangos del Páramo. Casualidades de la vida. Para mí que por primera vez se escuche en un tribunal lo ocurrido demuestra el reconocimiento de un crimen y muestra cómo la verdad se abre paso, como lo hace el agua: no se puede parar. Confío en que pronto estos crímenes se puedan reconocer en nuestro país. No se pueden cerrar las heridas si no se airean, si no se hablan, se reconocen y se sacan a la luz. Es indispensable”. 

“Cuando matan y desaparecen a mi bisabuelo”, explica Rodríguez, “mi bisabuela se queda primero en un limbo porque al ser un desaparecido, no hay una confirmación de la defunción y por lo tanto un montón de mujeres de desaparecidos se quedaron sin la posibilidad de heredar las propiedades, si es que hubieran. Mi bisabuela se quedó con siete hijos, el mayor de 17 años, el menor de 11 meses. Los hijos adolescentes con posibilidad de trabajar tuvieron que abandonar la escuela y ponerse a trabajar para poder sacar adelante a la familia, lo cual de por sí ya fue un castigo añadido, una consecuencia, un daño añadido”.

El mayor de 17 años, Antonio Francisco, abuelo de Rodríguez, “decidió huir por temor a ser arrestado. También cruzó Asturias y luchó en el frente republicano hasta que cae Asturias y es arrestado y maltratado en el campo de concentración de la localidad asturiana de Celorio. Él relataba cómo habían arrojado desde ahí algunos cadáveres de presos al mar por los acantilados. Sufrieron las inclemencias de la lluvia, de la humedad, del frío. Muchos presos enfermaron, fueron maltratados. Mi abuelo fue sometido a un fusilamiento simulado. Todas estas historias, más la represión posterior durante la dictadura, atravesaron a mi familia y a tantas familias. Mi familia sufrió consecuencias económicas, sociológicas y emocionales a causa de estas represalias del asesinato y desaparición de mi bisabuelo y del maltrato y persecución contra mi abuelo. Y esto atravesó a mi madre y de alguna manera llegó hasta nuestra generación, la de los nietos y bisnietos, porque crecimos en el silencio y con la doctrina de que de eso no se podía hablar. Era como algo que parecía que nunca hubiera ocurrido”.

Durante la declaración de Olga Rodríguez ante el tribunal argentino, decenas de familiares de las víctimas de esa fosa situada en Villadangos del Páramo le pidieron que transmitiera “el sentimiento de reparación que han tenido al saber que, por primera vez, al fin en un tribunal, alguien iba a escuchar nuestra historia, la historia de nuestras familias, la historia de nuestros padres, abuelos, abuela, bisabuelos, bisabuela, tíos, etcétera, las nietas y nietos y sobrinos y sobrinas seguimos esperando una verdad y una reparación porque nos consideramos atravesados por lo ocurrido y porque realmente hay consecuencias que llegan hasta nosotros. Consecuencias económicas, sociológicas y emocionales”.                (Andrés Gil, eldiario.es, 11/06/23)

19/5/23

Miles de personas se quedaron sin nada en el País Vasco. Les robaron su finca, casa, lugar de trabajo, terrenos, bienes muebles, ahorros… Maria Puy, una mujer de Trintxerpe, nos contó cómo les arrebataron su casa... cuando regresaron las encontraron todas selladas. Y se quedaron sin hogar, en la calle, sin nada”... desde hace muchos años hay una convivencia entre los que sufrieron esos robos y los que cometieron los robos. Y ha habido miedo a hablar de eso

 "Mucho se ha escrito e investigado sobre la represión física durante la guerra de 1936 y durante el franquismo. Fusilados, torturados, exiliados… El sufrimiento humano era terrible en aquellos años y, quizás por eso, ha quedado atrás el enorme despojo económico realizado por los golpistas.

En pocos años, miles de personas se quedaron sin nada en el País Vasco. Les robaron su finca, casa, lugar de trabajo, terrenos, bienes muebles, ahorros… Muchos tuvieron que ir a la guerra o al exilio, muchos otros fueron encarcelados. Ese castigo no fue suficiente y las autoridades franquistas también impusieron sanciones económicas a su antojo en aquellos años.

De una forma u otra, hablamos con tres expertos que han investigado esta realidad para entender mejor lo sucedido: Javier Buces Cabello, jefe del Departamento de Memoria Histórica del Departamento de Antropología de la Asociación de Ciencias Aranzadi; Cesar Layana Ilundain, con el responsable de documentación del Instituto de la Memoria de Navarra, y Borja Sarrionandia-Ibarra Fernandez “II. República y Guerra Civil Deustun» con el autor del libro.

Los tres expertos coinciden en el momento de dividir el tema en dos momentos o grupos. Por un lado, podrían estar los robos ocurridos antes o en los primeros días después de que cada pueblo cayera en manos de los franquistas. Se puede decir que estos sucedieron de manera muy improvisada y es muy difícil para los historiadores medir la dimensión de estos robos. Los testimonios son la principal fuente de información, si no la única, y el tema es muy delicado, porque estos robos muchas veces ocurrieron entre conocidos de mucho tiempo.

Por otro lado, puede haber bienes confiscados oficialmente por el franquismo y multas impuestas, y sí, eso está precisamente documentado en los archivos. El proceso de regulación de la represión económica se inició a través del Decreto 108 del 13 de septiembre de 1936, que creó el Comité Provincial de Confiscación de Bienes (OKBP). Y la publicación de la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de febrero de 1939 dejó claro que el fin de la guerra no implicaría ninguna política de amnistía para integrar a los vencidos al nuevo sistema político. Fue una mejora de la estructura legal que se inició con el Decreto 108 y el Decreto Legislativo del 10 de enero de 1937, que no modificó los principios esenciales.

Estas comisiones hacían un expediente de cada persona u organización, para “investigar” si coincidía o no con los postulados de los rebeldes de 1934, y de acuerdo al resultado de esta “investigación” se decidía si era o no sancionada, y el alcance del castigo. Patriotas, socialistas, anarquistas y otros republicanos fueron castigados, por supuesto, pero también muchas otras personas sin una clara implicación política, para sembrar el miedo. Estos castigos están documentados de pueblo en pueblo.

Diferentes realidades

Sin embargo, cada país tiene sus propias peculiaridades. En Navarra, por ejemplo, aún no existía una burguesía destacada vinculada a la industria y los castigos eran económicamente más leves que en otros lugares. “En el caso de Navarra, en este despojo económico cabe mencionar especialmente las multas y el menaje. Las multas económicas fueron mayores en Bizkaia y Gipuzkoa, porque la burguesía tenía más poder en las zonas industriales”, comenta César Layana, autor del libro “Expolio y castigo”.

De cualquier manera, Layana destacó la gravedad de la situación: “En la mayoría de los casos, eran personas pobres. Entonces, mirando el valor total de los bienes, tal vez el robo no fue grande, pero también se debe tener en cuenta que esa pobre gente lo perdió todo. Puede que no haya sido mucho, pero lo era todo para ellos». Como ejemplo, se puede mencionar que a algunas personas les confiscaron sus máquinas de coser o sus gallinas de granja.

Tal y como recoge Layana en su libro, en Navarra se abrieron por responsabilidad política 1.086 personas, un total de 824 expedientes, y se condenó a 864 personas, más del 80%. Además del decomiso de bienes, las mayores multas se impusieron a Mariano Anso y Manuel Irujo, dos navarros que ocuparon el cargo de ministro en los gobiernos de la República durante la guerra: multas de veinte millones de pesetas. Además, se impusieron dos sanciones de un millón de pesetas, otras 24 multas de más de 100.000 pesetas y 97 multas de más de 10.000 pesetas.

Sin embargo, en términos de bienes decomisados ​​y multas económicas, Bizkaia recibió las sanciones más altas. Los recibidos por el empresario Ramón de la Sota son los que más se han mencionado, pero muchas otras personas también quedaron en una situación similar.

“En Deustu, por ejemplo, se volvieron contra la burguesía, más que nada porque entre los ricos también había nacionalistas. En su caso las multas fueron bastante elevadas y llamativas. También golpearon con especial dureza a quienes trabajaban en el Gobierno Vasco. Destaqué la multa impuesta a Eliodoro de la Torre en mi trabajo, por ejemplo, pero lo mismo les pasó a otros miembros del Gobierno Vasco. Fueron multados con veinte millones de pesetas por hora; hoy serían más de 8 millones de euros”, explica Borja Sarrionandia-Ibarra, haciendo una comparativa.

Aunque las familias más ricas recibieron las multas más altas, muchos trabajadores de clase baja, que en gran parte vivían de la renta, se quedaron sin nada de la noche a la mañana. “Algunas personas lograron recuperar sus casas, pero muchos las perdieron para siempre, incluso en algunos casos tenían la propiedad. El ejemplo más claro es lo ocurrido en el barrio Buenavista. Buenavista era un barrio pequeño, era una cooperativa de vivienda. La mayoría de la gente allí era del partido socialista, con posiciones de clase media, y el 63% de los vecinos de ese barrio perdieron sus casas”, recordó Sarrionandia-Ibarra.

Javi Buces mencionó otros ejemplos de Gipuzkoa, muy similares: “A los trabajadores de la empresa Brunet en Urnieta les quitaron la casa. Eran casas de empresa y todo el mundo estaba fuera. Llegaba gente nueva a trabajar y entraba en esas casas. Por supuesto, los antecesores no eran los dueños de las casas; eran trabajadores que vivían allí. Fueron expulsados ​​o tuvieron que ir a la guerra, y llegó gente nueva para reemplazarlos. En Donostia, por ejemplo, hace poco hicimos una conferencia en el palacio de Miramar y Maria Puy, una mujer de Trintxerpe, nos contó cómo les arrebataron su casa. Vivían en casas de algunos obreros; por supuesto, la mayoría de las personas que vivían en esas casas eran anarquistas o socialistas, y cuando regresaron las encontraron todas selladas. Y se quedaron sin hogar, en la calle, sin nada”.

No se ordenaron devoluciones

Hay una parte de este tema que es particularmente importante y no ha sido debidamente investigada: la de la restitución de estos bienes decomisados. Los grandes partidos políticos, sindicatos y organizaciones similares de alguna manera lograron devolver lo robado, pero en el caso de los particulares todo es diferente. Las familias conocidas o los empresarios pueden haber tenido más facilidades para reclamar sus propiedades, pero era poco probable que las personas pobres recuperaran algo.

Borja Sarrionandia-Ibarra citó algunos ejemplos de Deusto: “Algunas personas recuperaron sus casas, pero otras no. Es el caso de Aurora Arnaiz Amigo, por ejemplo. Era socialista, jefa de la organización Juventudes Socialistas, hacía mítines… Era una mujer muy significativa. Tuvo que exiliarse y se convirtió en la primera mujer profesora de derecho en México. Aurora vivía en Deustu, en Buenavista, ya sus padres les quitaron la casa y nunca les devolvieron. Según me contó otro testigo, cuando llegó a la casa había un guardia civil viviendo allí y les dijo claramente: ‘Fuera de aquí o os denuncio'».

Es claro que nunca se ha llevado a cabo ningún proceso general serio para devolver esos bienes y cantidades económicas sustraídos. Seguramente, porque es un asunto delicado. «El asunto es muy complejo. Una cosa es realizar una exhumación donde la persona ya está muerta. Restaurar su dignidad, completar su historia… Hay un mínimo consenso en Euskadi para hacerlo. Pero lo que tienen es otra cosa”, dice Buces.

“De hecho, al final, ¿quién hizo esos robos? Bueno, muchas veces son familias conocidas, todos los conocían. Hoy, quizás, es diferente, porque toda esa gente ya está muerta, pero desde hace muchos años hay una convivencia entre los que sufrieron esos robos y los que cometieron los robos. Y ha habido miedo a hablar de eso”, coincide Borja Sarrionandia-Ibarra.

No habría ningún problema para que los historiadores investigaran, pero ¿estaría preparado el público? Esta es la reflexión de Javi Buces: “Creo que investigar no es muy difícil. Estoy a favor de tal investigación, porque es necesaria: la represión franquista debe investigarse en todos los ámbitos. Hay documentación para una investigación, pero es un tema delicado. Alemania se menciona a menudo, pero necesitamos profundizar un poco más en la cultura democrática. ¿Estamos dispuestos a aceptar que la tienda, finca o bar que heredamos nos la robó nuestro abuelo? Sin dudar de que es un derecho conocer toda la verdad, ¿qué ‘consecuencias sociales’ tendrá, en nuestras relaciones sociales, conocer el origen de este negocio? Tienes que estar preparado para abordar un tema así».

Miren y Marixel López-Mendizábal: «Recordamos que la familia siempre estaba con abogados, en los juzgados»

El tolosano Ixaka López-Mendizábal fue uno de los vascos que sufrió la brutal represión económica de los franquistas. Aunque mucha gente le conocerá por el libro de texto «Xabiertxo», dejó su huella en muchos ámbitos. Suele presentarse en los libros de historia como escritor, agente cultural, vascoparlante y político nacionalista, pero también fue abogado y también es destacable su aportación como editor. Esquí, montaña, viajes… todo lo hizo en su momento. Miembro del Eusko Alderdi Jeltzal, fue también presidente de la Asamblea de Euzkadi Buru en 1935. Empujado al exilio por la guerra, fue primero a Donibane Lohizu y luego a Argentina. Pasó casi 30 años en Buenos Aires y regresó al País Vasco en 1966.

Los nietos de Miren y Marixel conocieron a su abuelo en los últimos años, cuando ya había vuelto al País Vasco y había perdido la vista. “Vivíamos con él, yo tenía 14 años cuando murió y Marixel 11 – cuenta Miren. Tenemos recuerdos: lo recuerdo tocando el piano todos los días, cómo nos contaba historias… Y lo cuidábamos. El padre se fue a trabajar, la madre y la tía también trabajaban en la tienda o hacían tareas domésticas, y las sacábamos. Caminábamos aquí, en Zerkausia, agarrándolo del brazo, porque no podía ver. Ayúdame al baño, a afeitarme…»

No parecía contarles demasiadas historias de la guerra o del exilio, pero gracias a lo que escucharon de uno y otro, así como a lo que les contó el padre de Xabier, ambos tienen una idea bastante clara de sus vivencias. .

“Contó algunas anécdotas, pero todas cosas buenas. No contó las malas experiencias ni las que había sufrido. No sabemos exactamente cómo la abuela (Andone Olano) salió de aquí con sus tres hijos para ir al otro lado, a Donibane Lohizu. Sí, se iban de noche, pero poco más”, aseguran, aunque han completado el puzzle con lo que después escucharon de su padre.

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De hecho, en esa fuga repentina, se esforzaron especialmente por salvar papeles y documentos, que luego fueron de gran utilidad para recuperar los bienes sustraídos. «El abuelo tuvo que irse de inmediato en 1936 y la abuela se fue a Donibane Lohizu unos días después. Pero por ese camino, primero fueron a Urkizu, a la finca de una mujer que tenía una criada. Allí dejaron algunas cosas, gracias a las cuales luego fueron recuperadas. No fue un caso aislado, bastantes personas hacían eso: guardaban cosas en otras casas y las recuperaban cuando volvían.

Cuando los franquistas entraron en Tolosa, por ejemplo, es bien sabido que sacaron los fondos de la biblioteca de López-Mendizábal y los quemaron en la plaza del pueblo, delante de todo el pueblo. “Fue el 11 de agosto, también hay fotos”, recordó Miren, pero agregó que este lamentable hecho también dejó situaciones emocionales: “Llevaron los libros a la plaza y les prendieron fuego. Pero no todos fueron quemados. Y por la noche, algunas personas fueron allí, a recoger los libros restantes, y los guardaron en casa. Y entonces, venían a nuestro padre en la imprenta: ‘Xabier, esto lo teníamos guardado’. Y nos los devolvieron».

Los robos no terminaron ahí. «Papá solía decirnos: ‘Hay una zapatería en la parte trasera del reloj de nuestra casa’. Por supuesto, no sabemos cómo llegó allí ese relojero, no le dirás nada. También desapareció el traje de guerra carlista de nuestro bisabuelo, con espada y todo. También teníamos cuatro figuras femeninas de bronce, dos de las cuales están en la entrada de la Asociación del Casino de Toulouse desde hace muchos años…».

Cuando volvió al País Vasco, la primera tarea fue restaurar la casa, y eso tampoco fue fácil. “La planta baja que antes albergaba la imprenta la ocupó un señor y se instaló una tienda de abarrotes, con un depósito y todo detrás. Y al lado, otro hombre instaló una tienda de lana para su esposa. Cuando nuestra familia regresó a Toulouse se dieron cuenta de que así era. El de la tienda de abarrotes también ocupaba el cuarto piso y allí vivía con su familia. Y la gente de la tienda de lana vivía en el tercer piso. En el primero estaba la ONCE, la asociación de ciegos. Y también había alguien en el quinto piso. Sólo el segundo estaba libre y por eso entramos allí.’

Procesos largos

Arrancaron largos procesos judiciales: “Recuerdo que mi padre siempre estaba con abogados, siempre en los juzgados. Prueba del garaje, de la casa… Al principio vivíamos todos juntos en la misma casa: las dos tías, el abuelo, los padres y nosotros dos. Éramos niños y no nos decían muchas cosas, pero todos hablando allí a la hora de comer, siempre pillábamos algo. En un momento se recuperó el garaje, así como el jardín en la ladera de Izaskun… En la finca, por ejemplo, nadie entraba, es raro. Creo que estaba alquilado cuando mi abuelo tuvo que marcharse.

En estos procesos de recuperación de los bienes, parece que tuvo gran importancia el hecho de que los papeles se mantuvieran en ese momento. “Nuestro abuelo no se llevó mucha ropa cuando se fue, pero sí todos los papeles que pudo. Escrituras, documentos y demás, sí. Y ahí dudamos si esos papeles se los llevaron todos a Buenos Aires o los dejaron escondidos en Donibane Lohizu. De hecho, cuando nuestro padre volvió por primera vez en 1955, fue allí primero».

Seguramente, el ejemplo más claro de estos largos procesos lo podemos encontrar en el edificio que ha sido la sede de EAJ durante varios años. “25 personas de diversas ideologías, incluido nuestro abuelo, crearon una especie de casa cultural, llamada ‘Inmobiliaria Ureta’. Tenían un teatro abajo, representaban obras escritas por Antonio Labaien, la gente iba a verlos… Bailes vascos, mi padre aprendió a silbar y silbar allí, hacían tertulias… Y en una de ellas los miembros de la EAJ estaban estacionados. Pero durante la guerra se decomisó todo el edificio, y el Ministerio de Educación y Deportes lo tomó y montó allí una escuela profesional”, comienza el relato Miren López-Mendizábal.

“Luego sacaron la escuela de allí, porque no estaba debidamente adaptada -continuó-. Y luego la EAJ la ocupó y se convirtió en cuartel. Pero cuando vino la división, unos apoyaron a la EA, incluida nuestra familia, y otros, a la EAJ. Batzokia fue entregada a EAJ, pero nuestro padre mantuvo el libro de accionistas. Cabe mencionar que este libro fue traído a escondidas del Norte por nuestro padre: le quitó la tapa dura al libro y puso los papeles en la parte de atrás de su cuerpo amarrados con el celo. Y uno a uno fue buscando a los accionistas que crearon ‘Immobiliaria Ureta’, los dueños originales.’

«¡Cuántos años estuvo nuestro padre en ese trabajo buscando gente! Cuando murió en 2004, asumí la presidencia y, finalmente, en 2010, recibimos una advertencia de su sucesor que decía: ‘Sí, es tuyo, te lo devolvemos’. EAJ tuvo que irse y se enfadaron. Y ahora, en lugar de los 25 accionistas iniciales, somos más de 200. Al principio no todos pertenecían a la EAJ, y tampoco ahora. Saque las cuentas de cuándo fueron confiscados, cuándo fueron devueltos, y entre cuántos juicios, cuántos recursos, cuántos trámites…”, agregó.

Robo tras robo, el franquismo no consiguió destruir el legado de Jose Manuel Ostolaza

Entre las personas cuyos bienes fueron decomisados, uno de los casos más llamativos fue el del empresario debarra José Manuel Ostolaza. Le llamaremos ‘Debarra’, aunque nació en Valladolid en 1875, porque allí fueron su padre Ascencio y su madre Segunda Zabala huyendo de la guerra carlista. La familia llegó a Deba cuando él era muy joven.

La vida de José Manuel parece el guión de una película. Desde muy joven trabajó en la navegación comercial, tuvo que transportar tropas durante la guerra de Cuba, se encontraba en una situación económica precaria en Cuba… Pero finalmente llegó a México, donde, no sin dificultad, montó una fábrica de sombreros de paja toquilla que tendría un próspero futuro funcionando

La idea fue un gran éxito y, junto a su hermano Francisco, logró hacer una fortuna en Estados Unidos. “Entérate: se jubiló con 42 años y volvió a Deba”, dijo Alex Turrillas, secretario de la Asociación Cultural Deba.

Inspirándose en sus experiencias de vida, José Manuel construyó una escuela comercial en Deba en 1928, creyendo que era la mejor manera para que la juventud local tuviera un futuro mejor. La denominó EBEFO (Escuela Biblioteca Emigrante Fundación Ostolaza), la construyó en el solar de la finca de la familia «Barberokua», en el centro de Deba, y le dio un carácter secular.

El carácter laico despertó el enfado de la iglesia desde un principio, y esta elección se pagó muy cara unos años después, cuando los franquistas tomaron el poder. Para entender la importancia de la apuesta que estaba haciendo Ostolaza, basta mirar la foto histórica a continuación: Niceto Alcalá Zamora II de España. El Presidente de la República, Manuel Azaña, que fue también Presidente del Consejo de Ministros, y el jefe del Ejército, Gonzalo Queipo de Llano, visitando el colegio EBEFO de Deba en 1932. El propio Pio Baroja también fue un defensor de la obra de Ostolaza.

Con el estallido de la guerra, sin embargo, tuvo que dejarlo todo y exiliarse a México, junto a la bibliotecaria Pepita Arriola. Sus bienes fueron confiscados y la lista no es aleatoria: “El inmueble que alberga la Fundación Ostolaza, valorado en 70.000 pesetas; la mitad de la casa de Amillaga, valorada en 55.000 pesetas; tres cuentas corrientes con un saldo de 16.000 pesetas…»

José Manuel no volvió a oprimir al País Vasco y murió en México en 1954. Como no tuvo hijos, sus bienes quedaron en manos de su hermano Francisco. Aunque no hemos encontrado muchos detalles del proceso, pudo recuperar el edificio de la Fundación Ostolaza sin mayor problema, y ​​como tampoco tenía herederos, dejó la gestión del mismo a la Fundación Ostolaza.

La labor de la Fundación Ostolaza fue continuada por la Asociación Cultural Deba desde 1960, y hoy en día organizan multitud de iniciativas a lo largo del año. “Somos una asociación privada, pero se puede decir que hacemos una obra completamente pública; Somos la casa cultural de Deba, al fin y al cabo. En tres años hemos pasado de unos 80 socios a más de 200”, destaca Turrillas, recordando otros casos con un final más triste: “El hotel que acababa de construir se lo robaron al empresario Silverio Urqui y nunca se lo devolvieron. Eso también hay que mencionarlo».

«Había diferentes formas de robo dependiendo de la época»

Jon Unanue López (Donostia, 1964) ha realizado un gran trabajo de investigación sobre los hechos del regreso de la guerra de 1936 en Urnieta. Recibió varios testimonios, empezando por el padre Justo, y publicó algunos de ellos en la revista Aiurri. No ha investigado específicamente la represión económica como tal, pero este tipo de represión también fue prominente en la Urnieta de 1936-1939 que Unanue dibuja con gran detalle.

“Primero hay que averiguar cómo era el ambiente en los días previos al levantamiento de Urnieta. Urnieta era un pueblo muy conservador. En el ayuntamiento dominaban dos grupos: los realistas o monárquicos, el voto de derecha, aquí el voto tradicional, y por otro lado Eusko Alderdi Jeltzalea, que era el partido mayoritario en ese momento y que estaba en clara fase de crecimiento, habiéndose fortalecido mucho durante la República. Es cierto que había algunos elementos de izquierda en el pueblo, digamos ‘progresistas’, una minoría pero se estaban moviendo. Fue un movimiento que vino en gran parte de Oria, creado en torno a Brunet y estas empresas. Aunque en su momento pareció raro, al Ayuntamiento le sirvió como referencia de lo que estaba pasando”, describió Unanue la situación antes del estallido de la guerra.

“A medida que avanzaba la selección, la gente empezó a preocuparse, porque escuchaban qué tipo de barbarie estaban haciendo en Navarra. Para entonces, algunas personas decidieron celebrar; nuestros abuelos, por ejemplo. Nuestro abuelo era de origen nacionalista, pero nunca fue militante. Sin embargo, después de ver lo que vio, decidió irse. La abuela se quedó en casa con seis o siete niños. Y como nuestro abuelo, muchos otros”, prosiguió.

«Las primeras detenciones se produjeron en ese ambiente tenso. En la mayoría de los casos se trataba de niños o jóvenes del pueblo; Lo sé porque mi tío también era así. La pandilla salió a la calle, aunque la abuela no los dejó, y cuando escucharon que una casa estaba vacía, entraron allí y agarraron algo. En el caso de su tío, se había llevado una bicicleta y cuando volvió el dueño, fue a pedirla. ¡Qué vergüenza pasó nuestra abuela!”.

«Ocurrió otro tipo de robo después, cuando entraron los nacionales. Esas fueron las capturas ganadoras. Habían tomado el control del ayuntamiento y sus familias aprovecharon la situación para apoderarse de las propiedades de los que se habían fugado. No eran niños. Y se ‘limpiaron’ las casas: ropa, alfombras, muebles… En Mikaele, por ejemplo, en la casa de Bartolomé Lasarte y Antonia Barkaiztegi, fue lo que pasó, también les confiscaron sus bienes. Por supuesto, Urnieta era un pueblo muy pequeño en ese entonces y la gente sabía que la ropa que usaba era de otra persona. Cuando la gente comenzó a regresar, se dieron cuenta de que su propiedad era propiedad de otra persona. En algunos casos, uno de ellos fue a devolver el objeto robado por su cuenta, avergonzado de lo que había hecho o consciente de la situación».

“Y otra cosa es cuándo se emitió la ley de decomiso. La excusa era que había que sufragar los gastos de guerra. Allí se puso en marcha un procedimiento muy claro, que tenían que hacer todos los municipios. Primero, había que hacer una lista para averiguar qué personas se habían ido y llamar a esas personas para que rindieran cuentas. Si no explicaban, se decidió que debían responder con su propiedad. Así que fueron a las casas e hicieron un inventario de todo. Las listas están en el archivo.

Los Unanue lo saben muy bien, porque también le enviaron una carta a la abuela, en la que decían que si el abuelo no se presentaba en Urnieta, le confiscarían sus bienes. De una forma u otra, la abuela logró informar al abuelo -que estaba en el Norte- de la situación, y éste recurrió a dos tías que eran monjas en un orfanato militar en Pamplona en busca de ayuda. Se decía que uno de los dos estaba a cargo. Gracias a la influencia de estas tías, el gobernador militar de Navarra envió una carta al gobernador de Gipuzkoa, en la que le preguntaba qué tenían contra él, y luego extendía la pregunta al Ayuntamiento de Urnieta.

“Mirando los documentos encontré la respuesta que dio el Ayuntamiento. La respuesta dice que todo el mundo lo consideraba un patriota, pero no un ‘separatista-marxista’, se limitaba a votar y que volver a las urnas sería ‘desagradable’, pero no pide castigo. Así volvió el abuelo a su casa y al final no perdió ninguna propiedad.’

Desafortunadamente, no todos los casos tuvieron ese final."                  (  Asier Aiesta , Periodismo Alternativo, 16/05/23)

10/5/23

El gran saqueo franquista

 "“Restituir es reparar y desagraviar”. Con esta afirmación ha arrancado el congreso “Arte y restitución: la reparación moral tras el conflicto”, en el Caixaforum de Madrid. La frase es de la abogada Marta Suárez-Mansilla, coordinadora junto con Laura Sánchez Gaona del evento que ha reunido a expertos internacionales y nacionales sobre la reparación del expolio de obras de arte. El contexto ha partido de la dominación nazi y analizado el saqueo franquista.

 Sánchez Gaona ha dado las gracias a la reforma de la Ley de la Memoria Democrática por hacer una referencia directa a la reparación de las víctimas del expolio del patrimonio. Y también ha agradecido a países como Francia y Reino Unido las referencias de los marcos legales que han creado. “Queremos hablar de reparación moral para resarcir a las víctimas entre todos, no solo el patrimonio”, añade Laura Gaona.

El abogado José Luis de Castro, participante en la defensa de la familia Cassirer contra el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza por el cuadro de Camille Pissarro, se pregunta si se puede aplicar los mismos términos al expolio nazi que a las incautaciones ilegítimas del franquismo. Después de la II Guerra Mundial el convenio internacional declaró nula toda transacción entre agentes nazis y población ocupada. No había que demostrar que aquellas transacciones fueron objeto de expolio. Se daba por probado.

Los países aliados han considerado siempre que no es necesario acreditar la coacción porque el consentimiento es ilícito. “Ese carácter ilícito de la transacción determina que tampoco es lícita la transacción a terceros, incluso a compradores de buena fe”, ha asegurado José Luis de Castro. “Procede una reparación de las víctimas y no es necesario demostrar la venta ilícita porque los vendedores actuaron bajo coacción”, concluye el abogado. En todo caso fueron “actos de expolio” y no cabe la usucapio. “Estos aspectos no son todavía tan claros en España”, ha dicho. 

Una forma de reparación moral es la devolución de las obras expoliadas. Así se dice en los convenios internacionales y en distintas sentencias internacionales. En España esta idea se encuentra en la Ley de Memoria Histórica y en la Ley de Memoria Democrática. Son leyes que configuran nuevas leyes de reparación moral, como las declaraciones solemnes a favor de las víctimas. La Abogacía General del Estado, en junio de 2022, se mostró favorable a esta postura: el hecho de la posesión de las obras de arte durante años no comporta en ningún caso validación para adquirir la posesión. Porque se considera una posesión ilícita. Por eso concluyó con la devolución de las obras a los herederos. “Devolvieron las obras porque la incautación fue ilegítima y no da lugar a posesión”, ha explicado el abogado. 

El historiador Arturo Colorado, responsable del inventario de obras confiscadas durante el franquismo por el Museo del Prado, ha analizado el caso español desde la perspectiva histórica. Ha explicado la dificultad esencial del caso español para ejecutar la reparación: muchas de las obras no conservan el origen de la procedencia o el nombre de los propietarios. En la posguerra, para el especialista, hubo una “diáspora”. Hay miles de obras que nadie ha reclamado nunca y se ha preguntado por qué el franquismo no devolvió las obras y su conclusión es que “no tuvieron ningún interés”. “Tenían una prisa enorme por quitarse de encima el muerto”, sostuvo Colorado, que asegura que el Museo del Prado está abierto a las devoluciones de las propiedades ilícitas que conserva.

La especialista en derecho del arte Corinne Hershkovitz ha desvelado las actuaciones de las instituciones francesas y las obras expoliadas por los nazis. Desde octubre de 1940 el Museo del Louvre reservó varias habitaciones destinadas a la muestra de las miles de obras expoliadas por los nazis. Desde agosto de 1944 la República francesa confirmó la devolución de las obras de arte. Fue una política de reparación inmediata y la restitución de los bienes patrimoniales ha continuado hasta nuestros días. En los primeros días se devolvieron hasta 60.000 bienes incautados por los nazis, gracias a la creación en noviembre de 1944 una comisión de devolución de las obras de arte. La comisión incautó cerca de 2.000 piezas y fueron entregadas a los museos públicos. 

En los años noventa las víctimas se enfrentaron a la negativa de la restitución. Tras largas batallas en los tribunales por las restituciones de los bienes, la Administracion francesa cambió su postura ante los casos de expolio, aunque las víctimas deben acudir a los tribunales para recuperar las obras de sus antepasados.

En agosto de 2022 el consejo de misemos públicos del Reino Unido publicó una guía para gestionar los casos de restitución. “Aconseja que los museos actúen de forma proactiva para la restitución”, ha explicado la abogada Andrea Martín. El consejo británico plantea una serie de actuaciones y equipará la evaluación ética a la jurídica. Algo insólito en las reclamaciones de bienes. Las observaciones se dirigen a museos ingleses, pero se pueden implantar en otros museos internacionales. Till Vere-Hodge ha añadido que llevar a la práctica estas recomendaciones no son tan sencillas. “En la práctica la reparación moral es menos natural”, ha dicho el experto inglés. Ha puesto el caso de la devolución de los bronces de Benin como ejemplo de reclamación frustrada, a pesar de lo que dice esta guía. “Unas lecciones que no hemos aprendido es que los museos ni siquiera ha querido escuchar a los descendientes de los esclavos”, ha asegurado. “No siempre es fácil aplicar la guía a las reclamaciones del expolio nazi, así que siempre necesitaremos analizar caso por caso”, según Till Vere-Hodge. 

Sela del Pozo, de la subdirección General de Museos Estatales en el Ministerio de Cultura, ha explicado el portal web que ha publicado la cartera de Miquel Iceta hace unas semanas. Sobre la falta de un inventario de obras expoliadas depositadas en los 16 museos estatales no ha avanzado nada. 

 Conoce la metodología del franquismo para despojar de bienes artísticos a sus propietarios antes de la Guerra Civil y cómo acabaron en manos de afines al régimen, nobleza o la Iglesia.

 (Peio H. Riaño  , eldiario.es, 9 de mayo de 2023)