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11/1/24

La División Littorio, dirigida por el comandante Gambara, íntimo de Mussolini, había concentrado a todos los ancianos, mujeres y niños naturales de Santa Coloma de Queralt, así como a los de los otros pueblos... un nuevo grupo de soldados portadores de ametralladoras instalaron estas de forma que dieran una perfecta organización de fuegos sobre la masa de personas allí congregadas... De pronto sonó la voz de mando y las máquinas comenzaron su ruido con los gritos de terror y con los ayes de las madres que llevaban en brazos a sus hijos y los de los niños que buscaban el regazo de sus madres. Era una impresión verdaderamente dantesca... Caían racimos de mujeres, hombres y niños hasta el número de 225 o 250 en que se calcula el total de los asesinados en masa

 "Santa Coloma de Queralt es un municipio de la provincia de Tarragona. En este mes de enero, se cumplirán 85 años de la masacre que tuvo lugar en dicha población en 1939, tres meses antes de que terminase la guerra en el frente bélico.

Pasto del olvido

El hecho fue considerado tan bárbaro y tan cruel como el perpetrado por el ejército golpista en Guernica, Málaga-Almería y otras ciudades españolas. Pero ni siquiera en Wikipedia, cuando se habla de la historia de dicha población, se recupera dicho acontecimiento que, cuando sucedió, tuvo una respuesta conjunta de la clase política española que se mantenía fiel a la República.

La ofensiva de Cataluña, batalla de Cataluña, campaña de Cataluña o Defensa de Cataluña fueron los términos con los que se denominó el conjunto de operaciones militares que libraron los golpistas y el ejército leal a la República, desde diciembre de 1938 hasta febrero de 1939, es decir, hasta que los fascistas entraron en Barcelona.

En el relato de lo que sucedió, antes de que las tropas rebeldes se hicieran con Barcelona, el nombre de Santa Coloma de Queralt aparece de pasada, de modo accidental, sin detenerse en la tragedia que sufrió. Ya no digamos, una vez terminada la contienda. El silencio redujo a pavesas lo ocurrido.

Efecto de la “profundización”

El periódico falangista Arriba España describía, con fecha del 15 de enero, la situación estratégica de la guerra en esta comarca calificando el avance de las tropas fascistas como “efecto de la profundización”, un cínico eufemismo con el que se quería expresar las actuaciones de las fuerzas rebeldes contra la población republicana, fuese militar o no, con el fin de aplastar la “resistencia marxista” (Arriba España, 15.1.1939). Es decir, cuanta más “profundización”, más ciudades destruidas y más muertos.

En ese triunfal reportaje, después de contar cómo se “había batido enérgicamente a los rojos” y conquistar Valls y distintos pueblos de la comarca, se decía:

“Para esta profundización (entrada en Barcelona) ha sido menester derrotar terriblemente al enemigo y ocupar el pueblo de Rocafor, Motbrió de la Marca y Conesa y quedaban a dos kilómetros escasos de Santa Coloma de Queralt”.

Y ahí quedaba toda la referencia a esta población. Después proseguía:

“Poco más al Sur de este lugar franqueaba la divisoria con la provincia de Barcelona, que en esta misma tarde ha comenzado a ser liberada. La desmoralización del enemigo, abatido siempre por nuestras bayonetas, se acentúa por momentos en todos los sectores y cada nuevo día que se traduce en otra gran victoria, que comprende los objetivos exactos y gloriosos de esta ofensiva que quedará en la historia como la interpretación más genial de la guerra realizada por la mente singular del Caudillo” (Arriba España, Diario de Navarra, 15.1.1939).

Que los periódicos golpistas obviaran cualquier masacre perpetrada por el Glorioso Movimiento Nacional no entraba en la lógica publicitaria de la guerra. Pues era timbre de gloria alardear de ellas, no solo para animar a los suyos, sino para meter miedo al enemigo. Pero, en esta ocasión, ni siquiera salió a la palestra pública, incluso mintiendo, como ya hicieron con Guernica, atribuyendo a los propios habitantes de Santa Coloma o a los mismos republicanos dicho acto de barbarie contra una masa indefensa de hombres, mujeres y niños.

Lo que pasó

Lo que sucedió el 14 de enero de 1939 por la mañana fue que una escuadra compuesta por cinco Savola Marchetti SM 79 provenientes de una base aérea de Zaragoza bombardearon Santa Coloma de Queralt y sus alrededores para dejar expedito el avance de los tanques. Por la tarde, un columna de tanques de la División Littorio -su comandante en jefe era Gastone Gambara-, entró en la población.

Pero no contó con la resistencia de las fuerzas republicanas de la zona lo que dio dando lugar a intervenciones heroicas, como la del cabo republicano Celestino García Moreno, que, saltando de su trinchera y a base de granadas, sostuvo en liza a una columna de tanques, heroicidad que contaron los periódicos  de izquierdas, haciendo que, incluso, el presidente Negrín aplaudiera públicamente dicha gesta. La prensa de izquierdas no tardó en hacer de Celestino el héroe de la España Republicana del momento.

Pero el día 19, la División Littorio entró de nuevo en liza y en esta ocasión las fuerzas republicanas, muy inferiores en armas y en soldados a las fuerzas fascistas, se vieron obligadas a salir de Santa Coloma de Queralt. Lo que sucedió después viene recogido en la  prensa de izquierdas de la época. Ni una palabra en los periódicos de la derecha.

Así, del periódico anarquista CNT y de Claridad, socialista, entresaco la descripción realista de lo que sucedió y que ningún periódico de derechas desmintió:

“Al llegar a una de las bases de repliegue, el jefe de la división ha hecho las siguientes declaraciones: Después de nuestra salida del pueblo de Santa Coloma de Queralt observamos que en el centro de una de las eras se encontraba un gran gentío en medio de un impresionante silencio. Nuestras posiciones venían a ser como un mirador colgante sobre la campiña. Observamos, con el auxilio de los prismáticos, cuantos movimientos se realizaba abajo.

El silencio de aquella masa de gente a la que precedía tropas que gesticulaban y gritaban fue convirtiéndose en gritos de dolor. La División Littorio a la que pertenecían las tropas que operaban por este sector, había concentrado a todos los ancianos, mujeres y niños naturales de la población, así como a los de los otros pueblos. Allí estaban confundidos evacuados del Norte, de Madrid, de Andalucía, de Aragón y de los pueblecitos catalanes últimamente amenazados por la invasión.

Pudimos ver con toda claridad que un nuevo grupo de soldados portadores de ametralladoras instalaron estas de forma que dieran una perfecta organización de fuegos sobre la masa de personas allí congregadas. Para los facciosos todos que habían huido de su terror eran rojos peligrosos.

De pronto sonó la voz de mando y las máquinas comenzaron su ruido con los gritos de terror y con los ayes de las madres que llevaban en brazos a sus hijos y los de los niños que buscaban el regazo de sus madres. Era una impresión verdaderamente dantesca que jamás se borrará de nuestros ojos. Caían racimos de mujeres, hombres y niños hasta el número de 225 o 250 en que se calcula el total de los asesinados en masa” (Febus. Claridad y CNT, 18.1.1939).

El titular de La Voz del combatiente -diario del ejército del centro- lo resumió de este modo: “En una era de las proximidades de Santa Coloma de Queralt dispararan con ametralladoras contra una masa de 250 personas indefensas”.

Hay que añadir a esta tragedia que el alcalde de la población, Luis Solá Pedró, tampoco se libró de la persecución fascista. Fue detenido el 27 de enero y fusilado el 20 de octubre de 1939.

Condena de Solidaridad Obrera

El periódico anarquista Solidaridad Obrera fue el más contundente en condenar la masacre de Santa Coloma.  Entendía que tal bestialidad no era propio de españoles, ni de hombres. Quizás, como insinuaba Solidaridad, los periodistas afectos al golpismo  no quisieron saber nada de este hecho por “considerarlo fruto de los instintos más bajos de la zoología”. Pero el antecedente de lo sucedido en Guernica y en la carretera de Málaga hasta Almería, la conocida como la masacre de la Desbandá en febrero de 1937, no parece aconsejable adherirse a dicha tesis. De hecho, el Ministro de la Gobernación, Serrano Suñer, al término de la guerra envió un telegrama bien efusivo al secretario general del partido fascista, Starace, expresándole “su admiración por la eficaz y soberbia organización del partido” (Diario de Navarra, El Pensamiento Navarro, 18,6.1939).

 Y no hay que olvidar que quien dirigía las tropas de la División Littorio, comandante Gambara, era íntimo de Mussolini.

“Feroz bestialidad de los invasores. La hecatombe de niños, mujeres y de ancianos en Santa Coloma de Queralt. No. No. Ese inmundo y repugnante crimen que ha sido perpetrado por las hordas de la invasión en Santa Coloma  Queralt no puede ser achacado a españoles. Ni a españoles ni a hombres.

Los más feroces instintos de la más baja zoología, el refinamiento del crimen más abyecto, la barbarie más inaudita entre los más sanguinarios bárbaros, no son comparables a esta hecatombe de víctimas inocentes e inermes, encadenadas por la invasión, segadas por el fuego de las ametralladoras. Allí, sobre la era donde el pan de cada día, por años y siglos, ha sido conseguido con su sudor y emoción de un trabajo honradamente practicado, ha sido vertida la sangre de niños, de mujeres, de ancianos, por la ferocidad fascista de los extranjeros.

Crimen inútil. Crimen estúpido. Crimen que deshonra tanto a las bestias que lo han ejecutado como a los hombres de todo del Mundo, que nada hacen por paralizar el brazo de los asesinos; que deshonra la Civilización y a los Gobiernos, a todas las instituciones humanas, encasilladas en un frío egoísmo o en una conmiseración pasiva, ante el calvario de un Pueblo sometido a las terribles desventuras.

Las feroces bestias que se alimentan de sangre inocente que, en santa Coloma de Queralt y en los pueblos esclavizados -nunca sometidos- de Cataluña, dan rienda suelta a sus instintos, son las que quieren someternos.

¡Se equivocan! Con el ímpetu y la sagrada cólera de la venganza dura, inflexible, temas, hasta que del enemigo no queden en nuestro suelo ni las cenizas” (Solidaridad Obrera, 19.1.1939).

Descripción de la masacre por Margarita Nelken

Margarita Nelken, entonces militante del Partido Comunista, relató en un artículo tan extenso como intenso lo sucedido en Santa Coloma. En él, además de hacer una descripción tan cruda como vívida de lo sucedido en dicha era, haría un elogio de Cataluña como país, pues, en su opinión, era objeto del odio felino tanto de los fascistas españoles como italianos. El artículo lo reprodujo Frente Rojo. Este largo fragmento era parte de su contenido:

“Después de la tragedia de santa Coloma. Con centuplicado coraje.

Creíamos haberlo visto ya todo en punto a barbarie. Después de la matanza de Málaga y Almería en que millares y millares de indefensos fugitivos fueron perseguidos a la  vez por las bombas y ametralladoras de los aviones italianos, y los obuses de la flota alemana, no pensábamos pudiera ya la imaginación evocar escenas del más desenfrenado vandalismo. Y sin embargo ha sido precisa la invasión de pueblos de Cataluña por la hordas de la División italiana Littorio para que pudiéramos repetir con el escritor francés: “Dante no había visto nada” (Margarita Nelken se refería a Paul Claudel)”.

En el siguiente párrafo describe quiénes fueron los masacrados en número de 250:

“Toda literatura sobra. La realidad escueta tal como hubieron de contemplarla desde las altura que circundan la vega de santa Coloma de Queralt, los combatientes del Ejército Popular replegados hacia esos lugares. En unas eras un grupo compacto de mujeres, niños y ancianos. En total unos doscientos cincuenta. Doscientos cincuenta seres humanos que integran un lamentable rebaño de fugitivos del pueblo de Cataluña y de evacuados de otras regiones llegados, meses atrás, a amparar en la hospitalidad catalana su éxodo forzoso de regiones ya arrasadas por el invasor.

Los soldados extranjeros, los mercenarios a quienes han querido vender la patria los que hacen profesión de ser los verdaderos nacionales a empujones y culatazos, han concentrado en estas eras el lastimoso rebaño de mujeres, niños y ancianos. Cuando ya los tienen allí reunidos, sin escapatoria posible, con las ametralladoras convenientemente emplazadas al efecto, y a una voz de mando, dada por alguien que está fuera te todo lo que puede llamar Humanidad disparan sobre este montón de seres indefensos.

Los gritos, los gemidos, las invocaciones de piedad, las madres que corren alocadas con sus hijos apretados contra su pecho o que se hincan de rodillas, levantados en sus brazos; los niños que se apretujan contra sus madres; los alaridos de los que pronto enloquecen; las maldiciones. Cuestión de unos minutos: el montón de mujeres, niños y ancianos queda reducido a un montón de cuerpos asesinados…” (Frente rojo, 19.1.1939).

Manifiesto a toda Europa

Después vino la publicación de un Manifiesto.

Los periódicos Verdad. Del Partido Comunista; Política, Órgano de Izquierda Republicana; Claridad, Órgano de la UGT;  El Día Gráfico; Las Noticias. Órgano del comité de la UGT de Cataluña; La Voz del Combatiente. Diario del ejército del centro; CNT. Órgano de la Confederación Nacional del trabajo, además de reproducir de forma unánime de Febus sobre, la masacre, añadió el manifiesto “firmado por los representantes de todos los sectores de la opinión española”.

El texto del manifiesto estaba precedido por  la siguientes palabras: “El asesinato en masa de seres indefensos de Santa Coloma de Queralt sobrepasa los límites de la crueldad y del salvajismo”. Estaba firmado por l representantes de todos los sectores de la opinión española e “iba dirigido a la conciencia de todos los seres civilizados”. Decía lo siguiente: 

“Tropas italianas de la división Littorio, después de concentrar en un campo próximo al pueblo catalán de santa Coloma de Queralt, mujeres, niños y ancianos que huían de la invasión, los asesinaron sistemáticamente disparando sobre ellos con ametralladoras emplazadas al efecto

Ante este crimen que sobrepasa cuantos han cometido las invasiones de los tiempos más bárbaros de la historia, nosotros representantes de todos los sectores de la opinión española apelamos a todos los seres civilizados del mundo para que vean a qué procedimientos de inaudita crueldad no vacilan en recurrir los invasores de España para dominar a un pueblo cuyos sentimientos de independencia nacional no habrá de dejarse amedrentar por el terror, para que decidan si es posible permitir ni un día más que en 1939 de la era cristiana puede tolerar el mundo que se perpetren semejantes matanzas de seres indefensos.  

Los hechos más monstruosos de la edad pre-civilizada han sido borrados por esta matanza de mujeres, niños y ancianos realizada con toda premeditación por las tropas italianas de la  División Littorio”.

El deseo final: “Apelamos de este crimen ante el tribunal la conciencia universal y de la historia”.

Firmantes del Manifiesto

El manifiesto tenía fecha del 19 de enero de 1939. Sus nombres los reprodujo el periódico Frente Rojo en esa misma fecha. No aparecen los pesos pesados de la política, pero sí los representantes de los partidos políticos e instituciones catalanas más importantes.

Diego Martínez Barrio, presidentes de las Cortes
Ramón Lamoneda, secretario del Partido socialista y diputado
Luis Nicolau d´Olwer, diputado de “Acció Cat.”
Pous y Pagés, presidente del instituto de las Letras Catalanas
Antonio Machado, poeta
Manuel Irujo, diputado católico vasco
José Díaz, secretario general del Partido Comunista
Juan Comorera, secretario general del Partido Socialista unificado de Cataluña
Navarro Tomás, profesor, director de la Biblioteca Nacional
Doctor Márquez,  decano de la Facultad de Medicina de Madrid
Rodríguez Vera, secretario general de la UGT
Vicente Sol, diputado de Izquierda Republicana
Benito Artigas Arpón, diputado de Unión Republicana
Dolores Ibárruri, vicepresidente de las Cortes Españolas
Margarita Nelken, escritora, diputado comunista
Fernando Pintado, presidente del Ateneo de periodistas de Barcelona
Antonio Huerta, director de El Diluvio
Anglada Camarasa
, pintor
Bacarisse, director del Gran Teatro del Liceo
Julia Álvarez Resano, diputado, secretaria femenina del Partido Socialista
Joaquin Xirau, catedrático de Filosofía
Carlos Riba, escritor, miembro del instituto de las Letras Catalanas
Fernando Valera, diputado de Unión Republicana
Francisco Gómez Hidalgo, diputado de Unión Republicana
Rafael Moragas, publicista
Fabián Vidal, periodista, exdiputado republicano
Mariano R. Vázquez, secretario del Comité Nacional de la Confederación Nacional del Trabajo

Epitafio final

Por si fuera poco, se ignoran los nombres de las personas, hombres, mujeres y niños, que sucumbieron ante la ferocidad de aquellas ametralladoras. No se sabe siquiera si fueron enterrados dignamente o, si como dice el poeta, siguen habitando “donde habita el olvido, en los vastos jardines sin aurora, donde ya solo son memoria de una piedra sepultada entre ortigas”.

Ni, tampoco, sé si en el lugar de la masacre se ha erigido un monolito en su memoria. "        (Víctor Moreno  , Rebelión, 11/01/2024 ; Fuentes: Nueva Tribuna)

22/3/23

Cipriano Martos llegó a Catalunya en el año 1971 y fue asesinado en 1973. Obligado a ingerir el contenido de un frasco con productos corrosivos por la Guardia Civil, tras ser salvajemente torturado... su vida es representativa de la historia de la Andalucía de la segunda mitad del siglo XX y de las migraciones masivas que se produjeron durante décadas. De los derrotados de la guerra en la provincia de Granada, sometidos a un sistema absolutamente injusto de reparto de la tierra, que la dictadura franquista reforzó, otorgándoles a los grandes latifundios la expropiación de tierras de los combatientes republicanos

 "La reciente exhumación e identificación en Reus de los restos mortales del militante antifranquista Cipriano Martos Jiménez tras casi medio siglo de esfuerzos de su hermano Antonio por desvelar la verdad sobre su muerte representa un paso tardío pero importante en favor de la recuperación de la memoria, pero sirve también para demostrar que queda un largo camino por recorrer para restablecer la verdad sobre el alcance de la represión ejercida por la dictadura y lograr su reparación.

Él llegó a Catalunya en el año 1971 y fue asesinado en 1973. Obligado a ingerir el contenido de un frasco con productos corrosivos por la Guardia Civil, tras ser salvajemente torturado. Sus restos, tras ser exhumados, serán llevados a Huétor Tajar, en Granada, para ser inhumados junto a los de sus padres, allí serán recibidos por familiares y amigos.

La vida de Cipriano y Antonio, nacidos en la aldea de Maldonadillo, Loja, en los años cuarenta en el seno de una familia de campesinos humildes, es representativa de la historia de la Andalucía de la segunda mitad del siglo XX y de las migraciones masivas que se produjeron durante décadas. Los derrotados de la guerra en la provincia de Granada, sometidos a un sistema absolutamente injusto de reparto de la tierra, ya desigual desde hacía siglos, que la dictadura franquista transformó con el refuerzo de los grandes latifundios y los sistemas latifundistas mediante la expropiación de tierras a los combatientes republicanos. Una pobreza estructural como castigo por la conflictividad rural en la retaguardia republicana que caracterizó las décadas posteriores a la guerra civil. Tanto Antonio Martos como su hermano Cipriano llegan a Sabadell, en absoluta expansión de la ciudad, no solo económica, sino también social, cultural y en términos de agitación política. ¿Cipriano Martos ya había tomado conciencia política en Granada a través de varios enfrentamientos con manijeros del campo y jefes de cuadrilla en las fincas de grandes propietarios en Granada? Al llegar a Catalunya, comienza a militar de forma permanente en el Partido Comunista de España (Marxista-Leninista), una escisión del PCE, y en el FRAP, que desarrollaría una estrategia de agitación y propaganda de ruptura democrática que incluía acciones armadas.

Entre las formas de represión del Estado franquista se encontraban los desplazamientos masivos desde las zonas de mayor conflictividad social en la retaguardia republicana. Específicamente Granada, Jaén y Almería fueron territorios desarticulados tanto por las políticas desarrolladas por el Instituto Nacional de Colonización (INC) como en desplazamientos forzosos hacia Catalunya y hacia otros países europeos en los años cuarenta. Más de 800.000 andaluces y andaluzas se vieron forzados a abandonar su tierra natal entre los años 1950 y 1970. Tal como señala el investigador de la Universidad Pablo de Olavide, Ángel del Río, fundador de la Plataforma Todos los nombres, impulsora del movimiento memorialista en Andalucía, no se puede analizar de forma aislada la represión franquista y los exilios ideológicos de los posteriores procesos de migración económica. Según relata el historiador, las historias familiares de migraciones siempre arrancan con un familiar en el exilio desplazado durante la guerra civil y la represión franquista.

 Ángel del Rio desarrolla en la actualidad una investigación sobre los andaluces que fueron parte de los campos de concentración nazis. Según sus investigaciones fueron más de 1500 los milicianos, combatientes, militares republicanos y civiles que estuvieron presos en el campo de concentración de Mauthausen. De ellos, más de 1000 perecieron en los campos de concentración y el resto, mayoritariamente volvieron a Francia o a Catalunya, y muy raramente a Andalucía.

Gran parte de los andaluces que acabaron en Mauthausen y otros campos de concentración nazis en Francia y Alemania atravesaron la frontera en el año 39 con el ejército republicano. Muchos de ellos combatieron en Francia contra las tropas nazis y acabaron presos. Andaluces que combatieron en Catalunya que terminaron pereciendo en campos de concentración, en Francia y Alemania.

 Los supervivientes andaluces de los campos de exterminio raramente volvieron a su tierra y en gran medida fueron hacia Catalunya, llevaron a sus familias y con ellas terminaron instalándose a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta.

 Significativa también resulta la historia del mítico maquis anarquista Juan Garrido Donaire, "Ollafría", natural del pueblo de Colomera en la provincia de Granada, que no quiso ingresar en las columnas regulares del ejercito republicano y posteriormente se negó a entregar las armas tras la victoria de los franquistas. Resistió en los montes de Granada junto a otros maquis como los hermanos Quero, hasta finales de la década de los cuarenta. Su último golpe lo dio en 1948. Su nieta Montse Fernández Garrido relata en un libro (Tres generaciones rebeldes: la historia del maquis Ollafría contada por su nieta y la lucha por la libertad de las mujeres) cómo fue la historia de su abuelo, y la de sus padres que emigraron a Barcelona a principios de los cincuenta, huyendo de la represión y de la humillación a la que se sometía los vencidos en las zonas rurales de Andalucía. Tras su llegada a Barcelona sufrieron la violencia del régimen. Fue separada de sus padres, que vivieron encarcelados y perseguidos durante décadas tras el final de la guerra. Ella, nacida en Barcelona, cuenta como las luchas contra el fascismo en Andalucía terminan arraigando en Barcelona, cómo la historia de los vencidos se vuelve una historia de desplazados y cómo la memoria de la lucha antifascista y la resistencia antifranquista fueron también el germen de las luchas feministas en el Estado español.

 María José Bernete forma parte de la Xarxa Catalana i Balear de Suport a la Querella Argentina. Nacida en Barcelona en 1967 es bisnieta y nieta de represaliados por la dictadura en la colonia de Fuente Palmera, Córdoba. Su padre era primo hermano del capitán Chimeno (1912-1937), militante de la CNT de Córdoba y capitán de Brigada del Ejército Republicano. Murió en combate. Familiares suyos se vieron sometidos a consejos de guerra, condenados a penas de reclusión y formaron parte de los Batallones de Trabajadores, los llamados esclavos del franquismo. Los padres de María José emigraron primero a Bélgica y a finales de los sesenta se trasladaron a Barcelona. Ahí nació, se crió y vive. Desde Catalunya ha desarrollado un importante trabajo de memoria con relación a los represaliados por el franquismo, también los andaluces en Catalunya. Según explica María José Bernete, de los más de 69.000 consejos de guerra que los golpistas perpetraron en Catalunya, 3603 corresponden a andaluces. La mayoría de los antifascistas que pasaron por estos tribunales eran de la provincia de Almería. En total 1682. De Jaén se han contabilizado 363 víctimas del franquismo, de Cádiz 319, de Granada 443, de Córdoba 222, de Sevilla 198, de Málaga 270 y de Huelva 106. Estos andaluces fueron los primeros en ver anulados sus juicios-farsa. Lo hizo el Parlament de Catalunya en 2017. Hoy en día María José sigue luchando por la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas del franquismo y la transición, también por esas víctimas andaluzas dentro y fuera de Catalunya. El trabajo de María José y de sus compañeros de CEAQUA ha resultado fundamental para que se incluyera en la Querella argentina el caso de Cipriano Martos, por el que han luchado como si de un familiar se tratase, junto a su hermano Antonio.

 Otra historia significativa es la de Lluís Cabrera, nacido en Arbuniel, Jaén, en 1954, llegó a Barcelona en 1965 donde creció en Nou Barris. En 1970 funda la Peña Flamenca Enrique Morente, en el barrio de Verdum. En 1979 funda el Taller de Músics, que será la escuela de flamenco, jazz y músicas contemporáneas de referencia en Catalunya, en la que han estudiado artistas como Miguel Poveda, Rosalía o Salvador Sobral. Lluís Cabrera fue, además, un agitador y activista social, miembro de los movimientos vecinales libertarios en las periferias metropolitanas de Barcelona. Él mismo explica que el flamenco y la cultura andaluza fueron elementos de cohesión de las comunidades andaluzas migrantes en Catalunya, además de una fuente de recursos ante la situación de exclusión que vivían los barrios y un lugar de resistencia ante las políticas de cooptación que llevó a cabo el pujolismo a través de las casas regionales andaluzas en los años ochenta y noventa. Las luchas vecinales y las peñas flamencas fueron espacios de socialización, de reafirmación, de resistencia y construcción de espacios democráticos en todos los barrios de andaluces en la periferia de Barcelona. Ha sido autor de obras de referencia como Els altres andalusos: La qüestio nacional de Catalunya o Catalunya serà impura o no serà.

 Pero al hablar de democratización, anti-franquismo y luchas contra la dictadura no se puede olvidar la importancia que tuvieron las disidencias sexuales a través de prácticas de supervivencia, artísticas culturales y de reivindicación de una sexualidad disidente. La Andalucía contemporánea ha sido un sociedad de apertura a las disidencias sexuales y a sus expresiones artística y cultural. Figuras como Federico García Lorca o Luis Cernuda fueron fundamentales para la formación del canon literario disidente en lengua española. Esto fue algo que la propia dictadura conocía y de ahí la ferocidad de la represión sexual y contra la disidencia. Tras los primeros años del régimen franquista, comienzan a florecer nuevas figuras artísticas disidentes que toman el camino del exilio para poder respirar, para poder existir. Es el caso de Cristina Ortiz Rodríguez, La Veneno (1964-2016), nacida en Adra, Almería y obligada a salir de su pueblo, porque, según sus propias palabras, la iban a matar. Fue este también el caso de José Perez Ocaña (1947-1983) nacido en Cantillana, Sevilla, pero que en 1971 tuvo que salir de su pueblo y se fue a Barcelona junto a su hermano gemelo Jesús. "Se tuvo que venir, por que lo iban a matar", dijo Jesús. José Pérez Ocaña. Conocido como Pintor Ocaña, fue una de las primeras artistas performativas, activista por la defensa de los derechos LGTB y preludio de muchas tendencias artísticas disidentes como la cultura queer.

 Más allá de las lecturas convencionales de la aportación andaluza a la construcción de Catalunya en términos laborales o económicos, nos interesa reivindicar la contribución y el protagonismo de andaluces a la democratización del Estado y de la política catalana, desde abajo. Más de cuatro décadas de sistema autonómico no han servido para solucionar la cuestión de clase y la cuestión nacional en Catalunya, o lo que es lo mismo, la cuestión andaluza en Catalunya. Un ejercicio de memoria histórica y democrática debe incluir la contribución de los antifranquistas andaluces en Catalunya, tanto de los combatientes en la guerra en su fase de repliegue, como los exiliados ideológicos, las migraciones forzosas o el reparto desigual de los procesos productivos en el Estado español. Es hora también de conectar la guerra civil y la resistencia antifranquista con los procesos de desplazamientos masivos de andaluces a Catalunya. Si la pregunta en las ultimas décadas ha sido cómo integrar a los andaluces y sus descendientes en la sociedad catalana, ahora quizás debamos preguntar que debe la sociedad catalana y la andaluza a la contribución de la diáspora andaluza a la democratización del Estado desde abajo.

 La sociedad andaluza ha vivido durante las últimas décadas de espaldas a su diáspora. Vivida y sentida en muchas ocasiones como perdida de familiares, como trauma o como desarraigo de las familias rotas por los desplazamientos, la sociedad andaluza hoy debe rendir homenaje a su diáspora, que resistió contra el fascismo en el frente de la Andalucía Oriental, en Catalunya, en Francia, en Mauthausen, en Sabadell, en L´Hospitalet, en Badalona, en Cornellà, en Nou Barris y en toda la periferia metropolitana de Barcelona. La diáspora andaluza es también la historia del antifascismo y de la lucha contra la dictadura. Pero es una lucha desde el olvido. Es la lucha de esos altres andalusos."          (Javier García Fernández, Público, 28/02/23)

15/11/19

Fueron interrogados por el sanguinario policía Saturnino Yagüe González y el inspector Enrique González Herrera, de la Brigada Político Social. Carlos Arias Navarro, entonces Director General de Seguridad, entró a abofetear a uno de los detenidos.... Al 6º día de salvajes torturas los detenidos se confesaron culpables...

"Francisco Granado Gata era natural de Valencia del Ventoso (Badajoz). Jornalero, forjador, activista antifranquista colaborador de las Juventudes Libertarias. Joaquín Delgado Martínez nació en Cardona, (Barcelona), ebanista fresador, secretario de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias en Grenoble.  

Ambos fueron detenidos el 31 de julio de 1963, acusados de colocar 2 bombas, 2 días antes, en la Sección de Pasaportes de la DGS de Madrid, que provocó heridas a 20 personas, y en la Delegación Nacional de Sindicatos causando solo daños materiales.
 
Inicialmente negaron ser los autores de los atentados. Fueron interrogados por el sanguinario policía Saturnino Yagüe González y el inspector Enrique González Herrera, de la Brigada Político Social. Carlos Arias Navarro, entonces Director General de Seguridad, entró a abofetear a uno de los detenidos. Al 6º día de salvajes torturas los detenidos se confesaron culpables. Días después un tribunal militar franquista les procesó en consejo de guerra; aunque negaron su culpabilidad les condenaron a muerte.  (...)

La verdad se conocería más de 30 años después. El documental Un crimen legal, de Lala Gomà y Xavier Muntanyà, emitido en 1996 en el canal francés Arte daría a conocer los nombres de los verdaderos atacantes: Sergio Hernández y Antonio Martín. Así lo reconocía el 2º de ellos ante las cámaras:

 “Sergio se marchó para la frontera y yo me quedé en Madrid. Tuve la sorpresa verdaderamente profunda de que habían arrestado a 2 compañeros y que les habían inculpado por un hecho que no habían hecho. Fuimos nosotros los que lo hicimos. Habíamos ido a hacer ruido y estando allí los habían acusado… No los conocíamos. Y no sólo los acusaban.. sino que querían matarlos… Para mi fue algo que…. No puedo contar…”  (...)

El 17 de agosto de 1963 Granado y Delgado fueron ejecutados mediante garrote vil en la prisión de Carabanchel (Madrid). Tenían 28 y 29 años. Los 2 cadáveres fueron enterrados en secreto inmediatamente, sin dar cuenta a las familias, en una fosa de caridad del cementerio de Carabanchel. Actualmente los nombres de Granado y Delgado siguen marginados de los libros de historia que, por contra, han calificado a Fraga “padre de la democracia” y una sala del Congreso del régimen del 78 le ha rendido homenaje."                    (Tulio Riomesta, 23/10/19)

21/5/19

¿Hubo represión republicana sistemática o sólo a los inicios? Sobre todo en los inicios de la guerra. Los primeros tres meses hubo una represión muy fuerte, pero luego bajó. Como en casi todas partes... - ¿Y la represión franquista? Fue tremenda...

"(...) - ¿Su familia tiene víctimas de la guerra?

No, en mi familia no. Mi abuelo por ejemplo estuvo en prisión por ser considerado de derechas, pero no se lo cargaron. Los anarquistas lo pusieron en la cárcel.

 - ¿De qué le acusaban?

En los pueblos, estaban los considerados de derechas y los de izquierdas. Ser de derechas o ricos puede que una persona normal tenía un burro y el rico tenía dos. Esto eran las riquezas de los pueblos en aquella época.

 Él fue uno de los que estuvo en prisión, incluso un tío mío, que estuvo en el ejército, en el tercio de Montserrat. Luchó en la batalla del Ebro pero no murió. La parte de la familia de mi padre era más favorable al bando franquista, no militantes, pero de una línea más tradicionalista. La parte de mi madre, en cambio, era más cercana a los republicanos.

- ¿De qué va el libro?

El libro es sobre la guerra en este pueblo. El pueblo tenía 2.500 habitantes en aquella época. ¿Por qué escribí sobre la guerra en este pueblo? Una gran parte de las cosas sucedieron como en cualquier otro pueblo, como por ejemplo que estaban movilizados para ir a la guerra. Pero tiene algunos aspectos en los que es superlativo lo que pasó allí. Una primera es la persecución religiosa. En todas partes, el bando republicano perseguían al cura, quemaban la iglesia. 

Pero en el pueblo no sólo había una parroquia, una ermita, sino que estaba el seminario menor del Obispado de Tortosa, dos noviciados de monjas, un convento de Carmelitas y otro hospital llevado por monjas. Cinco o seis edificios religiosos. Lo que pasó allí en el aspecto religioso se multiplicará. Allí había unas doscientas monjas.

- ¿Qué les pasó a las monjas?

No las mataron, pero las echaron. Lo que fue terrible es lo que hicieron con los curas, asesinaron una docena. Para ser en un solo pueblo, son muchos. La persecución religiosa fue más fuerte que en otros lugares. Otro aspecto es que al quedar edificios religiosos vacíos, uno de ellos lo convirtieron en hospital. Por lo tanto no había uno sino dos hospitales. En el pueblo vinieron refugiados de otras zonas de guerra.

- ¿Fue en primera línea del frente?

 Sí, fue primera línea. Durante el frente del Ebro se quedó nueve meses vacío, fue evacuado.

 - ¿Durante el período republicano qué cambios hubo en el pueblo? ¿Hubo colectivizaciones ...?

 El primero: un cambio de nombre inmediato del pueblo. Como se sabe, en todas las zonas republicanas cambiar el nombre de todas las poblaciones con nombres religiosos. Pins del Vallès era Sant Cugat del Vallès. En el caso de Jesús no cambiaron medio nombre, sino que lo liquidaron todo. 

Primero le pusieron Ascaso de Ebro, en honor del líder anarquista que murió los pimer días de la guerra en Barcelona. Después de los sucesos de mayo de 1937, pusieron el nombre de Molins de Ebro porque allí había unos antiguos molinos de harina. Cuando llegaron los nacionales volvieron a ponerle Jesús.

 - ¿Hubo represión republicana sistemática o sólo a los inicios?

Sobre todo en los inicios de la guerra. Los primeros tres meses hubo una represión muy fuerte, pero luego bajó. Como casi todas partes. Hubo algún rebrote por ejemplo en diciembre del 36, cuando un anarquista murió en el frente de Aragón y por venganza tomaron catorce tortosines, los asesinaron. Quemaron los cuerpos para que no aparecieran y se supo muy tarde que los habían matado. Pero, en general, a partir de octubre, bajó la represión.

- ¿Y la represión franquista?

Fue tremenda. Como peculiaridad, coment que fueron los fascistas italianos los que entraron en el pueblo de Jesús. Después el frente se estabilizó allí durante nueve meses. El pueblo fue evacuado y la gente vivió como pudo afuera.

- ¿Y hubo ejecuciones por parte de los franquistas?

Sí, los franquistas actuaban diferente que los anarquistas. Los anarquistas se llevaban a la persona a una carretera y le pegaban dos tiros. Los franquistas hacían un consejo de guerra. En el libro aparecen más de ochenta consejos de guerra, de los cuales hay ocho fusilados y muchos otros con muchos años de cárcel.

- Fusilados porque eran republicanos ... ¿pero por alguna causa concreta?

Los consejos de guerra se basaban en acusaciones. Y lo que me parece es la rapidez en que se celebraban los juicios, estaba todo decidido, era un formalismo. Lo que sí es cierto es que en el conjunto del proceso sumarísimo en muchos casos estaban bien instruidos, en el sentido de aportar muchos testigos.

- Lo que pasó aquí debe ser extrapolable a muchas otras localidades.

La mayor parte de cosas. Por ejemplo, la represión franquista sería prácticamente igual. Llegaban los nacionales e inmediatamente pedían a profranquistas que hicieran un informe con todas las personas que acusaban. En este pueblo, durante los primeros días, ya acusaron 28, después hubo más, de manera muy detallada. No es tampoco tan frívolo como a veces se dice. 

Es una represión fortísima, porque un 10% de los que se juzgaron de este pueblo fueron fusilados, mientras que fueron poquísimos los que quedaron exonerados de toda culpa. Y a otros que para nada les meten 30 o 20 años de prisión. Aunque, dicho sea de paso, luego no se cumplían estas condenas. Los condenaban a 20 años, pero a los tres años ya estaban en la calle.

- ¿De 20 a tres?

Sí, la mayoría a los cuatro, tres y, algunos incluso antes, ya estaban en la calle. Diríamos en condición de libertad provisional, no están en libertad pero están en casa. (...)"                (Entrevista a Daniel Arasa, Xavier rius, director de e-notícies, 02/05/19)

6/11/17

Encarnación Llorens Pérez, fue fusilada con su marido y su hijo de 24 años, uno al lado del otro... los franquista acababan de ocupar Barcelona, estaban sedientos de venganza, y decidieron ejecutar toda la familia

"Entre 1939 y 1952 los franquistas llevaron a cabo 3.358 asesinatos en Cataluña, 75% en 1939-40, de ellos 1.706 hombres y 11 mujeres en el Campo de la Bota de Barcelona. 

Tras el “enterado” de Franco, grupos de 20 personas eran fusilados por piquetes de la Guardia Civil frente a un un rompeolas, sin conocimiento de sus familias. Los cadáveres se arrojaban al Fossar de la Pedrera, en Montjuïc. En España las fosas están llenas de mujeres asesinadas por los franquistas, de noche, clandestinamente, tras la tapia de un cementerio.
 
Eran juicios ilegales sin garantías procesales, para eliminar al opositor político, vengarse del vencido, impartir terror a un pueblo que salía de una guerra, donde los rebeldes y golpistas habían sido los militares franquistas. En los consejos de guerra contra las mujeres se las acusaba de libertinas, de relaciones íntimas con compañeros o compañeras. 

En ocasiones pagaban por sus padres, maridos, hijos. A veces la denuncia de un vecino rencoroso, delaciones o bulos interesados, celos, venganzas personales, intereses económicos, desencadenaban la detención y el proceso.

Después de pasar por juicios llenos de irregularidades, procedentes de la cárcel de mujeres de Les Corts, fueron fusiladas en el Camp de la Bota por sus ideales republicanos, catalanistas, anarquistas:

Carmen Claramunt Bonet, natural de Roda de Berà (Barcelona). Fusilada el 18-4-39, con 28 años. Acusada de “Nefasta para el Glorioso Movimiento Nacional, propagandista de ideas izquierdistas, catalanistas, celebrar reuniones en su casa, delación de personas de derechas”.
 Claramunt escribió a su tía: “Se ha decretado la pena de muerte. Tú ya sabes que matan a una inocente “. La denunció una vecina, María Sallent, a quien habían asesinado los 2 hijos. Se cree que la tía de Claramunt quería dejar una tienda a su sobrina y la familia Sallent anhelaba el negocio.

Magdalena Nolla Montseny, natural de Astorga (León). Fusilada el 21-6-39 con 34 años. Fue una venganza personal ya que el marido había huido a Francia. Una vecina, que trataría de protegerse de Nolla porque tenía información que podía perjudicarla, la acusó de participar en el asalto del Asilo Duran, tejer ropa para los republicanos, abofetear a unas monjas, ser de ERC. Ella lo negó todo, la fusilaron sin ninguna prueba.

Dolors Giorla Laribal, natural de Barcelona. Fusilada el 21-6-39 con 27 años. Aunque los testigos la consideraban inocente, católica, incapaz de actos delictivos, había denunciado al marido para divorciase, un hombre de derechas, por tener amantes y por malos tratos. Fue condenada a muerte por ser “mujer de muy mala conducta, roja, separatista, afiliada a Esquerra Republicana”.

Eugenia González Ramos, natural de Hortaleza (Madrid). Fusilada el 11-5-39 con 20 años. Había trabajado como enfermera en el Hospital de Mataró y diferentes hospitales de la retaguardia republicana. La acusaron de pertenecer al PCE y al Socorro Rojo, a la UGT, y de haber matado un falangista, lo que negó ni se pudo demostrar.

Cristina Fernández Pereda, natural de Villasinde (León). Fusilada el 13-5-39 con 39 años. Era portera en Barcelona, casada, un hijo. Una profesión peligrosa, tras la guerra padecieron fuerte represión por sus supuestas implicaciones para identificar a posibles quintacolumnistas. Dos vecinas la acusaron de conducta depravada, de haber matado a un teniente y de denunciar a gente de derechas que más tarde fueron asesinadas. Nada pudieron probar, Cristina lo negó todo y afirmó que gracias a ella el propietario del edificio, donde hacía de portera, salvó la vida.

Ramona Peralba Sala, natural de Gironella. Fusilada el 16-5-39 con 35 años. Era tejedora. Tres mujeres la acusaron de haber revelado donde se ocultaba el hermano de una de ellas. Según los informes de la falange y la Guardia Civil era “propagandista del desnudismo, las ideas marxistas, extremista afiliada a CNT, delegada de la FAI en la sección textil de la fábrica Monegal. Sólo aceptó ser de la CNT.

Neus Bouza Gil, vecina del Poblenou. Fusilada el 26-4-39 con 22 años. Afiliada a la CNT. Delatada por un vecino, fue acusada de defender al gobierno Repúblicano, de ser miliciana de retaguardia en labores auxiliares (cocinando, lavando ropa) en el castillo “de las Cuatro Torres”, y aunque no se le conocía ningún delito de sangre fue acusada de participar en fusilamientos de derechistas sin aportar pruebas.

Virginia Amposta Amposta, natural de El Pinell de Brai (Tarragona). Fusilada el 8 de agosto de 1939 con 50 años. Fue una de las representantes de la Sección de Oficios Varios de la UGT donde representaba al Comité de Defensa y Control de Sant Vicenç dels Horts, de lo cual fue acusada, así como de realizar “propaganda disolvente siendo maestra de párvulos”, y de instigar el asesinato de 16 personas en Viladecans, donde actuaba como articulista en el boletín local de la CNT. Fue detenida con su compañero y también sindicalista Adolf Casé Pitarque, ambos fueron fusilados juntos.

Elionor Malich Salvador, fusilada el 8-8-39. 60 años. Era viuda, portera, la acusaron de denunciar a vecinos, se la conocía como la Roja y su propia madre declaró que “era de moral muy dudosa y que había vivido maritalmente con varios hombres”.

Asumpció Puigdelloses Vila, natural de Vic (Barcelona). Fusilada el 27-3-40 con 43 años. Casada.
Inés Giménez Lumbreras, natural de Madrid. Fusilada el 13-11-40 con 24 años. Era estudiante y soltera.

En diferentes poblaciones de Cataluña también fueron fusiladas otras mujeres. Se conocen estos casos:

Salvadora Catà Ventura, fusilada en el cementerio de Gerona el 25 de abril de 1939 con 37 años. Estaba casada, era lavandera. Se la acusó de haber matado a un joven requeté, ser del POUM, participar en el saqueo de iglesias, coser ropa para el ejército republicano, burlarse de los católicos.

Elisa Cardona Ollé, fusilada en Tarragona el 22 de abril de 1939 con 21 años, acusada sin pruebas de haber denunciado diferentes personas de derechas hospedadas en el Hotel Nacional de Tarragona, donde trabajaba. Siempre se declaró inocente.

María Martí Iglesias, fusilada en Lérida con 38 años. La acusaron de informar sobre un cura escondido. No se pudo demostrar, ella lo negó todo, en el informe se especificaba que era “mujer de malísima conducta”.

Concepción Guillén Martínez, fusilada en Lérida el 13-5-43 por participar en la “revolución” con su compañero, Juan Baeta Sánchez. Se la conocía con el apodo de la Leona.

Encarnación Llorens Pérez, fue fusilada con su marido y su hijo de 24 años, uno al lado del otro el 26 de abril de 1939, acusados de haber participado en el asalto al convento de la calle de Lauria, aunque no había pruebas. En esos días los sublevados acababan de ocupar Barcelona, estaban sedientos de venganza, y decidieron ejecutar toda la familia."                 (Documentalismo Memorialista y Republicano, 23/10/17)

7/3/17

Carme Claramunt: “Estimada tieta, esta mañana a las cinco me van a fusilar”

"Carme Claramunt Barot tenía 41 años y había nacido en Roda de Berà (Barcelona), aunque era vecina de la ciudad de Badalona, donde hoy un Casal lleva su nombre. De los cien badaloneses que en la posguerra fueron fusilados en el Campo de la Bota, solo había una mujer, Carme; que tuvo el triste honor de ser la primera mujer, de las once, que fueron fusiladas en el “El Camp de la Bota”, antigua zona de barracas situadas en el linde entre la ciudad de Sant Adrià del Besòs y Barcelona. El 18 de abril de 1939, a las cinco de la mañana, Carme Claramunt se enfrentaba al pelotón de fusilamiento. Hoy se la recuerda como la primera catalana ejecutada por el franquismo. (...)

 Joan Mercadé ya publicó la carta en 2004, y ahora incluso está en la Red, en el portal dedicado a la memoria de las presas de la cárcel de Les Corts. Además de este libro, sobre la biografía de Carme Claramunt existe un cortometraje de título homónimo y prácticamente inédito; sólo se pudo ver en un ciclo en el barrio de Les Corts, ciclo titulado “La presó invisible” (La prisión invisible).

La carta está fechada el 18 de abril de 1939, y tiene muchas expresiones de una persona creyente, ya que habla de Dios y del cielo, donde esperaba reunirse con su querida “tieta”. Comienza así:
“Estimada tieta, ha venido el juez y ha decretado la pena de muerte y me ha dicho que así lo había decretado el Generalísimo y esta mañana a las cinco me van a fusilar, tú ya sabes que matan a un inocente”.

En los meses siguientes llegarían para ser ejecutas en el mismo lugar en donde lo fue Carme Claramunt, y procedentes de la cárcel de mujeres de Les Corts, diez mujeres más: Eugenia González Ramos, 20 años de edad, de Hortaleza (Madrid); Cristina Fernández Perera, 39 años, de Villasinde (León); Ramona Peralba Sala, 35 años, Gironella (Barcelona); Dolors Giorla Laribal, 27 años, de Barcelona; Magdalena Nolla Montseny, 34 años, de Astorga (León); Elionor Malich Salvador, 60 años, sin especificar origen en el registro de la cárcel, solo pone que era viuda y de profesión portera; Virginia Amposta Amposta, 50 años, de El Pinell de Brai (Tarragona); Asumpció Puigdelloses Vila, 43 años, de Vic (Barcelona); Inés Giménez Lumbreras, 24 años, de Madrid. A la lista hay que añadir la de Neus Bouza Gil, que no aparece en el registro carcelario, pero sí en los listados recogidos en el libro del historiador Josep M. Solé i Sabaté, La represió franquista a Catalunya, 1938-1953.

Neus Bouza tenía 22 años, militaba en la CNT y era vecina del barrio del Poblenou. Como en muchos otros casos, Neus fue detenida por la acusación de un vecino. Estuvo en la retaguardia durante la guerra en labores de apoyo. Se le juzgó por su militancia anarquista y por defender al gobierno legítimo de la República. 

Quizá pueda haber algún error en los nombres y fechas, propio de anotaciones manuales, como lo había en la ficha de Carme Claramunt, donde se le cambió el segundo apellido y la edad, ahora corregido tras la investigación del historiador… Pero estos son los nombres, estas son parte de las víctimas de la represión franquista. 

Y no, no murieron en una guerra, fueron ejecutadas en la posguerra; muchas por sus ideales republicanos, catalanistas, anarquistas, etc., y muchas simplemente por delaciones o bulos interesados, provocados por celos, venganzas personales o intereses económicos.

 Todo ello nos pone delante de la imagen de lo más aborrecible de la condición humana. Gracias a historiadores, familiares de las víctimas, periodistas, activistas de la memoria, etc., ahora empezamos a conocer estas historias."                 (Rambla, 18/06/16

2/3/17

“Siete años más tarde mi padre tuvo un ictus y quedó inválido. Entonces vinieron por él. Y en vista de que no podían meterlo en la cárcel en aquella situación, lo metieron en un manicomio"

 Angelina Gatell, en un recital de poemas

"(...) Quise saber su historia, sin guion y desde el principio. Ese principio fue Barcelona, y en su memoria era de nuevo abril, día 14 de 1931: “Hay cosas que no sé si son mi memoria o la memoria que he heredado”.

 Y sin embargo revivía de manera diáfana la brisa que venía del Mediterráneo, mientras otra riada de gente bajaba por las ramblas ondeando cánticos, banderas, griterío. “Y yo, como un loro, levanté mi puñito. Siempre he tenido la convicción de que en aquel momento me sentí unida a toda aquella gente”.

Heredó memoria, heredó un vínculo que no terminaría nunca; y heredó el frío. La expresión exilio interior toma todo su significado en el caso de Gatell, porque en ella empezó antes de que se acuñara el término. 

Desde que desahuciaran a su familia de la casa de Barcelona en que vivían, por no poder pagar (“el casero no era mala persona, necesitaba el dinero”), pasando por las casas baratas de la República, en Santa Coloma de Gramanet, y hasta la localidad de Vallès, donde pasó la mayor parte de la guerra, y donde vio de todo. “La guerra es lo más bestial que existe, porque llega un momento en que es o tú o yo. Es espantoso, pero es así”.

O tú o yo. En uno de los casi constantes traslados fueron a parar “a un vallecito” por donde pasaban los soldados y los civiles huyendo de las tropas franquistas. “Eso fue terrible; gente muerta por los caminos, gente andando con los pies envueltos en trapos ensangrentados, hambrientos. Estoy viéndolos pasar”. 

Y ese hombre que se detuvo a la puerta de su casa, con una súplica: Niña, dame algo de comer, que no puedo más. Le dieron lo que pudieron darle. Al cabo se oyeron unos disparos. “Son ellos”, dijo el hombre, “ya están aquí”. Qué vas a hacer, preguntó el padre de Angelina a aquel fantasma, un miliciano.

 “Me queda una bala, y será para mí”. Antes de irse, acarició el pelo a la niña.

“Todos preguntaban por Vic, porque iban camino de la frontera. Ese éxodo fue algo espantoso, que a mí me marcó para toda la vida. Los afortunados iban en carros; los que no, andando. La gente anciana caía muerta por los caminos. Yo lo vi. No sé si sabes lo que es eso para una niña de doce años y medio que yo tenía”.

Regresaron a Santa Coloma [su padre, un sindicalista comprometido “desde la pura experiencia” con la defensa del trabajador, había dicho: “Tengo ya la convocatoria para ir al frente, y no voy a ser nunca un desertor”; pero ya terminaba la contienda]. 

Allí, en la última casa que alquilaron, iban, “todas las noches, sin faltar una”, siempre cuando ya estaban acostados, un grupo de guardias civiles a hacer registro. “¡Pero si no tenemos nada!”, decía su padre. Y era cierto (aunque Angelina sí guardaba, escondido en una viga, un libro: una obra de teatro llamada Máquinas, que no descubrieron nunca; sólo mucho después supo que era una obra anarquista). Estaban ya “muy señalados” en el pueblo. 

Y un amigo de éste, que era practicante, a quien los Gatell habían dejado una de las habitaciones para atender a los afectados de tracoma que venían del sur (una enfermedad de los ojos producida por el esparto), fue fusilado por enseñar catalán a los niños del éxodo, “para que pudieran desenvolverse por allí”.

“Su hija era amiga mía de la infancia. Recuerdo cuando recibieron la última carta de él; unas palabras que me quedaron también tatuadas: Cada grano de arena que echen sobre mi cuerpo es un beso para vosotras. La noche antes de que lo fusilaran. Era una bellísima persona. Entonces mi padre propuso a mi madre irnos a vivir a Valencia, y así fue”.

La ‘gran lágrima secreta’ 

“Siete años más tarde mi padre tuvo un ictus y quedó inválido. Entonces vinieron por él. Y en vista de que no podían meterlo en la cárcel en aquella situación, lo metieron en un manicomio. El mismo que usó Lope de Vega en el siglo XVII para su comedia Los locos de Valencia. Así que imagínate”. 

Más que llorar, hemos sufrido
nuestra gran lágrima secreta, 

escribiría Angelina años después, en un poema titulado gravemente Generación (de su libro Las claudicaciones, 1969), dedicado a su hermano. “De mi hermano [que hizo la guerra, casi adolescente, con la CNT de Durruti en el frente de Aragón] estuvimos cinco años sin saber nada. La única noticia que tuvimos era que estaba en el campo de concentración de Argelès, porque cayó en manos de los alemanes al pasar a la Resistencia francesa. Se lo llevaron a un campo de exterminio. 

Pero en la frontera suiza pensó que le daba igual morir de una forma que de otra, y en un tren que se cruzó saltó, y pudo escapar. Estuvo un tiempo perdido por el Pirineo, hasta que por unos compañeros (porque los Pirineos eran toda una red de complicidades) consiguió entrar en España, en el 44”.

Cada cual hacía en su casa “la guerra por su cuenta”, cuando ya la guerra había acabado. Su padre ayudaba a los maquis. Todos los meses bajaba alguien de la sierra de Teruel y le daba ropa usada, “grandes sacos de ropa militar desechada. A mí me sorprendía. ¿Y este hombre por qué se lleva esto? Él decía que era para venderlo”. 

Y ella misma había entrado en el Socorro Rojo Internacional a los 17 años. Un día, allí en Valencia, jovencísima aún, sucedió algo “que pudo ser nefasto”, como lo fue para otra chica que ejercía asimismo de enlace: habían quedado ambas en una plaza para que Angelina le entregara un dinero de ayuda a los presos republicanos. Esta se sentó en el mismo banco que la otra, sin dirigirse la palabra, y sacó un libro.

 Mientras disimulaba leer, le pasó el sobre. “Apenas ella lo había guardado, se nos echaron encima los policías. Ella salió corriendo. Yo no, yo me quedé. Cruzó la plaza, bajó la escalera, y al cruzar la calle la mató un camión. Horrible. Sólo oí los gritos de la gente. Un policía salió corriendo y otro se quedó conmigo. Recuerdo que puso un pie encima del banco. Ahora me va a decir qué hace usted aquí. Yo sólo dije lo que se me ocurrió: Estoy esperando a mi novio. ¡Y en éstas que aparece!”.

Apareció, sí, aquel muchacho, que vino de alguna manera a salvarle la vida. Se llamaba José Sánchez Peinado. Tenía una historia personal “muy complicada”; había hecho la guerra con Franco, y al acabar le ofrecieron pasar al ejército o a la policía. Eligió lo segundo.

Era “muy inteligente”, y un caballero. La quiso tanto como para jugarse la vida con ella: Angelina necesitaba documentaciones falsas para ayudar a los proscritos del régimen a entrar y salir de España. “Él entraba a la Brigada Social, robaba las cédulas, me las daba en blanco, y en una casa en la que te dejaban por horas una máquina de escribir, yo las rellenaba, se las llevaba otra vez y él las sellaba. Me decía: Niña, me van a matar por tu culpa. 

 Pero proporcionamos cientos de documentaciones falsas, entre ellas la de mi hermano”, que tuvo que huir de nuevo, esta vez a Brasil. “Fue auténticamente milagroso que no nos pillaran”.  (...)"                     (La memoria en llamas de Angelina Gatell, Miguel Ángel Ortega Lucas, CTXT, 01/03/17)